VALOR DEL EJEMPLAR $ 10.-
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pensar un pais con justicia social
AÑO IV - N° 14 - ABRIL 2013
AÑ OS
Centro de Estudios y Formación Política Miguel Angel Mozé
PENSAR UN PAÍS CON JUSTICIA SOCIAL
Miguel Cantilo: “En este país se llegó a prohibir el uso de la palabra cuerpo”
Victorio Paulón: “El movimiento obrero es un protagonista del cambio social” Luis Rodeiro:
Mirarnos en el espejo venezolano Alejo Testa y Eva Gómez:
EAN en el encuentro por una Justicia Legítima Horacio Lonatti:
Nueva historia de la Patria Grande Sylvia Nadalin:
Desmitificar la historia
Luis Miguel Baronetto
Obregón Cano en los barrios y las provocaciones policiales 1
sumario
AÑO III - N° 10 - diciembre de 2012
Publicación propiedad del Centro de Estudios y Formación Política “Miguel Angel Mozé”
Editorial
Asociación Civil
Registro Propiedad Intelectual en trámite
Página 3
Reportaje a miguel cantilo por Miguel Apontes y Nahuel Nieto / Página 4
Brandsen 441 - Barrio San Martín X5000GMI Córdoba, Argentina Tel. (0351) 474-3503 - centromoze@gmail.com - info@cpdescamisadoscba.com.ar www.cpdescamisadoscba.com.ar Editor Responsable: Dirección Editorial: Colaboran en este número:
Colaboradores Permanentes: Impresión: Diseño Gráfico: Distribución: Contenidos:
Miguel R. Apontes Alexis Oliva, Pablo Torres Uriel Quinteros, José Navarro, Eva Gómez Nieri, Alejo Testa, Mariano Pacheco, Marina Miguel, Luis Miguel Baronetto, Anahi Oviedo, El Argentino, Sylvia Nadalin, Matías Alles y Johnny Sunday. Alexis Oliva, Luis Rodeiro, Sergio Tagle y Horacio Lonatti Pretocolor Gráfica (0351) 157034611 Nahuel Nieto - nahuelnieto@live.com Cristian Sansalone Yohana Cicaré
Consejo de Redacción de El Avión Negro: Eduardo Sota Esteban Dómina Sergio Tagle Graciela Treber Daniel Giacomino Haide Giri Luis Rodeiro Francisco Yofre
(Director Centro de Educación Popular Miguel Mozé) (Economista, Concejal ciudad de Córdoba) (Periodista Radio Nacional Córdoba) (Ex Concejal de la Ciudad, Asesora en políticas públicas) (Diputado Nacional por Córdoba)
ean en el encuentro por una justicia legítima por Eva Gómez Nieri y Alejo Testa / Página 7
mirarnos en el espejo venezolano por Luis Rodeiro / Página 11
humor: CÓMO SABOTEAR UN CACEROLAZO por Luis Rodeiro / Página 14
borges, bioy y los monstruosos muchachos peronistas Por Mariano Pacheco / Página 16
La Voz de la Militancia Por Marina Miguel / Página 19
Obregón Cano en los barrios por Luis Miguel Baronetto / Página 22
entrevista a victorio paulón por Alexis Oliva / Página 26
uturuncos: la primer guerrila Peronista por Pablo Torres / Página 29
Dejen oír, hay un grito sabio en Venezuela
(Ex Senadora Nacional, Programa TDA Córdoba)
por Anahi Oviedo / Página 33
(Periodista, ensayista) (Gerente GECAL Córdoba, Ministerio de Trabajo)
NUEVA HISTORIA DE LA PATRIA GRANDE por Horacio Lonatti / Página 34
ecos de la perla El homenaje que le debíamos a Obregón Cano y Atilio López El 15 de abril UNIDOS Y ORGANIZADOS realizó un acto al cumplirse 40 años del triunfo de la fórmula Ricardo Obregón Cano – Atilio López. Fue en el Auditorio de Luz y Fuerza Regional. Participaron todas las organizaciones que forman parte de este espacio y en el panel estuvieron Manuel Reyes, Elvio Alberione y Guillermo Vázquez. El documento de UNIDOS Y ORGANIZADOS leído en el acto, sostiene en uno de sus párrafos: “Obregón Cano-Atilio López, la fórmula justicialista, fue la síntesis de las demandas y contenidos políticos de carácter progresista que recogían lo mejor de nuestras tradiciones políticas. Y fue la expresión más alta de representación, en términos políticos institucionales, de las luchas populares y democráticas llevadas a cabo en nuestra provincia.”
por Alexis Oliva / Página 36
DESMITIFICAR LA HISTORIA por Sylvia Nadalin / Página 40
Un nuevo medio gráfico en Córdoba Está todas las mañanas en la calle El Argentino Córdoba. De distribución gratuita, se edita de lunes a viernes y los cordobeses lo pueden conseguir en los puntos céntricos más estratégicos: Correo Central, Pami, Anses. Con una tirada de 25.000 ejemplares, este medio irrumpe en una Córdoba con concentración monopólica en la prensa gráfica; los dos diarios de mayor tirada y penetración -La Voz del Interior y Día a Día- pertenecen al Grupo Clarín. CORRIENTE PERONISTA DESCAMISADOS Nacional, Popular y Revolucionaria. Conducción Nacional: Marcelo Koenig, Lorena Pokoik, Fernando Gómez, Beltrán Besada, Juan Miguel Gómez Parodi. Conducción Córdoba: Miguel “Gallego” Apontes, Uriel Quinteros, Cristian “Chiqui” Sansalone. Mesa Ejecutiva Córdoba: José Navarro, Eduardo Sota, Nahuel Nieto, Silvana Toranzo, Claudio Barragan, Pilar Unsain, Leandro Quiroga Barros y Emiliano Navarro. www.cpdescamisadoscba.com.ar
editorial
pensar un pais con justicia social
Córdoba en otoño
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n mes de plena actividad política en Córdoba, a tono con el particular año electoral donde Córdoba deberá renovar 9 bancas en la Cámara de diputados de la Nación. El acto realizado el lunes 15 en Luz y Fuerza Regional por UNIDOS Y ORGANIZADOS, significó un hecho político trascendente. La reivindicación de Ricardo Obregón Cano y Atilio López a 40 años del triunfo de la fórmula del Frente Justicialista de Liberación, refleja la disputa de sentido del peronismo que se encara. El documento de UNIDOS Y ORGANIZADOS leído esa tarde en un párrafo sintetiza la intención del homenaje: “No planteamos este homenaje en clave de nostalgia o melancolía. Más bien lo hacemos como ejercicio de memoria política, buscando identificar cuánto de los actuales dilemas y problemas que surcan al movimiento popular cordobés son deudores de la resolución de aquella aciaga etapa. La memoria empleada como lección y arma crítica para nuestras acciones hoy, para remontar las promesas incumplidas de aquel promisorio proceso insinuado y encabezado por los compañeros Ricardo Obregón Cano y Atilio López”. Mientras tanto, se repiten las acciones represivas de la Policía y que ponen a esta provincia a la cabeza de los distritos cuestionados por su violencia institucional. Más allá del Código de Faltas, aplicado con toda intensidad en todo el territorio provincial, con el resultado de arbitrarias detenciones de jóvenes que se suceden a diario, se produjo el desalojo violento de familias campesinas en el paraje Tres Esquinas, muy próximo a la comuna de Piquillín. Se trata de lugareños que se resistían a abandonar sus tierras tras la medida judicial que dispuso una orden de desalojo por “usurpación”. Es necesario denunciar “la actitud violenta ejercida por las fuerzas de seguridad, que culminó con la detención de 14 campesinos incluidos menores de edad”, como expresó en un comunicado UNIDOS Y ORGANIZADOS. Pero la violencia institucional no quedó allí: también fueron brutalmente reprimidos y detenidos miembros de organizaciones sociales por parte de la Policía provincial en Villa Carlos Paz; fue cuando manifestaban pacíficamente frente a la Departamental Punilla reclamando la liberación de vecinos detenidos en el marco de la lucha contra los desalojos arbitrarios en Icho Cruz y Cuesta Blanca. Otro hecho que no debe soslayarse, fue la nueva convocatoria el 18 para un “cacerolazo”. Más allá del análisis obligado en cuanto a la magnitud de la convocatoria, esta manifestación opositora no parece haber modificado todo lo dicho respecto a los anteriores. Se repitieron una sucesión de consignas, todas por igual muy difícil de traducir en un programa político, por demás generales o difusas y claramente reproduciendo la batería de titulares con que todos los días nos bombardean los medios de difusión hegemónicos. Una muestra de ello es cómo en carteles y pancartas aparecía el rechazo a las reformas propuestas para la Justicia (durante la semana los proyectos tratados en el Congreso de la Nación tuvieron media sanción), demanda contradictoria si las hay, pues en los anteriores cacerolazos era recurrente el reclamo de ¡Justicia! Nadie podía explicar en el cacerolazo frente al Patio Olmos qué es oponerse a la “democratización de la Justicia” y cuyos proyectos ya tienen tratamiento parlamentario. El sistema democrático –al que no caben dudas todos, pero todos, los argentinos adherimos, a no ser que en la protesta se oculten proyectos mesiánicos o autoritarios de algunos trasnochados- importa, por sobre todas las cosas, el respeto irrestricto a la voluntad popular. Mejor ni hablar de las consecuencias que puede tener este descontento –por otra parte legítimo y donde la libertad para expresarlo no se pone en cuestión- cuando se descarrila y traspone los límites de la propia democracia. El no permitir desbordes es una responsabilidad ineludible de la oposición política argentina.
Por último, nos aprestamos a celebrar un 1° de Mayo UNIDOS Y ORGANIZADOS en la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea). La participación ya comprometida de Eduardo Accastello y Carolina Scotto sin dudas fortalece este espacio político de unidad de las fuerzas kirchneristas de Córdoba. Por último, es necesario saludar la consolidación del “Foro de Intendentes en el Proyecto Nacional y Popular”, con una Mesa integrada por 9 intendentes: Sandra Dal Bo de Cavanagh, Daniel Torres de Dalmacio Vélez, Juan Pereyra de Villa Dolores, Gabriel Fernández de Viamonte, Luis Stanicia de Las Acequias, Ernesto Bernabey de Villa del Totoral, Jorge Cura de Morrison, Javier Paulucci de Ucacha y Valeriano Torres de Villa del Dique. Miguel Apontes – Uriel Quinteros
miguel Cantilo
“En este país se llegó a prohibir el uso de la palabra cuerpo” Miguel Apontes y nahuel nieto Fuimos invitados por Martha González, responsable de ese hermoso lugar en Unquillo llamado “El Recodo del Sol”, al concierto de uno de los próceres del rock nacional. Miguel Cantilo se prestó a una charla con EL AVIÓN NEGRO momentos previos al recital; hablamos de sus inicios, de la estupidez de la censura que padeció este país. Quien integrara junto a Jorge Durietz el mítico dúo Pedro y Pablo, expresó su amor por Córdoba: “siempre quiero regresar a este lugar, por su belleza y la paz de sus sierras”. Presentó su último trabajo “Cantilenas”. por
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iguel Cantilo integra el selecto grupo de músicos que, sin quererlo, fundaron allá por los 60 un movimiento cultural para resistir una moral conservadora y las prohibiciones que imponía el Estado. El autor de la “Marcha de la bronca”, la típica canción de protesta argentina, conformó junto a Jorge Durietz el dúo “Pedro y Pablo” y editaron la canción en “simple” en 1970 alcanzando gran popularidad. Muchos internalizaron sus versos y convirtieron a la canción en un verdadero himno de lucha y resistencia en nombre de la libertad y en contra de las dictaduras militares, aquí y en otros países de Latinoamérica. -Hablemos de tu irrupción con la música en los ’70, tiempos de convulsión política… -En principio, no era una cosa local, había una ebullición en la juventud en todo el mundo. Con distintas características, distintos colores, según el país y la cultura. Pero en general había una actividad de la gente joven muy grande, con emergentes como el Mayo Francés y los movimientos contra
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la guerra en Estados Unidos. La actividad artística en general fue muy creativa a finales de la década del 60 y principios de los 70. La Argentina tuvo su versión de esto: los argentinos siempre hacemos nuestra propia versión de lo que está pasando en el mundo. Aquí tuvimos una influencia muy fuerte de las ideologías políticas por un lado y por el otro hubo otros grupos de jóvenes que no sintonizaban tanto con la militancia política sino más bien con la contracultura o una forma de expresión a través del arte y la cultura para rebelarse contra el sistema imperante. El resultado fue que se polarizó un poco: una juventud muy politizada, permanentemente en debate y confrontando, en las universidades o los colegios y por otra parte un sector más prescindente de estos debates políticos, más dedicada a la búsqueda de alternativas de vida como artesanos, en las ferias, buscando modos de vida alternativos porque no querían incorporarse al sistema como se les proponía. Era mucho más activa y determinante la que estaba ligada a la política, la otra más
minoritaria o más silenciosa. -Hablemos de la censura que sufriste vos y tus canciones. -Las canciones tenían letra y música mía. “Catalina Bahía” intentó ser grabada en 1971 pero fue rechazada; las grabadoras no solo se autocensuraban en términos políticos sino también en cuanto a cualquier otra expresión que pueda ser considerada “subida de tono”. Entonces nos fuimos a otra grabadora y ya en el 72 grabamos la canción; era más pequeña y de menor alcance, pero grabábamos con más libertad, no había tanto control del Estado; allí también grababan Aquelarre o Astor Piazzola y otros grupos no promovidos masivamente. Estaba también el sello Microfón, donde grababa Pescado Rabioso. Las grandes compañías, CBS o RCA (cuyo catálogo ahora lo tiene Sony), se autocensuraban, había mucho control político allí, gente de los servicios. -Hay canciones que abren caminos… -En ese momento a “Catalina Bahía” no se la aceptó por considerarla una canción pornográfica. Y no es que la sometieron a
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un organismo de censura sino que ellos mismos se autocensuraban. Estaba lista para salir, pero la guardaron. Después de la dictadura se pudo publicar la primera versión, que es la que se conoce, la que más circula. La que pudimos grabar en el 72 quedó como en segundo plano.Después de la dictadura se publicó la versión original. En 1975 era autocensura, pero cuando llegaron los militares todo era mucho peor. Yo ya estaba afuera del país y me contaban que estaban prohibidos muchos tangos, obras de rock … y había determinadas palabras que no se podían mencionar en las canciones, por ejemplo la palabra cuerpo. ¡La mentalidad de estos tipos de prohibir el uso de la palabra cuerpo! Por aquellos años tenía mucha divulgación la poesía de Neruda, de García Lorca; leíamos esos textos en el propio colegio secundario y tomábamos esos estilos; o Julio Cortázar con ese lenguaje tan libre, que encaraba temas que no se habían abordado hasta entonces, era revolucionario. Nos hacíamos eco de esa corriente, de esa moda; por eso Spinetta escribía las letras de Almendra, tan poéticas. Yo tuve una banda llamada Los Cronopios, que remitía a Cortázar. Era todo un mundo que se te abría a través de la literatura. -Sos de los iniciadores de lo que se conoce como “rock nacional”… -Yo adherí al rock mucho antes de que el rock fuera un movimiento en Argentina. Desde adolescente, en mi casa, tenía conjuntos con amigos. Después, cuando tuve que salir a cantar, elegí más el formato de “nueva canción”; algo más de Café Concert, más íntimo. Los exponentes de la época eran María Elena Walsh, Nacha Guevara, Facundo Cabral. El rock lo había dejado un poco, no tenía banda, tocábamos a dúo con Jorge Durietz. Era como buscar empleo: en lugares pequeños donde podíamos tocar guitarra y cantar lo hacíamos y así surgió Pedro y Pablo. Pero me empezó a picar las ganas de hacer el rock que había dejado atrás y conocí la Cofradía de la Flor Solar, a Luis Alberto Spinetta, a Pappo. Me empezó a gustar ese ambiente y me pasé al rock, aunque manteniendo la línea literaria. En un momento esas letras me cerraron las puertas del trabajo. Si bien “La Marcha de la Bronca” fue un éxito y nos abrió muchas puertas, las canciones que vinieron después como “Padre Francisco” o “Apremios Ilegales”, todas un poco más politizadas, nos cerraban las puertas de difusión que era el cierre de lugares de trabajo. A fines del año 1974 teníamos dificultades para trabajar con cierta continuidad, intentamos
El álbum “Clásicos” junto a Charly, Moris, Mollo, León…
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n 2005 ve la luz un trabajo inmenso: grandes artistas del rock nacional reunidos para interpretar los “clásicos” de Miguel Cantilo. Allí están Fabiana Cantilo, Rubén Rada, Ricardo Mollo, Hilda Lizarazu, Charly García, Andrés Calamaro, León Gieco, Juan Carlos Baglietto, Gustavo Cordera, Moris … “y Rocambole, como un invitado más que desde hace años hace sonar en nuestro rock la fina cuerda del arte visual”. “Este álbum fue una experiencia increíble. No se hizo de la noche a la mañana. Estuvimos varios años eligiendo las canciones, los productores, el sello. Al principio pensamos que lo podíamos hacer artesanalmente, pero hubo gente que nos alentó a hacerlo más masivo, con difusión amplia. Un gustazo que uno se da, hubo que coincidir con gente que vivía fuera del país. Desde el comienzo de la gestión pasaron cuatro años y tuvimos un año entero de grabación.”
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Canciones que abren caminos… y cabezas por m.a.
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n 1991 se editó “El Libro de la Sexualidad”, un trabajo de Elena Ochoa; se entregaba con el diario El País de España en fascículos semanales (aquí llegó vía Página/12). En el capítulo que habla sobre la asfixia que ejercía la dictadura franquista en la sociedad española –haciendo eje en la represión sexual-, las prohibiciones y el traslado a las políticas del Estado autoritario de dogmas religiosos integristas, me llamó la atención que se mencionen a artistas que contribuyeron a romper con esa rígida moral y que no era otra cosa que una manera de represión para el control social. Entre los rupturistas se menciona a Joan Manuel Serrat y su canción “Antes de que den las diez”. Escucharla hoy no nos dice mucho: la vemos por demás ingenua. Sin embargo, cuando se grabó allá por fines de los ´60 y en el contexto de una larga dictadura, para muchos representó un halo de luz, un bálsamo contra el oscurantismo y la represión sexual, una esperanza de libertad. Tal vez algo parecido haya sucedido en nuestro país con muchas canciones. Yo recuerdo una y la compuso Miguel Cantilo: “Catalina Bahía”. Y se lo pregunto en el Recodo del Sol: “En ese momento a “Catalina Bahía” no se la aceptó por considerarla una canción pornográfica. Y no es que la sometieron a un organismo de censura sino que ellos mismos se autocensuraban. Estaba lista para salir, pero la guardaron. Después de la dictadura se pudo
hacer giras por el interior autofinanciadas. Vinimos a Córdoba por primera vez y actuamos en Redes Cordobesas; alquilábamos los equipos en las casas de música, porque no podíamos trasladarnos con ese equipaje. En Buenos Aires había ya problemas y falta de trabajo. Y en 1975 decidí irme del país, me fui a Colombia; más que por razones políticas, era por la falta de trabajo y los impedimentos que tenía. Después vino el golpe, pero yo ya estaba imposibilitado de trabajar desde antes de la dictadura. -El espectáculo Once Corazones combinó música, teatro, baile, literatura. ¿Qué te dejó esa experiencia? -Ese musical lo hicimos en 1998. Con el músico Juan Pollo Raffo y como dramaturgo Quique Morales más yo que me encargué de textos y música. También se sumaron otros como Carlos Veiga, el coreógrafo y actores, cantantes, bailarines. En el verano estuvimos en el Teatro de La Rivera y quedé con ganas de abordar nuevamente estos otros géneros, como el musical o la ópera rock. Siempre estoy planificando hacer algo así en algún momento. Moral Burguesa, en cambio, fue un espectáculo presentación de un álbum de canciones en el que como había mucho tango, tango fusión, nos ayudó allí una pareja de baile, Alicia Orlando y Claudio Barneix; era una propuesta coreográfica para ilustrar las canciones, buscando una imagen visual de lo que decían las letras. Le llamamos Rock-Tango-Clips,
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publicar la primera versión, que es la que se conoce, la que más circula. La que pudimos grabar en el 72 quedó como en segundo plano. Después de la dictadura se publicó la versión original. En 1975 era autocensura, pero cuando llegaron los militares todo era mucho peor. Yo ya estaba afuera del país y me contaban que estaban prohibidos muchos tangos, obras de rock… y había determinadas palabras que no se podían mencionar en las canciones, por ejemplo la palabra cuerpo. ¡La mentalidad de estos tipos de prohibir el uso de la palabra cuerpo! Por aquellos años tenía mucha divulgación la poesía de Neruda, de García Lorca; leíamos esos textos en el propio colegio secundario y tomábamos esos estilos; o Julio Cortázar con ese lenguaje tan libre, que encaraba temas que no se habían abordado hasta entonces, era revolucionario. Nos hacíamos eco de esa corriente, de esa moda; por eso Spinetta escribía las letras de Almendra, tan poéticas. Yo tuve una banda llamada Los Cronopios, que remitía a Cortázar. Era todo un mundo que se te abría a través de la literatura”. Cuando abandono Unquillo, junto a Nahuel, Elisa y Juan, tras el buen show de Miguel, tarareo algunas estrofas con nostalgia … “Su comarca de sexo en una esquina / Sus hectáreas de pecho en un vaivén / Catalina sabía el argumento / De la sábana rota por amor …”
eran como pequeños videos clips en vivo. También fue una experiencia interesante y ahora estoy por recopilar todos los temas que tuvieron que ver con ese estilo en un álbum de tango fusión; inclusive versiones de “Mano a Mano” y de “Nostalgias”, haciéndolas con una banda de rock. -Cuando la recuperación de la democracia, Pedro y Pablo lleva adelante una gira por todo el país. En Córdoba muchos recuerdan el concierto en el Estadio del Centro y hasta el inmenso afiche de Pedro y Pablo, el de las figuras recortadas, como en sombras. ¿Qué recordás de esa gira? -Fue una época sorprendente. Nunca habíamos llegado a ser tan populares, como mucho hacíamos clubes de barrio, no soñábamos con que podíamos reunir a tanto público, lo nuestro era más minoritario. Fue un fenómeno que se dio por la contención que tenían todos por la dictadura; eso explotó y la gente encontró en los recitales de rock una válvula de escape que buscaba. Y eso se trasladó a otras disciplinas como el teatro, el cine. Pero en ese momento las bandas de rock absorbieron esa ansiedad de la gente por juntarse en un estadio a tomarse revancha de todo lo vivido en los años de la dictadura. Para nosotros también, desde arriba del escenario: era la revancha por haber estado exiliados. Pedro y Pablo fue una de las bandas privilegiadas, de las más elegidas por la gente para hacer ése circui-
to nacional; llegamos hasta Ushuaia y allí estaba León Gieco dando vueltas, estaba Serú Girán. Así como para los cordobeses, el hecho de recibirnos, para nosotros también fue una aventura ir a tocar a lugares donde alguna vez habíamos estado pero ahora en mejores condiciones, con buen sonido. Creo que ahí se dio el puntapié inicial para que el rock nacional sea un movimiento masivo como es hasta hoy. -En otro momentos el rock fue contestatario frente el poder político; hoy se ve a muchos artistas defendiendo medidas del gobierno nacional. -Hoy el movimiento del rock es muy amplio. Las bandas más convocantes no tienen ninguna definición política ni de búsqueda. Algunos sí apoyan o toman partido, pero no veo un interés por tratar a través las canciones el fenómeno social que se vive. Las canciones van por un lado y la realidad por otro. Excepto grupos, como Arbolito u otros cantantes que hablan de la realidad social. La diferencia es que el rock vive como en un mundo de fantasía en su contenido; bandas muy populares interpretan letras que no reflejan la realidad de la calle. Inclusive el público de esas bandas tampoco está interesado en que se le cante esa realidad. En las letras del Indio, Divididos o Las Pelotas, con muy buena música y gran despliegue de tecnología, no se ve una poesía que represente lo que se está generando en la sociedad, como sí sucedía cuando el rock nacional comenzó.
Justicia
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El Avión Negro en las históricas jornadas de la Biblioteca Nacional
POR UNA JUSTICIA LEGÍTIMA (segunda parte)
por
Alejo Testa y Eva Gómez Nieri
jorge auat, fiscal general.
En febrero se desarrolló en la Biblioteca Nacional, en la ciudad de Buenos Aires el encuentro “Por una Justicia Legítima”. En el documento que sirvió de base para los debates en la Biblioteca Nacional, se sostiene “que la independencia del Poder Judicial es un principio cardinal del sistema republicano que no debe entenderse limitado a la relación que debe existir entre los poderes del Estado. Los magistrados también deben ser independientes de los intereses económicos de las grandes empresas, de los medios de comunicación concentrados, de los jueces de las instancias superiores e -incluso- deben ser independientes de las organizaciones que los representan”. Con el tratamiento parlamentario por estos días de seis proyectos enviados por el Ejecutivo que impulsan algunas reformas en el Poder Judicial, cobra mayor importancia la iniciativa de estos actores sociales, que permitieron poner en debate cuestiones que muchos prefieren no debatir en defensa –dicen- de la independencia de los poderes. Nosotros sostenemos que lo que se defiende, en todo caso, es un status quo.
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Entrevista a Mario Portela
MARIO PORTELA, JUEZ DE LA CÁMARA FEDERAL MAR DEL PLATA.
Entrevista a Jorge Auat Fiscal general, titular de la Unidad de Coordinación de las Causas por Delitos de Lesa Humanidad de la Procuración General. -¿Qué significa “Justicia Legítima? -El nombre encierra básicamente la idea de que había necesidad de reafirmar la legitimidad de la Justicia. Porque frente a una Justicia que evidentemente tenía fuertes cuestionamientos de la sociedad, la legitimidad que estaba en crisis, había que empezar a discutir cuales son las causas. Lo que tiene de central este foro, es que abrió la discusión; por lo menos para analizar cuáles son las causas por las cuales el sistema judicial se desprestigió. Es hora de abrir el debate. Nosotros teníamos un sistema judicial de espalda a la sociedad y ahora hay que ponerlo de cara a la sociedad. Esto es la piedra angular de esta discusión. De ahí en más vamos a tener, seguramente, discusiones por cuestiones instrumentales, cosa que también forma parte de la agenda. Pero lo que tengo en claro, es que el debate empezó y ya nada va a ser igual en el seno de la justicia. -Usted dijo que no le dan vela en su propio entierro, por el documento de la Asociación de Magistrados y Federación Argentina de la Magistratura... -Fue una expresión grafica, cuando salió ese documento el 6 de diciembre, que nos involucró a todos sin que nosotros tuviése-
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mos algún tipo de participación en la deliberación. Lo que a mí se me ocurrió decir es: Claro, ¿Cómo nos van a preguntar si saben que pensamos? Entonces, que no nos den vela en nuestro propio entierro es una consecuencia lógica de la presunción que ellos tenían. Cuando hablo… hablo de entierro de las ideas ¿no?, en ese sentido -Que los jueces comprometidos con la dictadura cívico-militar, obviamente que no se van a autojuzgar... -Creo que por lo menos hay que discutir esto de ser operador judicial de un Estado policial, a ser operador jurídico de un Estado de derecho. Me parece que ahí hay un límite o una confusión de límite, o por lo menos hay, en el medio, una brecha a la que hay que empezar a buscarle algún mecanismo, alguna alquimia que produzca acercamientos. Hay que discutir eso, no puede estar fuera de la agenda. -Para instrumentar estos cambios, ¿necesitaríamos una reforma constitucional? -Siempre hay que pensar esto: las leyes van a la saga de los hechos. Si nosotros generamos un espacio de discusión después se consagrará, se instrumentará, pero lo importante es la discusión; si la damos y la proponemos, yo no tengo ninguna duda de que se tiene que concretar y se va a concretar en los instrumentos idóneos para hacerse realidad.
Juez de la Cámara Federal Mar del Plata. -En su exposición habló del diferente uso del derecho. -Puedo decir una cosa: esto nace en Italia cuando empieza a luchar contra la corrupción el juez Giovanni Falcones, al cual mata la mafia. Propone un uso alternativo del derecho, porque siempre el derecho se vio como un instrumento retardatario al cambio social. Estos primeros jueces italianos se dan cuenta que con el derecho se puede impulsar el cambio social en vez de retardarlo, y esto es lo que se denomina el uso alternativo del derecho. Es cómo hacer para que el derecho sea un instrumento de liberación en lugar de un instrumento de dominación y sujeción. Esto es lo que no se enseña en las facultades de derecho, que tienen un discurso unívoco: el derecho es la norma, la conformidad de la norma la obediencia, la eficacia y, básicamente, la tarea del juez es la neutralidad, que se ejemplifica en una operación lógica. La subsunción: premisa mayor la norma, premisa menor los hechos y conclusión lógica; no es eso, la resolución judicial es un complicadísimo proceso argumentativo, donde está en juego toda la subjetividad de las partes y del mismo juez, porque si el juez permanece neutral en la pelea entre un monopolio y un individuo, gana el monopolio. Esto no es un problema de cambiar las reglas, este es un problema de respetar la regla básica que es el sentido común. Cuando yo digo que el derecho se enseña mal, yo considero que se enseña desde el punto de vista de la vigencia de la norma. Además, se obliga que los alumnos hasta la aprendan de memoria, con lo cual les refuerza el sentido más estúpido del cerebro que es la memoria (mi celular tiene más memoria que yo, o que vos… porque yo ya soy viejo y tengo una sola neurona), inhibiéndoles la capacidad crítica, que es la que realmente sirve para los procesos de creación. -¿Y sobre su cuestionamiento a eso de estudiar los manuales? -Sí, de gente que son realmente los dueños de la pelota. En la facultad de Derecho se enseña la seguridad jurídica citándolo a Fargosi, y el otro día escribí un artículo en La Nación hablando de la seguridad jurídica y cómo el embargo que habían hecho los jueces argentinos, por un pedido de Ecuador, les llenaba la seguridad jurídica y así, caramba, no van a venir inversiones; ¿qué inversiones? Las financieras, las que
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nos destruyeron, esa no es la seguridad jurídica que necesitamos nosotros; de modo que hace falta un replanteo absoluto en las Facultades de Derecho y si no, porque no se puede, en los cursos de capacitación posteriores. -También habló de los cursos, los postgrados, sobre quien los evalúa… -Exacto, vos evaluás antecedentes y no sabes... sobre todo los postgrados de universidades privadas o del exterior; traen muy buenos docentes, yo no discuto que no sean buenos pero no se está evaluando un control de calidad, ¿para qué quiero jueces? ¿Cuál es el perfil de juez que quiero? Yo sería un juez conservador si viviera en Finlandia o en Bélgica, porque ahí puedo conservar un estado de bienestar, pero ¿como voy a ser un juez conservador cuando tengo el porcentaje de pobreza que hay en la Republica Argentina? Tengo que ser un juez reformista, no te hablo revolucionario porque ya sería demasiado… -Hay una estigmatización de palabras reformista, garantista... -¡Eso ni hablar! Ese es el discurso de los medios; son los medios los que de alguna manera te hablan de la inseguridad, de la puerta giratoria, que el preso entra por un lado… y que no es cierto. ¡Las cárceles están llenas de pobres tipos! Llenas de perdedores del sistema. -¿Cuál es su balance del encuentro en la Biblioteca Nacional? -Para mí, como dijo alguien, es una primavera; porque realmente es como un despertar: jamás me imagine que iba a ver a los jueces, que en general tienen otras preocupaciones que como diría Schiffrin son el sueldo, la estabilidad y su carrera, metidos en esta historia que es revolucionaria. Mi balance es sumamente positivo, sí y solo sí esto sigue y va replicando, se va metiendo y de a poco vamos llegando. Todos estos son cambios que van a producir efectos a largo plazo. Cuanto antes los implementemos mejor, hay muchos de estos problemas que se solucionan con leyes como la horizontalidad de los jueces, el pago del impuesto a las ganancias; todo eso se resuelve con simples leyes, no hace falta modificar la Constitución. Si vamos a hablar de juicios por jurados, ya están en la Constitución, o sea que creo que con leyes lo arreglamos mucho más fácil.
Entrevista a ALICIA RUIZ Jueza del Tribunal Superior de Justicia la Ciudad de Buenos Aires y coordinó el Taller de Independencia Judicial.
ALICIA RUIZ, JUEZA DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA DE CABA. -¿Qué trascendencia le da usted a este encuentro? -Es algo que me gustaría destacar… por tres razones: porque esta forma de reunirse es inédita; porque estamos gente de la justicia local nacional y federal, lo que también es raro; porque no invocamos jerarquías de ningún tipo y porque nadie representa a nadie. Los primeros que se indignaron, los que firmaron esa Solicitada, no son los representantes de todos los que estamos acá. Esto me parece que es clave, porque si uno reclama democratizar la justicia tiene que abandonar los marcos en los cuales habitualmente los jueces, los miembros del ministerio público, se mueven; a ver… la importancia del encuentro y el sentido de todo esto es lo que estoy explicando: el modo que trabajamos en las comisiones y talleres me parece que muestra el esfuerzo de los integrantes de la justicia argentina por no repetir el modelo que criticamos. No queremos ser una corporación y tenemos que tener mucho cuidado de que los patrones que el Poder Judicial y las Facultades de Derecho incorporan, como dije ayer, del modo que transmiten el derecho, condicionan en general para ser lo que parece ser hoy toda la Justicia. Nosotros estamos dentro del Poder Judicial, y no empezamos ahora a dar esta batalla, es una batalla que viene desde hace tiempo... -Estaba invisibilizada...
-Invisibilizada… parcialmente visible, pero también quiero marcar que estas cosas no ocurren de casualidad: hay condiciones históricas en el país para que la gente que integra el Poder Judicial, alguna por lo menos, se sienta habilitada y con posibilidad de hacer lo que estamos empezando a hacer. Es un camino que empieza, nadie sabe hasta dónde podemos llegar, yo tengo muchas ilusiones de que podamos avanzar, necesitamos que la sociedad entienda esto. Depende de nosotros y también de los actores sociales; no queremos jueces heroicos, no se trata de tener jueces heroicos, se trata de tener jueces convencidos de su papel político en un Estado de derecho. -Se habló de la integración del Consejo de la Magistratura, del pago del impuesto a las ganancias… -Hay muchos aspectos para debatir, y sobre todo advertir que acá hay visiones distintas, hay pluralidad, para llegar a coincidir en algunos puntos más allá de los que quedaron expresados en los dos documentos que salieron en diciembre y enero; para eso tenemos que tener tiempo y espacio para intercambiar impresiones y mucha paciencia para escuchar a todos. -¿Se necesitarán ciertas modificaciones legislativas o de nuestra carta magna? -Según el aspecto que estemos tratando habrá que pensar en modificaciones de distinto rango normativo; hay algunas que tienen que ver con las prácticas que existen,
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esas son las más difíciles de cambiar; porque si las prácticas no cambian, cambia uno la norma pero la norma se sigue leyendo como la anterior… Te pongo un ejemplo: la reglamentación pro ley del amparo se hizo en épocas de dictadura; cuando la Constitución del ´94 incorporó el amparo, con rango constitucional, durante largo tiempo los jueces seguían leyendo el artículo de la Constitución como si fuera la ley de amparo; entonces esto lleva un tiempo: innovar es un trabajo coral de muchos y que lleva tiempo. -¿Cómo puede ser que una medida tomada por un juez como es una cautelar pueda durar más en el tiempo que un gobierno electo por el pueblo? -Vamos a poner las cosas en su lugar: estas situaciones tienen que ver con el uso que se hace de ciertos instrumentos procesales y ese uso no es un uso ingenuo, ni es un uso desentendido; es un uso que tiene sentido, defensa de ciertos intereses. Las cautelares no son malas en sí mismas, el problema es cómo se las usa, para qué se las usa… pero esto pasa con todas las normas del derecho.
Entrevista a Eduardo Barcesat Abogado constitucionalista, profesor consulto de la Facultad de Derecho (UBA) y consultor externo de la Procuración del Tesoro de la Nación. -¿Qué conclusión saca de este encuentro? ¿Cree necesario una reforma constitucional? -Evidentemente que el diseño constitucional que tenemos es el diseño de la Constitución de Estados Unidos. En “El Federalista”, que es el libro que explica la ideología de la Constitución norteamericana por sus autores, se sostiene que el Poder Judicial tiene que ser aristocrático para evitar cualquier desborde populista o demagógico de los poderes electos por voto popular. De manera que, estaba ya instalado desde el minuto uno, como un poder que pudiera ser un contrapoder respecto de la expresión de la voluntad popular. De manera que, esto es algo, diría, que afecta el principio de soberanía del pueblo del artículo 33 de la Constitución Nacional y que agravia también el sentido del artículo 1 de la Constitución que habla de la forma republicana de gobierno. ¿Cómo puede ser republicano un poder vitalicio, que no tenga control popular, y que no tenga publicidad y rendición de cuentas de sus actos? Eso no es republicano, eso es monárquico, papal diría. Contra esto se levantan voces; afortunadamente desde dentro y desde fuera de la Administración
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EDUARDO BARCESAT, CONSTITUCIONALISTA. de Justicia, de todos los operadores del derecho para introducir una modificación profunda. Yo no creo que acá alguno se conforme con que salga la resolución de pago del impuesto a las ganancias como enorme expresión de este cónclave. Todo esto amerita pensar en la reforma constitucional, pero también puede llegarse, así lo hemos propuesto, a modificaciones sustantivas a través de leyes que interpreten el principio de la inamovilidad de los jueces, con los requisitos de idoneidad y de forma republicana de gobierno y que, por lo tanto, por ley de la Nación, se pueda periodizar la función, ampliar el Consejo de la Magistratura con representación popular, para que en el nombramiento, en la renovación de cargos que serían por plazo determinado, reelegibles, pero por plazo determinado, haya una presencia popular que garantice la calidad del servicio de justicia, la ponga al servicio del pueblo y amplíe la función de la Justicia. En esto señalamos una diferencia muy profunda con la manifestación del doctor (Ricardo) Lorenzetti, cuando su discurso por los 150 años de la Corte. Allí dijo que hay que abrir otras vías de resolución de conflictos, que no se trata como alguno podría pensar de la mediación prejudicial, sino del arbitraje, es decir de la privatización de la justicia. Creo, que esto es lo más opuesto de lo que pretendemos bajo la expresión “Justicia Legitima” y “Justicia Democrática”. Lo que no-
sotros pretendemos es hacer accesible esa justicia para los intereses populares, custodiar la supremacía de los Derechos Humanos, tanto civiles y políticos como económicos, sociales y culturales. Ello requiere una transformación en la formación y en la mentalidad de los jueces. Va a llevar tiempo, no es una cosa inmediata, pero entiendo que la presencia multitudinaria, la inquietud manifestada, las iniciativas coincidentes, son un buen signo para la continuidad de esta tarea y para que alcance sus reclamaciones a tener instrumentación normativa, sea por decisiones internas del Poder Judicial, las más cercanas, sea por normas legislativas, e incluso por reforma constitucional. -No por demonizar las medidas cautelares pero hay ciertas cuestiones de la justicia que se extienden mucho en el tiempo… -Esto lo veo de la siguiente forma, la Corte ha dicho siempre que la declaración de inconstitucionalidad de una ley es la ultima ratio de la administración de justicia, pero sin embargo suspende la aplicación de una ley por medida cautelar, por tiempos indefinidos e indeterminables. Entonces, ¿cuál de las dos formulaciones es la que sirve?, ¿cuál de ellas es la que tiene raigambre constitucional? Creo que la primera; y no esta otra que estamos viendo donde no la sentencia, pero si la medida cautelar, es la manera de obstaculizar todo proceso de cambio.
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Mirarnos en el espejo venezolano por
C
uando escribo esto para El Avión Negro han pasado siete días de la elección venezolana. Como debía ser –por el presente y el futuro de la alternativa popular y democrática en nuestra patria grande- ganó el compañero Maduro, en una elección reñida, pero transparente y legítima. Desde ahora, es un desafío inmenso. Venezuela ha sido, es y será parte necesaria y fundamental del cambio latinoamericano, de la consolidación de un modelo para todos los pueblos que –como dice Ramonet- son víctimas del sadismo económico. Empero más allá de esta realidad, que nos tranquiliza y nos desafía, ningún partícipe de este proyecto inmenso puede esconder una cierta desazón, una inquietud,
luis rodeiro
un profundo sonido de alarma. Las preguntas que se hacen los compañeros venezolanos, como nosotros, como los bolivianos, los ecuatorianos, los brasileños, los uruguayos, son exactamente las mismas. ¿Qué pasó con los miles de votos que consagraron a Chávez, en una victoria aplastante? ¿Por qué esos miles de votos que nos faltan en esta nueva realidad electoral se pasaron a la derecha de Capriles? ¿Los grandes líderes populares son irremplazables? ¿Qué hicimos mal, qué no supimos leer en la escritura enrevesada de la sociedad, qué no supimos escuchar en la voz popular, qué batalla estratégica, qué desarrollo táctico no supimos plantear correctamente? A pesar de lo provisorio de las hipótesis y de las conclusiones, conscientes de las
particularidades de cada proceso, una pregunta fundamental para hacernos es ¿si es posible -más allá de las diferencias- mirarnos en el espejo venezolano, descifrar si no hay en esa realidad de triunfo disminuido, algún mensaje para nuestra propia construcción popular? Por cierto, una verdad de Perogrullo es que no hay partido ganado hasta que no suena el pitazo final; que un proyecto popular –por el tamaño y el poder de los adversarios- exige un compromiso permanente, una atención continua, un poder de autocrítica cotidiana. Es demasiado temprano para esbozar conclusiones cerradas, pero quizás valga la pena preguntarse en alta voz sobre riesgos, aunque sea de manera desordenada y provisoria.
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1. Es muy posible que razones económicas, reales o ficticias, hayan influido en el ánimo de un parte de la sociedad. Horacio González, desde Venezuela, se pregunta precisamente: “¿Hay motivos económicos que corroyeron silenciosamente la vida política popular como efecto de las devaluaciones?”. Cabe preguntarse si dos devaluaciones en los 100 días de Maduro como presidente provisorio, pero que es posible que le hubiese tocado al propio Chávez ¿constituían el único camino? Nadie puede negar la intensa actividad de la derecha en lo que hace a sabotear la economía, a provocar escasez de alimentos, a producir cortes deliberados de energía, creando un clima de inquietud y desasosiego. Pero, en tal caso ¿hubo falta de explicaciones coherentes de esas medidas económicas hacia la sociedad, que de inmediato el poder mediático convirtió en miedo para sectores importantes? La prensa, en Venezuela como en Argentina, se ha especializado en minar las expectativas y esperanzas económicas de la sociedad, en actuar cotidianamente –con todas las armas desplegadas incluyendo la
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tergiversación, la manipulación, las medias verdades, la mentira- socavando la confianza e inoculando dudas sobre las evidencias. ¿Tenemos sopesado correctamente el efecto en la sociedad de medidas económicas que tienen consecuencia inmediata en la vida cotidiana? ¿Tenemos sopesado correctamente el efecto en la sociedad de estas campañas corrosivas de prensa, ante cualquier desliz oficial que sirva a sus intereses? En una situación económica diferente, en nuestra realidad, el poder mediático logró instalar, en sectores proclives a las dudas, especialmente de clase media, la provisoriedad de la situación, el temor a un descalabro próximo, la inminencia de un apocalipsis post-electoral. De esta manera ¿no será preciso un esfuerzo mayor en la explicitación de la realidad y las consecuencias de problemas como la inflación, la sobredimensión del dólar ilegal? ¿No es un riesgo, con consecuencias electorales, que es preciso afrontar con mayor decisión? ¿Somos conscientes que el sojuzgamiento económico que perpetró el modelo neoliberal, significó también –como apunta Juan
José Gianni- una derrota cultural, “una impotencia de la cultura propia para escapar a la alienación que esa pérfida trama de poder imprime a nuestros pueblos”? 2. Sin duda, el liderazgo de Chávez, como suele ocurrir en los movimientos populares latinoamericanos, ha sido muy fuerte. Y sin duda, resultan muy difíciles de ser reemplazados. Por necesidades que surgen por el tamaño y el poder de los adversarios, quizás por características propias de nuestros pueblos, esa relación entre líder y sociedad es muy sólida y aun cuando esos liderazgos se desarrollan en contextos plenamente democráticos, favorecen un cierto personalismo necesario, que en casos como la muerte de Chávez, se convierten en problemas para el desarrollo del movimiento popular, desaparecido el líder. A pesar de ser consecuencia de procesos sociales, no podemos dejar de pensar en cuanto hacen falta los Evo, los Correas, los Lula, para la consolidación de la alternativa liberadora. Como bien señala Mario Wainfed, “las exitosas experiencias de este siglo en la región se formatean bajo el presidencialismo y con liderazgos carismáticos de variopinta intensidad. A la luz de los resultados resulta chocante (¿o esclarecedor?) que “justo ahora” se critiquen esas reglas y esos emergentes. Reemplazar a los líderes no es sencillo, ni habitual. Ni siquiera en los países más “sistémicos” como Chile y Uruguay. En ellos no hay reelección, en Venezuela la hay por tiempo indeterminado”. Por cierto, las situaciones no son idénticas en estas experiencias. Lula logró, por ejemplo, convertir a Dilma en una heredera legítima. Chávez lo logró a medias en la figura de Maduro, que ganó la elección. Perón no pudo resolver esa cuestión importante y debió designar al “pueblo” como su heredero, que a pesar de la fuerza movilizadora que tiene la idea, la realidad es que tuvimos que esperar mucho tiempo para que Néstor Kirchner se convirtiera en un heredero legítimo de la tradición original del peronismo, tras los lamentables desviacionismos de Isabel, López Rega y Menen y las burocracias políticas y sindicales. El problema de la herencia o de la transmisión de la conducción, aunque sea temporal, es un problema serio en el desarrollo del proyecto en construcción. Y nosotros lo tenemos. Cuando Maradona se pone una camiseta en la que está escrito Cristina 2015, expresa sin duda un sentimiento común de la militancia y de los sectores populares. Pero puede ser, lamentablemente, un deseo políticamente imposible. Sin duda,
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cuando existen liderazgos sólidos, como es el caso de Cristina, el peso de la resolución es propia del líder. Pero ello no impide la participación, no impide la opinión, no implica el silencio ante eventuales candidatos ol autocandidatos que nos despiertan las máximas dudas, en cuanto a la consolidación y la profundización de la etapa que estamos protagonizando. Es un campo de interés común. Creo que ése también es un mensaje en el espejo venezolano. Ser orgánicos, no exige no tener voz, estar con los ojos vendados. 3. Una mirada autorizada, como la de Atilio Borón, atento observador de estos procesos populares, dice que en la multiplicidad de causas que asoman en la pérdida de electores, no están solo los efectos de la inflación, la estampida del dólar, la inseguridad, sino también el problema de una “burocratización paralizante”. Problemas –recuerda Borón- que habían sido advertidos por Chávez y que en octubre de 2012 planteó precisamente la necesidad de un golpe de timón, llamando a la crítica y la autocrítica y exigiendo mejorar radical-
mente la eficiencia. Y, dentro de ese planteo mencionó especialmente “la necesidad de fortalecer el poder comunal”. Este aspecto es fundamental. El proceso venezolano ha sido posible precisamente por ese largo, complejo y a veces gris proceso de construcción del poder popular y por el respaldo de un ejército al servicio del pueblo. Cuando el compañero Chávez llama a profundizar el poder comunal, es seguramente porque advierte un debilitamiento en ese esfuerzo, que suele ocurrir como consecuencia de un cierto triunfalismo que viene de años de avance revolucionario. A tenor de todo esto, debemos pensar que la “burocratización” no sólo es una expresión que se enquista en la gestión, sino que puede invadir la actividad militante. Y, quizás, sea este aspecto específico, el que nos devuelve el espejo venezolano, para nuestra realidad argentina y particularmente cordobesa. Nuestro John William Cooke, definía este mal político como “un estilo en el ejercicio de las funciones o de la influencia”. Quizás sea éste un tema a discutir, sin anteojeras, en nuestro caso. ¿Estamos trabajando en medida de la necesidad en este desarrollo de poder
popular? La burocracia militante es una tendencia que da mayor importancia a la superestructura, a los grandes contactos, que al trabajo territorial. Que está más pendiente de las alianzas cuentavotos, que el desarrollo de un trabajo en las bases. Y es aquí, justamente, donde afinca la posibilidad real de transformar la realidad, especialmente en Córdoba. Es una tarea principal de las organizaciones que han florecido en este tiempo kirchnerista, contra la fuerza del aparato de un partido hegemonizado por la derecha delasojista, un sindicalismo que –salvo honrosas excepciones y nuevas expresiones que se insinúan- han optado por la derecha que encabeza De la Sota. Dice Cooke, que el burócrata “se ve más como un representante o, a veces, como un benefactor de la masa, pero no como parte ella, su política es una sucesión de tácticas que él considera que sumadas aritméticamente y extendidas en lo temporal configuran una estrategia. En realidad, está integrando una serie de relaciones superestructurales de las cuales se propone o cree valerse pero que lo tienen aprisionado.
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HUMOR
cómo sabotear un
cacerolazo por
pablo torres
fotografías gentileza el argentino córdoba
Siete prácticos consejos para que usted y sus amigos echen a perder un cacerolazo de forma práctica, amena y divertida.
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Arribe al lugar donde se está llevando a cabo el cacerolazo en una camioneta llena de choripanes y cajas de vino. Bájese y empiece a repartir vales entre los manifestantes, mientras le dice a cada uno “aquí tiene doñita/don/pibe/etc, pase con este vale a retirar por la chata el chori y el vino que se le prometió, no se agolpen que hay pa’ todos”. Luego de esto, diríjase a todos y dígales: “¡Che, acuerdensén de que en dos horas tenemos que estar en los bondis que nos van a estar esperando acá en la plaza de enfrente, eh! ¡No se me vaya a perder ninguno que después tengo quilombo con sus punteros!”. En lo posible, saque fotos de las expresiones de horror en sus rostros.
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Con la ayuda de un camión, lleve un escenario portátil al lugar de la manifestación, despliéguelo delante de la concurrencia y súbase disfrazado de pastor evangelista. Si va acompañado de un coro y una banda musical, tanto mejor. Mientras vocifera aleluyas y bendiciones, explíquele a la concurrencia que el cacerolazo es parte de “una misión celestial que Dios nos encomendó para poner fin a este gobierno comandado por Satanás”. Exorcise militantes de
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La Cámpora. Cante canciones, muchas. Haga subir a algún cacerolero para que dé su testimonio. No escatime en luces, decorado y parafernalia en general.
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Caiga al cacerolazo con un grupo de amigos, todos disfrazados de conchetos indignados (chombas Lacoste, camperas Columbia, anteojos Ray Ban y caras de orto). Mientras andan todos diseminados por ahí, meta queja, meta pataleo, meta quiero mis dólares, de repente uno deberá decirle en voz alta a los que lo rodean: “che... ahora que lo pienso bien... la verdad, no se que hago acá: no me falta nada, estoy lleno de plata, la vida me sonríe... ya fue, yo me voy a mi casa”. Acto seguido, el resto de los compañeros, que van a andar por ahí cerca, empezará a coincidir: “¡tiene razón el señor! ¡yo también me retiro! ¡mirá si voy a andar perdiendo el tiempo en estas pelotudeces!”, “¡sí, es cierto! ¡a mí tampoco me falta nada! ¡yo me las tomo de acá!”, “permiso, yo también me las pico... tengo unas películas en Blu-Ray para ver en mi plasma de 40 pulgadas”, etc. Hecho esto, todos juntos emprenderán la retirada. Con un poco de suerte, lograrán que algún cacerolero recapacite y los imite.
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Vaya con sus amigos al cacerolazo, pero en vez de ir vestidos de niños bien, lo harán de militantes del MST (que vendría a ser técnicamente la misma cosa, claro). Pónganse a repartir volantes que contengan un texto recontra retorcido que relacione los cacerolazos con la revolución socialista (se puede, se los dice alguien que ha leído “Alternativa Socialista” más de una vez). Armen un puesto para vender libros de Marx, Lenin, el Che, Rosa Luxemburgo, León Trotsky y demases. Canten “La Internacional” a los gritos. Vendan panes rellenos. Háblenle a las viejas paquetas y a los viejos cogotudos de dictadura del proletariado, materialismo dialéctico, plusvalía, lucha de clases, alienación y todo eso. La idea es aburrirlos hasta la muerte.
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Imprima varias fotos de militantes de La Cámpora sacadas de Facebook, en las que las caras se vean medio difusas. Llévelas a la marcha. Busque a algún cacerolero que se parezca a alguno de los que salen en las fotos. Una vez hallada la víctima, aborde a otro cacerolero que ande por ahí cerca, en lo posible grandote y con pinta de quilombero. Muéstrele la foto y dígale “disculpame, pero me pasaron el dato de que acá hay infiltrados, y yo acabo de encontrar a uno, mirá”, mientras le señala disimuladamente al su-
puesto infiltrado. Repita esta operación varias veces. Retírese a un costado de la multitud y observe cómo se aniquilan entre sí.
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Consiga remeras de ONGs como “Un Techo Para Mi País”, “Fundación Ronald McDonald” o cualquiera de esas organizaciones pedorras que le caen bien a las clases altas. Vaya con sus amigos al cacerolazo, cada uno con una remera puesta. Una vez allí, que cada uno pida donaciones en una zona determinada de la manifestación. Para reforzar, puede utilizar algún speech tipo “ya que este gobierno corrupto no hace nada por los más humildes, venimos a pedirle una colaboración a usted”, como para caerles en gracia. Una vez realizada la colecta, se retirarán a un lugar apartado y se cambiarán las remeras. Acto seguido irán, supongamos, disfrazados de voluntarios de Cáritas. Repita la operación cuantas veces sea posible. Finalmente, done el dinero recaudado a alguna organización que sí valga la pena.
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Llegue al cacerolazo en una camioneta de la AFIP. Lleve una cámara e intente filmar el instante en el que la mayoría de los manifestantes huyen despavoridos.
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Cultura El (anti) peronismo en la literatura
Borges-Bioy y los monstruosos muchachos peronistas por
C
Alguna vez, Ricardo Piglia sentenció que los dos modos fundamentales en que los escritores se habían referido al peronismo eran la paranoia y la burla. El cuento “La fiesta del monstruo”, de H. Bustos Domeq -alias literario de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares-, es un ejemplo de la segunda opción. 16
Mariano pacheco
on el pseudónimo jocoso de “H. Bustos Domeq”, los escritores Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares publicaron a fines de 1955 (recién tras la caída del peronismo) este relato escrito en 1947. Y lo hicieron fuera del país, en la revista uruguaya Marcha. Desde el título, hasta el epígrafe de La refalosa, de Hilario Ascasubi (“Aquí empieza su aflicción”), pasando por la primera oración del relato (-Te prevengo, Nelly…), Borges y Bioy dan cuenta de su posición estético-política: quien contará la historia, en primera persona, es un cabecita negra, seguidor del Gran Monstruo Nacional. “El relato arma su escena textual y representa la escena política con un monologismo total, autoritario y represivo”, supo escribir alguna vez María Teresa Gramulglio, destacando que la voz del narrador se presenta como un Absoluto. Pero con el detalle de la cita de Ascasubi, el cuento va a salirse de la tradición gauchesca: quien habla puede ser considerado un descendiente de los sanguinarios federales, pero no así quienes escriben, letrados señores de la culta capital europea del continente. Es que la identificación del peronismo con el federalismo les impide inscribir sus plumas en ese legado. De allí también la asociación del título, en donde las palabras “fiesta” y “monstruo” aparecen juntas, remitiendo de manera casi directa a la barbarie. Porque tal como se ha señalado ya en otra oportunidad en este mismo Portal (“La mirada borgeana del peronismo”), “La fiesta…” está construido como una reescritura de los argumento de “El matadero”, de Esteban Echeverría, pero según el tono excesivo de “La refalosa”. El cuento trata de cómo lo monstruoso, lo animal, lo anormal, se desplaza desde la periferia hacia la ciudad. El narrador, que es un militante peronista, le
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cuenta a su novia los avatares de una jornada en la que irán a la plaza a escuchar un discurso del Monstruo, nombre que se le da a Perón en el cuento. Un poco en la línea de la Breve historia de la Argentina, de José Luis Romero, Bustos Domeq presenta esta jornada de un 17 de octubre como un “espectáculo inusitado”, emblema de la mansedumbre de las masas ante el llamado demagógico de su líder. Escribe Romero: “Esta característica prevaleció durante todo el gobierno, apoyado, además, en una constante apelación a la adhesión directa de las masas que, concentradas en la Plaza de Mayo, respondían afirmativamente una vez por año a la pregunta de si el pueblo estaba conforme con el gobierno. Entusiastas y clamorosas respondían al llamado del jefe y ofrecían su manso apoyo sin que las tentara la independencia”. En este sentido el cuento es claro: desde el primer párrafo (“pescuezo corto y panza hipopótama”) el personaje va padeciendo un proceso de animalización y una creciente pérdida de su subjetividad, junto a los otros (¿hombres?): Todo empezó el día anterior –relata la voz– cuando se metió en la cucha a dormir y respiró como un ballenato, y concilió el sueño recién a la hora de la perrera. Y tuvo un sueño bastante lógico, por cierto: soñó que “el Monstruo me había
nombrado su Gran Perro Bonzo” […]. Se despertó temprano, se vistió como un pulpo –continúa– sudando grasa como un cascarudo. Se subió al camión que lo llevó al Comité donde le repartieron las armas para asistir a la marcha [...] y mientras esperaban [para partir] los pibes del barrio les tiraban piedras como si fueran “pajaritos para la polenta”. Luego, si seguimos leyendo, sabemos que “los arrearon como vacas y los subieron a un camión rumbo a Buenos Aires”. Antes, dice el personaje, pararon “para llenar mi segundo estómago de camello” y hacer unas pintadas en favor del Monstruo y robarse una bicicleta. Más tarde suben a un ómnibus en el que van apretados como sardina. Sin causa aparente, el ómnibus es incendiado, y es por eso que finalmente entran a Buenos Aires “caminando como hormigas”. En otras palabras, los peronistas son presentados como unos feos, sucios y malos que no asisten por voluntad propia a un determinado lugar, sino que son “recolectados” -como la basura-, y en el camino -como seres peligrosos que son- roban y prenden fuego lo que tienen a mano, sin ningún tipo de explicación lógica-racional. Situados como violentos y fuera de la ley, estos muchachotes se reconocen entre sí como por instinto. Son, juntos, no una suma de individuos -como le gustaba a Borges-
sino una masa uniforme (“hombro con hombro con los compañeros de brecha, no quise restar mi concurso a la masa coral que despachaba a todo pulmón la marchita del Monstruo”; “No me cansaba de pensar que toda esa muchachada moderna y sana pensaba en todo como yo”); una patota que canta la marchita hasta más no poder (“yo estaba tan afónico que parecía adornado con el bozal”); una barra que se ríe, hace chistes y se reparten “amistosos rodillazos”. Tan iguales que son como hermanos gemelos: “todos del sur, idénticos”. De allí que surja la pregunta retórica: “¿Quién, tan lejos del pago, iba a apartarse del grupo?”. Por esa heteronomía, también, es que el “camión de la juventud” era “un solo grito” y los personajes -tanto femeninos como masculinos-, aparecen como seres sin ningún tipo de autonomía: por el narrador nos enteramos que los tuvieron hora y media bajo el sol y que les impusieron poner en cada pared el nombre del monstruo. Tan animalizados, estos personajes, que son presentados como objetos manipulados por cosas (“me portarían en mi condición de fardo”; “a cada revólver le tocaba uno de nosotros”). Ella, si bien “regordeta”, es izada como bandera; él, “un chanchito”, porta una “panzabombo”. En fin, quienes asisten a “la fiesta” (que no es de ellos, sino de Él), son unas bes-
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kamchatka, el nuevo libro de pacheco
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ecientemente publicado por la editorial cordobesa ALCIÓN, Kamchatka. Nietzsche, Freud, Arlt: ensayos sobre política y cultura, el tercer libro de Mariano Pacheco, será presentado el jueves 16 de mayo, a las 19 horas en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543, Sala Laks, 3° Piso). Kamchatka… contiene tres textos en los cuales Mariano Pacheco aborda el ensayo como un tipo de escritura que posibilita ir y venir entre distintos “géneros” y “disciplinas”. “¿Qué otra cosa es el ensayo, sino una conversación entre lectores?, se pregunta este autor, de 32 años, que propone una mirada “generacional”, destacando que las jornadas insurreccionales del 19/20 de diciembre de 2001 han funcionado “como símbolo insoslayable de un tipo de héroe que es colectivo”. Kamchatka, nombre de otro libro y de una película, es elegido en este caso para publicar estos ensayos, en donde “la pasión por la lectura se entrecruza por la pasión por la política”, explica el autor. Para más información, entrar al blog de Mariano Pacheco: www.profanaspalabras.blogspot.com
tias que ni siquiera saben hablar bien. De allí que aparezcan lunfardismos y términos populares: votacén, trompa, crosta, soponcio, bufoso, bacán, cucha, merza, manganeta, farda, friega, purretadas, etcétera, etcétera… entremezclados con italianismos: mascalzone, senza, fratellanza, fetente, popolino, niente, anche, biglietes, finestra, presto… (Nicolás Avellaneda, en una lectura que ha hecho de este cuento, ha destacado a propósito de este tema que al menos 15 de los 20 apellidos mencionados son italianos). Este procedimiento –el de poner al “tano” en el lugar del “provinciano”– busca provocar una identificación con el lector culto, ese que cuenta con la capacidad de hacer las equivalencias, y reírse. Con esta escenificación negativa de la nueva realidad de las masas populares en Argentina, los autores no sólo se ríen de las formas de hablar de las masas populares, sino también de sus costumbres, y hasta de los lugares en que habitan. Ellos, que viven en “casas cuchas” y duerman en “camasjaulas”, son tan sucios que “chorrean grasa como queso mascarpone”, “sudan como sardinas” y se lavan “con el trapo de la cocina”. Y -a diferencia del unitario protagonista de El matadero de Echeverría- aquí son ellos -la barbarie- quienes van al centro de Buenos Aires, invadiendo el culto y letrado territorio central desde la periferia (van desde Wilde, Quilmes, Sarandí, Berazategui, Villa Domínico, Tolosa…). Por último, como para no dejar ningún detalle afuera, la propia gastronomía define el perfil de los personajes, quienes comen “arrolladitos de
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salame”, “sangüiches de chorizo”, “milanesa fría” y, como frutilla del postre, toman “botellas de vino”. Es que tal como enseñó Frantz Fanon en Los condenados de la tierra, el mejor modo de describir y encontrar la palabra justa para referirse al enemigo político es el concepto de bestiario. Él lo pensó a partir de lo que escuchaba decir a los colonos franceses sobre los nativos argelinos. Nosotros podríamos pensarlo en relación a ese odio que “nuestras bellas almas racistas” (para usar un término de Sartre), sentían por los descamisados. En el mismo sentido, Fermín Rodríguez, en su libro Un desierto para la Nación, escribe –respecto de los indios– que su animalización ha sido “el mecanismo de deshumanización por la cual la matanza se desrealiza”. E insiste en señalar: “No hay allí violencia contra una forma de vida, porque esa vida ya estaba negada desde el momento en que el enemigo se presenta como una fiera sedienta de sangre, fuera del límite de lo humano”. Algo similar podría pensarse de los cabecitas negras y la construcción del enemigo temible que de él hicieron los sectores poderosos de la Nación. Romero -quien califica al gobierno constitucional como dictatorial-, en su ya citado libro, por ejemplo, se refiere del siguiente modo a los prolegómenos de los asesinatos de junio de 1955: “En 1951 un grupo militar de tendencia nacionalista encabezado por el general Menéndez intentó derrocar al gobierno, pero fracasó y los hilos de la conspiración pasaron a otras manos, que consiguieron conservarlos a la
espera de una ocasión propicia”. Extraño modo de denominar un Golpe de Estado, la instauración de una dictadura, y el futuro bombardeo y fusilamiento sobre civiles. Hasta aquí, más allá de la indignación política que pueda causarle a un peronista la lectura de este cuento, todo transcurre de un modo jocoso. Pero el relato va condensando sentidos a medida que avanza, y que llega a su momento culmine justamente en los últimos párrafos del cuento, cuando la “columna juvenil” no le perdona la vida a un miserable “cuatro ojos”. La descripción del “intelectual judío” sería extremadamente cómica, por lo tosca, si no fuera porque oración seguida es asesinado salvajemente. Distraído -como el propio Borges- este individuo “sin musculatura”, con libros bajo el brazo, se niega a venerar el estandarte de los sin libros, de los de pie y en alpargatas. Es decir, la foto y el estandarte del Monstruo. Alejandro Rossi, en su ensayo titulado “Borges, Bioy y el peronismo”, ha destacado que en el relato se produce un desplazamiento desde lo festivo hacia lo monstruoso. Y que el asesinato de un judío es el “motivo ideológico” para asimilar el peronismo al fascismo. Si la Patria está en disputa, que mejor que contraponer figuras antagónicas. El intelectual judío declara tener su opinión y esa horda totalitaria no puede perdonárselo (El Nene, que las explicaciones lo cansan, lo arrempujó con una mano…”). La mersa goza con el espectáculo del dolor ajeno. Con pasión salvaje, ríen y “se calientan con la sangre” que corre. Después, como si nada hubiese pasado, a la Plaza de Mayo, a escuchar el discurso del Monstruo que se transmite a todo el país por cadena de radio. Un final que expresa a las claras la mirada que estos miembros de la elite civilizatoria, tienen sobre los modernos usos de los medios masivos de comunicación. Eso que Ezequiel Martínez estrada, en ¿Qué es esto?, caracterizó como “un plan sistemático para deprimir la cultura y enaltecer la barbarie”. En fin, para terminar, quizás podamos pensar que la frase “para la patria, el Monstruo; para nuestra mersa en franca descomposición, el camionero…”, opera como síntesis ideológica del cuento. Un “texto gorila” que, tal como señaló Carlos Gamerro en El nacimiento de la literatura argentina, dice “mucho sobre el gorilismo y muy poco sobre el peronismo”. Aunque en realidad, a través del gorilismo, podamos aprender mucho acerca de lo que el peronismo implicó para importantes sectores de la clase obrera argentina.
Medios militantes
pensar un pais con justicia social
La voz de la militancia
De los 70 para acá se pueden hacer muchas comparaciones o paralelismos en la militancia política y juvenil. Se ha querido censurar, quemar, ocultar, pero siempre lo que se siembra se cosecha para llegar a la eternidad, más aún cuando eso es una creación tangible, literaria, o gráfica. ¿Qué hay de distinto o de igual en revistas de los 70 con las revistas de esta época? ¿Qué nos dejaron nuestros compañeros desaparecidos? ¿Qué tenemos que valorar de este histórico presente? Eso trataremos de analizar acá.
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s regla: toda agrupación política, cualquiera sea su orientación, tiene mucho por decir y lo hace a través de la palabra en un medio gráfico, un fanzine, y desde no hace mucho tiempo, en un blog. Todo se resume en la palabra. Organizaciones kirchneristas como La Cámpora, Movimiento Evita o Jp Descamisados tienen su revista o publicación gráfica en la que dejan plasmado su accionar como militantes, la línea que siguen y defienden siendo brazos del kirchnerismo puro, por tal en defensa del modelo que gobierna en la actualidad. Allí relatan historias de militancia, actividades que se realizaron en el mes y/o se vierten opiniones sobre los hechos que acontecieron en los medios periodísticos, ensamblando la actualidad mediática con la defensa de la Ley de medios, explicando por qué es necesaria su aplicación en contraria posición al pensamiento hegemónico, como así también se recuerdan las conquistas que se lograron durante estos 10 años de kirchnerismo, muchas de
por
Marina Miguel
ellas luchas de los compañeros que dieron su vida en la militancia por un país mejor, diferenciándose de igual manera de la derecha oligárquica que sigue actuando con los mismos métodos individualistas, corporativos, egoístas e imperialistas de siempre, pero que no puede contar con un Estado nacional represivo y censurador. La primer diferencia para remarcar, diría la más contundente, es que estas revistas son de una militancia que deviene de un Gobierno popular que tiene una línea clara, que hizo lo que dijo, conquistando cada día a más jóvenes que llevan a la política al debate cotidiano. Una gestión que tuvo tres periodos de gobierno consecutivos, sin censura o prescripción, y que al día de la fecha no traicionó a su militancia, o al menos, no la echó de la plaza y no fue rechazada. Esto en clara referencia a revistas que respondían a Montoneros, como El Descamisado, Evita Montonera o Liberación, ya que sería equívoca una comparación de este tipo con la revista El Caudillo, cuya última
línea editorial decía que “se han acabado los días de las palabras, ahora vendrán los tiempos de hechos”, y luego se desató la más nefasta dictadura que haya sufrido el país. Otra notable y alentadora diferencia con las revistas de los 70 es que la violencia es nula, no existe: no la hay. No está ese lenguaje agresivo característico de lo que se vivía durante esos años, producto de lo que generó un conflicto que conllevó a que desde el Estado de facto haya represión y persecución de manera constante, y el combate armado lleve al fundamentalismo absoluto en ambos bandos, dejando una etapa oscura y triste en nuestra historia nacional. Las revistas de hoy se ocupan de hablar de historia, de hablar de la Memoria, la Verdad y la Justicia, de reivindicar y recordar anécdotas de aquellos compañeros que tuvieron un papel más que importante en la política, de celebrar logros del proyecto nacional y popular, de incitar a los compañeros
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a ir por lo que falta, con más democracia, no por el camino de la lucha armada; pero aquellos pibes soñaban, y esa lucha implicaba el “patria o muerte”, o “Perón o muerte” ... Hoy esos sueños son realidades y ya no son tan lejanos, y muchos protagonistas de esa historia, pueden militar desde el Estado y sentir orgullo por la resistencia y ser gestión. “Estamos haciendo realidad el país que ellas soñaron”, reza una propaganda del día de la mujer en la revista del Movimiento Evita, en la que se ven imágenes de Evita, Norma Plá, Norma Arrostito, entre otras. Perón no es el peronismo, esta doctrina tampoco es homogénea, despertó dentro de su movimiento tendencias de izquierda y de ultra derecha, pero el líder se inclinó al final de su vida por unos y abandonó a otros. No es motivo de esta nota hacer este repaso, sino adentrarnos en las revistas. Cristianismo y Revolución (1966-1971) es la primer revista de origen político religioso con tendencia al peronismo de izquierda, que toma mucha importancia en la militancia que luego desemboca en Montoneros. La publicación mensual contenía temas teológicos, sociales, de la Doctrina Social de la Iglesia y corrientes de pensamiento que luego se definiría como la Teología de la liberación, y desde sus escritos se opinaba sobre la misión pastoral y la práctica política revolucionaria. En Cristianismo y Revolución se difundía con vigor a las corrientes de pensamiento con la intención de justificar la legitimidad de la lucha armada, el rol de las vanguardias políticas, y sobre todo, los caminos para conseguir la liberación popular, en contraposición con el imperialismo. Escribieron en esta revista muchísimos personajes políticos sociales que dejaron huellas como John William Cook, Jorge Luis Bernetti, Eduardo Galeano, Emilio Jáuregui, Nuncio Aversa, Pepe Eliaschev, entre otros.
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Descamisados, se sabe, fue la organización de Dardo Cabo que luego se fusiona con Montoneros. Pero también tuvo su rol en papel, siendo una de las primeras revistas oficiosas con material para los futuros cuadros militantes. El Descamisado tuvo solamente 47 números, pero fueron muy contundentes, llegando a tener una tirada de 100 mil ejemplares, con periodistas de primer nivel y el talento de Héctor Germán Oesterheld, publicando la historieta “Cómo nos robó el Imperialismo en América Latina”. El Descamisado fue material de debate, de difusión de la actividad de Montoneros y la Juventud Peronista, y además, difundía las verdades tapadas por otros medios, como la Masacre de Ezeiza. También era una herramienta para salir a cuestionar y criticar la renuncia de Cámpora, la elección de Isabel Perón como heredera, a la burocracia sindical representada por Rucci y Lorenzo Miguel, o el Pacto Social de Gelbard, con el cuál Perón hizo base para la política económica del tercer periodo de su gobierno. En sus páginas, en uno de los más importantes números, Dardo Cabo publicó una carta en la que justifica el asesinato de Rucci, sin hacer cargo a los Montoneros, y se cuestiona qué hacer con la violencia. A medida que las diferencias del General Perón con Montoneros crecían, las tapas de El Descamisado lo evidenciaban. El lenguaje político era cada vez más agresivo, y hasta no es imposible pensar en que ni los propios redactores creían en lo que escribían. La censura fue en 1974, luego de publicar una foto de un policía matando a un manifestante, pasando a llamarse El Peronista, que apenas pudo publicar seis números, pero que cubrió uno de los hechos más dolorosos e importantes: cuando Perón expulsa a los Montoneros de Plaza de Mayo. La tapa posterior a lo ocurrido decía, en tono de respeto, “General: El peronismo no está de acuerdo”.
Continuadora de ambas revistas (El Descamisado y El Peronista), fue La Causa Peronista, de carácter oficioso, es decir que carece de respaldo oficial, y logró publicar 9 números en el año 1974, el último de estos el más importante, ya que cuenta con una entrevista histórica a Norma Arrostito y Mario Firmenich, dando detalles sobre el asesinato del general Aramburu en 1970. La revista publicada en forma clandestina y de manera oficial, redactada directamente por la conducción de Montoneros fue Evita Montonera, dirigida a los miembros de la agrupación y con un período de vida desde 1975 hasta 1979. Allí se difundían directivas de la conducción, propaganda, se formaban cuadros y se daban a conocer medios alternativos de información para contrarrestar la censura dictatorial. Evita Montonera se burlaba de la represión, y se confeccionaba en distintos talleres gráficos clandestinos no conectados entre sí, para que en caso de que caiga uno, los demás continuaran con la tarea de salir a la luz, y esto se hacía no solo en el país, sino en varios países latinoamericanos. Evita Montonera contaba acciones directas de Montoneros, como el secuestro de los hermanos Born, el ataque al cuartel de Mendoza y a la Fragata Santísima Trinidad, entre otros. Uno de los artículos más importantes fue el juicio por traición a Roberto Quieto, o la contraofensiva de 1979. “La Resistencia es única e indivisible, peronista y montonera. La lucha de los trabajadores en las fábricas y la Resistencia Armada estuvieron y están sólidamente integradas en la propia realidad, en quienes la desarrollan, en sus objetivos, en sus éxitos, en el dolor por los compañeros caídos y en la fe que tenemos en el triunfo definitivo. El peronismo montonero es el alma de esta Resistencia, es el punto de partida y columna vertebral de su unidad política y organizativa. Todo intento de realizar esa
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unidad al margen del peronismo montonero se ha de estrellar contra la realidad, inapelable y contundente. Unificar la Resistencia permitirá a los miles de focos de lucha con que hoy la clase trabajadora enfrenta a la dictadura adquirir una potencia demoledora. No solamente arrancaremos a las patronales una mayor cuota económica, sino que nos pondremos en condiciones de lanzar la Contraofensiva con la seguridad del éxito”. Evita Montonera N° 23 También existían revistas como Liberación, oficiosa del grupo ERP, que contaba con la participación de Julio Cortázar, Eduardo L. Duhalde, Rodolfo Walsh, el Padre Carlos Mujica, Tosco, entre otros, y no renegaba del peronismo, como sí lo hacía el PRT/ERP. Esta tiene dos etapas, una más pluralista que otra, pero sólo la Editorial llevaba la firma. Otra revista es Militancia Peronista para la Liberación, del peronismo de izquierda, que tuvo 38 números hasta su clausura en 1974, y pasó a llamarse “De Frente”, que duró solamente unos meses más. La dirigían Ortega Peña y Eduardo Duhalde. Hoy es muchísimo más accesible publicar un pensamiento, ya que en la actualidad todo es absolutamente gratis gracias a internet. Es por eso que otra comparación que se puede hacer es que quizás hoy no haya revistas orgánicas a la venta en cualquier kiosko de la esquina, pero sí hay blogspot, redes sociales y sitios web. Todo aquel que tenga acceso a la web puede expresarse y leer lo que expresa otro. Así nacen los Bloggers K, expresiones que no siempre nacen de organizaciones, sino de ciber militantes que consideran que tienen mucho para decir y transmitir, y pueden hacerlo con alegría, sin tensión ni opresión. Existe en la web un blog que desde su espacio linkea todos los blogs a favor del proyecto nacional, casi como si fuera un método para hacer “zapping blogguero”. Este se llama Blogges en acción. http://bloggersenaccion.blogspot.com.ar/ Ellos cuentan que “hartos de escuchar el mismo guión”, buscando información en internet dieron cuenta de la gran cantidad de personas que daban sus enfoques desde su propia plataforma social y a su manera, sin intermediarios. “Bloggers en Acción es el resultado de nuestra necesidad de libre expresión del pensamiento Nac&Pop. Sumate”, cuentan. La juventud hoy puede vivir un contexto de paz, o al menos “casi paz”, esta cronista dice “casi”, porque con lo que se logró no quiere decir que esté todo hecho, porque un
militante debe seguir siempre con su lucha, y porque la política es irregular en estados de ánimo, no es una fiesta feliz ni mucho menos; es algo serio y lleva trabajo. Pero hoy, en este proceso histórico, no tiene que salir a tirar tiros o defenderse de balas o soportar terrorismo de Estado, o violaciones a los Derechos Humanos, salvo en los casos lamentables de burocracia sindical como el de Mariano Ferreyra, que por ir a una marcha y gritar “unión de los trabajadores” fue asesinado por una patota sindical de un tiro en el estómago. De todas formas, no es legítimo dar un panorama “friendly” a la actualidad, pero sí es definitivamente mejor. Aunque tengamos que hacernos escuchar como podamos, desde los medios que tengamos a nuestro alcance, debemos seguir demostrando que el camino de la liberación es la inclusión social, combatiendo con una oposición heterogénea pero unificada
en un discurso mediocre, que garantiza su difusión en los Medios Hegemónicos de comunicación que no acatan las leyes democráticas, y buscan guerras psicológicas atentando con los derechos de todos los argentinos que, lamentablemente, se dejan manipular. Esa es hoy nuestra lucha: abrir mentes con la verdad. El militante de hoy tiene que salir a ayudar al prójimo, al vecino, con la mejor herramienta que es la política, pero no esa política de “te doy a cambio de”, sino con la acción y defensa de esta política en la que el Estado es la garantía de todo ciudadano en toda circunstancia, siendo este Estado el único que debe responder a lo que falta, en democracia, con más voces, con amor, con debate, con libertad, sin fusiles ni campañas capciosas, y con la garantía de vivir en un país con verdadera libertad de expresión.
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historias peronistas
Obregón Cano
en los barrios y las provocaciones policiales
por
L
legamos al peronismo antes de los veinte años desde la vertiente revolucionaria. La que se había fogueado en la resistencia, percibiendo ya desde entonces que este movimiento tenía expresiones diferentes según los momentos históricos vividos. A los diez años de gobierno justicialista que terminaron violentamente con el golpe de 1955, le siguieron los años duros de la resistencia con gran protagonismo de la clase trabajadora. En esa resistencia, el peronismo se fue enriqueciendo con las experiencias de otros procesos latinoamericanos contemporáneos. Y John William Cooke lo fue explicitando en sus escritos: el peronismo era el hecho maldito del país burgués. Otra manera de expresar lo que había dicho Evita: “El peronismo será revolucionario o no será”. Así fueron apareciendo diversas conductas de los principales dirigentes de en-
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luis miguel baronetto
tonces. Desde su exilio en Madrid Perón integró las distintas, variadas y a veces contradictorias “líneas” del peronismo, tanto a nivel sindical como político. Las definiciones que mayor impulso tomaron se grabaron en la película “Actualización política y doctrinaria para la toma del poder”. Una larga entrevista a Perón realizada en Puerta de Hierro por Pino Solanas y Octavio Getino en 1971. Allí quedó explicitado el socialismo que proponía y su concepción de “guerra popular, permanente y prolongada”, con la que fomentó las distintas herramientas –políticas, sociales, sindicales y militares– para acosar a los regímenes dictatoriales y proscriptivos, hasta obligar la salida política que culminó con las elecciones del 11 de marzo de 1973. La Córdoba del 69 nos recibió con la resistencia a la dictadura de Onganía. Acompañamos en las calles a sindicalistas como
Atilio López, Agustín Tosco y Elpidio Torres. Trabajadores y estudiantes juntos para rechazar las políticas antipopulares, a lo que los peronistas sumábamos el reclamo del retorno del líder en el exilio. Lanzado por Lanusse en mayo de 1971 el GAN (Gran Acuerdo Nacional), la actividad política partidaria se fue abriendo paso. En Villa El Libertador nos afiliamos al Partido Justicialista, realizamos las primeras pintadas de paredes y los viejos peronistas salieron de sus casas para inaugurar la primera Unidad Básica, después de años de silenciamiento y persecución. Nos enfilamos en la corriente que mantenía la hegemonía institucional y ganó las internas en junio de 1972 para elegir la fórmula a gobernador y vice: Obregón Cano y Atilio López. En la segunda mitad de 1972 se intensificó la campaña “Luche y Vuelve” que promo-
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vió la JP, unificándose con otros sectores, que reconocían la conducción de Montoneros. Estas fuerzas organizadas le imprimieron un gran dinamismo al conjunto del movimiento, articulando con los gremios “legalistas” del peronismo combativo que encabezaba Atilio López; y el sindicalismo progresista y de izquierda que reconocía a Agustín Tosco como su máximo referente, nucleados en la CGT de los Argentinos, que encabezaba Raimundo Ongaro desde 1968. Otros nucleamientos de la rama política fueron los de Julio Antún y su Mesa Redonda Permanente Peronista, acompañados por el gremialismo del peronismo “ortodoxo” con Alejo Simó y Bárcena entre otros. Y el de Raúl BercovichRodríguez, con su Núcleo Unidad y Lealtad y un importante arraigo en la seccional sexta, de donde surgió el candidato a intendente Juan Carlos Ávalos. Más allá de las principales candidaturas, las listas de senadores, diputados y concejales representaban la pluralidad de líneas que conformaban el movimiento justicialista a fines de 1972. Así se llegó a las elecciones del 11 de marzo de 1973 que no alcanzaron para imponer los candidatos del FREJULI, yéndose a la segunda vuelta el 15 de abril, donde Obregón y Atilio López ganaron con el 54% de los votos. Desde el principio, y en consonancia con lo que se vivía a nivel nacional, el gobierno de Obregón Cano presentó su cara transformadora. La consigna “Liberación o dependencia” que se había impuesto en el país, en Córdoba encontró buena encarnadura. Muchos sectores de clase media, algunos incluso con pasado antiperonista, se sumaron. Varios partidos de antiguo origen radical también encontraron su lugar en el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI). Montoneros, que en dos años creció muchísimo, se encontró sorprendido por una realidad política favorable, a la que debía darle respuesta tanto a nivel organizativo como asumiendo la responsabilidad de encauzar las demandas que recogían las necesidades de las villas y los barrios. Se constituyó el Movimiento Villero Peronista y la Juventud Peronista fue la organización territorial que promovió la articulación de las organizaciones barriales, tratando de integrar incluso a otras expresiones políticas. El PB (Peronismo de Base), Descamisados y la JRP (Juventud Revolucionaria Peronista) fueron otras vertientes del peronismo revolucionario. En Villa El Libertador, ya con el gobierno popular, promovimos la creación de la
Mesa de Reconstrucción Nacional, sobre las tres patas más activas: la parroquia, que había canalizado las luchas barriales desde 1968; incluyendo la normalización del Centro Vecinal, que desde entonces fue un órgano barrial de genuina representación, y la Unidad Básica, surgida en la segunda mitad del año 72. A partir de éstas, se amplió la convocatoria a la Comisión Pro Agua Zona Sur que antes habíamos formado con otros barrios de la zona, al Comité de los
radicales, algún militante del FIP, las cooperadoras escolares, los clubes deportivos, el movimiento juvenil surgido de las luchas de los estudiantes secundarios del barrio, representantes del Dispensario. En ese ámbito se debatieron las necesidades, las prioridades y las primeras planificaciones, entre las que surgió la necesidad de hacer un censo en las 116 manzanas de la Villa en ese momento, con 40.000 habitantes. Este proceso de amplia participación ba-
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rrial que habíamos logrado centrando el reclamo en las obras de agua corriente desde varios años antes, con movilizaciones que en ocasiones fueron reprimidas por la policía, adquirió un dinamismo distinto desde la asunción de las autoridades del gobierno popular. La metodología de movilizarnos hasta los despachos oficiales, sin pedido previo de audiencia, que habíamos ejercitado antes, ahora se veía facilitado por la presencia de compañeros de militancia en algunas áreas de gobierno. Así fuimos planteando las distintas reivindicaciones tanto a nivel provincial como municipal. Un hecho imprevisto, fortuito, como fue el asesinato de un kiosquero asaltado por un grupo de jóvenes por una botella de ginebra, los primeros días de agosto del 73, despertó la indignación del barrio, que la dirección de la Mesa de Reconstrucción asumió enseguida convocando a asamblea en la plaza principal. La movilización vecinal fue masiva y de las deliberaciones surgió la “toma” del barrio y el reclamo de la presencia de las autoridades del gobierno popular. Durante quince días se fortaleció la organización de la toma, con controles en las entradas del barrio, que regulaban el abastecimiento y restringían el acceso. Las autoridades tardaron en responder. A los pocos días se hizo presente el Intendente Ávalos con todo el Concejo Deliberante. Después de escuchar las demandas expuestas en la asamblea, deliberaron en la capilla frente a la plaza, dando sanción a varios proyectos que respondían a diversos reclamos: limpieza de baldíos, alumbrado público, arreglo de calles, asfalto para el recorrido del transporte urbano y el inicio de los trámites para la expropiación de un predio para instalar un Jardín Maternal que diera respuesta a las madres empleadas del servicio doméstico. El gobernador Obregón Cano no apareció hasta pasados los diez días. Los compañeros Montoneros que trabajaban cercanos al despacho del Gobernador nos convocaron para analizar la cuestión. Llevamos el largo listado de reclamos, comenzando por la inseguridad, que había motivado el levantamiento barrial. En audiencia personal el Gobernador quiso conocer el detalle de lo reclamado. Y prometió ir a la tarde siguiente, con todo el gabinete. Le advertí que como vocero del barrio debía manifestar el descontento por la demora en responder con su presencia. Me alentó a que hablará como tenía que hablar. Al atardecer del día siguiente, la plaza estaba colmada por el vecindario. Y las au-
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toridades del gobierno provincial se hicieron presentes. Cuatro fuimos los oradores representantes de la Mesa de Reconstrucción: Don Quinteros, secretario general de la Unidad Básica, Eva Zamora, del Centro Vecinal, el médico Pepe Losada y yo, que debía plantear el espinoso tema de la seguridad. El Gobernador Ricardo Armando Obregón Cano y su gabinete escucharon con atención y paciencia, los planteos en una asamblea animada por bombos y consignas que reafirmaban los reclamos en un tono que era exigente pero no agresivo. Inicié mi discurso diciendo que apoyábamos al gobierno elegido por el pueblo, pero que también lo queríamos controlar, para que escuchara sus reclamos. Esto formaba parte de la postura de la JP ante el gobierno popular en el orden nacional. Y cuando hablé de la seguridad dije que no teníamos puesto policial desde que había sido levantado años antes, después de ser asaltado por un grupo guerrillero. Pero que tampoco queríamos esta policía que era la misma de la dictadura, que nos había reprimido tantas veces durante nuestros reclamos vecinales. Y hacían en ese momento ostentación de fuerzas, con una abultada presencia de carros de asalto de la guardia de infantería, que más para prevenir parecían estar allí para provocar. Terminé
reclamando la posibilidad de elegir vecinos con condiciones para que se ocuparan de la vigilancia del barrio. El gobernador Obregón Cano comenzó su discurso afirmando: “el gobierno del pueblo comete errores, y viene a este lugar para escuchar al pueblo, y corregirlos…” Con este comienzo que mereció el aplauso de la asamblea, pudo adentrarse con suficiencia en los distintos problemas que además eran comunes a otros barrios de las orillas de la ciudad. Terminó con respuestas concretas a varios problemas planteados y otros que debíamos seguir gestionando, como la selección de quienes aceptaran ingresar a la policía. De allí se fue con todos los ministros a Villa Urquiza y Villa Siburu, donde habían “tomado” los barrios por viejas demandas insatisfechas, con la dirección del Centro Vecinal presidido por “Titino”, de la JP, secuestrado y desaparecido en 1976. Si bien a veces nos encontrábamos en ámbitos propios de la militancia política, con ellos no habíamos coordinado ninguna medida en concreto. Tampoco se había hablado en otros ámbitos de una metodología que debía propagarse o repetirse en el trabajo barrial donde había mucha presencia de la JP-Montoneros. En nuestro caso era la continuidad de un modo de reclamo que veníamos aplicando desde varios años. En la época de la dictadura la gente moviliza-
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da, con sus propios recursos, se trasladaba a las oficinas de los gobernantes. Y allí golpeando puertas, con bombos y pancartas, lográbamos que nos atendieran. Ahora, la movilización de los vecinos era la misma, pero las autoridades del gobierno popular preferían hacerse presentes en el escenario de los reclamos. Nunca había sido práctica de los gobernantes. Esta presencia también fue de algunos ministros que eran reclamados por problemas propios de sus áreas. Se trataba de una metodología que experimentamos como positiva, porque además de conocer de primera mano las necesidades, contribuía a incentivar la participación y la movilización popular. Pero ya entonces pudimos sentir en forma directa la amenaza policial. La numerosa presencia de carros de asalto de la guardia de infantería que yo había denunciado como amenazante en aquella asamblea barrial, mostró sus uñas apenas se fue el gobernador. Una patota policial cercó a un grupo de jóvenes que colaboraban con la seguridad; y con el pretexto de identificarlos, los llevó detenidos a la comisaría de la seccional 10. Apenas me avisaron, fui a la Casa de Gobierno. Obregón Cano aún no había regresado de Villa Siburu, pero el secretario de prensa Garat se comunicó telefónicamente. Al instante el gobernador habló con el jefe de Policía ordenándole
pusiera en libertad a los detenidos y me indicó que fuera a la comisaría, que entonces estaba ubicada sobre la calle Belgrano, casi Pueyrredón. Apenas alcancé a intercambiar algunas palabras con los mismos policías que me habían tenido allí varios días en diciembre de 1972. “Las cosas ahora han cambiado”, les dije. “No debe ser para tanto”, me respondieron; pero enseguida los vi manoteando gorras, correajes y armas. Llegaba el Jefe. El Teniente Coronel Navarro me saludó, hizo llamar a los detenidos, les pidió disculpas, les devolvió un revólver 22 que le habían sacado a uno de los muchachos y fueron liberados. Esa misma noche, cuando volvía de la casa de Marta, mi novia, un patrullero me detuvo. Al reconocerme, dijeron entre ellos: “A este no lo llevamos, porque enseguida lo van a soltar…Ya lo encontrarán después en alguna cuneta”. La amenaza se publicó en los diarios. A los pocos días varios vehículos policiales dejaron abandonados unos ancianos indigentes en un baldío cercano a la parroquia. Otra vez denunciamos el hecho personalmente al gobernador, quien enseguida llamó a su presencia al Jefe Navarro. Con él nos trasladamos a la Villa y en persona pidió disculpas a los vecinos que se habían movilizado y reunido en la capilla, ordenando el alojamiento de los ancianos en una institución pública.
Las puertas abiertas del despacho del gobernador Obregón Cano a representantes vecinales, nos indicó el inicio de una práctica de diálogo y contacto directo con las necesidades barriales, escuchando y dando las respuestas posibles en el mismo escenario de las convocatorias populares. Alentaba también un modo de militancias en la construcción política. Pero esta metodología llevada con coherencia podía ser peligrosa porque aportaba a fortalecer la movilización y la organización popular. Las actitudes provocativas de la policía no eran aisladas y obedecían a una conformación ideológica. Pretendían mantener el rol represivo a pesar del cambio de gobierno. Antes y después de lo testimoniado se repetirían hechos demostrativos del descontento policial, que se agravó cuando el gobernador Obregón Cano impulsó modificaciones a la ley orgánica de la policía, habilitando cambios en la cúpula, integrada entonces por varios militares retirados que venían de la dictadura. Aquí, como en otras decisiones, el gobernador se mostró coherente y fiel a las convicciones políticas que lo habían llevado a ser elegido por el pueblo de Córdoba. Respondió con honestidad política, sin dobles discursos, al momento histórico que le tocó protagonizar. A veces con una firmeza, que algunos juzgaron excesiva. Todo esto quizás sea el mejor legado para las nuevas generaciones que han recuperado su confianza en la política y van abriendo la cancha para la militancia que les escamotea la vieja política de privilegios para pocos, alejada de las necesidades y urgencias populares. Con el “Navarrazo”, que destituyó a las autoridades constitucionales de Córdoba el 27-28 de febrero de 1974, se consumó la traición política que frustró el camino iniciado de respuestas para los trabajadores y los sectores populares siempre olvidados. Fue el manotazo final a largos meses de hostigamiento, con la venia del gobierno nacional y la activa participación de sectores del peronismo “ortodoxo”, que en Córdoba aprendieron a sostenerse en el poder con la represión. A partir de septiembre de ese año con la llegada del interventor federal Brigadier (r) Oscar Raúl Lacabanne, se profundizó la persecución avanzando en la práctica del terrorismo de estado, que se terminaría de perfeccionar desde la comandancia del Tercer Cuerpo de Ejército con los generales Carlos DelíaLarocca primero y Luciano Benjamín Menéndez en 1975.
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Victorio Paulón, secretario de relaciones internacionales de la CTA
“El movimiento obrero argentino es un protagonista del cambio social” por
alexis oliva
fotografías gentileza el argentino córdoba
El histórico dirigente sindical presentó en el Centro de Estudios Miguel Angel Mozé “Una larga huelga”, el libro donde narra el conflicto que los trabajadores metalúrgicos de Villa Constitución sostuvieron en 1975 contra la burocracia sindical y la represión previa a la dictadura. Actual secretario de relaciones internacionales de la CTA -que conduce Hugo Yasky-, Victorio Paulón destacó que desde 2003 hay en la Argentina cinco millones de nuevos trabajadores y explicó: “Hoy la representación sindical está fragmentada -en cinco centrales: tres CGT y dos CTA-, porque hay una nueva clase obrera que se está gestando y una superestructura que no se adapta a los nuevos tiempos”.
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no de los temas de su libro (ver “Los trabajadores, blanco de la represión”) es la contradicción de los años 60 y 70 entre el sindicalismo más representativo y combativo y la burocracia dialoguista. ¿Cómo se reedita hoy esa contradicción? -En aquellos años, la colaboración de Augusto Timoteo Vandor (titular de la CGT oficial en los años ‘60) con la dictadura de (Juan Carlos) Onganía se pagó con la ley de las obras sociales, una caja que aún hoy es importante. Pero eso es anécdota al lado del sindicalismo empresario de los ‘90. La liquidación del aparato del Estado fue posible porque hubo una CGT que acompañó ese proceso, lo que hizo que surgiera una alternativa sindical, que fue la CTA. Hoy, tanto ellos (CGT) como nosotros (CTA) seguimos diciendo que hay que luchar por la unidad. Pero nosotros planteamos que no puede haber una representación empresaria en el seno del movimiento obrero. Hay
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dirigentes gremiales que son dueños de empresas. Caso paradigmático: las cooperativas de José Pedraza (titular de la Unión Ferroviaria) que tercerizan servicios. En la misma UOM hay dirigentes sindicales que tienen empresas contratistas que prestan servicios en las privatizadas. La precarización laboral vino de la mano de esa travestización de los dirigentes sindicales. Si no, no hubiese sido posible hacerla. Hay que reconocer que a esto es posible discutirlo hoy en la Argentina, gracias a que el 25 de mayo de 2003 llegó un tipo (Néstor Kirchner) que muchos no conocíamos, que dijo que no iba a colgar los principios en la percha de entrada de la Casa de Gobierno, y terminó con las leyes de impunidad, llevó adelante los juicios por delitos de lesa humanidad y hay más de 300 represores condenados. Esto se va a contar en las escuelas dentro de 50 años. Y tiene que ver con aquel movimiento obrero que fue aplastado por la dictadura, porque si hubo un objetivo
principal fue el movimiento obrero. No por casualidad más de la mitad de los desaparecidos eran dirigentes, delegados o activistas sindicales. Es ahí donde estuvo el objetivo principal, porque si no, no se explica tanta crueldad para aplastar un aparato militar que ya estaba prácticamente derrotado antes del golpe. -¿Qué factores explican que el principal referente de la CGT, Hugo Moyano, se haya puesto en la vereda de enfrente del Gobierno nacional? -En realidad, Moyano tiene un movimiento de ida y vuelta. En los `90, cuando nos abrimos de la CGT para resistir al menemismo, él constituyó una corriente interna que acompañó esa resistencia, incluso al delarruismo con la ley Banelco (de flexibilización laboral). Después, él acompañó el kirchnerismo en los primeros años y de repente, sin que haya un hecho histórico que uno pueda leer, se abrió y pasó a jugar con la oposición con la que él mismo había
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confrontado. En su momento, él se opuso a los piquetes del agro-empresariado, y después terminó sentado con la Sociedad Rural. Creo que hay -como vimos con Vandor y mucho más grave después con la CGT de los “gordos” durante el menemismo- de nuevo una claudicación y un contubernio con la representación del poder económico. En todos estos períodos, hay un sector del sindicalismo que resiste y tiene un protagonismo muy importante. Hoy en la Argentina hay 70 mil dirigentes sindicales: dirigentes locales y del interior, delegados de base, comisiones internas... Y el sindicalismo empresario que se ha enriquecido no llega al 2 ó 3 por ciento. -Pero esos son los que muestra la prensa hegemónica… -Y lo que muestra la prensa son los malos ejemplos, porque hay una política de desalentar que los trabajadores se apropien del sindicato como herramienta en la pelea por sus reivindicaciones y derechos. -Hay actualmente una campaña para juzgar a quienes mataron a José Ignacio Rucci en 1973, en la que participa Moyano junto con otros sindicalistas y políticos, entre ellos el gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota. ¿Qué opinión le merece? -Es la expresión de ese peronismo con el que confrontábamos en aquel momento. Creo que técnicamente es imposible explicar la muerte de Rucci como delito de lesa humanidad. No fue ejecutado por el Estado,
como pasó con todos nuestros compañeros secuestrados, como está demostrado en los juicios. Que hagan hincapié en eso es un mensaje destinado a contrarrestar el avance de las causas y las condenas, porque ahí empieza a aparecer la responsabilidad civil, con la pata empresaria y también la complicidad sindical, porque hubo dirigentes sindicales que formaron parte de las bandas parapoliciales que secuestraban y asesinaban compañeros. -Y desde el punto de vista ideológico, ¿qué reivindican al reivindicar a Rucci? -Un supuesto peronismo al que confrontan con la imagen que ellos mismos pretenden de los Kirchner como montoneros. En realidad, todos sabemos que fueron militantes universitarios vinculados a la tendencia revolucionario. Pero este sector quiere de nuevo instalar la teoría de los dos demonios para contrarrestar este avance histórico, inédito, porque no hay otra experiencia en otro país donde se haya logrado lo que se logró en la Argentina por la derogación de las leyes de la impunidad. Hoy es visto en el mundo como un ejemplo. Argentina es claramente una vanguardia en ese sentido, y los sectores que tuvieron complicidad con la represión -como la Iglesia- han tratado de poner todos los palos posibles en la rueda. Pero hay otro fenómeno paralelo: cada 24 de marzo hay más jóvenes y más gente movilizada en la calle. Por lo tanto, me parece que la pelea por los derechos humanos es uno de los procesos históricos con más
sustento popular. -Usted estuvo desde la gestación de la CTA y ahora está en una de las partes que quedaron luego de la separación. ¿Cómo analiza la crisis actual y el futuro posible de la CTA? -La CTA tuvo su origen en una profunda crisis de la CGT, por el papel que decidió jugar durante el menemismo. La CTA fue creciendo y legitimándose en ese proceso de resistencia. Fue un espacio que nos permitió ser dirigentes sindicales y no participar en la fiesta. La CTA entró en contradicción cuando en la Argentina, después del 2001 y todo ese proceso, apareció un gobierno de nuevo tipo y una nueva etapa histórica. El primer gran debate era la caracterización de eso. Hubo compañeros que sostenían que eso era la continuación de la política de los ‘90. Cuando ya no lo pudieron sostener, empezaron a reconocer algunas cosas. Y nosotros cada vez veíamos más la necesidad de ser parte de ese proceso histórico, porque a lo interno, lo reivindicativo, los derechos humanos, la recuperación de los puestos de trabajo y muchos derechos conculcados en la década anterior, se sumó el proceso latinoamericano. Era la primera vez que venía un proceso histórico con tantos gobiernos populares al mismo tiempo en países latinoamericanos, lo que daba cuenta de la posibilidad de un proceso de integración que significara un salto histórico. Con algunas cosas que tenían que ver con lo latinoamericano, coincidíamos; y con
Juan Schiaretti, José Manuel de la Sota, Francisco De Narváez, Claudia Rucci, Roberto Lavagna y Hugo Moyano, en un homenaje a José Ignacio Rucci, el titular de la CGT oficial ejecutado en 1973. Para Victorio Paulón, el reclamo de juicio a los victimarios de Rucci es un intento de “instalar de nuevo la teoría de los dos demonios para contrarrestar este avance histórico de los juicios contra el terrorismo de Estado, donde empieza a aparecer la complicidad civil, empresaria y también sindical, porque hubo dirigentes sindicales que formaron parte de las bandas parapoliciales que secuestraban y asesinaban a compañeros”.
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Los trabajadores, blanco de la represión
I
nvitado por el centro de estudios Miguel Angel Mozé y la agrupación Trabajadores Unidos y Organizados Atilio López, Victorio Paulón presentó su libro “Una larga huelga”, que narra la histórica huelga de 61 días con que los obreros de la fábrica Acindar de Villa Constitución, Santa Fe, resistieron la intervención de la conducción local clasista del gremio por parte del gobierno de María Estela Martínez de Perón. En su trabajo, Paulón también analiza el rol del movimiento sindical en el período desde el golpe de Estado contra el gobierno de Juan Perón, en 1955, hasta el retorno del peronismo al poder, en 1973. “Visto a la distancia, es un breve lapso de 18 años, en el que pasaron muchísimas cosas en el país y el protagonista principal fue el movimiento obrero -refiere el autor-. Un movimiento obrero que tenía en ciernes, en su propio seno, la contradicción entre los sectores combativos, resistentes, que se oponían a las dictaduras y sostenían los planes de lucha, con los sectores burocráticos, colaboracionistas, y muy marcados durante la dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse por la presencia de Vandor. El fenómeno del vandorismo frente la CGT de los Argentinos. Y Vandor, a su vez, era metalúrgico, o
el proceso interno, no. Y bueno, la vida nos fue poniendo en los lugares que nos puso. Ellos en algún momento fueron la expresión sindical del “Grupo A”, cuando la oposición tuvo mayoría parlamentaria. Yo creo que políticamente hoy no hay síntesis posible en esta ruptura. -¿El conflicto del “campo” precipitó el quiebre? -No, el conflicto del campo lo visibilizó. En realidad, en los ’90, la participación de (Eduardo) Bussi (titular de Federación Agraria), con Apyme y el Instituto Movilizador, junto con la CTA, que desembocó en el Frenapo (Frente Nacional contra la Pobreza) y en el 19 y 20 de diciembre de 2001, fue una construcción nuestra. Lo que sucedió después es que por primera vez en la historia, la representación de los pequeños y medianos productores del campo, se va de furgón de cola de la Sociedad Rural, contra la cual ellos habían surgido. La Federación Agraria surgió peleando contra la Sociedad Rural, pero con Bussi se da esa simbiosis. Y ellos confunden los piquetes contra
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sea que una conducción clasista en una seccional de la UOM era todo un desafío a esa concepción del sindicalismo. Por eso yo creo que tiene tanta vigencia aquella lucha, porque puso en cuestión –aún sin saberlo muy conscientemente nosotros en ese momento- el modelo sindical vigente en la Argentina. Ese debate sigue, y traer esas cuestiones a la realidad de hoy es importante, porque dan cuenta de las contradicciones profundas del movimiento sindical”. Durante el conflicto de Villa Constitución, el propio Paulón fue encarcelado y pasó seis años en prisión hasta su liberación en las postrimerías de la dictadura. Así como aquella resistencia fue el último hito de la lucha obrera clasista propia de los años 60-70, la represión que se abatió sobre ella fue un anuncio del ataque de la dictadura a los trabajadores: “El objetivo central del golpe de Estado está emparentado con lo que ocurrió después de la lucha de Villa Constitución: sobre una población de siete mil trabajadores, fueron despedidos mil compañeros de distintas fábricas, 30 asesinados por las Tres A antes y por las fuerzas armadas después del golpe de Estado, y 300 metalúrgicos fueron encarcelados entre 1975 y ‘76. Además, Acindar fue la cocina económica del golpe. No por casualidad, Acindar era activo participante del Consejo Empresario Argentino (CEA), que a través de la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales y Empresariales (APEGE), llevó adelante el lock out patronal de febrero del 76 contra el gobierno de Isabel. De esa empresa, el CEO era José Alfredo Martínez de Hoz, quien después pasó a ser Ministro de Economía de la dictadura. No cualquier ministro, “El Ministro”, porque la dictadura fue el Ministerio de Economía y las bandas que secuestraban y asesinaban gente. Por eso no es casual que más de la mitad de los desaparecidos por las dictadura hayan sido dirigentes, delegados o activistas sindicales”.
la 125 con una gran movilización popular. A partir de ese momento, comenzamos a tener dos visiones diferentes de la realidad política. Pero ahora también en la CGT comienza a haber una crisis. Hoy, hay cinco expresiones sindicales -si es que a Luis Barrionuevo se la queremos otorgar- sin que se haya modificado la realidad de ningún sindicato. Ningún sindicato se partió internamente por estar en una de esas cinco expresiones. Hay una cosa como dislocada. Las negociaciones colectivas se siguen haciendo año tras año sin dificultad, porque los que negocian son los sindicatos. O sea, hay una crisis superestructural muy grande, una nueva clase obrera que se está gestando y una transición en la que es necesario recuperar algo importante: el debate en el seno del movimiento obrero. Las principales elaboraciones teóricas que dieron sustento a las revoluciones del siglo XX nacieron del debate sindical, que en la Argentina estuvo en los últimos 50 años clausurado. Es tiempo de un profundo debate y de recuperar las banderas más importantes, como
la unidad del movimiento obrero y la clase obrera, y ver de qué manera las podemos materializar. En esos términos, sí hay perspectivas de unidad. De recomposición de la CTA en los términos en que fue, no creo, porque además también hubo una transformación interna. Una gran pata de la CTA eran los movimientos sociales. Pero los movimientos sociales eran importantes con un 23 por ciento de desocupación. Con una desocupación en términos normales y un proceso político donde esos mismos movimientos hoy tienen participación partidaria, pienso que el esquema sindical que tenemos en la Argentina, en términos de representación, es más parecido al de la década del ‘70. Todavía no estamos en un país de pleno empleo, pero la desocupación está reducida a niveles normales. Hoy tenemos la desocupación que dejó Raúl Alfonsín en el ‘89, un 7 por ciento. Hay un debate abierto importante. Pero lo que no se va a poder hacer en este país es un relato histórico negando la década del kirchnerismo.
historias peronistas
pensar un pais con justicia social
uturuncos la primer guerrilla peronista (
segunda parte)
por
Pablo torres
E
l asalto a la comisaría de Frías
En esta segunda parte de “Uturuncos, la primer guerrilla peronista” abordamos el período más interesante de su breve pero intensa historia: el asalto a la comisaría de Frías, los días en el monte tucumano, la caída de la organización y el posterior destino de sus integrantes. Cabe recordar que los Uturuncos (o Ejército de Liberación Nacional-Movimiento Peronista de Liberación, tal como se bautizaron en un principio) fueron la primer organización guerrillera argentina del siglo XX, conformada por humildes obreros peronistas de Tucumán y Santiago del Estero.
En la reunión que mantuvo el Estado Mayor del ELN – MPL en noviembre de 1959, y a pesar de la fallida excursión del primer grupo al cerro Cochuna, se decide encarar una acción de mayor envergadura: el asalto a la comisaría de la ciudad de Frías, en Santiago del Estero. Esta acción, cabe aclarar, estaba enmarcada dentro de un vasto plan insurreccional a nivel nacional. Se había acordado previamente con diferentes sectores de la llamada Resistencia Peronista (desde el ala izquierda del movimiento, comandada por John William Cooke, hasta los sectores más cercanos a la derecha, de la mano del general Miguel Ángel Iñíguez) que, una vez que los Uturuncos hubiesen entrado en acción, se levantarían los militares leales a Perón en las guarniciones de Santa Fe, Entre Ríos, Salta y la provincia de Buenos Aires; los sindicatos se movilizarían, harían paros parciales de actividad y “actos relámpago” y los sectores más democráticos del arco político emitirían sendos manifiestos en apoyo a la asonada. Parte hacia Santiago del Estero un grupo de militantes tucumanos, comandados por el Uturunco y Alhaja (Díaz y Carabajal) para encontrarse con Félix Serravalle y los suyos, conformando entre todos un grupo de veintidós hombres, cuyas edades oscilaban entre los quince y los veinticinco años. Serravalle tenía treinta y cuatro, era subteniente de reserva y buen tirador. El 23 de diciembre, el grupo se trasladó en un colectivo prestado hasta Puesto del Cielo, a 35 km de la capital de Santiago, lugar donde se quedaron hasta el día siguiente. Ya durante el 24, a escasas horas de emprender el operativo, el grupo es recogido por un camión que los lleva a la ciudad de Frías, a 160 km de Santiago. Frías contaba, por aquél entonces, con una población de
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25000 habitantes. A la noche, ya en vísperas de navidad, Félix Serravalle, Carlos Alberto Gerez y Pedro Adolfo Velárdez se toman un automóvil de alquiler (lo que hoy se conoce como remís) hacia los talleres de Obras Sanitarias de La Banda. Engañando al sereno que cuidaba los talleres, los tres hombres se roban un camión Ford modelo 1957 que los trabajadores de la repartición les habían dejado preparado, con tanque lleno y todo. Serravalle relata cómo lograron llevárselo: “Yo le imité la voz del viejo Alejandro Urlengue, que era el jefe del Taller, ahí en la calle Patagonia y Roca. Y le di la orden al sereno de que se vaya a su casa a pasar la Navidad, cosa de no tener que violentar nada. Y el tipo se mandó a mudar; entonces, dejó el lugar sin guardia. Así que aproveché que había trabajado en Obras Sanitarias y saqué un camión, un Ford 7000”. Luego de pasar a buscar al resto de los guerrilleros, el grupo termina llegando a la comisaría de la ciudad Frías a las cuatro de la mañana, en el momento en que se producía el relevo. Los hombres ingresan intempestivamente a la guardia, y es Serravalle, el “comandante Puma”, quien toma la voz de mando: - ¡Soy el teniente coronel Puma! ¡Se ha declarado el Estado de Emergencia en todo el país! ¡Esta comisaría queda bajo custodia militar! El hecho, en principio, no les pareció tan extraño a los policías de la comisaría. Por
esos días se rumoreaba que se estaba preparando un golpe militar contra Frondizi, por lo que terminaron acatando las órdenes sin chistar. - ¡Ha triunfado una revolución, venimos a hacernos cargo! – dijo Carabajal, que estaba vestido de Teniente Coronel. Lo curioso del caso es que los Uturuncos no llevaban armas. O, al menos, ninguna que pudiese disparar balas de verdad. El mismo Serravalle recuerda este hecho: “La única arma de que disponíamos era una ametralladora de madera. La fabricamos en la casa de mi viejo. Mi viejo era ebanista, entonces le dije ‘papá, yo necesito hacer algo así, para simular un armamento’…”. Los Uturuncos despojaron a los policías de sus armas y uniformes, los metieron al calabozo, destruyeron el equipo de radio a culatazos, cortaron los cables del teléfono y, en menos de quince minutos y sin tirar un solo tiro, abandonaron el lugar, no sin antes decirles a los oficiales que al día siguiente “iban a resolver su situación”. Aparte de lo que les habían sacado a los policías, se llevaron la única camioneta con la que contaba esa comisaría, todas las armas y municiones que encontraron y, dato de color, un cajón de vino y un lechón que el comisario –que dormía plácidamente la mona en el primer piso del edificio- y los suyos habían preparado para celebrar la Nochebuena. Ya emprendiendo la huída por la ruta, los 22 Uturuncos tomaron primero por Las
Santiago Transelino Molina, alias Comandante Hacha.
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Viñas, luego por Lavalle, y finalmente entraron en territorio Catamarqueño, saliendo por Río Huacra. Cuando cruzaron la frontera entre Santiago del Estero y Catamarca, ocurrió un curioso episodio en un destacamento policial donde los hicieron detenerse. “El camión tenía un cartel que decía “Ejército Argentino”, se lo habíamos puesto nosotros, encima del cartel de obras sanitarias. Les dije que estábamos en un operativo secreto, y que cómo nos iban a detener si veían que era un camión del Ejército, así que los hice hacer salto de rana. (…) Había una cadena atravesada, así que les hice sacar la cadena, los hice saltar un rato y después seguimos viaje”, recuerda Serravalle. Luego pasaron por las localidades de Concepción, Alto Verde, Alpachiri, Arcángel, y tomaron el camino de La Banderita, en el Cerro Santa María, que es el límite que divide Catamarca de Tucumán. Luego de abandonar el camión en un lugar llamado El Potrerillo, en las cercanías del arroyo El Calao, los Uturuncos se internaron en el monte. Al día siguiente, la noticia de que un grupo guerrillero peronista operaba en Tucumán al mando de un tal “capitán Uturungo” (sic) era tapa en todos los diarios de Buenos Aires. Alfredo Vítolo, ministro del interior por aquél entonces, identificó como implicados en el hecho a Serravalle y Gerez, gracias al testimonio de Timoteo Rojo, el remisero que los había conducido la noche anterior hacia los talleres de Obras Sanitarias. Los gobiernos de Tucumán y de Santiago del Estero, ya sabiendo estos dos nombres, y luego de que la policía realizó algunos allanamientos, descubriendo que se trataban de dos viejos conocidos peronistas de la zona, tendió una efectiva trampa: A través de un comunicado oficial, los diarios difundieron la falsa noticia de que se estaban librando combates entre la policía y los guerrilleros en las inmediaciones de la ciudad de Concepción de Tucumán, en los que ya se habían producido varias bajas. Así se logró que los padres de los más jóvenes, temerosos de que les hubiese pasado algo, se presentasen en las comisarías a buscar información. Gracias a esto, se conocieron las identidades de seis guerrilleros más. La policía, mientras tanto, comenzó a tender el cerco sobre los guerrilleros en El Potrerillo, lugar donde fue hallado el camión. Ya internados en el monte, y luego de establecer un campamento, los Uturuncos lanzaron una proclama a través de LV12, la radio de mayor potencia de la zona por aquél entonces. Y fue gracias a esa misma emisora que los hombres al mando de Serravalle pudieron recibir información
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Uturuncos que bajaban del monte, detenidos por la policía. durante su estadía en la selva tucumana: “Por esa misma radio, también recibíamos los mensajes, a través de un programa muy popular de pedidos musicales. Las mujeres, compañeras de Tucumán de las distintas células, tenían una red de información. Así que cuando había peligro para nosotros, nos decían, por ejemplo, ‘para los chicos que están de vacaciones en los cerros... la Polka del espiante’. Y cuando no había problemas... Fumando espero. Así eran más o menos nuestras claves”, rememora Serravalle entre carcajadas. El 28 de diciembre los guerrilleros atacaron a tiros a un jeep de la policía, que huyó sin intentar nada. Luego de este hecho, Velárdez, el chofer del camión, los abandona y se entrega a las autoridades, aportando en su testimonio a las autoridades más datos aún sobre los hombres que conducía Serravalle. El resto del grupo siguió camino hacia el norte, pasando por las localidades de Arcadia, Alpachiri y Alto Verde. En cada lugar se encargaban de explicar a los lugareños el porqué del levantamiento y de su lucha por el retorno de Perón. El 31 de diciembre, en vísperas de año nuevo, las madres de los pibes más jóvenes enviaron a través de LV12 un mensaje a sus hijos, pidiéndoles con angustia que regresen a sus hogares. Esto, sumado a las bajas temperaturas que sufrían por las
noches, la escasez de alimentos y a que la policía estaba cada vez más cerca, hizo que cundiese el desaliento entre los más débiles. Para peor, los levantamientos que el general Iñíguez había prometido que se llevarían a cabo una vez realizado el asalto a la comisaría de Frías, jamás ocurrieron. De a poco, el grupo se fue desarmando. El 1º de enero cayeron sin oponer resistencia cuatro muchachos, que habían bajado del monte a buscar agua y víveres. Al rato se entregaron cinco más, que habían sido autorizados por sus jefes a volver para reencontrarse con sus padres. Y también ese mismo día fue capturado el comandante Uturunco, Juan Carlos Díaz. Éste, según relató, fue arrastrado por la corriente mientras cruzaba un río junto al comandante Alhaja, José Genaro Carabajal, con quien iban a reunirse con un nuevo grupo de combatientes. Cuando pudo salir del agua, medio atontado y con la ropa destrozada, fue ayudado por gente del lugar a evadir a la policía. Pero, finalmente, alguien lo delató y fue capturado. El 3 de enero fue detenido Roberto Anaya, que se encontraba con René Fernández, ambos de Tucumán. Cuando fueron encontrados por la policía, Anaya no opuso resistencia, mientras que Fernández logró huir, llegando a Concepción. Ahí se tomó un micro a San Miguel de Tucumán, pero con tanta mala suerte que al
bajar del vehículo se le disparó el arma que llevaba encima, hiriéndose en el muslo. Fue detenido en el hospital Padilla, lugar al que concurrió a curarse la herida. También fueron detenidos Américo Moya y Tomas David Soraide, los cuales fueron encontrados por sus padres en la selva de Aconquija. El grupo que permaneció en el monte quedó reducido a Serravalle y siete hombres más. Según el comandante Puma, los días allá arriba no fueron nada fáciles: “Habíamos llevado charqui, y comíamos lo que cazábamos. Había mucha hacienda baguala en los cerros. Y pescados. (...) Nosotros hacíamos los fuegos a la par de los árboles, para que el mismo tronco sirva de chimenea, y el follaje desarme las columnas de humo, que (los policías) no veían, se mezclaban con las nubes, entonces no nos podían detectar. Hacíamos de noche las comidas. Y caminábamos”. La policía, mientras tanto, seguía allanando casas y deteniendo a muchos de los que brindaban apoyo a los Uturuncos. Serravalle y los suyos ya habían decidido no entregarse. Con la idea de romper el cerco policial, llegaron a caminar cincuenta kilómetros en un solo día, arribando a la zona del ingenio Providencia, donde tenían casas seguras en las cuales poder guarecerse. Finalmente, después de burlar a la policía y lograr romper el cerco que ha-
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UN ENCUENTRO INCÓMODO ENTRE SERRAVALLE E IÑIGUEZ En 1964, cuando se rumoreaba que Perón intentaría regresar a la Argentina, se produjo un encuentro entre Serravalle y el general Iñíguez. Serravalle lo recuerda con una mezcla de humor y amargura: “Cuando (Iñíguez) vino en el año 1964 -ya hacía un año que yo había salido en libertad- y hubo una reunión en el Hotel Plaza, donde anduvo Isabel Perón, con el general Iñíguez y la Delia Parodi, me volvieron a llamar para preguntarme con qué gente contábamos para poder bían tendido sobre ellos, llegaron al barrio 24 de noviembre, consiguiendo refugiarse, valga la paradoja, en un prostíbulo y en una iglesia. En este último lugar se reunieron con un emocionado Manuel Mena.
La caída Durante los primeros meses de 1960, y si bien no se produjo el alzamiento prometido por el general Iñíguez, los actos de sabotaje llevados a cabo por la Resistencia Peronista se fueron intensificando. Es a raíz de esto que Arturo Frondizi ordena la ejecución del plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado), sometiéndose a tribunales militares a todos aquellos que eran acusados de terrorismo. A mediados de marzo ya habían sido detenidos 1600 militantes peronistas, según cifras difundidas por los diarios. Entre los detenidos se encontraba el Gallego Mena, que fue capturado junto a otros compañeros cuando intentaban subir al monte tucumano. Serravalle recuerda el momento en que lo detuvieron a él, el 1º de abril de 1960: “Ese día estábamos preparando el asalto a la cárcel de Concepción, para poner en libertad a algunos compañeros que estaban ahí. El acento de la voz me delató. Venían dos capitanes del Ejército del Servicio de Informaciones -en el colectivo- y como les llamó la atención mi voz me detuvieron en Monteros. Me preguntaron qué andaba haciendo. Entonces les dije que estaba por poner un kiosco de venta de Coca Cola en la terminal de ómnibus de Concepción... Se rieron los dos y me dijeron: ‘muy bien Serravalle, mire: ahí está su foto’. Tenían un papel impreso con mi foto”. El comandante Puma fue puesto a disposición de los tribunales militares del CONINTES. El resto de los Uturuncos, ahora con el comandante Felipe Genaro Carabajal al
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responder si venía el general Perón, con qué lo íbamos a proteger. Yo le dije, “bueno, general, tengo el uno de honda y el dos de afata”, y se rió la gente... y me dice “¿¡Por qué me dice eso!?”, y le digo: “¡General! ¡En 1959 usted dijo que iba a salir con sus fuerzas militares! ¡Lo estoy esperando todavía! ¡Nosotros salimos! ¡Y estuvimos tres años y medio en la cárcel de Usuahía y me pasearon por todas las cárceles del país, porque salimos! Bueno, ahora le toca salir a usted.” mando, resistió en el monte tucumano durante algunos meses más junto a un nuevo grupo de guerrilleros, compuesto por militantes tucumanos y porteños, estos últimos enviados por John William Cooke. El campamento que habían montado fue descubierto en el mes de junio, siendo detenidos varios de los integrantes del grupo. En el enfrentamiento con la policía (cabe aclarar, reforzada con tropas de Infantería del Ejército, gracias al plan CONINTES) fue herido en una pierna el “comandante Hacha” Santiago Molina, a quien también apodaban “el Mejicano”. Los tribunales militares no tuvieron piedad para quienes comandaron la rebelión, dándoles penas de hasta 7 años de prisión, como en el caso del Gallego Mena y el Uturunco Díaz. Manuel Enrique Mena se escapó del hospital de la cárcel donde estaba, en la provincia del Chaco, antes de cumplir tres años de la condena. Viajó a Cuba, se entrevistó con el Che Guevara, y luego de su regreso, en mayo 1963, él y un grupo de militantes que habían sido entrenados en Cuba se unieron a un campamento permanente que algunos de sus ex compañeros Uturuncos montaron en la selva tucumana. Este grupo se terminó desarmando poco tiempo después. Mena termina falleciendo de cáncer el 14 de julio de 1970. Juan Carlos Díaz salió en libertad en 1963 gracias a una amnistía otorgada por el gobierno de Arturo Illia. Participó, junto a un grupo de militantes del ERP, en el asalto al Banco Comercial del Norte en 1970, siendo detenido un día después del hecho. Fue amnistiado nuevamente en 1973, esta vez durante el gobierno de Héctor Cámpora. José Luis Rojas, alias “el Zupay”, se unió en 1968 a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), organización con la que emprendió
el intento de crear un foco de guerrilla rural en la localidad tucumana de Taco Ralo. Fue detenido en la madrugada del 18 de septiembre de ese año, junto a Envar El Kadri y el resto de los integrantes del grupo, mientras se encontraban internados en plena selva. Rojas falleció hace algunos años en Tucumán, en medio de la pobreza y postrado por una enfermedad. Félix Serravalle, durante el juicio, fue el único que se defendió solo, sin abogado. Fue condenado a tres años y siete meses, purgando la totalidad de su condena. Mientras estuvo detenido, fue paseado por distintas prisiones del país, en las que lo torturaron de tal manera que sufrió rotura de ligamentos en un brazo. En 1965 mantuvo un encuentro con el Che Guevara, que andaba de paso por Santiago del Estero; Félix le recomendó al Che que no fuera a luchar Bolivia, pero como vio que estaba muy decidido, le terminó pasando el dato de dos hombres que conocía en Bolivia: se trataba de los hermanos Peredo, el “Coco” y el “Inti”. Durante la última dictadura, Félix salvó a su hija María Lidia de ser desaparecida por los militares. Cuando se enteró de que la habían detenido, se dirigió a la cárcel de la capital de Santiago del Estero y, enfrentándose al tristemente célebre Musa Azar, lo amenazó: “si le tocas un pelo a mi hija es lo último que haces en tu vida”. Gracias a esto, consiguió que la soltaran. Félix Serravalle, el comandante Puma, quien había elegido ese alias a fines de los ’50 en base a la sigla de “Por Una Mejor Argentina”, falleció a fines del 2003 en la ciudad de La Banda, a la edad de 78 años. Ningún periódico santiagueño publicó la noticia de su muerte. Del resto de los Uturuncos se saben algunas cosas. Los más jóvenes fueron puestos a disposición del tribunal de menores, excepto un tal Luis Uriondo, que fue devuelto a su familia gracias a que su padre era general del Ejército. Uriondo, años más tarde, terminaría siendo elegido diputado durante el gobierno de Carlos Saúl Menem. Otro, el “Colorado” Martínez, se convirtió en comisario de Montesieri, provincia de Santa Fe. Otro, de apellido Díaz Ruiz, que llegó a ser electo intendente en Santiago del Estero, fue desaparecido en Tucumán durante la dictadura genocida. Otro, el “Negro” Chaúd, puso una sastrería. Algunos llegaron a ser notables dirigentes. Y otros murieron en la pobreza. Pero todos, más allá del derrotero que tuvo la vida de cada uno, pasaron a la historia por haber sido los miembros de la primera guerrilla argentina del siglo XX.
latinoamérica
pensar un pais con justicia social
Dejen oír, hay un grito sabio en Venezuela
L
legué a Venezuela el 15 de marzo, día en el que el país despedía a Hugo Chávez Frías. Las calles de Caracas eran mar rojo, eran caras largas, lágrimas, tambor, encuentro y cantos. Las personas me hablaron tanto de él, vi tantos videos y fotografías suyas y leí tantas veces su nombre que casi no se sentía que él ya no estaba. Esa gente que se puso la revolución en el cuerpo me llenó de un llanto emocionado y pujante que me hizo descreer de la muerte… Tuve que pasar por su lápida para entristecerme por la pérdida de ese gran hombre Latinoamericano. Los días siguientes me metieron socialismo por todos los sentidos. Sentí la familiaridad de lo latinoamericano y del peronismo. Los patas en el suelo, nuevo horizonte del estado, eran los cabecitas, los descamisados; los escuálidos eran los gorilas; el antiimperialismo era el antiimperialismo… Dicotomía, paternalismo, populismo!, volverán a denunciar los estudiosos. Para luego extrañarme por los paisajes de un país distinto y los logros que el conservadurismo argentino no permitiría. Militantes chavistas me corregirán: esto no es revolución, es un “intento de”, “estamos camino hacia”, “la estamos construyendo”. El mar rojo aquel y los carteles en las carreteras que anunciaban el tren Bolívar y presentaban tierras y fábricas de gas “liberadas”, que “antes era de pocos y ahora del pueblo”; me hacían dudar. Pero sí, los militantes, exigentes y críticos, saben que
por
Anahi Oviedo
aún falta mucho, que aún el capitalismo estructura las vidas de los venezolanos y de toda América. Las calles de Caracas te cuentan su historia, los montes llenos de barrios humildes, mientras el Este de la ciudad está edificado con la barita de la estética estadounidense. Entre medio, se asoma la redistribución de la riqueza: empresas recuperadas por sus trabajadores, cientos de nuevas viviendas sociales equipadas, centros de salud y educación gratuitos para los que no se requiere ni cédula de identidad para que te atiendan. No importa de dónde sos o si tenés dinero, es tu derecho no como ciudadano, que supone ciertas burocracias, si no como persona. Quizás por eso en Venezuela se encuentran tantos colombianos… La revolución es solidaria, quiere la unión de América Latina, que comparte una historia de opresión que entre todos podemos terminar. Una doñita me relata el antes y después de Chávez: “¡Ahora podemos comer pollo! Antes, vísceras.” Mientras, me mostraba su alacena repleta gracias a los mercales, lugares establecidos por el gobierno con productos a precios muy accesibles. El alimento no es más un lujo. La información y el derecho a hablar tampoco. En los buses, las plazas, en los hogares humildes, se respiraba un aire distinto; es una mayoría alegre, aliviada, con poder discursivo. Niño/as, jóvenes y adulto/as históricamente excluidos ahora empoderados no
sólo por las alacenas con alimentos, si no por su poder de acceso a la información y la palabra por los nuevos medios de comunicación diversificados, por poder ocupar lugares de participación popular que como flores en primavera se abren permanentemente por todos lados. “Ahora no es como antes, ahora decide el pueblo”, se escucha en una discusión callejera a propósito de las elecciones que se acercaban. Incluso las personas de la oposición lo percibían, en las charlas reconocían el cantado triunfo de Nicolás Maduro (representando el Partido Socialista Unido de Venezuela) el 14 de abril. Así fue, no por tanto, pero la profecía del sentido común se cumplió. Todos sabían, por eso es tan poco creíble el show de la oposición liderada por Henrique Capriles, ellos sabían resignados que la revolución seguiría “construyéndose”. La violencia de estos días nada tiene que ver con el mensaje de unión, democracia y paz que Chávez y Maduro proclaman en sus discursos. Es difícil para la oposición, se entiende, aceptar los últimos resultados. Es fuerte, es increíble, ver la fuerza popular gestada desde hace 15 años atrás. ¿Cómo concebir que “ya no es lo mismo que antes”? Las ollas golpeadas con la fuerza de una melancolía mezquina no dejan oír el grito hermoso que este país le está dando al mundo: un llamado al hombre y mujer nuevos, una invitación a la construcción de sociedades moldeadas por la fraternidad y la liberación. Dejen oir.
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política - ficción
NUEVA HISTORIA DE LA
PATRIA GRANDE por
L
a historiografía americana nunca fue pacífica. Autores hispanos e ingleses discreparon ferozmente sobre cada acontecimiento que los tuvo de víctimas o victimarios. Los hubo nacionalistas acérrimos e, incluso, quienes sostuvieron la conspiración francesa en todas las revoluciones americanas. Estas diferencias aumentaron cuando se trató la cuestión de la Patria Grande, discutiéndose su origen en Bolivar, otros en el campo de batalla de Gettysburg o en el debate entre Hamilton y Jefferson o de la mano dura de Monroe. Este cronista, que accedió al archivo de la Compañía de Jesús, dirá el momento fundante de la Patria Grande y quienes la promovieron. Hubo precedentes en los siglos XIX y XX, pero la fecha bautismal fue el 13 de setiembre de 2019. Ese día, Juan Rubio, electo Presidente de los Estados Unidos, produjo gestos sorprendentes. Al juramentar el cargo, anunció el abandono de su mujer, hijos y parientes, para evitar cualquier riesgo de nepotismo. Nombró sus ministros al azar, de una larga lista de funcionarios inferiores, a quienes exigió dejaran sus familias y sostuvieran sus propios gastos, incluso la ropa y la comida diaria. Estableció un presupuesto estricto, donde cada ingreso tenía imputación específica; eliminó publicidad y protocolo; anuló todo gasto reservado. Dispuso controlar su Gobierno, designando para esa tarea a diez ancianos elegidos por sorteo, quienes podrían incluso destituirlo, sin reservarse recurso alguno. En el primer discurso parlamentario, habló de la Patria Grande, cuidándose de no fijar sus límites territoriales. Por cierto que el sosiego de los gobernantes, no es definitivo. Pareciera que Dios, siempre pone un obstáculo a los buenos Presidentes, para que recuerden su condición humana, mantengan el espíritu republicano y la austeridad de sus costumbres.
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horacio lonatti
La historia de Juan Rubio no fue la excepción. Sorpresivamente, el partido opositor denunció una falla enorme en la elección de Rubio: había adulterado su nacionalidad, no era norteamericano. Se trataba de un argentino, nacido en Córdoba, en el corazón de sudamérica, y en una familia que jamás escuchó una palabra inglesa. Por cierto, de uno y otro lado, se creyeron en presencia de una maniobra política descomunal. El Presidente reaccionó como si fuera un heredero auténtico de los Padres Fundadores, venidos de ultramar. Negó el fraude de la nacionalidad, exigió respeto a su nominación, acusó al Gobierno Argentino de organizar el golpe destituyente, y mandó a la Escuadra del Comando Sur ocupara ese país, destruyera los registros natales e hiciera justicia militar en el territorio. Simultáneamente, encarceló a los opositores y ordenó su linchamiento. Donde faltó un árbol disponible, se usó el poste telefónico o la torre petrolera. Poco después, la opinión pública consideró razonable el procedimiento utilizado por el Presidente, y la cuestión fue olvidada. Juan Rubio fue reelecto una y otra vez, haciendo gestos elocuentes de humildad y austeridad republicana. Los zapatos usados y la ropa de confección que exhibía, le dieron excelentes resultados. En su último discurso dijo, confusamente, que la pobreza era una cuestión de Estado, que eliminaría o, quizá, dijo que eliminaría a los pobres. Nunca se aclaró si fue una expresión sutil, o una ironía, dicha sin pretensión literaria. Con los años se hizo manso, sin dejar de desconfiar de los subalternos. De estos, surgió una amenaza a su autoridad, que corrigió severamente. Fue la Comisión de Ancianos, molesta por sus escasas prerrogativas, quien exigió la aclaración definitivamente de la sospechosa nacionalidad del Presidente, pues no existía en el Registro Natal de Chicago, donde habría nacido, el
texto original del documento. Los integrantes de la Comisión fueron acusados de traidores, presos y ejecutados por orden judicial. Poco después, la opinión pública aplaudió la represión y volvió el sosiego. No obstante, hubo grupos opositores que resistieron, alterando la paz pública, siendo castigados duramente y, muchos de ellos, no volvieron jamás a su hogares. Un sector del ejército, preferentemente soldados de la fuerza expedicionaria, protestaron por el terror policial ejercido contra los revoltosos, exigiendo una investigación parlamentaria. La Jefatura los desautorizó, ordenando fueran sometidos al Tribunal Militar. Aleccionados por las persecuciones recientes, se ocultaron, organizaron una fuerza rebelde que rápidamente constituyó un ejército operativo, que después de la memorable y terrible batalla de Michigan, ocupó la mitad del territorio nacional. El Coronel Rafael Negri, identificado como Jefe del alzamiento, se popularizó debido a su destreza, valentía personal, y gestos de humildad y austeridad republicanas. En su primer discurso, defendió la causa de la Patria Grande. El Presidente, fue advertido por la inteligencia militar, que el oponente carecía de nacionalidad norteamericana. Realmente era un argentino, infiltrado en la fuerza naval, utilizando papelería fraudulenta. Incluso su lengua mostraba torpeza en el uso del idioma ingles, lo que evidenciaba sin lugar a dudas, su extranjería. La intención maligna de desprestigiarlo, lo indujo a un error político fatal. Pretendiendo reforzar su postura, buscó un aliado en la Corte Suprema, y fue sorprendido por ella. Los jueces establecieron que la nacionalidad patria del Coronel Negri era evidente, en razón que la Argentina, constituía un estado federal de Norte América, consecuencia de la ocupación territorial dispuesta por el Presidente. La lucha arreció en todos los frentes de
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batalla, superando la ferocidad y magnitud de la guerra de secesión del siglo XIX. Los contrincantes involucraron sin compasión a los países latinoamericanos; incluso Canadá fue sometida e incorporada a la contienda. En poco tiempo, toda América estaba en guerra, enfrentándose dos bandos, comandados por argentinos, pues el Presidente Rubio, aprovechando la sentencia de la Corte, confesó su origen. Luego de largos años de combates, exhaustos, sin reservas de hombres y comestibles, debilitadas sus retaguardias, arruinadas las finanzas de una y otra facción, sin que ninguna de ellas predominara en la lucha, convinieron un armisticio, designando un mediador. Quiso el azar que eligieran al Papa, también argentino, lo que agradó a los guerreros, por cuanto facilitaría una discusión franca en la lengua común del nacimiento. El Papa resultó un interlocutor confiable, mostrando su naturaleza humilde, en los gestos simples del trato cotidiano y
la indumentaria sencilla utilizada, unido a una personalidad sagaz y enérgica, que les permitió discutir abiertamente la realidad de la guerra y el futuro de sus pueblos, incluso el ideal de la Patria Grande que compartía con ellos. Beligerantes y mediador, prolongaron sus entrevistas por meses, pues el Papa no tenía urgencia y los contendientes iban y venían sin apurar la definición de la guerra, que el tiempo por si solo parecía extinguir. Un día, almorzando los tres en la Capilla Sixtina, sede de las reuniones, comprobaron que habían agotado las cuestiones traídas a discusión y, el mediador, se había involucrado de tal manera con ambas partes, que le impedía resolverlas. Se miraron, comprendiendo que habían llegado el final de la entrevista y debían volver con una solución razonable. Finalmente, acordaron renunciar recíprocamente a sus pretensiones, abandonar el gobierno que ejercían y unificar la República Americana. Allí se de-
cidió, con la bendición papal, crear la Patria Grande. Poco después, otro argentino, cuyo nombre no interesa, fue ungido Presidente de la Unión America, quien designó a Miami, capital de la federación, extendida desde Alaska a Tierra del Fuego, incluida las islas Falkland. Juró sobre la Biblia, en presencia del Papa y dijo: “ Ejerceré el cargo con humildad y austeridad republicana, abandono a mi mujer, hijos y parientes y gobernaré la Patria Grande, para felicidad del pueblo. Government of the people, by the people, for the people.” El Papa, entusiasmado por el uso de diversas lenguas, dijo en latín: “ Homo proponit, sed Deus disponit “. En el archivo de la Compañía de Jesús, no existen constancias que los siguientes gobernantes, hubieran sido republicanos, humildes, austeros y compasivos, como sus predecesores.
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Derechos humanos
Los incómodos ecos políticos de
la perla por
alexis Oliva
La megacausa por los crímenes de lesa humanidad cometidos en los campos de La Perla y la Ribera, en el Tercer Cuerpo de Ejército, va mostrando en cada audiencia el trasfondo civil de la represión militar: detrás de las botas de Menéndez y su patota, asoman la corbata empresaria, la toga judicial y la sotana clerical.
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a megacausa La Perla es una Caja de Pandora que vomita “los males del mundo”. No sólo los horrores perpetrados por militares y policías -autores materiales de la represión dictatorial-, sino también el cada vez más evidente rol de sus cómplices e instigadores civiles. En un ejemplo elocuente, el testimonio de Jorge Luis Argañaraz , militante montonero y obrero de Fiat-Materfer que fue hecho cautivo el 22 de noviembre de 1976 y llevado al campo de concentración de La Perla, reveló la participación de la empresa multinacional en el secuestro y desaparición de delegados gremiales y obreros. Para Argañaraz, los directivos de FiatMaterfer tuvieron un “papel determinante” en la desaparición de sus obreros. El
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sobreviviente relató que, luego de dos días de torturas, “vinieron con álbumes que pertenecían a Fiat, que tenían fotos de compañeros”. “La empresa se los había provisto”, porque “cuando ingresábamos a la empresa nos sacaban una foto para la credencial y otra para el álbum. Esos álbumes son los que me mostraron en La Perla”, explicó. La asombrosa revelación motivó que el Fiscal solicitara que se inicie una investigación por la eventual complicidad de la firma con el terrorismo de Estado. Además, Argañaraz refirió que antes del golpe de Estado habían ingresado a la fábrica agentes de Inteligencia del Ejército que “trabajaban abiertamente con la empresa”. En medio de su relato, se emocionó al recordar a sus compañeros que fueron
víctimas de la dictadura, entre ellos Néstor Lellín, “extraído por la patota de adentro de la misma planta”, el 6 de septiembre de 1976. Al recomponerse, aseguró: “Fueron 32 o 33 compañeros de la Fiat desaparecidos en Córdoba; y yo tengo 27 nombres. (…) Pero no sólo la Fiat tuvo un papel determinante. Hay otros empresarios que tendrían que estar sentados en el banquillo de los acusados”. También viene quedando en evidencia el rol de la Iglesia Católica, mucho más allá del “pecado de omisión”. “Fuimos a verlo a (el cardenal Raúl) Primatesta y no nos recibió -narró Emilia D’Ambra, madre del desaparecido Carlos D’Ambra y referente de Familiares-. Yo después tuve oportunidad de reprocharle, cuando fue a Alta Gra-
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cia a la escuela El Obraje. Cuando llegué a donde estaba Primatesta, yo no le besé el anillo. Le dije que venía a reprocharle que no me hubiera recibido. El me dijo que recibía a todos y que la Iglesia se mantuvo aparte. Yo le dije que con la autoridad que tenía la Iglesia sobre los militares tendría que haber hecho algo. Me dijo que iba a rezar por mí y yo le dije que no hacía falta, que yo sabía rezar porque había estudiado en un colegio católico”. Y dirigiéndose a los jueces, expresó: “Yo era muy católica, igual que ustedes, pero la Iglesia me pateó los dientes a mí y me expulsó. No dejé de creer en la religión, pero sí de la Iglesia argentina que se había portado como cómplice de aquello tan horroroso”. Entre estas complicidades, se destaca la del Poder Judicial. Son abrumadoras las evidencias de la acción legitimadora de la Justicia respecto al accionar represivo entre 1976-83, de su desempeño funcional a la impunidad tras el retorno democrático y -sobre todo- de su resistencia corporativa a investigarse a sí misma. En este sentido, varios testigos-sobrevivientes del campo de concentración de La Perla apuntan a quien es hoy la máxima autoridad de la Justicia Federal de Córdoba: el presidente de la Cámara de Apelaciones, Luis Rueda. Las acusaciones son graves: Le imputan el tratar de obstaculizar las investigaciones y presionar a los testigos víctimas de la represión, luego del retorno a la democracia; y -en un caso- de validar durante la dictadura una declaración obtenida bajo tortura. Sin embargo, hay en este sentido avances esperanzadores. En la “causa de los
magistrados”, en la que están procesados los ex jueces Miguel Angel Puga y Carlos Otero Álvarez y el ex fiscal Antonio Cornejo, la Cámara Federal de Apelaciones -integrada por Abel Sánchez Torres, Octavio Cortés Olmedoy Luis Rueda- consideró en abril de 2011 que los delitos atribuidos a los ex funcionarios judiciales “guardan íntima vinculación con hechos calificados como crímenes de lesa humanidad”.
Contra los trabajadores Sobreviviente de La Perla y numerosos centros de detención y cárceles, Ana Mohaded, directora de la Escuela de Cine y TV de la UNC, oriunda de Catamarca y estudiante de Cine al momento de su secuestro, aportó numerosos datos de víctimas y victimarios. También dejó una tremenda evocación de Justino Honores, delegado de la Unión Obrera de la Construcción: “Ellos se jactaban de su secuestro y de que lo iban a matar, pero prefiero recordar su valor. Cuando lo traían de la picana, se sentía el olor a carne quemada. Yo estaba cerca y era atroz. El apenas se quejaba y eso era un gesto de amor hacia los demás. El día en que murió y se lo llevaron, fue un día de luto. La Perla ha sido el lugar donde he conocido lo más miserable y lo más sublime de las conductas humanas. Y Honores significa esto último. Él era una especie de estandarte común”. Una circunstancia que le dio fuerzas para sobrevivir ocurrió en el campo de La Ribera, una vez que sus captores los acusaron de ser “antipatrias” que no sabían “ni cantar el Himno Nacional”. “Empezamos a cantar con fuerza inusitada -recordó Moha-
ded-. Estaba prohibido cantar en la cárcel y menos el Himno, y eso de estar contra la pared cantándolo fue maravilloso. Ellos nos gritaban que paremos, pero terminamos: ¡Oh, juremos con gloria morir! Por eso hoy, cuando en la escuela de mis hijas escucho cantar el himno, lloro”. A su vez, Cecilio Salguero, ex militante montonero y de la Mesa de Gremios en Lucha, sobreviviente de los campos de concentración del Tercer Cuerpo de Ejército, identificó a los represorescon mucha precisión: “(Jorge) Acosta me secuestró frente a Perkins; (Luis) Manzanelli, uno de mis torturadores en La Perla; (Carlos) Yanicelli me torturó a mí y a mi compañera en la D2; (Ricardo) Lardone me torturó en la Perla. Carlos Díaz me torturó en La Ribera junto con (Miguel Angel) Gómez; a Menéndez lo vi en la Catedral junto a (el cardenal Raúl) Primatesta y en un palco junto a (Oscar) Aguad, (Ramón Bautista) Mestre y otros dirigentes radicales”. Además, Salguero le pidió al Papa Francisco que “abra los archivos del Vaticano para que podamos saber el destino de los desaparecidos” “Dejé de ser René Caro, para ser el número 78; Amanda (Assadourian) el 79, y estimo que a (Luis Mario) Finger y (Máximo) Sánchez le deben haber dado los correlativos o anteriores. Pasamos a ser un número. Había una gran euforia, porque habían detenido a personas importantes desde el punto de vista gremial”, recordó quien era secretario general del Sindicato del Caucho en Córdoba al momento de su secuestro. Durante los primeros días, Caro fue torturado con golpes y picana por Elpidio “Texas” Tejeda, quien lo interrogaba
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sobre el sector gremial del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). También fue separado de su esposa Amanda, quien supone fue “trasladada, eufemismo para decir que venían a buscar la gente para matarla”. Días después, lo dejaron de torturar, igual que a sus compañeros, por orden del jefe de campo, el capitán Héctor Vergez. “Pero nos tenían ahí en el galpón para mostrarnos a gente, como diciendo: ‘Mirá estos tipos que tenemos prisioneros’. Hubo una gran cantidad de dirigentes sindicales desaparecidos”, refirió el testigo. Testigo 33 de la megacausa La Perla, Susana Sastre es una de las sobrevivientes cuyo período de cautiverio estuvo más cerca del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Secuestrada el 11 de marzo de 1976, sobrellevó el campo de concentración en la etapa más feroz de la represión dictatorial. En una exposición de gran valor jurídico, identificó a Héctor Vergez como jefe del campo, a Jorge Exequiel Acosta a cargo del “grupo de operaciones especiales” (secuestros) y a Ernesto Guillermo Barreiro como mandamás de los “interrogadores” (torturadores), secundado por Luis Manzanelli, Carlos Díaz y los civiles
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Héctor Romero, Arnoldo López y Ricardo Lardone.Al relatar que los “traslados” en camiones del Ejército terminaban por lo general en la ejecución de los prisioneros, recordó: “Al camión le pusieron ‘Menéndez Benz’. Me imagino que es un gran galardón para Menéndez… el camión de la muerte”. Además, refirió que el entonces jefe del Tercer Cuerpo de Ejército visitó La Perla para inspeccionar a los cautivos.En un momento, Sastre reflexionó: “La grieta más grande que (los represores) dejaron fue dejarnos vivos. Hoy somos testigos ante la Justicia y ellos están sentados en un juicio por memoria y verdad. Al comenzar la democracia, el Juicio a las Juntas fue muy importante. Pero cuando Barreiro tuvo que declarar, se dio la asonada de Semana Santa (la sedición “carapintada” de 1987). Después hubo que esperar mucho tiempo”. Y dirigiéndose a uno de los acusados, pero sin dejar de mirar al juez, concluyó: “Sí, Barreiro, tuviste un recreo de más de veinte años, pero ahora estás acá”. Juan José “Toto” López es actor, pero no fue arte dramático el brote de lágrimas con que terminó su testimonio de su paso por varios centros clandestinos de detención
de la dictadura, al dirigirse al juez e indirectamente a los represores: “Queremos saber dónde están nuestras desaparecidas y desaparecidos. Hay que lograr romper ese empecinamiento que es tan caro a nuestros afectos. Solo queremos llevarles flores”, refiriéndose al pacto de silencio acerca del paradero de las víctimas asesinadas en los campos de La Perla y La Ribera. Ex militante de Vanguardia Comunista y estudiante de Filosofía y Teatro, López narró que fue secuestrado el 20 de abril de 1978 en su verdulería de barrio Iponá. El mismo día, fue trasladado al campo de La Perla y sometido a torturas. “Una cosa espantosa era la exaltación de esta jauría salvaje y primitiva. Se restregaban las manos y gritaban, como si disfrutaran. Algo totalmente irracional que tiene que ver con lo más execrable de la condición humana”, revivió compungido.En los cinco meses que duró su cautiverio, pasó además por el campo de La Escuelita (o Perla Chica), la Casa de Hidráulica y la Dirección de Informaciones de la Policía. Al ser liberado y encontrarse con su madre, ella le preguntó: “Totito, ¿qué le daban de comer los militares?”. “No podía contarle que hurgábamos los restos que tiraban en el baño. Eso también era tortura”, aseguró López. Un testigo que señaló a los verdaderos instigadores del terrorismo de Estado fue Eduardo Kolasky, entonces militante del Partido Comunista Revolucionario, secuestrado en junio de 1977 y torturado en La Ribera y La Perla. Al referirse a los acusados, manifestó: “Yo no les guardo rencor. En aquel momento, vivíamos un auge para toda Latinoamérica, mientras que ellos cumplían un mandato del imperialismo, de los grandes capitales como la Ford, Mercedez Benz, Techint y de la oligarquía argentina, como los Martínez de Hoz y los Blaquier. Ellos deben estar viéndolos por la tele, sentados en el banquillo de los acusados, y muriéndose de risa”. En medio de los relatos del horror, este tipo de reflexiones funcionan como destellos de lucidez política y humanismo. Como la que brindó Carlos Hugo Basso, ex militante montonero y actualmente periodista: “Después de tantas luchas y tantas cosas que pasaron, nuestras vidas son como una metáfora de lo que ha sido la vida de nuestro pueblo. Que hoy nuestros hijos estén construyendo el país que nosotros soñamos, a eso lo considero una victoria. A lo mejor suena absurdo, pero si es una victoria, quiere decir que valió la pena”.
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Cultura
Reflexiones sobre el libro “Historia del Pueblo Argentino” de Milcíades Peña
DESMITIFICAR LA HISTORIA por
Sylvia Nadalin
Si como dice la canción a “la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia”, esa que critica, profunda, lúcida y brutalmente la pluma de un autor igual de olvidado que de imprescindible: Milcíades Peña (1933-1965). La edición definitiva (Emecé, 2012) de HISTORIA DEL PUEBLO ARGENTINO, una obra ambiciosa que intenta “desenmascarar los mitos y las falsedades” del proceso de formación económico-social argentino desde la colonización española hasta la revolución libertadora de 1955, poniendo en discusión las verdades históricas que se disputaban su legitimidad (liberales y revisionistas), constituye una manera de actualizar las lecturas de clases (e intereses) que siguen obstaculizando y retrasando la implementación de políticas autónomas y emancipadoras.
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“La falsa historia es el origen de la falsa política” Juan Bautista Alberdi, Escritos Póstumos.
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os militantes y/o gobernantes que menosprecian a los intelectuales que juzgan, revisan y cuestionan la política deberían revisar sus propios estereotipos de época. Porque hubo alguna vez -como en los cuentos- hombres que edificaron su gran erudición y pensamiento desde la autodidaxia, en los tiempos intersticiales de la militancia estudiantil primero y partidaria después. Con apenas 14 años, a mediados de la década del ’40, Milcíades Peña ingresó a las Juventudes Socialistas de La Plata, dos años después militaba en el Grupo Obrero Marxista (GOM) de orientación trotskista que lideraba Nahuel Moreno, del que se alejó en 1952 cuando se proletarizaron. La urgencia de la militancia y la avidez intelectual truncaron su bachillerato, al que abandonó para dedicarse a escribir en revistas de izquierda, formar cuadros, investigar y analizar la historia como una forma de praxis militante. Luego de varios intentos de suicidios, a los 32 años terminó con su vida. Formado en el marxismo ortodoxo fue un crítico inflexible de quienes serán las figuras intelectuales de la década del ’70, Gino Germani, Jorge Abelardo Ramos, Rodolfo Puiggrós y Juan J. Hernández Arregui, autores con los que disputa la interpretación del revisionismo de izquierda poniendo en duda sus hipótesis, derribando sus argumentos o mofándose de cierta ingenuidad teórica, a la que compara con el peor liberalismo. Porque el propósito que impulsa la escritura de la Historia del Pueblo Argentino es precisamente ese: desmitificar la historia argentina de sus “falsedades históricas seudomarxistas, seudonacionales [que] pesan como una lápida sobre la lucha por la transformación revolucionaria de la Argentina y América Latina”, destruyendo los mitos que cada vencedor fue imponiendo como sentido, discurso y verdad durante cinco siglos de historia. A esta ciclópea tarea se abocó entre el ’55 y el ’57. Tenía 25 años cuando la terminó.
El mito de la colonización de América El primer mito a derribar es aquel que pregona que la dominación española estaba asentada en una política mercantilista, el primer estadio del capitalismo en su fase industrial. La impronta monárquica española era de tradición metalista de tipo feudal, lo que generó en América una sociedad pre-
capitalista mercatilizada donde “una minoría parasitaria de origen extranjero vivía del trabajo casi esclavo de las grandes masas indígenas” que desconocían el salario, estructurador económico del concepto de clase social. Esto explica, según Peña, el desarrollo desigual pero combinado (porque el excedente se vendía al mercado mundial) de nuestra estructura económica y los orígenes oligárquicos y antidemocráticos de nuestra superestructura política. Además, en Argentina se dio “la maldición de la abundancia fácil” donde la prosperidad de la tierra “obnubiló la conciencia de que se trataba de un país atrasado, haciendo concebir la ilusión retrógrada de que con vacas podía constituirse una gran nación moderna”. A este primer desencuentro con los procesos históricos que sacudían las bases
de la sociedad feudal dando origen a un nuevo sistema de producción en Occidente, se sumó la “fábula” del 25 de mayo de 1810, un hecho que no fue ni revolucionario ni su objetivo fue la independencia. Peña arremete contra la historia oficial de Mitre: “las clases dominantes de la colonia que no encontraban ocupación lucrativa dentro de la estrecha estructura colonial (¡los abogados!) necesitaban contar con un Estado propio, que les ofreciera ocupación”. Y Napoleón colaboró encarcelando a Fernando VII en el camino de una revolución que, otra vez, fue europea.
El mito de los nacionalismos populares Si la historiografía liberal es desacreditada con datos certeros que invalidan la oficial lectura de los hechos hasta 1810, los revisionismos de tinte progresista se des-
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esto era una dura blasfemia en la Argentina que lo recibió en el ’45) que los obreros fueran parte del poder. Gobernó, incluso, para ellos. Les dio lo que nadie les había dado”. Además, puntualiza dos errores de apreciación: la concepción clasista de Peña y “el de la izquierda peronista que creyó que ese pueblo peronista pelearía por el socialismo, algo que le era totalmente ajeno”.
Lucidez y Tragedia
moronan ante las críticas de clase a la que somete a los personajes que conforman el proyecto nacional y popular: Rosas, Irigoyen y Perón. Como buen marxista, Peña aplica la teoría materialista a los procesos históricos, centrándose no solo en lecturas económicas (sin caer en el reduccionismo) sino intentando leerlo desde los sujetos históricos que conforman las fuerzas sociales que luchan en ese desarrollo, al que reconoce como contradictorio y desigual. Desde esa visión, Rosas no es más que un estanciero y terrateniente bonaerense, continuador de Rivadavia en la gestión de un gobierno que acrecentó y consolidó la acumulación de tierras, vacas y peones, estructurando el futuro capitalismo argentino y logrando “aquello en que los unitarios habían fracasado: supeditó todo el país a Buenos Aires”. Al período de Irigoyen, Peña lo describe como el gobierno que no cambia nada: mantuvo la lógica económica agroexportadora, respetó y amparó el latifundio (solo alargó algunos plazos de arrendamiento), amparó los intereses del imperialismo inglés detrás de un disfraz de neutralidad diplomática, y “masacraba al proletariado con tanta puntualidad y eficiencia como el más reaccionario de los gobiernos oligárquicos”. No corrió mejor suerte el peronismo en la pluma de Peña, al que definió mordazmente como “bonapartismo con faldas” (en relación a su figura femenina: Eva Perón). El término, tomado de Marx refiere a “un régimen que no representa a ninguna clase, grupo de clase o imperialismo, pero extraía
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su fuerza de los conflictos de las diversas clases o imperialismos”, es decir que no había en el GOU ni en Perón un proyecto real de cambio de relaciones de propiedad sino que era el gobierno del “como si” en el cual las políticas sociales y laborales se presentaban como si hubiesen surgido de las luchas de los trabajadores a través de un proceso revolucionario. Cuando Peña hace un balance de los logros peronistas: “Sindicalización masiva e integral del proletariado fabril y de los trabajadores asalariados en general. Democratización de las relaciones obrero-patronales en los sitios de trabajo y en las tratativas ante el Estado. Treinta y tres por ciento de aumento en la participación de los asalariados en el ingreso nacional. A eso se redujo toda la ‘revolución peronista”, escritores como Feinmann y Tarcus reaccionan espantados. Lo que para Peña en 1955 era apenas un lavado de cara de la estructura económica, sesenta años después y varias luchas populares que cobraron la vida de 30.000 compañeros, esas “mejoras” peronistas siguen siendo históricamente revolucionarias. La crítica de Peña, sin embargo, va más allá: reprocha al peronismo haber mejorado las condiciones de los trabajadores al precio de su subordinación política al Estado a través de la sindicalización vertical y obligatoria, retrasando la conciencia de clase, alejándolos de la verdadera revolución proletaria, y reconfigurándoles una identidad ficticia basada en la lealtad al líder. Feinmann, en su libro Peronismo I, rebate esos argumentos: “[Perón] No quería darle el poder a los obreros. Quería, sí (y
A lo largo de las casi seiscientas páginas que conforman la Historia del Pueblo Argentino se suceden ininterrumpidamente frases y comentarios del colosal Alberdi, cuya obra –completa- va desentrañando los hechos que configuran las desventuras de nuestra historia. Peña rescata al Alberdi que polemizó la dicotomía sarmientina de civilización y barbarie1, el que vio en Rosas una reencarnación del peor centralismo colonial, el que se enfrentó a Mitre en la Guerra de la Triple Alianza, el que creyó en la Confederación y en los caudillos del interior como la única forma de reorganizar el país, el que se exilió en Europa para no negociar con el modelo oligárquico conservador roquista, el que murió voluntariamente expatriado representando “el drama argentino: la falta de clases reales en que apoyar el programa de gobierno para la construcción de una gran Argentina”. La otra –y única- figura que reivindica es Sarmiento, no en su alianza con la oligarquía porteña ni en la denigración a las masas populares por bárbaras, sino en aquel que descubre que la implementación del programa liberal por parte del roquismo es un equívoco que nada tiene que ver con los postulados por los que peleó toda su vida. Con un mismo origen pero caminando en veredas opuestas, Sarmiento y Alberdi son rescatados como los únicos próceres argentinos por su carácter de intelectuales que logran pelearse con su propia clase, criticando y expresando un proyecto nacional que no puede realizarse por la falta de una clase burguesa interesada en la producción nacional dirigida a un mercado interno. No hay síntesis en la dialéctica que propone la Historia de Milcíades Peña. Solo tragedia y desencuentros que llevan al olvido, ese que lo identificó con el Alberdi de la derrota personal, la marginalidad intelectual y el desencanto político. 1 “Tenga cuidado el señor Sarmiento que hay una barbarie letrada mil veces más desastrosa para la civilización verdadera que la de todos los salvajes de la América desierta”
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