

![]()




De las aulas al campo
1era Edición, Noviembre 2025
Reportajes - Historias de vida - opinión y mas...
Sembrando Esperanza
Por: Ofelia Salanic
Sembrando Innovación
Por: Luz Cordero
Futuro dulce de la apicultura guatemalteca
Por: Aracely Ramírez
El Hombre que Aprendió de la Tierra Por: Sandra Caché
Hablar de agricultura en Guatemala es hablar de historia, identidad y resistencia En cada parcela sembrada, en cada colmena cuidada y en cada comunidad que innova desde lo rural, florece el verdadero rostro del país. Sin embargo, esas historias pocas veces llegan a los titulares de los grandes medios. Mientras las pantallas urbanas celebran cifras de exportación y promesas de desarrollo, el campo sigue siendo retratado solo cuando hay crisis o conflicto.
Nuestra Revista Agropecuaria nace precisamente para romper ese silencio Desde las montañas de Cabricán, donde mujeres cultivan hongos ostras con ingenio y esperanza, hasta los apicultores de Suchitepéquez que transforman la miel con tecnología y amor, queremos demostrar que el desarrollo rural no es un sueño lejano, sino una realidad construida con trabajo, cooperación y fe.
Hoy más que nunca, la comunicación tiene un papel decisivo: dar voz a quienes siembran el futuro. Frente al poder de los medios corporativos que exaltan el monocultivo y ocultan sus impactos, surgen los medios comunitarios y estudiantiles que narran la vida desde el territorio. Esa es la esencia de un periodismo comprometido con la verdad y la justicia social.
Creemos que la tecnología, cuando se une a la sabiduría ancestral, puede transformar la manera en que se vive y se produce en el campo. Sembrar conocimiento, compartir experiencias y valorar la tierra como fuente de vida son las semillas de una Guatemala más equitativa y sostenible.
En estas páginas encontrarás historias de innovación, esfuerzo y esperanza Cada una de ellas es un recordatorio de que el progreso no se mide solo en cifras, sino en dignidad, organización y comunidad.
Porque cuando el campo tiene voz, florece también la verdad.

Tecnología agropecuaria y sostenibilidad desde el caserío Los Rojas, Cabricán.
Por: Ofelia Salanic
En lo alto de las montañas del municipio de Cabricán, en el departamento de Quetzaltenango, un grupo de mujeres del caserío Los Rojas encontró una nueva forma de transformar su comunidad: el cultivo de hongos ostras.
El apoyo y acompañamiento de la organización Servicios para el Desarrollo –SER-, fue pilar importante para que mujeres emprendieran un proyecto de tecnología agropecuaria sostenible que busca mejorar la seguridad alimentaria de los niños, fortalecer la economía familiar y fomentar la independencia económica de las mujeres en un territorio donde las condiciones del suelo y el clima dificultan las prácticas agrícolas tradicionales.
El cultivo de hongos ostras, una práctica aún poco común en las comunidades rurales, ha significado más que una alternativa productiva: es un símbolo de aprendizaje, organización y esperanza para quienes han asumido el reto de innovar y producir desde lo local.
El inicio de una nueva experiencia.
El proceso inició con una serie de capacitaciones impartidas por profesionales de la organización SER, quienes introdujeron al grupo de mujeres en el conocimiento básico sobre el cultivo de hongos ostras. Para muchas de las participantes fue su primer acercamiento a este tipo de producción, pero la misma
curiosidad al principio pronto se convirtió en motivación.
“Nos capacitaron y vimos todo el proceso. Primero remojamos los olotes en cal, los colocamos en bolsas y los colgamos. Después de veinte días empezamos a ver cómo crecían los hongos”, nos cuenta Dianita María Rojas López, participante del grupo de mujeres de Los Rojas.
La fase de capacitación se enfocó no sólo en enseñar la técnica, sino en promover la organización y el trabajo colectivo. “Nos gustó mucho porque aprendimos algo nuevo. No sabíamos qué eran los hongos y si eran comestibles, pero los ingenieros nos explicaron todo y vimos que era algo bueno para la comunidad”, recuerda Rosidalma Temaj Miranda, secretaria del Comité de Agua y una de las mujeres líderes del caserío.
La formación del grupo marcó el inicio de un proceso de aprendizaje comunitario que permitió a las mujeres comprender el valor nutricional, ambiental y económico de este tipo de cultivo, considerado hoy una tecnología agropecuaria sostenible adaptada a las condiciones climáticas de zonas rurales.
Producción: trabajo, paciencia y cooperación.
Manos a la obra, llegó el momento de poner en práctica el conocimiento adquirido, el grupo de mujeres inicio la producción de los hongos ostra. Cada participante aplicó las técnicas aprendidas, cuidando los detalles de humedad, temperatura y ubicación del cultivo. “Nosotros tuvimos que buscar un lugar muy húmedo para que no les pegue el sol. Cada día íbamos a verlos y a echarles agua dos veces. Crecieron muy grandes y bonitos”, afirma doña Aura Marina Rojas Baten, una de las productoras.
La primera cosecha fue una mezcla de expectativa y alegría. Los hongos comenzaron a aparecer después de tres semanas y en cuestión de días ya estaban listos para el consumo. “No fue un trabajo duro ni largo, en dos o tres días ya podíamos cortar. Fue bonito ver cómo crecían”, añade doña Aura.

¡Hablemos de SER!
Servicios para el Desarrollo (SER) es una organización no gubernamental con sede en Quetzaltenango que, desde hace más de 25 años, impulsa el desarrollo sostenible en comunidades rurales del altiplano guatemalteco.
Su labor se centra en el saneamiento ambiental mediante proyectos de acceso al agua, construcción de letrinas, ordenamiento territorial y fortalecimiento del liderazgo comunitario Gracias a su compromiso, SER es reconocida a nivel nacional e internacional por promover el derecho humano al agua y demostrar que el desarrollo local es posible cuando cooperan instituciones, organizaciones y comunidades.
Además del trabajo grupal, algunas mujeres experimentaron cultivando en casa. “Hubo diferencia entre los hongos que sembramos en grupo y los que sembramos individualmente. Los de casa salieron más blancos. Fue nuestra primera experiencia, pero aprendimos mucho”, explica Rosidalma.
Esta etapa de cultivo y producción permite recuperar y reutilizar materiales locales, como los olotes del maíz, que se emplea como sustrato para la siembra, demostrando que la innovación tecnológica puede integrarse a los saberes rurales tradicionales.
Consumo: alimentación saludable y sostenible.
El proyecto tiene como propósito: mejorar la alimentación de las familias rurales, especialmente la de niños y niñas Una vez lista la primera cosecha, las mujeres comenzaron a integrar el hongo ostra a su dieta diaria experimentando con diversas recetas en caldo, recado, frito con tomate y cebolla o con tostadas, asado y en ceviche
Los hongos ostras se convierten rápidamente en un alimento valorado por su sabor y aporte nutricional, en vitaminas y proteínas.

Aportando beneficios al sistema inmunológico, contiene propiedades anticancerígenas y ayuda a la digestión.
El consumo familiar también despertó el interés dentro de la comunidad. Ahora algunos familiares preguntan por los hongos para su compra, según testimonios de las participantes han logrado vender la libra de hongos a veinte quetzales, aportando además un valor económico a las familias.
Comercialización y futuro: sembrando independencia.
La primera fase del proyecto se enfocó en la formación y consumo local, ahora está el reto y compromiso de las mujeres que sueñan por continuar con la producción y avanzar hacia la comercialización del producto. La organización SER contempla acompañar la segunda etapa orientada al manejo empresarial, empaque y venta del producto.
Las mujeres emprendedoras coinciden en la visión de la organización, seguir avanzando aunque uno de los principales retos para ellas es el acceso a insumos para continuar sembrando y vendiendo en el mercado local.
Platillos sencillos y rápidos
Hongos ostra al ajillo – salteados con ajo, aceite y un toque de limón
Tacos de hongos ostra – con cebolla, chile pimiento y cilantro.
Revuelto de huevos con hongos – ideal para el desayuno.
Quesadillas de hongos y queso – con tortillas de maíz o harina.
Hongos salteados con verduras – combina con zanahoria, brócoli o ejotes.
La posibilidad de comercializar los hongos representa mucho más que una fuente de ingreso: es un paso hacia la independencia económica de las mujeres y el fortalecimiento de la economía local, basada en el trabajo colectivo y la sostenibilidad.
Tecnología agropecuaria para el desarrollo rural sostenible.
El cultivo de hongos ostras en Los Rojas es un ejemplo concreto de cómo las tecnologías agropecuarias pueden adaptarse a los contextos rurales y generar un impacto real en la vida de las personas. Esta práctica requiere pocos recursos, aprovecha residuos agrícolas, no depende de grandes extensiones de tierra y produce alimentos de alto valor nutricional en corto tiempo.
Gracias al acompañamiento técnico de SER, las mujeres no solo adquieren habilidades agrícolas, sino también herramientas para organizarse, planificar y pensar en el desarrollo de su comunidad. El proyecto refleja cómo la tecnología se convierte en una herramienta poderosa, cuando se combina organización y participación comunitaria, para combatir la pobreza, mejorar la nutrición y promover la equidad de género.
Cada semilla germinada es símbolo de transformación: mujeres que siembran esperanza, conocimiento y futuro Lo que inició como una capacitación hoy es una historia de empoderamiento, una experiencia donde se evidencia que, el desarrollo rural no solo depende de los recursos, sino del valor y la organización de las comunidades

Nutrientes importantes del hongo ostra
Proteínas vegetales de alta calidad (contienen aminoácidos esenciales). Minerales: hierro, potasio, fósforo, zinc y selenio.
Fibra dietética, que mejora la digestión.
Antioxidantes naturales, que fortalecen el sistema inmunológico y ayudan a reducir la inflamación.

El olvido del agro en medios capitalistas y grandes consorcios
Por: Luz Cordero y Sandra Caché
En Guatemala, donde el 35 % de la población vive del trabajo agrícola, el campo continúa siendo un territorio poco representado en los grandes medios. La televisión, la radio y la prensa escrita suelen priorizar noticias urbanas o políticas, dejando fuera las realidades rurales que sostienen la economía nacional.
En un sistema capitalista donde la información se convierte en mercancía, los intereses económicos y empresariales determinan qué historias se cuentan. Este reportaje analiza cómo los medios guatemaltecos reproducen dinámicas de desinformación, manipulación, concentración de la propiedad y sensacionalismo en su cobertura del sector agrícola.
El campo que no aparece en los titulares
En los noticieros nacionales de gran cobertura, la mayoría de las notas sobre el agro aparecen únicamente en situaciones de crisis: sequías, tormentas o bloqueos de carreteras. Las historias de campesinos que innovan, producen alimentos o enfrentan los efectos del cambio climático casi nunca llegan a la pantalla.
Según un estudio del Instituto Centroamericano de Estudios para la Democracia Social (Demos, 2021), el 80 % de las noticias agrícolas en medios nacionales están relacionadas con conflictos o desastres, mientras que solo el 10 % aborda temas de producción sostenible o economía campesina.
Esta falta de diversidad informativa provoca una brecha de conocimiento entre el campo y la ciudad, dejando a los productores rurales sin representación en la agenda pública.
“En los medios, el agricultor solo existe cuando protesta o pierde sus cultivos. Nunca cuando propone soluciones”, afirma Melvin Popa, comunicador social del departamento de Suchitepéquez.
Los grandes medios han difundido la idea de que el desarrollo agrícola del país depende de la agroexportación. Programas especiales en Prensa Libre o reportajes en elPeriódico (cuando aún circulaba) destacaban las cifras millonarias del café, el azúcar y el banano, pero rara vez mostraban las condiciones laborales de los jornaleros o los efectos ambientales de los monocultivos.
Este tipo de cobertura refuerza el discurso capitalista del “ progreso ” , en el que solo los grandes inversionistas son considerados protagonistas.
En contraste, organizaciones como la Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC) o el Movimiento de Trabajadores Rurales (MTC) apenas obtienen espacio mediático, y cuando lo hacen, suelen ser señaladas como conflictivas.
“Los medios manipulan el concepto de desarrollo; para ellos, el campo solo vale si exporta”, señala María Vásquez, representante de la CNOC, en una entrevista a Prensa Comunitaria (2023).
Quién controla la información del agro
El Observatorio de los Periodistas de Guatemala (APG, 2022) indica que cuatro grupos empresariales controlan más del 80 % de los medios nacionales: Grupo Emisoras Unidas, Albavisión, Grupo Prensa Libre y Grupo Radial El Tajín.
Estos conglomerados poseen intereses en sectores como la banca, el comercio, la construcción y la agroindustria, lo que condiciona el tratamiento informativo sobre temas del campo.



Por ejemplo, medios pertenecientes a Albavisión, que también posee vínculos con empresas exportadoras, raramente publican notas críticas sobre el uso de pesticidas o los conflictos por la tierra.
Mientras tanto, los medios comunitarios rurales (como Radio Snuq’ Jolom Konob’ en Huehuetenango o Prensa Comunitaria KM169) intentan romper el monopolio informativo, dando voz a agricultores e indígenas. Sin embargo, enfrentan restricciones legales y económicas que limitan su alcance.
Sensacionalismo y amarillismo en el agro
En la lógica de la competencia capitalista, la información debe vender. Los noticieros compiten por rating y las páginas digitales por clics.
Por ello, las noticias sobre el agro suelen enfocarse en imágenes impactantes campos inundados, agricultores llorando o carreteras bloqueadas , sin ofrecer contexto o análisis.
Esta cobertura sensacionalista refuerza prejuicios urbanos sobre el campesinado y oculta las verdaderas causas del descontento social.
Como resultado, el público termina consumiendo espectáculo, no información.
El sistema capitalista en Guatemala ha transformado la comunicación en una herramienta de poder que reproduce desigualdades. En el ámbito agrícola, los medios comerciales han desinformado, manipulado y marginado a las voces campesinas, priorizando los intereses de las élites agroexportadoras.
Sin embargo, los medios alternativos y comunitarios están demostrando que otro tipo de comunicación es posible: una comunicación crítica, plural y al servicio del pueblo.
El desafío para los futuros comunicadores es contribuir a ese cambio, construyendo narrativas que visibilicen al agricultor no como víctima ni como cifra económica, sino como sujeto social con voz y dignidad.


Entre el silencio empresarial y las voces del pueblo.
Por: Ofelia Salanic y Aracely Ramirez
El poder detrás de la información
En Guatemala, los medios de comunicación son más que simples canales de información: son espacios de poder donde se define qué temas importan y cuáles se silencian.
Cuando se habla del monocultivo de palma africana o caña de azúcar, los grandes medios presentan una historia de éxito, desarrollo y crecimiento económico. Pero, detrás de esa narrativa, existen comunidades que enfrentan escasez de agua, contaminación y pérdida de tierras. En un contexto ideal, como propone el sistema socialista, los medios deberían servir al interés del pueblo, ser propiedad colectiva y garantizar una información equitativa. Sin embargo, la realidad guatemalteca muestra un escenario donde la concentración mediática y los intereses
corporativos han impuesto una visión única del progreso.
Los medios tradicionales: el discurso del desarrollo
Las principales cadenas de televisión, radio y prensa escrita están dominadas por grupos empresariales con vínculos agroindustriales y políticos. Este control se refleja en una cobertura sesgada que evita cuestionar el impacto ambiental y social del monocultivo. Las noticias sobre el sector agrícola suelen enfocarse en cifras de exportación, generación de empleo y proyectos empresariales, mientras omiten los conflictos territoriales o la degradación ambiental que acompañan estas plantaciones.
Los conflictos territoriales o la degradación ambiental que acompañan estas plantaciones.
La dependencia económica de la publicidad refuerza este silencio. Muchos medios reciben financiamiento de empresas azucareras o palmeras, lo que genera autocensura y limita la investigación periodística. El resultado es una comunicación alineada con el capital, donde los intereses económicos pesan más que el derecho de las comunidades a ser informadas.
Desde la mirada socialista, esta situación representa un fallo estructural: la comunicación deja de ser un bien público y se convierte en una mercancía. En lugar de promover conciencia social, los medios reproducen la lógica del mercado, validando la desigualdad y el despojo.
Medios alternativos: la voz que nace del territorio
Frente al silencio mediático, han surgido plataformas que reivindican la comunicación como un derecho colectivo y un instrumento de justicia social. Prensa Comunitaria, RUDA-GT, Plaza Pública, Agencia Ocote y Mongabay Latam son ejemplos de medios que se acercan al ideal socialista de una prensa al servicio del pueblo.
En marzo de 2024, Prensa Comunitaria documentó el caso de la aldea Tierra Negra I, en Chisec, Alta Verapaz. Sesenta y cinco familias Q’eqchi’ denunciaron que la empresa Industrias Chiquibul S.A. había provocado la sequía del río San Román y la contaminación del agua tras expandir sus plantaciones de palma africana. El reportaje, replicado por RUDA-GT, no solo narró el problema ambiental, sino que expuso las consecuencias humanas: niños enfermos, cultivos perdidos y comunidades engañadas por promesas incumplidas.
Otros medios, como Plaza Pública y Agencia Ocote, ampliaron la discusión al incluir investigaciones científicas del Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (IARNA), que evidencian la degradación del agua por uso de agroquímicos.
Por su parte, Mongabay Latam contextualizó el fenómeno a nivel regional,
Por su parte, Mongabay Latam contextualizó el fenómeno a nivel regional, mostrando cómo la palma africana avanza sobre bosques y áreas protegidas en Guatemala y Honduras.
Estos medios representan una alternativa colectiva y participativa, que devuelve la palabra a los pueblos y denuncia los abusos del modelo extractivista. Su cobertura simboliza los valores socialistas de solidaridad, cooperación y conciencia crítica, transformando la comunicación en una herramienta de resistencia.
Desafíos para un periodismo del pueblo
El periodismo ambiental y comunitario en Guatemala enfrenta obstáculos similares a los que un sistema socialista encuentra frente al poder capitalista: la falta de recursos, la presión política, la censura y la criminalización de las voces contrarias.
Periodistas comunitarios han sido amenazados o perseguidos por denunciar abusos de empresas palmeras o cañeras. Tal es el caso de Carlos Ernesto Choc periodista comunitario que ha dado cobertura a temas ambientales en el territorio Q’eqchi.
La falta de acceso a información pública, la precariedad económica y la dependencia de plataformas tecnológicas controladas por intereses globales limitan su alcance.
Sin embargo, en medio de estas dificultades, surgen oportunidades.
La colaboración entre medios comunitarios, académicos y organizaciones civiles está permitiendo construir redes de comunicación más fuertes, capaces de documentar, educar y generar debate público sobre el modelo de desarrollo impuesto. Esa cooperación, basada en la solidaridad y el compromiso social, refleja la fortaleza del ideal socialista aplicado a la comunicación: un sistema en el que la verdad se construye colectivamente
Hacia una comunicación para la vida
El contraste entre los medios tradicionales y los alternativos en Guatemala revela dos modelos de comunicación enfrentados. Uno responde al capital y al poder económico; el otro, al pueblo y a la defensa del territorio.
Desde una perspectiva socialista, el verdadero desafío es construir un sistema de medios que eduque, informe y movilice conciencia, donde la información no sea propiedad de unos pocos, sino un bien colectivo. Esto implica crear plataformas propias, promover la educación mediática y fortalecer la participación ciudadana en la producción informativa.
En esa búsqueda, los medios alternativos y comunitarios guatemaltecos se convierten en semillas de un periodismo popular, uno que no solo narra el conflicto, sino que acompaña la lucha por la tierra, el agua y la vida. Allí, donde los grandes medios ven progreso, las comunidades ven resistencia. Y donde el silencio pretende ocultar la injusticia, la palabra colectiva sigue floreciendo como el verdadero rostro de un periodismo al servicio del pueblo.
Por: Luz Cordero
Hablar de agricultura en Guatemala es hablar de historia, de manos que siembran esperanza todos los días Pero ahora, esas mismas manos aprenden a manejar drones, sistemas de riego y nuevas técnicas que cambian la forma de trabajar la tierra De eso conversamos con el ingeniero agrónomo Rocael Ramos, quien cree que la tecnología también puede florecer desde el campo
En Guatemala, la agricultura no solo alimenta, también cuenta quiénes somos Desde los campos de maíz hasta los cafetales en las montañas, el trabajo agrícola ha sido siempre parte de nuestra identidad Pero con los retos que impone el cambio climático y la necesidad de producir más con menos, la tecnología empieza a jugar un papel clave en el campo
Para entender mejor cómo se está aplicando la innovación en este sector, el ingeniero Ramos, Extensionista de Desarrollo Agrícola Rural del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA), quien trabaja directamente en comunidades rurales y programas de capacitación para productores nos explica algunas interrogantes planteadas
Ingeniero, ¿cómo se están implementando las nuevas tecnologías en el campo guatemalteco?
“Los agricultores están participando en diplomados sobre mecanización agrícola, producción de semilla híbrida y manejo de drones para fumigación”, Ramos resaltó “Esto se realiza con apoyo de la carrera de Agronomía Tropical del CUNSUROC Además, se gestionan proyectos de riego por goteo ante el VIDER y se trabaja en la

implementación de tractores y drones, todo con el objetivo de mejorar la producción y facilitar el trabajo de los agricultores.”
--¿Qué obstáculos han encontrado para poner en marcha estas iniciativas?
“El reto más grande es económico”, respondió con seriedad. “Muchos agricultores trabajan con recursos muy limitados, y eso hace difícil invertir en cosas básicas como corrales o sistemas de riego. También influye la inestabilidad del personal técnico en la institución, ya que muchos compañeros trabajan por contrato y no tienen asegurada su continuidad.”
Hizo una breve pausa antes de añadir: “A eso hay que sumar que algunos productores desconfían de la tecnología Están acostumbrados a sus métodos tradicionales, y convencerlos de probar algo nuevo requiere tiempo y resultados.”
A pesar de esos retos, ¿cómo ve el futuro de la agricultura en Guatemala?
“Soy optimista”, respondió con una sonrisa. “Creo que la innovación va a seguir abriendo oportunidades. Hay más demanda de alimentos saludables y eso puede beneficiar a los pequeños productores, sobre todo a las familias que trabajan con huertos o aves criollas.”
Antes de despedirnos, el Ingeniero Rocael Ramos dijo algo que resume bien la idea detrás de todo su trabajo: “Cada capacitación es una semilla. Porque la tecnología agropecuaria no solo moderniza el campo, también fortalece las raíces de nuestras comunidades ”
Escucharlo me hizo pensar que, más allá de las máquinas y los drones, la verdadera innovación nace del conocimiento compartido y del compromiso por mejorar. Guatemala está cultivando su futuro, y lo hace desde la tierra, con la gente que nunca ha dejado de creer en ella.

Por: Aracely Ramirez
En la comunidad Concepción Ixtacapa del municipio de San Antonio Suchitepéquez, florece una iniciativa que fortalece la apicultura en Guatemala, desde hace varios años, con el trabajo de las familias que integran la Asociación de Apicultores para el Desarrollo Sostenible de Suroccidente ARAPIS, convirtiéndose en un ejemplo de unidad, innovación y amor en la producción y exportación de miel a mercados nacionales e internacionales.
ARAPIS cuenta con un centro de acopio donde se reúne el trabajo de apicultores comprometidos con la calidad y el desarrollo sostenible, aquí la miel de distintos productores se une para dar origen a un producto de alto valor, puro y natural, destinado a los mercados nacionales e internacionales. Este esfuerzo colectivo refleja el espíritu de unión y trabajo en equipo que caracteriza a los pequeños productores guatemaltecos.
Oswaldo Dominguez quien forma parte de la junta directiva de la Asociación ARAPIS
destacó la importancia de la tecnología en los procesos de producción, la modernización de los equipos ha permitido mejorar la filtración, refinado y envasado de la miel, garantizando un producto de excelencia para cumplir con los estándares internacionales, además resaltó “La innovación nos ha permitido crecer sin perder nuestra esencia y la tecnología no reemplaza nuestro trabajo artesanal al contrario lo fortalece”. La combinación entre sabiduría ancestral y herramientas modernas es uno de los pilares del éxito de la asociación. Los apicultores de la región han sabido mantener vivas las prácticas tradicionales heredadas de generaciones, al mismo tiempo que integran innovaciones que optimizan la producción y reducen el impacto ambiental para lograr producir miel de calidad que representa el trabajo arduo de las comunidades y el equilibrio entre tecnología y naturaleza.
ALa implementación de nuevas técnicas en el centro de acopio, refinado y envasado, ARAPIS ha logrado expandir su alcance y fortalecer su presencia en el mercado local e internacional. Su miel, símbolo de calidad y sostenibilidad, se exporta a países centroamericanos como: Costa Rica a donde ha llegado el sabor auténtico y la excelencia del campo guatemalteco.
ARAPIS con su estilo de trabajo y el deseo de superar expectativas confirma que la clave para un futuro sostenible y dulce para todos es cuándo la innovación se aplica con conciencia.
Proceso de transformación de miel en ARAPIS:
Recolección de la miel de los panales
Los apicultores extraen los panales maduros de las colmenas, asegurándose de que las celdas estén completamente operculadas (selladas con cera por las abejas).
Desoperculado de los panales
Se retira la capa de cera que cubre las celdas con herramientas especiales, permitiendo que la miel pueda salir fácilmente durante el siguiente proceso.
Extracción de la miel
Los marcos se colocan en la centrífuga extractora, que gira a alta velocidad para separar la miel del panal sin dañarlo.
Filtrado inicial
La miel extraída pasa por un colador o filtro grueso que elimina restos de cera, abejas o impurezas grandes.
Decantación y reposo
La miel se deja reposar en tanques de acero inoxidable para que las burbujas de aire y partículas más finas suban a la superficie y sean retiradas.
Filtrado fino o purificación final
Aquí inicia la fase más cuidada del proceso en ARAPIS: la miel pasa por filtros más finos que aseguran su pureza total, eliminando cualquier impureza restante.
Control de calidad
Se realizan pruebas para garantizar la humedad adecuada, la textura y el sabor característico, cumpliendo con los estándares de calidad que distinguen a la cooperativa.
Envasado
La miel pura se envasa en frascos o botellas esterilizadas, listas para su distribución y comercialización.
Etiquetado y almacenamiento
Cada envase recibe su etiqueta con información del producto y se almacena en un lugar fresco y seco hasta su venta.



La inspiradora historia de vida de don Bernardino Chuc, agricultor de Samayac
Por: Sandra Caché
El amanecer de cada día llega acompañado del canto de los pájaros y el sonido de las herramientas golpeando la tierra. Allí, entre los surcos verdes de milpa y frijol se observa trabajando a don Bernardino Chuc, quien a sus 83 años sigue produciendo la tierra, con la misma pasión como cuando inicio desde muy joven.
Don Bernardino Chuc es una persona pensionada, pero eso no le impide ser un agricultor, porque para él cultivar la tierra es mantenerse vivo, sentir el aroma a tierra mojada y ver el crecimiento de sus plantas es el alimento diario que recibe.
En el terreno que trabaja siembra maíz, frijol, chipilín y tomate su jornada laboral implica dedicar horas de trabajo a la limpia
y abono de los cultivos y, además los cuidados que requiere la plantación haciendo posible todo según él porque “El conocimiento me lo dio Dios” expresa con humildad, convencido que su sabiduría es un regalo divino, pero también fruto de una práctica ancestral que ha pasado de generación en generación.
Su historia, es la de muchos agricultores guatemaltecos que aprendieron de forma empírica, observando, trabajando y escuchando la naturaleza. Para ellos su tecnología es ancestral a través del conocimiento, no necesitan tecnología avanzada para entender cuándo sembrar o cuándo cosechar: basta con mirar el cielo, tocar la tierra y sentir el clima. Su conexión con la naturaleza es profunda;
para él, sembrar es una forma de fe, una conversación constante con la tierra que e ha enseñado paso a paso.
Durante décadas, don Bernardino combinó su trabajo formal con el cultivo de la tierra, incluso en sus días libres encontraba tiempo para sembrar y actualmente no tiene excusa para continuar con esta tarea que le gusta mucho como él dice “la tierra siempre responde, cuando uno la cuida con amor ” y es por eso que su cosecha rinde además de la producción para el consumo familiar obtiene un excedente que lo dispone para la venta en la comunidad.
La historia de vida de Don Bernardino recuerda la dignidad y el valor del agricultor, es un testimonio de perseverancia, fe y amor por la tierra. Su ejemplo inspira a las nuevas generaciones a valorar el trabajo agrícola, comprender su importancia y reconocer que, detrás de cada semilla sembrada, hay sabiduría, esfuerzo y esperanza.





Por: Sandra Caché
En Guatemala, hablar de tecnología agropecuaria sigue siendo un reto Aunque la agricultura es una de las principales fuentes de sustento del país, la mayoría de los pequeños productores aún trabaja sin acceso a herramientas modernas En muchas comunidades rurales, la falta de conectividad, maquinaria y capacitación hace que la producción dependa más del esfuerzo humano que de la innovación
Esta realidad refleja una brecha profunda entre el discurso del progreso y las verdaderas condiciones del campo
La tecnología podría transformar la vida de miles de agricultores si se aplicara de forma equitativa y adaptada a las necesidades locales No se trata únicamente de traer drones o maquinaria importada, sino de impulsar soluciones accesibles: sistemas de riego eficientes, fertilizantes orgánicos controlados y aplicaciones móviles para mejorar la siembra Sin embargo, los proyectos de modernización muchas veces quedan en manos de las grandes agroindustrias, dejando fuera a los campesinos que alimentan al país.
Implementar tecnología en el agro también significa valorar la sabiduría que ya existe en las comunidades.
Los agricultores guatemaltecos poseen conocimientos ancestrales sobre los ciclos de la tierra, el clima y las semillas, saberes que pueden convivir con la ciencia moderna Combinar la innovación tecnológica con el conocimiento tradicional no solo es posible, sino necesario para construir una agricultura sostenible y con identidad
El futuro del campo no puede depender únicamente del capital ni de los discursos institucionales Debe basarse en el acceso justo al conocimiento y en la participación activa de quienes trabajan la tierra Apostar por la tecnología agropecuaria en Guatemala no es un lujo, es una urgencia Solo cuando la innovación llegue verdaderamente al agricultor, podremos hablar de un desarrollo que florece desde la raíz


Versión: Tecnología Agropecuaria
Pequeña y dormida en la palma de la mano; me siembran en la tierra y me despierto temprano.

No tengo alas pero vuelo alto, tomo fotos desde el cielo; los campesinos me usan para ver todo el suelo.

De hierro y gran motor, sobre ruedas voy al surco; tiro implementos y ayudo al labrador en su trabajo duro.
En grandes extensiones suelo reinar, una sola especie verás plantar; práctico parezco, pero si abusas de mí, la tierra cansada se aleja de ti.
Bajo el sol trabajo sin parar, arando y sembrando para cosechar.
Somos parte del Décimo Ciclo de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación del Centro Universitario de Sur Occidente CUNSUROC

Ramírez
Apasionada por la creatividad en todas sus formas: la cocina, la música, la pintura, la escritura y la fotografía Me encanta explorar el mundo, ya sea viajando o haciendo senderismo.
Sandra Caché

pasionada por la uraleza, charlar y ocer lugares En mis pos libres me gusta acerca de política e oria de Guatemala

Ofelia Salanic
Amante de la naturaleza, me encanta tomar fotografías y viajar para conocer la historias de los pueblos originarios de Guatemala

Me gusta compartir tiempo con personas a las que quiero, me gustan los gatos, comer, ir al cine, ver anime y jugar videojuegos
Revista elaborada por estudiantes del décimo semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación del Centro Universitario del Sur Occidente (CUNSUROC), de la Universidad de San Carlos de Guatemala, como parte del proyecto final de los cursos Tecnología Agropecuaria, Semiología del Mensaje Estético, Análisis de las sociedades Capitalistas y socialistas
El contenido aquí presentado refleja el compromiso, la creatividad y la formación integral de los futuros comunicadores sociales, orientados a contribuir al desarrollo, la reflexión crítica y la transformación social del país
AGRADECIMIENTO ESPECIAL A:
Organización Servicios para el Desarrollo, Quetzaltenango
Asociación de Apicultores para el Desarrollo Sostenible
Ministerio de Agricultura
Ganadería y Alimentación
Bernardino Chuc Pappa, Agricultor
Melvin Popa
Licenciado en Ciencias de la Comunicación


