Sören Molano - Cajamarca
PROYECTO ACADÉMICO DE PRÁCTICA
ANTROPOGRAFÍAS: ENTRE LA ANTROPOLOGÍA Y LA FOTOGRAFÍA
Sören Molano - Cajamarca
Agradezco a las diferentes manos que componen este trabajo, a su andar resiliente y combativo, a sus rostros que crean y construyen mundo, a su ser esperanzador y curioso.
Sören Molano-Cajamarca
ANTROPOGRAFÍAS: ENTRE LA ANTROPOLOGÍA Y LA FOTOGRAFÍA
He descubierto que no hay mejor fantasma que las estrellas pues no son más que gases estallados hace miles de años creando en su no existencia esferas luminosas que se forman a partir de la luz encriptada en la antigravedad. La luz al ser transmisora energética percibe flujos y crea el color. Entonces, la fotografía es la oportunidad de ser estrella, de asesinar a Cronos, el tiempo, y sumergir momentos en la eternidad de la luz y el color. La antropología, al igual que la fotografía, permite tener una mirada meticulosa del otro. Mediante la mirada se captura y crea mundo, un mundo que se vuelve polifónico, sonoro, visual y caleidoscópico. Con la imagen fotográfica y la antropología se hace posible escudriñar diferentes esferas de lo social, no únicamente en la representación, sino en la vida de la imagen. Puesto que constantemente, somos consumidores de imágenes que invaden la realidad que habitamos, sin embargo, no hay un detenimiento exhaustivo para percibir sus capas y lo que atraviesa. Por esto, rescato la importancia de lo visual en la labor antropológica, ya que vislumbra diferentes dimensiones sociales que a menudo el investigador pasa por alto. La imagen venganza, la imagen mensaje, la imagen resistencia, la imagen poder, la imagen documento, la imagen emancipada, herida, fragmentada y determinada. La imagen opera como un medio de difusión masiva que se amplía por el espacio social. Una cosmografía y cartografía del territorio. Siendo así las imágenes crean líneas imaginarias
de diálogos, análisis y reflexiones. Ronald Barthes (1986) en “La Cámara Lúcida” nombra estas líneas imaginarias como: puctum llevaban al observador a una zona en particular de la fotografía, lo capturaban, lo hacían engullirse en la imagen, Barthes señala el puctum como una flecha que llega y te atraviesa te punza, te crea un corte, te pincha, una zona subjetiva de particular importancia para quien la percibe. Este secuestro característico de la fotografía nos puede llevar a la pregunta de ¿Por qué los verbos que se usan en el acto de hacer una foto en su mayoría resultan bélicos? Capturar, tomar, disparar una cámara. La fotografía habita en la liminalidad de la vida y la muerte, el tiempo y el espacio, por esto me es importante ver la imagen como un acto creativo y mortuorio, habita dos mundos sin ser necesariamente contradictorio. La cámara captura no solo un instante, sino captura el espacio, las personas, los objetos, entre otros que aparecen en la composición; incluso también captura al fotógrafo quien se detuvo y fue capturado por el acontecimiento; al igual del observador quien luego de ser producida la foto se detiene a contemplarla, rememorarla, guardarla, coleccionarla, apreciarla o romperla, la cámara es la herramienta con la que se apresa el mundo. La materialidad de la foto no es en cuanto tal, encapsula una serie de afectos de lo que fue fotografiado. La cámara toma fotos, tomar como el acto de digerir y contener, pues la imagen se digiere cuando entra al ojo del fotógrafo y crea interés para ser retratada, cuando esto ocurre, la imagen es tomada por el fotógrafo arrebatada de lo cotidiano, engullida y agarrada por la cámara y quien la porta. El digerir y contener implica pasar por el cuerpo, la foto no solo es visual, es sensorial, es decir sonora, parlante, rugosa, lisa, dulce, amarga y sobre todo rebosante. La cámara se dispara al igual que un arma, mata a quien captura y al tiempo lo revive bajo la presencia fantasmagórica propia del recuerdo. La foto nos habita bajo la ausencia o una pseudo presencia, la foto
es una condena de muerte (Barthes, 1989) anuncia un pasado, son los rezagos y lo que podemos guardar de él para asumir un presente. Detiene el tiempo para el momento fotografiado, al igual que un asesinato que detiene la vida del sujeto; pese a ello, hay una creación de un nuevo producto: la foto. Con la fotografía hay un aplastamiento del tiempo (Barthes, 1989) Es importante hacer hincapié en que las fotos no son del todo estáticas, cambian como quienes las portan, pues los significados fluctúan y naufragan acorde va remando el tiempo del que somos náufragos. En este orden, la fotografía como refiere Barthes (1989) es una catástrofe, destruye y crea por tanto transforma el espacio social. Tiene pulsiones entre el tánatos y el eros, es la complejidad de la existencia misma entre ambas dimensiones: la vida y la muerte. Hay un necrodeseo, que se enmarca en la fijación hacia la muerte y la necesidad de atar materialidades a la vida. El necrodeseo no es solo del fotógrafo, sino del observador de la misma, pues la cámara es fosa común, un repositorio donde yacen historias ausentes, dicho en otras palabras, que pertenecen a lo que fue. La oscuridad propia de un espacio lúgubre e inclusive anterior al nacimiento es la necesaria para el parto fotográfico, la luz y la oscuridad como posibilidad de existencia de la imagen. Este es un momento, la posibilidad que se abre en el lente de una cámara, es un ensueño o una hipnosis ante una realidad alterada, ¡que la realidad sea oscura y luminosa, es decir que sea posible! En ello, se encuentra la pulsión erótica de la fotografía que opera como oráculo hacia el pasado, la cámara te abraza y te funde con la realidad, es un acto de entrecruzamiento entre el ojo, la herramienta y el paisaje. La sensibilidad es indispensable para ser fotógrafa y antropóloga, lo que se evidencia también en la sensibilidad del papel o el negativo hecho con nitrato de plata, sensibilidad como la capacidad de percibir, sentir y transformarse.
Ser atravesado con la imagen, con el ser y su potencial narrativo, la antropología historias que tienen como fin alterar la disciplinas necesitan de la alteridad, la belleza en el otro.
humano, con el mundo y la fotografía cuentan realidad social, ambas importancia de ver la
Cuando se toma una foto se cierra un ojo para delimitar la mirada a través del visor. La cámara análoga tiene una aguja que ayuda a medir la cantidad de luz para tomar la foto, una aguja, así como se les llama a las manecillas del reloj. Lo que no es para nada gratuito, se les llama agujas porque clavan y desgarran el hoy, trinchan el presente, entonces no, no es gratuito que a las manecillas de la cámara y del reloj se les diga agujas. La fotografía análoga aparece con el contacto de la luz, el negativo, el papel y el químico; la antropología es en esencia contacto una búsqueda constante de la otredad, destruir el sentido común para adentrarse en el corazón de la cultura. El contacto tiene que ver con el erotismo y el amor ambos profundamente creadores. El revelar el rollo en lo análogo resulta un proceso pseudo ritual, primero en la oscuridad, que denota ausencia de mundanidad, conocer mediante la intimidad del tacto, desnudar los cuerpos fotografiados de la oscuridad del negativo, con el químico se va revelando la imagen, despacio y cuidadosamente. Sacar el rollo en la penumbra en un acto de fe, para que finalmente sea visible una imagen e ir intuyendo el rollo, encarretándolo, mezclándolo con precisión en los químicos, batiendo cada 25 segundos el frasco para irlo diluyendo, así mismo, la imagen que se perpetúa conforme va apareciendo en el tiempo. Por fin sacar el rollo, secarlo y ver la espectralidad y transparencia de la imagen, luego se amplía permitiendo que la luz entre en contacto con el papel, allí se eterniza, se mata, se crea el momento, el ser y los afectos. Puesto que cuando se puede ver la ampliación es vol-ver
al instante, a la vida, pero también a la muerte, la realidad muta, se recoge, se dilata y se tensiona con la fotografía. En cuanto a la fotografía digital permite que la foto tenga una mayor manipulación en el tiempo, pues por la gran cantidad de imágenes que se pueden condensar en la cámara y en la memoria, como repositorio de imágenes que guardan recuerdos, la memoria de la cámara como dispositivo que alberga la memoria humana. Asimismo, es posible manipularlas a largo plazo, una foto nunca termina de ser manipulada por su circulación, acceso y con programas como Photoshop, Ligthroom, entre otros. Por otra parte, el acercamiento a la cámara es distinto por la visión constante de las fotos, siendo posible un número casi ilimitado de fotografías en comparación con lo análogo, con la posibilidad de borrar o recortar algunas de ellas al instante. Finalmente, el temporizador en la fotografía abre una nueva perspectiva en la que la cámara libera al fotógrafo de la captura, y permite su flexibilidad y movimiento en el espacio. Con la cámara digital existe un ir y venir con lo fotografiado donde se analiza frecuentemente el resultado al que se quiere llegar, se seduce el espacio y al sujeto con el lente, para nuevamente crear la pulsión entre la vida y la muerte mediante el contacto de la huella luminosa en el otro. Ese otro al que se le reconoce su existencia y se le dota de importancia en el lente de la cámara y en la palabra de la antropología.
Sören Molano-Cajamarca
ANTROPOGRAFÍAS COMO MÉTODO
La fotografía y la antropología como producto y foco de análisis social nos permite pensarlas en mutua contribución, en Antropografías. Este texto argumenta las Antropografías como concepto en un mundo que está condensado en imágenes. Continuamente somos consumidos y consumidores de imágenes, por ello es esencial verlas como objeto de estudio que dé un sentido a lo social. Con-sumidos, con-sumidores sumirse y sucumbir en una imagen, sentirse abatido por la misma, atrayéndonos plenamente. La Antropografía es en esencia circundante. Continuando con la idea, las Antropografías guían los cauces de la investigación bajo una perspectiva multidimensional donde se da lugar al análisis social y la reflexión a partir de la imagen y el texto. Estos trazan un mapa y territorializan la experiencia, pues da cuenta de la marginalización de ciertas corporalidades en un determinado espacio. Por tanto, es crucial que en el ver y hacer audiovisual se sitúe a un sujeto geocorpo-político, las Antropografías hacen una curaduría que permite constelar todos los vértices de la investigación en los que se pretende ahondar. La curaduría o curandería entreteje este mapa y constela imágenes abriendo posibilidades de interacción y vida social de la imagen. La Antropografía como herramienta de análisis parte de la esperanza, sitúa al sujeto para darle un lugar en el espacio social y reconocerlo, no únicamente desde la academia sino desde el autoreconocimiento del individuo. En esta metodología se permite
ver al otro multidimensional: cuerpo, lenguaje y espacio. Es una relación cercana de investigación e intervención social con nuevas formas de crear futuro puesto que históricamente nos lo han arrebatado. Tanto la cámara como la antropología son disciplinas supremamente coloniales, adherir al otro al entendimiento para dominarlo a partir de la imagen y el análisis documental. No obstante, es esencial pensar en las formas de de-colonizar la labor en campo. La colonización y la colonialidad nos ha quitado el futuro ya no podemos pensar nada que se salga de las estructuras occidentales más estables el capitalismo y el patriarcado. Lo que es necesario es resistir frente a estas estructuras coloniales en las que se ha desenvuelto la antropología y la fotografía, para ello, el habitar la herida colonial es primordial para empezar a generar nuevos métodos de análisis, pues como Mignolo (1941) afirma en las huellas del pensamiento colonial se teje la decolonización. Es pertinente pensar entonces el acto fotográfico como una antropofagia donde está el canibalismo metafórico en la imagen que pasa por la investigadora y es transliterado bajo sus propios términos ¿cómo evitar que la foto sea el devoramiento y absorción absoluta del otro? Susan Sontag dice que la fotografía es apoderarse de lo fotografiado ¿Si las imágenes crean mundo cómo descolonizar la imagen? ¿Es posible? ¿Cómo podremos conversar con el agente social que está siendo fotografiado y que este sea partícipe de la imagen? La Antropografía como método es en principio un método dialógico, en el que caben muchas miradas y mundos. En este mismo orden de ideas, si la fotografía es antropófaga, es imperante comer y ser comido, alimentar y alimentarse, puesto que nunca se come sola, la comida es un acto de encuentro y en conjunto. Tragar al otro como una presencia viva que es asimilada por el cuerpo, sus partículas son incorporadas en la alquimia del alma y por el pensamiento refinando la expansión y devenir de una misma (Rolnik, 2016, p.2).
El método que se propone parte de la conversación como base transformadora, no únicamente de la fotógrafa y los agentes sociales a quienes fotografía, sino, tiene como objetivo abrir nuevas conversaciones, abrir debates y reflexiones que suscita la imagen intervenida y el texto. Haciendo así clara la perspectiva de la investigadora para asumir un compromiso, el conocimiento situado (Haraway, 1988) como una manera específica de ver, incidir y crear una conversa con el otro para generar una heteroglosia, esto requiere de ese otro como agente político e histórico no como paciente o “recurso” para la investigación. La fotografía democratiza la experiencia y el testimonio, sirve como forma de documentación y registro, pues la fotografía al igual que la antropología vive en constante diálogo con la condición humana y el conjunto de apariencias culturales. Las fotografías y la investigación antropológica han conferido credibilidad a la realidad vigente. Sin embargo, hay que replantearse el carácter de evidencia de la foto y la investigación pues el que esté al servicio de la verdad es cuestionable, la cámara y el pensamiento no son objetivos, están cargados de prejuicios y sesgos del ojo que está tras el visor. Solo son una interpretación del mundo: La veracidad de la fotografía se impone con parecida candidez. Pero aquí también, detrás de la beatífica sensación de certeza se camuflan mecanismos culturales e ideológicos que afectan a nuestras suposiciones sobre lo real. El signo inocente encubre un artificio cargado de propósitos y de historia. Como un lobo con piel de cordero, la autoridad del realismo fotográfico pretende traicionar igualmente a nuestra inteligencia. Judas se ahorca agobiado por los remordimientos. ¿Reaccionará la fotografía a tiempo para escapar a su suicidio anunciado? (Foncuberta, 2016, p. 18)
Fontcuberta (2016) hace una crítica a la veracidad con la que se relaciona la fotografía, pues esta puede ser manipulada y usarse para encubrir los propósitos políticos y circunstanciales de la historia. Aunque la naturaleza de las fotografías se hace literaria (Silva, 2012), son utilizadas para contar historias, estas pueden ser manejadas a conveniencia, entonces no se puede solventar a totalidad la postura de que la imagen fotográfica ha estado al servicio de la verdad. Lo que en efecto se puede afirmar, es que la fotografía es una huella del presente que se diluye para hacerse pasado, es carne viva convertida en huella en el papel, el metal, u otro material, pero al fin huella y rastro. La Antropografía como método de investigación e intervención social tiene como fin último interseccionar la imagen y la palabra. Una cartografía hecha a fotografías y textos, donde entra en conversación el análisis de la investigadora con los testimonios de las personas con las que se asume el taller. La sistematización del mapa es por parte de la investigadora, la revisión final y el ultimar detalles va de la mano con la población. Esto hace parte de un taller colaborativo en donde se establecen otras miradas críticas sobre diversas dimensiones territoriales y con ello, se mapea las escalas del espacio social donde se desenvuelve el individuo. 1. Fotografía. 2. Texto (análisis y testimonio). 3. Intervención de algunas imágenes transliterándolas a una cartografía con convenciones designadas por quien fotografía y es fotografiado. La intención no es que la foto parezca un mapa, pero con los lenguajes visuales, codificar símbolos que hagan énfasis y manifiesten un discurso.
Entendiendo el territorio como una construcción entre: individuo, cultura, materialidad y vida. La Antropografía, es en efecto, una cartografía hecha a palabras y fotos intervenidas. Se desarrolla bajo la idea de una cartografía. El cuerpo cargado de símbolos que apropia una experiencia en particular, con lo que la foto abre el pasado, lo examina y lo convierte en sonoro. La imagen puede ser masiva por su potencia de circulación. Con este método se quiere promover la venganza de la imagen como un acto resiliente y combativo, una imagen que muestra, evidencia, denuncia y enuncia. Resistir es difícil, pero sobre todo necesario por eso buscar espacios para revelar unas estructuras excluyentes es una urgencia. Portar una cámara y un lápiz como un arma para eliminar las violencias sistemáticas que aun soporta el status quo. Escribir, armar palabras, sentarse y constelar las palabras en lo que alcance de vida. Las palabras y las fotos que hemos ido dejando en el camino serán la venganza hacia el odio y la discriminación social. Para finalizar, se quiere rescatar lo que se deja fuera de la fotografía y el texto, ambas como artefactos memoriales, pero también de olvido. El verbo olvidar tiene en la mitad la palabra vida, más el recordar finaliza con la palabra dar, el recuerdo como ofrenda hacia el pasado y hacia los otros, el olvido como posibilidad de vivir y no quedar náufragos en los fantasmas de lo que fue. Entonces la fotografía y la escritura será la catástrofe, la mejor y peor forma de vol-VER, a un pasado que te habita desde la lejanía, una pseudo presencia que se piensa desde la ausencia. Escribir y fotografiar como una manera de hibridarse con los momentos, con los paisajes y con las personas; un resurgimiento mediante la mirada y el pulso de quien las captura. Un canibalismo que se traduce en verbos o en imágenes. La Antropografía como método busca el reconocimiento entre la vida, la existencia, el olvido, el recuerdo y la muerte.
REFERENCIAS Barthes, Ronald (1989) La cámara lúcida. Paidós: Barcelona. Brink, Cornelia (2003) “Íconos seculares. Las fotografías de los campos de concentración nazi”. En Punto de vista, 76: Buenos Aires. Dubois, Philippe (2015) El acto fotográfico. La Marca Editora: Buenos Aires. Fontcuberta, Jean (2016) El beso de Judás. Gustavo Gili: Barcelona. Haraway, Donna (1988) “Situated Knowledges: The Science Question in Feminism and the Privilege of Partial Perspective”. Feminist Studies, vol. 14, núm. 3: United States. Mignolo, Walter D. (1941) “El pensamiento decolonial: desprendimiento y apertura” En Castro y Grosfoguel (eds) El giro decolonial: Reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global. Rolnik, Suely. (2016) Antropofagia Zombie. Recuperado de: https://es.scribd.com/document/61206044/Suely-RolnikAntropofagia-Zombie Silva, Armando (2012) El álbum de familia: la imagen de nosotros mismos. Universidad de Medellín: Colombia. Sontag, Susan (2005) “Estados Unidos visto por fotografías, oscuramente”, en sobre la fotografía. Alfaguara: Bogotá.
Consideraciones El presente trabajo cumple con las consideraciones éticas pertinentes. Cuenta con la autorización de quienes fueron fotografiados y sus padres en el caso de los menores de edad. Teniendo en cuenta las normas y derechos de la imagen en relación con los textos correspondientes.
CON-O-CER CON,implica“junto a” SER,implica“existir”
Sören Molano - Cajamarca Metodología “Antropografías” diálogos entre la antropología y la fotografía
CON-O-CER CON,implica“junto a” SER,implica“ existir” La Sierra Nevada de Santa Marta es una reserva de la biosfera y la cultura indígena arhuaca, dadas las condiciones climáticas y físicas de la Sierra, además de la resistencia de los pueblos ha sido posible que las costumbres, tradiciones y creencias de la comunidad se mantenga en el tiempo. El presente trabajo tiene como objetivo dar cuenta de cómo el cuerpo vivifica el mismo territorio, en los retratos se pueden trazar cartografías entorno a la zona en donde se enuncian. Este archivo sitúa un cuerpo verbal, geo-político y polifónico, es decir construido a muchas voces a partir de diálogos llevados a cabo en la experiencia de campo. No es un producto en sí, es el mapeo de un proceso y método dialógico que condensa múltiples rostros, manos, experiencias, percepciones, análisis y afectos.
En la Sierra se evidencia el territorio como un fenómeno multidimensional que no es únicamente biológico, sino social, afectivo y permea toda estructura de la comunidad arhuaca. Los caseríos están ubicados de manera dispersa sobre las faldas de las montañas o las vegas de los ríos. Conocer, “con” o “ser”, “con” implica junto a y “ser” implica existir, existir junto a la comunidad permite un conocer cercano. De allí, parto para desarrollar el método: “Antropografías” como forma producción de conocimiento de la mano del pueblo arhuaco.
Mi recorrido parte de Palomino a Atigumake, por horas sentí todo el peso de mi cuerpo, que conforme iba subiendo, se iba desgastando. Sentí el camino difícil, largo y escabroso, pero siempre agradecido, con la majestuosidad de los paisajes, la calidez de las personas y la ternura de los niños, claves en el proceso. Mi cuerpo fue poco a poco desaprendiendo el frío de Bogotá, las rutinas y la precipitación que me ponían taquicárdica. Poco a poco mi cuerpo fue haciéndole camino al camino, y el camino dejando camino y rastro en el cuerpo con las picaduras, los moretones, la piel pigmentada de sol: las fotografías del sol en la piel o la piel fotosensible, que hace visible el camino echado a andar. He decidido no salir retratada porque fui mediante la palabra, la risa y el canto de otros a quienes conocí, que me conocieron, y que construimos desde la sonrisa un puente posible para conocer. En mis fotos yace tanto de mí, como de ellos. Estos son los pies de Erika, aquellos que siempre han caminado la Sierra.
La presencia de los niños es predominante en las fotografías, porque en su mayoría había muchos niños, niños y vida, vida y esperanza. La Sierra me recordaba la fertilidad de la vida y qué era lo que implicaba vivir. Tuve que echar a andar para recordarlo. Los niños fueron curiosos y aunque no verbalizábamos todo encontrábamos maneras para seguirnos vinculando. Todos fueron generosos y cuidadosos con mi torpeza en la Sierra, haciendo de cada instante una oportunidad para crear, crecer y aprender.
Lilibeth y su paso enternecido.
Los niños corren, se caen, pescan, juegan, caminan con la absoluta conciencia del riesgo que implica sentirse intensamente vivos. Cristián, corta leña para el hogar. Los niños hacen de la hoguera, la sabiduría y la cultura un punto de encuentro el cual nutren para que perdure a lo largo del tiempo.
Para subir a la Sierra hay que seguir los pasos de quienes ya la pisaron. Seguir abriendo camino para los que vienen. Se hace camino para un andar digno y reivindicativo.
Abrir camino para que la dignidad se haga costumbre. Abrir camino para la interculturalidad de los pueblos.
John es un niño tímido, sonriente y curioso de la comunidad arhuaca. Fue mi principal guía para subir a la Sierra, siempre se le escondió a la cámara, pocas veces me autorizó fotografiarlo. Tenía unas manos tejedoras y pies hábiles, siempre con sus botas pantaneras. Fue revelando su risa (“semi” en iku), fue paciente con mis pasos cortos, comparados a los suyos. Me preguntaba constantemente “por qué” y “cuándo” dejándome sin respuestas en algunas ocasiones y yo maniobrando para encontrarlas y dárselas de algún modo. John tejió para mi el camino, los días y los paisajes que me presentaba a su paso, también me tejió una mochila al ver que era la única que no cargaba una. John caminaba mientras tejía esta mochila con cada nudo, cada risa y rastro que vivimos en la montaña, en sus ríos; al bajar, nos despedimos y la sierra lloró agua por nuestros ojos.
Cuando Faustino nos vio, se puso a llorar, no nos identificaba ni entendía, nuestro rostro y nuestras palabras era un total hallazgo y extrañeza para él. Daniela un día en la tarde cuando le entregamos unos crayones se puso a llorar porque no sabía que hacer con ellos, pensó que no sabía dibujar.
¿Acaso quién no ha tenido ganas de llorar al sentirse vulnerable al no conocer? Cuando Faustino se acostumbró a nuestro paso rio, Dani existió junto a la materialidad, sonrió y siguió explorando su pulso que ahora tejía en papel y cera de color.
John tutu isūn, Dani tutu isūn, Caro tutu isūn, Clari tutu isūn, Carmen tutu isūn, Sören tutu isūn. John teje, Dani teje, Caro teje, Clari teje, Carmen teje, Sören teje. Esto escuchaba cada vez que me rotaban el tejido. Comprendí que un tejido es en esencia a muchas manos, muchos gestos, muchas palabras, muchos sentires, muchos pensamientos. ¿Qué implica tejer? Tejer implica juntar hilos, pero también juntar manos. En el tejido hay muchas manos, hay una juntanza para componer. No solo de quienes tejen, pues se rota el tejido para dar puntadas, es un trabajo conjunto y colaborativo. Inclusive por las manos que recogieron el algodón o la lana, las manos que la hilaron y el hilo que se anuda para construir un textil. Cada pulso es notorio por el cómo pasa la aguja, muy apretado, muy ligero, muy ordenado; en las puntadas es visible el trabajo tras la materialidad. Esto la vuelve particular, dado que hay una relación distinta cuando se sabe cómo fue hecha y por quiénes con lo laborioso y meticuloso que resulta el tejido, una práctica que nuevamente tiene que ver con el cuidado. El cuidado de un cuerpo que se cubre con el textil, que refugia sus bienes en una mochila y resguarda su sueño en una hamaca.
Es importante resaltar las diferencias en las relaciones que se establecen con el textil a partir del tejido. Pues alrededor de este se genera una conversa, además de su movimiento envolvente y meditativo, tiene un carácter cercano, no solo con el objeto, sino con el aprendizaje y ese otro. Debe haber una proximidad corporal para el quehacer del tejido y el aprendizaje del mismo, esta cercanía produce lo colectivo que resulta siendo íntimo y público. Se teje en cualquier espacio en el que se condense el pensamiento. Es un acto repetitivo que pasa por la experiencia y la palabra, un hacer empírico, lento y reflexivo en donde se deshace y hace, remienda y resiste, repite y aprende. Es una forma corpo-material que se entreteje con cada puntada y momento que le encarna. Las esencias corporales siempre permanecen al dar forma a materia, siempre evoca personas y momentos por los que fue hecha, es un agente porque reproduce la voluntad humana, da continuidad a la vida y al pensamiento.
Este estado meditativo que permite el tejido hace que se den relaciones recíprocas entre el material y el cuerpo. El cuerpo le da forma y la materia hace algo en la persona que lo liga a las memorias que contienen el textil y transformación del hilo que conduce la reflexión. El tejido es una tecnología de producción, memoria y afectos. Acontece cuando surge el pensamiento, la palabra y el camino. Para los arhuacos una red de significados culturales y territoriales, andar y tejer para trazar camino en el tejido, en la memoria, en el ser.
La comunidad arhuaca históricamente ha remendado su tejido social, su tejido hecho a muchas manos en ellas la de los manos. La figura de los manos es relevante en la esfera política, social, religiosa e intelectual. Los mamos dicen que el pagamento es una tradición imbricada en el bienestar, aquí se agradece, se invoca y se paga a la madre tierra por lo proporcionado, son ofrendas a los padres espirituales que se depositan en lugares sagrados, con la finalidad de mantener el equilibrio. Afirman que estas prácticas han permitido la existencia en lo largo del tiempo. Esta es una práctica arraigada en el cuidado y la reciprocidad con la vida. Por ello, separaron el territorio a partir de la línea negra que representa la delimitación del territorio sagrado de la Sierra Nevada de Santa Marta con los otros lugares del mundo, para que la comunidad proteja el lugar que ha garantizado la existencia.
El maestro Pedro Hernández también ha resistido con “La pedagogía de la vida” término creado por él para la preservación, reivindicación y cuidado del territorio y la cultura arhuaca. Maneras de proteger cuerpos colectivos e individuales.
“La pedagogía de la vida” tiene que ver con el aprendizaje del buen vivir. Es decir, la búsqueda constante del bienestar. Bien-estar. Esto transversaliza la vida material y espiritual de los pueblos indígenas.
“La pedagogía de la vida” se enseña a temprana edad, es vital para el reconocimiento del invididuo polifacético. Es decir, el individuo como devenir de circuntancias acumuladas que lo han hecho. Por eso, es importante el constante aprendizaje en cada una de las etapas de crecimiento que refuercen su ser cultural ligado al cuidado de la vida, de los otros y de sus raíces.
“Pedagogía de la vida” para existir bajo la reivindicación, la dignidad, la reciprocidad, el cuidado y los saberes heredados para su permanencia en el tiempo. Es un trabajo que nace desde la escuela, el hogar y la comunidad, para logar una común-unidad.
Garantizar la vida y el cuidado como las más precisa resistencia. Estos principios son arraigados a la madre, la maternidad, prevalente en toda forma de existencia en la Sierra, salvaguarda la reproducción de la vida. Pensar en esto, y el cómo su lucha está enraizada en su territorio, me hace pensar ¿Dónde enraízo mi lucha? ¿Dónde buscar mi ombligo? Todo parto es doloroso, por eso nos cuesta tanto estar lejos de quien nos ha parido, hay un magnetismo con la tierra y el vientre en donde nacimos. Extrañamos su familiaridad y acogida, la seguridad del vientre. Crecer implica recordar el vientre, reconocerlo y reivindicarlo. La lucha del pueblo arhuaco la sitúan en el ombligo. El cordón umbilical se tensa y se despliega no solo cuando hemos sido arrancados de la madre.
I’ngunū, zamū
Cuidado y vida. Vida y alimento. Alimento y camino. Camino y resistencia. Resistencia y dignidad.
La Sierra Nevada de Santa Marta no sólo como un fenómeno biológico sino esencialmente social, que yace situado incluso en el cuerpo individual. Los arhuacos crean, recrean y limitan su entorno. El territorio es un dispositivo simbólico al que le atribuyen simbolismos, sentidos, valores y vivencia. La Sierra es sujeto material e ideal que está atravesado por dinámicas históricas que se evidencian con las prácticas que realizan, con sus corporalidades y por su cultura. Por ejemplo, simbólicamente, la mochila arhuaca es una prolongación del útero de la madre individual y de la madre universal por eso es tejida por mujeres. Esta comprensión de la mochila como “útero” puede estar en relación directa con la comprensión reciproca y constitutiva del cuerpo y el territorio.
Existe una representación de la morfología de la Sierra, la casa constituye un espacio simbólico, que reproduce las dinámicas del territorio, por lo que en su construcción el número de varas obedece a los cuatro grupos indígenas, aquí se establece la relación entre los grupos indígenas/las varas como soporte esencial de la casa/Sierra. Toda construcción incluso de relaciones implica anclar cuatro veces para una estructura sólida, el señor Fidel, me dijo que tengo que volver a la Sierra otras tres veces por respeto, por un puente comprometido y fuerte. Jwawika es corazón, jwa es sangre y wika es camino; al final el encuentro es un camino para al corazón del otro. Esta descripción fue posible porque pasó por el cuerpo, el mío y el de Claribeth, Johnaringumu, Daniela, Erika, Faustino, Carolina, Seyarín, Carmen, Leticia, Fidel, Camilo, Pedro, Edward.
Zeyzey na’ zûni
En cómo mis ojos ven los suyos. En ellos estoy, me reconozco.
Sören Molano - Cajamarca
S e m i l l e r o S i e r r a Ne v a d a d e S a n t a M ar ta Territorio, Atigumake - Sierra Nevada de Santa Marta
Este trabajo es fruto de diálogos, afectos y polifonías transliteradas a partir de mi experiencia. Reconoce las múltiples trayectorias del pensamiento con el que configuro la presente narrativa.