O
PORTADA
Begoña Aresti, Viña Aresti
Pasión familiar Con una simpatía y energía desbordante esta conocida mujer curicana y una de las actuales dueñas de Viña Aresti, logra imprimir un sello único a cada una de las tareas que emprende. Alegre y positiva, querendona de su amigas, de su familia y de los largos veraneos junto con sus hijos y nietos. POR MARIA JOSE GARAY – FOTOS YOAO MUÑOZ
B
egoña se reconoce amante de los perros. En su casa ubicada en Molina tiene 12 de todas las razas, desde los más finos hasta otros que han llegado quien sabe de dónde. Pero a todos ella los contempla y los cuida con ternura. Lo mismo hace con su familia. Nada que le guste más que recibir a sus hijos y nietos, atenderlos y regalonearlos. Aquí todo parece puesto con mucho cuidado y dedicación. Acogedora y luminosa, sin lugar a dudas, cada detalle en este lugar refleja su particular estilo, divertido y audaz. Es ahí donde en medio de lindos muebles,
magazine 14
muchos de ellos heredados, fotos familiares y flores vive junto a Eugenio Eben, su marido hace 50 años. El mismo que cuando ella sólo tenía 14 y él 23 vio en la casa de sus papás y rápidamente se flechó. El mismo con el que se casó a los 17 años y tuvo a sus cuatro hijos, Begoña, Anita, Eugenio y Christiane.
invitar a nuestros amigos y siempre había lugar para todos. A mi mamá le encantaba recibir y poner la mesa linda. Muchas de esas cosas las heredé de ella, el gusto por atender y el amor a la familia”.
“De niña siempre me sentí muy querida por mis papás y hermanos. Yo era una niña muy decidida y arriesgada, de armas tomar, mis nietos por lo mismo me dicen “la doña”, (cuenta muerta de la risa). Estudié en el Villa María Academy. Vivíamos en una casa muy bonita en Santiago, donde podíamos
Recién casada se vino a vivir a Molina. Aprendió a manejar y empezó a hacer dulce de membrillo para vender. A los 21 años ya tenía a sus tres hijos mayores y así, prácticamente con tres guaguas no le faltaba que hacer. Sus días eran agitados y llenos de actividad. Cuando conoció a
La vida en casa
“Desde niña yo era muy decidida y arriesgada, de armas tomar, mis nietos por lo mismo me dicen “la doña”,cuenta Begoña Arestimagazine a One Magazine”.
“A mi mamá le encantaba recibir y poner la mesa linda. Muchas de esas cosas las heredé de ella, el gusto por atender y el amor a la familia”.
las señoras de los amigos de su marido, se metió a la Cruz Roja buscando poder ayudar a la comunidad. “Una vez que los niños entraron al colegio empecé a hacer más amistades. Eugenio siempre ha sido super trabajólico, entonces la casa y los niños eran mi pega y para mi estaba bien, no me lo cuestionaba. Estuve siempre súper involucrada en las cosas de ellos, fui hasta al viaje de estudios con la Bego, era presidenta de curso, siempre estaba en sus actividades, apoyándolos, viajes a la nieve, interescolares, tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo y lo hacía feliz de la vida”. Trece años después de su hijo Eugenio, y con sólo 33 años Begoña tiene a Christiane, quien prácticamente no vivió con sus hermanos. “Por lo mismo esta casa siempre estuvo llena de niños y yo me preocupaba de tenerles empanadas de queso, helados y cosas ricas. Mis tres hijos mayores fueron muy seguidos, entre las dos primeras hay once meses y después entre la segunda y el tercero un año y diez, entonces después de 13 años la llegada de la Christiane fue la felicidad máxima.” “Siempre esta casa ha reunido a todos. Me encanta que sea así, es lo que vi en mis papás y me hizo ser tan apegada a ellos. Nos incluyeron en sus viajes, en sus vidas, fueron muy generosos y cariñosos. Una familia bien achoclonada en donde cada semana cuando mi papá llegaba de Santiago a mi casa para todos era una verdadera fiesta. También tuve la tremenda suerte de que Eugenio y mi papá tenían una relación fantástica. Yo siempre fui muy regalona de mi padre muy cercana a él por lo mismo su partida, a pesar de que murió a los 94 años ha sido muy dura. Con mi papá al lado me sentía muy segura. Cualquier cosa podía pasar pero él estaba. Sus brazos me iban a proteger. Cada vez que puedo lo visito en
magazine 16
“Me involucré siempre en todo de mis hijos, fui hasta al viaje de estudios con la Bego, era presidenta de curso, siempre estaba en sus actividades”.
“Siempre esta casa ha reunido a todos. Me encanta que sea así, es lo que vi en mis papás y me hizo ser tan apegada a ellos. Nos incluyeron en sus viajes, en sus vidas, fueron muy generosos y cariñosos. Una familia bien achoclonada”.
el cementerio y me preocupo que no le falten flores frescas”. ¿Hay algo de lo que nunca te has arrepentido? Cuando los niños tuvieron edad para irse al colegio yo matriculé a mis niñitas en Santiago sabiendo que Eugenio no se iba a ir conmigo por motivos de trabajo, sin embargo, me detuvo el pensar en mi matrimonio, en dejar solo a mi marido y finalmente me quedé. Era un riesgo decidí quedarme y me fui acomodando buscando qué hacer y como entretenerme. ¿Cómo se llega a cumplir 50 años de matrimonio? Eugenio siempre me ha dado el espacio que necesito y me ha dejado ser, al igual que yo con él. Creo que esa ha sido la clave de nuestro matrimonio. El ha sido muy sabio y se lo agradezco. Hemos tenido épocas buenas y épocas malas, como todo el mundo. Con Eugenio teníamos un campo lindo en El Yacal que tuvimos que vender.
Siento que fue un muy buen aprendizaje en mi vida que me preparó para todo. Cuando uno ha pasado por varias cosas uno está más fuerte para enfrentar cualquier problema. Además me ha ayudado mucho el ser positiva, el no echarse a morir. Hay que cuidar lo que uno tiene. ¿Cómo fue para ti ser nombrada hija ilustre de Molina? Recibir el reconocimiento de la comunidad de Molina me emociona profundamente. Pertenezco hace muchos años a las amigas del hospital de Molina y siempre he tratado de estar y cooperar lo que más pueda en toda la parte social. Es un tremendo orgullo. ¿Algo que te hubiera gustado hacer? Me faltó haber estudiado para recibir la responsabilidad que tengo hoy día.
Nuevos desafíos ¿Cuáles son tus primeros acercamientos al
mundo del vino? Desde que éramos niñas mi padre nos llevaba a mi hermana Anita y a mí a recorrer los campos de la familia en Molina y varias veces viajamos por el mundo a distintas ferias de vino. Mi papá en esa época nunca nos dio la posibilidad de entrar a sus empresas porque las niñitas estaban para adornar la mesa, sin embargo, de alguna forma él nos fue introduciendo paulatinamente en este rubro, porque sabía que era cosa de tiempo y más temprano que tarde se nos iba a venir encima una tremenda responsabilidad y debíamos estar preparadas para tomarla. El 2005 las hermanas Aresti comenzaron a participar en el directorio de la viña Aresti porque, según cuenta Begoña, “mi papá había decidido que ya era el minuto que tomáramos conocimiento de sus cosas”. Otro paso clave en el proceso de ir asumiendo las nuevas responsabilidades que se venían fue su participación, junto
magazine 17
a su hermana Anita el año 2008 en el Programa Alta Dirección de Empresas (PADE), de la Universidad de los Andes. “Al principio fue súper difícil, pero fue una tremenda experiencia”.
Bienestar para sus colaboradores Finalmente el año 2012 los hermanos Aresti López, Vicente, Begoña y Anita decidieron separar aguas y hacer una reestructuración de sus negocios. Las hermanas quedaron a cargo de la viña, y hoy son ellas quienes sienten que al quedarse con este negocio
magazine 18
asumieron una doble responsabilidad: que sea rentable y permanezca en el tiempo. “Esta es una empresa familiar”, afirma Begoña, quien dice estar tranquila porque cuentan con un equipo de profesionales de lujo, además de toda la experiencia adquirida junto a su padre. Un gran desafío también será la Fundación Educacional y Ecológica Aresti La Reserva de la que acaban de obtener la personalidad jurídica y en la que Anita Aresti es la presidenta. El objetivo será dar educación a los hijos de la gente que trabaja en la viña. Iniciativa que se suma a la biblioteca con que cuenta la empresa en donde se
han instalado computadores con internet para uso de los hijos de los trabajadores del lugar. “La vida nos ha dado tantas oportunidades que uno también tiene que devolver la mano”, afirma Begoña. “Mi papá nos enseñó que había que trabajar y dar empleo por eso hoy estoy metida, además de la viña, en un proyecto en Traiguén de 300 hectáreas de plantaciones de cerezos, manzanas y kiwis junto a dos familias más. También con mi hijo Eugenio tenemos negocios en el sector inmobiliario y con mi marido en Pencahue dos campos de los cuales uno ya está completamente plantado de frutales. O