Dedicatoria
A ti, mi amor, gracias por ser mi luz, por enseñarme a amar y a ser amada. No puedo esperar para compartir una vida a tu lado. Nuestro amor es fuerte, inquebrantable. Y aunque ahora nos separen kilómetros, sé que el futuro nos pertenece.
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A ti, mi amor, gracias por ser mi luz, por enseñarme a amar y a ser amada. No puedo esperar para compartir una vida a tu lado. Nuestro amor es fuerte, inquebrantable. Y aunque ahora nos separen kilómetros, sé que el futuro nos pertenece.
Nunca imaginé que una historia de amor como la mía pudiera escribirse. Siempre fui una persona independiente, alguien que creía tenerlo todo bajo control. Mis días eran una sucesión de responsabilidades,demetasporalcanzarydesueñosqueparecían lejanos. Estaba convencida de que no necesitaba a nadie para sentirmecompleta.Peroentonces,élllegó.
El destino intervino de forma inesperada. Al principio, fue solo una coincidencia, una de esas casualidades que el destino parece colocar en el camino sin que uno lo note. No hubo fuegos artificialesniunflechazoinmediato.Solounaconversaciónquese sintió diferente, como si por primera vez en mucho tiempo alguienrealmentemeviera.Pocoapoco,supresenciacomenzóa convertirseenunaconstanteenmivida.
Un amor que transforma. Nunca había sentido un amor así. No eraunamorqueconsumía,quedolíaoqueexigíaserelcentrode miuniverso.Eraunamortranquilo,seguroyprofundo.Unamor que me recordaba, en cada palabra y en cada gesto, que era suficientetalcomosoy.Quenonecesitabacambiar,niencajaren expectativas ajenas. Su presencia cambió mi mundo. Antes, pensabaqueelamoreraalgoquepodíaposponer,unaopciónque talvezalgúndíaconsideraría.
Pero él me enseñó que el amor verdadero no es una distracción ni un obstáculo para mis sueños, sino una fuerza que me impulsa a alcanzarlos con más ganas. Me mostró que ser amada no significa perder mi independencia, sino compartirla con alguien que me respeta y me apoya en cada paso del camino. Él fue mi refugio en los días difíciles, la calma en medio del caos, la risa en los momentos grises. Me enseñó que no necesito enfrentar todo sola, que está bien apoyarse en alguien más sin miedo a perderme en el proceso. Su amor me abrazó en mis inseguridades y me ayudó a ver la mujer increíble que soy, incluso en los momentos en los que yo misma lo dudaba.
Hoy, al escribir esto, solo puedo agradecerle a la vida por haberlo puesto en mi camino. Porque gracias a él, aprendí que el amor no es una historia de perfección, sino de crecimiento. Que amar es elegir a alguien cada día, con todo lo que eso implica. Y que el verdadero amor es aquel que nos hace sentir en casa, sin importar dónde estemos. ¿Cómo era mi vida antes de llegar a este momento?
Los retos que moldearon mi historia. Antes de este momento, mi vida estaba marcada por la lucha por mis sueños. Nunca imaginé que contarle a mis padres que había decidido abandonar la carrera de medicina sería tan difícil, pero me dio una paz que no había sentido antes. Pero la condición ahora era trabajar hasta poder costear mi nueva universidad, mi nueva carrera en psicología y graduarme. Parecía sencillo, después de todo, desde los 15 años había trabajado en vacaciones, pero los desafíos me llevaron a mis límites.
Días después de tomarme un descanso, decidí pedirle trabajo nuevamente a una sobrina de mi madre, como siempre lo hacía. Todo parecía estar bien, pero jamás pensé que ese día estaba por firmar mi entrada al mismísimo infierno. Comencé un sábado 1 de julio, un desastre total para mí: volver a acostumbrarme a la rutina y, además, con un nuevo personal desconocido. Al regresar a casa, le conté a mi madre cómo me había ido, omitiendo, claro, los momentos donde fui un completo desastre.
los momentos donde fui un completo desastre.
Sin embargo, lo que mi yo de 17 años jamás habría imaginado era que en ese lugar me reencontraría con alguien que años atrás me había hecho sentir incómoda en el trabajo. Al verlo allí, supe que mi estancia en ese sitio sería un purgatorio. Y así fue: cada vez que encontraba la oportunidad, me decía cosas incómodas fuera del alcance de las cámaras. ¿Y quién me creería a mí, una adolescente de 17 años contra la palabra de alguien que llevaba trabajando años allí? Exacto, nadie.
Con el paso de los días, me fui adaptando. Agradecí a Dios cuando esa persona dejó de ser insistente conmigo. ¿Su esposa sabría lo que era capaz de hacer su marido, teniendo dos hijos y una hija?
Nunca lo supe.
Puede que ya haya contado esto antes, pero nunca de la manera en que lo hago ahora, sobre cómo la presencia de una persona en mi vida lo cambió todo. Trabajar con mi familia volvió a sentirse normal, aunque el frío del lugar me enfermaba constantemente. Estaba acostumbrada a trabajar en panadería, no en carnicería, pero decidí aceptar el reto. Nunca tuve problemas en el trabajo, hasta que él apareció: la pareja de la sobrina de mi madre. Mis tíos se habían ido de viaje a Portugal y la dejaron a cargo del negocio. En ese tiempo en que el lugar estaba más vacío, él aprovechó para convertir mi vida en un infierno. Divorciado, con una hija y varios años más que yo, se creyó dueño del sitio, imponiendo reglas absurdas y tratando mal a todos. Nadie soportaba la presión y terminaban renunciando.
Un trabajo que puso a prueba mi fortaleza. Cuando ya no tenía más empleados sumisos, su atención se centró en mí. Me obligaba a administrar el dinero como él quería, me dejaba sin cambio, me hablaba con un tono prepotente cuando su pareja no estaba. No me quedaba más que obedecer. Intentaba humillarme frente a los clientes, pero ellos notaban el cambio en mi humor y me reconfortaban con palabras amables. Algunos incluso me preguntaban por qué no renunciaba. La respuesta era simple y ridícula: tenía sueños, y esos sueños fueron aplastados por quienes se sentían superiores por tener todo.
preguntaban por qué no renunciaba. La respuesta era simple y ridícula: tenía sueños, y esos sueños fueron aplastados por quienes se sentían superiores por tener todo.
Las tensiones aumentaron y mi única vía de escape era jugar en mi móvil. Con el tiempo, dejé de hacerlo por el cansancio extremo. Mi ansiedad aumentó, y me refugié en los dulces para sentirme feliz. Todas las noches llegaba a casa llorando, preguntándome por qué tenía que soportar tanto para cumplir mi sueño de ser psicóloga. Perdí mis ahorros en caprichos porque, en el fondo, no veía un futuro más allá de los 18 años.
Un encuentro inesperado que cambió todo. Hasta que una noche, el 24 de octubre de 2023, el destino me sorprendió. Después de un día particularmente difícil, decidí desconectarme del mundo y jugar Call of Duty Mobile. Necesitaba escapar. En medio de la partida, un jugador captó mi atención. Sin pensarlo mucho, le pedí su número para seguir jugando juntos. No imaginaba que esa decisión cambiaría mi vida para siempre. Las conversaciones se multiplicaron, los momentos compartidos se hicieron parte de mi rutina. Ignoraba mis días miserables en el trabajo y me enfocaba en lo que realmente importaba. Pero luego de mi cumpleaños, decidí que era suficiente.
Transformación y nuevas oportunidades. Con el tiempo, decidí tomar el control de mi vida. Me inscribí en otra universidad, cambié de carrera y, poco después, mi trabajo me despidió de forma indirecta. No volví jamás.
¿Y el chico que conocí jugando? Aunque al principio me resistía a encariñarme, él logró derribar mis muros. Era trabajador en Estados Unidos, aunque nacido en México, y tenía mi edad. Su personalidad tímida me cautivaba. Pero cuando le confesé mis sentimientos, me rechazó. La amistad se rompió. Pasé días de soledad y culpa, preguntándome si nunca debí haberme encariñado. Pero el tiempo pasó y seguí adelante.
El 1 de enero de 2024 sentí el impulso de desearle un feliz año. No esperaba respuesta, pero me alegró haberlo hecho. Años antes había soñado con México, sin imaginar que terminaría conociendo y amando a alguien de allí. Un 12 de junio, entre la nostalgia al revisar la conversación antigua, le escribí nuevamente. Y, sorprendentemente, respondió. Retomamos nuestra conexión, aunque con cierta cautela.
Hasta que un 19 de junio, en mi punto más bajo, con problemas familiares y académicos sofocándome, le escribí de nuevo. No para retomar algo, sino para despedirme. Lo que no esperaba era descubrir que, para él, yo sí era importante. Comprendí entonces que no me había rechazado por falta de interés, sino por miedo. Decidí demostrarle que yo no era como los demás, que era alguien en quien podía confiar. Fue así como nos dimos una nueva oportunidad y, sin darnos cuenta, comenzamos a construir algo hermoso.
Hoy, mi vida ha cambiado para bien. Él me devolvió las ganas de soñar, de creer en un futuro mejor. No importa la distancia, porque sé que el amor que compartimos es real. Muchas personas nos han dicho que no duraremos, que solo somos un pasatiempo. Pero yo sé que algún día me casaré con él. Y cuando ese día llegue, miraré hacia atrás y recordaré cómo, de la manera más inesperada, el destino puso en mi vida a la persona que la cambiaría para siempre.
Y así fue como comenzó la historia más hermosa entre una Venezolana y un Mexicano: un chico que nunca había sido amado adecuadamente y una chica que nunca había recibido el trato que merecía. Este es solo el inicio del viaje juntos, con mucho por vivir y descubrir.
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