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1. Me conocen por Lucho
Apenitas la vi el primer día, ya me di cuenta de que a la maestra de este año le iba a estudiar. No como a la del año pasado que no le estudié nunca, nunca. Se lo hacía a propósito porque era una fruncida. “Despeje el acceso al salón, joven”, decía. Y vos te quedabas mirándola hasta que por los gestos te apiolabas de que quería que te corrieras de la puerta. “Átese el calzado, Luciano,” decía. El calzado eran las zapatillas. ¡Más complicada para hablar, la pobre! Luciano era yo y la única que me decía así era ella. Todos en la escuela me conocen por “Lucho”. Hasta las baldosas me conocen a mí. Yo, al principio, ni me daba vuelta cuando me decía Luciano. Después me acostumbré, pero nunca, nunca me gustó. Yo creo que a ella, lo que le daba más bronca de mí era que cuando hablaba le prestaba atención (porque total, qué me costaba) 3
pero en la carpeta no le escribía ni una letra. Bah, no... miento, la fecha la ponía. Después, nada más. Y bueno, como me aburría, molestaba un poco, reconozco. Ella se enfurecía tanto que se ponía colorada. Y le mandaba notas y notas a mi vieja. Pero, como mi vieja labura todo el día, no puede andar faltando a cada rato para ir a la escuela. A veces iba, por ahí a las cansadas, entonces yo me tenía que aguantar el sermón de la fruncida adelante de ella. “Su hijo desquicia la clase con sus impertinencias”. ¡Andá a saber lo que quería decir! Pero una felicitación no era… Y ahí sí me daba vergüenza, porque mi vieja que labura tanto y yo encima que la hago amargar. “¿Por qué me hacés esto Luchito?”, me decía mi vieja cuando estábamos solos. Y yo le juraba que no se lo hacía a ella, que se lo hacía a la fruncida esa. Y también le decía que se quedara tranquila que yo el año no lo iba a repetir. Y no lo repetí. Un poco que me acordaba y un poco que me copié de Fede, al final zafé. Pero a esta maestra le voy a estudiar. Ni sé cómo se estudia, falta de costumbre. Me voy a tener que romper todo, pero ya dije que le estudio, y le estudio.
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Desde que la vi, desde que me dijo “Lucho” me gustó. Es gordita, cara redonda, un poco canosa. El otro día se apareció con un montón de canas más. Por toda la cabeza tenía canas. —¡Epa! ¿qué le pasó? Y la Noelia me avivó: —¿No ves que se hizo los claritos, pibe? Entonces me vinieron ganas de cargarla a la maestra y le dije: —¡Está vieeeja la gente! Ella se hizo la ofendida: —Para que sepa, señor, fui a la peluquería. —¡Y estaba cerrada! –le largué yo. A la maestra le agarró un ataque de risa. Después les contaba a las otras maestras. ¡Ja! No quiero pensar lo que hubiera hecho la fruncida si un pibe le contestaba así.
¡Qué mala suerte! Justo este año que voy a estudiar, arranca con el asunto de Colón. ¡Más difícil! Para colmo pasó hace tanto tiempo. ¿Quién se acuerda? No queda uno vivo que se pueda acordar. A todos se lo contaron ¡y andá a saber si es cierto! Y fechas y reyes y como cuatro viajes se mandó el loco, con lo lejos que le quedaba.
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La cosa es que ahora se te confunde lo que descubrió en un viaje con lo que fundó en el otro. ¡Un bollo se te hace en el bocho! Encima yo no estoy acostumbrado al estudio y el manual viene con más palabras difíciles que si lo hubiera escrito la fruncida. Y tengo unas ganas de jugar a la pelo. Hoy justo hay práctica en la canchita del Social y total hasta las ocho mi vieja no viene... Me parece que Colón y las tres carabelas... No, no... ya dije que le estudio, y le estudio. A ver: “Colón presentó su proyecto a la corte portuguesa”. ¿Corte? ¿qué corte? Corte de luz no será, porque antes andaban con velas. Corte de pelo, no creo... aunque Colón usaba el pelito melena ¿no? ¿Dirá que los portugueses se cortaron? “No te cortés, loco”, como dice Fede. ¿Ves? Ya empiezo mal y lo del corte no me entra. Mejor sigo de largo: “Su proyecto fue rechazado por falta de solidez científica”. Ah, sí. Acá me parece que es lo del huevo. Vi por la tele que Colón lo aplastaba contra la mesa y se le chorreaba todo. Debe decir del huevo que no tenía solidez, que por eso se le chorreaba y entonces le rechazaron el proyecto. Algo entiendo, menos mal.
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¿Qué más? “Realizó su gestión ante el gobierno de los Reyes Católicos”. Ah, no... acá está mal, debe ser di-gestión... porque dijo la maestra que los Católicos le ayudaron. Así que debe ser que le dieron de comer al pobre, que de tanto andar para acá, para allá, estaría muerto de hambre. ¿Y si me salteo otro cacho? “Colón pidió albergue en el convento de la Rábida y fue recibido”. ¡Ah bueno, pobre tipo! ¡Eran gauchitos los de la Rábida! Pero igual... ¡es difícil acordarse! ¿Por qué no le tendré bronca a esta maestra también, así no le estudio? Pero no... mañana seguro me llama y vas a ver que me sé todas las preguntas, ¡Qué buena le sale la F cuando te pone Felicitado! Bueno, loco, cumplí. Me aguanté las ganas de jugar a la pelo y me aguanté las ganas de mirar la tele. Todas me las aguanté. Y me la pasé con Colón y los barcos y los reyes y los indios y toda la milonga, pero hoy me lo sabía posta posta. Le pedí pasar a la maestra. Yo quería hablar solo. Pero no me hizo caso y nos hizo pasar en grupo. Éramos cuatro. Yo quería que nos dejara decir todo a nosotros, pero los burros quisieron preguntas. Qué vivos, así es más fácil. Y eran tres contra uno. Y encima quedé último, pero igual qué me importaba. Me lo sabía de punta a punta. 7