



![]()




Pedro López es un pintor de 32 años que se dedica a la pintura figurativa, un estilo que rechaza el abstractismo pero que tampoco caeenunrealismoperfecto.
“Las cosas inacabadas, las cosas más imperfectas, también tienen valor”
Susprimerosacercamientosalarte comenzaron como quien siente un llamado pero no sabe a dónde dirigirse. “Desde chico me han gustado todas las artes, la literatura, la música y todo eso (...) Peronuncafuequemedijeranmira esto o haz estoˮ, recuerda. Y es que ese interés, a diferencia de muchos artistas, no eran herencia nieraalgoqueestabaenlasangre. Eraalgomuchomáspersonal.
El momento en que comenzó a pintar con mayor serie después de terminar cuando recibió un set acrílicasderegalo.







A partir de ahí empezó a investigar por su cuenta sobre mezclas de color,pinceladasymateriales.Ycon el tiempo comenzaron a aparecer los óleos, técnica que se ha convertido en la base de su trabajo actual. “Todo fue por mi parte. (...) Averiguaba lo más que podía usando las mismas herramientas queyateníaˮ,explica.
Cuando intenta describir su estilo, López habla de una tensión dentro desusobras.Porunlado,reconoce la influencia del barroco europeo, y por otro, declara su obsesión por la estéticajaponesadelwabisabi,esa que encuentra belleza en lo imperfecto y que valora las huellas delpasodeltiempo.
Entre sus referentes, menciona a pintores como Rembrandt, de quien le interesa especialmente la textura de su pincelada, siendo una influencia muy importante en su formadetrabajar.
Al mismo tiempo, se siente atraído por aquellas imágenes donde el desgaste se vuelve visible y dejan de ser imperfecciones que deben sercorregidas.

Saber detenerse
Pedro no es mezquino en cuanto al tiempo que dedica a una pintura. Siempre realiza múltiples bocetos para explorar composiciones, organizar ideas y soñar con el resultadofinal.“Hagocomoveinteo treintabocetosˮ,explica.
Duranteeseprocesotambiénrevisa imágenes en internet y observa los objetos reales que tiene a su alrededorparaestudiarlastexturas. Pinta entre cuatro y ocho horas al día. “Lo que más trato de hacer es no perder el tiempo. Todos los días hagoalgoˮ,dice.

Aunque con el tiempo aprendió que una pintura no siempre necesita trabajarse hasta el último detalle. “Las cosas inacabadas, las cosas más imperfectas, también tienen valorˮ,explica.
Ahora se detiene antes de que la obrapierdafrescura.Elmomentode terminar una obra suele llegar más deformaintuitivaqueporfórmula.
“Es como crudo (...) Pero digo: ya, no la voy a pintar másˮ, explica. Entonces firma el cuadro y lo deja tal como está, aceptando las imperfeccionesquehayanquedado. Lo que va muy de la mano con su fascinación por la estética wabi sabi.
Aunque López, quien vive en Buin, suele hablar de su arte con modestia, vivió un hito del que pocos artistas nacionales pueden hablar:suspinturassehanexpuesto enlaciudaddeFlorencia,Italia,tras resultar destacada en una convocatoria organizada por el colectivoEntreelPincelylaMúsica.
Más allá del gesto puntual de que una obra viaje y se cuelgue en una galería extranjera, para un pintor autodidacta como Pedro, esto significó una validación que abrió puertas. Ver su trabajo fuera del taller y en una ciudad con tanta historia artística, confirmó que su obra podía encontrar eco más allá delcírculolocalylehizoverquesu obrasídestacaysíconecta.
Además, la experiencia se repitió al año siguiente, lo que añadió consistencia al logro, pues no fue una casualidad, sino el inicio de una presenciainternacional.
Pedro no siempre fue pintor y tampoco quiso serlo. Estudió ingeniería y anhela ejercerla. Pero también admite que mientras la universidad le provocaba episodios de bipolaridad, la pintura fue ese refugioqueloacompañómientrasse estabilizabaparaterminarlacarrera.
Hoyveelartecomoeselugaralque puede recurrir cuando todo tambalea, y aunque a veces subestimasutrabajo:“Nomecreoel tremendo pintor ni nada. Pero creo que hago cosas decentesˮ, dice. Sabe, en su interior, que el llamado que sintió cuando pequeño sigue latente: “Es como el destinoˮ, menciona.


