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Reverso nº 2

Page 1

Reverso

rojoredrouge

rossorotokókkivovermell o rojoredrougerossorotokókkivo

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F a n z i n e p o é t i c o
rojo # 2
Solsticio verano

REVERSO somos

Maria G.

Beatriz G.

Sara N.

Maria José B.

Fernando G.

Pilar C.

Mónica F.

La longitud de onda de la luz roja es de alrededor de 645-700 nm; las frecuencias más bajas que el rojo —y, por lo tanto, con longitudes de onda

El rojo sueño que no nace al despertar; invisible amapola a la luz del alba más largas- se denominan infrarrojas y no son visibles. Así, el color rojo corresponde a la frecuencia más baja de luz discernible por el ojo humano.

Eso oscuro que nace en tu interior. esa tristeza primitiva. esa herida inmemorial. ese grito rojo

El rojo es sinónimo de emociones intensas, y normalmente se asocia con la excitación, pasión, energía y acción. Sin embargo, otras emociones negativas como la agresividad, peligro y furia también se asocian a dicho color.

Un cangrejo se esconde entre los muslos de una mujer varada.

Roja es la bajamar.

Las personas con dificultades para distinguir el color rojo se denominan protanómalas.

Como los ojos del toro antes de embestir

La protanomalía puede consistir en una capacidad parcial de percepción del color rojo o en una incapacidad total, dependiendo de la condición de los conos L del individuo protanómalo.

El primer color que se traga el agua

En la naturaleza, el color rojo cumple un papel importante en la coloración de advertencia, también llamada aposemática, de los animales.

Se rompe el corazón de la granada a la luz de la tarde.

Ciertas especies utilizan este color —generalmente en combinación con negro u otros colores contrastantes— para advertir a los depredadores de su toxicidad o mal sabor.

El atardecer reflejado en las ventanas de tus labios. 1

María José María José

2

Inextinguible lengua que crepita, que centellea, que susurra.

Candela hacia lo alto, hacia la opacidad de las tinieblas, yesca ardiente en el pedernal que destella, que abrasa, que consume.

Animal de mil formas, de perfiles borrosos, inconstantes. Pábilo cimbreante, inflamada pavesa, ascua de luz.

Vitral enrojecido.

Ardor que deshace los nudos, el corazón del hierro. Rítmica incandescencia fútil.

Estallido, fulgor crepuscular. Chispa solar entre las sombras.

En el hogar

La habitación roja

De perfil, la mujer de frente adusta adereza el frutero.

Su traje de algodón, el terso delantal sobre los muslos.

Los roleos serpean, reptan sobre el mantel y dibujan los caminos de un mar rojo, infinito, en la pared. Los objetos amarillos, azules, flotan en la costumbre.

Afuera, el blanco, el verde, en los árboles ralos, en la hierba, titilan como estrellas solitarias en el atardecer.

Henri Matisse

Tus labios

“Un pájaro de papel en el pecho dice que el tiempo de los besos no ha llegado”.

Vicente Aleixandre, La destrucción o el amor

Pájaros como labios en el aire, en el filo del vuelo, de la luz.

Carnosas, densas cúspides.

Esponjosa dulzura de cerezas mordidas.

Aladas formas blandas de armonía perfecta donde nacen tus besos de encendido carmín, como amapolas gráciles que acarician mi boca.

Danzantes

Danzantes en un círculo infinito, a punto de ser como la flecha que se curva en la tensión del arco y, luego, dúctil, se endereza en el aire.

Como magma, los cuerpos que hierven, se desbordan, quiebran límites. La desnudez salvaje, pura, indómita, de la carne enlazada sobre una tierra inmensa que verdece.

Henri Matisse La danza
3
PILAR PILAR

Ya vienen.

Ya se acercan.

En el aire sisean los cuchillos.

IRA

Un estruendo de cascos al galope

hace temblar la tierra.

¡Qué rojo es el aliento de la ira!

Cómo gira, y se inflama, qué vértice furioso.

Mira cómo cabalgan coronados de furia.

Incendiarán los campos que apenas se sembraron, saldrá una flor de fuego desde cada semilla.

Después, cuando se vayan, un silencio humeante como una baba negra caerá sobre nosotros.

LA CAPA ROJA

Es el bosque del cuento. Es de noche. Una luna redonda, antigua, con aire de madrastra, vuelca un tinte lechoso sobre el aceite oscuro de las hojas de los árboles. En las ramas, con el pico escondido, los pájaros dormitan en su sueño de plumas. Una ardilla se acurruca en su pequeña cueva de madera.

En la linde del bosque, en una pequeña casa cubierta de madreselvas, una anciana ronca suavemente, el escaso pelo gris esparcido sobre la almohada festoneada de encaje.

Poco a poco se está aclarando el cielo. Lentamente se disuelven las estrellas diminutas en el aliento claro del amanecer, se iluminan las grandes alas del día sobre el bosque.

Tras la vereda, que separa los árboles de las primeras casas, el pueblo se despereza en ruidos matutinos; junto al horno de leña el aroma del pan flota en el aire, se oye un abrir de puertas, de postigos, cencerros de vacas en los establos.

En una cocina tibia una mujer prepara una gran cesta, con huevos, una hogaza de pan, queso y miel.

Una niña se duerme sobre un tazón de leche. Sueña con un lobo de ojos verdes, que se ha encontrado a veces en el camino del bosque. Tiene la piel tan suave, tan negra, que es casi azul. Es tan, tan guapo...

En un gancho junto a la puerta cuelga una pequeña capa roja.

En el bosque, en su guarida bajo un gran castaño, duerme un lobo adolescente. Sueña con una oveja redondita, tan blanca, tan sabrosa. La oveja tiene la cara de su madre, que le dice; ¿Es que no piensas levantarte? Vamos, que ya es hora... Pero no, su cara se convierte en la de una niña con trenzas que va saltando por el camino del bosque. El animal es ahora una niña con una capa roja. Mmmmm, el lobo se relame. Esto es mejor todavía, mucho mejor. Pero al momento reaparece el rostro de su madre; ¿Qué te tengo dicho? Olvídate de las niñas, son más peligrosas que un batallón de campesinos con escopetas. Acuérdate de tu tío abuelo, se prendó de una chiquilla y acabó con la barriga llena de piedras, en el fondo de un pozo.

El lobo de ojos verdes se despierta de un salto.

Mientras tanto, la niña va por el camino del bosque, cargada con su cesta, mirando a uno y otro lado por si ve al lobo. Para invitarlo a desayunar.

La chiquilla huele de maravilla para un olfato afinado, y su cesta huele aún mejor. Así que el lobo no puede resistirse y se acerca a investigar, tan silenciosamente como solo un animal salvaje puede hacerlo. A través de las hojas la ve sentada sobre una piedra, esperando, en un claro del bosque. Ve la cesta de las maravillas a su lado, pero ve también su cara sonrosada, las trenzas negroendrinas, la capa roja... Una delicia. Exactamente igual que en el sueño.

Ahora el aire del bosque está tan tenso, se podría tocar como un arpa. Parece que el viento nos quisiera susurrar algo. Los pájaros han dejado de cantar, incluso el sol parece brillar menos. Las hojas de los árboles se han oscurecido.

Los lobos son muy sensibles a las señales, y creen en los sueños. Así que el lobo negro, de piel tan suave, agarra la cesta de un tirón y sale corriendo, rápido, rápido, rápido...

¡Oye, lobo, que esa cesta es mía! ¡Que es para mi abuela!, grita la niña.

Pero él sigue corriendo con la cesta antes de que la bruja de la capa roja pueda embaucarle con sus preguntas, que si tienes los ojos grandes, que si las orejas... Que él ya se sabe el cuento y no quiere acabar con el vientre lleno de piedras, ni que le tiren a un pozo.

Mónica Mónica

4
Amantes en el cielo rojo, Chagall 1950

Novia o amante amiga o esposa hasta un ramo de blanca ternura novio o esposo amigo o amante en abrazo de íntimo espejo

Oh luz crepuscular

Hogar bajo un pecho desnudo bajo un traje de novia bajo una promesa de flores los familiares tejados

Oh sueño crepuscular

Arquitectura de amor anchos muros de paz ventanas abiertas al cielo sagrado de los amantes

Oh vuelo infinito

las amapolas no existen

II

las azaleas no existen

las zarzamoras no existen

III

en los surcos de la tierra en los cauces de los ríos en los cercados de alambre no existen

IV

las estaciones cobrizas no existen

el cielo de mayo no existe

la flor del hibisco la hoja del arce

el brezo de octubre no existe

I

no existe el pelaje del ciervo

el escarabajo del lirio no existe

la cresta del gallo

la escama del pargo

el pico del ibis no existe

VI

la soledad del petirrojo no existe el carmín de la cochinilla no existe

no existe el coral

la rosa silvestre

el panda rojo no existe

V

V

la arenisca roja existe el planeta rojo existe existe el adobe el magma caliente la alambrada roja existe

IV los glóbulos rojos existen la fresa silvestre no existe existe la herrumbre, el mar rojo existe el bosque de hayas no existe

III el olor del fuego existe el color del fuego existe la mordedura del fuego existe

el cielo de verano existe el cielo de otoño no existe
Ilas amapolas no existen
“La bomba de Cobalto existe” Inger Christensen, Alfabeto
II

BEATRIZ BEATRIZ

5

... Para empezar, los tulipanes son muy rojos, me duelen. El rojo de las flores conversa con mi herida y ella le corresponde... Syvia Plath

Me llamo excitación, cólera, rabia, estallido del día de la ira. Rafael Alberti

lirios en sus pétalos rojos

la lluvia arrecia

junio-las flores

rojas al atardecer

última luna

junto a su sombra de pronto una camelia soledad roja

en los campos rojas y arrugadas las amapolas

la sutileza de una mirada

la urgencia de un latido

invocar su alma

arrancarla un segundo de su rostro

caer hasta el fondo en bruscas tempestades

arderrderder er

y como supervivientes de un volcán sosegarse contemplando la luna roja.

R R R O O O O O O J J J J

R O J O R O J O .

MARíA MARíA

6

TORO NAGASHI

El sol se despide en el agua mientras las manos empujan

faroles de retorno al Tao.

Sobre un loto flotan plegarias

en la hoja del arce el adiós y en un papel de seda un mensaje de amor al infinito.

QVO VADIS?

Atada a un poste la mujer no entiende el dolor.

El hércules la protege de un toro.

El animal embiste:

cuerpo a cuerpo el hombre la bestia la sangre.

Arde la sonrisa de la muchedumbre.

7
Fernando
No es el rojo del espacio
sino la luz que lo habita.

Se pierde a plena luz cuando todos los espectros

son uno.

Oscuridad del día

en la que se oculta donde se escurre

a través de las horas camino de la noche.

Sin luz

Qué pasa

qué momento es este en el que madruga la noche qué pasa cuando en la espalda sientes el soplo aun más cerca

de la orilla que no ves y la sabes más cerca que el aire que aún despides y tiritas cuando a tientas cruzas la lluvia roja del ocaso.

Tapiz de luz que crece

llevando a las aves de regreso.

Sus matices se alargan como mano generosa.

Pero el levante los empuja sobre el mar herido.

Mancha de sangre

hacia la oscuridad.

Solo la luz primera lleva al cielo
las piedras rojas del acantilado.

SARA SARA

8
Raptus, Marsden Hartley, ca. 1913

Abrir los ojos para ver esa señal de prohibido al final de la carretera.

Volverse presa inmóvil con las entrañas al aire y sentir un rayo que no cesa por dentro.

Mirar el cielo rojo sangre de tu cama vacía. Caminar entre las olas del vino ligero que no embriaga lo suficiente para soñar despierta.

Ahora que veo aquellas luces de freno en el filo del cuchillo y esas palabras rojas que no te atreves a pronunciar.

Ahora, justo ahora, siento la herida en la arena líquida de mi pecho.

Se acerca el ocaso y un crimen está a punto de nacer.

Lengua que lame el sol naciente de la lúbrica carne.

Carne que asoma entre el brillo de la sangre.

Sangre que brota de un labio inflamado que se deja devorar.

La guerra está perdida.

Y tantos pasos recorridos

sobre la sangre del manantial de tu vientre.

Tantas promesas y abrazos.

Tantos aún no es tiempo de cosecha.

Tantos hijos no paridos que sembraste

en el surco de tu caminar salvaje

esperando el agua fecunda que nunca llegó.

No recuerdo cómo comenzó.

Solo sé que desapareció el arco iris en mi retina.

Y no puedo decir que extrañe demasiado la policromía.

Pero sí que de todos los colores el que más echo de menos es el rojo.

El carmesí de tus labios, el magenta de los dibujos que hacías cuando creías que no estaba mirando.

El granate que brotaba de la herida en tu muñeca.

Ese rojo latiente que me decía que aún estabas viva.

cadáver exquisito

María

Pilar

Bas
José
Fernández
García María Pilar García Fernando Guadarrama Sara Nieto 1 2 3 4 5 6 7 8
Candau Mónica
Beatriz

REVERSO número 2

Textos

Diseño y maquetación

Equipo editorial

María José Bas

Fernando Guadarrama

Mónica Fernández

Pilar Candau

Sara Nieto

María Pilar García

Beatriz García

Mónica Fernández

Beatriz García

María José Bas

Mónica Fernández

Pilar Candau

Editado por Reverso en Madrid

Junio 2024

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