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LaSílaba #2

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México

Número 2 Mayo 2020

MAGAZINE

LA SÍ LA BA

Sofía Missiato Barbuio | Marcela Montelongo José Luis Unzueta | Guillermo Romo | Fernando Flores Martínez | Caro Villegas | Federico Alaniz Cabral Héctor Itzaes González Ramírez | José Missael Macías Jasso Emiliano Garibaldi Toledo | Pável Castruita Romina Gallo Martí


También aparece en páginas: 8, 12, 38, 40, 50.

LA SÍ LA BA


a


Desde el confinamiento indefinido, hemos leído cada colaboración y mensaje que nos mandaron estas semanas. Si hay incertidumbre sobre las formas de vida que vendrán después, queremos pensar que, pese a todo, nos quedará la posibili‐ dad de encontrarnos a través de las palabras y las imágenes que creamos. Lo que creíamos la normalidad se tambalea como realidad concreta y como idea en nuestras mentes; tal vez porque no anhelamos algo que de por sí nos incomoda‐ ba a cada instante. Sin esta distancia de por medio, quizá no hubieran encontrado sus pa‐ labras oído en nuestros ojos. Agradecemos a l@s colaborador@s de este número, porque crearon la posibilidad de seguir encontrándonos. Las crónicas, poemas, cuen‐ tos, dibujos y reflexiones de este número pa‐ reciera que carecen de un hilo conductor entre sí. Personas de diversas realidades y tiempos, le‐ janas unas de otras, sin conocerse y, sin


embargo, conspirando para hacer nacer las imá‐ genes que podrán leer y observar en esta segun‐ da entrega de LaSílaba. No sabemos cuánto estaremos confi‐ nad@s de alguna u otra manera; hasta cuándo seguiremos perdidos entre sótanos laberínticos como los ciegos de Sábato. Lo que pensamos es que queremos seguir imaginando colores, pa‐ labras, texturas, miradas y roces, mientras que se derrumba la supuesta normalidad suspirada por much@s. A eso l@s seguimos invitando, a crear para seguir existiendo, a existir para seguir re‐ negando, a renegar para seguir creando… Desde el sótano Casa Editorial de La Sílaba, El Gatito Espejo


SOBRE A FELICIDADE ESTAR EM SI E NÃO EM OUTRO LUGAR

SOFÍA MISSIATO BARBUIO

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SOBRE A FELICIDADE ESTAR EM SI E NÃO EM OUTRO LUGAR Neste momento não é possível viajar. Tivemos que rever toda nossa rotina e mudar percepções que tínhamos sobre espaço-tempo-lugar. Porém não é de hoje que as pessoas em nosso entorno romantizam o ato de viajar. ‘’A todo o tempo a todo lugar, sempre quando possa, você deve fazer, a buscar por si deve ser continuada —eles tentam dizer ainda sobre gratidão e positividade— é necessário ser viajante para que então você possa se descobrir, se entender, viajar é o caminho para o autoconhecimento. Não é. Afelicidade está em nós, dentro de nós e mais em nenhuma parte. Entretanto o que está lá fora parece melhor, La sílaba 9


mas é uma falsa ilusão. A dificuldade de locomoção pelo coronavírus me levou a entender que justamente foi com a falta de opções é que eu encontrei onde estava perdida – na cidade – eu estava perdida na cidade - com tanto movimento exterior. Ointerior se confunde com a falta de prioridade que se dá a ele Ede quem é a culpa? Quem é o responsável por nos deixar tristes quando tínhamos tantas opções em um mundo antes coronavírus? Tua culpa Que se deixou levar por frívolas felicidades, que atropelou o tempo, e deixou a vida atropelar sua própria vida. Que depois, tenhamos a responsabilidade para comnóscomoindividuo,deentenderasexigências interiores, a voz que fala baixo e que você finge não escutar...

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(La fortaleza del tiempo, Israel LĂłpez Balan)

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SPUTNIK UN VIAJE INESPERADO AL TIANGUIS

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José Luis Unzueta Ya desde hace varios años pertenezco al sector de ventas informales, en el rubro especifico del mercado sobre ruedas, mercado de pulgas o más conocido en mi comunidad como el tianguis. Es del conocimiento de la mayoría que en estas conglomeraciones de compra y venta puedes participar

como cliente, buscando algo en especifico de la canasta básica, ropa, calzado, accesorios del hogar o algún objeto de nostalgia o curiosidad. Cabe destacar que, de lo último mencionado, puedes tener un hallazgo inusual y comprar a un bajo costo una pieza única, que sólo pudiste encontrar ahí: La sílaba 13


desde la muñeca de porcelana que te recuerda a las que tenía tu abuela, hasta pedazos del satélite Sputnik. Bueno, creo que exageré, pero sólo para que quedara claro el puntoRecordé que en una entrevista al fallecido Kurt Cobain le preguntan sobre su vida después del éxito y me llamó la atención que él decía

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que cambiaba la perspectiva de ver el mundo y que extrañaba poder volver a ir a un tianguis y, con poco dinero, comprar algo que sólo ahí podía encontrar y atesorar. En fin, siguiendo con el lado de ser cliente, también a muchos les gusta desarrollar ahí sus habilidades del arte chacharezco y se vuelven unos verdaderos tiburones


del regateo y el trueque. Ahora bien, del lado del vendedor, sea como sea que llegues a serlo, por deshacerte de cosas, por obtener ingreso extra, por amor al arte; viene también una experiencia de vida que sólo te puede dar la venta en las calles. Desde animarte a vender, poner precios, enfrentarte a

revendedores y clientes colmilludos, convivir con tu vecino de ventas y aprender un sinfín de estudios antropológicos a partir de las vivencias de los demás y las propias, que es a lo que voy con este preámbulo. Son cientos de anécdotas y hasta sketchs dignos de un programa de comedia y drama.

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En esta ocasión quiero narrarles de un día en especial. Cierto día, me dispuse a acomodar mis chácharas y mi puestecito en el lugar que ya por derecho consuetudinario me otorgó el Führer del tianguis, el dirigente. La persona que siempre se pone a un lado mío no asistió y eso permitió colocarse ahí a unos jóvenes. No sé a qué se dedicaban realmente, pero ese día fueron a vender ropa, tenis y cosillas que entre los cuatro que eran llegaron a

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juntar. Los saludé y, ya en confianza, me platicaron que querían vender cosas y juntar dinero para un viaje, no muy lejos, pero ocupaban feria. Inmediatamente al instalarse, empezaron a llegar como gaviotas muchos revendedores y clientes a ver las novedades que suelen llevar quienes van esporádicamente. El caso es que fue un momento y se dispersó la gente luego de haber acaparado lo mejor que tenían, por precio y calidad.


A uno de los cuatro jóvenes se le hizo bueno comprar de una vez unas botellas en el oxxo que está enfrente, con el dinero que llevaban hasta ese momento, y todos estuvieron de acuerdo, ya que era parte esencial del plan. Transcurrió el día y vendieron unas cosas más. Luego, también, se les hizo gran idea darle el visto bueno a los alcoholes que compraron. Compraron vasitos, hielos, refresco, también papas y, muy discretamente, ya que su vehículo estaba cerca de la venta, empezaron a tomar

con un gusto que ni el príncipe de la canción le llegó a agarrar al elixir de los dioses. Ya mareados, en fase 2, empezaron a rematar las cosas y a comprar más alcohol. Unos se iban al baño, otros al carro, y el puesto solo. Ya en la siguiente fase de la tomada se veía venir el caos. Yo estaba en mis asuntos, pero de reojo alcanzaba a ver la situación y no se veía bien, ya más pa´ allá que pa´ acá. Empezaron a discutir, porque resulta que les faltaba no sólo dinero, sino mercancía que, por su estado, no La sílaba 17


(Gato que atiende puesto de chácharas en el Tianguis de El Salado, Iztapalapa)

sabían si la malbarató alguno o, si en una distracción, se las habían robado o si en realidad existen los agujeros de gusano vórtex y portales interdimensionales. La cosa era que ya no estaban a gusto ahí, con ellos mismos,

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ni entre ellos y, como dios les iluminó en ese momento, por que ya andaban zumbados por tomar tanto veneno, empezaron a recoger las cosas y la sombrilla. No sé qué edad tenían, pero eran entre 18 y 20 años. Creo que no tenían


mucho callo al pistear: el que traía el carro sólo dejó subir a otro de ellos, uno ganó caminando y otro en taxi. Por lo que alcancé a escuchar, el dichoso viaje no se iba a cumplir, ya que salieron de bronca, pero la

experiencia de su estancia en la venta callejera jamás créanme- se les olvidará y, pues, a mí tampoco. A quien lea esto, también esta invitado a guardarlo en sus historias.

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Una gran dificultad a la que aún me enfrento, cuan‐ do pretendo hacer una redacción, es el notorio des‐ equilibrio o desajuste de los componentes que se utilizan para realizar dicha actividad. En primero lu‐ gar, me refiero al pensamiento, producto de otro concepto abstracto, la mente, que podemos repre‐ sentar como un caballo salvaje que para montarse con dominio debe primero domarse, o también, como una máquina con muchas combinaciones de engranes, y la clave está en coordinarlos para con‐ trolar la velocidad del pensamiento. Pues cuántas veces no hemos sentido la sensación de que nuestra atención se descarrila por la alta veloci‐ dad del pensamiento, y uno no ha acabado de plasmarlo por escrito, de manera que ya se nos olvi‐ dó la articulación verbal en mente, que humo se vuelve. De esta forma, tenemos pues que el primer componente compete al contenido. Para el segundo componente, me refiero, en efecto, a la acción de transmitir mediante la escritura el contenido ideado. Si bien, el avance tecnológico de las computadoras nos permite ahora plasmar las palabras en texto mediante la emisión fonética y su recepción median‐ te un micrófono; y a medida que la expresión oral, está más desarrollada por ser socialmente una necesi‐


dad temprana que la escritura, puede resultar ser más práctica para la mayoría de las personas que no se han vinculado con la mecanografía: forma tradicional de la escritura contemporánea. Una vez dominando la mente, o en otras palabras más específicas y menos emocionantes, reteniendo la información, que en suma con la capacidad de re‐ dactar lo más rápido posible dicha información, se incide en poder liberar la memoria y dejar fluir con armonía el pensamiento que idealmente se impreg‐ na con su escritura en tela, cual si fuera la semilla que siembra un tractor. Por último, un ejercicio de entrenamiento que abor‐ da lo expuesto. Tal y como San Agustín de Hipona reflexionó en sus Confesiones sobre la percepción del tiempo, al cantarse una canción memorizada, obte‐ nemos por consiguiente la impresión de tres divisio‐ nes conforme es ejecutada: expectativa (futuro), atención (presente) y recuerdo (pasado): “Y lo mismo que sucede con la canción entera, ocurre con cada una de sus partes y con cada una de sus sílabas […] Y así sucede con la vida del hombre, de la que todas sus acciones son partes. Y así también con toda la historia de la humanidad, de la que la vida de cada hombre es una parte”.

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Como en su ejemplo, nos situaremos a disposición no de cantar, sino de es‐ cribir mediante la mecanografía, una canción aprendida, preferentemente de velocidad lenta o media, según sea nuestro grado de velocidad al teclear correctamente. Cual carrera contra el reloj, se debe concluir la escritura antes que la interpretación verbal en el audio de la canción. Cuya finalidad es estimular la memoria y ejercitar la velocidad de la escritura.

San Agustín en su gabinete(1940-1945), Sandro Botticelli. La sílaba 23


SILAVA Cuento


VARIO Poesía


CUENTO

LA Fernando Flores Martínez IGNORANCIA DEL MAL VIVIR 26


La Ignorancia del mal vivir Día 27, me detuve sobre el borde de la ventana, se avecinaba una tormenta y buscaba un refugio donde pudiera pasar la noche. Nada cómodo, sólo un lugar donde cuidarme de esas grandes ráfagas de aire de febrero que lo obligan a cambiar el rumbo aunque no lo quiera, al final de cuentas, qué tanto es esperar otro día más para mi muerte. -A partir de hoy, te restan 28 días de vida, aprovéchalos con tu familia, con los tuyos, no te gastes la vida en tratar de comprenderla. Sabias palabras que hasta ahora retumban dentro de mí, hicieron hueco en lo más recóndito de mi ligero cuerpo. Eso fue hace 27 días… Es como escuchar a diario durante el resto de tu maldita y corta vida un triste zumbar de los élitros más agudos, de esos que hacen llorar el cielo, que truenan las calderas del tímpano. Dejé a los míos desde que me enteré de tan detestable noticia y no fui el único, pero me La sílaba 27


sorprendía que algunos festejaban sus días restantes de vida, parecía no importarles nada ya que había comida suficiente para todos y montones de revistas que hablaban de vidas falsas, que leí tres veces por lo menos, -“si tan solo hubiera sabido de esta noticia antes de perder el tiempo en el patético agente bond, tendría más tiempo para entender porque moriríamos tan rápido”. Todo dependía del maldito clima, pensaba… Salí en busca de respuestas, enfrentando los fuertes aires que me hicieron cambiar de rumbo un par de veces, jamás había sentido ventarrones tan fuertes como ese día, me rasgaba el cuerpo, me cegaba con el polvo, hasta que llegué a una casa, esos aires trajeron unas grandes nubes que tapizaron el cielo de gris. –Seguro que hoy cae tormenta. Pensaba… El joven de mochila que llegaba de su escuela entraba tan rápido a la casa que me escabullí detrás de él sin que me mirara. Sigiloso, el corazón me latía tan rápido

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que parecía salir de mi pecho, jamás había hecho algo como esto, yo quería respuestas y ese lugar era el único a cientos de kilómetros. “Seguro aquí me ayudarán.” Pensaba… Pasé la tarde escondido en aquella casa, observando las fotos de reuniones en la playa que había sobre la pared, entonces descansé pues los vientos me obligaron hacer un esfuerzo brutal para llegar hasta ahí. Vi ponerse el sol, lo vi dormir tranquilo como si alguna melodía lo arrullara mientras se enterraba entre las montañas y de pronto se fue junto a mi penúltimo día de vida, lo envidié por ese momento. “Seguro no sabe cuánto tiempo le queda de vida por eso es tan feliz.” Pensaba… Yo tenía miedo, quería saber cómo es que me llegaría la muerte. De pronto algo me sedujo entre los cuartos de la casa, era una luz cálida, excitante, me atrajo lentamente hacia ella, no pude no mirarla, entre más me acercaba más fuerte era la sensación, apenas los La sílaba 29


distinguía, con sus largas vestimentas y cubrían sus ojos mientras simulan emprender un vuelo. “Qué injusta es la vida, ellos pretenden volar sin alas y yo pretendo vivir sin tiempo ”. Pensaba… Día 28, desperté sobre una pila de libros viejos, la luz de esa noche se había ido, era el día, tenía que ir hacia el joven y pedirle ayuda por mí, por los míos… Busqué por todas partes, subí, bajé, grité y no había respuesta, nadie me escuchaba, era mi último día de vida y no había nadie quien me ayudara. “Es posible que el joven se haya ido mientras yo filosofaba y aceptaba mi amor a la vida y mi temor al mañana en aquella luz.” Pensaba… Levanté la mirada hacia la ventana y me dispuse a esperar la muerte sobre aquella pila de libros, que había cagado debido al miedo que me carcomía las entrañas, pero que se desvanecía poco a poco por la caricia suave de los rayos del sol sobre mi espalda y mis vellos.

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En ese momento pensé lo bonito que sería abandonar la vida justo ahí. Ya sólo me quedaba recordar mis mejores días al lado de los míos… “total para mañana mi cuerpo será problema del dueño de la casa.” Pensaba… Recuerdo muy bien aquella tarde, el joven llegó igual de agitado que el día anterior, yo me quedé sobre los libros esperando me viera y si no era el destino, sería él quien me quitara la vida por lo que le había hecho a sus libros. Se sentó junto a mí, se veía pálido, cansado, sentí su triste mirada sobre mi cuerpo inmóvil, se quedó así durante mucho tiempo, con sus penetrantes ojos color café y su vaho gris sobre mis vellos. Tomó una hoja de papel que había cerca y me puso sobre ella, me acercó a la ventana y me dijo quedito, -Quién fuera tú, pequeña mosquita, sin preocupaciones en tu vida, sin pagar alquiler, sin tolerar lo absurda e injusta que llega a ser la vida, no mereces esta cárcel, sal y disfruta de tu gran vida corta. La sílaba 31


EL HOMBRE ALTO Emiliano Garibaldi Toledo

Sí… sí… sí señor, usted es un hombre muy alto, no cabe duda, al menos para estos tristes ojos de quince veinte no hay ninguna. Por si fuera poco y, en vista de que no se puede confiar en los testimonios individuales que aseguran que lo es, aquí lo dice, en este papel que usted amablemente me acaba de entregar. Esa medida, creo, cumple los requisitos para que usted sea catalogado como un hombre alto, al menos más alto que la mayoría. Esta afirmación, por si no bastara, se sustenta además en las características del lugar en


el que estamos. Eche un vistazo, vea muy bien a su alrededor y se dará cuenta de que aquí sólo hay montañas, ¿no lo ha notado? Puras montañas, ni una sola casa, ni una carretera, ningún rastro de civilización. No, no me interrumpa señor, yo lo dejé hablar hasta el punto final de sus aspiraciones, yo, con paciencia, inhalé cada una de ellas hasta el agotamiento, espero que al menos me deje terminar de inflar mi pulmón izquierdo. Lo que quiero decir es que no hay duda alguna sobre su capacidad para alcanzar objetos con un esfuerzo


mínimo, tal vez, incluso, no tenga que hacer ninguno, usted va y viene, por aquí y por allá, en cualquier lugar alza los brazos hacia el cielo y parece como si lo único que hiciera falta fuera su voluntad para comerse una estrella; lo que a la mayoría le causaría un dolor de espalda a usted la parece un suspiro. Sí, es usted un verdadero gigante, no lo puedo negar yo, no lo puede negar ese señor lleno de espinas en las manos, no lo negaría la muchacha del birrete morado, ni ella, la niña que juega a desgarrarse el oído para hablar, ni ése que se fuma la vida para llegar a tiempo a la labor. Aunque intentáramos convencer a toda la flora y fauna de esta tierra de que usted,

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señor, no es un hombre alto, aunque visitáramos de puerta en puerta a las arañas y a los pinos, aunque revolviéramos el lodazal de las palabras, y en el fondo encontráramos una hoja delgada y afilada para cortarle la cabeza… Espere, no se ponga así, no es una amenaza, no lo es, claro que no lo es porque usted es un hombre alto y yo nunca me atrevería a insinuar que se deben cortar todas las cabezas de todos los hombres altos como usted, porque entonces dudaríamos de su tristeza y de la nuestra. Lo único que quiero decir es que sí, es usted un hombre muy alto, y tal vez se ha olvidado de revisar sus manos. Las ve ahora, las mismas manchas negras brotando desde adentro, el mismo hedor a muerte perezosa que usted no podrá oler hasta que agache un poco la cabeza.

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Salvador Bonilla CortĂŠs

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La rutina me consume. El camino: escuelacasa. Regreso. El camión. Sentado. Ventanilla. Cristal roto. Está bloqueada. Miro sin observar. Tres de la tarde. Sol a plomo. Treinta grados. Sed. Sudor. Olor. Volteo. Miro hacia afuera. Observo. Semáforo. Luz roja. Automóviles. Cotidianeidad. Un instante. Se rompe… Un niño. Observo. Pequeño. Calculo. Ocho años. Observo. De pie frente a los carros. Descalzo. Asfalto caliente. Me estremezco. Observo. Rostro blanco. Labial rojo. Sonrisa mal maquillada. Observo. Analizo. Ojos tristes. No hay sonrisa de fondo. Ropa sucia. Tres, dos, uno. Comienza. Un acto. Malabares. Un vaso de agua. Equilibrio. Sobre la cabeza. Segundos. Suenan los motores. Segundos. Suena un claxon. Segundos. Trastabillea. Segundos. Cierra los ojos. Segundos. El vaso cae en su rostro. Segundos. El agua le recorre. Segundos. Semáforo. Luz Verde. Claxon. Motores acelerando. Gritos. Claxon. Segundos. El camión avanza… Se esfuma la imagen… La sílaba 37


I Cactus rondan la arena que el aire sostiene en ocasiones levanta granitos de uno en uno y los deja mĂĄs cerca de la autopista juego ancestral que asfixia el tiempo desde su contenedor de vidrio la nociĂłn de un cartucho se me vuelve plomo bajo la mirada una noche entera cabe en este desierto muevo los dedos y el polvo se derrama en la brisa por eso aquĂ­ la pulpa es inherente a los alambres. II El secreto en la trinchera es el abismo orifico estacional que las hormigas deciden mi ranura hoy esteparia guarda coyotes

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uno a uno van extraviándose en un cielo que la lengua inventa si muevo los dedos me recogen si pongo un pie en el cielo estoy de pie si pongo un pie en el horizonte estoy de pie la esfera es un ceder de voluntades a quien trae la mano. III El sereno moja la paja bajo mi cuerpo desnudo sereno de gotas perdidas en la dimensión que pueblo estáticas como puntitos sobre papel ni la farsa del fuego les puede hacer humo

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saldrĂ­a de entre la arena pero aquĂ­ tomas leche y te escurre nata de los pantalones pantano es el arco que hacen las piernas y el semen por poco una piedra en el rĂ­o. IV Un hilo nos bordĂł el estĂłmago a las rodillas somos cosas hirientes remplazando matorrales donde los ojos de cuervo estrellan la noche del rabo a la hoja no hay lugar para la herida por eso los desaparecidos no sangran las manos apenas indagan el polvo en sus grietas no terminan de salvarnos cuando el cielo cae caemos todos.

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V Lety dice que la muerte es un grito y calla para no morir el cause ululado tiene nombres en mi boca el silencio también es un frente de guerra hay que disimular lo humano aquí se ladra después de cada palabra alabamos la esfera que al irse recoge a los que no habitaban sus abismos algo retumba y yo brinco es la percusión forestal de mis antepasados en el aire alcanzo a ver las espinas en la frente de quien tiene la mano.

Guillermo Romo La sílaba 41


DE MÉDICO A SOLDADO Federico Alaniz Cabral

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¿Soldado tú? Si ellos la declararon no es tu guerra; allí la sinrazón se vuelve sangre. Mejor la no violencia: sueño y bocado apacibles, la vida propia sin daño de la ajena.

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¿Médico, entonces? ¡Sí, desde luego! velad por otros sin arriesgar tu vida, sublima el brindis por la salud devuelta; viste de blanco el alma como el cuerpo: y conserva tu don de ser humano.

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Por extraña razón brotó la guerra, y los médicos, hoy, son los soldados. El plan para vencer “quedarse en casa” mientras Hipócrates, y su escuadrón dan la batalla.

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EL AIRE Caro Villegas

Amparo Dávila describió perfectamente su nostalgia como árboles petrificados, la entiendo, la ausencia petrifica cada movimiento del espíritu, más que árboles, a lo largo y triste de mi camino, veo siluetas petrificadas. Entes que ya no existen pero siguen, ahí, sin desaparecer, no avanzan. No se desmoronan. Como sombras en los días felices y como luz de faro en los momentos de la más asfixiante soledad. Veo desfilar desde la proyección de mi conciencia, el largo carnaval que fue mi juventud mas no logro descifrar cómo la gloria causa el desplome abismal de la rutina.

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Veo en mi onírico recuerdo, ojos que por años se humedecieron por mi figura y compañía, hoy, me observan desconocien‐ do, como negando, que por mucho tiempo me pertenecieron. Y apareces tú; como el aire me invades, te siento dentro del pecho. De a poco necesario, en exceso ahogas. Se‐ rás el aire de mi memoria : tangible e invisi‐ ble como toda ausencia que te pertenece.

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TUS AÑOS Y TU AMISTAD Caro Villegas

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La única distancia entre nosotros es el tiempo. Barrera indestructible, impenetrable, implacablemente inevi‐ table. Tu mirada fulgor de pasión deambula en mi ca‐ beza, tus manos de hombre sobre mi piel, tu voz como inicio de éxtasis en mi oído, tu aliento adictivo se sien‐ te en mi boca. Una mezcla de algarabía sensual es el resultado de tropezar nuestros caminos una vez más.


Es gracioso cómo me torturas después de tantos largos y espaciados años de nues‐ tra total ausencia. Pero es una tortura bella y artística como el suicida que encuentra un placer de pánico jugando ruleta rusa Fuiste un muerto. No existías, no valía nada tu nombre para mí y hoy de repente entre la desesperación de mi rutina flagelan‐ te, como amo de mi hogar, vacila tu recuer‐ do asfixiante y me vencen las ganas de ti. De palparte con mis cinco, seis o mil sentidos Más que el deseo inmediato de verte, está por muy encima la dicha sensasorial de tu cuerpo, el banquete delicioso que son tus caricias. Te acuerdas amigo ¿cuánto te gus‐ taba el juego de ser mi cazador? Nadie sabrá nunca lo inexplicable que son nuestros sen‐ tires al tenernos frente a frente, el hambre que nos dan nuestros cuerpos desnudos, las ganas que hay por devorarnos lo que tantas veces ya probamos, navegamos y conquista‐ mos. Sé el cazador más inapropiado, irre‐ verente, pervertido, que yo seré la presa más abnegada, sublime, disponible para comer. La sílaba 49


Romina Gallo Martí

Dejamos de escucharnos, nos da‐ mos unas palabras de despedida y luego el silencio. Siempre puede ser el último sonido que guarde tus palabras. Con esta guerra que nos atraviesa, cada vez que dibujo tus ojos, con el sonido de tu voz, puede ser la última oportunidad que tengamos para imaginar que podemos habitar otro mundo. Ahí donde sólo importen nues‐ tros cuerpos habitándose y habi‐

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tando la humedad de tu pueblo le‐ vantado en armas. Me quedo paladeando las ilusiones que nos damos a manera de esperanza. Como si, al decirnos lo mucho que queremos caminar juntas, se acercara de a poco esa Realidad tan distante ahora para los pasos que nos echamos a los hombros de los sueños. Vuelvo a la realidad que me rodea y me hace falta toda tu selva. Las balas que te persiguen me las pondría todas entre los senos, como si así el corazón partido y arrastrado encontrara el con‐ suelo que le falta. Entonces, sopeso la distancia, no los kilómetros que nos se‐ paran, sino las capas de tierra y gente que se anudan entre tu cuerpo y el mío. Nadie puede decirnos que no po‐ demos reventar los calendarios, sólo por el capricho de elegir el camino de querernos. Cuesta demasiado la reali‐ dad que no es la tuya y donde el tiempo se diluye como un polvillo colándose en el corazón para explotarlo. Porque tú no estás aquí y la vida pasa un poco sin sentido. Entre las balas invisibles de aquí y los tanques militares de allá, donde parece que se llena el tiempo con tus pasos.

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Tú me preguntas si podría llevar mi cuerpo hasta el límite de tus geo‐ grafías y, con todo el miedo entre mis huesos, me quedo sonriendo, porque valga toda la vida estar contigo y ser la montaña que te abriga. Al final, qué costoso es para los besos que se nos escapan por la boca y que no llegan cabal hasta tus manos…

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AR 54


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MARCELA GETEZ Texto de Marcela Montelongo

Marcela GeteZ, artista plástica multidisci‐ plinaria, trabaja técnicas como: el dibujo, la pintura, grabado; además conserva y res‐ taura obras de arte. Actualmente la artista reside en la ciudad de Durango donde trabaja en técnicas más enfocadas a la gráfica, como lo es la tinta china aplicada con puntillas o rotuladores, habilidad que le ha sido reconocida desde los inicios de su carrera en el ámbito cultu‐ ral-artístico. Así como también la mo‐ notipia y grabado en punta seca. 56


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“Cabeza bien dura” Grabado/Siligrafía 40×50 cm

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Los temas que trabaja están mas enfo‐ cados al retrato o figura humana, distor‐ sionando la realidad misma, va más allá del pensamiento básico, atacando con fuerza en cada una de sus pinceladas o trazos, la destrucción total de la sociedad y no sólo de este concepto, si no de su vida misma y las personas que la rodean (familia). En donde describe momentos, sentimientos y realidades de cada uno de sus personajes.

Marcela Getez argumenta en su arte que todas las personas pretenden ser algo o alguien y siempre van en busca de aque‐ llo que no pueden tocar y se olvidan de vivir el presente, tratando de aferrarse a cosas materiales o personas que en reali‐ dad no tienen un gran valor en la vida cotidiana. Cada uno de sus personajes está representado como realmente es, no como quisieran llegar a ser o lo que anhelan ser, o bien, lo que pretende ser

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“Sin Título” Tinta China

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ante la sociedad en la que vive. Marcela cree que cada espectador les da un significado y valor di� ferente a sus obras y que precisamente ese es el punto, crear incertidumbre en cada cuadro, cada dibujo, cada grabado que realiza.

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Por esto mismo la violencia, la se‐ xualidad, la deformidad y el trazo fuerte que se hace notar en su trabajo, además de no dejar nada para la imaginación, o más bien sin descubrir, ha caracterizado a

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“Falso positivo” Tinta china sobre papel, 17×11 cm


“Cerebro adolorido (todo está en mi cabeza)” Tinta china 32×40 cm

Marcela GeteZ. La polémica o disputa es uno de los estímulos principales para llevar a cabo su siguiente trabajo.

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ENSA


AYO


La transforrmaciรณn por Vasconcelos 1921-1930

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El objetivo del presente artículo es revi‐ sar el papel que jugó la Secretaría de Edu‐ cación Pública (SEP) como una de‐ pendencia federal para el proceso de transformación de una sociedad rural y campesina en una sociedad progresista urbana, compuesta por ciudadanos con una educación integral y de calidad gracias al deporte. El tema de la educación y el deporte ha sido abordado desde el enfoque edu‐ cativo principalmente. Pilar Gonzalbo y Anne Staples, en su libro Historia de la Educación en la Ciudad de México, se‐ ñalan que los programas y estudios, elaborados desde la esfera gubernamen‐ tal, concebían en igual grado de importancia lo intelectual y lo artístico, en conjunto con la promoción de la higiene escolar y salud. Fue una de las

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grandes prioridades. La enseñanza y la práctica de la educación física y los deportes fue consi‐ derada de gran importancia para el proyecto de gobierno. (Gonzalbo, Anne, 2012). La educación es vista durante este periodo como un medio para lograr una mentalidad pro‐ gresista y disciplinada. Este aspecto es documen‐ tado por Alicia Hernández Chávez y Manuel Miño Grijalva, en La Educación en la Historia de México, quienes señalan que, de acuerdo con el pensamiento ilustrado, la educación se consideraba como instrumento para combatir los residuos del colonialismo y para transformar las actividades de la población, a fin de condu‐ cirla al país del ansiado progreso. (Hernández, 1992, p. 311). En lo que respecta al proyecto deportivo, la integración de la gimnasia en las escuelas, Javier García Diego, en su artículo “La gran revolución educativa. El triunfo de Vasconcelos”, hace re‐ ferencia a que Vasconcelos le dio mucha importancia al deporte como parte de una edu‐ cación integral en los programas escolares, donde se facilitaron las medidas higienistas para mejorar la salud. Los cambios propiciados en la educación fueron fundamentales tanto en el ámbito educativo, como en las actividades de‐ portivas. (García, 2014, pp. 38-57). Además, durante el periodo presidencial de

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Álvaro Obregón, uno de los aspectos más notab‐ les que hay que resaltar fue la política educativa que implementó, llevada a cabo por José Vasconcelos desde la Secretaría de Educación Pública (SEP). Consideró a la educación el mo‐ tor que genera conciencias y que despierta el espíritu. Por su parte Felipe Arturo Ávila Espi‐ nosa, en su artículo “Historia de México de 1904-1940”, concebía la educación como una palanca para remover conciencias, como un despertar del mexicano que se realizaría no sólo por la experiencia escolar, sino por la difusión de la cultura. Esto explica que se haya destinando un gran porcentaje de recurso a la educación en aquél momento. En la cruzada educativa de Vasconcelos se multiplicaron en gran medida las escuelas elementales por todo el territorio nacio‐ nal, no sólo escuelas para niños y jóvenes, también se establecieron escuelas nocturnas para adultos y trabajadores. Se llevaron a cabo tambièn las campañas de alfabetización y caste‐ llanización, con el fin de integrar a la población rural e indígena al desarrollo nacional. Se puso énfasis en fomentar la integración nacional a tra‐ vés de la cultura y la historia nacional. (Ávila, 2004, pp. 115-131). El deporte, como medio educativo y gracias a la política educativa desarrollada por José Vasconcelos al frente de la SEP, contenía un pro‐ yecto no sólo enfocado a la formación indivi‐

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dual, también tenía en cuenta a la sociedad en general. El proyecto vasconcelista estaba inspirado en promover nuevas escuelas, talleres de artes y oficios, huertas y granjas en zonas ru‐ rales, se encargaba también de promover la investigación y la creación de escuelas oficiales, era responsable de los desayunos escolares y las campañas de educación higiénica y salud, entre otras funciones. Mientras, el departamento de bibliotecas estaba dedicado a fundar bibliotecas y proveer de material bibliográfico a todas las instituciones educativas tanto en las ciudades como en las zonas rurales. La Secretaría de Educación Pública (SEP) estaba dividida en cinco departamentos, escolar, bi‐ bliotecas, bellas artes, cultura e incorporación indígena y campaña contra el alfabetismo. La di‐ fusión de la lectura, el impulso a la pintura, al teatro, a la música y al deporte eran parte es‐ encial de la nueva empresa. En la capital de país, los teatros, cines, salones, plazas públicas, mercados, jardines y parques se transformaron en centros de alfabetización y de actividades educativas y culturales. Los artistas impartieron clases en las escuelas primarias: organizaron co‐ ros, bailables, enseñaron a dibujar (Loyo, 2010). Además de los centros culturales para adultos, quince escuelas nocturnas para varones y diez para mujeres impartían alfabetización, primaria elemental, oficios diversos y enseñanzas domés‐ tica. En varios estados se fundaron instituciones semejantes.

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Esto sólo es un pequeño esbozo de la importancia del deporte en la sociedad mexica‐ na. Los programas de estudios elaborados desde la esfera gubernamental concebían en igual grado de importancia lo intelectual, lo artística y corporal. Se buscaba estimular la sociabilidad entre los educandos. A través de estas activi‐ dades no sólo se pretendía mejorar la salud e higiene de los habitantes y propiciar cambios en los hábitos, sino además, pretendían establecer nuevos lazos de sociabilidad y difundir prácticas colectivas con la idea de que lo aprendido en el salón de clases repercutiera positivamente en la casa, en el barrio, en el país. Se crearon también numerosas bibliotecas y edificios donde se celebraban festivales escola‐

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res donde participaban coros y tablas gimnás‐ ticas. A esto también se sumó la fundación de escuelas y centros culturales. Por lo que se dedu‐ ce que la educación escolar era moldeadora de un nuevo hombre, sano, diligente y moral. Se trataba de homogeneizar hábitos y costumbres en bien de la unidad nacional y la educación como pilar de ello era fundamental, ya que se buscaba una educación integral, como proyecto piloto para fortalecer la sociedad. (Loyo, 2010, p. 163.) Los gobiernos posteriores a Plutarco Elías Calles y hasta el gobierno presidencial de Lázaro Cárdenas realizaron e implementaron diferen‐ tes planes y programas para la popularización del desarrollo y práctica de las actividades fí‐ sicas, como un bien común para todos los habi‐ tantes. Además de promover las actividades fí‐ sicas, también, se optó por promover la reforma agraria, los derechos de los trabajadores y las co‐ operativas; patrocinaron la organización de la mujer y la coeducación; la higiene, el deporte y las campañas contra el alcoholismo para “libe‐ rar” el cuerpo. (Kay, 2001, p. 57). Estos componentes de su proyecto cultural y artístico tenían dos vertientes: por un lado, lo escolar, por el otro, el cultural, donde su primer objetivo era la integración personal, aunque también la práctica de la gimnasia en las escue‐ las, sin dejar a un lado la importancia al deporte como parte de una educación integral. Y con el deporte se promueve la cooperación, la solidari‐

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dad, la tolerancia, la comprensión, la inclusión social y la salud, valores como el trabajo en equi‐ po, la justicia, la disciplina, el respeto. Todos es‐ tos valores y conceptos fueron establecidos para tener una mejor salud mental y física y para que mejorara la sociedad en general. Como conclusión, es posible afirmar que históricamente la educación ha sido objeto de discusión en cuanto a la orientación que debe tomar, ya que hemos vivido momentos de cons‐ tantes cambios sociales, políticos y económicos. Por lo tanto estos aspectos inciden de manera directa e indirecta en la educación a impartirse en su momento. De esta manera, es necesario hablar de la educación y el deporte en México y sus aportes en el ámbito educativo. Sin duda la educación ha sido la base esencial de toda sociedad, de ahí su sentido so‐ cial. Por ello cabe mencionar que históricamen‐ te cada gobernante en nuestro país ha enfati‐ zado elementos en la educación según sus perspectivas. En este caso, desde la creación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) hasta 1930, se dio gran importancia a lo intelectual, lo artístico y lo corporal, en conjunto con la pro‐ moción de la higiene escolar. Mediante el estudio histórico podemos co‐ nocer y entender mejor el campo de la edu‐ cación y los deportes. Por lo que es de vital importancia conocer el origen del desarrollo his‐ tórico del deporte y la educación: el incentivar la

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práctica educativa y el deporte, no sólo favo‐ recerá la salud física y mental, nos lleva a pro‐ mover y practicar valores que repercutirán en una mejor calidad de vida y una mejor socie‐ dad. Asimismo es necesario hacer hincapié que a largo del trabajo no se profundizó más, porque la bibliografía no hacía tanto énfasis en lo deportivo, sólo se habla de manera general. Hacen falta historiadores que se especialicen en Historia del Deporte, ya que le tema ha sido poco trabajado desde el aspecto Histórico.

Referencias Bibliográficas ÁVILA Espinosa Felipe Arturo, (2004), Historia de México de 1904-1940, en Más actual siglo XVI, vol. Historia, Arte, Ciencia, y estructura política en México, Enciclopedia Temática Universal. GONZALBO Pilar, ANNE Staples. (2012). Historia de la Educación en la Ciudad de México, México, ColMex.

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GARCÍA Diego Javier, (2014), “La gran revolución educativa. El triunfo de Vasconcelos”, en Relatos e historias en México, Año VII, Núm. 75, México. HERNÁNDEZ Chávez Alicia, GRIJALVA Manuel Miño. (1992). La Educación en la Historia de México, México, Ed. El Colegio de México. KAY Mary, (200), La política cultural en la Revolución: Maestros, campesinos y escuelas en México, 1930-1940, México, Ed. FCE. LOYO Engracia, (2003), Gobiernos revolucionarios y educación popular en México 1991-1928, México, México, El Colegio de México. LOYO Engracia, (2012) “Una educación revolucionaria para la ciudad de México (1910-1940), Historia de la educación en la ciudad de México, México, El Colegio de México. TANCK de Estrada Dorothy (2010), “Historia mínima. La educación en México”, México, El Colegio de México.

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LA IMAGEN INTOLERABLE EN UNA FOTOGRAFร A DE

Pรกvel Castruita

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Curioso que la escena (la nada, casi: dos que están ahí, desigualmente jóvenes) tuviera como un aura inquietante. Pensé que eso lo ponía yo, y que mi foto, si la sacaba, restituiría las cosas a su tonta verdad. Julio Cortázar, Las babas del diablo

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De la imagen sobresalen, al menos en un primer mo‐ mento, los dos cuerpos muertos sobre el asiento tra‐ sero del auto y, de ambos, es el niño quien atrae la mirada. Sin embargo, tras esa impresión inicial, son los mirones a través de la ventana destrozada del auto quienes arrebatan nuestra atención de los muertos hacia ellos: los curiosos, o mejor dicho: los espec‐ tadores (los primeros espectadores). Porque ellos son los ávidos del espectáculo diario de la ciudad: de los choques, los asesinatos, los incendios, todo lo que rompa con la cotidianidad de un día. Y son siempre los “mirones”, en plural, un grupo de ojos donde se diluye el sujeto para ser parte de la masa fisgona. En la fotografía de Metinides son captados en pleno acto y cada uno ofrece una reacción. De los tres (un cuarto permanece oculto por la ventana astillada), de izquierda a derecha, el primero ofrece una mirada resistente y firme, como si asumiera lo que en verdad está haciendo; del segundo y el tercero es más bien una mirada sorprendida y azorada, con‐ secuencia del desconcierto de ser captado en pleno acto, pues ha sido interrumpido, en este caso, por la cámara de un fotoperiodista.

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Metinides trabajó para periódicos como Alarma, publicación donde predomina la nota roja. Esto implicaría que sus fotografías estarían inscritas den‐ tro de la hegemonía del espectáculo al presentar la muerte y los accidentes ajenos al lector como una deslumbrante exhibición. Metinides también toma la inspiración de sus fotos en las películas estadou‐ nidenses de gángnsters, lo que reafirmaría lo antes dicho y conduciría a una fotografía de la vida transformada en imagen muerta, es decir, “imágenes que son mercancías”. Pero no ocurre esto. Introdu‐ cir a los testigos en el hecho mismo funcionaría como una denuncia hacia y del espectador. No son sólo esos tres mirones quienes ven los cuerpos muertos. También nosotros, consumidores, esta‐ mos ansiosos por las escenas de actos violentos que nos pueda ofrecer algún medio (periódico, televi‐ sión, internet). Aquellos, pues, testigos presenciales del hecho, no son más que reflejo de nosotros, au‐ diencia, segundos espectadores. Nuestra condición voyerista es expuesta frente a nosotros. Nosotros también vemos a los dos muertos.

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Tanto los cadáveres como los mirones tienen una convivencia codependiente que impide a la foto convertirse en imagen muerta; cosa difícil si tene‐ mos en cuenta que la fotografía estaba destinada desde un primer momento a aparecer en el perió‐ dico (maquinaria del espectáculo), y por tanto ya condenada a la caducidad y consiguiente olvido por la misma naturaleza del medio; pero bien lo‐ grada si también advertimos una intención por parte de Metinides de darle a los testigos un papel protagónico junto a las víctimas del suceso. El re‐ sultado visible está en que existe el análisis de esta fotografía fuera de su publicación original, ya como una obra independiente que habla por sí misma y reacciona en función de esa dialéctica en‐ tre la pasividad de la imagen, representada por el espectáculo de los muertos, y la acción viva, por los mirones. No obstante el diálogo va más allá de estos dos elementos. El fotógrafo, por un lado, pues es él quien arranca las reacciones con su sola presencia y quien captura esa misma imagen. Por el otro, está el segundo espectador, nosotros que somos tes‐ tigos de nuestra propia condición de mirones.

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Entonces, ¿dónde está lo intolerable? Si tene‐ mos en cuenta el sentido común como los modos de percepción compartidos y que son los medios quienes muchas veces fungen como los intérpretes del hecho (en este caso hablamos de un periódico amarillista), obtendremos algunos resultados. Por las características del medio donde fue publicada la imagen sabremos que los espectadores estarán pre‐ parados para tales imágenes, sin que por ello no exis‐ ta interiorizado en ellos ese sentido común que pro‐ vocará frente a la muerte de dos hermanos cierto escozor, principalmente por el niño: “tan joven para morir”. Pero no veo en ello la razón por la cual los espectadores voltearán el rostro o cambiarán de página al instante. Acaso la intolerancia sea provo‐ cada por los mirones retratados: “¿Cómo es posible que dejaran al niño expuesto a la vista de curiosos, de morbosos?”, quizás exclame el usuario de dichas publicaciones. Aunque ello supondría un espec‐ tador demasiado cínico e inconsciente. Pero es que es precisamente la imagen de los fisgones lo intolera‐ ble para los que vemos la fotografía. Vernos repre‐ sentados en nuestros momentos más vergonzosos,

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es decir, la pena de la exhibición ya no del otro sino de uno mismo, siempre ha sido una incomodidad para cada individuo. Aquí la masa se deshace para dar paso al retrai‐ miento hacia sí mismo que conlle‐ va la culpabilidad de cada indivi‐ duo. Ahora, conscientes de nues‐ tro vulnerable y solitario lugar dentro del grupo, ¿qué vemos? Pues sin el refugio otorgado por un impulso colectivo estamos a merced de la culpa que conlleva el deseo voraz por consumir la desgracia de la ciudad, de sus víctimas mortales, como si aquella fuese un producto imprescindible.

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Felicidad: estar aquí. Sputnik: artefacto soviético que se encuentra en las garras del führer del tianguis. Ignorancia: relación capital-tiempo extresada a través de las rentas atrasadas. Hombre: capacidad cúbica del pulmón izquierdo. 84


Matatena: ranura esteparia que guarda coyotes. MĂŠdico: ente intermedio entre la trinchera y la casa. Realidad: violencia, sexualidad, deformidad. Escritura: mĂĄquina de infinitos engranes que resulta imposible abarcar de un solo vistazo. La sĂ­laba 85


Deporte: relato griego que aparece en las Lecturas Clásicas de José Vasconcelos. Intolerable: persona que mira la cámara antes que la sangre.

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Pinches renter@s La sĂ­laba 87


MMXX México Ediciones El gatito espejo MAGAZINE Lasílaba # 2 «WITHOUTH JERARQUÍAS»


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