Hay que ser amigx de unx mismx.
regurgitar.
El pecho es tierra que se abona con ternura y autenticidad, pero se agrieta y reseca con el miedo. Desmalezar es eliminar los puntos de anclaje de esos miedos viejos en el presente, arrancar de raíz todo lo que nos obliga a ser otres y nos quita lugar para movernos, estirar los brazos, agrandar el plexo, ocupar el espacio en la forma natural de cada cual. Ojo, ninguna planta es mala, pero hay algunas que son contraproducentes para lo que buscamos hacer crecer. Hay que darle tiempo al suelo luego, tiempo y cariño, constancia y paciencia. Llegado el momento se siembra, y eventualmente se verá el fruto: la ansiada paz con la que nos motorizamos para seguir adelante cuando el miedo -incluso en nuestro acto más impávido- reverbera en el cuerpo. La paz es ser une misme, y ser les primeres en permitirnos eso, en defender nuestro derecho a existir cuando el mundo nos quiere escarmentar por no poder ni querer disimular nuestra rareza.
I
La tierra infértil
I Quizá es mejor así, en silencio, porque cuando reís herís tanto que yo ya no quiero hablar. Quizá es mejor así, porque en silencio recuerdo que los amigos no se ríen de los diagnósticos, que los amigos no se burlan de los barrios, que los amigos siempre están incluso cuando estás tan mal que no podés llorar ni hablar, mucho menos pedir ayuda. Quizá sí, el silencio es mejor aunque aún duela un mensaje sin respuesta y una confianza completamente rota. II ¿Qué hago con todo ésto que soy y me duele? ¿Qué hago con todo lo que quiero reivindicar pero aún me detiene el ojo ajeno que ha enceguecido el propio? ¿Qué hago con todo eso que no sé cómo expulsar del cuerpo? ¿Qué hago con todo lo que intenté expulsar y hoy quiero abrazar? ¿Qué hago con todo el dolor aferrado y todos los nombres que aún duelen? ¿Qué es lo que hay después de un límite?
III Los mecanismos para internalizar la violencia son precisos y sutiles, pero yo me propuse también ser firme y perseverante con las manos limpias pero cansadas apretarme el alma y arrancarlos como si fueran un punto negro tan fácil de sacar de acá. Uno se lo propone, lo intenta, lo lleva a la práctica, insiste pero siempre llega otro punto donde apretar, estrujar aunque duela y quede la marca de lo que allí se alojó. Uno arranca pero siempre hay otro lugar donde también escarbar, y a veces es tan pequeño, tan preciso y tan sutil, que se pasa por alto hasta que uno abre la boca y a través de ella se escapa una voz ajena, violenta contra uno mismo, y ahí empiezan de nuevo las manos a rastrear, el alma a estirarse para dejar ver el pequeño punto donde apretar, intentar erradicar aunque quede la marca y a veces justo en esa pequeña cicatriz se nos haga escuchar la misma ajena y violenta voz que insiste en limitar la existencia.
II No tiene sentido hurgar la piel buscando dónde se aloja la culpa, ni remarcar el cuero justo ahí donde intenté extirparme la sensibilidad para solo lograr volverla corteza. No tiene sentido elaborar conjeturas sobre todos los caminos que hubiera tomado con certezas que puedo tener solo hoy, después de haber elegido y transitado solo uno de todos ellos. No tiene sentido ya más nada que implique clavar otra estaca en un pasado, solo clausurar definitivamente los caminos que me llevaron a tratar de sobrevivir lejos de mi ternura y reconocer que el que tomé me ha devuelto finalmente a ella.
pero igual duelen, igual cuestan y aún no sé qué hacer cuando llegan.
IV Desenmascararse implica inevitablemente quebrar la cáscara: pelar la corteza, exponer esa fina capa que te mantiene entero pero te vuelve vulnerable. Desenmascarar una infinidad de características para reivindicarlas a todas y llamarlas por su nombre, recuperarse y aprender esta nueva vida que se habilita ahora. Desenmascarar. Llamar las cosas por su nombre. Aprender lo que uno es. Habilitarse a ser en las propias capacidades y condiciones. No tapar más nada, y que elija quedarse quien realmente quiera hacerlo.
V Me voy desgajando poco a poco, con una valentía burda frente al mundo, otra vez. Abrí la boca, dije invitar a pasar y fui abriendo la puerta con pausas. Me callé de a ratos para ver quién escuchaba, creí poder preservarme ocultandome. Vuelvo a hablar poco a poco, con una escritura errática que se hizo poesía al permitir el diálogo sin tratar de prever el conflicto. Abro la puerta con pausas, abro la boca más seguido, me desgajo con certeza aunque el miedo vuelva... La valentía es eso que hago cuando respiro sin pedir permiso y sin forzarlo.
I En este viaje aprendí que saber de grande implica que llegaste agotado, que saber implica saberse cansado, menos hábil para dejar el cuerpo en pretender ser otro. Y a menudo te lo dicen con voz algo melancólica, como si pretender fuera vara del estima que merecemos, como si pretender fuera ese título que todxs quisieramos colgar en la pared de la cocina así cuando nos vienen a visitar se quedan tranquilos: la disrupción de ser yo mismo hoy no la invitamos a merendar pero tampoco a mí, porque yo me quedo con ella, somos amigos muy cercanos, entonces decido quedarme fiel a su lado, aparecer fiel a mi mismo acompañado. Porque de tanto dejar hábilmente el cuerpo en pretender ser otro me agoté, y sin melancolía en la garganta digo prefiero haber perdido la energía que perderme del todo.
II Qué fácil es sentirse solo en esta ciudad de mierda. Quise hacerme tiempos para ver amigues, hacerme tiempos para escuchar poesía, beber vino, volver a ser jóven, reparar el pecho, abrirme lugar en la carne, poner en jaque el camino de casa al trabajo, del trabajo a casa. Quise hacerme tiempos para poner en jaque al tiempo, inmiscuirme entre la gente, amigarme con el calor ajeno, la mirada nueva, recuperar el habla, aceptar como ya lo hago, destrabar mis formas y recuperar el tiempo que puse en jaque por preservarme- ¿de qué? Aún no sé, si igual me rompí, me quebré y me emparché por tantos lados que ya no tiene sentido cuidarme tanto. Quise hacerme tiempo para sentirme menos solo, venir a esta ciudad a encontrar algo que no está ahí, ni está acá, ni en ningún lado... Quise hacerme tiempo para poner en jaque algo que está adentro de todxs, que se respira en el aire, fresco o humo da igual, se inhala y exhala la soledad en una ciudad tan caótica, tan poblada, tan -así- solitaria. Quise tomarme un bondi hasta alguna esquina ya conocida, sin mirar ningún mapa
III empieza la crudeza de las formas el frío no consulta ni pide permiso no tantea ni prevee nada se impone rápida y desapaciblemente - calculo el tiempo en la pantalla de mi celular respiro despacio intento la fluidez inhalo y exhalo mis sentidos siento que se contrarresta el impulso no es mucho pero es levanto la mirada efímeramente hago foco en mi silencio en las texturas que encuentro mantengo la calma confío en que pronto va a terminar y si no acaba aún puedo dar por terminado el intento el sol entibia lento tantea qué tan laxas están las formas y les pide permiso - recobrar los sentidos desacostumbrarse de la quietud bajar la guardia más seguido desentrenar el miedo las yemas se aflojan primero se entregan al sinsentido la hoja de hoy dice algo distinto pero tampoco es poesía Terapia de exposición.
IV Voy a hacer algo muy difícil: te voy a hablar e invitar a salir sin titubeos ni enredos en la lengua. Algo tan difícil como tomarme el atrevimiento de sacarte a bailar. Son otros movimientos los míos, lo sé, pero yo creo que vos bailás igual de mal y juntxs podríamos divertirnos, quizá soltarnos, quizá hablar ese idioma que nos enseñaron a callar, quizá hacer algo tan difícil como hablarnos e invitarnos a hacer algo con ésto que sabemos que somos pero tanto tiempo intentamos cambiar. Voy a hacer algo re difícil: voy a dejar que esta versión de mí invite a la tuya a salir, porque sabe que vos también pasaste por ésta y que no hay nada mejor que un roto para un descosido. Voy a descoser mi disfraz por primera vez, a la primera dejar de aparentar no ser, estar tan roto, quizá sea difícil pero más difícil fue tantos años mostrarme distinto a lo que genuinamente soy, intentando frenar la violencia pero terminar haciendola carne. Voy a hacer algo muy difícil, lo sé, pero espero que sea fácil porque estar con vos así lo hace sentir.
V ¿Lamentar qué? Lo que se desgaja de un plan irresoluto no es lo que duele, ni lo que astilla un pensamiento en lo profundo del pecho. ¿Lamentar? ¿Qué es lo que duele tanto como para lamentarse? Nada, absolutamente nada. Lo que se desprende y se abandona se pudre para nutrir el suelo, incluso figurativamente. Lo que se astilla se desintegra, deja una marca minúscula pero justo ahí la piel se vuelve más dura. Entonces ¿qué de todo eso duele tanto como para ser lamentado? Lo que duele se agradece por drenar líquido el espacio que ocupaba ese lugar donde hoy se crece.
el talar, tigre / mayo, 2024