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Introducción
Sección I: Me encuentro con Dios
Día 1: El ideal de Dios
Día 2: Un programa diario
Día 3: Primero el Reino de Dios
Día 4: Hoy es el día de salvación
Día 5: El poder de la Palabra
Día 6: Conocimiento + intimidad
Día 7: Formación espiritual
Día 8: Palabras de ánimo
Día 9: Comunión: El secreto del poder
Día 10: Prioridades basadas en principios
Sección II: Permanezco en Dios
Día 11: El objetivo diario
Día 12: Autoexamen de permanencia
Día 13: Comidas espirituales diarias
Día 14: Un llamado permanente a la oración
Día 15: Dependencia diaria
Día 16: El ayuno y la comunión
Día 17: Un memorial semanal
Día 18: Comunión y estilo de vida
Día 19: Permanencia y alabanza
Día 20: La alabanza como hábito
Día 21: Permanencia mientras esperamos
Sección III: Trabajo en la misión
Día 22: Discipulado y propósito
Día 23: Un ministerio personal
Día 24: Dones en acción
Día 25: Iglesia sin paredes
Día 26: Pasión por la misión
Día 27: El evangelio a todo el mundo
Sección IV: Recibo poder de Dios
Día 28: Todo cambia con poder
Día 29: Desafíos diarios



































Día 30: ¿Quién es el Espíritu Santo?
Día 31: El secreto del poder .
Día 32: El bautismo diario del Espíritu Santo
Día 33: La venida del Consolador
Día 34: La misión del Espíritu Santo










Día 35: Lo que entristece al Espíritu Santo
Día 36: El estudio dirigido de la Palabra.
Día 37: La lluvia tardía
Día 38: El fin del tiempo de gracia
Día 39: Reavivamiento y reforma
Día 40: Mientras aguardamos









Querida iglesia:
Dios nos creó con un propósito eterno: vivir para su gloria, cumplir su misión y experimentar una vida llena de sentido. No fuimos llamados a una fe superficial, sino a una relación viva, diaria y transformadora con él.
Hoy, más que nunca, necesitamos volver al centro de nuestra fe: el encuentro personal con Dios. Porque no hay transformación sin comunión, no hay poder sin permanencia, y no hay discipulado sin una entrega diaria.
Por eso nace este movimiento espiritual: Del encuentro al Poder. Durante estos 40 días no solo iniciaremos un programa, sino un camino. Un camino que nos llevará de la rutina a la intimidad con Dios, del conocimiento a la experiencia con el Espíritu Santo, y de una fe pasiva a una vida activa en misión.
Dios tiene un plan para nuestra vida. Cada mañana es una oportunidad de renovación, de salvación y de poder. Cuando decidimos buscarle primero, él transforma nuestro corazón y dirige nuestros pasos.
Iglesia, hermano, hermana, este es el momento. Es tiempo de despertar, de volver a Dios con todo el corazón y de vivir una fe real. Que cada familia, cada joven y cada miembro diga: «Yo quiero vivir esta experiencia». Porque cuando una iglesia busca a Dios unida, Dios hace cosas extraordinarias.
Al iniciar estos 40 días comenzamos un camino que puede cambiarlo todo: del encuentro… al Poder. Él está a la puerta, ábrele; lo demás vendrá por añadidura.
Gabriel Diaz R.
Ministerio Personal, Escuela Sabática & Evangelismo UAE 2022- 2027

























































































































































Dios nos creó: te creó a ti y me creó a mí. Y junto con ello, nos otorgó propósitos claros:
1. Fuimos creados para gloria de Dios.
2. Fuimos creados para cumplir un ministerio y una misión.
3. Fuimos creados para disfrutar de una vida llena de significado.
El profeta Isaías define claramente el propósito para el cual nos creó el Señor: «Todos los llamados de mi nombre, […] para gloria mía los he creado, los formé y los hice» (Isa. 43: 7).
mitir que el Espíritu Santo nos vuelva a crear cada día en Cristo, para buenas obras. La obediencia a los mandamientos de Dios no es algo que yo hago con mis propias fuerzas; más bien, es lo que permito que Dios haga en mi vida por medio del Espíritu Santo. El apóstol Pablo hace eco: «Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Fil. 2: 13).
Hacer todo para la gloria de Dios es una misión imposible para el hombre que no se entrega sin reservas al poder del Espíritu Santo.
Vivir para la gloria de Dios debe caracterizar nuestra vida en todos los aspectos: familiar, profesional, emocional, social, ambiental… pero hay dos áreas donde esto se manifiesta con mucha intensidad: el ministerio y la misión.









La manera en que vivimos determina si vivimos o no para su gloria. El apóstol Pablo explica este principio con las siguientes palabras: «Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios» (1 Cor. 10: 31). El asunto del comer y el beber encabeza la lista porque son un aspecto clave que influye directamente en nuestra espiritualidad, pero la cuestión en mucho más amplia. El texto indica que debemos hacer TODO para la gloria de Dios.
¿Cómo vivir para la gloria de Dios cada día? ¿Cómo lograr que este sea nuestro estilo de vida? Veamos qué dice la Palabra de Dios: «Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas» (Efe. 2: 10).
Aquí está el secreto para una vida de obediencia y glorificación del Padre: pedir y per-
El ministerio es todo lo que hacemos para el crecimiento de aquellos que ya son miembros de la iglesia. Es nuestra responsabilidad, como miembros de iglesia, hacer lo posible para que la iglesia crezca y se desarrolle.
Aquí, el objetivo es pensar: ¿Cómo puedo ayudar a mi iglesia a mejorar con la formación, la experiencia y los recursos que poseo?
Si te gusta pasar tiempo con los mayores, involúcrate en organizar actividades para ellos y pasar tiempo de calidad con las personas mayores de tu iglesia. Si tienes hijos pequeños, puedes colaborar con las escuelas sabáticas de niños. Si eres un profesio-
nal exitoso, puedes organizar un ministerio de consejería para jóvenes… Busca algo que te guste y que hagas bien, y piensa cómo convertir eso en un ministerio para fortalecer tu iglesia.
En paralelo, la misión es todo lo que hacemos en favor de aquellos que todavía no son miembros de la iglesia. La misión de alcanzar vecinos, familiares, amigos o compañeros de trabajo es una responsabilidad individual de cada miembro de iglesia.
Bíblicamente, el ministerio y la misión deben ser parte de todo lo que hacemos. Siempre que permitimos que el Espíritu Santo nos use por medio de nuestros talentos y habilidades, por el uso apropiado del tiempo, el cuerpo y las posesiones, estamos cumpliendo la misión y el ministerio.
Para disfrutar de una vida llena de significado
Cuando nos dejamos usar por Dios, la vida pasa a tener sentido y descubrimos que verdaderamente vale la pena vivir. Solamente el Autor de la vida puede dar sentido a nuestra existencia.

¿Por qué nos pide que cumplamos activamente el ministerio y la misión? ¿Por qué nos lo pidió a nosotros y no a los ángeles?
La palabra profética responde: «Dios podría haber encomendado el mensaje del Evangelio, y toda la obra del ministerio de amor, a los ángeles del cielo. Podría haber empleado otros medios para llevar a cabo su obra. Pero en su amor infinito quiso hacernos colaboradores con él, con Cristo y con los ángeles, para que participásemos de la bendición, del gozo y de la elevación espiritual que resultan de este abnegado ministerio» (White, El camino a Cristo, p. 78).
No hay nada en este mundo más emocionante que el ser usado por Dios para bendecir a las personas por medio de Cristo y de su Palabra. Ahí es donde encontramos el verdadero significado de la vida.
Nuestro desafío durante los próximos 40 días es aprender a vivir cada día para la gloria de Dios, aferrados a la promesa de su pronto regreso. No importa cómo haya sido tu vida hasta aquí. El Espíritu Santo va a obrar con poder si lo deseamos y lo permitimos.
«A cada uno se le ha asignado una obra, y nadie puede reemplazarlo. Cada uno tiene una misión de maravillosa importancia, que no puede descuidar o ignorar, pues su cumplimiento implica el bienestar de algún alma, y su descuido el infortunio de alguien por quien Cristo murió» (White, Servicio cristiano, p. 15).
Dedica unos minutos para pensar en qué ministerio de la iglesia podrías colaborar, o qué nuevo ministerio podrías organizar, en base a tus dones, talentos, experiencia y recursos.

















































Hoy analizaremos otros tres aspectos sobre nuestra relación con Dios:
1. Dios nos creó como una de sus preciosidades.
2. Dios proveyó salvación para cada día.
3. Dios estableció un programa diario para nuestra vida.
Somos joyas creadas por Dios
Antes de que existieran tus padres y abuelos, Dios ya te imaginaba. El Creador tomó la iniciativa de crearte; exististe primero en la mente de Dios. «Mi embrión vieron tus ojos,
y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas» (Sal. 139: 16).
Dios te amó antes de que nacieras. Te creó según sus patrones. Eres maravilloso, espléndido, hermoso. El salmista escribió: «“¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?” […] Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra» (Sal. 8: 4-5). Somos hermosos, pues todos existimos dentro del criterio de belleza de Dios. Y si Dios nos creó así, ¿quiénes somos nosotros para negarlo? Esos pensa-











mientos vienen del enemigo. Mejor, centremos nuestra mirada en el Creador, que nos valora y abraza.
Al permitir que naciéramos, Dios tomó las providencias para que viviéramos seguros, felices y satisfechos, con todas nuestras necesidades físicas y espirituales suplidas. Por medio de nuestros padres terrenales nos proveyó el alimento físico de cada día, y por medio de su Palabra nos dio el alimento espiritual diario. El texto bíblico dice: «Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro» (Sal. 139: 16, NTV). La Palabra no habla de mes, semestre, trimestre ni año, sino de día. ¿Por qué solamente día?
Así como dependemos diariamente del pan material para alimentar el físico, necesitamos también del pan espiritual para alimentar el alma. En un orden de prioridad superior, Cristo dijo: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mat. 4: 4).
Cada día es una oportunidad que Dios nos da para la salvación. Un estudio serio de la Palabra de Dios nos conduce al hecho de que la salvación es por un día, un día a la vez.
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame» (Luc. 9: 23).
«Mañana tras mañana me despierta y me abre el entendimiento a su voluntad» (Isa. 50: 4, NTV).
Dios estableció un programa diario
Por todo lo que ya vimos, podemos concluir con seguridad que Dios tiene un programa diario para nuestra vida en su Palabra, porque somos especiales.
Podemos deducir además que el diablo también tiene una planificación diaria para nuestra vida, fuera de la Palabra de Dios. Él quiere que pensemos en cualquier cosa menos en Dios. Estoy tan ocupado, tengo tantos compromisos, tantas deudas que pagar, tanto tiempo viajando al trabajo… Esas cosas no son malas en sí mismas, pero nos pueden distraer de lo esencial: pasar tiempo con nuestro Creador.
Inevitablemente, tenemos que optar por uno de estos programas. Somos libres de escoger tanto uno como el otro; pero no somos libres para escoger las consecuencias de nuestra decisión. Un programa nos acercará al Cielo y facilitará que Dios nos ayude y bendiga; el otro, nos alejará del plan de Dios para nuestra felicidad.
«Todo lo que tenemos que hacer se refiere al día de hoy. Hoy hemos de ser fieles a nuestro cometido. Hoy hemos de amar a Dios con todo el corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Hoy hemos de resistir las tentaciones del enemigo y obtener el triunfo mediante la gracia de Cristo. Así estaremos velando y esperando la venida de Cristo. Debiéramos vivir cada día como si fuera el último de nuestra existencia en esta tierra. Si supiéramos que Cristo viene mañana, ¿no diríamos hoy todas las palabras bondadosas y realizaríamos todos los actos abnegados que pudiéramos?» (White, En los lugares celestiales, p. 357).
Reflexiona hoy en el plan que Dios tiene para ti. ¿Qué indicios del plan de Dios ves en tu rutina? ¿En qué momentos sientes que Dios quiere hablarte?

















































Hoy nos enfocaremos en comprender mejor cuándo buscar a Dios para conocer su programa diario para nuestra vida. La Biblia nos deja instrucciones claras y concretas para poner en práctica.
Como un padre que despierta a sus hijos por la mañana, así el Creador hace con nosotros. El profeta Isaías dice: «Jehová el Señor me […] despertará mañana tras mañana» (Isa. 50: 4). Él quiere oír nuestra voz y quiere hablar con nosotros y enseñarnos cómo vivir para su gloria.
«Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré» (Sal. 5: 3). «Me anticipé al alba y clamé; esperé en tu palabra» (Sal. 119: 147).
¿Adónde quieres que vaya? ¿Cuál es el camino? ¿Quién es el único que puede darme la dirección correcta? «De Jehová son los pasos del hombre; ¿cómo, pues, entenderá el hombre su camino?» (Prov. 20: 24). La gran cuestión es: ¿cómo escoger el camino correcto, el camino seguro?
La Palabra nos muestra cómo escoger correctamente. «Yo amo a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan» (Prov. 8: 17).
El gran principio que tenemos que grabar en nuestro interior es que Dios tiene un programa diario para nuestra vida en su Palabra. ¿A qué hora debemos enterarnos de cuál es ese programa? Podemos decir, con seguridad: en la primera hora de cada mañana.
















La palabra profética nos muestra al Salvador durante su infancia, su juventud y su fase adulta buscando siempre en la primera hora de cada mañana la comunión con el Padre. Ese fue el secreto para una vida victoriosa y llena de poder. Nosotros también podemos tener el mismo poder.
«Él vivió, pensó y oró, no para sí mismo, sino para los demás. De las horas pasadas en comunión con Dios él volvía mañana tras mañana, para traer la luz del cielo a los hombres. Diariamente recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo. En las primeras horas del nuevo día, Dios lo despertaba de su sueño, y su alma y sus labios eran ungidos con gracia para que pudiese impartir a los demás. Sus palabras le eran dadas frescas de las cortes del cielo para que las hablase en sazón al cansado y oprimido» (White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 105).
Lee las siguientes afirmaciones y evalúa si están de acuerdo con lo que enseña la Biblia:
• Al levantarme, debo tomar un baño, cambiarme de ropa, leer los periódicos, ver la televisión y desayunar.

«En su niñez, juventud y virilidad, Jesús estudió las Escrituras. En su infancia, su madre le enseñó diariamente conocimientos obtenidos de los pergaminos de los profetas. En su juventud, a la hora de la aurora y el crepúsculo, a menudo estuvo solo en la montaña o entre los árboles del bosque, para dedicar unos momentos a la oración y al estudio de la Palabra de Dios» (White, La educación, p. 185).
• La vida que llevamos es correr y correr; ya debemos aceptar esto como lo normal. Por eso, hay que priorizar el trabajo y, si sobra tiempo, buscar a Dios.
• Como cristianos responsables que somos, primero debemos cumplir con nuestras obligaciones y después con el momento devocional diario.
¿Estás de acuerdo? ¿Por qué? Veamos qué dice la Biblia en Mateo 6: 33: «Buscad primeramente el reino de Dios». Y la palabra profética dice: «Conságrate a Dios todas las mañanas; haz de esto tu primer trabajo» (White, El camino a Cristo, pp. 69-70).
¿Por qué es tan importante buscar a Dios como lo primero que hacemos por la mañana? Hay estudios que demuestran que el primer comando que damos a la mente por la mañana, lo que entra en contacto con ella primero, es lo que determina el rumbo de nuestras prioridades.
Fuimos creados con una estructura preparada para buscar a Dios en primer lugar. Cuando eso no sucede, funcionamos mal. Muchas personas llegan al fin del día cansadas, desanimadas, tristes, amargadas… La falta de Dios en primer lugar afecta cada aspecto de nuestra vida.



Medita en tu rutina matutina. ¿Qué haces durante la primera hora del día? ¿Cómo afecta eso el resto de tu día? Recuerda buscar a Dios cada día durante estos 40 días. Que esto sea lo primero.














































Repasemos los dos principios clave que hemos estudiado hasta aquí:
1. Dios tiene un programa diario para nuestra vida.
2. Debemos conectarnos con Dios apenas nos levantamos, así como estemos.
al Salvador reciben poder para ser hijos de Dios auténticos y verdaderos. Si no proyectamos en primer lugar el poder de Dios en nuestra vida, seremos controlados por nuestra voluntad carnal.






Cada día es una oportunidad que Dios nos da para que permanezcamos salvos; diariamente necesitamos una porción del poder que viene de lo Alto. En las primeras horas de cada mañana debemos renovar la salvación en Cristo, para vivir como santos durante ese día. Ese fue el estilo de vida del Salvador cuando estuvo entre nosotros. Necesitamos, como nunca antes, seguir su ejemplo de comunión.
Sin el recibimiento diario del poder que viene de la Palabra no conseguiremos vivir un cristianismo auténtico, pues solamente aquellos que renuevan su entrega diaria
Y ¿por qué el hoy es tan importante? Dios dice: «En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido» (2 Cor. 6: 2). Ese «tiempo aceptable» es ahora. ¡Hoy es el día de salvación! Además, considera lo siguiente.
Inevitablemente, y hasta que Cristo vuelva, corremos peligro de morir en cualquier momento. No tenemos asegurado el próximo segundo de nuestra vida. Así, debemos estar aferrados a Dios todos los días, con la seguridad de su salvación y la esperanza de la vida eterna con él.
















«Debiéramos considerar que nuestra vida transcurre rápidamente, que no estamos seguros ni un momento, a menos que nuestra vida esté escondida con Cristo en Dios» (White, Mensajes selectos, t. 1, p. 222).
El fin del tiempo de gracia
Como adventistas creemos y enseñamos que nadie sabe cuándo terminará el tiempo de gracia. Pero lo importante no es cuándo será, sino qué estamos haciendo hoy para permanecer en la gracia del Señor. Así, debemos encarar cada día como el más solemne y sagrado.
La palabra profética dice: «Dios no nos ha revelado el tiempo cuando terminará este mensaje o cuando el tiempo de gracia llegará a su fin. Aceptemos las cosas reveladas para nosotros y para nuestros hijos, pero no procuremos saber lo que ha sido mantenido secreto en los concilios del Todopoderoso» (White, Mensajes selectos, t. 1, p. 224).


El regreso de Jesús
Jesús nos prometió: «Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis» (Juan 14: 3). «¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apoc. 22: 12).
No dijo cuándo vendría: «Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre» (Mateo 24: 36). «Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor» (Mat. 24: 42).
¿Estás velando y orando? Hagamos de esto nuestra prioridad cada mañana. Durante estos 40 días tenemos el desafío de desarrollar o reforzar este hábito y darle a Dios el primer lugar de nuestros días.
«La verdad de Dios recibida en el corazón puede haceros sabios para salvación. Al creerla y obedecerla, recibiréis gracia suficiente para los deberes y las pruebas de hoy. No necesitáis la gracia para mañana. Debéis comprender que habéis de tratar tan sólo con el día de hoy. Venced hoy; negaos a vosotros mismos hoy; velad y orad hoy. Obtened victorias en Dios hoy. Nuestras circunstancias y el ambiente que nos rodea, los cambios que se realizan diariamente alrededor nuestro y la Palabra escrita de Dios que discierne y prueba todas las cosas, éstas son cosas suficientes para enseñarnos nuestro deber, y precisamente lo que debemos hacer día por día» (White, Testimonios para la Iglesia, t. 3, p. 365).
Medita en las tres razones que mencionamos hoy sobre por qué el hoy es tan importante. ¿Cuál de ellas te moviliza más? ¿Cómo puedes ser más consciente de lo importante que es cada día? Escribe dos ideas.




















































Cuando vivió en la Tierra, Jesús buscó intensamente el poder del Padre en su vida de comunión. Venció como el segundo Adán para mostrar que no hay disculpa para el pecado, para desconfiar de él, para vivir lejos del Padre.
Y el maravilloso poder que él adquirió está también a nuestro alcance. Ya que el camino está abierto para todos, todos podemos examinar la Palabra. Solo debemos darle prioridad. Veamos dos ámbitos en los que Dios quiere darnos poder cuando dedicamos tiempo al estudio de su Palabra.
Poder para satisfacer las necesidades del alma

mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, Jehová, Dios de los ejércitos» (Jer. 15: 16).









Solamente la Palabra de Dios puede satisfacer las necesidades esenciales del alma. La búsqueda diligente de devoción personal debería ser la cosa más natural, habitual y prioritaria. Vivir con hambre y sed de la Palabra debería ser el estilo de vida de la persona salva por la gracia mediante la fe.
Comer y beber son acciones esenciales para nuestra salud física. ¡Y cómo luchamos en busca de la satisfacción de esas necesidades materiales! ¿Por qué nos cuesta tanto, entonces, luchar también para tener el pan que subsiste siempre? Nuestro desafío en estos días es aprender a vivir cada día apasionados por Cristo y su Palabra, ya que cuando amamos, no medimos sacrificios para agradar a esa persona.
Analicemos el siguiente texto bíblico: «Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tu palabra me fue por gozo y por alegría de
Comienza diciendo «fueron halladas tus palabras». Para hallar algo necesitamos buscar. Cuando nos levantamos por la mañana, la Palabra no nos va a buscar, sino que nosotros debemos buscarla. Continúa diciendo «y yo las comí». No basta con saber que la Palabra es importante. Tiene que entrar en nuestra mente, e integrarse en nuestra vida para recibir la vida y la energía del poder de Dios. Finalmente, encontramos una promesa: «Tu palabra me fue por gozo y por alegría». Quien prioriza buscar a Dios por la mañana tendrá paz y alegría a lo largo del día.

El pecado nos acecha continuamente. Nos separa de Dios y hace que el alma se paralice. Produce indiferencia e incredulidad hacia las enseñanzas de la Biblia. Nos quita discernimiento y sentido común. Y finalmente nos lleva a la muerte eterna. ¿Qué podemos hacer, entonces, para luchar contra el pecado?
La Biblia nos explica: «¿Con qué limpiará el joven su camino? ¡Con guardar tu palabra!» (Sal. 119: 9). «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti» (Sal. 119: 11).
A medida que nos acercamos al fin del tiempo, los ataques serán cada vez más frecuentes e intensos. Todos seremos sacudi-




dos. Pero podremos permanecer firmes si estamos familiarizados con Cristo y su Palabra. Si llenamos nuestra mente con las promesas de la Biblia y estamos conectados con Dios, venceremos, así como Jesús venció. Jesús nos envió al Espíritu Santo para confirmar la victoria y darnos el mismo poder que él tuvo. Pero debemos priorizar lo que él priorizó.
«La primera tarea de todos los cristianos consiste en escudriñar las Escrituras con ferviente oración, para que tengan esa fe que obra por amor y purifica el alma de cualquier rasgo de egoísmo. Si se recibe la verdad en el corazón, obra como buena levadura hasta que toda facultad queda sometida a la voluntad de Dios. Entonces no podréis dejar de brillar, como tampoco lo puede el sol» (White, A fin de conocerle, p. 325).
Reflexiona de manera personal, o conversa en un grupo pequeño para responder a la siguiente pregunta de la manera más práctica posible: ¿Es suficiente estar en la presencia de Dios durante 5 o 10 minutos para vivir con poder durante 24 horas?































que han descuidado la purificación de sus almas mediante la obediencia a la verdad, son encontrados dormidos.
«El fin del tiempo de gracia vendrá repentina e inesperadamente, cuando menos se lo espere; pero podemos hoy tener un registro limpio en el cielo, y saber que Dios nos acepta».
¿Qué sucederá en el mundo cuando termine el tiempo de gracia?

«Los justos y los impíos continuarán viviendo en la tierra en su estado mortal, los hombres seguirán plantando y edificando, comiendo y bebiendo, inconscientes todos ellos de que la decisión final e irrevocable ha sido pronunciada en el santuario celestial».
«El trigo y la cizaña crecen “juntamente […] hasta la siega”. En el cumplimiento de los deberes de la vida, los justos serán puestos en contacto con los impíos hasta el mismo fin. Los hijos de la luz están esparcidos entre los hijos de las tinieblas para que todos puedan ver el contraste».

«Tenemos que aprovechar al máximo nuestras oportunidades presentes. No se nos dará otro tiempo de gracia en el cual prepararnos para el cielo. Esta es nuestra única y última oportunidad para formar caracteres que nos harán idóneos para el futuro hogar que el Señor ha preparado para todos los que son obedientes a sus mandamientos» (White, Eventos de los últimos días, p. 200).
Lee todo el capítulo 16 del libro Eventos de los últimos días, de Elena G. White. Encontrarás muchas respuestas más sobre este tema. Mientras lees, resalta o escribe en un cuaderno las frases que más te hacen reflexionar.















































El contexto profético en el que vivimos y anunciamos el mensaje pide un reavivamiento y una reforma que sean más que palabras. Involucra teoría y práctica en la proporción de la revelación del conocimiento de la voluntad de Dios a cada día.
En la Biblia encontramos un texto clave para comprender el principio bíblico del reavivamiento y la reforma. Romanos 12: 2 dice: «No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».
de sumisión, que lleva al creyente a tener hambre y sed de Dios. Este proceso se lleva a cabo por medio del estudio de la Biblia, de la oración y de la meditación, que resulta en santificación y uso de los dones para la expansión del reino de Dios.
El reavivamiento acontece cuando la Palabra entra en el corazón, y expulsa el pecado, y prepara el corazón para una vida de santidad en ese día. La reforma es la exteriorización, en la vida práctica, de ese poder vivificante y santificador en todos los aspectos de la vida. Es tener en el rostro el brillo y la imagen de Jesús. El reavivamiento y la reforma tienen un carácter diferente, pero terminan convergiendo para el objetivo final.









Antes de la conversión, el hombre natural se guía por la mente carnal (Col. 2: 18), dominada por los impulsos pecaminosos. Después de la conversión, la persona pasa a tener la mente de Cristo (1 Cor. 2: 13-16) que es guiada e influenciada diariamente por el Espíritu Santo, por medio de la Palabra de Dios.
El gran desafío después de la conversión es continuar en el proceso de transformación y renovación de cada día, para que la mente carnal no prevalezca.
El reavivamiento y la reforma forman un proceso continuo, de búsqueda, de entrega,
El fin del reavivamiento y de la reforma debe ser el de llevar a la iglesia a reproducir el estilo de vida de Cristo, producir el fruto del Espíritu en la vida (Gál. 5: 22-24) y hacer discípulos, cumpliendo, de esta manera, la gran comisión. Todo reavivamiento y reforma que no tiene en cuenta la seriedad de estar preparado cada día para el encuentro con Cristo necesita serios ajustes. Estar en la presencia de Cristo desde la primera hasta la última hora de cada día es el gran objetivo que todos buscamos.
«Deben realizarse un reavivamiento y una reforma bajo la ministración del Espíritu Santo. Reavivamiento y reforma son dos cosas diferentes. Reavivamiento significa una renovación de la vida espiritual, una vivificación de las facultades de la mente y del corazón, una resurrección de la muerte espiritual. Reforma significa una reorganización, un cambio en las ideas y teorías, hábitos y prácticas. La reforma no producirá los buenos frutos de justicia a menos que esté relacionada con el reavivamiento del Espíritu. El reavivamiento y la reforma han de efectuar su obra asignada y deben entremezclarse al hacer esta obra» (White, Mensajes selectos, t. 1, p. 149).
Medita en la siguiente frase: «Todos los que son verdaderamente reavivados y reformados tienen un compromiso permanente con la adoración y la misión». ¿Estás de acuerdo? ¿Refleja tu vida esta realidad? Planifica hoy un momento especial de adoración a Dios.



























