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El Avión Negro N° 6

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PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL

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SUMARIO

AÑO III - N° 6 - Julio de 2012

Publicación propiedad del Centro de Estudios y Formación Política “Miguel Angel Mozé” Asociación Civil

Editorial Página 3

Registro Propiedad Intelectual N° 963554 Brandsen 441 - Barrio San Martín X5000GMI Córdoba, Argentina Tel. (0351) 474-3503 - centromoze@gmail.com - info@cpdescamisadoscba.com.ar www.cpdescamisadoscba.com.ar

Editor Responsable: Dirección Editorial: Colaboran en este número:

Impresión: Diseño Gráfico:

Miguel R. Apontes Alexis Oliva, Pablo Torres Sergio Tagle, Haide Giri, Luis Rodeiro, Uriel Quinteros, Leandro Quiroga, Gabriel Quiroga, Graciela Treber, Alejo Testa, Moises Yadón, Juan Martin Marchioni, Baltasar Tissera, Daniel Varela, Gloria Di Rienzo y alumnos de la Escuela Popular de Medios Comunitarios. Pretocolor Gráfica (0351) 157034611 Nahuel Nieto

Consejo de Redacción de El Avión Negro: Francisco Yofre Sergio Tagle Eduardo Sota Graciela Treber Daniel Giacomino Esteban Dómina Haide Giri Francisco Tamarit Luis Rodeiro

(Gerente GECAL Córdoba, Ministerio de Trabajo) (Periodista Radio Nacional Córdoba) (Director Centro de Educación Popular Miguel Mozé) (Ex Concejal de la Ciudad, Asesora en políticas públicas) (Diputado Nacional por Córdoba) (Economista, Concejal ciudad de Córdoba) (Ex Senadora Nacional, Programa TDA Córdoba) (Docente UNC, referente Mesa de Trabajo Universitario) (Periodista, ensayista, referente Carta Abierta)

El Regreso de la Representación Polítíca por Sergio Tagle / Página 4

Los jóvenes como protagonistas por Haide Giri / Página 8

Unidos y Organizados por Luis Rodeiro / Página 10

Felipe varela, el procer olvidado Por Leandro y Gabriel Quiroga / Página 14

Perón y José Peter por Pablo Torres / Página 18

Apropósito de la fiebre del dolar por Graciela Treber / Página 20

Debate sobre la ley de riesgos de trabajo por Alejo Testa y Alumnos de la EPMC / Página 22

una nueva Constitución emancipadora / Página 24

Minería en tiempos de profundización por Moises Yadón / Página 26

Reportaje a carolina scotto por Miguel Apontes y Pablo Torres / Página 29

Reportaje a claudio diaz por Miguel Apontes y Pablo Torres / Página 33

Frente K por la soberanía de nuestros cuerpos “Por justicia social, por inclusión social, por derechos humanos”. Bajo estas consignas se busca poner en debate el tema del aborto en Argentina. En el país se practican más de 500.000 abortos clandestinos cada año. Al menos 50.000 mujeres son internadas por las consecuencias de estos abortos. Alrededor de 100 mujeres mueren por año como resultado de estos abortos; la mayoría son compañeras pobres y trabajadoras que no pueden pagarlos en clínicas privadas y en condiciones de seguridad. En Córdoba, a pesar del fallo de la Corte Suprema de Justicia, disponiendo que para el caso de violación bastará con una declaración jurada garantizándose la confidencialidad, el gobierno provincial restringió este derecho a través de una “Guía” que exige requisitos adicionales y la intervención de terceros. La Corriente Peronista Descamisados participa en este colectivo a través de los compañeros Federico Castro y Silvana Toranzo junto a la Mesa Nacional por la Igualdad, La Jauretche, Jp Kapiango, La Colectiva, Autokonvocados por el Proyecto Nacional y Popular, Devenir Diverse, Montonazo y Comunidad Cannábica de Córdoba. Modelo Nacional UNASUR en Córdoba Con la organización de la Jp Descamisados (frente estudiantil Universidad Nacional de Villa María) y el Centro Argentino de Estudios Internacionales (C.A.E.I.), el 15 y 16 de agosto, en la Sede Córdoba de la UNVM, y el 10 y 11 de octubre, en el Campus de la UNVM en Villa María, se llevará a cabo este proyecto. A partir de la convocatoria ya en marcha a todos los estudiantes para la inscripción en las distintas comisiones de trabajo, de acuerdo al país sobre el que quieran involucrarse, se concretará este simulacro de un organismo multilateral, en este caso la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Se abordará, entonces, la problemática del Cono Sur, en un contexto de diálogo diplomático y académico. Se pretende, además, fortalecer la capacidad de oratoria, negociación, diálogo político, análisis político, profundización del marco teórico, cultural y social que nos rodea. El objetivo fundamental es formar y capacitar a los jóvenes ciudadanos para que puedan llevar a cabo reflexiones críticas sobre los procesos de integración regional en la actual coyuntura política económica. Los ejes temáticos propuestos: Narcotráfico, Haití, Conflicto del Pacífico, Malvinas.

Polémica - El periodismo y la política por Alexis Oliva y Mario Albera / Página 37

Debate por una FUA más democrática y participativa por Juan Martin Marchioni y Baltasar Tissera / Página 40

Respuesta a la nota de “la voz” por Daniel Varela / Página 42

De la Autoamnistía militar a la condena de los genocidas por Gloria Di Rienzo / Página 44

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EDITORIAL

PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL

Título de la Editorial L

os militantes que en Córdoba apoyamos al proyecto nacional, que nos reivindicamos parte del movimiento peronista aún sin participar de la “institucionalidad” del justicialismo pero apostando fuerte porque el Frente para La Victoria contenga a todos, incluido, claro, al justicialismo, tuvimos un año 2011 bastante complicado. El FpV no presentó lista en las elecciones provinciales ni en las municipales, porque fracasaron los acuerdos en esas dos instancias. En las elecciones generales, la tracción de Cristina Fernández como cabeza de lista obligó a Unión por Córdoba (Partido Justicialista y otras fuerzas) a bajarse de la contienda, tras la dura derrota en las primarias abiertas. El 23 de octubre Cristina arrasó en todo el país con un histórico 54 por ciento y en Córdoba, por primera vez, el FpV alcanzó el triunfo con el 37,34 por ciento. Ahora, ¿de quién son los votos? ¿Es posible afirmar que el triunfo fue consecuencia de una construcción política paciente, trabajosa, de un espacio amplio del campo popular que adhiere a las políticas nacionales con pretensiones de trasladarlas a la provincia? Más bien, todo indica que el triunfo obedeció a la excluyente figura de Cristina y su extraordinario liderazgo político. Todo indica, entonces, que la tarea por delante será ciclópea y deberemos comprometernos con todas nuestras fuerzas y convicciones, todas y cada una de las fuerzas políticas que venimos apoyando el proyecto nacional y popular. Desde la Corriente Peronista lo planteamos claramente el 7 de octubre, en nuestro gran acto de lanzamiento en Luz y Fuerza. “En Córdoba hace falta una cuota de audacia de los dirigentes y militantes”, dijimos ese día. También observamos el silencio de ese amplio espacio que se dice “kirchnerista” frente a las declaraciones del por entonces electo intendente Ramón Mestre, que anunciaba sin tapujos que venía por la restauración neoliberal en Córdoba. Hoy, a tres meses de su asunción, ya dio los primeros pasos del desguace en la Municipalidad, avanzando sobre las empresas públicas CRESE y TAMSE. Y el silencio se mantiene. Igualmente, alertamos sobre “el pudor” de muchos a la hora de señalar la hegemonía comunicacional en Córdoba y apuntar con nombre y apellido al Grupo Clarín como propietario de un conglomerado de medios (La Voz del Interior, Día a Día, Radio Mitre y Canal 12, entre otros), que por su influencia ostenta una posición claramente dominante junto a Cadena 3. Hoy, vemos cómo han operado estos medios para crear las condiciones en la sociedad cordobesa -todo muy parecido a la década del ‘90- para que sin ningún tropiezo se apliquen recetas claramente neoliberales, en las antípodas de lo que propone el Gobierno nacional. No vamos a renunciar a nuestra propuesta de unidad del campo popular. No vamos a cesar en nuestro llamado a conformar un frente político que no sólo contenga a todas las fuerzas que bregamos por la consolidación y profundización de este proyecto, sino también a la construcción de una alternativa política con vocación de disputar el poder en la provincia. Y no vamos a dejar de contribuir -de la forma en que lo sabemos hacer, con mucho trabajo militante- a sumar al peronismo, persuadiendo a quienes desde algún progresismo de consignas se muestran todavía refractarios al movimiento que fundó el general Juan Domingo Perón. Es nuestro compromiso, también, no excluir al movimiento obrero organizado, histórico pilar del peronismo en el poder y fundamental a la hora de llevar adelante las transformaciones que nuestro pueblo reclama. Y en este camino por el desembarco definitivo del proyecto nacional en Córdoba, rompiendo con el paradigma neoliberal que desde 1983 los sucesivos gobiernos democráticos contribuyeron a instalar como sentido común en esta provincia, tampoco eludiremos ningún tema pendiente. Pondremos, como siempre lo hizo el peronismo, todo en cuestión, con la política siempre adelante, como nos enseñó el entrañable compañero Néstor Kirchner.


¿EL REGRESO DE LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA? YPF sugirió un reencuentro entre expresiones político partidarias con pasadas intensidades políticas. El kirchnerismo propuso y la UCR y el FAP apoyaron. El PRO votó en contra. Lo mismo hicieron un radicalismo oligárquico y un progresismo combativamente anti peronista. En un caso se actuó en representación de clases y tradiciones nacional-popular democráticas. En el otro se actualizó al viejo liberalismo conservador. Unos y otros actuaron con coherencia social e histórica. por Sergio Tagle La Argentina dio otro paso en su tránsito hacia una sociedad pos-neoliberal. La recuperación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) torna aún más evidente el carácter de “programa estratégico” que tuvo el primer discurso de Néstor Kirchner como presidente. Lo que dijo ese día y antes, en la campaña electoral, tenían las señales de lo que haría y de lo que ocurriría en los próximos años. En 2003 ya estaba cifrado el comienzo de un tiempo en el cual la Casa Rosada dejaría de gerenciar intereses del capital financiero especulativo. Dicho con otras palabras: se (re) iniciaba una época en la cual la política volvía a ser “Historia del presente y la Historia política del pasado”. En tanto historia actual, la política volvió a ser espacio de lucha entre proyectos estratégicos. Cuando el presente es tensado por esta pugna, el pasado vuelve a asomar como referencia para evaluar

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la escena contemporánea. El kirchnerismo emergió como la “actualización doctrinaria” y política del peronismo ante a los desafíos del Siglo XXI. Sus dirigentes y militantes pueden rendir cuentas a la tradición histórica de la cual provienen y, al mismo tiempo, al campo social que aspiran a representar en el plano político. El kirchnerismo permitió la reconciliación del peronismo con su propio pasado. La votación favorable a la recuperación de YPF fue un hecho puntual que significó lo mismo o algo parecido en el radicalismo y en el progresismo hoy expresado en el FAP, el Frente Amplio Progresista. Cuando el radicalismo dice que apoya la re-nacionalización de YPF se reconcilia con su propia historia, con Yrigoyen, con Mosconi, y también mira y escucha abajo antes de levantar la mano. Y lo propio hace el Frente Amplio Progresista, entre cuyos antecedentes inmediatos figura la alianza con la derecha en el llamado Grupo A del año 2010. Radicalismo y FAP, en esta oportunidad, no escuchan ni al poder económico ni al poder mediático. El radicalismo y el progresismo dejaron de mirar para arriba antes de actuar. Bien puede que en el futuro inmediato esta tendencia se revierta. De todos modos, cuando estas dos fuerzas aprobaron la expropiación de Repsol, dieron un paso hacia el fin de la crisis de representatividad política. Esto ocurrió pocas veces: en la sesión por YPF y con la aprobación de otras leyes posteriores vinculadas a derechos civiles. Entre 2003 y la actualidad, el radicalismo y el centro-izquierda institucional abrevaron en las tendencias más conservadoras de sus respectivos pasados. La UCR institucional fue la voz de un republicanismo liberal conservador que requiere el poder económico y corporativo en la transición posneoliberal. El rincón de los pensamientos bienintencionados de la nación neooligárquica fue ocupado por el progresismo. La derecha muestra coherencia entre su pasado, su presente y anhelado futuro:

hace uso del poder mediático para sustituir la ausencia de liderazgos con ascendencia sobre masas. Desde allí desestabilizó, intentó co-gobernar y aún gobernar. Su solitario (o poco acompañado) rechazo a la reestatización de YPF hace su aporte a poner las cosas en su lugar: la soberanía nacional subordinada a la rentabilidad de una empresa mundializada, esto es, la derecha argentina, volvió a ser minoritaria. El consenso parlamentario masivo a favor de la recuperación de YPF, alcanzado con el voto afirmativo de radicales y progresistas, constituyó un hecho puntual que –de profundizarse- progresaría hacia el inicio del fin de la crisis de representatividad y del quiebre con sus tradiciones y símbolos históricos por parte de fuerzas políticas democrático-populares.

Felices Pascuas La crisis de representación estalló en diciembre de 2001. La recomposición de los lazos entre política y sociedad comenzó en 2003 aunque es un proceso todavía en curso. Consistió en una “delegación hacia arriba del mandato obtenido abajo”. El pueblo votaba representantes que, una vez elegidos, se liberaban del mandato de sus electores y pasaban a representar a factores de poder. En este sentido, es erróneo pensar que “no representaban a nadie”. El problema era que sí representaban, pero a quienes no debían representar. Esto ocurrió cuando el “Felices Pascuas” de Raúl Alfonsín, en 1987. Ese día el entonces Presidente se comprometió ante una Plaza de Mayo repleta. Su compromiso era ejercer el poder de la democracia sobre los amotinados. Este también fue el mandato de la multitud allí reunida. Partió en helicóptero, volvió, dijo “la casa está en orden, felices pascuas”, la muchedumbre se retiró y al otro día se enteró de la ley de de obediencia debida (con el antecedente de la ley de punto final que había sido sancionada en diciembre de 1986). En este caso, Alfonsín recibió un mandato popular. No podría decirse que en ese


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acto transfirió ese mandato a los grupos económicos, a los grupos de poder. Esto ocurriría enseguida, a los dos o tres años. Sería excesivo decir que “traicionó”, pero sí fue débil. Negoció cuando el mandato y cuando su compromiso era no hacerlo. Y, podría decirse, tenía la fuerza política necesaria como para mantener con firmeza el mandato popular. Negoció las leyes de impunidad. Un compromiso asumido abajo fue desvirtuado mirando hacia arriba, en este caso, hacia los carapintadas. Puede que este haya sido el comienzo de la crisis de representación. Después vino el Plan Austral, el Plan Primavera, la economía de guerra. Después sí se empezó a insinuar esta transferencia hacia los poderes económicos de una representatividad obtenida en la sociedad.

Crisis de participación La participación política no parecía tener demasiado sentido. Partidos de origen popular, como el radicalismo y el peronismo, se convertían en gerenciadores de los intereses históricamente contrapuestos a los de sus bases, de sus votantes. Lo mismo ocurrió con el progresismo. Recordemos que el progresismo, en la década del noventa fue el Frepaso, que recogió

una expectativa social de centro izquierda y terminó llevando a Domingo Cavallo al ministerio de economía de Fernando De la Rúa. La crisis de 2001 fue el punto de inflexión. Fue el “primer comienzo del fin”. Arriba estaban los políticos representando a los poderes reales, abajo los ciudadanos repudiando a todos.

El 2003 Néstor Kirchner tampoco fue representativo de la mayoría de la sociedad. En este caso, fue irrepresentativo “por izquierda”. No existía en la sociedad un reclamo masivo de derechos humanos, estatizaciones, ni del fin de neoliberalismo en general. Menos aún se demandaba la presencia de Hugo Chávez y de Fidel Castro en el día de la asunción. Fue necesaria esa “dislocación” original, esa “irrepresentatividad por izquierda”, para poner las cosas en orden. El kirchnerismo construyó un consenso nacional y popular desde arriba. Desde el Estado pudo ver lo invisible para el resto de la clase política tradicional, para los sociólogos de las encuestas. Por debajo de la superficie de lo evidente pugnaban por irrumpir antiguas y nuevas corrientes críticas del poder. Néstor Kirchner produjo una “representación no formal” con los

movimientos de la crisis de 2001, de la resistencia anti-neoliberal y a través de ella con el pasado peronista. Desde el gobierno potenció y masificó el núcleo programático de estas bases sociales e históricas y libró las batallas culturales necesarias como para construir el consenso actual favorable o al menos receptivo de iniciativas nacionales y populares. Hoy la expropiación de Repsol cuenta con una aprobación mayoritaria. Lo que pasa abajo se expresa arriba. Y viceversa.

Pueblo e historia en las fuerzas políticas El kirchnerismo expresa socialmente a trabajadores, clases medias y sectores del empresariado argentino vinculados al mercado interno y en principio interesados en proyectos industrializadores. Esto es, sectores populares y burgueses que vivieron una experiencia frustrante con los hidrocarburos en manos privadas y que tienen todo por ganar con la soberanía energética. El kirchnerismo, cuando reestatiza, “representa” y “representa socialmente bien”. El kirchnerismo históricamente representa la continuidad actualizada del peronismo. Y en tanto tradición nacionalista popular, representa una idea estatista de la economía en gene-

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ral y en cuanto a soberanía energética en particular. El kirchnerismo, cuando reestatiza YPF, es fiel a su representatividad social y a su tradición política. También lo hace el radicalismo cuando apoya mayoritariamente la reestatización de YPF toda vez que en lo social representa a franjas medias, burguesas y una facción de la oligarquía, aquella que en su momento apoyó a Alvear. Sus bases electorales, en su mayoría, apoyan la recuperación de YPF y este consenso se trasladó a la votación parlamentaria. Diputados y senadores radicales, en ese acto se reconciliaron con sus apoyos sociales y con su pasado partidario: Yrigoyen, Mosconi, Illia. Una minoría de electores radicales siente fuerte aversión al gobierno nacional y fue expresada por Oscar Aguad, que se retiró para no votar. Esta conducta, en tanto minoritaria, también es representativa. Siempre existió un radicalismo de derecha. En el presente y en el pasado. Además del radicalismo oligárquico de Alvear, el diputado nacional por la UCR Ernesto Sanmartino es símbolo del sentimiento y de la ideología anti plebeya de franjas medias que continúa en el presente. Ernesto Sanmartino es autor de la categoría “aluvión zoológico” para definir la irrupción histórica del peronismo. Lo dijo por

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primera vez en un discurso pronunciado en el Parlamento en 1947. Aguad, entonces, expresa al radicalismo más anti-peronista y oligárquico, hoy minoritario. Es decir, Aguad representa bien. La mayoría radical, en cambio, hoy expresa a sus bases a su historia.

Progresismo con poca historia El FAP, Frente Amplio Progresista, convoca a una fracción de las clases medias urbanas, universitarias, profesionales. Algunas agrupaciones territoriales le tienden puentes con el mundo popular de los barrios. Estos sectores hoy ven con buenos ojos la intervención del Estado en la economía en general y la recuperación de YPF en particular. Sus diputados, también actuaron correctamente en términos de representación social. La historia del progresismo argentino ofrece dificultades. El kirchnerismo remite al peronismo y a través de él a caudillos federales del Siglo XIX, Juan Manuel de Rosas incluido. La cultura radical fue forjada por líderes que operan como símbolos en el presente, cada vez que un dirigente decide inspirarse en ellos: desde Alem, Yrigoyen, Illia, hasta Raúl Alfonsín. El FAP no tiene esta capacidad evocado-

ra de protagonistas del pasado. O la tiene con menos densidad. Sus antepasados inmediatos pueden ser todos los intentos progresistas por “romper el bi partidismo”, ocurridos desde 1983. Las décadas del sesenta y setenta estaban demasiado ocupadas en la revolución. No había tiempo para examinar plataformas reformistas. Entre 1945 y 1955 el socialismo tuvo destacada actuación institucional. El partido integró la Unión Democrática y no militó sino que combatió al peronismo. Es improbable que sus actuales dirigentes funden su orgullo partidario en aquella experiencia. Quizá figuras como Lisandro de la Torre o Alfredo Palacios sean valoradas por los progresistas actuales. Juan B. Justo es una figura problemática a la hora de solicitarle aportes para el presente: su lectura oligárquica de Marx fue la base de su doctrina. El Siglo XIX no es más generoso para mostrar huellas del progresismo actual. Solo encontramos al movimiento “Libres del Sur”. Así se llamaba un grupo de ganaderos del sur de Buenos Aires que se levantó en contra de Rosas. Era una franja de la oligarquía afectada por la resistencia de Rosas al bloqueo anglo-francés. Pero no es seguro que el actual Libres del Sur homenajee a aquellos estancieros con el nombre elegido para


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sí. Las ideas progresistas de la época estuvieron expresadas en la Generación del ‘37, Esteban Etcheverría y otros, jóvenes liberales de la universidad anti-caudillos federales, hoy diríamos “anti-populistas”. La galería de personajes históricos del progresismo es escasa. Es claro que un salón peronista tiene cuadros de Perón y Evita y que otro radical tiene a Alem e Yrigoyen. Los intelectuales y militantes del progresismo actual todavía no definieron con precisión su línea histórica, a qué pasado pertenecen. Lo cierto es que en el presente sus bases electorales simpatizan con la re-estatización parcial de YPF y en este sentido, el FAP también representa y bien. Corrige su reciente simpatía con la Sociedad Rural y otras entidades de la Mesa de Enlace.

capitales con una historia fuerte. Sin forzar interpretaciones, remiten al socialismo de la Unión Democrática y de la Revolución Libertadora. Nuestra historia tiene un socialismo que fundamentó con argumentos progresistas el antiperonismo y aún el anti peronismo golpista. Américo Ghioldi es sólo una de sus figuras más notables. Sus discursos culturales abrevan en el Sarmiento que recomendaba no ahorrar sangre de gauchos porque la sangre era lo único de humanos que tenían. El diputado Ernesto Sanmartino también puede ser una figura de ellos. Entonces, Carrió y Morandini fueron leales al mandato social, el de la alta burguesía, y a su pasado histórico expresado en el progresismo más combativamente anti-peronista y, en el Siglo XIX, unitario y combativamente anti-federal.

Progresismo de Carrió y Morandini

Coherencia de derecha

La diputada Elisa Carrió se opuso. La senadora Norma Morandini se abstuvo. Ambas fundamentaron su conducta parlamentaria en criterios morales y también las dos se autodefinen y son definidas como progresistas. Las ideas de Morandini, Carrió, de intelectuales como Fernando Iglesias o Marcos Aguinis se inscriben en un progresismo de clases altas de grandes

En la derecha todo es coherencia. Mauricio Macri actuó correctamente cuando mandó a todos a votar en contra de YPF. Votan y simpatizan con él los segmentos medios y altos más neoliberales. Macri y el PRO son la expresión democrática, o por lo menos electoral, de lo que fueron Cavallo, Martinez de Hoz. Más atrás en el tiempo tiene a las ideas económicas de todos los

golpes y dictaduras del Siglo XX, son la sola excepción del golpe de 1943. En el Siglo XIX tiene toda la historia de los unitarios y del proyecto oligárquico agroexportador en general. Esta tradición hoy tiene sus simpatizantes en sectores medios y altos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y otras capitales. Macri, entonces, también representa y representa bien.

Pluralidad y representación La escena partidaria de la crisis de representación no expresaba toda esta pluralidad de clases, sectores sociales, ideologías y tradiciones históricas. La crisis de representación ocurrió cuando todos eran lo que hoy es el PRO. Todos eran derecha neoliberal. Hasta hace poco todos eran Cavallo; peronistas, radicales y progresistas. Todos eran Martínez de Hoz, todos eran librecambistas y anti-estatistas, todos pensaban y actuaban con la mentalidad y los intereses de las clases altas. Un solo actor y sujeto social para quien gobernar y ante quien rendir cuentas: el capital privado mundializado. Una sola historia, la historia de la alianza oligárquico-imperialista. Este problema se revirtió, por ahora, solo en un hecho puntual: la votación por YPF.

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Los Jóvenes como protagonistas por Haide Giri Cuando observamos retrospectivamente la historia del peronismo, surgen claramente cuáles fueron los ejes principales del primero y segundo gobierno del general Juan Domingo Perón. Aparece Eva Perón como figura excluyente de cualquier otro protagonismo que no sea el de Ella y el Pueblo: la Fundación que llevaba su nombre, las miles y miles de personas incorporadas al trabajo, fuente de toda dignidad y justicia; las mujeres que pasaron a engrosar con sus habilidades y capacidades lugares nunca pensados para ellas: fábricas textiles, frigoríficos, oficinas, hospitales, el padrón de ciudadanía que les permitió elegir y ser elegidas; la niñez y la ancianidad, protegidas en toda su dimensión en la Constitución Nacional reformada en 1949; las medidas tomadas desde el Estado como garante de la armonización entre los distintos sectores, como por ejemplo la discusión salarial entre los obreros organizados y la patronal. De eso y muchísimo más podemos hablar o escribir hasta el cansancio, pero hay una mirada, un sesgo fundamental en ese horizonte de aquella Nueva Argentina que creo, , humildemente, no ha sido difundido: en esa etapa fundacional, Perón y Evita fueron acompañados por todo el Pueblo, es cierto, pero ese Pueblo trabajador estaba compuesto mayoritariamente por jóvenes, jóvenes hombres y jóvenes mujeres que fueron convocados al trabajo en blanco, a los colegios técnicos, a las escuelas industriales, a los lugares de servicios como el Correo Argentino y Los Ferrocarriles, al auge de YPF, a la valorización del deporte como parte de la Identidad Argentina; en realidad, fueron convocados a la construcción de la dignidad. Hombres y mujeres que comprendieron que les estaban dando todos los derechos pero con todas las obligaciones. En las grandes convocatorias a la Plaza de Mayo, la mayoría eran jóvenes. Siempre fueron los jóvenes los que acompañaron los grandes cambios. Y siempre fueron las mujeres las que salieron a pelearle a la

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vida. Cuando miramos las fotos de mitad del siglo pasado, vemos los mismos rostros que los de mi generación setentista, o los de la actual generación del bicentenario. Cada vez que un modelo político fue popular y nacional en la Argentina, lo puso en manos de quienes debían resguardar su propio futuro: los jóvenes. Los jóvenes y su militancia en todos los ámbitos, en las organizaciones políticas, en instituciones sociales, partidarias, estudiantiles, sindicales, cooperativas, sociedades de fomento y tantas otras. Y no ha sido casual que siempre se produjeran quiebres generacionales instrumentados desde el poder cipayo y apátrida que viene socavando nuestra identidad nacional desde 1810 a la fecha. A los de mi generación nos atravesó otra historia, otras luchas; teníamos que pelear para traer al General Perón a la Argentina, a la Patria que tuvo que abandonar con un exilio de 18 años. Los gobiernos de facto se fueron sucediendo entre parodias de gobiernos democráticos con el peronismo siempre proscripto y la anuencia de los demás partidos políticos. Gobiernos que dejaron cesantes a miles de trabajadores y sin asistencia a millones de niños y ancianos a los que se contenía desde los hogares escuela y los hogares de ancianos. A todos y todas aquellos que habían sido incluidos desde las políticas de justicia social y acompañaban al peronismo en las urnas, les arrebataron hasta las palabras: estaba prohibido en todo el territorio argentino mencionar las palabras Perón, Evita, Justicialismo, Peronismo.....En esa época, para referirse a Perón el ingenio argentino inventó : ‘El que te dije’. Yo creía que ése era el nombre de Perón: El que te dije. Así crecimos los de mi generación, con un vacío de palabras y conceptos referidos a la historia inmediata. Si decíamos Perón, algún adulto decía shhh......miraba para todos lados, nos tomaba del hombro y nos decía al oído “no se puede decir esa palabra, está prohibido”. El rock, los hippies, la época nos acercó a los graffiti de Francia ‘68, al maravilloso ‘prohibido prohibir’; nos volvimos transgresores de lo establecido

como “usos y costumbres”, leímos todo lo que los militares habían quemado o sacado de la circulación literaria. Tuvimos acceso a través de la Unidades Básicas o los Sindicatos, a los libros que muchos compañeros habían escondido en los patios de sus casas, los grandes y gordos libros del I y II Plan Quinquenal, La Razón de mi Vida y todos los discursos de Evita y del General. Recuerdo que gracias a la omnipotencia de los militares de entonces compré varios libros de Perón en la Biblioteca del Círculo Militar frente a la plaza San Martín en el selecto barrio de Retiro. ¡Comprábamos Conducción Política y Apuntes de historia militar, los libros de Perón bajo sus propias narices! Nos organizamos en distintas “orgas” y con la pasión y la impronta de la juventud nuestras vidas eran militancia pura. Éramos miles los cuadros políticos de toda la Argentina. Manteníamos un contacto directo y cotidiano estudiando y debatiendo; la verticalidad era absoluta y sin cuestionamientos. El que no estaba de acuerdo....se iba. Militábamos en el trabajo, en la escuela, en la universidad, en los sindicatos, en la calle. Entre los tantos sucesos importantes, hubo uno en particular que entrelazó distintos eslabones en la construcción de una gesta que lo tumbaría a Onganía: El Cordobazo. Esa fue la etapa de juventud de mi generación. Perón nos instruía con directivas grabadas en cassettes en España y traídas por los compañeros. En aquella época veíamos incansablemente la película La Hora de los Hornos de Getino y Solanas en cines montados en el patio de alguna pensión, en sindicatos o en una de esas enormes habitaciones de las casas “del clínicas” .La pantalla siempre era la sábana de algún estudiante. A veces trasladábamos todo el equipo a los barrios y entre mate y mate pasábamos las cintas que nos traían a Perón de carne y hueso, su voz tan particular hablándonos a todos y derrumbando distancias. Así construimos nuestro relato de luchas, compromiso y convicciones.


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Creíamos en la utopía del Pueblo al Poder a través de Perón. Fue muy duro despedir al Jefe cuando murió. No había ningún rumbo claro. Sólo sus palabras de que “para un argentino no había nada mejor que otro argentino” y “mejor el tiempo que la sangre”. Su muerte marcó un quiebre en lo político institucional y, aun siendo el Gobierno de Isabel Perón la continuidad legal de la democracia, los grandes desencuentros nacionales sin resolver fueron los protagonistas del golpe de marzo de 1976. A partir de allí fuimos devastados, desmembrados, arrasados como generación: nos mataron 30.000. En octubre de 1983 en el marco de una campaña electoral fuertemente polarizada entre el PJ y la UCR, en el escenario del acto de cierre del Peronismo, frente al Obelisco, se ofreció a la vista de todo el Pueblo Argentino la quema de un ataúd con los colores de la Unión Cívica Radical. Veníamos de una historia reciente plagada de muerte y violencia en la Argentina como para ignorar semejante gesto: fue visto en forma muy negativa por la opinión pública y allanó el triunfo de Raúl Alfonsín. Una gran cantidad de jóvenes de clase media que asomaban a la política con su primer voto se sintió convocada por el candidato radical. Fue la generación educada en el “no te metás”, la que no conoció ni atisbos de militancia, la que fue educada conceptualmente en la idea de que “la política solo trae problemas”, la que encontró

en el líder radical una figura paternalista, de clase media, que los contenía y no los llevaba al escenario en el que transcurrió la Argentina desde 1976 hasta el advenimiento de la Democracia. Era habitual escuchar que el radicalismo era la salvación y el peronismo era el caos. Los actos radicales se llenaban de miles de boinas blancas y banderas rojas y blancas. En el contexto nacional, esa fue la primera gran movilización de jóvenes y simpatizantes radicales: el sueño de ser protagonistas y custodios de su futuro. Un domingo de pascua de 1987,desde el balcón de la Casa Rosada, Alfonsín dijo: “Felices Pascuas, la casa está en orden”. La gente festejó, pero se produjo un quiebre. Para muchos, esto marcó el principio del fin del gobierno radical. Estoy convencida que siempre fueron los jóvenes los que participaron cuando se puso en sus manos a la política como herramienta de construcción. Hasta la muerte de Néstor no había una visibilización clara de quiénes éramos los actores que estábamos comprometidos con el Modelo Nacional y Popular. Los actos, las movilizaciones, no mostraban la realidad de lo que estaba aconteciendo en el alma de la Argentina: nuestros jóvenes. De qué manera, cómo y cuándo Néstor se había apropiado de sus corazones, de su inteligencia y su fervor, estoy segura que solamente él y ellos lo sabían. Ese acontecer había pasado por delante de nuestras narices y no nos habíamos dado

cuenta. Esta generación del Bicentenario, como le gusta decir a nuestra Presidenta, son los nietos de los millones de nuevos jubilados y de los viejos jubilados a los que se les aumenta por Ley sus haberes dos veces al año; son los millones de nuevos trabajadores que pueden darle de comer a sus hijos en la mesa familiar; son el resultado de la Rueda Solidaria de Inclusión a través de todos los Programas Nacionales; de las madres y padres que cobran la Asignación Universal; son los que nacieron con la asfixia por el FMI y que han podido respirar un aire Argentino y soberano; son los que estudian sabiendo que nuestro país está creciendo y tendrán empleo; son los que saben que la empresa familiar prospera; son los hijos y los amigos de los hijos de desaparecidos que saben que en la Argentina se juzga a los genocidas con las herramientas de la Justicia; son los que pintan los colores de la bandera en sus camisetas, en sus gorras, en las zapatillas; los que saben que las Islas Malvinas son argentinas y no les importa el dólar y menos el euro; son los que llegaron de a miles a la Casa Rosada para despedir a Néstor, su amigo. Son los militantes de distintas organizaciones que han comprendido la consigna de Vélez: Unidos y Organizados. Concepto del general Perón que la Presidenta eligió para la convocatoria, que tiene un fuerte contenido ideológico, pero no partidario, y que va dirigido a todos los argentinos para que nos pongamos de pie desde todas las pertenencias políticas, para defender lo nuestro, lo conseguido con mucho esfuerzo. La Patria Argentina, como protagonista principal de la Patria Grande Latinoamericana. Es un llamado a Todo el Pueblo Argentino, mensaje en el cual les pide a los jóvenes que sean custodios de este Modelo de Vida. Quiere decir: participen, que hoy están siendo custodios de su propio futuro y el de las generaciones venideras. Esto, los jóvenes, lo saben. Soy una privilegiada por ser de la militancia setentista y seguir militando con la militancia del bicentenario. Soy una privilegiada por verme reflejada en cada joven, por caminar con ellos, por seguir comprendiendo a la Política como el arte de lo posible y por saber que Evita, Perón y Néstor viven en cada joven de esta Nueva Argentina.

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Unidos y organizados

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por Luis Rodeiro El proyecto nacional, popular y democrático en construcción tiene hoy su nombre propio: se llama kirchnerismo. Estamos convencidos de que para que exista un movimiento político que trascienda, se requiere no sólo de un conjunto de ideas y una voluntad política, sino también de un apasionamiento, un enamoramiento. Es esta mística militante lo que diferencia, precisamente, un movimiento histórico de un artefacto político que vive mientras dura su impulso coyuntural. Paradójicamente, fue la muerte del compañero Kirchner, que lamentamos, que lloramos, la que abrió definitivamente las compuertas –como un último y decisivo aporte suyo a la causa nacional- para que asomara con fuerza un nuevo instrumento de construcción, donde se reúnen los compañeros que fueron fieles a los fundamentos legados por Perón y Evita, junto a una juventud que reescribe con nuevas palabras los anhelos de justicia social, de soberanía política y de independencia económica; los militantes que supieron cribar los sueños de liberación de los setenta y quedarse con esas utopías que nos permiten avanzar paso a paso en ese camino, junto a los luchadores sociales que supieron resistir, a veces con la amargura de duras derrotas, los embates de un neoliberalismo que impuso persecución, asesinatos, conculcación de derechos, exclusión, destrucción de fuentes de trabajo e indignidad social. Un movimiento que surge así de vertientes políticas y sociales diversas, con el peronismo histórico como eje, que converge en un proyecto colectivo. Este movimiento, que irrumpió en la historia política argentina iniciando un proyecto de cambio profundo y alternativo al paradigma neoliberal, en la actual etapa requiere de unidad y organización. El mayor desafío que éste afronta es el de defender lo logrado, contar con la fuerza necesaria para profundizar permanentemente la lucha por la igualdad y por sobre todo asegurar su continuidad en el tiempo. Todos sabemos que en este desafío no estarán todos los que hoy se dicen K. Hay aliados circunstanciales que tienen proyectos propios, cuyas razones pueden ser ideológicas, de ambición o de mero oportunismo. Sabemos también del apoyo que Cristina ha brindado a la irrupción juvenil, a esta generación que ella llama del Bicentenario, que surgió desde la intemperie a la que


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nos había conducido el modelo neoliberal y cuya resistencia fue creciendo. Esta generación pasó a ser central en la construcción de un sujeto histórico propio. No sólo por su condición de jóvenes sino también por su potencialidad de desarrollo y por su inserción en todos los ámbitos de la sociedad. Cristina espera de ella que cumpla, además de una tarea de impulso de lo que falta, y junto a los movimientos sociales de base territorial, un rol de contrapeso con respecto a los viejos poderes caudillistas del justicialismo, convencidos de que el movimiento nacional y popular les pertenece por derecho de antigüedad. De su crecimiento, su organización y su autonomía dependerá también que pueda actuar de límite frente a las aspiraciones de posibles sucesores -donde se anotan varios gobernadores- no total y auténticamente identificados con el proyecto nacional, popular y democrático en marcha.

La realidad cordobesa Estamos en deuda. Desde hace años, en Córdoba, venimos hablando de la extrema necesidad de unir y organizar el kirchnerismo, de transformar la fragmentación en una fuerza coherente que tenga la potencialidad necesaria para ser una alternativa. Podríamos decir que el kirchnerismo cordobés se debatió, hasta ahora, entre el ser y el no ser. Nadie ignora que los intentos han sido una construcción compleja. Así como el kirchnerismo claramente significó el rescate histórico de un peronismo que había sido prostituido por la desviación menemista; en Córdoba, la proyección nacional del movimiento popular, chocó contra la larga hegemonía neoliberal, sustentada tanto por el radicalismo como por la desviación delasotista del peronismo. Es preciso apuntar, porque de alguna manera explica esa larga hegemonía, que el delasotismo, inmerso en el modelo neoliberal, representó un rostro modernizado del mismo. No rompió con el menemismo, sino que lo perfeccionó de una manera más sutil. Allá por 1999, cuando compitió por la gobernación, De la Sota cultivó una imagen de político posmoderno, que -lo dije entonces- tenía algo de José María Aznar, pero también una porción de Felipe González; que era John Major, pero a la vez Tony Blair. Era igual a sus modelos: sonrisa amplia, con remembranzas kennedianas; facilidad de palabra y don de ubicuidad; imagen pulcra pensada desde el objetivo de la cámara televisiva; pragmatismo, escasez de escrúpulos y abandono

de las definiciones ideológicas a la hora de construir poder. Todos ellos con un discurso ambiguo, que venía a reemplazar la adustez de Margaret Thatcher y George Bush, impulsores del modelo neoconservador, que las fuerzas de la economía lograron imponer en el mundo. No fue un improvisado. Llegó al gobierno tras una lectura sagaz de la realidad. En primer lugar, de la fortaleza del radicalismo en esta isla, que a partir del regreso democrático eligió a Eduardo César Angeloz, durante dos períodos, y luego a Ramón Bautista Mestre. Por ello, es bueno recordarlo, reservó para el estricto orden interno los símbolos y la mística del justicialismo, y los reemplazó por otros símbolos y otra mística más universal y más moderna. Como bien recuerda Eduardo Planes, “De la Sota vació de contenido político e ideológico -no digamos revolucionario sino al menos progresista- al peronismo mediterráneo, al conformar Unión por Córdoba, en alianza con la Ucedé, el Partido Demócrata Liberal, el mini-partido de Domingo Cavallo, el partido Recrear de Ricardo López Murphy, ex asesor de Angeloz, y el Partido Demócrata Cristiano, vinculado al Arzobispado”. Supo trabajar sobre las debilidades del oficialismo: la debacle económica-social angelocista y el autoritarismo creciente de Mestre. Para ello forjó una imagen de hombre dispuesto al diálogo, cultor de las formas democráticas, abierto y renovado.

Gran actuación que logró borrar aquella otra imagen que lo presentaba como militante del peronismo diestro, cercano a Guardia de Hierro y soldado de Isabel, como lo destacan las diversas biografías que indagaron sobre su pasado. La segunda lectura fue recostarse bajo las alas seguras de quienes ostentaban y ostentan el poder económico en la Provincia: las grandes empresas, alguna vez familiares -de los Astori, de los Roggio, de los Pagani, de los Urquía, etc.- que convergían en la Fundación Mediterránea. Por eso, antes de llegar a la gobernación, ya había sido reconocido por estos empresarios como el hombre que había abierto las puertas de la política a uno de sus hijos dilectos: Cavallo. De la Sota hablaba de “la modernización del peronismo”, para justificar así su nuevo catecismo neoliberal. La tercera lectura fue aprehender los cambios que la cultura de la imagen -en el centro de la hegemonía neoliberal- había impuesto en la vida política, que produjo el abandono de la plaza pública como escenario privilegiado de la política y su reemplazo por el sofá del living. Invirtió a futuro e hizo su asesor a José Eduardo Cavalcanti, más conocido como “Duda” Mendonça, que como el Gründing era caro, pero el mejor especialista en campañas electorales. Cavalcanti había asesorado al brasileño Fernando Henrique Cardozo en su llegada a la presidencia.

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Una nueva derecha De La Sota representó así a una nueva derecha, ésa que -a pesar de repetir viejas ideas- se presentaba a la sociedad con un lifting engañoso. Lo escribí en la revista La Intemperie, en julio de 2004 y lo tomó Carta Abierta en su segunda carta: De la Sota, parado sobre el pasado combativo cordobés, tuvo la habilidad de crear la sensación de que todo sucede como si fuera una cosa, pero es otra. Como si su política fuera progresista, pero es retardataria; como si fuera liberal, pero es autoritaria; como si fuera popular, pero es elitista; como si fuera participativa, pero es verticalista; como si fuera peronista –en su versión original-, pero es el más acabado modelo neoliberal. No es poco. Desde ese contexto pregonó la necesidad de un “nuevo contrato social”, que no era sino la copia del concepto utilizado por los socialdemócratas pregoneros de la mentirosa “tercera vía”, especialmente en Europa, y por los neoconservadores asustados por las consecuencias de las

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políticas de mercado y las posibilidades de gobernabilidad de las sociedades con altos grados de exclusión social. Promete así la rebaja del 30 por ciento de los impuestos, medida demagógica que entusiasma a sectores medios, sin entender que como contrapartida se rebajaba la inversión pública. Así figuraba en los manuales. La otra idea fuerza con la que arribaba, inspirada en las mismas fuentes, era lo que Guidens definía como un “Estado sin enemigos”. Se trataba de uno de los objetivos prioritarios planteados por De la Sota, imbuido de la concepción de democracia de mercado, donde los receptores de la política del gobierno debían ser clientes, más que ciudadanos. El Estado sin enemigos significó -con las recetas del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo- la tercerización de los servicios. Empezaron por la salud. La privatización del Banco Provincial y de EPEC asomaban como metas deseables, pero fue imposible. En la concepción del delasotismo, éste era el proyecto que la gente había comprado en el mercado elec-

toral y ellos eran los encargados de llevarlo adelante, en tanto que los ciudadanos devenidos en clientes no tenían otro papel que recibir los “beneficios”. No había lugar para la política, que era causa de “enfrentamientos”. Lo saludable era la gestión, porque, como lo explican sus teóricos, era el camino para crear un mundo “más allá de las izquierdas y las derechas”, sin confrontaciones ni antagonismos, liberándonos de las ataduras ideológicas. La consigna de “Paz y Administración”, del entorchado general Roca, volvió a tener vigencia en tierras cordobesas. El proyecto cordobés -que se renueva y prolonga en el “cordobesismo” actual- fue y es el intento quizá más sólido de pertenencia al modelo neoliberal. Heredero de la teoría del fin de las ideologías, considera que las nuevas formas del capitalismo financiero son un hecho natural que tiene leyes inexorables y que la única posibilidad es su acatamiento. La función del Estado, reducido a su mínima expresión, es asegurar el desarrollo de los intereses


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de los grupos más concentrados, merced al control de los ciudadanos, la exclusión social y la represión si fuere necesario, incluyendo la judicialización de la protesta. Todo lo que Néstor Kirchner vino a señalar y a dar vuelta como un guante. En ese afán de simulación, De la Sota llegó a calificar su gestión anterior como revolucionaria; extraña manera de llamar al Orden Conservador que supo construir, con sólidos cimientos. Orden que incluye una concentración vertical del poder político, tanto del gobierno como del Partido (Planes recuerda que “lo primero que hizo cuando se alzó con el triunfo en la interna peronista allá en la década del 80 y pico, fue reformar la Carta Orgánica, de modo que lo atomizó. La división en circuitos y subcircuitos, hace que sea prácticamente imposible conformar listas alternativas al oficialismo”). La reforma política convirtió a la legislatura en un órgano del poder ejecutivo. La sociedad de las manos de yeso no es propiedad exclusiva del delasotismo, pero la habilidad de De la Sota fue hacerla constitucional, incluso con un plebiscito previo donde los cordobeses debían decidir lo obvio. Marketing profuso mediante, la reforma que restringía el papel de la oposición a un grito de protesta en alguna comisión o un pedido de informe que difícilmente se responderá, fue presentada también como una revolución que profundizaba y perfeccionaba el funcionamiento democrático de las instituciones. Con el Poder Judicial, el proceso fue distinto. Aun con limitaciones, instaló el Consejo de la Magistratura, una opción interesante para la elección de los jueces. Pero en un momento tuvo un desliz monárquico: lo suspendió y creó una Comisión Asesora, que hizo designaciones sospechadas. Luego lo restituyó, estableciendo una suerte de pacto virtual de no agresión. La Fiscalía Anticorrupción fue barrida de un plumazo, cuando intentaba concluir algunas investigaciones para ser llevadas ante la Justicia. El modelo “cordobesista” de largo aliento, que incluye dos períodos de De la Sota, uno de Juan Schiaretti y ahora un nuevo mandato de su creador, ha mantenido una sólida fidelidad al discurso de la Fundación Mediterránea, como centro de producción ideológica. En lo económico, tras conseguir el funcionamiento pleno de ley de flexibilización laboral -otra perlita heredada del menemismo–, la consigna fue: “Córdoba mejora cualquier oferta”. Así se logró la radicación de empresas, a las que se les

concedió inimaginables prebendas que procedían del dinero público: desde infraestructura hasta la liberación escandalosa de impuestos. Se llevó a cabo una reconversión del perfil industrial, transformando la tradición metalmecánica que nos caracterizó durante décadas, por empresas de telecomunicaciones monopólicas, informática y servicios. Durante todos estos años, al contrario de lo que aconteció a nivel nacional, el endeudamiento externo se convirtió en el eje central de la burbuja económica cordobesa, con la consecuencia directa de una política de ajuste permanente contra los docentes y los trabajadores del Estado, en ocasiones con la complicidad de algunos dirigentes sindicales que pasaron a formar parte del poder político. Tras la rebelión desestabilizadora de los patrones del campo, el “cordobesismo” profundizó su alianza con los poderosos intereses sojeros, ofreciendo la complicidad del Estado para su expansión sin límites, con el despojo de las tierras de miles y miles de campesinos y con daños irrecuperables en las personas y en el ambiente. La escandalosa marcha atrás en la sanción de la Ley de Bosques, acordada con las organizaciones ambientalistas, fue harto elocuente. Se trata de la misma política que se sigue en materia de recursos naturales, como la explotación de recursos mineros, que las organizaciones populares y los movimientos sociales enfrentan desde hace tiempo. Don Salvador Treber, hace ya mucho tiempo, advirtió que en materia de finanzas, el modelo cordobés ha sido ducho en retocar en forma permanente y acomodar los números, como si de esta forma se resolvieran los problemas: “Es tanta la basura que se ha escondido debajo de la alfombra, que ya ni siquiera así se pueden ocultar las continuas transgresiones. Se está formando una ‘bola de nieve’ que en algún momento será imparable”. Nada ha cambiado desde entonces. El modelo cordobés se planteó como una prioridad el tema de la “seguridad”, según la visión clasista que impulsó el falso ingeniero Juan Carlos Blumberg, la cual incluye la persecución de la pobreza, la construcción de “guetos” en la periferia destinados a hombres y mujeres carenciados, y la judicialización de la protesta y su represión virulenta. De aquellos tiempos tenemos vigente un Código de Faltas que se ensaña contra los jóvenes humildes o las trabajadoras sexuales, a través de figuras como el

“merodeo” o la “prostitución escandalosa”. La memoria dice que fue el mismo De la Sota quien organizó un “contra-acto”, cuando el Presidente Kirchner convirtió el centro de torturas de la ESMA en un espacio de reflexión y de vida, el 24 de marzo de 2004. Allí, en ese contra-acto, expresó sus convicciones sobre la política de derechos humanos, que están en las antípodas del kirchnerismo. “Yo he sido torturado, preso político y siempre le pedí a Dios que no me dejara tener resentimientos, porque creo que el ‘nunca más’ lo tenemos que construir con memoria, pero con toda la memoria y no con una parte”, sostuvo -como bien escribió Alexis Oliva- un resentido De la Sota, en franca adhesión a la hasta entonces oficial teoría de los dos demonios. Fue allí cuando afirmó con soberbia que “las madres -sí, las históricas madres de la verdad y de la justicia- deberían haber cuidado mejor a sus hijos”, emulando -dice Oliva- a aquella terrible frase publicitaria de la dictadura: “¿Usted sabe dónde están sus hijos?”. Esta es la realidad, y es aquí donde es preciso construir el kirchnerismo. Sabemos que la política es suma, que es búsqueda de consenso, que requiere alianzas para caminar aunque sea hasta la esquina, y que en algunos casos es la materialización de lo que suele llamarse “tragar sapos”. Decía el General que en las tareas de construcción había que estar dispuesto a utilizar “ladrillos de mierda”. Pero esa es, en todo caso, una responsabilidad de la conducción. Desde la militancia, la responsabilidad es ofrecer los mejores ladrillos, más allá de que por nuestras limitaciones o incoherencias se tengan que usar inclusive los ladrillos de mierda. Por eso, tanto los compañeros que creen que a esa construcción del kirchnerismo todavía es posible construirla fronteras adentro del Partido Justicialista, de lo que me confieso muy escéptico, como los que plantean una unidad y una organización autónoma, a través del fortalecimiento del Partido de la Victoria, no pueden ignorar el significado del delasotismo y cómo su sombra se proyecta hacia el interior de la construcción del kirchnerismo, promoviendo en muchos dirigentes una imposible doble lealtad.

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FELIPE VARELA, EL PROCER OLVIDADO por Leandro y Gabriel Quiroga

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Perón y José Peter por Pablo Torres Para entender mejor las causas de la histórica movilización popular del 17 de octubre de 1945 (*), en la que miles y miles de trabajadores del Gran Buenos Aires se movilizaron y colmaron la Plaza de Mayo para exigir la liberación de Juan Domingo Perón, es necesario conocer episodios como el que involucra a José Peter y los obreros de la carne. Empecemos, primero, haciendo un repaso por la historia de José Peter. Este militante del Partido Comunista y líder sindical de larga trayectoria nació en 1907, en la provincia de Entre Ríos. En el año 1923, ya en Buenos Aires, empezó a trabajar en uno de los más grandes frigoríficos de la época, el Anglo de Zárate, y se inició en las lides de la lucha sindical en el año 1927, mientras trabajaba en el frigorífico Swift Armour S.A. de la misma localidad. Fue el responsable del surgimiento de los sindicatos de la carne de Berisso y Ensenada, los cuales servirían luego como pilares sobre los que Peter fundaría la FOIC (Federación Obreros de la Industria de la Carne), tras varios años de duro trabajo, en los que Peter recorrió cada frigorífico y habló con cada uno de sus compañeros para tal fin. Llegó a formar parte como vocal del primer Comité Central Confederal de la Confederación General del Trabajo, en 1939. Al año siguiente, Peter y otros dirigentes comunistas fueron separados, al agravarse el enfrentamiento entre socialistas y comunistas en el seno de la CGT.

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Hasta el mismo Domingo Mercante supo reconocer las cualidades de este líder sindical: “Una simple revista de las adhesiones de los obreros de aquella época basta para demostrar que los dirigentes con mayor prestigio en el mundo sindical de 1943 eran el comunista José Peter de los trabajadores de la carne y Angel Borlenghi, el emir socialista de los empleados de comercio”. Llegamos así al año 1943. Dos días después de ocurrida la revolución del 4 de junio, en la que los generales nacionalistas del GOU derrocan al gobierno fraudulento de Ramón Castillo, José Peter es detenido y enviado a Neuquén, a raíz de una serie de huelgas que los obreros de los frigorífi-

cos habían lanzado por esos días. Poco tiempo después, cuando Perón (entonces Secretario de Trabajo y Previsión) quiso discutir el levantamiento del conflicto con los obreros de los frigoríficos, éstos pusieron como condición la inmediata liberación de José Peter. En respuesta a esto, Perón logró que, al día siguiente, el gobierno trajera de vuelta al dirigente en un avión militar. Peter fue recibido como un héroe por seis mil trabajadores que lo esperaban en el Club Sportivo Dock Sud. Quedaba pendiente, entonces, la resolución del conflicto entre los trabajadores y la patronal. Y es aquí donde se puso a aquéllos en una encrucijada, situación de la


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cual Perón saldría ampliamente favorecido. Y digo encrucijada, ya que las salidas que proponían Peter por un lado y Perón por el otro eran no sólo diferentes, sino diametralmente opuestas. José Peter, siguiendo las directivas del PC stalinista, solicitó a los trabajadores que vuelvan a sus puestos de trabajo a seguir produciendo ya que, según sus palabras, había que evitar “dificultar los envíos de carne de los frigoríficos anglo norteame-

ricanos que trabajan para los ejércitos de la libertad”, refiriéndose a los ejércitos que pertenecían a los países Aliados, entre los cuales se encontraban Rusia y los EEUU. Luego se sabría gracias a los archivos del Foreign Office que Peter, a instancias de su partido, se había reunido previamente con un miembro de la embajada inglesa, al que prometió que detendría las huelgas, todo “en aras del frente anti nazi”. Juan Perón, por su lado, optó por una salida diferente. Citó directamente a los representantes de los frigoríficos y los intimó a aceptar los reclamos de los obreros o, caso contrario, a enfrentarse a que sus

empresas sean intervenidas por el estado. Los empresarios, ni lerdos ni perezosos, aceptaron los reclamos de sus obreros. Este hecho produjo la casi inmediata adhesión de gran cantidad de dirigentes sindicales a la figura de Perón, y el ascenso posterior de Cipriano Reyes (fundador, junto a otros, del Partido Laborista y adherente al naciente peronismo), quien poco después de este hecho fundó el Sindicato Autónomo de la Industria de la Carne,

logrando así desplazar del escenario a un cada vez más alicaído José Peter. Las razones del ocaso de Peter son claras: ante los reclamos concretos de los trabajadores de la carne (salarios dignos), el dirigente comunista optó por seguir al pie de la letra las órdenes de su partido, pidiéndole a sus representados que abandonen sus reclamos en pos de lo que para ellos no representaba más que una entelequia (la lucha contra el nazismo en Europa). El acierto de Perón fue el saber interpretar los anhelos de los trabajadores y obrar en consecuencia, utilizando los medios de los que disponía para que sus

demandas sean satisfechas. Los “ejércitos de la libertad”, a fin de cuentas, recibirían su carne de igual manera. Meses después, serían los obreros de los frigoríficos quienes, junto a miles de trabajadores de otras industrias, protagonizarían aquél 17 de octubre de 1945.

(*) En 1945, el presidente de la Nación, general Edelmiro Farrell, había designado al coronel Juan Domingo Perón como Secretario de Trabajo y Previsión, Ministro de Guerra y Vicepresidente de la Nación. Perón se ganó rápidamente la adhesión de las masas obreras tras importantes medidas adoptadas en su beneficio, como la Justicia de Trabajo o el pago de las vacaciones y el aguinaldo. El movimiento sindical argentino, el más activo de Latinoamérica por esos años y conducido por socialistas, comunistas y aún anarquistas, no lograba cristalizar sus luchas en medidas concretas en beneficio de sus bases y vio en Perón a un dirigente que, desde el Estado, podía hacer realidad todas sus reivindicaciones. El 8 de octubre de 1945 Perón fue obligado a renunciar a todos sus cargos públicos; se pretendió así abortar su proyecto político. Es detenido y trasladado a la Isla Martín García. El Comité Central Confederal de la CGT declaró una huelga general a partir de la hora cero del 18 de octubre “como medida defensiva de las conquistas sociales amenazadas por la reacción de la oligarquía y el capitalismo”. Pero, a pesar de ese llamado a la huelga de la CGT, las bases obreras ya desde el 16 de octubre comenzaron a organizarse, abandonando sus lugares de trabajo. El 17 de octubre, miles de trabajadores se acercaron con sus banderas y pancartas a la Plaza de Mayo. Provenían del cordón industrial del Gran Buenos Aires (Avellaneda, Lanús, Banfield, Quilmes). La extraordinaria movilización popular reclamando por su líder, obligó al gobierno a liberar a Perón, quien esa misma noche salió al balcón de la Casa Rosada y saludó al pueblo que lo aclamaba. En un párrafo de su discurso, Juan Domingo Perón dijo a la multitud:“Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores, y siempre he sentido una enorme satisfacción, pero hoy siento un verdadero orgullo de argentino porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de la conciencia de los trabajadores”. Había nacido el movimiento nacional y popular más importante: El Peronismo. Raúl Scalabrini Ortíz escribió sobre el 17 de octubre:“Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto... eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación”.

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aPROPÓSITO DE LA FIEBRE DEL DOLAR por Cra. Graciela Treber (*) En estas últimas dos semanas el tema del dólar ha sido llevado a las primeras páginas de los medios, ya sean ellos escritos, radiales o televisivos. Es interesante tratar de dilucidar cuáles han sido algunas de las causas, sin pretender agotar el tema en pocas palabras. Una porción de la población argentina, debido a experiencias pasadas durante periodos inflacionarios e hiperinflacionarios, tiene tendencia a refugiarse en la moneda norteamericana como resguardo del valor de sus ahorros. Luego, durante los negros años noventa – década de 1990 al 2001se estableció la convertibilidad, lo que internalizó la idea de que las transacciones podían realizarse indistintamente en pesos o dólares, y eso provocó que sea natural la equivalencia dólar –peso. Es de hacer notar que desde el 2003 a la fecha, quienes decidieron mantener sus ahorros en dólares han perdido frente a otras alternativas de colocaciones. Otra porción, muy minoritaria por cierto, tiene apego a realizar negocios financieros y obtener ganancias a partir de las fluctuaciones de ese signo monetario. Ahora bien, la gran mayoría de la población argentina centra su preocupación en otros aspectos del funcionamiento de la economía y posiblemente nunca en su vida ha visto un dólar. Esos son los sectores que quedan patentizados en la Encuesta Permanentes de Hogares, cuando encontramos que en el año 2003 el diez por ciento de los hogares más pobres recibían ingresos casi treinta veces inferiores al diez por ciento de los hogares más ricos, y hoy, que esa relación que se ha mejorado sensiblemente, es de menos de quince veces. Evidentemente, en la economía argentina se está desarrollando una puja distributiva, la cual en estos últimos ocho años ha significado un reacomodamiento de los sectores de empleo formal. Si repasamos la historia de las devaluaciones argentinas, las mismas se han desencadenado justo luego de un posicio-

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namiento más favorable del sector asalariado, y siempre han significado un deterioro final en su posición. No es una cuestión menor la participación que en esta alarma han tenido algunas medidas tomadas por el gobierno nacional sobre controles a la libre adquisición de monedas extranjeras. Tampoco es menor recordar que durante todos estos años han estado ocurriendo importantes fugas de divisas, y que ante la exigencia a los grupos empresarios de que inviertan de nuevo y fuertemente en el país, se desee enviar el mensaje de que este esfuerzo también debe ser acompañado por los ahorristas particulares, ahorrando justamente en nuestra moneda y manteniendo ese ahorro dentro del país, para luego volcarlo al flujo corriente de alguna manera a través de la bancarización, en vez de alentar la permanencia de ahorros ociosos guardados. Ya sea por medidas precautorias en función de la situación internacional, por

la intención de no disminuir las reservas y de hacerse de divisas que permitan hacer frente a los compromisos internacionales sin recurrir a aquéllas, o por la intención manifiesta de que se comience a “pensar en la moneda nacional”, el gobierno ha tomado algunas medidas restrictivas respecto a la compra indiscriminada de dólares, que se supone tienden a que quienes los adquieran puedan justificar impositivamente su facultad de hacerlo. Por otra parte, legalmente no existe hoy un desdoblamiento del mercado cambiario (por lo menos desde el punto de vista formal), y las operaciones en ese mercado pretendidamente paralelo son muy reducidas. Hoy los indicadores de la economía real, con fuertes índices de crecimiento, bajos índices de desocupación, buena situación de las reservas y bajo endeudamiento, no ameritan una situación en la que se produzcan corridas bancarias ni devaluatorias. Evidentemente, sería muy saludable e implicaría un real cambio cultural que todas las transacciones se realizaran en moneda del país, y que el dólar se reserve exclusivamente para las operaciones de comercio exterior o para quienes demostrando y justificando sus ingresos realicen viajes al exterior, tal como ocurre, por ejemplo, en Brasil. Sí se percibe una marcada intención de ciertos medios por instalar la real existencia de ese dólar paralelo, quizás impulsando que se fuerce una pretendida devaluación tal como solicitan algunos sectores, devaluación que como se ha dicho antes será siempre en perjuicio de los sectores más desprotegidos. Pensando en esa dirección, las medidas tomadas no pueden ser las únicas. Se deberán afrontar también las relativas a controlar la suba de precios y del acceso al crédito, así como una profunda reforma impositiva. (*) Contadora, ex concejal de la Ciudad de Córdoba


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Otro frente en la batalla cultural por Uriel Quinteros A fines de 2011, con el garrotazo del 55,4% que le costaba asimilar, la corporación mediática – ariete de los poderes fácticos- indujo durante varios días hacia una corrida cambiaria por parte de sectores medios de la población. El gobierno reaccionó rápidamente y lanzó algunas medidas de control a través de la AFIP, logrando neutralizar la movida desestabilizadora. Tras esa primera experiencia, nuevamente, de manera más coordinada y apelando a la memoria popular (inestabilidades frecuentes, hiperinflación), después de marzo se buscó instalar, desde varias aristas, una sensación de desconfianza (el ahorrista no cree en el país, por ende no cree en su moneda) alentando la compra de dólares. Y para ese fin se difundía a diario, incluso en los titulares, la evolución de la divisa en un mercado inexistente en términos formales, en un mercado ilegal. Más allá de las críticas a nuevas medidas restrictivas que se adoptaron, lo cierto es que en un escenario internacional complicado justamente por la crisis financiera, vale concederle al Estado la potestad de salvaguardar un interés

general conteniendo una posible fuga de divisas hacia el exterior. Es más: deben destacarse los reflejos demostrados y que diferencian a este gobierno de otros, desde la recuperación de la democracia en 1983, poco proclives a poner coto a los embates del poder financiero. El mercado paralelo del dólar (llamado eufemísticamente por los grandes medios “blue”) no está autorizado a operar; la moneda de curso legal en Argentina es el peso y el dólar es una mercancía más que tiene su mercado y una paridad oficial. Pero nadie pareció reparar en que se estaba alentando a la población a realizar operaciones ilegales. Y es que si se anunciaba el valor de la divisa norteamericana en un mercado marginal (mercado negro, para llamarlo como corresponde), tranquilamente podía difundirse el valor de los celulares robados o truchos o el de automóviles flojos de papeles. Pero así actúan los poderosos medios en Argentina, muy prestos para denunciar persecuciones y hostigamientos de parte del Estado, de reclamar por institucionalidad y seguridad jurídica, pero algo descuidados al momento de asumir la tremenda responsabilidad que tienen como comunicadores. Y es más, se pudo leer en algunos medios gráficos hasta instructivos de cómo acceder a dólares en el mercado oficial para después negociarlos en el paralelo (ilegal) y obtener así el mejor rendimiento. Aunque contradictorios, los medios no abandonaron su discurso en defensa de las libertades ciudadanas. Se le dio profusa cobertura a absurdos amparos judiciales para la compra de 10 dólares y hasta Jorge Lanata presentó el suyo patrocinado por Félix Loñ, el constitucionalista del Grupo Clarín, poniéndose al frente de una cruzada contra la opresión K. El argumento utilizado buscó agitar la sensibilidad de cierto republicanismo liberal, en tanto los controles de Afip afectaban “derechos inalienables de los ciudadanos” y garantías constitucionales, como la libertad de “salir del país”. Y la recurrente apelación al terror desde los distintos medios gráficos y zócalos de los noticieros de cable, con títulos que van desde anunciar el “retorno del corralito” al pánico colectivo con un título como “todos quieren comprar dólares”.

Pero ¿qué se perseguía con esta operación? Los medios citaban a economistas ortodoxos (o los responsables de la debacle en 2001) y a consultoras, explicando las “razones del comportamiento de la población”. La gente “busca preservar sus ahorros”. La sensación de que todos nos desvelamos por los dólares es falsa; más falso aún es alentar su compra para proteger los ahorros. Los rendimientos obtenidos si alguien invirtió, tomando el periodo de 2003 a la fecha, en dólares, bonos o acciones, plazo fijo, bienes inmuebles, está comprobado, los más bajos fueron para quienes optaron por la moneda norteamericana. Lo que se busca (y no se dice) es provocar una devaluación brusca de la moneda. Los beneficiarios: los tenedores de dólares (en gran cantidad, claro) y, fundamentalmente, los sectores vinculados al comercio exterior, las multinacionales de servicios públicos. Las ganancias que obtendrían los exportadores de granos (soja) con una nueva paridad serían tremendas. Los perjudicados: el pueblo trabajador. Una devaluación impactaría directamente en el poder adquisitivo con una caída del salario real; de nada hubieran servido, entonces, los esfuerzos de estos años por mejorar la distribución del ingreso. Ni qué hablar de otras complicaciones, como por ejemplo la alteración de los acuerdos con Brasil, nuestro principal socio comercial. En momentos que el país transita en el camino de la recuperación de su soberanía monetaria, es importante trabajar para romper definitivamente con esa obsesión por el dólar, pesificando de una vez por todas a ciertos segmentos de la economía dolarizados. En las operaciones inmobiliarias, para la compra o venta de propiedades, no se entiende que su precio esté dado en una moneda extranjera, cuando todos los insumos para la construcción (desde ladrillos hasta la mano de obra, pasando por el cemento y el acero) tienen un valor en pesos. La batalla cultural, como vemos, tiene varios frentes.

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Trabajo práctico de los Alumnos de la escuela popular de medios.

Sobre la Ley de Riesgos del Trabajo La Ley de Riesgos del Trabajo Nª 24.557, promulgada en 1995, entró controversia; es considerada “anticonstitucional, perversa y anárquica”. A raíz del caso “Aquino” la Corte Suprema la dejó virtualmente derogada. Se impone un debate para la sanción de una norma más sólida y protectora del trabajador. por Alejo Testa

Docente del T.O.L.

Alumnos que participaron: Guadalupe García, Andy Detzel, Facundo Piai, Melina, Víctor, Esteban, Guadalupe V.

Contexto histórico La legislación laboral en Argentina nos remite a 1879, cuando se dejan atrás las mutuales y se establecen, tibiamente, las primeras sociedades. Es el caso de la Unión Tipográfica, con la mayoría de los trabajadores al socialismo y el anarquismo. En 1890 por primera vez llega al Congreso un petitorio con 12 puntos solicitando la sanción de “leyes protectoras de la clase obrera”. Se destaca la jornada laboral de ocho horas e inspecciones sanitarias. Dos meses después se crea la Federación de Trabajadores de la Región Argentina. En 1905 comienza a legislarse sobre el trabajo: la Ley 4.661 de descanso dominical, la Ley 9.688 de Accidentes de Trabajo presentadas por el diputado socialista Alfredo Palacios. En 1907 la Ley de prohibición del trabajo de menores y mujeres; se empieza a visualizar el papel de los trabajadores impulsando leyes obreras. En el año 1909 se produce la llamada Semana Roja, donde doce obreros mueren a causa de la represión de la huelga de los inquilinos por mejores condiciones de vivienda; por primera vez el gobierno acepta negociar con los trabajadores. La legislación laboral irrumpe con medidas protectoras, como la limitación de la jornada laboral, regulación del trabajo de las mujeres y los niños, protección contra accidentes, regulaciones del salario vital y

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un sistema rudimentario de jubilaciones y pensiones. Luego de la Revolución del ‘43, se inicia una nueva etapa: la transformación de la legislación y de las relaciones laborales a partir de la implementación de una concepción social, por la cual el derecho del trabajo y de la seguridad social comienzan a ser entendidos como los elementos fundamentales para el desarrollo y la justicia social. La gestión de Juan Domingo Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión, otorgó a este organismo diversas competencias, como arbitrar en los conflictos obreros patronales, confeccionar las leyes laborales, vigilar la aplicación de las preexistentes y las por venir, reglamentar las asociaciones profesionales y preparar el terreno jurídico e institucional para el desarrollo de las políticas sociales. En aquella instancia se propició el fortalecimiento de los sindicatos, concebidos como factores de transformación social y de dignificación de las condiciones laborales de los trabajadores. Son innumerables los beneficios otorgados durante el gobierno del general Perón y fueron plasmados en la Constitución de 1949. El golpe militar de 1955 clausuró diez años de gobierno peronista. En 1957 la dictadura de la revolución libertadora convocó a una Asamblea Constituyente para poner fin a la Constitución de 1949 que había incluido derechos sociales y laborales fundamentales. La Asamblea decidió la vuelta a la Constitución de 1853 con la adición de un artículo, el 14 bis. Cabe señalar las diferencias ideológicas de ambos modelos, el liberal y el nacional y popular. En cuanto a la legislación laboral, en el año 1970, se promulgó la ley 19.587 de Higiene y Seguridad para los lugares de trabajo. Esta ley se destaca en la protección de la vida y preservar la integridad psicofísica de los trabajadores; prevenir, reducir, eliminar o aislar los riesgos, estimular y desarrollar la prevención de accidentes o enfermedades derivados de la actividad laboral. Los principios que orientan esta ley incluyen la creación de Servicios de Higiene y Seguridad, Medicina del Trabajo (preventiva y asistencial), determinación de medidas mínimas de seguridad, estadísti-

ca, etc., y la reglamentación de los siguientes capitales: características constructivas de los establecimientos, condiciones de higiene en los ambientes laborales (máquinas, herramientas, etc.), protección personal del trabajador. El golpe militar de 1976 tuvo un hombre fundamental que delineó la política económica: José Alfredo Martínez de Hoz. Impulsó un modelo económico neoliberal con el objetivo de modificar drásticamente la matriz productiva y distributiva que había sido eje del modelo de sustitución de importaciones del peronismo. Es en este punto donde convergieron las Fuerzas Armadas con el sector civil identificado con el liberalismo, la oligarquía y el poder económico argentino. La democracia se recuperó en 1983. Las expectativas y los beneficios que esta restauración acarrearían en la mejora de las condiciones de vida de los sectores populares de la Argentina eran enormes. Pero sólo parcialmente satisfechas por el gobierno de Raúl Alfonsín. Desencadenada la hiperinflación –en 1989 y considerada como un “golpe de mercado”– la situación política se hizo insostenible derivando en un grave conflicto social . Carlos Menem adelanta su asunción y puso en marcha un modelo económico ultra liberal; lanzó el “plan de convertibilidad”. Recién en el año 1995 - posterior a la reforma constitucional de 1994- se promulgaría una ley más amplia, la ley 24.557 de Riesgos del Trabajo (LRT). Permitió una aplicación mas generalizada en el ámbito laboral. El periodo iniciado por Menem en 1989 no modificó ni suprimió las concepciones establecidas por el último gobierno militar. Por el contrario, tanto en la legislación laboral como en materia de seguridad social, se advirtió una fuerte influencia del liberalismo social, adoptada como nueva filosofía política por quien alcanzó la presidencia con el apoyo del pueblo peronista. Ya en 1991 se había sancionado una ley de empleo que importó el inicio de la desregulación en materia laboral. Así, se modificarían por decretos y leyes el régimen indemnizatorio, el sistema de accidentes de trabajo, se creó un régimen


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de flexibilización laboral, un régimen para la pequeña y mediana empresa; y en materia de seguridad social, la ley del sistema integrado de jubilaciones y pensiones. En este contexto surge La Ley de Riesgos del trabajo (LRT) Nº 24557, que entra en vigencia en 1996, un sistema para la atención de las enfermedades y los accidentes de trabajo, gestada en pleno auge neoliberal y flexibilizador, con innumerables cuestionamientos. Un panorama totalmente diferente al de 1949. Se había profundizado el modelo instaurado a sangre y fuego por la dictadura en 1976 y que respondía al Consenso de Washington, contra el estado de bienestar, aniquilándolo. En los ‘90 fue el auge de éste modelo con la privatización de las empresas del Estado, la desindustrialización, la pérdida de empleo de millones de argentinos (fue en ésta década cuando hubo mayor índice de pobreza en la Argentina) y donde la brecha entre pobres y ricos se hizo más grande.

La Ley: lo que incluye y lo que excluye Un accidente de trabajo es un hecho violento o súbito, que se presenta en el horario laboral, aunque también son considerados aquellos hechos producidos entre el domicilio del trabajador y el lugar del trabajo, solo en el caso de que el perjudicado no altere el trayecto hacia su casa o hacia el trabajo. En relación a las enfermedades profesionales, son aquellas que se presentan como consecuencia de las tareas realizadas en el trabajo. La Ley de Riesgos del Trabajo (LRT) de 1995 no sólo vino a resolverle al sector empresario una de sus demandas históricas, sino que creó un mercado para un nuevo negocio. Tras la sanción de la LRT, el sistema quedó conformado por los empleadores, los trabajadores, las empresas Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART), la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y las juntas médicas. En esta Ley quedan excluidos los trabajadores no registrados.

Un caso extremo, pero no poco común, es el de la trata de personas de la fábrica de ropa deportiva Vitnik, en la provincia de Córdoba. El fiscal Enrique Senestrani dijo: “Las condiciones laborales en las que se encuentran estas personas son realmente vergonzosas. Colchones tirados entre las máquinas de coser, ropas desparramadas por todos lados, baños ínfimos y en muy malas condiciones de higiene y salubridad”. Las empresas “simulan tercerizar el trabajo para no hacerse cargo. Pero cuando miembros de la empresa tercerizada son los mismos que integran y coordinan las tareas con la fábrica principal, genera una sospecha que lleva a hacer la imputación por trata de personas a todos y no sólo a quien figura como titular o encargado de los talleres, que son todos clandestinos”. En Argentina está prohibido que alguien se enriquezca en base al trabajo inhumano de personas, menos aún por el hecho de ser extranjeros. El Estado, los sindicatos, los mismos trabajadores, deben trabajar duramente para denunciar, condenar y terminar con estas situaciones absolutamente repudiables. El trabajo debe servir para mejorar la calidad de vida de las personas y no para empeorarlas. Sabemos que en toda actividad,ya sea laboral o no, estamos expuestos a riesgos, tanto colectivos, como individuales, ligados a condiciones de seguridad y al medio e físico, que pueden derivar en enfermedades tanto psicológicas como biológicas o físicas.

Caso Aquino Los cuestionamientos que esta norma presentaba, por su modo de implementación que viola derechos y garantías constitucionales, determinaron la morigeración de algunas de las normas de este sistema. A partir del fallo “Aquino”, dictado el 21 de septiembre de 2004 por la Corte Suprema de la Nación, se instala en la sociedad la necesidad de una reforma del sistema. “El mercado del seguro de accidentes de trabajo”, en el que lucran y dominan las ART, está indemne en perjuicio de los hombres-trabajadores, y en algunos casos de empleadores, sometidos a dicho mercado y por dicho mercado, so pretexto

de un régimen legal de cobertura integral que el alto Tribunal ha declarado que no es tal. Las ART parecen desentenderse del problema y la discusión sobre este tema demanda la intervención del Estado. Como dijo el abogado de la CGT y diputado nacional, Héctor Recalde, ésta ley, la 24557, “es anticonstitucional, perversa y anárquica”. No controla el cumplimiento en la toma de medidas de seguridad e higiene para proteger física y psicológicamente al trabajador. Los empresarios están tan relajados que ocurren no menos de cinco muertes y miles de accidentados e incapacitados diariamente. Por esto sostenemos que no basta con las reformas introducidas en 2001 (Decreto 1278/00), aumentando montos indexatorios. Es preciso su reformulación, teniendo como objetivo el bienestar físico y psíquico de los trabajadores y el respeto de las garantías constitucionales y los derrechos conquistados.

Propuestas de una nueva Ley En el panorama actual, con el advenimiento de un gobierno benefactor para el campo laboral, el debate sobre la ley 24.557 se torna insoslayable. En 2004 la Corte Suprema puso en duda la constitucionalidad (caso “Aquino”). Tanto el Ministerio de Trabajo como la CGT presentaron anteproyectos de ley, bregando por una mayor participación del trabajador en los comités de control y seguridad. Para los proyectos en cuestión, es el trabajador una figura clave en el control de la seguridad. Sin embargo, respecto a la responsabilidad civil del empleador frente a una irregularidad, disposición ambigua en la actual ley, existen divergencias entre el ejecutivo y el proyecto de los trabajadores. El primero excluye a los trabajadores de su derecho pleno, forzándolos a elegir entre litigar contra el empleador o aceptar una indemnización tarifada, disposición no segmentada por la CGT. Aquí la indemnización tarifada no exime a empleador y ART de la responsabilidad civil frente a las victimas. Por su parte, desde el sector privado se oponen a los proyectos presentados, al atentar contra la “previsibilidad” del negocio. Una cobertura “satisfactoria de los accidentes o enfermedades laborales, conspira contra el negocio de las ART”, sostiene el Observatorio Jurídico de la CTA. Fuentes: Constitución de la Nación Argentina, año 1994 Constitución de la Nación Argentina, año 1949 Ley 24.557 de Riesgos del Trabajo, año 1995 Revista de Trabajo, Año 6, Número 8 – “De la sociedad de Beneficencia a los derechos sociales”, Laura Golbert y Emilia Roca. El Trabajo en Argentina: condiciones y perspectivas, informe trimestral 11 – Año 2007, Cenda. http://estatico.buenosaires.gov.ar/areas/produccion/protec_trabajo/trabajo_registrado.pdf - http://www.srt.gob.ar

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Una nueva Constitución emancipadora Se lanzó el “Movimiento por una Constitución Emancipadora”, convocado por más de cincuenta organizaciones políticas que defienden el Proyecto Nacional y Popular que conduce nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con la intención de promover foros en todo el país para debatir un “constitucionalismo popular”, una nueva Constitución para un nuevo Estado. Junto a la Corriente Peronista Descamisados, lanzaron este movimiento la CTA que conduce Hugo Yasky, el Movimiento Evita, el Partido Comunista, el Miles de Luis D’Elía, el Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella y el Frente Grande. También está Carta Abierta, el PSOL (Partido Solidario) del diputado Carlos Heller, el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE), la Corriente Martín Fierro y el Peronismo Militante. Un constitucionalismo popular “Apuntamos a un constitucionalismo popular como pilar de esta idea, en el que el pueblo es el constituyente que discute la Constitución, y que no quede en manos de cuatro abogados”, sostiene Marcelo Koenig, referente nacional de la Corriente Peronista Descamisados y director de la Escuela de Gobierno. Y es que toda Constitución es hija de su propia época. Por lo tanto su estructura normativa, que permite la construcción del andamiaje institucional del Estado y el conjunto de la sociedad, traduce la visión del mundo que el sector hegemónico de una nación tiene en determinado momento histórico. Toda Constitución es política y la concepción del Estado y la sociedad civil que refle-

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ja es producto también de una determinada ideología. Y como el terreno político es el lugar por excelencia donde los conflictos e intereses de una sociedad se expresan, la Constitución también es fruto y reflejo a la vez de esos conflictos y contradicciones sociales en una época determinada. Toda conformación de un Estado responde a intereses específicos. Estos se expresan en el propio cuerpo normativo constitucional conformando un criterio ordenador de la estructura legal, social, cultural, política e incluso económica. Teniendo en cuenta lo enunciado, a partir de 2003 con el gobierno de Néstor Kirchner, y su continuidad con Cristina Fernandez de Kirchner, se fueron ampliando la base de derechos sociales y civiles consagrados en la actual Constitución vigente. Sin embargo, el marco jurídico e institucional actual actúa a modo de corset para la profundización de este proyecto. La Constitución neoliberal de 1994, lentifica, cuando no impide, el despliegue de más y nuevos derechos como parte sustantiva de un modelo de desarrollo nacional basado en el crecimiento económico, con justicia social y hermandad con el resto de los pueblos de nuestra Nación Latinoamericana. Estamos, entonces, ante la necesidad de reformar nuestra norma fundamental. Para darle rango constitucional a las conquistas conseguidas en estos nueve años. Y sobre todas las cosas, necesitamos una reforma que siente las bases sobre las cuales se ha de construir un nuevo Estado que permita profundizar el rumbo actual y nos garantice la liberación de nuestra Patria. No alcanza con una mera reforma cosmética como se hizo en 1957 y 1994 para adecuar la constitución liberal de 1853/60. Se trata de construir un nuevo cuerpo constitucional como se hizo en 1949. Planteamos la necesidad de una reforma constitucional profunda que garantice las conquistas populares obtenidas y que a la vez vaya por las que faltan. Para que de

una vez por todas Argentina se constituya en un Estado social de derecho; donde los recursos naturales sean la garantía de riqueza de todos los argentinos y no de los grupos económicos transnacionales; para que la democracia sea más participativa, dándole voz a los sin voz y fortaleciendo los lazos de unidad regional pensándonos desde y para nuestra América. Necesitamos sentar las bases jurídicas para una Argentina con pleno empleo, crecimiento económico con inclusión social, de redistribución de la riqueza, de soberanía en todas sus acepciones. Necesitamos una nueva Constitución para un nuevo Estado, para una nueva Argentina.

Soberanía es recuperar lo nuestro La soberanía de un país es la potestad de tomar las medidas necesarias para la conservación y disposición de lo que por legítimo derecho le corresponde. Cuando hablamos de lo que nos corresponde no nos referimos solamente a títulos dominiales de los territorios heredados de la independencia del Imperio español, sino que nos referimos también a los que nos fueron arrancados por otro tipo de coloniaje: el económico. Reivindicamos la soberanía del Estado popular; la administración y disposición de los recursos naturales y servicios públicos; la soberanía de la totalidad del territorio continental, insular y marítimo. Pero también todo cuanto conduzca a la felicidad de nuestro pueblo. No podemos hablar de total soberanía si no tenemos soberanía alimentaria; sin soberanía energética; no podemos hablar de soberanía si la población sólo accede a derechos civiles y políticos pero no a sociales y económicos. La soberanía reside en el Pueblo y por lo tanto está en función de este.

Democracia más participativa Etimológicamente la palabra democracia significa el poder del pueblo. El pueblo,


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derechos humanos, sino incorporarlos a nuestra legislación de integración regional para darles la debida prioridad; invirtiendo el orden establecido en la Constitución de 1994, concebida en los tiempos que se hablaba del fin del Estado Nacional y el fin de la historia.

Los derechos, conquistas sociales

desde 1983, recuperó los canales institucionales paraales elegir a sus representantes en los cargos de gobierno. Esta es una conquista, sin embargo hemos avanzado poco en acercar a los representantes con sus representados, y cuenta de ello fue la crisis de representación que se vivió en el 2001. Las formas de participación popular de la Constitución actual son escasas e inoperantes. Hay que avanzar a nuevas formas de participación que permitan al pueblo de manera directa ser depositario de su propio destino en decisiones que no sean sólo el sufragio cada dos años.

Constitución para un nuevo Estado Las ideas contractualistas del siglo XIX hacían hincapié en un Estado liberal que solo se encargara de la seguridad, la educación y la justicia. Durante el siglo XX el constitucionalismo social fue dotando las constituciones liberales con articulados que le daban un contenido social a los tiempos que devenían. La Argentina supo en 1949 tener en su plexo normativo con rango constitucional a los derechos de la niñez, de la vejez, al trabajo y la educación. Entendemos que el Nuevo Estado Argentino debe pensarse en un mundo globalizado desde la región sudamericana. Queremos una constitución para un Estado moderno, que viabilice la totalidad de las necesidades de su pueblo para una Argentina justa, libre y soberana. Para que esto sea una realidad debemos avanzar del constitucionalismo social que sucedió al constitucionalismo liberal, para llegar al constitucionalismo popular. Este, que es

el que se viene practicando en muchas de las naciones hermanas de Latinoamérica, incluye la discusión y la participación popular a la hora de la elaboración normativa. Si la Constitución vigente es fruto de el pacto de Olivos, un acuerdo de cenáculo de espaldas a las necesidades populares, en la nueva Constitución que soñamos los muros se derriban y el pueblo se convierte en constituyente, incluyendo sus demandas, aspiraciones, necesidades y responsabilidades.

La integración regional Nuestra región está avanzando hacia mayores niveles de integración en diferentes planos: políticos, económicos, sociales, culturales. Latinoamérica viene dando un debate por demás enriquecedor donde los estados están empezando a pensar la integración no solo a nivel discursivo, si no a través de la conformación de organismos supranacionales desde donde concretar la integración. UNASUR y CELAC forman parte de un nuevo modelo jurídico de integración regional que es necesario interpretar desde la nueva Constitución, entendiendo que somos un Estado inserto en Latinoamérica y no un apéndice europeo productor de materias primas como se pensaba la Argentina desde la idiosincrasia del siglo XIX y que iluminó la Constitución liberal de 1953. Esta estructura de derecho a la integración regional tiene que tener preponderancia incluso sobre los tratados internacionales globales. No se trata de desechar lo que representan pactos como el de

En estos nueve años de crecimiento económico con inclusión social, los avances han sido en todos los planos: sociales, políticos, económicos, culturales y civiles. Es necesario darles rango constitucional para que no puedan ser fácilmente derogados. La recuperación de YPF, el matrimonio igualitario, la ley de tierras, la ley de medios, la nacionalización de los fondos de jubilación y pensión, el estatuto del peón rural, etc.), son conquistas del pueblo argentino, no meras concesiones. Darles rango constitucional garantizará su estabilidad y un nuevo piso para las futuras generaciones.

Modelo productivo y solidario Desde 2003 la Argentina abandonó el patrón de acumulación a través de la valorización financiera para volcarse a un modelo de acumulación motorizado por el mercado interno, el empleo y la producción. La Constitución neoliberal de 1994, aun cuando incorporó instituciones modernas de otras latitudes, estaba orientada hacia un modelo económico que dejó sin cobijo a dos tercios de la población. Incorporó positivamente los llamados derechos de tercera generación, como lo son el derecho a un ambiente sano o los derechos de los consumidores; es el correlato de un Estado en desguace, cuya funcionalidad es limitada y acotada para garantizar la distribución de la riqueza y se restringe al control social y su aspecto represivo en beneficio del capital concentrado. La nueva Argentina propuesta desde mayo del 2003 recoge la mejor tradición nacional, popular, federal y democrática de nuestro Pueblo, involucrándonos en un modelo de desarrollo económico donde su matriz ordenadora es el trabajo y su preocupación es no dejar a nadie afuera. Necesitamos una Constitución que quiebre su matriz agroexportadora y que coloque a la Argentina en la senda de un país industrializado, con distribución justa de la riqueza y con pleno empleo. Una Nación para 40 millones de habitantes, ni uno menos.

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MINERIA EN TIEMPOS DE PROFUNDIZACIóN

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entrevista a carolina scotto

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entrevista a claudio diaz

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Polémica – El periodismo y la política

El día del periodista en tiempos de billetera y relato oficial “Cristina sueña con un mundo sin periodistas, a juzgar por la obsesión enfermiza que muestra a cada momento con la prensa crítica, no sólo la del monopolio. Decir prensa crítica es como redundante porque el periodismo debe ser crítico y desconfiando por esencia”, opina Mario Albera del sitio sosperiodista. por Mario Albera (*) Nunca como ahora la tarea de un periodista fue señalada en forma acusatoria por otro periodista. Esto se produce en casi diez años de kirchnerismo en Argentina. Digamos que es su obra más maquiavélica: así como el sistema suele enfrentar al pobre contra el pobre, el kirchnerismo ha logrado dividir al periodismo con valederos y falsos debates. Porque es valedero discutir sobre la labor de la prensa. Pero es falso tergiversar el debate y hacer creer que se pueda ser periodista y militante. Estar de los dos lados del mostrador. Ya esto ni siquiera merecería una discusión seria o una diferenciación. Si el periodista quiere militar o tiene una vocación por la cosa pública, que funde un partido y se dedique al mentis de la política. Aprovecharse del periodismo para traficar y publicitar ideas, es deshonestidad pura. El periodista, a secas, está para otra cosa: buscar hechos de interés público, probarlo y contarlo de la forma más creativa. No para hacer propaganda de un interés privado, y menos de uno público. En este caso, del relato que se ha inventado un gobierno para controlar la opinión pública. Como no puede controlarla del todo porque, por suerte, hay un periodismo que resiste el embate del discurso oficial, ha propiciado desde el Estado (ya sea con

fondos, favores o ideas) la creación de medios paraoficiales tendientes a empardar la opinión. Esto trasunta la concepción que el gobierno tiene de la actividad periodística. Una concepción que se aleja del pluralismo que dice querer garantizar con la Ley de Medios Audiovisuales. No es más que un pluralismo amañado, artificial tendiente a manipular la información a partir de la llegada de empresarios y contratistas del poder a los medios masivos de comunicación. La compra de los canales y radios a Hadad por parte del zar del juego Cristóbal López es un ejemplo. La compra de radio Del Plata por parte de la firma Electroingeniería es otro ejemplo. Seis siete y ocho, por su parte, es otro ejemplo de lo que no debe hacerse: patrocinar con recursos públicos programas en medios estatales. Si es estatal es de todos, no del gobierno. De modo que allí, al menos, deberían estar representadas todas las voces.

Enfermizo Cristina sueña con un mundo sin periodistas, a juzgar por la obsesión enfermiza que muestra a cada momento con la prensa crítica, no sólo la del monopolio. (Decir prensa crítica es como redundante porque el periodismo debe ser crítico y desconfiando por esencia. Pero hay tanto colega adicto que es necesario) La presidenta detesta las preguntas, la repregunta y la pregunta que lo parió. Por eso no da conferencias y discursea sobre el atril. Es una obsesión que nace de la impotencia, la suya: la impotencia de no poder controlarlo todo, incluso lo que se escribe. Pero ¿qué culpa tiene Magnetto de que Ricardo Jaime no pueda justificar el patrimonio que tiene? ¿Qué culpa tiene La Nación de que Amado Boudou tenga un millón de amigos que parecen ser sus testaferros? ¿Qué culpa tiene Lanata de que en Angola no se haya vendido una sola de la decena de cosechadoras que el gobier-

no anunció que había vendido? ¿Qué culpa tiene Morales Solá de que los trenes en Argentina sean un arma homicida? Ya lo dijo el ex presidente uruguayo Jorge Batlle: “Los argentinos son una manga de ladrones”. Es triste ver que hay gente, colegas, creer que la causa de muchos males que sufre este país (el de la corrupción visceral, por ejemplo) es culpa de la prensa. Esto demuestra que algo quedó en la opinión pública de toda esta mentira gigantesca y repetida mil veces construida por los Kirchner (el finado y la viuda), en lo que han llamado la “batalla cultural”. Yo creo que el fanatismo empobrece. Ver que Horacio Verbitsky (“ministro sin cartera”) y Víctor Hugo Morales (relator deportivo devenido en el Bernardo Neustadt del modelo) fueron invitados hoy por la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba para participar de una jornada por el Día del Periodista es una muestra de ese fanatismo que embrutece. Una escuela que hizo del espíritu crítico una religión y donde el El Manifiesto Comunista o El Capital eran la Biblia obligada para sus alumnos, exhibe hoy su peor cara académica. Marx se revolcaría en la tumba de enterarse de este protocolar circo criollo. En definitiva, feliz día a los colegas. Sólo para aquellos que laburan con honradez, humildad y profesionalismo, sin dejarse callar por los cantos de sirena de la billetera pública y oficial. * Periodista y editor de www.sosperiodista.com. ar

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Si es así, ¿para qué celebramos el 7 de Junio? En una réplica al artículo de Mario Albera titulado “El día del periodista en tiempos de billetera y relato oficial”, el periodista Alexis Oliva observa que “confunde el interés público con el gubernamental y recomienda un ejercicio neutro, contemplativo y aséptico del periodismo, reñido con su función social”. Al contrario, el debate político sobre la comunicación es “saludable para el periodismo y la sociedad”. por Alexis Oliva (*) Como egresado de la Escuela de Ciencias de la Información de la UNC, trabajador de prensa y afiliado al Cispren, no puedo menos que responder al artículo de Mario Albera publicado en Prensared, titulado “El día del periodista en tiempos de billetera y relato oficial”, sobre todo porque propone una visión despolitizada de la razón de ser del periodismo, de la que derivan otras falacias e injusticias en que incurre. Según el director de www.sosperiodista. com.ar, es maquiavélico “hacer creer que se pueda ser periodista y militante”. Por eso explica y aconseja: “Si el periodista quiere militar o tiene una vocación por la cosa pública, que funde un partido y se dedique al mentis de la política. Aprovecharse del periodismo para traficar y publicitar ideas, es deshonestidad pura. El periodista, a secas, está para otra cosa: buscar hechos de interés público, probarlo y contarlo de la forma más creativa. No para hacer propaganda de un interés privado, y menos de uno público. En este caso, del relato que se ha inventado un gobierno para controlar la opinión pública”. Desde esta fórmula tan reduccionista como contradictoria, se confunde el interés público con el gubernamental y se recomienda un ejercicio neutro, contemplativo

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y aséptico del periodismo, reñido con su rol social. ¿Quién dijo que el periodismo no debe publicitar ideas? ¿Mariano Moreno, Richard Kapuscinski, Rodolfo Walsh, Tom Wolfe, Gabriel García Márquez…? Y si el verbo es “traficar”, ¿acaso no es más traficante quien se camufla en la presunta objetividad para contrabandear subrepticiamente su ideología? ¿Por qué tanto temor a lo político, como si fuera natural (o naturalizada)mente enemigo de lo periodístico? Y ya que estamos, ¿qué significa “el mentis de la política” (sic)? Si adhiriéramos a esta recomendación, en esta suerte de lobotomía política del cerebro periodístico se perdería toda la materia gris del periodismo interpretativo y de opinión. Es más, el propio periodismo informativo se vería afectado, porque despojado de su conciencia política el periodista no podría ni siquiera distinguir cuáles son los “hechos de interés público” sobre los que tiene que producir sus noticias. Pero quizás no importe, porque lo bueno es que una vez producida la ablación de su lóbulo político, el periodista quedaría inmunizado frente la propaganda encubridora de los siniestros planes del kirchnerismo. Justamente, desde aquella confusa hipótesis madre, se desprenden otras afirmaciones avaladas por evidencia empírica un tanto endeble. Por ejemplo, que las compras de medios por parte de empresarios amigos del Gobierno, o la existencia de un programa como “Seis, siete, ocho”, son un intento de “controlar la opinión pública” mediante la “creación de medios paraoficiales”. Pero Albera comete un desliz y la frase finaliza con “para empardar la opinión” -entendemos, de los grandes medios empresariales-, lo que no se condice con la idea orwelliana de control absoluto que nos presenta. En realidad, ni siquiera empardar, porque lejos están “Seis, siete y ocho” y compañía de la masividad e influencia que posee, no digamos el desmesurado Grupo Clarín, sino -por citar un ejemplo (ya no tan) cordobés- la Cadena 3. Son apenas un puñado de hormiguitas frente a una manada de elefantes (aunque deben ser hormiguitas rojas, por la irritación que generan algunas de sus picaduras). Desde esa misma lógica, la Ley de Servi-

cios de Comunicación Audiovisual funciona para Albera como una especie de cortina de humo: “No es más que un pluralismo amañado, artificial tendiente a manipular la información a partir de la llegada de empresarios y contratistas del poder a los medios masivos de comunicación”. La política comunicacional de Cristina Fernández hoy y Néstor Kirchner antes podrán merecer millares de críticas pero negar el valor de una ley que a 26 años de la vuelta a la democracia reemplazó por fin el decreto ley de la dictadura, en cuya discusión y elaboración participaron numerosos actores sociales (nucleados en la Coalición por una Radiodifusión Democrática), debatida en profundidad y aprobada por amplio porcentaje en ambas cámaras legislativas; una ley que incluye a los otrora excluidos, define a la comunicación como un bien social y procura revertir la escandalosa concentración empresarial del sector, es poco menos que injusto y derrotista. Porque la ley de medios también es fruto una historia militante en la que participaron no pocos periodistas. No obstante, en otro pasaje de su texto, Albera señala esperanzado que el Gobierno a la opinión pública “no puede controlarla del todo porque, por suerte, hay un periodismo que resiste el embate del discurso oficial”. Pero más adelante menciona nombres propios que cuesta asociar con las nociones de “resistencia” o “independencia”: “Pero ¿qué culpa tiene Magnetto de que Ricardo Jaime no pueda justificar el patrimonio que tiene? ¿Qué culpa tiene La Nación de que Amado Boudou tenga un millón de amigos que parecen ser sus testaferros? ¿Qué culpa tiene Lanata de que en Angola no se haya vendido una sola de la decena de cosechadoras que el gobierno anunció que había vendido? ¿Qué culpa tiene Morales Solá de que los trenes en Argentina sean un arma homicida?”. Y en esa vereda se ubica para atacar: “Yo creo que el fanatismo empobrece. Ver que Horacio Verbitsky (‘ministro sin cartera’) y Víctor Hugo Morales (relator deportivo devenido en el Bernardo Neustadt del modelo) fueron invitados hoy por la Escuela de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba para participar de una jornada por el Día del


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Periodista es una muestra de ese fanatismo que embrutece. Una escuela que hizo del espíritu crítico una religión y donde el El Manifiesto Comunista o El Capital eran la Biblia obligada para sus alumnos, exhibe hoy su peor cara académica. Marx se revolcaría en la tumba de enterarse de este protocolar circo criollo”. Estas acusaciones son tremendamente irrespetuosas. No creo que Verbitsky y Morales necesiten que yo los defienda. Pero como orgulloso egresado de la ECI debo antes que nada recordar que la “Escuelita” fue una de las unidades académicas más castigadas por la represión dictatorial, con decenas de estudiantes y docentes desaparecidos, presos y exiliados. Y no creo que fuera porque su “espíritu crítico” emanara de una lectura “religiosa” o “bíblica” justamente del padre del materialismo dialéctico. La base de conocimientos de historia, sociología, antropología, semiótica, ciencias económicas y políticas -indispensable para construir un “relato” cercano a la verdad- difícilmente se la pueda encontrar en Córdoba en otro lugar que no sea la ECI. Quien tenga la oportunidad de estudiar hoy en sus aulas, podrá luego identificar su trabajo con aquella conciencia crítica o seguir el camino de ciertos egresados que brillan en los medios del establishment porque le

son funcionales. Creo que lo que Albera define como “protocolar circo criollo” teñido de “fanatismo” -los actos del 40° Aniversario, en los que participaron centenares de estudiantes- es en realidad la ratificación de una línea histórica de formación académica crítica que probablemente fortalezca la vocación y el compromiso de los futuros comunicadores. Por eso, mejor dejemos a Marx descansar en paz, vayamos un poco más atrás en la historia y recordemos que el Día del Periodista rinde homenaje al nacimiento de La Gazeta de Buenos Ayres, un periódico creado por un político llamado Mariano Moreno, quien lo concibió con la siguiente finalidad: “El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con quien miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Para logro de tan justos deseos ha resulto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos Ayres”. Y ese objetivo no era para nada incompatible con la militancia. Al contrario, era y sigue siendo un rumbo hacia el que no se puede caminar sin una actitud militante. Hoy, por supuesto que en la conducta de nuestros representantes existen unos cuantos árboles de frutos podridos que un comunicador

astuto puede utilizar para tapar el bosque y agitar las generosas y combativas almas de los caceroleros VIP. Los suficientes también para que presuntos ciudadanos informados y comprometidos inunden el Facebook y el Twitter con chicanas y golpes bajos. Pero de un periodista inteligente y honesto se espera que el árbol no le oculte el bosque. Y para ver el bosque atrás del árbol es necesaria por lo menos una mirada histórica y un mínimo de conocimiento matemático como para reconocer proporciones. “Es triste ver que hay gente, colegas, creer que la causa de muchos males que sufre este país (el de la corrupción visceral, por ejemplo) es culpa de la prensa. Esto demuestra que algo quedó en la opinión pública de toda esta mentira gigantesca y repetida mil veces construida por los Kirchner (el finado y la viuda), en lo que han llamado la ‘batalla cultural’”, escribe Albera. El párrafo está tan plagado de sofismas, que desde el otro bando bien podrían invertirse sus términos para decir: “Es triste ver que hay gente, colegas, creer que la causa de muchos males que sufre esta profesión (el de la corrupción visceral, por ejemplo) es culpa de los Kirchner. Esto demuestra que algo quedó en la opinión pública de toda esta mentira gigantesca y repetida mil veces construida por Clarín (la viuda y el CEO), en lo que han llamado el “periodismo independiente”. En este sentido, creo que si acompañamos a Albera en su búnker periodístico supuestamente asediado por la artillería política, nos perderemos la posibilidad de contemplar un mundo exterior no tan oscuro, en el que no sólo los periodistas sino gran parte del pueblo argentino está discutiendo a la comunicación y el periodismo como uno de los temas políticos principales de la vida democrática contemporánea. Y así como muchos critican la política comunicacional del Gobierno, cada vez son más los que identifican a los medios de comunicación como actores movidos por intereses económicos y políticos y no como simples “testigos” motivados exclusivamente por una vocación periodística desideologizada. Eso, para los periodistas y para toda la sociedad, es absolutamente saludable y digno de celebrar un 7 de Junio. * Periodista y docente de la Escuela Popular de Medios Comunitarios del Centro “Miguel Ángel Mozé”. Fuente: Agencia de Noticias del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren) – www.prensared.com.ar

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Debate por una FUA más democrática y participativa “(… )Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política, ésta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural y moral que demanda la hora. Cambio es el nombre del futuro (…)”

Néstor Kirchner

por Juan Martin Marchioni y Baltasar Tissera Es hora de un cambio

La Federación Universitaria Argentina (FUA) es controlada por la Franja Morada. Como último bastión de la UCR se resiste a corregir su Estatuto y transparentar el proceso eleccionario. 27 universidades no están representadas (entre ellas 9 creadas desde 2003). Se impone una democratización del gremio de los estudiantes. Agrupaciones que adhieren al Proyecto Nacional decidieron desconocer el Congreso de Córdoba.

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Cambio, esa es la palabra. Y eso es lo que expresó el estudiantado del campo nacional y popular cuando el 16 de junio, en vez de concurrir al XVII Congreso de la FUA en Córdoba, decidió reunirse en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA para forjar una nueva federación. Otra vez, la juventud haciendo historia. La JP Descamisados participó activamente junto a integrantes de La Cámpora, el Movimiento de Participación Estudiantil, Megafón-Peronismo Militante, el Movimiento Universitario Evita, el PCCE, el MUI Federación Juvenil Comunista y Militancia Universitaria Peronista (MUP). Además de Nuevo Encuentro, FETI, la Juventud Universitaria Peronista (JUP), la Agrupación Nacional 22 de Noviembre, Kolina, CONAPLA, Fuerza Militante, el Frente para la Victoria Tecnológico y MILES en la UNLP. La FUA, conducida desde hace tres décadas por Franja Morada, reconoce solo 22 de las 49 universidades de todo el país (dejando fuera, entre otras, las 9 creadas bajo las gestiones de Néstor Kirchner y Cristina Fernández). La falta de reglas de juego claras a la hora de definir la representación, sumado a otras irregularidades, motivaron la decisión de los jóvenes de diversas universidades a plantearse una nueva federación. Se reclama una organización de los estudiantes universitarios democrática, que tenga un estatuto claro y público, que formalice a todos los centros de estudiantes, que cree un órgano para reconocer y registrar a todos, que se normalice a las 27 federaciones que no son tenidas en cuenta y que cada una de ellas tenga una sede de la FUA. A su vez, y más allá de las formalidades, es necesario tener una FUA que atienda las problemáticas de los estudiantes y


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acompañe los procesos de cambio que se vienen dando tanto en Argentina como en América Latina. La cooperación con los gremios estudiantiles de la región, realizando encuentros e intercambios periódicos, afianzarán aún más los lazos de la Patria Grande.

El encuentro A la UBA arribaron estudiantes provenientes de distintas provincias. Entre cánticos y fiesta militante, la compañera Anabella Lucardi, (La Cámpora Universidad) fue la encargada de organizar las comisiones; sus conclusiones constituirían la base para la conformación de una nueva federación. La mística militante colmó los pasillos de Ciencias Sociales; siempre presente el recuerdo del inmortal Néstor Kirchner.

Los oradores El diputado nacional Andrés Larroque, el “cuervo”, dijo: “no se partió nada, no queremos tener nada que ver con esa FUA”, en referencia a los medios de comunicación que hablaron de una ruptura, y exhortó a los jóvenes a seguir construyendo la historia. Juan Manuel Abal Medina, el Jefe de Gabinete de Ministros, en su efusivo discurso, dijo a los estudiantes reunidos que “lo que hicieron hoy requiere de valentía, orgullo y coraje”; llamó a construir una federación que sea la pata argentina de la federación de estudiantes universitarios de América. Y cuestionó a la conducción de la FUA, que no reconoce las transformaciones que se llevan a cabo en el país y la región.

La impronta de la Reforma del 18 El manifiesto liminar de la reforma universitaria del 18 y un antecedente que en este momento no podría ser mejor citado.

Una analogía con la situación que viven nuestras universidades. “Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.” La dominación monárquica y monástica volvió a fines del siglo XX con la cara lavada como neoliberalismo y se apropió de las universidades que fueron usina de profesionales funcionales al modelo excluyente, de políticas privatistas. Ese manifiesto representó en su momento una Universidad Nacional de Córdoba a la vanguardia de la transformación de la educación superior. Quienes se dicen sucesores de aquella lucha, la actual conducción de Franja Morada, se contradicen cuando no reconocen el nuevo clima de época en América latina. Hoy vivimos tiempos de cambio y el avance esta a la vista. Aumentó un 600% el presupuesto universitario, más de 200 obras de mejora de infraestructura, el incentivo a la investigación y la extensión, la repatriación de científicos, más de 50.000 becas universitarias anuales y la creación de las Becas del Bicentenario, el aumento categórico del salario docente, entre otras cosas, exigen una nueva institucionalidad.

Una FUA representativa El movimiento estudiantil debe recuperar instancias de participación democrática. La federación universitaria debe ser un gremio

representativo del estudiantado. La FUA, además de ser reflejo de todas y cada una de las federaciones de estudiantes de la Argentina, debe adecuarse al momento histórico. Unidos y Organizados triunfaremos en la construcción de una universidad democrática, para el pueblo, que de voz y voto a los estudiantes de todo el país. La refundación de la FUA busca corregir la anacrónica organización que hoy se tiene, atravesada por concepciones liberales. Una mal entendida autonomía universitaria, como si esto significara que puede ser ajena a la necesidades y realidades de la nación, la misma nación que financia a aquellos jóvenes que se forman para ser los futuros profesionales de nuestra sociedad. Por un lado están las fundamentaciones del carácter fraudulento y no representativo de la FUA y por el otro su vaciamiento gremial (tuvo ocho meses sin funcionamiento su junta ejecutiva). Pero también está la fundamentación política de esta cuestión: es inconcebible persistir con el vaciamiento de este espacio, financiado desde el presupuesto educativo. El encuentro fue un llamado a participar en la organización y reconstrucción de esta herramienta gremial de los estudiantes y así ponerla al servicio del Pueblo.

Córdoba presente Una delegación de la Jp Descamisados de Córdoba participó de las deliberaciones en Sociales de la UBA. Recibidos por nuestro referente nacional, Federico Putaro, más los compañeros provenientes de las distintas provincias, viajaron los compañeros Juan Martín Marchioni, Baltasar Tissera, Pablo Tissera, Nahuel Nieto, Dayana Gonzáles, Daniela Piccone, Federico Castro y Dahyana Chiaraviglio.

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De estigmatizaciones y estereotipos de la prensa

Sobre mi “barrio sitiado” “Remedios de Escalada, otro barrio sitiado”, se titula un informe de La Voz del Interior, publicado en febrero de 2012, que en su bajada dice: “Los vecinos denuncian que en una cuadra hay al menos cuatro ‘quioscos’. Además, hay disparos, peleas y agresiones a toda hora”. No se puede generalizar como lo hace este diario. Como vecino de allí, tengo derecho a desmentir tantas barbaridades escritas sobre mi barrio y mis vecinos. El informe lleva la firma de Juan Federico y la espantosa ilustración es de Juan Pérez Gaudio.

La Voz del Interior y el poder político por Miguel Apontes En 2004, cuando Luis Juez era intendente municipal de la ciudad de Córdoba -el mismo que alguna vez fue miembro del directorio de Papel Prensa representando nada menos que al Estado Nacional-, en el Concejo Deliberante se debatió el proyecto del oficialismo para colocar el nombre de La Voz del Interior a una importante arteria. Se expresaron algunos concejales, según La Voz del Interior del 12 de marzo de 2004. Beatriz Halac, de Unión por Córdoba, dijo: “Durante décadas, La Voz del Interior ha sido testigo privilegiado de los episodios más trascendentes de la historia política y social de la provincia de Córdoba y desde sus editoriales brindó a sus lectores, con lealtad, su interpretación de la realidad cordobesa generando adhesiones y discrepancias en la sociedad”. La radical Dolores Becerra puso énfasis en el compromiso en “la defensa del sistema democrático, aún en los momentos más difíciles en que los derechos civiles y políticos se encontraban proscriptos”. (Sin pudor por la mentira, o desconociendo el papel de este diario durante la dictadura). A su vez, Laura Villalba, del Partido Nuevo, señaló que el camino trazado por el diario “en defensa de los principios del federalismo, la democracia, la libertad y la justicia”, quedó “signado desde su primera edición”. Juan Carlos Rabat, el rector de la Universidad Siglo XXI, por entonces edil de Córdoba en Acción, también adhirió al homenaje: “En el árbol de la sociedad, La Voz del Interior constituye una de sus raíces principales, la que nos ancla a las mejores tradiciones de los cordobeses”. A su turno, la socialista Laura Sesma opinó que el diario “ha contribuido coherentemente en estos cien años al sostenimiento y mejora-

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miento de las instituciones democráticas”. Así, sin fisuras, todas las fuerzas políticas expresaron su apoyo incondicional al diario del Grupo Clarín.

El único lugar en el mundo Hoy, el diario La Voz del Interior, a través de su director Carlos Jornet -a la vez presidente de ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) y quien permanentemente manifiesta su preocupación por el “hostigamiento del Estado Nacional, del kirchnerismo, a la prensa libre e independiente”- es el mismo medio que aceptó que el poder político -algo inadmisible cuando se habla de la independencia de un medio de prensa- en 2004, siendo Luis Juez intendente y a través del Concejo Deliberante donde se trató el proyecto, le haya puesto a la avenida donde se ubica su “sede integral” (redacción y talleres) el nombre de La Voz del Interior. Quizás hubiera sido más atinado que La Voz del Interior propusiera para su calle el nombre de algún periodista ícono en cuanto a valores de compromiso y libertad de expresión, como Rodolfo Walsh, Paco Urondo, o Haroldo Conti... todos ellos desaparecidos por la última dictadura militar. Digo, para evitar tanto sesgo. Ese sesgo del que acusan permanentemente al Gobierno nacional, cuando reclaman por “la hegemonía” que pretende instalar la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. No se conoce que en Washington DC haya una avenida llamada “Washington Post”, ni que en Nueva York una se denomine “New York Times”. Tampoco que en Madrid haya alguna arteria llamada “ABC” o en Santiago de Chile alguna llamada “El Mercurio”. Ni siquiera Macri se animó a denominar a una calle “Clarín” o “La Nación”. Esto sólo sucede en nuestra aldea.

por Daniel Varela

Se habla de mi barrio, donde yo vivo. Pienso que cualquier persona que lea esta nota y no viva en el barrio, se imaginará lo peor. Que si viene al barrio, será asaltado o hasta asesinado. Yo quiero aclarar que esto no es así; vivo desde hace 23 años allí, de los cuales 12 fueron en plena villa, en un pasillo al costado de la vía. Es decir que conozco cómo es la cosa acá, y no es como lo dice el diario. Ni aún fue así cuando vivía en la villa que forma parte del mismo barrio. Debo decir que de ninguna manera la mayoría roba; reconozco que hay delincuencia, pero en la villa la gente trabaja, en obras, en fábricas o depósitos. Si hay quien roba, son los chicos, que tampoco son “choros”, apenas “ratas”. Quiero decir, roban cosas chicas, como celulares, bicicletas y carteras. Cosas que uno se deja en la vereda y al volver ya no están. Acá no se meten a las casas, sólo son excepciones. Y si lo hacen, no son del barrio. En toda mi vida jamás escuche que aquí, en el barrio, a alguien le hayan tiroteado la casa. Los pibes están en algunas esquinas y si pasás no te dicen nada, nadie te anda insultando si vas por la calle. En verano, los vecinos del barrio sacan los televisores a la vereda, los colocan en las ventanas y se sientan a comer, mientras miran “Cosquín” o “Jesús María”; dejan la casa abierta para que entre aire, y nadie roba nada. Las fiestas de fin de año se hacen en una cuadra; cortan toda la calle y colocan una mesa larga para cenar todos los vecinos. Nadie les hace nada. La última vez que me enteré de que robaran en el barrio fue a un coche de la línea R 12, a las 6 de la mañana. Apuñalaron al chofer, que fue dado de alta el mismo día, y el que le robó y lo agredió no era del barrio. Es que cuando pasa algo así, acá se sabe todo, siempre alguien ve algo y comenta; es raro que pase algo y uno no se entere, aun de alguna “rateada” en la calle. Supe de más robos en barrio Jorge Newbery que en Remedios de Escalada. Y hablando de ese barrio, el diario La Voz del Interior, cuando marcó en un mapa dónde queda mi barrio, lo hizo señalando la mitad de Newbery, no Remedios de


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Escalada. Esto demuestra que están hablando sin saber dónde está el barrio, que jamás han estado en el barrio; aunque parezca cerca, hay una distancia de tres kilómetros. Lo que más alarma de esa nota, son las imágenes que han colocado, la ilustración que eligieron. Hay una imagen de una persona borrosa, con una especie de niebla y diez cables con zapatillas colgando por todos lados; y a su base, el título: “Acorralados por los males de la droga”. La nota, en toda una página, con el dibujo donde aparecen casas con una especie de enredadera de hojas de marihuana, cables con zapatillas, un arma y un muerto. Eso no es algo que se vea en el barrio. Aquí, cuando roban, no matan a nadie. Tal vez te pueden golpear si te resistís; que hayan disparado a personas es algo excepcional. Mi barrio no es el barrio perfecto, roban como en cualquier barrio, pero nunca como lo pinta el diario. En cuanto a la venta de droga, eso se da

en todos los barrios de Córdoba. A quien menciona el diario, fue preso y quedó libre hace tiempo. Otro que vendía también fue detenido, en un operativo en el cual un policía se hizo pasar por comprador. Después de eso, los chicos ya no compran en el barrio, se van a otro lugar o a la villa, pasando las vías del tren. También se menciona que en el barrio la Policía no anda, pero a mí se han cansado de pararme. La Policía está siempre, ¡si la Seccional 17 está en el barrio! Increíble: la nota dice que en el barrio no hay luz, que no hay gas si no es por garrafas y que no hay agua corriente; que cuando llueve se hace un “mar de barro” y eso no es cierto. A lo mejor, habla de la villa, pero no lo aclara, aunque ellos tienen agua corriente y hasta teléfonos fijos. Pienso que cuando relata eso se refiere en realidad a Guiñazú Sur, pero sin especificar. Quiero decir que en el barrio contamos con tendido de corriente eléctrica con cables pre-ensamblados, con medidores en

cada casa, agua potable por cañerías de agua corriente, gas natural, asfalto, alumbrado público, línea de teléfono fijo, cable de TV y hasta Internet. Luego, La Voz del Interior agrega en un recuadro: “Dos asesinatos que encendieron la alarma”. El primero sucedió en 2009. Da un nombre, pero no recuerdo bien si el hecho fue en mi barrio o en el barrio del frente. Y el segundo, lo puedo asegurar, no fue en mi barrio: fue en Villa El Pocito, cerca del barrio Juan B. Justo, a unos cinco kilómetros de Remedios de Escalada.

La Voz del Interior, del Grupo Clarín

La noticia, una construcción por Miguel Apontes Se sabe: los medios son los responsables de la “construcción social de la realidad”. Cómo se reflejan los acontecimientos sociales -el insumo que se convertirá en noticia- no está exento de ideologías. Qué se privilegia y qué se oculta. La noticia publicada como tal no es otra cosa que “un recorte de la realidad”; la tan mentada “objetividad periodística”, como tarea intelectual que importa la profesión, no es ajena a subjetividades. Tampoco la “independencia”, puesta en cuestión, saludablemente, en estos tiempos que corren en la Argentina. Un hecho dado no tendrá un único enunciado; el que se adopte finalmente será fruto de una elección entre distintas alternativas. La determinación sobre qué es noticia y qué no lo es, está en manos de la arbitrariedad de un editor, de un jefe de redacción. La visión que los medios transmiten sobre “lo real” debe considerarse, primero, como una percepción -influida por el interés y la ideología- de los medios. Ahora, cuando esa percepción pasa a considerarse “sentido común”, como “verdad instalada”, a partir de la legitimidad alcanzada por el medio en la sociedad, la consecuencia no es desdeñable: lo percibido y creado como noticia es “verdad” y cualquier opinión en contrario quedará relegada, estableciéndose una curiosa relación de fuerzas desfavo-

rable, inequitativa, para el receptor, o sea la sociedad.

Inseguridad: de sensación a confirmación En el momento que vivimos en el país, el papel de los medios está puesto en cuestión. Discutimos la propiedad concentrada de esos medios, su influencia política y los condicionamientos que ejercen. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, de 2009, constituyó un verdadero ícono para la lucha de los que bregamos por una comunicación más democrática y por poner freno a las corporaciones. Y la reacción de los grupos económicos afectados no se hizo esperar. En este sentido, el diario La Voz del Interior, que pertenece al grupo monopólico Clarín, no es ingenuo cuando aborda la cuestión de la “inseguridad”; cuando lo hace con total impunidad, como en el caso de la nota que analizamos. Se trata del informe “Remedios de Escalada, otro barrio sitiado”, del 13 de febrero de 2012 (http://www.lavoz.com.ar/noticias/ sucesos/remedios-escalada-otro-barriositiado). Aquí nada es ingenuo, más allá de alguna desprolijidad del periodista. Es resultado de una clara intencionalidad por instalar la “inseguridad” como tema de agenda. Con todo lo que implica, en cuanto a la demanda subyacente del propio medio (los intereses que representa) al poder político

y la interpelación a la sociedad: mayor represión, pánico social y solidaridad de cierta “clase” social permeable a la idea de castigar antes que prevenir. La nota tiene una connotación ideológica, que deja al cronista y al medio bastante lejos de la “objetividad” y la “independencia”. Se puede afirmar que raya la discriminación y la estigmatización de los vecinos de Remedios de Escalada. Las poco claras fuentes que cita, las generalizaciones en que incurre y la provocadora ilustración de la nota motivaron que un joven militante de la JP Descamisados, que nació y vive en el barrio, reclame, desde un humilde lugar, como vecino insultado y estigmatizado gratuitamente, el derecho a refutar tantas aseveraciones erróneas y tanto irrespeto a los habitantes de esa barriada. El recorte de la información que hacen los medios, también lo hacen los consumidores. En este caso, los lectores. Quienes leyeron este informe, que describe a un barrio de Córdoba como se describiría a Medellín, con la muerte a la vuelta de la esquina, lo tomaron como cierto y es poco probable que una desmentida revierta la idea de “barrio sitiado” que buscó instalar el medio. La irresponsabilidad social del diario es necesario ponerla también en debate; debemos hablar de La Voz del Interior y su papel en la sociedad cordobesa.

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De la autoamnistía militar a la condena de los genocidas Parte II Este trabajo, cuya primera parte se publicó en el Nº 5 de EL AVIÓN NEGRO, habla sobre la impunidad de los delitos considerados de lesa humanidad, tras la restauración democrática de 1983 y la reparación histórica que sobrevino tras adoptarse como política de Estado el juicio y castigo a los delitos de lesa humanidad. por Gloria Di Rienzo La Semana Santa de 1987 Las Fuerzas Armadas habían aceptado, no sin manifestar disconformidad, el juicio a los ex Comandantes o a oficiales retirados. Pero no aceptarían juicios a oficiales en actividad. La defensa de los cuadros medios o inferiores que “obedecieron órdenes” era la autodefensa de los mandos superiores, que habían sido los cuadros medios durante la represión ilegal. Este es el contexto en el cual se desencadenó la sublevación de Semana Santa. La sublevación fue denominada “Operativo Dignidad” por los amotinados. Se inició en Córdoba el 15 de abril de 1987, continuó en Campo de mayo y finalizó el domingo 19. Los rebeldes reclamaban una “solución política” por su participación en la represión: ley de amnistía, reposición en su cargo al ex- Mayor Barreiro (prófugo, que inició las acciones en Córdoba), el pase a retiro del “generalato” y designación de un jefe de Estado Mayor a partir de una terna propuesta por ellos. Las FF.AA. después de secuestrar, desaparecer, torturar, violar y asesinar a decenas de miles de ciudadanos, exigen una justicia y una legalidad separadas del resto de los habitantes para eximirse de toda responsabilidad por “haber cumplido con órdenes superiores” y “brindado un alto servicio a la patria”. Finalizada la sublevación, Aldo Rico da una conferencia de prensa relatando

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que “el Operativo Dignidad ha triunfado” Rico asumió toda la responsabilidad de la rebelión y manifestó que sólo se buscaba una salida política al tema de los juicios a militares. Quien fuera el encargado de inteligencia de Rico para el copamiento de Campo de mayo, Tte. Coronel (R.) Enrique Venturino, dijo reivindicar el levantamiento de Semana Santa con ahínco, especialmente ahora que se han reabierto los procesos judiciales contra los represores: “Lo volvería a hacer. Estoy convencido de que era necesario, no para dar un golpe de Estado, sino para arreglar con Alfonsín. Obviamente lo que nos preocupaba era el tema de los juicios” y agrega “Los mismos objetivos del Operativo Dignidad planteados en aquella Semana Santa hoy siguen vigentes”. (Página 12, 15/04/07) Bajo el lema “dictadura o democracia” – y aun conociendo que los sublevados no tenían interés en retornar al poder- el gobierno de Alfonsín, los partidos políticos de oposición, sindicatos y grupos empresariales, convocaron al pueblo a las principales plazas públicas para una ceremonia que se repitió en todas las capitales provinciales. El objetivo: la firma de un “Acta de compromiso democrático”. El texto del Acta tuvo cuatro puntos de acuerdo. Los firmantes suscribieron un “compromiso democrático” apoyando la plena vigencia constitucional, expresando su apoyo a la democracia “como único estilo de vida para los argentinos” en conformidad con la voluntad popu-

lar. Pero, el punto tres del Acta, expresaba que “la reconciliación de los argentinos sólo será posible en el marco de la justicia, del pleno acatamiento a la ley y del debido reconocimiento de los niveles de responsabilidad de las conductas y hechos del pasado.” Es decir: para el pueblo, el acatamiento a la ley, y para los genocidas: el reconocimiento de sus niveles de responsabilidad. Este fue el marco de la sanción de la ley 23. 521. conocida como de Obediencia Debida, que tenía un solo artículo, el art. 1, que dispuso: “se presume sin admitir prueba en contrario que quienes a la fecha de comisión del hecho revistaban como oficiales jefes, oficiales subalternos, suboficiales y personal de tropa de las FF.AA., de seguridad, policiales y penitenciarias, no son punibles por los delitos a que se refiere el art. 10 de la ley 23.049 por haber obrado en virtud de obediencia debida,.... en estado de coerción bajo subordinación a la autoridad superior” “La misma presunción será aplicada a los oficiales superiores” “La presente ley se aplicará de oficio.. en todas las causas pendientes, cualquiera sea su estado procesal.” Casi todos los partidos políticos y sectores corporativos firmaron un compromiso ante las FF.AA. haciendo uso del principio de representatividad. La mayor parte de los partidos políticos y del movimiento sindical jugaron un importante papel aquí, pese a que el mayor porcentaje de secuestros y muertos provenía del sector obrero y trabajador, dejando solos a las víctimas, a los familiares de las víctimas y a los organismos de derechos humanos en su reclamo de justicia, pero esta vez en democracia. Es de hacer notar que todo el sistema del derecho internacional de los derechos humanos considera como violaciones graves y flagrantes de los derechos y libertades fundamentales a la tortura, las desaparicio-


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nes y las ejecuciones sumarias y ni la tortura puede justificarse en razón de la obediencia debida. Argentina estaba obligada a respetar los principios de Nüremberg dada su condición de miembro fundador de Naciones Unidas y Estado parte. Por lo tanto, cabe señalar que el Documento Final, la ley de Autoamnistía 22.924, producidos por las FF AA y el decreto 158/83, la ley 23.049, el decreto 2816/84, la ley 23.492 de Punto final y la 23.521 de “obediencia debida” sancionados en el gobierno democrático, se caracterizaron por su coherencia y afinidad argumentativa e ideológica: parten del presupuesto de que la aparición del terrorismo -de la subversión durante los ’70- fue la causante de los inexplicables excesos ocurridos en su combate y prevención. Precisamente la conceptualización de subversión y terrorismo y su encuadramiento como enemigo interno, permitió la implantación de metodologías atroces y de campos clandestinos. La pena de muerte es contraria al principio de inviolabilidad de la vida humana. La defensa del “orden verdadero y natural” argumentada elimina los obstáculos ideológicos, éticos y religiosos para matar, ya que el otro desaparece como persona humana, no posee respeto como tal ni derechos. Se define a los opositores políticos como subversivos –que en su real acepción subversión significa perturbar, trastornar, destruir especialmente en lo moral-; como delincuentes, otorgando ubicuidad como antisocial, despolitizando sus objetivos, y como terroristas –que ejecutan violencia para infundir terror- lo cual los hace indeseables e indefendibles. Esta construcción ideológica –la teoría de los dos demonios- produjo efectos en el imaginario social que obstaculizan la comprensión de nuestro presente a la vez que establece un corte en la historia, una discontinuidad, como si la dictadura genocida del ´76 no tuviera nada que ver con las anteriores (1930,1943, 1955,1966) negando la resistencia popular a las mismas. Cuando se hace hincapié en la violencia de los ’70, se estigmatiza un proyecto popular de cambio social que estaba alcanzando su mayor envergadura; es un calificativo reduccionista que acota temporal y numéricamente a sus actores porque niega la tradición de lucha y resistencia durante décadas del pueblo y queda como producto de “grupúsculos inadaptados.” Es reduccionista también, porque oculta intencionalmente los planes de los sectores dominantes que recurrieron a los golpes de

estado, bajo los designios de la Doctrina de Seguridad Nacional, producto del plan imperialista para América Latina Ya durante el período de Onganía se caracterizaba que: “La juventud, en sus tres grandes brazos o grupos, se había perdido para el gobierno: los jóvenes católicos (de casi todos los matices: en la oposición convergían desde ‘Azul y Blanco’ hasta ‘Cristianismo y Revolución’) estaban lejos de simpatizar con el gobierno de las FF.AA.; los jóvenes reformistas, radicales en particular, nos veían como usurpadores; los marxistas –y, sobre todo, los marxistas de tipo insurreccional- nos consideraban como enemigos declarados del pueblo y subalternos de los poderes imperialistas.”(A. Lanusse:1978) No se quiere restar protagonismo a los sectores obreros y trabajadores, sino señalar la coherencia con los dichos y hechos posteriores: Videla en Uruguay, en 1975, dijo que morirían todos los que fueran necesario que mueran, lo cual hicieron, y de esta manera produjeron el notable debilitamiento generacional actual en el recambio de la dirigencia social y política. Porque el asesinato político no sólo mata la persona, sino al actor político y su influencia.

sociedad, con víctimas inocentes de ambos lados, esta formulación buscó clausurar temas de relevancia, como que los crímenes de la dictadura no se podrían haber llevado a cabo sin la colaboración y el silencio de las elites dirigentes (empresarios, iglesia) y la indiferencia o pasividad de buena parte del resto de la población. La Teoría de los dos demonios, fue el discurso que tranquilizó y explicó de manera aceptable las responsabilidades de las dirigencias y de la sociedad al mismo tiempo que colocaba un colchón de plumas en la búsqueda de justicia. La idea que se modeló, de una sociedad engañada y desconociendo lo que sucedía o de una sociedad rehén entre dos fuerzas militares, posibilitó la impunidad de los criminales excluyendo y/o reduciendo responsabilidades. El doloroso y frustrante accionar de la justicia, que como un sinsentido fue de la mano con la impunidad, era coherente con el pensamiento de dirigentes políticos. Se dijo “...la política es el arte de lo posible( ...) y en el tema de la violación de derechos humanos, en esta gran carnicería que ha ejecutado la dictadura militar ... el objetivo principal es, a mi entender, el de la justicia

El decreto 157/83 –mediante el cual Alfonsín, dispuso la persecución penal a los jefes guerrilleros- propuso que posterior a 1973 “grupos de personas... instauraron formas violentas de acción política...” que derivó “y sirvió de pretexto para la alteración del orden constitucional por un sector de las FF.AA....” Así planteada comienza la exposición desde el gobierno democrático, de la teoría de los dos demonios que luego tuvo su lugar institucional en el informe de la CONADEP, en el juicio a las Juntas y en numerosos relatos y discursos. Basada en que hubo una guerra entre dos grupos armados: las FF.AA. y los terroristas, y en el medio -espectadora- la

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política.... Los grandes culpables tienen que estar en prisión... Las Juntas, más unos diez civiles... quiero que haya 20 ó 25 individuos... responsables históricos de la masacre. Yo no quiero que queden en la impunidad los asesinos pero tampoco quiero que este tema se convierta en un elemento de debilitamiento de la democracia.”(Dr. Julio Bárbaro) Por su lado, Jorge Vanossi agregaba:“... los problemas que conciernen a la protección efectiva e integral de los derechos humanos no pueden estar.... enfocados unidimensionalmente, como si el remedio jurídico fuera un sanalotodo.”

La defección de gobiernos democráticos A la larga, a la luz de los hechos, este fue el lugar común que prevaleció por años, en los cuales los indultos otorgados al comienzo del mandato de Menem, constituyeron sólo un paso más en la lógica de la impunidad. El justicialismo en la campaña del ’83 manifestó, como se dijo, que acataba la autoamnistía castrense, pero en campaña, Menem propuso la no- amnistía para luego, con el pragmatismo que caracterizó su gestión, proceder a indultar beneficiando a militares condenados y procesados y a un cierto número de ciudadanos acusados de “subversión” -manteniendo la equiparación de la teoría de los dos demonios- con la justificación de una necesaria pacificación que permitiría “mirar el futuro...(porque) los que se la pasan mirando el pasado se convierten en estatuas de sal.” (Clarín, 25/3/96). Los militares durante la dictadura, ante la presión externa habían apelado en los foros internacionales al principio de libre

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determinación del país y de no intervención en sus asuntos internos pese a la adhesión, suscripción y ratificación de diversos instrumentos jurídicos internacionales sobre la observancia, promoción y control de derechos humanos, buscando desnaturalizar el control humanitario haciéndolo aparecer como una actitud hostil hacia el país. Los gobiernos de Carlos Menem (19891999) y de Fernando de la Rúa (19992001), coincidiendo con esa interpretación, se opusieron a conceder extradición negando jurisdicción a los reclamos en los procesos contra militares argentinos. Menem expresó “no aceptaremos que nos quieran colonizar judicialmente” mientras que De la Rúa declaró que la “medida no tiene efectos operativos en el país” y que “no se justifica que actúe una jurisdicción extranjera cuando está actuando una jurisdicción argentina en el marco de su soberanía y de sus leyes”. Para Luciano Menéndez, ex- Cdte. del III Cuerpo, el pedido del juez fue “una insolencia”... “Volvemos a la colonia, los hechos en la Argentina se juzgan en la Metrópoli. Todos los argentinos debieran sentirse afectados... a cada paso encuentran una cosa que inventar. Lo del robo de menores es un cuento, una barbaridad inventada” (La Voz del Interior, 3/11/99). El juez español Baltazar Garzón había librado orden de captura contra 97 represores argentinos en el marco del procesamiento por genocidio, terrorismo y torturas en un sumario que instruía desde 1996. Por su parte Alfonsín se sumó calificando el pedido como “es un dislate pensar que cuando está actuando la justicia argentina pueda reclamarse una

extradición para que los juzguen en otro pais”. (LVI, 5/11/99). Es en este contexto, de impunidad y ajuricidad, en que el pueblo apeló nuevamente, como en la época de la dictadura, a los foros internacionales, reclamando verdad y justicia. Asi es como se llevan a cabo en países como Italia, Alemania y otros, los llamados juicios en absentia (en ausencia de los reos) y también la Corte Internacional de Derechos Humanos (órgano de la OEA) falla a favor de una madre en reclamo de conocer la verdad. Por ello se instrumentan los que se conocen como Juicios de la Verdad Histórica, que no tienen repercusión ni consecuencia en lo penal, pero que permitió a muchos familiares de víctimas conocer – sólo conocer- su destino. En 1998 (25 y 26 de marzo) el Congreso derogó las leyes de punto final y de obediencia debida, pero esta medida no tenía efectos retroactivos, sino para posibles casos similares posteriores. Fueron situaciones jurídicas las que modificaron esta actitud de impunidad insostenible de mantener. La nulidad de las leyes de punto final y de obediencia debida fueron declaradas mediante fallo judicial en 2001 inconstitucionales por el Juez federal Gabriel Cavallo, en concordancia con un fallo de la Corte Internacional de Derechos Humanos. Fallo que luego fue confirmado por la Cámara Federal. En agosto de 2003 el Congreso declaró la nulidad de las dos leyes. En Setiembre/03, la Cámara Federal reabre causas que habían sido cerradas por la vigencia de las leyes del “perdón”. En el mes de mayo de 2005 el jefe de los fiscales dictamina la inconstitucionalidad de las leyes y al mes siguiente, en junio/05 la Corte Suprema declara también su inconstitucionalidad sentando doctrina. A partir de ello ni la defensa de los genocidas, ni los genocidas mismos, no pueden plantear la aplicación de la ley más benigna, porque este fallo las torna inexistentes. Este logro fue posible por la lucha inclaudicable de los familiares de los muertos, los sobrevivientes y el pueblo en general. Y porque a partir de 2003, el gobierno de Néstor Kirchner propuso, la defensa de los derechos humanos como razón de Estado, generando un nuevo contexto, en el cual ya no es posible la impunidad. Este quiebre tiene un profundo significado que va más allá de la reparación de la justicia al daño sufrido. Porque refiere a la construcción de un nuevo paradigma social, en el cual pueden concretarse y ser realidades efectivas todos los derechos para todas las personas.


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