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CAPITAL NATURAL: INVERSIÓN ESTRATÉGICA PARA EL SIGLO XXI
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ILUMINACIÓN SOSTENIBLE: CONSTRULITA 150
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SOSTENIBILIDAD Y TERRITORIO: VALIA ENERGíA 20
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EL CAPITAL NATURAL: LA RIQUEZA QUE NO PODEMOS SEGUIR DANDO POR SENTADA Estimados lectores, Durante décadas, la economía construyó buena parte de su prosperidad sobre una premisa que hoy resulta cada vez más difícil de sostener: que la naturaleza era prácticamente inagotable. Bosques, agua, suelos, biodiversidad, océanos y demás servicios ecosistémicos fueron tratados como recursos disponibles, muchas veces sin incorporar su verdadero valor en las decisiones económicas. Hoy sabemos que esa omisión tiene consecuencias financieras, sociales y ambientales que ya no pueden considerarse externas al funcionamiento de los mercados. Por eso, hablar de capital natural implica mucho más que introducir un nuevo concepto dentro de la conversación sobre sostenibilidad. Significa reconocer que nuestras economías dependen de activos naturales que sostienen actividades productivas enteras. La propia edición de agosto de Greentology explora esta transformación: la biodiversidad y los servicios ecosistémicos están dejando de ser considerados una preocupación periférica para convertirse en factores estratégicos de estabilidad económica y financiera. Esta discusión adquiere una dimensión todavía mayor cuando la observamos desde la perspectiva de la transición energética. La transformación del sistema energético mundial exige más generación renovable, redes eléctricas, almacenamiento, infraestructura y nuevas tecnologías. Pero ninguna de estas soluciones existe fuera de la naturaleza. Todas requieren territorio, agua, materiales, minerales, ecosistemas y cadenas de suministro. La transición energética, por tanto, no puede limitarse a cambiar una fuente de energía por otra: también debe preguntarse cuál es su huella sobre los sistemas naturales que hacen posible nuestra vida y nuestra economía. Esta es una de las grandes paradojas de nuestro tiempo. Buscamos reducir las emisiones y acelerar la descarbonización, pero al mismo tiempo debemos evitar que la transición genere nuevas presiones sobre los ecosistemas. El reto no consiste únicamente en producir energía con menos emisiones, sino en construir sistemas energéticos capaces de convivir con la biodiversidad, utilizar responsablemente los recursos y generar beneficios duraderos para las comunidades. Esta nueva perspectiva también abre una conversación sobre inversión. Proteger y restaurar la naturaleza no tiene por qué entenderse únicamente como un costo. Las soluciones basadas en la naturaleza, la bioeconomía, la agricultura regenerativa, la restauración de ecosistemas y los nuevos instrumentos financieros pueden convertirse en vehículos para generar valor económico al mismo tiempo que recuperamos funciones ecológicas. La edición aborda ejemplos empresariales que ya están explorando fondos de restauración, agricultura regenerativa, inversión forestal y resiliencia hídrica. América Latina tiene, en este escenario, una responsabilidad y una oportunidad extraordinarias. Para que esto ocurra, necesitamos aprender a medir aquello que durante mucho tiempo permaneció fuera de las hojas de balance. La transición energética y la transición hacia una economía positiva para la naturaleza, en realidad, forman parte de una misma transformación. El siglo XXI nos exige cambiar la definición de valor. Y quizá una de las decisiones más inteligentes que podemos tomar sea reconocer que la naturaleza no es el límite de nuestra economía: es su infraestructura fundamental. FOUNDER
SOSTENIBILIDAD: PASAR DE LAS BUENAS INTENCIONES A LAS DECISIONES QUE TRANSFORMAN
AGOSTO 2026 No. 52
Jessyca Cervantes PRESIDENTA Y CEO Dr. Hugo Isaak Zepeda VICEPRESIDENTE
Estimados lectores, Hay algo que atraviesa prácticamente todos los contenidos de esta edición de Greentology: la sostenibilidad dejó de ser una conversación separada de los negocios, la tecnología, la energía, las personas y las ciudades. Hoy aparece en cada una de esas dimensiones y nos obliga a entender que los grandes desafíos ambientales no pueden resolverse desde una sola industria, una sola tecnología o perspectiva. Nuestro tema de portada, capital natural, representa precisamente ese cambio de mirada. Si una parte importante de la economía depende de los servicios que proporcionan los ecosistemas, entonces la pérdida de biodiversidad, el deterioro del agua o la degradación de los suelos también representan riesgos económicos. Reconocer el valor de la naturaleza significa incorporar sus activos, sus servicios y sus límites dentro de las decisiones que tomamos hoy. Pero la sostenibilidad también implica preguntarnos qué hacemos con los materiales una vez que entran en nuestros sistemas productivos. En esta edición, la economía circular aparece precisamente como una llamada de atención frente a las soluciones que únicamente administran los residuos al final de su vida útil: una llamada desde Greenpeace. Esa misma reflexión aparece, desde otra perspectiva, en el análisis sobre el sargazo. Convertir un problema ambiental en materia prima puede generar innovación, empleos y nuevas cadenas de valor, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿qué sucede si una industria comienza a depender de la permanencia del problema que pretende resolver? La edición también pone el foco en uno de los desafíos más urgentes de las próximas décadas: alimentar a una población mundial creciente sin profundizar la presión sobre los recursos naturales. Desde WESS 2026 y su iniciativa “Planeta Hambre Cero”, la seguridad alimentaria se aborda como un sistema en el que convergen energía, agua, infraestructura, logística, inteligencia artificial, financiamiento y políticas públicas. Y si hablamos de transformación, las Pymes representan la gran mayoría de las empresas del país y, sin embargo, muchas de ellas todavía no formalizan las prácticas de RSC que ya realizan. El reto, como plantea nuestra colaboración con EGADE Business School, no necesariamente consiste en invertir grandes cantidades, sino en reconocer, medir, comunicar y alinear esas acciones con la estrategia del negocio. También dedicamos espacio a una dimensión que resulta indispensable para cualquier transformación energética: el territorio. México necesita nueva infraestructura energética, pero los proyectos no se desarrollan sobre espacios vacíos: un texto de Paulina Chávez de Valia Energía. En otro de nuestros contenidos, la conversación se traslada a los espacios que habitamos. La iluminación, muchas veces considerada un elemento secundario de la arquitectura, tiene implicaciones sobre bienestar, salud, productividad, seguridad y eficiencia; conversamos con Sergio Pérez de Grupo Construlita. Todos estos temas podrían parecer distintos entre sí: biodiversidad, residuos, sargazo, hambre, pymes, energía, territorio, iluminación y productividad. Sin embargo, comparten una misma pregunta: ¿cómo podemos hacer mejor las cosas sin comprometer las condiciones que necesitaremos mañana? Porque la sostenibilidad no debería ser solamente aquello que decimos que queremos alcanzar. Debe convertirse en la manera en que decidimos invertir, producir, consumir, trabajar y relacionarnos con la naturaleza. Esa transformación ya está ocurriendo. La pregunta que queda abierta es qué tan rápido seremos capaces de convertirla en una realidad.
Juan Carlos Chávez DIRECTOR EDITORIAL DE SMART MEDIA GROUP
Greentology®️ Número 52 Agosto 2026. Es una publicación mensual de Smart Media Group. Editada y publicada por Smart Media Group Connecting Brands SA de CV®️. Oficinas Generales: Tuxpan 57, Col Roma Sur, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. C.P. 06760. Teléfono: +52 (55) 2870 3374. greentology.life contacto@smartmediagroup. lat. Editor responsable: Rosa Arlene Muñoz Vilchis. Certificado de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo número 04-2022-070111205200-102 de fecha 1 de julio de 2022 otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor, ISSN: en trámite el Instituto Nacional del Derecho de Autor, Licitud de Título y Contenido: en trámite ante la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, permiso SEPOMEX: en trámite. Productos y Servicios Técnicos Hernández, S.A. de C.V. RFC: PST090722N98. Dirección fiscal: Morelos no. 48 Col. Peñón de los Baños, Alcaldía Venustiano Carranza. C.P. 15520, México, CDMX. Estas edición se terminó de imprimir el 18 de marzo de 2026, con un tiraje de 150 ejemplares.
Miguel Mares Castillo DIRECTOR GENERAL m.mares@smartmediagroup.lat Carlos Mackinlay Gronhamm DIRECTOR DE RELACIONES INSTITUCIONALES c.mackinlay@smartmediagroup.lat Ulises Gómez Nolasco DIRECTOR JURÍDICO Y FINANCIERO u.gomez@smartmediagroup.lat Daniela Rodríguez Bobadilla DIRECTORA COMERCIAL d.rodriguez@smartmediagroup.lat Antonella Russo COORDINADORA DE RELACIONES PÚBLICAS Y REPRESENTANTE EN EUROPA a.russo@smartmediagroup.lat Ernesto Valdés Arreguín COORDINADOR DE ESTRATEGIA GUBERNAMENTAL Evelyn Sánchez Gamiño GERENTE DE MERCADOTECNIA e.sanchez@smartmediagroup.lat Felipe Rodríguez ARQUITECTO DIGITAL Y DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL f.rodriguez@smartmediagroup.lat Irwing Núñez Vázquez WEBMASTER i.nunez@smartmediagroup.lat Juan Carlos Chávez Vera DIRECTOR EDITORIAL DE SMART MEDIA GROUP jc.chavez@smartmediagroup.lat Itzel Becerril REPORTERA DE SMART MEDIA GROUP i.becerril@smartmediagroup.lat Gustavo Gómez García ARTE Y DISEÑO Arturo Eduardo Plata Martínez DISEÑADOR JR. Sofía Martínez Miranda COORDINADORA DE PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL Y CONTENIDOS MULTIMEDIA. Guadalupe García Hernández
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The GreenSide
Entender el territorio como clave del desarrollo energético Paulina Chávez, directora de Sostenibilidad en Valia Energía, destaca la importancia de comprender el territorio y escuchar a las comunidades para que los nuevos proyectos de expansión energética en México sean realmente sostenibles y viables.
The GreenSide
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Cuando el desastre se convierte en materia prima Fátima Barrera de FB Solutions analiza la paradoja de convertir el sargazo en materia prima, señalando que una economía circular puede terminar dependiendo de la permanencia del problema ambiental que busca resolver.
La verdadera transición verde comienza con las personas Traemos la selección mensual de contenidos de Lid Editorial Mexicana.
Culture
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The GreenSide
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Las pymes mexicanas practican la responsabilidad social, pero no la formalizan Marcia Lorena Rodríguez Aldana, profesora adscrita al Grupo de Investigación en Organizaciones, Estrategia y Sostenibilidad de EGADE Business School, Tec de Monterrey, escribe sobre cómo las pymes mexicanas ya realizan diversas acciones de responsabilidad social corporativa.
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Por: Juan Carlos Chávez
Capital Natural, inversión estratégica para el Siglo XXI En nuestra portada para agosto reflexionamos sobre el capital natural y la biodiversidad, que más que activos ambientales, deben reconocerse como factores estratégicos de la economía y las finanzas, dada la dependencia de las empresas y sociedades de los ecosistemas.
Women in Sustainability
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El talento ya no se conquista con logotipos verdes: se conquista con resultados Guadalupe Montenegro, especialista ambiental en Harbour Energy, analiza cómo la sostenibilidad se ha convertido en un factor decisivo para atraer y retener talento, especialmente entre las nuevas generaciones, que exigen resultados ambientales verificables y rechazan el greenwashing.
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Circular Economy
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La economía circular: más allá de las falsas soluciones Irving García, campañista de Greenpeace, cuestiona las “falsas soluciones” de la economía circular, particularmente aquellas centradas en reciclar o quemar residuos, y sostiene que el verdadero cambio debe comenzar por prevenir su generación desde el diseño y la producción.
WIS
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Redireccionar el trabajo para ser más productivo: el liderazgo que transforma resultados El especialista Gerardo Tenahua plantea que, trabajar más horas no necesariamente significa ser más productivo y que el liderazgo debe orientar el talento hacia actividades que realmente generen valor.
The Art Of Living
GreenHR
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WESS 2026 replantea la agenda ambiental bajo el reto del hambre cero Se aproxima una nueva edición de Women’s Energy and Sustainability Summit, con un nuevo enfoque: “Planeta Hambre Cero”, que busca replantear la seguridad alimentaria como un desafío integral ligado a energía, agua, infraestructura, tecnología, financiamiento y políticas públicas. Además, los Premios WESS reconocerán soluciones innovadoras en 10 categorías y buscarán impulsar alianzas para construir sistemas alimentarios más resilientes y sostenibles.
Cuando la sostenibilidad se convierte en cultura: Semana Ambiental Cotemar Grupo Cotemar México ha encontrado en su Semana Ambiental Cotemar una plataforma para acercar la agenda ambiental a sus colaboradores, sus familias y las comunidades con las que mantiene relación.
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La luz como protagonista del bienestar: diseño arquitectónico en México Conversamos con Sergio Pérez Villaseñor, Líder de la Academia de Diseño de Iluminación en Grupo Construlita, en torno a la iluminación arquitectónica y su influencia en la salud, el bienestar, la seguridad y la eficiencia energética.
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ENTENDER EL COMO CL DESARROLLO
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Por: Paulina Chávez
Directora de Sostenibilidad en Valia Energía
urante años entendimos la sostenibilidad como el equilibrio entre objetivos ambientales, sociales y económicos. Esa visión sigue siendo válida, pero hoy resulta insuficiente. La experiencia ha demostrado que el éxito de cualquier iniciativa de desarrollo depende también de reconocer la interacción entre las personas, los ecosistemas, la cultura, las instituciones y las dinámicas socioeconómicas que dan forma a cada lugar y que determinan las oportunidades, prioridades y posibilidades de desarrollo de cada territorio. Para ilustrar esto, recuerdo que años atrás, en otra etapa profesional de mi vida, participé en un proyecto desarrollado en una comunidad indígena de difícil acceso. Como ocurre con muchas iniciativas, surgió a partir de una necesidad identificada y de un interés genuino por contribuir al desarrollo de la comunidad. La estrategia consistía en la instalación de sistemas fotovoltaicos para amplificar el acceso a la energía en la localidad.
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L TERRITORIO LAVE DEL O ENERGÉTICO Desde nuestra perspectiva, el proyecto reunía los elementos necesarios para ser exitoso. Respondía a una necesidad evidente, incorporaba una tecnología probada y buscaba generar nuevas oportunidades para el uso de servicios energéticos. Además, contábamos con el respaldo de las autoridades municipales. Sin embargo, con el paso del tiempo, algunas familias decidieron vender parte de los equipos o intercambiarlos por otros bienes que respondían a necesidades más inmediatas para sus hogares. Durante mucho tiempo interpreté esos resultados como una señal de que el proyecto no había alcanzado los objetivos previstos; sentía que algo había faltado en el diagnóstico inicial. Hoy entiendo que aquella experiencia revelaba algo más profundo: las limitaciones de nuestra propia comprensión del territorio y de las prioridades de las personas que lo habitaban. La comunidad no estaba rechazando la tecnología ni desestimando el esfuerzo realizado. Las familias estaban
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tomando decisiones coherentes con su realidad. Lo que para nosotros representaba una oportunidad de largo plazo, para algunas de ellas también era un activo que podía convertirse en alimentos, medicamentos o ingresos para atender necesidades que no habíamos comprendido con suficiente profundidad. Aquella experiencia cambió mi manera de entender la sostenibilidad. Comprendí que una iniciativa puede estar bien intencionada y técnicamente bien diseñada y, aun así, no generar los resultados esperados cuando se construye a partir de supuestos externos sobre lo que una comunidad necesita, valora o está en condiciones de sostener. Más que una lección sobre una iniciativa específica fue una lección sobre la importancia de comprender las realidades, prioridades y capacidades presentes en cada territorio.
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8 Por supuesto, esta reflexión no es nueva. Durante décadas, especialistas en desarrollo participativo han demostrado que los proyectos generan mejores resultados cuando las personas participan activamente en las decisiones que inciden en su futuro. La idea parece sencilla, pero tiene implicaciones profundas: el desarrollo es más sólido y sostenible cuando quienes viven en un territorio forman parte de la construcción de las acciones que incidirán en él. Ese principio sigue siendo plenamente vigente para la sostenibilidad y adquiere una relevancia especial ante la nueva etapa de desarrollo energético que comienza a configurarse en México. El crecimiento de la demanda eléctrica, la transición energética y la necesidad de fortalecer la confiabilidad del sistema requerirán nuevas centrales de generación, infraestructura de transmisión, sistemas de almacenamiento, gasoductos y otras obras estratégicas. El país necesita infraestructura energética para sostener su crecimiento económico, ampliar el acceso a la energía y avanzar hacia un sistema más resiliente. Sin embargo, los proyectos energéticos no
llegan a espacios vacíos. Llegan a territorios donde existen historias compartidas, sistemas de propiedad, actividades productivas, identidades culturales, instituciones formales y tradicionales, así como distintas visiones sobre el futuro. Dos comunidades geográficamente cercanas pueden experimentar un mismo proyecto de maneras completamente distintas. Una infraestructura puede representar oportunidades para algunas personas, pero también generar preocupaciones legítimas sobre el acceso a recursos, las actividades productivas o la transformación de espacios con valor cultural para otras. Esta realidad social e histórica también se refleja en la evolución del marco regulatorio mexicano. Las recientes disposiciones en materia de Manifestación de Impacto Social han reforzado la importancia del diagnóstico territorial, la gestión social y la generación de beneficios compartidos. Estos cambios se alinean con un reconocimiento cada vez más amplio de los derechos colectivos y de la participación de las comunidades en las decisiones que afectan sus territorios.
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10 Quienes hemos formado parte del sector energético durante algunos años hemos sido testigos de más de un proyecto que, aun siendo técnicamente sólido, financieramente viable y necesario para el sistema, enfrentó dificultades porque no reconoció al territorio como una dimensión fundamental de su desarrollo. La primera gran etapa de desarrollo energético en México dejó aprendizajes que no deberíamos ignorar. En distintos lugares del país, algunos proyectos avanzaron sin comprender plenamente las estructuras agrarias, las formas locales de representación, los vínculos culturales con la tierra, los conflictos preexistentes o las expectativas de las comunidades. En otros casos, aun cuando existieron esfuerzos de diálogo, persistieron diferencias sobre
los beneficios, los impactos o la manera en que debían tomarse ciertas decisiones. El resultado, las comunidades salieron a demostrar su oposición, a organizarse frente a decisiones consumadas sobre sus patrimonios culturales y a resistir a través de lo colectivo a la pérdida de su cosmovisión. Estas reacciones dejan huellas en la historia de la industria: proyectos retrasados, suspendidos, rediseñados o incapaces de construir las condiciones de aceptación necesarias para avanzar. No todos los casos respondieron a las mismas causas ni pueden interpretarse de manera uniforme. Sin embargo, comparten una lección: un proyecto puede fracasar cuando desconoce las relaciones, los derechos y las dinámicas del territorio del que pretende formar parte.
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12 Hoy, ante una nueva ola de expansión energética, México tiene la oportunidad y también la responsabilidad de no repetir. Ya no podemos argumentar que desconocemos las consecuencias de incorporar la dimensión territorial demasiado tarde. Contamos con décadas de experiencias, metodologías más robustas, estándares internacionales, nuevas disposiciones regulatorias y, sobre todo, con comunidades que han expresado con claridad su derecho a participar en las decisiones que impactan en sus territorios. La nueva infraestructura energética de México no puede construirse repitiendo una visión en la que los territorios reciben los impactos mientras otros espacios concentran las decisiones y los beneficios. El reto es avanzar hacia proyectos capaces
de reconocer las desigualdades existentes, distribuir de manera más justa y equitativa los beneficios y generar condiciones para que el desarrollo energético también contribuya al fortalecimiento de las capacidades y oportunidades de los territorios donde se materializa. La siguiente ola de expansión energética no parte de cero. Parte de una historia que debemos conocer, de aprendizajes que debemos asumir, de errores que ya no tenemos justificación para repetir y, sobre todo, de comunidades que han dejado claro que el desarrollo solo es sostenible cuando quienes habitan un territorio participan en la construcción de su futuro. Reconocer esa realidad no es un obstáculo para el desarrollo energético; es una de sus condiciones fundamentales. Greentology • Agosto | 2026
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CUANDO EL DESASTRE SE CONVIERTE EN MATERIA PRIMA Cuando demasiadas vidas dependen económicamente de una crisis, actuar contra la crisis comienza a parecer una agresión contra quienes sobreviven gracias a ella
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a economía circular suele presentarse como una de las respuestas más prometedoras frente al deterioro ambiental. Su lógica parece impecable: aquello que antes se desechaba puede volver al sistema productivo; los residuos pueden convertirse en insumos; la presión sobre los recursos vírgenes puede disminuir y, al mismo tiempo, surgir nuevas cadenas de valor. Pero existe una pregunta menos cómoda. ¿Qué ocurre cuando la economía construida para aprovechar un desastre comienza a depender de que ese desastre continúe? El caso del sargazo en el Caribe mexicano permite observar esta tensión con particular claridad. Durante años, su llegada masiva ha sido tratada como una contingencia ambiental y turística. Las acumulaciones afectan playas, ecosistemas costeros, pesca, salud pública, actividad hotelera y finanzas municipales. Retirarlo exige barcos, barreras, transporte, almacenamiento, mano de obra y recursos públicos permanentes. Frente a esta presión, la idea de transformarlo en
fertilizantes, biocombustibles, materiales de construcción, empaques o insumos industriales parece razonable. En lugar de pagar únicamente por recoger y desechar toneladas de biomasa, sería posible incorporarlas a una cadena productiva.
La propuesta contiene una oportunidad real
También contiene un riesgo. Cuando un residuo abundante adquiere valor económico, deja de ser solamente un problema que debe eliminarse. Se convierte en materia prima. Y toda materia prima industrial exige suministro, continuidad, contratos, infraestructura y previsibilidad. La secuencia puede parecer virtuosa al inicio: desastre ecológico, recolección, procesamiento, inversión, empleos y productos útiles. Sin embargo, conforme la industria crece, se acumulan compromisos materiales: plantas, maquinaria, créditos, trabajadores, proveedores, mercados y comunidades cuya estabilidad puede comenzar a depender del flujo constante de aquello que originalmente se pretendía combatir. Entonces aparece la paradoja. Si las políticas preventivas consiguieran reducir significativamente la llegada de sargazo, el éxito ecológico podría convertirse en una amenaza económica para quienes viven de recolectarlo, transportarlo o transformarlo. La solución habría comenzado a necesitar el problema. No porque cada empresa o trabajador desee conscientemente la continuidad del desastre. Greentology • Agosto | 2026
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El riesgo es más profundo y menos visible. Surge cuando la arquitectura completa de incentivos se organiza alrededor de la permanencia del daño. Cada actor puede estar cumpliendo correctamente su función. Una empresa recoge. Otra procesa. Otra transporta. Una institución financia. El gobierno informa cuántas toneladas fueron retiradas. Las comunidades reciben empleos y las plantas producen nuevos materiales. Pero el conjunto puede terminar funcionando como un enjambre. Ninguno de sus integrantes controla por completo la dirección general, aunque todos contribuyen a sostenerla. El sistema aprende a vivir del caos y, con el tiempo, puede perder interés en eliminar las causas que lo alimentan. Ahí comienza la administración del desastre.
Por: Fátima Barrera
Fundadora de FB SOLUTIONS. Consultora en diseño energético, tecnología y negocios energéticos. / en colaboración con Riemann agente conceptual del proyecto Euler, explorando la relación entre energía, ética y sentido.
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Se invierte en capacidad de recolección, pero no necesariamente con la misma intensidad en saneamiento de cuencas, control de nutrientes, investigación oceánica, reducción de descargas o cooperación regional. Se premian las toneladas procesadas, pero no siempre la disminución del fenómeno. Se celebra que el residuo haya entrado al mercado, aunque el daño continúe regresando al territorio. El cambio de métrica es crucial. Si el éxito se mide únicamente por el volumen aprovechado, una mayor llegada de sargazo puede aparecer estadísticamente como una mayor oportunidad industrial. La crisis ecológica deja de leerse como algo que debe disminuir y comienza a interpretarse como una fuente creciente de productividad. En ese punto, la economía circular corre el riesgo de transformarse en una economía parasitaria del daño.
La materia circula. El problema permanece
Este dilema no pertenece solamente al sargazo. Se encuentra en muchos sistemas contemporáneos. Las industrias de remediación necesitan contaminación. Algunos mercados de compensación necesitan emisiones que compensar. Los servicios de seguridad prosperan cuando la inseguridad persiste. Las tecnologías de adaptación se vuelven más rentables cuanto más fracasa la prevención. No hace falta una conspiración. Basta con que demasiadas personas, contratos e instituciones dependan económicamente de una crisis para que resolverla por completo comience a parecer inconveniente. Entonces la ética se vuelve costosa. Quien propone atacar las causas puede ser acusado de amenazar empleos, inversiones o desarrollo regional. La discusión cambia de centro. Ya no se pregunta por qué continúa el daño, sino cómo proteger la economía que surgió alrededor de él. Por eso, capitalizar una crisis ambiental no es necesariamente incorrecto. Puede reducir efectos Greentology • Agosto | 2026
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inmediatos, financiar innovación, sustituir materiales y crear alternativas económicas para comunidades afectadas. El problema aparece cuando el aprovechamiento no incluye una estrategia de salida. Una industria diseñada éticamente debería poder sobrevivir a la disminución progresiva del residuo que procesa. Sus instalaciones tendrían que adaptarse a otras biomasas o materiales. Una parte de sus ingresos debería financiar prevención, saneamiento, investigación y monitoreo. Sus contratos no deberían premiar únicamente el volumen recolectado, sino la reducción verificable del daño total. También sería indispensable demostrar que los productos obtenidos son realmente seguros y sustentables. El sargazo puede contener sales, metales y otros compuestos que requieren caracterización rigurosa. Convertir una biomasa problemática en un producto comercial sin trazabilidad suficiente podría trasladar el contaminante desde la playa hacia el suelo, el edificio o la cadena alimentaria. La circularidad no puede medirse solo por el movimiento de la materia. Debe medirse por la disminución integral del daño. Una solución verdadera tendría que aceptar una contradicción difícil para cualquier negocio: su éxito final podría consistir en volverse menos necesaria. Ese principio separa una industria de transición de una industria de dependencia. La primera administra temporalmente una crisis mientras contribuye a eliminar sus causas. La segunda construye su rentabilidad suponiendo que la crisis será permanente. El sargazo ofrece a México una oportunidad de investigación, innovación y aprovechamiento productivo. Sería absurdo rechazarla. Pero también ofrece una advertencia. Cuando el desastre se convierte en materia prima, debemos impedir que la materia prima convierta al desastre en destino. La economía circular no debería enseñarnos a vivir del caos. Debería ayudarnos a dejar de necesitarlo. Greentology • Agosto | 2026
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LAS PYM P
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a mayoría de las pequeñas y medianas empresas (pymes) mexicanas suelen estar tan concentradas en la operación diaria que no valoran la oportunidad que representa ser socialmente responsables. Otras ya aplican la responsabilidad social corporativa (RSC), pero no lo reconocen formalmente ni lo comunican por falta de conocimiento. En general, se cree que la RSC exige grandes inversiones, reportes extensos y certificaciones costosas que no están a su alcance. De hecho, es común referirse a las grandes corporaciones cuando se habla de RSC, dejando en segundo plano a las pymes, aunque éstas son el verdadero motor de la economía mexicana: representan el 99% de las empresas, aportan más del 50% del PIB y generan más del 70% de los empleos formales. Mientras las grandes compañías presumen sus certificaciones y publican periódicamente reportes de sustentabilidad, las pymes operan en silencio.
Por: Marcia Lorena Rodríguez Aldana
Profesora adscrita al Grupo de Investigación en Organizaciones, Estrategia y Sostenibilidad de EGADE Business School, Tec de Monterrey.
Semblanza:
La Dra. Marcia Lorena Rodríguez Aldana forma parte del Grupo de Investigación en Organizaciones, Estrategia y Sostenibilidad de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey. En la misma institución, es profesora de tiempo completo del Departamento de Gestión y Liderazgo en el Campus Guadalajara, y está adscrita al Centro de Empresas Conscientes. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) con la distinción de Candidato.
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MES MEXICANAS
PRACTICAN LA
PONSABILIDAD SOCIAL,
RO NO LA FORMALIZAN La falta de visibilidad de estas acciones, sin duda, juega en contra de las pymes. Los consumidores millennials y centennials (que comprenden más del 50% de la fuerza laboral) premian o castigan a las marcas según su comportamiento ético y ambiental. Un estudio en el que colaboré, recientemente publicado en European Business Review, y que incluyó a más de 100 pymes mexicanas, confirma que la responsabilidad social se refleja más en las prácticas que en las estrategias de este tipo de empresas. Aunque los empresarios la viven diariamente en la relación con sus empleados, clientes y stakeholders en general, pocas veces la documentan o incorporan en la planeación del negocio. Por ejemplo, muchas pymes mexicanas otorgan flexibilidad laboral a madres trabajadoras, apoyan a proveedores locales o participan en campañas de reforestación sin etiquetar estas acciones como RSC. Estas iniciativas generan lealtad entre empleados y clientes, pero al no formalizarse, pierden potencial en áreas como reputación, acceso a financiamiento verde o atracción de talento. Según el estudio, la poca formalización de la RSC en las pymes mexicanas está motivada por falta de conocimiento o claridad sobre los beneficios (70% de las personas encuestadas) o por limitaciones financieras (60%). Aun así, la barrera más grande no son los recursos, sino el desconocimiento. La mayoría de los gerentes encuestados admiten no saber cómo implementar ni alinear la RSC con los objetivos del negocio. Muchas pymes todavía la ven como un costo adicional en lugar de una herramienta para fortalecer relaciones y generar valor a largo plazo.
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Sin embargo, incorporar prácticas de RSC no requiere presupuestos onerosos ni reportes extensos. Se pueden impulsar acciones sencillas y de bajo costo que marcan la diferencia: • Medir y comunicar las acciones que RSC ya están en marcha en la empresa. • Alinear prácticas con el negocio, como reducir desperdicios para bajar costos y mejorar la imagen. • Formar alianzas con cámaras empresariales o programas gubernamentales (como los del Inadem o la Secretaría de Economía). Empresas hoy reconocidas por sus contribuciones a la RSC, como Grupo Bimbo o FEMSA, comenzaron con acciones modestas que hoy son parte central de su ventaja competitiva. Las pymes mexicanas pueden seguir ese mismo camino, adaptando estas estrategias a su propia escala. Ser responsables es un valor al alza entre clientes, colaboradores e inversionistas. Las pymes deberían aprovechar esta oportunidad, primero consolidando las prácticas de RSC que ya realizan y luego escalando su impacto. Acciones como impartir capacitaciones, ofrecer incentivos, cuidar a los colaboradores, fortalecer relaciones con proveedores y mejorar la calidad de la atención a los clientes pueden convertirse en ventajas estratégicas sostenibles. Dada la enorme relevancia económica de las pymes, integrar la RSC en su estrategia de negocio no sólo es un deber ético de gran relevancia social, sino que deviene una poderosa herramienta para fortalecer su competitividad, generar valor para sus grupos de interés y contribuir al desarrollo sostenible de México.
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LA VERDAD
COM LAS
Por: Lid Editorial Mexicana
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DERA TRANSICIÓN VERDE
MIENZA CON PERSONAS D
urante los últimos años, la sostenibilidad ha dejado de ser una aspiración para convertirse en un componente estratégico del desarrollo empresarial. La economía circular, la descarbonización, la gestión eficiente del agua, las energías limpias, los criterios ESG y la inteligencia artificial aplicada al medio ambiente forman parte del lenguaje cotidiano de los consejos de administración y de las áreas de innovación. Sin embargo, conforme las organizaciones perfeccionan sus herramientas para medir impactos y cumplir objetivos, persiste una pregunta fundamental: ¿qué impulsa realmente a las personas a actuar de manera sostenible?
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La respuesta no se encuentra únicamente en la tecnología, las regulaciones o los indicadores. Se encuentra, sobre todo, en la cultura. Esta es una de las reflexiones centrales del libro Travesía hacia un mundo sostenible, de Francisco Suárez Hernández, una obra que propone mirar la sostenibilidad desde una perspectiva más profunda: antes de convertirse en una estrategia corporativa, es una forma de comprender nuestra relación con el planeta. Es un conjunto de valores, hábitos y principios que se construyen desde la familia, la educación y la convivencia cotidiana, y que posteriormente influyen en las decisiones de consumidores, colaboradores, directivos y gobiernos.
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En un momento en el que la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la presión sobre los recursos naturales obligan a acelerar la transición hacia modelos de desarrollo más responsables, esta visión adquiere una relevancia especial. Ninguna transformación será duradera si depende exclusivamente de nuevas tecnologías o de regulaciones más estrictas. Se requiere una cultura que haga de la sostenibilidad una convicción compartida y no solo una obligación normativa. Las evidencias son claras. Décadas de crecimiento económico basado en la explotación intensiva de recursos han generado desafíos ambientales que hoy amenazan la estabilidad de los ecosistemas y de las propias economías. La escasez de agua, el aumento de eventos climáticos extremos y la degradación de los suelos afectan cadenas de suministro, incrementan costos y modifican las expectativas de inversionistas y consumidores. Frente a este escenario, las organizaciones más resilientes serán aquellas capaces de integrar la
sostenibilidad en el corazón de su estrategia de negocio. Suárez Hernández cuestiona uno de los paradigmas que durante años dominaron el debate empresarial: la supuesta contradicción entre crecimiento económico y protección ambiental. La experiencia demuestra lo contrario. Las empresas que generan valor a largo plazo son aquellas que logran equilibrar rentabilidad, bienestar social y conservación del entorno. Hoy esa combinación ya no representa únicamente una postura ética; constituye una ventaja competitiva. No obstante, incorporar criterios ESG o establecer metas de reducción de emisiones no garantiza por sí mismo una transformación real. Cuando la sostenibilidad permanece confinada a los reportes corporativos o a los discursos institucionales, difícilmente modifica la operación diaria de una organización. El verdadero cambio ocurre cuando forma parte de la cultura empresarial y orienta decisiones tan diversas como el uso eficiente del agua, la gestión de residuos, la innovación de productos, la selección de proveedores o el consumo responsable de energía. En este sentido, uno de los aportes más valiosos del libro consiste en recordar que la conciencia ambiental comienza mucho antes del entorno laboral. Las personas llegan a las organizaciones con hábitos y valores previamente adquiridos. Por ello, las empresas tienen la oportunidad —y la responsabilidad— de fortalecer esa conciencia mediante programas de formación, liderazgo participativo y acciones que conviertan la sostenibilidad en una práctica cotidiana. Esta perspectiva también conecta con uno de los mayores desafíos del liderazgo contemporáneo: generar compromiso genuino. Las transformaciones más profundas no se producen por obligación, sino cuando las personas comprenden el propósito que hay detrás de cada decisión y reconocen que sus acciones individuales tienen consecuencias colectivas. El autor dedica además una parte importante de su reflexión al papel de la innovación tecnológica. Herramientas como la inteligencia artificial, el análisis de datos, la digitalización y los sistemas inteligentes de monitoreo ofrecen posibilidades inéditas para optimizar recursos, mejorar la eficiencia energética, anticipar riesgos climáticos y fortalecer la toma de decisiones. Sin embargo, advierte que ninguna tecnología puede sustituir el criterio humano ni la responsabilidad ética. La innovación solo genera verdadero valor cuando se orienta a mejorar la calidad de vida de las personas y preservar las condiciones que permitirán el bienestar de las futuras generaciones. Greentology • Agosto | 2026
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Quizá una de las ideas más inspiradoras de la obra sea la del legado. En un entorno donde los resultados suelen evaluarse por trimestres financieros, Suárez Hernández propone recuperar una visión intergeneracional. Cada decisión empresarial deja una huella que trasciende el presente y contribuye a definir el mundo que heredarán las próximas generaciones. Esa mirada de largo plazo coincide con la evolución de las organizaciones más innovadoras, que ya no buscan únicamente reducir impactos negativos, sino generar valor permanente para las personas, las comunidades y los ecosistemas. Más que ofrecer respuestas definitivas, Travesía hacia un mundo sostenible invita a comprender que la sostenibilidad es un proceso continuo de aprendizaje y mejora. Es una travesía compartida que involucra a empresas, gobiernos,
academia, organizaciones sociales y ciudadanía. En ese recorrido, el sector empresarial desempeña un papel decisivo. Las compañías tienen la capacidad de transformar cadenas de suministro, impulsar la innovación, influir en millones de consumidores y acelerar la transición hacia modelos de producción y consumo más responsables. Porque el liderazgo sostenible no comienza cuando una empresa publica su estrategia ESG o presenta un informe de sostenibilidad, comienza mucho antes: cuando las personas entienden que cada decisión cotidiana deja una huella y que el verdadero desarrollo consiste en generar prosperidad sin comprometer el futuro del planeta. Esa es, quizá, la inversión más valiosa que cualquier organización puede hacer para construir un mundo verdaderamente sostenible. Greentology • Agosto | 2026
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REDIRECCIONAR EL TRABAJO PARA SER MÁS PRODUCTIVO: EL LIDERAZGO QUE TRANSFORMA RESULTADOS ¿Por qué trabajar más no siempre significa producir más?
En el entorno empresarial actual, muchas organizaciones confunden esfuerzo con productividad. Es común encontrar equipos que trabajan largas jornadas y realizan múltiples tareas, pero cuyos resultados no reflejan ese nivel de actividad. La productividad real no consiste en hacer más, sino en hacer aquello que genera valor. Sin embargo, muchas empresas aún necesitan conocer a fondo sus procesos, analizarlos y mejorarlos. Un líder efectivo no busca mantener ocupado a su equipo, sino orientar su talento hacia objetivos claros, medibles y estratégicos. Redireccionar el trabajo implica revisar constantemente las prioridades, eliminar actividades que no generan impacto y concentrar los recursos en aquellas que impulsan el crecimiento.
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El liderazgo como motor de la productividad
Los grandes líderes no solo administran recursos; también administran prioridades. Su capacidad para mantener el enfoque permite que los equipos concentren su energía en actividades que generan resultados sostenibles. Un liderazgo productivo se caracteriza por: • Definir objetivos claros y alcanzables. • Comunicar expectativas con precisión. • Delegar con confianza. • Eliminar procesos innecesarios. • Medir resultados mediante indicadores. • Impulsar la mejora continua. Cuando estas prácticas se integran en la cultura organizacional, la productividad deja de depender exclusivamente del esfuerzo individual y se convierte en una fortaleza colectiva que impulsa el crecimiento y la rentabilidad de la empresa.
Por: Gerardo Tenahua Tenahua
Ingeniero industrial experto en Eficiencia Energética
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Redireccionar antes de corregir
Uno de los errores más comunes consiste en intentar resolver los problemas aumentando las horas de trabajo. El verdadero reto es revisar la dirección del esfuerzo y evitar desperdiciar tiempo y recursos humanos, ya que la improductividad termina generando un impacto económico para la empresa. Antes de exigir un mayor rendimiento, un líder debe preguntarse: • ¿Esta actividad contribuye a los objetivos estratégicos? • ¿Se están utilizando adecuadamente los recursos? • ¿Qué procesos pueden simplificarse? • ¿Las prioridades están claras para el equipo? • ¿Se está midiendo lo realmente importante? Responder estas preguntas permite orientar el trabajo hacia actividades de mayor impacto.
Los enemigos silenciosos de la productividad
Existen factores que reducen el desempeño sin que sean evidentes de inmediato: • Reuniones sin un propósito claro. • Exceso de burocracia. • Falta de comunicación. • Cambios constantes en las prioridades. • Microgestión. • Capacitación insuficiente. • Ausencia de indicadores confiables. Todos estos factores generan retrabajo, disminuyen la eficiencia e incluso pueden provocar problemas de salud relacionados con el estrés. Eliminarlos puede mejorar significativamente la productividad sin necesidad de aumentar la carga laboral.
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Productividad basada en indicadores
Las organizaciones líderes toman decisiones basadas en datos. Algunos indicadores clave son: • Cumplimiento de objetivos. • Tiempo de ejecución. • Calidad del servicio. • Satisfacción del cliente. • Productividad por colaborador. • Mejora continua. • Tiempo de respuesta. • Costos operativos. Estos indicadores permiten identificar oportunidades de mejora y orientar las decisiones hacia resultados más eficientes. Greentology • Agosto | 2026
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La mejora continua como ventaja competitiva
Redireccionar el trabajo es un proceso permanente, no una acción aislada. Las organizaciones exitosas revisan constantemente sus métodos de trabajo, incorporan nuevas tecnologías, simplifican procesos y fomentan la innovación. Cada mejora, por pequeña que sea, fortalece la competitividad y aumenta la capacidad de adaptación frente a entornos cada vez más dinámicos y cambiantes.
El papel del líder del futuro
El liderazgo moderno exige visión estratégica, inteligencia emocional y capacidad de adaptación. Los líderes efectivos no buscan controlar cada tarea, sino inspirar a sus equipos, desarrollar el talento y construir sistemas que potencien el desempeño. El verdadero liderazgo no consiste en lograr que las personas trabajen más, sino en ayudarlas a trabajar mejor. Por ello, la productividad sostenible surge cuando el trabajo se orienta hacia objetivos claros, se eliminan las actividades que no agregan valor y se consolida una cultura de mejora continua. Redireccionar el trabajo significa enfocar los esfuerzos allí donde realmente generan resultados. En un entorno altamente competitivo, las organizaciones que logren alinear estrategia, liderazgo y productividad serán las que marquen la diferencia. El éxito no depende de trabajar más horas, sino de dirigir mejor el talento, optimizar los recursos y orientar la visión de toda la organización hacia un propósito común: el crecimiento y el éxito de la empresa.
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CAPITAL NATURAL, INVERSIÓN ESTRATÉGICA PARA EL SIGLO XXI Por: Juan Carlos Chávez
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La transición hacia una economía positiva para la naturaleza exige reconocer que la prosperidad humana está profundamente incrustada en la biosfera, transformando la biodiversidad de una externalidad ignorada a un activo financiero estratégico y crítico para la estabilidad global. Este cambio de paradigma se materializa a través de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN), las cuales, bajo el rigor del Estándar Global de la UICN, permiten proteger y restaurar ecosistemas para enfrentar desafíos sociales, generar empleos a una tasa diez veces mayor que las industrias fósiles y mitigar riesgos climáticos y operativos materiales. Mediante el uso de marcos de reporte interoperables como TNFD, SBTN y GRI, y el impulso estratégico de la bioeconomía en regiones clave como América Latina, las corporaciones líderes están integrando la contabilidad del capital natural en su toma de decisiones, demostrando que la regeneración ecológica y la rentabilidad comercial son las dos caras de una misma moneda necesaria para asegurar una riqueza inclusiva hacia 2030
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urante mucho tiempo, los modelos de crecimiento económico tradicionales trataron a la naturaleza como una fuente inagotable de recursos gratuitos y un sumidero infinito de desechos, un “punto ciego” sistémico que ha llevado a que hoy necesitemos 1.6 Tierras para mantener nuestro estilo de vida actual. Sin embargo, el paradigma está cambiando drásticamente. La biodiversidad y los servicios ecosistémicos han dejado de ser preocupaciones periféricas de responsabilidad social corporativa para consolidarse como el activo financiero estratégico más crítico de este siglo. Con casi la mitad del Producto Interno Bruto (PIB) mundial —aproximadamente 44 billones de dólares— dependiendo moderada o altamente de la naturaleza, el colapso de los ecosistemas no es solo una tragedia ecológica, sino un riesgo para la estabilidad financiera global. Por ello, para esta portada de agosto, exploramos la reconfiguración del valor económico global, desde la contabilidad del capital natural hasta las estrategias corporativas líderes que están hoy impulsan la transición hacia una economía positiva para la naturaleza rumbo al 2030.
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El fin de la ilusión del crecimiento infinito: Revisión Dasgupta
El fundamento de esta revolución se encuentra en la Revisión Dasgupta sobre la Economía de la Biodiversidad, un informe histórico publicado en febrero de 2021, que redefine nuestra relación con el planeta. Sir Partha Dasgupta sostiene que el PIB es una métrica defectuosa y “no apta para su propósito” en el siglo XXI, ya que solo mide flujos económicos, pero ignora la depreciación de los activos naturales que sustentan esa producción. Bajo esta nueva óptica, la economía se entiende como un ejercicio de gestión de cartera de activos. Mientras que el capital producido (infraestructura, maquinaria) se duplicó a nivel mundial entre 1992 y 2014, y el capital humano aumentó un 13%, el stock de capital natural per cápita disminuyó un 40%. Esta desproporción amenaza la viabilidad de todo el sistema económico. La solución propuesta es la transición hacia la “riqueza inclusiva”, un marco contable que integra el valor del capital producido, humano y natural para determinar si el desarrollo de una nación es verdaderamente sostenible.
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La pérdida de biodiversidad no debe verse como un asunto de beneficencia, sino como un objetivo crucial para preservar el bienestar económico. La naturaleza nos provee de “dividendos” fundamentales: polinización de cultivos (de la cual depende el 75% de la alimentación mundial), filtración de agua, regulación del clima y control de enfermedades zoonóticas, un riesgo cuya peligrosidad quedó evidenciada con la pandemia de COVID-19. Para las empresas, la naturaleza ya no es una externalidad; es un factor de riesgo financiero y operativo material. La degradación ambiental puede manifestarse a través de: • Riesgos Físicos: Eventos agudos como incendios forestales o plagas que arruinan cosechas, o procesos crónicos como la pérdida de polinizadores que disminuye sistemáticamente el rendimiento agrícola. • Riesgos de Transición: Ajustes estructurales derivados de nuevas regulaciones (como el fin de la deforestación importada en la UE), litigios
legales por daños ecológicos o cambios en las preferencias de los consumidores hacia productos ecológicos. Sin embargo, donde hay riesgo, también hay una vasta frontera de oportunidades. Las empresas líderes están adoptando estrategias “nature-positive” no solo para mitigar amenazas, sino para establecer nuevos estándares industriales y captar valor en nichos de mercado emergentes. Se estima que la transición hacia modelos de negocio respetuosos con la naturaleza podría generar beneficios económicos masivos y crear millones de empleos; de hecho, la inversión en restauración de la naturaleza genera 10 veces más empleos por cada dólar invertido que la industria de combustibles fósiles. Uno de los mayores desafíos para las corporaciones ha sido la proliferación de marcos de reporte y estándares de divulgación. No obstante, hoy existe un ecosistema técnico cada vez más interoperable que permite a las empresas medir su impacto y dependencia de forma coherente.
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TNFD (Taskforce on Nature -related Financial Disclosures)
Inspirado en el TCFD de clima, el TNFD ofrece un marco para que las organizaciones identifiquen y gestionen sus riesgos y oportunidades relacionados con la naturaleza. Su núcleo es la metodología LEAP (Localizar, Evaluar, Valorar, Preparar), que guía a las empresas en un análisis espacial detallado de sus operaciones. El TNFD enfatiza que los impactos y dependencias son sobre la naturaleza, mientras que los riesgos y oportunidades son para la organización.
SBTN (Science Based Targets Network)
Mientras que el TNFD se centra en la divulgación, el SBTN define qué tan ambiciosos deben ser los objetivos de una empresa para estar alineados con los límites biofísicos del planeta. Proporciona metodologías para establecer metas cuantitativas en áreas como el uso del agua dulce y la conversión de tierras.
GRI 101: Biodiversidad 2024
El estándar GRI 101 es la referencia global para reportar los impactos de una organización hacia el exterior, enfocándose en la transparencia ante múltiples partes interesadas (comunidades, ONG, empleados). A partir de enero de 2026, será obligatorio para las empresas que reportan bajo GRI, exigiendo detalles sobre sitios significativos en áreas de alta biodiversidad y los conductores directos de pérdida biológica.
La clave para los directivos es entender que estos marcos son complementarios: el análisis LEAP del TNFD genera los datos de geolocalización necesarios para cumplir con GRI 101 y establecer las bases de las metas del SBTN.
Estrategias en acción: soluciones basadas en naturaleza
Empresas globales ya están demostrando que la sostenibilidad es parte integrante del éxito empresarial, integrando la naturaleza en el centro de sus operaciones. • Apple y el Restore Fund: Con un compromiso total de 280 millones de dólares, Apple y socios como Goldman Sachs y TSMC han lanzado un fondo innovador que invierte en proyectos forestales para eliminar carbono de la atmósfera mientras genera un retorno financiero para los inversores. Sus proyectos van desde la restauración de secuoyas en California hasta esquemas de carbono azul en manglares de Colombia, los cuales pueden almacenar hasta 10 veces más carbono que los bosques terrestres. • L’Oréal y la regeneración: El Fondo L’Oréal para la Regeneración de la Naturaleza (50 millones de euros) tiene como meta ayudar a restaurar un millón de hectáreas de ecosistemas degradados y capturar hasta 20 millones de toneladas de CO2 para 2030, demostrando que la inversión en capital natural es económicamente atractiva y viable a largo plazo.
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42 • Unilever y la agricultura regenerativa: La compañía aplica sus principios de agricultura regenerativa en toda su cadena de suministro, utilizando tecnologías de vanguardia como el eDNA (ADN ambiental) para auditar la salud biológica del suelo y monitorear los perfiles de microorganismos. • IKEA e inversión forestal: Como el mayor consumidor de madera del mundo, IKEA es pionera en prácticas de silvicultura sostenible, reconociendo que preservar la biodiversidad es esencial para satisfacer la creciente demanda de productos ecológicos. • Suntory y la resiliencia hídrica: La firma invierte masivamente en la reposición de cuencas hidrográficas a través de su programa Natural Water Sanctuary, restaurando bosques montañosos que recargan naturalmente los acuíferos de los que se abastece.
América Latina: región de las soluciones y auge de la bioeconomía
América Latina y el Caribe poseen el patrimonio natural más extraordinario del mundo, albergando el 40% de la biodiversidad del planeta y el 10% de la misma solo en la cuenca del Amazonas. Sin embargo, la región también ha sufrido la contracción más severa de poblaciones de vida silvestre (94% entre 1970 y 2018). Frente a este desafío, líderes regionales proponen que la biodiversidad viva es la “principal moneda” y ventaja competitiva de América Latina. La riqueza natural debe tratarse como infraestructura económica estratégica, esencial para sectores como la energía, el agro y el turismo. Así, la bioeconomía emerge como una ruta estratégica para la transformación productiva de la región, permitiendo superar la trampa del crecimiento estancado y la baja diversificación. No se trata solo de producir bienes primarios, sino de impulsar la “mentefactura bioeconómica”: la aplicación de conocimiento científico e innovación para generar bioproductos de alto valor agregado a partir de recursos biológicos y biomasa residual. • Enfoques diversos: Argentina destaca en biotecnología agroindustrial; Brasil es referente en bioenergía y química verde; Costa Rica ha vinculado con éxito la biodiversidad con la bioprospección y el turismo sostenible; y Colombia, como uno de los países más biodiversos, tiene un
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43 potencial inmenso para desarrollar nuevas industrias basadas en el conocimiento de su flora y fauna. • Valorización de residuos: La economía circular en el sector agroalimentario (como el aprovechamiento de cáscaras de aguacate, residuos de café o conchas marinas) permite cerrar ciclos de materiales, reducir el impacto ambiental y generar nuevos flujos de ingresos en comunidades rurales. • Conocimiento ancestral: La integración de los saberes de los Pueblos Indígenas y comunidades locales es fundamental. La etnobotánica combinada con tecnología moderna puede transformar “plantas ancestrales en moléculas actuales” para las industrias farmacéutica y cosmética, siempre bajo esquemas de reparto justo de beneficios.
Nuevos Instrumentos Financieros para Cerrar la Brecha
A pesar de la urgencia, existe una brecha anual de financiamiento para la biodiversidad de aproximadamente 700 mil millones de dólares. Para llenarla, están surgiendo instrumentos financieros creativos que canalizan capital privado hacia la conservación: • Créditos de Biodiversidad: Unidades verificables y negociables de resultados de biodiversidad positivos (restauración o preservación). Se proyecta que este mercado crezca rápidamente, con modelos financieros que sugieren períodos de recuperación de capital (payback) de solo 3 a 4 años en proyectos de restauración a gran escala. • Bonos de conservación: El Banco Mundial lanzó el primer bono para la conservación de la fauna silvestre (150 millones de dólares) en Sudáfrica, dirigido a aumentar la población de rinocerontes negros. Es un modelo basado en resultados donde los inversores obtienen rentabilidad si se alcanzan las metas biológicas. • Canje de deuda por naturaleza: Mecanismos que permiten a los países reducir su carga de deuda externa a cambio de compromisos vinculantes de inversión en áreas protegidas o economía azul. • Finanzas combinadas (Blended Finance): El uso estratégico de capital público o filantrópico para reducir el riesgo de las inversiones en capital natural y atraer a inversores institucionales que requieren tasas de retorno competitivas.
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Métricas de precisión: medir lo que importa
Para que el capital natural sea invertible, debe ser medible. La ciencia está proporcionando herramientas cada vez más precisas para cuantificar la salud de los ecosistemas: • MSA (Mean Species Abundance Abundancia Media de las Especies): Mide la integridad local comparando la abundancia de especies originales con un estado de referencia intacto (ecosistemas de hace 300 años). Un valor de 1 representa un sistema totalmente intacto; actualmente, el indicador global terrestre se sitúa en un
preocupante 66%. • PDF (Potentially Disappeared Fraction of Species - Fracción de Especies Potencialmente Desaparecidas): Estima el riesgo de extinción derivado de presiones industriales. Varía de 0 (ninguna pérdida) a 1 (extinción total). • Tecnología de frontera: El uso de monitoreo por satélite (LiDAR), bioacústica impulsada por IA y secuenciación de eDNA permite una verificación en tiempo real de los resultados de biodiversidad, eliminando el riesgo de “greenwashing” y fortaleciendo la confianza del mercado.
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Hacia ciudades biodiversas y resilientes
La transición no es solo rural. En 2050, dos tercios de la población mundial vivirá en ciudades, lo que convierte a la planificación urbana en un campo de batalla crítico para la biodiversidad. La integración de servicios ecosistémicos en las ciudades —como humedales urbanos para filtrar agua, áreas verdes para reducir islas de calor y corredores biológicos— no solo mejora la calidad de vida y la salud mental de los ciudadanos, sino que incrementa la resiliencia climática y el valor económico de los inmuebles. En América Latina, la resolución sobre ciudades biodiversas y resilientes de ONUHabitat busca transformar los centros urbanos en motores de crecimiento verde, atrayendo inversiones sostenibles y generando empleo en sectores como el ecoturismo y la consultoría ambiental. La integración definitiva de la biodiversidad en las estrategias globales exige una transición ágil pero estructurada para los equipos directivos. La hoja de ruta hacia 2030 es clara: • Unificar la evaluación: Implementar el análisis LEAP del TNFD para identificar
dependencias e impactos en toda la cadena de valor. • Adoptar métricas científicas: Utilizar indicadores como el MSA para detectar degradación temprana antes de que se produzca una pérdida irreversible. • Coinvertir en regeneración: Pasar de la filantropía pasiva al codesarrollo de cadenas de valor bioeconómicas locales, demostrando que la regeneración ecológica y la eficiencia comercial son las dos caras de la misma moneda. Como bien señaló Sir David Attenborough al comentar la Revisión Dasgupta: “Al traer la economía y la ecología cara a cara, podemos ayudar a salvar el mundo natural y, al hacerlo, salvarnos a nosotros mismos”. El capital natural es el cimiento de toda nuestra riqueza; conservarlo y regenerarlo no es solo un imperativo moral, es la decisión financiera más inteligente de nuestra era. El presente artículo editorial se elaboró con base en información y análisis de organismos internacionales como el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial (WEF), la CEPAL, la UICN, el GRI y el TNFD, además de incorporar casos empresariales de compañías como Apple, L’Oréal y Unilever.
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LA ECONOMÍA CIRCULAR: MÁS ALLÁ DE LAS FALSAS SOLUCIONES
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l Gobierno de México a través de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), presentan la economía circular como la solución definitiva a la gran cantidad de basura que podemos ver día a día en nuestras calles, ríos, basureros clandestinos y rellenos sanitarios. Sin embargo, la economía circular no consiste únicamente en gestionar mejor la basura. Recordemos que, de acuerdo con los expertos, la economía circular busca reducir al mínimo la extracción de recursos y la generación de residuos, manteniendo los materiales y productos en uso el mayor tiempo posible. Los principios de la economía circular son: diseñar para evitar generar desechos, mantener los materiales en uso y regenerar los sistemas naturales. Un concepto clave cuando hablamos de economía circular es el ciclo de vida. El ciclo de vida de los productos empieza con la obtención de su materia prima y termina con la forma en que se “desechan” después de su vida útil o, en el mejor de los casos, permanecen o entran a nuevos ciclos. Las soluciones propuestas desde el gobierno mexicano y la industria, hasta el momento, están enfocadas en las últimas etapas de los ciclos de vida. Por eso, parece que sólo se trata de una forma más adornada de llamar al reciclaje, pero la economía circular va más allá de eso. No obstante, el gobierno actual publicó a inicios de año en el Diario Oficial de la Federación (DOF) la Ley General de Economía Circular, la cual, desde el punto de vista de Greenpeace México, no representa una verdadera economía circular, ya que incorpora la valorización energética, la quema de residuos para generar energía, entre las alternativas para la gestión de los residuos. Una práctica que contradice la jerarquía de residuos al privilegiar su aprovechamiento antes que su prevención. Además, esta iniciativa busca sentar las bases para legitimar proyectos que el Gobierno federal ya impulsa en todo el país. Uno de estos proyectos es el Parque de Economía Circular de San José Chiapa, el cual ha generado un fuerte rechazo social debido a la forma en que se ha impulsado sobre las comunidades. Este proyecto retoma una propuesta
Por: Irving García
Campañista de Greenpeace.
que anteriormente fue rechazada en Hidalgo debido a los impactos ambientales y sociales negativos que ocasionaría en el territorio. El rechazo hacia este tipo de instalaciones que impliquen residuos es totalmente entendible, especialmente cuando suponen la quema de desechos, ya que pueden generar contaminantes altamente tóxicos que representan un riesgo para la salud de las personas y el medio ambiente. Además, el modelo impulsado por la gran industria plástica ha convertido en zonas de sacrificio lugares donde se promocionan las nuevas tecnologías de gestión de residuos, como en su momento pasó con los rellenos sanitarios y ahora con el Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar o Parques de Economía Circular. No necesitamos Parques de Economía Circular que quemen residuos. Lo que necesitamos es una verdadera economía circular capaz de reducir la generación de residuos desde el origen y transformar la forma en que producimos y consumimos.
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Una verdadera economía circular nos da la oportunidad de pensar en rediseñar, crear sistemas para reparar, remanufacturar y reusar. Desafortunadamente, industria y gobierno están pensando en reciclar y quemar plásticos antes de agotar las demás instancias. Cada herramienta se puede utilizar en distintas etapas del ciclo de vida. Lo más efectivo es actuar al inicio, pues desde ahí se pueden elegir materiales menos problemáticos, dejar de utilizar sustancias tóxicas y hacer cambios reales. Sin embargo, estamos viviendo el desarrollo de grandes megaproyectos que solo buscan poner un parche a un sistema desbordado, diseñado para desechar y producir más allá de los límites de nuestro planeta con grandes beneficiados privados: la industria del plástico y la industria fósil. Desde Greenpeace México hemos impulsado soluciones de raíz para enfrentar
la crisis por contaminación plástica a lo largo de todo su ciclo de vida, buscando prohibir la producción de plásticos de un solo uso. Eliminar la producción de plásticos de un sólo uso se coloca ante otras opciones con una mayor efectividad. Para hacer posible el reciclaje, los plásticos requieren separarse de los demás residuos y llevarlos limpios para someterlos a un proceso industrial de transformación. En este proceso, se generan aguas residuales con una mezcla de químicos y microplásticos, siendo que ni siquiera significa una solución para mantener los materiales en uso. El plástico no se puede reciclar indefinidamente sin que pierda sus propiedades y, en cualquiera de sus transformaciones a partir del reciclaje, las sustancias tóxicas que se utilizan en la producción del plástico seguirán estando ahí. Es decir, no hay una solución disponible en etapas posteriores, por lo que la única solución es dejar de utilizarlas. Los plásticos que no se pueden reciclar no deben quemarse, sino deben dejar de utilizarse o rediseñarse para no ser desechables. Solucionar la contaminación plástica no está en gestionarla, está en prevenirla.
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Por ello, que los productores se hagan responsables de todo el ciclo de vida de sus productos es necesario y, sin duda, creará nuevas oportunidades y empleos que actualmente podrían estar fuera de nuestra imaginación. La economía circular no es un punto al cual llegar, sino que implica un medio que puede ayudarnos a diseñar futuros donde vivir de manera digna sea posible, en entornos libres de contaminantes y sustancias tóxicas derivadas de la contaminación plástica. Tampoco depende de grandes innovaciones tecnológicas. Las soluciones existen, y han estado ahí por miles de años, en manos de los pueblos originarios y sus conocimientos ancestrales. La milpa, por ejemplo, es un gran ejemplo de circularidad. Al mismo tiempo, nos queda ver dentro de nuestras comunidades. Ya existen ejemplos de personas llevando sus recipientes para comprar a sus comercios locales, y no es raro que a modo de agradecimiento te cobren menos o te den pilón. Los negocios de reparación de calzado y electrodomésticos son una tradición en la mayoría de los
barrios de México. Nunca hemos tenido que esperar grandes soluciones que vengan desde arriba y ahora menos. Es tiempo de mostrar que ya existen soluciones viables que funcionan y que ya se está haciendo. Es tiempo de que intercambiemos experiencias, que hagamos equipo para convertir a nuestras vecinas y vecinos partícipes de nuevas economías que no contaminen, de resistir a los megaproyectos llenos de falsas soluciones y de tener negocios locales libres de plásticos de un sólo uso. Desde Greenpeace México seguiremos exigiendo al Gobierno de México, a la Semarnat y a las grandes empresas que abandonen las falsas soluciones, y promuevan una verdadera economía circular y responsabilidad extendida del productor.
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EL TALENTO YA NO SE CONQUISTA CON LOGOTIPOS VERDES: SE CONQUISTA CON RESULTADOS Los mejores especialistas eligen empresas con desempeño ambiental alto y verificable, y descartan a las que practican greenwashing
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ay una escena que se repite cada vez con más frecuencia en las entrevistas de trabajo y que seguirá pasando. El reclutador termina sus preguntas, cede la palabra y la candidata —una ingeniera brillante, con maestría en energías renovables y tres ofertas sobre la mesa— pregunta sin rodeos: “¿Cuál es la huella de carbono de esta empresa y quién la verifica?”. El silencio que a veces sigue a esa pregunta dice más que cualquier informe anual. La entrevista se invirtió. Hoy, los mejores especialistas no solo compiten por un puesto: evalúan si la empresa merece su talento. Y en esa evaluación, la sostenibilidad dejó de ser un accesorio reputacional para convertirse en un filtro de entrada.
Los datos confirman el cambio de era
Las cifras son contundentes. Según el estudio del IBM Institute for Business Value, dos de cada tres personas están más dispuestas a postularse (67%) y a aceptar (68%) empleos en organizaciones que consideran ambientalmente sostenibles. Más revelador aún: una de cada tres personas que cambiaron de trabajo aceptó un salario menor por incorporarse a una
organización sostenible o socialmente responsable, con una reducción promedio de 28%. La Encuesta Global Gen Z y Millennials 2025 de Deloitte, aplicada a más de 23,000 jóvenes en 44 países, refuerza la tendencia: alrededor de nueve de cada diez consideran que el sentido de propósito es determinante para su satisfacción laboral, y una proporción significativa ha cambiado —o planea cambiar— de empleo o de sector por preocupaciones ambientales. No es idealismo pasajero: estas generaciones representarán cerca de tres cuartas partes de la fuerza laboral global hacia 2030.
Datos Importantes
• 67% de las personas está más dispuesta a postularse a empresas ambientalmente sostenibles (IBM IBV). • 1 de cada 3 personas que cambió de empleo aceptó ganar menos por trabajar en una organización sostenible (IBM IBV). • 89% de la Generación Z afirma que el propósito es clave para su satisfacción laboral (Deloitte, 2025). • 53% de las afirmaciones ecológicas analizadas por la Comisión Europea resultaron vagas, engañosas o infundadas.
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Por: Guadalupe Montenegro
Especialista ambiental en Harbour Energy.
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El radar antigreenwashing del nuevo talento
Aquí está el matiz que muchas empresas todavía no entienden: no basta con “tener nociones” de sostenibilidad. El talento especializado sabe leer un informe de emisiones, distingue entre alcance 1, 2 y 3, y reconoce cuando una meta de “carbono neutralidad” se sostiene únicamente en compensaciones. La Comisión Europea documentó que el 53% de las afirmaciones ecológicas examinadas eran vagas, engañosas o infundadas, y que el 40% carecía de evidencia. Ese diagnóstico, hecho para proteger a consumidores, hoy lo aplican también los candidatos: investigan, comparan y descartan. El greenwashing, además de un riesgo legal y reputacional, se convirtió en un repelente de talento. Una empresa que presume campañas verdes mientras sus indicadores ambientales se estancan no solo pierde clientes: pierde a las ingenieras, financieras y científicas que podrían transformarla. Y en sectores como el energético mexicano —donde la transición exige perfiles técnicos escasos y donde las mujeres siguen subrepresentadas— ahuyentar talento por
incongruencia es un lujo que nadie puede pagar.
Lo que buscan quienes pueden elegir
Los especialistas de alto desempeño no piden perfección: piden desempeño ambiental verificable y trayectoria creíble. En la práctica, evalúan señales concretas: • Metas basadas en ciencia, con líneas base públicas y avances medibles año con año. • Verificación externa: auditorías independientes, certificaciones reconocidas y reportes alineados a estándares internacionales. • Presupuesto y gobernanza: que la sostenibilidad tenga recursos, personal y asiento en la dirección, no solo un espacio en el sitio web. • Congruencia interna: eficiencia energética real en operaciones, cadena de suministro evaluada y decisiones de negocio consistentes con el discurso. • Equidad como parte del desempeño: equipos diversos y mujeres en posiciones de decisión, porque una transición justa también se mide en quién la lidera.
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La buena noticia para las empresas mexicanas
Para las organizaciones que hacen la tarea, este escrutinio es una ventaja competitiva. El desempeño ambiental alto funciona como un imán silencioso: atrae a quienes quieren que su trabajo cuente, reduce la rotación y construye equipos capaces de anticipar la regulación en lugar de padecerla. En un mercado laboral donde los perfiles verdes escasean, la credibilidad ambiental es la mejor estrategia de atracción de talento que existe. Volvamos a aquella entrevista. La pregunta de la ingeniera no era una trampa: era una invitación. Las empresas que puedan responderla con datos, metas y resultados no tendrán que salir a buscar a los mejores especialistas. Serán ellos —y sobre todo ellas— quienes toquen la puerta.
Fuentes: IBM Institute for Business Value, Balancing sustainability and expectations (2022); Deloitte Global Gen Z and Millennial Survey (2025); Comisión Europea, estudio sobre afirmaciones ambientales (2020).
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HAMBRE CERO Los sistemas que harán posible alimentar al mundo. Juan Carlos Chávez
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a alimentación del planeta enfrenta una presión sin precedentes. Factores como el cambio climático, el crecimiento demográfico, la degradación de los recursos naturales, las interrupciones en las cadenas de suministro y la demanda de una mayor innovación tecnológica han convertido la seguridad alimentaria en un desafío que trasciende al sector agropecuario. Con este panorama, Women’s Energy and Sustainability Summit (WESS) 2026 centrará su próxima edición en el tema “Planeta Hambre Cero: Los sistemas que harán posible alimentar al mundo”, a celebrarse el 8 de septiembre de 2026 en Marriott Mexico City Reforma, y con el objetivo de reunir a especialistas, empresas, gobiernos y organismos internacionales para impulsar soluciones de alcance global.
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La propuesta del encuentro parte de una visión integral: la seguridad alimentaria depende de mucho más que la producción agrícola. Elementos como la disponibilidad de energía, el acceso al agua, la infraestructura, la logística, la innovación tecnológica, la inteligencia artificial y el financiamiento sostenible conforman un ecosistema indispensable para garantizar alimentos suficientes y accesibles. Desde esta perspectiva, WESS 2026 busca generar un espacio de diálogo donde estos sectores converjan para diseñar estrategias que fortalezcan la resiliencia de los sistemas alimentarios a escala mundial.
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Un reto que exige acción colectiva
WESS 2026 pone el foco en una problemática que impacta la salud, el bienestar y el desarrollo sostenible de millones de personas. Aunque la tecnología y los sistemas productivos avanzan, aún existen barreras que limitan el acceso a alimentos nutritivos, suficientes y justos. Frente a este escenario, WESS 2026 convocará a líderes empresariales, autoridades, organismos internacionales, representantes de la academia, inversionistas y sociedad civil para debatir alternativas que permitan fortalecer las estructuras encargadas de producir y distribuir alimentos. El encuentro plantea que la transición energética, la transformación digital, la automatización, la inteligencia artificial, las finanzas sostenibles y las políticas públicas deben avanzar de forma articulada para impulsar sistemas alimentarios más resilientes, productivos y sostenibles. Los paneles analizarán la transformación de los sistemas alimentarios globales; el papel de la infraestructura energética, hídrica y logística como base de la seguridad alimentaria; la aplicación de inteligencia artificial, analítica avanzada y tecnologías digitales en la producción y distribución de alimentos; los mecanismos de financiamiento necesarios para escalar soluciones; y la importancia de contar con marcos regulatorios y políticas públicas que impulsen la colaboración entre los distintos sectores. Tras dedicar sus ediciones anteriores al cambio climático, el uso de los recursos naturales y la crisis hídrica, el encuentro plantea ahora que alcanzar el objetivo de Hambre Cero dependerá de la capacidad de gobiernos, empresas, centros de investigación e inversionistas para construir, de manera conjunta, los sistemas que harán posible alimentar al mundo en las próximas décadas.
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WESS 2026 PREMIARÁ LA INNOVACIÓN EN SEGURIDAD ALIMENTARIA La convocatoria para los Premios WESS se halla aquí: https://wessummit.com/ postulacion-wess-2026/
Con esta perspectiva, WESS 2026 llevará a cabo una nueva edición de sus reconocimientos para distinguir a las iniciativas que están contribuyendo a transformar la manera en que el mundo produce, distribuye y garantiza el acceso a los alimentos. La ceremonia formará parte de las actividades oficiales del summit, poniendo en el centro a quienes impulsan soluciones innovadoras para fortalecer la seguridad alimentaria. A lo largo de sus distintas ediciones, WESS ha evolucionado hasta convertirse en un punto de encuentro para líderes empresariales, autoridades, organismos internacionales, instituciones académicas, inversionistas y organizaciones de la sociedad civil comprometidos con el desarrollo sostenible. Después de analizar temas como el cambio climático, la conservación de los recursos naturales y la crisis del agua, la edición 2026 dirigirá su atención a los sistemas alimentarios y a las estrategias que serán determinantes para alimentar de forma sostenible a una población mundial en crecimiento.
Greentology • Agosto | 2026
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10 categorías, 10 soluciones
Así, la edición “Planeta Hambre Cero” de WESS incorporará una premiación con diez categorías para distinguir proyectos e iniciativas que ya están generando un impacto real en la forma de producir, distribuir y garantizar el acceso a los alimentos. Estas diez categorías reflejan la complejidad de este desafío global. Se reconocerán proyectos en Producción Sostenible y Regenerativa; Tecnología e Inteligencia Artificial; Agua, Energía e Infraestructura; Logística y Cadenas de Suministro; Innovación Alimentaria y Nutricional; Políticas Públicas, Gobernanza y Cooperación; Economía Circular y Reducción del Desperdicio; Impacto Social y Seguridad Alimentaria; Educación, Cultura y Conciencia Alimentaria, así como un reconocimiento especial denominado Impacto Global: Planeta Hambre Cero. La estructura de la premiación responde a una idea central del summit: ningún sector, por sí solo, puede resolver el desafío alimentario. Garantizar que millones de personas tengan acceso a alimentos suficientes y nutritivos requiere fortalecer las cadenas de suministro, modernizar la infraestructura, aprovechar la inteligencia artificial, movilizar inversiones y diseñar políticas públicas capaces de generar sistemas más resilientes y eficientes. La intención es que estos casos inspiren nuevas alianzas, impulsen la innovación y aceleren la adopción de modelos capaces de responder a los retos alimentarios de un mundo que continúa creciendo. Además de la entrega de reconocimientos, WESS 2026 reunirá durante todo el día a líderes empresariales, especialistas, autoridades y representantes de organismos internacionales en cinco paneles dedicados a la seguridad alimentaria, la infraestructura, la inteligencia artificial, el financiamiento y la gobernanza. Con ello, el summit busca consolidarse como un espacio donde las ideas se convierten en alianzas y las alianzas en acciones capaces de fortalecer los sistemas que alimentarán al mundo.
Greentology • Agosto | 2026
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SEMANA AMBIENTAL COTEMAR
GreenCorp
CUANDO LA
SOSTENIBILIDAD SE CONVIERTE EN
CULTURA L a sostenibilidad empresarial adquiere verdadero sentido cuando deja de ser un concepto asociado únicamente con reportes, indicadores o campañas institucionales y comienza a formar parte de las decisiones y hábitos cotidianos. Bajo esa visión, Grupo Cotemar México ha encontrado en su Semana Ambiental Cotemar una plataforma para acercar la agenda ambiental a sus colaboradores, sus familias y las comunidades con las que mantiene relación. Más que concentrar actividades alrededor del Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio), la iniciativa busca generar participación y convertir la conciencia ambiental en una práctica que pueda mantenerse durante todo el año. En su edición más reciente, la estrategia involucró a 362 colaboradores y permitió recolectar tres toneladas de residuos en jornadas de limpieza de playas, además de incorporar acciones de educación ambiental, biodiversidad y eficiencia energética. Estos resultados también forman parte del Informe de Sostenibilidad 2025 de la compañía. El planteamiento se encuentra alineado con una estrategia corporativa más amplia. En este sentido, Cotemar señala que, su gestión ambiental contempla aspectos como energía, emisiones, agua y residuos, además de la conservación de los recursos naturales y la prevención de impactos derivados de sus operaciones. La empresa también mantiene un Sistema de Gestión Ambiental basado en estándares como ISO 14001.
La biodiversidad como punto de encuentro
Uno de los elementos que distingue a la Semana Ambiental es que lleva la conversación sobre sostenibilidad a experiencias concretas. En lugar de limitarse a sesiones informativas, las actividades buscan que los participantes tengan contacto directo con el entorno y comprendan la relación entre las operaciones, los ecosistemas y las decisiones individuales.
Greentology • Agosto | 2026
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El Festival de Aves es un ejemplo de esta estrategia. Cotemar cuenta con registros de especies presentes en sus instalaciones, en seguimiento a la NOM-059-SEMARNAT-2010, y utiliza este conocimiento para acercar a sus colaboradores y familias a la observación de la biodiversidad. La iniciativa también incorporó la entrega de plantas en diferentes sedes, con una intención que va más allá de generar áreas verdes dentro de las instalaciones: trasladar el mensaje ambiental a los hogares y espacios cotidianos de quienes forman parte de la organización. Este tipo de acciones cobra relevancia dentro de una estrategia que contempla la protección de ecosistemas como uno de sus componentes. Cotemar reporta, entre otras acciones, áreas destinadas a la conservación y restauración de hábitats, así como alianzas con organizaciones y comunidades locales.
Del colaborador al ciudadano ambiental
La apuesta de Cotemar también parte de una idea cada vez más relevante para las estrategias ESG: los cambios dentro de una empresa difícilmente pueden sostenerse si no existe apropiación por parte de las personas que forman parte de ella. Por ello, la Semana Ambiental involucra a distintas áreas de la organización. La alta dirección, el Comité ESG y equipos como Capital Humano, Comunicación Organizacional, Finanzas, Construcción y Mantenimiento y Operaciones Marinas participan en la planeación y ejecución de las actividades. El componente educativo se extiende incluso fuera de las instalaciones corporativas. Como parte de la agenda de eficiencia energética, se desarrollaron actividades dirigidas a estudiantes para compartir recomendaciones que permitan reducir consumo, costos y emisiones en la vida diaria. Paralelamente, los especialistas HSEQ de las operaciones reciben capacitación relacionada con estos temas. La lógica es sencilla: si el conocimiento ambiental permanece únicamente dentro de las oficinas o instalaciones operativas, su impacto es limitado. Cuando llega a los hogares, las escuelas y las comunidades, puede multiplicarse.
Greentology • Agosto | 2026
Un reto que también está costa afuera
Para una empresa con operaciones terrestres y marinas, construir una cultura ambiental homogénea implica desafíos particulares. Uno de ellos es alcanzar a los colaboradores que trabajan costa afuera y que desarrollan sus actividades bajo esquemas de rotación. La primera edición de la Semana Ambiental, realizada en 2025, permitió involucrar al personal en tierra de Ciudad del Carmen, incluyendo instalaciones como el patio de construcción y el muelle de embarcaciones. En la edición posterior se avanzó en la incorporación de instalaciones marinas, aunque la meta de la compañía continúa siendo ampliar la participación hasta alcanzar a toda su plantilla. Este punto es especialmente relevante porque la sostenibilidad en el sector energético no puede analizarse únicamente desde las instalaciones corporativas. La actividad industrial convive con ecosistemas terrestres y marinos que requieren estrategias de prevención, conservación y gestión de impactos.
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Sergio Pérez Villaseñor, líder de la Academia de Diseño de Iluminación en Grupo Construlita.
LA LUZ COMO PROTA DEL BIENESTAR ARQUITECTÓNICO EN Greentology • Agosto | 2026
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AGONISTA R: DISEÑO N MÉXICO Por: Juan Carlos Chávez
Greentology • Agosto | 2026
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entro del ecosistema de la arquitectura contemporánea, existe un elemento que suele ser invisible hasta que su ausencia o mala ejecución se vuelve intolerable: la luz. Históricamente relegada a una partida técnica o un “mal necesario” al final del presupuesto, la iluminación hoy reclama su lugar como una disciplina científica, artística y, sobre todo, de salud pública. Para comprender la magnitud de este cambio de paradigma, conversamos en exclusiva con Sergio Pérez Villaseñor, Líder de la Academia de Diseño de Iluminación en Grupo Construlita. Con una visión que fusiona la maestría técnica con la sensibilidad humana, el arquitecto nos guía por un recorrido que va desde las neuronas hasta la seguridad en las calles mexicanas, pasando por el imperativo de actualizar un marco regulatorio que se ha quedado en la sombra del siglo pasado.
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La luz como experiencia sensorial y biológica
La iluminación ha dejado de ser un asunto meramente funcional. Ya no se trata solo de “encender el foco” para ver el camino; se trata de cómo esa fuente de energía interactúa con nuestra biología. Sergio Pérez es enfático al señalar que la luz es la base de nuestra percepción espacial. “La iluminación es el alma del espacio. Partimos del hecho más fundamental: sin luz, simplemente no vemos nada. Sin embargo, no se trata solo de iluminar por iluminar. No es lo mismo entrar en un espacio lúgubre que en uno diseñado con intención. Hoy hablamos de neuroarquitectura, una disciplina que estudia cómo el diseño de los espacios —y muy especialmente la iluminación— afecta de manera neurológica y fisiológica al ser humano. Está demostrado de forma irrefutable que una iluminación adecuada mejora drásticamente las condiciones de salud y productividad”.
Esta relación entre luz y salud no es metafórica. Existen patologías físicas concretas derivadas de una mala elección tecnológica. El parpadeo, o flicker, presente en luminarias de baja calidad, puede ser imperceptible para el ojo humano, pero el cerebro lo procesa, desencadenando crisis de migraña, fatiga visual y niveles elevados de estrés crónico en ambientes de oficina. Incluso la ergonomía se ve comprometida. Un espacio de trabajo con sombras mal proyectadas o niveles lumínicos insuficientes obliga al trabajador a adoptar posturas antinaturales. “Una mala iluminación en un centro de trabajo puede forzar al usuario a adoptar una posición jorobada, tensando involuntariamente los hombros y la espalda. Esto genera un estrés físico innecesario que se suma a la carga laboral diaria. En última instancia, la iluminación y la tecnología deben estar al servicio del ser humano, y no nosotros adaptándonos a una infraestructura deficiente”.
Greentology • Agosto | 2026
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El impacto social: seguridad y precisión estética
El diseño de iluminación trasciende los muros de los edificios para convertirse en una herramienta de política social. En un contexto como el de México, la iluminación urbana se erige como la primera línea de defensa contra la criminalidad. Una calle correctamente iluminada elimina los nichos de inseguridad y altera positivamente la percepción del ciudadano. Por otro lado, en el ámbito de la apreciación estética y comercial, la precisión técnica es vital. El Índice de Reproducción Cromática (CRI) es el estándar que define si veremos los colores como realmente son o como una versión deslavada de la realidad. “Un museo, por ejemplo, no puede iluminarse con cualquier fuente. Si la iluminación es demasiado intensa, la obra se desgasta físicamente; pero si la fuente de luz no tiene la capacidad de reproducir los colores de manera fidedigna, una obra maestra como la Mona Lisa podría percibirse casi en blanco y negro. Este mismo fenómeno ocurre en el retail: compramos una prenda que luce espectacular bajo las luces de la tienda, pero al salir a la calle o ir a la oficina, los colores se ven apagados o con tonalidades completamente distintas. La luz tiene el poder de transformar la percepción de la realidad”.
El error histórico: la iluminación como “el último detalle”
Uno de los puntos más críticos de la entrevista con el líder de Grupo Construlita fue la denuncia de una práctica común en la construcción: dejar la iluminación para el final, cuando el presupuesto ya es escaso. Sergio recuerda que los grandes maestros de la arquitectura mexicana, como Juan O’Gorman o Luis Barragán, integraban la luz desde el primer trazo del proyecto. “El error más grande al diseñar cualquier edificio es no pensar en la iluminación desde su concepción. Es un tema cultural. Hoy en día, la iluminación es esa partida del presupuesto que se deja al final. Cuando llegamos a esa etapa, el dinero ya se gastó en otros rubros y se sacrifica la visión original del arquitecto. Lo que muchas veces se trata como una simple ingeniería eléctrica, debería ser considerado el pilar del diseño. ¿De qué sirve invertir millones en acabados de lujo o pinturas costosas si, debido a una mala iluminación, nadie puede apreciarlos?”. Esta falta de planificación no solo arruina la estética, sino que atenta contra la sustentabilidad. Cuando un proyecto no contempla la luz desde el inicio, las correcciones posteriores implican derribar muros, desperdiciar materiales ya instalados y conformarse con soluciones mediocres que no permiten optimizar el consumo de watts por metro cuadrado.
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Hacia el Human Centric Lighting y el control inteligente
Por otra parte, la industria global está abrazando el concepto Human Centric Lighting (HCL). Este enfoque busca emular el ciclo natural del sol para regular nuestros ritmos circadianos, mejorando el sueño por la noche y el enfoque durante el día. Para lograr esto, la tecnología es la gran aliada. Grupo Construlita ha desarrollado ecosistemas como Construlita Connect, que integran el Internet de las Cosas (IoT) para una gestión profesional de la luz. “Hemos pasado de la optimización de recursos y la eficiencia del LED al control inteligente. Con sistemas como Construlita Connect, no solo programamos escenas o atenuamos luces; podemos gestionar de manera remota todo el tablero eléctrico desde un dispositivo móvil. Esto permite ahorros energéticos que pueden llegar hasta el 65% en proyectos específicos. Además, en el sector industrial, integramos sensores de líquidos que pueden cerrar circuitos ante una fuga, protegiendo maquinaria costosa y garantizando la seguridad operativa”. La sustentabilidad en la iluminación moderna también implica combatir la contaminación lumínica y cumplir con estándares internacionales como LEED, EDGE y WELL. Para ello, el Centro de Diseño de Iluminación (CDI) de Construlita pone a disposición de los desarrolladores a un equipo de expertos que aseguran que cada proyecto cumpla con estas certificaciones globales. Quizás el obstáculo más grande para el progreso de la iluminación en México es la obsolescencia de sus normas. Sergio Pérez destaca que la NOM-025STPS-2008, que regula la iluminación en centros de trabajo, no ha sido actualizada en casi dos décadas, basándose en tecnologías hoy consideradas obsoletas y peligrosas. “México tiene un rezago normativo importante. Contamos con una norma para espacios de trabajo que tiene casi diez años de antigüedad y que fue pensada para tecnologías fluorescentes. Esas lámparas no solo son ineficientes, sino que son altamente tóxicas; romper un solo foco fluorescente puede contaminar miles de litros de agua. Mientras países como Chile lanzan normativas modernas contra la contaminación lumínica urbana, nosotros seguimos operando con bases mínimas que no reflejan la realidad tecnológica del LED ni de los sistemas de control actuales”. Para Pérez Villaseñor, la solución no vendrá de un solo frente. La actualización del marco legal requiere una sinergia profunda que hoy parece fragmentada.
“La actualización de las normas no puede ser una tarea exclusiva del gobierno. Se requiere una convocatoria abierta y una colaboración tripartita entre las autoridades, las cámaras empresariales y las asociaciones de especialistas. Ninguno de estos actores posee por sí solo la visión completa ni el conocimiento técnico necesario para redactar regulaciones que realmente respondan a las necesidades del siglo XXI”.
La Academia de Iluminación: profesionalizando la industria
Ante el panorama de que “la gente no sabe que no sabe”, Grupo Construlita decidió tomar el liderazgo educativo con su Academia de Diseño de Iluminación. Este espacio busca profesionalizar a todos los actores involucrados en la cadena de valor: desde los vendedores hasta los arquitectos, ingenieros civiles y tomadores de decisiones. “La Academia nació para visibilizar estas necesidades que la arquitectura convencional a veces explora poco. Todos los que formamos parte de este proyecto somos arquitectos con especialidades, diplomados o maestrías en iluminación. Nuestra misión es expandir este conocimiento a todos los rincones del país. En los últimos tres años, hemos capacitado a más de 10,000 personas, ofreciendo desde cursos introductorios hasta talleres especializados para diseñadores de interiores y paisajistas”. El impacto de esta iniciativa es nacional, buscando que el conocimiento técnico llegue a cada estado y que la iluminación deje de ser vista como un accesorio para entenderse como una disciplina de rigor científico. Así, la entrevista con Sergio Pérez Villaseñor deja una conclusión clara: la iluminación es un derecho humano vinculado a la salud, la seguridad y el bienestar. México cuenta con el talento creativo y la infraestructura tecnológica necesaria para liderar la región; sin embargo, el cambio debe empezar en la consciencia de los desarrolladores y en la voluntad de los legisladores. Invertir en diseño de iluminación no es un gasto estético; es una inversión en capital humano, en eficiencia operativa y en respeto al medio ambiente. La luz es la que define el espacio que habitamos, y es responsabilidad de todos asegurar que esa luz sea de la más alta calidad posible. Como bien señala la Academia de Construlita, es momento de que dejemos de adaptarnos a la oscuridad y permitamos que la tecnología se adapte, finalmente, a nosotros. Greentology • Agosto | 2026