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Teaching Program-04

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Proyecto Docente

5. Metodología para la Docencia en Patología. I. Recursos Humanos

v Método Docente v Recursos Humanos o El Profesor ß Como Profesional de la Planificación Docente ß Como Profesional de la Docencia de Anatomía Patológica ß Como Profesional de la Especialidad de Anatomía Patológica ß Número de Profesores o El Alumno ß Enseñanza de Pregrado ß Enseñanza de Postgrado ß Enseñanza a Futuros Profesores de Anatomía Patológica

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En términos generales se puede definir la educación como el conjunto de medios puestos en práctica para asegurar el desarrollo de las facultades físicas, intelectuales y morales de una persona. Según Tayler, "la educación pretende modificar la conducta de los estudiantes en una dirección determinada, debiéndose entender el término 'conducta' en un sentido amplio que engloba las actividades de pensar, sentir y actuar". Este concepto es mucho más amplio que la simple realización de una transmisión de información, más o menos específica, para la consecución de un titulo universitario que permita al estudiante ejercer "legalmente" su profesión. En este senti do, afi rmaba Goethe que "si úti 1 es SABER, más úti 1 es PENSAR y más importante es OBSERVAR", y completaba Bañuelos, "como suprema aspiración de la cultura y grado más elevado de esta es la facultad de CREAR". Sin embargo, este último punto debe tomarse en en su justa medida ya que puede ser sumamente peligroso: los hechos biológicos o patológicos se descubren e interpretan, la realidad no se crea a conveniencia. Todas estas aptitudes las debe reunir y desarrollar la figura del profesor universitario. En primer lugar como características básicas y fundamentales del docente: por otra parte, para poder transmitir esas inquietudes al estudiante y desarrollar en él este sentido amplio de la cultura. Todo ello se ve reforzado por la espectativa del estudiante universitario que pretende algo más que una simple transmisión pasiva de conocimientos y quiere que se le prepare para cumplir su papel en la sociedad y tratar de proseguir las funciones científicas y creati vas en di cha comuni dad soci al . En def i ni ti va, según Gui 1 bert (1981), licada individuo debería poder beneficiarse de un tipo de educación que le permita desarrollar al máximo sus aptitudes y potencial creativo". La educación requiere por tanto la presencia de dos partes, el educador y el educando, los cuales entran en una relación denominada acto educativo o pedagógico (Nassif, 1983). De ambas partes derivarán los componentes fundamentales del proceso educativo, la enseñanza y el aprendizaje, estando ambos conceptos íntimamente relacionados, sin poder separarse el uno del otro, ya que ambos son partes integrantes del mismo proceso. Pero para que este proceso sea eficaz y se obtengan de él los mejores resultados, será necesario que se establezca un método, entendido según Descartes como "el modo de actuar para lograr un determinado fin". De dichos conceptos se desprende que el método pretende, por una parte a transmitir y comunicar los conocimientos aprendidos (enseñar), en el llamado método didáctico o docente y, por otra, adquirir nuevos conocimientos (aprender), por el denominado método investigador o heurístico.

MÉTODO DOCENTE El método docente, definido como todos aquellos modos y estrategias encaminadas a enseñar conocimientos aprendidos, consta, según la mayor parte de los autores, de los siguientes apartados: (a) La persona que elige y propone el método docente, en definitiva quien planifica la enseñanza es el profesor. (b) El receptor de esa enseñanza, quien va a hacer uso de ella y para quien ha de adaptarse el método docente es el alumno. (c) Lo que se pretende, para que se planifica, hacia dónde se quiere llegar y qué resultados se esperan obtener del método y de la enseñanza, se plasma en los objetivos docentes. (d) Lo que se enseña, la composición de lo que conlleva el método se articula en los contenidos. (e) Los procedimientos, estrategias o técnicas que utiliza el método docente para enseñar constituyen la metodología docente. 82


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(f) El grado de efectividad de la metodología, la consecución o no de los objetivos docentes y como valorar estos aspectos se realiza mediante la evaluación.

RECURSOS HUMANOS El profesor y el alumno, no el curriculum, son elementos cruciales en el programa educativo (Swanson, 1989). La misión más importante de las Facultades de Medicina es la educación de los estudiantes, aunque con demasiada frecuencia ésta misión pase a un plano secundario, por detrás de la formación de los médicos residentes, de la investigación y de la labor asistencial.

El Profesor Las actividades obligatorias de un Profesor de Anatomía Patológica son tres: enseñanza, investigación y asistencia hospitalaria. No es fácil encontrar hoy Departamentos en los que las tres actividades se desarrollen con la misma intensidad (Prichard y col 1989), en parte debido a la superespecialización y supercompartimentaci6n de los departamentos. En principio, la más importante y la que da razón de ser al Profesor es la enseñanza. No obstante, enseñanza e investigación han de estar estrechamente unidas porque una y otra se complementan y a la vez encuentran contenido y justificación en la actividad clínica. Cuando el Profesor Universitario hace un acto de asistencia clínica, debe de hacer simultáneamente docencia; y ese mismo acto podrá ser, en ocasiones un elemento útil para programar y desarrollar su investigación original. Entre la enseñanza, la asistencia clínica y la investigación es necesario, en consecuencia, mantener un equilibrio beneficioso y una íntima articulación. La clínica constituye la fuente más genuina; la investigación, la vanguardia interpretativa y explicativa de los fenómenos de observación clínica; y, por último, la solidez de la docencia da base firme a la observación clínica y a la realización de una investigación médica más eficaz. Por consiguiente, el Profesor debería ser considerado en una triple vertiente: como profesional de la planificación docente, como profesional de la docencia en Anatomía Patológica y, en su caso, como profesional con actividad asistencial de la disciplina.

Como profesional de la Planificación Docente El Profesor no sólo enseña su materia, sino que integra su trabajo en un proyecto formativo global del que él mismo es responsable como miembro de un equipo docente y de una institución. A dicho proyecto aporta no sólo sus propias competencias como especialista en su área, sino también aquellos recursos de los que disponga como educador. Para Zabalza (1991) se sintetizan en tres las competencias fundamentales del profesor como profesional de la planificación docente: (1) La programación, que implicará el conocimiento de una serie de conceptos y técnicas para conocer en profundidad los Programas Oficiales, realizar el análisis de la situación, establecer las prioridades, diseñar un proyecto formativo y diseñar la propia actuación en coherencia con todo lo anterior y con su propio estilo personal de entender la enseñanza. (2) La orientación y guía del aprendizaje de los alumnos. En esta tarea básica va a intervenir la capacidad del profesor para formular los objetivos específicos, presentar la información de manera que resulte significativa para los alumnos, ofrecer actividades y experiencias que cubran todo el espectro de los propósitos formativos planteados, manejar recursos de evaluación y autoevaluación y establecer procesos de recuperación cuando sean necesarios.

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(3) La evaluación de procesos. Resulta fundamental la evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje, en definitiva, del Método, ya que aporta al trabajo profesional la posibilidad de introducir reajustes en la actuación. La capacidad de evaluar los procesos dota al profesor de los mecanismos necesarios para ser realmente constructor de su trabajo y sentirse protagonista del mismo y de su mejora; sabiendo como evaluar el trabajo que hace, tiene en sus manos los datos necesarios para saber cuáles son los puntos fuertes y débiles del mismo, de tal forma que su propia responsabilidad profesional le llevará a iniciar los pasos necesarios para mejorarlo. A estos tres pilares fundamentales cabría añadir ciertos aspectos del desarrollo docente o curricular, en los cuales están implicados los profesores: v La revisión del papel actual de la institución de la que se forma parte, es decir, de la Universidad y de la Facultad, para ver las demandas sociales a las que ha de hacer frente. v Conocer la dinámica institucional, formando parte de los órganos de gobierno tanto de la Universidad, como del Centro o Facultad y Departamento universitario en el que está integrado; conociendo como están distribuidos en ellos los mecanismos de poder y de relación y en qué manera unos y otros condicionan el desarrollo de un programa formativo integrado. v Conocer la situación cultural y social del entorno y la forma en que desde el propio centro se puede colaborar en su desarrollo. La inclinación al educando, es decir el denominado "eros pedagógico”. Esta inclinación supone la aptitud de comprenderlos, de identificarse con ellos y tratarlos con respeto. A través de la labor de motivación, el profesor debe infundir a sus alumnos una actitud activa y colaboradora en la enseñanza.

Como profesional de la Docencia en Anatomía Patológica Además de las cualidades como “fuente de conocimientos”, el Profesor de Anatomía Patológica debe reunir una serie de condiciones ideales, tales como: (1) Actualización. La formación del profesor ha de ser continuada y generalizada. El Profesor ha de estar al día de las innovaciones que aparecen continuamente en su área de conocimiento, tanto en la vertiente asistencial como en la investigadora. De esta forma, la Universidad recuperará la posición de vanguardia que siempre ha tenido y que, a veces, ha perdido en beneficio de otros centros. La Universidad recuperará el prestigio social que tenía cuando sus especialistas estén a la cabeza de los más prestigiosos del país. Mantenerse al día en los conocimientos es un requisito indispensable para poder trasmitirlos correctamente. (2) Especialización/formación generalista. La necesidad de la especialización hace perder, a veces, la visión de conjunto que debe presidir la acción del profesor. Con frecuencia, avances en áreas generales, que en principio no suponen un avance en nuestra especialidad, pueden suponer, a largo plazo, un descubrimiento o una aplicación revolucionaría: "El Profesor debe ser especialista en su quehacer pero no en su saber”. (3) Formación crítica. Una de las características de la Medicina contemporánea es la avalancha de información, la cual debe ser tamizada para evitar caer en redundancias y en modas pasajeras. (4) Experiencia en Técnicas de Enseñanza. La preocupación por la tecnología didáctica y educativa de la Medicina data de hace pocos lustros. Durante muchos años se pensó que la cualificación en una materia era equivalente a cualificación para enseñarla. A partir de 1959, en que se creó la primera Unidad de Investigación de la Educación en las Facultades de Medicina, la enseñanza de la Medicina se convirtió en una verdadera 84


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rama científica de la Pedagogía General. El buen profesor debe conocer bien el "oficio de enseñar", poseer facultades adecuadas y vocación de pedagogo. Las aptitudes pedagógicas entran en la esfera de las cualidades personales y son, por tanto, difíciles de sistematizar. Consisten fundamentalmente en la capacidad de motivación extrínseca, la accesibilidad personal y la claridad analítica sintética; en palabras de Marañón: “Vale más la claridad que cabe en el hueco de una mano que un río de turbia erudición". Conseguir estas aptitudes, según Guilbert (1981), no es un logro genético, sino que mediante la formación pedagógica (formación continuada del docente), todos los docentes pueden mejorar su actuación y conseguir que sus alumnos obtengan mejores resultados. El profesor actual debe tener en cuenta, no sólo su formación especializada en la materia que enseñe, sino tener conocimientos profundos en pedagogía, para utilizar en cada momento el método educativo más adecuado. Hasta ahora, la mayor parte del profesorado universitario ha sido seleccionado basándose en su conocimiento profundo de una disciplina, más que por su experiencia o preparación en el proceso de enseñanza. Este hecho, ha podido condicionar, en ciertos casos, una oferta desmedida de conocimientos hacia los estudiantes, que deben aprender todo lo ofrecido sin diferenciar lo auténticamente útil de esa información (McCulloch, 1973). En este sentido, pueden destacarse tres características básicas de los enseñantes que influyen, de manera fundamental, en el proceso de aprendizaje (Woolfolk y McCune, 1983): Conocimiento de la materia, organización y claridad expositiva y cordialidad y entusiasmo por la disciplina. (5) Experiencia en técnicas básicas aplicadas a la Anatomía Patológica. Actualmente son importantes los avances que se están produciendo (especialmente en el campo de la Biología Molecular) que, junto a la influencia que pueden tener en el conocimiento de la enfermedad, pueden tener una aplicabilidad clínica. En ambos aspectos, el patólogo puede y deber jugar un papel fundamental y, por ello, el profesor de Anatomía Patológica no debe ceñirse a enseñarla solo como ciencia pura, sino ocuparse a la vez de los aspectos aplicativos de esta disciplina en la práctica médica. (6) Experiencia investigadora. El Profesor de Anatomía Patológica, en el contexto en el que vive, ha de ser un buen universitario; y el universitario tiene por definición una vertiente docente y otra investigadora. Si partimos del hecho comprobado "que un universitario que no investiga deja de serlo", es imprescindible investigar con seriedad en la Universidad. Otras consideraciones sobre la actividad investigadora se reflejan más extensamente en el apartado “Relación docencia-investigación” (pág. ). (7) Experiencia, a ser posible, en patología experimental. La creación de nuevos modelos experimentales, conforme se han ido conociendo nuevos mecanismos y causas de enfermedades, ha contribuido de forma decisiva al progreso de las ciencias médicas. Hoy en día, la patología experimental ha llegado a entrar en el programa de formación de muchos anatomopatólogos y, asimismo, numerosas revistas publican exclusivamente trabajos experimentales. (8) Dedicación. Los profesionales de la Anatomía Patológica deberían estar en régimen de dedicación exclusiva para el perfecto desarrollo de sus tareas; ahora bien, no debemos olvidar que el principal objetivo de la educación médica va a ser la formación de médicos y por lo tanto, el Profesor de Anatomía Patológica debe estar en relación con las necesidades que se deriven de la práctica médica, en la que tendría que estar integrado como profesional de la disciplina. Además, la Ley de Reforma Universitaria contempla la figura del Profesor Asociado, de tal forma que la presencia de éstos, aunque en una minoría, podría ser un puente de unión entre las ciencias clínicas y las básicas, con el consiguiente beneficio para el proceso enseñanza-aprendizaje en una disciplina como la Anatomía Patológica, con la doble vertiente de disciplina básica y de aplicación clínica.

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Para lograr estos objetivos es necesario revalorizar la Docencia en las Universidades y plantearse un cambio en el método pedagógico clásico para adaptarlo a las necesidades modernas. Esta concepción, desgraciadamente, no suele ir acompañada de medidas favorecedoras por parte de la Administración, ya que generalmente se suele exigir una experiencia fundamentalmente científica y un sumario de conocimientos sobre la materia a impartir; sin embargo, no se plantea la valoración de las aptitudes docentes del candidato a la plaza de profesor universitario. Es necesario, por tanto, un replanteamiento de la función del profesor universitario que, sin olvidar la importancia de la investigación en sus funciones diarias, base una parte de su valoración en la capacidad docente del mismo. Respecto al cambio necesario en el método pedagógico, hay que destacar los esfuerzos realizados por el Instituto de Ciencias de la Educación que, con el patrocinio de la Organización Mundial de la Salud, ha desarrollado los denominados "Talleres para la formación pedagógica de los docentes". En estos talleres se realizan trabajos en pequeños grupos, participando activamente en la resolución de problemas simulados, pero extraídos de la experiencia diaria de los participantes, poniendo énfasis en el aprendizaje más que en la enseñanza. En este sentido, Jean-Jacques Guilbert, médico jefe de Planificación, Metodología y Evaluación de la Educación, de la Organización Mundial de la Salud, ha desarrollado un texto utilizado como documento básico en el Taller pedagógico, la Guía Pedagógica para el Personal de la Salud (1981). Para llevar a buen término dicho método pedagógico es imprescindible, en primer lugar, la definición de unos Objetivos Educativos, los cuales derivan de las tareas profesionales, a continuación se debe planificar un Sistema de Evaluación, a fin de comprobar si estos objetivos pueden ser evaluados posteriormente o no, para poder preparar y realizar un Programa Educativo que facilite el logro de los objetivos educativos por los alumnos y, finalmente, se realizará el Proceso de Evaluación para comprobar las competencias finales del estudiante, así como la eficacia del programa y de los docentes. En conjunto, estos cuatro procesos integrantes del método pedagógico constituyen lo que Guilbert denominó la ESPIRAL DE LA EDUCACION.

Como profesional de la Especialidad de Anatomía Patológica Debería contemplarse la actividad de los Profesores en los Servicios de Anatomía Patológica, en el caso de contar, como sería deseable en una materia con vertiente clínica como la Anatomía Patológica, con plaza vinculada. Dentro de la organización de los mismos, aparte de la realización de la correspondiente tarea asistencial, la integración en los programas de formación de futuros especialistas (si los hubiere) y la coordinación de la enseñanza al pre- y postgraduado (en el ámbito de las instituciones universitaria y hospitalaria) son los principales cometidos de los Profesores de esta disciplina. En este sentido se podría recordar el viejo aforismo “la asistencia centra la docencia y la investigación impide que la asistencia caiga en la rutina”.

Número de profesores El profesorado necesario para la organización de la docencia de la licenciatura, y específicamente de la Anatomía Patológica, debe ser aquel cuantitativa y cualitativamente necesario. Esta declaración general debe obviamente matizarse por las normas existentes y las disponibilidades presupuestarias. Actualmente, el número de profesores, suele calcularse teniendo en cuenta una serie de criterios, tales como: ciclo de la Licenciatura, número de alumnos, número de grupos docentes, número total de horas teórico-prácticas, estructura del profesorado, dedicación del profesorado, carga lectiva por profesor, atención al alumno y carga del postgrado. No obstante, no debería prevalecer este cálculo economicista o meramente administrativo del profesorado, sino el desarrollo e implementación de una Nueva Política de Profesorado que definiera de un modo más actualizado y responsable la carrera docente de los 86


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profesores universitarios. En la declaración de Edimburgo se recomienda un número "suficiente" de profesores a tiempo completo y una relación profesor alumno de 1/10 para las ciencias fundamentales y de 1/5 para las asignaturas clínicas.

El Alumno El conocimiento por el profesor de las motivaciones, aptitudes, preparación intelectual y entorno social de sus alumnos, es condición indispensable para la aplicación de estrategias didácticas eficientes. Por consiguiente, antes de comenzar una planificación docente hay que plantearse hacia quién se va a dirigir la enseñanza y a qué tipo de alumno se va a enseñar. En función de ello, se definirán los objetivos docentes y se elegirán las estrategias didácticas adecuadas. En el presente caso, la enseñanza de la Anatomía Patológica, puede ir dirigida hacia: pregraduados, posgraduados (incluyendo residentes de la especialidad) y futuros profesores de Anatomía Patológica.

Enseñanza de pregrado La formación del médico general va a ser el primer pilar donde se centre la docencia y el fundamental. Es importante que el profesor conozca a sus alumnos y observe sus rasgos y cualidades, lo cual, evidentemente, resultará más difícil cuanto mayor sea su número. El número de alumnos que ingresan anualmente en las Facultades de Medicina se ha reducido sustancialmente en los últimos años; en este sentido, el número de alumnos de nuevo ingreso en Málaga es de alrededor de 150; no obstante, muchas ocasiones se manejan cursos de 200-250 alumnos, entre repetidores, no presentados, etc., por lo que es prácticamente imposible que el profesor conozca a sus alumnos. En nuestras universidades, en general masificadas, la pérdida de la conciencia de individualidad por parte del alumno predispone fatalmente a la caída en la pasividad. "El profesor no me conoce", es la afirmación desgraciadamente cierta en muchísimos casos. La masificación, por otra parte, al disminuir necesariamente la calidad de la enseñanza, favorece también la actitud pasiva. Todas estas circunstancias, han minimizado el efecto positivo que podrían haber tenido, tanto las medidas de selección de alumnos puestas en práctica por la Facultades de Medicina desde hace unos años, ya mencionadas, como el incremento de la demanda de esta Licenciatura por parte del alumnado, que ha significado una subida más que notable de la calificación mínima exigida para acceder a dichas Facultades. Se debe tener presente a la hora de realizar un proyecto docente, que el alumno de Anatomía Patológica, al que se dirige dicho proyecto, debe tratar de desarrollar con el jercicio, la memoria visual, imprescindible para el estudio de cualquier Ciencia de fundamento morfológico. Debe incentivarse al alumno para que asimile los elementos que constituyen los procesos patológicos y la forma en que éstos modifican la estructura normal de los órganos, en sus aspectos macroscópico y microscópico. Solo cuando pueda reconstruir estos procesos sin tenerlos a la vista, sabrá Anatomía Patológica. En el tipo de Ciencias de las que forma parte la Anatomía Patológica se requiere un ejercicio de memoria, que el alumno debe aprovechar para cultivarla. Asimismo, en las prácticas con el estudio de las piezas de resección quirúrgica y de las obtenidas durante la evisceración de cadáveres en las autopsias clínicas, el alumno debe adquirir la formación necesaria para trasladar los aspectos macroscópicos a la práctica clínica y servirle de ayuda para, por ejemplo, realizar una mejor exploración y/o palpación o interpretar los hallazgos de las técnicas de diagnóstico por imagen (radiografías, tomografías, resonancias magnéticas, etc.). Mención especial merece la figura del Alumno Interno. Este, durante su periodo de Licenciatura, al verse atraído por la docencia y la investigación, solicita ingresar en el Departamento y es seleccionado de modo objetivo. El internado, es un buen método para iniciarse en la labor de equipo del Departamento, ayudando en las clases prácticas y la investigación, ampliando y perfeccionando de este modo sus conocimientos no sólo en cuanto al 87


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contenido de la disciplina, sino también a la programación y metodología, tanto docente como investigadora. Actualmente, la figura del alumno interno está un tanto devaluada, incluyendo su valoración dentro del expediente académico.

Enseñanza de postgrado Este tipo de formación se puede realizar a diferentes niveles: v En los estudios del Tercer Ciclo. En el Real Decreto 185/85 se establece que la planificación de los estudios conducentes a la obtención del título de Doctor (Programas de Doctorado) recae sobre los Departamentos. También establece la exigencia de, al menos, 32 créditos para acceder a dicho título, correspondiendo el reparto y la asignación de los mismos al plan de doctorado concreto del Departamento (Cursos de Doctorado). Hasta ahora, se establecía que un máximo de 9 créditos se podían obtener mediante la realización de un trabajo de investigación. No obstante, esta proporción de créditos ha sido modificada por el Real decreto 778/1998 que regula el tercer ciclo, que establece un mínimo de 20 créditos en el periodo de docencia y un mínimo de 12 créditos que se invertirán en el desarrollo de uno o varios trabajos de investigación. La realización de la Tesis de Licenciatura o “tesina” (trabajo de investigación previo al doctorado, que actualmente no constituye un requisito formal), puede representar una magnífica opción para introducirse en la metodología científica, además de ser un buen indicador, tanto para el Departamento como para el propio alumno de postgrado, de su idoneidad, capacidad y vocación para la investigación. Tras la realización de los 32 créditos, exigidos en un periodo de tiempo de dos años, el doctorado debería dar lugar a la lectura y defensa de la Tesis Doctoral, trabajo científico que representa la primera experiencia seria en este sentido del alumno de doctorado: por lo tanto, en su contenido debe recoger un conjunto de aspectos alrededor de un tema que sea suficientemente especializado pero, a la vez, debe poseer una cierta generalidad. Le corresponde al director de la Tesis establecer la línea de trabajo y elaborar el diseño experimental, pero la ejecución y marcha del mismo, deben ser confiados al criterio del doctorando, el cual irá aprendiendo a comunicarse en términos científicos y redactando su propio trabajo. El doctorando debe aprender también a comunicar sus resultados a la comunidad científica, mediante su publicación en forma de artículos en revistas apropiadas. De esta manera, una vez obtenido el título de Doctor, será capaz de plantear con criterio tanto su futuro docente-investigador, si es el caso, como el asistencial. Para este último, la metodología científica realizada también aporta importante raciocinio a la hora de discernir entre distintas actuaciones clínicas, así como provee de entrenamiento para publicar los resultados de este campo o de otros de la Medicina. v Enseñanza continuada, mediante la organización de cursos "master" y/o monográficos de postgrado para temas concretos, en mayor o menor extensión y profundidad, respectivamente. v En el caso de formar parte de un Servicio Hospitalario con docencia de especialistas, por medio de la integración en el sistema de enseñanza a los patólogos en formación.

Enseñanza a futuros profesores de Anatomía Patológica Es evidente que una buena parte de la eficacia en el proceso de enseñanza-aprendizaje dependerá del profesor y, concretamente, de la formación del mismo. En ésta están además implicadas tanto su formación inicial, como la formación permanente y continuada, ya comentada en el apartado El Profesor como profesional de la Docencia en Anatomía Patológica (véase pág. 79).

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Del profesor "contratado" por la Universidad, la Ley vigente sólo reconoce, en periodo de formación, la figura del Ayudante, "cuya actividad estará orientada a completar su formación científica, pero también podrá colaborar en tareas docentes en los términos previstos en los Estatutos de la Universidad" (artículo 34.1. Ley de Reforma Universitaria). Es deber y obligación del profesor experimentado, el intervenir en la formación del Ayudante, tanto a nivel docente como investigador. No obstante, en las Facultades de Medicina, y a diferencia de lo que ocurre en otras Facultades, la figura del Ayudante no está muy implantada. La formación del Ayudante debe completarse con el contacto con otros medios científicos, con estancias en otros centros distintos al de origen, para así conocer otras formas de investigar, otras metodologías docentes, etc; en definitiva, otras perspectivas en el modo de hacer ciencia. Hay que tener en cuenta que no todos los licenciados están capacitados para realizar una carrera docente e investigadora. El profesor universitario en formación debe destacar no sólo por su capacidad intelectual, sino también por su motivación universitaria que, en ciertos momentos, le exigirá no pocos sacrificios.

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