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Proyectos mesiánicos Nuestra Palabra | 15 ABRIL 2011 Dicen los exégetas que en la primavera del año 30 entraron en Jerusalén dos procesiones. Una de ellas era una procesión de campesinos, la otra una procesión imperial. En la primera, Jesús, originario de Nazaret y campesino, era aclamado por seguidores campesinos: su mensaje trataba del Reino de Dios. Al otro extremo de la ciudad, la otra procesión era encabezaba por Poncio Pilato que entraba en Jerusalén en medio de una columna de caballería de soldados imperiales. La procesión de Jesús iba proclamando el reino de Dios; la de Pilato proclamaba el poder del imperio. Ambas expresan el conflicto central de la semana santa que desembocó en la crucifixión de Jesús. La procesión militar de Pilato era una demostración tanto del poder imperial de Roma como de la teología imperial romana. La procesión de Jesús tenía en cuenta deliberadamente lo que estaba pasando al otro extremo de la ciudad. La procesión de Pilato exhibía el poder, la gloria y la violencia del imperio que gobernaba el mundo. La procesión de Jesús mostraba una alternativa: el Reino de Dios. Este contraste entre el Reino de Dios y el reino del César es central en los evangelios y en el cristianismo. Nuestras coordenadas sociales y culturales son otras distintas a las del imperio romano. Sin embargo, siguen dándose proyectos contrapuestos y antagónicos que cruzando la sociedad de un extremo al otro exhiben todo tipo de mesianismos. Lo hemos recordado en este tiempo de cuaresma donde las “tentaciones de Jesús”, que son las de la Iglesia y las de todo cristiano, lo enfrentaban a los “mesianismos” de su tiempo: “el mesianismo social”, el “mesianismo taumatúrgico” y el “mesianismo político”. Nos acercamos a la Semana Santa y también vamos a ser testigos de muchas procesiones que posiblemente nunca lleguen a encontrarse: la de los millones de “turistas criollos” que atravesando el país se dirigen a las playas en busca del descanso, el ocio y la diversión; es el reflejo de un país modernizado que, dejando atrás al mundo rural y la “Honduras profunda”, se olvida por unos días de una realidad social controlada y al servicio de los “nuevos funcionarios imperiales y los nuevos Pilatos”. Es una procesión que se entrega con pasión y sin medida a un consumismo desenfrenado que en una semana, a modo de manotadas de ahogado, pretende recuperarse económicamente de una crisis de varias décadas. Y, sobre todo, la gran procesión de la empresa privada y de los grupos de poder, que sin dejar de ser un gran “proyecto mesiánico”, la han denominado “Honduras is open for business” (Honduras está abierta para todo tipo de inversiones). Esperan conseguir miles de empleos, que San Pedro Sula se convierta en el motor económico de Latinoamérica, inversiones millonarias en infraestructura, en desarrollo forestal, turismo y todo tipo de proyectos. Aunque en el fondo no deja de ser más que una nueva versión del “cuento de la lechera”, este mesianismo de las élites nacionales pretende inclusive arrastrar a los sectores populares. Estos “mesianismos” no van a terminar en la cruz si no, mas bien, crucificando, como lo hizo Roma en su tiempo, a todos aquellos campesinos que creyeron en Jesús y en su Reino. Lo importante es que sepamos en qué procesión vamos a marchar y estemos claros que el mesianismo de los seguidores de Jesús es con los “insignificantes de nuestro mundo” y con los que “mueren temprana e injustamente”.


Proyectos mesiánicos - 15 de abril de 2011