EDICIÓN N°
FOTOGRAFÍA DE PORTADA Rubén Marquéz
DIRECCIÓN GENERAL Adrián Maldonado adrianmaldonadovicio@gmail.com
FOTOGRAFÍA Rubén Márquez @rubenmarquez87
REDACCIÓN Alonso Efeese Dante Toribio Diana Ávila Eduardo Mondragón Irving Torres Yllán Rocío Flores
Jesús Reyes @chuchopotts
DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA Rubén Márquez @rubenmarquez87
Floria González DISEÑO Josué Reyes @hernanjosue AGRADECIMIENTOS ESPECIALES Manuel Vera @manuelveraortiz
Alonso Efeese
Jesús Reyes
Diana Ávila
Josué Reyes
Entrevistador, intento de escritor y contador de historias, muchas de ellas falsas y unas cuantas (las más aburridas) verdaderas, pero todas hechas con el corazón y un buen pulso. Melómano, lector y admirador de nuestro idioma y nuestra forma de ser: “Si lo mexicano es naco y lo mexicano es chido, entonces, verdad de dios, todo lo naco es chido” – Botellita de Jerez.
Comunicóloga. Apasionada por la fotografía, la moda y la música alternativa. El arte y la cultura como temas de interés.
Dante Toribio
Originario de la Ciudad de México, egresado de la carrera de Periodismo. Redactor/Editor/Entrevistador en algunos medios nacionales (y uno que otro internacional). En ocasiones fotógrafo para sacar del apuro. Música, libros, futbol, MMA, cómics y mangas es la base (en ese orden) para tener un buen día.
Fotógrafo e instagramero oaxaqueño de retrato, lifestyle y cultura. Con un gusto especial por la cultura pop. Especialista en retratos con el uso de la luz natural capturando su esencia y el folklore mexicano. Música y tecnología son sus temas de interés y su fascinación es la comida.
Diseñador de Imagen. Su trabajo consiste en la creación de estímulos para generar la imagen deseada en la audiencia. Uso del diseño para generar narrativas basadas en emociones, historias, experiencias y con una intención. Brinda servicios de Imagen Personal, Branding y Creación de Contenido. El arte como interés e inspiración y escucha música todo el día.
Rubén Márquez
Fotógrafo mexicano que cada día suma más adeptos a su trabajo. Hoy en día es una de las lentes más codiciadas del medio. Rubén, también es cineasta y post productor. Realizó series que se transmitieron en toda América Latina, fotografió y editó el documental For Those About to Rock: La Historia de Rodrigo y Gabriela y actualmente esta desarrollando el guión de su primera película. Es viciosos del arte, el cine y la música. Y su placer son los mariscos y el tequila.
Eduardo Mondragón
Rocío Flores
Irving Torres
Tailo
Egresado de la Carrera de Comunicación Social de la UAM Xochimilco. La vida lo llevo por el camino de la comunicación siempre con aires de escritor, pero principalmente de periodista siempre con el afán de contar historias. Actualmente es reportero y redactor de Publimetro TV.
Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM. Redactor e investigador para el Diccionario de Directores del Cine Mexicano (Perla Ciuk/Cineteca Nacional) y para la Enciclopedia de Cine Iberoamericano. Actualmente es Director General de cineNT.com web especializada en cine. Fanático del bluray y del cine clásico, así como consumidor de sexycomedia mexicana.
Interesada en temas de Política y Cultura. Egresada de la licenciatura en Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Diplomada en Periodismo por la Universidad Anáhuac del Sur. Con estudios de maestría en Comunicación y Política por la UAM-X.Ha sido reportera y editora en medios der la Ciudad de México y Oaxaca. Actualmente es reportera y editora responsable de dos sitios web: www.ororadio.com.mx/noticias y oaxaca.media y eventualmente colabora en Los Ángeles Press. Concentra su interés en Periodismo Digital y anualmente participa en el Foro latinoamericano de Periodismo Nuevas Latitudes. Forma parte del recién creado Colegio de Periodistas de Oaxaca.
Diseñadora gráfica enfocada en las artes visuales y principalmente en la fotografía. Comenzó su carrera profesional trabajando para algunos medios de comunicación en coberturas políticas, deportivas y espectáculos.
5 Los Cabos
15 Jorge Antonio
23 Black Canvas
27 Joaquín Cosío
37 La Mala Rodríguez
43 LNG SHT
49 Abigail Mendoza
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El Festival de Cine de Los Cabos se celebra en esta zona del sur de la península de Baja California (noroeste de México). Un lugar de ensueño desde el que se divisa, en realidad, un mundo mucho más infernal que celestial. Terry Gilliam llegará con una cinta que durante casi 30 años le ha colmado de obsesiones, The man who killed don Quixote, los colombianos Ciro Guerra y Cristina Gallego se adentrarán en el conflicto del narcotráfico en Pájaros de verano y la violencia que asola México quedará retratada en Cómprame un revólver, de Julio Hernández Cordón. Pero el Festival de Cine de los Cabos aspira a convertirse desde este miércoles en una especie de tratado de libre cine de Norteamérica. Un muy particular TLC
del largometraje en el que se busca derribar muros y eliminar barreras. El certamen reúne en un mismo espacio películas producidas en los tres países de la región con el objetivo de cruzar miradas y ver de cerca “en que andan inmersos los vecinos”, como sostiene uno de los lemas del certamen. “Era una paradoja que estando pegados, teniendo influencias de todo tipo y un intercambio en muchos niveles, no existiera un diálogo cinematográfico”, concluye la directora artística de Los Cabos, Maru Garzón. Pero en este festival no solo se ven películas, también se negocia, se establecen colaboraciones y se intercambian proyectos.
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El festival dedica una buena parte de sus esfuerzos a la industria, el networking y al encuentro entre productores, distribuidores y cineastas. En estos cinco días en los que Baja California Sur extiende la alfombra roja, en esta zona de la costa mexicana del Pacífico se ve cine y se comercia. “Ese es uno de los aspectos que nos distingue de otros festivales: que se le da espacio a las actividades de negocios del cine y la industria.”, sostiene Garzón. Un soplo de aire fresco en tiempos duros para traspasar fronteras. Mientras Donald Trump arremete de nuevo con su muro y envía miles de soldados hasta la valla, este certamen tiende puentes que sobrepasan las cercas. El triángulo perfecto El cineasta estadounidense Spike Lee, el que fuera miembro del grupo cómico británico Monty Python Terry Gilliam y el actor Adam Driver -conocido por interpretar a Kylo Ren en Star Wars- son los grandes invitados a la fiesta del cine de Norteamérica. Aunque sus filmes no compiten en el certamen, su sola presencia “conforma un triángulo perfecto”, afirma Garzón. Mientras Lee, ganador de un Oscar de honor por su trayectoria cinematográfica, presenta Blackkklansman, Gilliam exhibirá The man who killed don Quixote, el proyecto en el que ha estado trabajando durante casi 30 años y cuya finalización se había convertido “en una enfermedad médica, un tumor cerebral” como señaló hace ya un año. Dos cintas protagonizadas por Driver, que junto a estos dos cineastas forma el trío más solicitado de Los Cabos en estos días de cine. La que sí aspira a llevarse un galardón en la categoría Competencia Los Cabos (películas producidas en México, Estados Unidos y Canadá) es Pájaros de Verano. La cinta, candidata a estar nominada en los Oscar y galardonada en los Fénix, se adentra en la comunidad wayúu, en La Guajira colombiana, para retratar el narcotráfico en este país. Para que este largometraje de Cristina Gallego y Ciro Guerra logre hacerse con uno de los premios deberá imponerse a filmes como Lemonade, ha estado nominada en Berlín. La película, dirigida por Ioana Uricaru, cuenta la batalla de una rumana ante las autoridades migratorias de EE UU. También es candidata a un galardón en esta categoría We the animal(Jeremiah Zagar), ganador de un premio en Sundance, y Cómprame un revólver (Julio Hernández Cordón), que se estrenó en la Quincena de realizadores de Cannes y narra el México donde los narcos mandan y la violencia contra mujer parece no tener límites. Por otro lado, Fausto, que aspira a llevarse un premio en México Primero, la categoría que acoge largometrajes independientes mexicanos, llega a Los Cabos tras haber recibido un galardón en Locarno. La cinta de la canadiense Andrea Bussmann se traslada a la costa oaxaqueña para adentrarse en la mitología de esta zona. Una película que comparte categoría con Clases de historia de Marcelino Islas o Cigüeñas de Heriberto Acosta. Este festival, en el que hay un estreno mundial y nueve latinoamericanos, ha lanzado en su séptima edición la mirada más feminista de su historia. Seis de las 14 películas que compiten en las dos principales categorías están dirigidas por una mujer y en un 41% de las cintas programadas ellas son las protagonistas. “Nunca se hizo por cumplir una cuota pero sin embargo, así ha ocurrido, de una manera muy orgánica”, cuenta Garzón.
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JORGE ANTONIO GUERRERO:
de cadete a líder anahuaca Por Irving Torres Fotografía: @rubenmarquez87
Jorge Antonio Guerrero es uno de los actores que comienzan a sonar en proyectos interesantes, tras haberse vuelto una parte integral de una de las series más explosivas de Netflix, “Luis Miguel, la serie” ahora lo podemos ver, para la misma plataforma, en la cinta “Roma” de Alfonso Cuarón. El ha estudiado realismo sicológico en CasAzul y tomado varios talleres de improvisación y creación escénica en Casa del Lago y el FITU. Ha producido sus propios proyectos, uno de los más representativos fue “Érase una vez Godínez” Su relación con las letras se ha visto influenciada por la poesía. Ha sido la poesía un estímulo muy importante en muchos de sus proyectos. Llega a la cinta en bicicleta, cargando sus cosas en la espalda, sin sentirse superior como otros que llegan así a todos lados, sabiendo es un método de movilidad válido para ciertas circunstancias en la ciudad. Serio, amable, iniciamos esta charla.
Este 2018 lo vas a recordar de una forma muy particular. Sí, ha sido un gran año afortunadamente. He tenido la fortuna de participar en muy buenos proyectos. Cuando tuviste la oportunidad de representar para Netflix al Cadete Tello en “Luis Miguel, la serie” de la cual se rumoraban ya muchas cosas y se esperaba que fuera, lo mismo, el gran fracaso del año o el gran éxito del año, ¿cómo fue que llegó a ti? Fue tras un proceso de casting. Tengo la fortuna de colaborar en una gran agencia, estamos teniendo una colaboración muy importante que me está llevando por ese camino. Todo mundo sueña que va a tener un personaje que la gente va a tener grabado en la memoria, tú tienes dos personajes que la gente no va a olvidar, uno para televisión, otro para cine, ¿cómo te sientes al respecto? Tienes un personaje que la gente ama y uno que, la palabra no es “que odia”, sino que reacciona de una forma visceral ante él. Muy contento, bastante sorprendido también, parecerían disimiles, probablemente la relación marcial sea lo que comparten estos dos personajes, pero la verdad súper contento. Nunca sabes en que momento te pueden recordar y para mí es muy hilarante la cantidad de memes que se hicieron del Cadete y el contenido inspirador que se le dio. Me decía una chica el otro día que le había robado el corazón con el Cadete Tello y que con Fermín se lo había hecho pedazos. ¿Qué recuerdas de tus inicios? ¿En qué momento de tu vida dijiste quiero ser actor y voy a empezar? Yo creo que fue cuando empecé con el proceso de Poesía en Voz Alta, ahí empecé a dirigirme con más energía hacia el arte interpretativo. ¿Cuál es el primer personaje que recuerdas te llamo la atención y dijiste voy a hacerlo y lo hiciste? En la mayoría de los casos, y yo espero que siga sucediendo así, he conocido a esas personas, a esos personajes, independientemente de la poética, sin o con guión, cómo se quiera trabajar, he tenido la fortuna de visualizarlos frente a algún espacio y ahí están. El primero fue un personaje que hice en un unipersonal que hice junto a una amiga, “Érase una vez Godínez” donde se hacía una reflexión sobre el mundo de un auditor en finanzas que en momentos de ira se convertía en un artista marcial del kung fu. Yo hacía tres o cuatro personajes en esa pieza, pero recuerdo que la imagen del guerrero, una sublime imagen de un guerrero épico, apareció ese día en el espacio y se pudo trabajar.
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¿Alguna vez imaginaste que el dedicarte a las artes marciales te iba a llevar a donde te está llevando? A donde nos está llevando, debo puntualizar que lo que hacemos es colaborativo, eso a mí no se me olvida. No voy a negar que había una suerte de intuición, y que tuve la fortuna de contar con muy buenos maestros, quienes me ayudaron a ser paciente en mi proceso, maestros tanto de teatro como de arte marcial, y creo que vamos por el buen camino. ¿Cómo llegó “Roma” a ti? Fue a través de una coincidencia, una especie de sincronía, yo iba saliendo de un taller en Casazul, un taller de teatro, yo ya me iba y el director de casting de “Roma” me alcanzó, yo iba camino a mi casa y me alcanzó en la esquina, porque al parecer nos habíamos cruzado pero no nos habíamos reconocido, y él me alcanzó porque había un símbolo marcial en una de las fundas que yo traía, donde traía adentro un sable, y me habló del nombre del personaje, y a grandes rasgos y en poco tiempo, que era lo que hacía. Al tener esos dos datos me enamoré, literalmente sentí amor, y le dije “yo lo voy a hacer, no sé qué sea, cuanto tiempo lleve, pero yo voy a poner todo mi corazón y todo mi empeño en esto”. ¿Ahí ya te habían dicho que era una película de Alfonso Cuarón o en qué momento te enteraste de que era una película suya? Como un mes antes de empezar a rodar, como ocho meses después de haber empezado el proceso. Un proceso largo y muy desafiante, a mí ya me estaban preparando para algo que íbamos a trabajar ya fuera en el último callback o en el set. Luis Rosales fue muy generoso conmigo al irme compartiendo lo que podía compartir, a través de eso yo fui conociendo a Fermín. Él no me podía decir más. Yo estaba entrenando de seis a siete horas al día en un periodo de cuatro meses. Fermín es un personaje muy humano que reaccione acorde a como lo haría alguien con su preparación, ¿cómo te preparaste para que éste personaje no fuera ni una caricatura ni un estereotipo sino para se viera como se proyecta en pantalla, un ser humano reaccionando? Ese es un acierto del proyecto mismo. La generosidad que tiene Alfonso al entregar un proyecto de esta magnitud es muy grande y la invitación que nos hizo nos llevaba invariablemente a ese tipo de poéticas. Es un acierto su capacidad como director, supo dirigirnos reconociendo el proceso humano de cada uno de nosotros y eso es muy grande, no cualquier director tiene esa capacidad.
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En el cine mexicano estamos acostumbrados a los desnudos frontales femeninos, en “Roma” tenemos solamente un desnudo total y es tuyo, ¿cuál fue el reto para presentarte así en pantalla? Tener claro que es lo que va a pasar, eso es fundamental. Había mucha confianza en el proyecto, desde Luis Rosales, hasta Nicolás Celis, Gabriela Rodríguez y desde luego Alfonso, que ayudo a que llegáramos con no tanto pudor al set. Es desafiante como cualquier desnudo frente a un público, pero trabajamos desde antes, yo ya estaba muy consciente de lo que íbamos a hacer, y acaso lo que menos se percata la gente es que el espacio donde yo estaba haciendo los movimientos no era tan amplio y había que ser muy precisos. Un cuarto de hotel del centro, muy pequeño Y el bastón si tiene cierta longitud, entonces había que ser muy preciso. ¿Te llegaste a golpear con él? No. Me golpee más con los chacos, los cuales eran un elemento muy particular de mi personaje, y había la posibilidad de que esa escena la pudiéramos hacer con ellos, pero se decidió hacerse con el bastón. El bastón le da cierta particularidad, otro motivo. Sí, así es, el sonido, la estética del movimiento es más amplio. Tanto “Luis Miguel, la serie” como “Roma” te han puesto en el panorama de aquellos que sólo ven el producto pop comercial o los que sólo ven el producto artístico cinematográfico, lo que te coloca en una posición en la que pocos actores se encuentran en la industria mexicana, ¿te gustaría seguir balanceándote entre ambos lados? Ahora que lo planteas así, sí, pero yo jamás me imaginé que fueran a tener un resultado como el que han tenido ambos personajes. Yo a los dos fui con una disposición total y busco ser impecable tanto dentro como fuera del set, con mis compañeros desde luego, recalcando que es una colaboración. Entonces sí, inclusive me gustaría hacer teatro otra vez, darme chance con la pandilla que hace tiempo no frecuento tanto, pero sí, teniendo algo que decir, que no se olvide eso. Antes de el Cadete Tello o Fermín, ¿cuál era el personaje que más te había atrapado, te había conmovido? Tuvieron que ver con procesos. El último, antes de esos dos, tuvo que ver con una obra de teatro, “La Cena o Vendrán Mejores Tiempos” que armé con el colectivo “Quién es Teatro” donde hice un personaje que bordeaba entre el machismo y la sutil homosexualidad, un poco como una suerte de identidad que le llevaba a bordear su excesiva preponderancia masculina volteando hacia el otro lado, y fue el último personaje antes de entrar a el Cadete, traía bigote y lo disfrute mucho, se llamaba “Estanislao”. ¿Qué se siente de pronto prender una computadora y ver que tu rostro está en todos lados y eres un meme que la gente disfruta compartir?
Mi whatsapp estaba saturado. Yo estaba grabando “Sitiados”, la serie de Fox que estrena temporada este 2019, fue un proyecto al máximo, creo que fui el actor con más llamados, no descansaba, salía muy temprano y regresaba muy tarde, traía otro look, estaba rapado, y fue más a través de la web, de las redes sociales, que decía yo orale, fue como una semana o semana y media saturado el whatsapp, de amigos o examigos, banda de la secundaria, de la preparatoria, súper emocionados y contentos. Se le dio al personaje este toque heroico y se me hizo muy gracioso. ¿Tú cómo te sentías? Me sentí un poco abochornado, sentía un poco de miedo de salir a la calle, me decía “¿qué pasa si salgo a la calle? Ahora sí me van a reconocer”, pero no, todo bien. Me reconocieron un par de veces después, como al mes, pero sí me sentía ruborizado. A mi exnovia le tocó un periodo muy raro, ya no andábamos y se vino a vivir a México y por todos lados veía mi cara, y lo peor es que llegaba a casa de sus amigas y están viendo el capítulo del Cadete, todas emocionadas, y ella no podía soportar el contexto, el país, fue una situación hilarante la que le tocó. Y varias situaciones de ese tipo, las tías, etc. Y ahora ¿qué podemos esperar de “Sitiados”? Es una monstruosidad, todos están (y aprovecho para mandarle un saludo a Alfonso Herrera, un súper compadre), logramos algo muy hermoso, Alfonso, Erendira Ibarra, Juan Manuel Bernal, el maestro Sosa, Everardo, todos, de acordarme me dan ganas de llorar porque hicimos algo muy fuerte, había un compromiso total, y hablando de mí es uno de esos personajes que ahí andaba y a principios de éste año agarró una fuerza consistente dentro de mí y tuve la fortuna de encontrármelo, Tonáhuac, líder de la resistencia anahuaca en 1600 y tantos. ¿Hacia dónde quieres llevar tu carrera? Hacia lo colectivo, que no se nos olvide colaborar. ¿Con cuánta gente colaboras en las obras de teatro del colectivo? Por la carga de trabajo este año no he tenido la oportunidad de ver a mis compadres, es un grupo pequeño de cuatro o cinco personas, que nos formamos a través de Poesía En Voz Alta, y espero realizar alguna otra cosa con ellos. ¿Qué disfrutas más: el cine, el teatro, la televisión? Las tres, son tres formas distintas de ver el mundo, y es bueno darte la oportunidad de ver al mundo de forma distinta, si no uno va cargando su equipaje a todos lados. Del cine mexicano que se está haciendo ¿con qué directores te gustaría trabajar? Creo ya estoy trabajando con ellos. Obviamente tengo buenas relaciones y buenos recuerdos principalmente con Sebastián del Amo, Álvaro Curiel, con Alfonso.
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Para finalizar, ¿cuál es tu poema favorito? Tengo inclinación por Rubén Bonifaz Nuño y creo que sería: “¿Qué llenará mis ojos, al abrirlos desde el fondo del miedo; de qué trémula boca salió la lengua que me lame? ¿Y habré de ver, si vuelvo la cabeza de prisa, quién respira a mis espaldas? Sólo de ácida sal, sólo preñada acidez, mi bebida. Y lo que viene, aquello que se acerca, lo que camina en torno y embistiendo. Cantando estoy, haciéndome de valor con cantar bajo lo oscuro. La pobreza, y el paso uniformado, y el cartel de protesta. Acaso inofensivo, acaso inútil, no defensivo acaso. Y es un soplo de burbujas quebrándose, un callado grito de bestia bajo el agua, un rescoldo de cuerpo que se ahoga”. Y así con ese poema recitado de memoria, nos despedimos de un actor que sin duda el panorama le pinta amplio y con un buen augurio, alguien que no será encasillado por dos trabajos y que nos brindará muchas sorpresas en una carrera que comienza a despuntar y a consolidar.
El mundo necesita cultura y específicamente cine. México se ha caracterizado por ser un país interesado en el tema, pero desafortunadamente no es muy apoyado por empresas ni empresarios. Pero hay una luz de esperanza llamada Black Canvas. Festival de cine contemporáneo que no solo apoya talento emergente, sino proyectos visuales que están llamado la atención del mundo. En este 2018 celebran su segunda edición con invitados de todo el mundo como el multipremiado director y actor francés Serge Bozon que realizó una masterclass sobre la realización cinematográfica; el director y productor David Thion que también dio una clase sobre cómo acercarse a la visión de un director desde la producción (algo que es indispensable para todos los futuros productores), el francés Laurence Garret y muchos más. Pero no solo es un evento de proyección de películas. Es una competencia entre diferentes ramas como cortometrajes, ideas nuevas, atrevimientos, por gusto de la crítica y/o audiencia, etc. Una premiación en demasía completa. Lo mejor de este festival es que no solo ponen su mirada en el extranjero, se esfuerzan por buscar talento mexicano. Un ejemplo claro de ello es Paul Coronel. Oriundo de Sinaloa se esfuerza por contar historias personales, enfocado en el cortometraje documental, pero que no se cansa de plasmar ideas e historias y que a pesar de ser una joven promesa, comienza a hacer ruido dentro de la cinematografía nacional.
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Otro ejemplo claro es Pepe Gutiérrez, que con su amplia experiencia se ha posicionado en diferentes festivales y ganado premios y becas con las que sigue evolucionando profesionalmente y presentando situaciones humanas pegadas a la realidad. Personalidades como Johann Lurf fueron quienes llamaron la atención de todo el público. El experimentado austriaco, visitó México como uno de los invitados estelares de Black Canvas y comentó que la cultura mexicana es interesante y sirve de inspiración para muchos filmes. Pero su visita no se podía desperdiciar y dio una masterclass sobre el estructuralismo narrativo, algo que solo Lurf podría explicar a la perfección. Konstantina Kotzamani también visitó el festival. La multipremiada directora y escritora proveniente de Grecia, con un perfecto español, se dedicó a dar diferentes consejos a los jóvenes amantes del cine y destacó que aunque pensemos que Grecia es un país en el que se tome en cuenta al cine, ella afirma que no es así, que no hay tantas oportunidades ni espacios para poder expresarse, es por eso que en su país no hay tanto movimiento cinematográfico como debería. Este tipo de pláticas con los directores son muy enriquecedoras para los asistentes, en los que encuentran una guía para seguir adelante con sus sueños y no darse por vencidos. Pero no solo para la gente en general, sino a los propios directores que pueden tener pláticas interesantes sobre la escena emergente de cada país, combinar ideas y hasta gestar proyectos. De esto se trata Black Canvas, no solo de mostrar películas, premiarlas y traer a directores de renombre. Sino de crear lazos, difundir el arte y sobre todo, apoyar a quienes siempre han querido un lugar en el que se puedan exponer sus ideas. Nos veremos en el 2019 seguramente.
Uno de los actores emblemáticos de ésta etapa del cine mexicano es sin lugar a dudas Joaquín Cosío, quien tiene la fortuna de haber creado dos personajes icónicos dentro de la cinematografía nacional sin haber sido encasillado por ello a hacer eternamente este tipo de personajes. Verlo llegar para charlar con él puede resultar intimidante por su físico, por la rudeza de sus personajes, por lo que nos transmite en pantalla, pero cualquier expectativa se tenga al respecto se puede ir al olvido al momento te estrecha la mano, con una calidez que tranquiliza, y al charlar pronto uno puede darse cuenta de que esta frente a un ser humano excepcional. Me gustaría iniciar esta charla con que te conocemos como un actor de cine rudo, pero acabas de publicar el año pasado un libro de poesía. ¿Cómo surge esta parte? Es una disciplina que practico casi a la par que la actuación. Yo empecé a actuar y escribir prácticamente al mismo tiempo, alrededor de cuando tenía 18 años, entrando en la Universidad. Es una actividad que practico desde hace tiempo, pero era una actividad muy íntima, muy personal. Estuve en un taller literario en Ciudad Juárez que promovía el INBA, en una época que había muchos talleres literarios buscando provocar y estimular a los jóvenes escritores y yo pertenecí a una generación. Estuve cerca de tres años en un taller literario, una de las experiencias más importantes de mi vida, y a partir de ahí tengo y sostengo una carrera como escritor. Este último libro, que es el que más se ha dado a conocer, en realidad es el tercero. Tengo dos anteriores y una obra de teatro publicada. Tengo una actividad como escritor que ha sorprendido a bastantes amigos, y al público, sobre todo, y que es una labor tan seria como la actuación. El ser poeta, el haber tenido esta formación te marca como actor. Sí, de alguna manera. ¿Qué te ha aportado para tu carrera? Yo no estudié teatro, no estudié actuación, estudié ciencias de la comunicación y estuve en ese taller literario por tres años, y fue más que un acercamiento a la literatura, un acercamiento al arte, a las nociones de creación, a las nociones de crítica sobre el aspecto creativo, para mí, fue un descubrimiento y una introducción al mundo del arte contemporáneo, a la discusión sobre lo artístico, esto se lo debo a mi maestro David Ojeda, que falleció en el 2016, y a toda una generación de escritores con los que crecí. Dentro de esta noción del hecho artístico esta lo escénico, lo teatral, por lo tanto, interpretar personajes puede tener nexos con cualquier otra actividad creadora, es decir, la imaginación, la crítica, la búsqueda de la belleza, de la expresión. Mi experiencia como actor le debe bastante a esta experiencia literaria. En qué momento te invitan a participar al teatro Fue de una manera muy casual, mi primera experiencia ocurrió en la preparatoria, antes de que entrara a la Universidad, y ocurrió como pasan las cosas, de pronto, yo era un joven bastante tímido y tenía un amigo a quien apoyaba en todo lo que hacía, mucho más audaz que yo, mucho más extrovertido, y un día me dice “Hay un taller de teatro, vamos”, francamente, yo no había tenido hasta ese momento ninguna experiencia, ni como espectador, en el teatro, y lo acompañe. Era un taller estudiantil, con el maestro Enrique Centeno, en Ciudad Juárez a principios de los ochentas, él era un joven entusiasta que se le ocurre proponer a la escuela un taller y ahí montamos una obra, fue mi primera experiencia y de alguna manera me marco porque la disfrute. La disfrute y pasó todo tan rápido, hicimos algunas funciones en un pequeño teatro que ya no existe, un teatro de esos viejísimos, con escenario de madera y una concha para el apuntador, un teatro bellísimo, que terminó siendo como la mayoría de los espacios de este tipo una tienda de electrodomésticos. A raíz de ahí me quedó la sensación de haber participado en algo que me había gustado. Terminé la preparatoria y busqué talleres, me metí hasta el Seguro Social que estaba muy cerca de mi casa y donde había un taller con el maestro Francisco Estrada, en él estuve un tiempo, luego entro a la Universidad y ahí aparece quien sería mi maestro, un director con el que hice buena parte de mi trabajo, quien me enseño mucho sobre el hecho teatral, Octavio Trías, quien apareció promocionando un grupo de teatro, con él la experiencia fue muy
distinta, encontré un director al que le interesaba algo que también me interesaba: la realidad. Pero una realidad como la que tenemos en la calle, no una costumbrista, no disfrazada de belleza falsa, un director con el cual coincidí. Ahí comienza realmente mi carrera como actor, empezamos a hacer teatro, a ser reconocidos, me empezaron a invitar a muchos lados, acabamos yendo a las muestras nacionales de teatro, ahí cambio mi vida. De esos papeles ¿cuál es el que más recuerdas? Tengo una obra, que fue una de las primeras, “El Cuento del Zoológico” de Edward Albee, un texto del realismo norteamericano, esa obra la hice muy joven. Y otros papeles, como “El Tuerto es Rey” de Carlos Fuentes, donde hice el papel de un ciego y con el que gané un premio en el estado de Chihuahua. Hay varios papeles, pero recuerdo algo en particular, que éramos tan jóvenes que al mismo tiempo éramos tan audaces, que podíamos hacer cualquier papel que nos dieran sin importarnos nada. En el 2002 entras al cine, con “Una De Dos” de Marcel Sisniega, ¿cómo fue ese paso del teatro al cine? Fue un encuentro accidental, yo ya estaba en el Distrito Federal, pero vine a hacer teatro, llegué por invitación de la Compañía Nacional de Teatro, por el maestro Luis de Tavira, y mi proyecto inmediato era hacer teatro, era lo que estaba buscando y lo que empecé a hacer, y de pronto me invita Alejandro Caballero, hermano de un director muy famoso, Pepe Caballero, él me ve en una obra y me invitó a un casting, yo fui, no sabía nada de lo que era un casting, hago lo que me indican, y me quedo. El personaje obviamente era un norteño, el tío de Tiare Scanda y de Erika de la Llave, un papel que hago a ciegas, el director era Marcel Sisniega, una experiencia muy interesante y divertida, y comenzaron a aparecer otros castings, me comencé a quedar hasta que aparece “Matando Cabos”. ¿Cómo es el choque de un actor con la formación teatral que traías con la actuación cinematográfica? Pasé por lo que pasa todo actor de teatro que hace cine, que el director nos dice siempre “bájale un poquito, bájale, bájale, bájele” porque evidentemente la formación teatral hace que tu experiencia se desarrolle frente a otro público, uno que está en vivo, con el que tienes que utilizar recursos expresivos que no tienen nada que ver con el cine. De alguna manera no fue tan violento ese encuentro con el cine, fue bastante amable, fue divertido y tuvo mucho que ver con Marcel Sisniega, un director al que recuerdo con bastante agrado. Viene “Matando Cabos” que de pronto viene a revolucionar lo que se estaba haciendo en el cine mexicano, una película de iniciativo privada, en la que aparece un personaje que se vuelve icónico en tu carrera y con el que por muchos años se te identificó, “El Mascarita”. ¿Qué recuerdas de la creación del personaje? Mi experiencia en cine había crecido, ya había tenido algunas participaciones pequeñas, “Sin Ton Ni Sonia”, “El Tigre de Santa Julia”, los cuales ya me habían familiarizado con el cine. Recuerdo el gran consejo de Jesús Ochoa, a quien alguna vez le pregunté ¿qué onda con el cine? Y él me dijo: “Tu relajadito, y, sí tú ves la cámara es porque la cámara te está viendo”. Esas fueron las premisas con las que yo me empecé a mover en el cine. Me quedó en “Matando Cabos”, fui al casting y uno de los actores que estaba haciéndole, llamado por los productores era Jesús Ochoa, y me quedo con el personaje. Si algo recuerdo es que el personaje me encantó, mi infancia la viví jugando con los luchadores de plástico, teniendo como héroes a “El Rayo de Jalisco”, a “El Santo”, mi infancia estaba vinculada a éste universo de héroes enmascarados, cuando me llega “El Mascarita” me dije “que cosa tan bonita” y aparte el guión era buenísimo, de una manufactura que uno podía entender, muy bien escrito y dialogado. A la par de “El Mascarita” me llegaron otras ofertas, “Zapata”, “Barbacoa de Chivo” segmento de “Cero y van Cuatro” y me decidí por “El Mascarita” porque a pesar de las advertencias de mis amigos que me decían, “este es un grupo de productores que nadie conoce”, “es una Opera Prima”, “los chavos están muy locos”, “es su primer producto y ‘Zapata’ es de Arau, la producción gigantesca”, yo dije, me quedo con el luchador, es entrañable, me gustó, tiene esas características que me gustan, es violento pero es todo un caballero.
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Pasaste de ser un actor reconocido en el circuito teatral a ser un actor mediático en ese momento. ¿Cómo impacta esto en tu vida? Ahí empezó el cambio de mi vida privada, de mi vida personal, desconocida para todo el público, empezó a cambia rápidamente. Una breve anécdota, que fue cuando yo comencé a darme cuenta de que algo cambiaba, una de las primeras cosas que me pasó fue en el metro, yo tenía que caminar de una estación a otra, y note que unos policías me veían, y que caminaban sigilosamente detrás de mí, lo noté y me dije “me van a pasar algo” porque avance y avance y ellos venían detrás, muy sospechosos, me di un giro rápido para confrontarles y ellos me dijeron “¿nos puedes regalar una foto?”, ese era el motivo de acecho. Ha significado un arduo aprendizaje, el que la gente me reconozca en la calle es grato, que tu trabajo continúe en la memoria de la gente es algo de lo que uno debe sentirse muy orgulloso, porque no es uno sólo sino varios. Hay que aprender a relacionarte con el público, quien es el que te da un lugar en su preferencia y por lo tanto la industria lo entiende y tu trabajo puede crecer, pero hay que aprenderlo, porque tu vida pública se altera, no puedes salir a un restaurante sin que te pidan fotografías, ya no puedes andar tranquilamente en la calle, yo lo hago hasta este momento, es algo que he podido controlar y que he podido sobrellevar bien, he tenido pocas experiencias donde la gente se molesta porque no puedo darles una fotografía en ese momento, dos o tres donde se molestan mucho, la gente se enfurece si les niegas una fotografía, aunque estés con la cuchara de sopa en la boca y ellos lleguen en ese momento a decirte “me regalas una foto”. Hay que saber y entender que la gente lo hace de una manera amable y generosa y hay que asumirlo. Hagamos un salto en el tiempo, hace un par de años le das la vida a un entrenador de luchadores en la serie de “Blue Demon”. ¿Cómo te sentiste dando vida a este personaje mítico? Fabuloso, también es algo que me gustó mucho. Ese es un universo que está muy vinculado a mi infancia porque vi las películas de “El Santo” de “Blue Demon”, si ahora la infancia está marcada por los aparatos electrónicos, la mía fue marcada por la lucha libre, esos eran mis héroes, eran con los que yo jugaba, con quienes imaginaba ese universo. El profesor Vera, interpretarlo, grabar en un gimnasio todos los días con este papel de maestro de “Blue Demon” fue una experiencia muy grata. Me divertí al actuar junto a Tenoch Huerta, Ana Brenda Contreras, esta jovencita tan talentosa, de nueva cuenta me vi inmerso en este universo de la lucha libre. En la serie se nota que estas gozando el personaje Como te decía, antes que nadie, yo soy el primero que debo divertirme, es una premisa de todo actor, si tú te diviertes, el público se divierte, así que yo no puedo más que divertirme mucho y estar en esa experiencia de rodaje, tener de director a Mauricio Cruz, un director estupendo, con todo el equipo de Teleset, quienes fueron los que produjeron, me hicieron la experiencia sumamente grata, más grata de lo que ya era. Regresemos en el tiempo, pasa el boom de “Matando Cabos” y de pronto llegas a una película completamente opuesta, tanto en trama como en producción, “La Sangre Iluminada” Oh sí, “La Sangre Iluminada” es una película que yo quiero enormemente, una película que casi nadie vi, por cierto, no fue una película que tuviera un impacto mediático, una obra de autor, de esos escasos productores que se preocupan por proyectar un universo personal, un universo creativo en el cual ellos creen, ese es el caso de Iván Ávila. En esta cinta viví una experiencia muy entrañable, me llama y leo el guión y el guión me gusta mucho, e Iván es un director estupendo, realmente un artista en el sentido más amplio de la palabra, no se queda nada más en la experiencia del cine. Él de pronto comenzó a decirme “Tú lees poesía, ‘La Sangre Iluminada’ es un verso de José Carlos Becerra”, le dije “Yo lo conozco, lo he leído”, no recuerdo si le dije que yo escribía, como te decía no es algo que ando diciendo, prefiero guardarlo en secreto, yo efectivamente conocía bien la obra de Becerra, por lo menos su libro fundamental, “El Otoño Recorre las Islas”, y comenzamos a dialogar a través de los versos del poeta. Mi experiencia fue sumamente agradable, además de hacer cine estaba vinculado con este joven director a través de la poesía, la cual era una
experiencia muy disfrutable para mí. “La Sangre Iluminada” es una cuestión poética visual, muy fuerte realmente. Efectivamente. Es un trabajo de este joven autor, quien es muy interesante, asistente de Arturo Ripstein, quien tiene una sabiduría innata y unas aspiraciones estéticas que no son comunes en el cine nacional. Vienen más películas, “Arráncame la Vida”, “Rudo y Cursi” pero viene una película que hace que la crítica pop mexicana, aquella que busca el reflector en el artista, se sorprenda, te llaman para salir en “Quantum of Solace”. ¿Cómo fue el acercamiento para esta producción británica? Aquí sí ese adagio de cuando te toca, te toca… había trabajado con Carla Hool, una agente de casting que en esos años estaba en México, ahora está en los Angeles, es una de las oficinas de casting más importantes en Hollywood, Yo la conocía, una mujer muy inteligente, y me llama para decirme que si hacía un casting, que era en inglés, yo le dije que mi inglés era pésimo (a la fecha), que me costaba trabajo hacer castings en inglés, pero ella me insistió y fui a hacerlo, los factores se fueron juntando, tuve un llamado nocturno el día previo de mi llamado, a las nueve de la mañana tenía que estar haciendo el casting, entonces me fui sin dormir, pero en ese llamado nocturno estaba José Sefami, actor notable y amigo mío, quien llevaba las líneas, él iba a castear por el mismo personaje, y me las presto, estaba ahí una amiga que habla varios idiomas, le pedí me las leyera, me los tradujo, medio los estudie, llegue al casting sin memorizarles, pedí disculpas, les dije “perdona pero no me dio tiempo de memorizarles, perote los leo”, para mí era la primera vez que iba a leer en un casting, tal era mi desapego a ir, lo leí y así quedo. Me fui a las nueve de la mañana a dormir, dos o tres semanas después me llama Carla y me dice que me había quedado con el personaje, yo no siquiera me acordaba del personaje, me dice que el de James Bond, yo ni siquiera recordaba que era, ¿un guarura? ¿un guardaespaldas? Yo tenía la idea de que era algo así, hasta que me llegó un correo donde me llega el boleto para ir a Londres, a una entrevista con el director, ahí me di cuenta de que iba en serio. Seguramente fue una experiencia muy distinta a la de filmar en la Ciudad de México Totalmente divertida, yo lo tomé con la actitud justa, es decir, cuando de pronto empecé a darme cuenta de iba en serio, que era James Bond, la saga más importante del cine, etc, con actores británicos, me ganó el entusiasmo más que los nervios que pudieran darme. Me dije: “¿por qué me voy a poner nervioso? ¿Por qué mi inglés es muy malo? Yo no pedí estar en la película, ellos son los que quieren que yo esté. Yo me divertiré y aprovecharé lo que se pueda aprovechar”, y con esa actitud me fui, y con esa actitud hice la película y disfrute mucho la experiencia. Después de esto viene el papel que te consagra frente a la audiencia, no sé si decir es tu bendición o tu maldición actualmente, hablo de “El Cochiloco” de “El Infierno”. Para este momento ya tienes la posibilidad de elegir a los personajes, de irlos buscando, De alguna manera sí. ¿Qué te atrapó del Cochiloco? En primer lugar, es una bendición, no es para nada una maldición, no me encasillo en ningún tipo de personaje, me he podido liberar de las posibles réplicas. Me gusto todo, en primer lugar, me estaba llamando Luis Estrada, de quien yo había visto “La Ley De Herodes” y “Un Mundo Maravilloso”, yo sabía que él significaba de entrada una historia formidable, reflexiva y crítica sobre el país y eso siempre me gusta, además significaba un gran elenco, porque Luis Estrada trabajaba, en lo que había visto, con los mejores actores, por lo que no pude más que brincar de emoción cuando me invita. Cuando leo a “El Cochiloco” me dije que no me podría ir mejor, que mejor experiencia, mejor regalo para mi carrera, que él me llame para hacer ese personaje, y cuando me entero que voy con Damián Alcázar y toda esa gama de actores, como Evangelina Pelayo, Isela Vega, toda esa pléyade de grandes maestros, a los que yo veía cuando estaba en Ciudad Juárez, y yo había empezado mi carrera tarde, alrededor de los cuarenta años, por
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lo que tenía viendo cine desde allá y conocía buena parte de la carrera de estos actores tan distinguidos, y yo no había pensado en estar con ellos, mi carrera era de teatro, no cinematográfica. ¿Qué significó? Por un lado, toda la gran experiencia cinematográfica que me planteaba, la dirección de Luis Estrada, que era un reto el estar con uno de los directores más importantes y rigurosos de México, adentrarme en ese tono complejo que tiene, por otro lado, el trabajar con actores de primer nivel, grandes maestros, además el regalarme un personaje maravilloso. ¿Dónde distingues un personaje? En el guión, en la manera en cómo dialoga, en las experiencias y situaciones que le suceden. “El Cochiloco” era un regalo obviamente. Un gran regalo y un gran reto porque era decir “Dios mío voy a trabajar con Damián Alcázar”, para mi fortuna, con las ganas de divertirme acepté gustoso a lo que me regalaba Estrada con “El Infierno” y me divertí y la disfruté y la gente se divirtió claramente. Recuerdo esa entrega del Ariel, cuando estabas nominado, era uno de los premios más cantados esa noche, y recuerdo que ibas con incredulidad de que te lo ibas a llevar, recuerdo tu entrada a la sala de prensa con el Ariel en la mano, todavía con esa sorpresa en el rostro, ¿qué significó para ti el Ariel? Fue una presea que nunca pensé en ganar, codiciada, deseada, pero que nunca pensé en tenerla en mi mano. Yo ya había sino nominado por “El Mascarita” y con eso ya tenía más que suficiente, ya me sentía en la gloria cuando con una carrera tan breve en el cine, me nominan para el Ariel, yo pensaba hasta aquí llegué porque es un reconocimiento de la Academia, de los grandes maestros, y de pronto me lo gano. Cuando recibo el Ariel no podía, efectivamente, creerlo, estaba yo más que incrédulo recibiendo mi presea. Significa un reconocimiento a tu trabajo que haces de una manera tan íntima, es un trabajo tan personal, claro, al final es público, es masivo, pero tu actúas en soledad, en silencio, construyendo tu fantasía, dándole paso a tu imaginación, y que ese trabajo lo reconozca la Academia, es algo que a la fecha me tiene muy orgulloso. Eres un actor que ha hecho muchos papeles de duro en comedia, pero hace unos años te llaman para un papel muy importante que es el de “La Delgada Línea Amarilla” donde recuperamos una parte del drama que se había quedado de lado en tu carrera. Bueno, “El Infierno” tiene un drama terrible en tono tragicómico. “La Delgada Línea Amarilla” es otra gran película, otro gran guión, y es otra Opera Prima, esta de Celso García, y es también un reencuentro con mis grandes amigos, trabajo de nueva cuenta con Damián, con Silverio Palacios, con Gustavo Sánchez Parra, con Fernando Becerril, una serie de actores que admiro y que tengo la fortuna de que son mis amigos. Se vuelve a plantear estos constantes regalos que me ha dado mi profesión, una experiencia afortunada y con un guión estupendo, con una producción de Guillermo del Toro. Y después de verme en “La Delgada Línea Amarilla” me llama para “The Strain” con un personaje precioso de nueva cuenta, un luchador. ¿Qué podemos esperar de Belzebuth? Una joya. Yo creo que pueden esperar una muy buena película, Emilio Portes me parece otro de los grandes directores jóvenes mexicanos. Tengo la fortuna de haber trabajado, a reserva de los grandes maestros, Jorge Fons con quien trabaje en una telenovela, y bueno con Luis Estrada, Nacho Ortiz, Carlos Carrera, con muchos jóvenes, como Alejandro Lozano en “Matando Cabos”, el ya mencionado Iván Ávila, y he trabajado con otros jóvenes talentos, pero Portes es uno de los grandes del cine mexicano, es un guionista formidable, con “Pastorela” se llevó doce Arieles, y ahora “Belzebuth” que es de él, revive esas atmósferas que ya vimos en “Pastorela”, estas atmósferas sobrenaturales, pero ahora en un tono realista, una historia de posesión demoniaca en un universo de narcotráfico y violencia fronteriza. Yo creo que “Belzebuth” va a ser un gran éxito. Es otra película de la que me siento muy orgulloso, porque haber trabajado ese personaje, alguien tan rudo como yo, tan corpulento, y ser poseído por el demonio y hacerlo real… me divertí increíble. Auguro va a ser un éxito.
Para finalizar, ¿cuál es el futuro que ves para el cine mexicano? Yo lo veo bastante promisorio, y aunque debería haber más definición de parte de los programas de cultura que traerá el nuevo gobierno, me parece que podemos esperar cosas interesantes. Vivimos un momento muy importante, donde hay nuevas generaciones de actores, directores, guionistas. Además, esperaría yo un buen momento en relación al estímulo que pueda tener el Estado mexicano para la producción cinematográfica mexicana. Es una industria que siempre tiene problemas, que tiene enemigos radicales y rotundos, el cine de Estados Unidos, pero yo creo que viene un momento interesante ante las posibilidades de un Estado mucho más consciente del trabajo artístico de los mexicanos y yo creo podemos esperar un gran momento.
Para la Mala Rodríguez, las diosas están olvidadas y son ignoradas. Así ha sido la historia de la humanidad durante mucho tiempo. En su mayoría son los hombres quienes cuentan las historias, quienes expresan una forma de ver la realidad, pero no la realidad que a diario viven las mujeres en el mundo. ¿Cómo cambiar la historia? Las mujeres tienen que renacer y una forma de hacerlo es escribiendo. Se necesitan mujeres que expresen la visión que tenemos del mundo. La Mala es una de esas mujeres que durante varios años ha levantado la voz como mujer a través de sus letras y música. ¿Quién me protege? Un día, una carta llegó a manos de la Mala Rodríguez. Una señora le contaba el asesinato . su hija a manos de su pareja. Paralelamente, de en España se vivían momentos difíciles. Todos, sobre todo las mujeres, comentaban un mismo suceso: una violación en grupo que había ocurrido. Inspirada en aquellos sucesos, la Mala escribió la letra de Gitanas, uno de sus más recientes sencillos. Tuvo que pasar alrededor de un año para que ella encontrara la música perfecta para la canción: una melodía y ritmos fuertes, con mucho metal y tensión. ¿Dónde están mis gitanas? Solo ellas saben lo que se cuece aquí Otro fin de semana Dime ¿quién quiere alguien que le trate así? Duermo sola en mi cama Mucho que pensar, poco que decir Otra vez, otra vez ¿Quién me protege? ¡Yo, de frente! Un dato curioso de esta canción es que en el puente se escucha la voz de Virginie Despentes, una escritora feminista de origen francés. Esta autora es conocida por su libro Teoría King Kong, en el cual realiza planteamientos acerca del feminismo y la teoría del género basada en sus propias experiencias. Uno de los tópicos importantes que analiza son las violaciones. El título de Gitana responde a que éstas son las primeras feministas con las que la Mala Rodríguez tuvo contacto. Poco después que el sencillo se diera a conocer, la sentencia de “La manada”, el grupo de jóvenes que abusaron sexualmente de una chica, se daba a conocer. Llegó el día en que estaban rodando el video de Gitanas y lo único que todas tenían en la cabeza era la sentencia y la impotencia de saber nadie protege a las mujeres. Los hombres fueron condenados por abuso pero absueltos por el delito de violación. “Este mundo es un mundo de hombres todavía. Es esto lo que hay y yo creo que es muy necesario que fomentemos el feminismo, que demos a conocer toda esta corriente, que se visibilicen todos los problemas que tenemos las mujeres y que sigamos trabajando para encontrar esta igualdad que tanto nos hace falta”, comenta. .
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No al miedo y sí al amor “Quien canta su mal espanta” es un dicho que la Mala Rodríguez tiene muy presente. Para ella, al cantar se puede sacar y mostrar todo aquello que se tiene dentro y hace daño. Hablar cura, hablar sana. Sin embargo, a través de la música también se puede expresar lo bello de la vida como lo es el amar. Ejemplo de esto es Contigo, su último sencillo. Esta canción toma como base la emoción que se siente cuando uno se enamora, aquél primer instante en el que se piensa “me voy a atrever”. Para la Mala todo este tipo de experiencias están llenas de valentía y magia. Mucho se ha dicho sobre esta canción en cuanto al ritmo, totalmente innovador en cuanto a la música que anteriormente ha lanzado. La Mala sin titubear explica que es un dembow, un ritmo proveniente de Jamaica al igual que Stylo G, con quien a dueto canta esta canción. No obstante, al tener su propio estilo para cantar y su acento andaluz, la Mala aboga que lo que se escucha es totalmente nuevo. Además, comenta que está abierta para todo el público; fácilmente puede ser una canción popular. “Toda esa música te hace moverte, te hace mecerte, te hace entregarte y es perfecta para hablar de enamorarse”, explica alegremente. Nuevas perspectivas La Mala Rodríguez se encuentra en un estado de madurez tanto como persona y artista. Sus experiencias y sensaciones son muy diferentes a lo que eran antes. Todo esto está influyendo en el nuevo material que está preparando y que podrá escucharse en su próximo disco. Como bien conocido es su estilo, La Mala aún no quiere proporcionar detalles sobre el nuevo álbum que lanzará; sorprender a la gente es parte de su personalidad. Actualmente se encuentra trabajando con mucha gente, disfruta cada momento y continúa aprendiendo lo que la vida le proporciona día a día. Es de esta manera como La Mala invita a todos a estar al pendiente de las actividades que realice porque cuando menos se espere, sorprenderá de nuevo con sus letras y su música, en la que una constante ha sido esa sensación de querer cuidar y amar, porque, en sus palabras, “la mujer no hace la guerra, la mujer cuida”. .
LNG/ SHT: EL BUENO,ELMALO Y EL MÚSICO
Por Alonso Efeese Fotografía: @rubenmarquez87
En los últimos años, mucho se ha dicho y escrito de Lng/Sht; que si es irreverente o irrespetuoso; que si es bueno o malo; que si está sobrevalorado o no; que si “ya se vendió” (lo clásico)…. Al final, dicen por ahí que en gustos se rompen géneros y la última palabra siempre la tendrá el público, y será quien construya su leyenda. Pero para eso todavía falta un largo camino. Lo que es cierto, es que día a día, su popularidad va in crescendo, sus adeptos son cada vez más y su importancia dentro del circuito independiente se va consolidando, a tal grado de que hoy en día ya tiene un sold out en El Plaza, en la colonia Condesa. — Al final del día, hay mucha gente que nos conoció hace cuatro años y hoy, quizá, ya somos unos mamones para ellos. Antes tocábamos, literal, donde fuera, pero hoy sabemos lo que este proyecto puede generar, la convocatoria que tiene, y ya no regalamos los shows, por lo que muchos pueden pensar que somos unos alzados o que somos una mierda, no sé… vaya, de esto comemos y tenemos que profesionalizarlo. Por decirte algo, acabamos de firmar con Universal y ya van cuatro veces que entro en un ataque de ansiedad, pensando en “la cagué, yo no soy un acto de disquera, soy un acto independiente. No me van a entender, estoy perdiendo mi tiempo…” y ya después es como “wey, cálmate, ¿no? Pero bueno, es algo que yo debo entender, que así es esto. Por ejemplo, ahorita Vans es uno de nuestros patrocinadores, es mi marca de ropa favorita desde que estaba morro y aceptar ese patrocinio me causó un conflicto, porque pensaba en que no quería que mi música fuera un medio para vender algo, ¿sabes? Pero bueno, al final es una marca que, de alguna forma, ha respaldado a una subcultura, a mí me dio un espacio cuando era un adolescente, respaldó mis inquietudes, ¿no? Hoy, por ejemplo, se nos cayó un patrocinio que nos iba a dar a parte de apoyo económico, cuatro conciertos para subir stories… Al final, no me están pidiendo que haga nada que no haría. Pero, te digo, hoy se nos cayó y sí fue como ¡chale! porque ya contábamos con eso y sí es frustrante. Pero, bueno, llevamos varios años trabajando sin un apoyo corporativo. El público y el boom de las redes sociales para crear lazos con el artista. — Yo siempre he tratado de acercarme a la banda que nos sigue, sobre todo en redes sociales. Sin embargo, llegó un momento en el que me di cuenta que eso ya estaba tenien-
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do un efecto negativo en mi persona. Por ejemplo, si un morro me ponía algo, bromeándome, yo ya me lo tomaba personal, me emputaba y casi casi se la armaba de pedo al morro. Pero al final de día, pues, es un morro que nos sigue, que está pendiente de lo que hacemos, ¿no?, y si fue algo que, no sé, me ponía amargado todo el tiempo y sí dices “chale, wey”. Por ejemplo, vamos a tocar en un festival con Los Daniels y Allison, dos bandas de las que yo me he burlado en mis rolas y con las que hoy en día tengo una buena relación, y yo mismo me di cuenta de que estos weyes no me han hecho nada. Independientemente de que sus proyectos musicales no me atraigan, tampoco tengo porqué agredir a nadie, y más si no se han metido conmigo. Entonces, tomé la iniciativa, hice las pases, me disculpé; sigo tocando las canciones como las he cantado siempre, pero ahora ya hay un buen rollo. Entonces, subo el flyer a mis redes y de inmediato tengo comentarios como “no mames, cómo vas a tocar con esos putos” y citando las frases de mis canciones, ¿no? Y lo entiendo, yo también fui así, pero ya no, jaja… es muy fácil caer en eso de “sí, yo soy más chingón y más gracioso, y puedo hacerlo mejor que todos”… pero, chale, wey. Hoy por hoy, el artista al que le tengo más respeto de la escena nacional es Mon Laferte. No es mi música, no es algo que yo escuche, pero es una morra que se ha partido la madre por 20 años, que hasta hace dos años tocaba en el Caradura sin ningún pedo, y ahorita está llenando foros como el Madison Square Garden o algo así. Obviamente, ya no es la misma persona hoy en día que cuando tocaba para 30 personas en el Caradura, se ha ganado un respeto de la gente del medio. La neta, la morra, aún estando en la cima, se sigue partiendo la madre, y mis respetos. Igual, yo no puedo ser la misma persona que era hace cuatro o cinco años, ¿sí me explico? Colaboraciones, amistades y uniones en la escena. — No Tiene La Vaca es una banda que mi hermano y yo escuchamos desde que vamos en la secundaria, siempre nos gustó un chingo. Entonces, que me contacten para colaborar con ellos, es un honor. También estuvo Marino del Chingadazo de Kung Fu, Aldo de Tungas, los tengo ahí grabados en mi estudio casero. Vaya, yo no soy productor ni nada por el estilo, no conozco mucho del tema, pero creo que entre más música haces y más música escuchas, te formas un criterio.
Teotitlán del Valle,
raíz de la cocina zapoteca de Las raíces y el sazón de la chef trascienden al mundo Por: Rocío Flores Fotografía: @chuchopotts
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Abigail Mendoza.
El agua del grifo cae sobre las ollas y rompe suavemente con el silencio del lugar. Dos mujeres se mueven de un lado a otro, entre vegetales, masa, y utensilios varios. Falta una hora para abrir el restaurante, pero la mayoría de las mesas ya están reservadas. ¿Todo esto ya está apartado, sí alcanzamos?, pregunta un hombre que ha entrado intempestivamente al lugar acompañado de dos jóvenes, mientras se dirige al fondo del establecimiento donde están las mujeres. El espacio es amplio, rústico y cálido, con materiales naturales y colores que remiten a la naturaleza. Evoca. Antoja. Desde ahí responde una de las mujeres que supervisa que todo esté en orden. Sí, sí, pase, apenas estamos cocinando, dice la chef zapoteca Abigail Mendoza, quien destaca desde hace varios años como una representante de la cocina tradicional mexicana por su delicioso mole oaxaqueño. Abigail los recibe con una amplia sonrisa, pero les advierte que mañana no va a trabajar, irá a la fiesta de una sobrina que cumple 15 años. “Y pasado mañana también tengo otra fiesta”, les dice. Presto, uno de ellos se acomoda en una mesa. Los otros observan y husmean en todo el sitio con cámara al hombro. La chef también les recuerda amablemente que aún falta una hora para abrir al público y se dispone para la entrevista. Se acomoda sobre un banco de madera y nos cuenta de ese tiempo cuándo decidió emprender su aventura en la gastronomía, desde Teotitlán, su tierra zapoteca. Pude haberme dedicado al tejido, porque mi padre me enseñó la artesanía tradicional de Teotitlán, pero mi mayor atractivo siempre fue la cocina, cuenta Abigail, quien conquistó con su comida a representantes de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 2005. En ese tiempo la comida mexicana era candidata a ser patrimonio inmaterial de la humanidad. Logró serlo hasta el año 2010. Ya instalada, relata que abrió su restaurante en Teotitlán (a unos 35 kilómetros de la capital de Oaxaca) el 14 de febrero de 1990. Era un local más pequeño, pero siete años después sus hermanos y ella lograron comprar con sus ahorros el terreno de al lado. “Y aquí estamos”, dice la chef, quien admite que lo difícil es mostrar a la gente un tipo de comida en particular, pero que gracias al amor y la cercanía de su familia ha logrado mantener durante casi tres décadas ese lugar, al que habitualmente llegan unas 100 o hasta 200 personas. “Es lo que más disfruto, mi familia y la cocina. Me gusta estar aquí. Cuando estoy fuera de Oaxaca o del país me gusta compartir lo que hago, que sepan lo que se produce en este pueblo, porque todo es de aquí, de mi gente, no compro en las tiendas”. De entre todos los viajes que ha hecho, Abigail dice que el último a San Matías Petacaltepec, en la Sierra Sur de Oaxaca, fue de los más importantes de este año. En él pudo compartir con muchas mujeres la importancia de la cocina tradicional. Ni cuatro horas en auto y cuatro caminando la frenaron. Llegó ahí para cumplir con la invitación de unos estudiantes de Medicina, quienes le explicaron que a su pueblo estaban llegando las cosas de la ciudad, “las comidas fáciles, todo lo que es la modernidad”, añade quién ha recorrido decenas de países de Europa, Asia, Sudáfrica y Centroamérica, con las ancestrales recetas de su estado natal y su sazón peculiar. “Estuvieron todos, los alcaldes, el presidente municipal, la gente del pueblo. Fue una experiencia muy interesante para mí porque es lo que hago para conocer más de mi área, esa soy yo, esa es mi gente, yo soy Oaxaca, nuestro estado”. La cocinera habla de la gran riqueza gastronómica que descubrió durante ese viaje, dice que no nos daríamos abasto para promocionarla, pero hay que seguir haciéndolo porque la modernidad, aunque no es mala, viene apagando lo nuestro. “No hay que consentirla, puede estar por encima de nosotros, entonces ya no existiríamos”, sentencia.
Tlamanalli (dios de la comida) La raíz que nutre Abigail cuenta que comenzó en la cocina desde muy chiquita, a los seis años. Pero cuando realmente se emocionó fue como a los 13, cuando su papá (y su familia en general) le dijo, “hija cocinas muy rico”. Me pregunté ¿Será cierto?, dice la mujer, con una gran sonrisa. A los 15 años empezó a investigar qué comida era más tradicional, de arraigo, lo prehispánico. Y así fue encontrando sus especialidades que hoy comparte desde el restaurante Tlamanalli —en náhuatl significa dios de la comida— considerado en 1993 por The New York Times como uno de los 10 mejores del mundo. La clave zapoteca La chef zapoteca comparte que, en su cocina, una de las claves es la masa. Manotearla hasta hacerla a la medida es lo primordial. “Desde el proceso de la nixtamalización, saber dar al punto, que no se vaya a pasar la cal o le falte, todo eso cuenta”. Obviamente, también depende del maíz. “Si es de tu campo lo conoces bien, pero si lo compras en otro lado, debes saber cocinarlo”, aclara. Del maíz y de la masa dependen muchas recetas de la cocina oaxaqueña, de ahí se puede hacer el mole amarillo, una rica tortilla, un atole para la cruda o para cuando estás enfermo, aunque para prepararlo hay que hacerlo en el metate, según comparte la
entrevistada. “Eso es lo que mamá explicaba”, dice dejando entrever un gesto de tristeza o nostalgia por la ausencia de su madre, quien murió hace un par de años. Su inspiración Abigail es la tercera de 10 hermanos y la mayor entre seis mujeres. Por eso, a la muerte de su madre tomó el lugar de ella para representar a su familia en todas las fiestas del pueblo; además de sus actividades gastronómicas, ahora dedica tiempo a las cuestiones tradicionales y sociales de su comunidad. De ahí la advertencia inicial a sus comensales de no trabajar en los días siguientes. Para la cocinera tradicional, la base, la inspiración y el éxito de su trabajo están en la unión familiar. La comida los ha mantenido unidos, aunque no estén físicamente juntos. Sus seis hermanas —Ruth, Adelina, Rosario, Marcelina, María Luisa y Rufina— han contribuido con su trabajo a lo largo de 28 años y han compartido las mejores y las más complicadas experiencias. En lo que se refiere a la gastronomía, su primera complicación era hacer mole. “Son los más complicados, pero cuando ya sabes hacer mole, significa que ya sabes cocinar”, dice la experta, famosa por sus platillos basados en apego a lo tradicional y el conocimiento ancestral, entre ellos la sopa de chipiles y el mole negro que en sus manos adquieren un delicioso sazón, adecuado casi a cualquier paladar.
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Abigail asegura que lo importante en su cocina es el respeto por la forma de pensar y de comer de los otros. Por ello se esmera siempre en refinar los platillos comunes en la región zapoteca. Desde un chocolate, hasta un chocolate atole, o una sopa, un chile de agua, unos frijoles o el mole amarillo. Convierte los platillos más sencillos en sabrosas creaciones. Pero la gran receta de Abigail Mendoza, sin duda, es dar lo que ella es, lo que le gusta, y esa gran disposición por compartir sus conocimientos. Después de casi tres décadas al frente de Tlamanalli, Abigail se ha consumado como una de las mejores chefs de la cocina tradicional, no solo en México, sino a nivel mundial. Aunque sigue vigente el recuerdo de cuando abrió por primera vez su restaurante. “Con el miedo empezamos, el día que abrí sentí una gran responsabilidad, pero ya no había manera de echarse para atrás. En la noche nos acostamos todos cansados, y al otro día cuando estaba amaneciendo desperté y comencé a llorar. Ahora sé que fue la decisión. Mis hermanas me abrazaron y me dijeron ‘no te preocupes manita, vas a ver qué tan lejos vas a llegar’, y lloramos todas. Después de eso nos pusimos a trabajar”, relata Abigail, se limpia la cara con su mandil y suspira. El sonido del disparador de una cámara interrumpe la charla y nos regresa al tiempo. Ella voltea a mirar al joven que apretó el gatillo para retratarla, sus ojos se achican por la sonrisa afable con la que le responde, su piel morena parece iluminarse igual que cuando habló del maíz, de la masa, del atole, de su tierra zapoteca y de lo que ahí nace. En Tlamanalli se acentúa el olor a hierbas y a mole. Las puertas se abren, es la una de la tarde.
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