Revista de difusión, crítica y creación literaria
El Comité
1973
Año 2. Número 7. 2013
LITERATURA EN LENGUA ALEMANA
DEL
SIGLO XX
COMITÉ DIRECTIVO
COMITÉ COLABORADOR DE ESTE NÚMERO
Israel J. González S. Marco Antonio Meneses Monroy Coordinador general Marco Antonio Meneses Monroy Redacción y corrección de estilo Israel J. González S. Arte
Almendra Vergara
Diseño gráfico Israel Campos Nava
Adolfo Ávila Avril Calderón Pérez Dalí Corona Ana Isabel Cruz (Quimera) Liliana Dávalos Guadalupe Flores Liera Israel J. González S. Marco Antonio Meneses Monroy Raoul Morales Oliver Manuel Peña Adrian Tovar Gabriela Ulloa
Difusión Jorge Contreras Herrera CONSEJO COLABORADOR
Rodrigo Círigo Dalí Corona Ilallalí Hernández Rodríguez
EDITORIAL La literatura en lengua alemana es una de las más interesantes y ricas.
Puede decirse incluso que algunos de sus autores más destacados, jamás escribieron ninguna obra poética o de ficción como tal. Pensemos en Schopenhauer o Nietzsche, incluso en Freud.
En este número hemos querido hacer un homenaje no sólo a la literatura alemana y a sus autores, por igual nos ha parecido importante rescatar un momento muy específico: el siglo XX. Las consecuencias de ese tiempo, aún no son tan comprensiblemente claras para la cultura. El desgarre que significó ese período de tiempo, no ha desaparecido del todo en el imaginario humano. En algún sentido, unas pocas obras se dieron a la tarea de registrar tal tempestad. Elegimos algunas de ellas por gusto, sin pensar en cuáles podrían considerarse verdaderamente importantes. Esperamos que a todos ustedes también les parezcan interesantes. Como siempre, agradecemos a nuestros lectores y por supuesto a nuestros colaboradores, que nos brindan su obra. No dejamos de reiterar que los invitamos a todos a colaborar con nosotros. Gracias totales.
4
Marco Antonio Meneses Monroy
Dos minificciones Liliana Dávalos
RELATO........................................................................ Doña macabra
6
POEMAS........................................................................
10
PORTAFOLIO..............................................................
17
Raoul Morales
Guadalupe Flores Liera Dalí Corona Adrian Tovar
Gabriela Ulloa
DOSSIER.......................................................................
32
Poesía en lengua alemana Sonetos a Orfeo, I, 2 de Rainer Maria Rilke (versión de Oliver Manuel Peña) Soy la esencia de Johann Friedensburg (versión de Adolfo Ávila)
ENSAYO.................................................................... Dos ensayos sobre literatura en lengua alemana Israel J. González S.
Publicación Bimestral Año 2. Número 7. 2013. Agosto-Septiembre
38
Portada y contraportada: Gabriela Ulloa Ilustraciones: Ana Isabel Cruz (El día que conocí el valor) / Avril Calderón Pérez
Contacto: Correo electrónico. elcomite1973@gmail.com Facebook: www.facebook.com/revistaelcomite1973 Issuu: http://issuu.com/revistaelcomite1973
ÍNDICE
MINIFICCIÓN............................................................ El día que conocí el valor
Minificción
EL DÍA QUE CONOCÍ EL VALOR
Minificción Marco Antonio Meneses Monroy
Recuerdo el día de la batalla, la patria estaba en juego, el rojo sol anticipaba la sangre a derramarse. Diario evoco el águila que surcó entre los ejércitos provocando que los rostros de los combatientes se alzaran desafiantes. Escuché los tambores desgarrarse y el grito de guerra. Todos avanzaron menos yo. Ese día conocí el valor.
Minificción relato
Minificción relato
DOS MINIFICCIONES Liliana Dávalos
* Era el labio más solo del mundo. El bigote lo engañó con el rastrillo.
Avril Calderón Pérez
* Lo escribe en la servilleta en blanco. Le tiemblan las manos, aprieta la quijada, se muerde el labio. Coloca la servilleta sobre la mesa y bebe su té, se cubre la cara: llora. Sale corriendo, mientras la servilleta se queda olvidada sobre la mesa. Alguien llega, recoge la taza sucia, limpia la mesa. Rompe la servilleta.
relato
relato DOÑA MACABRA Raoul Morales
Tuve suerte de que esta historia no aconteciera en ninguna de las cansadas y viejas capitales europeas, o en cualquier otra ciudad que gusta definirse a sí misma como “encantadora”. De haber sido así, muy seguramente me hubiera contagiado del tan empalagoso cliché que aburridamente cargan los que se dicen poetas. Fue en una ciudad al oeste de Germania en donde la conocí. Lejos habían quedado aquellos tiempos en los que un estudiante extranjero se alojaba en la buhardilla más sucia del barrio bohemio; emulando a sus héroes de la pluma que descansaban junto a la oxidada cabecera de la cama. La modernidad y sus ejércitos habían cambiado ya el panorama, de nada servía intentar revivir el pasado. Encontré un cuarto viejo cerca del lago, y me vino bien. Era primavera; gracias al escaso follaje de los árboles frente a mi ventana podía ver desde ahí la gran mancha de agua plateada y sus impertinentes reflejos de luz. Fue justamente ahí, en ese lago, en donde por primera vez la vi a ella; a Doña Macabra. Escucho ahora mismo a sus ojos, mirándome desde el borde y certificando que cada palabra sea la mentira precisa que le dé forma a un relato de otra forma demasiado perfecto para la gris realidad. ¿Te acuerdas, Macabra? Era una de esas tardes absurdamente calientes, con el sol ralentizando todo en tímido bochorno. Era una de esas tardes espantosamente creativa; la naturaleza se deleitaba moviéndonos hacia el mismo punto de encuentro y sin que nosotros siquiera lo supiésemos o imaginásemos. Yo daba mi vuelta cotidiana, buscando hormigas entre las piedras y maldiciendo a los conejos cuando de repente te vi, sentada en la orilla más lejana del lago. ¿Qué me hizo acercarme, qué te hizo responderme? ¿Recuerdas, Doña Macabra? Porque yo ya no. Algo hablamos; del clima y la ciudad quizás, o sobre los corredores rubios compulsivos que infestaban las orillas sin cesar. Me invitaste a meter mi cuerpo al lago contigo, pero no acepté para no desnudarnos tan de prisa. Te reíste, no te presentaste, me dijiste que conocías un teatro en la ciudad, y al otro día fui ahí a encontrarte. Llegaste en tu bicicleta, escondiendo tu cuerpo tras un jersey blanco. Una extraña corriente de aire venía detrás de ti, e intuí que eras entonces como la noche teutona: desfasada, delirante. ¿Tienes aún memoria, Doña Macabra, de lo que pasó esa tarde? Aquella vez compartimos impresiones estudiantiles y descubrimos que no éramos los únicos que
relato
relato
se dedicaban a recoger piedras y lanzarlas a la monarquía, al fraude de la democracia y al bulto sin forma y sin movimiento que siempre se ponía por enfrente y que llamábamos “tiempo libre”. Presumimos modales de nuestra extranjería frente a la cerveza, y después de ver las escenas de Brecht nos despedimos con un apretón de manos (señal inequívoca de que algo ya ha muerto), con esa sensación de haber tenido una buena charla que terminaba muy pronto. Mientras uno hablaba de sí mismo el otro escuchaba sinfonías y partituras; nunca buscamos desde el principio realmente comprendernos y eso lo hacía funcionar a la perfección. Desde entonces encontré compañía en las faldas de mi lago. Decidí que podías tener también un pedazo del mismo, decidiste que yo no decidía nada y te adueñaste de mi suelo, de ese trozo de soledad que tan extrañamente muy bien te quedaba. Caminabas conmigo, a veces sin hablar y a veces sin entenderme. Pasaban las noches cada vez más rápidas, y tuvimos que encontrar nuevos pretextos para vernos bajo la luna, bajo el puente, bajo el cielo de Germania que estaba pendiente de cómo resolveríamos nuestra historia. ¿Cuándo fue… cuándo fue, Doña Macabra que un paseo de esos terminó con la mitad de tu vida narrada en mi oído y la otra mitad contada en mis labios? ¿Cómo fue que apareciste, si no te buscaba? Dijiste que te esperaban allá en casa. Que eras temporal, que eras espacio ajeno, que eras nubes que llovían sobre otras tierras. Pero no me importó. Sonaron las campanas de Lamberti mientras tomaba con mis manos tus mejillas, y en tus ojos profundos me puse a llorar. A pesar de lo macabro de tus modales te acercaste a mí lo suficiente como para que notara el olor de tu cabello recién bañado y la pequeña erección de tus pezones debido al fresco viento; te robé de nuevo un beso y de nuevo lo aceptaste para después recuperar la compostura, recoger los ladrillos de tu muralla ambulante y echarte a andar. Me miraste con gozo en tus pupilas y entonces nos pusimos a debatir sobre Kant y Sartré, de Freire y de Chomsky, de todos menos de nosotros pues teníamos que conjurar un remedio para distraernos de nosotros mismos. Nunca fuimos a ninguno de los muchos cafés de la ciudad pues hasta en la crítica hacia el gregarismo simplón que poblaba dichos lugares coincidíamos. Pero notaba en tus ojos cuando querías de repente pasar a algún bar y divertirte por un rato, desenredarte por unos minutos de mis manos en tu cintura y exhalar aire fresco libre de mi aliento. Por eso te llevé una vez a La Boheme Boulette, en martes. Los martes casi no había gente y podía uno beberse una copa de Absinto, disfrutando de los cómodos sillones tapizados en verde que hacían juego con el sitio aquél. Esperaba que te tomaras sólo una copa conmigo, pero bebiste dos y comenzaste a hablar. Y yo te escuchaba y tú me decías, quería interrumpirte para besarte pero eras tan macabra que me daba un poco de miedo provocar tu furia. Esperaba que de pronto me preguntaras sobre mis cosas, mi país y mis costumbres; pero no lo hacías y no me molestaba; de hecho ahí aprendí también a cogerle el gusto a la tesitura de tu voz. Cada vez que hablabas desatabas los acordes de la más extraña y bella de las melodías; tu risa era una octava más alta y tus gruñidos de placer eran bemoles, mientras que tu conversación se desarrollaba entre acordes naturalmente armónicos. Pero cuando tu voz me despedía en la calle era entonces grave, solemne. Tus ganas de arrancarme la piel a mordidas y de clavarme un puñal por la es-
relato
relato
palda me dieron las razones y los motivos suficientes para ponerte tan cariñoso sobrenombre; y en las noches en las que no te veía te imaginaba sentada frente a tu ventana planeando tus siniestras costumbres, las mismas que al otro día ensayarías conmigo. Macabra, Macabra. Colgaste en la pared frente a tu cama a la enorme Catrina hecha de papel picado que te regalé un día; la muerte a tu lado no se veía mal sino terriblemente atractiva. Macabra eras, porque una ocasión viste a los muertos conmigo; y ni te inmutaste. El vestido negro que usabas cuando paseábamos juntos estiraba aquella figura tuya de por si grande: tus piernas largas se hacían enormes y tu vientre plano se convertía en tersa llanura de atractiva perdición. Te faltaba solamente un sombrero para que fueras tú la Catrina del papel; delgada y elegante, enfundada en una epidermis de absoluto misterio, salvaje maleficio. Aprendí de ti, Doña Macabra, que dabas miedo no por terrible sino por seductora. Todo a tu lado siempre fue excesivo. Nos devoramos tantas veces que memorizamos nuestros sabores. Nos enredamos tanto las lenguas que olvidamos como hablar, nos bebimos en tantos vinos que nuestros labios amanecieron color violeta. Nos matamos en poesías muchas madrugadas, y nos asesinamos de lujuria muriendo el alba. En las líneas espontáneas de esa historia se deleitaban nuestras cicatrices; mientras más tarde oscurecía más te ibas perdiendo, difuminando. Te amé, Doña Macabra. Nunca deshice de mis costillas la sutura de la cual saliste; y sin embargo aprendí a necesitarte. Llegó agosto. Alguien me dijo que ella se iría, que regresaría a la cercanía de su tierra. Voces en las campanas de las iglesias me advirtieron. Desapareció de pronto, sin flores, sin reproches ni caricias. Una noche bajé a buscarla, aunque sabía que no estaría cerca. Cada metro por la orilla era cartografía de recuerdos: bajo aquél árbol la había besado, en aquella banca me había enseñado su idioma, en ese claro de bosque nos habíamos embriagado y así sucesivamente, hasta que comprendí finalmente la verdad de su destino: aunque se fuera, en realidad nunca partiría. Doña Macabra hacía su último acto de ironía, diciéndome adiós sin sus labios pero con su ausencia, invitándome a visitarla cada vez que se me antojara. Doña Macabra no me dejaba, sino que se zambullía para siempre en las aguas teutonas, esperándome siempre que quisiera para así beber juntos, para escucharnos mutuamente en la noche limpia de Germania, para escribir con tinta de noche el resto de esta historia. Doña Macabra se había convertido en el lago, y yo en su eterno paseante.
relato
relato
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
poemas
poemas
Guadalupe Flores Liera 1. SÓLO TENGO EN LAS MANOS las líneas del destino. En la escuela nocturna sólo descifro sueños. Cuando quiero leer recuerdo las clases de bordado: punto de cruz, cadena. Esta vez la madeja rueda desde mis manos: ¿qué se puede tejer con unos metros de anhelo muy delgado? (de: Atravesar la noche) 2. HOY QUISIERA GOLPEAR al mundo con los puños, deshacerlo a patadas o por lo menos echar a andar el tiempo, este maldito tiempo detenido, como un disco rayado, en algún triste verso, trillado y aburrido, absurdo y largo. (Ojalá que este mundo fuera de cristal y ojalá que yo fuera una soprano.) (de: El sitio donde nada se levanta)
3.
poemas
poemas
Guadalupe Flores Liera Y QUÉ SI LAS PREGUNTAS me arrebatan el sueño, de punta a punta el lecho se me convierte en barca y unas velas muy anchas, para que quepa en ellas todo el viento, me llevan lejos de esta duermevela. Tu cuerpo es el que ignora los cabos que recorro. Estoy buscando el sitio en que me guste recordar estas calles como un sueño y olvidar este cielo que me aplasta. (de: Una espera infinita) 4. ¿A DÓNDE VAS? ¿Detrás de qué fantasma o de qué sombra huyes? Toco tu cuerpo en medio de la ausencia con las manos del ciego, con el olfato hambriento y afilado de quien ya lleva tiempo buscándote y buscando. Debajo de los pliegues de tu ropa, entre tu olor candente inhabitado humedezco mis sueños. Allí donde no estás, donde estuviste, volátil en tu amor desentregado, hundo desesperada los labios y las manos. (de: Mar de vana esperanza)
poemas
poemas Dalí Corona
Soneto de la ciudad ¿Despierta la ciudad cuando amanece o se adelanta al sol como el obrero, buscando en la negrura un agujero y aventajar a tiempo que florece? El día enseña al hombre que envejece, que el tiempo es implacable y muy certero; la ciudad lo descubre por su acero que velozmente se oxida y oscurece. Madruga la ciudad como la gente, incluso al otro día del desvelo, y puede parecer un poco ausente pero no solitaria, da consuelo. La ciudad es un hombre ciertamente que levanta su cuerpo sobre el cielo.
poemas
poemas
Soneto del mesurado El tiempo que es el mío no es el nuestro porque el tiempo es distinto en cada uno, tú vas deprisa al tiempo como alguno que elucubra palabras sin maestro. Yo soy más recatado y no secuestro la palabra, su ritmo, como un tuno; ser mesurado, nunca inoportuno, es mi idea de ser un hombre diestro. Acércate, si puedes, a esta vida esperando al milagro con paciencia, que no te quepa duda en la conciencia, la poesía es un arma, bien pulida. Pero si al fin, tú tienes otra urgencia, será tarea de dios tu penitencia.
poemas
poemas
Soneto del desmesurado El tiempo para todos es el mismo, nunca tiene distingos en su paso lo que tú estás creyendo que es retraso es sólo un distractor o un espejismo. Querer domar al tiempo no es cinismo ni negarte un lugar en el Parnaso, si deseas creer que eso es fracaso entonces vas cayendo en un abismo. Que lo sigas, al tiempo no le importa, tampoco que te quedes mesurado, volar nunca sería un pecado porque es bella ilusión y lo soporta. Si te place sumarte a este lado deja, pues, de sentirte iluminado.
poemas
poemas
Erosiones cósmicas Adrian Tovar
Sobrevivir las edades siendo el mismo coleóptero viscoso amorfa criatura gelatinosa. Vagar entre el polvo de rumores inciertos, ancestrales reliquias. Habito tierras inconclusas, más allá del viento estelar, vasallo de mareas sinuosas que no saben detenerse. Así me desvivo: siempre el mismo sediento y asqueado. Nada nuevo en la curvatura del cosmos. El horizonte dibuja mi nuca ampulosa, círculo de sopor y desgana. El murmullo atrapa en su crisálida alientos deslavados: roca inmortal, legendario criptograma inmolado en esta espectral nausea sin término. Hastíos vernales desgranan la aurora. El Sol cuajado derrite su agonía en matorrales calcinados. ¡Y pensar que es cierto!: Idolatría del sinsentido. Verdad sin tregua de atavismos groseros en sangre leprosa. Aquí dentro, muy cerca. Herida abierta vomita equinoccios. Esbozo de un beso.
Aproximación fallida Adrian Tovar
Piel quiere ser mármol por beso esculpida. Esbozo de un beso en el ahora o nunca. Anhelos fallidos, memorias lúgubres en rincones vagabundos. Esbozo de un beso. Canciones vaporosas sobre labios tempestuosos. Murmullos de otoño despojan su licor en balcones de olvido y puertos brumosos. Neblina contando adioses derrite su agonía en horizontes lejanos. Esbozo de un beso de extraviados amantes. Imágenes desleídas, espejos marchitos para siempre hallarse sólo y habitar silencios polares y fracasar la vida con labios rotos.
PORTAFOLIO
Ga b ri e l a
U l l o a
Fotógrafa profesional egresada del Instituto de Artes (IA) de la UAEH. Nos presenta en este portafolio su trabajo denominado “Híbridos”, el titulo deriva de la combinación de la técnica del papel salado, el siglo XIX y la tecnología de los negativos del XX. Las imágenes son desnudos femeninos en ambientes que evocan, con un sentido estético la violencia que han sufrido las mujeres en México, sobre todo en Ciudad Juárez. Cabe mencionar que este trabajo se logro con el apoyo del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes del Estado de Hidalgo (FOECAH) en su emisión 2011, del cual Gabriela Ulloa fue beneficiaria.
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
Gabriela Ulloa Serie hĂbridos Papel salado FOECAH 2011
PORTAFOLIO
poemas
poemas
RAINER MARIA RILKE Die Sonette an Orpheus, I, 2 Und fast ein Mädchen wars und ging hervor aus diesem einigen Glück von Sang und Leier und glänzte klar durch ihre Frühlingsschleier und machte sich ein Bett in meinem Ohr. Und schlief in mir. Und alles war ihr Schlaf. Die Bäume, die ich je bewundert, diese fühlbare Ferne, die gefühlte Wiese und jedes Staunen, das mich selbst betraf. Sie schlief die Welt. Singender Gott, wie hast du sie vollendet, daß sie nicht begehrte, erst wach zu sein? Sieh, sie erstand und schlief. Wo ist ihr Tod? O, wirst du dies Motiv erfinden noch, eh sich dein Lied verzehrte?-Wo sinkt sie hin aus mir?... Ein Mädchen fast...
poemas
poemas
Sonetos a Orfeo, I, 2 (1922)* Y era apenas una niña y nació de este alborozo de canto y lira, y resplandecía, fulgorosa, tras su velo de primavera, y construyó su lecho en mi oído. Ella durmió en mí. Y todo fue su sueño: los árboles que una vez veneré tanto, esta pesante lejanía, las sensibles praderas y cada sorpresa que me enternecía. Ella durmió al mundo. ¿Cómo, Dios que cantas, la has acabado, para que no anhelara nunca haber primero despertado? Mírala: durmió sólo nacer. ¿Dónde queda su muerte? ¿Compondrás un motivo que pueda consumar su canción? ¿En dónde, desprendida de mí, habrá de hundirse? Era apenas una niña… Traducción de Oliver Manuel Peña
* Poco después de terminar sus Elegías del Duino, Rilke escribió este ciclo de cincuenta y cinco sonetos, a partir de la temprana muerte de Wera Ouckama Knoop, hija de unos amigos del poeta. Su extraña enfermedad terminal pareció mezclarse en Rilke con los mitos órficos, por los que sentía gran interés. Así pues, en estos Sonetos, el poeta recurre al canto de Orfeo para rendir homenaje luctoso, o quizá una especie de réquiem, a la joven que alienta su inspiración: el subtítulo del ciclo es Geschrieben als ein Grabmal für Wera Ouckama Knoop (escritos como epitafio para Wera Ouckama Knoop).
poemas
poemas
Johann Friedensburg
Ich bin das Wesen Ich bin das Wesen der Welt Ich bin immer betrunken und verrテシckt Ich bin der Dichter und dein Gott
Soy la esencia Soy la esencia del mundo Estoy siempre borracho y loco Soy el poeta y tu Dios
Versiテウn de Adolfo テ」ila
ensayo
ensayo poemas
El peso de la existencia:
El caso de Jean Améry Israel J. González S. El último hecho más importante para cualquier organismo vivo es su muerte. Para la especie humana, no sólo es un hecho, sino que es un acontecimiento porque posee un rasgo significativo y simbólico. Tal característica es ocasionada por su conciencia acerca de la muerte. Saber de la muerte es tener claro que de forma inexorable la vida concluye. Se piensa que una de las más antiguas formas de expresión del sentimiento de lo sagrado, fue el culto a la muerte. En todo caso, el halo de su presencia no abandonó el imaginario de los hombres, puesto que en algunos momentos de la historia humana fueron engendradas nuevas formas de concebirla. En algunas de esas concepciones, vida y muerte son las distintas caras de la misma moneda. Sin embargo al radicalizarse dicha visión sagrada de la existencia humana, fue posible dudar de la idea: la vida es el bien más preciado. Pero no sólo eso, también dejó de ser inconcebible defender como algo razonable cuándo, porqué y cómo de la propia muerte. ¿En qué momento o, bajo qué circunstancias, es posible dar razones o argumentar sobre la muerte voluntaria? ¿Cuál es la diferencia entre está nueva manera de ver y nombrar una situación conocida más comúnmente como suicidio? Señalaré una perspectiva. Una de las obras que expone algunas razones para comprender la noción de muerte voluntaria, es el texto de Hans Mayer mejor conocido como Jean Améry. Escritor judío austriaco, quien fuera perseguido, torturado y recluido en un campo de concentración durante el período nazi. Esta persecución fue la causa para adaptar su nombre alemán a uno de forma francesa, aunque, a pesar de esa desgarradura, no abandonó su lengua materna. Su experiencia, fue objeto de reflexión a lo largo de su obra. Una obra que se acerca más al ensayo filosófico o, para decirlo de otra manera, la reflexión como antídoto contra la desesperanza. Como muchos de los que sobrevivieron a los campos, Améry concluyó su vida por mano propia; este hecho fue perpetrado hacia el final de los años setenta del pasado siglo. No es claro si la causa de tal decisión fue la culpa fomentada por haber sobrevivido la tortura y la reclusión, como en el caso del escritor italiano Primo Levi que luego de muchos años después no pudo más, o el poeta Paul Celan, que aun cuando él nunca fue prisionero, su familia le salvo la vida en un golpe de suerte. El haber evitado el lager al final lo termino encaminando a la muerte voluntaria. Estos casos, sólo por mencionar un par de los más conocidos entre los artistas. Quizás para esas personas, todo intento por superar dicha experiencia fuera insuficiente, y es muy probable que su ejercicio de reflexión y escritura pudieran ser rebasadas por tal vivencia límite. El libro en el que nuestro autor analiza las razones por las que un individuo decide acabar consigo tiene el título: Levantar la mano contra uno mismo. Discurso sobre la muerte voluntaria (Hand an sich legen: Diskurs über Freitod). El análisis de esa elección arroja
ensayo
ensayo poemas
como elemento común, una situación límite. Pero uno de los errores de perspectiva al juzgar una situación límite es dar por sentado que hay un determinado número de situaciones que se podrían llamar límites, y además que debieran ser para toda persona. Lo que nos índica Améry es, cada persona tiene su propia medida al respecto. Para sostener tal cosa ejemplifica con casos muy variados, ya de la vida de carne y hueso, ya de la literatura. Uno de estos ejemplos es el relato de Arthur Schnitzler “El teniente Gustl”. Es la historia de un oficial del Imperio Austrohúngaro que sopesa darse muerte por un motivo de honor. Un panadero le impide sacar su espada por la fuerza en una riña. El teniente cree que ese hecho es una humillación a lo que representa su uniforme. Pensar que alguien más supiera de esa situación, hace de su muerte voluntaria algo inevitable. Sin embargo la muerte intempestiva del panadero, permite al teniente vivir. Quizá para la mayoría de las personas, ningún motivo es suficiente para terminar de manera abrupta la propia vida. ¿Por qué para algunos es inconcebible acabar con uno mismo y para otros no existe más que esa salida? Esa pregunta se responde a partir de la percepción que se tiene de la existencia en general o de la manera en que se hace frente a ésta. Plantear la pregunta se debe a una visón más secular de la vida, más desencantada, es decir, más racional. Sin embargo, una de las interrogantes por desentrañar en el texto de Améry es acerca de la elección de la vida. ¿Elegir es sólo a partir de la conciencia o, existe o no, alguna fuerza o presencia que nos impele a seguir viviendo? ¿Es posible contestar a esas dos interrogantes? Por lo menos es posible intentarlo. Este autor analiza en Levantar la mano, una de las ideas más importantes de la teoría fruediana: la pulsión de muerte. La razón para tomar en cuenta esta noción por parte de Améry, es agotar todas las posibilidades, y por ello mismo, la idea de pulsión, le da una pauta importante para seguir con su reflexión. Para comprender por qué es posible dudar del valor intrínseco de la vida, es importante remontarse a un ejemplo de la antigüedad. El malestar de la existencia es una presencia constante en la humanidad. Este malestar, los latinos lo nombraron taedium vitam. Esta manera de ver las cosas ha excluido el placer de la existencia. La ilusión desapareció. Este sentimiento confirma la existencia de realidad, porque en el fondo el placer de la existencia es intermitente, es irracional, y en sus rasgos más esenciales, ilusorio. Tanto Améry como Freud en este punto están muy cercanos, en este sentido: ¿Hay algo más allá del principio del placer? Y esta pregunta se convirtió en especulación. La importancia de la noción freudiana en Levantar la mano, es importante en la medida en que Améry la retoma y la redefine como inclinación a la muerte. Para comprender este ajuste explico brevemente lo siguiente. Durante el desarrollo de sus ideas, Freud pensó que el aparato psíquico estaría formado por pulsiones o fuerzas psíquicas que están en continua lucha por prolongar la vida o desencadenar la muerte de todo organismo. Todo ser viviente tiene en sí mismo esas semillas que al final, inevitablemente lo llevaran a la muerte. La pulsión de muerte es el impulso que se tiene por conservar a toda costa un anterior estado de co-
ensayo
ensayo poemas
sas. Como si en algún momento el organismo pudiera suspender su propia vida. Esta imagen ilustra de forma más clara el conflicto de las pulsiones de vida y de muerte. Sin embargo, el individuo sólo puede saber de esta lucha en la manera en que vive ese conflicto. Es decir su actitud ante la vida. Este último matiz de la idea de pulsión, me parece que se le escapa un poco a Améry. Si bien pareciera que la pulsión es algo irracional y por lo tanto algo indomeñable, lo cierto es que el escenario de la pulsión es la conciencia. Eso quiere decir que tanto uno como otro señalan que si bien se está sujeto a un hecho inexorable como la muerte, el cómo, el cuándo y el porqué es una elección. Améry escribió un texto perturbador, buscando salir a la luz en tales tinieblas. Después de todo, vivir es prepararse para la muerte. Sin embargo, el verdadero saber de la muerte, es tener la oportunidad de aceptar los innumerables rostros de la vida, entre ellos el horror, es decir, tener la capacidad de concebir la idea de que vivir no es un tendremos, sino un podremos. La vida no es una obligación sino una elección.
ensayo
ensayo Ernst Jünger: el diario como atisbo al tiempo del mundo Israel J. González S.
La catástrofe golpea a cada uno de modo diferente, pero a todos los afecta al mismo tiempo. Ernst Jünger
El sentido de las palabras nunca ha sido inequívoco. En esa característica está fraguado su poder, aunque es mayor el de la realidad a pesar de todo. Sin embargo, la manera de penetrar en lo inconmensurable es nombrando lo que hasta ese momento no tenía nombre. Por esta razón, el lenguaje es en sí mismo un conocimiento, pues el dominio que se tenga de él, será la profundidad de lo que se sabe del mundo y, la manera de hablar acerca de él, sería la expresión de la actitud del individuo al enfrentarlo Uno de los rasgos más importantes del poder de la realidad es el tiempo. Saber del tiempo es concebir la simultaneidad, la biografía y la historia; esto es, las infinitas posibilidades de la libertad en lo determinado. Es en ella donde el individuo encuentra el sentido de sus expectativas, de sus recuerdos y de su situación. Esta conciencia de la relación entre el tiempo universal y el singular, puede ser la pauta para hacer una lectura del tiempo en el que se vive. Leer es posible si hay una escritura previa. Si hay escritura, también hay signos. Hacer la lectura de una época, es haber descifrado sus signos, diferenciándolos respecto a otros del pasado, pero también entendiendo sus puntos coincidentes. Es un ejercicio de prospectiva, perspectiva y retrospectiva. El propósito de tal ejercicio es en primera instancia la de un médico ante su paciente que lo consulta: dar un diagnóstico. En este caso, al contrario de cualquier médico, a tal lector no le interesa especialmente dar la prescripción de un tratamiento para una posible cura. Lo que él quiere es entender por qué se ha llegado a la situación que le ha tocado en suerte. Si bien, no toda lectura del tiempo propicia una autoría, la obra de Jünger tendría su raíz más fuerte en la comprensión de su época. Desde muy joven, como soldado del frente en la Primera Guerra Mundial, Jünger pretendió con el género del diario, dejar por escrito su comprensión del mundo. Desde entonces, se entiende que lo fundamental de un diario no es registrar los hechos en los que participa el individuo, sino dejar por escrito la comprensión singular del significado de esas situaciones.
ensayo
ensayo
En el prólogo a sus diarios de la Segunda Guerra Mundial, mejor conocidos como Radiaciones (Strahlungen), explica que la experiencia del tiempo no sólo es la experimentación del instante personal, pues a partir de saber del tiempo, el individuo se percata de la infinidad de matices de la temporalidad. Una de esas posibilidades es la simultaneidad. En un minuto pasan innumerables acontecimientos en toda la superficie planetaria. Pero de esos incontables sucesos, son pocos los que tendrán algunas implicaciones que efectivamente alcancen a la mayor parte de los seres humanos. ¿Cómo saber qué, quiénes o cuáles son las situaciones o personajes que harán de su paso por el mundo algo inabarcable respecto a su influencia? La ventaja del diario es que intenta fijar el día a día, la aparentemente cambiante y veloz sucesión de las situaciones que rodean al sujeto. También cuenta que la subjetividad observadora y reflexiva sea el último refugio de lo humano en un ámbito demasiado hostil como fue el siglo XX y, como lo es la actualidad, aunque de forma más soterrada que entonces. Para algunos autores en los que su tema aparente es la propia experiencia de un determinado período de tiempo, la finalidad real es mostrar su propia mirada de ese mundo. Es una perspectiva que todo lector de ese tipo de obras debe tener presente. Este rasgo de ningún modo es algo que les haga mella, sino al contrario, les da un carácter más fraternal porque el autor erige su texto como una especie de avanzada para sus lectores. El texto es una advertencia, un subrayado. Radiaciones tiene la impronta innegable de Jünger. A saber, el individuo no puede conformarse con presenciar los sucesos, pues al tener conciencia o por lo menos, una profunda intuición de la trascendencia de éstos. Sus acciones debieran tener la intención de ser no sólo actos libres, sino entender que también son históricas. En este sentido, me refiero a que las acciones no sólo dejan su huella en la realidad, sino que irradian el ser de un individuo a otros, es su herencia. Su definición. También es su mensaje. En el prólogo de Radiaciones el autor advierte que pocas cosas puestas en él, serán exclusivamente personales. Este anuncio puede sonar paradójico. Debe quedar claro que no se trata exclusivamente de la anécdota confesional. Por otro lado, si la veracidad de lo que está escrito en esta obra, puede alguien ponerla en duda, sea; pero tal sospecha puede ser un riesgo, el de no comprender que lo dicho ahí, va más allá de registrado por los libros de historia. Eso es lo importante en Radiaciones. La alusión a lo que es humano, más allá de los múltiples decorados.