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SUMARIO
AÑO IV - N° 22 - DICIEMBRE DE 2013 Publicación propiedad del Centro de Estudios y Formación Política “Miguel Angel Mozé” Asociación Civil
Registro Propiedad Intelectual en trámite
3 - EDITORIAL 6 - UN NIÑO LLAMADO JUAN SOSA por Pablo Torres
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Brandsen 441 - Barrio San Martín X5000GMI Córdoba, Argentina Tel. (0351) 474-3503 - centromoze@gmail.com www.cpdescamisadoscba.com.ar
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NOTA CENTRAL
DEMOCRACIA
por Sergio Tagle
DE AQUÍ EN M
ÁS
12 - EL ROCK EN EL RENACIMIENTO DE LA LIBERTAD por Marina Miguel 14 - MARCHA DE LA GORRA: EXPRESIÓN DE ALEGRÍA por Laura Gómez 16 - PAN COMIDO FESTEJA SUS 15 AÑOS por Laura Gómez 17 - CONTAR Y CANTAR EN LIBERTAD por Laura Luque 23 - CUENTO CON FINAL FELIZ por Horacio Lonatti 26 - UN GENERAL NACIONAL Y POPULAR por Miguel Apontes 29 - 30 AÑOS DE DEMOCRACIA por Julio Cacciamani 30 - LA FORMACIÓN COMO HERRAMIENTA PARA LA MILITANCIA por Manuel Fajn y José Soaje 32 - PUEDO VIVIR SIN POLICÍA, OTROS NO por Marina Miguel 34 - HUMOR: DIALOGORILAS por Pablo Torres 34 - “FUC, FUT, FUA, LA LUCHA CONTINÚA” por Fulvio Stanis
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LAS RAÍCES DE LA SEDICIÓN POLICIAL CORDOBESA
EL REVIVAL LUMPEN DEL NAVARRAZO por Alexis Oliva
CAMBIAR DE MIRAJE por Luis Rodeiro
EDITOR RESPONSABLE: Miguel Apontes DIRECCIÓN EDITORIAL: Alexis Oliva y Pablo Torres. COLABORAN EN ESTE NÚMERO: Uriel Quinteros, Cristian Sansalone, José Navarro, Alejo Testa, Lucía Di Muzio, Daniel Varela, Florencia Irusta, Laura Gómez, Julio Cacciamani, Manuel Fajn, José Soaje, Fulvio Stanis, Guillermina Tissera, Diario El Argentino Córdoba, Alumnos Escuela de Medios Comunitarios y Viviana Toranzo. COLABORADORES PERMANENTES: Luis Rodeiro, Sergio Tagle, Horacio Lonatti, Sylvia Nadalín, Marina Miguel y Laura Luque. IMPRESIÓN: Pretocolor Gráfica (0351) 157034611 DISEÑO: Nahuel Nieto - email: nahuelnieto@live.com DISTRIBUCIÓN: Eva Gómez Nieri y Andrés Detzel CONTENIDOS: Yohana Cicaré CONSEJO DE REDACCIÓN: Eduardo Sota, Esteban Dómina, Sergio Tagle, Graciela Treber, Daniel Giacomino, Haide Giri, Luis Rodeiro, Francisco Yofre.
VIGI
LAR Y CASTIG AR por Sylvia Nada lin
PERIODISMO INDEPENDIENTE, SEGÚN LA VOZ
Por Miguel Apontes. Publicado en EL ARGENTINO, 2/12/2013 El intendente Ramón Mestre presentó el sábado30 de noviembre, junto al director del diario La Voz del Interior, Carlos Jornet, los murales realizados en el viaducto frente a la empresa del Grupo Clarín. A su vez, por la tarde y en el mismo lugar, el ministro Jorge Lawson, inauguró la “Plazoleta del Periodista”. Poder político municipal y provincial, más el poder mediático local, todos unidos. Las coincidencias son visibles: todos actores críticos a la Ley de Medios recientemente declarada constitucional por la Corte Suprema. En septiembre pasado, un documento de ADEPA con el título “La libertad de prensa está seriamente deteriorada”, advertía que “informar, opinar, criticar e investigar al Gobierno es asumir el riesgo de la persecución estatal y de la inviabilidad de los medios que la ejercen”. El documento, leído por el presidente de la entidad empresarial, el mismo Carlos Jornet, hacía centro, claro, en el poder político central, omitiendo mencionar a los poderes locales; ni qué hablar de la suculenta pauta publicitaria oficial de Córdoba, de la que medios, como La Voz del Interior, son beneficiarios. En 2004, año en que el diario en cuestión cumplió su centenario, el Concejo Deliberante debatió y aprobó un proyecto que designó con el nombre de Avenida La Voz del Interior a la arteria donde funciona su “Sede Integral”. No se sabe de otro lugar en el mundo donde el poder político haya designado con el nombre de un diario a la calle en la que, justamente, tiene sede la empresa. Suena inadmisible, sobre todo cuando se exalta -como lo hace La Voz del Interior- la independencia de los medios de prensa. Hace unos meses, la Asamblea Popular de Los Boulevares promovió una intervención urbana: colocó en los carteles indicadores de la avenida stickers con otro nombre: Avenida Ley de Medios.
EDITORIAL
PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
DE FURIAS Y ESPERANZAS RENOVADAS U n fin de año especial, con las expectativas por la asunción de los nuevos legisladores nacionales y, como dato relevante, el gran aniversario del 10 de diciembre: Argentina cumplió treinta años ininterrumpidos de democracia. La oportunidad para debatir sobre el discurrir de estos años, desde 1983. La transición de los primeros años, las presiones a Raúl Alfonsín del poder financiero tan consolidado durante la dictadura; el aparato represivo todavía intacto y amenazante. Las vacilaciones en cuanto a cómo abordar las secuelas de la represión ilegal y los conflictos, o cómo dejar de administrarlos para empezar a superarlos; y el “golpe de mercado” para restaurar, con Carlos Menem como un caballo de Troya en una fuerza política popular, el modelo neoliberal, aún si no estaba todavía plenamente en cuestión. La construcción de un relato de resignación que impuso, al calor de lo que sucedía en el mundo, un discurso único sin chances de discutir un proyecto alternativo. Desguace del Estado y perdones e indultos a los genocidas y la esperanza de “estabilidad”, tras los duros momentos de incertidumbre económica y angustia popular por la hiperinflación. Esperanza frustrada con la Alianza en 1999, que nos confundió con apenas una promesa de “fin de fiesta”, pero que no alteró los cimientos del capitalismo salvaje consolidado durante los `90 y la destrucción del Estado de Bienestar. Y un 2001, otra vez en diciembre, con el pueblo furioso, una clase media que se sintió amenazada con desaparecer y los desplazados que ya no estaban dispuestos a quedar al margen de todo, en especial del trabajo, con una desocupación que superaba el 25%. Todo estalló y tuvimos la huida en helicóptero de Fernando De la Rúa, la sucesión de cuatro presidentes en pocos días y el interinato de Eduardo Duhalde, que solo así pudo llegar al sillón presidencial; la ruptura de una falsa estabilidad económica de más de una década: descubríamos que la convertibilidad era una ficción y vendría la “pesificación asimétrica”, para darnos un frío baño de realidad, que benefició, como siempre, a unos pocos privilegiados endeudados en dólares (léase los grandes grupos económicos, nacionales y transnacionales). Otra huida, la de Duhalde, cuando “la crisis causó dos nuevas muertes” (como dijo cínicamente el diario Clarín en una tapa de junio de 2002), y el llamado a elecciones. Arriba desde el sur Néstor Kirchner, desconocido para muchos, con poco capital político a partir del apenas 22% logrado (no había sido el ganador, pero al bajarse Menem del ballotage, fue ungido presidente), y una increíble carrera de construcción de consenso popular, fundada en una permanente iniciativa y medidas buscando restablecer la autoridad presidencial y dejando atrás el rol aceptado hasta ese momento, el de gerente de intereses concentrados. En 2007 llega Cristina, para llevar adelante un ambicioso programa de reformas y transformaciones, imposibles de implementar sin la extraordinaria base dejada por Néstor; y reelecta en 2011 continúa este difícil camino, pleno de escollos y defecciones, pero que nos entusiasma a tal punto que habilita a discutir
cómo esta democracia está lejos de considerarse agotada y que, a pesar de los primeros pasos, ambiciosos primero, erráticos más tarde y después abiertamente subordinados al poder en las sombras, ése que no precisa del voto popular para legitimarse, vemos con las mayores expectativas los tiempos por venir. Las expectativas de un futuro mejor, de consolidación y profundización de todo lo bueno realizado y lo que resta por hacer. Sencillamente porque la fuerza política en el poder abreva en el peronismo, como ineludible movimiento transformador y dignificador de las mayorías de nuestro pueblo. Estábamos revisando todo esto, en clave de memoria, mirando para atrás como ejercicio para evaluar tres agitadas décadas, cuando otra vez, como una lógica de aquellos que buscan en los últimos años desestabilizar al gobierno popular, diciembre con toda su connotación por su sitio en el calendario (las fiestas, el consumo, las vacaciones), nos sorprende con la violencia. Una cachetada a quienes desde la política buscamos transformar esta Patria, rompiendo su matriz injusta: ¿qué pasó en nuestra sociedad para que se manifieste tanta furia de unos y tanta angustia para otros? Córdoba dio el puntapié, cuando el 3 y 4 de diciembre pareció romperse todo en esta sociedad: pactos de convivencia, reglas y códigos escritos y no escritos, obligaciones y derechos de los ciudadanos. Un conflicto policial anunciado desde semanas, simplificado apenas como reclamo salarial, con el antecedente de un escándalo de connivencia de la fuerza con el narcotráfico que había estallado en septiembre y llevó a la renuncia de ministro y jefe de policía; un poder político que dejó hacer (por acción u omisión), las decisiones concentradas en el gobernador por esos días ausente, incapacidad o irresponsable postura de no actuar de aquellos dirigentes que estuvieron al frente del gobierno provincial. El corolario: dos días de furia e indefensión de los ciudadanos, saqueos, violencia, muerte, autodefensa de los vecinos con visos de discriminación y estigmatización. Y todo que se esparce, como reguero de pólvora, hacia otras provincias; sí, a pocos días de celebrar, porque merecíamos celebrar, los jóvenes 30 años de democracia. Pudimos ver la conjunción siniestra de varias construcciones subjetivas: el discurso de la “inseguridad” y la necesaria respuesta represiva. Hay que decirlo: este discurso se fortaleció en Córdoba, sin que nadie busque profundizar sobre estos conceptos. Nos debemos un arduo debate sobre estos tristes hechos, para que el discurso, a secas, de la “inseguridad”, no clausure la discusión sobre sus razones, reduciendo todo a la adopción de herramientas -de manual reaccionario y anti democrático- para superarla. Para que no seamos víctimas del miedo y la desesperación social, creyendo que todo pasará por implantar “mano dura”. Hay que hablar sin tapujos sobre lo que se esconde tras la extorsión policial: qué hay detrás de los negocios del narcotráfico, la complicidad policial y la mirada pasiva del poder político y la
Justicia. No eludir tampoco hablar de los bolsones de marginalidad donde gran parte de nuestro pueblo aún está inmerso, la desocupación y la ausencia políticas sociales adecuadas; desde ya, que debemos insistir sobre lo imperioso que es asumir, definitivamente, la conducción política de las fuerzas policiales, adoptando un criterio de “seguridad democrática”, para romper por fin con una estructura de gobierno autónomo de la policía que ningún gobierno en Córdoba, en tres décadas, buscó alterar. Y de tanto prodigar genuflexiones, la oposición política, también este diciembre, pareció repentinamente dar una vuelta de timón, determinando la prescripción absoluta de su lamentable actitud aduladora frente a los poderes fácticos, ya sean los mediáticos, los económicos, los financieros. Al unísono se mostró absorta y compungida ante el tratamiento del pliego de ascenso del nuevo jefe del Ejército. Y levantaron la voz, confiando que podían por fin destrozar lo que nadie ya puede objetar: la ejemplar política de derechos humanos del gobierno nacional, reconocida en el mundo entero. Después de estas tres décadas de democracia, con sus avances y retrocesos en cuanto a las políticas hacia las fuerzas armadas, con indefiniciones sobre el papel que deben cumplir en un Estado de Derecho, y la necesidad enunciada, pero poco practicada al menos en la primera etapa democrática, de alterar los contenidos de las escuelas de formación profesional, no existe paralelo entre un Ejército que, como brazo armado de los históricos dueños de la Argentina, repetía, apenas como slogan, que su función era “defender la forma de vida occidental” y este otro, subordinado a las autoridades civiles, que llama a la integración “nacional y regional en defensa de los intereses del pueblo“. Esta diferencia, que pone nerviosos a algunos, es la razón última de tantas voces levantadas contra la legítima decisión de la comandante en jefe de las fuerzas armadas, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por lo demás, si las improbables acusaciones de participación en delitos de lesa humanidad del general César Milani fueran comprobadas - y no solo denunciadas-, la política de Estado de este gobierno respecto a los crímenes de la dictadura garantizará el debido proceso y condena. Nuestra joven democracia está lejos de ocultar los conflictos. Y eso está muy bien. La cuestión estará en cómo desde la participación política los abordamos para su resolución. Cómo, con mucha política, afrontamos los nuevos tiempos para avanzar y no permitir que los restauradores conservadores impongan su relato y establezcan un nuevo sentido común. ¡Por un 2014 pleno de militancia, por la Patria Justa, Libre y Soberana que soñaron Perón, Evita y Néstor! Como siempre, Unidos y Organizados. MIGUEL APONTES – URIEL QUINTEROS – CRISTIAN SANSALONE
CAMBIAR DE MIRAJE por
P
LUIS RODEIRO
rensa hegemónica -todavía- pintando caos, economistas de mala praxis comprobada anunciando hecatombes, pitonisas pronosticando Apocalipsis Express, policías incitando al saqueo, empresarios estafando precios acordados con el Estado, formadores de precios incentivando inflaciones, sembradores expertos en plantar el miedo, ratones roedores de instituciones y derechos, sindicalistas empresarios que amenazaron con desabastecimiento. Empedernidos destituyentes, apostando a todos los números. Es diciembre fue el turno del 19 y el 20. Estrategas aviesos que pretenden reproducir en laboratorios las puebladas históricas. Mal que les pese no pasó nada. Es curioso, pero una mirada sin anteojeras de la historia argentina,
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nos muestra que quienes invocan a la democracia, que se autodefinen como vestales republicanos, son los que invariablemente -frente al gobierno de las mayorías- han desnaturalizado la democracia atentando contra las instituciones, afectando la libertad, separándola del sentido de justicia, negando derechos, apelando a su permanente violación, confundiéndola siempre con intereses económicos sectoriales, convirtiéndola en un cascarón vacío, en una palabra hueca. La coyuntura política que atravesamos en estos días de diciembre puso en evidencia esa metódica, perseverante estrategia desestabilizadora, que ha llegado a niveles que agotan la capacidad de asombro ciudadano. Estrategia que incluye la mentira, la extorsión, la distorsión, el odio, el desprecio, la inoculación de miedo, la búsqueda
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desesperada de ciudadanos paralizados y apolíticos. Todo al servicio de un poder económico y político de minorías selectas, con la participación activa del partido mediático y la invocación a un falso credo democrático. En el transcurso de la historia de los argentinos, la realidad de esa falsa democracia, nos llevó incluso a su desprecio generalizado. El “voto popular” fue una larga lucha, cuya negación formaba parte de la “democracia oligárquica”, que planteaba como connatural al sistema, la exclusión de miles de argentinos. Cuando debió ceder ante la fuerza de la lucha, invocando las palabras democracia y libertad, no dudaron en utilizar el fraude, al que no dudaron en denominar como “patriótico”, pero también distintos tipos de violencia, hasta el asesinato. Por eso, el “yrigoyenismo”, protagonista principal contra el orden oligárquico, forma parte de la tradición del movimiento nacional, popular y democrático. Los opositores al peronismo, que amplió derechos ciudadanos y dio identidad a los trabajadores como tales, desde los albores de ese movimiento social, enarbolaron también la palabra democracia como un bien supremo. A la coalición electoral la llamaron Unión Democrática y la “Revolución Libertadora”, diez años después, se hizo en su nombre. Para violar el principio de la democracia, acudieron a la violencia, cuyo símbolo más trágico fue el bombardeo en Plaza de Mayo. Una vez en el gobierno, militares y civiles prohibieron la más mínima mención al nombre de Perón o de Evita y suprimieron por decreto el empleo de la palabra peronismo. Intervinieron los sindicatos y persiguieron a sus dirigentes. No dudaron en fusilar a un grupo de militares rebeldes y asesinaron a civiles en los basurales de León Suárez. Sin dejar de invocar a esa democracia, devenida en palabra vacía, la proscripción del peronismo duró 18 años. Para evitar su triunfo,
los “demócratas”, una y otra vez, acudieron a los golpes militares. Entre ellos, la dictadura genocida cívico militar, que impuso a sangre y fuego el modelo de exclusión. En nombre de la democracia, de la libertad y de los principios republicanos. En este contexto, como dice Horacio González, “La reivindicación de Alfonsín no fue un hecho de pura nostalgia ni un acto partidario. Cualquiera haya sido el defecto o la flojera de los políticos invocados, en el nombre de cada uno, Perón, Alfonsín, Kirchner, se debe recordar el efecto constitucional, laboral y ciudadano de la democracia prometida y deudora. Esta tríada es un acto crucial del lenguaje para el restablecimiento de la forma compartida y abierta de la democracia”. Siempre pudieron frustrar el sueño de lo popular, de lo nacional, de lo democrático. Depende de nosotros, que esta vez no. Depende de la defensa de lo realizado, de la profundización de lo que venimos haciendo. Más derechos, más justicia, más inclusión, más libertad. Las organizaciones populares deben ser las que fijen la agenda del gobierno democrático. Hay que abrir el debate, no para discutir con los nostálgicos del modelo neoliberal, sino para incorporar los grandes desafíos que nos esperan, las deudas que tenemos con una sociedad todavía agraviada por la exclusión, por los privilegios. Discutir hacia adentro del movimiento popular cómo democratizar la justicia, la policía; cómo asegurar el sentido de la propiedad social; cómo incorporar nuevos derechos como el aborto; cómo definir las pautas de un desarrollo que tenga en cuenta los problemas ambientales y el respeto a la decisión ciudadana; cómo sentar las bases de un nuevo sindicalismo que ponga en cuestión a los sindicatos empresas; como actuar ante el mito de una burguesía nacional; cómo fortalecer al Estado como garante de equidad social.
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Esta vez, la nota no versará sobre ningún hecho ocurrido con posterioridad a junio de 1943, época en la que Perón empieza a convertirse en un personaje público. En cambio, sí lo hará sobre la etapa de su vida menos conocida: la que corresponde a su infancia. La polémica sobre su verdadera fecha de nacimiento, su origen étnico, su niñez en el campo, sus años en la Patagonia, su regreso a Buenos Aires, y de cómo Juancito Sosa se terminó convirtiendo en Juan Domingo Perón. LA JUVENTUD DE PERÓN. PRIMERA PARTE
UN NIÑO LLAMADO
JUAN SOSA por
T
PABLO TORRES
al como ocurre con muchos otros hechos que forman parte de la historia del peronismo, no son pocos los interrogantes que aún persisten sobre la vida de Juan Domingo Perón, sobre todo si hablamos de sus primeros años de vida. Por ejemplo, el lugar y la fecha de su nacimiento aún son motivo de polémica. Si bien actualmente se sigue conmemorando de forma oficial el 8 de octubre de 1895 como el día del natalicio de Juan Domingo Perón, supuestamente ocurrido en la ciudad de Lobos, provincia de Buenos Aires, existen otras versiones de la historia: Según sostiene el periodista e investigador Francisco N. Juárez en “La cuna de Perón”, nota aparecida en la edición del 3 de mayo de 1998 del diario La Nación, Juana Sosa Toledo habría dado a luz al segundo hijo con Mario Tomás Perón en Roque Pérez, localidad bonaerense cercana a Lobos, el día 7 de octubre de ese mismo año. Es decir, un día antes. Pero es el escritor Hipólito Barreiro quien parece zanjar la cuestión: en la investigación que llevó a cabo y que quedó plasmada
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en su libro “Juancito Sosa, el indio que cambió la historia”, se demuestra que la fecha en que nació Perón fue efectivamente el 7 de octubre, pero no de 1895, sino de 1893. Esta hipótesis se ve apuntalada por el testimonio de Enrique Pavón Pereyra, biógrafo de Perón: en una entrevista concedida durante su exilio en España, Perón le confiesa lo siguiente: “En realidad yo tenía ya dos años para esa fecha (8 de octubre de 1895). Así constaba en las páginas del registro parroquial, que lamentablemente una gran mancha de tinta, derramada ‘casualmente’ sobre el renglón que daría crédito a mis palabras, se ha encargado de silenciar para siempre. Soy hijo de un espíritu campesino, casi rural, y de una joven natural de Lobos, Juanita Sosa, con sangre india y parientes de origen santiagueño”. Tomaremos, entonces, esta versión como la más ajustada a la realidad, ya que está avalada por las palabras del mismísimo Perón. Barreiro también explica en su libro que Perón fue inscripto en Lobos debido a que en Roque Pérez no existía una oficina donde
PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
Casa en Roque Perez en la actualidad, y Perón de niño.
“Me siento muy honrado por llevar sangre tehuelche, descendiendo por vía materna de quienes poblaron la Argentina desde siglos antes de llegar los colonizadores” Juan Domingo Perón
poder llevar a cabo ese trámite. A pesar de que Lobos pertenecía a otro distrito (el trámite correspondía hacerse en la localidad de Saladillo, cabecera del partido), eligieron anotar a Juancito en esa localidad, simplemente porque quedaba más cerca. Perón ocultó durante muchos años su verdadera fecha de nacimiento, y tuvo sus razones para hacerlo. Según cuenta el periodista y escritor Enrique Oliva, director de Asuntos Culturales de la Cancillería entre 1951 y 1955, el líder de los trabajadores les confesó en una conversación a él y a otras tres personas más (John William Cooke entre ellos) que “de mi origen y nacimiento he hablado poco y discretamente porque insólitas disposiciones militares no escritas me hubieran impedido entrar en el Colegio Militar, pues se evitaba el ingreso de hijos naturales o de religión no católica”. Dos hermanos, uno mayor y otro menor a Juan Domingo, completaban la familia Perón: Mario Avelino, nacido el 30 de noviembre de 1891, y Alberto, quien vio la luz el 14 de agosto de 1898. Todos eran lo que en esa época se denominaba “hijos naturales”, debido a que Juana y Mario Tomás se casaron recién el 25 de septiembre de 1901; es decir, con posterioridad al nacimiento de sus tres hijos. Hasta su casamiento, Juana y Mario fueron un “matrimonio de hecho”. Es por ello que, durante sus primeros años de vida, Mario Avelino, Juan Domingo y Alberto debieron usar el apellido de su madre. Debe recordarse que, hacia fines del siglo XIX y principios del XX, los hijos nacidos de parejas de hecho eran discriminados no sólo por buena parte de la sociedad, sino también por la ley.
PRIMEROS AÑOS
Los futuros padres de Juancito se conocieron casi por casualidad. Mario Tomás Perón padecía de una seria enfermedad, por lo que debe mudarse primero a la localidad de Lobos, y poco después a la estancia “La Porteña”, un establecimiento que quedaba cerca de allí, en procura de sanación. Una vez curado, vuelve a mudarse a Lobos, instalándose en esa localidad por un buen tiempo. Es allí donde conoce a Juana Sosa Toledo, una descendiente de tehuelches (o, como diría Juan Domingo luego, una “criolla con todas las de la ley”) con quien termina formando pareja. Él tenía 23 años y ella, 17. Cuando nace el primer hijo, Mario Avelino, la familia Perón debe mudarse a Roque Pérez, ya que Mario Tomás es nombrado asisten-
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te del juez de paz en esa localidad (previamente ocupó ese mismo cargo, pero en Lobos). Es allí donde don Mario, en 1892, adquiere una serie de terrenos en un loteo, construyendo en uno de ellos la casa donde la familia terminaría instalándose. Al año siguiente y en esa misma casa es donde Juana da a luz a Juan Domingo, llamado así en honor a Juan Irineo Sosa (abuelo materno) y Dominga Dutey (abuela paterna). Roque Pérez, por aquel entonces, se reducía a una estación de ferrocarril y unas pocas casas. Juan Domingo evocaría años más tarde a su padre como un plácido hombre de campo, de carácter algo severo, pero siempre pendiente de brindar consejos y enseñanzas a sus hijos, incentivando así su progreso moral e intelectual; y de su madre destacaría que “su bondad era proverbial para todos. Como nuestro padre empleaba la severidad, ella ofrecía la bondad que nos compensaba”. Mario Tomás se había adaptado demasiado bien a la vida de campo, repartiendo el tiempo entre su labor como funcionario público y el cuidado de algunos planteles de ovejas que había comprado. Juana, a su vez, ocupaba sus horas esquilando ovejas, criando gallinas y repartiendo huevos y productos caseros en esa zona. Había heredado de sus antepasados la habilidad de curar enfermedades mediante el uso de hierbas medicinales, y solía ponerla en práctica con los lugareños. Y, por supuesto, se encargaba de cuidar y educar a sus tres hijos. Los primeros 9 años de la infancia de Juan Domingo estuvieron marcados por los pormenores de la vida campestre. Tanto es así, que Juancito aprende a montar a caballo a la muy temprana edad de cuatro años, gracias a que su madre lo llevaba a cabalgar consigo desde que él era un bebé; y también gracias a las enseñanzas de su amigo, el domador Sixto “Chirino” Magallanes. Además, el duro trabajo en la estancia, el permanente contacto con la naturaleza y la relación con la gente sencilla y humilde del lugar, con quienes solía compartir historias de aparecidos y luces malas, son factores que van forjando su carácter y dejando una fuerte impronta en su estructura de valores. A Juancito también le gustaba portarse mal. Cuentan que solía asustar a una de las mucamas, corriéndola por toda la casa con un objeto muy peculiar: el cráneo del gaucho Juan Moreira. Este cráneo había sido obsequiado a su abuelo, Tomás Liberato Perón
(destacado médico durante la Guerra del Paraguay y senador mitrista) por un amigo suyo. La afamada calavera sería donada tiempo más tarde al Museo de Luján.
DE BUENOS AIRES A LA PATAGONIA Y VICEVERSA
En 1899, a raíz del difícil momento económico por el que atravesaba la familia, don Mario decide ir a probar suerte al sur. Luego de firmar un contrato con la empresa Maupas Hermanos, se instala en la estancia Chank Aike, ubicada al noroeste de Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. El resto de la familia se le uniría un año después. En el sur los inviernos eran ya de por sí muy crueles, pero cada cinco años ocurría lo que los lugareños denominaban “invierno malo”: a las temperaturas de hasta 28 grados bajo cero se le sumaban vientos huracanados de más de 100 km/h. A pesar de las inclemencias del clima y de la geografía, Juancito logra adaptarse a este nuevo entorno. Allí aprendería a cazar a la muy temprana edad de 8 años (o 10 si contamos desde 1893), época en la que su padre le regala una carabina calibre 22. Ambos emprenderían durante ese tiempo numerosas expediciones de caza, en las que don Mario aprovecharía cada situación para transmitirle a su hijo diversas enseñanzas. 1904, año de “invierno malo”, significó un nuevo y definitivo cambio en la vida del segundo hijo del matrimonio Perón-Sosa: la familia se muda de vuelta hacia Buenos Aires, tras una experiencia no del todo fructífera en la Patagonia. Pero esta vez Juan Domingo no se quedaría con sus padres y sus hermanos. En cambio, iría a parar a lo de su abuela paterna, Dominga Dutey, quien se encarga de ahí en adelante de cuidarlo y educarlo. “El cambio fue tremendo. De la libertad absoluta en medio de la cual le agradaba vivir a mi padre, pasé a una disciplina escolástica que debía transformarme y transformar mi vida. Al principio eso fue muy duro, pero resultó una gran escuela para la formación de mi carácter, forjado en las duras condiciones de la vida patagónica, donde sólo la lucha contra el frío representaba un esfuerzo casi sobrehumano. Ahora no era el frío lo que tenía que vencer, sino las exigencias estudiantiles, que eran mucho más engorrosas y difíciles para mí”, recordaría Perón años más tarde.
UNA ANÉCDOTA DE LA INFANCIA En su libro “Toponimia patagónica de etimología araucana”, Juan Domingo Perón rememora esta anécdota de su niñez, ocurrida durante sus años en la estancia “Chank Aike” (“Lugar del padre” en araucano), cercana a Río Gallegos: “Siempre recuerdo un caso que quedó grabado en mi pobre imaginación infantil: se trataba de un indio, de los que aún quedaban dispersos y abandonados en la inmensa Patagonia. Un día llegó a mi casa y pidió hablar con mi padre; él lo atendió como a un gran señor. Le habló en su propio idioma, el tehuelche, y lo recibió con el usual “Marí-Marí”. En seguida, entraron en confianza. El indio se llamaba Nikol-man que significa Cóndor Volador (Niko, que vuela, man, abreviatura de Manke, cóndor). No tenía el indio más
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que unas pocas pilchas y su caballito tordillo. Mi padre le dijo que podía instalarse en el campo, y le asignó un potrero donde le construyó una pequeña vivienda como las que usaban entonces los indios, media casa y medio toldo. Le regaló también una puntita de chivas. Cuando le pregunté a qué venía tanta consideración con un indio, me respondió: ‘¿No has visto la dignidad de este hombre? Es la única herencia que ha recibido de sus mayores. Nosotros los llamamos ahora indios ladrones y nos olvidamos que somos nosotros quienes les hemos robado todo a ellos. ¿Saben por qué en el campo la soledad es más grande que el horizonte? Porque el general Roca asesinó a los únicos seres humanos de esta llanura. Tanto es así que entregaron la vida
luchando por su tierra. Los indios pampas, los tehuelches, los pehuenches, fueron masacrados en nombre de la civilización. Ahora sus hijos son parias del destino. Roca les robó la tierra y la repartió entre sus lugartenientes. Algunos se quedaron con ella, pero la mayoría la vendió a acaudalados porteños. Así nació la oligarquía terrateniente, que sumergió al descendiente del aborigen aún más con el transcurso del tiempo y que limitó posteriormente, el acceso político de la inmigración europea a la propiedad de la tierra. Este es el origen de la pobreza de la gente’, nos decía. Los pobres de hoy son tratados como extraños, en la tierra que fue de sus antepasados”.
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LAS RAÍCES HISTÓRICAS Y CULTURALES DE LA SEDICIÓN POLICIAL CORDOBESA
EL REVIVAL LUMPEN DEL NAVARRAZO por
E
ALEXIS OLIVA
Fotografía El Argentino Córdoba
l imaginario corporativo de la Policía de Córdoba exhibe en sus vitrinas el caro “trofeo” de haber derrocado a uno de los mejores gobiernos de la historia de Córdoba. Aquel 28 de febrero de 1974, el golpe de Estado encabezado por el jefe de Policía, teniente coronel (re) Antonio Domingo Navarro, se llevaba puesto al gobernador popular peronista de Ricardo Obregón Cano y Atilio López, aún en vida del presidente Juan Perón y a menos de cinco años de la histórica rebelión obrera estudiantil del Cordobazo. Fue nada menos que la antesala cordobesa de la dictadura, que tendría en la fuerza policial a uno de los más sanguinarios tentáculos represivos al servicio del plan de exterminio comandado por Luciano Benjamín Menéndez, tan incontrolable que hasta en algunos casos se daba el lujo de matar, robar y violar sin pedirle permiso al señor general. Tras el retorno constitucional, tibios y vanos fueron los intentos de los sucesivos gobiernos provinciales para dotar a la policía cordobesa de una impronta democrática. Durante la gobernación de Eduardo César Angeloz, la política de “progresiva desafectación” de los policías que participaron del terrorismo de Estado no surtió efecto, como admitió el ministro de Gobierno de Angeloz, José Cafferata Nores, durante el juicio por el asesinato del ex senador radical Regino Maders (“Pueden haber quedado algunos”, respondía el ex funcionario a la pregunta de la abogada querellante María Elba Martínez). Entre esos “algunos” estaba Carlos Yanicelli, uno de los conspicuos represores del temible Departamento de Informaciones (D2) de la Policía, quien llegó a ser comisario mayor y jefe de Inteligencia Criminal ya durante el gobierno de Ramón Bautista Mestre. Incluso, cuando a mediados de 1997 arreciaron las denuncias de organismos de derechos humanos y del diputado provincial Atilio Tazzioli contra el hoy condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad, Mestre lo reivindicó públicamente por haber identificado a “infiltrados” en la protesta de los desocupados de Cruz del Eje: “Yanicelli fue quien organizó la tarea que nos permitió detectar la participación de esos sectores políticos en los conflictos y por eso es el centro de las denuncias”. Ese era el nivel de coherencia que acompañaba la supuesta “revolución educativa” que el mestrismo pretendía realizar en la fuerza de seguridad, al incluir en el plan de estudios de la Escuela de Poli-
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cía las materias de derechos humanos, sociología y psicología, que poca mella hicieron en la ideología autoritaria de la institución. Con la vuelta a la democracia, también hubo una iniciativa de formar un sindicato policial, legal y democrático, encabezada por Octavio Cuello, un ex comisario que había renunciado a la fuerza en desacuerdo con el proceso de “derechización” y las violaciones a los derechos humanos cometidas luego del Navarrazo. En agosto de 1989, en la víspera del día en que iban a elegirse las autoridades del gremio en el salón “Agustín Tosco” de Luz y Fuerza, un pan de trotyl explotó en el garaje del ex comisario haciendo rebotar su Fiat Regata contra el techo. Cuello y su familia se salvaron de milagro, pero de la sindicalización policial no se volvió a hablar en muchos años. Al llegar al poder, José Manuel de la Sota no se planteó en absoluto reformar la fuerza policial, sino “profesionalizarla” en línea con la “tolerancia cero” del Manhattan Institute, cuyo director ejecutivo, Carlos Medina, viajó junto a Juan Carlos Blumberg para bendecir in situ la franquicia cordobesa, y de paso deslizar aquello de que los chicos limpiavidrios, las trabajadoras sexuales y los vendedores ambulantes eran “terroristas urbanos que debilitan el Estado de derecho”. Era el maquillaje de un matrimonio de conveniencia entre los poderes político y policial, que tuvo su primera cita en junio de 2000, a poco de iniciada la primera gestión delasotista, en la represión a otra protesta de desocupados cruzdelejeños en la ruta 38, encabezada en persona por el jefe de Policía Luis Iturri, quien así demostraba la sujeción de la fuerza al naciente modelo cordobés con proyección presidencial. Como parte de ese pacto, durante los sucesivos gobiernos de Unión por Córdoba la tropa policial se duplicaría hasta convertirse en un ejército de 21 mil efectivos. Paradójicamente, el hijo preferido de ese matrimonio es un cruzdelejeño que se llama Alejo Paredes y además de ser coterráneo es discípulo y amigo de Yanicelli. Promovido por De la Sota a la jefatura de Policía y luego al poderoso Ministerio de Seguridad, era el hombre destinado a encarnar el futuro del “cordobesismo”, la expresión ideológica del conservadurismo insular contrapuesto a la política nacional. Este año, la investigación judicial y periodística a los policías vinculados al narcotráfico precipitó el retiro del jefe de policía Ramón Frías y del hijo-garante del matrimonio, que entraba así en una peligrosa
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crisis que el reclamo salarial policial terminó de convertir en un divorcio contencioso. Entonces, esa mezcla de Frankenstein de Mary Shelley y Leviatán de Thomas Hobbes se rebeló, recobró su antigua mística golpista y tomó de rehén a la comunidad que su creador dice gobernar.
EL MURO AZUL
Quienes encabezaron y/o alentaron esta contienda, además de una buena dosis de astucia y oportunismo político, demostraron conocer la verdadera función -y el consecuente poder- que tiene la institución policial en el contexto del capitalismo neoliberal (en este caso, del “cordobesismo”): una suerte de sólida pared medianera entre las clases alta y media y la clase de los excluidos. En momentos como este, cuando una (deliberada) falla en ese sistema de virtual privatización del servicio policial hace que el muro azul deje de funcionar, los excluidos avanzan (regresan) sobre el territorio de los incluidos buscando eso que les está negado. Entonces, la clase alta defiende su “seguridad” con guardias privados y la media saca del placard sus armas, sus prejuicios y su predisposición al linchamiento. “Creemos que llega de ciudad Evita”, conjeturó una médica el origen del joven de veinte años que llegó a la guardia del Hospital San Roque ya muerto por un disparo en la espalda. O sea, venía de uno de los guetos para pobres que inventó la administración delasotista mientras la iniciativa inmobiliaria privada -alentada por el mismo Estado- acelera la construcción de esos guetos para ricos que son los countries. Y así transcurre la vida “normal”, en los respectivos guetos separados por el vallado arquitectónico pero sobre todo por el cerco institucional policial, con una separación física entre las clases sociales que evoca al castillo medieval con pozo, cocodrilos y puente levadizo. Sin embargo, esos territorios están unidos por la televisión y una cul-
tura del consumo que hace que los excluidos conozcan (y deseen) lo que existe tras el muro y se precipiten a saquearlo sin detenerse a distinguir entre grandes y pequeños comercios. Simétricamente, del otro lado la misma televisión instala los estereotipos, exacerba los prejuicios y -sin demasiada sutileza- estimula la reacción violenta contra los marginados.
EN CLAVE DE FARSA
Hasta que de repente la Matrix de la “tolerancia cero” pestañea y ocurre un deja vu de los trágicos diciembres de 1989 y 2001. Pero esta vez en una versión policíaca, como si el gobernador De la Sota, quien tanto esfuerzo hace para borrar de la memoria colectiva el golpe de Estado policial de febrero de 1974 -del que quizás formó parte- contra Obregón Cano y López, tuviera ahora que enfrentar su propio revival lumpen del “Navarrazo”. Un tal Carlos Marx, quien primero y mejor pensó la lucha de clases, escribía: “La historia se repite primero como tragedia y luego como farsa”. 160 años después, desde una ilusoria isla mediterránea argentina, un imposible lector tensó tal extremo la peligrosa cuerda del poder que la realidad terminó dándole la razón. “Desde este momento la policía vuelve a estar al servicio de los cordobeses... Salimos a perseguir delincuentes y saqueadores”, fueron las palabras con que el Gobernador dio por terminada la crisis. Con tan elocuente declaración todo vuelve a la ilusoria normalidad, porque en este retorno en clave de farsa el creador del engendro ni siquiera parece obligado a pagar el costo político de su mala fe o -en el mejor de los casos- irresponsabilidad. Cuando el filósofo Hobbes quiso representar el poder absoluto del Estado, eligió como símbolo al Leviatán, un monstruo bíblico que habitaba las profundidades del mar. El que asola a la “isla cordobesista” es de color azul y le gusta sonreír para las cámaras.
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El ROCK en el renacimiento de la libertad L
por
MARINA MIGUEL
uego de la censura, la opresión, la muerte, la tortura y todos los peores calificativos que dejó la dictadura de Videla, el rock nacional fue uno de los géneros que más se expandió en la época de los ochenta. Todo empezó un poquito antes de la democracia, ya que con la guerra de Malvinas los militares se dieron cuenta que la mayoría de la música que se pasaba en los medios de comunicación era en inglés, por lo que la prohibieron totalmente. Fue entonces que los dueños de los medios optaron por poner rock nacional (que también estaba prohibido) pensando que probablemente el tango y el folclore no iban a dar el resultado nacionalista esperado. Ese impulso generó que artistas ya conocidos como Charly García, León Gieco y el Flaco Spinetta, empezaran a difundirse más, pero también aparecieron otros que en ese entonces se conocían como “bandas subterráneas”, una de las más populares fue Virus, que además de partir con la tradición de la era hippie, vino a incorporar la llamada ola New Wave en la que predominaban los sintetizadores, una moda especial y un sonido muy distinto. La década de los ochenta tiene características muy similares en casi todo el mundo, producto de los estereotipos y modas que se generaron en las sociedades luego de la aparición de algo que fue rotulado como “original”, pasando a ser objeto de imitación en muchas personas. Pero en Argentina la diferencia estaba en que efectivamente se salía de un periodo de terror que no dejaba mucho margen para nada que tenga que ver con el arte, y el rock tomó un protagonismo preponderante no sólo en la juventud, notándose esto en muchas de las letras de canciones que elegían hablar desde el compromiso y no
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solo de alegría y diversión. Fue una época explosiva en la que aparecieron muchos músicos que liberaban su ser a través de un movimiento como el rock, ocasionando una transformación cultural absoluta, que si bien fue una absorción de costumbres y modas de países anglosajones, penetró muy fuerte en muchos de los jóvenes de esa época, que sobrevivieron a la opresión y supieron liberar esa represión y transmitir esa energía a niveles populares. Porque si algo pasó con la apertura de la democracia en los ochenta, fue el inicio de uno de los capítulos más importantes de la historia del rock nacional, y sus protagonistas más importantes fueron bandas como Sumo, Los Abuelos de la Nada, Soda Stéreo, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, los ya mencionados Virus, Don Cornelio y la Zona, Los Twits, Suéter, Los Fabulosos Cadillacs, Los Ratones Paranoicos, Man Ray, Los Violadores, haciendo punk crudo, entre otros. Charly García, ya lanzándose como solista, dio un giro hacia esos sonidos de la nueva ola también, ejemplo de esto es el disco Clics Modernos. Lo que nos distinguió, en muchos sentidos, en toda esa ola de la New Wave que pegó fuerte en el país, fue que en ese momento de apertura, se abrieron muchas mentes, y se sumaron a esa expansión un montón de pibes con el espíritu de rebelión que los caracterizaba, haciendo de la Argentina un país en el que el rock como movimiento empezaba en convertirse en masivo, encontrando en él un lugar perfecto para la catarsis. Con solo analizar un poco los movimientos del rock en el mundo, se distingue que este país, además de ser uno de los primeros en cantar en castellano, es el que más bandas de rock
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Una vez iniciada la vuelta de la democracia, el rock nacional se convirtió en un movimiento muy popular: consagró a músicos que quedaron en la historia y alejó a otros que quedaron en el olvido. La llamada “primavera del rock” dejó en las páginas de la historia una inolvidable época que a muchos jóvenes de ahora les hubiera gustado vivir. La explosión democrática, sus virtudes y sus consecuencias.
aportó a la industria musical, a nivel mundial.
LAS CRÍTICAS
Es común que cuando algo que parece ser “para entendidos” u original, aparezca el debate sobre si lo popular es de calidad. A veces, con razón, otras quizás no tanto, pero para que el lector se oriente, una banda del momento, popular y con malas críticas especializadas es Tan Biónica. Y también hubo críticas desde ese punto de vista en esa época. Por ejemplo, en la Revista Humor, la periodista especialista en rock, Gloria Guerrero, lanzó una nota de opinión, en el año 1984, en la que se preguntaba si el género había crecido o se había multiplicado. En la misma, concluía que percibía poca creatividad, sonidos similares y mucho lucro. No estaba sola en su opinión, la acompañaron miles de lectores que escribían sus cartas de apoyo en las que opinaban en el mismo sentido, y rogaban no que aparecieran músicos genuinos solamente, sino que esos que estaban lo hicieran bien. “Me pregunto: ¿por qué en esta época donde no hay censura hay tan poca creatividad? Cuando en épocas de reciente democracia aún se sentía miedo y la creatividad no era poca ¿la libertad tampoco era mucha?”, rezaba una de las cartas de lectores. Miguel Zavaletta, líder de la banda Suéter, atribuía la popularidad del rock a que la gente “varía su punto de vista de acuerdo con las mareas”, en ese sentido, este género para él se había convertido en una marea del momento, que tenía sus clubs, modas, enfermedades, etc. Por ejemplo, en los setenta, muchos pensaban que tener el pelo largo era de “grasa”, y sin embargo, en los ochenta se convirtieron en “fans” del género.
Luca Prodan, el italiano que hablaba en inglés, tenía pinta de británico, y había venido al país huyendo del descontrol de drogas en el que se había sumergido en Londres, se convirtió en ese momento y lo sigue siendo hasta el día de hoy, en uno de los principales artistas del rock nacional. Pero más allá de hablar de su carrera musical, cuestión tratada en innumerables oportunidades por los medios, es interesante saber qué pensaba Luca de los argentinos. Él observaba mucho todo lo que pasaba a su alrededor, y opinaba desde su condición europea, con una mente muchísimo más avanzada en cuestiones de estilos musicales (por ejemplo, trajo el post punk y el reggae), que quedó representada en la música de Sumo. Para Luca, el argentino de los ochenta tenía “mucho ego”, todos se peleaban por nimiedades o por protagonismos, y solía decir que el porteño tenía una bronca “que es muy difícil que la saque de adentro”. De igual modo, lo sorprendía que se pensara que “lo de afuera es mejor”, incluso se reía de que él para todos era el mejor “porque venía de afuera” (30 años después, muchos argentinos siguen pensando lo mismo), y subrayaba el hecho de que cuando llegó compró equipos de sonido nacionales que funcionaban muy bien, y con eso salían a la escena. En definitiva, no hay dudas que el rock nacional se convirtió en esa época en una herramienta de expresión de la sociedad, que logró que muchos sientan, con palabras del periodista y ex combatiente de la guerra de Malvinas, Edgardo Esteban, que la música fue “un bálsamo para contener ese miedo a la muerte y empezar a buscar los caminos a la vida”. Para cerrar, una frase de Daniel Melero: “La gente, muchas veces políticamente, habla de revolución. Y yo creo que la revolución es un concepto muy antiguo y que nunca funcionó, ni siquiera la Revolución Francesa. Creo que lo único que hace que se produzcan eventos culturales y sociales importantes es el cambio; y definitivamente, en la década del 80 hubo un cambio”. Córdoba no fue ajena a la movida del rock, y el festival La Falda Rock fue uno de los sucesos más importantes en el que pasaron muchas de las más importantes bandas del país. Mario Luna, el locutor-conductor que se convirtió en el mayor difusor del rock a nivel local y también en otras provincias, era uno de los organizadores del festival, y tenía su programa de radio llamado “Alternativa”, en Radio Universidad. En lo que respecta a bandas, las subterráneas que aún se recuerdan fueron Los Enviados del Señor, los Feos, sucios y malos, Proceso a Ricutti de Tincho Siboldi, entre otros.
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7º MARCHA DE LA GORRA:
Expresión de alegría, resistencia y compañerismo por
El pasado 20 de noviembre, las calles del centro de la ciudad de Córdoba irradiaron alegría, colores, sonrisas, pancartas, música, banderas y diversas manifestaciones artísticas. Esos fueron los componentes vitales de la 7º Marcha de la Gorra y la consigna que idearon este año fue “Tu seguridad nos limita; nuestra resistencia es infinita”. Ese día alrededor de 20.000 personas marcharon por las calles del centro.
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LAURA GÓMEZ
Fotografía Alumnos EPMC y Viviana Toranzo
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l trayecto comenzó en la intersección de Colón y Cañada, allí se juntaron miles y miles de jóvenes de los barrios de la ciudad. El motivo que los unió a marchar fue la derogación del Código de Faltas, ley provincial que avala las detenciones arbitrarias de la policía. La Marcha de la Gorra se realiza desde el año 2007 y surge como resistencia a la persecución policial que sufren cotidianamente los y las jóvenes de nuestra ciudad; política de seguridad implementada durante el primer mandato del gobierno de José Manuel De la Sota (2003) enfocada a estigmatizar a un sector, los jóvenes, por llevar una gorra, determinada vestimenta, prejuicio de identidad o portación de rostro. La Marcha es organizada, año tras año, por el Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos, junto a numerosas organizaciones sociales, barriales, estudiantiles, radios comunita-
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rias, colectivos artísticos, sindicatos, etc. La voz de Bichi Luque, integrante del Colectivo de Jóvenes, guió la enorme movilización y algunas de sus expresiones fueron: “No es merodeo, es paseo”, “Esta es nuestra forma de resistir, esta es nuestra forma de construir, es colectivamente”. Luego, durante el avance de la marcha, tomó la palabra Rodrigo Oliva, también integrante del Colectivo y manifestó: “Al Gobernador de la provincia de Córdoba: basta de abuso policial contra los jóvenes, basta de torturas en las comisarías, basta de desapariciones en democracia”. La Marcha de la Gorra se ha instituido en una de las más importantes en la ciudad de Córdoba por la cantidad de personas que moviliza y por la diversidad de organizaciones y de partidos
perseguirnos, violentarnos, discriminarnos, prejuzgarnos, criminalizarnos. Tenemos mucha fuerza y alegría, caminamos juntos en resistencia contra quienes nos oprimen y silencian, nos encontramos en cada esquina celebrando el día a día”, sintetizaba el documento. El que finalizaba con las repetidas demandas de los jóvenes: “Abajo el Código de faltas. Justicia por los crímenes de Jorge Reyna, Ian Durán, David Moreno, Braian Palomeque, Carlos Cejas y por todos y todas los asesinados y desaparecidos en democracia. Aparición con vida de Facundo Rivera Alegre y Yamila Cuello.” Antes y durante la lectura del documento sucedieron algunos incidentes como las pintadas en la Catedral e insultos a policías. Estos hechos, no perduraron más de diez minutos y fueron repudiados desde el escenario por el Colectivo de Jóvenes. Sin embargo, algunos medios tomaron las pintadas como el hecho más significativo y nada dijeron sobre la multitud que asistió, las distintas expresiones artísticas presentes ni sobre la principal demanda de los jóvenes. Esos medios tomaron solo una foto, las pintadas a la Catedral, y las difundieron y no pararon de recibir comentarios de desprecio hacia el conjunto de personas que asis-
políticos que participan. Es una construcción colectiva que año a año suma más y más “militantes” de su causa. La inmensa movilización siguió el ritmo de las murgas. El espíritu que predominó fue la alegría callejera. El recorrido concluyó en el escenario tradicional, en la plaza San Martín. El Colectivo de Jóvenes por Nuestros Derechos llegó al escenario, aguardó unos minutos y dio comienzo a la lectura del documento. Subió Bichi con Viviana Alegre, madre de Facundo Rivera Alegre; luego se sumaron los padres de Jorge Reyna. “Con esta séptima Marcha de la Gorra buscamos visibilizarnos como actores protagonistas de un cambio. Exigimos que se deje de
tieron y organizaron la marcha. Al día siguiente, el Gobierno provincial emitió un comunicado en los principales canales de tv repudiando las pintadas y llamando a garantizar el funcionamiento de las instituciones. Este hecho en particular habla del conservadurismo que impera en la sociedad cordobesa y en los funcionarios que nos gobiernan y de lo que ciertamente les importa; muy lejos de entender lo que moviliza a miles y miles de las personas que marcharon. Porque esas pintadas se pueden reparar pero la humillación, los asesinatos, las desapariciones, la violencia psicológica y física que reciben diariamente los y las jóvenes marcan lo más profundo del tejido social.
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PAN COMIDO festejó sus 15 años, Celebrando la poesía en Córdoba por
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LAURA GÓMEZ
Debo reconocer en la heterogeneidad de esta convocatoria la labor de Pan Comido. Yo creo que es una mística, una mística de 15 años, joven y porqué no, también, inmemorial. Ellos, creo que con cierta astucia verbal, se denominan así, precisamente, porque saben que su esfuerzo no es para nada Pan Comido.” Así se manifestó Osvaldo Guevara, poeta de Villa Dolores, durante el festejo de los 15 años del Grupo de Poesía Pan Comido, realizado el pasado 8 de noviembre, en el subsuelo del Centro Cultural Néstor Kirchner de Radio Nacional. Pan Comido es un grupo de poesía que lleva 15 años participando de la escena cultural cordobesa. Ha forjado un camino marcado por la constancia de estar en movimiento y el trabajo colectivo. La principal tarea que desarrollaron durante estos años es la de propagar la palabra, año tras año organizaron lecturas, editaron plaquetas y libros de poemas. En el año 2012, organizaron conjuntamente con el Espacio para la Memoria La Perla y el programa Derecho a la Cultura de la UNC, el ciclo de poesía y memoria “Habitar el Grito”, que consistió en tres
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encuentros de lecturas y talleres realizado en el espacio La Perla. En marzo de este año presentaron el libro “Habitar el Grito”, en la ciudad de Córdoba; en los meses siguientes lo hicieron en distintas localidades de la provincia. El libro cuenta con producciones de 25 poetas locales. En los últimos años editaron ocho títulos de la colección Música del Lugar. El texto de cada contratapa de los libros dice: “es una colección que busca tonadas en la experiencia de la poesía presente. Hacer libros para dar poesía. Hacerlo exige un esfuerzo, una conciencia y una creencia en lo que damos para ser compartido. Como pan.” El pasado 7 de diciembre se presentaron dos libros nuevos de la colección: La impropiedad de Alejandro Schmidt y Cortar por lo Sano de Liliana Lukin. El grupo de poesía Pan Comido busca el intercambio de experiencias, el compartir la poesía con otras y otros. En todo este tiempo han construido un modo de hacer poesía a través de las plumas de Fernando Bellino, Ceferino Lisboa, Alexis Comamala, Juan Sthali, Pablo Carrizo, Andrés Rubino y Fabricio Devalis.
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LA CULTURA POPULAR EN 30 AÑOS DE DEMOCRACIA
CONTAR Y CANTAR EN LIBERTAD por
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LAURA LUQUE
on las palabras del más grande pensador popular argentino puedo comenzar a profundizar en los sinuosos caminos recorridos por nuestra cultura popular en estos 30 años de vida democrática argentina. Las prohibiciones y censura impuestas por la casi década militar hacia la mayoría de nuestros artistas, marcaron un quiebre profundo en la forma de vida de los argentinos. Sabemos que hubo una razón, un objetivo y un logro. Siempre, en una interrupción institucional, lo primero es perseguir a los militantes y a los poetas y músicos populares -vocaciones que se entrecruzan muchas veces-, cineastas y actores. No es que las demás vertientes de la cultura no sufran censura, pero el ensañamiento mayor es contra aquellos artistas que llegan masivamente al corazón del pueblo con mensajes de libertad, de lucha y esperanza, porque los pueblos en pie de lucha, los pueblos alegres no se dejan vencer. Pero lo consiguieron: nos entristecieron, ensombrecieron nuestras virtudes creativas, pusieron límite a toda capacidad de reunión que perturbara el ansiado orden que tanto querían... y casi nos vencen. Pero no, aquí estamos combatiendo alegremente. Poco antes del regreso de la tan ansiada democracia en 1982, cuando la dictadura preveía su ocaso, Mercedes Sosa pudo regresar por unos días a cantar en Buenos Aires. Once recitales en el Gran
Rex, acompañada por José Luis Castiñeira de Dios y el guitarrista uruguayo Omar Espinosa, fueron el primer indicio de que la historia estaba por dar un giro importante. Su regreso definitivo al país no se produjo hasta 1984 y la mayoría de nuestros exiliados o incluidos en “listas negras” comenzaban a desfilar otra vez libres por los distintos escenarios que los habían visto brillar. Pero ¿qué tan libres eran?, lo suficiente como para seguir creando, conmoviendo y convocando a los argentinos a dejar el encierro por temor y volver al cine, a los teatros y a los recitales. Pero en parte del pueblo aún reinaba el miedo a expresarse, la palabra parecía ser todavía patrimonio de quienes habían sembrado el terror y costaba vencer esa sensación. Por otra parte, la cultura no era política de estado en esos primeros años de democracia. La era alfonsinista prometió más de lo que dio, aún en materia cultural. Sí, es cierto que hubo un intento de instaurar algunos valores artísticos, vale citar al entonces canal ATC y algunos ciclos muy creativos como Situación Límite, La noticia rebelde, De fulanas y menganas o Nosotros y los miedos, aunque también inauguraba la era “Hola Susana”. Algo similar sucedía en los canales 11 y 13, que por entonces eran propiedad del Estado y que apenas podían enorgullecerse de Badía y compañía y poco más. Nuestros cineastas presentaban muy buenas producciones, mas el imperio del norte nos colonizaba y el
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Carlos Gorostiza y Marcos Aguinis (Alfonsín), Julio Bárbaro (Menem)
alicaído cine hollywoodense hacía pie en nuestras pantallas grandes y chicas, y poco a poco nos fuimos alejando del cine nacional. Un dato para nada menor: nos regía la Ley de Radiodifusión, decreto promulgado por Jorge Rafael Videla, con varios intentos de modificación que no prosperaron en el Congreso Nacional durante la primer media década democrática. En la música se daba otro fenómeno: con folkloristas y tangueros fuera del país o fuera del mercado, a principios de los ‘80 habían resurgido con fuerza grandes figuras del rock nacional: Charly García, Lito Nebbia, el “Flaco” Spinetta -ya conocidos- y tantos otros que surgieron entonces, mientras que dos figuras poco nobles ejercían influencia excluyente sobre el tango y el folklore: Silvio Soldán y Julio Márbiz, quienes terminaron “adueñándose” de los destinos de la música popular argentina. No había política cultural que pudiera evitar tales avances privados sobre lo que mayor carácter público tiene en este mundo: la cultura del pueblo. Los 90, con la llegada del menemismo, solo consiguieron ahondar las falencias cuando se comenzó a hablar de globalización, primer mundo, relaciones carnales y otras yerbas. La era de las privatizaciones remató a precio vil dos canales estatales en manos privadas: el 11 para el grupo dueño de Telefé y el 13 para Clarín -que ya usufructuaba gran porcentaje de papel prensa- y anuló los decretos que impedían la concentración de medios. Julio Márbiz avanzaba sobre el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), ATC, Radio Nacional y el Festival de Cosquín. Lo digitaba todo con un criterio personalista de permitidos y no permitidos que era avasallante y que tuvo efectos demoledores. Cuando el hombre nacido en Noetinger dejó la conducción del viejo Canal 7, éste quedó en manos del inefable Gerardo Sofovich, que lo convirtió en una incesante zaga de juegos, peleas al estilo farándula porteña y programas carentes de contenido, más signos inequívocos de una fuerte corrupción empresarial. En los años del menemismo, la cultura era sinónimo de circo y las estrellas de los medios de difusión eran el “rating” y lo redituable. Las discográficas argentinas eran parte del recuerdo -con la sola
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excepción de Melopea- y las multinacionales convertían en verdad el falso lema “el público elige a algunos artistas y a otros no, el verdadero talento es saber llegar al público y vender el disco”, de la misma manera que las “latas” compradas a bulto cerrado llenaban nuestros televisores con lo menos bueno del cine yanqui. Lo cierto es que gran parte del público termina por elegir aquello que los grandes medios difunden minuto a minuto, con interés publicitario, realidad que ha sometido a las expresiones autóctonas y auténticas a escenarios menores u horarios menos significativos en los grandes escenarios. Desde esta perspectiva, asistimos a dos décadas de altibajos, con intentos de profundización que quedaron solo en eso: intentos. A comienzos del presente milenio, los músicos seguían sin la Ley de Música y los actores sin la ley que protegiera sus intereses ante las innumerables repeticiones de los canales que no veían rentable invertir en producciones locales, y de los teatros que apostaban solo a las vistosas obras de revista y los cineastas debían conseguir un co-productor en el extranjero. Aún sin olvidar tres grandes obras que dan cuenta del genial talento de nuestros artistas, como son “Taki ongoi” de Víctor Heredia, “De Ushuaia a La Quiaca” de León Gieco y Gustavo Santaolalla y “La Naturaleza” gran creación de Antonio Tarragó Ros, y aún cuando al menos el rock nacional y el folklore contaban con espacios propios en conciertos y festivales, lo cierto es que no hubo una contención real que diera respuesta especialmente a las nuevas figuras que iban surgiendo. Podemos decir que a partir de 2003, cuando cambia la concepción de política y estado, cuando se avizora otro rumbo para nuestro país y para las nuevas generaciones y por fin damos un giro, enfocamos hacia nuestro continente y empezamos a reconocernos un poco más como somos, recién allí se comienza a hablar de “la batalla cultural” que debía darse. Esa gran batalla que nos debíamos desde el 76 en materia histórica, educativa y cultural. En esta década ganada los músicos tienen su ley, al igual que los actores. Todos y todas tenemos ahora una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y discutimos el rol de los grandes medios
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Jorge Asís (Menem), José Nun (Kirchner) y Jorge Coscia (Fernández)
monopólicos en la formación de opinión y en las elecciones del público. El INCAA ha promovido la creación audiovisual en cada provincia, en cada pueblo de nuestro territorio, con sentido federal, donde pueden lucirse los paisajes y los actores del interior. La Secretaría de Cultura genera programas de promoción del tango y otras manifestaciones musicales. No es casual que la mayoría de los cantantes, músicos, actores, actrices y directores apoyen este Proyecto Nacional y Popular, y hayan salido a defender la ley que busca frenar los abusos de los monopolios mediáticos y el feroz avance de la música extranjera pisoteando la nuestra. Que esto no se entienda como un ataque xenófobo a otras expresiones enriquecedoras. No es ese el concepto, pues el arte no debería tener fronteras. Sin embargo y aunque muchos gringos bailen el tango en otros países, ningún fan norteamericano o europeo se pasea por sus calles con una remera o una vincha celeste y blanca o una chacarera en su celular o su ipod y sí se ve aquí miles de fans ardiendo por un canadiense de dudosa calidad vocal, o pinta banderas inglesas en una dirección -léase one direction- que no tiene regreso, mientras Argentina lucha afanosamente con el Reino Unido por la soberanía en Malvinas. Y es que la batalla cultural tiene que ver con recuperar nuestra mirada, nuestro arte, para construir nuestro destino soberano. Como en esos versos de Eladia Blázquez y Chico Novarro, que nos proponen: “… ser al menos una vez nosotros, sin ese tinte de un color de otros, recuperar la identidad, plantarnos en los pies, crecer hasta lograr la madurez, y ser al menos una vez nosotros, bien nosotros, tan nosotros ¡como debe ser!” A modo de cierre, citamos parte de la entrevista realizada al Director Nacional de Arte, José Luis Castiñeira de Dios, donde expone su visión de la cultura en estos 30 años de democracia. “A estos treinta años los he visto como un periodo de inclusión dado el fenómeno de censura tan profundo que habían impuesto los militares por el terror, que caló muy hondo en la sociedad. Y lograron su resultado, como cuando después de haber perseguido a los roc-
keros desde el 76, ante la guerra de Malvinas los desempolvaron y los largaron a entusiasmar a los pobres conscriptos que eran de su generación y le asestaron un golpe mortal, por ejemplo, a la música folklórica en esos años. Porque expulsaron a buena parte de las figuras principales, prohibieron la difusión de sus obras y ni que hablar con todo lo relacionado al pensamiento: literatura, cine, investigación científica... Entonces cuando llega Alfonsín al gobierno y todo el mundo quiere participar, la preocupación era recuperar la vida social ante una sociedad aterrorizada que no hacía ni siquiera reuniones de consorcio por no correr el riesgo de ser vistos con más de dos personas. Así, volver a ocupar espacios, volver a ocupar la calle tuvo todo un sentido, por un tiempo. Luego vino la desilusión porque todo lo que tuvo que ver con la empresa cultural se fundió. Además, el alfonsinismo apoyó una idea de modernidad que en Argentina siempre ha sido nefasta pues siempre se hace a costa de lo acumulado por el pueblo en su paso por la historia. Cuando asumió Menem, su primer gobierno tuvo una impronta federal muy importante y hubo políticas que favorecieron a distintas expresiones de la cultura, aunque hoy no sea políticamente correcto decirlo. En esos años se hizo la nueva Ley de Cine, la Ley del Teatro, se construyó mucha infraestructura, y al mismo tiempo se produjo un daño terrible en el campo de la televisión, donde personajes como Márbiz crearon una contracultura con aspectos brutales confundiendo la cultura en sí con la cultura del espectáculo. Por eso creo que la gran esperanza se renovó con Néstor Kirchner, que recuperó el sentido latinoamericanista, que es un valor ideológico que había desaparecido por desinterés total de las elites argentinas, con un nuevo pacto de las clases medias con el peronismo y la inclusión de sectores no peronistas muy valiosos como Carta Abierta, de intelectuales produciendo contenidos. Y ejerciendo un gobierno que incorporó a los jóvenes a una participación política, que es un factor cultural, ya que los incorporó con sus propios pensamientos y valores, haciendo una revisión del pasado que nunca se había hecho en los 20 años que llevábamos de vida democrática. Estos -creo yo- han sido los aportes fundamentales de este proyecto a la cultura”.
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DEMOCRACIA DE AQU por
SERGIO TAGLE
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Se trataría de pensar el futuro en base a la experiencia del pasado reciente. La perspectiva de Alicia Gutiérrez1 va a orientar este repaso. En la línea del sociólogo francés Pierre Bourdieu, Gutiérrez recuerda que los hechos no hablan por sí mismos; “no tienen sentido independiente de la grilla de lectura que cada uno le aplique”. Es el investigador/a o el observador/a, el o la militante quien hace hablar a la realidad a través de un método. Esta “es compleja y presenta múltiples aspectos que pueden aprehenderse de modo diferente según el marco teórico del cual se la aborda. Según la perspectiva de análisis del investigador, ciertas facetas de lo real serán percibidas como más importantes, otras como secundarias o accesorias, mientras que otras podrán no ser tenidas en cuenta”. Los treinta años de democracia, decimos nosotros, no hablan por sí mismos. Están allí y son susceptibles de muchas miradas retrospectivas. Los conceptos producidos por experiencias nacionales-populares-democráticas van a constituir el marco teórico desde el cual los vamos a observar. Solo nos va a interesar lo que contribuya a una democracia del presente y del futuro. En este sentido, daremos por sabidas o –a los efectos de estas líneas- “secundarias o accesorias” las críticas que desde la izquierda, el progresismo y otras corrientes de pensamiento se realizan a las décadas del ochenta (obediencia debida y punto final y otros) y a la década del noventa (neoliberalismo). La “grilla de lectura” para valorar hechos, discursos, políticas, estará conformada por tres conceptos, Patria, Libertad e Igualdad, que operarán como principios de comprensión y de acción. La tríada fue propuesta por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el discurso pronunciado el 23 de octubre de 2011, después de su reelección. Nos permitirá reconocer y valorar tendencias hacia la autonomía nacional (Patria); hacia derechos civiles (Libertad) y hacia formas no opresivas de organización social (Igualdad). El peronismo histórico aportará las nociones de “vivir bien aquí y ahora”, formuladas como “bienestar del pueblo y grandeza de la Nación” sin precisiones instrumentales ni ideológicas.
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LOS ‘80
histórica de los años setenta que suponían. Hasta ese año para los movimientos de liberación y fuerzas de izquierda, “los derechos humanos eran derechos de la burguesía”. En la década del noventa, instituciones y partidos políticos fueron eclipsados por el poder económico. Estallaron en el 2001. Comenzaron a recomponerse a partir de 2003. Hoy, ¿es necesario que recuperemos el énfasis que ponía la década del ochenta en los partidos políticos, en la fortaleza y respeto de instituciones? La respuesta provisoria puede ser “sí”. Los acuartelamientos policiales y estallidos de diciembre de 2013 así lo sugieren. Se tratará, claro, de pensar y discutir “qué instituciones”. La institucionalización de nuevos derechos sociales permite que estos perduren más allá de los gobiernos. El discurso de mayor volumen doctrinario y conceptual de estos años fue pronunciado por Raúl Alfonsín en Parque Norte, el 1º de diciembre de 1985. Allí propuso una tríada formada por los valores-principios modernización económica, democracia participativa y ética de la solidaridad. Los dos últimos cuentan con consensos unánimes. Al menos, nadie se opone a ellos explícitamente. Los consensos universales son buenos puntos de partida para la construcción de hegemonías culturales. La participación democrática es un valor aceptado por todos. Falta acordar: ¿qué decimos cuando hablamos de democracia
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La primera década de la democracia post dictadura tuvo como plataforma a la Constitución liberal de 1853. La campaña electoral de Raúl Alfonsín se basó en el recitado de su Preámbulo. Las insuficiencias de este texto para dar cuenta de la realidad actual son casi evidentes. No obstante, el discurso fuertemente institucionalista de la época puede conservar actualidad. Los partidos eran postulados como actores de la democracia. El liberalismo democrático del alfonsinismo incorporó a los Derechos Humanos como reivindicación popular. No importa acá que fuesen acotados a los crímenes de la dictadura ni la lectura
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PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
UÍ EN MÁS
participativa?, ¿cuáles son los mecanismos institucionales que la hacen posible?, ¿el plebiscito, el referéndum, la consulta popular? Venezuela, Bolivia y otros países de la región entendieron que una democracia es popular en tanto y en cuanto esta popularidad se valide entre elección y elección, escuchando lo que la comunidad quiere y desea cada vez que se deciden y dirimen cuestiones que incumben a su vida. La democracia argentina bien podría tomar nota. La ética de la solidaridad en un sentido abstracto también es un principio trans-ideológico. Refiere a una nueva cultura. En los años noventa, el “individualismo competitivo” fue forma de ser y de actuar, es decir, cultura. También en esta década se fue construyendo una ética de la solidaridad, aunque en los bordes del modelo. Una “ética de la supervivencia solidaria” que adquirió las formas de ollas populares, comedores comunitarios, redes sociales de ayuda mutua. En la última década adquirió el nombre de “la Patria es el otro”. Un nuevo paradigma democrático bien podría proponerse estas dos consignas como metas culturales: una ética de la solidaridad y la Patria es el otro. La modernización económica no debiera ser de cualquier tipo. La de los noventa fue neoliberal. Pero la modernización como principio es inexorable, si se comparte la idea según la cual la realidad cambia en forma permanente. Los principios de justicia,
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Una evaluación que aspire a extraer aportes para le definición de un nuevo paradigma democrático-popular de liberación puede encontrar en cada decenio experiencias y conceptos útiles para pensar la democracia para el presente y el futuro.
equidad, igualdad social se debieran considerar permanentes. Los instrumentos para concretar estas nociones suelen ser diferentes en épocas diferentes. El apunte puede ser el siguiente: modernización permanente de instrumentos que concreten principios permanentes de justicia e igualdad social. Y de producción. La actual democracia boliviana agrega “amigable con la naturaleza”.
LOS ‘90
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¿Es posible rescatar algo de la década que un consenso califica como “maldita”? Un pensamiento que antiguamente se llamaba “dialéctico” consideraba que de toda experiencia (no importa si buena, regular o mala) se aprende, en tanto y en cuanto esta sea examinada de manera adecuada. Esta manera de ver las cosas permite extraer como enseñanzas la necesidad de imprimir eficacia y eficiencia al Estado y a las empresas estatales. No ocurrió en este período, pero la ausencia de estos atributos fue una causa (obvio, no la única ni la principal) de su vaciamiento y destrucción. Una democracia que valore la importancia del rol del Estado en la economía deberá saber que las empresas estatales se legitiman socialmente, es decir, democráticamente, a través de la calidad y la universalidad de sus servicios. La década del noventa nos enseñó que, si esto no ocurre, se privatizan.
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Este período también nos enseñó que la estabilidad económica y la inflación no son cosas exclusivas de neoliberales. La estabilidad económica y de precios es valorada positivamente por mayorías populares y fue motivo de la legitimidad democrática que tuvieron estos años. Donde hay poder hay resistencia. Una mirada completa a cualquier período debe incluir ambos aspectos de cualquier régimen. La hegemonía neoliberal tuvo su impugnación. Esta tuvo por sujetos a movimientos sociales que tuvieron el signo de la diversidad: derechos humanos, trabajadores desocupados, sindicales, diversidad de género, asambleas populares, fábricas recuperadas y la multiplicidad de redes de solidaridad que asumieron las posiciones de resistencia que colaboraron con el fin de la convertibilidad y los sucesos de 2001. Este es otro saldo favorable a una democracia popular-participativa que articule instancias de representación institucional con deliberación social organizada.
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2001
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¿Qué nos aporta la crisis del 2001 en la perspectiva que estamos ensayando? ¿La debilidad o la fortaleza del sistema democrático? La alternativa a la cantidad de presidentes en pocos días no fueron los militares ni otra posibilidad extra-institucional. Ese año nos dice que la peor crisis social y económica se resuelve en marcos democráticos.
lación voluntaria. Se hace cuando se lo desea y se deshace cuando se lo desea. Los lectores de El Avión Negro conocen de una renovada integración de Argentina al mundo a través de Latinoamérica y –en general- los méritos del kirchnerismo. No seremos redundantes al respecto. La emergencia de una memoria histórica que valora acontecimientos liberadores también recordó que es posible volver a pensar en antiguas ideas de revolución. Quienes se entusiasmen con esta idea tienen el trabajo de actualizarla a las exigencias de una realidad tan diferente y compleja como lo es la realidad nacional y mundial de este Siglo XXI. La experiencia de estos treinta años servirá para pensar en los modos en que se articulan las nociones y las prácticas de democracia y revolución. En América Latina, quienes hablan e intentan transitar hacia un Socialismo del Siglo XXI lo piensan y hacen construyendo consensos mayoritarios en esta dirección, ganando elecciones, institucionalizando avances en justicia e igualdad social, derechos humanos, sociales y civiles, haciendo esfuerzos por compatibilizar derechos de mayorías y derechos de minorías, definiendo una nueva cultura que anticipe la sociedad deseada. Dicho en otras palabras: también contribuyen a un nuevo paradigma revolucionario los valores y aportes susceptibles de ser recuperados de los treinta años de democracia, entendidos como experiencia colectiva de aprendizaje.
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PRESENTE Y FUTURO
LA ÚLTIMA DÉCADA
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Los últimos diez años retomaron la bandera de derechos humanos inconclusa de los años ochenta y la llevaron hasta sus últimas consecuencias. Memoria, Verdad y Justicia. Juicios. Condenas. La democracia de un futuro cercano deberá pensar en derechos humanos pos justicia respecto de los crímenes de la dictadura, toda vez que esta tarea democrática ya estará realizada. Deberá custodiar y garantizar el ejercicio de derechos humanos de segunda y tercera generación. La última década hizo otro aporte fundamental para una democracia, la independencia del poder político del poder económico y otros poderes corporativos. El poder político es votado, emana de la voluntad popular. Los otros no. También aclaró el rol político que desempeñan los medios de comunicación y dejó una ley democrática al respecto. Una democracia del futuro inmediato deberá pensar en la letra chica, en la “sintonía fina” de la nueva Ley de Medios, aquella que es posible atender después del conflicto con el Grupo Clarín. La última década aportó la idea según la cual si no hay inclusión social no hay derechos democráticos. Derechos de las llamadas minorías, derechos civiles. Progresos en la democracia del cuerpo. Cada quien decide su identidad de género. Es posible pensar en decidir sobre la propia muerte. El matrimonio es una re-
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“Democracia para siempre”. Esta fue la consigna del 10 de diciembre de 2013. A treinta años de 1983 el país está en condiciones de preguntarse qué democracia. El peronista la podrá adjetivar como una democracia con justicia social, soberanía política e independencia económica. El kirchnerista le podrá agregar derechos humanos, sociales y civiles. El radical podrá mentar el respeto de la constitución, división de poderes. El liberal podrá hablar de República y la izquierda podrá decir, además, con igualdad social y perspectiva de cambio de sistema. Todas estas tradiciones pueden ser sintetizadas en “una democracia que realice los ideales modernos de libertad e igualdad”, y esté atenta a las diferencias entre este siglo y el anterior. También estas matrices de pensamiento y fuerzas políticas podrán pugnar entre sí o conformando alianzas por imprimir su sello a la democracia. No hay democracia sin conflicto y los actores del conflicto entienden a la democracia como un tema fuera de discusión. Parafraseamos a Ernesto Laclau: las instituciones sin conflicto son la paz de los cementerios; los conflictos sin mediaciones institucionales son el manicomio. La democracia es una alternativa al cementerio y al manicomio. Por esto, quizá, en 1983 la consigna era “100 años de democracia” y hoy es más, es “Democracia para siempre”. 1 Alicia B. Gutiérrez ,“Pierre Bourdieu: las prácticas sociales”.
Por qué desperdiciaste ¡Oh naturaleza! tus maravillas con semejante gente Lord Byron. Peregrinación de Childe Harold, 1881. Por Horacio Lonatti
PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
CUENTO CON FINAL FELIZ por
L
os registros históricos de la Argentina del Siglo XXI han desaparecido, destruidos en las postrimerías de la última década por orden de la presidenta Carrió, quien pretendió eliminar las noticias de esa época oscura. La memoria popular, no obstante, recuerda que después de múltiples intentos, en plena ancianidad, fue designada Presidenta por una asonada militar que la tuvo de líder civil. Su gestión duró algunos años, en los cuales procuró unificar el país, luego de que lo hubiera dividido en múltiples fracciones, y vuelto a dividir, llevándolo próximo a la disolución. En ese período, algunas provincias se independizaron, logrando el reconocimiento internacional y el establecimiento de aduanas propias. El espíritu aislacionista de sus gobernadores los llevaron incluso a establecer vínculos directos con el Fondo Monetario Internacional, contraer empréstitos y ceder empresas públicas a las multinacionales, en afanosa búsqueda de originalidad política y equilibrio financiero. La Presidenta comprendió la gravedad de la situación con motivo de una anécdota, que la tuvo de protagonista. Cierto día, navegando en yate por el río Paraná, practicando su deporte preferido, preguntó a unos pescadores, con quienes se cruzó casualmente, si eran argentinos. Le respondieron: -- No señora. Somos cordobeses. Sorprendida, envió al estudioso Dr. Fantini, profesor igualmente anciano para esa época, a realizar una investigación minuciosa sobre las condiciones en que transcurría la administración provincial. El informe resultó una exposición elocuente de la gravedad de la crisis y las dificultades que debía enfrentar la Presidenta. Fantini definió la situación de la provincia como producto de la doctrina del cordobesismo, propuesta por su Gobernador, que era, ni más ni menos, que la intención manifiesta de abandonar la pertenencia de la Nación y ejercer la autonomía total a raja tabla. Su Gobernador, figura ignota anteriormente, aparecía como abanderado del pueblo mediterráneo, y tal fue su fervor reaccionario, que no solo regimentó el trabajo público y privado,
HORACIO LONATTI
sino que pretendió salvar la raza, impidiendo la contaminación étnica, adoptando leyes norteamericanas como la Origins System de 1927, restringiendo el ingreso de especies inferiores, discriminando a migrantes norteños. La deriva conservadora del Gobernador resultó calamitosa, poniendo en riesgo la integridad territorial y la convivencia social. Pese a la ausencia de documentación fidedigna, la epistemóloga Dra. Sarlo, años después, exhibió una carta remitida por el Capellán de la Catedral a la Presidenta, donde denunciaba la angustiosa condición de la vida local, acusando al Gobernador de supersticioso e ignorante, no así de corrupto pese a su convivencia con asaltantes y asesinos impunes, a quienes otorgaba beneficios y autoridad pública. La eminente figura intelectual de la investigadora torna verosímil lo sucedido. El País caminaba por un sendero terrible e inclinado al abismo. Felizmente, la Presidenta entendió la gravedad de la crisis institucional y, sin conservar cuanto había de su autoría, temió sinceramente que la bancarrota produjera un daño irreversible del cual el país no podría volver. El cordobesismo se repetiría en Santa Fe, Corrientes y cuantas provincias lo imitaran, destruyendo definitivamente a la Nación. Ninguna historia antigua sería peor al presente, y su memoria resultaría execrable. Poco después, la Dra. Carrió enfrentó una alianza provincial perversa y reaccionaria, que alistó su ejército y dispuso maniobras de aniquilamiento. Ahora quienes intentaron salvar a la Nación del Movimiento Nacional y Popular, instaban la guerra en un país disperso, anarquizado y gobernado por personajes venidos de modo oscuro y criminal, arriesgando la integridad de la República. Paradójicamente, quienes se enfrentaban estuvieron unidos en el llamado Grupo A de diputados que conspiraron contra el gobierno peronista y, ahora, de manera diabólica, disputaban el poder entre ellos, desconociendo los límites y el objetivo real de cada uno. Ambos grupos sabían que debían reinscribir la historia con una mitología delirante, intentar una refundación mentirosa y destruir al
contrincante, para impedirle que lo incluyeran entre los vencidos. Con frecuencia, la leyenda hace de los héroes seres simultáneamente atractivos y repulsivos, propensos a favorecer o destruir las mejores costumbres de la Nación, imponiendo finalmente a los virtuosos que corrigen los entuertos y ponen al país en buenas manos. La Dra. Carrió, sacudió sus hábitos descuidados, creyéndose destinada a reconstruir con autoridad la historia que había saboteado. Lamentablemente llegó tarde al remedio, y peligrosamente confundida por la siniestra idea que siempre machacó su cabeza, creyendo que la sensualidad era el vicio común de los argentinos, propensos a transigir con el desorden, favoreciendo al ocio y a la lujuria. Unos y otros aprestaron sus ejércitos, dispuestos a dirimir el triunfo en la batalla decisiva. Cuando la guerra estuvo próxima, una voz que pretendió ser honesta dijo: - ¡Qué hábitos extraños son esos de pelear entre hermanos, propios de judíos, negros y moros y no de cristianos decentes! Corregid el error, haciendo una alianza para perseguir a los traidores y a la muchedumbre levantisca. Quien dijo eso fue el memorable Dr. Grondona, y seguidamente lo escribió con la misma pluma que usara para redactar el viejo comunicado del golpe militar del General Onganía, en el siglo anterior. Obedientes como si estuvieran estado esperando la palabra redentora, buscaron la mediación de la Organización de Estados Americanos, sellaron la paz en Washington, suspendieron la Constitución que habían defendido y dictaron el Edicto Político y Criminal de los Naturales del País, cuidando la pureza étnica de la población. Seguidamente, abatieron la República y el federalismo, estableciendo una original dictadura constitucional con delegaciones provinciales autónomas. Las Iglesias tocaron a rebato sus campanas, haciendo saber que por fin Dios se había acordado de los argentinos. Años después, Dios vino nuevamente en ayuda de la Nación, derrotó a los usurpadores, repuso la Constitución y al Gobierno Peronista. Al final, todos fueron felices.
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VIGILAR Y CASTIGAR por
“
SYLVIA NADALIN
No lamentar, no reír, no detectar, sino comprender” dice el precepto spinoziano, ese que ignoraron analistas, políticos, periodistas y vecinos decepcionados por la ‘falta de valores’, irritados con esta sociedad ‘desagradecida’ que no valora que estamos mejor que hace diez años, agraviados unos por la ‘extorsión’ policial y otros por la ‘falta de espontaneidad’ de los saqueos. Algunas de estas tajantes opiniones fueron legitimadas por las decimonónicas lecturas universitarias de la intelectualidad local y nacional. Así, fue asombroso descubrir que se había ‘roto’ el contrato social, esa invención del iluminismo europeo para justificar ideológicamente el origen del poder, nacido de la necesidad de seguridad de las personas, quienes mediante un pacto (¿consensuado?) ceden parte de sus libertades en pos de la construcción de una sociedad de normas de conducta, basamento filosófico de las monarquías absolutas y luego del Estado liberal. Roto ese pacto de convivencia con el acuartelamiento policial, los cordobeses –siguiendo el planteo contractualista- volvimos al estado de naturaleza, sin leyes ni códigos sociales, donde la intrínseca maldad humana hobbesiana se materializó en los saqueos indiscriminados de aquella noche violenta. Sin un Leviatán que patrulle las calles, el egoísmo del lobo humano destrozó locales comerciales solo por el regocijo de tener un televisor más grande o unas cuántas bebidas alcohólicas en su despensa. Otros, con lecturas más modernas usaron la versión economicista del primer Marx, esos postulados tan políticamente correctos en cualquier análisis desde la irrupción del capitalismo para acá, es decir, casi desde que el mundo es el mundo occidental que conocemos. Su tesis materialista de la historia afirma que los fenómenos sociales están determinados por factores económicos, cuya base se sustenta en la apropiación originaria del capital por parte de una clase social que gracias a la propiedad de los medios de producción domina y aliena a otra clase social, el proletario, conflicto que genera una lucha de clases entre explotadores y explotados que es el motor de la historia. Bajo ese paragua teórico, se torna difícil ubicar
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las clases saqueadoras o los comerciantes chinos explotadores o la alienación laboral de pibes que probablemente nunca hayan ingresado al mercado de trabajo. La ironía ante estas hipótesis sirve para amortiguar el tono de la crítica y descontracturar el discurso admonitorio que aún circula en el ágora mediática. Porque lo que se busca es entender y para entender hay que dejar de buscar culpables, esos que solo le sirven a los que tienen que dar cuenta de lo que no hicieron.
PASÓ LO QUE TENÍA QUE PASAR
Si nos mofamos de aquellas explicaciones para comprender lo ocurrido en nuestra ciudad es por la carencia de los factores analizados o la falta de complejidad en las lecturas de las variables en juego aquellos primeros días de diciembre. Porque nada de lo ocurrido pudo haber sido posible sin la acumulación histórica de desfasajes autoritarios, mafiosos, gubernamentales, económicos, geográficos, identitarios y simbólicos que fueron moldeando la inequitativa, conservadora y prejuiciosa sociedad cordobesa de nuestros días. Porque para que exista sedición policial previamente tiene que haberse relajado el incuestionable principio de autoridad y obediencia, lo que fue posible que suceda en un cuerpo policial construido a partir de la complicidad cívico militar de los ’80 (1), y reforzado por “un doble pacto que implicó, por un lado, la delegación del gobierno de la seguridad por parte de las sucesivas autoridades gubernamentales a las cúpulas policiales (pacto político-policial). Y por otro lado, el control de los delitos, y en especial de la criminalidad compleja, por parte de la policía a través de su regulación y su participación (pacto policial-criminal)” (2). En Córdoba, ese doble pacto fue desnudado por el programa ADN a mediados de 2013 y trivializado o ignorado por sus cómplices políticos y judiciales frente a una sociedad que conocía el ilegal funcionamiento del accionar policial, sea porque era víctima de esos modus operandi, sea porque prefería no ver ni escuchar porque quizás
PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
Los hechos ocurridos los primeros días de diciembre en nuestra ciudad multiplicaron en las páginas de los diarios y en los programas televisivos cataratas de análisis y perspectivas teóricas que ensayaron explicaciones que, en la medida que intentaban describir causas y orígenes, destrozaban autores o forzaban desde el más impune simplismo teorías políticas o sociológicas para justificar el horror que causó en la intelectualidad progresista la ausencia de poder autoritario y ordenador. Este artículo aborda algunos de estos yerros cínicos. “algo habrán hecho” esos negros de mierda. Paralelamente, a nivel gubernamental, el retiro del Estado como armonizador de las inequidades del mercado ocurrió violentamente a mediados de los ’70, extendiéndose sin interrupción en nuestra provincia, con brotes privatizadores y desreguladores de una ferocidad creciente, desde comienzos del nuevo milenio (3). Durante la década del ’80 en los países del primer mundo comienzan a manifestarse las primeras consecuencias sociales del experimento neoliberal inglés y norteamericano con el aumento de las desigualdades urbanas, la xenofobia y los movimientos de protesta de los jóvenes de los “suburbios” populares y la proliferación de un nuevo tipo de discurso en torno a la “guetificación”, cuya exclusión operaba sobre una base racial (EEUU) o a través de criterios de clase reforzados por las políticas públicas (Francia). Esa nueva distribución de los espacios sociales (Bourdieu) fue aplicada por la administración delasotista a través de las llamadas “ciudades barrios”, que no fueron si no la mayor intervención del Estado en pos de la exclusión socio-geográfica de aquellos ciudadanos carentes de recursos que habitaban villas miserias o asentamientos urbanos en tierras fiscales de gran valor inmobiliario, en su mayoría. Esa política habitacional fue reforzada mediante el abandono de los servicios públicos esenciales, es decir bienes colectivos, seguridad, salud, educación y justicia. Esta segregación social se construyó paralelamente al denominado boom sojero, aquella milagrosa coyuntura internacional nacida en los albores de la postcrisis del 2001 y cuyo modelo agro-extractivo es reverenciado por haber rescatado al Estado de la quiebra y devuelto estabilidad a la economía. Sus beneficiarios, la otrora oligarquía gringa, se han adueñado con su millonaria renta del mercado inmobiliario local, sea mediante la proliferación de barrios privados, la monopolización de construcciones de propiedad horizontal (Nueva Córdoba), o el control de los precios de la demanda habitacional. Esos espacios geográficos exclusivos se han convertido en nuevos espacios de poder (capital) simbólico, donde sus habitantes comparten una identidad endogámica basada en principios raciales, económicos y culturales reproducidos por los medios de comunicación locales y legitimados mediante el accionar arbitrario e ilegal de la policía provincial, que en nombre del “merodeo” (figura delictiva de un Código de Faltas redactado y aprobado para este fin) detiene, golpea e impide a los jóvenes de los sectores periféricos circular por los espacios del capitalismo real. La representación de sí mismos que tiene la sociedad de esos “dominados postmodernos” está construida por sus explotadores: “Como culturalmente están desamparados (…) se habla de ellos más de lo que ellos mismos hablan, y cuando se dirigen a los dominantes, tienden a emplear un discurso prestado (…). Esto es especialmente cierto cuando hablan en televisión: se los ve repetir los discursos que escucharon la víspera en los noticiarios televisivos o los programas especiales sobre las penurias de los suburbios (4)”. Estos nuevos desclasados solo son noticia cuando realizan “vio-
lencias espectaculares”, como fueron los saqueos de diciembre, ocultando día a día “las pequeñas violencias corrientes que se ejercen permanentemente sobre todos los habitantes de esos barrios, incluidos los delincuentes juveniles que también son víctimas; la violencia que éstos ejercen no es más que una repuesta a las violencias más visibles que sufren desde la primera infancia, en la escuela, el mercado laboral, el mercado sexual, etc.” (5) Y en el medio de ambos (si tal medio existe), están los que no habitan ninguno de los dos espacios simbólicos pero cuya inclusión social es cada día más difícil. Son aquellos que pelean día a día la estabilidad del trabajo, la escuela pública, el alquiler y el hospital, o trabajan y estudian porque todavía creen que pueden cumplir el sueño del ascenso social en la provincia más cara y desocupada del país. Algunos de ellos se sumaron o justificaron los saqueos convencidos de su propia incapacidad para obedecer a esa “manga de narcos defendidos por políticos corruptos”, conscientes de la injusticia que supone que “los ricos cada día tienen más plata”, o lo que es lo mismo, el quiebre de la legitimidad discursiva del sistema basada en el trabajo y el esfuerzo, al menos de aquel capitalismo social que podía obviar el origen violento de la apropiación en nombre del incuestionado ascenso social o de una administración de los servicios públicos digna e inclusiva. Esas identidades y esos discursos circularon esos días y aquellas noches. Todos como parte de una sociedad complejamente dividida en esos otros que desconocemos como pares colectivos: unos con sus razones profundas e históricas, otros con sus verdades aprendidas e incorporadas en sus habitus mediáticos y de consumo; unos esgrimiendo el resentimiento por la invisibilidad, otros facultados por la ley y el respeto a la propiedad privada. Y sobre ellos, la tragedia de la mayor desaparición de los últimos 40 años: la del Estado protector de unos y otros. 1 Ver en este número el artículo de Alexis Oliva,“El revival lumpen del Navarrazo” 2 Marcelo Fabián Sain,“Las grietas del doble pacto”, Le Monde Diplomatic, edición Cono Sur, diciembre de 2013 3 De esta manera, se pasó de “una política de Estado que aspiraba a actuar sobre las estructura mismas de la distribución a otra que solo pretende corregir los efectos de la distribución desigual de los recursos en capital económico y cultural, es decir una caridad de Estado destinada, como en los buenos tiempos de la filantropía religiosa, a los ‘pobres meritorios’. Las nuevas formas que asume la acción del Estado contribuyen así, con el debilitamiento del sindicalismo y de las instancias movilizadoras, a la transformación del pueblo (potencialmente) movilizado en un agregado heterogéneo de pobres atomizados,‘excluidos’ como los llama el discurso oficial, a los que menciona sobre todo cuando ‘plantean problemas’ o para recordar a los ‘acomodados’ el privilegio que representa tener un empleo permanente” Pierre Bourdieu, La dimisión del Estado en “La Miseria del mundo”, Fondo de Cultura Económica, 1999 4 Patrick Champagne, La visión mediática en “La miseria del mundo”, Pierre Bourdieu, Fondo de Cultura Económica, 1999 5 Ibidem
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Qué animó las reacciones contrarias al ascenso de César Milani. Quién tiene una política para las fuerzas armadas. Qué tanto horroriza un jefe del Ejército que reivindica a fuerzas armadas “nacionales y populares”. El “apoliticismo” que se reclama a ciertas instituciones, justo las que fueron, históricamente, sostenes de un país injusto, desigual y con minorías privilegiadas.
CÉSAR MILANI, TENIENTE GENERAL DE LA NACIÓN
UN GENERAL NACIONAL Y POPULAR por
L
MIGUEL APONTES
a noche del 18 de diciembre, el Senado de la Nación aprobó el pliego de César Milani. Por 39 votos contra 30, fue ungido como máximo jefe del Ejército. La atención estuvo puesta en el ascenso de Milani aunque, en la misma sesión, se aprobó el acuerdo para ascender al grado inmediato superior a los jefes de las tres fuerzas armadas y al titular del Estado Mayor Conjunto. El Poder Ejecutivo obtuvo los ascensos propuestos del jefe del Ejército, César Milani, a teniente General; de la Armada, Gastón Erice, a Almirante; de la Fuerza Aérea, Mario Callejo, a brigadier General; y del Estado Mayor Conjunto, Luis María Carena, a general de División. Pocos días antes, en un acto de egreso de suboficiales en la Escuela Sargento Cabral, Milani había dicho: “Queremos una gran Argentina de todos y para todos, donde el Ejército sea parte de este nuevo nacer, defendiendo los derechos humanos de todos los ciudadanos; a 30 años de la vuelta de la democracia, ustedes son parte de una institución que defiende la Constitución Nacional”. En julio, César Milani se presentó espontáneamente ante la justicia de La Rioja y Tucumán; se puso a disposición ante el linchamiento mediático del que era objeto a partir de su definición a favor de un Ejército “nacional y popular”. En Tucumán declaró: “Estamos trabajando para un Ejército distinto, muy pegado con la comunidad. Un Ejército que está trabajando para un proyecto nacional. Esto les molesta. Les molesta que yo quiera insertar el Ejército y las Fuerzas Armadas en un proyecto nacional”. La oposición política nunca cesó en la descalificación de los organismos de derechos humanos por su apoyo a las políticas, hacia ese sector, del gobierno nacional. “Usados” y “cooptados”, fueron algunos de los calificativos más utilizados. Por eso muchos debieron ser un tanto más discretos al momento de exaltar con tanto ahínco en el debate parlamentario a una institución como el CELS, considerada hasta ayer como un “organismo comprado por favores oficiales”.
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LA MADRE Y EL GENERAL
La revista “¡Ni un paso atrás!”, editada por la asociación Madres de Plaza de Mayo, en su edición de diciembre anticipaba: “Histórico encuentro entre la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo y el Jefe del Ejército. Los planes de estudio y formación militar, el proyecto nacional, la importancia de Nilda Garré, la continuidad con Agustín Rossi. El compromiso de buscar hasta debajo de las piedras más archivos y documentos sobre la represión genocida. Y un desafío compartido y necesario: acercar el Ejército al pueblo y urbanizar las villas.” El reportaje también tuvo su versión audiovisual y se lo pudo ver en la televisión pública. Esto fue, para muchos, el límite. En la conversación con Hebe de Bonafini, César Milani sostuvo que “el Ejército está dispuesto a ir por todos los cambios y yo quiero ser el más transgresor”. Le cuenta que “hay mucha gente en el Ejército, en actividad, que valoriza a las Madres”. Desmintiendo las denuncias en su contra, el ahora teniente general dijo: “Nunca torturé, ni maté, ni estuve. Las calumnias e injurias vertidas sobre mi persona por parte de multimedios monopólicos y dirigentes políticos opositores al gobierno nacional han buscado exclusivamente perjudicar a la Presidenta y tratar de impedir que el Ejército participe activamente de un proyecto nacional”. Frente a la pregunta de Hebe sobre si pueden o no tener opinión política los militares, dijo: “no pueden tener opinión política pública, lo que no quiere decir que no tengan convicciones políticas, pero no pueden hacerlas públicas por el lugar que ocupan en la defensa nacional”. Y otra vez muchos con los pelos de punta: ¡pero este general sí expresa opiniones políticas, defiende a un proyecto nacional! Habría que aclarar que, en realidad, la objeción para los militares es sostener posiciones partidarias y que identificarse con el “proyecto nacional” no es otra cosa que sostener una concepción política que se supone común a todos los argentinos, o como lo hicieron distintos dirigentes a través de la historia, desde San Martín y Belgrano, hasta Rosas, Yrigoyen o Perón. Como dice Juan Salinas en su blog, “si un oficial del Ejército
PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
“… Que vuelva el bruñido del bronce, que se limpien las banderas; yo quiero ser una fila entera de soldados desfilando y todo un pueblo cantando con renovada pasión. Quiero de nuevo el honor aunque no existan victorias, quiero llorar con la gloria de una marcha militar, y un banderín agitar, frente a un ejército popular...” “Aquellos soldaditos de plomo”, Víctor Heredia argentino se manifiesta contra la realización nacional es porque, objetivamente, trabaja para el extranjero; muchos entendemos que las viejas banderas de soberanía política, independencia económica y justicia social no son partidarias, sino que constituyen el piso de todas las expresiones nacionales. Y que una fuerza armada a través de su jefatura se manifieste ‘nacional y popular’ para algunos sea partidizarla, quiere decir, por lo que parece, que buscan abogar por un profesionalismo aséptico.”
QUÉ DIJO “LA NACIÓN”
En un editorial de La Nación –el vocero natural de la reacción y los poderosos de la Argentina- del 17 de diciembre, se expresó: “El deterioro institucional que se pone de manifiesto con la promoción del general Milani no tiene que ver sólo con su pasado, remoto o reciente, sino con su desempeño de estos días”. Y ahí está el punto, la clave de toda esta repentina defensa de los derechos humanos: qué representa el general hoy pronunciándose defensor de “un Ejército al servicio de un proyecto nacional y popular”. No habrá que engañarse con tanto rapto de sensibilidad y condena al terrorismo de Estado. Esta repentina apelación a principios éticos y democráticos, partió de quienes fueron, si no cómplices de la dictadura, al menos poco decididos a juzgar sus crímenes y poner en cuestión el proyecto de país que otro Ejército contribuyó, a sangre y fuego, a consolidar. Después de estas tres décadas de democracia, con sus avances y retrocesos en cuanto a las políticas hacia las fuerzas armadas, con muchas indefiniciones sobre el papel que deben
cumplir en un Estado de Derecho, y la necesidad enunciada pero poco practicada de alterar los contenidos de las escuelas de formación profesional, no existe paralelo entre un Ejército que, como brazo armado de los históricos dueños de la Argentina, decía “defender la forma de vida occidental” y este otro que llama a la integración “nacional y regional en defensa de los intereses del pueblo“. Esta diferencia, que pone nerviosos a algunos, es la razón última de tantas voces levantadas contra la legítima decisión de la comandante en jefe de las fuerzas armadas, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Siempre se buscará tergiversar todo, como cuando a fines de noviembre se votó en el Senado la reforma al Código Civil. Allí el papel de todo el arco opositor fue lamentable, buscando con su rechazo la deslegitimación de un arduo y prolijo trabajo, para el que fueron convocados los mayores juristas. El senador Miguel Pichetto dijo en el debate: “Era el final que buscaban. Es una forma de no comprometerse en esta discusión y hacer aparecer el Código como fruto de una sola facción política”. El 27 de diciembre, Mariano De Vedia escribió también en el diario de los Mitre: “Inquieta a oficiales el alineamiento de Milani con Cristina. El firme alineamiento del Ejército al ‘proyecto nacional y popular’ que el jefe de esa fuerza, teniente general César Milani, le prometió a la Presidenta no es uanime en las filas castrenses”.
QUÉ FUERZAS ARMADAS QUEREMOS
Aquí entramos de lleno en el problema y ésa, la definición sobre qué
QUE SE RETIREN TODOS La pretensión de vetar la designación de César Milani como comandante en jefe del Ejército, se basó, fundamentalmente, en declaraciones de Esteban Sanguinetti, que era su jefe en Tucumán, en 1976. Fueron por el secuestro y desaparición del soldado conscripto Agapito Ledo, oriundo de La Rioja, sobre el que, en documentación donde si aparece Milani firmándola, pesaba la denuncia de “desertor”. Ningún miembro de las fuerzas armadas en actividad y que revistó durante la dictadura podrá argumentar que ignoraba lo que sucedía por esos años, aunque por el destino o la fun-
ción no hubiera contado con mayores precisiones del genocidio que se perpetraba. César Milani pertenece a la promoción 106 del Colegio Militar de la Nación (año 1974). Para que se cumplan las premisas de los que objetan a Milani, será necesario no solo pasar a retiro a toda esa promoción, que hoy cuenta con 60 años, sino también a las siguientes, al menos hasta el año 1984 (la promoción 115). Estos últimos oficiales hoy cuentan con 51 años, y de procederse así determinaría el retiro de la actividad de alrededor de mil quinientos oficiales.
Ahora bien, si a los que cuestionamos por “estar comprometidos con la represión ilegal”, educados todavía bajo el imperio de la “doctrina de seguridad nacional” imperante, incluso, desde el “Plan Conintes” de Frondizi, allá por 1958, deben ser todos dados de baja, da la impresión que no pararemos más. ¿Por qué? Porque los contenidos de los institutos militares no se alteraron seriamente antes de 2003 y, aún en democracia, hasta 1990, integrantes del Ejército participaron de sediciones contra la democracia, los llamados levantamientos carapintadas.
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fuerzas armadas queremos los argentinos, debió ser el eje del debate y no una pretendida descalificación a la política de derechos humanos del kirchnerismo, como si se hubieran descubierto las debilidades del pilar de este proyecto; no significó, en absoluto, un retroceso en este tema el ascenso de Milani. Todo fue, apenas, una desesperación por cobrarle a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner un costo político. La decisión de persistir con el ascenso de César Milani, es una muestra más de autoridad política y un ejercicio pleno de sus atribuciones como comandante de las fuerzas armadas. Cualquier proyecto político transformador precisa de fuerzas armadas comprometidas con los intereses de la Nación. Así lo entendieron líderes de nuestra región –muy admirados por cierto progresismo vernáculo-, desde Juan Velasco Alvarado en Perú u Omar Torrijos en
Panamá, hasta Hugo Chávez en Venezuela. Precisamos unas fuerzas armadas compenetradas con un proyecto nacional y popular, sí, pero que avance también hacia la integración regional para una defensa articulada de los extraordinarios recursos naturales con que se cuenta. Las fuerzas armadas son fundamentales al momento también de fomentar la inclusión y el ascenso de los compatriotas que se incorporan a sus filas; hoy todo soldado debe completar los estudios secundarios y los suboficiales estudios terciarios; no hay impedimentos, como antes, para continuar la carrera hasta los grados máximos de cada fuerza. Las fuerzas armadas están integradas por hijos de nuestro pueblo, por lo cual no se entiende el malestar que causó que un jefe del Ejército reivindique su pertenencia a un proyecto nacional y popular.
YO ME OPONGO Muchas columnas de opinión, algunas de reconocidos “periodistas independientes” – aunque revulsivamente contrarios al gobierno nacional- se han leído por estos días. También hablaron acérrimos opositores. Otras, de personalidades de dilatada trayectoria en defensa de las instituciones democráticas, son más difíciles de comprender. No faltaron los denunciadores profesionales. No es fácil aceptar, para algunos, que este gobierno fue el que adoptó una política de Estado muy clara respecto a los derechos humanos y la reapertura de los juicios que, hasta su llegada al poder, estaban clausurados por leyes de impunidad. La opinión que denota mayor honestidad intelectual, es sin duda la de Horacio Vertbisky, el presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Tras considerar el ascenso de César Milani un error político, sostiene que “afirmar que ello invalida la política de derechos humanos de la última década revela un sesgo deliberado. No por casualidad, esa pretensión no proviene de quienes han luchado por la memoria, la verdad y la justicia, sino de aquellos que siempre se opusieron o al menos fueron indiferentes a todo avance en esa dirección” (Página/12, 22/12/2013). Un analista político de los medios del Grupo Clarín en Córdoba, publicó en La Voz del Interior, el 21/12/2013, una columna con un inequívoco título militante: “Los militares K son derechos y humanos”. Claudio Fantini, que esta vez no abunda en citas greco romanas, advirtió: “La militancia traga sapos como la devaluación en cuotas y el encumbramiento de un militar tan sospechado de violar derechos humanos como muchos miembros de su camada que están presos. Como dijo el periodista Carlos Pagni, con el nombramiento de Milani, Cristina instaló su ‘punto final’ y su ‘obediencia debida’. El punto final del ‘juicio y castigo a los culpables’ es la adhesión de esos culpables al gobierno; mientras que la obediencia debida es la que hicieron los legisladores oficialistas y las organizaciones de derechos humanos que avalaron ese punto final.” 28Disputar el sentido de los derechos huma-
nos, se entiende, no es tarea fácil: en particular frente a este gobierno popular que, desde 2003 a la fecha, ha dado sobradas muestras del impulso a las investigaciones y juicios en todo el país por las violaciones, mucho más allá de los discursos. También Rubén Arroyo, de calificada labor en defensa de los derechos humanos durante la dictadura e integrante de CONADEP Córdoba, expresó en una columna publicada en La Voz del Interior (17/12/2013): “El pliego de ascenso del general César Milani no debe ser aprobado por el Senado de la Nación. Corresponde su pase a retiro y someterse de verdad a la Justicia federal de La Rioja y Tucumán”. Curiosa conclusión en tiempos donde están por demás activas las investigaciones por los delitos cometidos al amparo del Terrorismo de Estado y un sinnúmero de procesos en marcha en todo el país, a más de las sentencias traducidas en múltiples condenas para los genocidas. No hay chances de que la investigación sobre Milani sea clausurada por nadie. Hay pleno funcionamiento de la Justicia en este país y, si avanzara la imputación de Milani (algo que aún no existe), es improbable que pueda permanecer en el cargo. Otro editorialista, esta vez del diario La Nación, publicó el 20/12/2013 una nota bajo el sugerente título “El kirchnerismo tiene ahora su propia ley de punto final”. De Carlos Pagni hablamos, el mismo que es investigado por tráfico ilegal de información y que tuvo raptos de antisemitismo cuando, además de calificar a Kicillof como ‘marxista’, no dejó de mencionar que tenía ‘familiares rabinos’. Expresó en un párrafo de su columna: “La Presidenta puso muchísimo celo en conseguir el ascenso de Milani. Hasta realizó llamadas personales a algunos legisladores dubitativos. ¿Por qué? Pichetto ofreció una explicación. Dijo que Milani era objetado por pretender que el Ejército se ponga al servicio de un proyecto nacional y popular. Es verdad. Milani aspira a eso. Lo ha confesado varias veces. Pero esa confesión no mejora a Milani. Al contrario, lo mancha con otro vicio. Si hay una dificultad que recorre la historia argentina es la de conseguir
que las FF.AA. se subordinen a la ley y no a un liderazgo de partido. Una de las conquistas indiscutidas de las tres décadas de democracia que se celebran este año es haber logrado el sometimiento de los militares a la Constitución. No a la voluntad del que manda. Pichetto elogió en Milani al comandante de una montonera”. Y ya desesperados, los opositores también recurrieron a sus instituciones creadas ‘ad hoc’. Tal el caso de FOPEA, el Foro de Periodismo Argentino, que se sumó a la delirante denuncia del presidente del bloque de senadores radicales, Gerardo Morales, quien advirtió que el jefe del Ejército, César Milani, realizaba tareas de inteligencia sobre el periodista de Clarín, Daniel Santoro. Claro que el denunciador serial contra funcionarios del gobierno, el abogado Ricardo Monner Sans, presentó una denuncia penal ante la justicia para que se realicen allanamientos en el Edificio Libertador, donde, según el senador Morales, se llevan adelante “tareas de inteligencia interior en forma clandestina”. El juez federal Julián Ercolini allanó la sede del Ejército en el edificio Libertador; la denuncia indicaba que en el 7mo. piso funcionaba una “sala de situación” del general Milani para hacer espionaje interno. El resultado, obviamente, fue negativo. Y así todo, con pocos fundamentos y con una voluntad apenas “denunciatoria”, la oposición política se manifestó “preocupada” por el ascenso a teniente general de César Milani. Sólo resta leer las declaraciones de la diputada del Pro Laura Alonso, porque no tienen desperdicio: “Milani es un engranaje del sistema autoritario montado por los Kirchner, que busca en su fase final, garantizar impunidad frente a los avances notorios de las investigaciones periodísticas y judiciales (…) el kirchnerismo no tiene límites a la hora de hacer un uso autoritario del poder”. Y sentenció: “Milani está vinculado con el espionaje a periodistas y políticos”. Como se ve, ya nada importan las pruebas de graves delitos o las fuentes de información. Difamar no cuesta nada y la libertad de expresión está felizmente garantizada en Argentina.
PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
30 AÑOS CONSECUTIVOS DE DEMOCRACIA EN NUESTRA QUERIDA PATRIA por
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JULIO CACCIAMANI
otando de sentido al presente miles de voces nos gritan desde el pasado, se entrelazan los preceptos, las consignas siguen sonando. El Nunca Más recorrió afónico los pasillos donde se puso punto final y se firmaron los indultos. La soberanía huyó despavorida de Casa Rosada, encontró refugio en la memoria de un pueblo latiendo bajo la decorosa superficie made in Taiwán. Sucesivos viles corruptos utilizaron su carísima inoperancia como evidencia de la inutilidad del Estado. Desde atrás los números engordaban cual piojos, para ellos daba lo mismo. Adquirieron consistencia mantecosa y se untaron en cuanto ególatra vendepatria se les cruzó por el camino. Alquilaron uniformes militares, los devolvieron y alquilaron trajes sofisticados. Los números inquietos danzaron ante el juez y el fiscal, en sugestivos bamboleos que los fueron convenciendo de su superioridad. La monarquía con sus cortes y señoríos ensalivó las comisuras de la justicia. La esperanza adquirió aspecto melancólico, el futuro olía a dólar. Los viejos se morían esperando su jubilación. De espaldas a nuestros hermanos y sumisamente besando la diestra de míster entregaron el patrimonio al capital privado que mejor oliera. Perdimos por goleada pero ellos decían: ganamos 1 a 1. Luego el aburrimiento se transformó en inoperancia, corrupción y muerte. El helicóptero retiró al camaleón antes que se vuelva quiste o pared. Las balas y los bastones se rindieron con ojos maravillados ante todo lo bonito y barato que los números hicieron desfilar en fiesta VIP. Llenaron de chichones los reclamos, metieron en la cárcel a las consecuencias. Gatillo fácil, fácil de untar, dice sonriendo el CEO. También se compraron los goles y uno de los gritos colectivos de alegría fue utilizado para acrecentar la billetera de unas cuantas carnes blandas. Con sangre el papel, sobornos y extorsión para la ima-
gen exclusiva. Imposición de sonidos, escultura del sentido común. El gigante quiere todo y sus fibras se saben inmutables. El estallido social salpicó pus para todos lados. Socavaron los cimientos y la juventud desesperó por extranjeras ciudadanías. El cielo oscureció, el horizonte estaba a no más de cinco metros. Los especialistas extranjeros prestaban para imponer, ya rozaba lo ficticio el informe sobre los intereses y amortizaciones. Las generaciones venideras no se sacarán el cepo jamás. Recortes: jubilaciones, pensiones, salud, educación. El que depositó dólares recibirá dólares. 45 días sin clases. Las elecciones mutarán los rostros pero el país se desploma indefectiblemente, las arterias están taponadas de tristeza. El referente de lo nefasto se bajó de segunda vuelta. Vinieron Chávez y Fidel. Ya no será el FMI nuestro ministro de economía. Soy hijo de las madres. Baje ese cuadro, la lesa humanidad no prescribe. Alca al carajo. Se agolparon los sueños, volvían a borbotones. Ensancharon la grieta y se colaron consignas teñidas de paciencia. Nuevamente una voz femenina. El recuerdo para siempre en llamas de aquella otra, también hermosa, voz de mujer que nos abrazó en la comprensión que solamente la dignidad ante la vida moldea en el alma de las personas. Los números cuando es preciso adquieren características corporativas. Nada más fácil para ellos. A lo largo de estos años han chupado tanta sangre argentina que son realmente enormes. Allá vamos con nuestra historia a cuestas, llenos de eternos sueños, a enfrentar los gigantes, con nuestros líderes elegidos. La democracia se profundiza de sentido con la asignación universal, la ley de medios, la recuperación de YPF, aerolíneas y los ferrocarriles. Atrás los egoísmos y los afanes figurativos, lejos de la codicia, hermanados con nuestro continente que es semilla y raíz de una realidad distinta. A treinta años de democracia con Cristina por los sueños dignos
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PLENARIO UNIVERSITARIO
La formación como herramienta para la militancia
El sábado 7 de diciembre se realizó, en el centro Miguel Mozé, el plenario de cierre de año del Frente Universitario de la Corriente Peronista Descamisados. Más de 50 jóvenes se acercaron a hacer un balance del año 2013 y pensar políticas de cara al año que viene. El taller de formación política contó con el aporte del compañero Fulvio Stanis (Aula Córdoba Escuela Superior de Gobierno) y el cierre a cargo de la conducción de la Corriente Peronista JP Descamisados. La consigna que organizó las discusiones fue el rol de la Universidad dentro de un proyecto de país.
P
por
MANUEL FAJN Y JOSÉ SOAJE
asadas las 4 de la tarde, el referente universitario, Leandro Quiroga Barros, abrió el plenario. Luego de agradecer a los compañeros por haber asistido, comenzó por marcar los ejes a trabajar. En primer lugar, se refirió a la importancia de reforzar los ámbitos de formación política que caracterizan a la Corriente Peronista Descamisados. Por otro lado, Leandro recalcó lo positivo de este 2013 ya que “fue el primer año que nos presentamos a las elecciones de la Universidad Nacional de Córdoba, con un sello propio en alianza con las organizaciones compañeras, y participamos en las elecciones de la Federación Universitaria Argentina, además de las tres elecciones en la Universidad Nacional de Villa María y las elecciones de la Federación Universitaria de Córdoba.” Con el objetivo de dar discusiones en cualquier ámbito, de cara al 2015, se insistió en la importancia de la formación política de los compañeros universitarios y secundarios, transmitiendo este compromiso a cada uno de los militantes. Más adelante, los responsables de cada frente contaron sus vivencias y a qué aspiran para el futuro. De esta manera, tuvieron la palabra los compañeros del Instituto Provincial de Educación Física de Córdoba, de la Escuela de Ciencias de la Información, como también los de Ciencias Exactas, Derecho, Psicología, la Universidad Nacional Villa María y los compañeros de secundarios. Avanzada la tarde, todos tenían en sus manos el documento que enunciaba los objetivos de este plenario, donde se fundamenta claramente un proyecto de Universidad vinculado con el modelo nacional y popular. Un fragmento del escrito dice: “Este proyecto toma al pueblo como un actor fundamental en la problematización de las carreras universitarias, los planes de estudio y los proyectos de investigación.” Un compañero docente, sumó sus conocimientos Para seguir aportando contenido, llegó el Profesor en Historia Fulvio Stanis, quien se refirió a las distintas etapas del devenir universitario, haciendo principal hincapié en el eje “universidad y peronismo”. Stanis plasmó toda su experiencia y dejó conceptos como: “Las universidades corresponden a un proyecto de país”. Además, aseguró que el gran punto fuerte, de inflexión, que se produjo en la vida universitaria argentina, es el mismo que se produjo en la vida del país, que es la irrupción del peronismo en 1946. “La
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Universidad era el gran lugar de formación de las elites dirigentes y dominantes del país, el peronismo vino a romper con eso y ahí surge la pregunta que se planteó este movimiento en su momento y a la que debemos remitirnos: ¿qué universidad queremos, para este proyecto de país?”, se explayó el historiador. Esta pregunta hizo pensar, entre otras cosas, lo que significa el arancelamiento que, en palabras de Stanis, “genera que el estudiante pague por su propia educación”. Es así, como los alumnos se terminan considerando responsables de su educación y piensan que nadie tiene derecho a meterse en ella. Se termina conformando un “estudiante liberal hecho y derecho”, concluyó. Su intervención dejó resonando preguntas como ¿qué visión de mundo reproduce la universidad? o ¿cómo sirve a la sociedad en que está inserta? ¿Qué se debe hacer con los resortes de desarrollo del estado?, ¿quienes acceden a la universidad? o ¿la educación es una mercancía o un derecho? En este sentido, dijo el profesor que “la Universidad Nacional de Córdoba tiene las puertas abiertas para que los sectores populares lleguen a ella, pero no está instrumentado el camino que le permita recibir a los mismos”. Finalmente marcó un cuadro de situación actual basado en el contraste de Buenos Aires y Córdoba. En la primera surgieron las universidades del conurbano, con un anclaje fuertemente popular, acortando así la brecha simbólica. Mientras que en la segunda emergieron las universidades empresariales, alejadas de los barrios y despreocupadas de cualquier problemática que no sea la propia.
EL TRABAJO EN COMISIONES
Tras esta primera etapa del plenario se conformaron tres comisiones. Donde los principales nudos de discusión estuvieron planteados en torno a la autonomía universitaria, la Ley de Educación Superior, la situación de las escuelas secundarias y la función social de la universidad. Dentro de las problemáticas que abordaron los estudiantes universitarios, dos temas fundamentales fueron la actividad de extensión y la Ley de Educación Superior. Sobre el vínculo de la Universidad y la sociedad, Dante Beceyro (Universidad de Villa María) dijo que es mediante la extensión que debemos reconocer
PENSAR UN PAIS CON JUSTICIA SOCIAL
“Oigan –aclaró Megafón- al ofrecerse la imagen de una Patriavibora, sostengo que tiene ahora dos peladuras: un cascarón viejo tremendamente fósil, que se resiste a soltarse del animal; y la peladura nueva que se formó debajo y que batalla por salir a luz. Compañeros, lo que nos aflige a todos es la tiranía del cascarón. ¿Y saben por qué dura la vieja costra? Porque hay interesados en que la víbora no abandone su cascarón inútil y lo apuntalan con lociones vivificantes y cremas de tortuga”. Leopoldo Marechal,“Megafón o la Guerra”. los problemas de nuestra sociedad para que se acorten las distancias materiales y simbólicas. Además, la ley que enmarca el funcionamiento de las universidades despertó reflexiones como la de Mariano Rosales (Derecho – UNC) para quien “la reforma de la LES sería un cambio estructural del mundo universitario, pero para ello hay que generar las condiciones que lleven a la sociedad toda a discutir el tema”. La voz de chicos y chicas de escuelas secundarias se convirtió en un grito de alerta sobre la situación de los jóvenes que estudian en las aulas contenedores. “Esos pibes no están politizados y viven cotidianamente en situaciones degradantes, es necesario despertar el debate y alertar sobre esta contradicción”, puntualizó Agustina Lozada. A pesar de los 30 años cumplidos en democracia, muchos aseguraron que en los colegios privados existe un aparato ideológico muy grande en contra de la formación de centros de estudiantes. “Quieren que hagamos juegos y deportes, pero que no discutamos nada”, contó Mauricio De Caroli. A la hora de tomar una brújula de guía, se reconocieron los grandes avances que llevaron adelante las últimas gestiones al frente de la Universidad nacional de Córdoba, con la búsqueda de crecer en la tensión entre la institución de estudios superiores y el pueblo, hasta volverlos uno. Porque, como dijo Deodoro Rocca, “los dolores que nos quedan son las libertades que nos faltan”. Esta máxima se puede entrelazar al discurso del General Juan Domingo Perón en la Universidad Nacional de Córdoba en 1947, donde dijo: “Creo que es necesario llegar a una Universidad Argentina, nuestra. No entendiendo la calificación ‘Argentina’, como muchos creen, con un sentido de nacionalismo exagerado, inútil e innecesario, sino que entendemos como ‘Argentina’, aquella Universidad que prepara hombres que sepan resolver los problemas
argentinos en todos los campos y no aquella que forma hombres enciclopedistas que no sirven para mucho en el país”. En ese sentido la experiencia del Taller Total en la Facultad de Arquitectura de la UNC, durante la década del 70, es su correlato. El documento de la “Agrupación de Docentes Peronistas de Arquitectura”, lo dejó plasmado al considerar que el Taller debía ser parte “de una propuesta que permita sacar a la Universidad de su aislamiento y la inserte definitivamente en el marco de la realidad de su pueblo, porque en él está su razón de ser”.
LA CONDUCCIÓN EN EL CIERRE
Para finalizar el plenario tuvieron lugar las voces de la conducción de la Corriente Peronista Descamisados, Cristian Salsalone y Miguel Apontes. El primero indicó que hay que empezar a cualificar la militancia, “no pensando desde el número, desde lo cuantificativo, sino pensando en formar cuadros políticos que tengan la capacidad de gestionar bien desde donde estén”. Apontes, por su parte, consideró importante que los jóvenes se involucren políticamente y participen de espacios como este. Haciendo referencia a los saqueos vividos durante la primera semana de diciembre, y las situaciones de violencia que despertaron, instó a reflexionar sobre lo que “todavía le deben estos últimos 30 años de democracia a algunos sectores sociales”. El cierre dejo latente la intención de seguir generando momentos de debate y formación, de buscar pensar en medio de la vertiginosa militancia, de abrazar la tradición de un pensamiento para dar pasos decididos de la mano. En síntesis, disputar el conocimiento para construir la educación del pueblo.
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por
S
MARINA MIGUEL
olía decirse, no hace mucho tiempo, que “Córdoba es una ciudad muy tranquila y muy rica”, “en Córdoba está lleno de policías, me siento seguro”; pero también lo contrario “esta ciudad está llena de canas”, “por qué mi gorra y no la tuya”, y como siempre, unos piensan de una manera y otros de otra. Pero jamás imaginé un escenario de tanto horror, tanto odio y tanta violencia. Jamás sentí tanto miedo en lo personal, ni viendo “El Exorcista”. Y la primer definición es la crisis; crisis principalmente de la nefasta Institución policial de la provincia de Córdoba, que no sólo está manchada por el dinero del narcotráfico, también está sobrepasada de personal que no está a la altura de las circunstancias para cumplir con la responsabilidad que significa el rol que cumplen (y que hoy quedó en evidencia que se necesita, lamentablemente); se les paga mal, son fácilmente corruptibles, y ni hablar del maltrato que reciben las clases más desprotegidas cuando de verdad “se ponen la gorra” y aplican el inconstitucional Código de Faltas, generando más odio y sed de venganza; crisis en el Gobierno provincial, con un gobernador de viaje por Panamá, totalmente adelantado en el uso de las redes sociales, pero incapaz de ocuparse de los verdaderos problemas de los cordobeses, un Jefe de Gabinete inútil e implicado también en casos de narcotráfico como denunció el periodista Tomás Méndez, y una Ministra de Seguridad que se contradecía a si misma y a sus jefes. Un Estado ausente, una anarquía total, y ahí tienen los que pregonan el simbolito de la “A” y escuchan punk el resultado de lo que sería una sociedad de este tipo sin un Estado presente: el canibalismo. Crisis del capitalismo, que generó la peor miseria humana, una desigualdad nefasta por donde se la mire, en donde unos ostentan lo que pueden comprar con su dinero, dándole valor a cosas materiales que no tienen, olvidándose de los sentimientos más básicos del ser humano, incluso sin caer en la religiosidad, sin Dios alguno que se los lleve al cielo; y por el otro, a las víctimas de esa exclusión que también sienten que tienen que tener eso para pertenecer, y que por ser vilmente rechazados por el sistema, creen que teniendo el mejor televisor se sienten mejor. Y la más dolorosa de todas las crisis, la de la sociedad. Y ya es conocida la historia de lo que pasa en una sociedad que se rompe. Los que tienen un bien por defender se pusieron la pechera de defensores “anti negros chorros”, discriminando con un prejuicio sucio y lleno de hipocresía que deja a las claras que también en cierto punto son los culpables de que la sociedad esté donde esté. Y los que quieren un bien para defender, salieron a la calle para llevarse todo lo que más podían como si fuera un premio al mejor saqueador de la historia, sin importar que al que se le estaba destruyendo todo era al vecino que solía dar fiado, y después del tornado de violencia, nadie se va a hacer cargo para que ese vecino que vive de su comercio pueda levantarlo otra vez, sacando confianza y ganas de vaya a saber uno dónde. Porque todos sabemos que no es lo mismo que se le robe a una gran cadena de supermercados -de todas maneras ellos nos saquean todos los días a los argentinos cuando forman los precios- que a un pequeño comerciante de barrio que cayó en la volteada. Y todos sabemos que el primero tiene un respaldo gigante, el segundo ninguno. Y siempre los que son señalados son las clases más bajas, porque son muy pocos los que se atreven a hacer un análisis sobre las verdaderas causas del tema, y los medios de comunicación se encargan de fomentar la manipulación de la información a la que nos tienen acostumbrados.
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PUEDO VIVIR SIN POLICÍA, OTROS NO Sobre como quedaron en evidencia la falta de valores sociales, la crisis del capitalismo y el consumismo feroz las noches del 3 y 4 de diciembre en Córdoba Capital. Pero no. Nada fue casual, nada fue espontáneo, y no fueron los “saqueos del hambre”, pero tampoco el pobre tiene que salir a saquear fideos y arroz porque es pobre y lo va a seguir siendo: el pobre sigue siendo marginado producto de la política neoliberal que se aplica en esta provincia desde siempre, en donde se piensa que la ciudad es para los ricos que brillan, y en el fondo los pobres que opacan.
HABLAR DE VALORES NO ES CONSERVADOR
Es humano. Pero la causa y la consecuencia de la lucha de clases ya está escrita en miles de libros, en muchos idiomas. A ese capitalismo cruel inventado por el propio hombre, se le suma la falta de valores básicos como el amor. Podemos decir que acá hubo organización de hechos delictivos, pero también se le sumó una ola de oportunismo impensada. Podemos decir que el narcotráfico está metido en el país, y que la policía es lamentablemente cómplice. Podemos decir que el Gobierno provincial y los líderes políticos no estuvieron y no están a la altura de las circunstancias, ni siquiera dando el ejemplo. Podemos decir de todo. Pero pienso con un convencimiento firme que la raíz de esto es el materialismo, por consiguiente, el capitalismo y el consumismo. Todo ese sistema generó la peor miseria humana de la historia. Y se aplica en cualquier caso en donde haya una disputa de control del poder en todos sus niveles. En la década de los ochenta, el filósofo y psicoanalista Erich Fromm publicó el libro La Condición Humana Actual. Tres décadas después, las consecuencias de lo que él advirtió en su tesis se cumplen como si hubiera tenido una bola de cristal para ver el futuro. Él dice que “destruido el hombre medieval, el hombre del occidente pareció encaminado hacia el logro final de sus más anhelados sueños y visiones. [...] Creó sistemas políticos que parecieron asegurar el desarrollo libre y provechoso del individuo; redujo el tiempo de trabajo hasta un punto tal que el hombre occidental tiene libertad para gozar de horas de ocio en una medida que sus antepasados
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difícilmente habrían podido imaginar. ¿Y a qué hemos llegado hoy? [...] En el presente siglo, el carácter del hombre se orienta más hacia una pasividad considerable y una identificación con los valores del mercado. [...] Es el consumidor eterno; “se traga” bebidas, alimentos, cigarrillos, conferencias, cuadros, libros, películas; consume todo, engulle todo. El mundo no es más que un enorme objeto para su apetito. [...] El hombre se ha convertido en lactante, eternamente expectante y eternamente frustrado. [...] En cuanto no es cliente, el hombre moderno es comerciante. [...] El hombre se ha transformado a sí mismo en un bien de consumo, y siente su vida como un capital que debe ser invertido provechosamente; si lo logra, habrá “triunfado” y su vida tendrá sentido; de lo contrario será un “fracasado”. Su “valor” reside en el precio que puede obtener por sus servicios, no en cualidades de amor y razón ni en su capacidad artística”. Ante esto tenemos también a los que no pueden consumir, los “fracasados”, y esos son los que las noches del 3 y 4 de diciembre salieron desenfrenadamente al ataque, en su gran mayoría, porque no van a decir que hay tanta delincuencia. Lo que hay es exclusión, falta de oportunidades, ambiciones desmedidas, nefastas discriminaciones, y si hay que buscar un culpable con nombre y apellido, como miembro de la sociedad, soy la primera que empieza a firmar anhelando un cambio, porque no puedo entender a una sociedad sin valores, que necesite de la policía para mantenerse en equilibrio y vivir en convivencia, o un mero televisor para que su autoestima esté alta a la hora de sentir un triunfo para el juicio de los demás, y también es real que en esa tormenta de violencia se estigmatizó cruelmente a los pobres, pero cuando nos referimos a los oportunistas, hablamos de esos que con autos de alta gama salieron a ventajear. Por otro lado, a juicio de esta cronista, una de las mejores conclu-
siones post saqueos fue el comunicado del Colegio de Psicólogos de Córdoba, quien llamó a la sociedad en su conjunto a reflexionar sobre “las respuestas de los distintos sectores”, luego de los hechos que se desataron por un reclamo salarial. En el comunicado proponen “problematizar, reflexionar y profundizar la sobrevaloración de la posesión material por sobre el respeto y la solidaridad frente al otro, los otros, las instituciones, el prójimo; valores que como sociedad nos ha costado mucho reconstruir luego de una dictadura cívicomilitar sangrienta y con una década de políticas de corte neoliberal como fueron los noventa, donde la tenencia o la apariencia de la tenencia era un valor supremo”, y continúa resaltando que “las reacciones espontáneas y organizadas por intentar tener y otros de conservar, ambas a cualquier costo, han puesto en evidencia la ruptura de todo lazo social y la presencia de las más despiadadas pasiones. Estos actos han deteriorado también contratos político-sociales en algunos casos muy afianzados y en otros más endebles”. Y por último sostiene que “es tan dañino robar, saquear, destruir como querer matar o devastar al otro. De un lado ‘hacerse el chorro’ y del otro ‘habría que matar a los negros’, ambos discursos rompen toda sociedad plural y democrática”. El oportuno comunicado, que también fue bastardeado por la cómoda ignorancia de siempre que uno encuentra en las redes sociales, se puede encontrar en Internet. Más allá de los análisis políticos, de encontrar culpables instantáneos, de echarnos fardos los unos a los otros, se debería tomar conciencia de hacia dónde vamos los seres humanos si continuamos sosteniendo este sistema tan injusto y desigual, porque al día de hoy, el daño está hecho, la paranoía instalada por un largo tiempo, y la oportunidad para cambiar, demostrado en numerosas oportunidades, son las crisis más nefastas, porque el rigor es una enfermedad muy fácil de diagnosticar, y muy difícil de modificar.
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HUMOR
DIALOGORILAS
POSIBLES DIÁLOGOS CON POSIBLES GORILAS por
PABLO TORRES
Los negros y los pobres son todos delincuentes - HAY QUE MATAR A TODOS LOS POBRES Y A TODOS LOS NEGROS, PORQUE SON TODOS DELINCUENTES. - Pará, no seas tan facho. - ¡RESPETÁ MI LIBERTAD DE EXPRESIÓN! ¡DEJÁ DE CENSURARME! - Pero yo no te estoy censurando ni coartando tu libertad de expresión, simplemente te hago un señalamiento. - ¡TENGO DERECHO A PENSAR DISTINTO! ¡ME PERSEGUÍS PORQUE PIENSO DISTINTO! - No, no te persigo por “pensar distinto”, te digo simplemente que lo que decís es muy facho, nada más. - POR ESO, ME PERSEGUÍS, ME CENSURÁS, PORQUE NO QUERÉS ESCUCHAR LA VERDAD, SIEMPRE HACEN LO MISMO USTEDES. - ¿Eh? ¿Nosotros quiénes? - USTEDES, LOS QUE DEFIENDEN A LOS DELINCUENTES. - Pero... A ver, estás mezclando todo... - AH, AHORA ME DECÍS QUE MEZCLO TODO. LO QUE ME FALTABA. PRIMERO ME DECÍS FACHO, ME QUERÉS CENSURAR, Y AHORA TRATÁS DE HACERME SENTIR QUE SOY UN MANIPULADOR, UN PSICÓPATA, UN ENFERMO CON UNA MENTE CRIMINAL Y DEMONÍACA QUE... - ¡Bueno, a ver si la cortamos un poco con tanta boludez! Vamos por partes: Primero, criticar una opinión no es “censurar”. Estoy harto de los boludos como vos que ante el menor señalamiento, ante la menor crítica, ante la menor objeción, empiezan a chillar “¡censura! ¡censura!”. La censura es otra cosa. Segundo, te digo que tu comentario es facho porque cumple con todos los requisitos de lo que normalmente se entiende por “facho”: prejuicio, ignorancia, intolerancia, racismo, odio, desprecio por los marginados y los oprimidos, etc. Eso que dijiste no resistiría ni cinco minutos de un análisis más o menos serio. Por eso es que a la gente que opina cosas como “hay que matar a todos los pobres y a todos los negros, porque son todos delincuentes” se los suele denominar “fachos”. Porque son prejuiciosos, ignorantes, intolerantes, racistas... ¿Entendés? - Bueno, ahora que lo decís, puede que tengas un poco de razón. Por ahí me doy cuenta de que repito frases que escucho al voleo por ahí, sobre cuestiones de las que no entiendo demasiado. Y también es cierto que mis impulsos emocionales generalmente le ganan la pulseada a la razón. Debería ser más reflexivo, y más cauto en mis
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opiniones, más cuando éstas no están muy fundadas. Por otro lado, tendría que informarme un poco más, ya que reconozco que tengo algunos baches bastante grandes en lo que respecta a mi cultura general. ¿Tenés algún libro o alguna página que me recomiendes? - ¿Me lo decís en serio? - NO, TE ESTABA HACIENDO UNA JODA. LOS NEGROS Y LOS POBRES SON IRRECUPERABLES, ASÍ QUE HAY QUE MATARLOS A TODOS, PARA QUE NO HAYA MÁS DELINCUENTES. - Hasta acá llegué. Me tenés los huevos al plato. Chau. - ¿VES? ¡TE VAS PORQUE NO QUERÉS ESCUCHAR LA VERDAD! ¡USTEDES SIEMPRE HACEN LO MISMO! ¡SIEMPRE IGUAL! ¡ASÍ ESTAMOS!
Las Malvinas no son argentinas - Che, ¿Qué opinás sobre el tema Malvinas? - Y, mirá... Yo creo que habría que dejar en paz a esos pobres isleños, está claro que ellos no quieren ser argentinos. Además, los tipos están hace como dos siglos ahí. Y aparte, ¿con qué ejército vamos a enfrentar a los ingleses? Seguro que nos pasan por encima... - Bueno, pero hemos logrado importantes apoyos en América y en el resto del mundo. Aparte, lo que se discute es la soberanía sobre las islas, la cual por razones históricas nos pertenece, y no lo que quieren o no los isleños. Y sobre lo que dijiste del ejército, creo que está claro que lo último que se quiere es que se genere un conflicto bélico. La solución está por la vía diplomática. - Sí, pero vas a ver, no va a pasar nada, si al final siempre hacen lo que quieren, todo es al pedo. Somos un país bananero. E’ así. - Ajá. Che, te hago otra pregunta... Desde hace un rato que vengo escuchando unos ruidos, bah, como unos gemidos... bueno, en realidad, más bien parecen alaridos, y vienen de tu dormitorio ¿Qué onda? - Ah, es mi mujer. - ¿Eh? - Pasa que está con Juan Carlos. - ¿Quién es Juan Carlos? - El amante de mi mujer. - Pero... Entonces... Ellos están... - Culeando, sí. - ¿Pero... cómo? ¿En tu casa? ¿Y en tus propias narices? ¿Y vos no hacés nada? - Y, mirá... Yo creo que tengo que dejarla en paz a mi mujer, está claro que ella hace rato que no quiere tener sexo conmigo. Además, ellos son amantes desde hace como cinco años. Y aparte, ¿con qué voy a enfrentar a ese tipo? Seguro que me caga a piñas...
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- Bueno, pero... má, sí. Che, voy a ir a tu baño, voy a hacer caca en el piso y me voy a limpiar el culo con la cortina de la ducha. Después voy a ir a la cocina, te voy a vaciar la heladera, me voy a tomar todo el vino que tenés en la bodega, después voy a sacarte el plasma, el home theater, el reproductor de dvd y el centro musical, los voy a cargar en tu auto, y me voy a llevar todo junto a mi casa. Pero eso sí, antes de irme, y si Juan Carlos me deja, yo también le voy a dar murra a tu mujer. ¿Entendiste? - Y, mirá... Yo creo que... - Callate, pelotudo. - Bueno.
Cipayitis - Doctor, vengo a verlo porque me aqueja un problema. - Siéntese y dígame qué le anda pasando. - Bien, le cuento: ocurre que desde hace un tiempo vengo notando que tengo cierta tendencia a creer automáticamente que todo lo que viene de Europa y Estados Unidos es mejor que todo lo que hacemos acá. Desde una película hasta una medida de gobierno, desde una canción hasta un edificio. Toda situación merece un “porque esto en EEUU no pasa” o “porque en Europa hacen las cosas bien, no como acá” de mi parte. ¿Entiende? - ¿Y cómo se dio cuenta de esto? - Un día estaba discutiendo con un amigo, y le digo algo así como “en Inglaterra si hacés un piquete vas en cana, no como acá”. Ahí él me pregunta “¿Y cómo sabés? ¿Vos estuviste alguna vez en Inglaterra?”... y yo no supe qué responderle. Inmediatamente me di cuenta de que mis respuestas generalmente estaban basadas en absolutamente nada. Nunca fui ni a Europa ni a EEUU, y sin embargo opino como si hubiese vivido allí por años. - ¿Recuerda el momento en que empezó con estos síntomas? - Pues no lo sé. No recuerdo con precisión desde qué momento empecé a responder así. Simplemente un día me di cuenta de que lo venía haciendo desde mucho tiempo atrás, quizá desde mi infancia.
¿Por qué cree usted que me pasa esto, doctor? ¿Se le ocurre alguna explicación? - Bueno, en principio, yo diría que el suyo es un caso bastante común. Al igual que usted, muchas personas tienen la misma tendencia a minusvalorar todo lo nuestro, y a sobrevalorar todo lo que nos es impuesto por los denominados “países centrales”. Con “países centrales” me refiero, claro está, a EEUU y a las principales potencias europeas. Usted tiene que tener en cuenta lo siguiente: la Argentina, al igual que los que entran en la categoría de países “tercermundistas” (donde también podemos incluir a toda África y buena parte de Asia) se encuentran culturalmente subordinados al aparato comunicacional y de propaganda imperialista con el que estos “países centrales” nos bombardean permanentemente. A diario somos inundados por decenas de series, películas, música, libros, revistas, etc., que sirven de sostén a un sistema de colonización modernizado, donde las cadenas se han vuelto invisibles. Donde el sometimiento se ejecuta a través de la violencia simbólica que absorbemos a través de su producción cultural. Donde las pautas que rigen nuestra vida cotidiana nos son impuestas a través de los parámetros que diseñan para nosotros los “think tanks” del imperio, parámetros que son funcionales a sus intereses económicos y estratégicos. Porque, como dijo Hernández Arregui, “Cada nación ve a las otras de acuerdo a ‘su’ interés nacional. Y no de acuerdo a ideales de fraternidad universal”. No debemos ser tan ingenuos de creer que esas estructuras de valores que nos son impuestas tienen un propósito inocente, sino más bien todo lo contrario. - No entendí un carajo. Explíquemelo un poco más claramente, por favor. - Lo que le quiero decir es que usted tiene una poronga cultural larga como un poste de luz y gruesa como un tanque de agua, toda envuelta con la bandera norteamericana, enterrada hasta el fondo del orto. - Ahora sí. ¿Y qué me recomienda que haga? - En principio, apague la tele, al menos por un mes. Al cabo de ese tiempo vuelva a verme, así vemos cómo va evolucionando su cuadro. - Perfecto. Gracias, doctor. - No hay de qué.
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EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DE CÓRDOBA Y LA RECUPERACIÓN DE LA DEMOCRACIA
“FUC, FUT, FUA, LA LUCHA CONTINÚA” por
D
FULVIO STANIS*
eterminados acontecimientos sociopolíticos son de tal magnitud, significación y trascendencia, que dificultan la percepción de los detalles, el mosaico de elementos particulares que constituyen la consistencia fina de los grandes relatos. Hablamos de situaciones, hechos y procesos que ven diluida su originalidad en una comprensión necesariamente más amplia y de mayor alcance. La recuperación de la democracia en 1983 puede considerarse como uno de aquellos acontecimientos que se imponen por su propio peso, presentándose como un fenómeno homogéneo que, en un momento preciso, cifrado por el acto eleccionario, parece establecer nítidamente un antes y un después, al modo de corte o bisagra histórica en la realidad contemporánea argentina. Muchos estudios y análisis acerca de este período tienden a generalizar la cuestión de la recuperación de la democracia centrando las interpretaciones en las elecciones y su efecto inmediato, como una mecánica de causa-efecto, sin prestar mayor atención a la complejidad de los diversos actores sociales que jugaron y articularon posiciones, como a los innumerables planos de intervención que configuraron diversos acontecimientos particulares y que, posteriormente, se revelaron con una presencia e influencia de alcance más amplio y persistente en el tiempo.
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A partir de la trágica aventura de Malvinas los movimientos populares presionaban más fuertemente por la recuperación de la democracia, y la dictadura cívico-militar iniciaba un paulatino repliegue, abandonando los espacios sociales que había ocupado desde el golpe de Estado de 1976. En ese contexto, desde la segunda mitad de 1982 y especialmente todo el año 1983 se evidenció una creciente dinámica sociopolítica conforme se acercaba la fecha acordada para la realización de elecciones generales. Cada ámbito de la vida social que había sido reprimido por la dictadura empieza a hacer sentir su voz por los derechos negados, la represión sufrida, las reivindicaciones postergadas. En ese creciente estado de movilización popular y recuperación del espacio público se desencadena, en la primera semana del mes de setiembre de 1983, un conflicto con un grupo de estudiantes de las facultades de Derecho y Medicina, que inician una huelga de hambre como protesta por las restricciones al ingreso universitario. No pretendemos realizar una crónica detallada de los hechos, que por otra parte puede consultarse en los diarios y archivos audiovisuales de la época, sino puntualizar algunos aspectos que permiten interpretar este acontecimiento que en una primera lectura aparece como una demanda restringida al ámbito universitario, y analizarlo en su proyección política
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tanto para la institucionalidad universitaria post-dictadura, como para la política de Córdoba en la transición democrática. La política de la dictadura para las universidades nacionales establecía, entre otras cosas, un examen de ingreso de carácter eliminatorio y un cupo restringido para ingresar a los estudios en cada una de las facultades. Esto implicaba que aunque se aprobara el examen de ingreso, no se garantizaba el acceso a los estudios superiores por la condición de cupo restringido. Cabe acotar que este cupo era, por un lado, una de las formas de achicar el universo estudiantil, de tener una menor cantidad de población juvenil concentrada en zonas de facultades o los complejos de las ciudades universitarias. Por otra parte, también la pertenencia universitaria se hacía más elitista, ya que se habían reducido los horarios de cursado, dejando casi sin posibilidades de estudiar a quienes trabajaban. El arancelamiento de los estudios y los exámenes de ingreso, con la consiguiente aparición de academias privadas para la preparación de los exámenes, terminaban por definir una verdadera discriminación de clase respecto de quienes podían aspirar a los conocimientos superiores y quienes debían conformarse con llegar a terminar los estudios secundarios. Este problema es el que está en el fondo del reclamo estudiantil de setiembre del `83. Decenas de estudiantes de abogacía y medicina asistieron a lo largo de todo el año como simples oyentes, ya que aun habiendo aprobado el examen de ingreso, no se les reconocía como estudiantes de esas facultades, por lo tanto no podían presentarse a rendir exámenes finales de materias. Para todo fin académico, esas y esos estudiantes no existían. Este es el reclamo que se le presentará a principios de setiembre al entonces rector Carlos Morra y que fue desechado de plano por las autoridades universitarias. A partir de esa situación alrededor de setenta aspirantes a las facultades de Derecho y Medi-
cina comienzan una huelga de hambre en demanda de la condición de alumnos regulares, para poder rendir a fin de año las materias a las que habían asistido como oyentes. En ese momento inicial, se trata de un conflicto aparentemente menor y de casi sencilla resolución administrativa al interior de dos facultades de la Universidad Nacional de Córdoba, pero la trama que hace emerger esa problemática puntual es mucho más compleja, profunda, y hunde sus raíces en las condiciones de fondo de la dictadura y las distintas dimensiones que adquirió el terrorismo de Estado en Argentina entre 1976 y 1983. El conflicto universitario rápidamente llega a expresarse públicamente, siendo impulsado e impulsando las acciones por la recuperación de la democracia y sosteniendo en la calle una movilización por la vigencia de los derechos. Este ejercicio creciente de demanda democrática, que involucra a más sectores sociales que la propia juventud universitaria, se da en un contexto de dictadura, debilitada y en retirada, pero que aun ejerce formalmente el poder. La concurrencia en el conflicto de estos dos factores, contradictorios y mutuamente excluyentes, es decir, la demanda de derechos y libertades en un marco institucional anti-democrático y represivo, definiría de un modo particular el desarrollo posterior de los acontecimientos, cifrando las disputas posteriores en el clivaje democracia o dictadura. Con el paso de los días los aspirantes a ingresar a la universidad que mantienen la huelga de hambre frente al rectorado, van sumando el apoyo de los docentes, trabajadores y más estudiantes que realizan paros de actividades y asambleas en distintas facultades. También organizaciones gremiales, partidos y dirigentes sociales y políticos se hacen presentes en la huelga y apoyan el reclamo estudiantil. Del mismo modo, cada vez más anónimos ciudadanos cordobeses colaboran de distintas formas con los huelguistas, y por las noches músicos y
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artistas locales presentan sus espectáculos en la calle, articulando la demanda estudiantil con las propias reivindicaciones culturales, ampliando de ese modo los espacios solidarios y pro-democráticos. Frente al reclamo estudiantil, las autoridades de la Universidad, luego de rechazar un segundo pedido para reconsiderar la situación académica de los ingresantes, convoca a la policía federal para interrumpir y disolver una asamblea multitudinaria que acompaña a los huelguistas. Hay estudiantes detenidos y es la movilización general, la acción de dirigentes universitarios y de agrupaciones políticas la que logra su liberación unas horas más tarde. Nuevamente la única respuesta que pudo dar el poder autoritario ante los reclamos democráticos, fue el reiterado gesto de la represión. Así, de una forma abrupta y a partir de un conflicto particular al interior de la Universidad, estudiantes, trabajadores, docentes, partidos políticos y ciudadanos se encontraron cara a cara y con su propia historia. En otras palabras, más allá de comprender esa solidaridad con los estudiantes como parte de un clima de época, lo que sin duda es correcto, hay también otros planos de interpretación posibles para comprender este acontecimiento. Concretamente nos referimos al movimiento social generalizado por la recuperación de la democracia, y así como los estudiantes intentan recomponer sus propios organismos democráticos, los centros de estudiantes, otros sectores sociales intentan también reconstruir un entramado social (centros vecinales, gremios, etc.) que había sido destruido por la dictadura. De manera que inexorablemente volvieron a encontrarse estudiantes con organizaciones de trabajadores, universitarios con grupos barriales y partidos políticos, en una constante histórica cordobesa que arranca con la Reforma Universitaria de 1918, atraviesa los gobiernos de Irigoyen y Perón hasta el golpe de 1955, para resurgir como resistencia y militancia en el Cordobazo, concretándose en la experiencia popular del gobierno de Obregón Cano, para ser trágicamente interrumpida por el golpe de Estado de 1976. Desde este enfoque, el conflicto de los ingresantes a Medicina y Derecho lejos de reducirse a una problemática sólo pertinente a los claustros universitarios, se constituye en una confrontación por definir y construir un modelo de Universidad para un proyecto de sociedad distinta al figurado por la dictadura. El desenlace de la situación planteada por los estudiantes va en ese sentido, ya que después de una semana de huelga de hambre y contando con el respaldo mayoritario de la sociedad cordobesa, de las organizaciones sindicales y de los partidos políticos, finalmente los aspirantes de Medicina y Derecho obtuvieron el reconocimiento como alumnos regulares de sus respectivas carreras. Un dato que marca el carácter del conflicto y la lucha ganada, es que la lectura de la resolución favorable fue hecha ante la asamblea estudiantil, reunida frente al rectorado, por el secretario
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general de la CGT, Miguel Ángel Correa, rodeado por los dirigentes políticos. El acto final de este acontecimiento fue de gran significación democrática, dirigentes políticos, estudiantiles y gremiales encabezaron una movilización por el centro de la ciudad con la participación de alrededor de 10.000 personas, en lo que constituyó la mayor manifestación ciudadana en Córdoba desde 1973, y prefiguró la gran movilización social que sobrevendría conforme se acercaba la fecha para las elecciones generales, llevadas a cabo el 30 de octubre de 1983. A partir de este acontecimiento, analizado aquí en sus líneas políticas más generales, la universidad pública y el movimiento estudiantil continuarían jugando un papel político central no sólo en el periodo de la transición democrática sino en su progresiva consolidación, tanto en el específico funcionamiento institucional universitario, como en su articulación con diversos sectores socio-políticos cordobeses. Al respecto, cabe mencionar que ese movimiento estudiantil consiguió en la Universidad de Córdoba el estatuto normalizador más democrático del país; por otra parte, cuando se produjo el levantamiento militar de abril de 1987, la Universidad fue el ámbito que congregó a estudiantes, organizaciones gremiales, políticas y barriales en defensa activa de la democracia. La posición central que ocupó el movimiento estudiantil en el complejo proceso de recuperación de la democracia desborda ampliamente toda simplificación que intente circunscribirlo a la mera realización de elecciones y, paralelamente, redefine el rol de los universitarios en ese proceso. Se trata de un doble movimiento, por un lado, el de estudiantes que reclaman por su derecho a estudiar; por otro lado y paralelamente, no se trata de un rol que cumplieron los universitarios solamente en cuanto tales, es decir desde su pertenencia a una institución determinada, sino más bien desde su carácter de ciudadanos. En el proceso de recuperación de la democracia asistimos a un doble nacimiento: el de nuevos ciudadanos que asoman por primera vez a la participación socio-política, y el de nuevos universitarios que reclaman su derecho a construir otra universidad. “La necesidad de avanzar hacia una Universidad abierta al pueblo, y un movimiento estudiantil comprometido con las necesidades de los sectores históricamente postergados…” sostienen los estudiantes en el documento final del Congreso normalizador de la Federación Universitaria de Córdoba realizado en diciembre de 1983. Se trata de los mismos actores sociales que asumen conjuntamente su carácter de ciudadanos y su pertenencia a la universidad pública como un único y mismo proyecto social y político. *Miembro del Centro de Estudiantes de Arquitectura y congresal FUC en aquel momento.
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