Page 1


A LOS HERMANOS COFRADES DE LA SOLEDAD DEL PUENTE

H

ace tan sólo dos meses que ha recaído sobre mi persona el honor de ser designado Hermano Mayor Presidente de nuestra Cofradía. Mis andanzas profesionales me sacaron de Cuenca hace muchos años, más de treinta, y en todo este tiempo he intentado regresar en Semana Santa siempre que pude porque no hay en todo el año otra ocasión mejor para identificarme con mi tierra que esos días de pasión, de participación y de reencuentro con mis raíces. Algo por otro lado, muy común a los conquenses “expatriados”, que prefieren volver en Semana Santa antes que en Navidad o verano, lo que a su vez, permite encontrar a viejos amigos y comparar perímetros de cintura o disminuciones capilares, mientras nos tomamos un resoli. Casi todos empezamos a militar como “semanasanteros” mucho antes de poder siquiera caminar. En mi caso, mi padre me hizo cofrade de la Soledad nada más nacer, me gustaría pensar que antes de inscribirme en el Registro Civil. Mi primera cruz de madera la paseé por nuestras calles a los cuatro años y rompí varias tulipas antes de los 16, en que empecé a sablear a mis padres para que me pagaran los banzos, a lo que nunca se resistieron. Algunos de mis recuerdos más queridos de la infancia están ligados a la Semana Santa, como el de quedarme en la Iglesia finalizada la procesión, a esperar el reparto de bocadillos para los banceros, que siempre me daban uno como mi brazo, mientras mis padres se congelaban esperándome fuera. O mi resistencia numantina a que me sacaran de la procesión porque era muy tarde o hacía mucho frío, que yo no sentía porque iba bien forrado en papel de periódico, o porque mi pobre madre ya no podía más después de seguirme por la acera. Nunca lo conseguían. Estas vivencias tan normales y conocidas por nosotros, son las que dan fuerza a nuestra Semana Santa, y provocan que un altísimo porcentaje de la población de Cuenca participe directamente en las procesiones, mucho más por cierto, que en los tiempos a los que me refería. No necesito pues, animaros a participar en la procesión. Sé que todos lo haremos con el entusiasmo, orden y armonía que merece nuestra Virgen, y haciendo honor al prestigio de que disfruta nuestra Hermandad y la Procesión del Jueves, que sin duda, es la más contemplada de toda la Semana Santa conquense. Todos esperan sin moverse a que pase nuestra Hermandad porque merece la pena, esa pena que lleva en el rostro la Soledad que siempre, año tras año, hace enmudecer al respetuoso gentío. Recuerdo de mis tiempos de bancero, la satisfacción con la que escuchaba los comentarios de nuestros entendidos paisanos cuando salíamos de algún paso difícil, de los muchos que hay a lo largo de la carrera, con gallardía y sin esfuerzo aparente. Ese orgullo de bancero es el que espero de los afortunados que portarán a nuestra Virgen. Estoy seguro de que la llevarán con el profundo respeto que se transmite al resto de hermanos y hermanas y a quienes nos contemplan. Para terminar, quiero recordar a dos personas que siempre llevaron nuestra Semana Santa en el alma: Mi padre, responsable directo de que hoy esté escribiendo estas líneas, y que estaría orgulloso de verme ejerciendo este honroso desempeño. Y mi tío Rafa, Rafael Pérez, a quien todos los “semanasanteros” conocen o del que han oído hablar. A ellos se lo dedico y en ellos pensaré mientras porte el Cetro, rodeado de todos vosotros. Estoy seguro de que nos estarán viendo desde el mejor balcón. Un afectuoso saludo de vuestro Hermano Mayor Gonzalo O’kelly Pérez


CONVOCATORIAS Día 25 de Febrero de 2007 Tengo el honor de citarle a la Junta General Ordinaria, que esta Venerable Hermandad, celebrará (D.M.), el próximo domingo 25 de Febrero a las 11,00 horas en primera convocatoria y 11,30 horas en segunda, en la sala Cincuentenario de los locales de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca, calle Solera, 2. ORDEN DEL DIA 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

Lectura y aprobación, si procede, del Acta de la sesión anterior. Informe Junta de Diputación. Actividades de la Hermandad previstas para el año 2007. Lectura y aprobación de las cuentas del ejercicio de 2006 y presupuesto para el 2007. Subasta de banzos cedidos e impagados (si los hubiera). Presentación de candidaturas. Ruegos, preguntas y sugerencias.

Los puestos de subasta que no estén pagados el día de celebración de esta Junta General, serán subastados de nuevo perdiendo los derechos adquiridos anteriormente, según los Estatutos de la Hermandad. El Secretario Santiago Saiz Real

Los Hermanos Mayores Gonzalo M. Okelly Pérez Isabel Gascón Collado Fernando Soria Higueras Luís Escamilla Mialdea Carmen Mª Cantero Gascón Miguel A. Cantero Muñoz


Día 15 de Abril de 2007 Tengo el honor de citarle a la Junta General Ordinaria, que esta Venerable Hermandad, celebrará (D.M.), el próximo Domingo 15 de Abril a las 11,00 horas en primera convocatoria y 11,30 horas en segunda, en la sala Cincuentenario de los locales de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Cuenca, calle Solera, 2. ORDEN DEL DIA 1. 2. 3. 4. 5.

Lectura y aprobación, si procede, del Acta de la sesión anterior. Informe Junta de Diputación. Ruegos y Preguntas. Nombramiento de Hermanos Mayores, Banceros y Hachones de turno. Subasta de Guión, Faroles, Estandartes, Hermano Mayor Infantil Hermano Mayor, Cereros, Banzos y elección de Capataz de Banceros Para el desfile de 2008. El Secretario Santiago Saiz Real

Los Hermanos Mayores Gonzalo M. Okelly Pérez Isabel Gascón Collado Fernando Soria Higueras Luís Escamilla Mialdea Carmen Mª Cantero Gascón Miguel A. Cantero Muñoz


II PREGÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD DEL PUENTE


CANTO A LA SOLEDAD DEL PUENTE

P R E Á MBULO Y SALUDOS

H

ermanos y hermanas de la Soledad del Puente, nazarenos y nazarenas que habéis acudido aquí; recibid mi más cordial saludo y la sincera gratitud de quien, aún en el umbral del soliloquio que va a emprender, contempla a su público. Porque la palabra, libre por la voz del narrador, necesita ser cobijada en la mente del espectador para no extinguirse en la vacuidad del olvido. Tras estos saludos, que algunos califican de rigor y yo prefiero dar de corazón, no podría comenzar sin antes ofrecer unas palabras de agradecimiento y dedicatoria a aquellos que, en mayor o menor medida, han hecho posible este pregón. En primer lugar a los cofrades que, como yo, os encontráis bajo la advocación de la Soledad del Puente, pero especialmente a los miembros de la Junta Directiva, los cuales me recibieron con los brazos abiertos en el seno de la Hermandad y a quienes debo la confianza depositada en mí para esta labor. En segundo lugar a mi familia, por haberme educado en el amor al arte, la literatura y la música, y también con la tulipa en la mano; en especial a mi tío y padrino Juan, hermano por tradición de nuestra Soledad. Finalmente, a cuantos comparten conmigo inolvidables recuerdos bajo los listones que servían de improvisados banzos a nuestro “Cristillo” o a la Virgen de la Esperanza, una muñeca vestida por las amorosas manos de mi madre y llevada con tanto corazón como si fuese la talla de Leonardo Martínez Bueno. Hace algún tiempo que dejamos aquel imponente Ecce-Homo de escayola subido al casco antiguo con tanto sudor, pero ver los mismos rostros antes de desfilar, o en las juntas que jalonan la intensa espera cuaresmal, sigue siendo un motivo de alborozo, orgullo y satisfacción. Gracias a todos, y a José Luis, porque esta noche va a ser la batuta de la orquesta que complete mis palabras. Sin alargar más este preámbulo, tomo el testigo de nuestro hermano Joaquín Martínez Culebras y comienzo.


N

PRELUDIO

o será mi voz tan clara ni mi elocuencia tan pura como lo eran las del glorioso Cicerón; y seguramente tampoco es este atril tan alto como el que ha servido a ilustres juglares de púlpito en San Miguel. Mas espero que las musas puedan verter sobre mí una sombra tan sólo de la inspiración que regalaron a Homero, padre de todos los narradores, cuando éste las invocaba en el sublime inicio de la Iliada. Y a vosotros os pido que escuchéis mi humilde canto desnudos de toda afectación, olvidando que estáis en este templo, a un paso solamente de la susurrante orilla que conquistó a Gerardo Diego y alumbró a Federico García Lorca. Vamos a iniciar un periplo colectivo, un tránsito oculto y escabroso por las vías que conducen al interior de la roca, al exterior del espacio y a la esencia de las fuerzas motoras de la maquinaria mística de la Semana Santa en Cuenca. Dejad que sea mi mano la que os guíe en este viaje por el laberinto vertical y desmembrado de la ciudad que camina suspirando al encuentro de su dolor y su agonía. Seguidme pues, porque ya llegamos a las últimas lomas que nos acercan a ella.

La llanura se encrespa en un fuerte oleaje que va a romper el espolón montañoso entre espumas de roca, allá donde la verticalidad se hace corpórea y donde el vendaval ha socavado una doble cicatriz que sirve de cuerno resonante a los ecos de la sierra. En aquel lugar, mano alzada hacia el cielo y metáfora de volátil ascensión, garganta caliza ceñida por un collar de aguas esmaltadas de jade; se levanta una ciudad de tendencias góticas, a imitación de su terreno de asiento. Pues si os dejáis encantar por los recoletos senderos, veréis que en las riberas aledañas los álamos tejen complicadas nervaduras para trazar ojivas que flanquean elegantemente la adusta nave central, sujeta por rotundos pilares y rematada por agujas que fueron caprichosamente imaginadas por el céfiro antes que nadie pisase estos lugares. No es extraño que aquí naciese la catedral de aires normandos hoy mutilada por una incompleta fachada, ya característica sin embargo; la obra más antiguamente iniciada en la Península con el nuevo estilo, sustituto y heredero del oscuro e intimista Románico . Sus arcos hueros son todavía los ojos de la basílica, que levanta el rostro hacia los caminos lejanos de poniente. La urbe se deja caer ladera abajo, extendiendo su manto variopinto mientras los rascacielos se asoman a los jardines colgantes de las hoces hermanas. Mirad las casas graciosamente arracimadas en las altas terrazas del Huécar, ora apretadas en un conjunto que tiene sus curiosos ventanales hacia el abismo, ora henchidas de una pose principesca que las convierte en poderosas centinelas. Ahogados los sillares por la estrechez, se disfrazan de columnas en anhelante elevación, enroscadas y encajadas buscando otro horizonte más libre y menos constreñido.


Ofrendándose a los pies de este roquedo hallaréis que el bosque teje sus maravillas con tanta delicadeza como la misma Aracne, sembrando de colores rutilantes cada estación y haciendo de este lugar la paleta cambiante del pincel de la tierra. Y es que si Venecia, la Serenísima, aparece etérea e inmutable entre los brillos espejados de sus canales; Cuenca tiene por tales a sus hoces, donde no encontraréis reflejadas sino sus múltiples esencias, sentimientos y emociones, en cada matiz que aparece o se difumina suavemente. Aquí pone el invierno su huella blanca de tanto en tanto, o la caricia velluda de una niebla velada de misterios; el verano corona las campiñas de gualdos trigales; y el otoño se pasea engalanado con ropajes castaños, verdes y dorados, con una luz especial que no es declinante sino ostentosa y festiva. Aquí también se extiende una alfombra de terciopelo verde esperanza para aguardar a la primavera, mientras las flores completan con su hechicería detalles puntillistas en cualquier recodo. Pero no os detengáis en la belleza trémula del tapiz que envuelve la atalaya, ni paséis demasiado tiempo contemplando las crestas almenadas que antes os parecían menos rectas. Hemos llegado al umbral de esta maravilla manierista al tiempo que emprende un giro espiral, alegórico; una metamorfosis helicoidal hacia sus adentros usualmente ocultos. Abrid los ojos, purificad cuerpo y mente en ablución invisible y entrad por cualquier puerta dispuestos a recibir a Cuenca en sus horas de íntima meditación, despojada de los fatuos ropajes de la realidad.

PRODIGIOSO Y VISIONES DE LA PASIÓN

A

quellos que entren a través de los postigos en Viernes de Dolores podrán percibir la serena agitación que envuelve cada año los preparativos finales y las últimas horas largas y lentas de la Cuaresma. Mirad cual si fueseis foráneos, ya que esta evocación nos lo permite, como caen los naipes de la espera. Relojes de arena se rompen en el cielo y Cronos es desterrado fuera de la muralla cuando campanea el advenimiento de la Pasión. Los días que se suceden están fuera del tiempo y quienes podemos vivirlos somos testigos de una realidad onírica que nos regala la visión de lo esencial y lo insólito, el sonido jamás corrompido de nuestra meditación. En El Salvador, las infancias nazarenas otean la inconmensurable altura de las andas con admiración, convenciéndose poco de que algún día las acariciarán con el hombro. Todo está candente, incluso las tertulias cofrades maduradas en la barraca de los meses procedentes y llevadas a las ondas radiofónicas por la inconfundible voz de Lucio Mochales, que esa tarde pone punto y final a su programa con la retransmisión del pregón oficial. Así, cuando las bóvedas de la capilla literaria y musical de San Miguel acojan la reverberación del verbo penitente, habrá comenzado la Semana Grande. Esa letanía cada año simétricamente diferente que pone prodigios a la vista de propios y extraños, toda vez que no puede dejar de sobrecoger y admirar a cuantos la sienten, la ven y la respiran. Prodigios que podemos ahora percibir en toda su completa intensidad. Momentos que constituyen parte irremplazable de las vidas conquenses y visitantes, porque su huella se perpetúa en la existencia y en la infinitud. ¿Cómo sería posible olvidar la magia que nos espera en volandas de la sorpresa detrás de cada rincón o debajo de cada capuz en estos días? Si sabéis suspender el silencio, percibid la oración arrítmica y casi levitante que capuchas fantasmales dejan volar en la noche de Lunes Santo, acordes del Medievo para los silenciosos y dolientes pasos que hacen descender al Cristo de la Vera Cruz, entre cirios ahogados y maderas gimientes. Mirad a los ojos a la Virgen de la Esperanza cuando aparezca de puntillas a través de la puerta de San Andrés, engalanada de verde y oro barroco. Sollozos de luz y de diamante, manos implorantes agasajadas de lirios y candelas, la Señora del Perdón comienza su camino entre cánticos altisonantes y más íntimas devociones que callan lo que se ve sin mirar dentro del alma. Y esa misma noche sale a la calle la belleza estremecida, rutilante en toda su claridad, cuando la silueta de María Magdalena extienda su aura de aflicción. Lágrimas más fragantes que todos los


perfumes brotan de sus ojos, y acarician nuevamente las mejillas de dalias rosadas, nimbos arrebolados de amor. Parece que la luminaria de las velas se aparta y mengua a su paso sereno, porque ni las tulipas pueden sustraerse a tanta compungida hermosura. Dónde sino en Cuenca y en Semana Santa podría darse la noche ilusoria y volátil del Miércoles Santo, henchida de silencios níveos que caminan en una procesión etérea y eterna, tal como una Santa Compaña de olivas plateadas cuya danza imaginó Machado en los campos de Jaén, sin saber que aquí la dan los hombros hortelanos de Castilla. Las estrellas aletean abriendo ojos noctívagos, miradas de tecolote sobre la hiedra reptil de Alfonso VIII, para acrecentar si es posible la turbación de Pedro. Antes de que el gallo haga una fatídica “clariná” en las almenas de Mangana, antes incluso de que las sombras de una hueste de soldados vagantes se proyecten en la luna vidriosa del horizonte; el apóstol llorará amargamente escalinata abajo, recibiendo el arropo de sus escaso pero sentidos cofrades. Jesús marcha solo hacia el Calvario, Ecce-Homo ante la multitud o ante la duda, penitente monte arriba y agua lenta, o sangre febril que corre por las venas de todas las plumas nazarenas. Noche de Silencio, con ciclópeos pasos que se cimbrean sobre esfuerzos no menos titánicos, y que dejan el retumbar de las horquillas suspenso entre un Miserere y otro presagio funeral.

No es posible en otra ciudad y en otro momento una explosión visual como la que hace florecer de destellos, contraluces y colores el mediodía de Viernes Santo, en el que toman partido las antiguas esencias tintoreras del Huécar y se ponen de largo granates y negros, morados, amarillos y marrones, tantos como ventanas ocultas esperan a ser abiertas y descubiertas esa tarde. Contemplad con asombro y veneración como emerge lentamente desde el oscuro tránsito de la Calle de San Juan la solemne figura del Cristo de los Espejos. Sobre la cruz hallaréis alegóricamente posado un cuero exánime que se eleva entre sudarios de luz salvífica, y vuestros ojos se encontrarán a sí mismos escrutando lo más íntimo de vuestro ser, en esbozo sobre pedazos de luna equinoccial. En esta ciudad Cristo resucita nada más morir, y predica desde el alto madero un mensaje nunca tan necesario como hoy: “amaos los unos a los otros”. Poned atención al escalofrío que produce el beso de las horquillas sobre el eco aterido de una pequeña calleja; o al roce, casi caricia, de la túnica al susurrarle palabras de aliento al banzo.

A

L A T A R D E DE JUEVES SANTO

lto, deteneos. ¿No percibís una calma plomiza flotando sobre la mañana? ¿No notáis que la tempestad se contiene dentro de cada postigo? La noche blanca puso su última mirada en la puerta de San Andrés, y las horquillas madrugadas han acallado su vigoroso salmo, convertido ahora en un retumbar alejado. Levemente, poco a poco, en silencio, los ánimos cofrades se reavivan después de la agitada duermevela o el sereno descanso. Es la mañana del Jueves Santo, revestida de una quietud entrecortada o de una espera insoportable, porque no es fácil saber cuál de estas dos emociones extremas vive cada corazón debajo de su túnica. Finalmente un bullicio general toma la calle, animado por la compañía de capuces flotantes entre el lejano tumulto y carreras impacientes para llegar a tiempo. Se está fraguando la tarde púrpura de Cuenca, revestida de azafranadas guirnaldas arbóreas en la curva de la Audiencia y de fuentes rumorosas en la del Escarillo, con los sinoples ropajes de la hiedra primaveral. El éxtasis milenario de las desgarbadas casas se invierte hacer el interior acercando así los aleros de un lado y otro de la calle, manos intentando entrelazarse para cubrir el camino penitente. Todo gira y se encadena en torno a la sierpe curvilínea que marca la ascensión a la ciudad vieja, auténtico eje de simetría y punto de fuga de cualquier mirada en perspectiva. Esta tarde el sol ha guardado esencias de amanecer para nacer más intensa su agonía anaranjada, larga expiración


que abre horizontes concebidos en un imponible sfumato. Paz y Caridad para el desfile que camina directamente al cielo, partiendo de la ribera entre cortinas de media tarde y regresando a ella en un catafalco de obsidiana. Su itinerario está preñado de vivencias irrepetibles, múltiples; sería quimérico pretender describirlas en este discurso, porque son extremadamente vivas, diferentes para cada cual, pero siempre inolvidables. Recorramos el sendero emocional de Jueves Santo, arriba y abajo entre oquedades que nos permiten sorprendernos con pedazos de austera preciosidad. Detrás de una campana inconsolable que suena encima de la hoz y hace temblar las aguas, las puertas que os han recibido esta noche se abren y a través de sus jambas aparece el humilde y achicado Cristo de las Misericordias. Hoy es esfuerzo en clave de sudor bajo la tela, cuando antaño fue postrer estertor de ajusticiados, inocencias condenadas con infamia. El paso del puente queda reflejado en el meandro del río, difuminando su arco iris penitencial entre brumas caleidoscópicas. Escuchad a lo lejos el tintineo alegre y metálico del último olivo, remontando las primeras rampas con el beso de la media tarde aún entre sus ramas. Sigamos luego la escalada de los pasos entre la semipenumbra azulina de Alfonso VIII, alterada de tanto en tanto por la luz ya declinante que se deja caer flotando de las altas vidrieras abiertas al exterior. Reprimamos el llanto y sintamos la convulsión que anula nuestro cuello al oír en boca del roquedal el Miserere, salmo inmemorial y oración vetusta, tanto como himno indiscutible de nuestra Semana Santa. Más abajo, en la estrechez de la calle del Peso, los sueños incandescentes que cada tulipa contiene se van abrazando entre sí, y en la línea que marcan más allá de las sombras casi puede intuirse la eternidad. Atardecer culminante de la Pasión según Cuenca que se esfuma en un canon polifónico de espíritus perseguidos en un contrapunto de pinceladas superpuestas. Esta es la hora aciaga que va a servir de testigo al restallar del latigazo color caña, hendiendo las carnes del mismísimo firmamento pero dando su beso mordiente a la espalda del Amarrado a la Columna. Y también es el escarlata sanguinolento que impregna de heridas de hiel cada rincón cuando llega peregrinando en su destierro Jesús con la Caña. Cada lucero que renace en Jueves Santo destila un brillo carmesí, similar al de aquellos rubíes, año tras año contados y siempre alguno extraviado, del antiguo Ecce-.Homo de San Gil. Una brisa coral entona olores entre los pinares y levanta golondrinas sonrosadas cuyas plumas son pétalos de almendro en flor. Conforme avanza el cortejo, se ve más claramente el alma dual de la ciudad; siempre indecisa entre el arco plateresco y la incólume potencia sensorial de la esencialidad que Tapies, Saura, Millares, Sempere, Torner o Zóbel encontraron y dejaron aquí como un tesoro. Contagiado de esta fusión tan peculiarmente conquense, el paso de la Verónica marca el comienzo de la Vía Dolorosa. El Nazareno del Puente camina hacia la abstracción y el simplismo entre flotantes yemas de violeta. Sereno sufrimiento, pausado caminar, con la túnica bosquejada en gubia viva hecha jirones, y el corto cabello castaño manchado por la sangre y por la espina. Solo, tristemente solo en su ahogo, la cruz sostenida entre las manos delicadas y la mirada perdida, va buscando plenilunios de plata melancólica por los senderos de nuestra ancestral ciudad. Mirad como se deja en pos de un sueño de bondad, calle abajo, soberbiamente portado por sus banceros


Y

FINAL

finalmente, llega Ella ¿No la veis a lo lejos, detrás de toda esta crestería enlutada que abre su caminar y la custodia? ¿No podéis distinguir el rítmico decaer de los varales? Sus pies besan el suelo lentamente, en una levitación enmudecida por horquillas que silencian llantos de tormento sobre el suelo. Minuciosamente, con primoroso cuidado, no queriendo perturbar la acongojada búsqueda de la Madre, los cofrades la llevan de la mano tras la huidiza sombra de su hijo. Se ha asomado al río en busca de una esperanza que perdió, hallando allí su alegría secuestrada; ha mirado al cielo en Palafox, viendo solo la espalda de un sol que la esquivaba. ¿Qué puede hacer sino seguir llorosa la estela de su sino? Mirad su rostro alicaído, rebosante de un dolor que no puede perturbar siquiera un ápice de gracia que luce profusamente en él. Soledad del Puente, indecible amargura que se contiene en un corazón atravesado con encono, no queriendo aturdir el equilibrio de su gesto atribulado. Mejillas de seda y pétalos de rosa, ojos de perenne y glauco fondo. Dos cicatrices perladas surcan tu rostro, hijas de un lamento de aguas diamantinas. En tu camino no ternas, Soledad, pues tus hermanos han puesto su amor en forma de lirios blancos a tus pies. Te guardan columnas argentadas sujetando sobre un firmamento de azabache y áureas luminarias, y tu manto es un retazo del cielo nocturno de Jueves Santo, que se desprendió al verte suspirar y consiguió hacer que geniales manos repujasen sobre él los más bellos sueños de una ninfa. Cada año las campanas cantan salves a tu partida, y el Júcar quiere encaramarse en las laderas de la hoz para besarte el manto, aunque debe contentarse con mirarte desde abajo. Cada año levantas suspiros como losas a tus paso, siembras de miradas cautivas las calle, las puertas y ventanas. Ya se va la Virgen entre puntillas bordadas y notas de una trágica marcha, fundiéndose su lúcida aureola con la noctámbula penumbra. Quizás esté pasando aquella puerta y venga a recogerse en esta capilla, a seguir aquí con su desvelo. Si rastro queda suspendido en el aire cortante de la madrugada, antecediendo al estruendoso y disonante amanecer, con el que se extingue. Mas sus cofrades nunca perdemos el hilo del Jueves Santo, que si bien puede estar oculto jamás está perdido. Y es que detrás de cualquier puerta, en la cercanía o el exilio; sentimos el ardor de la tulipa en nuestro pecho y vemos llegar delicadamente, como en un sueño, a la Soledad. Adrián López Álvarez


A CTIVIDADES DE LA

HERMANDAD 25 Febrero

JUNTA GENERAL 11,00 h -11,30 h. Junta de Cofradías.

17 Marzo

HOMENAJE DE LA HERMANDAD A HERMANOS ANTIGUOS 20,00 h. Sede Hermandad.

31 Marzo

Imposición de m edallas a hermanos recién nacidos. EN LA IGLESIA VIRGEN DE LA LUZ a las 19,30 h.

2 Abril

PUESTA EN ANDAS 16,00 h. Nave Junta de Cofradías

5 Abril

DESFILE PROCESIONAL JUEVES SANTO 16,30 h. Iglesia Virgen de la Luz

7 Abril

QUITAR LAS ANDAS 9,30 h. Iglesia Virgen de la Luz

15 Abril

JUNTA GENERAL Subasta 2008 11,00 h.- 11,30. Junta Cofradías

9 Septiembre

SOLEMNE FUNCIÓN RELIGIOSA 12,00 h. Iglesia Virgen de la Luz TOMA DE POSESIÓN DE NUEVOS HERMANOS MAYORES VINO DE HONOR después de la Función

10 Septiembre

MISA POR LOS HERMANOS DIFUNTOS 19,30 h. Iglesia Virgen de la Luz

Miembros de la Hermandad en el desfile procesional del Domingo de Resurrección. Año 2006


Recepción del Sr. Obispo en el desfile procesional. Año 2006

Nuevo recorrido procesional Semana Santa año 2006


A CTIVIDADES

ASOCIAC I Ó N C U LT U R A L VIII CONCURSO FOTOGRÁFICO “SEMANA SANTA DE CUENCA” Fecha Límite de presentación de obras: 9 de Marzo. Exposición : 17 Marzo a 29 de Marzo. Fallo del Jurado: 24 de Marzo.

PREMIOS 1º Premio : 450 € y Trofeo. Premio Cuenca Naturaleza y Cultura. Excmo. Ayuntamiento de Cuenca. 2º Premio : 300 € y Trofeo. Premio Obra social caja de Castilla-la Mancha 3º Premio : 150 € y Trofeo. Premio Carpintería Hijos de Jesús Caballero. Premio Especial “Soledad del Puente”. En memoria de D. Tomás Pérez martínez. 150 € y Trofeo

VIII CICLO DE CONFERENCIAS CONFERENCIA : D. MANUEL CALZADA CANALES Fecha: 17 Marzo Lugar : Sede de la Hermandad Hora: 20 horas

PRESENTACIÓN LIBRO DE FOTOGRAFÍAS DE LA HERMANDAD Fecha de presentación: 24 de Marzo Lugar : Sede de la Hermandad Hora: 20 horas

Enrique Dominguez. Pregonero Semana Santa 2006 Homenaje a los mayores de la Hermandad


Premiados Concurso Fotografía 2006

Homenaje a los mayores de la Hermandad

Premiados Concurso Literario 2006

Presentación, en San Miguel, página web, DVD y libro de la Hermandad


Diego Salas Benito

V PREGÓN JUVENIL DE SEMANA SANTA

CAMBIOS ¡Qué frío tengo en las manos! ¡Si me hubiese subido los guantes! Voy a soltar las manos de la barandilla. ¡Ay!, se me están cansando las piernas. ¡Vaya!, se me ha vuelto a dormir el pie. ¡A ver si se están quietos David e Inés! - ¡Mamá!, tengo hambre, ¿y los capuchinos?, ¿vienen ya? - Anda, tomad el bocata, ¿vais a querer la fruta?- respondió mi madre. Era finales de marzo, principios de abril; época de grandes fríos, o de calor intenso. Época, en la que los almendros se tiñen de rosa y los dientes de león colorean el verdor de los campos. Época, en la que aún, las gotas de rocío se dejan entrever al más madrugador. Época, en la que aún, se puede ver un manto blanco que guarda, bajo el frío, los albores de la primavera. Época, con olor a torrijas que embadurna el aire con canela y azúcar; y de trasfondo, gotas de resoli que calientan las gargantas. Época de viernes de ayuno y abstinencia. Ya llega la Semana Santa. - ¡Sí!, ya se asoman por la curva, ¿no oís los tambores?- preguntó mi tía. Me quedé mirándola, la procesión no estaba en la calle: los nazarenos asomaban por sus gafas. Ya no veía los ojos de mi tía, sino el lento y pesado caminar de aquellos que acompañan al dolor con ferviente devoción. Ya no escuchaba los tambores, sino el traqueteo de las tulipas y el parsimonioso paso de los penitentes, porque la música de Semana Santa, no la ponen los tambores, cornetas, clarines y demás instrumentos, sino cada gota de sudor que corre por la frente del bancero pensando que por cada una de ellas sale un cántico espiritual que acompasa al de los ángeles; la música en Semana Santa la pone el paso del penitente, que con su pie desnudo y magullado, imita a Cristo en su camino al Calvario, con su pie desnudo, abre su corazón al milagro; la música en Semana Santa, la pone el nazareno que acompaña el dolor de su Madre, el sufrimiento de su Dios. Esto es música, y giré la cabeza para poderla escuchar. Sí, allí estaba, la sinfonía mejor compuesta, porque cada uno la componía. Sinfonía compuesta por un Maestro desde la Eternidad. Sinfonía que avanzaba por las calles de esta ciudad tallada por la Semana Santa. Melodía que brillaba en las tulipas de cada uno de los penitentes y en los espectadores, como en un acto recíproco de dar y recibir, pero que realmente nadie da, sino que todo el mundo recibe. Luz de melodía sinfónica, melodía sinfónica luminosa, que envuelve el ambiente y lo transforma, que esculpe en el corazón el sentimiento más grande de amor, que convierte en oro y plata cada pavimento que pisan la Virgen y Cristo.


Apoyaba la barbilla en la barandilla enredada en la enredadera, con el afán de ver pasar a esos señores, que, cuando era pequeño, llamaba capuchinos, a aquellos señores, que no preguntaba quienes eran, sino qué hacían, con su voz dormida y su paso firme, ¿ a quién buscaban?, ¿dónde iban? Pero ya encontraron, ya se orientaron y siguieron su paso, incesante, calmado, silencioso , armonioso… Son estos pensamientos demasiado elevados para un niño de seis, siete, ocho años. Recuerdo mis ganas por ver tocar a los músicos, hacer sacar de esos cachivaches de metal y madera, las notas que se grababan en mi cabeza y retumbaban en el pensamiento del silencio sosegado. ¡Qué decir de las andas! En mi infancia, y ahora, me resultan bellas y con personalidad, pues, ¿qué pensaría el escultor de su obra cuando la hacía?, ¿acaso podía decir algo inocuo de la maravilla que hacía?, ¿se podría saber cómo la hacía?, ¿quién le daba esa fuerza? Sólo decir que pocas veces, el hombre ha hecho tal maravilla; que es de las pocas veces en que el hombre se ha dejado aconsejar. -Anda, tómate la fruta, y abróchate el botón que viene el aire fresco. Levantaba la mano pesadamente y me abrochaba el botón de la trenca. Me giré, sin saber por qué, y allí estaba mi padre: en un cristal la procesión avanzaba; por el otro, su ojo que miraba y esbozaba una sonrisa, para hacer saber que estaba allí guardándome del peligro. Puso sus manos sobre mi cuello y volvía a girar la cabeza. Ahora, algunas cosas han cambiado, no muchas, pero sí algunas. Soy más viejo que antes, supuestamente más maduro. Es curioso, hay cosas que no cambian: el paso de las estaciones, los días del mes… Somos nosotros quienes hacemos que las cosas cambien, que sean originales, nuevas, alegres o tristes, rápidas o lentas. Papá, mamá; hay cosas que no cambian: el amor hacia un hijo no cambia, el afecto no cambia, el cariño no cambia, simplemente aumenta. Por eso, aún sigues, mamá, abrochándome el último botón, no ya de la trenca, sino de la túnica; aún, papá, sigues apoyando las manos sobre mi cuello en señal de protección ya no viendo la procesión y guardándome del frío, ahora me das tu apoyo para aguantar el camino; ya no sólo veo una fila interminable de tulipas coloreadas en tus gafas, ahora veo mis ojos asomar por el capuz. Papá, mamá; hay cosas que cambian: antes mi cara la cubría el frío, ahora un trozo de tela; mis manos antes desnudas, se visten ahora de algodón. ¡Qué diferente es la Semana Santa cuando miras por dos pequeños agujeros!nCuando ya no miras la procesión, sino a la gente que mira; cuando escuchas tu respiración silenciosa y calmada que es ahogada por el grito sin voz de la Madre que llora, del Hijo que sufre; cuando se te acelera el corazón porque tu Madre pasa por tu lado; cuando las horquillas irrumpen en el silencio de la oración. ¡Qué diferente! Y me doy cuenta ahora. Pierdo mi identidad, de forma paulatina y misteriosa sin dejar de ser yo; fundido en un torrente de puntiagudas tulipas andantes. Mis pasos se acompasan con el resto, poco a poco, forman uno, una procesión. Ahora, el nazareno es una nota imprescindible en medio de una sinfonía de luz. Porque la procesión se lleva por dentro.


RENOVACIÓN DE LA JUNTA DE DIPUTACIÓN DE LA HERMANDAD En la Junta General del día 25 de Febrero procederá a la elección mediante votación del Secretario de la Hermandad, según lo establecido en el Artículo Nª 26 de las Constituciones para el Régimen y Gobierno Interior de la Venerable Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad del Puente. ARTÍCULO 26 Los miembros de la Junta de Diputación, a excepción de los Hermanos mayores, camarera de la Virgen y Consiliario, serán elegidos por la Junta General para un mandato de dos años, renovable con arreglo a siguiente procedimiento: En la primera reunión anual ordinaria de la Junta General, mediante votación se elegirá, en su caso reelegirá al secretario de la Hermandad, quedando éste facultado para el nombramiento, excepción hecha del depositario, Secretario. Podrán optar todos aquellos Hermanos que estén presentes o debidamente representados mediante delegación escrita en la reunión de la Junta General, en el punto del Orden del Día referente a la renovación de la Junta de Diputación, los distintos candidatos a Secretario darán a conocer las diferentes personas que conforman sus candidaturas, debiendo especificar el hermano que ocupará el cargo de Depositario. En el caso de presentación de varias candidaturas se decidirá mediante votación. Las votaciones serán secretas, salvo que la Junta General decida lo contrario. Quedarán imposibilitados para el desempeño de cargos en esta hermandad, todos aquellos hermanos que sean miembros de la Junta de Diputación de otra Hermandad, a excepción de los Hermanos Mayores. La toma de posesión de los miembros electos tendrá lugar en la segunda reunión anual ordinaria de la Junta General, debiendo reunirse, en el plazo máximo de un mes a contar desde ésta, los miembros de la Junta de Diputación saliente y de la entrante a efectos de realizar el traspaso de libros, archivos y documentos, levantándose la correspondiente Acta.


DESFILE PROCESIONAL Y UNIFORMIDAD El desfile partirá de la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz, a las 16,30 horas de la tarde del día 5 de Abril, debiendo presentarnos debidamente uniformados. Túnica morada, capuz de la Hermandad, guante blanco, cordones blancos con borlas moradas enlazados en la cintura y deberá colgar del lado izquierdo, rosario que enlazado a los cordones deberá colgar en el lado derecho y zapato negro. No debemos olvidar el calzado adecuado, nunca zapatillas deportivas (ni aunque sean de color negro). Es aconsejable también evitar los calcetines blancos y los pantalones inadecuados por el color, en el caso de que se vean por debajo de la túnica.


BANCEROS Y PORTA-INSIGNIAS A los Banceros, se les recuerda que el día 2 de Abril (lunes) a las 16,00 h. Se les requiere su presencia en la nave Junta de Cofradías, con el fin de proceder a la PUESTA EN ANDAS y el día 7 de Abril (sábado) a las 9,30 h. para QUITARLAS, en la Iglesia Virgen de la Luz. Los Banceros: Deberán estar en la Iglesia Virgen de la Luz a las 16,00 h. del día 5 de Abril Jueves Santo, entrando por el patio a la puerta de la Sacristía a partir de ese momento, el Capataz de Banceros dirigirá la colocación de los mismos, aclarará cuantas dudas existan, dará las instrucciones correspondientes para el desfile procesional, siendo éstas de obligado cumplimiento. Los movimientos y descansos precisos durante el desfile los ordenará única y exclusivamente el Capataz de Banceros. Recibirán el brazalete que les identifica y confirma como Banceros de la Hermandad, debiendo entregarlo personalmente al Capataz de Banceros una vez finalizada la Procesión. Los Porta-insignias deberán entrar por la puerta del patio a la Sacristía una vez iniciado el desfile de la procesión, partiendo de la Iglesia, perfectamente organizados.


HOMENAJE DE

HERMANDAD Nuevamente se dará un entrañable homenaje a los cinco hermanos y hermanas con más antigüedad de la Hermandad, posteriores a los homenajeados el pasado año. Este año, dicho homenaje, se realizará el día 17 de Marzo a las 20,00 horas, en la sede de la Hermandad, realizando simultáneamente una conferencia en su honor. HERMANOS HOMENAJEADOS ANTONIO SAIZ FERNÁNDEZ-CABRERA ANTONIO RODRIGUEZ SAIZ FRANCISCO VELASCO MAYORDOMO RAMÓN CULEBRAS SERRANO SANTIAGO MARTÍNEZ SEGURA

Mª PILAR LUJAN MANJÓN MARGARITA VALERO LÓPEZ CARMEN Mª CANTERO GASCÓN CONSUELO FERNÁNDEZ ORBÍS CARMEN LÓPEZ GARCÍA


A NUESTRO BENEMÉRITO HERMANO Y COMPONENTE DE LA JUNTA DE DIPUTACIÓN

TOMÁS PÉREZ MARTÍNEZ PARA PERPETUAR SU MEMORIA LA HERMANDAD AGRADECIDA AÑO 2007


Revista SOLEDAD Nº 4 Año 2007  

Revista Soledad

Revista SOLEDAD Nº 4 Año 2007  

Revista Soledad