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Poemas y otros cantares // César Lévano

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césar lévano

TONO PEREGRINO


1965


A los mĂşsicos del pueblo, a los mĂşsicos de los pueblos


Tono peregrino

MARCHA FÚNEBRE A JAVIER HERAUD

Que tú hayas muerto y que estemos tan tranquila, tan idiotamente vivos; que no podamos esta tarde decir nada, ni llorar; que viajen gentes en los ómnibus, que los ómnibus marchen; que la zarabanda de los truenos no estalle en el gris de la ciudad; que mañana nos levantemos a lavarnos las caras con jabón de olor; que estés muerto delicadamente muerto, yerto muerto; he dicho muerto, no vencido. Eras la juventud, la cantuta de la juventud. ¡Cómo habrá llorado el cocodrilo del río al verte ametrallado! Eras los campesinos que no lloran ya si les queman sus chozas; eras los millones que no tienen pan para mayo, juguetes para diciembre; fino como una flecha, duro como una piedra, audaz como la piedra en la honda; tercos bajo tu traje de campaña el querer a Silvia y el querer liquidar a balazos todos los gusanos sapankare del país. De dónde ibas a sacar el temple para el acto si no del agua del tiempo, de este tiempo; tú, pulsado por el viento con mal olor de las barriadas, por la escasez de besos, de pan, de rosas, que hay en los callejones; tú, que hubieras podido tener todo lo que es fácil tener cuando nada es difícil, cuando se tiene una casa con un gran salón y se es amigo de las señoritas simpáticas que van a los cocktail parties.

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César Lévano

“Es de cine, me la prestas después”, dijiste un día hojeando una revista. Soñabas hacer cine. Imágenes en que las pestañas de la patria pintarían su sombra. Los ojos de esta tierra se llenaron de lágrimas: yo he visto en la noche su pólvora en el llanto. No te prestaré jamás la revista de cine, no harás filmes. Esta película, paisano, no tiene happy end —todavía—, no hay descanso en la guerra. Cada prostituta fue una dalia arrancada de un jardincillo de barrio, de aldea; esa princesa muerta de anemia iba a ser novia de un poeta, de un mecánico fantástico, de un cosmonauta, de un labrador, de un hombre, en fin, con zapatos y sueños en un Perú soñado. No, no estuvo bien que partieran a puro potro de ira, de pena; los cóndores no atacan sino cuando el apu, el capitán general les da la seña; cierto es que Túpac Amaru no murió predicando la doctrina del éxito; pero hay que aprender, hay que aprender la letra que con sangre entra. Llora Amazonas tu llanto cargado de bosques; llora tren vertical con tu humo que tiñe la nieve perpetua; arena interminable, mar matinal, cerro de otoño; llorad niños, estudiantes, obreros, campesinos; llorad remeros de los ríos y mares y lagos del Perú; llora doctor de niños; llorad madres, ancianos; llorad hermanos míos; llora Machu Pichu, llora criatura; llorad puma, zurita, crótalo, eucalipto, venado, pisonay. Llora patria, ¡oh madre hermosa y triste! HA MUERTO UN NIÑO QUE ERA HOMBRE, UN HOMBRE QUE ERA UN RÍO.

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Poemas y otros cantares // César Lévano by Sinco Editores - Issuu