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LA TRECE NEGRA Nº 2

Febrero - Marzo 2012

LILITH, La primera vampira POR SUS BIBLIOTECAS LOS CONOCERÉIS Cotilleando bibliotecas ajenas LO PEOR DEL CÓMIC Pero, ¿qué se fumaron esos tíos? FÚTBOL Barcelona Mundial 12/07/86 El mejor concierto de todos los tiempos ¡¡¡y mucho más!!!


ÍNDICE Índice / Equipo de la revista Editorial Fragile CUANDO LA IGNORANCIA ES REINA: Estos yankees (y II) OLIVER, BENJI: Barcelona Mundial AULLIDOS DE MEDIANOCHE: Lilith La espera LA SEGUNDA DIMENSIÓN Pero, ¿qué se fumaron estos tíos? POR SUS BIBLIOTECAS LES CONOCERÉIS: Presentación de la sección LOS LÍOS QUE ME MONTO: ¿La letra con sangre entra? Amok ¿SABES? TIENEN UN GRUPO DE LA LECHE 12/07/86 ENTRE LUZ Y OSCURIDAD: Miedo

Valenhgrandi

2 3 4

Sir Worth Sebastian Hinata David

6 8 10 13

Eloy

14

Soniarod

17

Rick Deckard Sombra

19 21

Ivangor Sombra e Hinata

23 27

Equipo de La Trece Negra: Equipo editorial: Gabriellle Deschain, Rick Deckard, Soniarod, Bangor Corrección: Gabriellle Deschain, Bangor Maquetación y portada: Soniarod Reporteros: Sir Worth, Valenhgrandi, Sebastian, HInata, David, Eloy, Rick Deckard, Sombra, Ivangor, Soniarod Si quieres contactar o colaborar con la revista, puedes escribir un e-mail a la dirección latrecenegra@gmail.com o un mensaje privado a latrecenegra, Gabriellle Deschain o Soniarod en http://www.ka-tet-corp.com


EDITORIAL La Trece Negra acaba de comenzar su singladura en el inhóspito mar digital que nos rodea. Este mar, que tanto nos une como nos separa, acoge hoy la segunda entrega de una ilusionante revista que nace del esfuerzo, la dedicación, el desinterés y la fe en un trabajo que no dará ni la fama ni la recompensa material a los que han volcado su trabajo en ella. No habrá eruditos que lean estas palabras; no habrá críticos literarios que juzguen el valor de los artículos expuestos aquí; no tendremos la suerte de ser analizados por los gurús literarios de nuestro tiempo... Solo nos queda (que no es poco) la ilusión de ver que el esfuerzo que conlleva pergeñar y dar a luz un artículo en una revista publicada en el océano infinito de datos se vea recompensado por la cálida acogida demostrada por nuestros lectores constantes, entre los que me cuento. Este número continúa las secciones que, si todo va bien, se convertirán en habituales en nuestra revista: Nos reiremos con el estilo personal de Sir Worth con su “Cuando la ignorancia es reina”; aprenderemos del deporte rey junto a Sebastián en su “Oliver, Benji”; con “Aullidos de medianoche” nos adentramos en mundos oscuros gracias a Hinata, que junto a Sombra y su “Entre luz y oscuridad” nos ofrecerán relatos escalofriantes; y ya esta última en solitario nos trae ahora un artículo aterrador; “La segunda dimensión” nos pondrá al día en el mundo del cómic, del que Eloy es un gran entendido; Rick Deckard nos vuelve a dejar una gran lección con “Los líos que me monto”; un tema que me encanta, como es la música, será soberbiamente tratado por Ivangor en su sección “¿Sabes? Tienen un grupo de la leche”; y finalmente Soniarod estrena encuesta con su “Por sus bibliotecas les conoceréis”, que seguro deparará más de una sorpresa en números posteriores… No podemos olvidarnos de David, que en este número nos deleita con un gran relato corto, ni de Valenhgrandi, que repite artículo en esta publicación con su peculiar visión de la vida. Espero que esta introducción sirva para atraeros aún más hacia los contenidos de esta revista que, sin la colaboración de todos estos fantásticos escritoleros y el trabajo del equipo editorial, no hubiera sido nunca posible. Brindemos hoy por un largo futuro para La Trece Negra. Bangor

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FRAGILE Por Valenhgrandi ¿Se puede confiar en las personas o no se puede confiar en las personas?  Hay gente con infinidad de matices, dentro de cuatro grandes grupos:  1. Los estúpidamente confiados  2. Los confiados  3. Los desconfiados  4. Los estúpidamente desconfiados  Más allá de los matices, que simplemente son el hilo conector entre un estado de confianza y otro, me voy a centrar en lo principal, que es la confianza. En la confianza en todos sus sentidos, la confianza como palabra y señora. En estado puro.  Creo que la confianza es un paquete que se le da a alguien para que lo cuide y lo conserve en sus manos, sabiendo que este es frágil y que cualquier golpe lo puede ir deformando, hasta que se destruye. Pero, ¿qué pasa cuando tienes más paquetes destruidos de los que puedes contar?  ¿Qué pasa si en realidad el número de paquetes intactos y destruidos es similar? O, ¿qué pasa cuando tienes más paquetes intactos de los que puedes contar?  Si tienes muchos paquetes destruidos, probablemente te sitúes en el último escalafón de la confianza, en el rango de los muy desconfiados. Seguramente pienses que no se puede confiar en nadie, ya que tarde o temprano esta persona o sociedad pueden hacerte algún tipo de daño. Si eres un poco más positivo, seguramente te sitúes en el penúltimo escalafón de esta lista. Eso ya no es tan grave; seguramente pienses que no se puede confiar en nadie, pero sí sigues confiando en las sociedades. Lo malo de esto es que sigues confiando en un ente mucho más grande e impersonal que las personas como particulares. ¿Qué diferencia hay entre tu banco y tu vecino de enfrente? ¿Qué diferencia hay entre tu vecino de enfrente y tu banco?  Es un 50-50, y la balanza puede desequilibrarse para cualquiera de los dos lados.  Si tienes la misma cantidad de paquetes para ambos lados, seguramente tengas un grado de confianza normal. Aquí sueles ser “objetivo”: hay gente que enciende la lucecilla de ”Alerta Roja”, pero hay otra que te inspira darle el paquete, para dejarlo a buen recaudo.  Creo que es lo más sano. Hay que dar un voto de confianza a las personas y sociedades.  Si tienes todos los paquetes intactos puedes correr el mismo riesgo que si lo tuvieras todos destruidos. Quizás más. Me explico: seguramente vivas en una eterna alegría, ya que todas las personas y sociedades te merecen toda tu confianza. El riesgo está en que si esto llega a romperse por cualquier motivo, la caída puede ser más alta que un noveno piso. Entonces, vuelvo a preguntar: ¿qué pasa cuando...? Seguramente nadie tenga la respuesta. Lo que si sé es que para poder encontrarle una explicación al tema de la confianza lo único que puede hacerse es desmembrarlo y separarlo; no se puede tratar la confianza como un todo, ya que depende del tipo de paquete que entregas. Y cómo te lo devuelvan...  Sé que suena contradictorio, ya que al principio iba a tratar a la confianza como un todo, pero a medida que he ido escribiendo, me he dado cuenta de que es imposible. Porque no entregamos el mismo tipo de confianza a una pareja, a un amante, a un amigo, a un familiar, a un compañero de trabajo, a la cajera del súper o a un transeúnte que te pide la hora y demás. Algunos duelen más que otros ―ninguno de ellos está en la misma

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frecuencia de ilusión o desilusión―, pero es el dolor ante la pérdida lo que hace que te des cuenta de las diferencias que hay entre ellos. Y, en definitiva, tengas una desilusión amorosa, amistosa, filial o social vas a terminar englobándolo como un todo y vas a terminar situándote en alguno de los cuatro escalafones de confianza.  Es el gran problema que tenemos las personas; no somos capaces, por regla general, de separar la confianza perdida de las demás que están intactas, y cuando perdemos una, por un tiempo, al menos, perdemos todas.  Hay que reconocer que son pocas las personas que merecen esos paquetes y, generalmente, un 70% se lo llevan los familiares y amigos que entran en lo familiar también. Y el resto... el resto puede romper o golpear el paquete. El tema está en asumir el riesgo o no. En definitiva, ¿por qué quedarse con la duda?  En el caso de que tus paquetes siempre sean devueltos en un estado desastroso, solo te queda intentar repararlos y volver a confiar en alguien más. Siempre aparecerá esa “Alerta Roja” cuando sea evidente desconfiar, pero si no... ¿es bueno quedarse con la duda?  La vida es una sola, hay que vivir experiencias. Las buenas nos enriquecen y nutren en todos los sentidos. Las malas nos enseñan diferentes tipos de roturas, y siempre podemos aprender a repararlas. Va a llegar un momento en que vamos a poder superar todo lo que nos pase, y vamos a poder ver con ojos de sabiduría las situaciones que nos presente la vida. De eso se trata, después de todo, y nos dan unos años para hacerlo. ¿Por qué perder el tiempo desconfiando?  Creo que todos somos buenos reparadores, o lo seremos.  Ahora, no todo es color de rosa, no todo es blanco o negro, no todo son matices. Todo es un conjunto de todo. Qué complicado, ¿no? ¿Cómo podemos llegar a este grado de objetividad y pensamiento semihippie? Fuerza de voluntad, amigos, fuerza de voluntad. Porque cuando la mierda te llega al cuello y los paquetes no quieren nada más, tu cerebro, tu corazón... tú, y solo tú, puedes enmendarte. Esa es la única persona que no puede destruir el paquete: tú mismo. Mientras tengas confianza en ti mismo y cuides la fábrica de paquetes, el resto es cuestión de enviarlo al servicio técnico. 

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CUANDO LA (y II) IGNORANCIA ES ESTOS YANKEES Por Sir Worth REINA Retomando las ideas expuestas en el anterior número, y por poner un poco al día a aquellos que no lo leyeron, continuaré divagando acerca de las costumbres norteamericanas curiosas que se pueden extraer viendo sus series y películas, y también leyendo sus libros. Un tema que me parece increíble, para un país que tanto alardea de sus avances tecnológicos, es el referente a sus documentos de identidad. Si bien aquí todo kiski tiene su DNI, con su foto y huellas dactilares digitalizadas... ¿cómo es que ellos no tienen nada similar? Primero, tienen que gastarse una pasta en análisis de ADN para descubrir quién es el difunto en un caso de asesinato en el que un fulano desconocido aparece frito; segundo, que para identificarse les vale hasta con un carnet de los que regalan en las revistas, con lo que me extraña que cada vez que alguien se presenta los demás no se pregunten si ése será su verdadero nombre. Vamos, como si no lo viese. Y hablando de documentos oficiales, pasemos a disertar acerca de personas oficiales. O sea, funcionarios. Cada vez que alguno aparece en escena siempre es quejándose de ser un individuo que cobra muy poco, trabaja muchísimo y se encuentra más desamparado que una mosca en la cena de una familia de camaleones. Pero luego miras hacia aquí, y ves que el funcionariado español es muy distinto. Cobran muy por encima de lo que otros en puestos análogos de la empresa privada, se les ve andar con una parsimonia terrible, te miran mal si les interrumpes en horario laboral cuando están entregados en cuerpo y alma al sudoku del periódico y te atienden mirándote por encima del hombro. Venga, vale, que los hay que se ve que se preocupan por gestionar tu asunto diligentemente y no te hablan como lo haría una deidad de tiempos pretéritos; pero no es lo habitual. Eso sí, hay un colectivo de funcionarios que no compartimos: los pertenecientes a la Sanidad pública. Los que no hayáis visto el documental de Michael Moore, Sicko, tenéis una cita pendiente con el reproductor multimedia si queréis ahondar en el significado de lo que es carecer de un seguro médico. Siempre me ha llamado muchísimo la atención que alguien no pueda recibir tratamiento para una enfermedad, no ya porque no pueda permitirse pagar las cuotas de un igualatorio privado (que es algo que manda huevos), sino porque las compañías aseguradoras se nieguen aduciendo factores genéticos o cualquier otra cosa. Igual es que, siendo un país tan grande y con tanta gente, se pueden permitir tan extremado método de control de la densidad de población. Hablando de salud, podemos proseguir comentando que es un país con una tasa de obesidad gordísima; una de las más altas del planeta. Y bien, ¿en cuántas series y/o películas sale gente no ya oronda, sino simplemente rellenita? No, en las imágenes que nos venden se da una concentración de buenorras y macizorros por metro cuadrado superior a la población de cualquiera de nuestros pueblos y ciudades. Alguien comentó que, viajando por ese país de apenas dos siglos de historia, llegó a pensar que no existen y que se limitan a deshincharlos y guardarlos en su caja una vez rodadas las escenas pertinentes.

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Y hablando de guapos y menos agraciados, otra cosa que me parece flipante es ese asunto del baile de graduación, por la pompa y boato con la que lo aguardan tanto los participantes como las propias familias de los interesados. Ese ritual del ramillete, los trajes, el rey y la reina del baile,... Menos mal que es un país sin realeza; porque, si el pueblo llano ya realiza semejantes fastos y festejos por concluir la educación secundaria, ¿os imagináis la que organizarían si se casase alguna infantita, duquesa o similar? Seguro que veríamos los fuegos artificiales desde cualquier punto del globo. Porque la imagen que nos dan es la de que se creen los dueños del mundo; que vale, que es algo que ya sabemos a poco que veamos un noticiario. Presionan militarmente cuando sus argucias económicas no resultan tal y como esperaban, apropiándose para ellos solos el adjetivo de “americano” como si el resto de pobladores del continente no mereciesen tal calificativo. Y cualquiera de sus ciudadanos que no comparta la versión oficial es un antipatriota y es puesto inmediatamente en el punto de mira; no, si quizás no sean tan avanzados como ellos creen. Qué podemos esperar de un país repleto de gente que solo se mira al ombligo, que es capaz de recitar de carrerilla la lista de sus presidentes electos, pero que no sabe situar en el mapa una enorme inmensidad de naciones. Pero podemos seguir disfrutando de los productos de sus factorías de ficción; porque, para qué negarlo, pese a mostrarnos un estilo de vida tan diferente al nuestro nos encantan sus historias. Gracias por la atención prestada, sais...

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OLIVER, BENJI

BARCELONA MUNDIAL

Por Sebastian

No podía ser de otra manera, el Barcelona, es de lejos, muy lejos, el mejor equipo del mundo. Hace tiempo viene demostrando lo que es, cada competición que juega es casi un trámite para Messi, Iniesta y compañía.  Si alguien necesitaba más pruebas de que este equipo es el mejor, no tenía más que ver este nuevo triunfo en el mundial de clubes, que si bien solo son “dos partidillos”, como dirían algunos, para jugarlos primero hay que ser el mejor de todo un continente. Pero ni los mejores equipos (o los que ganaron sus competiciones) del resto de los continentes pudieron hacerle sombra.  Si alguien esperaba que esta competición tuviera otra sorpresa como el año pasado, donde el Inter de Brasil quedo eliminado por un equipo africano, esa gente se quedó con las ganas: lo único “sorpresivo” fue la eliminación de Monterrey (México) a manos del Keshiwa Reysol (Japón)  Fue este equipo el que se enfrentó al Santos (campeón de la libertadores de América), con Neymar a la cabeza. Acá se dio la lógica; el equipo brasileño ganó (3 a 1) y esperaba rival en la final. ¿Quién sería, el Al-Sadd o el Barcelona? Por supuesto, seria el equipo comandado por Guardiola, quien derrotaría fácilmente al equipo dirigido por el uruguayo Fosatti, por 4 a 0.  Pero a pesar de golear y llegar a la final, este partido quedaría con un sabor amargo, ya que el delantero del Barcelona, David Villa, sufriría una grave lesión, fracturándose la tibia de la pierna izquierda antes de llegar a la media hora de partido.  En la final, enfrentándose los campeones de América y de Europa, el Barcelona mostró toda su clase, jerarquía y calidad, y apabulló a un Santos que no podía hacer más que mirar jugar al Barcelona (“aprendimos a jugar al fútbol” dijo Neymar después del partido) con su “tiki tiki” moviendo la pelota de acá para allá, con su juego que pone nervioso a los rivales pero encanta a quien lo mira. El partido terminó con un contundente 4 a 0 (goles de Messi por dos, Xavi y Fabregas). 

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Con este triunfo, el Barcelona siguió sumando títulos y récords, ya que este resultado es el más abultado que se da en una final desde que esta competencia se juega a un partido.  También Messi consiguió otro récord (uno más y van...) con los goles al Santos. Lionel Messi logró marcar goles en seis competiciones diferentes en un solo año, récord que ostentaba su compañero, Pedro, quien logró esa marca en el 2009.  En este 2011, el Barcelona logró imponerse en 5 competiciones (la Liga local, la Liga de Campeones de Europa, las Supercopa de España y Europa y el Mundial de Clubes en Japón).  Cada vez deja menos margen para el debate; ya no se discute si es el mejor del mundo, algo que es indudable, sino que la discusión pasa por si es el mejor de la historia, si ya supera a esos míticos equipos del Milan, El Ajax, “la maquina” de River, aquel Santos de Pelé, para mencionar algunos. Lo que es seguro es que, si este equipo sigue así, ya no solo será conocido como el mejor del mundo, sino que será realmente muy difícil que alguien pueda alcanzarlo alguna vez.  Pero al parecer no solo en la cancha el Barcelona gana todos los títulos. No solo sus jugadores se llevan todos los premios posibles, sino que también su entrenador, Guardiola, es todo un ganador, y no solo con el fútbol, también con las mujeres, ya que en estos días, según una revista, Pep fue elegido como el hombre más sexy de España, ¡todo un ganador! ¿Las kateteras estarán de acuerdo con este premio?

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Lilith

Por Hinata

AULLIDOS DE MEDIANOCHE

¿Existen las verdades a medias? ¿En verdad queremos saber todo lo que nos ocultan? ¿Nos dejamos guiar como rebaño de ovejas sin importar dónde están los lobos? ¿O solo vivimos con la necesidad de subsistir? Estas preguntas que os lanzo pueden ser el trasfondo de una cuestión subterránea, sumergida en el fondo de la consciencia del ser humano, y en muchas ocasiones, sin luz aparente. El porqué de tales cuestiones es muy claro y puede tener varios adjetivos; miedo, respeto, ignorancia...o simplemente no deseamos saberlo para vivir mejor. Todas las verdades tienen un principio, y todo principio muchas verdades contadas a lo largo de la historia por muchos hombres; sabios, pensadores, oradores, e incluso son trasmitidas de generación en generación por familias que solo tienen eso; la historia contada a través del cabeza de familia, el padre. Con esta entradilla os quiero dar a conocer el primer artículo de muchos, y a mí siempre me han dicho que todo en esta vida tiene un comienzo y el mío lo abrirá: Lilith, la primera vampira no reconocida en los infiernos. Esta es una historia relatada en textos antiguos no sacados a la luz, escritos en tinieblas para no dejar constancia a través del tiempo. Al leer la Biblia nos damos cuenta que siempre hay escritas dos interpretaciones acerca de la creación del hombre. En el capítulo uno del Génesis se dice: «Y creó Dios al hombre a su imagen y semejanza. Creó varón y hembra”.

Sin embargo, la mujer y el varón no fueron creados a la vez, pues la primera hembra no salió como Dios esperaba... Una segunda versión aparece relatada en el capítulo dos. Se dice que Dios creó a Adán, y viendo que no era bueno que el hombre estuviese solo, creó a los animales, y viendo que seguía estando solo, pues no eran de su misma especie, hizo caer a Adán en un sueño profundo, «y de la costilla de Adán Dios creó una mujer y la trajo al hombre». Esta fue Eva, la de la famosa manzana. Los cabalistas analizaron muchas interpretaciones para explicar la contradicción entre las dos versiones. Una sugiere que Adán fue creado inicialmente como un andrógeno que poseía un cuerpo femenino y uno masculino, unidos por la espalda. Después, Dios lo dividió. Otra interpretación aparece en el Alfabeto de Ben Sirá, midrash del siglo X. Basándose en dicho texto, el mitólogo Robert Graves relata que la primera mujer de Adán no fue Eva sino Lilith: «Dios creó a Lilith, la primera mujer, como había creado a Adán, salvo que utilizó inmundicia y sedimento en lugar

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de polvo puro”. Adán y Lilith nunca encontraron la paz juntos. Cuando él quería acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada que él exigía era ofensiva para ella: «─¿Por qué he de recostarme debajo de ti? –preguntaba. ─Yo también fui hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual». Como Adán permanece intransigente, Lilith invoca el nombre de Dios, quien le da alas. Ella se aleja, volando, del lado de Adán. Adán se queja al Creador que, condolido por el desamparo del varón, envía a tres ángeles a buscar a Lilith. Ella se niega a volver. Sabe que, por orden de Dios, a su regreso le espera hacerse cargo de todos los niños recién nacidos. Lilith quiere asentase en el Mar Rojo, región en la que abundaban los demonios lascivos, con los que había dado a luz a varios Lilitm (demonios bebé). El castigo de Jehová por esta negativa de Lilith a regresar al lado de Adán consistirá en hacer perecer cada día un centenar de esos hijos. Lilith les dijo que esa suerte era mejor que regresar al Edén y a la sumisión a Adán. Tan pronto como los Ángeles cumplieron su mandato, Lilith también hizo una terrible amenaza. En respuesta por el dolor surgido, mataría a los hijos de Adán. Prometió atacar a los niños, e incluso a sus madres, durante el nacimiento. Juró que los recién nacidos estaban en peligro de ser objeto de su ira, las niñas por veinte días y los niños por ocho. No solo esto, sino que también atacaría a los hombres en su sueño, robándoles su semen para dar nacimiento a más niños demonio, que reemplazarían a esos asesinados cada día. Luego tomó residencia en una cueva en las costas de Mar Rojo, donde hasta estos días se encuentra, según la leyenda. Ella acepta a los demonios del mundo como amantes, y devoró muchos miles de niños demonio. Fue llamada Madre de los Demonios, esposa de Asmodeus, el Rey de los Demonios. Ante la negativa de Lilith de regresar con Adán, Dios decidió dar una nueva compañera a su creación, pues proclamo que «No es bueno que el hombre esté solo». Creó a Eva a partir de una de sus costillas, y, por lo tanto, sumisa al hombre. 

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La primera vampira A Lilith se le ha identificado como la reina de los súcubos (demonios femeninos), por alinearse en el bando enemigo de Dios al irse del Paraíso. Y de ahí se ha pasado por conocerla como una perversa ninfómana, que seduce a los hombres con maestría y lujuria para estrangularlos después. Esa circunstancia diabólica de Lilith le ha llevado a ser también la Reina de los Vampiros. No solo mantiene relaciones sexuales con hombres a los que asesina, sino que también se alimenta de su sangre. Es en esa encarnación donde Lilith se asimila a diferentes divinidades y monstruos femeninos presentes en la mitología clásica: Lamia, Empusa y las lamias, hijas de Hécate, diosa de la brujería; las estriges, también macabras visitantes nocturnas; las harpías, ayudantes de las erinias o furias; las moiras o parcas, las grayas y las gorgonas, siniestras ancianas habitantes de los infiernos. En todas estas figuras se repiten las alusiones a muerte de hombres y niños. En la Biblia aparece una fugaz alusión a Lilith. En Isaías 34,14 se explica con todo detalle cómo Dios con su espada mata a todos los habitantes de Edom, lugar poblado por enemigos acérrimos de los judíos, y que allí quedan como dueños y señores los animales. Buitres, serpientes... y Lilith. «También allí Lilith descansará y hallará para sí lugar de reposo». Lilith ha sido traducido por lechuza o ardilla, evitando toda referencia a la figura precedente de Eva. En nota al pie se hace constar: «Los hebreos creyeron que significaba un ser diabólico, en forma femenina, noctívago, espantajo de la fantasía popular». Las variaciones del mito llevan a Lilith a convertirse en seductora de los propios hijos de Adán y Eva (abordando a Caín con palabras de consuelo y reposo tras la muerte de Abel), o a asimilarla con la propia serpiente del Paraíso dando cuerpo de serpiente mientras Satán daba cara humana y la voz que sedujo a Eva (como en los frescos de Miguel Ángel de la Capilla Sixtina). Un relato de Primo Levi nos recuerda que Lilith es la amante del mismo Dios creador, y que vive en el Mar Rojo comandando una corte de demonios. Y otra tradición afirma que Samael, luego Satán, el ángel caído, se convierte en pareja de Lilith, e incluso que juntos seducen a Eva para que engendre a Caín.

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LA ESPERA

Por David

Se oía el traqueteo de las ruedas sobre la grava. Tenía calor, un calor infernal, y el saco en el que se encontraba no la dejaba respirar correctamente. La habían cogido mientras colgaba su ropa en el tendedero; unos guardias armados le golpearon en la cabeza y quedó inconsciente. Cuando despertó de su inconsciencia notaba el calor por debajo de su ropa, y sentía el dolor de la brecha producida por el golpe. La oscuridad reinaba, excepto por un halo de luz. Por una rejilla pudo ver una aglomeración de gente mientras sentía una gota de sangre cayendo por su cara. Cuando llegó a sus labios, el sabor férreo inundó su boca e hizo una mueca de asco. Ansiaba correr, escapar, ir a un servicio urgentemente. Desde la ranura vio cómo el carro entraba en una plaza llena de arena fina y rocas (CALOR) de un color blanco hueso que se volvía más intenso cuanta más luz se reflejaba. Era tal la potencia de aquella luz que le pareció que estaba mirando fijamente al sol. (SED) Notó cómo el carro se detenía y cómo el saco en el que estaba fue tirado al suelo, lo que provocó que se clavase una serie de piedras en los riñones y costados. Ella sabía que iba a ser humillada: había hecho mal, y ahora lo pagaría. Sintió una serie de punzadas por todo el cuerpo, como si estuviese recibiendo golpes. Notaba cómo la sangre de las heridas y el sudor que provocaba el calor se fundían en uno y provocaba que las heridas escociesen más de lo que ya lo hacían. ―Alto ―oyó. Y la sacaron del saco, toda ensangrentada, pero solo ella lo sabía. La desnudaron al completo y la dejaron allí tirada de nuevo. Un agente armado bajó el brazo y una serie de piedras volaron hasta ella, golpeándola por todas partes. La sangre caía por todo su cuerpo y poco después se desplomó, completamente ensangrentada. Cuando vieron que no se movía, la tiraron de nuevo al carro metida en el saco, dejando en el centro de la plaza ―como aviso― las piedras, la sangre y el burka.

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DA N U G E S ÓN I LA S EN M I D

Pero, ¿qué se fumaron estos tíos?

Por Eloy

Solo llevaba escrito un párrafo en mi portátil cuando sentí que un coche se detenía frente a mi casa y permanecía con el motor encendido. Dejé el ordenador sobre la mesa del salón (cuando escribía me gustaba recostarme en el sofá y apoyar el ordenador sobre mis piernas), y me acerqué a la ventana a echar un vistazo, justo cuando mi sobrino bajaba del coche de mi cuñada. Sonreí y salí a recibirle. Era sábado por la tarde y mi hermano y su mujer no tenían con quién dejar a su hijo. Él tenía un partido de fútbol sala con los colegas (a pesar de tener 40 años aún solía echar alguna que otra pachanga) y mi cuñada daba clases de baile tradicional a niños, y como no sabían a quién llamar para que le cuidara, me ofrecí voluntario. A mí me gustaba pasar el tiempo con él, y sé que a él también le gustaba pasar el tiempo conmigo, porque tarde o temprano siempre acabábamos hablando del mismo tema: cómics y superhéroes. Lo de los superhéroes era algo que me gustaba desde niño y de un tiempo a esta parte me había hecho un ávido lector de cómics. Mi sobrino había descubierto este mundo hacía unos meses por un comentario casual mío. Se llama Xavier, y un día le mencioné que se llamaba como el telépata más poderoso del mundo. Eso le intrigó y empecé a hablarle de Charles Xavier y sus X-Men. Huelga decir que le apasionó todo lo que le conté, y cada vez que estábamos juntos me hacía un montón de preguntas, que yo le respondía como buenamente podía. Al fin y al cabo tenía ocho años y estaba en esa edad en la que quería saberlo todo. ―Hola, chaval, ¿qué pasa? –le dije, revolviéndole el cabello, al mismo tiempo que saludaba a mi cuñada con la mano. Ella me lo devolvió tocando el claxon y se marchó. Mi sobrino caminó delante de mí y cuando cerré la puerta le pregunté si quería beber algo. ―Coca-Cola está bien. ―Bueno, ¿qué te cuentas? –le pregunté mientras le llenaba hasta arriba uno de esos vasos altos de whisky con el burbujeante líquido negro, y le ponía una pajita. ―Nada, lo de siempre. Mis padres siguen machacándome para que me una a la comparsa en carnaval y para que me apunte al grupo de baile. Es un rollo –sopló por la pajita, haciendo burbujas, y luego bebió un buen sorbo. ―Y que lo digas. A mí me pasaba igual. Tus abuelos y tu padre siempre me machacaban con eso. Comparsa, grupo de baile, la banda de música. Pero a mí eso no me iba. Soy de los que prefieren verlo desde fuera. ―Sí, yo igual –entonces se fijó en mi ordenador– Eh, ¿qué es eso? ¿Qué estabas haciendo? ―Bueno, verás, a unos colegas les ha dado por hacer una revista, una de esas que te puedes descargar de Internet. Cada uno escribe sobre un tema, cine, deportes, música, y como controlo algo de cómics me han pedido que escriba sobre eso. ―Guay. ¿Y sobre qué estabas escribiendo? –mi sobrino eructó y siguió bebiendo. ―Sobre los peores cómics, eventos y miniseries que me he leído, aunque solo llevo escrito un párrafo. ―Mola. ¿Y cuáles son? Me lo quedé mirando. ―¿Quieres que te cuente mi artículo? Puede ser mucha información de golpe. ―Tranquilo, esto no es como el cole. Este tipo de cosas se me quedan grabadas. Me encogí de hombros.

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―Como quieras –me dejé caer en el sofá y mi sobrino se sentó a mi lado, con su vaso ya vacío– Verás, cuando mi amigo Rick me preguntó si quería escribir en la revista, recién había acabado la saga clon de Spiderman, pero pensé que, para hablar largo y tendido sobre la saga, me habría hecho falta la revista entera, así que lo dejé correr. ―¿No te gustó? ―A ratos tenía momentos interesantes, pero en general me pareció una auténtica paranoia. La saga fue alargándose y alargándose, y, como no sabían de qué forma acabarla, al final hicieron una chapuza. ―¿Y de qué va? Me imagino que algo de clones. ―Sí. Spiderman descubre que tiene un clon, y al principio lucha contra él, porque cree que está compinchado con el malo, pero luego descubre que no, que es una buena persona, y se hacen amigos, e incluso luchan juntos contra el crimen. Entonces se produce la primera sorpresa: resulta que el Peter Parker que conocemos, el que está casado con Mary Jane y que espera un hijo suyo, es el clon y que Ben Reilly, el supuesto clon, es el original. Ya te puedes imaginar lo mucho que afecta esta revelación a nuestro querido trepamuros, pero al final acepta las cosas como son y hace un trato con Ben: Peter se va de la ciudad y se centrará en cuidar a MJ y Ben se convertirá en el nuevo Spiderman y se encargará de luchar contra el crimen. Pero esto es solo temporal. Peter y MJ acaban regresando a Nueva York, empiezan a aparecer clones por todos lados, uno detrás de otro, tanto de Spiderman como de El Chacal (que fue el que lo clonó) e incluso de Gwen Stacy, la primera novia de Peter, asesinada por el Duende Verde. Y al final resulta que no, que Peter era el original y Ben el clon, que muere y todo ha sido orquestado por Norman Osborn, que está vivo (como en la película, se supone que muere empalado por su propio deslizador, pero resulta que la fórmula del Duende le permite regenerarse de sus heridas). Lo dicho, todo queda como una tomadura de pelo. ―Vaya, impresionante –exclamó mi sobrino. ―Sí, lo es. Siguiendo con Spiderman, otra historia que me pareció una aberración fue la de Brand New Day, que no es otra saga propiamente dicha, sino que supone una nueva etapa en la vida de Spiderman. La tía May se debate entre la vida y la muerte, y ni Peter ni los médicos pueden hacer nada para salvarle la vida. Entonces aparece el demonio Mefisto y hace un trato con Peter y Mary Jane: salvará a la tía May a cambio de su matrimonio. Ellos acaban aceptando tras mucho pensárselo, y entonces es como si nunca hubieran estado casados. Estuvieron juntos, sí, pero acabaron rompiendo y cada uno se fue por su lado. Y claro, ninguno recuerda lo de Mefisto y el trato. Las aventuras de esta nueva etapa son muy buenas, pero el hecho de separar a Peter y a MJ lo echa todo por la borda. No conozco a ningún fan de Spiderman al que la haya gustado esto. Es como si tus abuelos se divorciaran tras 50 años casados. Algo impensable. No sé en qué debían estar pensando. Debían estar fumados o algo. »Algo similar han hecho con Superman. Después de casi 80 años, y más de 700 números, han decidido hacer borrón y cuenta nueva, y empezar desde el principio. Nuevo origen, nuevo traje, y como en Spiderman Clark Kent y Lois Lane no van a estar juntos. Esto sí que es como si tus abuelos se divorciaran. Es algo que me cabrea

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. mucho, que un tipo tenga la “brillante idea” de romper unas las parejas más consolidadas del mundo comiquero como son Spiderman y Superman, solo por darles otras oportunidades románticas. De hecho, no pienso leerme ninguno de los nuevos cómics de Superman (Superman, Action Comics, JLA, Supergirl y Superboy), porque para mí Superman acabó en el 714. Prefiero pensar en estos como un elseworld». ―¿Un qué? ―Un elseworld. Una historia en plan “¿qué pasaría si...?” ¿Qué pasaría si Superman no se estrellara en Kansas, sino en la URSS? ¿Qué pasaría si los padres de Bruce Wayne no murieran cuando era niño? Ya sabes. ¿Me sigues? ―Sí, sí, ahora te entiendo. Como una realidad alternativa. ―Ajá, veo que estás atento. Una última cosa e iremos al patio trasero a echar unas canastas, ¿vale? ―Guay. ―Bien. Hulk. ―¿Hulk? ―Hulk, pero me refiero a la llamada familia Hulk. El Hulk Rojo o Rulk, La She-Hulk roja y The A-Bomb. Que conste que las aventuras de estos tipos me gustan porque hacen lo mismo que Hulk, destrozarlo todo a su paso, y eso siempre mola, pero me fastidia mucho que a alguien se le haya ocurrido la estúpida idea de convertir a gente normal y corriente en estos monstruos superpoderosos. Porque eso es lo que son, gente normal. El Hulk Rojo es el general Ross, que siempre ha estado persiguiendo a Hulk para matarlo; la She-Hulk roja es Betty Ross, la novia de toda la vida de Bruce Banner y The A-Bomb es el amigo humano de Hulk, Rick. Yo creo que los personajes normales sin poderes deberían seguir así, y que hagan esto es como admitir que se han quedado sin ideas y que ahora van a empezar a mezclar cosas a ver qué sale. Y luego está lo de la World War Hulks, que básicamente convierten a cada superhéroes en una versión hulkizada de sí misma. Hay un Thor Hulk, un Deadpool Hulk, un Spiderman Hulk... Simplemente penoso. Pero bueno, creo que ya he hablado demasiado. Seguramente te habrá quedado la cabeza como un bombo. Ahora vayamos a echar unas canastas, a ver si esta vez consigo ganarte –apagué el ordenador y guié a mi sobrino hacia el patio trasero, donde tenía montada mi canasta.

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Presentación de la sección Por Soniarod

POR SUS LIBROS LES CONOCERÉIS

Esta sección es nueva en La Trece Negra, así que voy a intentar explicarla, a ver si os gusta la idea. Si os gusta y tengo vuestra retroalimentación, estaré más que feliz. Si no, pues qué se le va a hacer. No sé vosotros, pero yo soy una persona muy curiosa. Incluso, no sé, llamadme cotilla si queréis. Cuando voy a casa de alguien conocido, no puedo evitar fijarme en lo que se ve, en sus cosas, en cómo las tiene, para saber más de esa persona o de esa familia. Y claro, me encanta la lectura, e, inevitablemente, me fijo especialmente en qué libros tienen (si los tienen), cómo están colocados, si son muchos o pocos y su disposición y en qué parte están de la casa. Es una especie de fijación de voyeur lectora. Sobre el tema hay varios libros en circulación, donde se nos cuenta cómo tienen escritores conocidos ordenadas sus bibliotecas, qué escritores son sus preferidos y demás (los que conozco yo son dos de Jesús Marchamalo, Cortázar y los libros y Donde se guardan los libros, aunque tiene muchos más). Pero la verdad, la verdad verdadera, es que a mí lo que más me interesa es conocer bien las costumbres lectoras de las personas con las que tengo cierta cercanía, mis amigos, o por qué no decirlo, de las personas a las que quiero, aunque nunca haya estado en sus casas. ¿Lo he dicho ya? Soy una voyeur y una cotilla. Así que, a partir del próximo número, intentaré poner en marcha una complicada estratagema para espiaros (siempre hablo en cuanto a libros, nada más), y quiero conocer las bibliotecas que tenéis en casa. No me interesan las grandes bibliotecas, las que en el mercado costarían miles de euros. Me interesan las bibliotecas que cuentan vidas, me interesan las que tienen corazón, las que tienen en ellas parte de sus dueños. No digo que una cosa esté reñida con la otra, pero seguro que el hecho de gastarse dinero no implica que una biblioteca sea mejor. Me interesa el cómo, me interesa el qué, el por qué, y quién. Me interesa todo. Así que voy a intentar hacer un cuestionario estándar que va a contestar quien quiera. El éxito de mi sección depende totalmente de vuestra colaboración o de cuánto estéis dispuestos a contarme (contarnos) a los demás. Quien quiera contestar el cuestionario, puede seguir las instrucciones que dejo abajo, que básicamente son unas preguntas y directrices. Quien quiera también, puede proponerme nuevas ideas. Pero que sepáis que me interesa muchísimo conocer vuestras bibliotecas, sean grandes o pequeñas, lo que sea. Se publicará una biblioteca cada número. Si tengo varias haré un sorteo, y tendrán preferencia de publicación las que antes lleguen (¡si es que llega alguna!). Así que allá va. INDICACIONES PARA PARTICIPAR EN LA SECCIÓN El artículo irá acompañado de dos o tres (o cuatro) fotos. Sugerencias de fotos podrían ser: una foto completa de vuestra biblioteca, una foto del libro que más apreciáis, colección de vuestro autor favorito. Ya digo, se aceptarían sugerencias. Y si queréis mostrar una foto de vosotros mismos con alguno de vuestros libros o con toda la biblioteca, sería perfecto. Además, habrá que contestar algunas preguntas (también se aceptan sugerencias pero de momento son estas). La respuesta puede ser larga como necesitéis para contestar las preguntas, no hay límite de extensión: 1. ¿Recuerdas cuándo compraste tu primer libro? ¿O cuándo te regalaron el primero “de adulto”? 2. Más o menos, ¿cuántos libros posees ahora mismo?

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3. Quizás no puedas o no quieras comprar, ¿utilizas mucho los servicios de alguna biblioteca? 4. Y hablando de formas de lectura alternativas, ¿ya te has apuntado a leer en ebook u ordenador? ¿Eso ha repercutido en el volumen de libros en formato físico que tienes? ¿Compras ebooks? 5. De los libros que tienes, ¿hay alguno o algunos que te sean especialmente preciados? ¿El motivo se puede contar? 6. ¿Cuál o cuáles dirías que son tus escritores favoritos o más presentes en tu biblioteca? 7. ¿Tienes algún método de ordenación específico en tu biblioteca? ¿Alfabético? ¿Por autores? ¿Por temas? ¿Ningún orden en absoluto? 8. Seguro que tienes algún libro al que tienes especial cariño o aprecias de forma especial, y ahora viene la pregunta difícil: ¿Qué libro o libros (como mucho 3) salvarías de un incendio? 9. Todos tenemos nuestras costumbres. Estamos los que preferimos dejar los libros como nuevos al terminarlos, o los que subrayan o doblan las páginas: ¿cómo prefieres vivir la lectura, dejando el libro como recién salido de la tienda, o subrayarlo, escribir en él y dejar tu huella para verlo en el futuro? 10. ¿Te han regalado libros dedicados? ¿Es algo que aprecias o, al contrario, lo consideras una aberración? 11. Y ahora, siendo sinceros, dime la verdad: ¿compras libros a un ritmo mayor que el de lectura? 12. ¿Aprecias especialmente algún libro porque te costó mucho conseguirlo o por otro motivo? ¿Alguno al que le tengas un apego sentimental muy fuerte? 13. Ya para terminar, y si quieres, cuéntanos algo que te parezca interesante de tu biblioteca, algo que sea único, el soporte físico en que la tienes (¿estanterías de artesanía o muebles del Ikea?), valor sentimental de algunos libros... lo que quieras. Y ya está, hasta aquí ha llegado mi interrogatorio. Ahora depende de vosotros el que esto tenga éxito. Podéis saltaros preguntas, proponer algunas nuevas o contarnos lo que queráis. Yo solo seré la intermediaria. Podéis enviar vuestras respuestas a la dirección: soniarodriguezriveiro@yahoo.es Gracias por anticipado.

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¿La letra con sangre entra? LOS LÍOS Por Rick Deckard MON QUE ME TO Recuerdo una ocasión de lo más particular en el segundo colegio al que fui. Lo recuerdo muy bien porque fue una semana posterior a las fechas que ahora nos rodean, es decir, la navidad, el jolgorio, la alegría y las fiestas. Yo no tendría más de trece o catorce años; más, imposible. Ya sabéis que después del día 8 de enero, por lo menos en España, todos los niños han de retomar sus clases en sus respectivos colegios. Rara es la vez que empiezan más tarde, a menos, claro está, que sea fin de semana, en tal caso las clases comienzan el lunes de la semana siguiente. El caso es que recuerdo particularmente aquella semana posterior a la celebración de los Reyes Magos. Todos volvíamos con nuestros playeros nuevos, nuestras consolas de bolsillo nuevas, nuestras camisetas de fútbol nuevas o nuestras mochilas o estuches nuevos. Se trataba de un colegio de lo más particular. No era como el criadero de reptiles de la alta sociedad de veta privada como al que había ido hasta que entré en la adolescencia; era un colegio de monjas que enseñaba e instruía de modo disciplinario, pero en el cual había libertad para el alumnado, lo que se veía traducido en multitud de peleas, conflictos con el profesorado y repetidores de lo más escandalosos. Entre esta extraña clase había uno que siempre, siempre, me llamaba la atención, pero nunca me había parecido mala persona. Era un niño mayor que nosotros. Bajito y delgaducho, con coleta, sudaderas anchas, pantalones anchos y anillos en los dedos. Rubio como un alemán y de ojos azules de lo más penetrantes, famoso porque le había zurrado a dos críos cuatro años mayores que él durante un recreo a comienzos de curso. No iba a mi clase, pero mi tutor le daba inglés, y de vez en cuando coincidíamos en alguna que otra ocasión. Al pobre hombre siempre le acaba sacando de quicio, pese a su honradez general con el alumnado. Recuerdo que esa semana, un día que teníamos clase con nuestro tutor, se metió en el armario donde guardábamos los casetes –puesto que era pequeño de sobra para hacerlo– y durante la clase salió gritando “¡¡Feliz año nuevo a todos!!”. La risa fue generalizada, incluso mi tutor se rió de aquel pequeño percance. Aun así, el pobrecillo chaval terminó en el despacho del director a causa de la bromita –ausentarse de su propia clase, meterse en una clase ajena e interrumpirla con una broma de semejante calibre, ya me diréis, pues–. El muchacho era duro como una piedra, y rara vez se dejaba doblegar, incluso en los momentos más duros; esa era la fama que tenía y así parecía. Al día siguiente, me enteré de que una de las profesoras más estrictas y veteranas del colegio –una que daba matemáticas a distintos cursos… y que tenía la mano muy suelta–, se había enterado de la bromita y había decidido quedarse con el crío durante su hora de castigo. Las horas de castigo en el colegio consistían básicamente en quedarse con un profesor durante una hora o una hora y media después de las clases en un aula vacía. En ese tiempo o bien el profesor te buscaba alguna tarea mientras él leía un libro sentado a su mesa, o bien tú mismo llevabas tus deberes o ejercicios, si tenías suerte y te tocaba un profesor bueno, pues podías incluso llevarle dudas planteadas de la asignatura que él impartía, y así las clases de castigo pasaban a ser clases de refuerzo o apoyo para los alumnos. Yo mismo lo había hecho en más de una ocasión en la que me habían castigado. Sin embargo, la vieja profesora que le había tocado a mi rebelde compañero –para mí que odiaba a los niños–, era lo peor que le podía haber pasado al crío. A la mañana siguiente, durante una clase extraescolar optativa, se corrió la voz entre los chavales de que la tarde anterior la profesora había llevado una vara de roble y le había aplicado al crío disciplina a la “antigua usanza”. Por supuesto, y como he dicho, aquel muchacho nunca se dejó doblegar por nadie, por lo que, según se dijo, permitió a la profesora que le golpeara al menos cuatro o cinco veces, hasta que finalmente no pudo más y le dio lo que ella llevaba mereciéndose desde hacía más de veinte años: su propia medicina. Esto no fue un bulo ni una mentira generalizada, ya que se nos informó de que aquella profesora estaría ausente al menos un mes. No conozco el alcance de la pelea para ambos, solo sé que tres semanas después me quedé impactado, pues, de la que subíamos caminando al colegio mi pandilla de compis y yo, vimos al muchacho

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con un ojo realmente hinchado y el labio medio roto curándosele. Dos de mis amigos se pararon a hablar con él, ya que eran del mismo barrio. El chico se despidió de ellos personalmente y de nosotros de modo general y con la alegría que le caracterizaba, y en vez tomar el camino de subida para ir con nosotros, cogió el camino contrario que bajaba a la ciudad, y eso que llevaba su mochila al hombro y oficialmente su expulsión por “agredir a un profesor” había terminado hacía días… Después de haber recordado esta anécdota de lo más curiosa, y ciertamente melancólica, no dejo de pensar en cómo han cambiado las tornas. ¿Soy yo el único que se ha fijado que a día de hoy es el profesor el que tiene que sobrevivir al alumno y evitar que a la salida de clase le quemen el coche o le partan la cara, y no el alumno el que tiene que esquivar, con el tino que antes le caracterizaba, el varazo o el guantazo de rigor por el simple hecho de equivocarse de página o no saberse la lección del día? ¿Por qué demonios los tiempos han cambiado de un modo tan sumamente horrible? ¿Es acaso por qué en múltiples ocasiones, a lo largo del mundo y de las décadas de los ochenta, noventa y hasta entrado el siglo XXI, llegaron a extremos que no tenían que haber llegado con profesores como aquella vieja arpía que decidió abusar de su autoridad con aquel pobre chaval confundido? Rebelde sí, duro lo que queráis, pero lo que más estaba era eso, confundido… La última vez que le vi cara a cara fue hace ocho años; dos policías le escoltaban fuera del colegio por haber quemado un cajero automático. La última vez que oí algo de él fue hace cosa de cuatro, yo cursaba mi segundo año en la Facultad de Derecho de aquí, de mi ciudad. Me dijeron que estaba en la cárcel cumpliendo condena por robo y destrozos indebidos de la propiedad. ¿Sabéis lo más cómico? Era un lince en mates. Podía haber llegado lejos, si hubiera tenido quien le avalara en mejores condiciones. Yo odio la docencia, por nada del mundo me dedicaría a ella, pues sé que no tengo paciencia para tratar con los críos –a lo mejor de aquí a unos seis o siete años con alumnos de Universidad, pero esa es otra historia y va para largo, ya que aún tengo dos años más de alumno en la Universidad de Oviedo–, sin embargo sé que hay cosas que se pueden hacer y cosas que no se pueden hacer en caso de tener ese poder para tratar de enseñar y educar a los más jóvenes y ansiosos por comerse el mundo. Sé que hay unas reglas de conducta para respetar. Sé que hay cosas que no se pueden hacer y fronteras que no se pueden traspasar. Yo no pienso que para educar haga falta la vara de avellano ni la regla de madera especialista en “romper dedos”. Y vosotros, ¿qué me decís?, ¿pensáis en la mítica frase que lleva dando vueltas en el sistema educativo español desde hace tantos años? ¿Pensáis que la letra con sangre entra? Considerad la historia que os he contado como una lección a aprender. No sé por qué, pero cada vez que veo las noticias y veo un abuso de varios alumnos a un profesor, pienso en aquel chico tan bronquista y en aquella profesora tan dictatorial. No creo que los olvide en la vida.

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Amok Por Sombra En Psiquiatría, el síndrome Amok es un síndrome cultural o síndrome ligado a la cultura, y consiste en una súbita y espontánea explosión de rabia salvaje, que hace que la persona afectada corra locamente, armada, y ataque, hiera o mate indiscriminadamente a las personas y animales que aparezcan a su paso.  Si mal no he leído, en Psiquiatría, el Amok es un síndrome cultural. ¡Vaya! ¡Ahora el atacar, violar y matar, lo llaman síndrome cultural! Empecemos por los niños maltratadores, niños que con 12, 13 o 15 años, tienen a sus padres amargados llegando a extremos en que los mismos padres tienen que denunciar a sus propios hijos... Voy a contar el caso de “Alicia”. Por supuesto este no es su nombre real; qué importa ahora el nombre para el suplicio que pasó esta pobre mujer. Su hija con 15 años le hacía la vida totalmente imposible: malas compañías, rompía puertas, salía y entraba cuando le daba la gana… etc. Tenía a la madre totalmente atemorizada, tan atemorizada que llegó al punto de darle la habitación más grande de la casa, la habitación de matrimonio, y ella tuvo que irse a la más pequeña. La “nena”, dueña de su territorio, colgó un cartel en el que anunciaba: “Yo decido el día de limpieza. Llama y espera contestación. No entres si la visita no tiene carácter de urgencia. Los visitantes que no sepan apreciar la música, que pasen de largo”. Tremendo, ¿verdad? Algunos dirán: “Es culpa de los padres por consentirlo”. Es fácil pensar así, pero ¿qué haríamos los demás si con ocho años los niños ya se nos revuelven y por muchos castigos que les pongamos siguen haciendo lo que les da la gana, si con nueve años cada vez que se les riñe porque han hecho algo mal solo te contestan dando patadas y con doce ya se escapan de casa? Y así podría contar casos y casos...Ahora, yo me pregunto, ¿dirán los psiquiatras qué es síndrome de Amok? Porque si lo miras bien son explosiones de rabia salvaje, según ellos. ¡Manda huevos la cosa!  Dos adolescentes, de 16 y 17 años, le han dado una paliza a un hombre de 37 años; el hombre se dirigía a su casa cuando, sin esperarlo ni mediar palabra, los dos adolescentes se echaron sobre él. Resultado: pérdida de la visión de un ojo, dos costillas y la muñeca de la mano derecha rotas, y magulladuras por todo el cuerpo. Al ser detenidos y preguntados por qué habían hecho eso, lo único que contestaron los dos angelitos fue: “Lo hicimos porque no nos gustó su cara”. También podíamos mencionar a esos niños pandilleros que tienen atemorizados a todo un barrio con 12 o 13 años, pero, como dicen ellos, “somos menores y aunque nos coja la policía no nos va hacer nada…” Pero no solo son casos de adolescentes, porque los adultos tampoco son un buen ejemplo. Un hombre de 45 años mata a su vecino de 27 simplemente porque estaba cansado de que pusiera siempre la misma canción, el tema en cuestión era Angels de Robbie Williams. “Estaba constantemente aterrado por esa música. No podía hacer nada más que pensar en hacerle apagar esa música”, declaró el tipejo al ser detenido... Yo me pregunto qué dirán esos psiquiatras al ver el caso de ese padre que estuvo paseando con su hija y al volver a casa, tras dejar a su hija, llamó a la puerta del vecino y mató a tres personas a puñaladas; o el de esos otros que se meten en autovías en sentido contrario sin importarles a quién se llevan por delante; o el de ese anciano de 78 años que mató a una mujer de un tiro en la cabeza solo porque le llamó “viejo al volante”. ¿Dirán que solo han tenido un momento de rabia? ¡Manda huevos la cosa! Ahora voy a nombrar los ataques de rabia que más rabia me dan a mí (no por ello son menos importantes los mencionados arriba), esos ataques de rabia, de Amok o síndrome cultural, según algunos “psiquiatras”. Son los de esos maltratadores, de esas malas bestias que tienen a su mujer con el alma en un puño, los de esos tipejos que no se les mueve ni un pelo al levantar la mano a sus mujeres para tenerlas sometidas. Para ellos no son mujeres, son simples objetos de su propiedad. Y cuidado con que intenten dejarlos, pues en esos casos

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amenazan, chantajean y hacen todo lo posible para que su esclava no se vaya de su lado y, en algunos casos (muchos últimamente), las matan; y lo malo es que a algunos les importa tres pepinos que estén los hijos delante. “Mi mamá se ha muerto, la ha matado mi papá...” Eso fue lo que dijo una niña de cinco años cuando la policía irrumpió en su casa y la vio junto al cadáver de su madre, y no solo a ella, sino a su hermana de tres años y a su hermano, un bebito de diez meses. El buen señor mató a su mujer y la dejó tirada con sus hijos desapareciendo después durante tres días; poco le importó el frío que hacía, si comían o no, o que durmiesen pegados al cadáver de su madre. Al ver estas cosas una se pregunta a qué extremo puede llegar esta clase de maltratadores.  También hay muchos casos, muchísimos, que matan a sus mujeres y después se suicidan. Yo me pregunto, ¿por qué esos elementos no se suicidan antes y dejan a sus mujeres tranquilas? Harían un gran favor a la sociedad. Voy a contar un último caso, un caso en donde se ve que la cara dura de estos tipos no tiene límites. Apuñaló a su mujer en julio del 2005, interpretó el papel de su vida de viudo desolado durante tres meses y medio hasta que la policía reunió pruebas, lo detuvo y confesó su crimen: ¡¡Y está cobrando la pensión de viudedad desde el día siguiente del asesinato!! Por supuesto ahora, al ser descubierto, se la van a quitar. Es de sentido común. Pero ¿se habrá visto cara más dura? Mata a su mujer, intenta el tipo zafarse de su crimen y encima vive de la muerta. Claro que solo son momentos de rabia. ¡Manda huevos! 

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¿SABES? TIENEN UN GRUPO DE LA LECHE

12/07/86

Por Ivangor

—Me llevo este. Mark cogió la caja de CD vacía que le tendía el cliente y le echó una rápida mirada desinteresada. Se rascó la cabeza con el bolígrafo que sostenía en su mano izquierda y llamó al chico. — ¡Mike! Ven a buscar este CD. Como en la gran mayoría de tiendas de discos, Mark tenía las cajas de CD vacías. Ya le robaron demasiados a mediados de los noventa, cuando el formato empezó a popularizarse entre la gente, desbancando poco a poco al vinilo. Así que decidió vaciar las cajas y archivar el contenido en la trastienda, como muchos conocidos suyos ya habían hecho. Un poco engorroso, pero mucho más práctico. Mike salió de la trastienda frotándose las manos y mirando con interés el disco que debía buscar. Siempre quiso tener su propia tienda de discos pero, por ahora, este trabajo no estaba tan mal: trabajaba cuatro horas al día catalogando el stock y de vez en cuando, cuando Mark se lo pedía, buscaba algún que otro disco en el almacén. — En un momento lo tiene –dijo Mark al cliente mientras le alcanzaba la caja vacía al chico. “Live at Wembley” de Queen: era uno de los dobles en directo más conocidos en el mundo del Rock. ¿Quién no conoce “We are the champions”, “We will rock you” o “I want to break free”? Mike conocía muy bien aquellas canciones, pues Queen era una de sus bandas preferidas. Lástima que solo contara con 21 años y no viviera aquellos años de exitosos discos y multitudinarios conciertos. Entró en la trastienda con la caja en la mano y buscó la referencia en el ordenador: estantería Q23. El almacén era bastante grande y Mike se había encargado de ordenarlo y catalogarlo todo, incluso él mismo había desarrollado el programa informático que lo gestionaba. Mientras trabajaba allí, estudiaba informática y la catalogación del material le ayudaba a hacer sus primeras incursiones en el mundo de la programación. Pulsó el interruptor de la luz y entonces pasó. Un fogonazo le deslumbró completamente y un atronador rugido le sumió en una confusión total. Sintió como se movía bruscamente de un lado para otro, como si alguien le empujara. Sus sentidos se nublaron y le zumbaron los oídos. Cuando trató de abrir los ojos, una luz clara lo inundaba todo y sentía como le empujaban desde todos los lados, como si estuviera en un barco perdido en mitad de la más terrible tempestad. Desconcertado, entornó los ojos y distinguió un cielo luminoso pero gris, mientras su cuerpo seguía entre sacudidas. Era un gran mar de gente la que le empujaba de un lado a otro, como si fueran olas rompiendo contra un acantilado, mientras en sus oídos escuchaba un atronador sonido pulsante.

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Miró a su alrededor perplejo y asustado; una marea de gente extasiada le rodeaba, todos mirando al frente, moviéndose y saltando excitados al compás del rugido que surgía de unos enormes altavoces. Miró al frente y se quedó boquiabierto: a pocos metros tenía un gigantesco escenario cubierto con un denso humo, flanqueado de grandes altavoces y coronado con una pantalla gigante. El humo se mecía suavemente mientras el sonido seguía subiendo y subiendo hasta que fue quebrado por un rugido de guitarra eléctrica y apareció Freddie Mercury alzando los brazos con sus pantalones deportivos blancos, su chaqueta amarilla de cuero y su característico pie de micrófono cortado. No sabía cómo, pero Mike estaba en el estadio de Wembley, el 12 de julio de 1986. Se encontraba en el disco que había ido a buscar. La gente enloqueció con la victoriosa entrada de Mercury en el escenario y la banda acometió “One vision”, una de las canciones más hard-rockeras de su discografía. Mike no sabía si saltar, reír o, directamente, volverse loco. Dejó de lado su razón, que le decía que aquello tenía que ser un sueño, una alucinación o quizá un desmayo provocado por la sofocante mezcla de calor y humedad del almacén; y se dejó llevar, saltando con los ojos abiertos de par en par y sonriendo como un niño. Los cuatro músicos sonaban atronadores, no necesitaban más. Brian May rasgaba la guitarra con su peculiar estilo, Roger Taylor golpeaba enérgicamente la batería, John Deacon creaba un sólido colchón sonoro y Freddie Mercury lucía rebosante de fuerza, haciendo que el estadio estallara de euforia con cualquier mínimo gesto. Allí estaban Queen en su última gira, tan grandes como siempre fueron. Tras “One vision”, Brian May atacó de nuevo los sonidos más potentes de la banda con “Tie your mother down”, que el estadio coreó a pleno pulmón. Con solo dos canciones la banda se había metido al público en el bolsillo aunque ya lo tuvieran ganado antes de empezar. Mike sabía lo que vendría después, había oído aquel disco miles de veces, pero ello no le impidió emocionarse. La guitarra comenzó a sonar de forma suave, mientras la prodigiosa voz de Freddie se alzaba en un sentido falsete que dio paso a una energía descomunal en “Lap of the gods… revisited”. Todo el estadio coreaba los “oooh oooh la la laaaa oohh” mientras el carismático cantante movía su brazo como si de un director de orquesta se tratara. Pasados tres minutos escasos, Freddie se sentó al piano y tocó la acelerada introducción de “Seven seas of Rhye” para, seguidamente, levantarse de un salto, coger el micrófono y atacar la movida melodía de la canción que, en breve, fue empalmada con la enérgica “Tear It Up”, donde Mercury se desgañitaba cantando el estribillo. Mike se enjugó el sudor que ya le caía por la frente. En ese momento reparó en que no tenía la caja del CD en la mano y sonrío levemente. “¿Y a quién diablos le importa el CD?” –pensó mientras reía y aplaudía con todas sus fuerzas. Una pequeña introducción sonora dio paso a la siguiente canción, la que daba título al disco que presentaban en la gira: “A kind of magic”. La gente enloqueció al oír las primeras frases de la letra y comenzó a saltar y aplaudir rítmicamente cuando Taylor atacó el pegajoso ritmo de batería, que May remató con un inspiradísimo solo de guitarra. Freddie Mercury manejaba al público a su

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antojo y su voz desplegaba a la vez fuerza y calidez. Tras coger un vaso de agua, comenzó a jugar con el público haciéndole corear unas notas, demostrando la conexión total que tenía con él. Mike, a esas alturas, ya casi no tenía voz. Tras el juego de Mercury, llegó otra de las canciones con la que triunfaron unos años atrás: “Under pressure”, el dueto que hicieron con David Bowie. Solo que, en esta ocasión, en vez de ser Bowie fue la voz de Roger Taylor, una vez más, la que acompañó a Freddie durante el tema. En directo, la canción ganaba una fuerza inmensa, infinitamente mayor que en la versión de estudio y Taylor ofrecía, desde su batería, un interesante matiz vocal apoyando a Freddie en los coros de forma incansable. Tras la canción, Freddie volvió a dirigirse al público y sacó toda su ironía para criticar a los que, por entonces, decían que Queen se iba a separar. El cantante se burló de ellos, diciendo que hablaban con el culo, lo que provocó carcajadas y júbilo entre el público. Sin embargo, la siguiente frase le puso a Mike la piel de gallina, ya que afirmó que estarían juntos hasta la muerte. Tristemente, la afirmación de Freddie resultó ser cierta, ya que en 1991 moriría víctima del SIDA. Tras esta afirmación, la canción siguiente volvió a ser un presagio, ya que sonó “Who wants to live forever”, con la que Mike se estremeció de nuevo y, en ese momento, deseó que Freddie viviera para siempre y que nos deleitara a todos con su voz y carisma. La triste canción dio paso a la introducción de sintetizadores que abría otro de sus grandes éxitos: “I want to break free”, que volvió a desatar la locura entre el público, que coreó incansable durante toda la canción. Se acercaba el ecuador del concierto y, tras una magnífica improvisación vocal de Freddie acompañada por la banda, comenzó el inevitable solo de guitarra de Brian May que, si bien no rebosaba gran virtuosismo con su instrumento, sí se presentó lleno de un ritmo martilleante que desembocó en la acelerada y cañera “Now I’m here”, 7 minutos de puro y enérgico Rock. Brian May se enfundó su guitarra acústica y comenzó uno de los tramos más emotivos y especiales de la noche. “Love of my life” sonó magnífica y transmitió un torbellino de emociones a Mike. A ella le siguió la estremecedora “Is this the World we created?” donde la banda se preguntaba hasta dónde había llegado la devastación e injusticia del ser humano y si, en caso de existir un Dios, estaría de acuerdo con lo que habíamos hecho. Sin duda no lo estaría y, tristemente, el mensaje de la canción seguía totalmente vigente en la actualidad. El resto de la banda apareció con una pandereta y un bajo y al grito de “vamos a tontear un poco”, arrancaron con unas cuantas canciones clásicas de rock and roll, con las que demostraron que no hace falta mucho para disfrutar de la buena música: una guitarra, un bajo, una pandereta y una voz insuperable. Con ello Queen eran capaces de mover y hacer bailar a todo un estadio. El rock acústico del clásico “Tutti frutti” se convirtió en un huracán cuando Roger Taylor se sentó tras su batería y Brian May cogió de nuevo su guitarra eléctrica. El momento más inolvidable de la noche llegó cuando Freddie se sentó al piano y comenzaron a sonar las notas de la inmortal “Bohemian rhapsody”. La canción se fue desarrollando lentamente, los instrumentos se iban uniendo poco a poco al sentimiento que trasmitía Freddie hasta que el solo de guitarra de May desembocó en el mítico intermedio operístico, donde la banda desapareció del escenario, las luces empezaron a palpitar y en la pantalla gigante apareció el vídeo oficial de la canción mientras las voces se doblaban hasta el infinito. Al incomparable coro le siguió una explosión y Queen reaparecieron ofreciendo su lado cañero e interpretando la parte más rockera de la canción. La potencia se disolvió cuando Freddie volvió a sentarse al piano y Brian bajó la intensidad de su instrumento hasta un cálido punteo arropado por la melodiosa voz de Mercury hasta llegar el final de la canción, logrando que todo el estadio aplaudiera enérgicamente, que las lágrimas de Mike volvieran a fluir y que Queen acabara de firmar, sin saberlo, la mejor interpretación de la canción que jamás hicieran. La atronadora guitarra de May sacudió de nuevo al estadio en el comienzo de “Hammer to fall”, otras de las canciones más potentes del extenso catálogo de la banda. Y, tras el rock más duro volvió el rock más divertido. Freddie se colgó una guitarra eléctrica y bromeó diciendo que solo sabía tocar 3 acordes, pero que lo intentaría. Y lo que sonó fue “Crazy little thing called love”, canción que acabó con un paroxismo sin igual, donde Brian May tocaba a todo volumen y Spike Endey, el músico que les acompañaba a los teclados durante la gira, aporreaba el piano alocadamente. Tras una breve “Big spender”, sonaron los sintetizadores futuristas de “Radio Ga Ga” y la banda transportó al

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público al famoso vídeo que rodaron inspirado en la película “Metrópolis”. Durante el estribillo, todos imitaron las palmas que aparecían en el vídeoclip, animados por un incansable Freddie Mercury. Entonces, Roger Taylor inició una de las canciones más conocidas de la banda: “We will rock you”, donde Freddie se paseó incansablemente por el escenario con una larguísima y blanca capa, y acometió la canción con una fuerza descomunal. Debido a la potencia que la banda desplegaba en sus directos, ésta era otra de esas canciones que no tenía nada que ver con la versión de estudio. El famoso ritmo fue seguido por todo el estadio y tras ella sonó otra canción del nuevo disco “Friends will be friends”, un canto a la amistad, a la que le siguió un canto a la victoria como “We are the champions”, que puso fin al concierto. Mientras la banda se despedía y sonaba una versión electrificada del himno inglés, Mike intentó acercarse un poco más al escenario para captar al máximo los instantes finales. Sin embargo, la marea humana era demasiado compacta para abrirse paso a través de ella. Mike no quería que el concierto acabase, no quería que terminara ese momento. En esos instantes pensaba que esa fue la última gira de la banda, que a partir de entonces la banda solo sacaría discos en estudio y que en los vídeos de promoción iría viendo la triste decadencia física del inmortal Freddie Mercury. También le vino a la mente el trágico instante de la muerte del cantante, las imágenes del funeral le chocaban con la actual imagen sonriente de una banda unida despidiéndose de su público.

esta vez se volvían cada vez más tenues.

Mike estaba pensando en ello cuando de repente todo se volvió negro otra vez y perdió el equilibrio. Se sintió de nuevo como si estuviera dando vueltas en el vacío y vio como la más absoluta negrura volvía a cubrirle. Otra vez apareció ese zumbido en los oídos, aunque

Cuando recobró la visión, tenía ante si la puerta del almacén y en su mano derecha sostenía la caja y los CDs que había ido a buscar. Atónito, miró su mano derecha y la puerta del almacén. Recordaba haberla abierto y que, al pulsar el interruptor, pasó todo. Volvió a abrir la puerta cautelosamente y acercó de nuevo su mano al interruptor de la luz, lo accionó y… se encendió la luz. Volvió a probar: nada. Encendió y apagó la luz varias veces, esperando que, de nuevo, apareciera la magia, pero no pasó nada. Resignado, volvió a la tienda con el CD. No parecía que nada hubiese cambiado, aunque él no había estado allí durante unas 2 horas… ¿o sí había estado allí todo el tiempo? Realmente no lo sabía, se sentía muy confuso y aturdido. Le entregó el CD a Mark, que sonrió levemente y le guiñó un ojo. Aquello turbó aún más a Mike; quizá Mark sabía lo que había pasado. Puede que él supiera el secreto. Pero Mark empezaba a pensar que todo había sido una alucinación o un desmayo, era más lógico pensar aquello que en un interruptor que provocaba viajes en el tiempo. En los días siguientes, Mike se quedaba más tiempo en la tienda, hasta pasada la hora de cierre y, prácticamente, fue cogiendo todas las cajas de CD y pulsando el interruptor de la luz con ellas en la mano; esperando que volviera a ocurrir, esperando volver a disfrutar de un tiempo ya pasado. Nunca le volvió a suceder, pero no perdía la esperanza y probaba constantemente. Quizá algún día volviera a pasar. Mike deseaba que volviera a pasar.

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Miedo

Por Sombra e Hinata

Y Z U L E R ENT RIDAD U OSC

. El miedo o temor es una emoción caracterizada por un intenso sentimiento, habitualmente desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado. Las horas pasaban; su corazón parecía un reloj sincronizado a los latidos del miedo que recorrían su cuerpo. No entendía qué estaba ocurriendo, ni como había llegado a aquel lugar, donde lo único que respiraba era el aroma de los muertos. Daniel se estaba despertando de su letargo, no se podía mover; el cubículo donde se encontraba era de dimensiones muy reducidas, tanto era así, que al intentar mover un brazo ni siquiera pudo estirarlo entero.  Olía a tierra mojada, a madera vieja con regusto a hierba muerta. Daniel todavía no sabía muy bien dónde se encontraba. Creía que sus viejos amigos le estaban gastando una broma, pesada, pero una broma. Empezó a dar golpes pequeños -pum, pum, pum- por encima de su cabeza, pero solo sintió cómo la madera que le arropaba cantaba al son de sus manos. Sin embargo, la tierra que le cubría empezó a caerle entre las rendijas que tenía la vieja caja, dejándole ciego por momentos.    Los gusanos que vivían en la tierra soñaban con el festín que dentro de nada Daniel les iba a servir. Deseaban que él muriera, muriera rápidamente, en la agonía de la oscuridad de la locura. Se quedó muy quieto; su respiración bajó al mínimo, al igual que cuando tienes miedo de ser descubierto. Daniel tuvo  miedo de volver a cegarse si daba algún golpe más a la vieja caja donde estaba encerrado. Cada lágrima que recorría su rostro le iba limpiando los ojos, dejándole la vista opaca por culpa del silencioso llanto. Como una silenciosa serpiente, deslizó una de sus manos hacia la parte izquierda del pantalón, y, hurgándose muy lentamente en uno de los bolsillos, encontró uno de los mecheros que, antes de encontrarse en esa situación, unos de sus amigos le había entregado. Lo sacó muy despacio; temblando de miedo, se lo acerco a la cara. Segundos después se arrepentiría de haber dado luz a aquel lugar.  Encendió el mechero sin pensar en las consecuencias, y lo que vio le hizo gritar de desesperación. Se encontraba en un ataúd antiguo, construido con maderas viejas, lleno de rajas donde tarde o temprano la madera que cubría la caja se rompería en dos, ofreciéndole una muerte por derrumbamiento de tierra, asfixiándolo en el instante. Sin embargo, eso no fue lo que realmente le asustó; en la tapa del ataúd habían escrito con letras mayúsculas dos palabras que pudo leer perfectamente, a pesar de que sus ojos todavía no estaban limpios del todo: “MUERTE A DANIEL”. En ese momento, la sensatez de Daniel había desaparecido. Solo se acordaba de que unas horas antes se encontraba celebrando su despedida de soltero con sus amigos. Todo iba muy bien: la bebida volaba de entre las manos, y las risas eran la guinda que adornaba la noche. Habían estado en diferentes clubes de alterne, donde las chicas de los striptis se portaron demasiado bien con ellos, (aunque de eso solo tenía la culpa las propinas ofrecidas por sus amigos). Después, se fueron a casa...o eso es lo que él recordaba.   Daniel empezó a gritar muy despacio, como el susurro de un niño cuando solloza. Temía que la tierra se volviese a colar en la caja. Su voz tronaba dentro de su cabeza, sin embargo, de su garganta solo salían gorgoritos pidiendo ayuda a la nada. Sintió cosquilleos en los pies, después pequeñas mordeduras; las  hormigas se estaban acomodando dentro de su ropa, proporcionándole terribles picores donde él ni siquiera se podía alcanzar. En ese momento gritó con toda su alma.  Deseaba que alguien dijera “¡sorpresa!”, que abriera la puñetera tapa, y, alargando un brazo, lo

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sacara de ese agujero, pero no fue así. Lo único que Daniel consiguió fue llenarse toda la boca de tierra por culpa de su locura. Su respiración se agitó al máximo, mientras escupía con todas sus fuerzas la tierra con gusanos que le había entrado en la boca. Cerró los ojos con todas sus ansias, rezó por que solo fuese un sueño. Su mente estaba vacía: él quería recordar cómo había llegado a esa situación, pero le era imposible. Los únicos recuerdos que a ella venían eran las voces de sus amigos, cantando y bebiendo. De pronto, algo le hizo contener su respiración: sintió algo viscoso, algo largo y siseante que se movía como si bailara  una  danza  lenta y macabra encima de su cuerpo. Se paraba y danzaba como si se estuviese recreando.  Tenía miedo de volver a encender el mechero, pero el deseo de saber pudo más que el miedo, y lo que vio superó todo lo superable. Algo parecido a un cien pies, pero mucho mas largo, grande y repugnante, subía por su pierna. Se apreciaba perfectamente su boca, enorme, con algo que salía de ella parecido a un embudo pequeño, y, por raro que parezca, Daniel creyó ver una sonrisa maliciosa en semejante engendro, poniendo sus patas delanteras levantadas hacia arriba cual caballo desbocado, y, como si tomara impulso, la repulsiva criatura clavó el embudo en toda su carne, haciéndole dar un alarido de dolor. Notó como succionaba su sangre, y ya no tuvo conciencia de más, porque en ese preciso instante perdió el conocimiento. *** Estaba en el mayor club de la ciudad; sus amigos no habían escatimado en gastos para su despedida de soltero y tres chicas bailaban solo para ellos... “Tengo que reconocer que la morena está buenísima”-pensaba Daniel mientras la rubia bailaba y se sentaba encima de sus piernas, y sus amigos soltaban una carcajada general. “¡Aprovecha, que ya te atas!”-decía Luis, el más marchoso del grupo mientras le servia otra Ginebra con limón. En ese momento la rubia se acercaba peligrosamente a su boca en medio del aplauso general. De repente, como si fuese un resorte, abrió los ojos y notó cómo por su boca andaba otro de esos asquerosos bichos, este un poco más pequeño, pero con aspecto mucho más repugnante. Su cuerpo era de un gris pálido con manchas como violáceas, dos antenas enormes salían de su cabeza y el vaivén de sus patas peludas y pringosas le hacia darse cuenta de lo cerca que estaba su fin. En ese momento, sin poderse contener más, dio el mayor alarido que jamás ha salido de garganta alguna.  Los costados de la vieja caja empezaron a resquebrajarse, la tierra empezó a entrar por ellos como deseosa de ocupar un lugar que pensaba que le correspondía. Los engendros, al verse casi atrapados, huyeron todo lo rápido que pudieron. La herida que le había hecho uno de ellos comenzó a sangrar y a llenarse de tierra al mismo tiempo. Cuando ya estaba casi enterrado todo paró; solo le quedaba al descubierto su cabeza y uno de sus hombros, y en ese momento fue cuando Daniel lloró como un bebe, como un adulto que tenía todo perdido, como un hombre que por fin recordaba todo... Vio a Luis, su amigo de la infancia, su amigo más querido, y cómo ponía algo en la Ginebra con limón que le sirvió. Vio cómo le decía a todos que no se preocuparan por su estado, pues había bebido mucho; vio cómo se entumecían cada uno de los músculos de su cuerpo y cómo le metían en su coche entre risas por no saber aguantar la bebida. Vio a su amigo conducir y llevarle a su casa y vio cómo su novia, la mujer que más amaba en este mundo, les estaba esperando en la puerta. Vio cómo se abrazaban y se besaban y cómo entre los dos le metían en este viejo ataúd. Volvió a gritar, pero esta vez con toda su alma, no como el grito silencioso que dio cuando le metieron en esa

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furgoneta y le llevaron a este viejo cementerio. Mantuvieron la tapa abierta mientras despejaban una vieja tumba, y, cuando todo estaba preparado, su amada, la mujer que le había jurado amor eterno, bajó la tapa, no sin antes decirle: “no te preocupes, “amor”, sabremos gastar muy bien todo el dinero que hemos cogido de tu empresa” Y después, la nada, el silencio. Gritó; ya no le importaba morir. Sabía que era cuestión de minutos, tal vez segundos: un poco más de tierra y su cabeza quedaría totalmente cubierta. Era tal su locura que el grito que estaba en su cabeza no le dejaba oír cómo removían la tierra por encima. Era tan fuerte su llanto  que las lágrimas que cubrían sus ojos no le dejaban ver los rayos de luz que pasaban por las enormes grietas del viejo ataúd. Era tal su rabia, su llanto y su dolor, que apenas notó cuándo el hombre rompió la tapa del maldito ataúd y empezó, con todas sus fuerzas, a remover la tierra para poder sacarle. El sepulturero, que por suerte vivía cerca, escuchó ruidos, vio la tierra removida y sintió los temblores de los golpes de Daniel. Cuando por fin lo sacó, lo que vio fue una escena dantesca: el pobre hombre estaba medio comido por los bichos, y un enorme boquete se abría en su costado derecho. Al preguntarle qué tal se encontraba, abrazándose fuertemente a él dijo, casi imperceptiblemente en su oído: “mi salvación es su muerte”. FIN

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El próximo número de La Trece Negra se publicará en Abril de 2012


La Trece Negra Nº 2