LES JURO QUE INTENTÉ ABANDONAR LA POESÍA, PERO LA MUY PERRA ME VOLVIÓ A ENCONTRAR
EN CASO DE AHOGO COTIDIANO ROMPA LA VENTANA MÁS CERCANA, PREFERIBLEMENTE LA DE SU HABITACIÓN
A través del espejo roto de mi vida, veo dividido el camino de mis pasos. Fragmentos que aguardan en su reflejo las vidas que pude vivir, pero dejé por cinco minutos más de sueño. Guayabos ácidos viven mis mañanas desde que los días se volvieron papeles anfetaminados que me paso con aguapanela. Y veo la ciudad como la alucinación colectiva más fuerte de la historia, una novela distópica en la que su personaje principal escribe poemas, da clases ebrio en la universidad y, en las noches, se da los traques con la vida, mientras afuera la apatía hierve, los habitantes intentan escapar volando por los puentes, se escriben historias de amor en la Cueva del Humo y la muerte tiene un pacto con el gobierno: nos quieren a todos muertos de la manera más trágica. ¿Cómo salir de este mal viaje llamado Armenia? El personaje rompe la ventana más cercana, ahora está malviajado y con frío.
BENDITO SEA INTERNET Y SU INFINITA MISERICORDIA EN FORMA DE OLVIDO INSTANTÁNEO
Facebook me invita a decidir qué hacer con mi cuenta cuando muera, sus algoritmos saben que somos finitos y cursis: crearon los perfiles/tumba - in memoriam de nombres y rostros que se reducen a pixeles. Será el Cibercampo Santo llegando al año 2100, quién sabe. Mientras tanto, disperso la cabeza con algo que llegue directo a fumigar los pensamientos corrosivos donde muero a cada segundo de maneras terribles y revivo al instante para seguir sufriendo. Ya te dije que la culpa no es mía, que esta melancolía que me habita se disfraza de sonrisas y golpecitos en la espalda, sobre todo en ese momento en que suena la alarma e inevitablemente tengo que levantarme Soy el Sísifo moderno que soporta la carga gracias a que en el deporte de la vida no exigen antidoping. Me levanto con la idea de decidir qué pasará con mi perfil de Facebook cuando muera, quisiera decorarlo y que en vez de flores le broten los poemas que en vida deje programados… Pero lo descarto y pienso en silencio: Bendito sea Internet y su infinita misericordia en forma de olvido instantáneo. Que nadie teclee mi nombre en el buscador, que nadie me saque del olvido eterno, amén.
DICEN QUE ES URGENTE VIVIR, PERO LA VOZ EN MI CABEZA HA DEJADO DE PRESIONARME, AHORA LE CANTA CANCIONES LENTAS A MIS MANOS MORIBUNDAS
Naufrago por el cadáver de una ciudad estallada por un dolor palpitante y creciente, donde hombres de horizontes inmensos, se quedaron englobados en sueños de pegante y hoy adornan las portadas de periódicos amarillistas que pregonan profecías cumplidas en la tierra en la que ninguno pidió nacer. Sonrío por demencia a la sombra que me persigue y me encinta en noches angustiantes, donde mis pasos se extravían en el callejón de las vidas que soñé, pero eché a perder por quedarme tirada en la cama, creando los planos de mi desgracia. Me simplifico como una pequeña parte de la postal de una ciudad perdida en el mundo de los que olvidaron amar y construir con paciencia la vida. A veces imagino que me he perdido en algún camino desierto de Latinoamérica, mientras respiro aire gris por la ventana del bus que me lleva directo al infierno de ocho horas laborales donde se esfuma la vida, escribo versos sueltos y dibujo historias atemporales procurando prorrogar la vida de los que amo, pero al igual que yo, están destinados a morir.
ME GUSTA VIVIR EN LOS ESCENARIOS DE LAS HISTORIAS QUE ME CUENTAN MIS AMIGOS Y PROTAGONIZAR A SUS ANTAGONISTAS
La rutina ficticia de desayunar palabras me hacer sufrir de constantes ansiedades subida en este bus maltrecho, contaminante y sin frenos llamado vida, que recorre la ciudad ebrio de oraciones que piden a gritos tener la suerte de su lado mientras buscan entre la basura pedazos de la fe que perdieron en un duelo a muerte por alcanzar el cielo, estando tan aferrados a la tierra y su dolor. Contemplo la ciudad con ojos delirantes y un corazón malviajado que me hace pensar con recurrencia en lo frágil que es la vida y en lo absurdo que la pierdo, leyéndole poemas a las sombras, saqueando las historias de mis amigos, tratando de trepar los muros altos y mohosos de esta ciudad-tugurio, rota y corrupta que respira por las heridas, rendijas oxidadas, por donde sacamos las manos y si tenemos suerte la cabeza, para salir corriendo y no volver o volver para recordar y cualquier día, cuando no estemos pensando en la muerte, nos apuñalen por no llevar plata, ni sueños, ni aciertos. Es por eso que me gusta vivir en los escenarios de las historias que me cuentan mis amigos y protagonizar a sus antagonistas: me entreno para salir a enfrentar a la ciudad y sus cuchillos afilados que cambian de forma constantemente, más no se cansan.
CUENTO La Amelié colombiana El 24 de septiembre de 1997, a las doce horas con treinta y siete minutos y dieciséis segundos, el señor de la chaza de dulces de alguna plaza principal de Latinoamérica, escucha el boletín radial de noticias donde comentan que los mafiosos colombianos andan pagando 50 dólares a quien proteste contra la extradición con carteles frente al Senado, en Bogotá. En ese mismo instante Andrea Echeverri piensa cómo será el lanzamiento del Álbum Tributo, por allá en las Yunaites el próximo mes, mientras almuerza ajiaco preparado por su mamá y, con destreza, agarra la mazorca con los dedos, como lo aprendió en su niñez. En ese mismísimo instante un politiquero con pinta de hacendado ordinario, llena de semen el útero de Carmen Galindo, bella muchacha con la secundaria sin terminar, madre soltera y mesera en una cafetería del centro de Armenia. Nueve meses después de este caliente encuentro en la oficia de Ancizar Rubiano, nacería Amelia Rubiano Galindo, la Amélie colombiana. Ancizar Rubiano, papá de Amelia, casado, tiene más de 5 demandas por alimento, próximamente una sexta por no querer responderle a Carmen por su hija. Poca información de él, sólo sabemos que es un hijueputa. Carmen Galindo, mamá de Amelia, quedó embarazada por primera vez a los 15 años, vive con sus padres, su mamá cuida a las niñas mientras ella trabaja. Amelia heredó su altura, su nariz respingada y la tez de su piel. Amelia con 5 años apenas reconoce a su papá, su mamá sigue trabajando en la cafetería mientras ella crece junto a su hermana, abuelos y amigos del barrio. Ingresa a un colegio público y, con el paso de los años, sueña con entrar a la universidad, pertenece a la generación de hijos de padres que viven en carne propia la resignación a la explotación laboral y creen que la educación ayudará a tener un mejor futuro, olvidando que estamos en Colombia. Pero vamos muy rápido. Amelia crece y, como a todas las muchachitas del mundo (o, al menos, de Colombia), le salen granitos en la cara, vellos en la vagina y en las axilas, le llega la menstruación, empieza a depilarse las piernas y el bozo y, se enamora del bobo hijueputa más grande del barrio. “La bella y el bestiañero”, les decían. 4 años de relación, creímos que el fin de ésta, sería también el fin de Amelia, el de su tortura, su lloradera, su aguantadera de cachos, pero nos equivocamos.
“Y es que vivir es una gonorrea”, decía Amelia mientras fumaba marihuana en la ventana de su apartamento alquilado cerca al centro de la ciudad. En este punto, como ya se habrán dado cuenta, Amelia no se parece en nada a Amélie, acá no hay encuentros casuales, lo ocurrido aquí es sólo la consecuencia de decisiones forzadas en el afán por sobrevivir. Amelia terminó con Yeferson, el chisme que hay es que él intentó pegarle y ella no lo permitió. Logró graduarse del colegio y entrar a la universidad, conseguir trabajo como webcam y un nuevo novio. Manuel era perfecto, la consentía, la recogía en la universidad, salían de viaje, la presentó con sus papás, le gustaba compartir tiempo con sus amigos y, por lo pronto, que tanto él como ella tuvieran su espacio; eso nos contaba Amelia y, aunque la envidiábamos por su novio perfecto, éramos felices porque por fin estaba con alguien que la valoraba. ...Hasta que un día con amargura, indignación y complicidad, la ayudamos a maquillarse el moretón del rostro. - Parce, ¿Qué pasó? - Nada marica, estábamos discutiendo. Voy a llegar tarde a clase, miremos como tapamos este morado. - Parce, no se deje pegar, deje a ese man, usted toda linda se consigue otro y ya, pero no deje que le pegue, ¿Le parece justo que haga eso? - No, pero lo amo. -… - ¡Apúrese!, tenemos que salir ya. Fuimos cómplices, nos quedamos de cómplices, nunca hicimos nada.
Uno nace en Colombia y la vida lo escupe, la iglesia lo condena, el familiar cercano lo viola, la familia, los amigos y el amor lo traicionan, uno guarda silencio, el silencio con el tiempo se pudre, el olor intoxica el alma, entonces matamos, nos matan o nos matamos. 25 de septiembre del 2019, ocho de la mañana. *El celular vibra* *El celular vuelve a vibrar* - Vida hijueputa, ¿Quién escribe tanto a esta hora?
*Abre WhatsApp* *Abre el chat sin leer* - Amelia se mató Parce No juegue con eso - Es en serio, la encontraron muerta en el apartamento No puede ser cierto *Cierra WhatsApp* *Abre Facebook* Judicial- Amelia Rubiano Galindo, joven universitaria de 20 años, fue hallada muerta en su apartamento al Este de la ciudad en la noche del 24 de septiembre por sus familiares. Noticia en desarrollo. 5 de noviembre del 2020, siete de la noche. Amelia, confieso que casi olvidaba el camino hacia tu casa maternal, la puerta donde te dejé la última vez que te vi. Amelia, creí que tu familia se había ido, hasta que vi un gato lamiéndose la panza en la puerta de enseguida, ¿Eras tú mostrándome el camino? Amelia, he tocado la puerta, una viejita que se me hace conocida se asoma, le pregunto si esa es la casa de la familia Galindo. Amelia, ella guarda silencio y abre la puerta, entro y pienso que tú hubieses sido igual de tierna a los 70 años. Amelia, apenas abro mi boca para decir que soy tu amiga, me desplomo en llanto, ya no estás, hace más de un año que no estás. Amelia, abracé a tu abuela y le entregué el poemario que te dediqué, el cual, si estuvieras viva, seguramente se lo habría dedicado a mi perro. Imagino que ríes con lo que dije, porque sabes que, con seguridad, hubiese sido así. Amelia, te extraño. Amelia, me faltan las palabras para explicarle a tu abuelita el porqué de tu decisión. Llega tu primo, aprovecho el momento para escabullirme. Amelia, aun pienso que estás viva y podré encontrarte, algún día, por casualidad en la calle.
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2023