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Stimulus Respond - Piel

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número 4 – Piel – Edición Española – Primavera 2009

ISSN 1746-8086

Literatura Moda Arte Fotografía Música Poesía


Contenido

Literatura 076 Imagen Callejera, Corazón Enclenque Letras de Rafael Romero 078 Cuatro Cuentos Improbables Nos Separa Sólo la Piel Relato de Isabel del Río 080 El Río Letras de Julio Cortázar

Moda 014 La Reina Voodoo de Nueva Orleans 034 Si no Puedes con Ellos, Derrúmbalos 064 Cazador 084 Mi Segunda Piel 104 W=70-AUV/10 116 El Último Destino

Arte 052 La Piel del Pintor Letras de Sonja Lau & André Siegers 058 La Piel de la Imagen Letra e imágenes de Esther Teichmann


Música Poesía 028 Letras de Susana Medina 030 Imperfecto Pretérito Letras de Ada Menéndez

096 Fly Kkiller Letras de Harriet Fuest 100 El Tacto Como Paisaje Acústico Letra e imágenes de Andrea Rushton

031 Inevitable Encuentro Letras de Ada Menéndez 031 Paso Fronterizo Letras de Ada Menéndez 033 Piel Muerta Letras de Teresa Menero

Fotografía 126 Marie Kristiansen


Nuestros programas de maestría y doctorado combinan tanto exploraciones teóricas como prácticas en torno a las tecnologías de la información y a las diferencias culturales en el contexto geo-político del mundo contemporáneo. Nuestro compromiso con la teoría implica el estudio pormenorizado de los más influyentes paradigmas del pensamiento social de la actualidad. Nuestro compromiso práctico entraña la participación activa en la producción cultural y la crítica puntual de las industrias culturales.

—Magíster en Culturas Poscoloniales y Políticas Globales —Magíster en Medios Interactivos —Magíster en Industrias Culturales —Magíster en Estudios Culturales —Doctorado en Estudios Culturales

Para más información consultar: www.goldsmiths.ac.uk admissions@gold.ac.uk +44(20)7919 7060


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02åBERLIN HÊBERLEINå åMAUERERåAG 02åPARIS PRESSING PHOTO MAXIMILIANåVONåGUMPPENBERG ANDåPATRICKåBIENERT ND ARTISTS STYLING JODIEåBARNES


Un Modelo Online de Nombrar Colores Le invitamos a participar en el experimento Online de Nombrar Colores. No le llevarรก mรกs de 10 minutos, y tendrรก la oportunidad de ganar una de las lรกminas de alta calidad del artista Valero Doval. El experimento forma parte de las investigaciones en nombrar y categorizar colores entre las diferentes culturas realizadas en el Colour Imaging Group en el London College of Communication, University of Arts, y tiene como objetivo de mejorar el diรกlogo intercultural sobre el color.

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illustration by Valero Doval


Editor Queridos lectores, Este número es algo así como un experimento surgido de la motivación de muchas personas y que a mí personalmente me gustaría seguir desarrollando en el futuro. Dada la cultura bullente en ciudades como Barcelona, Valencia y Madrid me pareció oportuna la producción de una versión española de Stimulus Respond. Aunque este número incluye mucho material de la versión Inglesa (aunque con traducciones de las secciones moda, música y arte), contiene piezas nuevas de poesía y literatura originalmente escritas en Español. En futuras ediciones, espero poder completar toda una revista con autores no sólo de España, sino de países de habla Hispana. Muchas gracias por vuestra lectura, Jack


Colaboradores en este Número Foto de portada de Kristel + Kristofer Literatura Isabel del Río Julio Cortázar Rafael Romero Moda Justino Esteves Dimitri M Johan Courgibet Kristel + Kristofer Ben Thomas Henrietta Williams Bola Otesanya Nikola Barnett-Henry Sonya eun mi park Howie Claire Carter Francesca Frame @ Premier Linus @ Premier Pheobe Griffiths @ Select Bola Otesanya Nikola Barnett-Henry Louise Hilton Natalie Birchall GregoryDean Julie Cooper Martin Smith Kristina Uffe Amaya and Sian @ Models 1 Robert Glowacki Ai Ito Ken Nakano Koji Takayanagi Daniel Conway @ Storm Yusuke Miyazaki Rie Kondo Koji Takayanagi Machiko Yano Rima @ Storm Model Management

Yuhi Shimomura Fernanda Naho Kubota April Coley Maiko Kitamura Aleksandra Nesterchuk Pilar @ Supreme Arte Sonja Lau André Siegers Marie Kristiansen Esther Teichmann Ilustración Angela Jack Poesía Susana Medina Ada Menéndez Teresa Menero Música Andrea Rushton Brain Fairbairn Sam Smith Para poder contactar con los colaboradores, rogamos pidan sus datos de contacto al editor jefe en la siguiente dirección de email: jack@stimulusrespond.com.


Editor Jefe Jack Boulton jack@stimulusrespond.com Editor - Literatura Tara Blake Wilson tara@stimulusrespond.com Editor - Poesía Georgina Colby jinny@stimulusrespond.com Editor - Arte Ellen Sampson ellen@stimulusrespond.com Editor -Música Harriet Fuest harriet@stimulusrespond.com Director de Publicidad Christopher Thomas chris@stimulusrespond.com Adjunto al Editor Jefe Kyle Paige En el Extranjero

Ilustración de Angela Jack

Director - España Barbara Mas-Bagà Sayer barbara@stimulusrespond.com Agradecemos a nuestros lectores que nos envíen material para publicar. Si quieres colaborar en los próximos números rogamos envíes un email a las direcciones arriba publicadas del equipo editor. Buster Dog es la encargada de la publicación de Stimulus Respond. Todo el material de los respectivos colaboradores está protegido por derechos de autor. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción sin consentimiento previo. Los puntos de vista señalados en la revista son los de sus colaboradores y la revista no necesariamente se hace partícipe de ellos. La revista no se responsabiliza de la pérdida o daño a sus manuscritos, trabajo artístico, impresiones fotográficas y transparencias. ISSN 1746-8086


La Reina Voodoo de Nueva Orleans

Fotografía Louise Hilton Estilismo Natalie Birchall Peluquería GregoryDean con productos Tigi Maquillaje Julie Cooper Arte Digital Martin Smith Iluminación Kristina Uffe Modelos Amaya y Sian agradecimientos Julien @ Models 1


Imagen anterior Vestido / Betty Jackson Cintur贸n negro / Alexander McQueen Brazaletes / Pebble Zapatos negros de piel / Bernard Chandran Atuendo de plumas de la colecci贸n de la estilista En la p谩gina opuesta: Cinta de pelo / Miu Miu En esta p谩gina: Vestido / Disaya Broche / Miu Miu Botas PeepToe de charol verdes / Betty Jackson Medias amarillas/ Wolford


Abrigo / Sonia Rykiel Collares y anillo / Pebble Botas PeepToe marrones / Betty Jackson


En esta pรกgina vestido de seda estampado / Oui Set collares y anillo / Pebble Pรกgina opuesta Vestido de seda / Ginger & Smart Cinta de pelo / Miu Miu Brazaletes / Squarecircles Zapatos de charol grises / Betty Jackson Bufanda de seda clรกsica / Christian Dior Calcetines / Cette


Ambas pรกginas Abrigo Cashwell / Sara Berman Mรกscara con cuentas / Pebble


Mini con botones militares / Ja Su Ma Calcetines / CetteCamiseta personalizada / Hanro Zapatos de charol grises / Betty Jackson


En esta pรกgina Vestido / Vince Anillos / Pebble En la pรกgina opuesta Vestido / Jolene Banda de pelo de la colecciรณn de la estilista


“Y tu piel, me gustarĂ­a hacerme un vestido con tu piel.â€?


Letras de Susana Medina


Imperfecto Pretérito Letras de Ada Menéndez Leo la misma carta mil veces Buscando esa respuesta no escrita Quizá no supe preguntarte Cómo vendrás a vestirme Si me has conocido desnuda


Inevitable Encuentro Letras de Ada Menéndez No voy a decir nada Nada que no haya soterrado primero Bajo los huecos del acantilado Estrangulados con mis pies heridos No voy a pensar nada Nada que no haya maquinado después Cerrando los ojos con ironía Por haber imaginado sonreír la cicatriz Sólo voy a hacer lo correcto: Temblar cuando llegue el hacha

Paso Fronterizo Letras de Ada Menéndez

Dentro de la taza hay una peluca De la peluca cuelga una etiqueta La etiqueta viste pijama Llevo el pijama desde el domingo Domingo embarazado de lunes Lunes siete días desnudos Desnudos Rompemos la vajilla

Estos poemas son parte de un libro titulado El Desvestir del Pulgar, de Ediciones Vitruvio.


Piel Muerta Letras de Teresa Menero

El regreso. ¿Qué? ¿Lo queremos o no lo queremos?. ¿Lo deseamos?. ¿Lo tememos?. ¿Lo aceleramos?. ¿Lo retrasamos?. Difícil. Los vericuetos lejanos, son estimulantes. Las contundentes avenidas, las extensiones desiertas. Las pautas cambiadas y los códigos desconocidos. Lo nuevo, es estimulante. Nos consumíamos. Sin cambios, nos revolvíamos. Insatisfacción, ansia. Pies inquietos. La fiebre nos calentaba . La espalda se nos contracturaba. ¡Que ahogo! ¡Aire!. Sentíamos. ¡Vamos! ¡Volvemos!. Volvemos a la judía verde con patata, al jamón, a la manzana. A aquella cama y aquel sillón. A los sabores, a los amigos, a los familiares sabidos. El regreso amable. Volvemos a las aburridas costumbres. A las repeticiones. A los conflictos viejos.. A lo que quisiéramos dejar atrás, y no. A lo que quisiéramos hacer, y no. El retorno a nosotros mismos. Este duro regreso. Y nos queda, el regreso imposible. La nostalgia del paisaje añorado. De la complicidad atajada. Del amor perdido. De la vibración que ya no puede ser. En el mismo momento. En el mismo lugar. Con el mismo. Imposible el estremecimiento de la piel, en la repetida caricia ya no temblorosa. El calor del beso, ya no encendido. Las risas en la mirada. El alborozo de la primera admiración. El deslumbramiento del hallazgo. La indagación del tú. Piel muerta. Ningún retorno a lo vivido se dará. No se reproducirá ningún sentimiento antiguo. No renacerá del fuego, ninguna etapa antes feliz. Piel muerta. Nada que hacer. Nos crecerá la nueva.


Si no Puedes con Ellos, Derrúmbalos

Fotografía / Kristel + Kristofer Ayudantes / Ben Thomas and Henrietta Williams Estilista / Bola Otesanya Ayudante de Estilismo / Nikola Barnett-Henry Peluquería / Sonya eun mi park Howie, con productos Bumble and Bumble para Taylor Taylor Maquillaje / Claire Carter con productos B never too busy to be beautiful Modelos / Francesca Frame @ Premier, Linus @ Premier, Pheobe Griffiths @ Select


Imagen anterior: Linus: chaqueta de lana negra con corbata larga de seda negra, top sin mangas con borlas, pantalones de lana negros, todo de Qasimi Guantes de piel de Ben Sherman Botas militares de by Buckler Pheobe: Top cruzado semi transparente, pantal贸n a la altura de la cintura, todo de Qasimi Quantes negros largos, Paradiso Boudoir Botas de piel, L.K.Bennett


Izquierda: Sostén de satén, corpiño de seda, guantes largos de piel, todo de Paradiso Boudoir Abajo: Francesca: Sostén de satén, corpiño de seda, guantes largos de piel, todo de Paradiso Boudoir Linus: Chaqueta de lana negra con corbata larga de seda negra, top sin mangas con borlas – pantalones de lana negros, todo de Qasimi Guantes de piel , Ben Sherman Botas militares, Buckler Máscara de cuero, Paradiso Boudoir


Sostén de rejilla de satén, liguero y panties de media pierna, corpiño de seda, braguitas de cuero con lazo de seda, guantes largos, látigo con cristal dorado de Swaroski, todo de Paradiso Boudoir


Francesca: Chaqueta de traje de seda blanca con cuello largo, Qasimi liguero, braguitas estilo a帽os 50, panties de media pierna, todo de Paradiso Boudoir Pheobe: top cruzado semi transparente, pantal贸n a la altura de la cintura, todo de Qasimi Guantes largos de piel, Paradiso Boudoir Botas de piel, L.K.Bennett


Arriba: Linus and Pheobe: Como antes Francesca: Sostén de satén, Paradiso Boudoir Pantalón de pitillo con bolsillos ocultos, Qasimi Sombrero redondo, Salvador Mateu Imagen anterior: Pheobe: Top cruzado semi transparente, pantalón a la altura de la cintura, todo de Qasimi Guantes largos de piel, Paradiso Boudoir Botas de piel, L.K.Bennett Francesca: Chaqueta de lentejuelas, colección de la estilista Sostén de satén, Paradiso Boudoir Pantalón de pitillo con bolsillos ocultos, Qasimi Sombrero redondo, Salvador Mateu


Vestido de seda con borlas, por encargo a, Qasimi Esposas de cuero con corbata rosa de seda, Paradiso Boudoir Zapatos de charol y piel, Aldo


Imagen Anterior: sostén de satén, medias de seda, guantes largos de piel, todo de Paradiso Boudoir Panties de media pierna, Falke Zapatos de charol y piel, Aldo Chaqueta negra larga de lana con corbata larga de seda, top sin mangas negro con borlas en el frente, pantalones de lana negros, todo de Qasimi Guantes de piel, Ben Sherman Botas militares, Buckler En la página opuesta: Sostén de rejilla de satén, liguero, corpiño de seda, braguitas de cuero con lazo de seda, guantes largos, panties de media pierna, todo de Paradiso Boudoir


La Piel del Pintor Letras de Sonja Lau & AndrĂŠ Siegers


1º: Rojo. La Piel del Edificio Un museo es tanto un lugar para el arte como para el poder. La Galería Nacional de Tirana, diseñada en 1956 como otra columna del Gesamtkunstwerk Comunista y con el sólo propósito de promover la ideología reinante a través del Arte Socialista, ha sido sorprendentemente modelada por éste. El Estado proclamó la organización de la exhibición y la participación en la autoría de los trabajos, a través de una selección exhaustiva de las obras y de la designación de temas y composiciones específicas. Contrariando su exitosa apertura y los consiguientes premios y nominaciones por sus ‘pintores de gente’, el Museo se convirtió en secreto en una casa de fantasmas. Obras de carácter crítico contra el régimen e incluso trabajos de reconocidos pintores de la época, fueron objeto de exclusión, viéndose obligados los autores a esconder e incluso borrar su obra original debido a la constante crítica pública, encontrándose con un lienzo blanco cubriendo su antigua obra, que sería el lugar donde desarrollar lo que se les pedía. Como contrapunto de esta política de erradicación, el museo llamaba a un ‘pintor ambulancia’ antes de alguna apertura importante, para que corrigiera las obras que no cumplían los requisitos. Era una arquitectura insensible, resistente a las tendencias artísticas contra-revolucionarias, vigilante de todos los elementos que pudieran degradar o destruir la independencia del Arte Comunista. De manera extraña, esta estrategia de desaparición ha dominado el edificio incluso tras la caída del Comunismo. Al terminar la dictadura, en 1990, el Museo sacó, en una noche, todo el anteriormente aclamado Arte Socialista de sus paredes. Donde el Museo había llegado a ser un lugar angustiado por la ausencia de arte y el predominio del poder, ahora estaba embrujado por su propio pasado.

Muchos dijeron que era demasiado pronto cuando en 1999 el director del museo, Gezim Qendro, volvió a colgar las obras Socialistas que durante 10 años habían estado relegadas al sótano del edificio. Se necesitaron altos sistemas de seguridad para evitar que los muchos visitantes abrazaran o destruyeran las obras Socialistas. Para acentuar la revisión del Arte Socialista, las paredes de la galería fueron pintadas de color rojo; con ello sugerían una nueva cara para el museo y un llamamiento a su pasado homogéneo, política y artísticamente hablando. Hasta el día de hoy, la ‘Habitación Roja’ sigue casi igual, revelando así una cierta vacilación hacia cómo mostrar esas obras, ya que figuran un tanto atrapadas entre la reliquia Comunista y la obra pictórica. Mientras tanto, las paredes rojas que causaron en su día comentarios controvertidos sobre la dudosa historia del arte de la era Socialista, han ido envejeciendo. Mientras que el color rojo de la galería ofrece una idea simbólica de la historia de poderes en el Arte Albanés de los años 19451990, también muestra los vestigios de la década pasada: las etiquetas han acabado volviéndose ingeniosas, los colores están desgastados, y todavía se pueden percibir algunas intervenciones contemporáneas ocasionales en el espacio a través del vinilo o las manchas de un rojo recién aplicado. A diferencia de un encuentro con el arte del país, una visita al museo permite experimentar una sensación de idiosincrasia del espacio y su historia. La piel, o más concretamente, las muchas pieles del museo se han convertido en un indicador de la historia del espacio, una especie de “lectura profunda”, como un objeto de interés arqueológico.


2º Blanco. Una Exposición sobre Capas. Con los recientes trabajos de renovación en la Galería Nacional, la piel de la arquitectura se puede ver por primera vez como la principal protagonista del espacio. Mientras se prepara para un “lavado de cara” definitivo, es decir, una remodelación del edificio, el Museo se presenta como un espacio temporalmente vacío. El blanco de las paredes, el color rojo blanqueado y la ausencia total de arte fueron un estimulante para idear y comenzar el proyecto de la exposición “Re-Paintings. An Exhibition on Coats”. Siendo literalmente un espacio en obras, el Museo vacío encerraba un espacio transitorio en el que el espacio viejo aún no ha desaparecido del todo pero el nuevo aún no ha comenzado a ser. Un espacio ilusorio desprovisto de arte y poder. Abierto a sugerencias. La piel de la arquitectura – opaca en el sentido de que ha cubierto historias de arte paralelas durante muchas décadas, además de ser extremadamente frágil en una desnudez que descubre cada clavo, perforación y repintado durante la era post-comunista – impulsó el desarrollo de una exposición basada en las Capas. Tras la quimera de un espacio libre temporal, el Museo invitó a una serie de artistas a utilizar los espacios ‘tabú’ como si fuera su estudio particular, donde cada uno de ellos debía re-pintar alguna de sus obras de la era Comunista. Estas pinturas debían ser plasmadas directamente en las paredes de la galería, dándole así un sentido de arqueología cultural invertida. La existencia de los trabajos sería de naturaleza puramente efímera, puesto que en la fase final de la renovación serían cubiertos por una nueva capa de pintura blanca que aplicaría la institución misma. Con la conciencia de poder perder las obras otra vez en un futuro próximo, la representación del artista en las paredes de la galería pasó a ser un gesto simbólico: una declaración de aparición y

desaparición, de historia(s) de arte paralelas y por último, pero no menos importante, un reflejo de las divergencias entre lo personal y lo institucional. Más que una reflexión de la copia, la idea de las “Re-pinturas” se centraba en el papel cambiante del artista. Así como la selección de los artistas, muchos de ellos rondando la sesentena y setentena, fue muy heterogénea en lo que a estilo y biografía se refiere, el punto en común era el recuerdo de haber pintado ‘bajo observación’, guiado por el criterio del régimen y juzgado por los visitantes de sus estudios en ese periodo. Entre los artistas seleccionados estaban los más exitosos del régimen, los pintores de gente, algunos de los cuales fueron criticados enérgicamente por sus obras para luego ser olvidados, mientras otros fueron siempre respetados. Entre ellos también había artistas menos populares, aquellos que evitaron la audiencia comunista mudándose a algún pueblo en el campo o centrándose en géneros menos restringidos en la época, como la pintura de paisajes. Los temas a los que la exposición quería inducir eran la relación entre el estado mental del artista y el museo como institución estatal, el cómo y el si el artista invitado respondería a su libertad temporal y el quién se aprovecharía de ello y quién lo evitaría.


3º La Piel del Pintor. Prácticamente poco se alcanzó a ver sobre la noción de una historia concluida. Al contrario, de forma deliberada o no, las re-pinturas de los artistas evocaban la persistente, intrínseca y a veces difícil relación entre lo personal y lo institucional, convirtiéndose en una especie de imagen distorsionada de un statu quo de las artes, al mismo tiempo que abrían el comentario tan asombrosamente contradictorio e indeciso de la propia definición del artista. Sali Shijaku, uno de los más famosos pintores del Realismo Socialista y distinguidamente valorado hasta el día de hoy, escogió un detalle de su antiguo trabajo para reproducirlo en luces de neón de varios colores, irónicamente mostrando de esta manera su capacidad de adaptación a través de los años. Ksenofon Dilo, director del museo desde el año 1989 al 1993, mencionó cómo una obra que había sido muy criticada en su momento no tuvo la capacidad de cambiar nada, como si las estructuras de poder socialista siempre la hubieran eludido sin necesidad de revisión alguna. Para contrarrestar esto, Skender Kamberi, el piktor i popullit per se, volvió a la galería con una pintura que había sido rota en pedazos por la gente tras la caída de la dictadura, una reliquia de un tiempo de éxito que de repente se volvió inapreciado e incluso odiado. Su reinterpretación personal de su antigua obra, que mostraba la gloria y orgullo de la Albania de 1920, se transformó en un Sinnbild radical que combinaba el parlamento Europeo y un montón de dinero ilegal mostrando también, igual que en la obra original, a los Serbios y los Italianos como subordinados y propagandísticos. La obra, aunque llena de referencias políticas, pasó a convertirse en algo menos político para mostrar un trauma personal, de reproche y sin reflexión. De este modo, la culpa estribaba en el país infame, no en el papel del pintor que parecía haber cambiado. Albania sale representada como una puta. Con su nuevo trabajo, el pintor muestra una última vez, su rebeldía contra la lascividad capitalista, mientras

recuerda tenazmente aquello por lo que en su día había sido premiado, un pintor de la gente de Albania. La descodificación de la decisión artística, su (in)sinceridad, humor, reflexividad o emoción, la lectura de la dimensión personal de los trabajos más que su pura calidad artística era la clave para muchos visitantes pero un obstáculo para otros. En este sentido, el trabajo del artista Heldi Pema trataba de revelar quién debía responder a los trabajos de los viejos artistas desde el punto de vista de una generación más joven, quien se enfrentaba de alguna manera al realismo socialista como un extraño. Las pinturas de la pared hechas por el artista pueden o no diferenciarse de sus originales, pero están hechas por las mismas manos. En su nuevo trabajo artístico, se centró en las múltiples lecturas de la mano del artista: una herramienta del sistema y una expresión de carácter, completando así la exposición sobre la piel de la galería con un elemento esencial: la piel del pintor.


La Piel de la Imagen Letra e imágenes de Esther Teichmann

Aquí arriba, entre el hogar y el vacío, pienso en tí. Me estrangula la garganta, me roba el aliento. Recuerdo ese momento con tanta precisión que me mareo del shock y aprieto los ojos para aguantarlo, con miedo a perderlo. Recuerdo el colchón en el suelo, tu peso sobre mí, la ventana abierta, la brisa cálida. Recuerdo la luz azul del fluorescente cayendo sobre tu pálida piel. Recuerdo el sonido metálico proveniente de algún lugar cercano. Estaba segura de que lo había olvidado, pero ahora, aquí, sobre un océano oscuro y con todos durmiendo, lo recuerdo. Recuerdo el mismo pero a la vez tan distinto azul luminoso de tu piel cuando me llevaron a tu lado. Estirado sobre el metal frío, tu piel, dura, brillando de nuevo bajo la tenue luz parpadeante de la habitación, con la ropa cortada y tapado solamente con una sábana. Pensé que si trepaba hasta tí y te cubría y calentaba con mi cuerpo, ese azul desaparecería. La subida era muy empinada y al poco rato alguien me levantó. Aún estabas azul. Me hundo en el zumbido de la máquina. No puedo respirar. “Para el amante, cada contacto suscita la pregunta a una respuesta: la piel está (1) obligada a responder.” Roland Barthes


“La superficie de la imagen se transforma en objeto, se vuelve intocable”

Mirar a la piel como una metáfora de la superficie de la imagen, de la fotografía, nos permite otra lectura del objeto, transportando la obra de arte al dominio físico de la fragilidad penetrable. Pero al mismo tiempo, cuando la superficie de la imagen se transforma en objeto, se vuelve intocable. Su superficie se convierte en la misma endurecida y estirada del cadáver reciente. Ésta ahora se vuelve distante, ya no es parte del dominio táctil. “Lo que se separa de este mundo ya no tiene uso, y si lo tiene, es completamente distinto y no se presenta a sí mismo bajo ningún tipo de manifestación (una fuerza no es precisamente una forma: he aquí la cuestión de captar de qué manera la imagen no es ni forma ni formal).” (2) Jean-Luc Nancy Una imagen de piel, de la superficie íntima del otro, me llama desde una distancia. Me acerco al trabajo y negocio mi espacio, observándolo como algo completo, para luego situarme tan cerca que se convierte en fragmentos y sólo entonces en superficie material, detalle poroso. Me separo otra vez hasta que la imagen se convierte de nuevo en objeto, manteniendo la atención dentro de un espacio invisible creado entre nosotros. Como el bebé que conoce mejor que nadie la piel de los pechos y las manos de su madre, pero que sólo es capaz de ver parte de esa superficie, como el amante quien su piel está demasiado cerca para poder enfocarla, existiendo solamente como fragmento en el abrazo, de manera que el espectador negocia la distancia que le da a la superficie de la imagen. Si no existe el roce con otra piel, la imagen y el cadáver son sólo acariciados por nuestros ojos, superficie dura disponible pero a la vez prohibida. Sólo a través de la descomposición y el ablandamiento del cadáver, su piel vuelve a la esfera humana, penetrable, y frágil de los vivos. El roce de una superficie con otra, de piel con otro material, nos sitúa en la posición de espectador durante ese momento de contacto. Una intimidad observada, un roce imaginado, traspasado. Desde la distancia, la imagen para el otro se convierte en un toque retraído en sí mismo, para sí mismo. En su superficie dura pero suave, esta imagen reafirma mi distancia, el roce auto-erótico del cual me siento excluido, que se transforma en algo tan impenetrable como la superficie iridiscente de la fotografía. La piel como barrera y como rechazo, define nuestra relación con el cuerpo materno y el del amante. La primera, impidiendo la re-entrada al cuerpo, la segunda como conciencia de que cualquier fantasía de convertirse en uno, queda solamente en eso. La piel, tanto interna como externamente, se resiste a que la localicemos y fragmentemos con la vista. Jean-François Lyotard comenta que esta relación entre la superficie y la profundidad de la piel es más parte de una apertura bi-dimensional de la piel que no una introversión, una superficie en la que grabar algo como si de un rollo de película fotográfica o (3) cinematográfica se tratara . La violencia que despierta la imagen de esta apertura de la piel me hace pensar en el tipo de luz violenta sobre la piel en la superficie fotográfica. Se necesita que la luz toque, queme, abrase, deje marca con la sensibilidad a la luz, dejando una imagen inscrita para el momento en que se haga real. Esta abrasión no rompe el negativo o el papel, pero quizás la imagen sí sea vista como una cicatriz, recalcando la violencia ejercida sobre la piel y mostrando el placer de su extirpación – como negación o desaparición de la imagen. “Una fotografía es una fricción o una eliminación del cuerpo”

(4)

Jean-Luc Nancy

Richard Avedon, en su ensayo autobiográfico, ‘Borrowed Dogs’, nos explica su primera experiencia con la violencia de la imagen. “Mi padre me enseñó la física de la fotografía. De pequeño me mostró el poder de la luz en la fotografía. Mantuvo una lupa entre el sol y una hoja hasta que ésta ardió. Al día siguiente hice un experimento y me pegué a la piel un negativo con la cara de mi hermana y pasé el día al sol en Atlantic Beach. Por la noche, al sacarme el negativo, tenía a mi hermana quemada por (5) el sol en mi hombro”


Este tatuaje fotográfico me recuerda al pánico y la euforia simultáneos cuando observas una imagen aparecer detrás del líquido del cuarto de revelado, como una imagen resbaladiza y frágil que desaparece hasta convertirse en nada, en negro, estando todavía contenida en algún profundo lugar. El líquido rojo titilante se superpone a la imagen sobre expuesta y quemada por la abundancia de luz, fija, resistiéndose a desaparecer. Esta disgregación juega entre lo íntegro de la imagen y el deseo de arrancarla, de disolverla, de arruinarla. Observo la imagen aparecer y desaparecer, pasando brevemente por delante de mis ojos sobre la oscuridad que ya se la ha tragado hacia adentro. La costra nos ofrece el placer de una amenaza impedida, la reapertura de una herida inseparable de la necesidad de curarla, de arreglar la superficie de la piel para devolverla a su estado completo. Y esta fantasía de integrar piel e imagen para hacerla sutilmente impenetrable me recuerda al brillo de la superficie sedosa de la pantalla de cine, la superfice anestesiada y protegida del extranjero de Kristeva (6), me remite a mi propia piel y recobro la conciencia de ello mientras escribo esto bajo un sol tropical abrasador, con mi piel tensa y quemada por el ambiente salado y el calor húmedo, rodeada de cuerpos dorados y tersos. Deseo su oscuridad y los misterios que entraña lo negro de su piel. Deseo las cicatrices y el azul de su tatuaje adolescente que me habla de lugares que no he visitado, de una vida antes de esta, antes de mí. Viendo sus poros cerrados, su espalda dura alejada de mí, cerrada a mí, es cuando sé que nunca estaré segura de si volverá, aunque siempre estaré esperando, ansiosa, aliviada cuando, al caer la noche, escuche la llave en la cerradura y el sonido de sus pasos en la escalera. Sueño con esos lugares – los cuales nunca he visto y no quiero conocer a menos que escondan esas imagenes asombrosas que rondan mi imaginación. Su enfado siempre me pilla por sorpresa, aunque no debería, ya que siempre está allí, enrollado, bajo la superficie. Pero aún así por la noche, esta misma piel tirante, como una roca seca y suave, llora y llora y empapa sábanas y más sábanas con sudor y lágrimas. En ese momento, en la oscuridad y el silencio de la noche me agarra como si temiera perderme, como si yo, no él, fuera el que está girado, listo para marcharse. Yo finjo dormir y le dejo que se enrolle en mí con sus brazos y piernas, con su barriga y su pecho mojando mi espalda hasta que estamos totalmente enganchados de modo que yo, si quisiera, no podría escapar Notas (1) Barthes, Roland, p.67, ‘A Lover’s Discourse’, London, Penguin Books, 1990 (11977). (2) Nancy, Jean-Luc, p.2,‘The Ground of the Image’, NY, Fordham University Press, 2005. (3) Lyotard, Jean-François, ‘The Inhuman: Reflections on Time’, Cambridge Univ. Press, 1991/ quoted in Connor, Steven, p.38, ‘Integuments: The Scar, The Sheen, The Screen’, New Formations, 39, 1999. (4) Nancy, Jean-Luc, p.107, ‘The Ground of the Image’, NY, Fordham University Press, 2005. (5) Avedon, Richard, ‘Borrowed Dogs’, as it appeared in ‘Richard Avedon Portraits’, NY, Harry N. Abrams, 2002. (6) Kristeva, Julia, p.5-15, ‘Strangers to Ourselves’, NY, Columbia University Press, 1991.

“Esta disgregación juega entre lo íntegro de la imagen y el deseo de arrancarla, de disolverla, de arruinarla”


Cazador fotografĂ­a // Justino Esteves estilismo // Dimitri M modelo // Johan Courgibet


Esta imagen y la siguiente: bufanda // Topshop bolsa // Diesel vest // Zara bermudas // H&M sandalias de cuero // Office rifle // Beretta


Esta imagen y la siguiente: bufanda // Topshop bolsa // Diesel vest // Zara bermudas // H&M sandalias de cuero // Office rifle // Beretta


imagen anterior y la siguiente: impermeable // Acne Jeans calzoncillos largos // vintage botas de plรกstico// Marc Jacobs


Imagen Callejera, Corazón Enclenque Letras de Rafael Romero

Lo único que no podía quitarse del rostro era el asco que se le había impregnado desde el día en que casi pierde la vida. Su piel casi explota mientras chocaba de frente con una excavadora luego de conducir borracho durante dos horas sin rumbo definido. Con apenas algunos rasguños, salió del coche y huyó de la escena desesperadamente. Meses después, recluido en su sórdida buhardilla, comparaba la humedad de los excrementos con el brillo de una obra de arte y el asco se desvanecía momentáneamente. En su furia de antropofobia recreaba la nausea del instante, casi siempre prolongado, pero imaginaba que era un raro sueño para así poder disminuir su asco. Sin embargo, sus labios ya habían perdido su contorno y se asemejaban a una envejecida y malograda vagina expuesta al vuelo de las moscas en la intemperie. Su enclenque sonrisa se percibía arrugada y casi derretida. Era el asco taladrando su rostro como a un enmohecido y rancio queso. Luego de haber visto las pupilas dilatadas de la muerte, decía, uno no tiene otro remedio más que asquearse e irse diluyendo lentamente. No hay escapatoria. Es obligatorio. Para él, la muerte no había sido un espejismo, una de esas típicas alusiones que nos nublan la mente por un tiempo y luego nos regalan más lucidez de la esperada. Cuando el asco se instala en un rostro, la lucidez sale sobrando. Aquél es permanente, como un facial con garantía ilimitada; la lucidez, en cambio, se va esfumando como si se aburriese de invernar en el mismo establo o en la misma galería. Por las noches, babeaba un poco de asco en su almohada, pero al mediodía siguiente, ya lo había recuperado. Un simple paseo por la ciudad bastaba para que el asco se acentuara y brotara de cada uno de sus miles de poros faciales. Los curiosos no sabían si acercarse más para ver bien o dirigir su mirada hacia otro lado y no contaminarse. Muchos creían que eran pecas negras, pero no eran pecas, era asco. Un gran lunar de asco. La vergüenza hacía que su corazón latiera en un infierno de alarmas y sonidos insistentes. El corazón luego sedaba al cuerpo y éste caía en donde estuviera (una plaza, una marquesina, etc.), delineando así un charco efervescente de lágrimas de asco. Con la hoz punzando el contraído pecho, la muerte se materializaba en forma de destello y lo despertaba. La basca del regreso a la vigilia lo perturbaba más que las miradas consistentes que caían desde ojos contagiados de rencor y fanatismo. Al rozar con sus dedos el golpeado rostro, sentía el musgo, el liquen allí cultivado, resultado de severas secreciones y lloviznas de asco. Su identidad, por lo tanto, estaba ligada a ese sentimiento. Llevaba de blasón la repugnancia pura, esencial, inmaculada. Cada vez que despertaba, luego de sus súbitas caídas en público, veía un lugar distinto y lo único que sabía era que no se trataba del lugar en donde se había desplomado en pleno ataque de euforia y taquicardia. Todos los lugares variaban en su mente, aunque en realidad sólo fuese uno solo: su ciudad y sus calles. El asco hacía que desapareciera la noción de tiempo y de espacio que sus sentidos le brindaban casi insignificantemente. En un momento no muy lejano el asco recubriría toda su fisonomía, como un velludo lunar maligno. La desolación, entonces, vendría a hacerle compañía. Una tarde, asqueado como de costumbre, con el podrido maquillaje más hermoso que el nacimiento de una estrella, despertó cerca de la entrada de un concurrido cine. Empezaba a oscurecer. Desde el suelo veía la fila de pies y de piernas avanzando conforme los papelitos enumerados iban siendo entregados a un tipo mal uniformado y evidentemente amanerado. Nadie se percató de su presencia hasta que él mismo chilló (más bien fue una suerte de bufido) y escupió un buen poco de asco salpicando los zapatos de un hombre. Éste, sin ni siquiera verlo, se alejó indignado, mientras el resto de la fila no pudo evitar arrumacos de grima. Es asco, pensó. Ellos también lo llevaban adentro, escondido en alguna parte de sus cuerpos programados. Un asco diferente, un asco interno, más fuerte


que su asco, que era externo y plenamente visible. La dosis de asco que recibía cada vez que se abría los ojos en público, hacía que la cantidad de asco en su cara se multiplicase. Cuando finalmente pudo levantarse y caminar dando tumbos hacia un banco justo enfrente del cine, cayó en la cuenta de que con el asco que había acumulado no quedaba nadie que se le aventajara, nadie que le ganase en cantidad, calidad y permanencia. El era el rey del asco y los demás asquerosos-asquientos, aunque de la misma calaña, sólo eran vasallos en vías de convertirse, eventualmente, en objetos odiados. Los que ahora lo odiaban, luego vendrían a él para suplicarle que les explicara cómo había vivido siendo un portador en potencia, cómo había suportado tanto, si existía alguna forma para que ellos también sobrevivieran. Pero por el momento, debía quedarse en la banco para recuperar las fuerzas y concentrarse. Si deseaba mermar el contagio directo y las complicaciones, no debía mirar detenidamente a nadie. Debía estabilizarse, controlar su sensibilidad, mirar hacia adentro y olvidarse de los otros. Su rostro ya estaba perdido y temía que el asco poco a poco se fuese extendiendo por todo el cuerpo. No toleraría verse convertido en una perfecta mancha, en un tachón, en una sombra. Su piel era su imagen. Al quedarse encerrado en su habitación por algunos días, sin ver a nadie más que su horrible reflejo en el espejo, cayó en la cuenta de que evitando mirar a sus semejantes, el asco podía ir desapareciendo de su rostro. Esto lo comprobó cuando un tipo tocó a la puerta y él se aventuró a ver por la diminuta claraboya de su puerta para corroborar sus sospechas. Lo vio sin querer, con un solo ojo. Era un vendedor ambulante. Corrió el pestillo como pudo, maldijo y cayó de rodillas devolviendo lo poco que había comido ese día. Luego, por la noche, cuando escudriñaba su rostro detenidamente para reconocer y analizar los avances del asco, notó que algo de éste había desaparecido, sobre todo en uno de sus pómulos y en parte de la mandíbula. No era hipertricosis, como sus vecinos murmuraban, puesto que ésta era incurable. Un suspiro de alivio brotó de sus poros como agua bendita. Un año más tarde, en vísperas de las Navidades, una sonrisa de las que sólo había esbozado cuando era un chiquillo, volvió a su rostro. Ya no era el mismo hombre de antes; estaba desnutrido y sin aliento. Luego de tanto tiempo de no ver a nadie, de alimentarse sólo a base de cartón y de agua, de hacer desaparecer cualquier nexo con cualquier ser vivo, incluyendo él mismo, pues salía de su cuerpo recurriendo a la meditación y al sondeo del éxtasis, el maldito asco desapareció de su rostro y de algunas partes de su cuello por donde acertaba a extenderse. Ver de nuevo su rostro pulcro y límpido, sin importarle la avanzada caquexia que lo hacía verse tan esquelético, lo llenó de tanto regocijo que rompió en llanto. Pero no hubo nadie cerca para compartir sus lágrimas, nadie que lo consolase, nadie que lo felicitase. Cuando por la noche buscó el calor de sus roídas sábanas amontonadas en un rincón de la buhardilla, vio una pequeña sombra cerca de la puerta; era un niño y al parecer lo estaba espiando. Al acercarse a la puerta y constatar el negro ojo del niño pegado a la rendija, su corazón dejó de latir y cayó de inmediato al suelo. En el parte forense llamaba la atención la razón de su muerte: no insuficiencia cardiaca sino asco. Relato extraído de la colección Los relatos 2. Juegos.Julio Cortázar 1976. Julio Cortázar (1914-1984), escritor argentino.


Cuatro Cuentos Improbables

Nos Separa Sólo la Piel Relato de Isabel del Río

-AHORA… NOS… SEPARARÁ… SÓLO… LA… PIEL... –anuncia ella, tratando de encajar esas palabras entre las sacudidas intermitentes que producen las aspas del molino. Le tira de la camisa a Al para quitársela, los dos en el camastro de paja y cubiertos apenas por un sayo. Sí, les separa sólo la piel porque lo que le adornaba a Al hace un momento, adarga, lanza, yelmo, espada, anillo de plata con la efigie de uno de sus antepasados, yace todo en el suelo. Y a los pies del camastro cuelgan el jubón, los greguescos, la medias verdes, hasta el vellorí. Y ella sigue hablando tan naturalmente como si le hablara al espejo, tratando de evitar las muchas y falsas muestras de cortesía que se esperan de una mujer de su rango. -Es curioso contemplar en sitio distinto lo que antes siempre veíamos como adorno empuñado en la mano o prendido a los dedos. Esos objetos personales desplomados sin ningún decoro han perdido el valor que originalmente les conferí. Y pese a la ausencia de adorno y de esplendor, os veo ahora más preclaro aún, más mi caballero… Pero Al no dice nada, y ella no puede dejar de hablar, su largo discurso cabalgando por encima del ruido insistente de las aspas. -Sí, todos estos objetos son inservibles fuera de la batalla de lo cotidiano que los enaltece y convierte en símbolos de quien los posee y exhibe. Los objetos antes inalcanzables están ahora mismo a corta distancia de la mano como representaciones de lo que sois o aspiráis a ser, pero fuera de vuestros confines carecen de valor. Esa espada como baluarte para defenderme y esa adarga como basílica para honrarme son ahora elementales configuraciones en espera de adornar un cuerpo. Hasta este momento del presente eran apenas símbolos que había que descifrar para determinar quién eráis. Siempre pensé que a través de lo que os pertenecía yo daría algún día con vuestra identidad real. Pero estaba equivocada, sólo Al es Al. Desnudo, de cuerpo entero, con la piel tendida ante mí como un mantel sobre la hierba… Pero Al sigue sin decir una palabra, como si las aspas del molino respondieran por él. No deja de mirar al frente, allí tendido, y ella ve sólo el perfil que termina en la punta de su barba, un ojo entreabierto. -Como talla de marfil y estaño- dice para sí, y decide que es el momento justo para hacer lo que una vez había oído que hacían el ama y el mozo de mulas en la azotea. -Así… -le dice, colocando las manos como un cuenco, pero él se mantiene inamovible. Pensó que con Al no podía provocarse nada, más bien había que dejarse arrastrar por los acontecimientos. -Si yo sé menos aún de estas cosas –manifiesta categóricamente, consciente de que lleva mucho tiempo queriendo aprenderlas.


Lo que está sucediendo no puede ser más que el sueño compartido del que habla la gente para referirse a Al, concluye. Un sueño compartido por todos, es lo que se cuenta. -¿Esto es un sueño? Pero ahora que lo único que les separa es casi, casi la piel, él no responde, como tampoco respondió antes ni con palabras habladas ni con palabras escritas. De hecho Al nunca se ha dirigido a ella. -¿Cómo sé que me queréis si no decís nada? En el suelo hay también un corpiño, unas zapatillas de raso azul cielo, unas faldas de seda de Francia, una mantilla de lunares amarillos. -Soy desordenada de natural, no sé vestirme sola y menos aún desvestirme –dice ella, cuando tendría que haber dicho Tómame… Y como si hubiera llegado el momento convenido, le desabotona a Al la camisa, aunque no sin ciertas dificultades. -Sólo quedan tu camisa y mis enaguas… Los botones se le enredan entre los dedos, y es que lo hace todo sin dejar de mirarle a Al a la boca para animarle a hablar. Hasta se incorpora para verle de frente, tratando de mirarse en sus ojos. Y al bajar él la mirada, ella se da la vuelta y se contempla en el metal bruñido de la espada apoyada contra el muro. Comprueba que ni siquiera se ha ruborizado ahora que está ataviada tan sólo con enaguas de hilo. Y por encima del ruido de las aspas, de pronto se oye el murmullo de la lluvia. -Llueve, por fin llueve -dice ella-, tanta sequía que hay por estos lugares perdidos de los que no se sabe ni el nombre… Los dos miran en dirección del hueco en el muro y sienten el viento que llega cargado de gotas. Las aspas resuenan, más aún si es posible. Y por encima del viento se abre paso otra corriente que viene y que va, y es la respiración de ambos al unísono. Ya no hay manera de distinguir entre respiraciones de unos y de otros, y los vientos que soplan, y el rebullir de las hojas en las ramas de los árboles, y las aspas del molino que repiquetean como campanas en un casamiento. -Si jamás llueve por estas tierras -dice ella-, ni un solo día he visto una sola gota de agua. Al cierra los ojos y ella se queda sin la imagen del espejo, tratando estúpidamente de mirarse en los párpados cerrados y fruncidos, en aquella frente arrugada, en esos pómulos hundidos, en el cuello marchito, en la barba triste. Y también ella cierra los ojos, sin más visión que puntos claros sobre fondo oscuro, su última imagen había sido la mantilla de lunares. -En este molino me da vueltas la cabeza…- dijo. Lo que no dijo fue: Esto es lo que quiero, y lo que he querido siempre desde que supe que tu corazón era mi cautivo: que me dé vueltas la cabeza hasta perder el sentido y la


orientación. Se escucha una tormenta a lo lejos, articulados los truenos entre los golpes de aspa. Como él permanece mudo y quieto, ella le hace la pregunta obvia. -Tocad mi piel, sentid mi abrazo. ¿O acaso créeis más en las leyendas? La lluvia es intensa ahora, y los goterones irrumpen con violencia por el hueco del muro produciendo un ruido aún más aparatoso que las aspas. Por allí entran también los olores de huertas y jardines, pero otros igualmente penetrantes. -Cada pliegue de piel, cada almohadilla de carne, cada músculo, cada membrana, cada envoltura - piensa ella pero no lo dice. Termina el olor de rododendros y entonces llega el del rosal. Termina el olor de la mano y comienza el olor de la base del cuello. Cada olor se deja oler y le cede el paso a otro. -El olor de la piel –explica ella aspirando con intensidad, y de un golpe magistral se deshace del último botón, despojándole a Al finalmente de la prieta camisa. Cesa la lluvia, la tormenta se dirige a otro páramo. Y en ese silencio (¿pero cómo puede haber silencio cuando no dejan de moverse las aspas?) retumban más golpes. -No son golpes, son… son pisadas –advierte ella, presa ya del miedo-, pisadas lentas y desiguales. Se escucha el chapoteo de esas pisadas en los charcos que ha dejado tras de sí la repentina lluvia en los céspedes, pero más peligrosamente el chirrido de la puerta del molino al abrirse. -¿No habíamos cerrado la entrada? ¿No habíais colocado la lanza como travesaño? ¿No está el rocín de guardia? Hay un instante de silencio y quietud, pero tan breve, como si el intruso estuviera pensando. Pero ahora sí, ahora otra vez, ahora sí se oyen las pisadas que aceleran, que suben la escalera en espiral, que retumban porque en ese espacio todo reverbera, hasta la respiración de quien tenga que subir tantos peldaños, hasta las aspas que parecen marcar el paso del tiempo como un reloj gigante. -¡Ya llega alguien, ya llega! ¡Ya, ya, ya - susurra ella. Y al ver que no hay reacción de parte de Al, le advierte de un detalle práctico. -¡Y esta puerta no tiene cerrojo…! Pero Al no responde, y ella se apresura a hacer lo que hay que hacer. Las manos tratan de acaparar toda la superficie de la piel en un solo recorrido, los labios ya no saben dónde más dirigirse. -Hay que terminarlo todo, resumirlo de alguna manera. Hasta la próxima vez, quiero creer, pero me asalta la duda. Tal vez no haya próxima vez y éste sea nuestro primer y último encuentro… Una vez basta se escucha a modo de respuesta, pero no se sabe exactamente si es que Al ha hablado al fin, o si es que ha hablado ella porque lo que está sucediendo viola en verdad sus convencimientos, su fe, sus apellidos, su abolengo. También puede ser que hablaran las aspas insistentes del molino. -Una vez basta.... Las pisadas se acercan y la situación es apremiante. Al igual que los olores del jardín, se desvanece ese momento, cediéndole el paso a otro muy distinto. -¿Qué sucede? Alguien da con los nudillos en el puerta, la respiración agitada, el rodondendro, la viento sopla y deja de soplar como por antojo, yo me veo en tus ojos y tú en los míos, y alguien tiene algo que decirnos, y no vamos a abrir, no, no vamos a abrir. -Ven, entra en mí antes de que sea demasiado tarde… Y él no dice una palabra. Se oyen los nudillos contra el marco de madera, y el ritmo acelera por momentos para que la puerta se venga abajo, no puede haber más razón que ésa. Rebuzna un asno en las cercanías, las aspas del molino se agitan con violencia, los golpes contra la puerta son ya intimidantes. Esa muralla tiene que caer es lo que viene a decir tanto ruido. -¡No abramos, no! ¡Nada es más importante que lo que estamos haciendo ahora! Y si había habido un preludio extenso, tal vez de meses o puede que años, el final del encuentro se produce al ritmo de aquellos golpes. ¿Es el tambor que marca la velocidad de los remeros en la batalla o son los latidos de un corazón defectuoso? -Así… Y sin embargo, las manos que producen los golpes extrañamente no tratan de abrir la puerta, al fin y al cabo trabada sólo por una lanza apoyada contra ella. No parece que el propósito del asaltante sea entrar en el recinto y sorprenderles, sino tan sólo el escándalo, la gresca, el ruido por el ruido.


-¿Entran o no entran? –susurra ella asustada, pensando si convendría empuñar la espada o cubrirse con la adarga o prepararse para recibir al agresor con los puños cerrados. Y todo ese rato Al no dice nada, menos aún hace nada para prepararse. La puerta no se abre pero se agita con fuerza. Aceleran las llamadas de las manos anónimas contra el marco de la puerta, y cuando son ya insoportables y parece que fueran a demoler el propio molino, cesan súbitamente. -Pero… Y se escucha cómo la persona que golpeaba la puerta con tanta insistencia, fuera quien fuese, baja ahora por la escalera donde se reproducen los sonidos como un eco. -La marcha de regreso es más lenta, no hay apremio como a la venida. Si es Sancho, o si es mi ama, no hay manera de saberlo por ahora… Se oyen crujidos, el de la puerta del molino, el del charco, el de las pisadas sobre la hierba, el del del viento. Un último trueno retumba en la lejanía, pero más cerca se oye de nuevo el rebuznar de un asno. -Todo vuelve a ser como antes… Lo que era apremiante había dejado de serlo, lo que para el visitante tenía que haber sido decisivo ahora resultaba insignificante. La realidad había sido desfigurada, pero seguía siendo tan efímera como siempre. Y tampoco Al dice nada en ese momento. -Dejaremos de ser quienes nos gusta ser y de pretender que somos lo que no somos. Yo, siempre a la espera, y vos, un hombre dado a soñar. Desandaremos lo andado al igual que ha hecho ese visitante anónimo para regresar tan decididamente al punto de partida… Entonces Al abre mucho los ojos, pero permanece mudo y muy quieto. -La piel no os basta para ser quien sois… -dice ella, y el ruido de las aspas del molino al describir círculos imaginarios marca aquellas palabras con puntos suspensivos.


El Río Letras de Julio Cortázar

Y sí, parece que es así, que te has ido diciendo no sé qué cosa, que te ibas a tirar al Sena, algo por el estilo, una de esas frases de plena noche, mezcladas de sábanas y boca pastosa, casi siempre en la oscuridad o con algo de mano o de pie rozando el cuerpo del que apenas escucha, porque hace tanto que apenas te escucho cuando dices cosas así, eso viene del otro lado de mis ojos cerrados, del sueño que otra vez me tira hacia abajo. Entonces está bien, qué me importa si te has ido, si te has ahogado o todavía andas por los muelles mirando el agua, y además no es cierto porque estás aquí dormida y respirando entrecortadamente, pero entonces no te has ido cuando te fuiste en algún momento de la noche antes de que yo me perdiera en el sueño, porque te habías ido diciendo alguna cosa, que te ibas a ahogar en el Sena, o sea que has tenido miedo, has renunciado y de golpe estás ahí casi tocándome, y te mueves ondulando como si algo trabajara suavemente en tu sueño, como si de verdad soñaras que has salido y que después de todo llegaste a los muelles y te tiraste al agua. Así una vez más, para dormir después con la cara empapada de un llanto estúpido, hasta las once de la mañana, la hora en que traen el diario con las noticias de los que se han ahogado de veras. Me das risa, pobre. Tus determinaciones trágicas, esa manera de andar golpeando las puertas como una actriz de tournées de provincia, uno se pregunta si realmente crees en tus amenazas, tus chantajes repugnantes, tus inagotables escenas patéticas untadas de lágrimas y adjetivos y recuentos. Merecerías a alguien más dotado que yo para que te diera la réplica, entonces se vería alzarse a la pareja perfecta, con el hedor exquisito del hombre y la mujer que se destrozan mirándose en los ojos para asegurarse el aplazamiento más precario, para sobrevivir todavía y volver a empezar y perseguir inagotablemente su verdad de terreno baldío y fondo de cacerola. Pero ya ves, escojo el silencio, enciendo un cigarrillo y te escucho hablar, te escucho quejarte (con razón, pero qué puedo hacerle), o lo que es todavía mejor me voy quedando dormido, arrullado casi por tus imprecaciones previsibles, con los ojos entrecerrados mezclo todavía por un rato las primeras ráfagas de los sueños con tus gestos de camisón ridículo bajo la luz de la araña que nos regalaron cuando nos casamos, y creo que al final me duermo y me llevo, te lo confieso casi con amor, la parte más aprovechable de tus movimientos y tus denuncias, el sonido restallante que te deforma los labios lívidos de cólera. Para enriquecer mis propios sueños donde jamás a nadie se le ocurre ahogarse, puedes creerme. Pero si es así me pregunto qué estás haciendo en esta cama que habías decidido abandonar por la otra más vasta y más huyente. Ahora resulta que duermes, que de cuando en cuando mueves una pierna que va cambiando el dibujo de la sábana, pareces enojada por alguna cosa, no demasiado enojada, es como un cansancio amargo, tus labios esbozan una mueca de desprecio, dejan escapar el aire entrecortadamente, lo recogen a bocanadas breves, y creo que si no estuviera tan exasperado por tus falsas amenazas admitiría que eres otra vez hermosa, como si el sueño te devolviera un poco de mi lado donde el deseo es posible y hasta reconciliación o nuevo plazo, algo menos turbio que este amanecer donde empiezan a rodar los primeros carros y los gallos abominablemente desnudan su horrenda servidumbre. No sé, ya ni siquiera tiene sentido preguntar otra vez si en algún momento te habías ido, si eras tú la que golpeó la puerta al salir en el instante mismo en que yo resbalaba al olvido, y a lo mejor es por eso que prefiero tocarte, no porque dude de que estés ahí, probablemente en ningún momento te fuiste del cuarto, quizá un golpe de viento cerró la puerta, soñé que te habías ido mientras tú, creyéndome despierto, me gritabas tu amenaza desde los pies de la cama. No es por eso que te toco, en la penumbra verde del amanecer es casi dulce pasar una mano por ese hombro que se


estremece y me rechaza. La sábana te cubre a medias, mis dedos empiezan a bajar por el terso dibujo de tu garganta, inclinándome respiro tu aliento que huele a noche y a jarabe, no sé cómo mis brazos te han enlazado, oigo una queja mientras arqueas la cintura negándote, pero los dos conocemos demasiado ese juego para creer en él, es preciso que me abandones la boca que jadea palabras sueltas, de nada sirve que tu cuerpo amodorrado y vencido luche por evadirse, somos a tal punto una misma cosa en ese enredo de ovillo donde la lana blanca y la lana negra luchan como arañas en un bocal. De la sábana que apenas te cubría alcanzo a entrever la ráfaga instantánea que surca el aire para perderse en la sombra y ahora estamos desnudos, el amanecer nos envuelve y reconcilia en una sola materia temblorosa, pero te obstinas en luchar, encogiéndote, lanzando los brazos por sobre mi cabeza, abriendo como en un relámpago los muslos para volver a cerrar sus tenazas monstruosas que quisieran separarme de mí mismo. Tengo que dominarte lentamente (y eso, lo sabes, lo he hecho siempre con una gracia ceremonial), sin hacerte daño voy doblando los juncos de tus brazos, me ciño a tu placer de manos crispadas, de ojos enormemente abiertos, ahora tu ritmo al fin se ahonda en movimientos libres de muaré, de profundas burbujas ascendiendo hasta mi casa, vagamente acaricio tu pelo derramado en la almohada, en la penumbra verde miro con sorpresa mi mano que chorrea, y antes de resbalar a tu lado sé que acaban de sacarte del agua, demasiado tarde, naturalmente, y que yaces sobre las piedras del muelle rodeada de zapatos y de voces, desnuda boca arriba con tu pelo empapado y tus ojos abiertos. Relato extraído de la colección Los relatos 2. Juegos.Julio Cortázar 1976. Julio Cortázar (1914-1984), escritor argentino.


Mi Segunda Piel

fotografĂ­a Robert Glowacki estilismo Ai Ito maquillaje Ken Nakano peluquerĂ­a Koji Takayanagi modelo Daniel Conway @ Storm


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Abrigo Deryck Walker


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T-shirt Issey Miyake


Fly Kkiller Letras de Harriet Fuest Imรกgenes de Sam Smith


Lo más normal para este número era entrevistar a un artista que tuviera un conocimiento exhaustivo de “pieles”, así que ¿qué mejor que un batería?. Brian Fairbairn lleva 25 años haciendo historia como batería, tanto con artistas de reggae mundialmente conocidos como los Wailers, como con grupos como Sonic Guru, Indian, The Prodigy y la nueva banda de fusión de Rock, Fly Kkillers. A su vuelta del tour con The Prodigy, me cité con él en el sur de Londres para hablar de su variada carrera. ¿Dirías que eres un batería nato? Para nada. De pequeño formaba parte de los cadetes del ejército, y allí tocaba el tambor redoblante. No fue hasta la adolescencia que lo llevé un poco más lejos. Se me acercaron unos chicos de otra escuela y me preguntaron si quería formar un grupo con ellos y yo dije que claro, que podía tocar la batería. Pero me equivocaba, pensaba que podía, pero realmente sólo sabía tocar el redoblante. No fue hasta que me senté delante de la batería completa que me di cuenta de que eso no lo podía hacer. No conseguía los movimientos independientes que se necesitan para tocar la batería, al contrario, cada vez que movía un brazo o una pierna todo mi cuerpo lo seguía (risas). Entonces, ¿esa fue tu primera banda? ¿Cómo se llamaba? ‘Studio Rockers’, en la cual Maxim (The Prodigy) estuvo una vez. No le queríamos en el grupo, pero su primo tocaba con nosotros, y como Maxim no paraba de darnos la lata, le dejamos subir al escenario con nosotros con la condición de que fuera “sólo por esa vez”. Apareció disfrazado de pirata, lo cual nos pareció muy raro. No le volvimos a dejar tocar con nosotros, quizás porque era demasiado avanzado para nuestro tiempo. Estuve en Studio Rockers unos 3-4 años. Nos fue bien y recibimos ayuda del fideicomiso del Príncipe. Creo que nos dieron unas mil libras esterlinas, algo desorbitado para esa época; compramos todo el material, tocamos en varios locales, nos promocionamos, pero al cabo de un tiempo todo comenzó a romperse. Uno de los integrantes del grupo se fue para convertirse en fotógrafo profesional, otro perdió la cabeza por las mujeres. Aún me quedaba esa sensación, esa ilusión de tocar con gente y eché mucho de menos formar parte de un equipo. No soñaba con el dinero, pero el querer tocar con ‘las estrellas’ era superior a mí. ¿Qué ‘estrellas’ te inspiraron? Gary Glitter. Sé que ahora no es muy reconocido. La verdad es que igual no debería ni mencionarle, pero me causó una impresión muy grande. Creo que era su cualidad de estrella: estaba ‘ahí fuera’. De todos modos, creo que ser joven puede ser muy confuso y con él llegué a creer que la música era una buena vía de escape. Allí es donde todo empezó. Así como baterías que me han inspirado, realmente, todos a los que he visto tocar, no deja de ser un proceso de aprendizaje. Hablas del proceso de aprendizaje, ¿eres autodidacta o tuviste un profesor? No asistí a ninguna clase, pero he aprendido mucho viendo tocar a muchos baterías distintos. Cuando llegué a Londres y vi a alguna gente tocar, me di cuenta de que estaba muy atrasado; aquí se jugaba de otra manera. Era aterrador. Sólo tenía 25 años y estaba anonadado por la dedicación y profesionalidad de los músicos. En lugar de tocar me dediqué a observar cómo tocaban. Iba a lugares del ambiente del jazz como el Jazz Café. Como no había Internet me movía por el boca a boca. Estaba claro que aún estaba lejos de entrar en el plano profesional. Como mucha gente que se muda a Londres, la única interacción que tenía con la ciudad era yendo de casa al

trabajo, parando un momento en la tienda antes de llegar a casa de nuevo. Siempre pasaba por delante de una casa muy particular de camino a la tienda, de donde siempre salía música reggae. Después de unas semanas llamé a la puerta y Frank, un Rasta, abrió. “Me llamo Brian y oigo música”, le dije. Él se limitó a mirarme. “Lo siento”, dije, “solamente quería llamar a la puerta”. Fue genial, me dejó entrar y milagro, resultó que necesitaban un batería. Fue un gran paso para mí porque no sólo volví a tocar sino que empecé a mezclarme con la gente. Esto es lo mejor de tocar música, los músicos son gente tan sensible e inclusiva, que siempre estás en buena compañía.

“Me llamo Brian y oigo música”, le dije. Él se limitó a mirarme. “Lo siento”, dije, “solamente quería llamar a la puerta” ¿Cuándo empezaste a trabajar profesionalmente? Cuando conocí a Adam Fuest, guitarrista y productor musical. Supo que tocaba la percusión y me sugirió que contactara con un estudio. Era un estudio muy bueno y era todo un poco aterrador. Lo que la banda no sabía es que tuve que alquilar todo el material que no tenía y hacer tres viajes en autobús para trasladarlo. Hice un trato con el recepcionista para que no dijera a los demás músicos que yo ya estaba allí cuatro horas antes de encontrarnos. Allí trabajé con Annabella, de Bow Wow Wow. Me alucinó porque era el tipo de artista que yo escuchaba cuando era un chiquillo. Eso fue un subidón de autoestima porque estaba trabajando con alguien a quien había admirado durante mucho tiempo. Tras eso estuve trabajando con otros miembros de Adam and the Ants y me contagiaron su experiencia y cumplidos. Después me metí de lleno en el reggae, trabajando en los Lime studios en Brixton con gente como los Twinkle Brothers y Alton Ellis, quienes me dieron consejos y un apoyo increíble. Además conseguí algo de tiempo libre en el estudio, lo cual enriqueció mi técnica. Un día apareció en el estudio un chico de Acid Jazz preguntando si queríamos aparecer en un álbum suyo. Así que hicimos el primer album de Acid Jazz reggae con el gran poeta de la mezcla, ¡Benjamín Zepharian! Esto sí que diría yo que fue el comienzo en serio de mi carrera profesional. Un día, en una fiesta, conocí a una persona que nunca pensé que conocería, Jerry Dammers (The Specials); conseguí componer y grabar un disco con él, lo cual era para mí todo un honor. A través de él conocí a Johnny Osborn y Junior Delgado, con los que empecé a trabajar; por desgracia Junior murió hace unos 2-3 años. También conocí a Earl Wire Lindo (The Wailers), quien es el responsable del teclado, riffs y melodías de todos los discos de reggae de los Bob Marley y The Wailers. ¡Lo que la gente no sabe es que este tío vive en Londres! Solemos grabar unas 3 o 4 veces al año; lo enviamos a Jamaica para mezclarlo y se envía a los Wailers. Lo más curioso es que, aún habiendo hecho un montón de discos con él, ¡no tengo copia de ninguno de ellos! ¿Cómo hiciste el salto del reggae a la música dance? El año pasado me llamaron para un casting como batería para The Prodigy. Yo tocaba mientras Keith Flint, Liam Howler y Maxim Prodigy permanecían plantados delante de mí, de pie. Nos dieron una cinta y nos pidieron que lo tocáramos, sin pautas ni introducciones. Fue bastante duro, pero aún así me gustó, y esto es algo que he aprendido trabajando con The Prodigy; todo lo que hacen es potente, todo, incluso su estilo de vida. Bueno,


“Pati es toda oscura, tiene el aire de una mosca mutante que llega del espacio exterior” pues me dieron el trabajo, genial. Son un equipo increíble. La primera vez que toqué con ellos me llamó la atención un tanque enorme de oxígeno en el escenario, me pareció algo exagerado, pero eso es típico de The Prodigy. Luego me di cuenta de su uso, ya que cuando comienzas a tocar, no han pasado ni dos minutos antes de sentir que te falta el aire. Literalmente, no puedes respirar, no sé si será el ruido, el calor, el público o las luces, pero sientes que te aspiran el aire. Nunca me había pasado algo así. Así que el tanque de oxígeno del cual me había reído al principio se convirtió en una necesidad. ¿Cuáles son tus planes de futuro? Ahora trabajo con un grupo llamado Fly Kkiller. Son pareja, Pati y Steve, casados. Steve compuso música con David Holmes para Ocean 11, 12 y 13. El talento de este tío es increíble, ahora está remezclando piezas de Primal Scream. Es un estilo un rock electrónico un tanto oscuro, pero eso no lo acaba de definir. Pati es toda oscura, tiene el aire de una mosca mutante que llega del espacio exterior. Es genial, recta y vestida en PVC de pies a cabeza. Como banda hemos tenido nuestros altibajos. Una vez en Polonia nos encontramos con un taxista loco que quería matarnos, o al menos quería que lo creyéramos y nos hizo perder el vuelo y, consecuentemente, nuestros conciertos en Glastonbury. Pero tenemos cosas buenas en marcha, como el sencillo “Gilded splinters”, que sale en Octubre. A diferencia de muchos músicos, los baterías generalmente trabajan por sesiones en lugar de formar parte de una sola banda, ¿porqué crees que esto ocurre?. Crees que la gente ve a los baterías como un escalón por debajo en el mundo de la música? Creo que cuando ofreces piel a la música, lo más importante es que te tomes en serio lo que la gente escribe. La carrera de un artista se mueve alrededor de esto, escuchar y ofrecer apoyo, saltar en la carrera de muchos artistas. Ahí radica la diferencia para mí. Una vez tocando con The Prodigy conocí a Robert Plant y viví la experiencia más vergonzosa de mi vida. Vino hacia mí estrechándome la mano y me llevó a su camerino, mientras yo pensaba “¿qué le digo, qué le digo?”, así que dije “eres la 8ª maravilla del mundo”, y nada más decirlo quería morirme, pensando, oh no, tenía que haber dicho la 1ª maravilla, pero no, no lo habría creído, entonces pensé, Dios, ¿habrán descubierto otras maravillas después de la 7ª? ¿Tenía que haber dicho la 9ª? Pronto me hizo darme cuenta de que estaba haciendo el ridículo. Él sólo quería hablar de música y relajarse con otros músicos. Para mí esta es la esencia de un artista especial. Alguien que tiene compañerismo y riqueza tanto exterior como interior. ¿Porqué crees que los baterías son habitualmente los últimos miembros de la banda en ser entrevistados? Yo diría que viene a ser lo que dije antes acerca de escribir, muchos baterías no escriben o crean con su grupo del mismo modo que lo haría un bajista, guitarrista o compositor. Son lo que la mayoría de la gente cataloga de ‘artistas’, y supongo que es el comentario más apropiado la mayoría de las veces. Personalmente, cuando trabajo con gente prefiero saber lo mínimo posible de su vida personal, nunca leo nada acerca de ellos. De este modo nunca llego a pensar que estoy trabajando en un proyecto malo. Si escucho la música, me gusta y quiero trabajar con ella, me siento libre de entregarlo todo en el proyecto sin el peligro de que se vea obstaculizado por descubrimientos personales. De este modo puedo entrar en su perspectiva y ser parte completa de ello. Específicamente, la razón por la que los baterías raramente son entrevistados, no la sé, quizás esta entrevista te ayude a encontrar la respuesta (risas).


El Tacto Como Paisaje Acústico

Letra e imágenes de Andrea Rushton


Andrea Rushton, compositora y escultora del sonido, acordó crear una pieza especialmente dedicada a este número, utilizando para ello prácticas acusmáticas, como por ejemplo la grabación de sonidos “descubiertos” o “naturales”, extrayendo de ellos, mediante su transformación en un medio digital, una pieza musical abstracta mezclada con sonidos digitales y voces. Su intención era explorar la frontera de la “superficie porosa/sensorial” de la piel, dibujando una imagen sonora que mostrara el magnífico y superlativo universo imaginario que se encuentra en esos conceptos. La pieza final se puede escuchar en la web de Stimulus Respond, y a continuación os presentamos la descripción de Andrea de su propio proceso creativo. Piel contra Piel rayo de luz concentrado afinado, en contacto laser interno. Apenas ahí una fina linea de muñeca; sensación cantada, ternura...tensa. Entre la presión, los sensores del dolor y el placer la sangre fluye templada; mensajeros secretos bailan lejos y cerca veloces y seguros. Lentamente acaricia el más ligero toque de la yema de un dedo penetra… los guardianes de la frontera entraron…los mensajeros se encuentran infiltrados…código secreto mucho más profundo que la piel. Decisiones Entonces, ¿lees o escuchas? Yo creo que primero leer; perfilar la conciencia a través del conocimiento de lo que escuchas y lo que buscas en esa escucha. Te voy a llevar por cada fase de la creación de esta pieza, desde una perspectiva práctica y psicológica. Los sonidos que se generan con el contacto de piel con piel son tan comunes que pasan desapercibidos para la mayoría de nosotros; estamos preocupados por el sentido del ‘tacto’ que sustituye al ‘oído’ a menos que los sonidos creados sean repentinos, cómicos o vergonzosos. ‘Escuchar’ consiste en filtrar y procesar información a través de la experiencia, y como artista acústica mi sentido del oído está habitualmente a un nivel superior; para esta pieza me he basado en el mundo de los sonidos, el sutil balanceo, y los efectos de las frecuencias alternadas que se crean con el contacto de las manos al posarse en la piel, un mundo de sonidos habitualmente ignorado. Lo que escucharás (cuando escuches el paisaje) es una pieza ‘musical’ generada por dos ingredientes básicos: ‘piel en contacto con piel’ y ‘voces’. Estas materias primas han sido tratadas en un ambiente digital para aislar, manipular y acrecentar sus frecuencias y timbres. Las ‘sub-capas’ de sonido resultantes, apartadas de lo tangible, se convierten en versiones magnificadas y destiladas del original, las cuales al ser ordenadas, pueden evocar un mundo interior imaginario, exagerado y fantástico. El Inicio de las Grabaciones El proceso comienza en una cita con John Weathered, guitarrista británico y compañero en la exploración de sonidos; quedamos en un lugar tranquilo y nos despojamos de una modesta cantidad de ropa para permitir que bastante parte de la piel quede expuesta. Yo me coloco micrófonos binaurales y, con mucho cuidado para no tocar los cables que conectan la grabadora, nos comenzamos a acariciar, manteniendo nuestra atención en los sonidos que ello genera, más que

“una pieza ‘musical’ generada por dos ingredientes básicos: ‘piel en contacto con piel’ y ‘voces’”


“Nos damos instrucciones con susurros como si el subir el tono fuera a romper un tabú o perturbar la intensidad del momento de estas grabaciones”

en las sensaciones. A veces nuestras voces añaden una capa extra a los sonidos. Nos damos instrucciones con susurros como si el subir el tono fuera a romper un tabú o perturbar la intensidad del momento de estas grabaciones. A 320 kms al sur me encuentro en un estudio con Nicolas Galeazzi, artista visual y actor, para grabar sonidos en un ambiente totalmente distinto al anterior, y donde yo actúo solamente como técnico. Nicolas se despoja de su camisa y se sube una pernera del pantalón antes de explorar los sonidos de su piel con su piel mientras yo sigo cada movimiento suyo con mis micrófonos binaurales. Nicolas, vagamente divertido comenta, en una suave voz, lo curioso que le resulta que estemos hablando en susurros, cuando luego puedo quitar cualquier conversación no deseada; pero no cabe la menor duda de que en estas grabaciones se construye una atmósfera de intensa concentración y sensualidad que ninguno de nosotros tiene la intención de romper. Nicolas responde a mi intención de conseguir sonidos vocales estimulados por el tacto, y yo le grabo de una forma voyeurística mientras rememora imágenes con los ojos cerrados, permitiendo a su voz expresar las respuestas surgidas (ahora o entonces) a cada recuerdo táctil. En este punto sé muy poco de lo que se va a construir a partir de estas grabaciones tan diferentes y nuevas, la pieza podría ser rítmica, realista, fantástica, incluso cómica, pero se va a necesitar un proceso muy largo de análisis antes de poder verlo con más claridad. Ahora comienzan las horas de escuchar y re-escuchar las grabaciones, buscando imperfecciones, maravillas o tonterías que resultan en el inevitable cortar y diseccionar. Cada rebanada de sonido se convierte en un espécimen estirado bajo el microscopio auditivo que está siendo enfocado y desenfocado, desnudado hasta lo más puro de cada frecuencia, procesado y guardado como una mera parte de su ser anterior o como una versión mucho más oscura y profunda que nos lleva más y más cerca de una imagen microscópica donde la caricia es una lenta oleada de ruido sordo. Por un lado, esta parte del proceso es un tanto aleatoria y voluble; me puedo pasar horas tamizando sonidos mientras mi estado de ánimo y mi percepción van cambiando de modo que en el momento en el que encuentro un hilo de sonido, me envuelve algo que una hora antes o más tarde, habría ignorado. De forma gradual, se acaba construyendo una paleta con unos 200 colores sonoros, y yo sigo sin ver la forma de mi pieza. Pero…comienzo a entrar en la intensidad de la escucha de piel rozando con piel, lo cual me lleva a un estado hipersensitivo: escucho el tacto y siento el sonido como una caricia…o un shock. La pieza reflejará este estado de conciencia. A medianoche, cuando apago mis sonidos, una melodía persistente circula por mi cuerpo; la capturo, grabando un suave canto en mi grabadora mini disc, sabiendo que se desvelará más tarde. Luego viene una fase de toma de decisiones exigente, donde el escoger ‘objetos sonoros’ y eliminar otros más superfluos es la clave para entrar en el estado y la forma de lo que será a continuación; esto es delicado, puedo perder la concentración muy fácilmente: las reglas armónicas, la disonancia, las estructuras de los acordes o las melodías del patrón tradicional no existen en mi mundo sonoro sin tono y sonidos blancos y rosas. Pero la verdad es que hay muchas cosas para elegir que podemos adoptar de esos territorios…los efectos de las frecuencias bajas y altas, su modo de ataque, suspensión y decaimiento, sonidos aislados, multiplicidad de capas; estos aspectos no difieren


mucho de mi paso por la música occidental. El tono sigue allí, aunque menos obvio que el patrón de tono semitono de los instrumentos occidentales más habituales, y yo entono estos ingredientes sutiles para organizar y encontrar un sentido dentro del caos. Utilizo el programa musical Reason 3 para traer la pieza a la vida, importando lo que se ha convertido en ‘objetos sonoros’ a la muestra ‘virtual’ y plasmándolos en un tablero enorme que deja espacio para la improvisación. Con una visión macro y microcósmica de la pieza puedo ya comenzar con las muestras que tengo claras: los sonidos creados por el vello de la piel, los poros, el emerger de pequeñas gotas de agua de las glándulas del sudor a la superficie de la piel. Un contacto espiral constante de las manos con la barriga se repite descubriendo un mundo sumergido, imagino su escucha a un nivel celular; para mí, este bonito sonido es parecido al siempre cambiante susurro profundo del viento que se siente al acercar una concha de mar a tu oído. Al principio, plasmar los sonidos es un trabajo caótico. La caprichosa organización de los sonidos vocales que se mezclan con sonidos lentos y crudos junto a brillantes tonos altos y el rebote de sonidos monótonos hace este trabajo imposible; mis ojos y mis dedos necesitan encontrar un acceso al sonido correcto del mismo modo que yo lo haría instintivamente con mi voz. Algunas muestras se van enlazando al azar, otras se paran en seco, lo cual causa la sensación de que ha habido un salto en la realidad: ¡una guillotina del tiempo y el espacio al estilo de Douglas Adams! Cada muestra, bueno, para que se aprecie mejor, cada tecla del teclado tiene 70 parámetros diferentes que deben ser cuidadosamente organizados. Aunque el proceso es lento e intenso, progresivamente se va ordenando y comienzo a tocar, grabando y destilando los momentos centrales de cada sesión. Es una transición de lo seguro a lo peligroso, del calor al frío intenso, algo así como lanzarse a un tanque helado. Previamente al salto, es una pieza en potencia y mientras se mantenga incompleta conserva su posibilidad de maravillar, si pierdo mi atención ahora y dejo ir el momento de inmersión, el proceso completo se puede perder entre los sonidos, mientras yo jugueteo con esto y aquello todo el tiempo que pueda aguantar. Pero me lanzo y tras el shock inicial de abatimiento, me sumerjo, giro y me dejo llevar por mi mundo de los sonidos, donde encuentro que los vellos, poros y las conexiones frágiles de los nervios están allí, escondidas pero latentes en las deshilachadas frecuencias de una bofetada o una caricia. Voz Los pliegues de voz están escondidos, enterrados en la vasija, pero la conexión que hay entre los órganos de la piel y el aparato vocal es muy profunda. La voz se estimula muy a menudo a través del tacto y reacciona involuntariamente. Partiendo de estas expresiones primarias sólo un mínimo cambio es necesario para descubrir tanto la voz cantante como la hablante, ambas vastas herramientas para expandir mi poder de comunicación a múltiples niveles. La noción de la frontera que es nuestra piel viene a través de una conciencia realzada. La forma en que percibimos un momento de contacto es tan enormemente cambiante dependiendo de las circunstancias, la intención y la relación, que engloba la simplicidad de un mensaje nervioso enviado al cerebro con las palabras ‘toque ligero’, ‘presión’, ‘rascada’, ‘quemadura’ etc. Aunque esta es una frontera que mantiene otros elementos fuera, se consigue solamente con el tacto,

sin necesidad de un corte, una rasgada o una penetración. Piel contra Piel rayo de luz concentrado afinado, en contacto laser interno. Mi fascinación se centra en nuestros mensajeros nerviosos, en la noción de fronteras entre países, de agentes secretos infiltrándose en zonas supuestamente cerradas. Entre la presión, los sensores del dolor y el placer la sangre fluye templada; mensajeros secretos bailan lejos y cerca veloces y seguros. En esta pieza no llegué a cruzar al lado oscuro de la violación, tortura o abuso, pero el conocimiento de que estas cosas están sólo al otro extremo de un mismo nervio está presente en los sonidos; después de todo, sólo nos podemos fiar de las intenciones de los demás. Estoy analizando la melodía, capturada a medianoche, y tiro de los hilos del cuerpo matriz de las palabras para tejer una canción. Emerge paulatina pero fácilmente a través de improvisaciones repetidas y grabadas, añadiendo capas armónicas y transfiriendo la pieza completa al universo digital del ordenador. Aquí está todo extrañamente deshilachado, partido en ‘objetos sonoros’ y colocado en la muestra para así poder escoger los fragmentos que aparecerán en el trabajo final. Durante el proceso escojo habitualmente el colocar los sonidos en una reverberación modelada acorde a la acústica de la Catedral Laukyrkan; me resisto cada vez que lo hago, pensando que la naturaleza de la pieza pertenece a un espacio íntimo. No obstante, cuanto más me sumerjo en el mundo del sonido de Piel con Piel, más segura estoy de la elección y este tema parece reafirmarse cuando las voces cantadas adoptan una cualidad coral. Finalización Las decisiones finales son agonizantes y extremadamente detalladas, mi sentido del oído se ha convertido en una continuación de mi tacto hasta el punto de estar los dos borrosos y ya no sé si la pieza está realmente completa hasta que llamo a Jack a su estudio, la escucha y me confirma que está hecha. Este trabajo ha supuesto un cambio y profundización en percepciones muy familiares pero poco exploradas, un cruce de fronteras. Desde que se ha abierto este nuevo mundo vibrante, la experiencia del tacto se ha convertido en algo mucho más erótico, tierno, sensual, juguetón, atento; este contacto de piel con piel crea un ritmo auditivo, un patrón, un remolino hipnótico de la tensión y la liberación de un sonido puro. Piel con Piel une elementos de estos sonidos táctiles con un lenguaje musical mucho más tradicional y conocido, mezclándolos y transportándolos a una caricia mutua donde una sensación te engancha y te absorbe… quizás…escucha… www.stimulusrespond.com/andrearushton.mp3 www.spiralsoundstructures.co.uk


W=70-AUV/10 la claridad W de la piel está relacionada con el UV permitido anualmente para la exposición AUV de la piel el color de la piel en la presencia – ausencia de rayos solares cruces negras - blancas

fotografía / yusuke miyazaki editor de la moda / rie kondo peluquería / koji takayanagi maquillaje / machiko yano using MAC cosmetics modelo / Rima @ storm model management asistente del fotógrafo / yuhi shimomura ayudante de estilismo / fernanda


imagen anterior: top y falda calados / ann-sofie backbraguita y sostĂŠn / agent provocateur panties de media pierna / agent provocateur zapatos / nicholas kirkwood imagen anterior y siguiente: traje imitaciĂłn tatuaje corporal / emilio de la morena paĂąuelo de fiesta / rowan mersh chal negro / inbar spector


vestido blanco / inbar spector abrigo blanco de satĂŠn / bi la li broche / rowan mersh


imagen opuesta: camiseta escotada / ann- sofie back pulseras plateadas y doradas / bless falda de papel cart贸n / avsh alom gur calcetines de rejilla largos / tabio calcetines blancos / tabio zapatos / ann-sofie back imagen siguiente: vestido negro / michiko koshino vintage panties de media pierna de serpiente / agent provocateur zapatos / nicholas kirkwood


El Último Destino Fotografía ~ Naho Kubota Estilismo ~ April Coley Maquillaje ~ Maiko Kitamura Peluquería ~ Aleksandra Nesterchuk Modelo ~ Pilar @ Supreme


Imagen anterior ~ blusa verde de seda de by hache, pantalones de lana de karen walker, zapatos de giuseppe zanotti Imagen opuesta ~ top palabra de honor rosa magenta de david meister, guantes de lacrasia, zapatos de melanie dizon Izquierda ~ vestido arrugado negro de paul smith, guantes de lacrasia, zapatos de giuseppe zanotti


Imagen anterior ~ vestido arrugado negro de paul smith guantes de lacrasia zapatos de giuseppe zanotti Imagen opuesta ~ blusa verde de seda de hache pantalones de lana de karen walker zapatos de giuseppe zanotti


vestido metalizado de malene birger, zapatos de giuseppe zanotti


mono negro de lover, zapatos de stuart weitzman


Marie Kristiansen


Graduada por el Central St. Martin´s School of Art and Design, Marie Kristiansen explora, a través de la fotografía y el video, el punto medio entre los supuestos valores y objetivos de las sociedades y la realidad tal como la percibimos y vivimos en nuestro día a día. Busca realzar el poder atribuido a los símbolos en la sociedad, y el poder que se encuentra a la hora de influenciar y controlar las interpretaciones de la gente. Marie desafía la idea de lo que es “dado” y cuestiona las realidades apropiadas. Encuentra el equilibrio entre lo explícito e incómodo y la belleza fácilmente palpable en la puesta en escena de cada ilustración. El enfoque cinemático de su trabajo nos lleva de visita a su infancia. Viniendo de padres directores y productores, pasó la mayor parte de su infancia en platós de cine. A los nueve años se la premió con el Youth Film Award en Hollywood en la categoría de Mejor Actriz Juvenil en una película Extranjera, y en su adolescencia se inscribió a la Norwegian Royal Academy of Ballet. Es quizás este trasfondo lo que la convierten en una persona capaz de poner en escena mensajes provocadores y conflictivos de una manera estética.


Ilustraci贸n de Angela Jack


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