- Recuerda que la colecta de este domingo primero de mes es para Cáritas. - Los miércoles, tendremos Vísperas dentro de la Eucaristía - Todos los viernes, viacrucis a las 19,00 h., en lugar del rosario.
TIEMPO PARA DIOS
“ESTE ES MI HIJO: ESCUCHADLO” Decía un famoso psiquiatra: “Cuando un
El lunes por la mañana, las hermanas Rosa y Joana y yo fuimos a un campo de refugiados congoleses con muchísimas personas pobres, desesperadas.
El padre Mario, su misionero, el que les proporciona ayuda, está actualmente en Italia. Así que los catequistas guiaron la celebración en la que participaron unas ochenta personas. Al final, me sorprendió que me invitaran a decir unas palabras. Les saludé en mi limitado francés, que la mayoría de los adultos parecieron entender, y les dije que rezábamos por ellos y por todo el Congo en aquel día. Era un día inusualmente fresco pero muchos no llevaban más que harapos. Es todo lo que tienen. Mientras que el padre Mario está fuera, la hermana Rosa les asegura paquetes de galletas además del arroz y el azúcar que periódicamente se suministra en el campo. Les ayudamos un poco cuando podemos y son unas personas tremendamente agradecidas. Sin embargo, aquí no existe el sentimiento de abandono o la falta de espíritu. Son felices por estar juntos, cantando, escuchando y dando tiempo a Dios. Descubrí lo diferente que es esta situación de la de tantos lugares del mundo desarrollado donde la gente tiene muchas más cosas, pero ya no les queda tiempo ni espacio para Dios en sus vidas. Sin haberse tomado una decisión formal, la presencia de Dios ya, simplemente, no se percibe ni se reconoce. En el tablón de anuncios de su parroquia, un pastor escribió: “Si Dios nos parece lejano, ¿quién se ha movido?”. (continuará)
Domingo II de Cuaresma Ciclo B. 4-Marzo-2012
Compartimos con ellos la oración en su iglesia de techo de paja soportado por postes sin pulir, una construcción basada, no en la ingeniería sino en la acumulación de sabiduría y conocimientos prácticos de unas personas que han aprendido a apañárselas con muy poco. Fue un momento especial Ese día se elegía un nuevo presidente para el Congo. No hubo posibilidad de votar para esta gente olvidada que desea un mundo mejor, aunque sea sólo en la esperanza de la oración y no en las urnas.
enfermo empieza a escucharme o a escuchar de verdad a otros, entonces… ya está curado” La gente de hoy tenemos un gran problema: ya no tenemos tiempo para escuchar. Pasamos junto a los demás sin apenas escuchar a nadie. Nuestras relaciones son convencionales y, a veces, interesadas. Se nos está olvidando escuchar. ¿Cómo ser buenos creyentes en esta situación si lo fundamental del cristiano es vivir escuchando a Jesús? Remedando al psiquiatra podríamos establecer este principio: Cuando un creyente tiene tiempo y coraje para escuchar a Jesús está salvado. Escuchar a Jesús es un difícil reto. Nos puede sorprender. Puede desmontar nuestra manera facilona de vivir la fe cristiana. Nos puede sacar de nuestras seguridades. Pero si somos pacientes y sinceros podemos llegar a descubrir en Él el sentido de nuestras vidas, de nuestras luchas y de nuestra muerte. Nos damos cuenta de los errores de nuestro vivir diario. Esta fue la voz que Pedro, Santiago y Juan oyeron desde la nube: Éste es mi Hijo amado: “ESCUCHADLO”. Empecemos por superar nuestra comodidad y cobardía gritando al Señor:
Dame un corazón capaz de escucharte.
Escucharemos tu voz, Señor Lectura del Libro del Génesis: Gn 22,1-2.9-13.15-18 …En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: Abrahán» Él respondió: “Aquí me tienes.” Dios le dijo: «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moña y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»… Por haber hecho esto, por no haberte reservado a tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa…. …“Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.”
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos: Rm 8,31b-34 Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?
Lectura del santo evangelio según san Marcos: Mc 9,2-10 En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías,» Estaban asustados, y no sabía lo que decía, una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» ¡De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».
Fui a la clínica del Señor a hacerme una revisión de rutina y constaté que estaba enfermo. Cuando Jesús me tomó la tensión, vio que estaba bajo de ternura. Al medirme la temperatura, el termómetro registró 40º de ansiedad. Me hizo un electrocardiograma y el diagnóstico fue que necesitaba varios “baipás” de amor. Mis arterias estaban bloqueadas de egoísmo y no abastecían a mi corazón vacío. Luego pasé a ortopedia, ya que no podía caminar al lado de mi hermano, y tampoco podía dar un abrazo fraternal pues me había fracturado al tropezar con la envidia. También me encontró miopía, ya que no podía ver más allá de las cosas negativas de mi prójimo y de sus defectos. Cuando me quejé de sordera, Jesús me diagnosticó que había dejado de escuchar su voz cada día. Y porque hoy Jesús me ha hecho su revisión gratuita, sólo por su gran misericordia, le he prometido tomar los medicamentos que Él me ha recetado: Al levantarme, beber un vaso de agradecimiento. Al llegar al trabajo, tomar una cucharada de paz y otra de honradez. A cada hora, ingerir un comprimido de paciencia conmigo y con otros, y una copa de humanidad. Al llegar a casa, inyectarme una buena dosis de amor. Y antes de acostarme, tomar dos cápsulas de conciencia tranquila. Mi restablecimiento no se hará esperar