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Queridas Rosellas:
En esta edición, la Dra. R aquel nos recuerda que sí es posible llegar a puestos direc tivos sin dejar de lado la familia, el hogar y el propósito personal. Su historia inspira a mujeres que buscan crecer profesionalmente mientras construyen una vida con equilibrio, amor y
A través de su trayec toria, demuestra que la sensibilidad, la disciplina y la empatía también forman grandes líderes Una mujer que ha sabido transformar cada reto en una opor tunidad para crecer y ser vir a los demás
Porque el verdadero éxito también se mide en la manera en la que sostenemos nuestros sueños y a quienes amamos.
0 º E D I C I Ó N Noventa

DIRECCIÓN GENERAL CLAUDIA BRIBIESCA
DIRECCIÓN OPERATIVA SOFIA ONTIVEROS
DISEÑO PAOLA SOTO WEB GRUPO INBEST COMUNICACIÓN
COMMUNITY MANAGER CARLA HERNÁNDEZ
PROJECT MANAGER GALILEA VILLALÓN
PORTADA DRA. RAQUEL OCAMPO HOSPITAL ANGELES CENTRO SUR









IGRI D

No escogemos pareja por casualidad. La escogemos desde una necesidad inconsciente. Buscamos a alguien que venga a llenar un vacío, a cubrir una polaridad que no hemos integrado, a darnos eso que creemos que nos falta. Y lo llamamos amor verdadero.
Al principio todo encaja. Creemos que ahora sí vamos a ser felices. Hasta que algo cambia, se rompe, se enfría o nos decepciona. Y entonces no entendemos qué pasó.
Cuando eliges pareja desde la carencia, el resultado casi siempre es frustración. Eso que tanto te atrajo al inicio —su fuerza, su libertad, su seguridad o su carácter— con el tiempo empieza a incomodarte, porque representa justo lo que tu ego no se permite ser Entonces comienzas a dudar, a compararte y a proyectar inseguridades que nacen de heridas mucho más antiguas.
A eso se le suman las creencias inconscientes que heredaste de tu familia: cómo “debería” amar alguien, cómo “debería” comportarse una pareja y qué es correcto o incorrecto dentro de una relación. Sin darte cuenta, empiezas a juzgar, criticar y malinterpretar palabras y acciones.
Cuando todo lo tomas personal, aparece el resentimiento. Y ese resentimiento se convierte en reclamo, control, evasión o en la dolorosa creencia de que “ser yo en esta relación es imposible”
Muchas veces, las personas que más permiten lo imperdonable no son las más amorosas, sino las que más se abandonan a sí mismas.
La relación no se define solamente por lo que sucede, sino por cómo reaccionas a lo que tu mente juzga. Te llenas de expectativas, de “deberías” y de exigencias silenciosas, hasta que un día descubres algo incómodo pero revelador: eso que más te duele y molesta del otro suele ser el área de tu alma que necesita ser trabajada.
Juzgamos tanto porque seguimos siendo niños carentes disfrazados de adultos fuertes. Y al final del día, detrás del enojo y del orgullo, no queremos tener la razón; solo queremos sentirnos amados, escuchados, protegidos y cuidados.
Salir del papel de víctima y comprender que tu pareja no es el demonio ni la bruja del infierno es un acto de conciencia. Es atreverte a mirar más allá de lo que hoy te paraliza y entender que, aunque no puedas explicarlo, esa relación también llegó para enseñarte algo de ti.
Amar en libertad no es un cuento de hadas. Implica dejar de juzgar, aprender a comunicar, aceptar, poner límites y responsabilizarte de tus emociones. También implica liberar al otro de expectativas y responsabilidades que nunca supo que tenía.
Hacer responsable a tu pareja de tu bienestar emocional, físico, económico o mental crea cadenas muy pesadas que tarde o temprano terminan aplastando la relación. En cambio, dormir junto a la persona que amas desde la libertad y no desde la necesidad puede ayudarte a convertirte en una mejor versión de ti mismo. No por pertenencia, sino porque juntos —y muchas veces gracias al conflicto— regresaste a casa: a ti.
Los grandes maestros no llegan en envolturas fáciles. A veces el amor más profundo también es el que más confronta al ego. Y quizá por eso hay relaciones de las que el alma no quiere huir, incluso cuando el camino duele.
Si hoy puedes mirar a tu pareja desde la gratitud y no desde el miedo a perder, entonces entenderás algo importante: el amor verdadero no llega para completarte, sino para ayudarte a reencontrarte contigo mismo.
Sigrid Dong @yiyadong


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Quizás sea la única, pero cada vez que mi esposo me hablaba de las ventajas de meditar, solo pensaba: eso no es para mí. Imaginarme en posición de flor de loto que
me generaba más ansiedad que calma.
estresada o llevaba días dándole vueltas a un problema sin resolverlo, agarraba los tenis, los audífonos y salía a correr 5 km. El primer kilómetro siempre me costaba — ¿por qué estoy aquí a las 6 am si podría estar dormida? — pero después del tercero pasaba algo: la cabeza dejaba de estar saturada, llegaba el momento eureka, y con él la solución que llevaba días buscando.
Fue entonces cuando me di cuenta de que había estado
que me habían dicho que debía ser
Cuando hice consciencia de eso, reflexioné en algo que creo que nos pasa a muchas: normalizamos ser lo que las redes, la familia o la cultura nos presentan como "la forma correcta" y en ese proceso nos desconectamos de lo que genuinamente nos funciona a nosotras.
¿Realmente nos conocemos de forma consciente? ¿O
porque alguien nos dijo que así somos, y nunca nos


Con los años vamos cargando hábitos, personas, pensamientos algunos elegidos, muchos simplemente heredados. Y el problema no es el peso en sí: es que cuando cargamos cosas que no saber exactamente por qué.
Eso me llevó a lo que yo llamo el mapa de energía: saber con claridad qué te recarga y qué te drena.
Ver hacia adentro puede dar miedo. Porque no solo encuentras tus talentos también encuentras tus sombras. Abrazar ambas cosas no encontramos caos, encontramos información. esperando ser elegida.
Te dejo tres preguntas que fueron clave en el diseño de mi metodología. responderlas todas hoy. Con una es suficiente:
¿Qué etiquetas cargo que ya no aplican a la mujer que soy hoy?
¿Qué pensamientos o personas me quitan energía en mi vida?
¿Qué actividad me da un boost de energía genuino — aunque no se parezca a lo que "debería" ser?
Diana Buenrostro es creadora de la metodología “Rüta”. Acompaña a mujeres profesionales a trazar decisiones diarias las lleven en la dirección correcta.

Síguela en @dianbr y en Substack como @dianbmethod.



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Casandra Trejo @turnalina_bycasandra

En muchos sentidos, el crecimiento suele venir disfrazado de acumulación. Más responsabilidades. Más pendientes. Más decisiones. Más ruido. Más disponibilidad. Como si expandirnos implicara aprender a sostener cada vez más peso.
Pero llega un punto en el que querer una nueva vida también exige cambiar la estructura que la sostiene. Y ahí aparece una verdad incómoda: no podemos seguir viviendo desde los mismos hábitos, ritmos y dinámicas mientras esperamos convertirnos en alguien distinto.
Seguimos respondiendo igual. Sosteniendo lo mismo. Disponibles para todo. Midiendo nuestro valor desde qué tanto hacemos, resolvemos o cargamos. Como si cambiar por dentro fuera suficiente, sin cambiar nada alrededor
Y a veces el agotamiento no viene de la falta de capacidad, sino de seguir sosteniendo versiones de vida que ya no conectan con quienes somos ahora.
Últimamente he entendido algo distinto: hay etapas donde crecer no se trata de expandir todo lo que hacemos, sino de cuestionar todo lo que seguimos sosteniendo por costumbre. Porque muchas veces seguimos operando desde versiones antiguas de nosotras mismas. Desde la urgencia. Desde el miedo a soltar el control. Desde la idea de que descansar o pedir ayuda significa perder mérito.
Y aunque por fuera seguimos funcionando, por dentro algo empieza a sentirse insostenible.


Hace unas semanas descubrí la ley de Pareto. Y aunque muchas veces se habla de ella desde los negocios o la productividad, hubo algo en esa idea que resonó conmigo de una manera mucho más personal.
La teoría dice que, en muchos casos, el 20% de nuestras acciones genera el 80% de nuestros resultados. Y lo que más me hizo reflexionar fue pensar en cuánta energía termina dispersándose en cosas que realmente no sostienen lo importante.
Porque quizá una parte de madurar también consiste en aprender a distinguir entre lo importante y lo urgente. Entre lo que realmente construye nuestra vida y lo que solo nos mantiene ocupadas.
Tal vez no todo merece la misma cantidad de energía. No todas las tareas. No todas las preocupaciones. No todas las exigencias.
Y quizá crecer también implica aceptar eso. Aceptar que no todo necesita pasar por nosotras. Que hacerlo todo no necesariamente significa avanzar.
Porque llega un punto donde seguir haciéndolo todo deja de ser una virtud y empieza a convertirse en una limitación.

El siguiente nivel de nuestra vida no siempre necesita más esfuerzo. A veces necesita más espacio.
Espacio para pensar Para crear Para delegar Para simplificar. Para elegir mejor dónde poner nuestra energía. Tal vez evolucionar no es convertirnos en alguien completamente distinta. Tal vez es aprender a construir una vida que pueda sostenernos mejor Una vida donde no todo dependa de nuestra capacidad de cargarlo todo.
Porque hay momentos donde crecer deja de sentirse como inspiración… y empieza a sentirse como reestructura.



Pro yec ta tu grandeza trabajando en una que p ro yec te p ro f esio nalismo . Oficina
Al c o ntratar este mes o btienes:

S e r v i c i o d e
R e c e p c i ó n

A c c e s o a S a l a s d e J u n t a s

U b i c a c i o n e s E s t r e t é g i c a s
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Dra. Ana Patricia Smith Bateon Médica | Otorrinolaringóloga Formación en suplementación, medicina funcional y biorregulación

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La Dra. Raquel Ocampo no habla como alguien que busca impresionar Habla como una mujer que ha trabajado toda su vida. Mientras recuerda su historia, menciona hospitales, decisiones difíciles, madrugadas, familia, cambios de ciudad y años completos de disciplina con la misma naturalidad con la que alguien habla de su rutina diaria.
Y quizá ahí está precisamente lo que más llama la atención de ella.
Una vida construida con disciplina, familia y vocación Directora

Nada en su historia parece construido para aparentar. Todo se siente vivido.
Originaria de la Ciudad de México, estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México y después
de México. Desde joven tenía claro que quería dedicarse a la medicina. Lo que nunca imaginó era terminar dirigiendo algunos de los hospitales más importantes del país.
Y antes de eso, fue hija mayor, hermana, estudiante, esposa y mamá.
Durante muchos años combinó guardias, responsabilidades hospitalarias y la crianza de sus hijas.
Se levantaba de madrugada para arreglarse antes de salir de casa, llevaba a las niñas al colegio, cumplía jornadas largas de trabajo y por las noches seguía pendiente de tareas, comidas y pendientes familiares.
“Nunca dejé de ser mamá”, cuenta.
la vida y simplemente había que sacarla adelante.



Con el tiempo, la administración hospitalaria apareció en su camino. Descubrió que también desde ahí podía transformar vidas. Primero llegó al Hospital Angeles Pedregal y después asumió puestos cada vez más importantes hasta convertirse en directora general. Permaneció veinte años liderando uno de los hospitales más reconocidos del país antes de aceptar un nuevo reto en Querétaro: encabezar Hospital Angeles Centro Sur.
Mudarse no fue sencillo. Toda su vida estaba en Ciudad de México: su familia, sus hijas, sus recuerdos,
también dejó atrás años de trabajo y juntos apostaron por una nueva etapa.
Salvador siempre ha sido pilar y soporte en las decisiones de vida y familia. Después de cuarenta años de matrimonio, la Dra. Ocampo sigue hablando de él
de su vida han construido una relación basada en acuerdos, comunicación y apoyo mutuo, algo que ella reconoce como fundamental en cada etapa de su crecimiento personal y profesional.
Raquel e Isadora, sus hijas, además del amor de madre e hijas, comparten una profunda amistad y una complicidad que se ha fortalecido con los años. Para la doctora, haber construido una familia cercana mientras desarrollaba una carrera tan demandante es uno de los logros más importantes de su vida.
A lo largo de su carrera también tuvo que abrirse paso en espacios donde, hace dos décadas, todavía era poco común ver a una mujer dirigiendo hospitales. Ganarse ese lugar implicó carácter, resultados y mucha constancia.

Hoy, bajo su dirección, Hospital Angeles Centro Sur se ha convertido en uno de los hospitales más importantes y modernos de la región. Tecnología avanzada, quirófanos inteligentes, cirugía robótica y un directorio médico sólido forman parte del proyecto que ha encabezado desde su llegada.



sin algo mucho más importante: El trato humano.
Habla constantemente de compromiso,



“ La honestidad, asegura, es el valor que nunca negociaría.
ran parte de su vida ha girado alrededor de y medicina, basta escucharla hablar de sus etos para descubrir otra versión
orma. Que juega, brinca, consiente y vuelve a on una parte mucho más ligera de la vida.
uizá por eso resulta tan fácil conectar on su historia.
habla desde la perfección ni desde el motivacional. Habla desde la experiencia real mujer que aprendió a sostener muchas cosas al mismo tiempo sin dejar de ser ella misma.
Raquel Ocampo pertenece a esa ación de mujeres que trabajó silenciosamente durante años para abrir Mujeres que no necesitaban repetir an fuertes porque lo demostraban todos los días con hechos.
al final, es lo que verdaderamente e.





de sentido, y que hace diariamente. Un punto medio entre la exigencia y el bienestar
Más allá de etiquetas, lo que revela esta tendencia es una transformación más profunda: la manera en que las nuevas generaciones están redefiniendo el éxito. Ya no se mide únicamente en productividad o ingresos, sino también en calidad de vida, salud mental y tiempo disponible.
Quizá la pregunta de fondo no sea cuánto se trabaja, sino desde dónde se hace. Y en esa respuesta, cada vez más personas parecen coincidir: el futuro del trabajo no necesariamente será más duro, pero sí más consciente.
Nos vemos en la siguiente edición Sofía Ontiveros @lunadesalem














Crecer profesionalmente es entender que tu valor no lo define un título, sino la disciplina de mejorar 1% cada día. Es saber que el fracaso no es lo contrario al éxito; es parte del proceso. Es convertir la experiencia en sabiduría y la sabiduría en servicio.



Hay personas que no anuncian su grandeza, la demuestran. No buscan aplausos, pero dejan huella en cada paso. No hablan de resiliencia en redes, la practican cada día cuando la vida aprieta y, aun así, deciden seguir. Su fortaleza no está en no caerse, sino en cómo se levantan, se sacuden el polvo y vuelven a intentar con más ganas.
El valor tampoco es ausencia de miedo. Es decidir todos los días, incluso con el corazón temblando, que tus sueños valen más que tus excusas. Es decir “sí” a oportunidades que asustan y “no” a todo lo que te hace pequeña. Valor es renunciar a la comodidad de lo conocido para construir la versión de ti que aún no existe.
Cuando la resiliencia y el valor se juntan, nace algo poderoso: el crecimiento.
Y ese crecimiento tiene dos caras que se alimentan mutuamente.
CRECiMiENTO PROFESiONAL:
CONSTRUiR SiN PERMiSO
Crecer profesionalmente es atreverse a ocupar espacios que antes parecían ajenos. Es estudiar de noche después de un día interminable. Es aprender una habilidad nueva a los 40, 50 o 60, porque entendiste que nunca es tarde para reinventarte. Es negociar por ti, cobrar lo justo y no pedir disculpas por ambicionar más.
El camino profesional de una persona resiliente está lleno de “no” convertidos en “después te busco” De puertas cerradas que la obligaron a construir su propia entrada. De jefes que subestimaron, clientes que dudaron y cifras que al principio no cuadraban. Pero también está lleno de madrugadas productivas, de cursos terminados con café frío, de la primera vez que alguien dijo “confío en ti” y no te tembló la voz al aceptar el reto.
CRECiMiENTO PERSONAL: SANAR PARA AVANZAR
El crecimiento personal es más silencioso, pero igual de bravo. Es aprender a poner límites sin culpa. Es perdonar lo que dolió para no cargar piedras ajenas. Es mirarte al espejo y reconocer a la mujer que fuiste, agradecerle y soltarla para darle paso a la que vienes siendo.
Crecer personalmente es entender que cuidarte no es egoísmo, es estrategia. Dormir, decir que no, pedir ayuda, ir a terapia, caminar, rezar, bailar en la cocina… todo eso también es productividad, porque una mente en paz rinde más que una mente exhausta.
Es también criar mientras te crías a ti misma. Enseñar con el ejemplo que caerse no es fracasar y que llorar no te hace débil. Es mostrar que se puede ser tierna y firme a la vez. Que se puede sostener a otros sin dejar de sostenerte a ti.
La resiliencia personal se mide en esas noches donde todo se ve oscuro y, aun así, decides que mañana lo intentarás otra vez. Se mide en la capacidad de volver a creer, de volver a empezar, de volver a soñar, aunque ya te hayan roto uno que otro sueño.
SE ENCUENTRAN
Una mujer que crece en lo personal inevitablemente impacta lo profesional. Porque llega a las juntas sin cargar guerras internas. Porque negocia desde la dignidad, no desde la necesidad. Porque lidera con empatía, corrige sin humillar y celebra sin envidia.
Y una mujer que crece en lo profesional sana en lo personal. Porque la independencia económica da paz. Porque cumplir metas recuerda que sí puedes. Porque el reconocimiento externo, cuando nace del esfuerzo real, repara autoestimas viejas.
Al final, resiliencia y valor no son conceptos de libros de superación. Son desayunos hechos con prisa, tareas revisadas a medianoche, abrazos que curan y palabras que impulsan. Son decisiones chiquitas tomadas con un coraje gigante.
Si llegaste hasta aquí buscando la definición perfecta de resiliencia, valor y crecimiento, te la voy a dar: se llama mamá.
Sí, estoy hablando de mi mamá. La que me enseñó que rendirse no es una opción cuando hay alguien mirándote para aprender a vivir. La que convirtió cada obstáculo en escalón y cada lágrima en motivo. La que creció personal y profesionalmente sin manual, sin red, pero con una fe inquebrantable en que sus hijas merecían verla luchar por sus sueños.
Ella es la prueba de que el valor no hace ruido y la resiliencia sí deja huella. Gracias, mamá, por ser el artículo vivo que siempre quiero releer (También hablo de tu mamá… o de ti, que eres mamá).



Belleza que enamora, maquillaje que perdura
Makeup Artist Bridal Expert




















Hay momentos en una boda que pasan rápido… pero se quedan para siempre.
La salida de los novios es uno de ellos.
No importa cuántas bodas hayas visto o cuántas historias hayas escuchado, hay algo en ese instante que siempre se siente distinto. Tal vez es la mezcla de nervios, felicidad, alivio… o simplemente la certeza de que algo nuevo está comenzando. Porque sí, la ceremonia une, pero la salida libera.
Es ese momento donde todo cambia de ritmo. Donde las sonrisas ya no se contienen, donde los abrazos se vuelven más sinceros y donde los invitados dejan de mirar… para formar parte. Y eso es justo lo que hace la diferencia.
Hoy, las bodas más memorables no son las más perfectas, sino las que se sienten.
Las que logran que cada persona presente conecte, aunque sea por unos segundos, con lo que está pasando. Y ahí es donde entran los detalles que parecen pequeños, pero no lo son: un sonido, una luz, una acción compartida. He visto salidas con pétalos que vuelan como si el tiempo se detuviera. Otras con bengalas que iluminan la noche y crean una atmósfera casi cinematográfica. Pero hay algo especialmente poderoso en aquello que involucra a todos… como cuando cada invitado sostiene algo en las manos y, sin darse cuenta, se convierte en parte del momento.
Un sonido colectivo.
Un ritmo espontáneo.
Una energía que no se ensaya, pero se siente. Y entonces pasa: los novios caminan, se miran, se ríen… y todo alrededor vibra con ellos.
Ya no es solo su momento. Es de todos.
Tal vez por eso, cuando alguien recuerda una boda, no siempre habla del vestido o del menú. Habla de “ ese momento”… ese en el que se le hizo un nudo en la garganta o en el que sintió una alegría difícil de explicar
Si estás planeando tu boda, no pienses en la salida como el final.
Piénsala como el primer recuerdo que van a construir juntos… frente a todos.
Porque al final, las bodas no se tratan de lo que se ve. Se tratan de lo que se queda.


Dicen at solamente alrededor miedo incluso en los momentos más difíciles.
H diagnóstico cáncer qu L este gene habla des familias ente
Su emotiva sobr cáncer acompañamiento.
Con compartió tenía de escuchar a su cuerpo y acudir a una r
Ese día su vida cambió por completo. “Me estaba bie
A incertidumbre, vivir pa Du representa acompañada. de su familia y de los médicos que, dijo, “Dios puso en su camin Uno cambiar una enfermedad.
“No est


Sus palabras hicieron eco entre los asistentes, especialmente cuando presentó una iniciativa solidaria a través de mascadas diseñadas para mujeres en tratamiento oncológico. Cada una acompañada de un mensaje pensado para recordarle a otra mujer que no está sola.
La mañana también estuvo marcada por el testimonio de Vanessa Garfias, sobreviviente de cáncer de ovario, quien habló públicamente por primera vez sobre la enfermedad que enfrentó a los 24 años.
“Escuchar a Lore me dio el impulso para compartir mi historia”, confesó emocionada.
Vanessa recordó las cirugías, las quimioterapias y el miedo constante que aparece después de un diagnóstico. Pero también habló sobre la importancia de visibilizar estos temas y romper el silencio alrededor de la salud femenina.
Especialistas presentes durante el desayuno compartieron información importante sobre el cáncer de ovario, una enfermedad que continúa detectándose en etapas avanzadas debido a la ausencia de síntomas claros en sus primeras fases. Las cifras son alarmantes y reflejan la necesidad urgente de crear conciencia y fomentar revisiones médicas oportunas.
Sin embargo, más allá de la información médica, esta mañana dejó algo todavía más importante: humanidad.
Porque vivir más allá del cáncer no significa ignorar el dolor. Significa aprender a caminar con él sin perder la esperanza. Significa entender que incluso en medio de la fragilidad también existe fuerza.
Y, sobre todo, significa recordar que nadie debería atravesar una batalla así en soledad.







TIEMPO DE PREPARACIÓN
1 HR
500 g de frijol gordo
1 cebolla blanca
2 dientes de ajo
2 tornachiles o chiles secos suaves
2 jitomates asados
1 rama de epazote
Sal al gusto
Aguacate y rábanos para acompañar

1. Lava perfectamente los frijoles y déjalos reposar durante una noche.
2. Cocina los frijoles en una olla con agua, ajo y un trozo de cebolla hasta que estén suaves y cremosos.
3. Asa los jitomates y los tornachiles hasta que desprendan su aroma. Licúa con un poco del caldo de cocción.

agrega la salsa anterior. Cocina por algunos minutos.
5. Incorpora los frijoles junto con parte del caldo y
6. Cocina a fuego lento hasta lograr una textura espesa y reconfortante.
7. Sirve calientes acompañados de aguacate, rábanos y tortillas recién hechas
¡Inspirada en la serie Como agua para chocolate!
