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A tod@s l@s lectores / ras y personas que hacen trimestre a trimestre posible la elaboración y publicación de nuestro periódico escolar, damos las gracias y a quienes quieran ayudar aportando ideas u opiniones , un gran saludo. Hace muy poco que hemos terminado la segunda evaluación y con ella llega otra nueva edición del periódico. Desde aquí os invitamos a recordar estas sabias palabras de D.Pascual Chavez que decían: La Educación cuando sirve a la vida, Cuando forma a los ciudadanos del mañana, Cuando introduce a l@s hij@s en la sociedad, “ La Familia “ juega una función esencial: Es patrimonio común de la humanidad. A.M.P.A. Arabuleila


Niños de hoy: ¿mimados o abandonados? El cariño, la atención, la dedicación, y ¿por qué no?, el control, son certezas que los niños necesitan sentir de parte de sus padres. No queramos suplir, dándoles cosas (caprichos), lo que ellos más ansían obtener de nosotros: nuestro tiempo. No pasa nada por vigilar de cerca de los hijos adolescentes (como siempre hicieron con nosotros nuestros padres). Tampoco debe darnos miedo poner límites desde pequeños, enseñarles que hay cosas que no pueden hacer o exigir, porque eso entraría en confrontación con los derechos de los demás. Los niños aprenden lo que viven. Eso lo sabemos todos. Si el ambiente en el que crecen es cálido, amable, sin gritos ni crispación, donde los gestos son amables y la sonrisa y la palabra “gracias” son lo habitual, podemos estar seguros de que estaremos educando futuros adultos acogedores y cariñosos. No perdamos el control emocional delante de ellos. ¿Por qué tenemos que gritarles para decirles que no griten? El niño debe saber que no hay excusas ni explicaciones, nunca, para las agresiones (ni siquiera las verbales). Que no se debe hacer daño a los demás y que por ese motivo siempre puede ser castigado.


Pero lo más importante es el ejemplo que los mayores les demos en cuanto a valores y actitudes. Inculcarles la sencilla “regla de oro”: nunca hagas a los demás lo que a ti no te gusta que te hagan. Hay que ser muy optimistas en cuanto a los logros que conseguiremos construyendo los dos pilares básicos de toda educación: amor y exigencia. Si se les sabe explicar, los niños entienden muy bien que, a veces, les tengamos que regañar o poner límites, por su bien. La lógica infantil es incuestionable. La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos, en un mundo que no siempre es amable, es la buena educación. Mª Carmen Maldonado Castillo


“La Orientación Escolar en los Colegios de E. Infantil y E. Primaria” Desde siempre, la orientación escolar es algo inherente y consustancial al hecho educativo. Desde la función pedagógica a la función tutorial, todos los docentes, maestros y maestras, realizan diariamente una labor de orientación en cada una de sus actuaciones. En las programaciones, en las actividades que se realizan en el aula, en las relaciones con el alumnado y con las familias, en la transmisión de valores y de conocimientos, en los criterios de evaluación y promoción, en el ajuste individualizado de la respuesta educativa, en la planificación para superar las posibles dificultades de aprendizaje y en el objetivo de educar y formar a personas, siempre hay un componente orientativo, que complementa y da sentido a la función docente y educadora. Pero esta labor necesita ser ampliada y completada con la figura del orientador escolar, pues la realidad escolar y social es cada vez más compleja y son necesarios otros recursos, externos a la escuela, para mejorar la calidad de la respuesta educativa que se le da a nuestros alumnos y alumnas. La orientación educativa así entendida es relativamente reciente en nuestra comunidad autónoma andaluza. A mediados de los años ochenta del siglo pasado se crean los Equipos de Promoción y Orientación Educativa (Decreto 238/1983)


para satisfacer el derecho de los alumnos a recibir orientación escolar y profesional (LODE; Ley 8/1985). Los Equipos de Orientación Educativa se regulan según el Decreto 213/1995, momento en el que comienzan a funcionar con la estructura actual. Recientemente, tanto la LOE (Ley Orgánica de Educación 2/2006) como la LEA (Ley de Educación en Andalucía 17/2007) recogen y resaltan, respectivamente, la importancia de la orientación educativa y profesional como medio necesario para el logro de una formación personalizada, que propicie una educación integral en conocimientos, destrezas y valores, y define a los Equipos de Orientación Educativa como unidades básicas de orientación psicopedagógica que, mediante el desempeño de funciones especializadas en las áreas de orientación educativa, atención al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo y apoyo a la función tutorial del profesorado, actúan en el conjunto de los centros que se determinen. Una vez justificada la orientación educativa desde el marco legislativo, es el momento de conocer un poco más de las características de los Equipos de Orientación Educativa (EOE) y de sus funciones. Entre las características de la orientación educativa destaca su carácter global e integral, para actuar de forma amplia y general desde una visión sistémica. También podemos hablar de que es


preventiva, procesual y continua. Es planificada tanto en el diseño de programas como en actuaciones concretas y es multiprofesional, al intervenir de forma coordinada distintos perfiles profesionales para ofrecer un servicio de orientación educativa que redunde positivamente en la calidad del proceso educativo del alumnado. Los EOE están compuestos por orientadores escolares, con formación psicopedagógica, por logopedas, con funciones de rehabilitación del lenguaje, maestros/as de educación compensatoria y médicos. Esta composición varía según las necesidades de la zona de actuación. El EOE de Armilla está formado por seis orientadores y un logopeda, y su ámbito de actuación es el área metropolitana sur de Granada, con sede en Armilla. El logopeda atiende directamente los centros que no cuentan con unidad de Audición y Lenguaje. Cada orientador/a tiene varios centros de referencia asignados, por lo que el tiempo de dedicación tiene que ser repartido entre todos ellos, en función del alumnado que haya en cada colegio, su número, sus características y necesidades. Las funciones y labores que lleva a cabo el orientador están recogidas en tres ámbitos de actuación: Atención a la Diversidad, Orientación y Apoyo a la Función Tutorial y Orientación Vocacional y Profesional.


El apartado de atención a la diversidad es el más amplio y complejo, con una actuación dirigida al asesoramiento para organización de la respuesta educativa más adecuada del alumnado con necesidad específica de apoyo o compensación educativa. En este apartado se llevan a cabo actuaciones como la detección temprana, el dictamen de escolarización, los informes de valoración psicopedagógica, el diseño y organización de la respuesta educativa, la atención al alumnado con altas capacidades, las adaptaciones curriculares, pautas y materiales didácticos y asesoramiento para la evaluación y promoción de este alumnado. También planifica e interviene en la prevención, control y seguimiento del absentismo escolar y del abandono escolar temprano, con planes de compensación educativa y asesoramiento en los planes de apoyo, refuerzo y acompañamiento. En el apoyo a la función tutorial, el orientador asesora y participa en los programas de acogida y de detección, prevención y apoyo de las dificultades aprendizaje, técnicas de trabajo intelectual, programa de convivencia, mejora de la competencia social y resolución pacífica de conflictos, programas de formación para las familias en buenas prácticas educativas y para la implicación en el proceso educativo de sus hijos e hijas.


En el área de orientación vocacional y profesional el orientador diseña e interviene en los programas de tránsito desde E. Infantil a E. Primaria y desde E. Primaria a ESO, dando asesoramiento e información sobre el sistema educativo y sus diferentes etapas, sobre el mundo profesional y laboral, sobre las distintas opciones e itinerarios educativos, actividades de autoconocimiento personal, de estrategias para la toma de decisiones y de dinámica de grupo. Los destinatarios de la acción orientadora son el alumnado, las familias y el profesorado, con una actuación que puede ser a nivel individual, con un grupo o aula, en el colegio o en la zona. Es interesante destacar que la función del orientador es la orientación escolar, y aunque tenga formación y preparación en el campo de la Psicología, su actuación no es de psicólogo. Aprovecho estas páginas para dar la información de qué son y cómo funcionan los EOE, un servicio de apoyo a función educadora, que complementa la labor que día a día realizan los padres y las madres, los maestros y las maestras en la educación y formación de nuestros niños y niñas. Antonio Hidalgo Rodríguez - Equipo de Orientación Educativa (EOE) de Armilla Orientador de referencia del CEIP Julio Rodríguez de Armilla


Luri es un visnopinto. ¿No sabes lo que es Luri? Luri es un... un fabuloso... Bueno, ¿cómo te diría yo? Pues eso, un visnopinto. ¿Sigues sin saber qué es? Es muy difícil describir a un visnopinto, porque continuamente cambia de forma y de color. Unas veces es alto, otras bajo, unas veces rojo, otras amarillo, o gris, o verde. El aspecto de un visnopinto siempre es como el espejo de lo que siente. Si está contento, tiene color verde y una bonita forma. Si está triste, se pone gris y arrugado. Cuando se enfada, se tiñe de rojo y se hincha. Si tiene miedo, la piel se le vuelve amarillo claro y el cuerpo se le encoge. Ahora ya sabes lo que es un visnopinto. ¿O todavía no? Vamos a ver, trataré de describirlo con más exactitud. El visnopinto tiene unos ojos muy bonitos y brillantes que reflejan lealtad y bondad, alegría y picardía, tristeza y añoranza, tiene la cabeza grande y redonda y las orejas caídas y como de terciopelo. Y algo importante: el visnopinto tiene cola de canguro, que le sirve para dar grandes saltos. Pero no es pariente de los canguros. ¿Quizá, de algún dinosaurio? Quizá. Si acaso, un pariente muy, muy lejano.


Un visnopinto no es una criatura muy bonita, pero sí muy simpática, muy buena y con mucha paciencia. Por esto Luri tiene problemas, pero ya hablaremos de ellos más adelante. Si aún no sabes cómo es un visnopinto, más no puedo ayudarte, tendrás que imaginarlo tú solo. Pero no olvides que cambia de forma y de color según su estado de ánimo. Luri es un visnopinto cachorro, pero no es exactamente igual que los demás visnopintos. Él no cambia de forma ni de color, y tampoco tiene paciencia. Luri siempre está verde-gris-amarillo-rojo, de tamaño mediano y siempre impaciente. Solo sus ojos son leales y bondadosos, alegres y picaros, tristes y melancólicos y tan brillantes como los de todos los visnopintos. Luri está siempre de todos los colores, porque tiene todos los sentimientos al mismo tiempo. Naturalmente, a veces es más fuerte la tristeza, o la alegría, pero él nunca puede sentir una sola sensación. Bueno, casi nunca. Hay un sentimiento que es casi constante. Como ya he dicho, Luri es un impaciente, o sea que, cuando las cosas no salen como él quiere, se enfada. Y es tan irritable que por cualquier tontería se pone fu­rioso. Luri piensa que a él los visnopintos lo quieren menos que a los otros cachorros, que no le dedican tanta atención, que nadie lo comprende. (En esto últi­ mo tiene razón, porque ¿cómo saber de qué humor está, si tiene todos los colores a la vez?)


Los visnopintos nada saben de las penas de Luri, y solo les parece muy raro verlo siempre tan impaciente y de tantos colores. Desde luego, tampoco los padres de Luri son tan tranquilos ni tienen sentimientos tan claros como los otros visnopintos. Saida, la madre, pierde la paciencia con facilidad y también Fram, el padre, se pone muchas veces verde-gris-amarillo-rojo. Cuando Luri se enfurece, bufa, araña, abre mucho los ojos y da unos golpes con la cola que hacen temblar el suelo. A veces, se enrosca, frunce el morrito y se enfada con todo el mundo. Los otros pequeños visnopintos, por un lado, admiran su aparente fuerza, pero, por otro lado, no se atreven a ser amigos suyos, porque tienen miedo de sus rabietas. Y se comprende. Porque ¿quién es el que quiere exponerse a un arañazo o un coletazo de Luri? Luri no es malo. En realidad, no hay visnopintos malos. Luri solo está desorientado, es quisquilloso y no quiere que los demás descubran lo que él cree que son sus «debilidades». Es muy sensible, y esa confusión de sentimientos que hay en su interior complica sus relaciones con los demás.


Los otros pequeños visnopintos lo tienen mucho más fácil. Naturalmente, también ellos se enfurruñan y se ponen furiosos, pero solo por causas que todo el mundo puede comprender. Además, ellos, como es lo normal entre los visnopintos, cambian de tamaño y su color pasa enseguida del verde al rojo, y entonces todo el mundo sabe cómo se sienten exactamente y los pacientes visnopintos los tratan con comprensión. Pero con Luri, que siempre está de todos los colores, nadie sabe a qué atenerse, ni siquiera él mismo. Por eso nadie puede ayudarle. ¿O quizá sí? -Habría que reforzar el color verde, es decir, el de la felicidad, y enseñar a Luri a reconocer lo que siente en cada momento. Así nos mostraría el color co­ rrespondiente y nosotros podríamos comprenderlo -dice Karka, el visnopinto más anciano. -Mmmm, mmmm. -Los visnopintos asienten con sus grandes cabezas redondas, haciendo oscilar sus largas orejas-. Mmmm, mmmm. Tiene razón. -Pero ¿cómo se consigue eso? -pregunta Saida, la madre de Luri, nerviosa. -No sé si aún será posible ayudar a esa furia. Necesita mano dura -gruñe Fram, el padre de Luri, y du­rante un momento también él se pone verde-gris-amarillo-rojo.


-Cuando os veo así me doy cuenta de que Luri tiene a quién parecerse -dice Karka con voz serena a los padres de Luri-. Por eso, solo vosotros podéis ayudarle. Venid, vamos a deliberar. Como os he dicho, los visnopintos son muy pacien­tes, nunca toman decisiones precipitadas. Por eso, la deliberación es larga, larga, larguísima. Mientras tanto, Luri, al que habían dicho que debía esperar a sus padres, se impacienta. Agita la cola levantando polvo del suelo, resopla por los grandes y húmedos agujeros de la nariz, agita sus largas ore­jas... y, de pronto, da un salto, luego otro y, por últi­mo, el más largo salto de canguro que haya dado nun­ca un visnopinto. Y Luri se va. El salto ha llevado a Luri muy lejos, al otro lado de la frontera mágica, y ahora se encuentra en el mundo prohibido. La frontera mágica es un campo de energía invisible cargado de electricidad. Los visnopintos aprenden desde pequeños que es muy peligroso acercarse a la frontera mágica y, no digamos, cruzarla. Todos los visnopintos temen esta frontera y obedecen la ley. Sobre el mundo prohibido que ningún visnopinto ha visto ni de lejos, se cuentan historias escalofriantes..


Al parecer, hace mucho tiempo, vivían allí sus ta-ta-ta-ta-tatarabuelos, que fueron expulsados con bastones de fuego por unos gigantes terribles, más grandes que el mayor de los visnopintos rojos Así pues, con su salto de canguro, Luri ha cruzado la frontera mágica sin que el campo de energía haya podido impedirlo. Pero es tan fuerte la carga de electricidad que Luri se ha quemado las patas traseras y la cola. Por eso, no puede intentar el regreso. Le duelen las quemaduras, y se las lame, pero es peor. Luri piensa en las historias que los visnopintos cuentan sobre el mundo prohibido y tiembla de miedo. Y entonces Luri empieza a encogerse. Sigue siendo verde-gris-amarillo-rojo, pero, por lo menos, por primera vez, su tamaño varía como el de un visnopinto normal. Aun­que es tanto el miedo que tiene Luri que no puede alegrarse de esta buena señal. De pronto, Luri siente que el suelo empieza a temblar, y con mucha más fuerza que cuando él lo golpea con la cola. De buena gana, escaparía corriendo, pero casi no puede moverse, por sus heridas. Como, por lo menos, ha podido encogerse, se esconde detrás de una rama podrida. Asoma un ojo y ve con horror a aquellos gigantes de los que hablan los visnopintos mayores.


«Así que eran verdad aquellas historias -piensa-. En el mundo prohibido hay gigantes. De todos modos, no son tan gigantes. No son más grandes que el mayor de los visnopintos rojos.» Esta observación lo tranquiliza un poco. Como Luri es un visnopinto impaciente, no puede estarse quieto en su escondite. -Mirad, un ratón -grita una voz. -No es un ratón, es un lagarto -dice otra voz-. Una rana o una tortuga. -Acerquémonos a ver. -¡Qué orejas tan largas y qué cola tan gruesa! ¿Qué puede ser? ¿Un animal? ¡Cuidado, a lo mejor muerde! Luri está hecho un lío con tantas voces distintas y tan fuertes. Cuando ve que los gigantes van a pincharlo con un palo, se pone furioso. Y entonces se olvida del miedo. Y, mira por dónde, Luri empieza a crecer y crecer hasta que es unos centímetros más alto que los gigantes. ¿Gigantes? Ahora Luri se da cuenta de que no pueden ser unos gigantes tan terribles. En primer lugar, no son tan grandes y, en segundo lugar, están temblando delante de Luri, al que creen un monstruo.


Luri se siente aliviado y se echa a reír. Ya no se acuerda de sus dolores. Cuando va a enjugarse las lágrimas, ve que su pata se ha vuelto verde. Asombrado, se mira la otra pata, que también tiene un color verde precioso. Las extrañas criaturas se van corriendo y chillando. Y es que, cuando Luri ha levantado la pata, los gigantes se han asustado al pensar que quería atacarlos. -¡No corráis! ¡No os haré nada! -grita Luri. Pero ellos ya han huido Luri se queda triste, vuel­ven a dolerle las heridas... y se encoge. Luri se echa a llorar. Entonces se acerca una criatura extraña y, antes de que Luri pueda reaccionar, lo levanta del suelo con cuidado. -Qué ojos tan bonitos y tan dulces. No puedes ser peligroso. Esos chicos son bobos y cobardes de asustarse de ti. Estás herido. Yo te curaré. Me llamo Mar­ga. ¿Cómo te llamas tú? -Me llamo Luri. ¿No eres un gigante? -¡¿Yo?! Yo soy una persona. Una niña. ¿Y quién o qué eres tú?


Luri está asombrado. Por un lado, porque nunca ha oído hablar de criaturas llamadas personas y, por otro lado, porque pueda haber alguien que no sepa qué son los visnopintos. -Yo soy un visnopinto. ¡¿No lo ves?! -No, lo siento. De no ser por esa cabeza grande y redonda, te hubiera tomado por una especie de dinosaurio. Pero, seas lo que seas, lo que importa es que eres muy simpático, tanto si eres un vispotinto como si no. -Visno... bisto... Ya me has liado. ¡Nosotros somos visnopintos! -el irritable Luri se impacienta... y empieza a crecer. -¡Eh, nada de trucos de magia! A ver si aún voy a asustarme yo también -dice Marga. -No, no. No hay nada que temer. Al contrario, esto hay que celebrarlo. -Luri explica a Marga su problema. Marga le dice, con gesto comprensivo: -Me gustas más como un viscapinto pequeño verde-gris-amarillo-rojo, pero... -¡Visnopinto! -rectifica Luri.


-Me gustas más -prosigue Marga- , pero si lo que quieres es cambiar de color como un camaleón y crecer y encogerte, te ayudaré. Pero primero hay que curarte las heridas. -Y bromea-: Por cierto, me alegro de que tengas nombre propio y no atiendas solo por visnapinto. -¡Visnooopinto! -suspira Luri, dejándose curar por Marga. -Seguro que eso te duele mucho -dice Marga, po­niendo hierbas curativas en las quemaduras. Luri, a pesar de sus dolores, está contento, porque se siente comprendido por Marga y porque no tiene que hacerse el valiente. -Durante unos días, no podrás andar y, mucho menos, saltar. ¿Qué vamos a hacer contigo? A tu tierra no puedes volver todavía, y la nuestra es un lugar muy peligroso para un... uno de los tuyos -dice Marga, preocupada. -¿Peligrosa? ¿Qué dices? Si no sois unos gigantes. Si todas las personas son como tú, no hay que preocuparse -dice Luri. Marga mueve la cabeza negativamente. -Para nosotros, tú eres algo extraño, único. Aquí no se conoce a los vis... a los visnopintos. Quizá te encerrarán en una jaula, para exhibirte ante la gente, o te llevarán a un circo o, incluso, puede que te disecaran y te expusieran en un museo


Marga se asusta al pensar en todo lo que podría a su nuevo amigo. Su miedo contagia a Luri, que se encoge y se arruga. - Si pudieras quedarte siempre así de pequeño, no habría que preocuparse, porque podría esconderte en mi cuarto hasta que estuvieras curado. Pero no debes crecer para que no te descubran. Y, mucho menos, ponerte rojo, o la gente se asustará y solo por eso tratará de cazarte. - Entonces tendría que dejar de enfadarme, y me parece que eso me sería imposible -dice Luri tristemente. - Todo el mundo se enfada alguna vez. Tampoco hace falta cortar de golpe. Lo que importa es que sepas qué es lo que te hace enfadar y por qué. Así podrás comprender tus sentimientos y tratar de ser el que manda. - No te entiendo. - Hasta ahora -dice Marga-, son tus sentimientos los que mandan en ti, tú los obedeces, haces lo que ellos te ordenan. Cuando te enfadas, no solo te pones furioso porque, por ejemplo, no estás conforme con algo sino que, además, estás triste, te sientes abandonado, rechazado, ofendido, insultado, solo, tratado injustamente, o desorientado, defraudado, asustado. No es de extrañar que te pongas de todos los colores y que visnopintos no te comprendan, con ese embrollo


de emociones dentro de ti. Tus sentimientos son como un lío de lanas de colores diferentes. Yo te enseñaré lo que tienes que hacer para desenredar las lanas y sacarlas una a una. Para que vomites lo que tienes dentro. -¡Ya sé vomitar! -ríe Luri. -Mira, lo que importa es que eso te ayudará. Me caes bien porque eres franco y simpático y sabes escuchar. Eres un buen amigo, estoy segura -dice Marga cariñosamente. -Nadie me había hablado nunca con tanta amabilidad. Luri se siente cohibido un momento, pero enseguida la cara se le vuelve de un hermoso color verde, que se le extiende por todo el cuerpo. -¡Por fin! ¡Por fin soy verde! Ya no soy multicolor. Por fin soy un verdadero visnopinto. ¡Un visnopinto feliz! -grita Luri con alegría. Y Marga se alegra con él. -Ha llegado el momento de buscarte un buen escon­dite. ¿Dónde podría meterte? -cavila Marga. -¡No me dejes solo! Tengo mucho miedo –gime Luri, que se vuelve amarillo y pequeño. -Pues claro que no te dejo solo. Es terrible estar en un sitio extraño y, además, herido. Yo te admiro, eres muy valiente. -Marga comprende el miedo de Luri.


Luri suspira con alivio... y vuelve a tener un her­moso color verde y buen tamaño. -¡Mira! Ya no necesitas que yo te enseñe a comprender tus emociones. Las reconoces y también las muestras perfectamente tú solo. ¡Bravo! ¡Qué pronto has aprendido! -le alaba Marga-. Trae, deja que te cambie la venda de las heridas. - Auuu! ¡Cuidado! Luri arruga la cara, resopla y va a enfadarse. Pero entonces comprende que Marga no le hace daño adrede sino que solo quiere ayudarle. Su furor se ha despertado por el dolor pero no está dirigido contra Marga. Ha estado a punto de ser injusto con ella. Ahora le pesa haber gritado y estado a punto de darle un zarpazo. Se alegra de no haberse dejado dominar por la cólera. «Menos mal. Mi enfado ha estado a punto de hacerme perder una buena amiga», piensa Luri, y perdón a Marga. - Eres realmente fuerte y valiente, porque reconoces tu error y lo confiesas. El haber conseguido no enfadarte injustamente es una magnífica hazaña. Los vísnopintos pueden estar orgullosos de ti, como lo estoy yo - dice Marta con admiración-. Ya sé dónde esconderte. Te quedarás en mi casa, en la buhardilla. Mi habitación está justo al lado y, si dejamos la puerta abierta, hasta podremos hablarnos.


Luri está de acuerdo, y se deja llevar a la buhardilla. Mientras Marga está en el colegio, se queda muy quieto. Como tiene miedo de que lo descubran, se vuelve amarillo pálido y pequeño, lo cual es una ventaja, en su peligrosa situación. El miedo lo protege de la impaciencia y del peligro de ser descubierto. Cuando Marga está con él, le dice cómo lo admira y le quiere. Por eso, ella siempre ve a Luri de color verde, porque él, a su lado, se siente feliz. Las quemaduras se curan pronto, casi demasiado pronto para Luri, que preferiría quedarse más tiempo en casa de Marga. Pero un visnopinto no puede vivir entre las personas, por lo que tiene que despedirse. Marga, naturalmente, lo acompaña hasta muy cerca de la frontera mágica. Se abrazan llorando. Luri está amarillo y pequeño. -Así nunca podrás cruzar la frontera mágica. Has de ser alto, para poder saltar por encima -dice Marga, preocupada. -No puedo. La separación me entristece. Por eso no conseguiré saltar. ¿Qué hago? -gime Luri. Entonces, al otro lado de la frontera, se oyen fuer­tes gritos. Saida, la madre y Fram, el padre, echan de menos a Luri y están esperándolo. Y no están solos, porque otros muchos visnopintos han desobedecido la ley por amor a Luri y se han acercado a la frontera mágica.


«¿Tanto les importo? ¿Quién lo diría?», piensa Luri que se siente sorprendido, se pone muy contento... y se hace verde y alto. Siente que le crecen las fuerzas, toma impulso y... Marga contiene la respiración. Los visnopintos, tan tranquilos de ordinario, se apiñan nervio­samente en la arena al otro lado. Luri da un salto, un salto muy alto sobre la frontera mágica. Todos gritan de alegría, Marga, a un lado y los visnopintos, al otro. Juntos se alegran y, en este momento, es como si entre ellos no hubiera frontera mágica. Luri es feliz y verde. Para que pueda seguir estándolo el mayor tiempo posible, Karka, el visnopinto más anciano, da un consejo a Saida y Fram: Cada noche deben hacer una marca en un árbol, que indique a Luri por qué están tan orgullosos de él, por qué lo quieren y qué les gusta de él. Naturalmente, también se lo dirán de palabra. Pero es importante que el elogio quede grabado. Porque si alguna vez Luri vuelve a sentirse solo, triste o furioso, no tendrá más que mirar las señales de los árboles para volverse verde-verde-verde…


CONTRA LA CONDUCTA AGRESIVA Ningún niño es agresivo sin una causa. Lo que importa es descu­brir y corregir las causas psíquicas, en lugar de limitarnos a castigar la agresividad. Casi siempre, la agresividad es la «válvula de escape» de los sentimientos reprimidos en personas inseguras e hipersensibles que no toleran las decepciones ni la crítica. También suele ser la protesta de los que no han aprendido a renunciar y ceder, que tienen que imponer su voluntad a toda costa y que solo por este medio pueden conseguirlo. Desde el principio, hay que ayudar al niño a que aprenda a dominar sus sentimientos (con el ejemplo de los padres, hablándole con comprensión y dando im­portancia a sus emociones). El cariño y la atención -pero también la fijación y el mantenimiento de reglas de conducta- le darán seguridad y fortaleza de espíritu. Ahora bien, la falta de este aprecio básico favorece la inclinación a la reacción agresiva. Las «medidas pedagógicas» (castigos, reproches, sermones, y también las buenas palabras) que se refieran a la conducta agresiva sin tomar en consideración la causa, fomentan la agresividad en lugar de combatirla. Además, el éxito inmediato de la reacción agresiva (descarga de la tensión interna, «triunfo» social: el niño se sale con la suya o se ha convertido en centro de atención), pri­ma la agresividad.


Cuando traten ustedes de explorar las causas de la agresividad de su hijo, no olviden observar con mirada crítica su propio comportamiento. Ustedes son el ejem­ plo vivo para el niño. Por ello, indirectamente, le están enseñando cómo hay que reaccionar frente a conflictos, decepciones, contratiempos, ofensas, etcétera. En este cuento, deliberadamente, se menciona solo muy de pasada el comportamiento de Luri, el protagonista, porque se desea centrar la atención del lector en la causa, su sensibilidad, la suma de sus sentimientos. No se ha querido destacar, pues, la conducta agresiva con sus formas negativas habituales sino, principalmente, los procesos anímicos que, por regla general, subyacen en un comportamiento agresivo. Marga ayuda a Luri porque lo comprende y lo acepta, se hace cargo de sus sentimientos, le habla con simpatía. Al darse cuenta de que ella lo toma en serio y lo aprecia, Luri se siente más seguro, ya no es un incomprendido, ya no está solo. Con la fuerza que le da este apoyo moral, se siente capaz de reflexionar sobre sus sentimientos, de analizarlos. De este modo, se evita un bloqueo emocional y una sobrerreacción. No duden de que así es, por simple que les parezca el planteamiento. Afortunadamente, las necesidades básicas del espíritu se reducen a un común


denominador muy simple. Satisfechas estas necesidades (aprecio, comprensión, consideración y aceptación en la comunidad), desaparecen los problemas de comporta­miento. Cuanto mejor se cubren las necesidades básicas de una persona, menor es su labilidad psíquica, menos insegura y susceptible se siente y más «inmu­ ne» es a las experiencias negativas de la convivencia, a las situaciones conflictivas y a las decepciones. Por lo tanto, ayuden a su hijo a crearse un justo (y justificado) sentimiento de autoestima, que le dé seguridad interior y tranquilidad de espíritu. Ello favorece la resistencia a la frustración (capacidad para soportar las decepciones), el mantenimiento de una buena conducta social, la integración en la comunidad. Adopten la clase de ayuda que el más anciano de los visnopintos propone al final de este cuento. La madre de Luri graba todos los días en el tronco del árbol un elogio para Luri; también ustedes pueden crear para su hijo los «árboles de las buenas notas». Dibujen para cada día un árbol y escriban la buena nota en el tronco: mencionen, concretamente, una acción determinada del niño; manifiesten su aprobación haciendo resaltar las buenas cualidades que tal acto refleja. Finalmente, digan lo que significa para ustedes la conducta del niño, las emociones positivas que despierta.


Cuelguen los árboles de la pared, en un lugar visi­ble. Hagan un «bosque de las buenas notas». Por la noche, lean al niño afectuosamente lo que han escrito... aunque, por lo que sea, en aquel momento estén enfadados con él. ¡Entonces más que nunca! A través de una aprobación justificada puede hacerse una crítica indirecta constructiva. Además, no se debe acabar el día en ambiente de conflicto, no hay que mandar al niño a la cama sin que haya habido una reconciliación. Recuerden que casi nadie puede ser inducido cambiar de conducta voluntariamente con críticas menos aún, con castigos. Si, con este juego de la aprobación, fomentan la, autoestima del niño, si le muestran con el ejemplo la forma de enfrentarse a los conflictos, si se hacen cargo de sus sentimientos y apelan a ellos comprensivamente, habrán sentado una buena base para corregir la conducta agresiva del niño. Ensayen con el niño lo que puede hacerse para evitar una reacción agresiva en una situación determinada. Estudien las circunstancias de las frustraciones y de las decepciones, «analicen» los sentimientos que las provocan. Aludan a las cualidades y talentos del niño que se subrayan en el juego de las buenas notas e indíquenle que siempre podrá guiarse por estos valores, que serán para él una especie de «áncora de salvación espiritual» que le hará sentirse seguro y satisfecho.


Elijan con el niño un método sencillo para descargar la tensión (por ejemplo, contar lentamente tres mientras expulsa el aire), que deberá utiliza mediatamente cada vez que sienta un impulso agresivo. Al mismo tiempo, deberá pensar en su «áncora de salvación», es decir, en sus cualidades y habilidades, que le dan seguridad en sí mismo. Den al ejercicio un aire de juego. Recompensen cada triunfo con un pequeño premio y, sobre todo, con su aprobación explícita. Por medio del juego, el niño observará la conducta deseable con mejor disposición, se sentirá motivado a asumir la nueva conducta no agresiva. Si el niño vuelve a mostrarse agresivo, es preferible que no se den por enterados de su conducta. Porque, si le hablan de su agresividad, ya sea en sentido positivo o negativo, lo hacen objeto de su atención en virtud de tal agresividad, con lo que están otorgándole a esta un valor. Es preferible aludir a los éxitos ya conseguidos, darles preponderancia. Luego hablen con él en tono comprensivo sobre la influencia de los sentimientos en su conducta. No esperen que la agresividad no vuelva a manifestarse. Todos tendemos a ella de vez en cuando. Lo que importa es conseguir que el niño aprenda a reconocer sus emociones, adquiera seguridad y no tenga que descargarlas con violencia.


Motiven al niño a ilustrar el cuento. El dibujo es para él un medio para reflexionar sobre el tema y manifes­tar sin palabras sus sensaciones. Comenten el dibujo con él. Pueden descubrir inclinaciones, pensamientos y sentimientos silenciados hasta ahora.


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Viernes 25 de febrero, Día de Andalucía, Carnaval y visita de Pupi (mascota de 1ª ciclo de primaria) En este día, como viene siendo habitual, se repartieron bocadillos con aceite y azúcar, batidos, frutos secos y naranjas, entre todos los niños del centro con la colaboración del Ayuntamiento y el A.M.P.A . Arabuleila. También se celebró el día del carnaval, a la hora del recreo tuvimos un taller de maquillaje y se pintaron las caras de todos los niños que quisieron. Pupi, la mascota del primer ciclo de primaria, visitó a los niños en sus clases, los cuales disfrutaron con su presencia. Sábado 5 de marzo, Jornada de Formación de Consejeros Escolares. Lunes 7de marzo al jueves 10 de marzo Casita de la Igualdad. En esa semana se celebraba el día de la mujer trabajadora, con ese motivo en un aula del colegio montamos una casita, en el que intentamos concienciar a los niños que los trabajos de la casa los tenemos que hacer tod@s, sin tener en cuenta si se es hombre o mujer. Por allí pasaron tod@s l@s alumn@s de Infantil y l@s de 1º, 2º y 3º de Primaria 


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Lunes 14 de marzo: Asistimos al cineforum “Nuevas relaciones de familia”, que organiza el Centro Municipal de la Mujer como parte de las actividades de conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Lunes 21 de marzo: Asistimos a la sesión informativa de la Escuela de la Familia Municipal. Lunes 28 de marzo: Asistimos a la sesión inaugural de la Escuela de la Familia Municipal. Lunes 4 de abril: Asistimos a la sesión de la Escuela de la Familia Municipal. Viernes 8 de abril: Viernes de cine. Se proyecta en el colegio la película RATAOUILLE para l@s alumn@s de Infantil. Lunes 11 de abril: Asistimos a la sesión de la Escuela Municipal de Familia Viernes 15 de abril: Viernes de cine. Se proyecta en el colegio la película TOY STORY 3 para l@s alumn@s de 1º, 2º y 3º de Primaria.


Periódico Digital 2º  

Periódico digital 2º trimestre

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