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CABALLO Reynaldo Disla

© Reynaldo Disla / 1980 Correo electrónico: reynaldodisla@yahoo.com

Pieza estrenada el 18 de marzo de 1981. Teatro Experimental Popular (TEXPO). Casa de Teatro. Dramaturgia y dirección: Reynaldo Disla. Santo Domingo, República Dominicana.

Gestora de difusión literaria: Editorial Galipote. Santo Domingo, República Dominicana. Septiembre, 2012.

ACTORES: Pedro Pablo Reyes (CABALLO), Basilio Nova (PADRE), Radhamés Olivero (VECINO), Alberto Acosta Badía (VOLANTA), Juvenilia Sosa (CATEQUISTA Y PROMOTORA), Fátima Sánchez (MADRE), Jesús Sosa (POLICÍA), Massiel Heras (GLADYS), Pedro Guillermo (GUARDIA), Reynaldo Disla (TITIRITERO), Bernys de la Rosa (HIJA), Milagros Pérez (SICÓLOGA), Felipe Jiménez (PRESO), y niños del Teatro Tataramusa de Villa Juana —sus nombres serán acreditados tan pronto se encuentre el programa de mano original—.


REYNALDO DISLA

CABALLO (Pieza en un acto)

Santo Domingo, República Dominicana, 2012


CABALLO (Pieza en un acto) © Reynaldo Disla – 1980 Personajes: CABALLO PADRE VECINO VOLANTA AURELITO CATEQUISTA NIÑOS DEL CATECISMO MADRE POLICÍA ENANITO GLADYS NIÑOS PRESOS: MANGANZÓN, OTRO Y UNO GUARDIA SICÓLOGA TITIRITERO HIJA DOS CUSTODIOS PROMOTORA


ESCENA I La luz centra la cara de Emérito Padilla (CABALLO), niño de 12 años. Está sentado. Cara al público, sonriente, picarón, mientras se oye la voz del CURA y el tecleo de una máquina de escribir. VOZ DEL CURA. Emérito Padilla Brazobán. Once años. Dos años en esta institución. Delincuente común. De 1978 a 1980 dirigió una pandilla de niños que se ocupaba de hurtar relojes y joyas. Detenido el 5 de marzo de 1977 por colaboración en el robo a una residencia de la cual sustrajeron dinero y prendas. Liberado el 7 de marzo del mismo año y trasladado a este centro de reeducación. (Tose.) Despachado el 14 de marzo del mismo año por no tener nuestra institución presupuesto para tantos internos. Lo trajeron el 22 de marzo del mismo año por robo aunque el tribunal tutelar no encontró pruebas suficientes, desde entonces está como interno. Se ha fugado dos veces, el infeliz. La luz ilumina completamente al actor que representa a Caballo que cuenta una anécdota y ejecuta la pantomima de la misma. Sale de su casa, busca a un amigo, van a un colmado, luego roban, los apresan, está en la cárcel. Es un brevísimo relato de un asalto investigado por el actor, y que se narra en menos de un minuto.


El PADRE, trajeado impecablemente, va despojándose poco a poco del saco, la corbata, la camisa, el pañuelo, la correa y los pantalones que va devolviendo al VECINO, su compadre, y queda en franela y pantalón desgastados. Apariencia de pobre. Un corazón grabado en su brazo. El Vecino va ordenando las piezas que le entrega.

PADRE. De los carajitos míos este es el más... más desgraciaíto. Si creen que uno tiene que estar fuñéndose detrás de ellos. La primera vez le dije al teniente que no se volvería a repetí, pero este muchacho ejel diablo. Me ha jodido la vida. Cuando lo despellejé con la pela, ¿qué hizo? Pensé: no vuelve a desgraciarme la existencia. Se encaramó en la cama y me rajó la cara con un cuchillo de mesa, y


tenía siete años el maldito, deste tamaño estaba. ¡Qué cariño va tenerle uno a un demonio así! Pero el teniente me interroga como si yo fuera un ladrón. ¡A que ninguno de los otros hijos míos tiene problemas, ahí están, cada uno con su mamá, y hasta el que me cría don Fello en la Vega va para bachiller...! ¡Camina!, ¿a que no me agradeces que te sacara de esa mariconera? (Se detiene.) Mira, voy a hacer una cosa, lo voy a mandar al Cibao donde su abuelo, para que lo faje allá, a echar días en los conucos, para que sepa lo que es bajar el lomo como lo bajé yo cuando era chiquito... (Caballo murmura.) ¡Qué lo quetá hablando! (Lo zarandea. Caballo se resiste y ocurre una pequeña lucha que termina el Padre maniatándolo, neutralizándolo con una doble Nelson.) ¡Coño, qué lo quetá.... estate quieto, maldito!

Dos de la pandilla, VOLANTA y AURELITO, los siguen. El Vecino ha comprado un frío frío para Caballo. VECINO. (Bromea.) ¡Tan tiguerón! El Padre sujeta a Caballo.


VOLANTA. ¡Suelta a Caballo, coño! AURELITO. ¡Anda, volando, lánzalo, plin! ¡Contra la lona! ¡Jack Veneno! ¡Una patada, tan! ¡Agárralo por el pescuezo! ¡Tuc, coño, ahórcalo! (Imitándolo.) ¡Ay, papá! No me des papá. (Ríe) Anda el diablo. (Caballo sigue forcejeando.) PADRE. No sea pendejo. ¡Ja, ja, ja! Que para fuñir a uno... ¡Ve a ver si puede darle a Durango Kid! ¡Qué va a poder darle! ¡Tú te cree que eres un hombre, pedacito de gente, una mierda! ¡Siente ahí la presión de un hombre! ¡Suéltenmelo, vecino! ¡Esto sí es una llave! (Le va doblando el brazo. Caballo grita.) VOLANTA. ¡Le va a partir el brazo, abusador! PADRE. (Soltando a Caballo.) ¡Si tú hiciste el muchacho, llévatelo! ¡Uno hace con lo de uno lo que le dé la gana! Tú si eres un desgraciao. Yo se lo quité al teniente. Mira, firmé este papel. (Volanta mira el papel y se ríe.) Ahí está tu nombre. Volanta. ¡Qué si te conocen! Como veinte fichas tuyas. El que maneja lo carro que se roban. ¡Ojalá te agarren y no te suelten! VOLANTA. ¡Él se va para mi casa, coño! PADRE. Lo voy a mandar para el Cibao. Si sigues enchichándolo te voy a joder.


VOLANTA. ¡Ay! ¡Quién enchincha? ¿Qué es lo que me va a joder? ¿Yo no veo al teniente todos los días? Si cada vez que se roban algo tengo que ir allá, él se da cuenta cuando uno roba o no, coño. Yo ya no jodo con eso. PADRE. Tan desgraciao, vecino. ¡Ta bueno que lo tranquen a todito y no me vuelvan a ver más nunca! ¡Coño! VECINO. (Levanta a Caballo por encima de su cabeza.) ¡Tan malo! ¡Bese la mano a su padrino! CABALLO. ¡Mire, coño! El Vecino lo baja. CABALLO. (Se suelta. Al Vecino.) ¡No relaje conmigo! Usted se ríe, pero es porque yo no estaba armao. Usted no conoce a uno. Me duele la cabeza. ¿Tienes miedo? (Volanta contesta que sí.) Vamos a ligá la cena. PADRE. Si te vas con este, no pase a buscarme. CABALLO. Es como un martillo. Pon. Pon. Camina. Se van rápidamente los tres niños. El Padre bebe de una chata de ron. El Vecino fuma. El Padre le ofrece ron al Vecino quien limpia la boquilla de la botella con su pañuelo y hace malabares de ron y humo.


PADRE. Ni su mamá. Agarró y se puso a hacerle dulce. La mitad de lo cuarto era para él y la otra mitad para mí. Lo ga'ta to. Yo, que no me vuelva sin los cuartos de los dulces. Y nada. Usted ha visto cosa. Se cogía todos los cuartos, me robaba. Un día sacó dos cincuenta que tenía en el pantalón y cuando volvió a los tres días metiéndome cuento. Se lo bebió. Estaba aprendiendo a beber como un hombre. Un carajito así. ¡No me vuelva más a esta casa! Al otro día jugando al ¡Suéltalo! Yo no quiero compromiso con el teniente... Y este que está ahora, se trata, pero el otro que estaba... hasta preso quería dejar a uno. Yo con él una de estas dos cosas, o no soy su papá o lo mando bien lejos... Salen el Padre y el Vecino. Entran los niños de la catequesis. NIÑOS. San Serafín del Monte San Serafín Cortés Yo como soy cristiano Yo me arrodillaré. San Serafín del Monte San Serafín Cortés Yo como soy cristiano Yo me pararé. San Serafín del Monte San Serafín Cortés


Yo como soy cristiano Yo me sentaré.

CATEQUISTA. ¡Respeten la hora de Dios! ¡El Ave María! ¡Una estampita de San Esteban al que haga correctamente la señal de la Cruz! … Dios quiso que su hijo Jesucristo naciera en un pesebre, sin casa, pobremente, para darnos a nosotros ejemplo de pobreza: que lo que vale no es solamente el dinero sino el espíritu. Así que nosotros daremos gracias a Jesús Niño porque somos pobres como él. Nosotros no nos avergonzamos de ser pobres... Al revés, estamos orgullosos por así parecernos más al niño Jesús... (Siguen cantando.) Se ilumina a la MADRE. MADRE. Sí, desde pequeño sembré en él la semilla de la fe cristiana. Yo sólo podía llevarlo a la misa los domingos. Tenía que trabajar. Lavar la ropa por paga,


lo hacía quedarse con doña Amantina, la catequista. Yo no tengo la culpa. CATEQUISTA. ¿Quieren preguntarme algo...? ¿Alguno quiere preguntarme algo? CABALLO: Sí, ¿el diablo es rico? Salen niños y Catequista. MADRE. El diablo. Siempre vivía mencionando al diablo. Le simpatizaba más que Jesús. Un día me dijo. CABALLO. (Haciendo un cuchillo de palo.) Mamá. MADRE. (Lavando.) ¿Qué te pasa? CABALLO. Si uno va al monte y llama al diablo, y le pide cualto, ¿él se lo da a uno? MADRE. ¿Y para qué tú quiere saber eso? CABALLO. Oh, y a nosotros ¿no nos hace falta cualto? MADRE. Pero no es el diablo que le da cuarto a uno, sino uno que lo consigue trabajando. Es a Dios que hay que rezarle para que nos ayude, si uno se porta bien, Dios oye todo lo que uno le dice. CABALLO. ¡Anda la porra, más de lo que yo le rezo! MADRE. Sí, él rezaba, yo estaba contenta. Padre entra.


MADRE. Cuando Raúl llegaba borracho a casa se lo decía: ¡Les estás dando mal ejemplo a tus hijos! Ella espera la respuesta. El Padre se queda un momento mirándola y se “peya”, sonándose un sobaco con la mano. Se va. MADRE. Pero él no me hacía caso. Después Emérito se juntó con esos tígueres. Yo pensaba, este va a estudiar, este sí. Pero luego quedé encinta de Luisa, y después de Mercedita, no tenía tiempo de ocuparme de él. Le hacía dulces para que saliera a venderlos. Cómprate cuadernos con lo que te quede, pero él no me hacía caso. Andaba por ahí jugando a la lucha libre con todos los muchachos del barrio. Jugando chata y tiguereando. Entra la Catequista. CATEQUISTA. Su hijo ya no asiste. Si ya estaba listo para la primera comunión. ¿Por qué no viene? MADRE. Se lo voy a mandar. Yo no sabía que había dejado de asistir. Se retira la Catequista. Entra Caballo. MADRE. Pero él se resistió. Le dije que doña Amantina que irías al catecismo. CABALLO. Yo voy para el malecón el domingo. MADRE. Pero ve antes al catecismo. ¿A qué vas al malecón?


CABALLO. A pescar. (Le da dos pesos a la madre.) MADRE. Y me dio dos pesos. Fue lo primero que me dio, después, llegaba con uno, cincuenta centavos, le preguntaba y me decía. CABALLO. Estaba pescando. MADRE. Yo no sabía nada. Tan ocupada que tiene que estar una con todos los oficios de la casa. Aguantar al marido y encima todo esto. Me traía pedacitos de quinielas. Luego dejó de traérmelos. Había crecido, había engordado. CABALLO. Un señor rico me paga para que le lave el carro, le limpio el jardín de yerba, también, y le hago mandao a su mujer. Yo como allá. Caballo se retira. MADRE. Luego supe que estaba robando. No lo podía creer. Nos llamaron de la policía. Dos policías entran con sus asientos. POLICÍA. Su nombre completo. MADRE. María de los Ángeles Brazobán. POLICÍA. Brazobán. ¿Actividad? ¿Labores domésticas? MADRE. Sí. POLICÍA. Do-doméstica. Deme su cédula. (La mujer le pasa la cédula.)


MADRE. ¿Qué fue lo que hizo? POLICÍA. (La mira.) Robaron televisores, radios, tocadiscos. Partieron la vitrina. Entretuvieron al sereno. Saben mucho esos carajitos. El suyo es el jefecito de la pandilla. El Caballo. Contestón el muchacho. Morenito, con la cabeza puyúa… ¿Sí? Lo van a mandar para el Albergue. Usted tiene que venir con el papá del muchacho, para que sepan qué es lo que tienen que hacer. Entra el Padre. MADRE. Pero Raúl estaba borracho. ¡Te fijas en el lío que está metido Emérito! ¿Para qué le hablaba?, la borrachera entonces le cogía con estarse quieto mirando el cielo, como esperando. Sale el Padre, entra Caballo.

MADRE. Mi hijo estuvo dos días preso y al tercero lo llevaron a la Casa Albergue. Yo, cuando podía, iba a verlo. (A Caballo.) ¡Oh! ¿Cómo te tra... CABALLO. (Se encoge de hombros.)


MADRE. Mira, galletitas... dulces. CABALLO. Dásela a la sicóloga, pa que losotro no me la arrebaten. MADRE. ¿Ah, sí? CABALLO. Es la pelaíta, que está en la primera oficina, cuando se entra. MADRE. Sí. (Lo abraza.) ¿No preguntas por tú papá? CABALLO. ¿Se murió? MADRE. No. CABALLO. ¡Ah, ombe! MADRE. Mira, tres pesos. (Caballo los coge.) No fumes. CABALLO. Lo cura no dejan. MADRE. ¿Y la comida? CABALLO. (Gesto dubitativo.) MADRE. Pero, ¿comes? CABALLO. (Dice que sí con la cabeza.)


MADRE. No te peinan, no te peinan. (Lo peina.) ¿Y la causa? CABALLO. Los viernes. MADRE. ¿Qué viernes? CABALLO. Todos los viernes. MADRE. ¿Y por qué…? CABALLO. Lo dejan pa depué. (Le pasa un bulto.) Ropa sucia. MADRE. No te apure. Tú sale pronto... yo rezo por ti. Pórtate bien para que te traten bien. No pelees con los otros. ¿Tú te portas bien, verdad? ¡Tú no sabes la falta que me haces! ¿Si te portas bien te dejan ir los fines de semana? CABALLO. Quién sabe. MADRE. Pórtate bien. CABALLO. Okey, vieja. (La besa.) Oscuro.


ESCENA 11 Un birrete y una toga al fondo. CABALLO. (En el proscenio.) El Enanito jodía con el radio todo el día para arriba y para abajo. Debía valer mucho. Era gande, muy grande. Me enculillan los tipos así. Para arriba y para abajo. Tun. Tun. Con el maldito radio. (Aparecen Aurelito y Volanta, corren en cámara lenta.) Yo no sé por qué hombrecitos así están vivos. Lo acechamos. Venía por el cementerio de la Máximo Gómez. Enanito viene con un radio. Los niños lo interceptan. ENANITO. ¡Qué pasa! VOLANTA. Hola, Rafucho. ENANITO. ¡Hola, ¿qué pasa?! Los niños le hacen “el atraco de la risa”: Lo cercan, riéndose y vociferando bromas le hacen cosquillas, le empujan y le arrebatan el radio. Enanito se resiste. No se nota bien, pero es Caballo quien le hiere un brazo con un chuchillo. Enanito huye.


CABALLO. Era “el atraco de la risa”, podía pasar cualquiera y creería el muy pendejo que estábamos jugando. Pero ese maldito radio fue el que trajo el lío al grupo. ¡Qué se creía Volanta! Ese radio era para oír música, si quería cuarto robábamo cuarto. VOLANTA: E pa lo cuero de Mari Conchita. Cada vez que paso me dice la Pinta que si la sobadera e grati. Y eso que le regalé una cadena la semana pasada. CABALLO. Eto e pa la música. (Baila un momento, junto a Aurelito, el tema “Night Fever” de los Bee Gees.) VOLANTA. (Furioso.) ¡Pasa! CABALLO. ¡Si sigue jodiendo te corto! VOLANTA. ¡Coño, que no sabe robá sin cortar a la gente! ¡Asesino! Te van a joder, cuando el Enanito diga. CABALLO. (Se pasea, tomando aire, rabioso estalla.) ¡Maldito, cállate! (Por Volanta.) Me taba haciendo añugar del pique.


VOLANTA. Lo que te pasa e que te van a coger por pendejo. A que cuando soy yo que mando la vaina toel mundo sale limpio, y ni so'pechan de nosotros. ¡Bicho el diablo! Caballo se le va encima. Pelean. Volanta lo domina. AURELITO. ¡Ay, coño! ¡Partía e pendejo! Dejen eso, coño. Ta bien, pártelo. Mira, dame a mí para que vea. ¡Ay, coño, e de verdad! (Asustado.) ¡Ah, mira, yo me voy, no me metan en ninguna vaina, yo no he matao a nadie! Caballo se suelta. CABALLO. ¡Mira, vamo a dejalo! VOLANTA. (Se ríe.) ¿Te da cuenta?, ¡eh! Caballo agarra desprevenido a Volanta y lo tiende. Aurelito trata de separarlos. Caballo aturde a golpes a Volanta. AURELITO. ¡Mira, yo estoy contigo! ¡Pero, déjalo, no embrome…! ¡Ta bien, dale! (Atareado.) Mierda, ¿lo vas a matar? Mira, Caballo, ¿tú no estás viendo? ¡Suéltalo! CABALLO. (Soltando a Volanta.) ¡Empatao! Estaba bien con lo muchacho, pero era seguro que íbamo preso. Lo policía me buscaron en mi casa, ¡como si uno fuera bobo! MADRE. ¿Qué quieren que yo haga? Tengo gana de desgaritarme y no volver más nunca, ni saber de ti, ni


de ninguno. ¡Quisiera morirme! Yo no aguanto. ¡Acércate, ven, te voy a dar un correazo! (Se sofoca.) ¡Me voy a morir! ¡Dios mío! (Caballo, fastidiado, le echa fresco. Entra el Vecino y le ayuda. Caballo se aparta, receloso. A Caballo.) ¡Vete, no te quiero ver! (Llora. El Vecino la consuela.) Se esfuma la Madre y el Vecino. Entra GLADYS, prostituta. GLADYS. La última vez que lo vi, vino maltratao, había peleado, y sabía que al otro día estaría preso. Era un bichito, pero siempre tenía los bolsillos llenos, y se botaba brindando ron y cerveza. Me dijo que lo escondiera. CABALLO. Mami, escóndeme. ¡Ellos creen que me agarran! Pero e si yo quiero. ¡Mami, escóndeme! ¿Tú si me quieres, verdad?

GLADYS. (Lo abraza.) Sí.


CABALLO. No. La mujere no entienden. Toda son una maldita. GLADYS. Sí. CABALLO. A veces sueño con una barranca honda, y me voy cayendo, cayendo y nunca caigo y después estoy en una zanja jodiendo con una chiva y me orino en la cama. Ahí me despierto. GLADYS. Yo sueño con culebras, se me suben por los pies. Dejo de beber ron y sueño lo mismo. ¿Me ta oyendo? Yo creo que tú tiene' la culpa. Tan hijito de la gran puta. Tú ni bota. CABALLO. Pero se me para. GLADYS. Son muchas culebras, se retuercen, y yo tengo un miedo grande. Y llamo pidiendo ayuda, pero la voz no me sale. CABALLO. Mañana segurito toy preso. GLADYS. ¿Qué hiciste? … ¿Qué qué hiciste? CABALLO. Por tar de pendejo herí a un maldito enano. GLADYS. (Se ríe.) Aprovéchate, rápido. Y sal de una vez. CABALLO. Escóndeme maldita. (La aprieta más.) Se esfuma Gladys. Zona de la cárcel. CABALLO. E sencillo: cuatro paredes y no poder salir, pase lo que pase, esto e pa losombre.


Algunos registran a los que llegan a la cárcel. Otros están tirados en el suelo. Algunos dormitan o juegan cara o cruz. UNO. Apaguen la luz. CABALLO. (A uno que va hacia el Guardia.) ¡Atrévete a apagarla, coño! MANGANZÓN. ¡Por qué me tienen aquí, si yo no hice nada! Yo sólo estaba pidiendo. ¡Sáquenme de aquí! ¡Tú sabe lo que es eso, porque yo no estaba haciendo nada! (Lo repite. Uno que está durmiendo lo calla de una bofetada.)

OTRO. ¿Quién va a dormir conmigo esta noche? Coño ¿quién va a dormir conmigo esta noche? (Saca una puya del zapato. Le pasa la mano a dos.) CABALLO. No te metas con mi novia. (El aludido se levanta, ofendido, pero le dan dos correazos.) UNO. ¡Ay, coño, yo quiero salir de aquí pa que vean! GUARDIA saca la cabeza por la rejilla.


VOLANTA. Déjenme espacio, que me voy a acotá… Un loro taba viendo do orinando y le dice: “Apáguenme el culo”... ¡Coño, ríanse! AURELITO. (Amenaza a coño? (Algunos ríen.)

uno.) ¿No

te

va

a

reí,

VOLANTA. Una mujer se ta bañando en cuero en un río y uno que la ta mirando desde arriba del puente le vocea: “¡Hey, doña, ¿usted le ta dando de bebé agua a ese pájaro?!” Y dice la mujer: “Déjalo que beba que se acabó de tragar un salchichón ahorita mimo”. Algunos hacen brevísimas anécdotas reales sobre delitos, venganzas, traiciones, abusos… investigadas por los actores. También Caballo. Hay reprimendas, golpes, empujones y peleas relámpago entre los niños pequeños y los grandes. OTRO. (Al Guardia.) ¡Qué bueno, eh! GUARDIA. (Dolido cómicamente.) Yo no tengo la culpa de que ustedes ten ahí.


CABALLO. Dame esa camisa. (Alguien se la da. Se arropa con ella.) Varios le pegan a uno que orinó en la pared.

GUARDIA. Se callan todos, que voy a apagar la luz. UNO. ¡Espérate! GUARDÍA. Voy a apagar la luz. VOLANTA. ¡Ya, jefe! Oscuro. Voces fugaces buscando placeres depravados. Se desvanece la cárcel. Luz. Policía y Vecino entran. POLICÍA. Brazobán. Siéntese. ¡Usted sí es dichoso! Mira, vas a salir y te van a llevar otra vez al Reformatorio, o sea, al Centro de Reeducación de Menores, como le dicen ahora; ¡pero tú si eres dichoso! Mira, después te van a sacar y te van a llevar a CONANI, todos los días te van a llevar a CONANI. Como si tú fueras gente.


CABALLO. Si me van a sacá deme mi reloj, mi cadena y mi cualto.

POLICÍA. ¡Coño, ¿pero tú no entiende?! Tú no ta en la lista, ¿yo no te conozco?, ¿él no es tu padrino? Tú vas a estar tranquilo. Tú me tienes que prometer, y estoy hablando en serio, que tú te vas a portar bien, a ti te van a dar la comida, el pasaje, y una beca… Ni vas a pasar por el tribunal. Es un favor… que te hago porque soy evangélico y no quiero que a ningún hijo mío le pase eso… y porque él (El Vecino.) me lo ha pedido. VECINO. Tú tienes que decir que te vas a portar serio, para que él te crea. Yo soy el responsable, ¿entiendes? CABALLO. ¡Suéltenme si me van a soltar! VECINO. ¡Mira, no sea…! ¿Qué tú te crees? Es por tu mamá que te estoy ayudando. ¿Tú no comprendes? Es a tu mamá que yo estoy ayudando.


CABALLO. Si mi mamá se metió a cuero… POLICÍA. ¿Tú no tienes cabeza? (Le da una bofetada.) Si tú vuelves por aquí e con un güebo de toro que te voy a dar, ¿oíste? ¡Cámbiese la ropa! Caballo empieza a cambiarse la ropa. VECINO. ¡Tan desgraciaíto! El Vecino y el Policía increpan, reprenden e insultan a Caballo en lenta pantomima. El Padre y la Madre en ritmo normal. PADRE. Ni su mamá. Agarró y se puso a hacerle dulce. La mitad de la cuarto eran para él y la otra mitad para mí. Lo gastaba. Yo, que no me vuelva sin los cuartos de los dulces. Y nada. ¡Usted ha visto cosa! Se cogía todos los cuartos, me robaba. Un día sacó dos cincuenta que tenía en el pantalón y cuando volvió a los tres días metiéndome cuento. Se lo bebió… Yo no tengo la culpa. MADRE. Yo no sabía nada. Tan ocupada que tiene que estar una con todos los oficios de la casa. Aguantar al marido y encima todo esto. Desde pequeño sembré en él la semilla de la fe cristiana. Yo sólo podía llevarlo a misa los domingos. ¡Yo no tengo la culpa! Cesa el asedio a Caballo. Se representa rápidamente el asalto de la risa. Oscuro. Transición de luces. Un TITIRITERO con los niños del Centro de Reeducación Infantil, llamado también El Reformatorio.


SICÓLOGA. (Al titiritero.) No, reaccionan como los demás niños. Eso, no les haga caso, cuando molesten. Porque si les hace caso seguirán molestando. La indiferencia puede mantenerlos tranquilos. Se oyen golpes metálicos y una voz que sobresale, que grita. TITIRITERO. ¿Y ese ruido? SICÓLOGA. Es uno que está trancado en el cuarto oscuro. Lleva dos días dándole con los pies a la puerta. VOZ. ¡Déjenme salir! ¡Coño! Ta mardita, ta mardita, ta mardita! ¡Coñooooo! Niños rodean al Titiritero. Pidiéndole dinero. Preguntándole qué lleva dentro de la maleta. Caballo acorrala a la HIJA de la Sicóloga que está de visita. El Titiritero logra sentar a los niños y representa una brevísima historia. Los niños participan.

CABALLO. (A la niña hija de la Sicóloga.) ¿Tú ve yo?, nada. Si tenía basura, cosa loca en la cabeza, ¡ya!,


voló to eso… Mira: lo dice tu mamá: yo: nada, nada. ¿Sabes por qué? Porque soy inteligente. Mira como leo esto: “Mi mamá me ama”, “La pipa de papá”. Y oye, en este periódico: “Pre-si-dente Guzmán dice: ¡Hay Pe-troleo en Charco Lar-go!” ¡Y tú verá! HIJA. ¡¿Y tú, ya sabes pintar?! CABALLO. ¡Muchacha! To lo cuadro de arriba son los míos. HIJA. Te voy a traer otra acuarela. CABALLO. (Dubitativo.) Coño, ¡tú ¡¿Todos los colores!?

si

eres

buena!

HIJA. No. Son los colores básicos: rojo, azul, amarillo. Los ligas y sacas muchísimos colores. Te voy, bueno, a todos les voy a enseñar la técnica. ¡Pero, estate quieto! ¡Muchacho! ¡Mamá! ¿No te puedes estar tranquilo? (Susurrándole, atareada.) ¡Que te estés quieto, ¿no oyes?! CABALLO. Eres tú, mamacita, la que me tienes curao. Yo con do así aterrizo en el cielo. HIJA. ¡Bicho el diablo! ¡Suéltame! Vienen varios niños internos a ver el forcejeo. CABALLO. ¡Mira, yo no me puedo aguantar! (La tiende en el suelo.) HIJA. (Peleando.) ¡Mamá! ¡Guardia! ¡Rosita!


Los niños los rodean. CABALLO. ¡Mamacita! ¡Dique que yo no la agarraba! ¡Miren! AURELITO. (En voz baja.) Diablo, ¿la agarrate? Te van a joder en la burra, el cuarto oscuro. ¡Ay, coño, suéltala! Mira que te van a joder. Tú si ere un toro, ¡coño, la agarrate! ¡Pero suéltala! SICÓLOGA. ¡Todos! ¡Para allá! ¡Levántate! Pero, ¿qué tú eres?, ¡¿una bestia?! (Señala al Titiritero.) Vienen a darle recreo y a enseñarles algo nuevo, y esa es la imagen que ustedes les dan a los visitantes. (La Hija, arreglándose, se refugia en sus brazos.) ¿Qué te hizo? ¡La arañaste! ¡Ay! ¡Viene de voluntaria, este angelito, a enseñarles, y ustedes, la aruñan! UNO. Fue Caballo. SICÓLOGA. ¡No, no! (Por Caballo.) ¡¡¡Que saquen!!! (Sale rápidamente con su Hija.)

te

TITIRITERO. ¡Tranquilos! (Presenta otros muñecos.) Chepito, Aselma, Perrito, Fun. (Los niños lo rodean.) AURELITO. (Toma un títere.) Yo soy el hombre increíble, sufre una extraña mutación en su cuerpo. ¡Arrrrgg! Ven, pa rajarte. Mire, coño. —Ay no, eso es malapalabra—. Papá dame un chele. (Los niños están pidiéndole dinero al Titiritero, lo empujan. El Titiritero cae sentado.)


TITIRITERO. ¡En esta posición, fue cuando pensé escribir esta obra! Dos Custodios llevan a Caballo para el cuarto de castigo. CABALLO. ¡Coño, si me llevan pa la burra, rompo la puerta! (Se resiste. Lo sacan cargado.) El Titiritero improvisa una brevísima escena con sus muñecos. Cruza rápidamente la Sicóloga seguida por dos custodios. SICÓLOGA. ¿Caballo? ¡Es uno que está trancado en el cuarto oscuro…! El Titiritero graba los gritos y golpes contra la puerta de Caballo y su compañero de cuarto de castigo. Empieza a llenarse la escena de humo. SICÓLOGA. ¡Hay un fuego! VOZ. ¡Están quemando las colchonetas! Las voces y estallidos de la puerta estremecen el recinto. SICÓLOGA. ¡Las llaves! ¡Hay que sacarlos, rápido! VOZ. ¡Las llaves se las llevó Polibio! SICÓLOGA. ¡Busquen a Polibio! VOZ. ¡La manguera, pa echarles agua por la brecha! OTRA VOZ. ¡No hay agua!


VOZ 2. ¡Deja la segueta! ¡El portón sólo abre con la llave! Los niños internos y el Titiritero escapan del humo, corren de un lado para otro. Los chillidos de Caballo y el otro castigado en el cuarto oscuro, aumentan. Ahora claman por ayuda. VOZ. ¡Polibio fue a comer a su casa y se llevó las llaves, ese desgraciao! SICÓLOGA. ¡Dios mío! ¡¿Quién tiene el teléfono de su casa?! OTRA VOZ. ¡No tiene teléfono! ¡Voy a buscarlo ahora mismo en el motor!... ¡Pero, toy quedao! SICÓLOGA. ¡Toma para la gasolina! Aumenta el humo, los gritos de los atrapados, y la percusión de los pasos junto a la babel de voces de los que huyen, ayudan o cruzan con cubetas de agua. Sonido del motor que enciende, arranca y se aleja. Continúa el tumulto, mientras la escena se torna, lentamente, Oscura. Circulo de luz sobre el rostro de la Sicóloga. Contesta a una pregunta, en tres minutos, sobre las causas de la delincuencia infantil y juvenil y cuáles remedios puede aplicar la sociedad para remediarla. Luego cuenta: SICÓLOGA. Esa vez las quemaduras fueron leves, los niños en el cuarto de castigo casi se asfixian, pero Porfirio


apareció “a tiempo” con la llave. Seis años más tarde Porfirio hizo lo mismo, desapareció de fin de semana portando las llaves, varios niños quemaron las colchonetas sin saber que nadie, ¡nadie! podría abrirles las puertas; ahí murieron en el incendio 12 niños, y 22 padecieron quemaduras graves… ¿Yo? Seguí trabajando allí como tres meses más… hasta que me fui a Puerto Rico, a vivir con mis hermanas, las tres residimos y trabajamos allá. Y haciendo las diligencias para llevar a mi hija también a Puerto Rico. Antes de renunciar, dejé un diagnóstico de la situación sobre el estado en que se encontraban los Institutos Preparatorios de Menores y la Casa Albergue y varias recomendaciones sobre algunas medidas urgentes como la de trasladar a los Centros de Reeducación Infantil a los menores recluidos en las cárceles comunes como la de la Victoria; mejorar las instalaciones físicas y las condiciones sanitarias de los Institutos Preparatorios; la reestructuración y tecnificación del personal; la aplicación de metodologías eficaces para tratar a los niños internos; alimentación apropiada con un menú diseñado por la División de Nutrición de la Secretaria de Salud Pública y Asistencia Social… Y otras sugerencias, que espero que algún día se implementen en mi país… Oscuro.


ESCENA III Niños con pinturas a un lado. Al otro lado la PROMOTORA.

PROMOTORA. (Aristocrática, de CONANI, exageradamente maquillada, reluciente de prendas.) Al término de esta bonita y enriquecedora experiencia felicitamos a nuestra presidenta con el orgullo de la misión cumplida, y felicitamos a estos niños que con su talento… (Toma pose para fotografía y hala la cabecita de un niño con fingida ternura.) ¡Siéntate! Con su talento y creatividad han demostrado que son verdaderos niños. Por rescatar estos valores también trabajamos en CONANI. (Profundamente conmovida


y admirada.) En este concurso se les pidió a los niños que pintaran lo que más deseaban en su vida y he aquí el resultado. Que cada uno muestre su cuadro (Secreto.) Hacia allá para los vea Doña René; y fíjense qué linda casita, que ha ganado mención honorífica, y ese rostro de madre ganador del tercer premio. (Aplausos.) ¡Doña René, he aquí el fruto de este esfuerzo, por cosas así vale la pena trabajar! (Se conmueve. Aplausos.) Y este cuadro que ganó el segundo premio. (Un niño muestra un infante rodeado de cosas: juguetes, casa, ropas, cuadernos.) El desea tantas cosas, como las desean tantos niños, y si nosotros pudiéramos... Son tantos los niños... y ellos, ¿tienen la culpa? Ayer un empresario se acercó a nuestra institución, y la prensa es testigo, hizo desinteresadamente una donación de tres mil pesos para nuestra causa de protección a la niñez desamparada... Él está aquí con nosotros... Con personas como él (Lo señala.) remediaríamos muchos, muchos males. (Aplausos.) Hoy entregamos también estos cuadernos (Un cuaderno con foto del presidente Guzmán.) que van a incentivar a los niños en sus estudios... Y el fruto no se hace esperar, aquí está el cuadro ganador del primer premio, no puede ser más conmovedor. (Aplausos.) Es una pistolita de agua, algunos pensarán: ¿cuál es el significado? el jurado supo interpretarlo: fue el más humilde de los deseos, un pequeño juguete, un juguete insignificante de apenas 30 centavos. (Casi llorando.) Pero su autor (Señala a Caballo.) nunca tuvo un juguete así, sólo se había conformado con ver jugar a otros niños, mientras él nunca había tenido una pistolita de agua... Y cómo si el deseo renaciera en él fíjense la


cuidadosa técnica con que acaba su acuarela, los bordes, la combinación imaginativa de los colores, el simbolismo… (Aplausos.) ¡Ahí están! (Los niños que ganaron menciones se separan de los que ganaron primeros premios. La luz va centrándose en Caballo, quien ríe con la misma picardía del principio.) Y ahora, nuestra presidenta, felicitará personalmente a los niños y les entregará sus diplomitas de participación... Con ustedes, nuestra presidenta... (Aplausos. Sonido del Fon, instrumento que remeda el discurso de la presidenta, con sonidos pedorreros, mientras el escenario se va oscureciendo lentamente.) Oscuro.


CABALLO  

Pieza de teatro breve, original de Reynaldo Disla.

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