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“Poesía de Guerrilla”, de Eric Luna © 2012 Eric Fernández-Luna Martínez (Eric Luna) Primer prólogo de José Daniel Espejo Segundo prólogo de Abel Aparicio Epílogo de Esteban Gutiérrez Gómez Todos los derechos reservados. Editado digitalmente por Groenlandia con permiso de su autor Directora: Ana Patricia Moya Rodríguez Maquetación: Ana Patricia Moya Rodríguez Corrección: Ana Patricia Moya Rodríguez Diseño: Óscar Cardeñosa (portada y contraportada) \ Ana Patricia Moya Rodríguez

Depósito legal: COCO - 556556 - 2012 Córdoba, 2012 2


Ya sé que suena a tópico y a marxista, pero también a (con)sabido y a obviedad irrefutable: vivimos inmersos en una cultura que no es otra cosa que la superestructura autojustificativa del poder económico capitalista. Esta superestructura, que Guy Debord llamó sociedad del espectáculo y los hermanos Wachowski (sin transgredirla) Matrix, funciona moldeando nuestro paisaje interior, la forma y el orden de nuestras ideas, canalizando el malestar hacia modalidades inocuas de resistencia y organizando nuestro libre albedrío en opciones de consumo. Otro tópico: la máquina es capaz de integrar movimientos de protesta y fagocitar sus propios virus, como sabe cualquiera que se haya parado a pensar mínimamente en la historia de la música popular en el siglo XX o haya pasado los años 90 militando de buen corazón en cierta izquierda obsesionada con encontrar la fórmula de lo políticamente correcto mientras se dejaba robar la cartera por los neoliberales en el terreno económico. ¿Cómo que no estoy hablando de poesía? ¿Cómo que no estoy hablando de lenguaje? Parémonos a pensarlo un momento. ¿Qué lenguaje está utilizando ese señor del kiosco que dice que en el barrio hay demasiados inmigrantes, pero que al mismo tiempo es incapaz de registrar el trabajo que esos inmigrantes están realizando, ni en qué condiciones, ni contratados por quién? ¿De dónde provienen las frases con que un trabajador se alinea con un político corrupto o defiende políticas neoliberales explícitas, como recortes de derechos públicos y bajadas de impuestos a las grandes empresas? ¿A quién beneficia el paradigma postmoderno en 3


la cultura y las artes? ¿Y la hipertrofia de la autoayuda? ¿Acaso no coinciden en el lema reaganiano “When there’s a will there’s a way” las promesas de las nuevas religiones y las de la escuela de Chicago? ¿Por qué cualquier ciudadano sabe identificar los peligros estratégicos tradicionales del capitalismo (regulación estatal, tasación, sindicalismo) y los asocia además con ideologías de izquierdas, pero no sabe nombrar a los enemigos de la sociedad civil o de la clase trabajadora, del ecosistema o la natalidad? Esa batalla lingüística ubicua que se libra detrás de los párpados de usted o en las marquesinas publicitarias o en los discursos del fantoche que nos gobierna no es una radiación de fondo tan tremendamente sutil que sólo los filósofos postestructuralistas son capaces de percibirla y explicitarla. La resistencia es horizontal, está organizada y es capaz de dar la cara en este campo, de levantar una barricada de palabras tan eficaces o más, tan poderosas o más, tan iluminadas o más. Porque yo estaba hablando de poesía todo el tiempo y ésta siempre ha estado ahí, disponible para todos, apartidista pero ideológica, no doctrinal pero sí enriquecedora. La primavera española del 15M también puede interpretarse como un florecimiento poético, una súbita explosión de radiantes epigramas y aforismos escritos en carteles y graffitis por las calles de la ciudad, fragmentos anónimos de la psique colectiva y popular, del poema (de batalla) de todos. Se ha hablado, y mucho, del mayo del 68. Apenas, y mal, del noviembre del 99. La batalla de Seattle llevó a las portadas la capacidad organizativa, rizomática y fluida, de los movimientos antiglobalización y la nueva contestación al

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imperio neoliberal. La estructura acéfala, la horizontalidad, el humor, la creatividad y la alergia a sectarismos varios vienen de allí. Un elemento indisoluble de la indignación altermundista de los noventa es la aparición de los poetry slams y el spoken word, de las masas críticas, del guerrilla art o de la antipublicidad, todas ellas formas revisitadas recientemente y que demuestran la importancia de la poesía (entendida ésta en sentido amplio) en la comunicación de la resistencia. Y ya estamos con Eric. Formas populares de la poesía de la contestación, flores de asfalto. Un ethos que no necesita caricaturizarse ni deformarse para distinguirse del común. Un territorio vedado al cinismo, donde emocionarse, indignarse, enamorarse o llorar. Donde la inocencia es un escudo. Poemas construidos con mecanismos tan sencillos como efectivos, que no apuntan a la estratosfera sino al corazón (sí, sustituyamos el tradicional “salto al universal” por el “salto al corazón” o el “salto a la cabeza” y habremos entendido algo de este libro). Una voz tan contradictoria, sincera, curiosa y descreída como creíble y cercana, que no trata de epatarte ni abrumarte ni hacerte ver visiones, pero que puede aportarte algo: pertenencia. El sense of belonging que cantaban Television Personalities y que creíamos desterrado de la poesía española, escrita casi siempre para ser firmada. “Nuestra ética es la Revolución, nuestra estética la Vida”, proclamó para siempre el Manifiesto Infrarrealista mexicano. En la poesía de Eric, el ser humano viviente que además de luchar también mira la tele, va a conciertos, emprende aventuras sexuales o psicotrópicas y ama a personas concretas con muy concretos nombres y apellidos; es el

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auténtico material de que están hechos los poemas. Esto los enriquece y hace que su libro sea difícil de adscribir a la categoría de “poesía didáctica” estricta, en la línea de la de Bertolt Brecht o Antonio Orihuela. También Jorge Riechmann ha añadido recientemente un alter ego (“Rengo Wrongo”) en su poesía para sumarle el sabor de lo cotidiano y lo personal, saltándose a la torera la distinción, tan doctrinal, entre los ámbitos público y privado que hacía rechinar los dientes a los viejos marxistas. En ambos casos, bienvenido sea este salto (al corazón y a la cabeza, recordemos). Liberación. De vivir al dictado del mercado. De la voz, interior o no, que nos empuja hacia el consumo y la alienación. Es el objetivo de este libro. Y también un universal humano. Y a ver quién q uién nos dice ahora que no estamos hablando de poesía.

J osé Daniel Espejo 6


Sigue agazapado en la trinchera, con miedo a salir, ya que los tanques disparan promesas de futuro si entras en su juego: ellos establecen las reglas. Es sencillo, firma aquí y el sinónimo de libertad será posesión. Da igual que la tristeza se meta en tu cama e impida que cada noche pienses en lo sencilla que puede ser la felicidad, que tus pasos no tomen el camino que deseas y pases a formar parte de una lista donde se encuentran los títeres con un gran vacío en el fondo de sus ojos, tú sólo tienes que trabajar. No escuches - te dicen -, no hagas caso a la hora de salida, calla, calla y tú libertad será mayor. Eres el rey de la fiesta, tú posees, mira al resto, pobres hombres. ¿No los ves? No son nada, date cuenta, no son nada. Sigue ahí, sin salir, bajo el narcótico que nos inyecta el paso del tiempo. O, por el contrario, sal, emerge con tanta energía que tus ganas de disparar versos a ráfagas hagan que tiemblen los estándares del poema sumiso, del poema belleza, del poema silencio. Si miras el reloj, verás que es la hora, que mañana es derrota, que tu poesía no merece el silencio, que las ganas de decir inclinan la balanza a tu favor. Lo sabes, vas a ganar, porque tienes tantas ganas de justicia que la derrota no quiere conocerte; vas como un kamikaze contra la conformidad, no quieres convertirte en mediocridad. Miras el reloj y sigue diciéndote que es la hora, que

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en los periódicos no van a anunciar la noticia, pero tampoco lo esperas. Sabes que es ahora, que hubo sueños que crecieron más rápido que las posibilidades de ser soñados, pero que fueron la semilla para todo lo que vendrá. Es el momento; Eric Luna eligió bando, ahora te toca a ti, lector, pasar páginas, desnudar el poema y luego vestirte con él. Poesía de guerrillas, sí, es la hora.

Abel Aparicio (Mayo 2012) 8


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Mirar cabizbajo. El cielo en un charco y nadie sonrĂ­e.

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Qué lástima, pensé. Qué lástima… Yo, tras pedírmelo, ya había vaciado mis bolsillos y dejado sobre el capó del coche mi documentación, mi permiso de conducir, mi seguro a terceros, las llaves de casa, unos poemas escritos a toda prisa, con los que se permitieron un festín de risas y un chivato de plástico con medio gramo de goma arábiga reseca e infumable. Y, sin embargo,

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ĂŠl con su pose arrogante, su voz anulada de emociones, su uniforme almidonado y su libreta no pudo aportar ni una sola prueba de su humanidad.

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Esos salvajes sin remedio, que fueron las estrellas del rock, descubrieron la existencia de una fracción de segundo de iluminación o de liberación durante el simple acto de arrojar una televisión por la ventana. Quisieron ocultarlo durante años por lo especiales que les hacía sentirse. Pese a sus esfuerzos, el público ha ido descubriendo este secreto por sí mismo. Mañana, jóvenes de todo el mundo

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se congregar谩n para un suicidio colectivo de inyectores de opio esperando alcanzar la desintoxicaci贸n o el Nirvana.

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El mundo entero es un negocio. El mundo entero es vendedor de Av贸n. El mundo entero est谩 llamando a tu puerta. No hagas ruido. No abras. Haz como que no hay nadie en casa.

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Entra en la fĂĄbrica, que ya suena la sirena. Resbalas de la cama con la agilidad de una babosa preĂąada de deseos insurgentes pero hastiados, de ensoĂąaciones quebradas en pedazos, por ser tan nobles como el cristal mĂĄs fino. El deber te llama, te grita con los primeros rayos de sol. Tu banco, tu familia, tus necesidades de reptil te necesitan.

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Necesitan el combustible del sudor. Tú bostezas y desperezas como una máquina se engrasa: Sin rechistar, ni dudar. Sólo comienzas a girar y prosigue la cadena. Entra en la fábrica, que ya suena la sirena. Naciste para cosas más importantes y lo sabes, tus compañeros lo saben, el patrón también lo sabe. Pero tu tiempo cotiza a la baja, se escapa el gas que llamas vida. Sólo sonríes los sábados viendo de lejos tu condena, escapando a las tasas, 20


a facturas, a los gritos, amenazas de despido, ni un cigarro, repito, ni un cigarro: la ley ya no permite. Tu permuta es cambiar la libertad que todos temen por el lujo que todos temen no tener. Entra en la fábrica, que ya suena la sirena. Dime, ¿imaginó el niño que fuiste que éste sería tu futuro? ¿Adquirir rutina como materia prima, alquilar tu cuerpo, 21


empaquetar nervios en el estómago y llevártelos a casa? ¿Qué pasó con los palacios de los cuentos de tu infancia, si esto no se parece en nada? En nada. Grises paredes divisorias, estrellas de neón, estruendo de máquinas que no callan. Ahora, hazle ver a tu progenie que la vida es dura: - ¡hectáreas de lágrimas, hijo! enséñale el camino hasta la fábrica, dile que entre. Entra en la fábrica, que ya suena la sirena.

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Años atrás conocí a un niño que tenía miedo de un monstruo y a su padre, que era un monstruo peludo y gordinflón. El monstruo solía emitir un chillido estridente primario o primitivo que llenaba de miedos el corazón de aquel niño que se escondía bajo la cama. Y cerraba los ojos y dejaba de respirar. Le parecía un monstruo terrorífico.

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Sólo quería que se fuera. Como fuera, pero que desapareciera. Crecía el chico, crecía el miedo. Ambos prepararon un cóctel con la agitación de los granos que degeneró en violencia y vigorexia. Músculos. Sudor. Drenaje. Cambió la escuela por el vocabulario de gimnasio. Masturbó su ego con esfuerzo. Tragó hormonas (porque el valor es cosa de hombres), mientras el monstruo empequeñecía. Ahora, él perseguía al monstruo 24


que huía quejicoso de cuarto en cuarto llorando borracho bajo el puño cerrado de su hijo… Por fin, el monstruo había desaparecido. Una noche, el niño se despertó tembloroso. Compungido. Roto por dentro, sólo resolló nervioso al comprender lo ocurrido: El monstruo aún seguía allí. Sólo había cambiado de cuerpo.

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Aprende a bailar la danza de la vida. Aprende rápido los pasos. De lo contrario, puedes quedarte fuera de un empujón. No hay reglas en este baile. Tú sólo obsérvales danzar. Empujándose entre sí, hasta hacer caer al otro al suelo. Aprende a bailar la danza de la vida. Son garras puños dientes. Y, por supuesto, no faltan ostias. 26


He visto a las mejores mentes de mi generación corrompidas por un sueldo ingrato y sus vidas entregadas a una causa, a una patria. Portando armas. Los he visto hacer de perchas de uniformes que quedarían pequeños a cualquiera. Patrullar por la Ley y el Orden. Echar de comer a los cerdos para luego servir de carne para cerdos. Y los que yo creía más inteligentes hablan mucho y no dicen nada. Lucen símbolos acreditaciones y escudos y banderas

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que no les representan. Al menos son parte de algo, me digo, al menos… ¿De qué formas parte tú? Ellos, que fueron mis amigos, seres puros, sin un ápice ahora de pasión en nada. Créeme, sé lo saladas que saben las lágrimas de Ginsberg.

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Un BANG y acaparan tu libertad. Un BANG y algo menos que pensar. Lo hacen por seguridad o eso es lo que te dirán. Luego BANG, BANG, más BANG, BANG… BANG. (bis ad nauseam)

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Callej贸n de atr谩s. Se masturban corazones. Amor escasea.

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LleguĂŠ a la conclusiĂłn mientras limpiaba la cocina con los dedos empapados en verdad de que, debajo de toda la mugre, debĂ­a haber algo realmente resplandeciente que mereciese la pena ver.

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Casa encantada te llaman, aunque hace años tu nombre exacto fuera CASA CON ENCANTO ZONA RESIDENCIAL MAGNÍFICAS VISTAS CUATRO HABITACIONES GARAJE Casa con pulmones respirando por las ventanas abiertas. Hogar con virginidad de mármol y funda de plástico para el wc. Territorio que nadie reclama, aunque no infértil o sin vida, no. Cientos de colillas ahogadas en el estómago de una piscina vacía.

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Cánticos de madrugada y estridencias de guitarra y desgarros de bafles con voz de Joplin o Simone. Largos pasillos oscuros que tiemblan a golpes de vela. Y un dormitorio de matrimonio en el que un corazón palpitante bombea con la electricidad del relámpago que hay encerrado en la O de oda. Hay duendes correteando entre los muros. El sol es invitado a desayunar cada mañana y a iluminar los cuerpos sobre los colchones mugrientos o a refractar sobre las hojas afiladas de las plantas. Según cuentan los vecinos del lugar, 33


si agudizas el oĂ­do junto al muro aĂşn puedes oĂ­r los gemidos, ronquidos y aullidos de los desheredados.

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Va cayéndose a trozos el disfraz roto del guiñol, cuya sonrisa parecía auténtica. Los aplausos disminuyen, mientras el público descubre la dictadura de las cuerdas.

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A Basilio Pujante

Algo más de las doce. Ambiente cargado y lascivo. El humo envolviéndolos como una anaconda nebulosa. Hace calor y ellas se quitan sus jerseys. Ellos hace rato que están en camiseta. Hay un tipo en el escenario removiendo conciencias, repartiendo puñaladas. Suena Pink Floyd. Después suben más y más. Y todos esgrimen palabras distintas pero se entienden en Babel porque hablan el mismo idioma: una especie de jerga directa al bajo vientre, alejada de la literatura gris. 36 36


Hay cadáveres con forma de botella repartidos por todo el local. Punteos de guitarra que ascienden por la columna. Están ebrios y locos y hablan de cosas que no son cómodas de escuchar. Se abren el pecho y muestran al resto sus vísceras como un acto de exhibicionismo, como un acto de rebeldía ante el emperador y sus disfraces. Tened cuidado. Se agrupan en guerrillas para batir sus alas. Cada noche. En cada ciudad.

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El perro corre perseguido por su dueño. Su corazón palpita frenético y excitado. Sostiene su correa entre los dientes y entre ellos un río de babas - saliva de satisfacción y su aliento acelerado: Aliento de perro. Se impulsa brinca corre hacia delante sin un destino marcado. Sólo huye. 38


Las voces de su amo le obligan a apretar el paso. Los pasos de su amo le hacen correr más rápido. Aunque su cuerpo es joven y sus zancadas ágiles sabe que no tiene escapatoria. Sabe cuánto depende de esa correa. Lo sabe. No es ningún pobre infeliz. Tan sólo juega y sueña por un rato que es él mismo quien toma las riendas de su vida. 39


El 15 de mayo yo soñé, tú lo soñaste. Saliste a la calle y gritaste las culebras y la voz retumbó en las fachadas a crédito. Coreaste los himnos, te duchaste en esperanza, te inyectaste dopamina, fumaste de lo que ofrecían. Aplaudiste en su cara con tanto rencor en las manos, que al día siguiente la prensa te llamaba terrorista…

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¡Terrorista! Tú, que perdonaste la sangre. Tú, que perdonaste la hipocresía. Tú, que perdonaste la insolencia. ¡Terrorista! ¡Tú! Y, más tarde, miraste a la luna, la señalaste y dijiste: la quiero. Tomaste posesión de tu metro cuadrado y soñaste todo esto en el suelo. Te sentaste a hablar con aquél, ese tipo de sonrisa apagada con quien te cruzas cada día yendo al trabajo, fuera del sueño. Danzaste e hiciste el indio a las puertas del ayuntamiento.

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¡El mundo era nuestro! ¡El mundo era nuestro! El 15 de mayo yo soñé, tú lo soñaste. Hasta que los golpes del despertador te abrieron los ojos de par en par: Sólo era un sueño. Ya pasó. Sale el sol, un nuevo día. Pero fue un sueño tan grato que como un Martin Luther cualquiera tiraste de él aplacaste la realidad con la almohada y agarrando el reloj implacable deseaste estamparlo... hacerlo pedazos.

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Prefieren metรกlico. Felicidad no se refleja en cuentas bancarias.

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Desde que despegó los párpados legañosos y abrió los ojos sabe que vive preso de esta tela de araña. No como antes. Cuando creía descansar en el interior de una crisálida flexible y cómoda en un balanceado sueño sedoso y contemplaba el paso del tiempo, y vivía, de alguna manera, cada cosa en cada época. No. Esa mañana despertó y las encontró allí, juzgándole con sus ocho pupilas, tejiendo la red con sus patas peludas, con finísimos hilos de araña que lo cubren todo, por los que inoculan el veneno lento 45


que inmoviliza mentes. El miedo y el sudor frío refuerzan la fibra viscosa. Se vio prisionero de la seda, enfermizo aprendiz del opio, tan adicto a lo tóxico como el resto. Un vistazo a su alrededor: Muchos duermen, otros callan intentando aparentar ser arañas para no ser devorados. Y aunque logró reunir fuerzas para patalear y deshacer la maraña, revolviéndose entre fibras pegajosas. Aunque se hirió a sí mismo en un enjambre de cuchillas 46


para intentar desprender sus alas, para volver a volar... Apenas ha conseguido nada. Es realmente densa esa tela de ara単a que las moscas llaman realidad.

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Your own Personal Jesus Someone to hear your prayers Someone who cares (Depeche Mode)

S茅 que bendecir es cosa de curas, pero ninguno de ellos me dar铆a su bendici贸n si me conociera como yo me conozco. Sus mohosas leyes, su idea del pecado y su adoraci贸n monopolista al revolucionario crucificado dan buena cuenta de ello. Pero yo 48


me bendigo. Oh, sí, me bendigo. Si es que sirve de algo bendigo mis veinticuatro horas, porque yo soy el Todopoderoso sin un duro. El creador incansable, cobrador de subsidios. Fumador habitual. Bebedor en ocasiones. No soy lo que esperaban, pero sí lo que yo esperaba ser: Mi propio Dios. Mi propio templo. Así que yo me bendigo. 49


Oh, sí, me bendigo. He mirado a los ojos a la vida que hice para mí. He conocido el dolor propio y el ajeno. Estuve en éxtasis y en ese orgasmo debajo de ti. He reído al creerme eterno y he llorado el paso del tiempo. He escrito sin fe en mí mismo y me he ganado el cielo en ti. Ya pueden venir a por mí. ¡Crucificadme! Yo ya he ganado. Y yo me bendigo. Oh, sí, me bendigo. 50


Me bendigo porque puedo pasarme siete dĂ­as construyendo un verso.

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A veces sĂłlo soy ese esqueleto parapetado tras la piel de un chubasquero soportando rĂĄfagas de agua y viento. Agua. Viento. Cenizas. Barro. Miles de partĂ­culas me moldean a su paso por uno y otro lado. Mientras, yo permanezco quieto. Escondido tras la piel del chubasquero. No quiero calarme hasta los huesos.

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Soy un poema y nací para resultar incómodo. Incómodo, sí. Porque no hablo en jerga gris e insulsa, ni en palabras de plomo tan ambiguas, en las que mañana podrá leerse que respirar es ilegal. No. Soy un poema y existo para retumbar en tus oídos y sacudirte de arriba a abajo, como el titular más sangriento del periódico más sangriento. Soy un poema. Y antes de que os nombraran alcaldes o ministros o generales o presidentes 53


yo ya era usado por los hombres y mujeres para hacerles recordar qué es primitivo e innato y qué es accesorio y sobra. Soy un poema y aunque carezca de valor y no luzca una cifra tatuada en la espalda, no os temo, domadores de almas. No podéis embargarme el aliento, sólo tacharme de terrorista. Soy un poema y aunque, quizás, mediocre, os sobrepasaré a vosotros, seres mediocres, aunque para ello deba permanecer latente callado y escondido entre las hojas de esta libreta. 54


El poeta, como el brujo, invoca a las palabras para dibujar imĂĄgenes en tu cabeza para contagiarte de su enfermedad para atravesar tu piel agarrar tus entraĂąas y apretar. Apretar fuerte. Hasta que sangres. Apretar hasta que os una el mismo dolor.

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Comienza como un subidón. Una pulsión primigenia que te hace abrir mucho los ojos mientras se te pone cara de imbécil y la levedad te embarga. Si por vagancia te resistes a dejarla escapar, puede hacer que te retuerzas sobre la cama un buen rato, comiendo techo, bebiendo de su éxtasis, mientras crece y se alarga. Cuando ya es incontenible llega en forma de arcada que asciende por tus entrañas, como una solitaria esquizofrénica. Tus dedos se envalentonan, se sienten cazadores con rifles de gran calibre, 56 56


dispuestos a abatirla a golpes de tambor. Y asĂ­ es como otra poesĂ­a asoma la cabeza a este mundo: como una criatura virgen, envuelta en bilis, que nace fruto del placer y del llanto y que se expone a recibir la primera bofetada de su vida.

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Despierto porque el frío se cuela por mi espalda como una rata que busca escondite. Respiro nubes de vaho y todo mi cuerpo es un hematoma un templo en ruinas que se retuerce en el suelo húmedo como una serpiente de agua. Lanzo pupilas en torno a mí y veo que todo es negro, azul, pétreo, yermo. Veo el rostro de mi madre al otro lado de los barrotes. Y a mi hermana a su lado. Las dos lloran y visten de negro y tienen el rostro azul y lánguido

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como de piedra. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí? Pero, en el fondo, sé que algo debo haber hecho. Algo que a ellos no les ha gustado nada. Y por un momento no siento rabia. Lo entiendo, susurro lo entiendo, repito. No sé si esos barrotes son reales o una simple artimaña de mi mente. Sé lo que hay fuera: el acantilado, el mar, la tormenta… Lo vi, desde el único agujero de aquel zulo. Y, por extraño que parezca, aquí me siento a salvo de todos vosotros.

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Es de noche y el agua resbala sobre mí como jugo gástrico deshaciendo la doble piel: la de las apariencias. Y ahí estás otra vez, vieja excrecencia. En tu papel de voyeur nocturna. ¿Te gusta lo que ves? Te desentendiste de nosotros. No quisiste saber nada y ahora brillas en la noche como un grumo de cocaína sobre la tapicería del coche. Inerte y sucia, sucia luna. Ni despegarte del nombre puedo, puta. Cursi no es escribirte este poema. Cursi es quedarte mirándote 60


y balbucear palabras tontas cuando sólo eres una piedra que se quedó dando vueltas gobernando mareas y reglas. Cantarte con falsedad sería tan cínico como mandar besos de apoyo al tercer mundo. Yo no te canto, te lloro como a ese hermano mayor que te libra del matón de turno. Éste es tu momento. Rebélate. Haznos girar sobre ti. Desborda los mares. Barre con todo. Comienza ahora tu mandato, a ti me encomiendo. Y con mis hermanos nocturnos te grito en el único idioma que comprendes. 61


Los últimos tragos tibios de esta bebida ámbar para ayudar a reparar la garganta anudada, la voz gripada. En el local quedan pocos ya y yo no debí haber venido a intentar echar sal sobre sus almas. Tú no deberías haber venido: Mañana, a esta hora, no recordarás nada. Mañana, no se estremecerán los latidos perdidos. Mañana, nadie hablará del sentimiento de vacío de los ancianos autóctonos o de las vírgenes corridas. Sólo habrá humo en el saco de la memoria. Mañana, como siempre, saldrá el sol y las lavadoras vomitarán sus trapos sucios. 62 62


Y yo, con los codos varados en la barra, me encojo hacia mis adentros porque siento frío. Me desnudé ante vosotros, fui usado a cambio del eco de unos aplausos. Y más tarde, nada… Sólo vacío.

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Y el sol bombardeó los campos. Y declaró la guerra a los océanos por atreverse a robarle el brillo. Y quiso evaporarlos con su fuego. Y los pétalos se abrieron en un grito de socorro mudo. Y el color arañó los ojos sedientos de policromía. Y cayó agua del cielo como ráfagas de fuego amigo. Y la gente fue expuesta a la radiación de las flores. Y llegó, otra vez, la primavera pero nadie se dio cuenta. Ya que no se mencionaba una palabra en la portada de ningún periódico.

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Éste es el momento. Éste, y no otro. Cuando te sientas cruzando un inhóspito destino, penetrando en la maleza de la incertidumbre, a golpe de machete. Cuando sientas frío y te veas solo en el camino, por esa carretera abandonada que nadie sino tú ha elegido recorrer. Cuando la impotencia te haga llorar, cuando el viento sople 65


en dirección contraria, cuando pierdas la fe y te llueva encima. Cuando creas que la mejor opción sería dar la vuelta y retirarte, volver a casa, guardar las maletas bajo la cama y cubrirte con esa manta cálida y conocida, piénsalo y dilo para ti: Éste es el momento. Éste, y no otro. El momento de apretar el paso hacia adelante.

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Nos enseñaron que el enemigo fue un tipo bajito, en blanco y negro, con un águila en el pecho y bigote a lo Chaplin. Nos dijeron que el enemigo era un árabe, cuyo nombre no recuerdo, pero que es sangriento y sádico y hace la bomba en su piscina de petróleo. Nos contaron que el enemigo son cuatro tipos con corbata y sin rostro que se reúnen y tosen el humo de grandes puros y deciden qué será de mí y de los míos. Nunca nos dijeron la verdad: Que tu peor enemigo te observa soñoliento, cada mañana, desde el espejo del baño.

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Coge a los máximos líderes mundiales comisarios jueces empresarios ministros y enciérralos en residencias para ancianos sin derecho a bis a bis. Niégales todo poder y autoridad, aunque griten y pataleen. Pon en su lugar a niños de entre cinco y nueve años cuya inocencia aún no haya sido corrompida. Acto seguido, pregunta a los niños qué debemos hacer.

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Creo en mí por encima de todas las cosas, creador de relatos y poemas. Creo en mi historia: el único pasado fiable, el barro que me modeló. Creo en el cielo y en el infierno de mi cabeza. Creo que la verdad nos hará libres, cuando la hipocresía le quite las esposas. No creo en bañar el amor en sangre para limpiarnos el odio. Creo en la voz que clama en el desierto de un folio en blanco. 69


Creo en el dios que envía plagas por mis dedos, cuando están inspirados. Tengo una fe que movería Everests de un lado a otro. Pero, sólo en mí, sólo en algunos de vosotros. Amén.

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La mente es, quizás, el útero más fecundo del universo. No niegues la paternidad de tus pensamientos más embarazosos.

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Deja de ser un bostezo, conviĂŠrtete en un grito. 73


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Informativo de la noche Prefieren metálico. Felicidad no se refleja en cuentas bancarias.

Las perlas ruedan sobre el mármol y la madera del salón. El mundo es un palacio construido sobre despojos humanos. Fuera, la Luna es una puta vestida de luz. Una puta piedra que podría dirigir nuestros destinos... si ella quisiese. Nos entregaríamos a su poder con tal que mutase esta triste realidad. No, no somos de esa estirpe domesticada, no, no cambiamos vuestra seguridad por nuestra libertad. No, no estamos contra nada establecido, porque nada consistente se enfrenta a nosotros. No, lo que llamáis verdad no nos interesa. No existe. El mundo es un negocio que no nos atrae. No, nuestro afán no es consumir.

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No somos marea. Ah... paseo por los versos de Eric Luna y descubro sombras en la noche. La vida, sí, es dura, es, sí, una mierda, sí: la vida no es vida. Nazco y crezco y evoluciono y me hago mayor para huir de mi padre y, sin saberlo, llego a convertirme en él. Sí, somos pocos, apenas un puñado, los que tenemos la intima convicción, la más absoluta certeza, de que somos nuestro propio dios. Sí, de que somos nuestro propio dios y de que nuestros refugio es la poesía. La Poesía de guerrilla, sí, que declamamos, cuando llega la noche, en cada plaza, en cada cueva en cada ciudad. Los salvajes

nos comunicamos

así.

No son perlas rodando en palacios a destruir. Son poemas como cantos rodados, palabras como bombas con la mecha prendida. Luna, eres una puta, una puta tirada. Una puta piedra pero si quisieras podrías

gobernar

el mundo.

Esteban Gutiérrez Gómez (2012) 77


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Guerrilla sin diminutivos, por José Daniel Espejo

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Segundo prólogo, por Abel Aparicio

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HECHOS Informativo de la mañana

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Pruebas en mi contra

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Crash

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World is a bussiness

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La fábrica

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Monstruos

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Bailando Pogo

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Graznido

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Canción triste de Wall Street

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Informativo de la tarde

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Epifanía por sobredosis de lejía

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Oda a una casa encantada

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Títeres

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Poesía de guerrilla

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La libertad entre los dientes

38

Soñando un 15 de Mayo

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Informativo de la noche

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DELIRIOS La red

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Mi Dios personal

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Huesos húmedos

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Una cosa pobre, negra y molesta, llamada poesía

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Brujo

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Así

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Mi cabeza es una torre lúgubre que da al mar

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A la puta luna

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Vacuidad del que escribe

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Y florecieron los tanques con alergia

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El momento

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Enemigo

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Instrucciones para salvar el mundo

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Credo

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El útero

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EPITAFIO

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A modo de epílogo, por Esteban Gutiérrez Gómez

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POESÍA DE GUERRILLA