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Nelson Antonio Gómez Serrudo
Reservados todos los derechos
© Pontificia Universidad Javeriana
© Nelson Antonio Gómez Serrudo
Primera edición: Bogotá, D. C., abril de 2026
ISBN (impreso): 978-628-502-116-9
ISBN (digital): 978-628-502-117-6
DOI: https://doi.org/10.11144/Javeriana. 9786285021176
Número de ejemplares: 400 Impreso y hecho en Colombia Printed and made in Colombia
Editorial Pontificia Universidad Javeriana Carrera 7.ª n.° 37-25, oficina 13-01 Teléfono: 3208320 ext. 4752 www.javeriana.edu.co/editorial editorialpuj@javeriana.edu.co Bogotá, D. C.
Corrección de estilo: Paula Arias
Diagramación: Carlos Arango Vieira
Diseño de cubierta: Carlos Arango Vieira
Impresión: DGP Editores S. A. S.
Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.
Gómez Serrudo, Nelson Antonio, autor
Las claves de la salsa en Colombia / Nelson Antonio Gómez Serrudo. -- Primera edición. -- Bogotá :
Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2026
106 páginas ; 17x24 cm
Incluye referencias bibliográficas.
ISBN: 978-628-502-116-9 (impreso)
ISBN: 978-628-502-117-6 (electrónico)
1. Salsa (Música) - Colombia 2. Músicos de salsa 3. Música popular – Colombia 4. Salsa (Música) - Historia - Colombia 5. Músicos colombianos 6. Música - Aspectos sociales - Colombia III. Pontificia Universidad Javeriana.
CDD 781.63 edición 21
Catalogación en la publicación - Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S.J.
CO-BoPUJ 17/02/2026
Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana.
La clave es un instrumento percutivo que ha estado en la base de la música afrocubana (Leymarie, 2005), caracterizado por seguir un patrón rítmico de dos compases que invitan al baile. Su incorporación en diferentes formatos orquestales en la música popular cubana es fundamental por su pulsación redonda y elástica, presente en muchos de sus estilos e interpretaciones a lo largo del siglo XX . De esta herencia cubana, la salsa se considera una de sus nietas más modernas por su versatilidad al incorporar ritmos de la cuenca de las Antillas, al igual que sonidos del jazz con swing, el blues y el rock, entre otros.
Musicalmente, la clave de la salsa es un patrón rítmico que carga los acentos de la música y da a entender al oyente que, en la interpretación, se encuentran unos tiempos débiles que se vuelven fuertes y unos tiempos fuertes que se vuelven débiles, lo cual llaman síncopa o tiempos sincopados, contrario a la lógica de la música europea que marca los acentos siempre en los tiempos fuertes. La clave funciona como una guía interpretativa para el músico y para el oyente, que los hace salir de las estructuras más cuadriculadas de la música para entender el sabor que carga la salsa. Indudablemente, las claves son las guías interpretativas que explican el cómo y el porqué de la salsa en Colombia.
La primera clave navega por los procelosos mares del Caribe, percutiendo cristalinamente y recogiendo ritmos prensados de Cuba, Puerto Rico y Estados Unidos que arribaron a los principales puertos colombianos: Barranquilla, Buenaventura, Cartagena. Esto favoreció su distribución gozosa por diferentes canales en las principales ciudades: Cali, Medellín, Bogotá, con sus respectivas áreas de influencia. Estos acetatos encontraron oyentes afortunados que los incorporarían rápidamente en sus rituales festivos. Esta música expresa la sensibilidad sonora de los cambios ocurridos en los años setenta, caracterizada por la beligerancia política, la cultura desenfadada de los jóvenes, el boom latinoamericano en literatura y las transformaciones urbanas con millares de migrantes en las principales ciudades.
Estas circunstancias fueron aprovechadas para la creación del sello Fania, liderado por Jerry Masucci y Johnny Pacheco, conocedores de la tradición afroantillana y de los diferentes sonidos que se gestaban en el barrio latino de la capital cultural del mundo: Nueva York. Ellos lograron convocar
a destacados y noveles músicos que, inmediatamente, grabaron en su sello tradicionales y experimentados temas, cuyas melodías tenían los ingredientes y condimentos más cotidianos de la vida del barrio, los frenéticos sonidos de la vida urbana contemporánea y los ritmos candentes y desenfrenados, en una mezcla de tradición y modernidad afrolatina con la etiqueta: ¡salsa! Colombia fue campo propicio para su consumo y disfrute. Aparecieron, casi inmediatamente, luego de su ineludible contagio, álbumes bien condimentados de salsa colombiana, realizada por diferentes sellos disqueros que permitieron la creación de numerosos e inéditos temas interpretados por orquestas y talentosos músicos como Fruko y sus Tesos, Washington y sus Latinos, algunas piezas de Lucho Bermúdez, los Corraleros del Majagual, Michi Sarmiento, el Grupo Niche, Guayacán. Posteriormente, hubo una estela de artistas colombianos que, a comienzos del siglo XXI, formaron orquestas que ganaron merecido reconocimiento, como La 33, Calambuco, Toño Barrio y una gran variedad de artistas salseros requeridos por diferentes casas disqueras y tarimas. Estos gozaron de una amplia difusión nacional e internacional. Todos ellos han contribuido a forjar un canon de la salsa colombiana, ya que con sus arreglos mantienen vivo el sentimiento festivo salsero. Solo para adelantar parte de ese canon colombiano, a más de uno le correrá por todo el cuerpo un aire fresco al recordar temas como “El preso”, “Tania”, “Las caleñas son como las flores”, “Cali pachanguero”, “La rebelión”, “En Barranquilla me quedo” o “La pantera mambo”, para no llevarlos más lejos. De la mano de estos grandes intérpretes, se conformó una esfera pública con sus diferentes mecanismos de distribución y entretenimiento que permitió, de la mano de la industria disquera, consagrar a reconocidas estrellas de La Fania, como Richie Ray y Bobby Cruz, Celia Cruz, Eddie Palmieri, Héctor Lavoe, y a figuras nacionales tan significativas como Joe Arroyo, Jairo Varela o el Grupo Niche, entre otros tantos.
La radio, con sus programas populares, era el vehículo para difundir el sonido bestial salsero por todo el país y consagrar a muchos paladines de la transmisión radial, como Edgar Hernán Arce, BenHur Lozada y Alfredo “el Diablo” Cajiao, quienes tenían programas de difusión de la salsa, animaban y eran disc-jockeys en “agualulos” y fiestas en clubes sociales en Cali. Por su parte, Miguel Granados Arjona, el viejo Mike, en Bogotá, Jairo Pava en Barranquilla y Latina Estéreo y Orlando Valencia Patiño en Medellín también hicieron su parte: ellos posibilitaron la multiplicación de programas y franjas horarias de salsa en casi todo el país.
La segunda clave percute al ritmo de cuatro por cuatro, muy afín a la cuadrícula espacial de muchos barrios populares, con la gritería de la calle, el fútbol, el chisme, la crónica callejera y los héroes locales, sumados a la presencia de agrupaciones juveniles como galladas y combos. Ese paisaje sentimental alberga la sociabilidad festiva, que les da un color peculiar a escenarios públicos y privados en donde se fraguan las celebraciones y fiestas en sus diferentes modalidades. Allí se prueban e innovan pasos, se improvisan coreografías en reuniones festivas que van desde los nostálgicos bailes de cuota hasta los “agualulos” y las Coca-Cola bailables.
En el barrio, la salsa funciona como mecanismo de educación sentimental, con expresiones bailables novedosas que describen en sus líricas situaciones similares a las que se viven y que, muchas veces, se convierten en verdaderos repertorios y códigos de la vida sentimental de aquellos apasionados al golpe, la clave, los trombones, el bugalú, la descarga, el bolero y la pachanga. Estas actividades festivas crean vínculos sentimentales, afianzan compadrazgos, consolidan amistades, contribuyen a fortalecer grupos cívicos, políticos y deportivos. Todo ello impregnado por los habituales calendarios festivos, las celebraciones familiares en ocasiones especiales, reuniones de amigos los fines de semana y fiestas comunitarias por una buena causa, así como variados motivos para bailar y gozar. La salsa, con sus muchas expresiones y ritmos, termina convirtiéndose en el psicoanálisis de los descreídos, la terapia de los desamores, la consejera de las conquistas, la banda sonora de la existencia, el vademécum de la vida festiva.
La tercera clave recorre diferentes territorios de expresión salsera: aquellos lugares donde, sibilinamente, se recorre la pista de baile desde la punta del pie, para permitir a individuos solos o acompañados ejecutar la caída de la hoja, el paso Micaela, el paso picapiedra, realizar acrobáticas volteretas, marcar el ritmo, amacizarse lujuriosamente o improvisar gozosamente originales pasos en el marco de suntuosos o modestos locales salseros. De estas prácticas danzarias y sociales, surgirán un sinnúmero de establecimientos enraizados en zonas con una amplia escena urbana con sus horizontes y límites festivos. Esto creó ambientes explosivos de sabor, territorios de despeje rítmico, amanecederos o lugares inolvidables para los salseros y que, en su historial, ha contado con más de mil y un establecimientos.
Algunos aluden con sus nombres a los icónicos lugares de rumba de Nueva York o Cuba, como Tropicana o Palladium. Otros retoman el nombre de algunas canciones como “Síguelo” o “Rumbón melón”. Otros prefieren los nombres de agrupaciones inolvidables como el Gran Combo o la Matancera.
A partir de estos espacios, se gestaron circuitos y zonas festivas para diferentes públicos, lo que propició encuentros intergeneracionales, forjó vínculos filiales y generó reñidas competencias. En estos establecimientos, era probable que se congregaran la bohemia estudiantil, con sus novedades y libros; la bohemia de clase media, con sus aspiraciones de distinción y originalidad; la bohemia de los intelectuales, con sus arduas discusiones y entreverados marcos teóricos; la bohemia malandra, con sus trucos y maromas; la bohemia de los bailarines, con sus mejores pasos; la bohemia de vieja guardia, con sus melancolías renovadas; y la bohemia de coleccionistas, con su despliegue de saber y erudición.
Todos ellos, con su incalculable experiencia, permitieron el desarrollo de una sociabilidad salsera, en la que el tiempo fluye por los cauces de un gran río sonoro. En estos lugares, el disfrute del espectáculo público genera una circulación efusiva, que propicia nuevos marcos de referencia para la actividad festiva. Igualmente, la actividad danzaria permitiría consolidar un creciente número de academias de baile que incorporaron en su enseñanza este pegajoso ritmo y, con el tiempo, formarían una pléyade de campeones mundiales, maestros de baile, coreógrafos y la realización de grandes espectáculos como Delirio o el Mulato Cabaret, en la Sultana del Valle. También había comercios especializados que permitieron asegurase de esas joyas de colección y que funcionaron como pequeños escenarios de encuentros entre expertos y profanos.
La cuarta clave articula unos calendarios festivos que concuerdan con tradiciones religiosas, cívicas, culturales o comerciales y que tienen presencia local, nacional o internacional, como es el caso de la Feria de Cali, el Carnaval de Barranquilla, Salsa al Parque o los eventos realizados en Medellín con el apoyo de la emisora Latina Estéreo, que desde el 2015 organizan el Festival de Leyendas Vivas de la Salsa. Según Bajtín (2003), el carnaval representa la segunda vida del pueblo que despliega una actividad festiva con expresión histórica y que ha logrado articular legados tradicionales con manifestaciones modernas. En estas festividades, la salsa ha estado presente y sigue estándolo a través de artistas nacionales e internacionales que han marcado un periplo por décadas, en las cuales las estrellas de la salsa cuentan con un cielo propicio para sus presentaciones y melodías.
El compendio de estas claves permite desentrañar los componentes más destacados de la salsa como expresión sociocultural, cuya paleta sonora pulsa recuerdos profundos de la vida festiva, de las trayectorias salseras de sus protagonistas y de las variaciones tonales de las múltiples experiencias
Las claves de la salsa en Colombia es una travesía sonora por un género nacido en la tradición afrocubana que se convirtió en una de las expresiones culturales más vibrantes del país. Este libro propone cuatro claves para comprender la llegada, expansión y consolidación de la salsa en el territorio colombiano, desde los puertos caribeños hasta los barrios, emisoras, pistas de baile y grandes festividades en los que este ritmo encontró un hogar definitivo. Este libro muestra cómo los discos que arribaron a Barranquilla, Buenaventura y Cartagena influyeron en toda una generación; cómo la industria musical moldeó un canon propio; y cómo la radio, los coleccionistas, los bailarines y los espacios nocturnos configuraron una sociabilidad salsera que aún está presente en la memoria urbana. Para explicar el cómo y el porqué de la salsa en Colombia, se recorren los territorios de la rumba, los estilos de baile, las bohemias que se entrelazan en cada establecimiento y los calendarios festivos. A partir de una investigación sólida, esta obra ofrece una lectura profunda sobre el modo en que la salsa se volvió banda sonora y patrimonio cultural del país. Las claves de la salsa en Colombia invita a escuchar el ritmo detrás de la historia y a reconocer, en cada golpe de clave, una manera de sentir y de construir sociabilidad.



