Ciencias Sociales y Humanas

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Ciencias Sociales y Humanas

Políticas de escucha y estudios sobre paisaje sonoro
Colección Libros de Investigación
Vicerrectoría de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana
Políticas de escucha y estudios sobre paisaje sonoro
Reservados todos los derechos
© Pontificia Universidad Javeriana
© Julián Jaramillo Arango, editor académico
Primera edición: Bogotá, D. C., abril de 2026
ISBN (impreso): 978-628-502-105-3
ISBN (electrónico): 978-628-502-106-0
DOI: https://doi.org/10.11144/Javeriana.9786285021060
Número de ejemplares: 300 Impreso y hecho en Colombia
Printedandmadein Colombia
Editorial Pontificia Universidad Javeriana Cra. 7.a, núm. 37-25, oficina 1301 Teléfono: 3208320, ext. 4205 www.javeriana.edu.co/editorial editorialpuj@javeriana.edu.co
Bogotá, D. C.
Corrección de estilo: Camilo Sierra Sepúlveda
Diagramación y montaje de cubierta: Carmen Villegas
Imagen de cubierta: Julián Jaramillo Arango
Impresión: Xpress
Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S J Catalogación en la publicación
Jaramillo Arango, Julián, autor, editor académico
Sonidos de Colombia : Políticas de escucha y estudios sobre paisaje sonoro / autores, Óscar Laverde-R. [y otros] ; editor académico Julián
Jaramillo Arango. Primera edición. Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2026.
252 páginas ; 24 cm
Incluye referencias bibliográficas.
ISBN: 978-628-502-105-3 (impreso)
ISBN: 978-628-502-106-0 (electrónico)
1. Paisajes sonoros - Colombia 2. Ecología acústica - Colombia 3. Bioacústica - Colombia 4. Comunicación social 5. Sonología - Colombia 6. Comunicación animal - Colombia I. Laverde-R., Óscar, autor II. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá.
CDD 333.78 edición 23
CO-BoPUJ 06/02/2026
Prohibida la reproducción total o parcial de este material sin la autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana. Las ideas expresadas en este libro son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión de la Pontificia Universidad Javeriana.
INTRODUCCIÓN
Julián Jaramillo Arango
EL SILENCIO DE LOS INOCENTES: EL ORIGEN DE LA ESCUCHA DEL MUNDO NATURAL Y SU INMINENTE DESAPARICIÓN
Óscar Laverde-R.
SI LOS OÍDOS DE HUMBOLDT Y BONPLAND HABLARAN: EXPEDICIÓN COLECTIVA A UN PASADO POSIBLE
Yomayra Puentes-Rivera
Sol Camacho-Schlenker
Camila Parra-Guevara
Luisa Roa
Julián Jaramillo Arango
ANTROPODESCENTRADAS:
COMUNICACIÓN INDÍGENA Y ONTOLOGÍAS DE LO SONORO:
UNA REFLEXIÓN EN TORNO A LA PRODUCCIÓN DE NARRACIONES
EN FORMATO DE AUDIO CON PUEBLOS DE LA AMAZONÍA COLOMBIANA
Minerva Campion
Juan Carlos Valencia
MUNDO SONORO-SOCIAL: SONOLÉCTICAS DE LAS IRRUPCIONES
SONORAS ASOCIADAS A LOS ACTOS VIOLENTOS OCURRIDOS
EN SAN JUAN NEPOMUCENO ENTRE 1998 Y 2005
Eneida Luz Ramírez Centeno
LA DIMENSIÓN SONORA DEL LUGAR
Roberto Cuervo
Joaquín Llorca
RESONANCIAS DE UN MUNDO EN RUINAS
Luisa Roa
ESCUCHA Y CREACIÓN DEL PAISAJE SONORO:
Juan Gabriel Osuna
Este libro es resultado del proyecto de investigación 20585 “Escucha ancestral, paisajes sonoros, audiovisiones y oídos no humanos”, ganador de la convocatoria n.° 010 de apoyo a proyectos de creación e investigación artística —año 2022— de la Vicerrectoría de Investigación, Pontificia Universidad Javeriana, Sede Bogotá.
Paisaje sonoro ayer y hoy
El paisaje sonoro es un concepto clave del universo científico y académico actual. Su capacidad de articular, de manera inseparable, elementos de lo sensible y lo racional extiende un puente entre arte y ciencia. En el contexto de la emergencia planetaria, el reconocimiento de diversas escuchas del entorno acústico apunta hacia una reflexión política y ética, al problematizar y reconsiderar la oposición entre naturaleza y cultura. En las páginas de este libro, el paisaje sonoro se convierte en un concepto verdaderamente transdisciplinar, convergente y emancipador de rutas de acceso al conocimiento no contempladas bajo los marcos tradicionales. Las relaciones entre territorio, sonido, escucha y audio se han vuelto relevantes en varias disciplinas, lo que ha permitido construir metodologías e instrumentos de investigación renovadores. Por un lado, la dimensión sensible, la escucha, supone un modo encarnado de conocer; por otro, la dimensión tecnológica o mediatizada aprovecha las funciones de registro, almacenamiento, procesamiento y análisis computacional de muestras de audio capturadas del entorno acústico. En las prácticas de paisaje sonoro estas dimensiones son difícilmente disociables y se complementan en la generación de nuevas modalidades de comprensión, apreciación y concepción de la naturaleza.
El término paisaje sonoro surgió a finales de los años sesenta en el marco del diseño y planeamiento urbano. En su tesis de maestría, Michael Southworth (1967) proponía un estudio pormenorizado de los sonidos urbanos y su influencia en la percepción visual de la ciudad. Sin embargo, el concepto de paisaje sonoro fue definido por el compositor musical y pedagogo canadiense Raymond Murray Schafer: en La afinación del mundo, de 1977 (Schafer, 2013), estableció los principios que han sido extendidos y contestados desde entonces. Siendo compositor, Schafer recurrió a la teoría musical para estructurar la escucha del paisaje sonoro, esbozando una clasificación de los sonidos del entorno acústico, de acuerdo con su relación fondo-figura (tonalidad, señales, marcas) y su origen (geológico, natural, cultural y tecnológico). Estas ideas se concibieron para el contexto pedagógico y se han implementado en escuelas de música, comunicación y diseño alrededor del mundo. Asimismo, la noción de paisaje sonoro carga una importante influencia de la teoría de la comunicación, lo que se observa en algunos de los conceptos propuestos por Schafer, como esquizofonía, ecología y comunidad acústica, e iniciativas como el Proyecto Paisaje Sonoro Mundial (WSP). Chandler y Neumark (2005) y Carruthers (2016) remarcan la influencia de Marshall McLuhan tanto en Schafer como en toda una generación de artistas
12_ Julián Jaramillo Arango de las telecomunicaciones, cuyas prácticas literarias, radiales, musicales, visuales y conceptuales fueron inspiradas en la noción de aldea global. Esta influencia también es notoria en Barry Truax y Hildegard Westerkamp, discípulos y promotores de las ideas de Schafer y editores de la revista Acoustic Ecology (2000-2024). En un análisis reciente de la tradición de paisaje sonoro, Ochoa Gautier (2016) sugiere que la revista Acoustic Ecology corresponde a una etapa de génesis cultural del paisaje sonoro, que acogía de manera indiferenciada trabajos sobre el tema, dentro de una categoría relativamente difusa asociada al arte, en este caso, el de las telecomunicaciones. Nutrido por el desarrollo tecnológico del audio digital, el movimiento global gestado por Truax y Westerkamp se asentó como práctica creativa e investigativa desde los años noventa, desplegándose en diversas disciplinas. En la actualidad, los estudios de paisaje sonoro sirven de escenario para formular y discutir los dilemas de la crisis climática, al esbozar una transformación de la noción moderna de naturaleza y un reposicionamiento del individuo delante del medio ambiente en el siglo XXI. En diferentes áreas del conocimiento se vienen forjando nuevas políticas de escucha que reflejan este cambio de mentalidad.
El paisaje sonoro como género de música y arte sonoro alimenta un repertorio de propuestas emergentes en Colombia y América Latina, que aprovecha su doble condición sensible y representacional. La experimentación creativa con medios de grabación de campo enmarca una política de valoración del sonido de la naturaleza, fecunda y diversa en materiales y sintaxis, que abastecen una producción artística sobre el paisaje sonoro materializada en composiciones musicales, piezas radiofónicas, instalaciones sonoras, transmisiones, experiencias inmersivas, entre otros formatos no tradicionales.
Por su parte, en el campo del diseño y la arquitectura, el paisaje sonoro ha permitido profundizar en los estudios del territorio. El sonido y la escucha enriquecen la reflexión sobre habitar y recorrer espacios urbanos, lo que inspiró a los investigadores a considerar el entorno acústico como un componente fundamental. De este modo, los estudios sobre paisaje sonoro en diseño y arquitectura han identificado nuevos asuntos, dilemas y vocabularios para la dimensión auditiva de la vida cotidiana en las ciudades contemporáneas.
Entretanto, el concepto de ecología acústica se ha redefinido de forma integral desde campos como la bioacústica o el estudio de la biodiversidad. La grabación de sonido integrada a operaciones de procesamiento digital, que incluyen motores de inteligencia artificial, se incorpora para comprender aspectos como la caracterización de nichos acústicos, la comunicación entre especies, la influencia humana y el impacto del cambio climático en el paisaje sonoro (Krause, 2016; Farina, 2000; Pijanowski
et al., 2011). Estas técnicas se vienen implementando en Colombia en trabajos científicos que plantean nuevas formas de comprensión de la diversidad.
La idea de paisaje sonoro también ha sido relevante en ciencias sociales, porque ha permitido comprender los marcos interpretativos de las comunidades sobre el sonido, los arquetipos colectivos sobre el entorno acústico y las concepciones de naturaleza y cultura. Esto se aprecia en los estudios tanto de etnomusicología como de antropología, que crecientemente han adoptado el sonido como una variable de sus investigaciones. La grabación de audio como instrumento etnográfico ha enriquecido la reflexión sobre modos de pensar lo social basado en los sentidos. Así, el paisaje sonoro y el sonido aportan un componente de intersubjetividad y sensorialidad a la investigación social.
La compilación que presenta el libro Sonidos de Colombia: políticas de escucha y estudios sobre paisaje sonoro sintetiza el esfuerzo de una década de actividades orientadas a crear un contexto académico especializado en Colombia, que permita reconocer y visibilizar estudios y trabajos relacionados con el sonido, la escucha y el audio provenientes de diversas áreas del conocimiento. Esta labor constituye el objetivo principal del Panel de Sonología, cuyas ediciones del 2015 y el 2016 (Manizales, Universidad de Caldas), el 2017 (Manizales, International Seminar on Electronic/Emerging Arts [ISEA]), el 2017 (Medellín, Museo de Arte Moderno), el 2019 (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia), el 2024 (Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana) y el 2025 (Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana; Cali, Institución Universitaria del Valle) han permitido construir una red de investigadores a nivel nacional que alimentan esta publicación.
La consolidación del sonido como un campo autónomo de estudio es un fenómeno propio del norte global, en particular del contexto anglosajón, donde la categoría sound studies está inequívocamente establecida en el universo intelectual y académico. El término sonología, como neologismo que busca traducir a nuestra lengua este deseo de autonomía, se encuentra, en especial en América Latina, en una condición contingente y parasitaria. Para subsistir en nuestro medio académico, los estudios que se preguntan por el sonido, la escucha y el audio deben anidarse en campos de conocimiento formalizados; estos los acogen, pero como invitados. Del modo como es adoptado en el Panel, el término sonología asume también un carácter político, pues localiza en nuestro contexto la pretensión disciplinar de comprender el mundo desde el sonido. La sonología expresa la inestabilidad de los estudios del sonido en
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América Latina, cuya diáspora disciplinar no le ha impedido alcanzar horizontes de pensamiento, los cuales sin duda contestan a las discusiones que se adelantan en la academia anglosajona. Al desmarcarse de un proyecto moderno de conocimiento, la sonología explora otros componentes infaltables en esta compilación, como la valoración del conocimiento ancestral sobre la escucha y las filosofías que desarrollaron los amerindios para compenetrarse con el sonido del territorio que hoy habitamos. Así, el texto se pone a disposición de un público general. Cualquier persona que lo lea conocerá los raciocinios que el paisaje sonoro ha suscitado en diferentes disciplinas; sin embargo, el libro está dirigido, de un modo más franco, a un profesional capaz de superar la condición contingente de la sonología, alguien que se plantee a sí mismo la libertad de transitar por los confines del conocimiento que alberga el sonido, atravesando las barreras impuestas por las categorías predominantes de organización del conocimiento.
Este libro es el resultado de la investigación “Escucha ancestral, paisajes sonoros, audiovisiones y oídos no humanos”, que interroga la transformación de la noción de naturaleza y la redefinición de los límites entre lo humano y lo no humano, a partir del sonido y la escucha como ejes transversales a diferentes áreas y formas del conocimiento. Tras la organización de varias ediciones del Panel de Sonología, se detectó la ausencia de publicaciones que integraran diferentes visiones sobre paisaje sonoro en el país, pues las iniciativas de divulgación sobre la comprensión del paisaje sonoro suelen ocurrir en ámbitos disciplinarios especializados. También se verificaba que en la Pontificia Universidad Javeriana se venían adelantado investigaciones académicas sobre paisaje sonoro en diferentes facultades: Comunicación y Lenguaje, Arquitectura y Diseño, Artes, Estudios Ambientales y Rurales, Ciencias y Ciencias Sociales. Estas constataciones motivaron la formulación de este proyecto editorial como parte de la investigación.
En julio del 2022, los autores recibieron la encomienda de elaborar un resumen inicial de su capítulo, en el que discutieran por qué la noción de paisaje sonoro era pertinente en su campo de conocimiento y cómo había sido incorporada en sus investigaciones recientes. Entre agosto del 2022 y abril del 2023 realizamos seis encuentros virtuales, en los que cada uno de los autores presentó su propuesta ante los demás; identificamos elementos recurrentes, intereses comunes y particulares, intercambiamos referencias y pusimos en diálogo perspectivas de trabajo diversas pero compatibles sobre el paisaje sonoro. La etapa de redacción fue un proceso abierto y transparente, en la que los autores conocieron cómo avanzaba cada uno de los textos y efectuaron comentarios y anotaciones.
Los capítulos
Los ocho capítulos del libro pueden leerse en una secuencia diferente a la original o incluso por separado; sin embargo, su organización obedece a un recorrido disciplinario, que inicia en las ciencias exactas, transita después por las ciencias sociales y humanas, y culmina en el campo de la arquitectura, el diseño, las artes y la música. El tema de la representación constituye una de las constantes en la reflexión de los autores y, en cada caso, el registro sonoro se somete a un ejercicio crítico, que precede a su incorporación en los procesos de investigación. Esto da lugar a la producción de grabaciones realizadas con diferentes propósitos. Aunque los capítulos que discuten la creación en artes plásticas y música aparecen solo al final del libro, la creación (sonora) como modo autónomo de producción de conocimiento tiene lugar en cada una de las investigaciones. Por este motivo, los autores fueron invitados a exponer los resultados de audio asociados a sus escritos en la muestra de arte sonoro que se organizó como parte del Panel de Sonología 2024, ocurrido entre el 23 y el 25 de abril del 2024, y en el cual también se presentaron y discutieron las versiones finales de los capítulos.
Los textos aquí reunidos son el resultado de investigaciones adelantadas por profesores de la Pontificia Universidad Javeriana, quienes ganaron las convocatorias internas de la Vicerrectoría de Investigación o de proyectos de doctorado adelantados en esta institución.
El primer capítulo, “El silencio de los inocentes: el origen de la escucha del mundo natural y su inminente desaparición”, del profesor Óscar Laverde-R., del Departamento de Biología, presenta diversas modalidades de escucha no humana, a través de casos de estudio del campo de la bioacústica. 1 Entre ellas, la noción de escucha clandestina (eavesdropping), fenómeno habitual en varias especies de aves, que consiste en interceptar mensajes destinados a un tercero, promueve una concepción ampliada del paisaje sonoro. La comunicación animal, intra e interespecie que nos reporta el profesor Laverde extiende el espacio de signos y abre las puertas a una reflexión zoosemiótica. A lo largo del texto se discuten conceptos y metodologías de la investigación en bioacústica, identificando algunos de sus pioneros, métodos y figuras más importantes. La grabación, la visualización del sonido, el análisis del audio digital, la inteligencia artificial y, en general, la tecnología se aborda de manera crítica, esbozando diferentes modos de utilizarla para explorar el sonido y la escucha de los animales. Por último, Laverde reflexiona sobre la noción de diversidad, cuya
1 Este capítulo es un escrito divulgativo que reúne resultados de investigaciones lideradas por el profesor Laverde.
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potencia no solo descansa en las cualidades físicas de los individuos, sino también en sus posibilidades interpretativas y comunicacionales. Un equipo interdisciplinar de investigadoras, conformado por la profesora Yomayra Puentes-Rivera, del Departamento de Artes Visuales, la ecóloga Camila Parra-Guevara, la bióloga Sol Camacho-Schlenker, y la artista Luisa Roa, es responsable por el segundo capítulo, “Si los oídos de Humboldt y Bonpland hablaran: expedición colectiva a un pasado posible”. El texto reporta los procesos de investigación-creación y relata pormenorizadamente las inspiraciones y objetivos, las estrategias y formas de trabajo desde cada disciplina involucrada, el proceso transdisciplinar de creación y los resultados obtenidos.2 La idea de reconstruir el paisaje sonoro que escucharon el botánico naturalista Alexander von Humboldt y su compañero de viaje Aimé Bonpland, durante su expedición por territorio colombiano en los primeros años del siglo XIX, inspiró la conformación de un equipo interdisciplinar que revisitó algunos de los lugares descritos en los diarios de viaje. En el trabajo de campo se pusieron en marcha diferentes estrategias de grabación de audio, en las que convergieron criterios de ciencia y arte que guiaron la recreación de los paisajes sonoros del pasado y del presente. Los resultados creativos de este proyecto, materializados en piezas de arte sonoro, evocan los espacios a través del sonido e invitan a un ejercicio comparativo, que suscita una reflexión sobre la relación entre el arte, la ciencia, el territorio y la ecología del paisaje sonoro.
El tercer capítulo, “Escuchas antropodescentradas: un acercamiento teórico-práctico a los modos no humanos de escuchar el paisaje sonoro”, del profesor Julián Jaramillo Arango, del Departamento de Comunicación, es el resultado teórico obtenido en el mismo proyecto que dio origen a este libro.3 El texto reseña una serie de documentos provenientes de la etnomusicología y la antropología, estableciendo relaciones con el sonido y la escucha como elementos que vinculan el mundo humano y no humano. La reflexión sobre las formas de escuchar, despojadas de una perspectiva centrada en el ser humano y propia de una postura poshumanista en la producción y transmisión de conocimiento, permite relocalizar algunos reportes etnomusicológicos realizados en comunidades que entienden la música como un elemento común con ciertos animales, en particular los pájaros. Enseguida, el capítulo pone en diálogo autores del denominado giro ontológico (Descola, Viveiros de Castro, Ingold y Kohn), analizando concepciones de la filosofía amerindia que pueden asociarse al sonido y
2 Proyecto “Si los oídos de Humboldt hablaran: paisajes sonoros de lugares visitados por Alexander von Humboldt en el valle del Magdalena y la Sabana de Bogotá”.
3 Este capítulo es resultado del proyecto “Escucha ancestral, paisajes sonoros, audiovisiones y oídos no humanos”.
Introducción _17 la escucha. El texto convida al lector a dudar de la causa como elemento primordial en el proceso de significación del sonido, ofreciendo criterios ontológicos inspirados en conocimientos ancestrales, para apreciar el entorno acústico. En la parte final, el autor comenta algunos detalles de cómo se incorporaron algunas de estas ideas en la obra cinematográfica Invariante (2023).
En el cuarto capítulo, la profesora Minerva Campion, del Departamento de Ciencia Política, y el profesor Juan Carlos Valencia, del Departamento de Comunicación, discuten los raciocinios que se introdujeron en la producción de una serie de podcasts resultantes en una investigación liderada por la Facultad de Comunicación y Lenguaje de la Pontificia Universidad Javeriana, que apuntó a la revitalización de las lenguas uitoto, bora, okaina y muinane.4 “Comunicación indígena y ontologías de lo sonoro: una reflexión en torno a la producción de narraciones en formato de audio con pueblos de la Amazonía colombiana” aporta importantes conceptualizaciones sobre la comunicación indígena, como la noción de buen vivir, superando el concepto hegemónico de desarrollo y estableciendo principios para una soberanía comunicacional. Además, el texto reconoce las ontologías indígenas como portadoras de nuevas concepciones de mundo, expresadas en el sonido y la escucha. De este modo, la elección del podcast como formato de inscripción de narraciones sobre los mitos de la creación en lengua de origen no es casual; por el contrario, obedece a una serie de cualidades comunicacionales de este formato que acaban teniendo correspondencia con los objetivos de la investigación y dan lugar a un proceso creativo consciente y respetuoso del conocimiento ancestral.
“Mundo sonoro-social: sonolécticas de las irrupciones sonoras asociadas a los actos violentos ocurridos en San Juan Nepomuceno entre 1998 y 2005” es el título del quinto capítulo del libro.5 En este texto, la investigadora Eneida Ramírez se apropia de los conceptos del paisaje sonoro, la escucha, el ruido y el silencio, para aproximarse al conflicto armado colombiano, abordando el estudio de cinco actos violentos, entre los que se destaca la masacre de los Guáimaros, ocurrida en la población San Juan Nepomuceno (Bolívar), en el 2002, y cuyos responsables nunca fueron identificados. Tras exponer los conceptos que posibilitan una lectura sonoro-social como estrategia interpretativa de los fenómenos sociales, describe su modo sonoléctico, que se compone de un proceso de recolección y análisis y otro de
4 Este capítulo es resultado del proyecto “Endulzar la palabra: investigación colaborativa, museología social y apoyo a la revitalización lingüística con los pueblos del centro”.
5 Este capítulo es resultado del proyecto doctoral titulado con el mismo nombre y adelantado en el Doctorado en Ciencias Sociales y Humanas, de la Pontificia Universidad Javeriana.
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escritura y creación. La aplicación del acercamiento sensorial a las comunidades que han padecido adversidades, en este caso la violencia sufrida por víctimas y testigos de actos violentos, se manifiesta a través de escritos y creaciones sonoras. De esta manera, hacia el final del capítulo, la autora nos presenta cinco irrupciones asociadas a actos violentos, que revelan las transformaciones del entorno sonoro-social de los habitantes de San Juan Nepomuceno. Apoyado en la relación sonoro-social, el modo sonoléctico propuesto por Eneida consigue atender a los retos de un periodo de posconflicto, que se orienta a alcanzar la paz, salvaguardar la memoria sensorial para la no repetición y propiciar la reconciliación.
Las relaciones entre sonido y territorio son abordadas en profundidad y desde múltiples perspectivas por dos investigadores asociados de la Pontificia Universidad Javeriana: el profesor Joaquín Llorca, del Departamento de Arte, Arquitectura y Diseño (Seccional Cali), y el profesor Roberto Cuervo, del Departamento de Diseño (Sede Bogotá). El sexto capítulo, “La dimensión sonora del lugar”, recoge los resultados conceptuales de la investigación realizada en el 2021 sobre la identidad espacial en las plazas de mercado de Cali y Bogotá,6 así como de otros proyectos relacionados con paisaje sonoro adelantados por los autores. El texto discute diferentes nociones de espacialidad (campo, lugar, territorio, paisaje) asociadas a lo sonoro, señalando cómo el sonido otorga atributos de identidad, sentido, diversidad sociocultural y habitabilidad. En la integralidad entre sonido y espacio que plantean los autores también se tiene en cuenta el tema de la escucha, al indagar en los aspectos psicológicos de la relación con la ciudad y el entorno. Además de los aportes conceptuales de las relaciones sonido-espacio, el capítulo presenta formas de creación propias de la arquitectura y el diseño, que extienden el repertorio del trabajo con sonido. De esta forma, se discuten modalidades de trabajo como el diseño de experiencias sonoras, las derivas, cartografías y psicogeografías sonoras, entre otras, como modos válidos de representación del paisaje sonoro. El sonido, la escucha y el paisaje sonoro se convierten en elementos inspiradores para las artes plásticas y visuales en el séptimo capítulo. En “Resonancias de un mundo en ruinas”, la candidata a doctora Luisa Roa describe en detalle cómo ha venido incorporando el sonido en sus propuestas de investigación, creación y enseñanza.7
6 Esta investigación se titula “La identidad espacial de las plazas de mercado a través del paisaje sonoro: un estudio comparativo entre Bogotá y Cali”.
7 Este capítulo es resultado del proyecto doctoral “Intervalos resonantes y epistemes sonoras: hacia el entendimiento del multinaturalismo y la diversidad de la escucha”, en curso en el Doctorado en Comunicación, Lenguajes e Información de la Pontificia Universidad Javeriana.
El trabajo de la autora busca generar una reflexión sobre la noción de naturaleza, por medio de excursiones y caminatas por algunos páramos aledaños a Bogotá. En estas caminatas, emprendidas colectiva o individualmente, pero siempre bajo la supervisión de un guía conocedor del territorio, la artista realiza actividades de avistamiento y escucha de aves, grabación del sonido ambiente e identificación y reconocimiento de la fauna encontrada, a través de herramientas digitales. En las instalaciones y performances, la propuesta es un ejercicio de intercambio, en el que un dispositivo de amplificación portable, construido y vestido por la artista como parte de un atuendo, reproduce cantos femeninos que se entremezclan y se diluyen con los sonidos del viento, predominantes en el páramo. El texto establece relaciones entre la propuesta de Roa y los artistas plásticos colombianos Carlos Bonil y Miguel Kuan, quienes en su trabajo reciente han incorporado el sonido como medio de expresión para discutir nociones sobre el territorio. En la obra Ecce Mono, nominada al Premio Luis Caballero 2019, Bonil sugiere un escenario de futuro, en el que la tecnología ha condicionado nuestra relación con el medio ambiente. Por su parte, en sus esculturas sonoras, Kuan establece categorías del mundo agroindustrial que funcionan como elementos clave para delimitar y reconocer el paisaje contemporáneo. Las propuestas de estos tres artistas estimulan un ejercicio de renombrar el Antropoceno, propiciado por las filósofas Haraway y Despret, ante las nuevas relaciones y alianzas con lo no humano que se abren con el sonido y la escucha: el Fonoceno.
En el octavo y último capítulo, el profesor Juan Gabriel Osuna, del Departamento de Música, pone sobre la mesa los resultados teóricos y artísticos de sus proyectos recientes. “Escucha y creación del paisaje sonoro: una perspectiva musical” se pregunta por el paisaje sonoro como forma expresiva, estableciendo una distinción inicial entre música y arte sonoro, basada en el carácter temporal o espacial, respectivamente. Esta discusión da pie para interrogar sobre los mecanismos innatos o aprehendidos de la escucha como elementos participantes tanto en la interpretación como en la composición de paisaje sonoro. El concepto escena auditiva, desarrollado por Albert Bregman, le permite a Juan Gabriel formular el asunto de la valoración estética del sonido del entorno acústico desde las ciencias cognitivas. Estos insumos conceptuales alimentan el proceso creativo de la obra electroacústica Cheriantus Cherie, en la que se ponen en marcha estrategias composicionales para generar una transmutación del sentido musical en paisaje sonoro. El texto de Osuna aborda diferentes asuntos pertinentes en la relación entre la música y el paisaje sonoro, poniendo de relieve las reflexiones y problematizaciones que desarrollan los estudios musicales contemporáneos ante los sonidos del medio ambiente.
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Con la publicación del texto, invitamos al lector a una expedición por el mundo de la sonología, con la seguridad de que, al emprenderla, podrá contemplar diferentes posturas y posicionamientos ante el paisaje sonoro. Esta diversidad de escuchas será útil cuando la crisis ambiental que amenaza a los terrícolas se intensifique. Esperamos que el libro encuentre interlocución en la comunidad académica, tanto nacional como regional, y abra senderos de pensamiento para quienes la dimensión acústica de la vida no pasa inadvertida.
Julián Jaramillo Arango
Departamento de Comunicación Pontificia Universidad Javeriana Bogotá, Colombia
Referencias
Carruthers, G. (2016). Marshall McLuhan and higher music education. Intersections: Canadian Journal of Music/Intersections: Revue Canadienne de Musique, 36(2), 3-11.
Chandler, A. y Neumark, N. (Eds.). (2005). At a distance: Precursors to art and activism on the Internet. Massachusetts Institute of Technology Press.
Farina, A. (2000). Landscape ecology in action. Springer Science & Business Media. Krause, B. (2016). Wild soundscapes. Yale University Press.
Ochoa Gautier, A. M. (2016). Acoustic multinaturalism, the value of nature, and the nature of music in ecomusicology. Boundary 2, 43(1), 107-141.
Pijanowski, B. C., Villanueva-Rivera, L. J., Dumyahn, S. L., Farina, A., Krause, B. L., Napoletano, B. M. y Pieretti, N. (2011). Soundscape ecology: The science of sound in the landscape. BioScience, 61(3), 203-216.
Schafer, R. M. (2013). El paisaje sonoro y la afinación del mundo. Intermedio. Southworth, M. F. (1967). The sonic environment of cities [tesis doctoral, Massachusetts Institute of Technology]. DSpace@MIT. https://dspace.mit.edu/ handle/1721.1/102214
Óscar Laverde-R.
Introducción
Hace unos meses, Enrico Mandirola, profesor del Departamento de Artes de la Pontificia Universidad Javeriana, me pidió el favor de enviarle algunas grabaciones de aves, actividad a la que me dedico hace casi veinticinco años. Después de una búsqueda rápida, le envié unas grabaciones que había hecho recientemente en el departamento del Guaviare. En estas canta un ave poco común en el oriente colombiano, un cucarachero del género Cistothorus. Esta grabación la usaría Enrico para someterla a un transcriptor de audio, basado en un algoritmo de inteligencia artificial, y esperar, por un lado, que identificara un idioma y, por otro, que nos diera alguna transcripción de lo que había entendido dicho transcriptor. Después de unas horas de búsqueda, nuestro algoritmo determinó y definió en este canto la oración “Terima kasih kerana menonton”, una expresión en indonesio que quiere decir “Gracias por vernos”. Si bien esta transcripción no es lo que literalmente dijo el ave, nos lleva a pensar en un futuro cercano con herramientas sofisticadas que permitirán avanzar en el entendimiento del mundo natural. Tal vez, una de las metas más ambiciosas de muchas investigaciones en estudios de comunicación animal es intentar entender qué dicen los animales. ¿Podría la inteligencia artificial ayudar a conectar las especies de la Tierra al generar o crear nuevos canales de comunicación entre especies diferentes? Este campo emergente es una oportunidad única para decodificar los sistemas de comunicación de muchas especies que cohabitan con nosotros el planeta: ¿profundizar en el entendimiento de la comunicación animal puede llevarnos a un mejor entendimiento del mundo y de nosotros mismos? Esta nueva área del conocimiento promete no solo mejorar nuestra comprensión del comportamiento y la cognición de los animales no humanos, sino también permitir el desarrollo de estrategias de conservación más efectivas. Sin embargo, para llegar a este punto tendremos que recorrer la historia que nos ha traído hasta los sofisticados algoritmos que invaden la sociedad actual.
Existen varios canales de comunicación, o tipos de señales, que han evolucionado en el mundo de la comunicación animal (Bradbury y Vehrencamp, 2011). Hay señales químicas —aparentemente las primeras que aparecieron en el camino evolutivo de los animales—, visuales, acústicas y sísmicas. En muchos casos, las
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señales que van por diferentes canales de comunicación se conjugan para crear mensajes multimodales, los cuales enviarían información más completa a su receptor. Sin embargo, en este capítulo nos centraremos en las señales acústicas o en el canal acústico, uno de los más importantes en el mundo animal (Bradbury y Vehrencamp, 2011).
El sonido ha sido usado como medio de comunicación desde tiempos remotos. Al inicio, todo era oscuridad y silencio, después vino la luz y algo de ruido, o sonido, de acuerdo con quien está escuchando. Fernando Montealegre, un biólogo caleño, es actualmente profesor de biología sensorial en la Escuela de Ciencias de la Vida de la Universidad de Lincoln, en el Reino Unido, donde lidera el laboratorio de bioacústica y biología sensorial. Allí se estudian la percepción acústica de sistemas auditivos sensibles al ultrasonido y la evolución de estructuras anatómicas que intervienen en la producción de señales ultrasónicas en insectos. Hace unos años, Fernando fue invitado a participar en un proyecto que buscaba describir los órganos estridulatorios de un grillo fosilizado (Gu et al., 2012). Este grillo, encontrado en un yacimiento en China, murió y se fosilizó hace aproximadamente 165 millones de años. Por sorpresa, sus órganos estridulatorios estaban excepcionalmente bien preservados, lo cual permitió reconstruir el sonido que este producía. Al parecer, el canto de esta especie era musical, lo que llevó a los investigadores a llamarlo Archaboilus musicus (Gu et al., 2012). Este insecto es el primer registro, en la historia capturada por los fósiles, de un animal que usaba el sonido para comunicar o comunicarse con el exterior. Curiosamente, en los depósitos encontrados en la República Popular China han aparecido otros fósiles que han permitido entender mejor cómo vivían otros organismos como los dinosaurios.
Julia Clarke es profesora de la Universidad de Austin, en Texas; desde muy joven se interesó en los dinosaurios, en especial en los terópodos, los antepasados de las aves que vemos volar desde nuestra ventana. Sus aportes nos han ayudado a entender muchos aspectos de la comunicación que se daba entre estos viejos parientes de las aves hace millones de años. En un artículo publicado en la prestigiosa revista Science , Julia y otros colaboradores colorearon los dinosaurios a partir de un grupo de fósiles, en los cuales se conservaron muy bien las plumas (Li et al ., 2010). Años después, en la isla Vega, en la península Antártica, en Argentina, fue encontrado un fósil de casi 70 millones de años de un ave con la siringe muy buenas condiciones (Clarke et al ., 2005). La siringe es un órgano que evolucionó en las aves y es el encargado de la producción del sonido. Hay varios tipos de siringes: unas complejas, con varios músculos que permiten la modulación de la frecuencia y la amplitud del sonido, y otras que producen sonidos
El silencio de los inocentes _23 menos elaborados. Este fósil fue descrito y nombrado como Vegavis iaai : “Vega” teniendo como referencia el lugar donde fue encontrado; “avis”, la palabra en latín para ave; y “iaai”, como reconocimiento al Instituto Antártico Argentino, institución donde fue depositado dicho fósil. El grado de preservación de la siringe del Vegavis iaai permitió establecer que este producía un sonido muy parecido al de un pato o un ganso (Clarke et al ., 2016). Tal vez este es el segundo fósil que se puede encontrar en la literatura de otro animal, en este caso un vertebrado, capaz de producir sonido.
Sin embargo, fue hasta casi el final de la Segunda Guerra Mundial cuando el estudio de los sonidos en el mundo animal tuvo su auge. La bioacústica es una disciplina relativamente joven y fascinante, que agremia personas de diferentes disciplinas. Esta ha sido definida como el estudio de la emisión (vimos dos ejemplos antiguos, el grillo y el Vegavis), la difusión y la recepción de una señal acústica. Al igual que Oppenheimer recibió miles de millones de dólares para construir la bomba atómica, la Bell Company en su momento tuvo financiación suficiente para avanzar en los estudios acústicos y construyó el vibralyzer, la primera herramienta que logró descomponer un sonido, previamente grabado, en los componentes fundamentales de su frecuencia y plasmarlo en un diagrama, llamado espectrograma o sonograma. Durante la guerra, Donald Borror, entomólogo y ornitólogo, trabajaba para la inteligencia de la US Navy y conoció el Visible Speech Project (Potter, 1945). Este proyecto estuvo encaminado principalmente a desarrollar la visualización de los sonidos capturados en cintas magnéticas, con el fin de mejorar los análisis de audio para personas con dificultades en la escucha (Potter, 1945). Una vez de regreso en su natal Ohio, encontró un espectrógrafo, un modelo mejorado del primer vibralyzer (de los desarrollados durante la guerra), que en teoría no estaba funcionando, lo limpió y lo arregló. Después de esto, Donald logró los primeros sonogramas de copetones, mirlas y cucaracheros (Borror, 1961), lo que abrió el camino para nuevos análisis de sonidos complejos, como los cantos de muchas aves, mamíferos e insectos. A partir de esta época, hubo un crecimiento exponencial en el estudio de las señales acústicas del mundo animal. Los primeros trabajos se centraron en describir los repertorios usados por diferentes especies para comunicarse (Borror, 1961). Poco a poco, se orientaron a entender cómo evolucionaban los cantos, qué características del hábitat y de la morfología de los animales son importantes a la hora de entender las señales acústicas, y un sinnúmero de nuevos enfoques y preguntas de investigación, gracias el avance en la técnica para el análisis de los audios.
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La escucha general
El sonido es una onda mecánica que viaja en un medio elástico, principalmente por el aire, el agua y, en menor proporción, por algunos sustratos, como hojas, tallos y suelos (Bradbury y Vehrencamp, 2011). Las primeras formas de vida acuáticas desarrollaron la capacidad de percibir las vibraciones generadas por diferentes movimientos en el agua. Con el paso del tiempo, los organismos marinos generaron estructuras sensoriales cada vez más especializadas, como pequeños órganos receptores (en especial células ciliadas) que les permitían detectar y reaccionar a estas vibraciones. Desde hace millones de años, las ondas sonoras forman parte importante de nuestro entorno, y han estado emitiéndose, viajando y siendo percibidas por oídos (y mecanorreceptores) de diferentes tipos (Montealegre et al., 2012). Dentro del mundo animal hay varias estructuras que han evolucionado para percibir las ondas sonoras, decodificarlas y enviarlas al cerebro, un procesador que entiende la información codificada en la señal y, con base en esta, toma decisiones y cambia o no su comportamiento. Los primeros vertebrados terrestres desarrollaron oídos internos complejos, lo que les permitió captar señales acústicas que se volvieron esenciales para la detección de depredadores, la búsqueda de presas y la comunicación entre individuos. A lo largo de la evolución, la audición se convirtió en una herramienta vital para la supervivencia y el éxito reproductivo de numerosas especies en diversos hábitats del mundo. Los amaneceres llenos de cantos de aves representan una expresión de la reproducción.
En el mundo animal en general, la escucha depende de tres módulos principales asociados a procesos específicos: un tímpano, que recopila las ondas de sonido; un oído medio (con uno o varios huesecillos modificados), que amplifica la señal, dado que hay cambios en la impedancia entre medios (aire-agua); y un analizador de frecuencias, donde se ubican las células ciliadas o mecanorreceptores (por ejemplo, la cóclea en mamíferos, o la papila basilar en reptiles y aves), que procesan las señales y las envían al cerebro, donde se toman las decisiones (Bradbury y Vehrencamp, 2011).
A pesar de que los órganos auditivos han evolucionado en paralelo y diversos grupos como mamíferos y grillos, por ejemplo, convergen en una estructura similar, es decir, un tímpano, un amplificador y un decodificador (Montealegre et al., 2012), con seguridad todos percibimos muchas de las ondas, pero las interpretamos de forma totalmente diferente (Nagel, 1974). Sin embargo, nosotros no escuchamos muchos de los sonidos que nos rodean: nuestro rango auditivo va desde los 20 Hz hasta los 20 000 Hz, aunque cuando nos hacemos viejos perdemos poco a poco la audición en las altas frecuencias. Los sonidos por debajo de este rango de frecuencias se conocen
El silencio de los inocentes _25 como infrasonido, y los sonidos por encima de este se llaman ultrasonido. La franja del ultrasonido ha sido colonizada por varios organismos, como murciélagos, delfines, polillas y algunos grillos (Bradbury y Vehrencamp, 2011).
La escucha invisible
Durante el siglo XVIII, Lazzaro Spallanzani, un importante científico italiano, notó que los murciélagos ciegos podían esquivar obstáculos, aterrizar en muros y techos y, cazar y sobrevivir en la naturaleza, al igual que las especies de murciélagos con visión. Escribió una carta a la Sociedad Genovesa de Historia Natural comunicando sus descubrimientos a la comunidad científica. Charles Jurine, también italiano, leyó este reporte y diseñó un experimento sencillo: si se tapaban firmemente las orejas de un murciélago con cera u otros materiales, este tropezaba con los obstáculos; sin embargo, el mecanismo con el cual podían ver en la oscuridad no se entendía del todo bien en esa época. Años después, el científico francés George Cuvier criticó fuertemente estos experimentos, sugiriendo que era el sentido del tacto, por medio de la superficie del cuerpo y las membranas de las alas, el encargado de percibir el entorno. Tuvieron que pasar ciento cuarenta años, hasta 1938, cuando Donald Griffin, un físico estadounidense, mediante el primer micrófono de ultrasonido, descubrió la ecolocalización en murciélagos (Raghuram y Marimuthu, 2005). La ecolocalización ocurre cuando un animal emite una onda de sonido muy fuerte, que rebota en un objeto y devuelve un eco, el cual proporciona información sobre la distancia y el tamaño de dicho objeto. En las profundidades marinas, al igual que en la noche, no hay suficiente luz disponible para ver el mundo alrededor; esto ha llevado a que el mecanismo de ecolocalización esté presente en otros mamíferos, como delfines, ballenas y marsopas.
En 1974, Thomas Nagel, profesor de filosofía de la Universidad de Nueva York, publicó “What is it like to be a bat”; en este ensayo, Nagel plantea el problema de las suposiciones que hacemos en relación con el mundo animal y la percepción que ellos tienen de la realidad, y cómo las interpretaciones o extrapolaciones con base en nuestra experiencia pueden ser totalmente erradas. El sonar de un murciélago, “aunque claramente es una forma de percepción, no es similar en su funcionamiento a ningún sentido que poseamos, y no hay razón para suponer que sea subjetivamente similar a cualquier cosa que podamos experimentar o imaginar” (Nagel, 1974, p. 438). Podemos imaginar el mundo de un murciélago desde nuestra subjetividad, pero nunca podremos realmente entender cómo es. Podemos decir que los murciélagos ven el mundo por los oídos, pero esta expresión no sería del todo correcta; tal
vez tendríamos que crear una palabra nueva que describa el proceso de percepción acústica del espacio.
Como se mencionó, para el rango de sonidos presentes en la naturaleza, hemos creado unas categorías basadas en el espectro audible de los miembros de la especie humana: infrasonido, espectro audible y ultrasonido. Los elefantes son animales muy sociales que dependen del sonido para comunicarse a través de largas distancias. Así, pueden emitir y percibir ondas de infrasonido por debajo de los 20 Hz (Payne et al., 1986); estas frecuencias viajan a largas distancias y sirven para mantener la cohesión del grupo y enviar información que seguro aún no entendemos. Además de estos sonidos de baja frecuencia, hay muchas señales que pueden viajar por el suelo; este canal de comunicación ha sido llamado sísmico y es muy importante en animales como topos y arañas, pero no es el objetivo del presente trabajo.
La escucha clandestina (eavesdropping) y la función biológica del chisme
La cadena alimenticia es la base de la vida; por medio de esta circula materia y energía que hace posible que la diversidad biológica se mantenga y evolucione. La base de dicha cadena son los productores primarios, es decir, las plantas que transforman la luz y el dióxido de carbono en azúcares y carbohidratos, usados por los consumidores primarios, los herbívoros, quienes son consumidos por los depredadores (Pigot et al., 2020). La depredación es una de las causas principales de mortalidad para la mayoría de los animales; es uno de los mecanismos evolutivos más fuertes en la naturaleza, y es implacable y omnipresente (Bradbury y Vehrencamp, 2011). Aunque observar eventos de depredación en vivo y en directo es bastante raro, sus efectos se ven en especial en el diseño de muchas señales de comunicación. Un ejemplo clásico en la dimensión visual es el camuflaje: muchos animales que son presas de otros han evolucionado patrones de coloración crípticos, que los hacen menos visibles frente a quienes buscan una apetitosa cena (Ruxton et al., 2004). En la dimensión acústica hay algunos ejemplos similares: algunas presas han desarrollado llamados de alarma (los cuales están asociados a la presencia de una amenaza), que pueden ser difíciles de localizar por el depredador (Marler, 1955).
En una investigación clásica con un sistema depredador-presa en aves europeas (Klump et al., 1986), se estudiaron las capacidades auditivas de un gavilán (Accipiter nisus) y su presa, un carbonero común (Parus major). El carbonero tiene algunas llamadas de alarma que son emitidas al momento de percibir un depredador cerca. Cuando un depredador como este gavilán se encuentra posado en alguna rama, pensando en su existencia o contemplando el horizonte, no representa un peligro para
El silencio de los inocentes _27 la presa y hay una baja probabilidad de que el depredador capture la presa, quien lo está observando en su contemplación. En este caso, el carbonero emitirá un llamado de alerta (mobbing call), que estaría destinado a sus amigos (otros carboneros y aves pequeñas de otras especies que puedan formar parte del menú de nuestro temible depredador), para que tengan conocimiento de quién anda en el vecindario y, más importante, dónde está. Este llamado, que ocupa un rango de frecuencia amplio, lleva información sobre el depredador y su ubicación, pues nuestro carbonero no quiere que ninguno de sus amigos sea la merienda de este. Para un segundo caso, si el depredador está volando, representa un riesgo altísimo para las presas, pues el hecho de estar en movimiento lo hace tener una ventaja sobre alguna presa perchada y descuidada. En esta situación, nuestro pequeño carbonero emitiría un llamado de alarma (seet call) de una frecuencia muy alta, que es difícil de escuchar y localizar por parte del depredador. De este modo, se envía información sobre el depredador, pero no sobre su ubicación, pues podría ser mortal para la presa (Marler, 1955; Klump et al., 1986). Lo interesante del ejemplo del seet call es que su alta frecuencia es una respuesta evolutiva a la audición del gavilán. Las habilidades auditivas del gavilán y el carbonero son diferentes: el carbonero escucha muy bien las frecuencias altas, pero el gavilán es casi sordo a estas, lo cual no lo hace eficaz en el momento de localizar la fuente de sonido y atrapar su presa. Curiosamente, este tipo de estrategias de camuflaje acústico también se dan en la dimensión eléctrica. Así, algunos peces producen impulsos monofásicos (frecuencias bajas) o multifásicos (frecuencias altas) dependiendo del tipo de depredadores con los que cohabitan en los mismos sistemas acuáticos (Stoddard, 1999).
En otras regiones de Norteamérica, se ha encontrado que las presas pueden desarrollar sistemas de comunicación bastante complejos. El carbonero cabecinegro (Black-capped chickadee), una especie común en América del Norte, es un ave pequeña que, al igual que su primo europeo, es la presa predilecta de varios depredadores presentes en la región, como pequeños gavilanes y búhos pigmeos (Templeton et al., 2005). Esta especie emite dos tipos de vocalizaciones: una difícil de localizar y otra (chic-ka-dee) con información sobre la localización del depredador cuando está quieto, observando el firmamento. Lo interesante de esta especie es que su canto puede tener muchas variaciones, en especial en la última nota, el dee, asociadas a la identidad del depredador. Un depredador grande no representaría un riesgo tan alto, pero un depredador pequeño sí sería mucho más peligroso para nuestro pequeño carbonero y sus amigos, bien sean de la misma especie o de otras especies de aves pequeñas. Cuando el depredador es grande, como un búho cornudo (Bubo virginianus), el número de dees que incluye en su canto son pocos; por el contrario, si el depredador
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es un búho pigmeo o un gavilán pequeño, el número de dees es mayor (Templeton et al., 2005). Cuando un cabecinegro encuentra un depredador, emite sus llamados de alarma para avisar a los amigos de su misma especie sobre el posible peligro; sin embargo, otras especies, como el trepador canadiense (Sitta canadensis), escuchan clandestinamente y han aprendido a reconocer este llamado de otra especie y su información asociada (Templeton y Greene, 2007). La escucha clandestina —como he traducido la expresión eavesdropping— hace referencia a la escucha de algunos individuos presentes en el trayecto de mensajes cuyo destinatario es un tercero.
Las rondas o ejércitos de las hormigas arrieras van por el bosque, buscando y persiguiendo cuanto insecto esté en su camino. Los hormigueritos (familia Thamnophilidae) son un grupo de aves que se han especializado en seguir rondas de hormigas arrieras (Pollock et al., 2017): ellos van aprovechando parte de los insectos que salen despavoridos huyendo de las hormigas. Algunas especies de hormigueritos permanecen todo el tiempo siguiendo estos ejércitos de hormigas (obligados), mientras que otras especies siguen hormigas ocasionalmente (facultativos), cuando estos ejércitos pasan cerca al territorio que habitan. Durante la construcción del canal de Panamá, quedaron algunas islas aisladas de la tierra firme; por alguna razón, en estas se extinguieron las hormigas y las especies de aves obligadas a permanecer con las hormigas. Mediante una serie de experimentos, un grupo de investigación de varias universidades estadounidenses demostró cómo las aves hormigueras ocasionales han aprendido a reconocer los cantos de las especies obligadas a permanecer con las hormigas (Pollock et al., 2017). En tierra firme, los hormigueros facultativos reconocían el sonido emitido por la especie obligada; por el contrario, en una de las islas donde se extinguió la especie obligada, la especie facultativa no reconocía el sonido de la especie y era inmune a su estímulo vocal.
Este tipo de escucha, o chismoseo, se ha demostrado experimentalmente en más de setenta especies de vertebrados, los cuales pueden ser parientes cercanos o lejanos (Magrath et al., 2015). Los beneficios de ser un animal chismoso en la naturaleza incluyen provocar respuestas inmediatas contra los depredadores, mejorar indirectamente la búsqueda de alimento, cambiar el uso del hábitat y aprender sobre los depredadores. Escuchar a otros puede proporcionar más ojos que busquen peligros, información complementaria a la de sus amigos e información adicional a un menor costo (Magrath et al., 2015).
El conflicto armado en Colombia ha generado miles de muertos y millones de desplazados. Durante varias décadas de combates en la selva, han surgido personajes míticos como Manuel Marulanda Vélez, más conocido como Tirofijo. Su historia ha sido bien documentada por Alfredo Molano en sus libros A lomo de mula (2016)
El silencio de los inocentes _29 y Trochas y fusiles (1994). Vale la pena leer estos documentos para entender cómo la historia de nuestra agobiada patria ha moldeado la Colombia actual con todos sus problemas sociales. Durante los años que estuvo en la selva o en la montaña (o como también se llama, en el campo), Manuel Marulanda aprendió muchas cosas del monte, que con seguridad le ayudaron a sobrevivir más de cincuenta años de guerra. La cacambra (Ibycter americanus) es una especie de ave perteneciente a la familia Falconidae (de los halcones); esta especie es conocida por las comunidades indígenas de la región amazónica como uno de los centinelas del bosque, al igual que la pía-pía, chancha o pájaro chare (Cyanocorax violaceus). De hecho, para la etnía matapí o upichía, forma parte de la misma agrupación en su sistema de clasificación. La cacambra es llamada majo’opa por la etnia matapí.
Todos los semestres, llevamos un grupo de estudiantes a una región apartada de Colombia a observar aves, pescar y buscar ranas, lagartos y serpientes. Esta salida de campo, que para muchos (en especial a los miembros del área administrativa) parecería un paseo, es una experiencia única en la vida de un joven biólogo, o pichón de biólogo, como también podríamos llamarlos. Hace pocos días regresamos del Centro Agroturístico Manatú, ubicado en el corregimiento de El Boquerón, en la vereda Charras. Este es un proyecto turístico de un grupo de firmantes de paz. Durante la última salida de campo de este curso, tuve la oportunidad de compartir historias con varios colegas, estudiantes y amigos. Alex Urbano, un gran ictiólogo y buen amigo, me contó una historia muy interesante sobre las cacambras. Manuel Marulanda, conocido por su sagacidad, ubicaba su campamento lejos del resto de la tropa; usualmente buscaba sitios donde tuviera cerca cacambras, para así tener unos centinelas naturales que le avisaran de algún peligro cercano. A raíz de este comportamiento del comandante Tirofijo, en la región cambiaron el nombre común de esta especie: ahora a estas aves ruidosas, que alertan sobre cualquier peligro, las llaman marulandas.
La escucha propia
María Fernanda González es una bióloga colombiana que decidió seguir el camino de la botánica, debido a la influencia de Julio César Betancur, un botánico colombiano mundialmente famoso por su pasión por las plantas y su generosidad con el conocimiento, quien es llamado en los bajos mundos el Homo botanicus. Después de unos años, María Fernanda tomó el camino del paisajismo, al vincular sus conocimientos en botánica con un posgrado en arquitectura. Hace varios años vive en California y hace poco adoptó una mascota, con sus compañeras de casa, una
pequeña perrita llamada Roo. Sin embargo, pocos días después de la adopción, sus compañeras no aguantaban lo ruidosa que era Roo; al parecer, es una perrita muy activa vocalmente, es decir, un completo dolor de estómago. María Fernanda, además de terca, es una persona muy sensible y no fue capaz de regresar al albergue a su ya querida Roo, por lo que decidió conservarla y tratar de entender el porqué de su comportamiento. Otra de sus pasiones es la bicicleta, pero cuando llegó Roo, dada su personalidad, no podía dejarla en casa durante las largas rodadas que está acostumbrada a dar, entonces se armó de un morral y empezó a salir a pasear en bicicleta con Roo al hombro. Después de muchas observaciones, durante los paseos en bicicleta con Roo, María Fernanda llegó a la conclusión de que Roo amaba su voz; tal vez la expresión correcta sería “le gusta escucharse”. Lo que puede ser un sonido incómodo para muchos, para ella es motivo de felicidad. La observación más impresionante es que Roo tiene sitios preferidos para ladrar. Resulta que al pasar en bicicleta bajo algunos puentes, donde el eco amplifica sus ladridos, es cuando más ladra. Esto ha llevado a pensar a su dueña que tal vez disfruta mucho escucharse y es en estos sitios precisamente donde más se emociona al ladrar.
Esta historia puede sonar bastante irreal o para un programa sensacionalista que busca vender ideas extrañas a cualquier incauto. No obstante, hay algunas investigaciones que muestran que los animales, en especial los mamíferos, sienten placer mientras juegan y, en algunos casos, como las aves, mientras cantan. Las aves cantan por diferentes motivos: para atraer una pareja, defender esta o a un territorio, o para enfrentar un adversario, pero en muchos casos no hay una causa o motivo aparente para hacerlo. Lauren Riters es profesora de la Universidad de Madison y desde hace más de una década ha centrado sus investigaciones en entender los estímulos cerebrales que promueven los cantos en las aves. Uno de sus hallazgos más interesantes es que la dopamina, cuando las aves cantan sin motivo aparente, es la encargada de motivarlas a hacerlo; así, la liberación de opioides hace que cantar o ladrar (como en el caso de Roo) sea gratificante (Stevenson et al., 2020).
Desde un punto de vista utilitario, como lo es nuestra visión, dadas las condiciones del mundo actual, las aves cantan con un propósito o el canto tiene que servir para algo. En este contexto, cuando un ave canta, está buscando que quien recibe su mensaje cambie su comportamiento. Por ejemplo, un ave macho con niveles altos de testosterona canta mucho esperando que una hembra se acerque y, eventualmente, lo escoja como pareja. Una vez es escogido o logra aparearse, disminuye su tasa de canto. Este tipo de sonidos, en los cuales hay una función clara, han sido catalogados como cantos dirigidos (directed songs); sin embargo, en muchos casos, las aves cantan sin ninguna función aparente: este tipo de sonidos ha sido llamado cantos no dirigidos
El silencio de los inocentes _31 (undirected songs), y es posible que se deban a una necesidad de practicar para cuando llegue el momento adecuado (Riters, 2011). Una de las personas que inspiraron la investigación de la profesora Lauren Riters fue Jaak Panksepp, un reconocido neurocientífico y psicólogo, que falleció en el 2017. Durante su vida, Panksepp se interesó en entender las emociones en humanos y no humanos: ¿dónde y cuándo se originaron las emociones? ¿Qué tanto se parecen los mecanismos neuronales y hormonales que nos hacen sentir emociones a los de las especies no humanas?
Las emociones reflejan nuestra habilidad de experimentar subjetivamente los diferentes estados del sistema nervioso, el cual funciona de manera inconsciente. Si bien la conciencia es aceptada como una característica que nos diferencia de las especies no humanas, es difícil saber mediante observaciones si dichas especies podrían tener esta característica. Dado que no podemos medir las experiencias internas en otros individuos, humanos o no humanos, el estudio de los estados emocionales debe recurrir a experiencias teóricas guiadas de forma empírica. La base del estudio de las emociones evidentemente está ligada al entendimiento del funcionamiento del cerebro. Por fortuna, el estudio neurológico de las emociones animales hace posible conceptualizar las bases naturales de las emociones humanas. Hay muchas homologías neuronales y funcionales en los cerebros de los mamíferos, y la naturaleza intrínseca de la base de las emociones se ha conservado durante la evolución de estos. El estudio de esta historia común nos ha ayudado a entender el funcionamiento del cerebro humano.
La escucha artificial y el mito del doctor Dolittle
El doctor Dolittle es un personaje icónico de la literatura infantil creado por el escritor británico Hugh Lofting. Este particular médico tiene la habilidad de hablar con los animales en su propio idioma, lo cual puede sonar extraño, sobre todo porque los animales utilizan una amplia gama de modalidades de comunicación, incluidas señales visuales, acústicas, táctiles, químicas y eléctricas, a menudo en conjunto y más allá de las capacidades perceptivas de los humanos. Sin embargo, a través de sus aventuras, el doctor Dolittle no solo cura a sus amigos animales, sino que también explora el mundo en busca de nuevas especies y culturas. Su amor y respeto por todas las criaturas lo convierten en un símbolo de compasión y entendimiento del otro, enseñando valiosas lecciones sobre la importancia del cuidado y la empatía hacia todos los seres vivos.
David Gruber es profesor de biología y ciencias ambientales en la Universidad de Nueva York, y es el fundador y presidente del Cetacean Translation Initiative (CETI),
una iniciativa científica y de conservación interdisciplinaria sin fines de lucro, con la misión de escuchar y traducir la comunicación de los cachalotes (Bermant et al., 2019). Su investigación interdisciplinaria reúne áreas como la comunicación animal, la ciencia climática, la biología marina, la microbiología y la biología molecular, y sus inventos incluyen tecnología para percibir el mundo submarino (“cámara de ojo de tiburón”) desde la perspectiva de los animales marinos. Los cachalotes son los depredadores más grandes del mundo y pasan la mayor parte de su vida cazando en la oscuridad del fondo del mar, donde pueden llegar a casi dos mil metros. Para encontrar a sus presas, principalmente calamares, dependen de la ecolocalización. Por medio de un órgano especializado en sus cabezas (el melón), generan series de clics que rebotan en cualquier objeto, y la recepción del rebote de dicha señal les permite ubicar presas con gran precisión. Además de este tipo de sonidos, también producen ráfagas rápidas de clics, llamadas codas, las cuales parecen ser su sistema de comunicación (Kolbert, 2023). El profesor Gruber, durante una estancia en el Radcliffe Institute for Advanced Study, en Cambridge, Massachusetts, conoció algunos colegas que trabajaban con inteligencia artificial. Curiosamente, en esos días estaba examinando algunas grabaciones de cachalotes, y allí, en medio de discusiones de pasillo y en cafés, surgió la idea del CETI. En este momento, el CETI es el proyecto más ambicioso, sofisticado y mejor financiado diseñado para comunicarse con otra especie —el CETI recibió treinta y tres millones de dólares de un consorcio de multimillonarios filántropos—. Como este, son muchos los proyectos que tienen el mismo objetivo alrededor del mundo. La pregunta principal del CETI es ¿podemos entender lo que dicen los cachalotes y hablar con ellos? La respuesta seguramente está en construcción y se podría demorar más de lo previsto, pero más allá de saber si podemos o no comunicarnos con otras especies, la actualidad del planeta requiere medidas urgentes, que no dependen de nuestra capacidad de comunicarnos con las miles de especies no humanas, sino de nuestra actitud hacia la naturaleza. Todas las herramientas informáticas sofisticadas que están creciendo recientemente tienen el potencial de generar avances transformadores en nuestra comprensión de los sistemas de comunicación animal, al descubrir grados inimaginables de riqueza y sofisticación (Rutz et al., 2023). Uno de los motivos para hablar con otras especies debería redundar en el beneficio de los animales que se estudian, pero el orden debería ser el contrario, es decir, podríamos beneficiarlos antes de querer entenderlos.
Para comprender el lenguaje de las especies no humanas, los investigadores antes deben inferir el significado o la función de las señales de los animales, mediante la observación y la experimentación, para alimentar los algoritmos de inteligencia
El silencio de los inocentes _33 artificial. Es una tarea desafiante, dado que, como se mencionó, en muchos casos no percibimos los canales que usan para comunicarse y tampoco contamos con el procesador necesario para decodificar dicha información y entenderla. El trabajo de observación, para empezar a comprender lo que los otros animales dicen, se centra en registrar las señales de interés y la información contextual detallada, incluida la identidad, el estado y el comportamiento tanto de los emisores como de los receptores de las señales, sus relaciones e interacciones pasadas, y las condiciones ambientales relevantes (Rutz et al., 2023). Además de todas estas limitaciones, tal vez la más importante es el sesgo social y cultural que tenemos por ser la especie humana. La inteligencia artificial, en teoría, no tendría este tipo de sesgos y debería ayudarnos a avanzar con mayor confiabilidad en un tema tan complejo. Algunas películas futuristas, como Blade runner y 2001: odisea en el espacio, muestran un panorama bastante tenebroso, si bien imaginario, sobre posibilidades de cómo evolucionarían estos algoritmos de inteligencia artificial, posiblemente debido a que el punto de partida de esta es la inteligencia humana. Sin embargo, parece que no podemos tener lo bueno sin considerar lo malo. Justin Gregg (2022), en su libro What if Nietzsche were a narwhal: What animal intelligence reveals about human stupidity, acuña el término miopía prognóstica: esta es la inhabilidad de los humanos para predecir o anticipar futuros probables, debido a nuestras acciones en el planeta, independiente de los grandes logros en arte, música, ciencia, entre otros. Tal vez, si Nietzsche hubiera sido un narval, no habría tenido los problemas de demencia y depresión que lo aquejaron durante el final de su vida, tal vez muchos otros genios que han aportado tanto no habrían pasado por tanto sufrimiento: es el precio que hay que pagar por la genialidad.
En este momento, nuestra sociedad está totalmente desconectada de la naturaleza, lo cual se ha exacerbado desde que aparecieron en la faz de la Tierra los teléfonos mal llamados inteligentes. Esta desconexión con la naturaleza nos ha llevado a ver todo bajo términos económicos y utilitarios, todo se mide en beneficios y, en últimas, en dinero: ¿qué proveen los animales y las plantas para nuestro bienestar?
Recientemente estuve en una charla en los jueves de la biodiversidad en el Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la Universidad Nacional de Colombia, un espacio académico muy agradable. Hace mucho no asistía a una charla tan agradable, y en este espacio tan importante para mis recuerdos como estudiante. Escuché con mucha atención a un gran expositor, Rodrigo Cámara-Leret, un investigador español del
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Departamento de Sistemática y Botánica Evolutiva de la Universidad de Zurich, en Suiza. Rodrigo es botánico, y una de sus áreas de trabajo es el conocimiento tradicional indígena asociado a las plantas y sus nombres en distintas lenguas indígenas. El avance en el conocimiento de la biodiversidad en el mundo ha estado permeado por el conocimiento tradicional indígena; así, Humboldt, Wallace y el mismo Darwin tuvieron la oportunidad de conocer locales que fueron clave para el entendimiento del mundo como lo conocemos e interpretamos en la actualidad. Uno de los hallazgos más tristes de los trabajos de Rodrigo es la pérdida acelerada de lenguas indígenas, con todo su conocimiento asociado, en este caso de plantas de uso medicinal para muchas culturas (Copete et al., 2023). Wade Davis (2007), en su ensayo A light at the edge of the world: A journey through the realm of vanishing cultures, habla del mismo problema y acuña la expresión etnósfera: aquella capa de etnias que cubrían el planeta y que han ido y están desapareciendo a una velocidad alarmante, mayor a la pérdida de la diversidad biológica. Según Davis, la etnósfera es —o era— la encargada de cuidar y conservar la naturaleza, posiblemente porque estas comunidades escuchan y entienden su funcionamiento desde otra perspectiva, quizá menos miope. Hay muchas iniciativas e incentivos enfocados en las especies no humanas, pero pocos esfuerzos en conservar el patrimonio cultural producto del profundo conocimiento de la naturaleza por parte de estos grupos de nuestra propia especie. Es un poco paradójico que se destinen millones de recursos a campos de investigación que buscan entender lenguajes de las especies no humanas, cuando dentro de nuestra propia especie hay visiones tan diferentes de esa realidad que percibimos e interpretamos. El conocimiento tradicional tiene mucho que enseñar al mundo occidental sobre cómo relacionarnos de otra forma con la naturaleza. Tengo un gran recuerdo de todas las charlas que tuve con Uldarico Matapí, un gran conocedor de los matapí: “Óscar, no entiendo por qué el hombre blanco tiene la necesidad de nombrar todos los animales y estudiarlos tanto, si no entienden el manejo del mundo”. La miopía prognóstica nos hace ver muy lejos o muy cerca, pero no en ese punto medio donde deberíamos estar mirando para cambiar la trayectoria del planeta, debido a nuestra incapacidad de escuchar sin pretender entenderlo todo.
La paradoja de la escucha se dirige hacia la no escucha de las comunidades con un conocimiento milenario sobre la naturaleza. Volviendo a nuestra expresión en indonesio “Terima kasih kerana menonton”, detectada por nuestro reconocedor de idiomas a partir del canto de un ave tropical, cuya traducción fue “gracias por vernos”, fue una casualidad que me hizo pensar en lo importante que es no solo ver, sino escuchar las especies no humanas, tal vez sin la intención de entender la literalidad de los mensajes contenidos en sus sonidos: simplemente verlos y escucharlos
El silencio de los inocentes _35 por el gusto y el placer de estar inmerso en la naturaleza, esa naturaleza olvidada y ultrajada por nosotros, la especie humana, la más inteligente, pero la más miope y sorda. El silencio se percibe, no se interpreta; en otras palabras, el cerebro escucha el silencio: terminaremos escuchando el silencio de todos los inocentes que habitan este planeta.
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Julián Jaramillo Arango
Doctor en Artes de la Universidad de San Pablo (Brasil), magíster en Multimedia de la Universidad Estatal de Campinas (Brasil) y graduado en Música de la Universidad de los Andes (Colombia). Realizó estancias posdoctorales en la Universidad de Caldas y en la Universidad de San Pablo. Actualmente, es profesor asistente y director de la Maestría en Comunicación, Tecnología y Sociedad de la Pontificia Universidad Javeriana. Sus intereses incluyen sonología; diseño, creación y producción audiovisual; investigación-creación y medios inmersivos. Es autor de los capítulos “Áudio imersivo, personificação e perspectiva em primeira pessoa” e “Immersive media in social contexts: Urban, indigenous and afro communities”, ambos publicados en 2025. jaramillo.julian@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0001-5345-8734
Óscar Laverde-R.
Doctor en Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes, magíster en Ecología y Evolución de la Universidad de Ámsterdam y biólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente, es profesor asociado de la Pontificia Universidad Javeriana. Su principal interés de investigación son los sonidos de la naturaleza, particularmente los que producen los peces de los arrecifes del Caribe colombiano, y los cambios en los patrones de canto de las especies de montaña. laverdeo@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0003-0447-4724
Yomayra Puentes-Rivera
Doctor en Filosofía y magíster en Arte Público y Nuevas Estrategias Artísticas de la Universidad Bauhaus de Weimar (Alemania), se graduó en Artes en la Universidad de los Andes (Colombia), con énfasis en Artes Electrónicas y Artes del Tiempo, y una opción en Biología. Es también tecnólogo en Cine y Fotografía de la Unitec. Actualmente, es profesor asistente en la Pontificia Universidad Javeriana. Su investigación-creación abarca áreas como el videoarte, la instalación, la fotografía,
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la cinematografía, el sonido, el espacio público y el patrimonio. Su trabajo se ha exhibido a nivel nacional e internacional. Actualmente, codirige el Festival Internacional de Videoarte Videograma y es miembro del colectivo Viaje Sonoro, en donde explora el sonido y la recreación de paisajes sonoros. ypuentes@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0002-5611-8839
Sol Camacho-Schlenker
Doctora y magíster en Neurociencias Comportamentales de la Universidad ParísSaclay (Francia), especialista en Bioacústica y Etología y bióloga de la Universidad de los Andes (Colombia). Sus intereses de investigación incluyen percepción acústica en contextos urbanos y rurales, enriquecimiento sonoro urbano, paisajes sonoros y divulgación. Es cofundadora e investigadora del colectivo Viaje Sonoro desde el 2018 e integrante del grupo de estudio de patrimonios naturales Germinario desde el 2023. Ha llevado un largo proceso de exploración plástica y acústica basado en su experiencia de la enfermedad, el dolor y la desaparición forzada, así como los efectos de esta última en el cuerpo y en la percepción sensorial del mundo (proyecto Sobrevivir al Vacío, desde el 2014). s.camacho-schlenker@uniandes.edu.co; solvioleta@gmail.com orcid: https://orcid.org/0000-0003-2936-6797.
Camila Parra-Guevara
Magíster en Uso y Conservación de la Biodiversidad de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) y ecóloga. Actualmente, es investigadora del Instituto Humboldt en la Gerencia de Información Científica, en los que trabaja en el monitoreo de la biodiversidad y en el monitoreo comunitario. Sus intereses de investigación incluyen la exploración de los espacios en donde el bienestar humano y el ecológico pueden prosperar juntos (como en sistemas agroforestales), el monitoreo comunitario de la biodiversidad, la ecoacústica y la ecología de aves. Su investigación-creación inicia en el 2019 con la fundación del colectivo Viaje Sonoro, en donde se encuentra explorando cómo las artes, al vincularse con la ciencia, cumplen un rol muy importante en su divulgación. m.parrag@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0001-7050-2071
Luisa Roa
Candidata a doctora en Comunicación, Lenguajes e Información de la Pontificia Universidad Javeriana, magíster en Espacio Público y Nuevas Estrategias del Arte de la Universidad Bauhaus de Weimar (Alemania) y en Artes Visuales de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente, es profesora del Departamento de Artes Visuales, Facultad de Artes, de la Pontificia Universidad Javeriana. Su trabajo se centra en el dibujo, en la instalación sonora y en la creación de dispositivos sonoros en diferentes materiales, que tienen el propósito de generar encuentros para escuchar y discutir grabaciones de aves y paisajes sonoros en entornos urbanos o espacios liminales, en los que las nociones de lo artificial y lo natural se diluyen. luisaroa@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0009-0000-7155-4850
Juan Carlos Valencia
Doctor en Comunicación, Estudios Culturales y Música de la Universidad Macquarie (Australia), magíster en Comunicación, especialista en Estudios Culturales e ingeniero electrónico de la Pontificia Universidad Javeriana. Sus intereses de investigación incluyen música, estudios del sonido y la radio, investigación de audiencias, movimientos sociales y activismo, estudios de género y comunicación y cambio climático. Es productor radial en Radio UNAL (Bogotá y Medellín) y en Javeriana Estéreo. Ha trabajado en proyectos de investigación con la Red de Huerteros Medellín, CanAirIO, Mecab, Bunkuaneyuman Comunicaciones, los Pueblos del Centro en La Chorrera (Amazonas) y los ecobarrios La Esmeralda, Pie de la Popa y Calima. valencia.juan@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0002-3844-281
Minerva Campion Canelas
Doctora y magíster en Estudios Internacionales de la Universidad del País Vasco y licenciada en Periodismo. Actualmente, se desempeña como docente e investigadora del Departamento de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Javeriana y se encarga de la dirección del grupo de investigación Estado, Conflictos y Paz. Sus áreas de investigación incluyen la música y la política, específicamente el estudio de
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las escenas subterráneas y su vínculo con la acción colectiva. Algunas de sus publicaciones más recientes son los capítulos “Sobre los límites de la moral y el activismo dentro de una ética de la creación artística” (2024) y “En Colombia también se oía venir: análisis de un casete subalterno en el marco del Paro Nacional” (2025). m.campionc@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0003-1447-9318
Eneida Ramírez Centeno
Doctora en Ciencias Sociales y Humanas de la Pontificia Universidad Javeriana, magíster en Desarrollo y Cultura de la Universidad Tecnológica de Bolívar (Colombia) y maestra en Música de la Escuela Superior de Bellas Artes, actual Unibac (Colombia). Sus intereses de investigación incluyen las prácticas de escucha, el patrimonio cultural inmaterial, la educación artística y las metodologías participativas interculturales. Su trayectoria integra la creación artística, la investigación social y el trabajo comunitario en territorios atravesados por el conflicto armado. Ha desarrollado proyectos sobre memoria, paisaje sonoro y cultura viva comunitaria, articulando arte, ciencia y tecnología para la construcción de paz. eneidaluzramirez@gmail.com
orcid: https://orcid.org/0000-0002-8589-372X
Joaquín Llorca
Doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña (España) y arquitecto. Actualmente, es profesor asociado de la Facultad de Creación y Hábitat de la Pontificia Universidad Javeriana, Seccional Cali. Sus intereses investigativos giran en torno a la construcción de espacios transdisciplinares de la arquitectura, el arte y la ciudad. Este interés lo ha llevado a indagar sobre la representación urbana desde el sonido. Desarrolló proyectos para el Instituto Colombiano de Ciencia y Tecnología y el Ministerio de Cultura. Entre sus publicaciones recientes se encuentra “The cultural dimension of the soundscape: Beyond the ‘Hi-Fi’ and ‘Lo-Fi’ duality of R. Murray Schafer” (2024), publicado en el Journal of Sound, Silence, Image and Technology. joaquin.llorca@javerianacali.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0003-4580-6545
Autores y autoras _251
Roberto Cuervo
Doctor en Diseño y Creación de la Universidad de Caldas (Colombia), magíster en Planeación Urbana y Regional de la Pontificia Universidad Javeriana y diseñador industrial. Actualmente, es profesor asociado del Departamento de Diseño de la Pontificia Universidad Javeriana. Sus intereses de investigación incluyen el diseño de experiencias, la teoría del diseño y el arte sonoro. Es coautor de los artículos “Subverting patriarchal narratives: A feminist approach to critical video game design through participatory methods” (2025) e “Intersemiotic emergence in sketchbookmediated design learning” (2024). rcuervo@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0003-4624-0678
Juan Gabriel Osuna Barriga
Magíster en Educación y maestro en Música de la Pontificia Universidad Javeriana. Desde 1998 se desempeña como profesor e investigador del Departamento de Música, en las áreas de Teoría, Composición Musical y Educación. Es autor de “Sonar en los límites” (traducción del artículo “Sounding the borders”, de Pauline Oliveros), publicado en la revista Cuadernos de Música, Artes Visuales y Artes Escénicas (2018); de “Creatividad y cognición musical: un acercamiento al aprendizaje de la composición”, publicado en la revista Ricercare (2015); de la ponencia No es la cuchara lo que se dobla sino tú mismo, presentada en el VII Congreso de Investigación y Pedagogía de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (2023), y panelista en Música especulativa reciente en Colombia, panel del Coloquio Internacional de Investigación Musical: Historias y Prácticas Musicales en Colombia, de la Universidad de los Andes y la Universidad de Antioquia (2022). jgosuna@javeriana.edu.co
orcid: https://orcid.org/0000-0001-7589-9418
Sonidos de Colombia. Políticas de escucha y estudios sobre paisaje sonoro se compuso con las tipografías TwCenMTCondensed y AmeriGarmnd BT y se imprimió en abril de 2026, en Bogotá, D. C., Colombia.
Hoy, en medio del cambio climático, es indispensable reconocer los diferentes modos de escuchar y de relacionarse con el entorno acústico, pues al hacerlo participamos de una reflexión política y ética sobre el territorio, que cuestiona la manida oposición entre naturaleza y cultura. Como bisagra que articula las dimensiones sensorial y racional de la escucha, la noción de paisaje sonoro transita por diferentes disciplinas, posibilitando la convergencia de saberes y la producción de conocimiento en modalidades inusitadas o subestimadas.
En Colombia, asuntos como el paisaje sonoro, la escucha o el registro de audio plantean un cambio de mentalidad sobre la crisis medioambiental, la diversidad, la ancestralidad de nuestro territorio y la transformación de la concepción universal de naturaleza. Por eso, este libro reúne ocho contribuciones sobre sonología, es decir, trabajos que incorporan el sonido como vehículo de conocimiento, acogiendo diversos matices de la actividad auditiva de seres humanos y no humanos, en un tiempo en que el planeta y sus habitantes necesitan, más que nunca, escucharse y ser escuchados.
