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*Los próximos días 14 y 15, habrá primeras comuniones a las 13,30 h. *El lunes próximo, día 9, a las 19,30, en el salón del colegio, habrá una conferencia de D. Jesús Menéndez: “Jovellanos: vida de un ilustrado” y una representación teatral del “Arresto de Jovellanos” por la Compañía Asturiana de Comedias

Descubrir a Jesús peregrinando a nuestro lado es todo un arte. Abre bien los ojos y lo verás a tu lado constantemente. Porque:…

E M A Ú S

Jesús es la verdad que debes proclamar. Jesús es la alegría que debes compartir. Jesús es la paz que tienes que ofrecer. Jesús es el hambriento, que tienes que alimentar. Jesús es el sediento, cuya sed debes calmar. Jesús es el desnudo al que tienes que vestir. Jesús es el sin techo a quien tienes que albergar. Jesús es el enfermo a quien tienes que atender. Jesús es el despreciado al que debes acoger. Jesús es el niño a quien puedes ofrecer una sonrisa.

Vuelve de Emaús y deja tus llantos y lamentaciones. Abre los ojos y descubre a Cristo que camina a tu lado. Recuerda Emaús y descubre a Jesús en el pan compartido. Deja tus fantasías del pasado y construye con amor el presente. Revisa tus falsas imágenes de Jesús y sírvele en los pobres. Reniega de tus tinieblas y sigue la estela de sus ejemplos. Cultiva la alegría pascual. En Cristo hemos resucitado todos.

Jesús es el anciano a quien tienes que comprender y ayudar. Jesús es el enfermo mental que reclama tu defensa. Jesús es el ciego a quien debes acompañar y guiar.

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1ª Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles: Hch 2, 14.22-23 No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.

2ª Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro: 1P 1, 17-21 Os rescataron a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto

PALABRA

DE

DIOS

Lectura del santo evangelio según san Lucas: Lc 24, 13-35 Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: « ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: » « ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.» Entonces Jesús les dijo: « ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.» Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: «No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: « Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.» Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pocas cosas hay más tristes que la decepción. El ser humano es un manojo de sueños. Y soñador como es, se fabrica momentos y lugares paradisíacos a la medida de sus deseos y necesidades. Lo malo es que, la mayoría de las veces, sólo existen en su bello imaginario. Aquellos dos discípulos camino de Emaús eran el vivo retrato de la desolación. Habían seguido a Jesús por el camino de sus ambiciones. Se lo habían jugado todo a una carta: la de ponerse a la sombra del Maestro para cuando llegara el momento del reparto de dividendos. Habían dejado todo: su casa, su pueblo, su oficio, su familia y todo por una promesa del Maestro. Hay que reconocer que nadie había movilizado tantas ilusiones como aquel profeta de Nazaret. “Nosotros esperábamos que Él fuera el libertador de Israel. Y ya ves: hace dos días que lo crucificaron”. Por casualidad o por curiosidad, ¿no pertenecerá Vd. a esta cofradía de los “desencantados” con Jesús? Venga, desgrane sus desilusiones. “Yo esperaba que por ir a misa la vida me iba a tratar mejor”. “Yo esperaba que por hacer los primeros viernes me iba a salvar”. “Yo esperaba que por llevar la estampa de la Virgen en el coche nunca iba a tener un accidente”. “Yo esperaba que el ramo bendecido en la misa de Ramos me iba a proteger contra cualquier desgracia”. “Yo esperaba que, por el simple hecho de haberme casado por la Iglesia, mi matrimonio iba a ir mucho mejor”. Cuántos sueños equivocados y cuántas decepciones. Ponte a la escucha de Jesús y verás: te habla de felicidad, pero por el camino de la liberación interior de las cosas y de tu comodidad. Te habla de un cielo nuevo, pero al que se llega cargando con su cruz. Te habla de un Reino ilusionante pero que tendrás que construir con tus actitudes de servicio y entrega hasta el fin. No te olvides: deja el Emaús de tus sueños y síguele sólo a Él.


Domingo_III_Pascua