Skip to main content

Saicología

Page 1

SaicologĂ­a

Sergio Humberto Brown Figueredo Octubre, 2017


Primera edición, 2017. D. R. © 2017. Sergio Humberto Brown Figueredo / SERis © 2017. Editorial Capítulo, Paseo Playas de Tijuana 659-1, Fracc. Playas de Tijuana, 22504, Tijuana, B. C. Corrección, edición y diseño editorial: Luis Miguel Villa Aguirre. Cuidado de la edición: Capítulo / SERis. Ilustración de forro: Panca.

Queda prohibida la reproducción parcial o total de la obra por cualquier medio sin el consentimiento por escrito de los titulares de las casas editoras. Queda abierta la posibilidad de reproducir parcialmente la obra siempre y cuando se realice con fines estrictamente no lucrativos y se cite clara y visiblemente la fecha de edición, al autor, la ciudad donde se editó y a los coeditores.


Contenido Introducción La caracteriología La tercia sicótica El barco de la locura La barra del inframundo María Magdalena El sueño de José Luis Ananda Lo negro Los exiliados El cuaderno de los miedos y las sombras La semana nocturna Serpientes y Escaleras


Introducción Saicología es una palabra monstruo, tiene piernas de psicólogos, manos de logia secreta y cabeza loquita. Lo saico es un estado de consciencia trastornado o luminoso. El estar bien saicote es posicionarse antes de la locura o alguna transformación. El estado saicológico extático es cuando explota el volcán psíquico de saber quién eres, quién has sido y quién podrías ser. Lo saicológico es una sala de proyecciones de la que emanan pulsos claroscuros, caracteres bipolares o budistas, viajeros del tiempo, sueños del no-hacer-nada o un cuaderno de las sombras. Juegos torcidos de serpientes y escaleras. Acciones circulares del viaje de ser humanos.


En SaicologĂ­a queda planteado el conflicto de estar frente a la libertad, sus riesgos y las debilidades humanas para ejercerla o someterse ante ella dejando que pase lo que tenga que pasar. Una disyuntiva mĂşltiple, libertad que se asume para encontrar el Ser, o que se manipula desde una realidad que puede ser tan oscura como lo que se acepta sin pensar o tan clara como aquello que no se entiende pero ayuda a encontrar equilibrios emocionales o psĂ­quicos. Su lectura es apta para personas que buscan dejar de ser iguales. Los editores


Antenoche tuve un sueño, y anoche volví a soñar, y esta noche vuelvo al sueño y digo que el sueño es verdad. Los gaiteros de San Jacinto, Colombia

A los muertos de la guerra... A los familiares heridos... Al asesinado a sueldo... A los hijos de la mujer violada... Al balaceado... A la mujer acuchillada: la fiesta post-existencial.


La CaracteriologĂ­a


La trancepoesía El cuarto está oscuro. Tengo la sangre y los músculos calientes. El olor a salvia me alerta. Prendo una vela para dibujar en la pared sombras. Mi espina dorsal es antena de oraciones futuras. En la mano la sonaja. Un, dos, tres. Un, dos, tres. Yo soy trance no poesía. Suspensión sensorial durante el éxtasis. Vuelo apretado y libre canto. Un, dos, tres. Yo soy trance no poesía. Párpado temblando futuros, diente que habla caballos. Leña corporal encendida. Yo soy trance no poesía. Un, dos, tres. Signo tronado. Trance, no poesía; esclava del ritmo metafórico. Fuego. Trance, fuego, trance, no poesía.

Hombre técnica del sueño Los sueños son obras de teatro que se comunican al individuo codificadas desde el escenario de su inconsciencia. Que sucedan los símbolos actuados es un logro personal y para descifrarlos se necesita retener lo representado en la trama de la obra. Recién despierto, el ejercicio es escribir lo soñado. Sinopsis de la historia, sucesión de las imágenes, diálogos, vestuarios, colores, conflictos y luego su derivación, interpretación y análisis. Y una vez afinado el método, tenemos la vida entera para resolver el acertijo onírico o naufragar en ello.


La Psicóloga En una clase universitaria, frente al pizarrón, la maestra de psicología dice: “Neurosis es no hacerte cargo de ti. Para no crecer. Para rechazar el mundo”. Y lee un fragmento del libro de Wilheim Reich, Análisis del carácter: “El carácter consiste en una adaptación crónica del ego, que se puede describir como un endurecimiento. Esta rigidización es la base actual para que se convierta en el modo característico de reacción; su propósito es proteger al ego de los ‘peligros’ internos y externos. Como una formación protectora que se ha vuelto crónica, merece el nombre de ‘armadura’, pues claramente constituye una restricción de la movilidad psíquica de la personalidad”.

El niño del tiempo Conozco lo existente en lo nombrado. Soy viajero en el tiempo. Cuando los dioses negros ganaron la guerra quedó el espacio desolado. Se acabó la fiesta. Impusieron la música del silencio y la danza de la quietud. Universo campo de concentración. Régimen de sufrimiento. Y en la tierra sus habitantes murieron de hambre y miedo enfermizo. Lluvias de infartos apretaron sus corazones. Millones de cadáveres dejó el sacrificio, unos cayeron fumigados desde el cielo y otros peleando guerras que creyeron de liberación. Puro lenguaje inverso y la metralla de ignorancia despedazando millones de vidas y mentes. Todo ese absurdo, capturado en las cámaras del tiempo total, será castigado arriba por el verdadero tribunal supremo.


Miss Holocausto Soy la mujer holocausto. En medio de la guerra perdí los criterios entre el sueño, la realidad y lo alterado. Mi lengua es campo de batalla y nunca pensé que lo enunciaría: más de 200 mil mexicanos muertos por violencia. Se balacearon los días, se enteiparon las noches. Holocausto visible y no aceptable. Para millones fue mejor el silencio, la negación; pero la memoria inconsciente colectiva lo sabe: Las cabezas degolladas que aparecen en los diarios gritaron su dolor a los cuatro vientos. Fueron piel reventada, sangre corrida a cuchillo, ojos de colores rotos y la respiración cortada por la espada de la fuerza afuerzas.

Hombre lodochiquito Estoy atascado en lodo de otras eras. Soy chiquito y no salgo del chapoteadero de los recuerdos, memorias, e imágenes que se evaporaron y no regresarán. Estoy perdido en construcciones de edificios caídos. En laberintos de concreto. Vivo encerrado entre muros de neuronas fijas y no puedo caminar en el fango traumático. Me ahogo. Soy melancolía cíclica. Ideas atrapadas que no serán, y sin presente voy cargando en la espalda estiércol del pasado. Pasado. Pa sa do.


Jueza arrepentida Me aplicaron el juicio tantas veces para destruirme, que entiendo lo que digo: juzgar es el máximo de los errores y se vuelve vicio porque da mucho poder. Enjuiciar es lanzar a los otros palabras sin verdad. Es puta. Está pendejita. Es envidiosa. Causar heridas con la lengua enemiga. La imagen inversa a lo destripado es entender que somos alternancia entre luz y oscuridad, frío y caliente. Cuerdos y locos. Aceptar los lados del Ser y sus temperaturas, el primer paso para lograr la paz existencial. Pero debo repetirlo como mantra, los vicios no se vencen fácil porque nos hacen creer que tenemos en las manos un falso poder.


Antropologovisual El Antropólogo prepara una clase donde explicará tres puntos sobre el ritual. Ritual antiguo

La planta sagrada es música cerebral armónica y total. Pregunta y respuesta. Maestra y maestro que diseñan sonriendo el método para lograr cambios o derrumbes en quien la toma. La llave medicinal que abre las puertas celulares del cielo, o, si es necesario, del infierno. Ritual moderno

Metáforas químicas del éxtasis en bares, discotecas, conciertos o eventos deportivos. Se presenta ese ritual moderno en lógicas espectaculares programadas por la cultura mediática. El ritual como celebración de íconos de consumo. Ofrendas a los dioses del dinero. Selfis del espejo en el espejo. Ritual futuro

La planta sagrada, actuación, psicología, y química solar; la fiesta seria, la fiesta saica, los dioses viejos y nuevos dándose la mano. El resurgimiento del mito y del nuevo rito: la mezcla y bifurcación de lo arcaico y lo tecnológico. Sables de luz iluminando cuevas en el desierto. Presentes del pasado futuro. La utopía libertaria sería la suma de la imaginación y la abundancia.


Infeliziendo Fuma un cigarro, lo apaga y nerviosa dice: ¿Qué es la felicidad? Vivir sin miedo. No supe qué chingaos era la felicidad hasta el día que dejé al pendejo que por años llamé esposo. ¡Cómo aguanté! Me jaloneaba el cabrón. Varias veces me amenazó de muerte. Me tiraba la comida al suelo, y me tragué ese maltrato y odio por años. Estoy enferma, estoy seca. Y seguido vomito pasto en sus piernas. Algún día pensé en cortarle el pito con unas pinzas de jardinería, no lo hice y me arrepiento. Hijo de tu pinche madre, púdrete en el culo de la vieja pedorra que te parió. ¿La felicidad? El olor de la mierda será.

Amónra Apareció el señor pierna de hueso en el escenario y contó una historia: “Cuando las deidades de luz son asesinadas, las tinieblas reinan el mundo por miles de años. No coexisten en el plano material dioses de distintas fuerzas si no es para la guerra. Cuando la oscuridad gana las batallas, se cierran al espacio exterior las puertas de la tierra, el conocimiento se encarcela y la luz opositora regresa al planeta, infiltrada en cuerpos que cumplen la revancha de la fuerza. Y así será, por los siglos de los siglos. Amén”.


Saiqueadológica Tengo meses en terapia psicológica. Quizá ya mil años. Cuando estoy en el consultorio me siento tranquila y pierdo el tiempo; hablo, expulso, lloro, entiendo. Sesenta minutos en zona de confort. Pero al salir del consultorio me atacan las voces interiores, esos malditos chillidos de hienas negras que me enloquecen mientras camino y me retuercen. Juego de escaleras y serpientes, o de serpientes y serpientes y serpientes. Nube sonora que me persigue mojando la tierra del pensar. Y del actuar. Dudas arriba y atrás. Árbol psíquico quebrando sus ramas. No puedo parar. Al final de la crisis siempre digo lo mismo: la próxima semana pagaré dos horas de terapia. Y después lloro. Porque no puedo hacerlo. Luzer Por feo he vivido toda mi pinche vida derrotado. Desilusión tras desilusión, con las mujeres, con las amistades y la familia. En quinto grado de primaria la maestra me dijo delante del grupo: “No tienes personalidad”, me hirió, me echó la sal. A la fecha, nadie ha querido besarme. Le pido a dios al menos coger antes de la muerte, pero ya no aguanto, estoy considerando pagar, o quizá, pedírselo a la Santa Muerte. Me angustia pensar que moriré sin penetrar a una mujer y prefiero vender mi alma por cumplir el deseo que me aprieta los huevos diario. Dénme lo que sea por lo que soy con tal de coger antes de la muerte. Pero no, por lo pronto, cero ofertas de entes malignos, cero sexo casual, cero amor. No mujeres. No nada. Cero-valero.


Mujer Profeta Fragmento del libro, La muerte/la mano derecha, versión en fotocopias, marzo 1994. Escrito con tinta azul: “Así como el cuerpo no es conducido de inmediato a su última morada, tampoco el alma llega a su destino definitivo inmediatamente después de la muerte, sino que ha de pasar previamente por una fase durante la que permanece en tierra, cerca del cadáver, errando por la selva o frecuentando los lugares que habitó en vida”. Debajo de la cita, la mujer profeta anotó: “Del pelo cósmico saldrá el bucle que tronará todo. La guía serán los muertos”.

Drogdiler Acabo de fugarme de una persecución policíaca. Estoy escondido en un bar mientras recupero el ritmo de mi respiración para retirarme, ya pasado el susto, lento y tranquilo. Si eso se puede después de salvar por un pellizco el pellejo y los tenis. Detrás huyo de cosas más cabronas. Mi energía vital se constituye de una cadena de antepasados criminales. Bandoleros. Contrabandistas. Explotadores. Traficantes de drogas. Esclavistas. Políticos y pornógrafos. Periodistas corruptos. Desmanteladores de almas. Matarifes. Vendedores de órganos. ¿Que más me queda? Pedir otra cerveza, finalizar el escape y, despistado, seguir la ruta de mi linaje de malandros.


Coma recuerdo A segundos estuve de la muerte. Me puse el cinturón antes del choque. De milagro quedé amarrada al asiento, los demás salieron volando del carro y murieron. Fue un autobús sin frenos lo que nos hizo pedazos. Durante los treinta días que luché por la vida y el aliento tuve sueños reveladores; una señora vestida de blanco sentada en una silla con forma de jaguar rojo me dijo: Eres la última reencarnada de una línea femenina cuidada durante miles de años. Fuiste iguana, paloma y lechuza. Alcohólica. Prisionera. Domadora de leones. Obrera. Esclava. Nadadora. Pintora y partera. Cárceles recurrentes del vivir, morir y levantarse. Por eso no dejé que te fueras. Por eso, abrirás los ojos ahorita. Escuché un tronido de dedos, desperté lento y vi el mundo enfocarse dentro de un cuarto de hospital. Y empezé a recordarlo todo. El falso Quetzalcóatl Despertó crudísimo, entre el polvo de imágenes que revolotean al día siguiente y el alcohol en exceso recordó que con trampas el viejo mago pata de hueso lo embriagó y besó a su hermana con deseo. Casi llorando escribió avergonzado: “Soy las plumas rotas entre el pensar y el hacer. Creo que lo sé todo. Imagino, entiendo, el significado de la vida, de la muerte, y me trago lo que pienso sin serlo. En la acción me asfixio los ojos, intento cambiar y no puedo romper la piel de lo que creo ser. El falso Quetzalcóatl: mi yo verdadero”. Horas después inició ese hombre la marcha al exilio planetario que no tuvo regreso.


Mujer dormida En el capitalismo el amor vale menos que el dinero, o lo que se puede comprar a miles con él. Al desierto patriarcal, el sexo es desigual. La tiranía del padre, del hombre, al fin tiranía es. Y entonces nosotras, entonces yo, mujer dormida en los arenales de lo social. Mujer dormida, envuelta en una cama sin hablar. Mujer dormida cocinando cuarenta y ocho horas al día. Mujer dormida por decisión de otros. Grita. Al mundo le importamos pura verga. Grita. Debajo de los hombres estamos siempre las mujeres pisoteadas. Eleva más la voz. Usadas como trofeos de guerra. Grita. Vivimos la pesadilla de las viejas. Grita. Somos la desaparición forzada. Grita.

Desdichado Tenía veinte años cuando encontró a su abuelo colgado de una viga muerto. Quedó traumado y su sendero vital ha sido la desdicha y el infortunio. El número 13. Llueve en su cabeza todas las noches al año, tiene deseo de venganza y de apretar cuellos, jalar greñas, machacar rostros de rivales a codazos y patadas. Tiene la mente eclipsada por el estruendo de las sombras y quiere pegar a diario el derechazo que vuela sangre contra la pared. Cobrarle a quien se le ponga enfrente o a un lado la muerte de su abuelo y la amargura de ser él, ellos, un mismo nombre desdoblado en otros huesos.


Teté Antes de iniciar la plática en el templo ceremonial que habita dio un sorbo de té, pausada se arregló el cabello con la mano izquierda y expresó: “El árbol de senos sembrado en el centro de los universos alimenta a los niños que mueren antes de nacer y serán después perfectos. De sus ramas brotarán de nuevo como frutas en otros cuerpos y repoblarán el mundo con belleza después de ser destruido por quinta vez”. Agarra un espejo, se observa unos segundos, reconoce sus ojos, levanta la mirada, y dice atenta: “La muerte de esos dioses no significó el fin de su existencia. Las divinidades supremas, cuando mueren, se convierten en plantas, luego en árboles y tigres que después son humanos y de nuevo dioses que tarde o temprano morirán de nuevo y serán otro sol”. Patrimachi ¿Y cómo se ejerce el patriarcado? Con violencia física, verbal, simbólica y sexual. ¿Eres machista? No mames. ¿Eres violento? Qué estupideces dices. Sí, eres machista. Que no. ¿Crees que no eres machista? No lo soy. Crees ser razonable, de izquierda, defensor de la igualdad. Eso soy. Eres machista. No me digas una pendejada más. No te culpes idiota. Fuiste programado para ello. Es la guerra patriarcal: Esclavitud proyectada como universalidad de los derechos humanos. Eres machista. Punto. Que no. Punto. Que sí. Punto.


Huracanas Las huracanas son producto de la iracundia del cielo. Son flechas y lanzas que se clavan en la espina de la tierra y llegan al suelo cuando la cólera de Dios se manifiesta en lo real y energético para con sus rayos liberarnos. O sus rayas, mejor dicho. Las huracanas son cantos de guerra que llueve el viento sobre la sábana del continente. Son naturaleza encolerizada que destruye toda estructura fija con el puro aliento. Las huracanas son serpientes de fuego encendidas por la palabra terremoto. Ojos que en la hoguera de lo sensible no se ven y todo ven en las huellas de sus dedos. Son ellas tormentas de párpados flasheando la palabra justicia. Soplos de las nueve cavernas. Nietas vespertinas de los quince lagartos, oxígeno que gira tronando sobre las olas. Huracanas.


El profeta Toma asiento. Respira. Medita. Ve la negritud pulsando en sus ojos y la visión desciende a sus ojos inquietos de color blanco: cientos de meteoritos incendian el planeta tierra. Es la secuencia final del apocalípsis. Es un extreme long shot, plano cinematográfico donde cabe entera la ciudad en llamas y al día siguiente sus ruinas. Así dice la profecía, la tierra se acaba, la tierra se inicia. Las visiones son realidad desdoblada; pedazo, parte y todo. Luego, el profeta en su visión tuvo un anciano tocando la guitarra sobre una nube que le dijo: “La pirámide del sol tiene siete lados y cuatrocientos nombres. Entre ellos, águila de oro. Pájaro nave tiempo líquido. Dedo punta de flecha doble. Pulpo lamiendo el mar solo. Espacio invisible entre las piedras sonoras”. Los códices, dijo al final el profeta, están escritos en las palmas de las manos.


Ciberplatónica Sentada en la banca de un parque, una nerviosa mujer leía los subrayados del libro de Platón: “El amor no siempre es correspondido, puede ser que alguien ame a quien le odie”. En Grecia enloquecer era sinónimo de enamorarse. Lo que no queremos aceptar nosotros los modernos. La ciberplatónica estuvo prendida de un hombre que la maltrató y la dejó por otra. Vuelve al libro y lee temerosa: “Los débiles son amantes de los fuertes, los pobres de los ricos, los ignorantes de los sabios”. Y se dijo en voz baja castigándose: “Lo sabías, lo sabías, lo sabías”. Amar también es miedo, sospecha y crítica. Y lo entendió esa mujer en medio de los árboles, será un viaje irremediable: amor es locura que viene de los dioses.

Mentedestruida Para el mentedestruida las amenazas provienen del exterior: “Me provocó”. No acepta la ira, es explosión del cerillo interno lanzando llamas al pasto seco. En los mentedestruidas, la acción y la razón están divorciadas, alérgicas de sí. Son pura promesa. Palabrería. Frustración genital. Odio. Retroceso configurado por el trauma del recuerdo. Voces que vienen de lejano castigo. No me pegues. Niño pendejo. Niño estúpido. No me pegues. Llora. Llora en el suelo, marica. Llora.


La tántrica La maestra tántrica dice: “La unión sexual ritualizada convierte a la pareja en divina, el dos uno explotando en ceros y unos se vuelven miles de fibras de luz temblando. De ahí venimos todos. Sin distinción, ni lucha de clases”. Borra el pizarrón y propone: “Cierren los ojos. Llenen de aire sus pulmones y exhalen lentamente, casi al final, expulsen el aire apretando el estómago con fuerza. Siguen los ojos cerrados. Ahora borren lo existente sobre la arena mental, y en la nada aparece el éxtasis erótico diciendo: Las mujeres son la vida, son las joyas, son las diosas”.

El subjetivo Al percibir la totalidad de la naturaleza, entendí que no existen diferencias entre objeto, sujeto, ni la chingada. Da miedo entender en el mundo chiquito moderno que todos podemos ser dioses, y para ello el individuo necesita perderse en las acciones instintivas y vislumbrar desde lo animal, lo humano. Es lo peligroso. Y con otro software operando se experimenta el origen de la nueva escama de vida, una reprogramación de cuerpo serpiente que construye plumas y teje lenguas. Y entonces puedes decirle a tus manos: yo soy el tiempo, de la revolución interior el tiempo.


Elena Arqueóloga, 52 años. Narra frente a la cámara en medium shot: Los antepasados creían que al morir los gobernantes sabios se convertían en abuelos terrestres. Semillas restauradoras. Capas invisibles de la atmósfera. Reflejos chispeantes del dragón celeste. Huesos estructurales. Agua quemada. Comunicados extáticos. Vueltas de la llama transformadora del sol. Pakal fue de los dioses encarnado. Un cuerpo con ellos bailando. Espinas de raya recorriendo sus venas por segundo, tocado de pez azul sobre su cabeza. Flores alucinógenas sus genes de barro. En su espalda la antena que lo comunicó a lo animal. Pero no fue perfecto, mitad hombre fue y también sangró, y lloró, y tuvo dolor, y también tuvo pérdidas en sus ojos. Los antiguos mexicanos lo sabían con absoluta certeza. En los estados de sueño, de éxtasis, y en la vida después de la muerte, se experimentan los tiempos simultáneos; pasado es futuro y futuro es pasado. Con sus neuronas aladas viajaron al tiempo los soñadores elevados.


Cansurreal Avanzado un cáncer de columna y varios órganos colapsados, mi madre pasó las últimas horas de su vida en un hospital frío. Su cuerpo débil tenía transfusiones de sangre y la piel amarilla. Los músculos amarrados a los huesos, la lengua seca ya casi sin hablar, le dolía hasta abrir los ojos, su espíritu estaba rendido y su imagen me alarmó. Salí del cuarto a buscar al doctor y en el pasillo encontré a una japonesa sin manos ni pies tirada en el suelo, revolcándose en su propia sangre. Pensé era un sueño antes de escucharla decir: “Salvaré a tu madre sacrificándome”. Me lanzó un beso antes de morir y de inmediato lo que quedaba de la japonesa se convirtió en gusanos. Horas después, mi mamá también se apagó para siempre. No funcionó el ritual. Se fueron las dos.


La Recurrente De niña tuve un sueño recurrente. Mataba a un hombre en un cuarto de hotel. Y sucedió. Tengo en la mano una pistola treinta y ocho recién activada y escrito en mis ojos el final del sueño. Tres plomazos ardientes desangraron ese cuerpo. Fueron miles de dólares perdidos gracias al viento que soltó la boca del soplón. La muerte no distingue géneros ni clases, al idiota ese no le sirvieron de nada los dólares que cobró. Ya está quieto. Terminé la obra a sangre fría, sin compasión. Llegarán pronto los guardias de seguridad y debo confesarlo: fui envidiosa y odié, sembré duda y horror en los que más quise. Mentí y engañé una y otra vez en espiral, conocí el dolor de quien sufrió por mí y fui indiferente. Antes de apretar el gatillo, y cerrar la historia de mi sueño recurrente les digo: “Primero perdón, y después, chinguen a su madre de nuevo”. El cuchillo Amo en el diálogo saicológico que pule y refina lenguas. Que hace fallar, caer de palabras, y levantarse. Caer y levantarse. Soy hombre lengua y cuando la palabra se ausenta de mi órbita me vuelvo silencio totalitario. Cuchillo cortando silencio con palabras de obsidiana. Tengo la lengua de fuera como la milenaria piedra de sol que rige los astros y fundó una cultura de águilas y serpientes. Palabra que al extremo endulza o sangra sin excepciones. Sin palabras soy raíz seca. Cuerpo loco agónico. Sangre sin cuerda. Se muere la sonaja verbal y me voy a buscar otras lenguas, otros cantos de olas, humores y palabras.


Señoritaindependencia Ya no pude más. No supe qué hacer con tanto hijo y un pendejo como esposo. Aparte de borracho, machista y violento. Así que un día de mayo a medio día dije, no atenderé más al que por doce años llamé esposo, no seguiré limpiando orines de chamacos histéricos que al castigarlos pienso le rompo los dientes a él. Estoy repitiendo lo que hizo mi madre; sí, dejarme con mi abuela al cumplir siete años y tronarme para siempre con su abandono. Pues ni pedo. Me vale verga. A retomar la vida y la luz en las pequeñas cosas. Vivir sin temor de que un pendejo quiera darme por el culo a cualquier hora. Respirar de nuevo lejos de ese podrido aliento. Y ahí le dejo a ese idiota las nalgas de sus hijos para que limpie su mierda y su karma. Sus dientes. Y a chingar a su madre. Enlazador El profeta abre y cierra los ojos varias veces hasta caer en la frecuencia hertziana universal, y empieza a contar historias: “Los señores del inframundo no son buenos ni malos. Simplemente el sufrir y el terror es su alimento, pero también se hastían, se duermen y sueltan el control a favor del bienestar planetario”. Se detiene. Parpadea de nuevo, se conecta y sigue: “La mente consciente es razón. La mente inconsciente, sueños. La mente cósmica, pase automático al archivo de los dioses”. Y terminó el viaje diciendo: “Arte es el mecanismo que hace visible lo invisible. El paso de lo blando a lo concreto. Idea, luego cuerpo. Cuerpo. Cuerpo”.


Drimer No puede comprenderse lo que no se ha vivido, al menos, en sueños. Así yo sé volar. Así yo sé otras lenguas, otros sexos y otros mundos. Así he visto el fondo de la pirámide. El corazón que por primera vez tembló. Y en ese mundo tengo una maestra onírica, la señora de pelo morado que al verme a los ojos una noche me dijo: “Venimos de muy lejos para encontrarte”. Y añadió: “Mientras la religión no convierta en experiencia a dios, no habrá ocurrido nada esencial en la tierra”. Y como una clave futura, me describió a Jesucristo caminando en el Tibet diciendo: “Quien está cerca de mí está cerca del fuego”. Noe De niño veía desde la casa un cerro donde pensé que estaba escondida el arca de Noé. Treinta años después fui con un grupo de amigos a visitarlo por primera vez, y antes de subir al matemático cerro, un vaquero nos dijo: “Ese viejo contiene todo el conocimiento del mundo. No existe entendimiento o pensamiento o sagacidad u opinión o deliberación o sabiduría o filosofía o geometría o gobierno o poder o coraje o paciencia o disciplina o belleza o ingenuidad o jornada o mando o dominio o reino que no esté encerrado allí. Y no existe odio o maldad o fraude o villanía o impostura o tiranía u opresión o perversidad o poder o valor o alegría o canto o broma o flauta o lira o matrimonio o chanza o arma o tierra o sangre o matanza que no esté allí”. Algo más vigoroso que el rugido de todos los felinos del Arca de Noé.


Eleya Se dibujó una novela en las venas de su cuerpo. Dioses pensaron los diálogos, acciones y errores de su biografía. Si supiera, una simple marioneta. Qué terrible paradoja; el más libre humano un esclavo. Así funciona la dictadura celestial. Toda realidad es impuesta por la fuerza. Los dioses guionistas son totalitarios. Una historia se tatuó en el cuerpo de una mujer elegida para ser castigada por el dolor y el sufrimiento. Enfrentará lo peor para transformarse algún día en otra. Será la reina de los infortunios, de las penas, del dolor, del sufrimiento. De las rupturas. De la enfermedad. De la locura. De la ceguera. Fuerzas inconscientes destructoras para renacer y ser otra.


La tercia sicótica Delia: Siempre he sido deseos y mentiras, y es lo único que atraigo. Desde niña vivo frustrada porque soy pobre y no tuve ojos claros como las actrices de telenovela. Las que se casan con los ricos. Nací coja de genes, sólo tendré en la vida papeles de villana y trabajos de sirvienta o puta, lo que ahora soy, y ya no quiero serlo. Úrsula: Me cae de a madre mi hija desde que nació. Es una mierda que parí por error y me arrepiento todos los domingos de no haber tomado esa pastilla abortiva. Fallé. No estuviera aquí lamentando día a día la existencia de ese parásito. Kevin: ¿A putazos quieres que te trate Delia? Así sí entiendes, ¿verdad? Si te grito. Si te humillo. Si te orino la vida. Ni pedo. Te haré panchos por cualquier cosa, en cualquier lado. Te destruiré en vida y me pedirás perdón de rodillas, rogando como lo que eres: una puta cobarde. Delia: Soy pura cagada en la cabeza. Una putita diabólica. Culera loca. Piel gris con hongos. Menospreciada. Aparte, mi madre me odia y mi bato me golpea. La cabeza me atormenta. Me pierdo. Estoy desesperada. Hundida. ¿A qué chingados me trajeron a respirar a la tierra? Kevin: Quisiera tirarle los dientes de un vergazo. No entiende. Es la ignorancia con granos en la lengua. La pendeja de la Delia intentó varias veces chingarme dinero por debajo del agua. Por eso la traigo cuadrada a gritos y la mano abierta accionada. Todos los días le dejo moretes verbales en la cara. Limosnera chupa pitos. A chingar a su madre ándele.


Úrsula: La Delia es maestra entre las idiotas. Ni la tabla del uno domina la pendeja. No entiendo, no entiendo, no entiendo. Nunca sabe nada. Nunca hace nada. No se caga en los pantalones porque huele y mancha. Para lo único que salió buena es para putear, llorar y putear. Y ya quiere tirar la toalla. Y pues no chiquita, de ese culo vivimos todos. Kevin: ¿Quieres chupar vergas a espaldas de tu papito Delia? Eso cuesta y es riesgoso. Te castigaré con el látigo pasado de machos cabríos y perros. Mínimo, un putizón para que se te baje la calentura a tanda de vergazos. Te lo advierto: “Si vendes las nalgas a escondidas te mato”. Delia: Ya no aguanto toda esta mierda. Saco en la noche una feria y me voy de éste aunque sea, a otro infierno. Kevin: A patadas abrí el portal del cogedero. Ahí estaba Delia haciendo negocios de culo y carne con la boca. Al pendejo le apunté con la pistola, se orinó de miedo y lo desmayé de un cachazo. A ella primero le tapé la boca con cinta canela, la arrastré de las greñas por el cuarto, por el pasillo, por las escaleras y el estacionamiento. La subí al carro y le di una lluvia de putazos sin decir palabra alguna. Le tronó la nariz, la quijada y el aliento. Después del trance mortal, la bajé del carro, la metí a la cajuela y le grité al cuerpo: “Al fin eres la mujer perfecta, silenciosa y sin respuestas pendejas. Callada y muerta”.


El barco de la locura Desplazados sobre una superficie que, percibida a la distancia, parece uniforme, un grupo de mujeres y hombres damos tumbos como tango por el mar fiero. No sé cómo llegué aquí. Sí sé cómo llegué. Somos la tripulación del barco de la locura. Un exluchador rudo es el capitán, y sus primeras palabras fueron: Mi nombre es Sangre Chicana. El guía del barco ve el mundo con el ojo de vidrio que nada y todo lo ve. Un filósofo, el segundo ojo de abordo. Por ellos seremos guiados. El viaje se trata de bucear sin tanque de oxígeno en lo profundo de la sombra. En el aislamiento psíquico del barco, perder el contacto con lo cotidiano activa las alarmas paranoicas del Yo. Alucinaciones que se manifiestan en la sonorización del pensamiento: No la voy a armar. Me enfermaré. ¿Es la muerte quien habla? Por eso estamos en un barco, no en un consultorio. Desde aquí es imposible regresar con anticipación a casa. La terapia intensiva es la aventura del viaje por el mar nocturno de la mente. Sangre Chicana nos hizo saber: Ustedes no inventaron la locura, son su consecuencia. La crearon los dioses cuando formaron los océanos y las profundidades. Lo más oscuro de lo vivo. Ahí la metáfora del inconsciente: lo que por fuera parece ser de una forma, color y temperatura, por dentro trae tiburones hambrientos. Y remarcó el filósofo: Los que vamos en el barco, algún día intentamos ser dioses o nos declaramos mesiánicos; o múltiples avatares de los poderes femeninos sagrados. O


escritores guiados por espíritus de héroes imperfectos. Seres tatuados por el destino para tener el control del mundo y derrocar su régimen interior antiguo. Aquí, compañeros, se gesta una rebelión. Nosotros somos el enemigo del nosotros. Y triunfaremos. Sangre Chicana tomó la palabra: Ustedes cruzaron experiencias entre la tierra y el cielo. Alguien les dio un consejo algún día y escucharon. Ya practicaron la confesión e hicieron conscientes, zonas invisibles del inconsciente. Recibieron el relámpago de estar despiertos. Ya le olieron los pedos a la muerte. Ya sintieron la falta de humildad. Ya tocaron la venganza con las yemas. Ya acariciaron al tigre de la traición. Fueron buzos de las paranoias y pescadores del caos. Saben cómo funciona la máquina intempestiva de Dios. En el barco desperté una extraordinaria potencia de sueño. Dialogué con mi madre, le pedí perdón, la abrazé y lloramos. Luego la vi tomando café en una mesa con mi abuela, que, como fue en vida, al verme se puso seria y me regañó: No controlas tu carácter. La ira es tu enemigo. Frena la producción excesiva de ladridos emocionales. Tranquilízate o no lograrás el equilibrio. No hay luz sin sombra, ni totalidad psíquica sin imperfección. Varios ejercicios que puso en práctica “Chicana” fueron de recapitulación: ¿Cómo se construyó el edificio de sus pensamientos? Y así mismo respondió: Con sus maestras y maestros. Recuérdenlos y detállenlos en su mente. Los del Kinder, Primaria, Secundaria, y así, sucesivo, hasta el último grado. Asígnenles características positivas y negativas en una lista. Son parte de ellos y tienen que aprender a destruirlos. La sombra, dijo, es la personalidad negativa del yo y abarca las cualidades cuya existencia es penosa y lamentable. Estamos en el viaje porque seremos semillas que brotarán otras costumbres en el árbol moral futuro. Locos nos dijeron ayer por enunciar el ya basta. Por serruchar los límites sin pedir perdón ni permiso. Aquí, pues, la única salida es ese pinche mar


bravo al que nadie quiere enfrentar sin wetsut. El mar abierto es el mar negro. El mar del yo muerto. En el mito heroico, dijo el filósofo, la finalidad del descenso a terrenos peligrosos, la neblina, el bosque oscuro o cuevas con perros, es encontrar el tesoro depositado en todos nosotros. El miedo experimentado en lo profundo, la representación del primer viaje a los infiernos. Esa zona psíquica desconocida atrae cuanto más profundo se llega. El caos, recuérdenlo siempre, es la obra maestra de la sabiduría natural. Después de navegar en el abismo, sigue la fiesta performática final, y los brotes de realidad a la superficie: Que cada pájaro anide ideas que al volar liberen a los otros de la enloquecida razón. Y ya con el colectivismo encendido, alguien más gritó: Olvidemos las ideologías, las religiones, aquí todos somos iguales porque somos diferentes. Se bailó toda la noche, lisérgico cotorreo en los gritos cómicos expuesto hasta caer de risa al suelo varios. Escribimos un texto que al finalizar la fiesta, leímos en voz alta y cierra así: Todos fuimos piezas del ajedrez cósmico. Testigos de la otra materia gris. Grados del ojo águila que caza la sombra. Ofensivos. Defensivos. Totales. Únicos. Finales. Saiquitos arrastrando sueños de otros más viejos y loquitos que nosotros. Los tripulantes, expuso Sangre Chicana en su último discurso, entienden en el viaje que son defectuosos, limitados, oscuros y se transforman vomitando una y otra vez sobre la cubierta para sacar lo atorado. Esa fue la solución aprendida: actuar hasta liberar al chamuco y transformar la vida en obra de teatro. Eso es la magia, diseño de rituales por la independencia psíquica del hombre. El viaje de la locura termina siempre en lo mismo: la liberación de lo programado.


La barra del inframundo De niño, el bajista virtuoso fue alumno del fuego. Su padre, vendedor de leña, le enseñó a prenderlo, administrarlo y dialogar con él. Lo sabría en la otra vida: el abuelo fuego imaginó su futuro. Antes de morir, el bajista acumuló tristeza en sus cuerdas y expresiones. Pura sangre veía en los diarios, en la televisión y en las calles. Tragedias acumuló su respiración y murió de paro fulminante al corazón. Al abrir los ojos, en el tiempo eterno, lo primero que vio fue un cantinero ciego, la barra inframundana, muchas mujeres y hombres de distintas épocas bebiendo. Apareció, mágicamente, un bajo entre sus manos. En la hora, minuto y segundo que murió, había vacante en la banda musical abajo. Un cuarteto musical histórico fundado en el orígen de los tiempos por el primer dios del fuego. El mismo que construyó la fina barra de cedro y los instrumentos. En ese bar se reúnen a beber cerveza y conversar los espíritus de artistas y guerreros que ahí descansan mil años antes de regresar en otros cuerpos a la tierra. Esa barra inframundana es, entre otras cosas, portal al tiempo, monolito vivo de la palabra que viaja por los nueve mundos de lo oscuro y lo frío. Central hipernatural del pensamiento y la acción. Sede eterna de una banda musical que recrea mundos posibles en acordes y melodías. El dramaturgo griego en la barra dijo: La rebelión onírica no teme intentar lo imposible, no pasa de que terminemos encadenados a una roca, y un ave nos coma el hígado a


diario por las noches. Ayer, mientras dormía, escuché a los seres invisibles decir: La rebelión final la inició un muerto a golpes por un grupo de policías de Tijuana. Ahí se tronaron las puertas, son legiones en rebeldía y buscarán hacer justicia por ese y otros muertos. Así se armó la banda saicológica. El bombo de la batería iba cargado de cien mil años de sol pulsando, rayos de Zeus los platillos, corazón lunar la tarola. El bajo, la frecuencia de un extático vivo muerto. La guitarra, lúcido soplido entre las cuerdas escaladas con dedos de agua. La Venado bailó el ritmo del alzamiento y sacó chispas del suelo, dardos lanzó a la noche sonajeando palabras. Por la vía láctea corrió la venada y sus patas de leche replicaron el sonido y la letra saicológica en toda la galaxia. El holocausto americano se firmó desde esa blanca piel y oscura boca. Hernán, el hombre en cuyo hígado se gestó la estrategia de Conquista tiene silla exclusiva en el bar inframundano. Cortés, haciendo memoria de guerra y de conquista exclamó casi gritando: No existió mayor satisfacción que ver llorar hasta la muerte a los indios que me desafiaron. Desgarrarse ante los embates de los perros y escuchar tronar sus huesos me produjo placer. Luego el olor a carne humana quemada, el éxtasis. Del otro lado de la barra, un filósofo que habitó Teotihuacán pensó en voz alta: ¿Existe una serpiente con plumas? No existe zoológicamente serpiente con plumas. La podemos imaginar y las posibilidades creativas son infinitas, cada uno dibuja serpientes y plumas distintas, ¿y cómo poner a danzar todas las visiones al mismo tiempo? A esa energía que mueve en orden los contrarios le llamamos Quetzalcóatl. Por el aire de los mundos inferiores, medios y superiores circuló esa música. Aire incorruptible y hechicero, invisible carretera transitada por lo infinito. La banda inframundana logró la virtud entre las virtudes humanas: convertirse en demoledor Todo. Sus canciones remolinos de verdad y lucha. Y como el Mercurio penetraron los cuerpos hasta el alma. Cada canción un símbolo, ni abstracto ni concreto, ni racional ni irracional, ni real ni irreal, siempre ambas cosas al mismo tiempo.


Suena la música saicológica de fondo. Habla el cantinero ciego: Mi papel aquí, aparte de servir cervezas perfectas y variadas, es escuchar y contar historias fantásticas. En ciclos subo a la tierra, escribo libros que recuerdo en sueños y los aduladores me llaman maestro. Siempre en vida termino no-viendo. Reconocida filósofa especialista en la maldad, consternada y medio peda le dijo al cantinero ciego: Tengo siglos preguntándome, qué de especial tiene el planeta tierra para encarcelar aquí al general que se rebeló contra los creadores del universo. Ese ángel caído es la paradoja, fue el primer guerrillero, el más oscuro, el más bello. Su causa fue combatir a ese Dios cruel y sangriento que disfrutaba aniquilar humanos como los humanos aniquilan hormigas. ¿Por qué su castigo en la tierra? La música saicológica tocada en el bar inframundano se transformó en meteoritos, lenguas y poemas, crop circles, exorcismos, telepatías, sincronías y juegos de pelota: batallas mentales entre fuerzas de los cuatro mil lados. La rebelión saicológica sucedió abajo, en los sueños que se unieron con los muertos para abrir las puertas que dividen los mundos e interconectarlos de nuevo. La banda sembró alas a la serpiente tocando, sumaron los espíritus omniscientes al ritmo de La Revolución.­ La banda saicológica tocó infinita música y emociones a las espinas y cerebros de los vivos y de los muertos soñando. Los diálogos de la barra volaron por el tiempo. La banda saicológica enunció el códice de la rebelión por todos lados. Arriba y abajo, enfrente y detrás. En ellos y su sangre sonora, renació ese primer dios del fuego. El corazón latió la sabiduría que emite la frecuencia del medio. En la barra eterna, la no borrable huella: el indestructible recuerdo acumulado de la fuerza cíclica, ciclónica y plusversal. La libertad que cada mil años regresa sobre la tierra del abajo tiempo.


María Magdalena Soy sombra cabrona. Uso dickies bombachones, tirantes y camisitas de franela. Bien tumbada y fumo mota, y sé algo que tú no sabes o te da culo hacer: matar. Desde morrilla vi peleas en la casa. En la escuela. En el barrio. Entre barrios. Entre cuerpos. Entre instintos. Vi venas romperse. Ojos estrellados. Brazos rotos. Matar o sobrevivir. A putazos. Con tubos. Con velocímetros. Con trampas, con manoplas, fileros, chacos, puntas o a vergazo limpio. Los jefes de la cuadra ponían a competir a las morras contra las morras a mano limpia primero, después con manoplas y luego fileros. Cuando una ruca fiera me arrastró de las greñas por el suelo y me aruñó la cara por primera vez en mi vida de pelea, me volví puma, la mordí en el brazo hasta sangrarla. La cholita pendeja se puso a llorar como si la hubieran desvirginado a huevo. Yo saqué la rabia por la boca y le escupí en la cara buscando humillarla. Esos fueron mis antecedentes de calle y batalla. Desde la primera vez que me dio un putazo pensé en matarlo. Lo planeé por mucho tiempo, le fui acumulando sus pendejadas en el vientre y uñas. Le cobraría después con la sangre de su cuerpo abierto y fétido. Y lo logré. Su carne fue rasgada por el fierro que accioné sin rencores. Zaz zaz zaz.


Se quiso pasar de vergas. La feria que me robó la saqué vendiendo mariguana prestada, lo sabía y me tumbó esa tarde el dinero con engaños para irse de pedo con otra ruca, bien culera, por cierto. Lo de la vieja me hubiera valido verga, pero la feria de la deuda tenía que pagarla o me mataban, pero neta, lo que decidió su futuro fue el putazo que me soltó a la cara mientras le reclamaba. Ya no tuvo perdón de la sangre iracunda que me formó. Así que, putito, a callar para siempre aquí. El primer ronquido sería el momento. Lo agarré grifo y pedo y toma, cuchillo adentro y afuera, toma, cuchillo adentro y afuera. Siete veces. Apenas reaccionó. Lo vi desangrarse y soltar una lágrima y varios pedos. Se cagó en los pantalones antes de irse a la verga. Me dio un chingo de risa. Y como escarmiento final al alma que apenas se desprendía del cuerpo, lo tumbé de la cama y le receté un patadón al rostro. Por culero. Y simón, escribo desde la cárcel, sin libertad pero viva, y ese cabrón supo lo que es meterse con una ruca puma como yo y todo mi barrio en las uñas. Por cierto, que chingue a su puta madre donde quiera que esa ánima esté.


El sueño de José Luis Estoy parado en el techo de una camioneta van blanca. Mis pies son garras que pican la superficie metálica cono si fueran abrelatas. Va de reversa la van rechinando las llantas. Avanza, se detiene. Yo sigo anclado al techo. Luego la caminoeta acelera sin control, tumbamos la pared de una peluquería. Los vidrios brotan al aire. Sale una muchacha del local gritando: Están locos o qué chingados. La veo subir a un vocho viejo para perseguirnos. Guío con señas a la muchacha. Las garras desaparecen de mis pies. Me tambaleo en el techo con el movimiento inestable. La morra nos rebasa lento, más adelante, en un alto, se baja furiosa corriendo hacia el chofer de la van que le tronó la pared del negocio. Tenía lágrimas en su rostro. Despeinada y sudorosa, se veía descompuesta. Se pone frente a la van y grita: ¡Deténgase!. El chofer, indiferente, mete el acelerador a fondo y la atropella. Le pasa dos veces por encima. Hacia enfrente y hacia atrás. Ella, tendida en el suelo con los huesos rotos, moribunda pide ayuda casi en silencio: Una ambulancia. Segundos después muere. El chofer estaciona la van, se baja despistado y escapa inadvertido de la escena chiflando. Es el asesino ahora. Lo veo cambiarse la ropa. La esconde en una mochila que tira en un bote de basura. Es el momento clave de la historia, tengo dos opciones: ir detrás del bato o no hacer nada. Me quedé en el techo de la van respirando. Después, indiferente, hice yoga. Era un sueño.


Ananda La futura filósofa trabajaba con disciplina las aristas mentales pero también se le rompían espejos entre las manos. No todo lo que decía lo hacía y con sus compañeros de universidad la pasaba peleando. Respondiendo a gritos las preguntas. Enojada. A la menor provocación salía corriendo del salón con las orejas calientes, se abrazaba a un árbol y encabronada decía: Que los haga mierda un rayo. Después de la catarsis, ya tranquila pensaba: Gozaré la vida siempre. No podía. La arrastraba el tsunami de las dudas. Sí. No. No. Sí. Así mejor. Así peor. Dejo de dar. De recibir. De estar. Soy esclava. Haré lo que me digan. No haré lo que me digan. Soy. No soy. Gritos ahogados en la desesperación. Agua negra en el hígado y después vómito. La destrucción cíclica: Todo tiene que valer madres para iniciar de nuevo. Como las antiguas civilizaciones. Como las antiguas contradicciones. En vacaciones de verano salió de viaje con destino a Chihuahua y en el tren se encontró a una maestra budista que por diseño kármico se sentó a su lado. Vestía ropa tradicional tibetana, tenía muchos años de estudio y retiro y al iniciar su plática le dijo a la futura filósofa: No es tan trágico, el final de lo unido siempre será lo separado. El final de la altura es caer, el final del nacer, morir. El final de nuestro viaje, lo mismo, separación de los que vamos en esta serpiente metálica para reunirnos más tarde con otros, de los que nos separaremos mañana.


¿Eso es el desapego?, preguntó la aspirante a filósofa. Sí, respondió la maestra y continuó: Hablemos del sufrir y del vivir enojados. Cuando pierdes sufres por estar apegado a las cosas o personas. Del apego derivan los celos y el enojo, y si en el pensar existe confusión, en el actuar no habrá paz. La cara se pondrá negra, la mente tiznada y la cola apestosa. Las dos rieron. Deseo es aferrarse al mapa mental construido. Es el fundamento y la tragedia del yo. El deseo es distintos tipos de sed. De placer sensual; sed de sabores, olores, paisajes y sonidos agradables. Sed de existencia; la voluntad instintiva de ser algo o poseer. Sed de destruir y rechazar. Sed de baja autoestima. Quien se libera de esa sed se libera del tirano. Es libre por primera vez. ¿Y el Karma?, preguntó la joven. Semillas que al madurar darán frutos buenos o malos. Depende de tus acciones. Codicia, odio y engaño son malas. Generosidad y comprensión, buenas. ¿Y meditar? La mente es un mono columpiándose en los árboles pasando de rama en rama. Es gritona e incierta. Meditar, es frenar esos saltos descontrolados, es detener las vanidosas voces del ego. ¿Y el Zen? Esa bella palabra significa trance. Todos los estados del Ser están en la mente. Todo pensamiento tiene raíz en nuestra persona. Ninguna identidad es fija, la causa de la causa se modifica. Llegamos a donde todo y nada es importante. La iluminación es un despertar intuitivo que trasciende toda comprensión lógica o racional, lleva humor, espontaneidad, poesía y otras formas de expresión artística. Es un salto supraracional. Okei, okei, okei, ya viene bajando, dijo la futura filósofa con cara de alegría. Eso es buena señal, ya casi llegamos a nuestro destino, acentuó la maestra, te daré las palabras finales y después un abrazo desapegado. Las dos rieron: ¿Ya lo entendiste? Mientras estemos vivas renuncia a la intención de ser lo máximo, y piensa en lo básico todos los días: ser mejor humano.


Lo negro En los sueños, el matemático primero me contó: Antes que apareciera el cosmos, los planetas, y lo humano, existía una pura negra oscuridad. Lo único existente, unas aves con los ojos abiertos adentro. Y estuvieron ahí muchos años en el infinito espacio sin espacio habitado. Esos fueron los hermanos de la tiniebla primordial, protagonistas del primer conflicto de cuervos en la oscuridad. Tan negro todo adentro donde vivían que no se daban cuenta de lo alto que volaban. Y entonces pelearon porque en lo infinito no existe el espacio, uno quería volar para arriba, estando arriba, y el otro quería volar para abajo, estando abajo. No entendieron, hacían lo que querían y peleaban por algo que no podían medir o mirar. Y luego me contó: Entonces, un día, un cuervo enfadado de tanta pelea y desacuerdos, decidió irse de una manera muy sencilla: cerró los ojos y desapareció. El otro cuervo buscó por enmedio, arriba y abajo para seguir peleando. No encontró a su gemelo y estuvo esperando sin éxito que el cuervo abriera los ojos de nuevo. Imposible. Ya era parte de la noche grande esa ave, y entonces el otro cuervo lloró una lágrima visible dentro de lo invisible. La gota roja dentro de lo negro.


Su corazón se quebró. Ni las plumas ni las emociones cupieron en su cuerpo. Se empezó a hinchar y marear porque estaba solo en esa tremenda oscuridad. Ya no tenía hermano con quien pelear. Entonces triste cantó lo que no dijo a tiempo: “Cuar, cuar, cuar”. Y así, el cuervo solitario decidió también cerrar los ojos y al no estar los dos, esa oscuridad explotó. De plumas reventadas se crearon todas las cosas. Así de simple, la galaxia nació como necesidad de esos cuervos de transformarse en materia. Y seguir peleando.


Los exiliados Ella llegó sola de padre al mundo. Cuando descendió a la tierra y su corazón dio el primer soplo y su nariz el primer aliento no estuvo su padre entre los médicos. Su madre no contó con mano paterna para agarrarse en la experiencia de luz. Él llegó al mundo expulsado de vagina dilatada de madre sola. Sin padre nació. Sin abuelos nació. Sin hermanos nació. Su madre lo sacó del hospital de noche lluviosa en un taxi frío, con él entre los brazos llorando la tristeza del mundo en el asiento trasero. De ella y de él, la soledad afectiva la marca de sus nacimientos. La vida de ella, siempre sola hasta que ya grande se encontró a un hombre en la banca del parque y decidió platicar con él. Se sentó y presentó diciendo: Soy la mujer sola. Y él respondió: Yo el hombre solo, y qué gusto conocerla en estas circunstancias. Somos ya dos solos juntos, dijo ella. Casi un grupo, dijo él. La sola enunció su cotidianidad: Hablo con árboles sin palabras. Como con el viento. Juego con animales de otras lenguas. Veo el cielo e imagino soy nubes caminando sin huella en lo fugaz. Qué rico, dijo él. Tú en medio de todo eso y pienso en el mar de fondo sonando olas frías y violines tristes. Lo interrumpió ella y preguntó: ¿Habrá santos exclusivos para los seres solos? Si no existen los inventamos, dijo él. Y muy serio narró un comunicado: El ser humano, coma, consciente de su soledad, coma, vale más que mil pájaros llorando. Punto. Y así, coma, ironías de la vida para no estar tan solos riendo. Punto final.


Y respondió ella: ¿Podríamos entonces ser un país? La república de las mujeres y hombres solos que tendría parlamentos de gente sola. Manifestaciones sociales sin asistencia. Fábricas de lo solo. Estadios de silencios. La perfección. ¿Y cómo sería el presidente de la República sola? Entonces él dijo: Sería el más justo y silencioso entre los solos. Y la mujer sola respondió: Por cierto, ya basta de tanta platicadera. Ya se hizo tarde. Ya me voy. Y dijo él: Otra vez la normalidad. Solos como nacimos, uno por un lado y el otro por otro. Sí, qué bien, dijeron los dos al mismo tiempo y con el rostro duro, en su tono habitual se fueron caminando en direcciones diferentes.


El cuaderno de los miedos y las sombras Era una postal cotidiana de mi vida. Papá manejando a toda velocidad diciendo: No estoy tan pedo. Ve todo borroso y lento. Pisa el acelerador al fondo sonriendo. Está listo para llegar a donde tiene que llegar: al abismo sin ahorros y con aliento alcohólico. Mamá histérica, grita: Vas muy recio. Y él responde: Cálmate o te bajo del carro a chingar a tu madre. Silencio tenso. En el asiento trasero yo niño asustado llorando. Papá siente que vuela sobre el asfalto. Está borracho. Se le cierran los ojos por instantes. Baja el vidrio para tomar aire, le sube el volumen a la música, prende un cigarro y dice en voz alta: Manejo mejor cuando ando pedo. En casa me castigaban por cualquier pendejadita. Nalgada seca. Encabronada mano. Coscorrones y sopapos por hacer preguntas o intentar leer el mundo. ¿Y esa furia masculina que me pega y sanciona me dio la vida? ¿Cómo? Y lo femenino amenazando mi integridad cada vez que se peleaba con mi padre: Tus ojos a la pared y si volteas te cacheteo. Con el castigo de los dos lados genéticos, me sentía rabioso, inconforme, encorvado. Sin derechos. Nada. Sin padre, ni madre, que me dieran amor o comprensión, sin golpes o tablazos. Aprendí a vivir observando a mi familia pelear y castigar, y ya de grande reclamo: Me han juzgado de todo. Borracho, malandro, basura o, no necesario, el más ondeado. ¿Y saben qué? Me vale verga me enjuicien o digan que le baje o cambie. Así soy. Bandera


de los abandonados. Legado de nuestros héroes rotos. Símbolo de la destrucción de nuestros padres, madres y nuestros hermanos. Deshumana y peligrosa nuestra existencia. Firmes, ya. El señor que en tu mente apaga la luz responde: Autodestrucción es irse muriendo lento. La pequeña dosis del veneno diario, disfrútalo, autodestrucción es amar a la fuerza o estar aferrado a lo que no es y soltar la mierda de la boca sin paciencia. Vomitar palabras enfermas. Tu canto ondeado suena siempre las mismas alarmas: Si te duermes te mueres. Si te tumbas te da tiempo de maquinar historias macabras: Quieres miedo, tienes miedo, quieres miedo. Infinitos círculos del infierno-persona. Sentir culito a quedarte sin funcionar y no bajar del techo. Viviendo en hospitales y centros de rehabilitación. Tripeo sin fondo con la batita transparente puesta y amarrado de la cama a la fuerza. La señora que en tu mente enciende la luz dijo: Tranquilo, bebé. Tranquilo. Estás ondeadito. Respira. No tengas miedo. Aprende a ver el mundo desde arriba, como águila con la garra mental en la tierra raspando. Respira. Canta. Cómete al ratón. Levanta los brazos, siéntelos llenos de oxígeno. Eres un dragón que transpira fuego. Relájate. Estás­muy nervioso. Respira. Ya, chiquito. Ya pasó. Ya pasó. Tu canto ondeado finaliza la obra: Me maltripea la raza. Pinche realidad verguera. No quiero estar aquí. Busco silencio. Quiero irme lejos. Colgarme de un puente con un letrero al pecho que diga: aquí les dejo el mundo completo, cómanselo si quieren, pinche gente culera.


La semana nocturna Lunes

Discusión entre hermanas y hermanos. Entre esposos e hijos. Entre amigos. Entre compañeros de trabajo. El concepto de relación social: Ira, miedo, vergüenza, venganza, destrucción. Los dientes apretados y la mandíbula tensa. Rechinando coraje, agresión. Con el puño cerrado, con derrapones en la mesa. Una parte nuestra es violencia sin razón, amor a golpes, a humillaciones. Con gritos. Yo. Tú. Él. Ustedes y nosotros.

Martes

Tengo culpa de clase y la culpa es el látigo de los pendejos. Huyo de mí por vergüenza. No tengo valor. Soy pendejo. Mi familia no es rica. Somos mediocres. Somos nada. No tenemos escudo ni árbol sagrado. Ni joyas. Ni cueros de venado. Somos los don nadie. La sombra social olvidable. Culpa de clase latigueando al pendejo sin dinero de forma constante.


Miércoles

La herida del cuerpo mental sangra ideas corrosivas sin detenerse: dolor, pesar, culpa, destrucción, ruptura, choques, enfrentamientos, abandono, renuncias, encierro. Pus. Tortura psicológica, miedo extremo, persecución. Acoso. Puertas estrelladas. Vidrios rotos. Proyecciones, fantasías, deseos reprimidos. Patadas al carro, gritos a los vecinos. Botellazos a la realidad inversa: humo que no puede ser visto sin antes declararse loco. Jueves

Soy un hombre limitado. Siempre llego tarde a la acción y nunca entiendo la película completa. Y para subsistir entre lo que me falta, soy puras interpretaciones. Y cuando no puedo racionalizar más sobre dónde estoy, sobre dónde me encuentro, me voy, renuncio, me desinflo o me lanzo al vacío. Adicción cíclica: salir del útero que habito para irme a otro, estar ocho meses y medio dentro, no soportarlo, salir y mudarme a otro, luego a otro y a otro. Viernes

En el deseo inconsciente, en el lado negro de la luna mental tenemos relaciones sexuales con la madre, el padre, los hermanos, las hemanas, los tíos, los primos, los compañeros de escuela, las maestras, los maestros. Con las enanitas y los enanitos. Con las y los jorobados. Con las cuatro y los cinco ojos. Es difícil entenderlo pero así es el deseo: un shock de cables cruzados con los arquetipos que nos deformaron.


Sábado

Yo soy el que se ausenta, esconde, enfría, destruye, castiga, separa, enjuicia. Yo soy un demonio con pata de cabra y lengua larga blanda. Lengua sucia. Lengua mierda. Lengua podrida. Puedo traicionar. Puedo destruir. Puedo brincarme la cerca y acosarte. Seguirte y desprenderte los ojos con los dedos de pedernal. Puedo tronarte. Puedo. Sombra. Puedo.

Domingo

De culpas, derrumbes y avalanchas. Si no acepto mis acciones y decisiones soy hombre niño, adulto cortado manipulable, maleable. Yo soy mi sabotaje. Yo, el enemigo de Yo. Yo al extremo. Yo bloqueo a yo. Yo el sabotaje. Yo la explosión. El que rompe las máscaras sin remordimiento, ni llenadera ni retorno. Sin compasión. Yo duro cortado. Cicatrizado. Expuesto. Yo, yo, yo.


Serpientes y Escaleras


Deseo que mi madre se pudra en el infierno cuando muera. Vieja perra. Se la pasó mordiéndome la vida, rechazando lo que soy y juzgándome por todo. Rabiosa me alimentó con la teta del desprecio. La patada en el culo del amor. Sé que en el otro lado te irá igual como acá me trataste: de la chingada. Me enferma saber que de ese vientre, ahora desfigurado por la grasa y los años, descendí al planeta tierra. Me da asco recordar que soy mitad células suyas: “Chingas a tu madre, perra”. Serpientes

Qué buena está mi hija. No puedo evitar verle las nalgas. Desde que se levanta y camina por la casa la observo menear su trasero en la madrugada. Y cuando se pone camisas sin brasier le veo sus chichitas bailar, pero sin deseo, ojo, es curiosidad preocupante de padre responsable y amoroso. Está creciendo y debe saber pronto que ese cuerpo puro y casto no se mezclará con cualquier pendejo. Es igualita a su madre cuando la conocí. Lo admito, a escondidas he visto a mi hija bañarse, es tan bonita que me recuerda a su madre antes de que se fuera y nos abandonara en esta sucia traila. Las quiero. Sin duda las quiero. Serpientes


Cuando lo parí, en el trance supe de lo bello que es mi hijo y cuando lo vi consciente lo confirmé en todos mis sentidos: el niño cabellos de oro será el más precioso que la tierra observará jamás. Ya de grande pensé, ninguna deidad hasta ahora representada en escultura roza su belleza. El rostro, símbolo de la infalible proporción. Áureo de labios carnosos. Sus manos y piernas fuertes y de terciopelo. Después de su nacimiento no tuve ojos para otro hombre, tanto me cerré del cuerpo que no volví a tocar a su padre. Todo en mi saliva se volvió el hijo. Serpientes y Escaleras

El pendejo de mi papá es el rey Midas al revés, todo lo que toca lo vuelve mierda. Le huele la boca, está calvo y excreta imágenes fétidas por donde se mueva. Se viste mal. Es tartamudo. Suda por nada. No puede tejer ideas. Se queda dormido viendo la televisión. Todo lo deja a medias. Ronca. Ya sesentón lo corrieron del trabajo y lloró como un niño recien castrado por tres días sin parar. Me da lástima, es un perdedor de grandes ligas. ¿Qué le vio mi mamá a tal idiota? Y peor, la condena irrenunciable de los genes, ¿por qué los dioses no dan derecho a los hijos de escoger a sus padres?

Serpientes


Todas mis amigas se enamoran a primera vista de él. Su cuerpo atlético y sus nalgas de hierro son el gancho visual de todas. Es fuerte el cabrón; no existe otro hombre en el mundo más guapo, inteligente y chistoso. Y nos llamamos igual: yo soy él, él es yo, padre e hijo, dos gotas de la misma agua perfecta. Cinceles finos nos delinearon en el vientre los labios. Me siento orgulloso sólo de pensarlo. Me crece el pecho como un árbol al ver sus diplomas y medallas, el mejor arquitecto del mundo y su más sublime diseño y construcción: Yo.

Escaleras y Serpientes

Cuando me avisaron que tendría un hermanito, pensé al nacer le daría veneno o lo asfixiaría sin que se dieran cuenta. Durante el embarazo de mi madre la pasé gritando, llorando y orinándome en la cama, viví excesos constantes de angustia y enfermedad, soñaba que un terremoto destruía la tierra, que la casa se demolía y moríamos adentro. Quería tener a mi padre madre sin interferencias. La regla básica de la disfunción emocional: la reciprocidad posesiva. Debí haber matado a ese hermano a tiempo.

Serpientes


Tuve fantasías sexuales con mi padre. Soñé nuestras lenguas entrelazadas se convirtieron en remolinos de fuego. Me tomó de la cintura y montó en sus piernas para hacerme cosquillas. Al principio de esa imagen todo era risas ingenuas, pero el sueño subió de tono. Me frota el padre los senos, me toca el culo y hace figuritas con el dedo sobre mi vello púbico. Ya no era normal. El sueño se volvió enfermo. Le di besos en el pene. Después, me tiró al suelo y antes de penetrarme salivando rabia roja, apareció mi madre llorando diciendo: Es tuyo. Cómetelo. No importa, es un sueño. Y desperté del Edipo liberada.

Escaleras

El primer amor de mi vida fue mi padre, esos lazos profundos son inquebrantables, esas imágenes primarias insustituibles. Del tamaño de un volcán fue mi amor por él. Los primeros criterios del Ser son una película que se proyecta a escondidas en la sala de la acción social. Ya concluído el amor infantil, fue difícil mantener un diálogo amoroso con una persona que vivió en continuo monólogo del yo. Él era mejor que todos para todo. Mi padre fue un mentiroso sin saberlo, porque cuando una verdad se exagera o se amplía sin límites, acaba siendo una caricatura de verdad. Es decir, mentira mentira.

Serpientes


Desde que nació, sé que mi hija es genio. Está tocada por las diosas. En su cuerpo y lengua está el don del tiempo. Y le repetí muchas veces para animarla, sin pensar que le hacía daño: Ganarás los concursos que perdí. Serás la reina del mundo que antes de salir embarazada, pensé, sería yo. Es tanto el amor que siento por ella que pienso seguido besarle sus brazos. Besitos chiquitos como se besa a las santas, con admiración, agradecimiento. Compasión. Respeto. Con amor. Con mucho, mucho amor.

Escaleras

Mi padre es el más pusilánime de todos los hombres. No existe otro cabrón más pendejo. Su segunda mujer lo engaña con otros hombres cada fin de semana y el idiota piensa que se va de fiesta con sus tías. No puedo creer que soy hijo del más güey de los humanos. Ella, en su cara, platica por teléfono con sus amantes, y el estúpido cree que habla con su “papito”. Pobre pendejo, pienso al verlo. No quiero ser hijo de un viejo enculado. Lo detesto, dicen que la vergüenza se limpia con el fuego, he pensado incendiar el registro civil para desintegrar las actas de nacimiento y después cambiarme el nombre.

Serpientes


Algo muy jodido me cobró el universo al darme a semejante idiota como hijo. Es tan lento. No aprende ni a chingazos. Tiene en su rostro más granos que pensamientos. Es cabeza hueca el hijo de la chingada. Aliado de la ignorancia, y el colmo: Se siente orgulloso de su mediocridad. Aparte, desde el divorcio, su madre le metió ideas en mi contra y el pendejito me odia. No me habla o me deja al celular hablando solo. Huye de mí o me ve y se pone a gritar como histérico. Como loca. Me voltea la cara por cualquier cosa y sin motivo, se tira al suelo. Un vil cobarde que llora por todo y por nada. A lo mejor será joto. Qué chingados hice para merecerlo.

Serpientes


Trato a mi padre como me enseñó mi madre: a gritos, con berrinches o chanclazos. Ningún respeto humano manifestó esa relación. Lo que me sorprendía es que él nunca reaccionó ante esas humillaciones. Aceptó con placer oculto que lo trataran con la punta del pie. En mi adolescencia, el idiota intentó ponerme reglas para entrar o salir de la casa; lo mandé a chingar a su madre de volada y con vaselina en la mano. Después le mentí, inventando mil historias para seguir el fin de semana entero de fiesta, y se las comía todas placentero. Mi madre lo dejó por otro que, según decía ya borracha, tenía el pito más grande que el cobarde que la insenminó. Mis hermanas y yo vivimos en su casa porque paga las colegiaturas de la escuela, pero nos cae muy gordo y por eso le seguimos tumbando el pisto. Lo más revelador, mi primer novio fue igualito a él. Así lo busqué para repetir la historia; mangonear a un hombre, engañarlo y que lo aceptara.

Serpientes


Desprecio a mi hijo. Veo el rostro completo de su padre en él. Tienen el mismo aliento. Puto irresponsable, me dejó sola con un chamaco y sin dinero. No puedo contenerme, cacheteo con frecuencia a mi hijo para desquitar el coraje que le tengo al padre. Le he sacado sangre e inflamado la cara y labios a guantazos. Cuando le pego siento el éxtasis de la venganza sobre el monstruo que lo injertó en mi vientre y arruinó la vida. De tal palo, tal astilla. Par de pendejos. Quisiera que estuvieran lejos. En otras órbitas de sistemas solares lejanos. Les odio las células a los dos a muerte.

Serpientes

Me dejó el alma roja de tanto cagar el palo y quiero vengarme. Al menos le daré un puñetazo en la cara. Me dolió sin fondo su indiferencia y la niñez de padre ausente, cuando lo vea en el otro lado de la vida lo golpearé con el coraje de una explosión atómica y le gritaré a la cara rota: ¿No te diste cuenta del daño que hiciste pendejo? Un hombre es lo que hace, con lo que hicieron de él. De mí hicieron puro grito, nervio, inseguridad, platos rotos, empujones, desgreñadero. Y ni pedo padre, aunque llores y me pidas perdón: te putearé cuando te vea, y mejor si es en el infierno.

Escaleras


Saicología, del Checo Brown es un libro concebido editado, maquetado e impreso cruzando la frontera entre Playas de Rosarito y Playas de Tijuana, y aquí, en el Blvd. Playas de Tijuana 659-1, Fracc. Playas de Tijuana, Tijuana, B. C., en el taller de la editorial Capítulo, es donde se encuadernará de manera progresiva, a partir de la fecha conmemorativa del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, en 2017.

El cuidado de la edición estuvo a cargo de los editores de SERis y Capítulo.

El tiraje es incalculable.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
Saicología by SERIS - Issuu