Skip to main content

02 16

Page 1

La alegría del Evangelio “El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás. Comunicándolo, el bien se arraiga y se desarrolla. Por eso, quien quiera vivir con dignidad y plenitud no tiene otro camino más que reconocer al otro y buscar su bien. No deberían asombrarnos entonces algunas expresiones de san Pablo: «El amor de Cristo nos apremia» (2 Co 5,14); «¡Ay de mí si no anunciara el Evangelio!» (1 Co 9,16).” (Papa Francisco. E.G. nº 9)

Vida Parroquial:

93 personas

Cena del Hambre

compartimos el gesto de la “Cena del Hambre”. Destacamos el buen ambiente, el calor comunitario, la colaboración de personas y grupos de la parroquia y la aportación en especie: sopa de Alberto, y las tortillas preparadas por gente con sensibilidad y generosidad. Aquí queda alguna mini-instantánea de la cena.

Y para nuestra comunidad parroquial, un APLAUSO por su generosa y significativa aportación a la campaña “Manos Unidas.

PARROQUIA CORAZÓN DE MARÍA GIJÓN www.pacomargijon.org

Avda. Pablo Iglesias, 82

El

985 37 09 44

Domingo 6º Tiempo Ordinario CICLO A

16-02-2014

asunto legal es el tema central del evangelio de hoy. Nuevamente aparece Jesús dando indicaciones a sus discípulos sobre cómo debe ser la vida cristiana. Así como hoy existe mucha gente que cree que la vida cristiana se resume en la práctica de una serie de normas, igual en la época de Jesús muchos judíos basaban su vida religiosa en el estricto cumplimiento de leyes. Recordemos que en tiempos de Moisés, los hebreos estuvieron convencidos de que Dios los había escogido como pueblo y les había dado sus mandamientos para ordenar su convivencia. El pueblo, por su parte, se había comprometido con Dios a cumplir estos mandamientos como signo del amor y del respeto que le tenían, y en agradecimiento por haberlos escogido como pueblo suyo. Vistos así, los mandamientos fueron una especie de concretización en forma de leyes del amor que Dios le tenía a su pueblo y que el pueblo le tenía a Dios. Sin embargo, con el tiempo el verdadero sentido de los mandamientos se fue desvirtuando, debido a que los “legisladores” de la época (los escribas y los fariseos), inventaron cientos de leyes más, muchas de ellas ridículas, que no se basaban en el amor a Dios sino en la propia conveniencia (Cf. Mc 7,1-13). Poco a poco la religión judía se fue convirtiendo en un compendio de normas. Una persona era considerada más religiosa por cumplir fielmente las leyes que por demostrar amor a Dios. Cuando Jesús entra en la vida pública de su pueblo, se encuentra con esta realidad: la religión se basa en la práctica de las leyes y no en el amor a Dios.


A

la Escucha de tu Palabra

Jeremías 17,5-8. Así dice el Señor: “Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto”. 1Corintios15,12.16-20. Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Mateo 5, 17-37. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil’, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “renegado”, merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Entender las cosas como JESÚS Los judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Era el mejor regalo que habían recibido de Dios. En todas las sinagogas la guardaban con veneración dentro de un cofre depositado en un lugar especial. En esa Ley podían encontrar cuanto necesitaban para ser fieles a Dios. Jesús no se dedica a estudiarla ni a explicarla a sus discípulos. No se le ve nunca preocupado por observarla de manera escrupulosa… Jesús busca la voluntad de Dios desde otra experiencia diferente. Le siente a Dios tratando de abrirse camino entre los hombres para construir con ellos un mundo más justo y fraterno. Esto lo cambia todo. Lo primero es “buscar el reino de Dios y su justicia”. Los fariseos y letrados se preocupan de observar rigurosamente las leyes, pero descuidan el amor y la justicia. Jesús se esfuerza por introducir en sus seguidores otro talante y otro espíritu: «si vuestra justicia no es mejor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de Dios». Hay que superar el legalismo que se contenta con el cumplimiento literal de leyes y normas. Cuando se busca la voluntad del Padre con la pasión con que la busca Jesús, se va siempre más allá de lo que dicen las leyes. Para caminar hacia ese mundo más humano que Dios quiere para todos, lo importante no es contar con personas observantes de leyes, sino con hombres y mujeres que se parezcan a él. Aquel que no mata, cumple la Ley, pero si no arranca de su corazón la agresividad hacia su hermano, no se parece a Dios. Aquel que no comete adulterio, cumple la Ley, pero si desea egoístamente la esposa de su hermano, no se asemeja a Dios. En estas personas reina la Ley, pero no Dios; son observantes, pero no saben amar; viven correctamente, pero no construirán un mundo más humano. Jesús ha venido a «dar plenitud», a ensanchar el horizonte del comportamiento humano, a liberar la vida de los peligros del legalismo. Nuestro cristianismo será más humano y evangélico cuando aprendamos a vivir las leyes, normas, preceptos y tradiciones como los vivía Jesús: buscando ese mundo más justo y fraterno que quiere el Padre. (J.A.Pagola)


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
02 16 by Rafael Lozano - Issuu