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SOMOS Spring 2026

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LATINX LITERARY MAGAZINE

spring ‘26 volume XV • issue II

Daneisha Rodríguez ‘27

Co-Editor in Chief de Puerto Rico

SOMOS SOMOS

Leah Freedman ‘27

Lead Portuguese Editor de Brasil

Victoria Sgarbi ’27

Lead Design Editor de Brasil

Fabiola Penafiel ‘28

Lead English Editor de Ecuador

SOMOS SOMOS

Ajuni Zubieta ‘28

Co-Editor in Chief de Chile

Aimee Gutierrez Carmona ‘28

General Body Member de México

Mayriel Diaz-Aguilar ‘28

Lead Spanish Editor de México y Cuba

Adi Zweibil Frischer ‘27 Events Coordinator de Brasil

Alvaro Uribe ‘26

Design Editor de México

Jaime Hernandez ‘29

Design Editor de México

“A friend told me, ‘A revolution is successful if it stems from love’ This has stayed with me since” - Maryori Conde

Dear Reader,

1995 marked the beginning of SOMOS, with its first publication. since followed, our team has sought to create a magazine that unapologetically embrac es the artwork, experiences, and histories held within its pages, always striving to repre sent the Latine community.

In curating our Spring 2026 magazine, our team sought to provide a platform for our community to speak on the hardships many are facing across America, and across the world. While still grappling with the perpetual feeling of an overcast storm we’ve had over our heads during these last two years, we hope, rather than focusing on the violence itself, to offer a glimmer of hope to the world by showcasing pieces on family, self-expression, resilience, perseverance, and love.

It is during times like these that art, art-making, and art-appreciating become so incredibly important and powerful. Creativity and passion lie within the heart of community— helping us all find a sense of comfort when it feels like there is no other place to go. We have always, and will continue to, dedicate our mission to ensure SOMOS serves as a safe space for the creativity and passion of the Latine community at Brown, the greater Providence community, and beyond. During times when so much is uncertain, SOMOS promises to forever cherish our identity and celebrate our roots, working to give a voice to those who have historically been silenced.

Lastly, we want to express our love and gratitude to the SOMOS team—who, without their hard work and efforts, this magazine would not be possible. Your dedication is reflected in the flip of every page, along with your creativity, passion, voices, and stories—all of which we are immensely grateful for. We would also like to thank the Latine creatives who contributed to this issue, from Brown, RISD, and beyond, for entrusting us with your art. Together, we have created something truly special that reflects the beauty, diversity, and unwavering strength of the Latine community.

Gracias por compartir nuestra misión. Thank you for sharing in our mission. Obrigado por compartilhar a nossa missão.

En 1995, SOMOS comenzó con su primera publicación. Desde entonces, nuestro equipo ha intentado crear una revista que comparta las obras de arte, las experiencias y las historias que se encuentran en sus páginas, con la esperanza de representar siempre a la comunidad latina de la mejor manera posible.

Al preparar nuestra revista de primavera de 2026, nuestro equipo buscó una plataforma para que nuestra comunidad hablará sobre las dificultades que muchos enfrentan en Estados Unidos, y todo el mundo. Si bien aún lidiamos con la persistente sensación de tormenta que nos ha envuelto durante los últimos dos años, esperamos, en lugar de destacar la violencia en sí, brindar un rayo de esperanza al mundo, presentando obras sobre la familia, la autoexpresión, la resiliencia, la perseverancia y el amor.

Es en momentos como estos que el arte, la creación artística y la apreciación del arte se vuelven increíblemente importantes y poderosos. La creatividad y la pasión residen en el corazón de la comunidad, ayudándonos a encontrar consuelo cuando sentimos que no hay otro lugar adonde ir.

Siempre nos hemos dedicado, y seguiremos dedicándose, a garantizar que SOMOS sea un espacio seguro para la creatividad y la pasión de la comunidad latina en Brown, la comunidad de Providence y más allá. En tiempos de tanta incertidumbre, SOMOS se compromete a valorar siempre nuestra identidad y celebrar nuestras raíces, trabajando para dar voz a quienes históricamente han sido silenciados.

Por último, queremos expresar nuestro cariño y gratitud al equipo de SOMOS, sin cuyo trabajo y esfuerzo esta revista no sería posible. Su dedicación se refleja en cada página, junto con su creatividad, pasión, voces e historias; por todo lo cual les estamos inmensamente agradecidos. También queremos agradecer a los artistas latinos que contribuyeron a este número, de Brown, RISD y otras instituciones, por confiarnos su arte. Juntos, hemos creado algo verdaderamente especial que refleja la belleza, la diversidad y la fortaleza inquebrantable de la comunidad latina.

Gracias por compartir nuestra misión. Thank you for sharing in our mission. Obrigado por compartilhar a nossa missão.

Table Of Contents

Aimee Gutierrez

Victoria Sgarbi

Jett Houtz

Maria Diniz

Gabriel Josué

Alexia C. Sanchez Contreras

Adi Frischer

Renata Ross

Alejandra Mayorga

Kayla Carabes

Victoria Sgarbi

Cresencio Medina

Logan Nunez

Entiende que Untitled

Keyla Limones

Victoria Sgarbi

Non (Madre) de la Dignidad

Colo de Mãe

Mauve

Desde Una Distancia Segura untitled Flechas da Pindorama

La Tierra

Xochimilco

Souvenir

El Poterero

Driving

No Me Fui. Me Echaron.

In memoriam of those loved and lost in light of recent events and to our community members who persevere everyday.

CONTENT WARNING

This magazine includes sensitive topics, such as generational trauma, racialized language, violence, migration, and diaspora. We ask that you navigate this semesters issue with care, sensitivity, and at the pace that feels most comfortable.

Entiendo que el esfuerzo se encuentra en dejar

Todo atrás, empezar de nuevo.

Pero el hecho de quedarme, me ha matado.

A veces me cuentan de la discoteca que ya no existe, ahí en la casa, de las canciones americanas, extranjeras–disfrutadas, con su letra inglés.

Desde ahí supieron que dejarán todo?

Merecen todo.

Me gustaría conquistar el mundo y presentar te lo en rodillas. Haber si así ya no extrañan un tiempo pasado.

Haber si así no duele tanto cuando no puedes ir a el enterramiento. Aprenderé cómo volar un avión si es lo que es necesario para llevarte. Aveces intento de respirar por ustedes, de quitarte el dolor de dejar todo atras.

Qué más hay que hacer pero seguir.

¿Qué más hay que hacer pero aprender a volar un avión?

Victoria Sgarbi, RISD ‘27
Linocut Print

Non (Madre) de la Dignidad

Jett Houtz, RISD ‘28

Digital Photograph

2 SOMOS

Veio-me a felicidade, lamuriosa que só ela

Sussurrando baixinho, leve, quase um canto

Que a vida é uma confusa e estranha tela

E retirou-se, esvoaçando docemente seu manto

E depois de um tempo passado

Como um febril devaneio

Depois de tanta dor e choro rodado

Veio a felicidade novamente, beber do meu seio

Vi alterar-se o que julguei inexorável

E sublimar o que julguei geada eterna

E com a pressa da vida extirpadora

Perdi a proximidade com a minha felicidade

Veio-me a solidão, repentina que só ela

Sussurrando baixinho, quase um canto

Que a vida é uma confusa e estranha tela

E retirou-se, respeitando a iminência de meu pranto

Emergindo da ansiedade de mil noites de espera

Caiu-me, porosa e indistinta, em sonho

A bestialidade da antiga fera

E em punho estanquei sua ingenuidade bela

Para nunca mais soltar

Maria Diniz, Brown University ‘26
Mauve
Gabriel Josué, Brown University ‘26 Maple, Linoleum, Screws

Alexia C. Sanchez Contreras, Brown University ‘26

En la Rockefeller library, the Rock, el murmullo de los estudiantes revisando notas y escribiendo ensayos llena el aire. Me siento en una mesa cerca de la ventana en el primer piso, con un café tibio a mi lado y mi laptop abierta frente a mí. En la pantalla, un artículo u otro que tengo que leer antes de mi siguiente clase. Lo subrayo mecánicamente, sin realmente procesar las palabras.

Pero algunas frases se filtran, se quedan pegadas en mi mente como astillas bajo la piel. “Estado de excepción”,”violencia estructural”, “necropolítica”. Palabras que en los textos aparecen con claridad quirúrgica, definidas, y desmenuzadas para su análisis. Palabras que en mi memoria evocan más allá de teorías. Palabras que están atadas a recuerdos y no requieren definición ni validación académica para ser reales para mí. A momentos donde la distancia entre el análisis y la realidad se desmorona, dejando sólo el peso de lo que fue.

En Brown, la violencia se observa a distancia. En las clases, hablamos de conflictos armados, crisis humanitarias y desplazamientos forzados con la precisión analítica que exigen los ensayos y las discusiones académicas. En los pasillos, los estudiantes debaten sobre teoría política y derechos humanos, con la confianza de quienes nunca han tenido que preguntarse si la violencia los tocará de cerca. A veces me sorprendo a mí misma participando en esas conversaciones, citando artículos y datos como si fueran solo números. Pero luego hay momentos como este cuando la distancia se rompe. La memoria se impone sobre la teoría, y de repente ya no estoy en un aula universitaria, sino en un salón de clases en San Fernando, con el cuerpo pegado al suelo frío, cantando una canción infantil para acallar el miedo.

Tenía seis años en el 2010. Ese año, México celebró el bicentenario de su independencia y el centenario de la Revolución, por lo que el entonces presidente panista, Felipe Calderón, lo declaró como “El Año de la Patria”. La televisión repetía imágenes de desfiles, monumentos iluminados y discursos que hablaban de unidad y orgullo nacional. En la escuela nos enseñaban sobre Hidalgo y Morelos, sobre la lucha por la libertad y soberanía. Pero la lección más importante de aquel año sobre la situación y legado de mi país no vino de un libro de historia.

El primer disparo partió la mañana en dos, como un relámpago seco que nadie vio venir. Luego otro. Y otro. Afuera, la muerte se abría camino a balazos; adentro, el medio se apretujaba en cuerpos diminutos que temblaban sobre el suelo frío. “Todos al suelo y con las manos detrás de la nuca” grito la maestra Ana, y como si hubiéramos nacido sabiendo, como si fuera tan natural como el recreo o la fila para entrar al salon, obedecimos sin pensar.

Nos hicimos pequeños, nos pegamos al suelo, nos alejamos de las ventanas, esperando que el peligro no nos encontrara. Y cantamos: Si las gotas de lluvia fueran de chocolate…

Las sirenas y las balas discutían quién podía gritar más fuerte. Adentro, nuestras voces temblaban, se enredaban en el polvo, tratando de convertir el miedo, el miedo a algo que no comprendíamos, en algo más blando, en algo que no doliera tanto. Porque eso nos habían dicho: que cantáramos hasta que todo estuviera bien. Que si cerrábamos los ojos y llenábamos el aire con palabras dulces, la muerta no podría alcanzarnos.Así, en primero de primaria en el año de la patria, aprendimos a sobrevivir. No con historias de patriotismo ni con libros de texto, sino con el cuerpo contra el piso y una canción infantil como escudo.

La primera masacre de San Fernando ocurrió en 2010. Mi abuelo tiene un rancho en San Fernando y crece sorgo (72 migrantes asesinados por los zetas encontrados en un rancho). Por primera vez las cámaras diseccionaban cada parte de un pueblo olvidado por el gobierno y los oídos de Dios. Durante días, los noticieros repitieron las mismas imágenes: camionetas militares cubriendo los caminos de terracería, forenses sacando restos de la tierra, funcionarios pronunciando condenas vacías frente a micrófonos. Luego, como siempre, se fueron. Se llevaron las cámaras, los discursos, la atención. Pero el miedo se quedó.

La segunda masacre de San Fernando ocurrió en 2011. En 2011 yo estaba en segundo de primaria (193 cuerpos - o quizá 500, no le pregunten al gobierno – sin vida fueron encontrados en fosas clandestinas). 16 oficiales de policía de San Fernando fueron arrestados por complicidad. Esto no se reportó en las noticias pero los carteles comenzaron a matar policías y tránsitos. Mi otro abuelo era tránsito. Mi abuelo se fue de San Fernando y se escondió en Michoacán con la familia de mi abuela por dos meses. Nosotros tampoco hicimos nada pero nos fuimos a McAllen con mi tia.

No mucho después, aunque lo suficiente después para que estuviéramos de vuelta en San Fernando, los soldados condujeron una redada en mi casa. Me despertó el estruendo de botas contra el suelo, el choque de armas colgadas contra uniformes, el rumor de voces que no reconocía. Abrí los ojos en la oscuridad de mi cuarto y supe, como el que se despierta de una pesadilla, que algo estaba mal. Al lado de mi ventana, un camión repleto de soldados bloqueaba la entrada, camionetas con logos y armadas rodeaban la cuadra y un helicóptero sobrevolaba el perímetro de la casa, como si la guerra se hubiera detenido justo ahí, encima de nosotros.

Un soldado armado me despertó antes que mi alarma y me sacó de la cama. Órdenes del ejército rugían como truenos en la madrugada. No preguntó mi nombre ni explicó por qué estaba ahí. Me jalo del brazo y me obligo a poner los pies en el suelo. No duermo con calcetines, sentí frío. Nadie en mi familia habla de esto. Se que el frío fue real, lo sentí. Aunque entre el sueño y la vigilia, las imágenes se vuelven borrosas, como si las estuviera viendo a través de un vidrio empañado. A veces me pregunto si realmente pasó o si lo imaginé, pero el frío sigue ahí, incrustado en la memoria, imposible de desmentir.

Pero se habían equivocado de casa. (todos sabían menos ellos pero supongo que eso pasa cuando tu propósito es buscar sin encontrar) Buscaban a los de la cuadra que sigue. Eso no importó. Entraron de todos modos. Revolvieron cajones, vaciaron closets, sacudieron sábanas. No encontraron nada de lo que buscaban pero se llevaron todo lo que quisieron. Esa noche se perdieron muchas cosas, entre ellas el collar de oro que fue el regalo de quince años de mi mamá. También se perdió un poco más de la certeza de que nuestra casa era un refugio y de que las puertas cerradas significaban seguridad.

Afuera, el invierno casi primaveral es fresco y tranquilo. Desde la ventana de la Rockefeller Library veo a los estudiantes caminar sin prisa, envueltos en suéteres gruesos, hablando de lecturas, ensayos, futuros que se sienten

garantizados. Yo también camino por estos pasillos, asisto a clase, participo en discusiones sobre violencia estructural y políticas de seguridad, como si fueran conceptos abstractos y no memorias que aún viven en mi cuerpo. A veces me pregunto qué significa estar aquí, en esta universidad lejos de casa, donde la violencia que marcó mi infancia se estudia desde una distancia segura, entre textos académicos y teorías que no sangren, que no desaparecen, y que no dejan ausencias.

Tal vez no soy la única. Tal vez, entre los pasillos y las aulas, hay otros que también han aprendido a callar, a envolver sus historias en el lenguaje académico, a traducir el miedo en conceptos asépticos, en palabras que no duelen cuando se pronuncian en voz alta. Quizá también hay cosas que no se dicen, que hay memorias que nadie quiere escuchar. Que algunas verdades existen solamente en los silencios que se alargan y en lo que dejamos fuera de cada conversación.

Mientras tanto, mi familia sigue allá. Mi papá sigue cultivando sorgo en San Fernando, mi mamá aún mira con desconfianza cuando un carro desconocido maneja lento frente a la casa. Las noticias siguen hablando de cuerpos en fosas, de corrupción, de violencia sin nombre. Y yo, aquí, en esta burbuja de Ivy League, tengo el privilegio de recordar sin miedo, de contar esta historia sin susurros, de escribir el pasado sin que se convierta en el verdugo de mi presente. Pero la distancia es artificial. Solo me deja con la pregunta de siempre: ¿qué significa estar a salvo cuando lo que dejaste atrás sigue ardiendo?

Brown University, May 2025

“Live update: Deadly shooting at Brown University”

— PBS News

“Search for Unidentified Killer at Brown University Stretches to 5th Day”

— The New York Times

“2 killed and 9 injured in Brown University shooting, person of interest now in custody”

— NPR

“Suspect in Brown University Shooting Found Dead in New Hampshire”

— The New York Times

Brown University, December 2025

Untitled

Renata Ross

Os filhos da resistência

São o puro “soft power“da terra Brasil

A terra Pindorama, invadida e saqueada em tempos de outrora Sangra até hoje com a ferida exposta e pungente

O massacre pela ganância e covardia Não lhes roubou a coragem nem a força

Os filhos e filhas dessa terra- mãe nunca fogem à luta por sua proteção Cuidam de seu chão, de sua água e Das vidas que vivem em comunhão

A celeste sabedoria dos arcos, que se envergaram sem quebrar Porporcionou o voo das flechas

Que estão por todos os ventos a soprar Sua mensagem é a de seus antepassados

Da terra das palmeiras enquanto ainda existe sabiás

O futuro é ancestral porque o que nos transcende é vital.

La Tierra

Alejandra Mayorga, RISD ‘29

Gouache and wood chips on cardboard

Xochimilco
Oil on canvas

Souvenir

Victoria Sgarbi, RISD ‘27 Risograph

Cresencio Medina, Los Angeles Film School ‘12

Mi historia no empieza en una ciudad grande ni en un lugar marcado en los mapas. Empieza en Lo Arado, Jalisco, en un potrero humilde donde la tierra respira historia y silencio. Ahí, entre la milpa y la caña moviéndose con el viento, fue donde aprendí lo que significa pertenecer. Aprendí estas cosas gracias a un hombre que marcó mi vida para siempre: mi Tío Neo.

No hacía falta que dijera mucho. Bastaba escucharlo gritar desde lejos:

“¡Chencho! ¡Amonos!”

Yo salía corriendo y ahí estaba él, esperándome dentro de sucamioneta vieja y golpeada, con una sonrisa amplia y un cigarro en la mano. Ese momento - tan simple, tan cotidiano - se volvió una de las imágenes más vivas de mi infancia. Sin saberlo, cada vez que subía a ese asiento estaba entrando a una historia más grande que yo.

El amanecer apenas despertaba, el cielo mezclaba tonos azules y naranjas, y los gallos marcaban el ritmo del día. Tío Neo manejaba despacio, como si el camino mereciera respeto. Cuando llegábamos, se bajaba primero, respiraba hondo y miraba los campos como quien saluda a un viejo amigo.

Pasábamos horas ahí sin prisa. A veces no hablábamos. Solo escuchábamos el viento moviendo la caña, como si contara historias que no caben en los libros. Historias de hombres y mujeres que trabajaron la tierra con fe, que vivieron con lo necesario y que encontraron dignidad en el esfuerzo diario. En ese silencio aprendí a mirar el mundo con los ojos de mi tío: con paciencia, con respeto, con una fe sencilla pero firme.

El potrero me enseñó que la vida es cíclica. Que así como la milpa nace, crece y vuelve a la tierra, nosotros también dejamos algo atrás. Y aunque las personas se van, lo que sembraron permanece.

Mi Tío Neo sembró en mí raíces. Sembró memoria. Sembró amor por la tierra y por la familia. Y ahora entiendo que mi responsabilidad es cuidar eso y pasarlo adelante.

Porque la tierra - igual que el amor verdadero - no olvida. Y mientras exista el potrero, su presencia seguirá ahí.

Llamando. Invitando a seguir. Diciendo:

“¡Chencho! ¡Amonos!”

Driving Logan Nunez, RISD ‘28 Oil on canvas

Keyla Limones, Trinity University ‘27

You strip my right of learning,

El oro de los libros y un futuro—

Sin más ni menos que un fucking warning,

Without a word to say,

You vanished my tomorrow.

No due process, just decay.

Me dejaron con puro sorrow. They say, “go back,”

Pero nunca preguntaron de dónde vine.

Border-born, with mi alma always torn, Ni de aquí, ni de allá,

But still punished for it.

¡Cobardes!

No pueden mirarnos a la cara,

Ni hijos de su reputísima madre son.

Nos callan porque saben que el eco de nuestras voces

Les parte su mundo de cristal en dos.

Que se vayan al demonio

Y que chinguen a su maldito imperio,

Ese sistema culero,

Que nos quiere sin voz ni sendero,

Con la cabeza agachada

Y el corazón hecho trizas.

I woke up with a knot in my stomach, the kind you get when you know something bad is coming, pero no sabes qué. Mi correo estaba lleno de mensajes fríos. Your visa has been revoked. That’s all. Sin explicación, sin advertencia. Just like that, I was no longer a student. No longer welcome. No longer anything. Me puse a llorar, pero no era un llanto suave; era ese llanto que quema la garganta y deja cenizas. I had done everything right. I paid my tuition. I got good grades. I volunteered. I followed the rules. Pero aquí, eso nunca es suficiente. They looked at my name, looked at the color of my skin, heard the accent I try to hide cuando estoy nerviosa. Pero ellos decidieron que I didn’t belong. En un segundo, me quitaron todo: mi casa, mis amigas, mis clases, el futuro que estaba construyendo con las uñas, con el cansancio, con la esperanza de mi madre que cruzó medio continente so I could sit in those classrooms. They called it a revocation, but it was just the end of their lie. This isn’t just a visa issue. This is about who gets to dream. Who gets to stay. Who they see as human. I wanted to scream, but the silence felt heavier. ¿A quién le gritas cuando el sistema entero es quien te borra? My professors didn’t know what to say. Some offered condolences, como si se hubiera muerto alguien. But it wasn’t death, it was an erasure. A quiet, bureaucratic disappearance. And deep down, I knew this wasn’t just me. This had happened before. And it will happen again. To other students like me, con sueños grandes y papeles frágiles. Nos quieren disciplinados, silenciosos, agradecidos. Pero yo ya no tengo nada que agradecer. I built my life with borrowed time, and now they want me to vanish as if I never deserved to be here in the first place. But I won’t. I carry my rage like a second spine. If I leave, I leave with my head high, con mis palabras afiladas, with my story burning in every syllable. You can revoke my visa. But you can’t revoke my voice.

They tried to vanish me— Con un clic, Con un sello, With no apology. Pero yo no soy papel. Soy pulso y pasión.

I am grit.

Soy la voz de todos los que callaron Porque no tenían opción. No me fui. Me echaron.

But I left footprints on the floor

And lit burning fires in the halls— Que aunque intenten apagar, No se irán Porque nací de lumbre y frontera Sangre y esta tierra corren por mis venas.

Revocar no es borrar. You can cross out my name, But it echoes back even more—

En cada palabra que aprendí, En cada estudiante que sigue luchando.

I don’t disappear. Me multiplico. Me siembro. Y regreso más brava,

Con la furia de mil palabras Que ya no se tragan nada.

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Body Text - Avenir 12, leading 14.4

Visual Submission Descriptions - First line Avenir Heavy 9, second line Avenir Book Oblique 9, Avenir Book 9, Leading 10.8

Visual Submission Captions - Avenir Light Oblique 9, leading 9

Written Submission Descriptions - Avenir Book and Book Oblique 10

Page Numbering - Avenir Book 10 April 2026.

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