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Poemario Memorias de un ingrato (Remasterizado)

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Shara Bueno


Memorias de un ingrato (remasterizado)


Memorias de un Ingrato (Remasterizado) Shara Bueno © Corrección de estilo: César Cano Ingratitud, Colombia. 2019 Contacto: sharabr14@gmail.com


CARTA AL QUE NUNCA VOLVERÁ... Ingratitud, Colombia. El día de un año que me olvidó.

Mañana no importa dónde amanezca. No extraño la cama, ni la almohada y mucho menos al bicho raro que dejo, cuando entre sueños me voy deseando no volver. Así somos en Ingratitud, desayunamos desprecios y sueños que se rompen por falta de ilusión, con eso uno queda lleno, listo, para recoger las ganas de vivir con cucharita y así poder restarle un día más a la vida. Pero no escribo para humillarlos, escribo para que se enamoren de Ingratitud, para que me envidien por leer casi a diario las noticias locales sobre suicidios y ver y hasta participar de la comedia de errores más buena que las narconovelas transmitidas por los canales nacionales. Como sé que no vendrán pronto a Ingratitud, les dejo algo así como unos “poemas” (porque yo no escribo poesía, qué dirán mis conocidos ¡Qué vergüenza!). Pa’ que se antojen.


Dualidad A lo mejor la gente tiene miedo de descifrar mis silencios y mis ojos de burbuja. Tal vez sea yo quien provoca miedo, lástima y a veces asco. ¿Han visto las uñas de mis pies cuando estoy descalza? A veces las miro, pero me da igual. El pegante que inhalo tiene la solución. No piensen que no tuve papá o que mamá es una desgraciada al no cuidar de esta semilla podrida. Es más, no piensen nada. Sólo mírenme. ¿Son capaces de ver su reflejo en estos ojos perdidos? No somos tan diferentes, aunque a usted le brille el sol siendo de noche y a mí me nuble la adicción a cualquier cosa. Somos la misma vaina con resplandor distinto.


Esperanza Esperanza La esperanza es un pétalo caído, un hueso roto, un fruto seco. ¿Qué será de los niños si los sembramos en la tierra como semillas infértiles? ¿Germinarán sin corazón? La esperanza es un mendigo que duerme en un castillo de periódico, una niña sin piernas, una mujer que llora la tumba de sus hijos. La esperanza es un país que se alimenta de odio y se acuesta con el estómago vacío.


Tristezas furtivas De tanto acunarte se me ha rajado el pecho. Ya no puedo irme u olvidar lo que fui /mos. Iniciar otra vez en la misma ciudad era coserme las heridas con alambre oxidado. Decidí partir. La esperanza de ver crecer nuevas flores estaba marchita. Me arrebaté de sus manos y me llevé donde las noches hacen olvidar la vida misma. Me bebí el rencor que coseché en mi tierra y me fumé las ansias de salvar el mundo. Quedé con los puños flojos, sin fuerza para agarrarme de la última ilusión: la poesía. Di vueltas dentro lo que creí, era mi esencia. Retrocedí con el rostro humedecido: descubrí que estaba muerta.


Desvelo El día termina donde comienzan las ganas de existir, donde se llena la esperanza de humo y soledad. El comienzo del abismo, el beso traidor, la mueca a las espaldas, la mentira mal elaborada, son sólo placeres antes del sepulcro. Es ahí cuando las palabras se vuelven piedritas de oro que se pulen en la madrugada del domingo y se recitan en la parada del bus, donde por última vez vimos la ilusión agonizar.


Grietas en la memoria Como las huellas en el barro desaparecen los sobrevivientes en el jardín del olvido. Los esfuerzos de ayer son las ruinas de hoy. La desmemoria de nuestros días calcina la historia, silencia los quejidos y se enceguece en los recuerdos. Los sobrevivientes de las entrañas de la tierra claman por ser recordados, mientras el camión de los escombros se lleva sus lápidas.


Vainas Cuénteme cómo es ser un niño, que yo no sé de eso. Me sé vieja, ajada. He perdido la memoria; usted la tiene intacta. Cuénteme cómo es, así usted venga de la calle y no sepa del calor ni del amor. Lo quiero escuchar aunque al hablar me eche el humo en la cara y me haga achinar los ojos. Únteme de sufrimiento para ver si siento algo. Tengo la noche entera para escuchar todas las plegarias que Dios nunca le escuchó. Quisiera saber cómo se pierde la esperanza sin perder la niñez. Porque usted tiene la miseria regada en todo el rostro, pero no deja de ser el niño fantasioso que un día el país escupió.


Merecer Merecer el sepulcro como la paloma muerta tirada en la Avenida Silva. Merecer las moscas extasiadas por la putrefacción, atraídas por la ausencia. Merecer la angustia de las miradas que no miran nada, de los pasos que no dejan huella. Merecer el abandono para echar vuelo aunque las alas ya no sirvan. Merecer el olvido para desmerecer las lágrimas y llegar con calma a la basura.


Ingratitud Tragarse la miseria para escupir la poesía. “Porque nacimos ciegos ante la belleza” es lavarse las heridas con limón. Partir con ilusión hacia lo desconocido, conociendo que la ingratitud viaja en la sangre de Latinoamérica. Mal doblar los sueños en una maleta para que no puedan respirar y reportarlos como falsos positivos. Lidiar con la angustia nunca fue tan difícil como sembrar esperanza en tierra ajena.


Poema bailable para una navidad cualquiera Hoy, que no alcanzó el dinero para iluminar la navidad, contamos los pocos pesos que nos quedan anhelando que sean suficientes para la comida del día. Hoy, que todavía soñamos con tener los bolsillos llenos, compramos la espiga, el sahumerio, las 12 uvas, los calzones amarillos, en busca de una fortuna que nunca llegará. Hoy, que sacamos créditos para los regalos del 24, olvidamos que en enero tendremos hambre, que el sueldo no se multiplica y el pan tampoco, y que la resaca económica será fuerte. Hoy, que la congestión crece, que corremos sin mirar, comentamos que diciembre ya no es igual, mientras en la amargura cotidiana leemos este poema bailable en una navidad cualquiera.


630001 Todas las ciudades tienen una herida que palpita y escupe, que nunca cicatriza. Una herida que se adhiere al cuerpo de sus hijos, sedienta de reposo, ciega ante el error. Un dolor que viaja, un odio creciente: —Las ciudades los crían y ellos se juntan— se matan, se entierran, se olvidan. Todas las ciudades tienen una herida. Y sus hijos, el mal sabor de una procedencia sin memoria.


ESCUDO DE INGRATITUD:


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2019


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