P RI M E R A RE VI STA EN MÉ XI C O, L I B RE DE C O₂
Año 22 No. 252 AGOSTO 2026
BIOENERGÍA 2030:
nueva generación en combustibles
WOMEN ENERGY
&
ABC Energético
BIOENERGÍA: LA TRANSICIÓN QUE TAMBIÉN NACE DE LA TIERRA Estimados lectores, La transición energética suele asociarse con grandes parques solares, aerogeneradores cada vez más eficientes, hidrógeno verde o sistemas avanzados de almacenamiento. Sin embargo, existe una revolución silenciosa que durante muchos años permaneció relegada a un segundo plano y que hoy comienza a ocupar el lugar que merece dentro de las estrategias globales de descarbonización: la bioenergía. Esta edición de Energía Hoy busca precisamente poner sobre la mesa esa conversación que ya no puede seguir postergándose. Los biocombustibles representan mucho más que una alternativa tecnológica para sustituir parcialmente a los combustibles fósiles. Constituyen una oportunidad para replantear la relación entre energía, industria, agricultura, economía circular y desarrollo regional. Como abordamos en nuestro reportaje de portada, México cuenta con una riqueza excepcional en recursos biológicos, capacidad científica y disponibilidad de residuos agroindustriales que podrían convertir al país en uno de los actores más relevantes de esta nueva etapa energética. La discusión internacional también ha evolucionado. Hace apenas unos años el debate giraba alrededor de la competencia entre biocombustibles y producción de alimentos. Hoy, gracias al desarrollo de nuevas generaciones de biomasa, al aprovechamiento de residuos forestales, urbanos, agroindustriales e incluso microorganismos, la conversación se orienta hacia modelos de bioeconomía capaces de reducir emisiones, fortalecer la seguridad energética y promover economías circulares más eficientes. Los biocombustibles ya no son únicamente un combustible alternativo; forman parte de una estrategia integral para descarbonizar aquellos sectores donde la electrificación aún enfrenta importantes limitaciones. A nivel global, industrias como la aviación, el transporte marítimo, la logística pesada y diversos procesos industriales requieren soluciones con alta densidad energética que difícilmente podrán electrificarse en el corto plazo. Es justamente ahí donde el bioetanol, el biodiésel, el biometano y los combustibles sostenibles para la aviación comienzan a consolidarse como piezas fundamentales de la transición energética. Lejos de competir con otras tecnologías limpias, complementan una matriz energética cada vez más diversificada, resiliente e inteligente. Para México, además, la bioenergía representa una oportunidad de desarrollo económico con un profundo impacto social. El fortalecimiento de cadenas productivas rurales, la valorización de residuos agrícolas, la generación distribuida mediante biogás y la posibilidad de llevar energía moderna a comunidades alejadas convierten esta tecnología en una herramienta de inclusión y bienestar. Desde Energía Hoy creemos que la transición energética no debe entenderse como una competencia entre tecnologías, sino como la construcción de un ecosistema donde cada solución aporte aquello para lo que fue diseñada. PRESIDENTA & CEO SMART MEDIA GROUP CONNECTING BRANDS
EDITORIAL
LA ENERGÍA TAMBIÉN SE CONSTRUYE CON DIÁLOGO Estimados lectores.
Juan Carlos Chávez Director editorial de Energía Hoy
Hay ediciones de una revista que terminan organizándose alrededor de un solo tema. Y hay otras —como esta— que parecen recordarnos que el sector energético nunca depende de una única respuesta. Cada historia, cada entrevista y cada análisis publicado en estas páginas apunta hacia una misma conclusión: la transformación energética será necesariamente multidimensional. Nuestra portada dedicada a los biocombustibles ilustra perfectamente esa realidad. Durante muchos años se les consideró una alternativa secundaria frente a otras tecnologías de bajas emisiones. Sin embargo, hoy comienzan a ocupar un papel estratégico dentro de la conversación internacional sobre descarbonización. Ya no se habla únicamente de producir combustibles diferentes, sino de aprovechar residuos, impulsar economías circulares, fortalecer la seguridad energética y generar nuevas oportunidades para el campo mexicano y para la industria nacional. Y para la realización de este especial editorial, contamos con la participación del IER de la UNAM, Grupo CIITA y Biomovilidad.org Pero esa transformación no puede ocurrir de manera aislada. También requiere espacios donde los distintos actores aprendan a construir acuerdos. Por ello, en esta edición conversamos con los impulsores de la Segunda Cumbre de Energía, César Reyes y Ciro di Constanzo de Cumbres HUB, quienes sostienen que el principal reto del país no es la falta de recursos, sino la capacidad para alinear al gobierno, la industria, la academia y la sociedad en torno a objetivos comunes. Por otra parte, La innovación tecnológica también ocupa un lugar central en nuestras páginas. Mientras la inteligencia artificial redefine la economía mundial, los centros de datos enfrentan un desafío pocas veces visible: el enorme consumo energético asociado al enfriamiento de sus infraestructuras; una colaboración de Schneider Electric. Al mismo tiempo, la eficiencia energética continúa confirmándose como el recurso más accesible y rentable para reducir emisiones. La conversación con el director general del FIDE, Mtro. José Antonio Urteaga Dufour, nos recuerda que la energía debe administrarse como un verdadero factor estratégico de producción. Ahorrar energía no significa renunciar al crecimiento; significa utilizar mejor los recursos disponibles para incrementar competitividad, reducir costos y construir un desarrollo más sostenible. Esta edición busca precisamente ofrecer esa visión amplia. La transición energética no será producto de una sola tecnología, de una única reforma o de un único sector industrial. Será el resultado de miles de decisiones coordinadas, de innovación permanente y, sobre todo, de la capacidad para construir consensos en un entorno cada vez más complejo. Gracias, una vez más, por acompañarnos. Esperamos que estas páginas no solo informen, sino que también inviten a reflexionar sobre el momento histórico que vive el sector energético. Porque, al final, el futuro de la energía no se escribe únicamente con nuevas tecnologías; se escribe con las decisiones que tomemos hoy.
AGOSTO 2026 AÑO 22 No. 252
02
EDITORIAL
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FRASES CON ENERGÍA
ENERGY & KNOWLEDGE
08
ABC ENERGÉTICO AL FILO DE LA FRACTURA (HIDRÁULICA)
Fluvio Ruíz Alarcón
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BOOKS & ENERGY LID EDITORIAL MEXICANA
ELECTRICIDAD
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LA SUBESTACIÓN INTELIGENTE: LA CLAVE HACIA UNA RED ELÉCTRICA VERDADERAMENTE RESILIENTE Juan Carlos Chávez
COLUMNA INVITADA LA ESTRATEGIA ENERGÉTICA COMIENZA MUCHO ANTES DE HABLAR DE ENERGÍA Lázaro Flores
EFICIENCIA ENERGÉTICA
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EL VERDADERO CORAZÓN DE UN HOSPITAL NO SOLO LATE, TAMBIÉN SE ALIMENTA DE ENERGÍA CONFIABLE
GENE 54 NUEVA EN COMBUS
EN PORTADA
24
POR: JUAN CARLOS CHÁVEZ E ITZEL BECERRIL
48
EFICIENCIA ENERGÉTICA: EL CUARTO FACTOR DE LA PRODUCCIÓN Y EL MOTOR DE LA TRANSFORMACIÓN EN MÉXICO Juan Carlos Chávez
Rubén González Molina,
COMUNIDAD EH
42
66
EL FACTOR HUMANO EN LA EFICIENCIA ENERGÉTICA Gerardo Tenahua Tenahua
¿ESTAMOS MIDIENDO BIEN EL CONSUMO ENERGÉTICO?
Santiago Barcón Ideas con Brío
COLUMNA INVITADA
76
ORMUZ: ADMINISTRAR LA ESCASEZ DESDE EL TERRITORIO Fátima Barrera
84
LA POLICÍA ENERGÉTICA: VIGILANDO LA INDUSTRIA Ana Sotomayor
PRIMERA REVISTA EN MÉXICO LIBRE DE CO2
Jessyca Cervantes PRESIDENTA Y CEO Dr. Hugo Isaak Zepeda VICEPRESIDENTE Miguel Mares Castillo DIRECTOR GENERAL m.mares@smartmediagroup.lat
TECH & TRENDS
90
LA CARRERA POR ENFRIAR LA IA: EL PUNTO DE INFLEXIÓN ENERGÉTICO DE LOS CENTROS DE DATOS José Alberto Llavot
EH360
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CUANDO LA SOSTENIBILIDAD SE CONVIERTE EN CULTURA: SEMANA AMBIENTAL COTEMAR
DE REUNIONES Y ENERGÍA
96
ERACIÓN STIBLES
UNIDAD ESTRATÉGICA COMO MOTOR DEL SECTOR ENERGÉTICO: LA VISIÓN DE CUMBRES HUB Juan Carlos Chávez
DWOMEN & ENERGY
102
WESS 2026: PLANETA HAMBRE CERO Juan Carlos Chávez
CONTENIDO SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES Energía Hoy®️ Número 252, AGOSTO 2026. Es una publicación mensual editada y publicada por Smart Media Group Connecting Brands S.A. de C.V. ®️, Oficinas Generales: Tuxpan 57, Col Roma Sur, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. C.P. 06760. Teléfono: +52 (55) 2870 3374. www.energiahoy.com contacto@ smartmediagroup.lat. Publicación digital líder en el sector energético con 20 años de trayectoria, que presenta contenido de valor en temas clave de energía a través de la participación de destacados expertos del sector. Editor responsable: Juan Carlos Chávez Vera. Certificado de Reserva de Derechos al Uso Exclusivo número 04-2022-070111272100-102 de fecha 1 de julio de 2022 otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor; ISSN: en trámite el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Licitud de Título y Contenido: en trámite ante la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación, permiso SEPOMEX: en trámite. Responsable de la última actualización de este número, Unidad Informática de Smart Media Group Connecting Brands, Ing. Irwing Núñez Vázquez, fecha de última modificación, 13 de noviembre de 2023. Se imprime en Productos y Servicios Técnicos Hernández, S.A. de C.V. RFC: PST090722N98. Dirección fiscal: Morelos no. 48 Col. Peñón de los Baños, Alcaldía Venustiano Carranza. C.P. 15520, México, CDMX.
Carlos Mackinlay Gronhamm DIRECTOR DE RELACIONES INSTITUCIONALES c.mackinlay@smartmediagroup.lat Ulises Gómez Nolasco DIRECTOR JURÍDICO Y FINANCIERO u.gomez@smartmediagroup.lat Daniela Rodríguez Bobadilla DIRECTORA COMERCIAL d.rodriguez@smartmediagroup.lat Antonella Russo COORDINADORA DE RELACIONES PÚBLICAS Y REPRESENTANTE EN EUROPA a.russo@smartmediagroup.lat Ernesto Valdés Arreguín COORDINADOR DE ESTRATEGIA GUBERNAMENTAL Evelyn Sánchez Gamiño GERENTE DE MERCADOTECNIA e.sanchez@smartmediagroup.lat Felipe Rodríguez ARQUITECTO DIGITAL Y DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL f.rodriguez@smartmediagroup.lat Irwing Núñez Vázquez WEBMASTER i.nunez@smartmediagroup.lat Juan Carlos Chávez Vera DIRECTOR EDITORIAL DE SMART MEDIA GROUP jc.chavez@smartmediagroup.lat Saraí Itzel Becerril Lagunas REPORTERA i.becerril@smartmediagroup.lat Gustavo Gómez García COORDINADOR DE ARTE Y DISEÑO Arturo Eduardo Plata Martínez DISEÑADOR JR. Sofía Martínez Miranda Coordinadora de Producción Audiovisual y Contenidos Multimedia. Guadalupe García Hernández COORDINADORA EJECUTIVA Y COMERCIAL DE PRESIDENCIA g.garcia@smartmediagroup.lat Jennyfer López Hernández BRAND MANAGER Y EJECUTIVA COMERCIAL j.lópez@smartmediagroup.lat Jessica Argüelles Aguilar EJECUTIVA COMERCIAL j.arguelles@smartmediagroup.lat Eduardo Piccolo Liceaga EJECUTIVO COMERCIAL e.piccolo@smartmediagroup.lat CONSEJO EDITORIAL Shirley Wagner Patricia Tatto Gema Sacristán Mariuz Calvet Roquero Héctor Gutiérrez Machorro Hugo Adrián Hernández Baltazar María José Treviño Santiago Barcón Palomar Hans-Joachim Kohlsdorf Walter Coratella Cuevas
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AGOSTO
DÍA INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD
LA ADOLESCENCIA ES UNA ÉPOCA PARA ENCENDER LA CHISPA DE LA CREATIVIDAD Y DESCUBRIR EL POTENCIAL OCULTO DENTRO DE UNO MISMO”.
LOS VIEJOS DESCONFÍAN DE LA JUVENTUD PORQUE HAN SIDO JÓVENES”.
William Shakespeare,
DRAMATURGO, POETA Y ACTOR ISABELINO
Maya Angelou, ESCRITORA ESTADOUNIDENSE
EL MUNDO SERÁ LO QUE LA JUVENTUD QUIERA; SI ESTA AMA LA VERDAD Y EL BIEN, ESO HABRÁ EN EL MUNDO”.
DEBEMOS DECIRLES A NUESTRAS JÓVENES QUE SUS VOCES SON IMPORTANTES”.
Werner Heisenberg, FÍSICO ALEMÁN
ENCONTRAR ALEGRÍA EN TU TRABAJO ES COMO DESCUBRIR LA FUENTE DE LA JUVENTUD”.
Pearl S. Buck,
NOVELISTA ESTADOUNIDENSE
ES LA FIEBRE DE LA JUVENTUD LA QUE MANTIENE EL MUNDO Y LA TEMPERATURA NORMAL”.
Georges Bernanos,
NOVELISTA Y ENSAYISTA FRANCÉS
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Malala Yousafzai, ACTIVISTA PAQUISTANÍ
AL FILO DE LA FRACTURA
Energy & Knowledge | ABC Energético
(HIDRÁULICA)
A
l momento de escribir estas líneas, han pasado alrededor de dos meses y medio desde que, en el mes de abril, la Presidenta de la República anunció la creación de un comité científico para evaluar la pertinencia de recurrir a la técnica conocida como “fracturamiento hidráulico”. para explotar yacimientos no convencionales. La intención última de esa medida, sería la mitigación de nuestra gran vulnerabilidad en materia de gas natural frente a los Estados Unidos. Aún no se conoce el análisis realizado por dicho comité, sino únicamente posiciones personales expresadas en foros de algunos integrantes, entrevistas y debates; en torno a ciertos aspectos de la problemática. Un dato relevante, que muestra el interés del Ejecutivo Federal por escuchar voces distintas y hasta encontradas en torno al fracturamiento hidráulico, es la ampliación que se hizo del comité científico inicial, volviéndolo más plural y multidisciplinario. También es importante subrayar que esta técnica extractiva sería solo una pieza más del rompecabezas de la seguridad energética, el cual debe incluir medidas para incrementar la extracción nacional de gas natural; pero también para hacer más eficiente su utilización y
reducir su peso específico en la demanda futura de energía. La medida más urgente y totalmente independiente de la determinación que se vaya a tomar sobre el fracturamiento hidráulico, es la reducción al mínimo de la quema de gas. En efecto, de conformidad con el más reciente reporte de resultados publicado por Pemex; entre el segundo trimestre de 2025 y su similar de 2026, la quema de gas pasó de 391 a 778 millones de pies cúbicos diarios, es decir, hubo un enorme incremento del 99%. En términos porcentuales, el gas enviado a la atmósfera pasó de representar el 6.3% del total producido en el segundo trimestre de 2025, a un valor equivalente al 11.7% en el segundo trimestre de este año. Es importante destacar que, desde el segundo trimestre de 2024, el volumen de gas enviado a la atmósfera se ha incrementado de manera sostenida. Así, por ejemplo, en el segundo trimestre de 2026, el volumen de gas quemado aumentó en un 25.9% en comparación con el trimestre anterior, y en 31.2% comparado con el cuarto trimestre del año 2025. El volumen de quema de gas reportado para el segundo trimestre de este año es el mayor desde al menos 2011. Equivale a 5.85 veces el límite reglamentario de 2%.
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FLUVIO RUÍZ ALARCÓN
Poniendo en perspectiva lo que significa este desperdicio señalemos que, según lo informado el 7 de mayo por la Secretaría de Energía y el Cenagas, la cantidad de gas necesaria para abastecer las seis plantas de ciclo combinado que se reportaron en proceso de construcción sería de alrededor de 631 millones de pies cúbicos diarios. Esto significa que Pemex envió diariamente a la atmósfera durante el segundo trimestre de este año, una cantidad 23.3% superior a la que necesitarán esas plantas. Ahora bien, para implementar con razonables expectativas de éxito volumétrico, operativo y económico, la utilización del fracturamiento hidráulico, será necesario, entre otras medidas legales, institucionales y regulatorias, modificar el actual régimen fiscal del gas no asociado.
Analista del sector energético
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Energy & Knowledge | ABC Energético
Los más recientes cambios al régimen fiscal aplicable a Petróleos Mexicanos, contenido en la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos (LISH), establecieron que: I. Los Asignatarios aplicarán al valor de los Hidrocarburos extraídos durante el ejercicio fiscal de que se trate, incluyendo el consumo que de estos productos efectúen, así como las mermas por derramas o quema de dichos productos, sin deducción alguna, las tasas siguientes: 1. Tratándose de los Hidrocarburos distintos al Gas Natural No Asociado y sus Condensados, extraídos en áreas terrestres, áreas marítimas con tirante de agua inferior a quinientos metros y en el Paleocanal de Chicontepec: a) Cuando el precio del Petróleo sea inferior a 57.8 dólares de los Estados Unidos de América por barril: Tasa = 30% + (0.1410 x Precio del Petróleo - 8.1433) % b) Cuando el precio del Petróleo sea mayor o igual a 57.8 dólares de los Estados Unidos de América por barril: Tasa = 30% + (0.0629 x Precio del Petróleo - 3.6320) % 2. Tratándose del Gas Natural No Asociado, incluyendo, en su caso, sus condensados: a) Cuando el precio del Condensado sea inferior a 57.8 dólares de los Estados Unidos de América por barril: Tasa = 11.6264% + (0.0560 x Precio del Condensado - 3.2308) % b) Cuando el precio del Condensado sea mayor o igual a 57.8 dólares de los Estados Unidos de América por barril: Tasa = 11.6264% + (0.0392 x Precio del Condensado - 2.2625) % (….)” Con estas disposiciones, se pasó del esquema en el que Pemex pagaba tres derechos (Derecho de Exploración, Derecho de Extracción de Hidrocarburos y Derecho por la Utilidad Compartida) a otro con un derecho único: el Derecho Petrolero para el Bienestar (DPB).
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Energy & Knowledge | ABC Energético
La eliminación de las deducciones existentes en el régimen fiscal anterior aumenta sensiblemente la base gravable de Pemex y hace menos rentable la explotación en campos de alta complejidad geológica, como el paleocanal de Chicontepec. Esto se agudiza en el caso del gas no asociado, “incluyendo, en su caso, sus condensados,” puesto que los propios costos de producción dificultan seriamente la rentabilidad de yacimientos promisorios como Lakach. El artículo 44 de la LISH vigente hasta 2024, establecía que el gas natural no asociado no pagaría el Derecho de Extracción de Hidrocarburos, cuando el precio fuera inferior a 5 dólares por millón de BTUs y que la tasa de este derecho para los condensados sería de 5% a precios inferiores a los 60 dólares y a partir de ahí se incrementaba multiplicando 0.125 por el precio. En cuanto a las deducciones para el pago del Derecho de Utilidad Compartida, el artículo 41 fracción III, de la LISH vigente hasta 2024, establecía que estas podrían ser hasta del “80% del valor anual del Gas
Natural No Asociado incluyendo, en su caso, el valor anual de los Condensados extraídos de campos de Gas Natural No Asociado”. Este beneficio se abrogó con la reforma a la Ley, incrementándose en esa proporción la base gravable de estos hidrocarburos esenciales para la industria petroquímica. El incremento de la producción gasífera para mitigar nuestra vulnerabilidad en este rubro, en términos de instrumentos fiscales necesita, además de una diferenciación en el trato entre el petróleo y el gas, de la introducción de un porcentaje de recuperación de costos para que la explotación se haga sin pérdidas y a cambio haya más disponibilidad de este hidrocarburo necesario para relanzar la petroquímica.
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Asimismo, habría que considerar en este caso, una reforma en la Ley del Sector de Hidrocarburos para flexibilizar el límite de recuperación de costos en los contratos mixtos. En general, se necesita crear un régimen fiscal ad hoc para el gas natural, en particular para el gas natural no asociado. Como lo hacen otros países productores, el nuestro puede diseñar esquemas fiscales que ajusten las
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tasas impositivas de manera dinámica, considerando factores como costos operativos, complejidad del proyecto y volatilidad de precios. A partir de que se conozca el análisis del comité científico instaurado por la Presidencia de la República, será posible extenderse en propuestas de diversa índole, con el objetivo de reducir nuestra vulnerabilidad en materia de gas natural.
Books & Energy
» Título: De emprendedor a empresario » Autor: Martha Nieto » Editorial: LID Editorial Mexicana » De venta en: Cadenas de librerías y portales de ebook
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ograr que un negocio trascienda y se convierta en una empresa formal es el verdadero desafío del liderazgo en México. En su libro De emprendedor a empresario, Martha Nieto explica que, aunque todo empresario comenzó como emprendedor, el reto crítico es dar el “salto cuántico” hacia la profesionalización. No se trata solo de iniciar un proyecto, sino de evolucionar hacia una disciplina que permita gestionar el tiempo, los recursos y el personal de manera eficiente para asegurar la permanencia. Con siete de cada diez empresas desapareciendo en sus primeros cinco años, el orden administrativo es una medida indispensable para no formar parte de esa estadística. Bajo la premisa de que la estructura debe seguir a la estrategia, la autora ofrece una hoja de ruta para institucionalizar cada área de la organización. La obra destaca la
importancia de tratar la información financiera como los signos vitales del negocio y de fortalecer al equipo de trabajo como su estructura principal. A través de consejos prácticos sobre cómo delegar, seleccionar socios o adoptar tecnología, el libro enseña al dueño a construir una empresa que funcione más allá de su presencia física, evitando el agotamiento de operar basándose puramente en la intuición o la improvisación. Este texto es una guía para quienes buscan transformar su iniciativa en una organización estable que genere valor a largo plazo. Al organizar la empresa, el directivo no solo protege su patrimonio, sino que también recupera su propia libertad y autonomía. Para los tomadores de decisiones en sectores clave como la industria energética, implementar estos pilares administrativos es fundamental para convertir la innovación técnica en un legado empresarial sólido que fortalezca el motor económico del país.
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Books & Energy
» Título: La comunicación como estrategia diplomática » Autor: Antonio Ocaranza » Editorial: LID Editorial Mexicana » De venta en: Cadenas de librerías y portales de e-book
¿
Cómo logra una nación en transformación convencer a la mayor potencia del mundo para convertirse en su socio estratégico? En La comunicación como estrategia diplomática Antonio Ocaranza analiza el Tratado de Libre Comercio (TLCAN) no solo como un acuerdo mercantil, sino como el ejercicio de diplomacia pública más ambicioso en la historia de México. A través de su trayectoria como vocero internacional de la Presidencia, el autor explica cómo el éxito de este hito dependió del uso estratégico del “poder suave”. Este concepto se define como la capacidad de una nación para influir en la conducta de otros mediante la persuasión y el atractivo de sus activos intangibles —como la cultura, los valores políticos y las tradiciones—, logrando que el socio desee los mismos objetivos por identificación y admiración, en lugar de recurrir a la coerción o la fuerza. La obra trasciende la crónica política al proyectar estas lecciones hacia la alta dirección mediante la diplomacia corporativa. Ocaranza disecciona cómo las empresas pueden gestionar su reputación y ganar la “licencia
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social” para operar utilizando su propio “poder suave”: su ética, talento y compromiso con la sociedad. Al analizar casos de alto impacto en compañías multinacionales el texto demuestra que la legitimidad de una organización depende de su capacidad para escuchar y dialogar con sus audiencias. Es una reflexión profunda sobre cómo la transparencia construye realidades financieras en un mercado global donde la percepción y la confianza son los activos más valiosos. En lugar de fórmulas teóricas, el autor ofrece un mapa práctico sobre liderazgo, recordando que el directivo moderno debe actuar como un diplomático encargado de construir puentes sólidos entre las instituciones y la sociedad. Antonio Ocaranza subraya que la consistencia entre los valores y las acciones es lo que otorga un verdadero poder de influencia en un entorno hiperconectado. Para una industria tan dinámica y bajo constante escrutinio como la energética, dominar estas estrategias de vinculación y legitimidad es vital para asegurar la viabilidad de los grandes proyectos de infraestructura y energía que definen el rumbo del país.
Electricidad
LA SUBESTACIÓN INTELIGENTE:
LA CLAVE HACIA UNA RED ELÉCTRICA VERDADERAMENTE RESILIENTE
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Por: Juan Carlos Chávez
urante décadas, la conversación sobre la modernización de las redes eléctricas se ha concentrado en la incorporación de energías renovables, la digitalización de los centros de control y el despliegue de infraestructura de transmisión. Sin embargo, uno de los mayores retos de la transición energética continúa encontrándose en un punto mucho más cercano al usuario final: la red de distribución. Es precisamente ahí donde convergen nuevos desafíos que hace apenas una década eran prácticamente inexistentes. La proliferación de centros de datos impulsados por inteligencia artificial, la electrificación del transporte, el crecimiento de la generación distribuida, los sistemas de almacenamiento con baterías (BESS), las microrredes y la creciente digitalización industrial están modificando profundamente el comportamiento de las redes
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eléctricas. Los sistemas de distribución ya no operan bajo esquemas unidireccionales ni con patrones de demanda predecibles. Hoy son ecosistemas dinámicos que requieren niveles de automatización, velocidad de respuesta y flexibilidad mucho mayores que los de las redes tradicionales. En este escenario, la resiliencia eléctrica deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en una condición indispensable. Una interrupción de apenas algunos segundos puede representar pérdidas millonarias para industrias críticas, centros de manufactura automatizada, hospitales, infraestructura digital o complejos industriales. El verdadero valor ya no consiste únicamente en restaurar el servicio después de una falla, sino en evitar que dicha falla tenga consecuencias significativas sobre el resto de la red. Y es justamente aquí donde las subestaciones comienzan a adquirir un nuevo protagonismo.
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Electricidad La evolución silenciosa de las subestaciones
Históricamente, las subestaciones han sido concebidas como puntos de transformación y distribución de energía. Su misión principal consistía en modificar niveles de tensión y canalizar el flujo eléctrico hacia diferentes alimentadores. No obstante, conforme las redes se vuelven más inteligentes, las subestaciones también deben evolucionar hacia plataformas activas de gestión de la red. Ya no basta con operar interruptores de potencia y sistemas de protección convencionales. Las empresas eléctricas necesitan dispositivos capaces de identificar fallas prácticamente en tiempo real, aislar únicamente el tramo afectado y minimizar el impacto sobre el resto del sistema. En otras palabras, las subestaciones están dejando de ser únicamente nodos eléctricos para convertirse en centros de inteligencia operacional. Esta transformación explica por qué diversos fabricantes han comenzado a replantear la ubicación de ciertos equipos que tradicionalmente eran instalados únicamente sobre alimentadores o en puntos específicos de la red de distribución. Entre ellos destaca el IntelliRupter PulseCloser Fault Interrupter, desarrollado por S&C Electric, cuya aplicación dentro de las subestaciones representa una estrategia que hasta hace poco había sido relativamente poco explorada.
El costo invisible de una falla eléctrica
Cuando ocurre un cortocircuito o una falla en un alimentador, el objetivo del sistema de protección consiste en eliminar rápidamente esa condición para evitar daños mayores. Sin embargo, el método tradicional mediante reconectadores convencionales implica someter a toda la infraestructura a elevados esfuerzos eléctricos y mecánicos durante cada intento de reconexión. Ese fenómeno suele pasar desapercibido. La mayoría de los usuarios únicamente percibe un pequeño parpadeo en el suministro eléctrico, pero detrás de ese evento existe una enorme cantidad de energía transitando por conductores, conexiones, transformadores e interruptores. Con el paso de los años, ese desgaste termina traduciéndose en mayores costos de mantenimiento, sustitución prematura de activos y disminución de la confiabilidad del sistema. La modernización, por lo tanto, no consiste únicamente en incorporar equipos nuevos, sino en reducir la energía destructiva que circula durante estos eventos.
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Electricidad
Menos energía también significa mayor confiabilidad
Uno de los aspectos más interesantes del IntelliRupter es su tecnología PulseClosing, la cual realiza la comprobación de una falla utilizando aproximadamente un 95% menos energía que los métodos convencionales de reconexión. Esto significa que el dispositivo puede determinar si la condición de falla persiste sin aplicar nuevamente toda la corriente de cortocircuito sobre la infraestructura eléctrica. Aunque a primera vista esta diferencia pueda parecer únicamente una mejora tecnológica, sus implicaciones operativas son mucho más profundas. Reducir la energía durante una prueba de reconexión disminuye considerablemente el esfuerzo mecánico que experimentan conductores, empalmes, conectores y otros componentes del sistema. También reduce fenómenos como el conductor slap, es decir, el movimiento brusco de los conductores ocasionado por las fuerzas electromagnéticas derivadas de las altas corrientes de falla, situación que incluso puede provocar nuevos cortocircuitos. En otras palabras, la protección deja de ser únicamente reactiva para convertirse también en una herramienta de preservación de activos.
Calidad de energía: el indicador que cada vez importa más
Durante muchos años, el indicador principal de desempeño para una empresa distribuidora era el
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tiempo promedio de interrupción. Hoy esa visión resulta insuficiente. Los procesos industriales automatizados, las plantas farmacéuticas, las líneas robotizadas de manufactura, los centros de datos y la infraestructura digital son extremadamente sensibles incluso a perturbaciones momentáneas de voltaje. Un sag de apenas unos ciclos puede detener procesos completos. Cuando varios alimentadores parten del mismo bus de una subestación, una falla en cualquiera de ellos puede provocar sags simultáneos o "por simpatía" (sympathetic voltage sags), afectando circuitos que en realidad nunca presentaron un problema propio. Este tipo de eventos genera pérdidas económicas importantes y deteriora la percepción de calidad del servicio por parte de los usuarios. La utilización de tecnologías capaces de verificar fallas sin provocar esas caídas de tensión representa, por tanto, un cambio importante en la filosofía de protección. No se trata únicamente de evitar apagones, se trata de evitar cualquier perturbación que afecte la continuidad operativa de clientes cada vez más dependientes de una energía eléctrica estable y de alta calidad.
El transformador: el activo que nadie quiere reemplazar
Si existe un componente verdaderamente crítico dentro de una subestación es el transformador de potencia.
información en tiempo real y tomar decisiones automáticas para aislar fallas, redistribuir cargas y restablecer el suministro en cuestión de segundos. Esta visión coincide con la evolución hacia las denominadas redes auto-restaurables (selfhealing grids), donde la inteligencia distribuida reduce significativamente el tiempo de respuesta ante contingencias.
Una oportunidad para México
Su costo puede ascender a varios millones de dólares, mientras que los tiempos de fabricación actualmente pueden extenderse durante muchos meses debido a la elevada demanda mundial y las limitaciones en las cadenas de suministro. La sustitución de uno de estos equipos representa mucho más que una inversión económica. Implica logística especializada, transporte sobredimensionado, obras civiles, pruebas, coordinación operativa y, en muchos casos, largos periodos de indisponibilidad. Por ello, cualquier tecnología que contribuya a prolongar su vida útil genera beneficios económicos considerables. Al reducir drásticamente la energía aplicada durante las pruebas de falla, dispositivos como IntelliRupter disminuyen el esfuerzo que soportan estos transformadores, retrasando su envejecimiento y aplazando inversiones futuras en reemplazo de activos. Por otra parte, la automatización ya no es opcional La evolución del sistema eléctrico mexicano apunta hacia una mayor digitalización de las redes de distribución. Así, la incorporación de generación distribuida, almacenamiento energético, vehículos eléctricos y cargas altamente variables obligará a las empresas eléctricas a operar sistemas mucho más complejos que los actuales. En este contexto, automatizar alimentadores deja de ser suficiente. También será necesario automatizar la propia subestación. Los dispositivos inteligentes deberán comunicarse entre sí, compartir
México enfrenta una coyuntura particularmente interesante. El crecimiento de la demanda eléctrica asociado al nearshoring, la expansión industrial, el desarrollo de nuevos parques tecnológicos y el aumento esperado en el consumo derivado de la inteligencia artificial ejercerán una presión sin precedentes sobre las redes de distribución. La construcción de nueva infraestructura continuará siendo necesaria, pero tan importante como construir será optimizar lo ya existente. Modernizar una subestación mediante tecnologías inteligentes puede generar beneficios inmediatos en confiabilidad, calidad de energía y reducción de costos de mantenimiento, sin necesidad de realizar grandes ampliaciones de capacidad. Ese tipo de inversiones suele ofrecer retornos más rápidos y contribuir directamente a elevar los indicadores de continuidad del servicio.
Mirar más allá del interruptor
Durante muchos años, los sistemas de protección fueron considerados simplemente un requisito técnico indispensable para garantizar la operación segura de la red. No obstante, hoy esa visión resulta limitada. Los dispositivos inteligentes de protección representan una fuente de datos, una plataforma de automatización y una herramienta para preservar activos estratégicos. La verdadera transformación no reside únicamente en que un interruptor abra o cierre un circuito. La innovación está en que pueda decidir cuándo hacerlo, con cuánta energía hacerlo, cómo minimizar el impacto sobre el resto del sistema y cómo prolongar la vida útil de toda la infraestructura asociada. Las subestaciones inteligentes son mucho más que una tendencia tecnológica. Constituyen una pieza fundamental para construir redes eléctricas capaces de responder a los desafíos de la electrificación, la digitalización y la transición energética. En un entorno donde cada segundo de continuidad tiene un valor económico creciente, la inteligencia aplicada a la protección eléctrica deja de ser un lujo para convertirse en una necesidad estratégica.
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Electricidad
Comprender el negocio antes que la tecnología: el primer paso hacia una transición energética con sentido
M
ucho antes de la visita procuro entender qué fabrica la organización, cuáles son sus principales procesos, qué materias primas transforma y, cuando la información está disponible, cómo se comporta su consumo energético. No se trata únicamente de preparar una reunión. Es la forma de comenzar a comprender el negocio, porque he aprendido que una estrategia energética difícilmente puede construirse sin entender primero cómo la organización crea valor. La parte más interesante comienza con la reunión de apertura. Mientras la organización presenta sus actividades, describe sus procesos y explica cómo transforma materias primas en productos terminados, la conversación ofrece mucha más información de la que aparece o documenta en un informe de consultoría. Poco a poco es posible identificar quién conoce realmente la operación, quién entiende las limitaciones
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LÁZARO FLORES
Director general de Esemi Consultora.
del proceso, quién habla con datos y quién lo hace desde la experiencia acumulada de muchos años. También resulta evidente la forma en que la organización entiende la energía: si aparece como un asunto estratégico, como un costo inevitable o simplemente como un servicio que siempre ha estado ahí. “Antes de conocer el consumo energético de una organización, es necesario conocer la forma en que la organización entiende la energía”. Más adelante descubrí que esos primeros minutos dicen mucho sobre el camino que seguirá el proyecto. La estrategia energética comienza a dibujarse incluso antes de recorrer la planta, porque detrás de cada decisión técnica existe una forma particular de entender el negocio y una actitud distinta frente al cambio. El recorrido por las instalaciones siempre termina confirmando una idea: ningún diagrama de proceso sustituye la posibilidad de observar cómo interactúan las personas con los equipos, escuchar el ritmo de la operación o preguntar por qué un sistema funciona de determinada manera. Las respuestas casi nunca hablan únicamente de energía. Hablan de producción, de calidad, de mantenimiento, de disponibilidad, de seguridad y de continuidad operativa. La energía aparece después, entrelazada con todos esos elementos, como una consecuencia natural del proceso. Quizá esa sea una de las razones por las que muchas organizaciones tienen dificultades para construir una estrategia energética. La conversación suele comenzar demasiado tarde. Se habla de tecnologías, de contratos eléctricos o de nuevos proyectos cuando el verdadero punto de partida debería ser otro: comprender cómo la energía participa en la creación de valor de la organización. Durante los últimos años he tenido la oportunidad de acompañar organizaciones de sectores muy distintos: farmacéutico, alimentos, siderúrgico y bebidas. Sus procesos son diferentes, sus fuentes de energía también y, en muchos casos, incluso sus prioridades parecen no tener relación entre sí. Con frecuencia la conversación gira alrededor de la siguiente inversión. Aparecen preguntas sobre nuevas tecnologías, almacenamiento, generación renovable, cambios en el suministro eléctrico o incluso la posibilidad de participar en nuevos mercados de energía. Todas son preguntas legítimas y reflejan el momento que vive la industria. En realidad, pocas veces representan el verdadero punto de partida. La transición energética dejó hace tiempo de ser una conversación sobre el futuro; hoy condiciona decisiones que las organizaciones deben tomar en el presente. Sin embargo, después de recorrer numerosas plantas industriales, he aprendido que esas casi nunca son las primeras preguntas que una organización debería responder.
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¿Qué problema necesita resolver la organización?
Con el tiempo comprendí que esa pregunta adoptaba formas distintas en cada organización. Algunas creen que necesitan generar su propia energía; otras piensan que deben reducir emisiones, incorporar nuevas tecnologías o cumplir una regulación. Detrás de todas esas inquietudes suele existir un problema más profundo que todavía no ha sido definido con claridad. La primera vez que entendí esto fue en una empresa farmacéutica que atravesaba un proceso de expansión. La incertidumbre sobre el crecimiento de su demanda eléctrica abrió rápidamente la puerta a distintas propuestas tecnológicas. Sobre la mesa aparecieron un sistema de almacenamiento de energía bajo un esquema de servicio y una instalación fotovoltaica cercana a los setecientos kilowatts pico. Ambas alternativas eran técnicamente viables y financieramente atractivas. Por eso, antes de hablar de baterías o paneles solares decidimos hacer algo mucho más sencillo: comprender cómo la planta utilizaba realmente la energía. El diagnóstico mostró una realidad distinta. La empresa aún debía fortalecer aspectos básicos de su infraestructura eléctrica, corregir penalizaciones por bajo factor de potencia y preparar sus instalaciones para un crecimiento que podría multiplicar varias veces su demanda actual. La conclusión fue inesperada para muchos: la mejor decisión era esperar. No porque las tecnologías
fueran incorrectas, sino porque todavía no existían las condiciones para obtener de ellas el mayor valor. La estrategia comenzó por poner orden antes de incorporar innovación. En muchos sentidos, fue aplicar una idea sencilla: antes de mejorar un sistema es necesario clasificar, ordenar y depurar aquello que impide conocerlo completamente. Aquella experiencia me confirmó que una buena estrategia energética no siempre comienza con una inversión, sino con preparar a la organización para que esa inversión realmente genere valor. Tiempo después participé en un proyecto completamente diferente. Una empresa dedicada a la transformación integral de biomasa, cuyos procesos dependen principalmente del vapor generado mediante cogeneración, ya contaba con indicadores, medición y objetivos corporativos de sostenibilidad. En este caso nadie discutía si era conveniente instalar paneles solares o baterías; su realidad energética era otra. El desafío consistía en asegurar que toda la información utilizada para reportar desempeño energético y emisiones pudiera ser trazable, consistente y confiable. Descubrí entonces que la madurez energética no siempre consiste en incorporar nuevas tecnologías. En ocasiones consiste en confiar plenamente en los datos que respaldan cada decisión y cada resultado. Sin esa confianza, incluso los mejores proyectos terminan convirtiéndose en buenas intenciones difíciles de demostrar.
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Una organización puede tener proyectos exitosos, objetivos ambientales ambiciosos y tecnologías eficientes; pero si no puede demostrar sus resultados con información confiable, la estrategia pierde credibilidad. Pensé que aquella experiencia era excepcional hasta que recorrí una acerera. Una planta donde prácticamente todo el consumo eléctrico se concentraba en un proceso y casi todo el consumo de gas natural en otro. Esa característica hacía evidente que la conversación sobre energía era, al mismo tiempo, una conversación sobre emisiones de gases de efecto invernadero. La generación renovable era una pieza de la estrategia, pero no podía convertirse en la estrategia completa. También analizaba la posibilidad de evolucionar hacia nuevos esquemas de abastecimiento eléctrico. Pero el verdadero valor no estaba en ninguna de esas decisiones por sí mismas. Estaba en construir una estrategia capaz de integrar regulación, desempeño energético, reducción de emisiones y trazabilidad de la información bajo un mismo propósito. En aquella planta concluí que cada decisión energética tenía un efecto directo sobre el desempeño ambiental del proceso. Hablar de electricidad o de gas natural era, al
mismo tiempo, hablar de competitividad, cumplimiento regulatorio y descarbonización. Años más tarde regresé a una empresa que conocía desde hacía más de una década. Encontré un sistema conforme, integrado y funcional. Pero también encontré algo que suele pasar inadvertido. El sistema había dejado de evolucionar. Seguía cumpliendo los requisitos, aunque ya no cuestionaba sus propios métodos, había perdido parte de la trazabilidad de sus resultados y dependía demasiado del conocimiento acumulado por personas específicas. Comprendí entonces que incluso la madurez necesita una estrategia. Un sistema puede cumplir todos los requisitos y, al mismo tiempo, dejar de cuestionarse. Puede conservar sus procedimientos, mantener sus indicadores y seguir obteniendo buenos resultados, mientras lentamente pierde la capacidad de aprender. Después de vivir estas experiencias comencé a hacerme una pregunta. ¿Qué tienen realmente en común una farmacéutica, una empresa de transformación de biomasa, una acerera y una industria de bebidas? No compartían procesos, fuentes energéticas ni regulaciones. Tampoco utilizaban las mismas tecnologías. Sin embargo, todas llegaron a la misma
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conclusión: la energía dejó de ser un tema exclusivamente técnico para convertirse en una decisión estratégica del negocio, inseparable del desempeño ambiental y del cumplimiento regulatorio. En una organización la prioridad fue preparar el crecimiento; en otra, fortalecer la credibilidad de la información; en una más, integrar energía y descarbonización; y en otra, impedir que la gestión se estancara. Los caminos fueron diferentes. El propósito también. Pero todas terminaron construyendo una estrategia energética porque comprendieron que las decisiones sobre energía ya no pueden tomarse de manera aislada. Hoy esa estrategia puede materializarse mediante eficiencia energética, sistemas de gestión, digitalización, medición avanzada, cogeneración, generación renovable, almacenamiento, electrificación de procesos o nuevos esquemas de suministro eléctrico. Las herramientas son muchas y seguirán evolucionando. Lo que no cambia es la necesidad de saber por qué se incorporan y qué problema buscan resolver. Aun así, ninguna de esas herramientas constituye una estrategia por sí sola. Después de muchos años sigo convencido de que una estrategia energética comienza antes de hablar de
energía. Surge cuando una organización decide quién debe participar en la conversación, qué preguntas está dispuesta a hacerse y con qué honestidad quiere mirar sus propios procesos. Las tecnologías cambiarán. La regulación seguirá evolucionando. Los mercados energéticos ofrecerán nuevas alternativas y aparecerán soluciones que hoy todavía no imaginamos. Ninguna de ellas sustituirá el papel del liderazgo. Los operadores continuarán resolviendo los desafíos del presente. Los supervisores mantendrán la estabilidad de la operación. Los ingenieros seguirán perfeccionando los procesos. Pero corresponde a la alta dirección decidir qué papel quiere que la energía desempeñe en la competitividad de la organización durante las próximas décadas. Quizá por eso sigo prestando tanta atención a aquella primera reunión de apertura. Ahí, aunque se habla de kilowatts, emisiones o tecnologías, lo relevante es que se habla del negocio. Y precisamente por eso, ahí suele comenzar la verdadera estrategia energética. Una organización construye una verdadera estrategia energética cuando deja de preguntarse qué proyecto debe ejecutar y empieza a definir qué papel quiere que la energía desempeñe en su competitividad durante las próximas décadas.
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EL VERDADERO CORAZÓN DE UN HOSPITAL NO SOLO LATE, TAMBIÉN SE ALIMENTA DE ENERGÍA CONFIABLE 32
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a transformación del sector salud exige hospitales capaces de operar con absoluta confiabilidad frente a una creciente demanda tecnológica, climática y energética. Garantizar infraestructura eléctrica segura, resiliente y eficiente será uno de los mayores retos para la ingeniería hospitalaria durante la próxima década y una condición indispensable para atender la salud de los mexicanos de manera digna y profesional Es destacable mencionar que, desde hace más de tres lustros, en el diseño de los nuevos hospitales se incorporan soluciones de seguridad eléctrica, calidad de la energía y eficiencia energética, que cumplen con las exigencias de las actuales leyes y normativas aplicables, como el Código de Red. Esto aporta un entorno eléctrico ordenado y controlado que garantiza la seguridad, la continuidad y la calidad de la energía que se suministra a todos los sistemas médicos de los que depende en gran medida la atención a la salud. No obstante, de las más de 4,500 unidades hospitalarias entre públicas y privadas que actualmente estan operando en nuestro país, alrededor del 50%, fueron construidas en la decada de los 80’s con la expansión del sistema nacional de salud. Por lo anterior, es evidente que el verdadero reto del sector es lograr un equilibrio entre la modernización de la infraestructura de atención médica y la infraestructura eléctrica. Es decir, que en la medida en la que se destinan recursos para la implementación de equipos tecnológicos y sistemas digitales, también se considere el fortalecimiento y la modernización de la infraestructua eléctrica, con el objeto de garantizar el suministro continuo de energía con las condiciones en terminos de seguridad y calidad de la energía que demandan estas mismas tecnologías para su correcto funcionamiento.
RUBÉN GONZÁLEZ MOLINA Director general de la empresa CENER INGENIERÍA
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La infraestructura eléctrica: el sistema vital que sostiene a un hospital
Cuando se piensa en un hospital moderno, la atención suele centrarse en médicos, enfermeras, quirófanos, equipos de imagenología o tecnología de primer nivel. Sin embargo, existe un elemento que hace posible el funcionamiento de todo el ecosistema hospitalario y que rara vez recibe la atención estratégica que merece, me refiero a la infraestructura eléctrica. Lo cierto es que, cada equipo médico, cada sistema de ventilación, cada sistema elevador, cada sistema de iluminación y cada sistema de monitoreo y vigilancia, todos ellos dependen de un suministro eléctrico continuo, estable y confiable. Una falla no solo representa un problema operativo, puede interrumpir procedimientos críticos, comprometer diagnósticos y poner en riesgo la vida de los pacientes. En este contexto, la energía deja de ser un simple servicio para convertirse en un componente esencial y estratégico.
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Electricidad | Eficiencia Energética | Colaboración AMENEER La nueva realidad del sector hospitalario
Durante las últimas dos décadas, la medicina ha experimentado una evolución tecnológica sin precedentes. Hoy los hospitales incorporan inteligencia artificial para el apoyo al diagnóstico, expedientes clínicos electrónicos, cirugía asistida por robots, telemedicina, automatización de edificios, centros de monitoreo remoto y equipos biomédicos cada vez más sofisticados. Este desarrollo ha incrementado considerablemente la demanda energética y, sobre todo, la necesidad de contar con instalaciones eléctricas mucho más robustas que las concebidas originalmente. Aquí una reflexión: aproximadamente el 50% de la infraestructura hospitalaria fue diseñada hace más de 40 años, cuando las cargas eléctricas, la digitalización y la complejidad operativa eran significativamente menores. En la actualidad, es evidente que estos hosptiales enfrentan retos derivados de: • Infraestructura eléctrica envejecida. • Crecimiento hospitalario sin una modernización integral de las redes eléctricas. • Equipamiento biomédico de alta sensibilidad conectado a sistemas originalmente diseñados para otra realidad tecnológica. • Escaso monitoreo permanente de parámetros eléctricos. • Mantenimiento predominantemente correctivo. • Mayor exposición a fenómenos climáticos extremos, sin protección. Estos factores, en definitiva, reducen la confiabilidad operativa y elevan los riesgos para los pacientes, personal médico y patrimonio institucional. No es casualidad que cada año se registren infinidad de equipos médicos inutilizados, incluso, cuando su periodo de garantía aún no fenece, lo que representa millones de dólares al año en pérdidas, no solo a razón de los daños que incluso llegan a ser irreparables, pero también por los servicios que dejan de brindarse a falta de estos equipos médicos; sumado al impacto de la subcontratación de aquellos procesos que son de carácter urgente. Esto pone de manifiesto la necesidad de modernizar la infraestructura eléctrica que, por décadas ha soportado ampliaciones e incrementos de carga, modenización de equipos, automatización y digitalización de los servicios. Pero no se toma en cuenta que el sistema eléctrico debe crecer y evolucionar al mismo ritmo. Tan solo tenemos que pensar en que los sistemas eléctricos hace 50 años no tenían que lidiar con
problemas de calidad de la energía, por una simple razón: no existía la electrónica en los procesos.
El verdadero desafío: La calidad de la energía
Existe una percepción común de que el principal riesgo eléctrico consiste en un apagón. En realidad, la mayoría de los problemas que afectan la operación hospitalaria provienen de alteraciones que pasan prácticamente desapercibidas.
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Las variaciones de voltaje, la distorsión armónica, desbalances entre fases, transitorios, microinterrupciones o un bajo factor de potencia pueden deteriorar progresivamente el funcionamiento de equipos médicos y en general de cualquier equipo que depende de la energía eléctrica. La calidad de la energía se ha convertido en un indicador estratégico para todos los sectores productivos y de servicios. Los hospitales ocupan el primer lugar en términos de criticidad y son de
los sistemas más complejos, con mayor insersión de sistemas electrónicos altamente sensibles a los disturbios eléctricos No basta con tener electricidad, es indispensable garantizar que esa energía cumpla las condiciones técnicas necesarias para preservar la precisión, disponibilidad y vida útil de la infraestructura tecnológica. En este escenario, en un hospital la calidad de la energía también salva vidas.
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Seguridad eléctrica: una responsabilidad permanente
La seguridad eléctrica debe entenderse como un proceso continuo y no como una acción correctiva. El sistema de puesta a tierra, la adecuada coordinación de protecciones, la protección contra descargas atmosféricas, los sistemas de aislamiento para áreas críticas, la supervisión permanente y el mantenimiento especializado constituyen elementos indispensables para garantizar la continuidad operativa. Diversos estudios internacionales estiman que entre el 20% y el 30% de las interrupciones en instalaciones eléctricas tienen su origen en deficiencias de mantenimiento de estas; la degradación de aislamientos, instalaciones defectuosas y la falta de coordinación de proteciones, son las condiciones más comunes. Sin embargo, estas deficiencias pueden detectarse mediante estudios con software de ingeniería, termografías, análsis de calidad de la energía, pruebas de aislamiento y por supuesto, con una atención profesional y una vigilancia permanente del sistema, y pueden mitigarse. La seguridad eléctrica moderna debe sustentarse en una estrategia basada en el ciclo completo de gestión de activos, en apego a las normativas, la correcta selección de equipos, el monitoreo permanente, el mantenimiento predictivo y la actualización tecnológica; lo anterior permitirá evolucionar de un modelo reactivo hacia uno preventivo y predictivo. Más que un requisito normativo, la seguridad eléctrica constituye hoy un indicador de madurez
operacional que incrementa la confiabilidad de las instalaciones, protege la vida de las personas y garantiza la continuidad de los procesos productivos. Por lo anterior, me permito establecer que la seguridad eléctrica es el primer código de este nuevo ADN de la ingeniería energética, no porque sea un tema nuevo, me refiero a que no hay manera de que un proceso, cualquiera que sea, se conciba como eficiente si este no se apuntala en un sistema eléctrico seguro y confiable. Sin embargo, un sistema eléctrico seguro por sí solo no garantiza un desempeño óptimo. Es por ello por lo que, necesita de un segundo código, la calidad de la energía. Ambos forman una cadena inseparable, por lo que no deben entenderse ni atenderse como disciplinas independientes, sino como una secuencia lógica e inseparable. La primera protege a las personas y a los activos; la segunda, garantiza que esa infraestructura opere bajo condiciones óptimas. Solo cuando ambos códigos están presentes de manera ordenada y controlada, entonces es posible alcanzar el tercer elemento de este ADN: la eficiencia energética auténtica, sostenible, y capaz de traducirse en continuidad operativa, rentabilidad y competitividad. En el ADN de la ingeniería energética no existen elementos aislados, existe una secuencia. La seguridad eléctrica constituye la base sobre la que descansa la calidad de la energía y ambas hacen posible la eficiencia energética. Alterar cualquiera de estos códigos compromete la expresión completa del sistema.
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Hospitales resilientes para un entorno cada vez más complejo
La pandemia de COVID-19 evidenció la importancia de contar con hospitales preparados para responder ante escenarios extraordinarios. Hoy, además de las emergencias sanitarias, la infraestructura hospitalaria enfrenta nuevos desafíos derivados del cambio climático, el incremento en la frecuencia de tormentas severas, fenómenos meteorológicos extremos, interrupciones en los sistemas eléctricos y riesgos asociados a la digitalización. La resiliencia energética consiste en garantizar que un hospital pueda mantener sus funciones esenciales incluso durante situaciones críticas. Ello implica diseñar sistemas redundantes, fortalecer la infraestructura eléctrica, incorporar monitoreo inteligente, proteger instalaciones
estratégicas y desarrollar planes integrales de continuidad operativa, sobre el marco regulatorio aplicable. La resiliencia dejó de ser un concepto aspiracional para convertirse en una condición indispensable de la infraestructura crítica.
La transición energética también transformará los hospitales
La sostenibilidad se ha convertido en uno de los grandes ejes de transformación del sector salud. Los hospitales figuran entre los edificios con mayor consumo energético debido a su operación permanente, por lo que la eficiencia energética representa una oportunidad para reducir costos, disminuir emisiones y optimizar recursos. Durante los próximos años será cada vez más común la integración de sistemas
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SEMBLANZA DEL AUTOR Ing. Rubén González Molina, Ingeniero en Sistemas Eléctricos de Potencia por el IPN. Diplomado por el ITAM en Negocios, Diplomado por el TEC de Monterrey en Administración de Empresas y Liderazgo y por la Cambridge University en Pensamiento Estratégico; además de una capacitación in situ para pruebas de altas corrientes en el Laboratorio Central de Electrotecnia en Madrid, España. Cuenta con más de 25 años de experiencia en el sector eléctrico. Es director general de la empresa CENER INGENIERÍA, líder en seguridad eléctrica, calidad de la energía y eficiencia energética. Ha liderado más de 500 proyectos en infraestructura eléctrica crítica para los sectores hospitalario, industrial y comercial. También es director general de las marcas
QUICKVAR, líder en sistemas para compensación de factor de potencia y filtrado de armónicos; Codesarrolador y de la marca SENTINEL, líder en protección contra el rayo. Ha participado en la revisión y elaboración de diversas normas del sector eléctrico y en la Unidad de Inspección para la NOM-022-STPS (Seguridad eléctrica, corrientes estáticas en los centros de trabajo). Es Capacitador certificado por el CONOCER y la STPS y ha impartido más de 500 conferencias y 150 cursos a nivel nacional. En el ambito gremial, es el actual director general de la Asociación Mexicana de Ingenieros Especialistas en Salud ¨AMIESAC¨, y miembro activo en CIME, AMENEER, AMERIC, ACOEO; además de participar con FECIME, NFPA, CANACINTRA, COPARMEX, entre otros.
energía, la eficiencia energética, la continuidad operativa, el cumplimiento normativo, la gestión de riesgos y la innovación tecnológica. Las organizaciones que adopten esta visión estarán mejor preparadas para responder a los desafíos de los próximos años, proteger sus inversiones y ofrecer servicios médicos más seguros y confiables. En este sentido, la ingeniería especializada desempeñará un papel decisivo para acompañar esta transformación.
Conclusión
fotovoltaicos, almacenamiento mediante baterías, plataformas digitales de monitoreo, microrredes, automatización y sistemas inteligentes capaces de optimizar el consumo eléctrico en tiempo real. A ello se sumará el uso de inteligencia artificial para anticipar fallas, optimizar mantenimientos y mejorar la gestión energética mediante análisis predictivos. Es un hecho que la ingeniería hospitalaria deberá evolucionar al mismo ritmo que la medicina.
Una visión integral para la infraestructura crítica
La complejidad del entorno actual exige abandonar los enfoques parciales. La infraestructura eléctrica hospitalaria debe analizarse como un sistema integral donde convergen la seguridad eléctrica, la calidad de la
La evolución del sector salud dependerá, en gran medida, de la capacidad para fortalecer una infraestructura energética segura, inteligente y resiliente. La energía eléctrica ya no debe entenderse únicamente como un insumo operativo, sino como un activo estratégico que sostiene la continuidad clínica, protege la tecnología médica y garantiza la seguridad de los pacientes. Construir hospitales preparados para el futuro implica anticiparse a los riesgos, invertir en ingeniería especializada y adoptar una visión de largo plazo donde la confiabilidad energética sea un componente esencial de la atención médica. La medicina del futuro será cada vez más digital, automatizada e inteligente; por ello, requerirá una infraestructura eléctrica con el mismo nivel de evolución, capaz de responder con eficiencia, seguridad y resiliencia a los desafíos de una sociedad que demanda servicios de salud cada vez más confiables. El nuevo ADN de la ingeniería energética no es una tendencia, es la evolución que definirá la competitividad de las próximas décadas.
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FACTOR MANO EN EFICIENCIA ERGÉTICA La ventaja competitiva que ninguna empresa puede comprar
GERARDO TENAHUA TENAHUA
Hoy, las organizaciones invierten millones en tecnología para reducir su consumo energético. Sin embargo, la mayor fuente de eficiencia sigue siendo un activo que no aparece en el balance financiero: las personas. En un entorno empresarial donde la rentabilidad depende de controlar costos, optimizar recursos y responder a mercados cada vez más competitivos, la eficiencia energética ha dejado de ser un tema exclusivamente ambiental para convertirse en un asunto estratégico. La conversación suele centrarse en las inversiones: equipos de alta eficiencia, automatización, inteligencia artificial, edificios inteligentes o generación distribuida. Todas estas herramientas son fundamentales. Sin embargo, existe una realidad que con frecuencia pasa desapercibida en los consejos de administración: la tecnología, por sí sola, no genera resultados.
Ingeniero industrial experto en Eficiencia Energética
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Electricidad | Eficiencia Energéticaº El verdadero diferenciador competitivo no es únicamente la capacidad de invertir en innovación, sino la capacidad de transformar el comportamiento de las personas que utilizan esa innovación. La eficiencia energética es una decisión de liderazgo Las organizaciones más competitivas del mundo han entendido que la energía no representa únicamente un costo operativo; también es un indicador de la calidad de sus procesos. Cada kilowatt-hora desperdiciado refleja una oportunidad perdida para mejorar la productividad, incrementar la rentabilidad o fortalecer la competitividad. Por ello, la pregunta ya no es cuánto consume una empresa, sino qué tan inteligente es al administrar ese consumo y, de ser posible, reducirlo aún más.
Las empresas que incorporan la eficiencia energética dentro de su estrategia corporativa no solo disminuyen gastos. También fortalecen su resiliencia frente a la volatilidad de los mercados energéticos, mejoran su desempeño ambiental y generan mayor confianza entre inversionistas, clientes y colaboradores.
La tecnología es un habilitador; la cultura es el verdadero motor
La historia empresarial demuestra que las inversiones solo producen resultados sostenibles cuando van acompañadas de una cultura organizacional sólida. Una empresa puede instalar los sistemas de monitoreo más avanzados, automatizar sus procesos o incorporar equipos de última generación. Sin embargo, si las personas continúan operando bajo los mismos hábitos, el potencial de esas inversiones nunca se materializará por completo. La eficiencia energética comienza cuando cada colaborador comprende que sus decisiones diarias también son decisiones financieras. Apagar un equipo innecesario, optimizar los horarios de operación, realizar mantenimiento preventivo o utilizar correctamente un sistema de climatización son acciones aparentemente simples que, multiplicadas por cientos de trabajadores y miles de jornadas laborales, representan una ventaja competitiva difícil de igualar.
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Un ejemplo que lo demuestra en la práctica
Una empresa manufacturera del sector alimentario decidió modernizar su planta mediante una inversión significativa en sistemas de monitoreo energético y equipos de alta eficiencia. Sobre el papel, el proyecto prometía una reducción del 15 % en el consumo eléctrico. Sin embargo, durante los primeros meses los resultados fueron marginales. El problema no estaba en la tecnología, sino en la operación cotidiana: los equipos permanecían encendidos fuera del horario laboral, los sistemas de refrigeración no se ajustaban correctamente y no existía una rutina clara para apagar los equipos en las áreas no productivas. La dirección decidió entonces complementar la inversión tecnológica con un programa de cultura energética. Se capacitó a los equipos de trabajo, se establecieron indicadores visibles por área y se asignaron responsabilidades específicas a los supervisores de turno. En menos de seis meses, la empresa no solo alcanzó el 15 % proyectado, sino que lo superó al lograr una reducción del 23 % en su consumo energético. La diferencia no la marcó una nueva inversión tecnológica, sino la disciplina operativa de las personas. Este caso ilustra un principio fundamental: la eficiencia no se instala; se adopta.
Liderar una cultura de eficiencia
Las empresas líderes no administran únicamente recursos; administran comportamientos. Cuando la alta dirección comunica con claridad que la eficiencia energética forma parte de la estrategia del negocio, el ahorro deja de ser una responsabilidad exclusiva del área técnica para convertirse en un objetivo compartido. Ese cambio de perspectiva transforma la cultura organizacional. Los colaboradores dejan de preguntarse: “¿Quién debe ahorrar energía?” y comienzan a cuestionarse: “¿Cómo puedo contribuir a que la empresa sea más eficiente?” Ese es el momento en que la eficiencia deja de ser un proyecto para convertirse en una ventaja competitiva permanente.
Competitividad en un mundo que consume más energía
La electrificación del transporte, la inteligencia artificial, los centros de datos, la automatización industrial y el crecimiento urbano incrementarán de manera sostenida la demanda mundial de electricidad durante las próximas décadas. En este contexto, las organizaciones que aprendan a producir más utilizando menos energía ocuparán una posición privilegiada. La eficiencia energética dejará de ser únicamente un indicador ambiental para convertirse en un indicador de excelencia operativa, capacidad de innovación y calidad directiva.
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Las compañías que desarrollen una cultura de consumo responsable estarán mejor preparadas para enfrentar escenarios de mayor presión sobre los costos energéticos y de crecientes exigencias regulatorias.
El liderazgo que marcará la diferencia
Durante muchos años se pensó que la eficiencia energética era responsabilidad exclusiva de los ingenieros. Hoy sabemos que también es una responsabilidad de los líderes empresariales y, especialmente, de los CEO. ¿Por qué? • Porque las inversiones las aprueba la dirección. • Porque las prioridades las define la dirección. • Porque la cultura la construye la dirección. • Y porque los resultados los obtiene toda la organización. Los líderes que comprendan esta relación no solo reducirán sus costos operativos. También construirán organizaciones más resilientes, competitivas y preparadas para un mercado en el que la sostenibilidad dejará de ser una ventaja para convertirse en una condición indispensable. Por ello, la próxima revolución energética no estará determinada únicamente por tecnologías más eficientes. Estará definida por organizaciones capaces de desarrollar una nueva cultura de liderazgo. En un mundo donde la energía será uno de los recursos estratégicos más valiosos, las empresas que logren alinear tecnología, procesos y talento humano serán las que lideren el crecimiento sostenible. Recordemos que la verdadera eficiencia energética no comienza cuando se instala un nuevo equipo o sistema. Comienza cuando una organización decide transformar su forma de pensar, trabajar y liderar para convertir la eficiencia en parte de su cultura y hacer que las cosas sucedan.
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EFICIENCIA ENERGÉTICA: EL CUARTO FACTOR DE LA PRODUCCIÓN Y EL MOTOR DE LA TRANSFORMACIÓN EN MÉXICO JUAN CARLOS CHÁVEZ
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n el marco del 36° Aniversario del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (FIDE), fundado en agosto de 1990, tuvimos la oportunidad de conversar con su director general, el Maestro José Antonio Urteaga Dufour. Más que una revisión técnica de cifras, el encuentro reveló una visión humanista y estratégica de la energía, entendiéndola no solo como un recurso técnico, sino como un “alimento indispensable para la vida” y un eje transversal para la justicia social, la competitividad y la preservación del planeta.
La Energía, el cuarto factor productivo
Tradicionalmente, la teoría económica ha dictado que los factores de la producción son tres: recursos naturales, trabajo y capital. Sin embargo, para el Maestro Urteaga, la realidad del siglo XXI exige una actualización de este
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José Antonio Urteaga Dufour, dir. gral. del FIDE.
dogma. “La energía es hoy el cuarto factor productivo”, afirma con convicción. Aquellos directores generales y tomadores de decisiones que no comprendan que la energía debe administrarse con el mismo rigor que los recursos financieros, humanos o materiales, están perdiendo una oportunidad histórica de competitividad. En un contexto global marcado por el auge de los centros de datos —como el fenómeno que vive Querétaro— y la inminente transición hacia la electromovilidad, la demanda energética se intensifica. Ante este escenario, la premisa del FIDE es clara: la eficiencia energética es el mejor combustible. Antes de buscar la implementación masiva de fuentes renovables, las empresas deben optimizar sus consumos. Una empresa capaz de reducir sus costos mediante la eficiencia no solo mejora su rentabilidad, sino que asegura su permanencia en un mercado internacional que exige, cada vez más, una baja huella de carbono como criterio de selección.
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36 años transformando el mercado: de los motores a la conciencia
La evolución del FIDE en estas casi cuatro décadas se mide en resultados tangibles que han transformado industrias enteras. A través de programas de incentivos coordinados con la CONUEE, la Secretaría de Energía y la CFE, el FIDE logró que en cinco años el 100% de los motores vendidos en el país fueran de alta eficiencia. Este cambio es estructural, dado que los motores representan el equipo de mayor consumo en la demanda eléctrica nacional. Urteaga recuerda con especial énfasis la transformación del mercado de motores eléctricos iniciada en la década de los 2000. “Cuando ese programa comenzó, menos del 3% de los motores que se venden en México. Eran motores eléctricos de alta eficiencia. Había un círculo vicioso: quienes compraban motores no sabían de la existencia de motores de alta eficiencia. Quienes lo vendían,
consideraban que no había demanda, entonces no lo impulsaban. Con este programa se logró que el 100% de los motores que se vendían en México fueran de alta eficiencia”. A la fecha, el conjunto de proyectos del FIDE ha permitido un ahorro acumulado de 28.5 Teravatioshora (TWh), una cifra equivalente al consumo anual de casi 17.5 millones de viviendas. Este ahorro no solo es rentable para las familias y empresas, sino que ha evitado la emisión de 15.4 millones de toneladas de CO2 equivalente al año, contribuyendo directamente a la meta de mitigar el cambio climático y alcanzar cero emisiones netas hacia el 2050. Además, ha logrado una capacidad instalada diferida de poco más de 4 mil MW.
El rostro humano de la eficiencia: combatiendo la pobreza energética
Bajo la administración actual, el FIDE ha puesto un énfasis especial en la dimensión social de la energía.
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estos focos nuevos-, y comenzó a explicarme: -llevamos como tres semanas iluminándonos con velas-. En consecuencia, visitamos la casa de la señora y finalmente pudo tener acceso a estas lámparas... una pareja de ancianos que ya no podía comprarlas y se estaba iluminando con velas... me emociona mucho ese tipo de testimonios”, señaló emocionado, subrayando que la eficiencia es, ante todo, un acto de dignidad.
Superando resistencias: el salto en la cultura empresarial
Para Urteaga, la eficiencia no es solo un indicador técnico, sino una vía para devolver la dignidad a las familias en situación de vulnerabilidad. Urteaga comparte testimonios que ilustran el impacto real de estos programas en las zonas más vulnerables. Programas como “Techos para el Bienestar” en Mexicali, donde las temperaturas superan los 50° C, permiten que familias de bajos recursos cuenten con sistemas fotovoltaicos que alivian el peso del gasto en aire acondicionado, indispensable para la supervivencia en esa región Sin embargo, es en las historias individuales donde la eficiencia cobra su dimensión más humana. El director del FIDE relató su experiencia en Chiapas, supervisando la distribución de lámparas eficientes en zonas de difícil acceso: “Se acerca una persona ya de edad mayor y me dice: -No, joven, es que yo no estoy en el padrón... ya no hay de estos foquitos y ahora no me alcanza para comprar
El director general del FIDE recordó cómo, en los años 90, las empresas rechazaban las “auditorías energéticas” por temor a ser fiscalizadas. El cambio terminológico a “diagnósticos energéticos” fue clave para que las organizaciones vieran en estas evaluaciones una oportunidad de mejora y no una amenaza. Un caso emblemático fue la intervención en Liverpool Polanco. Inicialmente, hubo un rechazo absoluto al cambio de iluminación por temor a perder la calidad en la exhibición de productos. El FIDE demostró que la tecnología no solo reducía el consumo, sino que mejoraba el índice de rendimiento de color y disminuía la generación de calor, lo que a su vez reducía la carga de los sistemas de aire acondicionado. Hoy, las grandes empresas ya cuentan con comités de eficiencia energética y administran la energía como un recurso estratégico. El reto actual se centra en las MIPYMES, a quienes se les apoya mediante el EcoCrédito Empresarial para sustituir equipos obsoletos por tecnologías con el Sello FIDE, financiándose a través de los propios ahorros generados.
El beneficio “Oculto”: la ética del No Desperdicio
Al preguntarle sobre el beneficio menos reconocido de la eficiencia, Urteaga reflexionó sobre el valor del esfuerzo individual y la eliminación del uso irracional. Mientras que los ahorros por cambio de equipos son medibles y visibles, el acto de apagar una luz o aprovechar la luz natural es una “actividad oculta” pero fundamental. “Puede haber el equipo más eficiente, pero si se utiliza de manera incorrecta e irracional, sigue siendo — aunque sea un desperdicio eficiente— un desperdicio. La eliminación de desperdicios es uno de lo que está más oculto... medir el evitar el uso irracional es bien complejo, pero hay que cada vez motivarlo más y la motivación es reconocerlo”.
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IA y diagnósticos digitales
El FIDE no es ajeno a la revolución tecnológica actual y ya visualiza cómo la digitalización puede simplificar el camino hacia el ahorro. El objetivo del Maestro Urteaga es democratizar los diagnósticos energéticos mediante herramientas automáticas: “Uno de mis sueños es tener una herramienta que permita hacer diagnósticos de manera automática. Tú puedes tomar una fotografía de los equipos de alto consumo, eso llega a una base de datos, compara los modelos, antigüedades… El siguiente paso es que te ofrezca la opción de cuál es el equipo con el que puedes corregir la ineficiencia y ahí te calcula, te estima un nivel de ahorro. El FIDE tiene un gran reto en digitalización y en aprovechamiento de la inteligencia artificial”. Así, el objetivo es que cualquier usuario pueda tomar una fotografía de la placa de datos de un motor, refrigerador o compresor y, mediante una base de datos inteligente (que hoy cuenta con más de 4000 modelos con Sello FIDE), reciba instantáneamente una comparación de eficiencia, una estimación de ahorro y la mejor opción de reemplazo en el mercado.
Un compromiso de todos
La meta establecida en la Ley de Planeación y Transición Energética es reducir la intensidad energética en un 2.9% para el 2030. Es un desafío que, según Urteaga, no pertenece solo al gobierno, sino a cada ciudadano y empresa de la República. Su mensaje final para los líderes de México es una invitación a la acción: la eficiencia energética no es solo una medida de ahorro, es la clave para vivir en armonía con la naturaleza y asegurar un desarrollo sustentable para las próximas generaciones. En los 36 años del FIDE, la lección es clara: ahorrar energía es generar futuro. “Cualquier esfuerzo para reducir el consumo de energía sin detrimento de nuestras condiciones de confort o de productividad va a contribuir a reducir la emisión de gases de efecto invernadero y eso va a evitar lo que nosotros, como un país de alta vulnerabilidad al cambio climático, nos está ocurriendo. La eficiencia es parte de nuestra esencia y nuestro ser”, concluye el director general del FIDE.
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En Portada
BIOENERGÍA
NUEVA GENERA EN COMBUSTIB JUAN CARLOS CHÁVEZ E ITZEL BECERRIL
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oy, con la mente puesta en la transición energética global de 2026, México se encuentra en un momento definitorio. Tras la promulgación de marcos legales clave y una creciente presión internacional por la descarbonización, la bioenergía ha dejado de ser una promesa de laboratorio para convertirse en una necesidad industrial y social. La abundancia de recursos bióticos del país, sumada a una capacidad científica de vanguardia, posiciona a la nación para liderar un cambio de paradigma: dejar de ver los residuos como un problema de disposición para entenderlos como un recurso estratégico. Para desmenuzar este panorama, presentamos un análisis profundo a través de tres voces fundamentales: la Dra. Dulce Arias, investigadora del Instituto de Energías Renovables (IER) de la UNAM, quien nos guía por los fundamentos científicos y el impacto social de estas tecnologías; y Daniela Suárez, directora jurídica de Grupo CIITA, quien detalla los retos operativos, regulatorios y las oportunidades de inversión que definen el mercado actual tras la histórica reforma de 2025; y Galo Galeana, director general de Biomovilidad, quien también aborda la actualización del marco regulatorio de los biocombustibles en México y el impulso al bioetanol como alternativa para fortalecer la transición energética, reducir emisiones y desarrollar una nueva agroindustria nacional.
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2030:
ACIÓN BLES Dulce Arias, Investigadora del IER de la UNAM.
Los Fundamentos de la Bioenergía: Ciencia, Sostenibilidad y Humanismo
La comprensión de la bioenergía requiere, primero, una distinción clara de sus alcances. No se trata simplemente de quemar materia orgánica, sino de un ecosistema tecnológico que abarca desde la generación de electricidad hasta la sustitución de combustibles fósiles en sectores críticos. Como explica la Dra. Dulce Arias, la bioenergía es, en esencia, la forma más antigua de aprovechamiento energético de la humanidad, pero hoy se reinventa bajo estándares de alta eficiencia. Sobre la distinción conceptual, la Dra. Arias señala: “La bioenergía es un concepto bastante amplio y este engloba toda la energía obtenida de la biomasa, considerando que la biomasa es toda materia viva proveniente de origen vegetal y animal. Dentro de esa bioenergía, hay distintas formas de aprovechamiento, como la producción de bioelectricidad, de calor, de biogás; podemos decir que la bioenergía es la primera forma de energía que hubo en la tierra, al hacer una fogata, eso ya entra dentro del concepto. Ahora, en la parte del aprovechamiento de biocombustibles, se puede decir que es una de las formas de bioenergía y corresponden a estos combustibles líquidos, sólidos y gaseosos que se obtienen de la biomasa y que se utilizan para sustituir total o parcialmente a los combustibles fósiles”. Esta capacidad de sustitución parcial o total es lo que otorga a los biocombustibles un rol protagónico en la transición energética. No obstante, la doctora es enfática en que el adjetivo “bio” no garantiza automáticamente la sostenibilidad. La clave reside en la procedencia de la biomasa y en evitar la competencia con la seguridad alimentaria, un tema central en la agenda global de “Hambre Cero” de este 2026.
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se consideran estos residuos como un área de oportunidad, un recurso que se puede valorizar para obtener biocombustibles, ahí empieza la cadena de sostenibilidad, la bioeconomía o la economía circular, donde el residuo deja de ser un problema y se convierte en un recurso que puede aprovecharse”.
Las cuatro generaciones y el reto de la sostenibilidad
Sectores estratégicos: el nicho de lo “difícil de electrificar”
Para evaluar el impacto de un proyecto de bioenergía, la ciencia clasifica la materia prima en cuatro generaciones. La primera generación, basada en cultivos alimentarios como el maíz o el azúcar, enfrenta críticas éticas y ambientales por su potencial para encarecer alimentos o provocar deforestación. Es aquí donde la investigación mexicana está volcando sus esfuerzos hacia los residuos. La Dra. Arias detalla esta evolución tecnológica: “Hay distintas clasificaciones, hay cuatro generaciones de biomasa. La primera es la biomasa de primera generación donde se utilizan cultivos alimentarios, como el maíz o el azúcar. La segunda generación son los residuos forestales... la tercera generación es ‘otros residuos’ o un orden más amplio, por ejemplo, los residuos orgánicos urbanos, aguas residuales y la cuarta generación es el uso de microorganismos, como las microalgas y las cianobacterias. [...] Cuando
A pesar del avance de la movilidad eléctrica en vehículos ligeros, existen sectores industriales y de transporte que, por su densidad energética requerida, no pueden depender de baterías en el corto o mediano plazo. Es en estos nichos donde los biocombustibles avanzados, como el biohidrógeno y el SAF (Sustainable Aviation Fuel), se vuelven indispensables. “La mayor contribución de los biocombustibles está en esos sectores difíciles de electrificar, como comunidades descentralizadas, la aviación, el transporte pesado, transporte marítimo y algunos procesos industriales que requieren altas temperaturas. Los biocombustibles pueden convertirse en una de las alternativas para reducir emisiones sin necesidad de reemplazar completamente la infraestructura”. México cuenta con una ventaja competitiva natural para atender estos sectores gracias a su enorme generación de residuos agroindustriales, particularmente
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de la industria de la caña de azúcar y del agave, que producen toneladas de desechos susceptibles de ser valorizados. Sin embargo, el tránsito del laboratorio al sector productivo sigue siendo el gran cuello de botella.
Impacto social: energía con perspectiva
Uno de los puntos más disruptivos de la visión de la Dra. Arias es la capacidad de la bioenergía para transformar la vida en comunidades rurales y descentralizadas. El aprovechamiento del biogás y la bioelectricidad no solo reduce la dependencia de redes eléctricas lejanas, sino que tiene un impacto directo en la salud y la equidad de género, al mitigar los riesgos asociados al uso tradicional de la leña. “En comunidades rurales da oportunidades e incluso de género. Si se usa la leña para calentar los alimentos, las mujeres, sobre todo, sufren las consecuencias de estar respirando ese humo; se evitarían esas cosas al generar un calor que venga del biogás. También evitarían que las mujeres recorran muchos kilómetros para conseguir la leña. Es un tema que tiene que tomarse bastante serio”, señala la Dra. Dulce Arias. Esta dimensión humana de la bioenergía subraya que la transición energética en México no es solo un ajuste técnico de emisiones, sino una herramienta de justicia social y desarrollo económico regional.
El salto regulatorio: del potencial a la realidad industrial
Si la ciencia proporciona las bases, la política pública y la estrategia de mercado proporcionan el impulso. Para profundizar en la viabilidad económica y el entorno legal, consultamos a Daniela Suárez, experta de Grupo CIITA, quien nos ofrece una radiografía del sector tras la implementación de la Ley de Biocombustibles de marzo de 2025. Para Suárez, el potencial de México es indiscutible, pero la consolidación de la industria depende de la certeza jurídica y la alineación de todos los niveles de gobierno. “El principal reto no es la falta de recursos primarios, sino la consolidación de una cadena de valor integrada y una certeza jurídica a largo plazo. Tras la promulgación de la Ley de Biocombustibles en marzo de 2025, el marco normativo ha dado un paso fundamental, pero ahora necesitamos una comunicación estrecha y alineada entre la federación, los estados y los municipios.
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En Portada Para escalar los proyectos se requiere, en primer término, garantizar el suministro constante y trazable de biomasa o residuos optimizando la logística de recolección, mientras que de forma paralela resulta indispensable detonar esquemas de financiamiento verde con tasas competitivas que comprendan los tiempos de maduración de esta industria, logrando así pasar de la teoría regulatoria a una planeación logística robusta y esquemas de coinversión bien estructurados”. A pesar de contar con una ley marco, el sector privado enfrenta barreras operativas por la falta de normas técnicas específicas. La industria no puede avanzar en la formulación de mezclas de gasolinas, diésel o turbosina con biocombustibles si no existen los estándares de calidad que den seguridad tanto al inversor como al consumidor final. “Las autoridades deben priorizar la emisión de las normas y disposiciones técnicas específicas que son indispensables para instrumentar los proyectos en la práctica. Un ejemplo crítico es el rezago en las Normas Oficiales Mexicanas sobre especificaciones de calidad para las mezclas permitidas y la falta de la infraestructura de la calidad necesaria para la evaluación de la conformidad; sin estas herramientas normativas resulta imposible solicitar los nuevos permisos de formulación —actividad que consiste en la mezcla de gasolinas, diésel y turbosina con biocombustibles—, por lo que se requiere enfocar esfuerzos regulatorios en destrabar este tipo de aspectos operativos para avanzar de inmediato en las mezclas. Por otro lado, para facilitar la llegada de inversiones, considero que es necesario impulsar incentivos estructurados en tres vertientes clave: estímulos fiscales directos como deducciones aceleradas en inversiones para infraestructura de economía circular; esquemas de certificación y reconocimiento ambiental que otorguen ventajas competitivas y facilidades regulatorias a las empresas que incorporen biocombustibles en su proveeduría; y una simplificación administrativa a través de una ventanilla única que agilice los permisos y trámites, reduciendo costos de transacción sin descuidar el c u m p l i m i e n t o normativo”, señala Daniela.
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Daniela Suárez, directora jurídica de Grupo CIITA.
En Portada Oportunidades de Inversión y Nichos de Mercado
Para el inversionista nacional y extranjero, 2026 presenta ventanas de oportunidad sin precedentes, impulsadas por las metas de descarbonización corporativa y el cumplimiento de las metas de alcance 1 y 3. En Grupo CIITA han observado un cambio de actitud en las empresas: la bioenergía ya no es una opción de “relaciones públicas”, sino un eje de competitividad comercial. Las áreas con mayor potencial de retorno y viabilidad a corto plazo, según Suárez, son: Biometano: Inyección directa en ductos de gas natural aprovechando la infraestructura existente.
• Biodiésel: Atención a industrias con compromisos internacionales utilizando aceites usados y cultivos de reconversión que no afecten la seguridad alimentaria. • Sector Agroindustrial y Pecuario: Residuos porcícolas, avícolas y lodos de plantas de tratamiento para generación de biogás y autoconsumo energético. • Rellenos Sanitarios: Aprovechamiento del metano para generación eléctrica. • El Reto del Sargazo: Transformación de esta crisis ecológica en el Caribe en una fuente de biocombustibles y fertilizantes. Sobre el interés empresarial, Suárez destaca: “En GRUPO CIITA hemos notado una evolución muy clara donde las empresas ya no ven la transición energética como un requisito de cumplimiento aislado o una carga regulatoria, sino como un eje central de competitividad y continuidad de negocio. Cada vez más permisionarios del sector hidrocarburos buscan integrar alternativas de bajo carbono en sus operaciones, impulsados por la exigencia de sus propios clientes corporativos”.
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Visión a 2036: ¿Hacia dónde camina México?
La transición energética no es una carrera de una sola tecnología, sino una integración inteligente de diversas fuentes. Tanto la academia como la industria coinciden en que el futuro de México debe ser una matriz diversificada donde los biocombustibles convivan con la solar, la eólica y el hidrógeno verde. La Dra. Dulce Arias visualiza este futuro de la siguiente manera: “Lo ideal... sería una matriz energética mucho más diversificada, donde los biocombustibles convivan con energía solar, energía eólica, energía marítima u otras formas de tecnologías limpias. La transición energética no debe depender nada más de los biocombustibles, sino ser parte de una cadena más grande en una integración inteligente de todas ellas y adaptadas a las necesidades y a lo que sea más viable”. Por su parte, Daniela Suárez lanza un mensaje final a aquellos que aún dudan en invertir en el sector: “A los empresarios que aún ven este mercado con escepticismo les diría que el tren regulatorio y de mercado ya se puso en marcha con la reforma del año pasado, por lo que quienes comiencen hoy a estructurar sus proyectos, evaluar sus fuentes de biomasa y asegurar su cumplimiento normativo estarán liderando el mercado del mañana sin llegar tarde a una cadena de suministro que ya demanda soluciones reales”. De esta manera, México posee los ingredientes necesarios para una revolución bioenergética: recursos naturales vastos, una masa crítica de investigadores de primer nivel y un marco legal reciente que, aunque requiere reglamentación técnica urgente, ya traza el camino a seguir. La bioenergía representa la oportunidad de cerrar el ciclo de la economía circular, revitalizar el campo mexicano y asegurar que la transición energética sea, por encima de todo, inclusiva y sostenible. El momento de actuar es ahora; el recurso está en nuestra tierra, en nuestros residuos y, fundamentalmente, en nuestra capacidad de innovación.
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En Portada México perfila nueva regulación para impulsar el etanol en la transición energética
La transición energética en México podría dar un nuevo paso con la actualización del marco regulatorio para los biocombustibles. Galo Galeana, director general del organismo, informó que la Secretaría de Energía (Sener) ya inició el proceso formal para modificar la NOM-016, además de trabajar en una nueva regulación para el desarrollo de biocombustibles, entre ellos el bioetanol, biodiésel, biometano y combustibles sostenibles para la aviación. De acuerdo con el especialista, quien en un webinar organizado por Biomovilidad, señaló que estos cambios buscan fortalecer la seguridad energética, reducir emisiones contaminantes y generar nuevas oportunidades para el sector agroindustrial mexicano. Galeana explicó que el Gobierno federal ya dio los primeros pasos para actualizar la regulación de los combustibles en México y avanzar hacia un esquema que permita una mayor incorporación de biocombustibles. “La Sener ha iniciado ya la modificación formal de la NOM-016, que fue emitida por la CRE, en la cual se establecen la calidad de los combustibles. Y también existe una nueva pieza normativa que se está desarrollando para la producción de biocombustibles varios, desde el 12% de etanol hasta el 85%, lo que se denomina E85, además de combustibles sustentables para la aviación, biodiésel, biometano y biogás”, explicó.
Galo Galeana, director general de Biomovilidad.org
Así también indicó que estos trabajos representan la continuidad de la política pública iniciada con la Ley de Biocombustibles y su reglamentación, por lo que consideró que el país comienza a consolidar un marco institucional para este sector. “Lo que vimos el año pasado con la nueva Ley de Biocombustibles y el reglamento, poco a poco se está concretando en políticas de Estado en México”, afirmó.
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En Portada
Bioetanol, una alternativa para descarbonizar el transporte
Asimismo, Galeana destacó que el bioetanol no solo funciona como un oxigenante para las gasolinas, sino que también representa una herramienta para reducir emisiones y mejorar la calidad del aire. “El bioetanol es un oxigenante y tiene una serie de beneficios desde el punto de vista social, económico, energético e incluso de salud pública”, comentó, al explicar que actualmente más de 70 países utilizan este combustible como parte de su matriz energética. Como parte de los beneficios ambientales, presentó estimaciones elaboradas por Biomovilidad junto con especialistas en ingeniería ambiental sobre el potencial de mitigación de emisiones. “Si México empleara etanol a un 10% tendríamos la posibilidad de estar reduciendo entre 60 y 130 millones de toneladas de CO2 equivalente”, señaló al referirse al periodo comprendido hacia 2050. El directivo añadió que los beneficios también alcanzan a la salud pública, al disminuir contaminantes asociados con enfermedades respiratorias y cardiovasculares. “Uno de los aspectos más relevantes del etanol es que tiene la gran virtud de que reduce la emisión de partículas finas”, explicó, al tiempo que indicó que también disminuye la presencia de compuestos aromáticos como el benceno, tolueno, xileno, etilbenceno y 1,3-butadieno, relacionados con riesgos para la salud. Además, rechazó que exista evidencia concluyente de un incremento significativo en la formación de ozono derivado del uso de mezclas con etanol y recordó que estudios del Instituto Mexicano del Petróleo concluyeron que no existen diferencias estadísticamente significativas frente a las gasolinas con MTBE (éter metil-terbutílico).
Sustituir el MTBE y fortalecer la producción nacional
Además del componente ambiental, Galeana sostuvo que la incorporación del etanol representa una oportunidad económica
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para reducir importaciones y fortalecer la producción nacional. “La idea es hacer esta sustitución de MTBE por etanol”, comentó al explicar que actualmente México importa la mayor parte de ese oxigenante desde Estados Unidos. En ese sentido, aseguró que el bioetanol ofrece ventajas competitivas frente al aditivo fósil. “El etanol es históricamente más barato en los últimos 15 o 20 años que el MTBE y además contiene un mayor índice de octanaje”, afirmó. El especialista añadió que una mayor producción nacional permitiría impulsar una nueva agroindustria basada en cultivos como caña de azúcar, melazas y sorgo, generando beneficios para productores y comunidades rurales. “Podría generar cientos de miles de empleos directos y hasta millones de empleos indirectos”, aseguró al referirse al potencial económico del sector.
E10 permanece en análisis dentro de la NOM-016
Finalmente, Galeana explicó que el grupo encargado de revisar la NOM-016 ya celebró tres reuniones técnicas con la participación de más de medio centenar de organizaciones y especialistas. Actualmente se revisan observaciones jurídicas, técnicas y económicas para integrar el anteproyecto que posteriormente será sometido a consulta pública. En ese contexto, confirmó que uno de los temas centrales es incrementar el porcentaje permitido de etanol en las gasolinas. “La modificación del porcentaje de etanol del 5.8 al 10% se encuentra sobre la mesa”, señaló, al considerar que una mezcla E10 permitiría aprovechar plenamente los beneficios ambientales y económicos demostrados por la experiencia internacional. Agregó que, de mantenerse el calendario previsto, el proyecto podría publicarse para consulta pública entre finales de este año y principios del próximo.
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¿ESTAMOS MIDIENDO
BIEN EL CONSUMO ENERGÉTICO?
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adie mediría el progreso de la computación por las toneladas de silicio consumidas, ni el desarrollo de las telecomunicaciones por los kilogramos de cobre tendidos. Juzgamos esas industrias por lo que entregan —capacidad de procesamiento, ancho de banda—, no por lo que consumen para producirlo. Con la energía hacemos justo lo contrario: durante más de un siglo la hemos medido desde el punto de vista de quien extrae
y vende combustible, en barriles de petróleo, toneladas de carbón, pies cúbicos de gas o bien los TWh generados. Sin duda, son cifras indispensables para medir reservas, comercio y seguridad de suministro, pero no describen con claridad cuánta energía aprovecha realmente la sociedad. Esa costumbre que se arraigó más desde las crisis pretroleras de los 70’s del siglo pasado, distorsiona el cómo entendemos la transición energética y qué políticas diseñamos a partir de ella.
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SANTIAGO BARCÓN CEO de PQ Barcon
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Un vicio con historia
Esta forma de contar no nació por descuido, nació por conveniencia administrativa. Las estadísticas energéticas modernas se diseñaron en la era del carbón y el petróleo, cuando el dato relevante para un gobierno o una empresa era cuánto combustible entraba a la economía: cuánto se importaba, cuánto se refinaba, cuánto había que gravar. La electricidad, durante décadas, fue apenas un subproducto secundario de ese sistema. Cuando la generación eólica, solar e hidroeléctrica empezó a crecer, los estadísticos la insertaron dentro de un marco contable que nunca se diseñó pensando en fuentes que no se queman. El resultado es un traje hecho a la medida de una industria distinta a la que hoy tenemos que describir. La propia Agencia Internacional de Energía nació en 1974, apenas un año después de la crisis petrolera de 1973, con el mandato explícito de vigilar la seguridad del suministro de combustibles entre los países industrializados. No es casualidad que su aparato estadístico y de reportes originalmente estuviera construido, ante todo, para contar barriles y toneladas, no para contar servicios energéticos; medio siglo después seguimos usando, con ajustes, ese mismo esqueleto contable para describir un sistema cada vez más eléctrico. Para ver el problema con claridad, conviene distinguir
cuatro conceptos. La energía primaria es la contenida en los recursos antes de transformarse: petróleo crudo, carbón, gas, uranio, o la electricidad generada directamente por el viento, el agua y el sol. La energía final es la que llega al consumidor tras transformación y distribución: gasolina en el tanque, gas en una caldera, electricidad en un contacto. La energía útil es la fracción que efectivamente realiza la función deseada: el movimiento de un auto, el calor de una habitación, la operación de una computadora. Y más allá está el servicio energético: no queremos kilowatt-horas ni litros de gasolina por sí mismos, queremos movilidad, confort térmico, iluminación, producción industrial. Como decía Amory Lovins del Rocky Mountain Institue y quien nos ha visitado en México: “la gente quiere duchas calientes y cerveza fría, no moléculas energéticas”. Consideremos que, buena parte de la energía primaria desaparece antes de convertirse en servicio útil. No se destruye —eso violaría la primera ley de la termodinámica—, se degrada, casi siempre en forma de calor disperso que ya no puede aprovecharse. Un motor de combustión convierte entre 20% y 30% de la energía de la gasolina en movimiento; el resto calienta el motor, los gases de escape y el ambiente. Una central termoeléctrica rechaza una proporción comparable antes de entregar electricidad, aunque los ciclos combinados han mejorado esta cifra a niveles de 60% y, todavía hay pérdidas después, en transmisión y distribución.
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Comunidad EH | Ideas con brío El informe Reframing Energy for the Age of Electricity (Daan Walter, Kingsmill Bond, Sam Butler-Sloss, Antoine Issac y Michael Liebreich, 2026) estima que, en 2023 el mundo utilizó alrededor de 591 exajoules de energía primaria, pero obtuvo apenas 209 exajoules de energía útil: casi dos terceras partes de lo que entra al sistema nunca llega a realizar trabajo útil. Los diagramas Sankey del Lawrence Livermore National Laboratory, que separan la energía aprovechada de la “energía rechazada”, muestran la misma historia, planta por planta y país por país.
Gráfica 1. De la energía primaria al trabajo útil mundial, 2023. Aquí aparece lo que varios autores llaman la “falacia de la energía primaria”: suponer que para sustituir los combustibles fósiles hace falta producir, unidad por unidad, toda la energía primaria que hoy contienen. En realidad, buena parte de esa cifra solo compensa las pérdidas inherentes a quemarlos. Es decir, no es uno por uno. Vale la pena ver el mecanismo con números. Cuando una fuente no combustible —solar, eólica, hidráulica— entrega electricidad, la Agencia Internacional de Energía la registra tal cual: lo que salió del generador. Pero varias bases de datos comerciales, como el Statistical Review of World Energy del Energy Institute, aplican después un ajuste llamado “método de sustitución”, para poder comparar todas las fuentes en pie de igualdad. El ajuste consiste en dividir la electricidad no fósil entre un “factor de eficiencia térmica” —la eficiencia promedio del parque de generación fósil— para estimar cuánto combustible habría hecho falta si esa misma electricidad hubiera salido de una planta convencional. Si una planta solar genera 100 TWh y el factor de eficiencia térmica es 0.4, su “equivalente en energía primaria” se reporta como 250 TWh, no 100. El ajuste no es un error ni una manipulación: busca hacer comparables peras con peras. Pero también revela cuánto infla la contabilidad fósil el simple hecho de contarla antes del desperdicio. Algo parecido ocurre con la energía nuclear. También pierde calor en el proceso de generación —con eficiencias térmicas de entre 33% y 40%—, pero como se reporta como electricidad de salida, se le aplica el mismo ajuste que a las renovables para hacerla comparable con el carbón o el gas. Contablemente, un joule siempre es un joule. En la práctica, no todos tienen la misma capacidad de hacer trabajo. La electricidad es una forma de energía de alta calidad: puede moverse a través de motores con eficiencias superiores al 90%, convertirse en calor
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casi sin pérdida, o alimentar sistemas electrónicos con precisión total. El calor de baja temperatura, en cambio, difícilmente puede volver a convertirse en electricidad o trabajo mecánico. Esta diferencia se llama exergía —la capacidad de una forma de energía para producir trabajo útil— y el ingeniero químico Paul Martin la resume sin rodeos: comparar un joule de combustible con uno de electricidad sin considerar su capacidad de conversión es cometer, dice, “un pecado contra la segunda ley de la termodinámica”. Por eso un auto eléctrico no necesita reemplazar, unidad por unidad, cada joule que traía la gasolina: al perder mucho menos como calor, recorre la misma distancia con una fracción de la energía final. Una bomba de calor, en vez de generar calor por combustión o resistencia, lo traslada del ambiente al interior —técnicamente, mueve calor en lugar de crearlo— y puede entregar tres o cuatro unidades térmicas por cada unidad eléctrica que consume; ese cociente se conoce como coeficiente de desempeño (COP) y explica por qué comparar kilowattshora eléctricos contra metros cúbicos de gas, uno a uno, subestima sistemáticamente lo que la electrificación realmente ahorra. Electrificar, entonces, no es solo cambiar de combustible: es también una estrategia de eficiencia. Esto es sumamente relevante.
Gráfica 2. Energía de entrada necesaria para el mismo servicio: moléculas vs. electrones. La forma en que se contabiliza la energía primaria puede distorsionar la percepción de la transición. Para los combustibles fósiles se registra el contenido energético antes de las pérdidas de la central o el motor. Para la generación eólica, solar e hidráulica, la Agencia Internacional de Energía usa el “método de contenido físico”: contabiliza como energía primaria a la electricidad efectivamente generada, sin asignarle valor a toda la radiación solar o energía cinética del viento que el equipo no capturó. Es una convención razonable —evita inventar pérdidas que no existen— pero tiene un efecto colateral: una central de carbón puede necesitar cerca de tres unidades térmicas para entregar una unidad eléctrica, mientras que un parque eólico registra, en primera aproximación, la unidad eléctrica que entrega. Vista solo en energía primaria, parece que desaparecieron dos unidades. Lo que en realidad desapareció, por supuesto, fue la necesidad de producirlas y desecharlas como calor.
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Esto explica por qué una economía que se electrifica puede sostener o incrementar sus servicios con menor consumo de energía primaria. Una caída en ese indicador no implica menos actividad económica ni menos bienestar: puede significar, simplemente, que se eliminaron pérdidas. Esta discusión no es solo de estadística energética, tiene consecuencias de política pública muy concretas. Cuando un programa de eficiencia energética fija metas de “reducción de energía primaria” en vez de energía final o útil, puede terminar premiando mejoras marginales en una caldera de gas —que sigue atada a un combustible fósil— por encima de su reemplazo directo por una bomba de calor eléctrica, simplemente porque el indicador está mal calibrado. Investigadores como Jan Rosenow y Nick Eyre han documentado cómo este error de métrica ha frenado la electrificación de la calefacción en Europa, e incluso organismos como la Unión Europea han tenido que revisar sus directivas de eficiencia para corregir el sesgo. Y es entendible que esto ocurra, la “inercia” del análisis de los números nos condiciona a un analisis con este sesgo.
La realidad en México
México no está exento de esta pregunta. Según el Balance Nacional de Energía 2024 de la Secretaría de Energía, el petróleo crudo representó 49.7% de la producción de energía primaria del país y el gas natural otro 25.4%: tres de cada cuatro unidades de energía primaria que produce México siguen siendo combustibles que, antes de convertirse en electricidad, movimiento o calor útil, pierden una fracción considerable de su contenido como calor de desecho. Cuando el debate público sobre la modernización de
la red de transmisión, la integración de renovables y el papel de CFE se reduce a comparar cuántos petajoules de combustible “se dejarían de usar”, se corre el riesgo de sobreestimar el reto real: no toda esa cifra representa servicio energético perdido, una parte importante es simplemente la ineficiencia que la transición energética eliminaría de origen. Vale la pena notar que esta distinción no es solo retórica para el sector eléctrico mexicano: cada punto porcentual de la matriz que se electrifica en lugar de depender de combustión directa representa, casi por definición, una reducción de pérdidas térmicas que ninguna cifra de energía primaria captura si se lee de forma aislada. Un plan de expansión de la red que se evalúe únicamente por cuántos petajoules de combustible fósil “desplaza” corre, casi con certeza, el riesgo de subestimar sistemáticamente el beneficio neto de electrificar transporte, calentamiento de agua e industria ligera. Hay que ser cuidadosos y reconocer que esta ventaja de la electrificación no vuelve inútil la energía primaria ni convierte a la electrificación en solución automática de todo. Los balances primarios siguen siendo esenciales para evaluar importaciones, reservas, exposición geopolítica y flujos de combustibles. Y hay quien advierte, con razón, que la narrativa de la “energía útil” también puede pecar de optimista: el analista Lars Schernikau apunta que centrarse solo en la eficiencia de conversión puede subestimar los costos reales de un sistema confiable basado en fuentes intermitentes —sobreconstrucción de capacidad, almacenamiento, refuerzo de redes, minería de materiales críticos, incluido otra vez el silicio de los paneles— que la métrica de energía útil tampoco captura del todo.
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Esto ya ha sido mencionado con la mezcla de generación con la que se carga el vehículo eléctrico y los costos reales de los materiales que utiliza. En el caso de EUA un auto eléctrico es más amigable con el medio ambiente a pàrttir de los 145,000 kilómetros de uso. Tampoco toda la economía se electrifica con la misma facilidad. En procesos como la producción de cemento, acero, vidrio o químicos, donde el combustible funciona además como materia prima y no solo como fuente de calor, sustituir moléculas por electrones es mucho más difícil. La calcinación del clínker para hacer cemento libera CO2 directamente de la reacción química de la piedra caliza, no solo de quemar combustible, así que ninguna fuente de electricidad, por limpia que sea, resuelve esa parte del problema. Producir acero sin carbón metalúrgico exige rutas nuevas —como la reducción directa de hierro con hidrógeno— que todavía son más caras y están en escala piloto. Y el hidrógeno mismo, promovido como el gran vector de descarbonización industrial, no escapa a
esta discusión: producirlo por electrólisis, comprimirlo o licuarlo, transportarlo y volver a convertirlo en electricidad o calor implica varias conversiones adicionales, cada una con su propia pérdida. No basta con invocar la eficiencia de un motor eléctrico para resolver estos casos. Algo similar ocurre en la aviación y el transporte marítimo de larga distancia, donde la densidad energética de los combustibles líquidos —la cantidad de energía que cabe en un tanque de peso y volumen limitados— sigue siendo difícil de igualar con baterías actuales. Un litro de turbosina tiene la energía de 135 kilogramos de baterías de litio. Ahí la conversación se mueve hacia combustibles sintéticos o biocombustibles, que reintroducen pérdidas de conversión propias y no ofrecen, al menos todavía, el mismo salto de eficiencia que la electrificación directa del transporte terrestre o la calefacción. La conclusión correcta no es abandonar la energía primaria como referencia, sino dejar de usarla como única lente. Evaluar en serio una política energética exige
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mirar al mismo tiempo el suministro primario, la energía final, la energía útil, las emisiones, los costos y la calidad del servicio que finalmente se entrega. Algunas instituciones ya se mueven en esa dirección: la norma ISO 50001 de gestión de la energía pide a las organizaciones dar seguimiento al desempeño energético real, no solo al insumo, y bases de datos como la de energía primaria, final y útil del IIASA existen precisamente para que investigadores y reguladores puedan trabajar con los tres niveles a la vez, en lugar de fiarlo todo a uno solo. Un reconocimiento a CONUEE por impulsar las UPAC (Usuarios de Patrón de Alto Consumo) que aborda de cierto modo este enfoque. La misma confusión entre energía primaria y energía útil reaparece hoy en uno de los debates más candentes del sector: el consumo eléctrico de los centros de datos que entrenan y operan sistemas de inteligencia artificial. Según el reporte Energy and AI de la Agencia Internacional de Energía, la demanda eléctrica mundial de centros de datos podría más que
duplicarse hacia 2030, hasta alrededor de 945 TWh, impulsada sobre todo por cargas de trabajo de IA. Las cifras que circulan en medios generalistas —“la inteligencia artificial consumirá tanta electricidad como un país entero”— casi siempre miden el insumo bruto que entra al centro de datos, no el cómputo útil que finalmente se obtiene de él. Dentro de la propia industria existe una métrica que captura justamente esta distinción: el PUE, acrónimo del inglés power usage effectiveness (Efectividad en el uso de energía), que compara la energía total que consume una instalación —incluyendo climatización, distribución eléctrica y pérdidas de conversión— contra la energía que efectivamente llega a los servidores para realizar cómputo. Un PUE de 1.0 significaría que toda la energía se destina al procesamiento; la propia IEA calcula que el promedio mundial ponderado bajará de 1.41 a 1.29 hacia 2030 conforme los operadores optimizan el enfriamiento y la distribución eléctrica. Es, en miniatura, la misma pirámide de primaria, final, útil y servicio que describe todo el sistema energético: cuánto entra al centro de datos, cuánto llega al servidor, y cuánto de eso se traduce en resultados de cómputo realmente útiles para quien hizo la consulta. Ignorar esa distinción —y sumar sin más el consumo bruto proyectado de miles de centros de datos— es la misma falacia de la energía primaria, con otro disfraz. Es vital entender que, el sistema energético no existe para consumir combustibles, existe para prestar servicios. Una política construida solo alrededor de barriles, toneladas y metros cúbicos corre el riesgo de confundir el tamaño del insumo con el valor del resultado. La pregunta correcta no es únicamente cuánta energía produce o consume un país, sino cuánto movimiento, calor, iluminación y bienestar obtiene de ella, cuánto pierde en el camino, y qué tecnologías pueden entregar el mismo servicio con menos recursos. No mediríamos el progreso digital por las toneladas de silicio consumidas, sino por lo que nuestros equipos son capaces de hacer. Ha llegado el momento de aplicar la misma lógica a la energía: seguir contando los insumos, desde luego, pero sin perder nunca de vista el trabajo útil que finalmente obtenemos de ellos. Cuando preguntaron a Lee Kuan Yew, el arquitecto del milagro de desarrollo en Singapur, que cuál había sido la principal causa del éxito, respondió de inmediato: el aire acondicionado. Continuó mencionando que con el clima que tienen solo se podía trabajar realmente de 7 am a 10 am y de 5 pm a 8 pm y de forma ineficiente. El aire acondicionado permitió una productividad desconocida, hasta entonces por ellos. Esto resulta más apremiante en México, en la medida que tenemos un largo trecho que recorrer para tener un consumo energético que permita a la población tener mejores niveles de vida. Con la visión del gobierno actual de justicia energética, que me parece loable, hay que tomar en cuenta lo analizado en este texto. Nos será de utilidad.
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ORMUZ: ADMINISTRAR LA ESCASEZ DESDE EL TERRITORIO
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uienes han seguido esta columna reconocerán un tema recurrente en estas páginas: la administración de la escasez derivada del agotamiento progresivo de los recursos. En esta entrega, el estrecho de Ormuz ofrece un caso de estudio idóneo para examinar cómo ese proceso se traduce en control territorial, circulación condicionada y poder energético. Durante décadas, el estrecho de Ormuz fue descrito como uno de los grandes puntos vulnerables del sistema energético mundial. La imagen era sencilla: una franja angosta de agua por la que debía circular una proporción considerable del petróleo y el gas natural licuado comercializados internacionalmente. Si el paso se interrumpía, los precios subirían y el mercado buscaría restaurar el flujo. Pero los acontecimientos de los últimos meses han revelado una realidad más compleja. Ormuz no es solamente un cuello de botella físico. Es un territorio desde el cual puede administrarse la circulación de la energía y, por tanto, distribuirse la escasez. La diferencia es fundamental. Una escasez puramente material aparece cuando no existe suficiente petróleo, gas o combustible para atender la demanda. Una escasez logística ocurre cuando el recurso sí existe, pero no puede llegar al lugar donde se necesita. La escasez política surge cuando el movimiento es técnicamente posible, pero queda condicionado por permisos, alianzas, controles militares, seguros, sanciones o capacidad de pago. En Ormuz, estas tres dimensiones se superponen. El recurso permanece bajo tierra, en terminales o dentro de los buques; lo que se encuentra en disputa es el derecho a moverlo.
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FÁTIMA BARRERA Fundadora de FB SOLUTIONS
Consultora en diseño energético, tecnología y negocios energéticos. En colaboración con Riemann agente conceptual del proyecto Euler, explorando la relación entre energía, ética y sentido.
Del cierre a la circulación condicionada.
La perturbación del estrecho no ha seguido la forma simple de un cierre absoluto. El tránsito se ha reducido, fragmentado y sometido a canales alternativos, negociaciones y episodios de confrontación. Incluso durante pausas militares recientes, el número de embarcaciones comerciales que cruzaban diariamente permaneció muy por debajo de sus niveles habituales. Esta circulación parcial tiene efectos distintos a los de un bloqueo completo. Permite que algunos cargamentos pasen mientras otros esperan; que determinados operadores puedan asumir mayores primas de riesgo; y que ciertos países utilicen relaciones diplomáticas,
poder militar o acuerdos particulares para proteger sus suministros. La escasez deja entonces de distribuirse de manera uniforme. Un comprador con reservas estratégicas, flota asegurada y acceso a proveedores alternativos experimenta la crisis de manera diferente a un país importador sin almacenamiento suficiente. Un productor con salida directa al océano posee una posición distinta a la de otro cuyo petróleo debe atravesar territorio o infraestructura controlados por sus vecinos. No todos padecen la misma escasez, porque no todos ocupan la misma posición dentro de la red.
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Comprar redundancia
La respuesta de los productores del Golfo ha sido acelerar la búsqueda de rutas capaces de reducir la dependencia de Ormuz. Arabia Saudita dispone del oleoducto Este– Oeste, que conecta sus campos orientales con Yanbu, en el mar Rojo. Emiratos Árabes Unidos cuenta con una salida hacia Fujairah, en la costa del golfo de Omán. Irak ha reactivado discusiones sobre corredores hacia Jordania y otros accesos al Mediterráneo o al mar Rojo. Antes del conflicto, alrededor de 15 millones de barriles diarios procedentes del golfo Pérsico atravesaban Ormuz. Los proyectos de expansión podrían desviar una parte importante de ese volumen durante los próximos años, aunque no existe todavía una infraestructura capaz de sustituir completamente el estrecho.
El sistema está comprando redundancia.
Sin embargo, una ruta alternativa no elimina automáticamente el riesgo. Lo desplaza. El petróleo transportado por Arabia Saudita hasta Yanbu necesita continuar su trayecto por el mar Rojo, atravesar Bab el-Mandeb, utilizar el canal de Suez o conectarse con infraestructura egipcia antes de llegar a determinados mercados. Cuando los ataques hutíes redujeron el tráfico en Bab el-Mandeb, quedó expuesto el límite de esta estrategia: rodear un punto vulnerable puede conducir directamente hacia otro. El 27 de julio de 2026 , sólo once buques de mercancías atravesaron Bab el-Mandeb, el registro diario más bajo en varios meses, después de ataques contra instalaciones petroleras saudíes en la costa del mar Rojo. Al mismo tiempo, el tránsito por Ormuz continuaba en niveles mínimos. La seguridad energética no depende, por tanto, de disponer de una segunda ruta, sino de que las rutas
alternativas no puedan fallar simultáneamente por una misma causa geopolítica.
Los nuevos territorios del poder
Cada oleoducto produce una nueva geografía política. Arabia Saudita gana importancia porque puede transportar grandes volúmenes entre el Golfo y el mar Rojo. Emiratos consolida a Fujairah como centro logístico con acceso directo al océano Índico. Omán adquiere valor como territorio de tránsito, mediador diplomático y Estado ribereño del propio estrecho. Jordania podría convertirse en corredor energético si los proyectos iraquíes hacia Aqaba llegan a materializarse. Pero la diversificación no democratiza necesariamente el sistema. Puede sustituir una dependencia marítima por nuevas dependencias territoriales. Los países productores sin una salida propia —como Qatar y Kuwait— necesitarían negociar acceso a infraestructura saudí, emiratí u omaní. Los Estados de tránsito podrían obtener ingresos, inversiones y capacidad diplomática, pero también adquirirían poder para condicionar el flujo.
La infraestructura no es neutral. Distribuye autoridad.
Quien controla el puerto no necesita producir el petróleo para influir sobre su circulación. Quien administra el oleoducto puede decidir capacidad, prioridades y tarifas. Quien proporciona seguridad puede convertir la protección del tránsito en un servicio económico y político. Así se configura una jerarquía energética distinta: productores, territorios de tránsito, administradores de infraestructura, proveedores de seguridad, compradores privilegiados y consumidores expuestos. Entre cada nivel aparece una oportunidad de captura.
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De la geografía a la gobernanza
La propuesta presentada por Omán a Irán y respaldada por actores del Golfo añade una dimensión todavía más significativa. El planteamiento considera un mecanismo regional para administrar Ormuz, con contribuciones voluntarias de las navieras destinadas a financiar navegación, protección ambiental, búsqueda y rescate. El modelo tomaría como referencia la cooperación existente en el estrecho de Malaca. Irán participaría en la administración, pero no ejercería control exclusivo, mientras los países del Golfo rechazan la imposición de peajes obligatorios. La negociación no trata únicamente de reabrir una vía marítima. Busca definir qué institución gobernará el paso. ¿Será Ormuz una ruta de navegación internacional abierta? ¿Una zona administrada conjuntamente por los Estados ribereños? ¿Un corredor protegido militarmente por potencias externas? ¿O un espacio donde la seguridad, el rescate y la navegación se financien mediante aportaciones de sus usuarios? Estas preguntas trasladan el conflicto desde la capacidad de cerrar el estrecho hacia el derecho de organizarlo. Ormuz comienza así a transformarse de geografía estratégica en institución disputada. Irán ha demostrado que puede alterar el flujo. Los países vecinos intentan impedir que esa capacidad se convierta en soberanía exclusiva. Omán busca transformar su posición geográfica en autoridad mediadora. Estados Unidos defiende el principio de libre navegación y rechaza los cobros obligatorios. El resultado determinará algo más que la circulación de los buques. Definirá quién posee legitimidad para administrar una de las arterias centrales de la economía mundial.
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Administrar territorialmente la escasez
La escasez energética suele presentarse como un problema económico: menor oferta, mayor precio. Sin embargo, Ormuz demuestra que también puede ser una tecnología de gobierno. El flujo puede dosificarse. Puede permitirse el paso a determinadas banderas, navieras o aliados. Puede elevarse el costo mediante seguros, escoltas, tiempos de espera y rutas más largas. Puede condicionarse el acceso a acuerdos diplomáticos o militares. Incluso cuando existe suficiente petróleo en términos físicos, su disponibilidad efectiva puede quedar restringida por decisiones territoriales.
Administrar la escasez no consiste sólo en repartir lo que falta. Consiste en diseñar las condiciones bajo las cuales unos acceden y otros quedan fuera. Desde esta perspectiva, el control territorial no es una perturbación externa del mercado energético. Es uno de sus mecanismos de asignación. El precio expresa una parte de la escasez. El mapa distribuye el resto.
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Comunidad EH | Columna Invitada México: contener el impacto, trasladar el costo
México observa esta crisis desde una posición ambivalente. El incremento de la mezcla mexicana de exportación, que el 28 de julio se encontraba alrededor de 79.19 dólares por barril —más de 40% por encima de su nivel de inicio de año— puede elevar los ingresos petroleros. Sin embargo, el mismo movimiento encarece las referencias internacionales de combustibles y aumenta la presión inflacionaria. Para evitar que el choque llegue íntegramente al consumidor, Hacienda amplió los estímulos fiscales al IEPS. Entre el 25 y el 31 de julio, el apoyo alcanzó 38.18% para la gasolina regular, 30.06% para Premium y 71.58% para el diésel. Los precios nacionales permanecieron relativamente estables, pero esa estabilidad fue sostenida mediante una menor recaudación por litro. México no elimina el costo internacional. Decide dónde registrarlo. Una parte aparece como menor ingreso fiscal. Otra puede ser absorbida por distribuidores, importadores o Pemex. Otra permanece contenida temporalmente mediante acuerdos de precios. La escasez externa se traduce así en una distribución interna de cargas. La paradoja es evidente: México puede vender más caro su petróleo y, al mismo tiempo, pagar fiscalmente para impedir que ese encarecimiento llegue completo a la bomba.También aquí administrar la energía significa administrar quién absorbe el costo.
La política de la circulación
El mundo no está construyendo todavía un sistema pos-Ormuz. El estrecho continúa siendo demasiado importante y las alternativas requieren años, inversiones, acuerdos territoriales y soluciones diferentes para crudo, gas natural licuado y productos refinados. Lo que está surgiendo es una capa de redundancia incompleta: oleoductos, puertos, corredores terrestres, reservas, escoltas y mecanismos regionales de administración. Esta capa puede hacer al sistema más resistente, pero no necesariamente más equitativo. Cada nueva ruta crea beneficiarios y excluidos. Cada infraestructura traslada poder. Cada solución abre una nueva frontera. La crisis de Ormuz muestra que el poder energético ya no reside únicamente en extraer el recurso. También reside en autorizar, proteger y administrar su movimiento. Quien controla la ruta administra la forma social de la escasez. Y mientras el sistema intenta asegurar que el petróleo continúe circulando, comienza otra disputa, menos visible pero más duradera: quién tendrá derecho a abrir el paso, bajo qué reglas y a qué costo.
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ANA SOTOMAYOR
Cofundadora de Talaso Consultoría.
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LA POLICÍA ENERGÉTICA:
VIGILANDO LA INDUSTRIA Edición 2: Planeación vinculante, convocatorias y la oportunidad que la industria no puede dejar pasar
En la entrega anterior les contaba el origen de este apodo y les adelantaba que, a partir de ahora, el foco de esta columna estaría puesto en la industria. Hoy quiero cumplir esa promesa y hablarles de un tema que está en el centro del debate energético nacional: la planeación vinculante, las convocatorias que ha lanzado la CFE para impulsar la inversión privada y, sobre todo, la oportunidad que esto representa para las industrias de alta intensidad energética. Pero vayamos por partes: ¿Qué es la planeación vinculante y por qué importa? La planeación vinculante no es un concepto nuevo, pero sí es uno que ha cobrado una relevancia central en la política energética de la actual administración. En términos simples, se trata de un ejercicio de ordenamiento: el Estado, a través de la Secretaría de Energía (SENER), define qué necesidades de generación, transmisión y distribución tiene el país, en qué zonas y en qué plazos. A partir de ahí, todas las inversiones, públicas y privadas, deben alinearse a esa planeación.
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Comunidad EH | Columna Invitada ¿Por qué es importante? Porque durante años, el crecimiento del sistema eléctrico mexicano fue, en buena medida, desordenado. Se otorgaban permisos sin una visión clara de hacia dónde debía ir el sistema. Se construía donde era más fácil o rentable para el inversionista y no necesariamente donde más se necesitaba. Eso generó desequilibrios: zonas con excedentes de energía que no podían transportarse a zonas con déficit, líneas de transmisión saturadas, y una red de distribución que, en muchos casos, aún no da abasto. La planeación vinculante busca corregir eso. Y aunque el camino ha sido complicado, hay que reconocer que medir, identificar los requerimientos presentes y planear antes de otorgar permisos es un paso necesario para enfocar las inversiones donde realmente se necesitan. Las convocatorias de CFE son un mensaje claro, de lo que se requiere pues ha lanzado dos tipos de convocatorias que son un reflejo de este nuevo enfoque. Convocatoria para proyectos estratégicos de generación y almacenamiento de energía eléctrica: dirigida a proyectos alineados con la planeación nacional, con capacidad de al menos 0.7 MW y que cumplan con criterios de confiabilidad, sostenibilidad y justicia energética. Convocatorias para proyectos de inversión mixta: donde el sector privado puede asociarse con CFE para desarrollar proyectos de generación y almacenamiento. Estas convocatorias ya están en etapa avanzada y son una señal de que el gobierno está dispuesto a abrir
la puerta a la inversión privada, aunque sea bajo un esquema de control mayoritario estatal. ¿Qué significa esto para la industria? Que el gobierno mexicano ha entendido que solo no puede. La demanda de energía está creciendo a un ritmo que el presupuesto público no puede financiar por sí solo. El nearshoring, los centros de datos, la electromovilidad y el simple crecimiento económico requieren una expansión del sistema eléctrico que solo es posible con la participación del capital privado. Pero aquí hay que ser honestos. La inversión en infraestructura y la planeación que se tiene para los próximos años, aunque bien intencionada, aún es insuficiente. Pongamos números sobre la mesa. México planea invertir poco más de 8 mil 100 millones de dólares para modernizar y fortalecer su Red Nacional de Transmisión hasta 2030. En contraste, España destinará unos 14 mil 800 millones de dólares en el mismo periodo. Aquí viene el dato clave: la red eléctrica de México es considerablemente más grande que la de España. Nuestra red de alta tensión es 2.4 veces más grande, y al incluir los cables urbanos, rurales y transformadores locales, la red mexicana de media tensión supera a la española por un 50%. Es decir, estamos planeando invertir el 55% de lo que invertirá España para una red que es el doble de grande. Las matemáticas son contundentes: hay una deuda de infraestructura que no se resuelve con discursos, sino con inversión real y oportuna, que aún se está quedando corta.
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La oportunidad para la industria: autoconsumo con visión de largo plazo Para las industrias de alta intensidad energética, invertir en generación solar y respaldo con baterías propias tiene todo el sentido del mundo. Estamos hablando de sistemas fotovoltaicos que pueden entregar hasta un 30% de la energía requerida por una planta de producción con un costo mucho menor al de comprarle la energía al Estado. ¿Y el financiamiento?, preguntarán ustedes. Existen diferentes esquemas según la capacidad requerida. Desde créditos con banca de desarrollo (NAFIN, BANCOMEXT, FIRA) hasta fondos de inversión nacionales e internacionales dispuestos a capitalizar proyectos de este tipo. El retorno de inversión es atractivo, los plazos son razonables y los beneficios, tanto económicos como ambientales, son claros. Para aprovechar esta oportunidad, la industria necesita: • Medir su consumo energético con precisión: saber cuánto gasta, en qué procesos, en qué horarios y con qué calidad de energía. • Identificar las mejores tecnologías para su caso específico: no todos los sistemas fotovoltaicos son iguales, y no todas las baterías tienen el mismo desempeño. Un proyecto bien diseñado es un proyecto rentable. • Evaluar los esquemas de financiamiento disponibles: desde créditos verdes hasta asociaciones públicoprivadas, pasando por esquemas de leasing o contratos de compra de energía. • Alinear el proyecto con la planeación vinculante: no se trata de hacer cualquier cosa en cualquier lugar.
Hay que ubicar el proyecto en las zonas y con las características que el sistema necesita o detrás del medidor para asegurar el uso eficiente de la energía. La planeación vinculante y las convocatorias de CFE son un reconocimiento de que el Estado no puede solo. Y también son una oportunidad para que la industria deje de ser un actor pasivo y se convierta en un socio activo de la transición energética. No se trata de hacer un favor al gobierno. Se trata de hacer un negocio inteligente. De asegurar un suministro energético más barato, más limpio y confiable. De protegerse de la volatilidad de precios de los combustibles y contribuir a la estabilidad del sistema eléctrico nacional. Esta columna ha sido una invitación a ver la planeación vinculante no como una restricción, sino como un marco de certidumbre. A ver las convocatorias de CFE no como una concesión, sino como una oportunidad. Y a entender que la inversión en generación distribuida o autoconsumo no es un lujo, sino una estrategia competitiva. La energía más barata es la que generas tú mismo. Y la más confiable es la que respaldas con almacenamiento. La tecnología está disponible, el financiamiento existe y el marco regulatorio, aunque imperfecto, ya está dando señales de apertura. Ahora falta que la industria tome la iniciativa. Y en eso, queridos lectores, La Policía Energética estará vigilante. Si quieren conocer más detalles sobre los esquemas de financiamiento, las tecnologías disponibles o cómo generar una estrategia de energía específica para los perfiles de consumo de su industria, mi correo sigue abierto: ana.sotomayor@talaso.com.mx Gracias a Energía Hoy por este espacio y hasta el próximo mes.
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Tech & Trends
LA CARRERA POR ENFRIAR LA IA: EL PUNTO DE INFLEXIÓN ENERGÉTICO DE LOS CENTROS DE DATOS
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urante años, la conversación sobre eficiencia energética en centros de datos estuvo centrada en servidores, sistemas de respaldo y optimización del consumo eléctrico. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) está desplazando el foco hacia un componente que históricamente había permanecido en segundo plano. La capacidad de enfriamiento. La razón es simple. A medida que aumentan las densidades de potencia y las cargas de trabajo asociadas a IA, el calor se está convirtiendo en uno de los principales factores que determinan el desempeño, la eficiencia energética y la viabilidad económica de los centros de datos. Lo que hasta hace poco era una decisión operativa hoy se perfila como una decisión estratégica.
JOSÉ ALBERTO LLAVOT Gerente de Preventa y Desarrollador de Negocios en Schneider Electric para México y Centroamérica.
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Tech & Trends son únicamente un componente de soporte. Se han convertido en un factor determinante para la eficiencia energética de toda la instalación. Conforme aumentan las densidades de procesamiento, los modelos convencionales basados exclusivamente en aire comienzan a enfrentar limitaciones operativas que obligan a explorar nuevas alternativas.
La gestión térmica entra a la conversación energética
La transición energética suele asociarse con generación renovable, almacenamiento o electrificación. Sin embargo, existe un componente menos visible que también impacta directamente la sostenibilidad de la infraestructura digital. La forma en que se gestiona el calor. En el estudio Navigating Liquid Cooling Architectures for Data Centers with AI Workloads, se destaca que la refrigeración líquida ofrece una vía para incrementar la eficiencia térmica y optimizar el uso de recursos en entornos de alta densidad. A diferencia de los sistemas convencionales, estas arquitecturas permiten extraer calor de manera más eficiente cerca de la fuente de generación, reduciendo pérdidas energéticas asociadas al acondicionamiento térmico. En un contexto donde la industria busca equilibrar crecimiento digital y sostenibilidad, esta capacidad adquiere una relevancia estratégica. El reto ya no consiste únicamente en alimentar los centros de datos con energía más limpia, sino en reducir la energía necesaria para operar cada unidad de cómputo.
Más que una tecnología, una evolución de la infraestructura
Cuando el aire deja de ser suficiente
La nueva generación de infraestructura para inteligencia artificial está cambiando las reglas del diseño de centros de datos. Schneider Electric señala que la IA está impulsando arquitecturas con mayores requerimientos de potencia, nuevas configuraciones de distribución eléctrica y necesidades térmicas que superan los parámetros tradicionales de diseño. Este cambio responde a una realidad cada vez más evidente. Los sistemas de enfriamiento ya no
La adopción de enfriamiento líquido no implica reemplazar por completo la infraestructura existente. La tendencia apunta hacia arquitecturas híbridas capaces de integrar distintas tecnologías de gestión térmica según las necesidades de cada carga de trabajo. Este enfoque permite responder a los requerimientos de la inteligencia artificial sin depender exclusivamente de ampliaciones masivas de capacidad eléctrica. Al mismo tiempo, abre la puerta a modelos de infraestructura más eficientes, escalables y alineados con los objetivos de sostenibilidad que hoy impulsan tanto las organizaciones como los reguladores. Para México, donde la expansión de la infraestructura digital coincide con los objetivos de transición energética y descarbonización, el enfriamiento líquido representa una conversación que trasciende el ámbito tecnológico. Se trata de una herramienta para maximizar la capacidad computacional sin incrementar proporcionalmente el consumo energético. El verdadero punto de inflexión no radica únicamente en la adopción de inteligencia artificial, sino en la capacidad de construir infraestructura preparada para sostenerla de manera eficiente y resiliente. En ese escenario, la gestión térmica deja de ser un elemento operativo para convertirse en un componente estratégico de la competitividad energética.
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EH360
SEMANA AMBIENTAL COTEMAR
CUANDO LA
SOSTENIBILIDAD SE CONVIERTE EN
CULTURA L a sostenibilidad empresarial adquiere verdadero sentido cuando deja de ser un concepto asociado únicamente con reportes, indicadores o campañas institucionales y comienza a formar parte de las decisiones y hábitos cotidianos. Bajo esa visión, Grupo Cotemar México ha encontrado en su Semana Ambiental Cotemar una plataforma para acercar la agenda ambiental a sus colaboradores, sus familias y las comunidades con las que mantiene relación. Más que concentrar actividades alrededor del Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio), la iniciativa busca generar participación y convertir la conciencia ambiental en una práctica que pueda mantenerse durante todo el año. En su edición más reciente, la estrategia involucró a 362 colaboradores y permitió recolectar tres toneladas de residuos en jornadas de limpieza de playas, además de incorporar acciones de educación ambiental, biodiversidad y eficiencia energética. Estos resultados también forman parte del Informe de Sostenibilidad 2025 de la compañía. El planteamiento se encuentra alineado con una estrategia corporativa más amplia. En este sentido, Cotemar señala que, su gestión ambiental contempla aspectos como energía, emisiones, agua y residuos, además de la conservación de los recursos naturales y la prevención de impactos derivados de sus operaciones. La empresa también mantiene un Sistema de Gestión Ambiental basado en estándares como ISO 14001.
La biodiversidad como punto de encuentro
Uno de los elementos que distingue a la Semana Ambiental es que lleva la conversación sobre sostenibilidad a experiencias concretas. En lugar de limitarse a sesiones informativas, las actividades buscan que los participantes tengan contacto directo con el entorno y comprendan la relación entre las operaciones, los ecosistemas y las decisiones individuales.
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El Festival de Aves es un ejemplo de esta estrategia. Cotemar cuenta con registros de especies presentes en sus instalaciones, en seguimiento a la NOM-059-SEMARNAT-2010, y utiliza este conocimiento para acercar a sus colaboradores y familias a la observación de la biodiversidad. La iniciativa también incorporó la entrega de plantas en diferentes sedes, con una intención que va más allá de generar áreas verdes dentro de las instalaciones: trasladar el mensaje ambiental a los hogares y espacios cotidianos de quienes forman parte de la organización. Este tipo de acciones cobra relevancia dentro de una estrategia que contempla la protección de ecosistemas como uno de sus componentes. Cotemar reporta, entre otras acciones, áreas destinadas a la conservación y restauración de hábitats, así como alianzas con organizaciones y comunidades locales.
Del colaborador al ciudadano ambiental
La apuesta de Cotemar también parte de una idea cada vez más relevante para las estrategias ESG: los cambios dentro de una empresa difícilmente pueden sostenerse si no existe apropiación por parte de las personas que forman parte de ella. Por ello, la Semana Ambiental involucra a distintas áreas de la organización. La alta dirección, el Comité ESG y equipos como Capital Humano, Comunicación Organizacional, Finanzas, Construcción y Mantenimiento y Operaciones Marinas participan en la planeación y ejecución de las actividades. El componente educativo se extiende incluso fuera de las instalaciones corporativas. Como parte de la agenda de eficiencia energética, se desarrollaron actividades dirigidas a estudiantes para compartir recomendaciones que permitan reducir consumo, costos y emisiones en la vida diaria. Paralelamente, los especialistas HSEQ de las operaciones reciben capacitación relacionada con estos temas. La lógica es sencilla: si el conocimiento ambiental permanece únicamente dentro de las oficinas o instalaciones operativas, su impacto es limitado. Cuando llega a los hogares, las escuelas y las comunidades, puede multiplicarse.
Un reto que también está costa afuera
Para una empresa con operaciones terrestres y marinas, construir una cultura ambiental homogénea implica desafíos particulares. Uno de ellos es alcanzar a los colaboradores que trabajan costa afuera y que desarrollan sus actividades bajo esquemas de rotación. La primera edición de la Semana Ambiental, realizada en 2025, permitió involucrar al personal en tierra de Ciudad del Carmen, incluyendo instalaciones como el patio de construcción y el muelle de embarcaciones. En la edición posterior se avanzó en la incorporación de instalaciones marinas, aunque la meta de la compañía continúa siendo ampliar la participación hasta alcanzar a toda su plantilla. Este punto es especialmente relevante porque la sostenibilidad en el sector energético no puede analizarse únicamente desde las instalaciones corporativas. La actividad industrial convive con ecosistemas terrestres y marinos que requieren estrategias de prevención, conservación y gestión de impactos.
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De Reuniones y Energía
UNIDAD ESTRATÉ COMO MOTOR SECTOR ENERGÉTIC VISIÓN DE CUMBRES
CONVERSAMOS CON CIRO CÉSAR REYES, COFUNDADO HUB, SOBRE LA REALIZACIÓ EDICIÓN DE LA CU 96
ÉGICA R DEL CO: LA S HUB
O DI CONSTANZO Y ORES DE CUMBRES ÓN DE LA SEGUNDA UMBRE DE ENERGÍA
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Por Juan Carlos Chávez éxico se encuentra en una encrucijada histórica. Con una posición geográfica privilegiada, siendo parte del bloque comercial más importante del mundo a través del T-MEC y poseedor de una riqueza natural envidiable, el país tiene todas las herramientas para consolidarse como una potencia económica global. Sin embargo, existe un obstáculo persistente que ha frenado este potencial: la falta de unidad y la dificultad para alcanzar acuerdos transversales entre los actores clave de la sociedad. En este contexto, surge Cumbres HUB como una propuesta disruptiva. Lejos de ser una simple organizadora de eventos, esta plataforma se define como un motor de inteligencia relacional diseñado para sentar en la misma mesa a los líderes que toman las decisiones que definen el rumbo del país. En una entrevista exclusiva para Energía Hoy, Ciro di Costanzo y César Reyes, las mentes detrás de este concepto, desglosan la importancia de la colaboración estratégica, especialmente en un sector tan vital como el energético.
El origen: superar la división para detonar el potencial
La génesis de Cumbres HUB se remonta a más de quince años, partiendo de un diagnóstico crudo pero necesario sobre la realidad mexicana. Para Ciro di Costanzo, el problema no es la falta de recursos, sino la incapacidad de alinearlos bajo una visión común. La fragmentación entre el sector público, el privado, la academia y la sociedad civil ha generado silos que impiden el avance coordinado de agendas nacionales estratégicas. “Esta idea nació hace casi 16 años porque nosotros somos una plataforma de inteligencia relacional que detectamos que uno de los principales obstáculos que tiene México es la falta de unidad. México es un país con un pueblo dividido y tiene oportunidades extraordinarias en todos los sectores; pero muchas veces no las aprovechamos y no ocupamos el lugar que nos corresponde dentro de las economías más importantes del planeta porque básicamente no nos podemos poner de acuerdo en las cosas que realmente importan”. Bajo esta premisa, las Cumbres nacen no como foros de exposición unilateral, sino como espacios de diálogo horizontal inspirados en el ágora griega, pero adaptados a la realidad moderna con un modelo de town hall inglés. El objetivo es que los líderes puedan comunicarse directamente, sin intermediarios, para resolver desafíos comunes.
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De Reuniones y Energía
Inteligencia relacional: más que un encuentro de líderes
El concepto de “inteligencia relacional” es el núcleo de Cumbres HUB. Según César Reyes, este enfoque permite que la plataforma trascienda la logística de un evento para convertirse en un generador de acuerdos orgánicos. No se trata de llenar un auditorio, sino de curar una agenda de alto nivel donde los asistentes no son simples espectadores, sino participantes activos en la construcción de soluciones. “Más que una plataforma de eventos, nos entendemos como una plataforma de inteligencia relacional. ¿Qué significa eso? Que generamos un espacio independiente en donde confluyen líderes tomadores de decisión del más alto nivel en México y en donde están reunidos en torno a un ágora y a un programa con un contenido de alto nivel curado por expertos para dialogar de manera horizontal y, a diferencia de muchos encuentros, lograr generar acuerdos de manera orgánica que ayuden a avanzar en las agendas”. Esta metodología se aplica actualmente en seis sectores estratégicos: salud, innovación y tecnología, turismo, sostenibilidad, seguridad
y, de manera crucial, energía. La meta es que, a través del relacionamiento directo, se generen proyectos, guías y alianzas que de otro modo quedarían atrapados en la burocracia o en la desconfianza ideológica.
El Sector Energético: columna vertebral del desarrollo
La reciente realización de la Segunda Cumbre de Energía puso de relieve por qué este sector debe ser la prioridad en la agenda de unidad nacional. Para Ciro di Costanzo, la energía no es solo una industria más, es el habilitador fundamental de la viabilidad del país en la geopolítica moderna. Sin un suministro energético confiable, limpio y eficiente, no hay nearshoring, no hay avance tecnológico y no hay seguridad nacional. “El sector energético es absolutamente estratégico para cualquier país. Energía es poder en geopolítica y es poder también que permite la viabilidad o no de un país. Si no hay energía, no hay innovación y tecnología, no hay salud, no hay turismo, no hay seguridad, no hay nada. México no puede cumplir ni el tratado de libre comercio ni atraer el nearshoring con un sector que opere en silencios institucionales”.
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De Reuniones y Energía
La Segunda Cubre de Energía se realizó el 30 de julio del presente año en el Club 51 de la Torre Mayor de la Ciudad de México, contando con la participación de los siguientes líderes del sector:
César Reyes.
José Antonio Rojas Nieto, subsecretario de Electricidad en Sener.
CONVERSATORIO 1: ELECTRICIDAD PARA UN PRESENTE Y FUTURO DE DEMANDA CRECIENTE.
CONVERSATORIO 2: HIDROCAR ADAPTACIÓN, EVOLUCIÓN Y MO
MODERADOR • Leonardo Beltrán, miembro de la Unidad de Energía, Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y Non-Resident Senior Fellow, Inter-American Dialogue. PANELISTAS • Olga Patricia Sosa Ruiz, senadora y secretaria de la Comisión de Energía del Senado. • Javier García Bejos, director general de Fénix Energía. • Daniel Sada González, director general de la Agencia Estatal de Energías Renovables de Nuevo León. • Enrique Rubio, director general de la Agencia de Energía de Jalisco. • Silvia Morimoto, representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México.
MODERADORA • Jessyca Cervantes, presidenta y CEO de S y presidenta ejecutiva de Grupo Mundo Ej PANELISTAS • Dip. Rocío Abreu, presidenta de la Comisió • Elizabeth Mar Juárez, directora general de • Margarita González Brambila, Coordinado Academia Mexicana de Energía. • Merlín Cochran, director general de la Aso • Alejandro Peón, presidente del Comité de
Uno de los mayores retos que enfrenta el sector es la necesidad de que el Estado y el mercado dejen de verse como antagonistas. Durante la cumbre, se enfatizó la urgencia de aplicar la teoría de la tetraélice, donde el gobierno, la iniciativa privada, la academia y la sociedad civil actúan en coordinación. En este sentido, uno de los hallazgos más significativos de la reciente cumbre fue el cambio en la narrativa oficial. César Reyes destaca cómo, en un espacio de diálogo franco y directo, se rompen las barreras que suelen existir en los comunicados oficiales o en las publicaciones legislativas. “El mayor reto es sentar en la mesa a personajes, a líderes que aparentemente son disímiles o antagónicos, o que tienen discursos literalmente
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encontrados. En las cumbres ponemos el foco en cómo sí pueden suceder los cambios que requiere México y no nos enfocamos en el debate de las posiciones ideológicas... Se atestiguó en la 2nda Cumbre de Energía, como el subsecretario de Electricidad de Sener, José Antonio Rojas Nieto, denominó los acuerdos entre la industria y el gobierno como ‘sociedades’. Nombrar socio a la industria es un cambio de paradigma, un cambio de discurso y de entendimiento de la realidad muy relevante”. Esta “fricción productiva” que se genera en las Cumbres permite medir la distancia real entre la intención política y la ejecución técnica. No se trata de evitar las diferencias, sino de utilizarlas para encontrar puntos de convergencia que permitan la bancabilidad de proyectos y la implementación de planes de infraestructura de largo alcance.
Ciro di Constanzo.
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RBUROS, ODERNIZACIÓN.
Smart Media Group jecutivo.
ón de Energía de la Cámara de Diputados el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP). ora de la Red de Energía y Medio Ambiente, UAM; y Fundadora de la
ociación Mexicana de Empresas de Hidrocarburos (AMEXHI). Distribución, Asociación Mexicana de Gas Natural (AMGN).
Desafíos técnicos y financieros: el diagnóstico de la 2nda Cumbre de Energía
Más allá del diálogo político, la Segunda Cumbre de Energía arrojó diagnósticos técnicos claros sobre los obstáculos inmediatos de la industria. Entre los puntos más críticos discutidos se encuentran la capacidad de la red de transmisión eléctrica y la salud financiera de Petróleos Mexicanos (Pemex). Ciro di Costanzo señala que, aunque México cuenta con planes de expansión, el cuello de botella reside en la implementación y en la infraestructura de interconexión, especialmente para las energías renovables en el sureste del país. “Entendimos que México sí cuenta con un plan para expandir su sistema eléctrico, que falta implementarlo y que por ello se tienen que
poner de acuerdo todos los actores relevantes. El principal desafío en materia eléctrica es la transmisión; si la red no tiene capacidad para interconectar una nueva generación de energía, los proyectos van a quedar varados. Y el principal desafío de hidrocarburos es un desafío financiero, la presión que tiene Pemex”. La figura del nuevo director de Pemex, con un perfil experto en finanzas, fue vista como un paso acertado hacia el objetivo de la autosuficiencia financiera, en un sector que es intensivo en capital y requiere de una gestión de riesgos sumamente especializada. Para César Reyes, el futuro del sector también debe pasar por una dimensión humana que a menudo se olvida en las discusiones técnicas. La energía debe ser vista como un componente básico del desarrollo humano. Conceptos como la transición energética justa, soberana y segura no son solo tendencias globales, sino requisitos indispensables para la competitividad de México. “Energía para quién, pues para las personas y para su desarrollo humano. De ahí vienen las industrias y el crecimiento económico. Otro tema clave es que el sector hidrocarburos se está transformando para convertirse en un sector mucho más sostenible... vía nuevas tecnologías como la captura de carbono, combustibles sintéticos y biocombustibles. Por un lado, hay una ruta hacia la transición energética con justicia y soberanía, y por otro, el sector hidrocarburos está entendiendo que debe adaptarse”.
Hacia una mesa de diálogo permanente
El compromiso de Cumbres HUB para el futuro es mantener este espacio como un territorio de neutralidad absoluta. En un entorno político y social que a menudo se ve intoxicado por agendas particulares, la independencia de la plataforma se vuelve su activo más valioso. La meta a corto plazo es profundizar en las alianzas públicoprivadas y abordar temas emergentes como la demanda masiva de energía y agua que conllevan los centros de datos, así como los retos de la sostenibilidad hacia el 2030 y 2050. De esta manera, la labor de Cumbres HUB bajo el liderazgo de Ciro di Costanzo y César Reyes es un recordatorio de que los grandes problemas nacionales no se resuelven con voluntades aisladas, sino con la suma de talentos y la construcción de confianza. Y para el sector energético, el mensaje es claro: la unidad estratégica no es una opción, sino la única vía para garantizar que México prospere en el nuevo orden global.
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De Reuniones y Energía
HAMBRE CERO Los sistemas que harán posible alimentar al mundo.
L
Juan Carlos Chávez
a seguridad alimentaria ha dejado de depender únicamente de la producción agrícola para convertirse en un desafío integral que involucra múltiples sectores. Factores como el crecimiento demográfico, el cambio climático, la presión sobre los recursos naturales, las interrupciones en las cadenas de suministro y la necesidad de incorporar nuevas tecnologías están transformando la forma en que el planeta produce, distribuye y asegura el acceso a los alimentos. Con esta visión, Women’s Energy and Sustainability Summit (WESS) 2026 centrará su próxima edición en el tema “Planeta Hambre Cero: Los sistemas que harán posible alimentar al mundo”, con el objetivo de reunir a especialistas, empresas, gobiernos y organismos internacionales para impulsar soluciones que respondan a este desafío desde una perspectiva global e interdisciplinaria. La propuesta de WESS 2026, a celebrarse el 8 de septiembre en Marriot Mexico City Reforma, parte de la idea de que la seguridad alimentaria se construye mucho antes de la cosecha. Requiere energía confiable, infraestructura resiliente, disponibilidad de agua, cadenas logísticas eficientes,
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De Reuniones y Energía La convocatoria para los Premios WESS se halla aquí: https://wessummit.com/postulacion-wess-2026/ innovación tecnológica, inteligencia artificial y mecanismos de financiamiento que permitan llevar las soluciones a gran escala. Desde esta perspectiva, WESS plantea abordar todos estos componentes como parte de un sistema interdependiente, donde cada decisión repercute en el funcionamiento del conjunto. Las cifras reflejan la dimensión del reto. En la actualidad, alrededor de 733 millones de personas padecen hambre y 2,330 millones viven algún nivel de inseguridad alimentaria. A ello se suma la previsión de que la población mundial alcanzará 9,700 millones de habitantes para 2050, lo que incrementará la demanda de alimentos, agua, energía e infraestructura. Al mismo tiempo, cerca de un tercio de la producción mundial de alimentos termina perdiéndose o desperdiciándose, mientras que la agricultura continúa concentrando aproximadamente el 70% del consumo global de agua dulce, lo que pone de manifiesto la urgencia de transformar los sistemas alimentarios.
WESS 2026 distinguirá a los líderes del futuro alimentario
Women’s Energy and Sustainability Summit 2026 celebrará una nueva edición de su ceremonia de reconocimientos para destacar a las organizaciones, empresas e iniciativas que están generando soluciones frente a uno de los mayores retos globales: construir un futuro con hambre cero. La premiación se realizará el 8 de septiembre de 2026 como parte del programa oficial del encuentro. Desde sus inicios, WESS se ha consolidado como un espacio de diálogo y colaboración que trasciende la agenda tradicional de la sostenibilidad. Su propósito es reunir a representantes del sector empresarial, gobiernos, organismos internacionales, instituciones académicas, inversionistas y organizaciones de la sociedad civil para impulsar acciones frente a los
desafíos más apremiantes del planeta. Tras abordar en ediciones anteriores temas como el cambio climático, la gestión de los recursos naturales y la crisis hídrica, el summit centrará este año su atención en los sistemas e innovaciones que serán clave para garantizar la alimentación de una población mundial en constante crecimiento. 10 categorías, 10 soluciones Así, la edición “Planeta Hambre Cero” de WESS incorporará una premiación con diez categorías para distinguir proyectos e iniciativas que ya están generando un impacto real en la forma de producir, distribuir y garantizar el acceso a los alimentos. Estas diez categorías reflejan la complejidad de este desafío global. Se reconocerán proyectos en Producción Sostenible y Regenerativa; Tecnología e Inteligencia Artificial; Agua, Energía e Infraestructura; Logística y Cadenas de Suministro; Innovación Alimentaria y Nutricional; Políticas Públicas, Gobernanza y Cooperación; Economía Circular y Reducción del Desperdicio; Impacto Social y Seguridad Alimentaria; Educación, Cultura y Conciencia Alimentaria, así como un reconocimiento especial denominado Impacto Global: Planeta Hambre Cero. La estructura de la premiación responde a una idea central del summit: ningún sector, por sí solo, puede resolver el desafío alimentario. Garantizar que millones de personas tengan acceso a alimentos suficientes y nutritivos requiere fortalecer las cadenas de suministro, modernizar la infraestructura, aprovechar la inteligencia artificial, movilizar inversiones y diseñar políticas públicas capaces de generar sistemas más resilientes y eficientes. La intención es que estos casos inspiren nuevas alianzas, impulsen la innovación y aceleren la adopción de modelos capaces de responder a los retos alimentarios de un mundo que continúa creciendo.
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