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Ciencias Sociales y Humanas

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Ciencias Sociales y Humanas

Replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
Colección Libros de Investigación
Vicerrectoría de Investigación
Pontificia Universidad Javeriana
Replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
Reservados todos los derechos
© Pontificia Universidad Javeriana
© Wooldy Edson Louidor
Primera edición: Bogotá, D. C., abril de 2026
ISBN (electrónico): 978-628-502-111-4
DOI: https://doi.org/10.11144/Javeriana.9786285021114
Hecho en Colombia Made in Colombia
Editorial Pontificia Universidad Javeriana
Cra. 7.ª, núm. 37-25, oficina 1301 Teléfono: 3208320, ext. 4205 www.javeriana.edu.co/editorial editorialpuj@javeriana.edu.co Bogotá, D. C.
Colección Libros de Investigación Vicerrectoría de Investigación
Corrección de estilo: Juan Sebastián Solano Ramírez
Diagramación y montaje de cubierta: Kilka Diseño Gráfico
Imagen de cubierta: Daniel Pierre
Pontificia Universidad Javeriana | Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.

Pontificia Universidad Javeriana. Biblioteca Alfonso Borrero Cabal, S. J. Catalogación en la publicación
Louidor, Wooldy Edson
Postidentidad : replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe / Wooldy Edson Louidor. -- Primera edición. -- Bogotá : Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 2026.
412 páginas ; 24 cm
Incluye referencias bibliográficas. ISBN: 978-628-502-111-4 (electrónico)
Identidad - Región Caribe 2. Teoría del conocimiento 3. Postidentidad 4. Estudios coloniales 5. Epistemología social III. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá.
CDD 126 edición 23
CO-BoPUJ 16/02/2026
Prohibida la reproducción total o parcial de este material sin la autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana. Las ideas expresadas en este libro son responsabilidad de su autor y no reflejan necesariamente la opinión de la Pontificia Universidad Javeriana.
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Tabla 1. Estrategias narrativas de las dos novelas de Sarduy
Tabla 2. Ejemplos de la figura retórica de repetición en Gestos
Tabla 3. Ejemplos de la figura retórica de repetición en De donde son los cantantes
Tabla 4. Los tres límites del esencialismo epistémico
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Figura 3. La cuadrícula de las dos órdenes de la épistémè dominante
Figura 4. La sustitución en Gestos
Figura 5. Primera proliferación en De donde son los cantantes
Figura 6. Segunda proliferación en De donde son los cantantes
Figura 7. Hechos históricos y relatos ficcionales de las cuatro novelas
Figura 8. Mundos históricos de Glissant
Figura 9. Mundos históricos de Sarduy
Figura 10. El devenir como un producirse a sí mismo
Yo había oído hablar de Ivonne Nicholls como se oye hablar de una sombra, de un perfume, de una batalla, hasta que un día Antonio Caballero escribió sobre ella y deduje, entonces, que era una mujer de carne y hueso. Y ojos. En ese tiempo era cónsul de Colombia en Madrid y me propuso, al descuido, escribir algo sobre ese pedazo de nosotros que vive y sufre olvidado en las cárceles de otros países y que muchos compatriotas quisieran sepultar para no pasar vergüenzas en los cocteles de las embajadas y en los aeropuertos.
Alfredo Molano, Rebusque mayor. Relatos de mulas, traquetos y embarques
Pour tout écrivain, il existe un espace constitué de son lieu, celui où il est né et où il a grandi, ou celui où il a choisi d’habiter; autour de ce lieu, il y a l’espace du monde. Un écrivain n’a pas de raison d’écrire s’il n’établit pas de relation entre son lieu et le monde. […] Avec nous, les Antillais, la colonisation nous a coupés de notre mémoire temporelle. Ce serait absurde de tenter de retrouver une temporalité fluide, continue et harmonieuse. Nous n’allons pas à la recherche du temps perdu parce que ce temps, nous ne l’avons jamais possédé pour le perdre. C’est un temps éperdu.
Édouard Glissant, en entrevista con Georgia Makhlouf para L’Orient Littéraire (2009)
C’est chez nous, je veux dire en Amérique Latine, toute une tradition de se tourner vers la France, mais aussi —qu’est-ce que vous croyez?— d’accuser quelqu’un d’être afrancesado. Je ne sais pas si ce mouvement se doit à une réaction des stéréotypes nationalistes, ou au stéréotype de la séduction de la France, ou si, tout simplement, nous avons besoin de nous regarder à partir d’un extérieur, d’un ailleurs. Pour savoir quelles sont les limites de quelque chose, il faut se placer en dehors, n’est-ce-pas?
Severo Sarduy, C’est chez nous (1985/1999, p. 27)
Die Eule der Minerva beginnt erst mit der einbrechenden Dämmerung ihren Flug.
Hegel, Grundlinien der Philosophie des Rechts (1820/1972, p. 14)
A todas aquellas y aquellos que, desde sus respectivos lugares y trincheras cotidianas, siguen soñando con la utopía de un mundo otro
Al Caribe, en particular, Martinica, Cuba, Haití y el archipiélago colombiano de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. El Caribe es este lugar archipiélico, irisado y muy rico en colores, sabores, texturas, estéticas, historias y pensamientos. Ha dado al mundo, entre otras maravillas, a dos grandes escritores, el martiniqueño Édouard Glissant y el cubano Severo Sarduy y sus respectivas cuatro grandes obras maestras: La Lézarde y Le quatrième siècle del primero y Gestos y De donde son los cantantes del segundo. De esas cuatro obras inaugurales sacamos para nuestro libro las siguientes novedades: una cartografía epistemológica del campo de lo posible que llamamos Caribe-mundo; una forma de identidad otra, (post)identidad, que conceptualizamos teóricamente como devenir; un método filológico que acuñamos como ficciones filosóficas (post)identitarias y que, en sus intersecciones inter/transdisciplinarias con otros métodos y recursos filosóficos, analítico-discursivos, científico-sociales e históricos, sirve para producir conocimiento sobre la cuestión de la identidad que suele presuponerse en casi todo, pero sobre la cual no siempre hay claridad conceptual; y una manera de relacionarse con los otros en la actual era de la globalización, esto es, siendo capaz de reconocerse a sí mismo en los otros y reconocer a los otros en sí mismo. Todas estas novedades permiten reivindicar en este libro no sólo a dos autores y cuatro novelas, sino también los múltiples aportes epistemológicos del Caribe al mundo en torno a varios temas, en particular, al de la identidad.
A Salvador de Bahía, ciudad brasileña con más población negra de América Latina y donde naturalmente recibí el gran impulso fraterno negro-prieto de colegas universitarios de la Universidad Federal de Bahía (ufba ) y de seres queridos afrobrasileños, en especial, Zenaidininha, para retomar el proyecto de publicar este libro y seguir cultivando la convicción de lo potente que puede llegar a ser la palabra afrocaribeña sobre temas —como la identidad— que la resistencia a la violencia colonial y neocolonial ha llevado a los pueblos del Caribe a pensar y repensar, a tejer y retejer, a deconstruir y reconstruir: el famoso arte que en el idioma creole de algún país caribeño se llama bobine-debobine-rebobine. Las historias y literaturas caribeñas metonimizan el mito de Sísifo en el doble sentido de rechazo al persistente castigo (neo)colonial y búsqueda creativa y solidaria de liberación en este doble movimiento política y epistémicamente revolucionario: más allá de y por fuera de todo lo colonial.
Nuestra cuestión es siempre la identidad. ¿Qué es la identidad, ese concepto cuya transparente identidad consigo misma siempre se presupone dogmáticamente en tantos debates sobre el monoculturalismo o el multiculturalismo, sobre la nacionalidad, la ciudadanía, la pertenencia en general?
Jacques Derrida, El monolingüismo del otro, p. 27
A modo de prefacio, lo que me parece fundamental explicar al lector como lo primero que debo decir en este libro, antes que todo, es: a) justificar si realmente existe un tal problema de la identidad; lo cual nos lleva a sopesar (de forma un tanto apretada) la argumentación de las dos posturas a favor y en contra y b), en caso positivo, plantear cuál es la cuestión de la identidad que se deriva de ese problema y c) cuáles son las ideas centrales que movilizaremos para abordar dicha cuestión en el libro.
Aparentemente la identidad no es un problema
Empecemos con una anécdota un poco sarcástica y cruel, contada por un migrante mexicano, quien narró una desagradable experiencia que vivió en Berlín (Alemania). Pongo a continuación un fragmento de la anécdota que nos sirve aquí para argumentar que aparentemente parece que quienes creen que no existe tal problema de la identidad tienen razón:
Quiero contarte los momentos hermosos y agitados que pasé en Dinamarca. Preguntarás quién eres tú. Porque hoy día hasta eso nos preguntamos. Pero yo te conté que ese problema de identidad, ese problema transcendental se resuelve fácil y pronto en la gran capital de la intelectualidad [Berlín], y por caminos poco intelectuales. La policía te puede extender un certificado, si tu crisis es tal que ya no sepas ni quién eres, y te dirá: Tú eres tú. ¿Problemático? (Manzano, 2008/2009, p. 20)
Al parecer, la lógica occidental ya resolvió, de raíz y desde un inicio, este problema con el llamado principio de la identidad —del que hablaremos más adelante—, a saber, A=A; esto significa que tú eres tú, yo soy yo y sucesivamente. En este sentido, el problema de la identidad no existiría en sí. Ya no habría más que dos opciones:
18_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
o la identidad sería un falso problema que deberíamos dejar de plantear o sería la consecuencia de un problema más bien personal o incluso colectivo (en el caso de cualquier grupo humano) que tendría quien lo plantee y quien en el fondo sería el “problemático”, tal como lo sugieren al migrante desubicado los policías alemanes, a los cuales se refiere la anécdota mencionada. El sentido común estaría dando la razón a quienes están a favor de este argumento: no habría nada más que debatir; por lo tanto, este libro no tendría su razón de ser.
Sin embargo, mi socorro viene inmediatamente de las cuatro citas que sirven de epígrafe para este libro: por eso, están allí. Las cuatro plasman sustancial y sintéticamente lo que Derrida (1996/1997, p. 27) llama la cuestión de la identidad, que él define como nuestra cuestión: la de siempre. Para los autores de las respectivas cuatro citas, se trata concretamente de la cuestión de la identidad de un pueblo (colombiano), un escritor antillano (martiniqueño), un migrante latinoamericano-caribeño (cubano) en Francia y una actividad específica del pensamiento (la filosofía); para poner la cuestión en forma gramatical, usemos la interrogación con todo, incluyendo sus signos: ¿quiénes son este pueblo?, ¿quién es este escritor?, ¿quién es este migrante? y ¿qué es esta actividad intelectual?
Pero parece que estamos haciendo trampa: pasar a la cuestión de la identidad, sin antes responder si existe “realmente” el problema de la identidad; entonces, primero hay que tomar en cuenta y en serio el argumento de quienes no creen en la existencia de tal problema en sí. De allí la pregunta: ¿qué sería esta cuestión de la identidad si aparentemente no hay un problema de la identidad en sí, esto es, al menos algo así como un obstáculo razonable (aunque no nítidamente racional) que de manera sensata o lógica nos impediría ver la identidad, comprenderla, definirla, expresarla, pensarla, plantearla?
Una vez más, los cuatro textos epigráficos de nuestro libro responden, utilizando unas expresiones que describen de manera precisa el problema de la identidad, justamente al problematizarlo1: “Este pedazo de nosotros que muchos compatriotas quieren sepultar” (el colombiano Alfredo Molano), “la colonización nos ha mutilado
1 ¿Cómo puede haber un problema, si no se permite problematizar aquello de lo que es el problema? Sería un simple argumento de autoridad: ni más ni menos una autoridad que viene de la lógica occidental (desde los filósofos griegos Parménides y Aristóteles). Lo más importante ya no es el problema, sino la problematización, en particular, la de aquello que se impone como principio o fundamento, cuando no es sino una tautología (A=A). Hegel (1832/1986) es el primero que deconstruye esta noción de principio y su aplicación a la identidad.
Prefacio: la cuestión de la identidad _19 a los antillanos nuestra memoria temporal” (el martiniqueño Édouard Glissant), “en América Latina hay toda una tradición que consiste en mirar hacia Francia, pero también —¿qué cree usted?— en acusar a alguien de afrancesamiento” (el cubano exiliado en Francia, Severo Sarduy) y “el búho de Minerva empieza su vuelo sólo al anochecer” (el filósofo alemán Hegel).
“Sepultar”, “mutilar”, “acusar” y “anochecer” invitan, de manera plástica y metafórica, a indagar inscripciones, marcas y huellas de la identidad supuestamente poseída, como si estas fueran pistas sobre todo lo que le falta a ella y que hay que buscar y que quizás nunca se encuentre del todo: la identidad oscila entonces entre la falta y lo imposible, tal como lo veremos a lo largo de esta publicación.
Además, si hacemos un pequeño ejercicio filológico, encontraremos lo siguiente sobre estos cuatro verbos que nos señalan por dónde y cómo buscar.
¿Por dónde buscar? Sepultar lleva a excavar bajo la tierra; mutilar, a desenterrar las otras partes del cuerpo; acusar, a descubrir qué fue reprobable que se hizo y por lo que se merece un castigo ejemplar; y anochecer, a entender un proceso o un cambio de estado, esto es, de la luz del día a la oscuridad de la noche. Por lo tanto, lo mejor que se puede hacer y decir de las cuatro identidades en cuestión no es ni afirmarlas ni negarlas —las dos cosas más comunes que se vienen haciendo en los debates sobre la identidad—, sino preguntar y preguntarse: ¿qué es ser colombiano, tomando en cuenta este pedazo de nosotros “sepultado”? ¿Qué es ser antillano, tomando en cuenta nuestra memoria “mutilada”? ¿Qué es ser migrante latino viviendo en Francia, tomando en cuenta el hecho de correr siempre el riesgo de ser “acusado” de afrancesamiento? ¿Qué es ser filósofo, tomando en cuenta la “nocturnidad” (con su falta completa de luz) en la que se ve obligado a desplegar su vuelo para buscar la “diurnidad” conceptual? Así se perfila nítidamente la identidad como algo que no es ni patente, ni evidente ni completo: requiere entonces de una indagación profunda. ¿Cómo buscar? Estos cuatro verbos nos señalan también que no debemos buscar hacia atrás a modo de reconstrucción de un árbol genealógico, sino hacia abajo en forma de criptografía, epigrafía o arqueología justamente para desencriptar, desenterrar y sacar a la luz, en una palabra, desocultar. Por lo tanto, para llegar a la cuestión de la identidad hay que sortear múltiples obstáculos en profundidad que justamente configuran el problema de la identidad.
El problema de la identidad es el siguiente: como concepto la identidad no tiene una “transparente identidad consigo misma” (Derrida, 1996/1997, p. 27) y, en ningún caso, debe “presuponerse dogmáticamente” (ibíd.). De allí la cuestión de la identidad: siempre hay que (re)plantearla como cuestión, ponerla en cuestión o, mejor aún, hacer que ella misma se ponga en cuestión para develar cuál concepto
20_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe hay detrás de ella. De lo que se trata en el fondo de la cuestión de la identidad es siempre el concepto de la identidad: he allí el punto de partida de este libro que es epistemológico y filosófico, ya que busca desocultar los múltiples conceptos de la identidad, en particular, el que ha sido más influente y dominante, esto es, el concepto occidental que es ontológico, esencialista y (neo)colonial y que tiende a ponerse e imponerse como el único concepto existente y válido.
Seis ideas centrales sobre el problema y cuestión de la identidad
Sobre este problema y cuestión de la identidad, anunciaremos a continuación seis ideas centrales de cómo este libro lo aborda.
La (post)identidad o la identidad que siempre se pone en cuestión a sí misma
Este libro nace de la investigación que hicimos sobre el concepto de la identidad en sí (tras haberlo sacado y liberado del concepto occidental dominante de identidad) y también de uno (entre otros) de los principales hallazgos de la indagación, a saber: la identidad como concepto no sólo invita a cuestionar y problematizar, tal como lo acabamos de mencionar, sino también ella misma se debe poner a sí misma siempre en cuestión para no esencializarse como concepto (en singular) y como identidades (en plural) de individuos y colectividades, y así mantenerse en una apertura permanente a los otros y al mundo.
Para expresar este conocimiento pertinente tanto para el Caribe como para el mundo, inventamos el neologismo (post)identidad, que da título a esta publicación. Entonces, acuñé este neologismo no como una moda intelectual en la línea de algunas corrientes de pensamiento y activismo sociopolítico que vienen utilizando a diestra y siniestra el muy cotizado prefijo post, sino como el término más adecuado para nombrar, encarnar, pensar e inaugurar un nuevo concepto de identidad desesencializado y abierto al mundo, esto es, por fuera de y más allá (no simplemente en contra de, como si ambos conceptos fueran dicotómicos y binarios) del concepto esencialista occidental de identidad: se trata de todo un programa epistemológico y teórico.
Prefacio: la cuestión de la identidad _21
Traer hoy a la luz el nuevo concepto de la (post)identidad desde los trazos literarios
Uno de los aportes de este libro consiste también en mostrar que el nuevo concepto (post)identidad no nació ex nihilo, porque es posible evidenciar que ya “se trazó” (Deleuze, 1988) en lo esencial desde la mitad de los años cincuenta del siglo pasado desde el Caribe, en particular, en la obra literaria vanguardista de dos jóvenes caribeños, el cubano Severo Sarduy (1937-1993) y el martiniqueño Édouard Glissant (1928-2011); hoy no hacemos sino traer a la luz este nuevo concepto desde estos trazos literarios. De manera más concreta, este novedoso concepto, podemos ya ver y percibir [como un “percepto” (Deleuze, 1988)] sus características fundamentales como una forma de identidad otra en cuatro novelas caribeñas escritas en Europa entre 1955 y 1965: Gestos (1963/1999) y De donde son los cantantes (1967) de Sarduy, La Lézarde (1958/2001) y Le quatrième siècle (1964) de Glissant.
Por ejemplo, este nuevo concepto y forma de identidad, la (post)identidad, se muestra en las cuatro novelas citadas con la particularidad de ponerse a sí mismo siempre en cuestión o, mejor aún, entre paréntesis2, para evitar suturarse, absolutizarse y esencializarse; el esencialismo puede convertirse en el pecado capital a la vez de cualquier identidad concreta y de cualquier concepto de identidad, tal como ha pasado con el concepto occidental. En este sentido, la (post)identidad es un percepto literario que transformamos en concepto filosófico, tal como lo veremos a lo largo del libro.
La necesidad cada vez más pertinente hoy de la vigilancia epistemológica frente a la propia identidad
Además, el cuestionarse su propia identidad como individuo o colectividad —tal como lo hace la (post)identidad desde el Caribe— es un acto a la vez saludable y epistemológico que se vuelve más que necesario hoy; sobre todo, tan pronto como uno tome conciencia ex post3 del hecho sociológico y político de la ruptura de la frontera supuestamente nítida e infranqueable entre la propia identidad (personal, colectiva e incluso nacional) y las demás identidades en nuestro actual mundo globalizado. La cuestión de la identidad se complejiza, debido a la dificultad cada vez más común que tenemos hoy para trazar fronteras tajantes entre el yo o el nosotros y los otros o ellos. Vivimos en un mundo atravesado —más aún en el contexto de las migraciones contemporáneas, en que hay más de 300 millones de personas migrantes
2 Por eso, ponemos el paréntesis en la palabra (post)identidad.
3 Es decir, después de que este mismo hecho que se señala a continuación haya ocurrido.
22_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe que circulan a través del planeta y en todos los continentes— por encuentros, conflictos, repliegues, ataques, disputas, recelos, mezclas, “contaminaciones”, retroalimentaciones y negociaciones (no hay pureza identitaria) en dos niveles o escalas. Se dan estas relaciones identitarias impuras, por una parte, entre las distintas personas y sus diversas condiciones específicas de género, raza o color de piel, origen social, situación migratoria y otros marcadores; por la otra, entre lenguas, culturas e incluso continentes, regiones geográficas enteras (Europa y África, Norteamérica, Centroamérica y Sudamérica) y partes del mundo (Occidente y Oriente, Norte y Sur, Primer Mundo y Tercer Mundo), considerados a veces como o desde posiciones identitarias.
La necesidad de hacer replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad como concepto
De allí el sentido del nuevo término (post)identidad que indica esa necesidad de no sólo cuestionar la propia identidad, personal y/o colectiva, sino también hacer replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad como concepto —de allí el subtítulo del libro—, más allá de los debates identitarios particulares entre personas, grupos y colectividades.
Se requiere entonces de un plan o, como lo dijimos arriba, de un programa de vigilancia epistemológica para siempre desplazar y volver a trazar (replantear transgrediendo) los límites que delimitan la identidad (tanto la propia personal o colectiva como el mismo concepto) o que esta misma deslinda e impone a las demás: en este libro, proponemos enfocarnos en los replanteamientos en torno al mismo concepto de identidad en el que se fundamentan estos límites identitarios situados y específicos: los replanteamientos epistemológicos.
Por lo tanto, es preciso contar con un método específico para identificar y analizar estos replanteamientos epistemológicos que podemos hallar —si sabemos leer con atención y cuidado (de allí la importancia de la filología)— incluso en disciplinas y discursos que están siempre en la vanguardia de los grandes problemas de la humanidad, por ejemplo, aquellos que trabajan con la ficción, las narrativas y los imaginarios: la literatura y, de manera específica, uno de sus principales géneros, la novela. Si la filosofía llega siempre tarde (al anochecer, según Hegel), podemos decir que la literatura suele llegar temprano (al amanecer), tal como lo mostraremos con las cuatro primeras novelas de los respectivos dos literatos caribeños que inauguraron la (post)identidad: tanto la vanguardia literaria y ficcional como la retaguardia epistemológica y filosófica son necesarias, útiles y pertinentes.
Prefacio: la cuestión de la identidad _23
He allí una de las grandes novedades de este libro: crea el método filológico ficciones filosóficas (post)identitarias para identificar y caracterizar los textos literarios y, en general, ficcionales que usan estrategias escriturales de todo tipo (principalmente narrativo, retórico, lingüístico y literario) que son al mismo tiempo filosóficas, en la medida en que estas estrategias hacen dichos replanteamientos epistemológicos, de dos formas simultáneas: deconstruyendo el concepto esencialista de identidad e inaugurando un nuevo concepto desesencializado y abierto de la (post)identidad por medio de los mismos ensamblajes de elementos de unidades o estratos discursivos de los textos literarios, tales como palabras, frases, párrafos, capítulos.
De allí que, además de la (post)identidad, el libro conceptualice las nociones de ficción y filosofía y el método ficciones filosóficas (post)identitarias, reactualizando los aportes filosóficos de Rancière y Foucault. Evidentemente este nuevo método filológico se interseca con otros métodos. En este libro, estos otros recursos metodológicos son fundamentalmente sociológicos, analítico-discursivos e históricos, tales como: i) el socioanálisis del discurso, inspirado en el método de las “artes de hacer” de Michel de Certeau y enfocado en definir los relatos de espacio en las estrategias narrativas de las ficciones filosóficas (post)identitarias; ii) las trayectorias sociobiográficas, inspiradas en la concepción epistemológica poscolonial de Edward Said y Homi Bhabha —en particular, sus respectivos conceptos out of place e in between—, sustentadas en un amplio trabajo documental realizado en archivos de París a lo largo de varios meses y orientadas a reconstruir los distintos mundos históricos (sociales, políticos, intelectuales y culturales) del París de la posguerra que sirvieron a los dos jóvenes escritores caribeños Glissant y Sarduy como condiciones de posibilidad epistemológicas para trazar la (post)identidad en sus respectivas cuatro novelas.
Otra gran novedad de este libro es que rastrea en el periodo de la posguerra los replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad que las mencionadas cuatro novelas inaugurales articularon. Estas cuatro obras literarias permiten revisitar de manera crítica los históricos debates sobre la identidad en el Caribe, en diálogo con distintas obras literarias y ensayísticas caribeñas, en particular, aquellas que fueron escritas en Cuba y las Antillas creolofrancohablantes; tres filósofos alemanes que contribuyeron a deconstruir los pilares epistémicos del esencialismo, esto es, Kant, Hegel y Nietzsche; Rancière y Foucault quienes replantearon las dos nociones de ficción y filosofía; y los esfuerzos contemporáneos tanto de Deleuze y Guattari por repensar la identidad en términos de devenir como de los posestructuralistas franceses por repensar el lenguaje, la literatura, la crítica literaria y la escritura.
Otra novedad es que, en las literaturas caribeñas, tal como lo señalaba Benítez Rojo, “la búsqueda de la identidad o búsqueda de las raíces constituye una de las
24_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe regularidades que se observa con mayor claridad y frecuencia en la novela caribeña” (1989/1996, p. 200), a tal punto que se puede hablar de cierta obsesión identitaria. Las cuatro novelas rompen con esta obsesión, al descentrar la mirada sobre el Caribe y establecer la relación entre este y el mundo; de esta manera, el Caribe se desesencializó abriéndose al mundo y también el mundo se descentró de Europa situándose también en el Caribe y, como consecuencia de ambas dislocaciones epistémicas, la cuestión de la identidad de/en el Caribe se ha venido planteando desde el Caribe-mundo. Se puede decir que todo ello contribuyó a marcar un parteaguas en el campo emergente de los estudios caribeños, ya que el mundo como concepto y símbolo (literario y ficcional en general) ocupa cada vez más un lugar central incluso en los debates identitarios más particulares, tal como el de la creolité (Chamoiseau, Confiant y Bernabé, 1989) y de la creolización (Benítez Rojo, 1989/1996).
Queremos dar a conocer al público colombiano, latinoamericano e hispanohablante en general los principales hallazgos de la investigación, de la cual esta publicación es resultado. Esta investigación, que inicié en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá (Colombia) y culminé en la Facultad de Filología de la Universidad de Leipzig (Alemania) en 2022, es inter/transdisciplinaria, en la medida en que en ella se utilizan, de manera articulada y dialogada (la dimensión inter de la interdisciplinariedad), recursos y herramientas conceptuales y metodológicos ya mencionados de varias disciplinas para estudiar el concepto de identidad: un objeto de estudio que mostraremos con contundencia que no pertenece a ninguna de estas disciplinas movilizadas (filología, estudios del lenguaje, filosofía, literatura, ciencias sociales), sino que las atraviesa a todas epistemológicamente (la dimensión trans de la transdisciplinariedad).
El primer gran obstáculo que encontramos en la investigación desde un inicio es el siguiente: el concepto de identidad ha sido tan dominado y esencializado por Occidente que resulta difícil hoy separarlo e incluso liberarlo del concepto propiamente occidental que se tiende a confundir con el concepto de la identidad en sí: por eso, hasta hoy sigue resonando el eco ontológico y esencialista (un tanto desagradable), cuando se nombra la palabra identidad. También en Occidente este concepto ha atravesado varias disciplinas tanto tradicionales como emergentes como los estudios culturales, migratorios, caribeños, poscoloniales, de género, etc.
Este concepto occidental de identidad es entonces un gran monstruo. Ha tenido una trayectoria milenaria, prácticamente desde los filósofos presocráticos de la Grecia antigua, en particular, Parménides y Heráclito (s. vi a. C.), hasta hoy. Además, dicho concepto occidental viene fundamentando nuestras maneras de pensar e incluso de ser, en concreto, por medio del llamado principio de la identidad, primera regla de
Prefacio: la cuestión de la identidad _25 oro de la lógica occidental: “Algo no puede ser y no ser […] A=A. O sea: si A es, A no puede no ser, al mismo tiempo y dentro de la misma relación” (Zamudio, 2008, p. 25). Este principio se puede considerar todo un marco o matriz de pensamiento que vertebra no sólo la lógica, la epistemología, la ontología y otras disciplinas filosóficas y científicas y la academia en general en la tradición occidental, sino vidas concretas de personas, comunidades y sociedades e incluso —tal como lo vimos en la mencionada anécdota a la que referimos al inicio del prefacio— cosas tan banales, por ejemplo, los procedimientos policiacos en los llamados y tan temidos controles de identidad en los que supuestamente “simplemente se verifica que tú eres tú”, pero que pueden llevar a abusos en contra de estos múltiples “tú” migrantes y extranjeros y conducir a estos últimos incluso a la cárcel y a la deportación, cuando no a la muerte.
Además de esta anécdota, podemos dar dos otros ejemplos de los impactos concretos de la palabra identidad: uno actual en Colombia y otro histórico en la llamada modernidad.
El primer ejemplo es el caso dramático de más de cuarenta mil colombianos transgeneracionales, esto es, quienes nacieron, vivieron en Venezuela y constitucionalmente tienen el derecho a la nacionalidad colombiana por ser hijos de nacionales colombianos y, debido a la crisis vivida en este país de manera profunda en 2015, decidieron retornar a Colombia, el país de sus padres y su propio país; en 2022, bajo el pretexto de depurar las cédulas de ciudadanía colombiana (en pleno contexto de elección presidencial), la Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia decidió anular masivamente los registros de nacimiento de estos colombianos de segunda y tercera generación bajo la acusación de falsa identidad (Pontificia Universidad Javeriana, Servicio Jesuita a Refugiados de Colombia y Fundación Refugiados Unidos, 2024), es decir, palabras más palabras menos: “Estos que dicen ser colombianos no lo son”.
El segundo ejemplo es el colonialismo, el nazismo y el racismo —los tres, basados en la pureza (supuestamente sin “marcas” ni “manchas”) de la sangre, de la tierra y del color de piel—, por citar tres casos históricos, califican de impuras y, por lo tanto, merecedoras de los peores maltratos las “identidades” que no son occidentales, europeas y blancas o que no lo son puramente. Césaire explica el problema de manera nítida, cuando critica la hipocresía “humanista” del hombre blanco europeo colonialista: denuncia el nazismo por ser él víctima de las barbaries de Hitler, pero acepta y justifica los horrores del colonialismo porque el victimario es él y las víctimas son los otros, portadores de otras identidades:
26_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
Sí, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo xx , que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el crimen contra el hombre, no es la humillación del hombre en sí, sino el crimen contra el hombre blanco, es la humillación del hombre blanco, y haber aplicado en Europa procedimientos colonialistas que hasta ahora solo concernían a los árabes de Argelia, a los coolies de la India y a los negros de África. (2006, p. 15)
De esta manera, la identidad se ha constituido en uno de los grandes problemas que ha estado siempre presente, directa o indirectamente, en las peores desgracias del mundo, al menos, desde la llamada “modernidad” el colonialismo occidental, el nazismo en la Segunda Guerra Mundial, las guerras de independencia anticolonial, las guerras violentas de descolonización, los múltiples conflictos étnicos en Europa del Este, Asia y África, por citar sólo algunas; pero también ha sido objeto de valerosas y bellas luchas, resistencias y reexistencias propiamente identitarias por parte de grupos discriminados tales como colonizados, jóvenes, mujeres, negros, indígenas, lgbtiq +, migrantes, caribeños, entre otros.
Sin embargo, esta publicación no se queda ni en las disquisiones casuísticas y abstractas sobre el principio lógico de la identidad ni en los apasionados debates o disputas identitarias en torno al género, la raza o color de piel, la clase, la generación, el origen social y etnonacional, entre otros marcadores, sino que profundiza epistemológicamente en la manera en que dos jóvenes escritores caribeños, Sarduy y Glissant, en sus respectivas dos primeras novelas ya mencionadas, cuestionan en profundidad el concepto mismo de identidad y trazan la (post)identidad
La publicación hace una apuesta epistemológica que, en la estela de estas cuatro obras literarias, busca develar, deconstruir y subvertir lo que está en la base de los debates formales sobre el principio lógico de la identidad y de las disputas identitarias: el concepto tradicional esencialista de identidad. No se trata en este libro de negar ni un principio lógico abstracto y formal ni un orden real del mundo, tal como lo son el colonialismo, el patriarcado y el racismo, sino de contribuir a crear, desde una nueva base epistemológica, un modo otro4 de pensarse a sí mismo, pensar el mundo y pensar los otros —estos tres sujetos, sí mismo, el mundo y otros, van juntos en el acto
4 Decimos “modo otro” porque queremos subrayar que no es un modo más, sino un modo que parte de otro fundamento y que da a luz otro concepto de identidad, diferente al concepto esencialista.
Prefacio: la cuestión de la identidad _27
de pensar la identidad como concepto—: modo que es otro porque va por fuera de y más allá de dicho concepto tradicional esencialista.
Desocultar el esencialismo epistémico para deconstruirlo desde sus tres pilares
Siguiendo estas cuatro obras literarias caribeñas y, en menor medida, los tres filósofos alemanes Kant, Hegel y Nietzsche, la publicación radiografía tres grandes pilares epistémicos del concepto tradicional esencialista de identidad: el Ser (das Sein), la pertenencia territorial (die territoriale Zugehörigkeit) —que ha llevado inexorablemente al corazón del orden colonial del mundo desde la relación de Occidente con los otros y sus territorios “descubiertos”— y la univocidad del lenguaje (die Eindeutigkeit der Sprache). El esencialismo que sostienen estos tres pilares (así como el mismo concepto de identidad derivado de él) no es visible o patente, tal como el esencialismo biológico o incluso cultural que se ve inmediatamente en el colonialismo, el nazismo y el racismo, ya que se trata del esencialismo epistémico. Este último debe ser tomado muy en serio, en la medida en que se define como aquella idea cerrada y dicotómica —se trata de toda una épistémè, dotada de su principio, su lógica y sus reglas, tal como lo veremos detalladamente en el primer capítulo a partir de las teorías de Michel Foucault, Gilles Deleuze y Félix Guattari— que pretende fundamentar la manera cómo se debe nombrar, entender, pensar, construir, definir y valorar la identidad (personal y/o colectiva) e incluso el concepto mismo de identidad: de esta manera, crea una épistémè identitaria dominante, sumamente excluyente.
De allí la principal invitación que hace este libro a ejercer siempre la autocrítica personal o colectiva sobre la propia identidad —y, de manera más amplia, sobre las nociones y prácticas de ciudadanía y nacionalidad—, poniendo incluso en cuestión el mismo concepto de identidad y siendo conscientes tanto de los pilares epistémicos de este, muy arraigados en el pensamiento y el imaginario, como de su tendencia inherente a estabilizarse, trazar límites o fronteras (que suelen ser muros y no puentes o umbrales), suturarse, cerrarse, encerrarse, radicalizarse, absolutizarse, excluir: esencializarse.
Las cuatro novelas, punto de partida de nuestra investigación y de esta publicación, son estudiadas detenidamente en dos grandes direcciones: a) como un plexo de replanteamientos epistemológicos en torno al concepto de identidad desde el Caribe y b) como un ensamblaje de estrategias escriturales narrativas, lingüísticas, retóricas y literarias que, al hacer literatura o —de manera más amplia— ficción, hacen filosofía en un sentido preciso, justamente deconstruyendo el concepto esencialista de identidad desde sus tres bases epistémicas e inaugurando un nuevo concepto de (post)identidad
28_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe que permite evitar toda esencialización por su triple capacidad de: i) saber que como identidad (e incluso como concepto) está en su propio proceso de construcción de sí misma, ii) ponerse siempre en cuestión y entre paréntesis y iii) reconocer las otras identidades y el mundo en sí misma y también a sí misma en ellas y en el mundo.
El conocimiento del conocimiento sobre las condiciones de posibilidad, alcances y límites de los distintos conceptos de la identidad, incluyendo la (post)identidad
Sin embargo, este libro está más dedicado al análisis teórico-conceptual tanto de las condiciones de posibilidad, alcances y límites de los mencionados replanteamientos epistemológicos como de la misma fundamentación y caracterización de la (post)identidad que las cuatro novelas trazan desde sus estrategias escriturales. En otras palabras, nuestro texto hace un aporte epistemológico pertinente al estudiar el conocimiento del mismo conocimiento de los distintos conceptos de la identidad [tanto el concepto tradicional occidental esencialista como el de la (post)identidad] que se ha manifestado en/desde el Caribe. Por lo tanto, el texto tiene un valor altamente epistemológico, ya que sirve en cuanto producción de conocimiento del conocimiento para desencriptar, desenterrar y desocultar el problema de la identidad que ha sido i) o eludido y negado de manera dogmática (por ejemplo, como principio de la identidad tautológico, pero supuestamente incuestionable) ii) o —cuando se reconoce como problema— mal planteado, malentendido, manipulado, disputado, ideologizado y, sin embargo, conceptualmente clave para deconstruir esencialismos (incluyendo el esencialismo epistémico, el que nos interesa en el libro) y así repensar las temáticas derivadas de ella y relacionadas con ella, cuyo concepto “se presupone dogmáticamente en tantos debates” (Derrida, 1996/1997, p. 27), tales como: ciudadanía, nacionalidad, interculturalidad, hospitalidad y, en general, la relación con los “otros”, en particular, con los grupos discriminados: negros, migrantes, refugiados, indígenas, ex colonizados, lgbtiq + , etc.5
Esta publicación se puede definir como una compleja bisagra —que definiremos detalladamente más adelante— entre: la literatura (vanguardista) y la filosofía (retaguardista); el diseño y aplicación de un novedoso método filológico y el análisis inter/transdisciplinario de un problema social muy actual; los replanteamientos epistemológicos en torno al concepto de la identidad y los debates identitarios específicos
5 En este sentido, sigue la línea de investigación del Instituto de Estudios Sociales y Culturales Pensar- puj sobre la colombianidad. Véase Genealogías de la colombianidad (2008).
Prefacio: la cuestión de la identidad _29 en países, regiones geográficas e incluso en el mundo; la épistémè identitaria dominante y la cartografía del campo de lo posible que la (post)identidad abre desde el Caribe para todo el mundo.
Finalmente, nos invita a mirar hacia tres grandes direcciones que no siempre valoramos con justicia y justeza: i) el Archipiélago del Caribe con sus imaginarios negros, raizales y creoles que constituyen un crisol de creatividad artística, estética literaria y propuestas epistemológicas; ii) la literatura (el arte y la ficción, en general) que tiene la capacidad de hacerlo todo, incluso filosofar sobre problemas complejos; iii) las grandes filosofías, en particular, las que ponen en cuestión conceptos ontológicos fundamentales —el Ser, la Nada y el Devenir— que son parte de las profundas raíces epistemológicas (aunque no siempre visibles, tal como el principio de identidad) de problemas sociales cotidianos. Problemas diarios que suelen tener a) los migrantes y sus descendientes, con los controles de identidad policiacos, ii) los ciudadanos de segunda o tercera generación, con los controles de registro de nacimiento o ciudadanía y, en general, iii) las personas con derecho a la doble nacionalidad (haitiano-dominicanos y colombo-venezolanos, por ejemplo) a las que les niegan la ciudadanía en los dos países y los llevan al riesgo de apatridia. Por citar sólo tres ejemplos concretos.
Este libro es una compleja bisagra por las siguientes razones: la amplitud del objeto de investigación abordado, la argamasa del corpus utilizado —compuesto de material literario, filológico, filosófico, sociológico e histórico— y la intensidad de los debates y reflexiones que se articulan sobre un problema a la vez actual y antiguo, conceptual y situado, epistémico y socio-político, tal como lo es la identidad. A lo largo de la introducción, iremos desgranando las novedades de esta publicación. Esta se propone dos grandes objetivos, a la luz de la gran contribución de las mencionadas cuatro novelas en términos de replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad: a) evidenciar la pertinencia epistemológica (no sólo literaria) —para el mundo de hoy y los debates globales actuales específicamente sobre el mundo, las migraciones, la identidad y la relación con el otro o los otros— tanto de la obra literaria de dos jóvenes escritores caribeños, el cubano Severo Sarduy y el martiniqueño Édouard Glissant, y, en particular, de sus mencionadas y respectivas dos primeras novelas, como de las literaturas caribeñas en general, y b) hacer justicia a estas cuatro obras ficcionales de Sarduy y Glissant que son auténticos artefactos de conocimiento, en la medida en que crean una nueva forma de hacer literatura haciendo filosofía y, en concreto, produciendo conocimiento sobre el concepto de identidad en sí mismo. Las cuatro novelas producen este conocimiento filosófico en dos vías: por medio de la deconstrucción del concepto tradicional esencialista de identidad e inauguración de una nueva forma de identidad [que llamamos la (post)identidad] y también a partir del ensamblaje de complejas estrategias escriturales, específicamente literarias, narrativas, lingüísticas y retóricas que operan esta doble tarea eminentemente epistemológica de deconstrucción e inauguración.
Además, otro dato que es digno de admiración: las cuatro novelas a las que aludimos fueron escritas respectivamente, por ambos escritores, cuando tenían entre 25 y 35 años, estudiaban en París y recién emigraban allá tras la Segunda Guerra Mundial. Por eso, con esta publicación pretendemos hacer justicia no sólo a ambos autores y sus obras, sino también a cuatro realidades que los dos encarnan:
i. El Caribe, incluyendo el Archipiélago colombiano de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, que sigue siendo víctima de la (neo)colonización, excluido e ignorado por América Latina;
32_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
ii. La juventud, en particular, la de aquellos autores que aún no cuentan con ningún prestigio;
iii. La literatura que posee una gran capacidad inter/transdisciplinar para crear o trazar conocimiento, principalmente en ciencias sociales y en filosofía, sobre temas pertinentes, en este caso, sobre el concepto de identidad;
iv. La propia experiencia migratoria como fuente de posibilidad de escritura y producción de conocimiento profundo y propuestas epistemológicas críticas y creativas.
Otra novedad del libro tiene que ver con el contexto sociobiográfico de la posguerra entre París y el Caribe (los años 1950 y 1960 del siglo pasado), en el que los jóvenes autores Sarduy y Glissant redactaron sus novelas: a través de sus trayectorias sociobiográficas podemos reconstruir los distintos mundos intelectuales y políticos de esta época y los diferentes recursos epistémicos que eran disponibles y que los dos utilizaron para hacer los replanteamientos epistemológicos en sus mencionadas obras.
Por una parte, el París de la posguerra, ciudad de destino de ambos escritores migrantes caribeños entre finales de los 1940 y comienzos de los 1960 del siglo pasado, estaba en plena efervescencia intelectual, artística, literaria y sociopolítica, debido tanto a la emergencia de una nueva manera de hacer crítica literaria, la Nouvelle Critique, y de pensar el mundo, el llamado posestructuralismo francés, como a la afirmación social identitaria (iconoclasta) de grupos, tales como los jóvenes, las mujeres1 y los colonizados, en particular, los de las Antillas creolofrancohablantes. Este estado de cosas culminó con varios eventos significativos, entre otros: la creación del Front Antillano-Guyanais pour l’Autonomie en 1961, las revueltas estudiantiles de mayo de 1968 (Mai 68) y el estallido del Mouvement de Libération des Femmes (mlf ) en 1970.
Por otra parte, el Caribe, lugar de origen de ambos autores, enfrentaba a su vez un nuevo periodo histórico, inaugurado por la revolución socialista-comunista cubana de 1959, la ola de descolonización de las islas anglohablantes2 y las reacciones anticoloniales en contra de la ley neocolonial de Departamentalización de 1946 en las Antillas creolofrancohablantes3
1 Véase La génération des blousons noirs (1959) de Émile Copferman y Le deuxième sexe (1949) de Simone de Beauvoir.
2 Véase el primer capítulo.
3 Véase Histoire des Antilles Françaises (2002/2007) de Paul Butel.
Introducción: una compleja bisagra _33
Ahora, más de medio siglo después de la publicación de estas cuatro novelas en el contexto histórico arriba mencionado en París y en el Caribe, ¿qué pertinencia tienen estas cuatro obras hoy?
Responderemos de manera cabal en las conclusiones del libro, pero por ahora queremos simplemente señalar que cualquier respuesta a esta pregunta implica entender qué es lo que las cuatro obras aportaron en su momento histórico al Caribe, a Francia y, en general, al mundo y que, por lo tanto, sería bueno e incluso necesario recuperar y actualizar para nuestro mundo de hoy que se ha visto aquejado por problemas análogos, en particular, el problema central de la identidad.
La búsqueda de la respuesta a esta pregunta se enfrenta con una primera dificultad, relacionada con la ubicación de las literaturas, donde se situarían estas cuatro obras. Además, en la década de los 1950 y 1960, las literaturas cubana y martiniqueña aún no tenían configurada su propia autonomía, tal como se puede evidenciar en el hecho de que, por ejemplo, entre otros escritores, Aimé Césaire clamaba su negritud, Nicolás Guillén su mestizaje y Alejo Carpentier lo real maravilloso, que este cubano nacido en Suiza encontraba como distintivo de Haití y del resto del Caribe 4 De modo más concreto, una de las preguntas, generada por todas las literaturas que “emergieron sobre los territorios del antiguo imperio colonial” (Dumontet, 2015, p. 45), tiene que ver con la definición de su lugar en estos lugares tan complejos, por ejemplo: ¿desde dónde parten estas literaturas?, ¿desde su propio lugar específico o desde el lugar del país (ex)colonizador?5
En el caso específico de las Antillas creolofrancohablantes, es decir, las islas que fueron colonizadas por Francia en el Caribe6, Glissant (1981/1997, p. 329) sostiene que las literaturas de estas parten de los textos de los misionarios católicos franceses que llegaron allí a partir del siglo xvii ; por eso, él entiende que la tarea urgente consiste en que dichas literaturas antillanas logren “nombrarse en el mundo” (ibíd.), es decir, nacer de manera autónoma y desde su propio lugar, pero no para encerrarse en sí mismas, sino para alcanzar el mundo e incluso crear un mundo otro7
4 Véase el segundo capítulo.
5 Esta pregunta se aplica incluso cuando se plantea que son literaturas en movimiento o “sin residencia fija”, tal como lo propone Ette (2005) con respecto a la literatura cubana, ya que el movimiento siempre parte de algún lugar, seamos capaces o no de definir dicho lugar.
6 Véase el primer capítulo.
7 La obra literaria de Glissant se puede comprender como un esfuerzo, desplegado en y por el lenguaje, por crear el mundo desde el propio lugar; en este sentido preciso, se trata de una poética del mundo (véase, entre otros, Fonkoua, 2002; Wald Lasowski, 2015; Biondi, 2005).
34_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
Por otra parte, en entrevista con Joaquín Soler Serrano en el programa televisivo A fondo (1978)8 de la Radiotelevisión Española rtve , Sarduy señaló que lo que caracteriza la literatura cubana es la importancia que tiene en ella lo acústico y sonoro: “La literatura cubana empieza con el Diario de Colón, es decir que, antes de tocar Cuba, ya Colón estaba escribiendo literatura cubana. El Diario de Colón es literatura típicamente cubana” (ibíd.). Si bien el punto de partida de la literatura cubana es Cristóbal Colón, según Sarduy, ella nace con su propia especificidad que hay que seguir desarrollando de manera autónoma. De hecho, la novela en que él plantea de manera explícita la pregunta por lo cubano en general se titula De donde son los cantantes, haciendo una clara referencia a lo musical, lo acústico y lo sonoro como lo determinante de esta identidad9 —y correspondientemente de su literatura— en construcción desde la llegada de Cristóbal Colón en 1492 hasta hoy.
De acuerdo con Ette (2005, p. 754), se puede observar cómo, de manera tímida desde sus inicios10 y de modo cada vez más decidido, la literatura cubana se viene desarrollando “en un depósito de movimientos transculturales, transnacionales y transterritoriales, cuyas dinámicas no pueden reducirse ni a una residencia única ni a una lógica binaria”. Estos complejos movimientos, a los que este pensador alemán hace referencia, vienen contribuyendo, según él, a dislocar esta literatura de la fijeza esencialista del lugar de origen y de las dicotomías derivadas y se concretaron de manera más específica hasta 1989 —fecha que coincide, como lo veremos, con la publicación del manifiesto Éloge de la créolité— con
Antonio Benítez Rojo, emigrado a los Estados Unidos, [quien] anclaría la criollización por él promovida en la estructura económica y social de las plantaciones, tan determinante en todo el Caribe y cuya explosión hunde todo en un movimiento caótico, desordenado y fragmentado. (2005, p. 741)
8 Véase el programa A fondo de la Radiotelevisión española en 1978: < https://www.youtube.com/ watch?v=TvUUzm_cVCk>. [Consultado el 2 de febrero de 2021]
9 A lo largo del trabajo, se sostendrá que esta identidad es una (post)identidad (término que acuñamos con el prefijo post entre paréntesis) y un devenir (concepto que retomamos de Deleuze y Guattari).
10 Por ejemplo, José María Heredia vivió y escribió su obra entre Cuba y México, Gerrudis Gómez de Avellaneda entre Cuba y España, Cirilo Villaverde entre Cuba y Estados Unidos y José Martí entre Cuba, Europa y las Américas (Ette, 2005, p. 729); y en las Antillas llamadas francesas, muchos autores que han sido olvidados por la historiografía literaria antillana, tales como Daniel Thaly, Raphaël Tardon, Gilbert Gratiant, se trasladaban constantemente y producían sus textos entre las Antillas y Francia (Dumontet, 2015, p. 64-69).
Introducción: una compleja bisagra _35
Benítez Rojo definiría de manera sugerente la criollización como un proceso epistémico que indica que cualquier objeto y proceso humano del Caribe, incluyendo la literatura, tiene que ver no con una esencia estática, sino con el cambio constante y el movimiento no lineal ni ordenado, más bien recurrente, discontinuo, desordenado y zigzagueante11 (Ette, 2005, p. 742). La criollización, de la que habla este autor cubano, sería el devenir12 de una identidad cubana que va más allá de su lucha por afirmarse a sí misma, ya que sabe que está en el mundo y en movimiento y, además, tiene plena conciencia de esto. Esta idea de criollización de Benítez Rojo continuaría, según Ette (2005, p. 749), con otros escritores migrantes cubanos, quienes han vivido en “las distintas islas del archipiélago cubano —Cuba y Florida, España y México, Nueva York y París—, e incluso en las Alemania oriental y occidental” e
hicieron surgir la imagen transformada, más flexible, de una cultura cubana que ya no se orientaba en primer término en los binarismos del discurso fundacional de la literatura cubana, entre isla y exilio, entre desterritorialización forzada y reterritorialización añorada. Al contrario, se ha configurado una relacionalidad esencialmente más compleja que ha transferido la lógica traductoria en una lógica multirelacional, que parece distanciarse cada vez más de las definiciones esencialistas de lo cubano. (Ibíd.)
Resulta que, en el mismo año 1989, en que Benítez Rojo propone su idea epistemológica de criollización, surgió el manifiesto Éloge de la Créolité (1989) de tres escritores antillanos creolofrancohablantes, Patrick Chamoiseau, Raphaël Confiant y Jean Bernabé, quienes procedieron a revisitar la historia literaria de la literatura creol-caribeña (Martinica, Guyana, Guadalupe y Haití), tomando en cuenta los diferentes grupos étnicos de estas islas, a saber, indígenas caribes, blancos, africanos, indios (de la India), chinos, sirios (Dumontet, 2015, p. 60). En dicho manifiesto literario los tres escritores creolofrancohablantes empiezan, negando polémicamente las supuestas identidades —que se suelen atribuir al Caribe—, y afirmando por sí mismos su propia “creolidad”: “No somos ni europeos, ni africanos, ni asiáticos, proclamamos que somos creoles” (Chamoiseau, Confiant y Bernabé, 1989, p. 13). Sin embargo, esta afirmación identitaria se aleja de todo esencialismo, ya que los
11 Glissant (1981/1997, p. 48) habla de “détour” y de “retour” como estrategias existenciales en el vécu antillais, mientras que Sarduy se refiere a la necesidad de ir “más allá” en el acto de escribir para que el texto que surja de él sea “hipertélico” (1975/1999, p. 21), retomando esta palabra de Lezama Lima. Glissant y Sarduy atacan la linealidad y la centralidad con la paralaje y la elipse respectivamente.
12 Nosotros desarrollaremos nuestra propia construcción del concepto de devenir que pondremos siempre en cursiva para distinguirlo de otras comprensiones de este concepto.
36_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe tres autores precisan enfáticamente que su actitud interior no es esencialista ya que ellos son conscientes de la necesidad de construir el propio mundo, pero en el mundo (ibíd.).
Así, tal como la criollización de Benítez Rojo, la créolité estaría entonces orientada no a construir una identidad aislada y encerrada en sí misma, sino a tomar conciencia del hecho de estar en el mundo y, con base en ello, crear el propio mundo. La identidad debe construirse en el mundo, ya que ella está en él: tal parece ser el punto fundamental tanto de la criollización como de la créolité. 1989 sería entonces un año clave para el tema de la identidad en el Caribe, por las dos siguientes razones: i) finalmente, pareciera que la identidad en el Caribe se abriría al mundo, donde ella se ve obligada a construirse, y ii) algunas corrientes y obras literarias, en particular, en Cuba y las Antillas creolofrancohablantes, evidenciarían, por ejemplo, a través del concepto español de criollización y la noción francesa-creol de créolité, este nacimiento mundial de ambos lugares (y del Caribe en general) y, por lo tanto, de sus respectivas literaturas. No obstante, este doble presupuesto no toma en cuenta el trabajo anterior que se hizo, al menos en Cuba y Martinica, en torno a la mencionada apertura mundial del Caribe, apertura que llamamos en este libro Caribe-mundo. Incluso cuando se habla de las obras literarias de Glissant y Sarduy en que se manifiesta esta apertura mundial, se suele hacer referencia tanto a la novela Tout-monde (1993) del primero13 —que desde su mismo título evidencia esta vocación— como a Cobra (1972) y Maitreya (1978) del segundo, ya que estas dos obras de Sarduy “con su semántica india, completan el viaje al mundo oriental” (González Echevarría, 1987/2017, p. 73). Por lo tanto, se dejan por fuera las cuatro novelas objeto de estudio —y los textos de ambos autores, entre poemas y ensayos, que fueron escritos anteriormente y trazaron esta idea de Caribe-mundo que más abajo explicamos—, como si ellas no hicieran parte de la dimensión mundial del corpus de la obra literaria de ambos autores. Es como si hubiera dos Glissant y Sarduy: uno mundial y otro anterior, supuestamente aferrado a temas nacionales, en particular, a la identidad caribeña. Entonces, es importante comprender en qué se basa el modo dicotómico de catalogar el corpus literario de ambos autores, para ver si este modo hace justicia a la obra de ambos autores.
13 Véase por ejemplo el libro de Édouard Mokwe sobre varias novelas antillanas, entre otras, Tout-monde. Se trata de: Le roman antillais contemporain: Une écriture de l’enracinement et de l’ouverture (2020).
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El Caribe-mundo o el Caribe que se plantea a sí mismo desde el mundo y viceversa
A contrapelo de estas interpretaciones que se centran en 1989, considerado supuestamente el año de la apertura mundial de la identidad en el Caribe, esta publicación argumenta que Glissant y Sarduy, siendo jóvenes estudiantes en el París de la posguerra, ya habían establecido, en sus dos respectivas primeras novelas escritas entre 1955 y 1965, la relación estrecha entre el Caribe y el mundo. En estas cuatro novelas, los dos jóvenes escritores pensaron por sí mismos14 y escribieron —pensar por sí mismo y escribir o epistemología y escritura equivalen a lo mismo en estas obras, tal como lo veremos— qué significa ser antillano y ser cubano, y dejaron claro que su propia identidad era a la vez: de un lugar específico y situado del Caribe (Cuba para Sarduy y Martinica o, de manera más amplia, las Antillas creolofrancohablantes para Glissant) y del mundo15
Veamos a continuación cómo se establece concretamente esta relación entre el Caribe y el mundo y de qué Caribe y de cuál mundo se trata.
La Cuba de las dos mencionadas novelas de Sarduy “chupó mundo” (1965/1999, p. 335) y está constituida por “cuatro seres distintos” (p. 336): cubano, africano, chino y español, aunque uno de estos cuatro seres —lo cubano— es considerado no un ser en cuanto tal, sino una “impostura” (ibíd.); mientras que las Antillas de las dos novelas de Glissant constituyen un lugar de encuentro del mundo:
Casi todos los pueblos del mundo que se han encontrado aquí. No por un día: desde hace siglos. Y aquí lo tenéis, de aquello ha salido el pueblo antillano. Los africanos nuestros padres, los contratados bretones, los culíes hindúes, los mercaderes chinos. (Glissant, 1958/2001, p. 242)
De estas dos respectivas visiones de lo cubano y lo antillano que están constituidos, cada uno, por identidades provenientes de, al menos, tres continentes del mundo —África, Europa y Asia16—, se puede deducir que las cuatro novelas ya
14 Ambos fueron fieles al lema de Kant (Was ist Afklärung, 1784, p. 481): “Habe Mut dich deines eigenen Verstandes zu bedienen!” (En español, “¡Atrévete a pensar por tí mismo!“). En este sentido, las cuatro novelas se ubican en la tradición kantiana de la Aufklärung
15 Evidentemente ambos reflexionarán sobre qué son “las Antillas”, “Cuba”, lo antillano y lo cubano desde la puesta en cuestión filosófica del mismo vocablo “ser”, y justamente la noción de “mundo” les servirá para esta operación epistemológica, tal como lo veremos más adelante.
16 Como se puede ver, a diferencia de los tres escritores mencionados de la “créolité”, Glissant y Sarduy no niegan las identidades que constituyen lo antillano y lo cubano respectivamente.
38_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
trazan el Caribe-mundo: he allí el punto de partida de este trabajo que busca reivindicar que ellas no sólo abrieron el Caribe al mundo, sino que crearon un mundo otro17 desde el Caribe. En estas novelas, Cuba y las Antillas (y por extensión, todo el Caribe) son parte del mundo, así como el mundo es parte de ambos lugares del Caribe que, por lo tanto, dejan de ser pensados esencialistamente como islas cerradas y encerradas en sí mismas; así como el mundo cesó de ser el espacio centrado sólo en algún país o lugar (por ejemplo, Europa): entonces, el Caribe se desesencializa y se abre mundializándose y el mundo se descentra de Europa construyéndose desde el Caribe. Por lo que, tal como lo veremos más adelante, Glissant hablará de la poética y Sarduy de cosmogonía, esto es, de la creación de los pueblos del Caribe e incluso del mundo, pero desde el Caribe. Se puede decir que el Caribe hace su irrupción en el mundo no como objeto de descubrimiento, sino como cocreador del mundo y no de cualquier mundo: uno que está configurado por la belleza y riqueza del Caribe. Aquí tenemos el primer gran aporte, fundamentalmente epistemológico, de estas cuatro novelas: construyen un Caribe otro y un mundo otro (desde el Caribe), ya que ambos quedan liberados del orden colonial del mundo —tal como fueron planteados por la épistémè identitaria dominante en el Caribe desde la colonización18—, pero sin caer en el esencialismo anticolonial que se limita a ser una simple negación del colonialismo y así termina siendo preso de la misma matriz epistémica dicotómica de dicho orden. Las cuatro novelas van más allá de todos los límites epistémicos del orden colonial del mundo —e incluso de la misma negación de dicho orden, por ejemplo, con la negritud, tal como lo veremos— para ficcionalizar su propio Caribe y mundo19 en los términos arriba mencionados.
17 La noción de “mundo otro” tiene todo su sentido si se toma en cuenta la visión hegemónica occidental sobre la noción de mundo; por ejemplo, Hegel (1837/2016, p. 107) plantea que para Europa (antes del “descubrimiento de América”) el mundo se circunscribía sólo al mundo que se conocía, es decir, al viejo mundo. Según una reflexión interesante que Fonkoua (2002, p. 16) hizo a propósito de la obra de Glissant, pero que se podría aplicar a Sarduy también, acerca del esfuerzo de comprensión del mundo, por parte de los autores provenientes de países colonizados o antiguamente colonizados, es decir, a partir de los mundos otros: “La obra busca a la vez comprender el mundo situando el lugar ocupado por los pueblos que antes estaban oprimidos en este mundo, y determinar qué ha devenido el mundo después de la interrupción de la palabra de estos pueblos, es decir, medir el ‘devenir-mundo’ y sus apuestas en el ‘juego del mundo’ del que habla Axelos” (la traducción del francés al español es mía).
18 Véase el primer capítulo.
19 Esta reflexión vale para los tres aportes con que contribuyen las cuatro novelas, a saber, la construcción de i) un Caribe otro y un mundo otro, ii) una forma de identidad otra y iii) una manera otra de hacer literatura y filosofía y, en general, de crear conocimiento.
Introducción: una compleja bisagra _39
Las obras posteriores de ambos autores20 serán importantes en un sentido preciso: servirán a los dos para precisar, afinar y desarrollar esta ficcionalización, con base en categorías más sofisticadas e incluso en planteamientos teóricos de alcance mundial —en el caso de Glissant, créolisation, Tout-monde, Chaos-monde21 , y, en el de Sarduy, neobarroco, simulación, travestismo, entre otras—. Sin embargo, la fundamentación epistemológica del pensamiento de los dos escritores, en cuanto a su propuesta de la relación entre el Caribe y el mundo (el Caribe-mundo) —y de todas las deconstrucciones antiesencialistas derivadas de esta propuesta clave para las literaturas caribeñas y, en general, para el campo emergente de los estudios caribeños— ya fue colocada por sus respectivas dos primeras novelas y, tal como lo veremos, a partir de estrategias escriturales que son, al mismo tiempo, filosóficas: en las cuatro se articulan escritura y epistemología.
(Post)identidad o la identidad que se pone a sí misma en cuestión
De allí el segundo aporte epistemológico de las cuatro novelas: ellas deconstruyen el esencialismo, es decir, el conjunto de límites, en particular, epistémicos22, que se vienen imponiendo a la identidad —para cerrarla y encerrarla, esencializándola— en el Caribe y esto, desde los inicios de la colonización.
Desde el llamado “Descubrimiento” de América, inició esta esencialización del otro, en particular, del otro caribeño, por ejemplo, a través de los textos escritos por europeos, entre otros: los reportes paraetnográficos —relatos de viaje epistolares, reportes de viajeros, reconocimientos coloniales— y las utopías, tales como viajes extraordinarios, viajes a las tierras de ningún lugar, descripción de un estado ideal (Trouillot, 2011, pp. 36-37)23. Según el escritor cubano Roberto Fernández Retamar, esta específica esencialización del caribeño se evidenciaría en la relación intrínseca que se estableció entre Calibán, Caníbal y Caribe. Fernández Retamar afirma que
20 Sarduy escribió un total de siete novelas, seis colecciones de poesía, cuatro libros de ensayo y seis obras de teatro, mientras que Glissant publicó ocho novelas, nueve colecciones de poesía, más de 15 ensayos (algunos en colaboración, en particular, con Patrick Chamoiseau) y una obra de teatro.
21 Véase mi capítulo en el libro Tramas y conversaciones sobre lo común (2022).
22 Por esta razón, entre otras, hablamos de esencialismo epistémico
23 Entre estas obras, Trouillot (2011, p. 56) cita: Bref récit de Jacques Carrier, Gargantua de Rabelais, Des Cannibales de Montaigne, La citta del sole de Thomasso Campanela, The history of the sevarites de Denis Vairasse d’Alais, Lettres persanes de Montesquieu, Gulliver’s travels de Jonatahn Swift, L’amazone de Bernadin de Saint-Pierre, Voyage et aventures de François Leguat.
40_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
“Calibán es un anagrama forjado por Shakespeare a partir de ‘caníbal’ —expresión que, en el sentido de antropófago, ya había sido empleado en otras obras como la tercera parte de Enrique VI y Otelo—, y este término, a su vez, proviene de ‘caribe’” (2004, p. 22). Shakespeare se habría inspirado en las emergentes narrativas coloniales sobre el Nuevo Mundo para crear este personaje en sus obras. Este imaginario del caribe como Calibán y caníbal ha sido ampliamente expresado en los relatos y otras ficciones de Europa sobre el Nuevo Mundo, de acuerdo con Fernández Retamar (2004, p. 25), quien ve, en esta interpretación del caribe como una bestia deforme y antropófaga, “la versión degradada que ofrece el colonizador del hombre al que coloniza”. Esta esencialización del otro seguiría incluso en las narrativas de los autores de la Ilustración francesa e inglesa, quienes mantendrían una actitud y posición ambigua en torno a la necesidad de liberar o no a los esclavos en las colonias (véase Buck-Morss, 2009).
Sin embargo, en este libro nos fijamos en los límites epistémicos del esencialismo en el Caribe que no se reducen solamente al ya mencionado orden colonial del mundo —a partir de lo que argumenta por ejemplo Fernández Retamar—, sino que abarcan dos otros límites, más sutiles, a saber: el Ser y el lenguaje. Estos tres límites (anti)coloniales24, ontológicos y lingüísticos cierran, encierran y esencializan las dos identidades antillana y cubana en un modelo perfecto, puro y único y en lo que llamamos el modelo del modelo25. Se trata de cuatro modelos específicos que llamaremos: la legitimidad francesa —en general, el modelo occidental—, la autenticidad africana, así como la revolución cubana y el ser cubano, en el caso de las novelas de Glissant y Sarduy respectivamente. Además de estos cuatro modelos específicos, las cuatro obras objeto de estudio deconstruyen el mismo fundamento epistémico del esencialismo: el modelo del modelo. Por ejemplo, ellas no siguen ningún ejemplo, modelo o paradigma para plantear alguna nueva concepción de la identidad en el Caribe: incluso desestabilizan la misma idea de que la identidad debe ser copia de algún modelo (impuesto) que se debe imitar y reproducir. Empiezan por deconstruir la misma idea de perfección, unicidad y pureza: idea que sostiene epistémicamente todos los modelos de identidad —en particular, los modelos esencialistas— y postula la obligación de que todas las copias se acerquen a sus respectivos modelos: el fin de
24 Hablamos de límites (anti)coloniales —poniendo entre paréntesis (anti)— para señalar que son límites propios del orden colonial y de su negación.
25 El orden colonial del mundo, el Ser y el lenguaje en cuanto tres límites epistémicos logran, de manera impositiva, definir de antemano y de manera fija lo más profundo del Caribe, lo que se piensa, se habla y se es: los pilares de la identidad. Se trata de una dominación epistémica, ya que se incrusta en las categorías con las que se piensa y, en particular, con respecto a la propia identidad, en este caso, la caribeña.
Introducción: una compleja bisagra _41 estas copias consistiría en llegar a ser como sus modelos26. Por eso, estas cuatro novelas no parten de ningún ideal o modelo identitario. África, Francia, la revolución socialista-comunista y el mismo “ser” cubano no son afirmados o considerados como modelos —tampoco son negados como modelos—, sino que son puestos en cuestión:
• África se vuelve simplemente el continente de antes que quedó muy lejos del Caribe por culpa de la Trata negrera; las raíces africanas ya están perdidas y de ellas sólo se pueden encontrar algunas traces27 —sobreentendiendo que las huellas de algo son diferentes de aquello del que estas provienen— en la nueva realidad del Caribe; no debería importar la fuente de las traces, sino las mismas traces que están allí;
• Francia es el Centro que está allá (ella se halla en ultramar y no sus colonias) y que, desde lejos, pretende dirigir el destino de unos seres humanos (los antillanos creolofrancohablantes), quienes ni siquiera a ella le importan y que, por tanto, a ellos tampoco debería importarles;
• La revolución cubana no logra eliminar el dolor en La Habana —tampoco le preocupa este problema—, a pesar de la violencia que provocó y de las promesas de los revolucionarios;
• El “ser” del supuesto ser cubano es planteado como una impostura, y no como lo español, lo chino y lo africano que sí son seres, pero cuyo destino es desaparecer; por lo tanto, los tres no son ningún modelo para la supuesta copia del “ser” cubano —“ser” que hay que poner siempre entre comillas— y la impostura cubana se preocupa más por seguir produciéndose como una apariencia (autónoma y propia) de sí misma en vez de imitar y reproducir a algún modelo.
De este modo, las cuatro novelas crean una forma de identidad otra28, ya que ella no sigue ningún modelo y, además, es completa y radicalmente nueva al ca-
26 En este sentido preciso, se podría entender esta deconstrucción que hacen ambas identidades otras como una “mimicry”, concepto acuñado por Bhabha (1994, p. 86), ya que desafían la autoridad colonial y, en concreto, su modelo impuesto autoritariamente, generando una diferencia con respecto a dicho modelo y dejándolo todo (en particular, la propia identidad) abierto e indeterminado.
27 Aquí entendemos por traces, en parte, lo que Derrida (1992, p. 85) caracteriza como lo que no es “ni presencia ni ausencia” y va más allá de “la lógica binaria, opositoria o dialéctica” (Ibíd.), pero nos alejamos de él cuando afirma que la singularidad de las traces no es “todavía ni lenguaje, ni palabra, ni escritura” (Ibíd.), ya que las traces africanas en el Caribe constituyen concretamente un conjunto de paisajes, historias, memorias, rasgos culturales, religiosos y lingüísticos que perviven en esta región geográfica.
28 La pregunta que brota de lo planteado es si esta nueva forma de identidad no se puede considerar un modelo o si vale la pena seguirla llamando identidad; trataremos esta cuestión en las conclusiones.
42_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe racterizarse por: i) partir de un país real o de un lugar situado, Cuba y las Antillas, ii) tomar conciencia de estar en el mundo, que se evidencia en dicho lugar situado donde están al menos tres continentes, y iii) estar en constante producción de sí misma y en función de sí misma (y no de ningún modelo), aunque en relación con otras identidades y sin estar sometida a ningún origen ni fin preestablecidos de antemano y de manera fija y esencializada. Esta forma de identidad otra, la llamamos (post)identidad29 porque
• Rompe con la validez epistemológica de la manera ontológica y esencialista de construir la identidad con base en un modelo específico —considerado perfecto, puro y único, como todos los modelos— y en el modelo del modelo considerado el fundamento de todos los modelos específicos: de allí brota el sentido que le damos al prefijo post para ubicar esta forma de identidad otra más allá de (y no simplemente en contra de, como si fuera una simple negación) los pilares epistemológicos del concepto esencialista tradicional de identidad;
• No propone otro modelo más de identidad (rompe de raíz con el modelo del modelo), porque ella toma conciencia de que está en permanente construcción y produciéndose constantemente a sí misma; por lo que ponemos el (post) entre paréntesis justamente para subrayar este carácter abierto, procesual y siempre cuestionable de esta nueva forma de identidad que caracterizaremos como un devenir, siguiendo la conceptualización que hacen Deleuze y Guattari (1980).
29 Se utiliza este concepto en el ámbito anglosajón, post-identity, para referirse a estas dos cosas diferentes, sea como el no tomar en cuenta las diferencias culturales específicas en sus marcadores de género, etnia, clase social o el incorporar estas diferencias dentro de una multiplicidad heterogénea y no en algo así como una súper síntesis o unidad homogénea:
1. “La post-identidad se puede definir como el proceso de asumir una perspectiva, específicamente con respecto a la raza, el género y la sexualidad, pero sin centrarse en la diferencia cultural. Aplicar la ‘post-identidad’ al mundo del arte significaría mirar al arte y a los creadores de arte sin centrarse en la raza, el género y la sexualidad”. Véase California Museum of Art Thousand oaks en este enlace: https://cmato.org/postidentity [Consultado el 15 de enero de 2021]
2. “El post en post-identidad y post-género rechaza una práctica más antigua que consistía en reclamar la exclusividad. Aquí se trata del mismo movimiento, pero aplicado a un objeto diferente: en este caso, la pureza. Este ‘post’ marca la preferencia por incorporar todas las diferencias en una mezcla heterogénea en lugar de clasificar diferentes fenómenos en segmentos o subgrupos internamente homogéneos. Véase ¿Es el Post- en post-identidad el Post- en post-género? (https://docs.google.com/document/d/1_Vr lVN0d3ROYMkJFfaA5JJ7_6jYe3SwhcmFWEgjoxIY/edit [Consultado el 15 de enero de 2021]
Introducción: una compleja bisagra _43
En otras palabras, la (post)identidad se deriva de nuestro proceso de pensar filosóficamente este nuevo concepto de identidad o —tal como lo indica el subtítulo del libro— emana de los replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad. Más precisamente, ella resulta del hecho de que esta identidad otra inaugura una nueva era epistemológica para el abordaje de la identidad como concepto. Se puede observar cómo se viene aplicando la expresión gramatical y epistemológica post al tema de la identidad, por ejemplo, en dos conceptos acuñados en las últimas décadas en Alemania: postnationale Konstellation30 de Habermas (1998/2005) y postmigrantische Gesellschaft31 de Foroutan (201032 y 201533), pero hay diferencias entre estos dos usos del post y nuestro concepto de (post)identidad
Por ejemplo, podemos ver las semejanzas entre estos dos usos específicos del post y nuestro propio concepto de (post)identidad, en torno al reconocimiento epistemológico de que:
1) Todas las identidades colectivas no son puras y ninguna identidad nunca lo ha sido; las cuatro novelas nos hacen ver esta novedad, desde su misma descripción de la identidad antillana y cubana. Este carácter impuro de las identidades colectivas, en particular, en la Europa de la posguerra, es lo que recoge el concepto de postnationale Konstellation de Habermas34;
2) Todas las sociedades en el mundo globalizado de hoy, debido a la creciente presencia de migrantes en ellas, son o tienden a ser resultado de la inmigración, es decir, a ser consideradas y aceptadas como heterogéneas inevitablemente desde su misma estructura y como un todo; las cuatro novelas muestran cómo ya desde los siglos xvi y xvii Cuba y las Antillas se formaron con pueblos inmigrantes que vienen de, al menos, tres continentes. Este carácter intrínsecamente migrante y, por lo tanto, heterogéneo de las sociedades glo-
30 Constelación postnacional (N.d.A).
31 Sociedad postmigrante (N.d.A).
32 Véase también Foroutan, N. (2010). Neue Deutsche, Postmigranten und Bindungs-Identitäten. Wer gehört zum neuen Deutschland? Bundeszentrale für politische Bildung (bpb ), 8.11.2010. Enlace: https://www.bpb.de/apuz/32367/ neue-deutsche-postmigranten-und-bindungs-identitaeten-wer-gehoert-zum-neuen-deutschland?p=all
33 Véase Foroutan, N. (2015) Post-Migrant Society, Bundeszentrale für politische Bildung (bpb ), 21.4.2015. Enlace: https://www.bpb.de/gesellschaft/migration/kurzdossiers/205295/post-migrant-society
34 La postnationale Konstellation es, según Habermas (1998/2005, p. 91), el proceso en que “el Estado territorial, la nación y una economía constituida dentro de las fronteras nacionales han formado una constelación histórica en la que el proceso democrático podía tomar una forma institucional más o menos convincente“, pero esta constelación se ve seriamente afectada por la globalización, este conjunto de procesos que ponen en cuestión esta formación y cuestionan, por ejemplo, la misma idea de nación (p. 95).
44_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe balizadas de hoy es lo que recoge el concepto de postmigrantische Gesellschaft de Foroutan35.
Sin embargo, este nuevo concepto de identidad o (post)identidad, inaugurado por las cuatro novelas, es mucho más avanzado porque va más allá de este reconocimiento factual o empírico (ex post) que hacen la postnationale Konstellation y la postmigrantische Gesellschaft. La (post)identidad plantea algo mucho más radical y novedoso epistemológicamente: se trata del reconocimiento, por parte de cualquier identidad, de la presencia de las otras identidades en sí misma; por lo que siempre hay que poner entre paréntesis el mismo concepto de identidad porque ya se rompió la frontera entre dónde empieza y termina la diferencia entre una identidad (la propia) y las otras. Poner entre paréntesis el mismo concepto de identidad significa pensar filosóficamente la identidad más allá del post, con el que —por ejemplo, tal como lo han hecho la postnationale Konstellation y la postmigrantische Geselsschaft— se han definido las características de las identidades específicas o particulares en las sociedades globalizadas de hoy. En pocas palabras: una vez reconocidos los dos hechos sociológicos y políticos —esto es, el carácter a la vez difuso de las fronteras del Estado-nación y heterogéneo de la estructura socio-étnico-demográfica de sus sociedades— que dan cuenta ambos post de Habermas y Foroutan sobre Europa y el mundo globalizado de hoy, podemos preguntar: ¿Y ahora qué?
A esta pregunta responde justamente nuestro concepto de la (post)identidad, cuya especificidad radica en que no se queda simplemente en los procesos identitarios: por ejemplo, las cuatro novelas se ubican en un nivel epistemológico muy profundo ya que ponen en cuestión y entre paréntesis el mismo concepto de identidad y no simplemente las dinámicas, procesos y cambios “identitarios” (Descombes, 2013/2016, p. 6), en particular, los relacionados con las identidades específicas, personales y colectivas del Caribe. Lo identitario depende filosóficamente del concepto de identidad que se adopta consciente o inconscientemente: por ejemplo, un concepto cerrado, excluyente o esencialista de identidad lleva inexorablemente a conflictos identitarios36.
De allí la necesidad y pertinencia tanto de los replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad que las cuatro novelas proponen como de la propuesta de la (post)identidad que ellas cuatro trazan e inauguran. La (post)identidad invita a poner entre paréntesis
35 Véanse las conclusiones.
36 Este argumento es desarrollado por el profesor alemán-coreano Byung-Chul Han en su libro Abwesen. Zur Kultur und Philosophie des Fernen Ostens (2007). Véanse las conclusiones.
Introducción: una compleja bisagra _45 el concepto mismo de identidad —más allá de todo post—; esta puesta entre paréntesis es filosófica, ya que consiste en una estrategia epistemológica que viene de una larga tradición occidental, desde los griegos, y que culmina en la fenomenología de Husserl, en su concepto de epochè37. En el contexto también filosófico de estas cuatro novelas, la puesta entre paréntesis a la que ellas cuatro convocan consiste en adoptar una actitud de constante vigilancia epistemológica frente al concepto mismo de identidad y a sus diferentes usos, incluyendo aquellos que usan el prefijo post.
Ficciones filosóficas (post)identitarias o el lenguaje que se pone en escena a sí mismo
El tercer aporte de las cuatro novelas, también epistemológico, evidencia que estas crean también una manera otra de hacer literatura y filosofía y, en general, de crear conocimiento. Podemos considerar este aporte como el culmen de su contribución epistemológica, por lo que es necesario comprender cómo se hizo posible. Recordemos que estas cuatro obras no sólo deconstruyen el orden colonial del mundo y su matriz ontológica y epistemológica dicotómica38, sino también dos de las categorías más importantes de Occidente que se pueden convertir en límites epistémicos para la identidad: el Ser y el lenguaje. Esta triple deconstrucción epistemológica se hace con, desde y en la escritura. En este sentido, la escritura se vuelve el medio o el escenario —y no una simple herramienta de comunicación— para no sólo producir obras literarias, sino también para hacer filosofía: en ella se articulan formas y contenidos. Así, hacer literatura no se limita a producir una obra que respete las reglas de la lengua o de un género literario o que incluso contraataque dichas reglas, como lo hace por ejemplo el Nouveau Roman o el Anti-roman en general39. Se trata de hacer que el lenguaje se ponga a sí mismo en escena para jugar con sus códigos de significación ya establecidos, decodificándolos y recodificándolos y, así, ir creando al hilo de su autopuesta en escena o de su performance lúdica una nueva visión repensada de la (post)identidad, del Caribe y del mundo, más allá de los mencionados tres límites epistémicos ya transgredidos y superados.
37 De manera precisa, la epochè es parte del proyecto fenomenológico de Husserl y que marca el primer momento en que la conciencia renuncia al mundo o no acepta nada, ni siquiera el mundo, con miras a hacer una reducción fenomenológica, es decir, para llegar a la esencia de las cosas (vgl. Fink, 1932/1988).
38 Véanse los capítulos segundo y tercero.
39 Véase el segundo capítulo.
46_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe
Este juego del lenguaje consigo mismo, como si el lenguaje fuera un “fetiche” (Sarduy, 1972/1999, p. 1250) o este “discurso sobre el discurso” (Glissant, 1981/1997, p. 17), es lo que ambos llaman neobarroco y poética del universo40 respectivamente; la intencionalidad de ambas performances lúdicas del lenguaje consiste precisamente en hacer que este actúe por sí mismo, se escenifique y se (re)presente —se trata de una performance en todos los sentidos de esta palabra— como si estuviera en un juego consigo, pero un juego que paradójicamente juega de manera seria41 con las reglas gramaticales, sintácticas, novelísticas, literarias, históricas y filosóficas, entre otras. La escritura se vuelve entonces el medio privilegiado donde el lenguaje hace esta performance lúdica consigo misma. De allí brota la importancia de identificar y analizar esas complejas estrategias escriturales para comprender la específica performance del lenguaje y también el trabajo epistemológico realizado por medio de ella: performance que Sarduy (1972/1999, p. 1393) llama “operación barroca” compuesta por el artificio y la parodia y que Glissant (1964, p. 169) llama “arte de retratar” (en francés, art de portraiter).
Tanto el artificio y la parodia o el neobarroco sarduyanos como el “arte de retratar” glissantiano son performances del lenguaje que —repitiendo algunos significantes, obras anteriores y elementos históricos y culturales de Cuba, y acumulando detalles aparentemente insignificantes que se añaden contraponiéndose al discurso oficial sobre la historia de Martinica y las Antillas respectivamente— decodifica y recodifica el mismo lenguaje para, así, contrastar, fragmentar, pulverizar, desestabilizar y, desde diferentes posiciones, expandir el universo narrativo y epistémico de las comprensiones, visiones, versiones e interpretaciones ya establecidas en torno a la historia, la realidad y, en particular, la propia identidad. Es como si el lenguaje necesitara performarse —en todos los sentidos que tiene esta palabra performance, esto es, jugar consigo mismo, trabajarse, representarse, mostrarse, escenificarse y producirse a sí mismo— y, justamente, en sus performances lúdicas va realizando la deconstrucción epistemológica, en particular, sobre la identidad como problema y concepto.
Por ello también, para las cuatro novelas, hacer filosofía cobra otro sentido. Por una parte, se trata de pensar por nosotros mismos sobre quiénes somos; de esta manera, las cuatro novelas no hacen sino actualizar lo que Kant y, en general, los filósofos
40 Se trata de la “poética del universo, en la que cada voz cuenta y cada experiencia explica” (Glissant, 1981/1997, p. 18). En el segundo volumen de esta publicación, nos centraremos en la poética del universo, tal como lo plantea Glissant, ya que da cuenta de manera más clara y precisa epistemológicamente cómo funciona este metadiscurso para hacer que el lenguaje rompa con todo esencialismo.
41 Véase la interpretación y aplicación de la teoría del juego que hace Gadamer en su libro Wahrheit und Methode (1960/1990). Retomaremos este concepto de juego en el capítulo conclusivo del trabajo.
Introducción: una compleja bisagra _47 ilustrados de la modernidad europea plantearon sobre la necesidad de salir de la minoría de edad para atreverse a pensar por sí mismo pensándose a sí mismo (doble movimiento del pensar). Por otra parte, se realiza este pensar por sí mismo, pero de manera mucho más radical que los filósofos de la Ilustración por las dos siguientes razones. Primero, las cuatro novelas deconstruyen la categoría más importante de la filosofía tradicional, esto es, el Ser42. Segundo, esta deconstrucción epistemológica del Ser no se hace al estilo tradicional, es decir, con una argumentación sustentada en la misma lógica occidental43 —en la que, además, se usa el lenguaje como instrumento para filosofar—, sino con la puesta en escena del lenguaje por y en sí mismo: incluso esta performance lúdica del lenguaje se hace con palabras, enunciados literarios y, en general, con estrategias escriturales que constituyen en sí la misma acción de filosofar. Por lo tanto, las cuatro novelas hacen literatura con la filosofía y viceversa, y así deconstruyen también las formas tradicionales (y dicotómicas) de hacer literatura y filosofía, inaugurando así una manera otra que llamamos “ficción filosófica (post)identitaria” —siguiendo “la nueva ficcionalidad” de Rancière (2000/2009) y “la nueva manera de filosofar” de Foucault44 (1988/1994)— y que difumina las fronteras entre ambas:
• Ficción porque las cuatro novelas forjan, con palabras y enunciados literarios, estrategias escriturales que ensamblan unos modos específicos de usar los recursos de la narración, la lengua, la oralidad, la gramática, la novela, la misma literatura, entre otros;
• Filosófica porque estas estrategias escriturales constituyen en sí mismas la deconstrucción epistemológica del concepto esencialista de la identidad: escritura y epistemología van juntas;
• (Post)identitaria porque dichas estrategias escriturales-epistemológicas inauguran también la (post)identidad, es decir, una identidad otra —no anclada ni en el Ser ni en ningún modelo, sino planteada desde otra base epistemológica que no es sino su propio proceso de construcción de sí misma, su propio devenir—, situada en un Caribe otro (desesencializado) y abierta a un mundo otro
42 Tarea a la que se dedicarán posteriormente Jacques Derrida, Michel Foucault, Gilles Deleuze, entre otros.
43 Justamente al deconstruir la categoría más fundamental de la filosofía, el Ser, se deconstruyen también los mismos principios de la lógica, a saber, el principio de identidad, así como los dos otros que se relacionan con él: los principios de no contradicción y el tercero excluido.
44 Véase el segundo capítulo.
48_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe (descentrado), por fuera de y más allá de todos los límites epistémicos y, en particular, del orden colonial del mundo, del Ser y del lenguaje.
Con base en específicas estrategias escriturales-epistemológicas que fundamentan una identidad otra, un Caribe otro y un mundo otro, las cuatro novelas en cuanto ficciones filosóficas (post)identitarias terminan por crear también una manera otra de crear conocimiento, poniendo a jugar todas las formas de discurso, en particular, la literatura, la filosofía, la etnología, la historia, la semiótica, el arte y, en particular, la pintura y la música. Primero, las cuatro novelas rompen con la manera de crear conocimiento en que tradicionalmente se habla de respetar o transgredir las reglas de los campos disciplinares, de los registros procedimentales de los discursos —por ejemplo, de la filosofía y la literatura, tal como lo mencionamos arriba— e incluso de las características de los géneros literarios. Segundo, inauguran un modo otro de producir conocimiento que consiste en recuperar —repitiendo y acumulando45— todos los recursos epistémicos disponibles y posibles para construir no un antimodelo o un nuevo modelo (sintético, ecléctico, erudito) de conocimiento como la Aufhebung hegeliana, sino para dejar todas las formas de discurso, lenguaje y conocimiento indeterminadas y abiertas, por ejemplo, a las preguntas del escritor o del lector. En el caso preciso de las cuatro novelas, la pregunta que les interesa a ambos autores y que los lleva a movilizar todos los mencionados recursos epistémicos es qué significa el “ser” de lo antillano y lo cubano; para ello, Glissant acude a la filosofía, la etnología y la historia, mientras que Sarduy recurre al arte, al action painting, la música cubana, la historia, la etnología, la semiótica, el psicoanálisis lacaniano y la filosofía46. La escritura se convierte en el escenario de juego entre estos diferentes discursos disciplinares, registros epistémicos, racionalidades y formas de lenguaje: juego en el que se van creando una identidad otra, un Caribe otro y un mundo otro. Se trata finalmente de un modo otro de crear conocimiento, de manera específica, sobre la propia identidad no para solucionar el problema identitario en cuanto tal, sino para deconstruir el concepto esencialista tradicional de identidad desde sus pilares epistemológicos y ontológicos y replantearlo desde otra base epistemológica, en el caso específico de las cuatro novelas, con miras a abrir la propia identidad y
45 La repetición sarduyana y la acumulación glissantiana no son simplemente figuras retóricas, son acciones epistemológicas, en el sentido de que hacen parte de un conocimiento sobre las condiciones de posibilidad y los límites de todo conocimiento, en particular, en torno a la identidad.
46 Evidentemente no podemos en esta investigación mostrar cómo está presente en las cuatro novelas cada uno de estos recursos, nos enfocaremos sólo en los recursos de la filosofía ya que en ello se centra nuestro trabajo.
Introducción: una compleja bisagra _49 el mismo Caribe a un mundo otro47. Los conocimientos utilizados por ambos autores sirven a sus respectivas novelas para construir tanto el mundo otro —en el que la identidad y el Caribe se replantean a sí mismos— como un Caribe otro, desde el que se replantea el mundo: se trata de un juego entre Caribe y mundo, juego en el que el lenguaje asume el papel fundamental con su performance y la escritura se vuelve el escenario de todo ello.
Tal como se puede ver, no se trata de contraponer de manera binaria y dicotómica otra identidad, otro mundo y otro Caribe con los ya existentes, bajo el riesgo de mantener la misma vieja fundamentación epistémica; se trata más bien de deconstruir dicha fundamentación ontológica-esencialista para crear algo total y radicalmente nuevo, esto es, sobre otra base epistemológica48
De allí resulta una de las preguntas que busque resolver esta publicación: ¿Cómo lograron ambos jóvenes estudiantes, Glissant y Sarduy, adquirir esta sólida cultura intelectual en filosofía, ciencias sociales y arte y esta conciencia crítica con respecto a su propia “identidad” (cubana y antillana), para poder construir esta nueva base epistemológica en las cuatro novelas?
La respuesta49 a esta pregunta requirió de un trabajo de archivo en París, en particular, en las bibliotecas de la Sorbona, École du Louvre y Présence Africaine, entre otras, para poder reconstruir los escenarios intelectuales en los que ambos participaban y, sobre todo, los conocimientos y otros recursos epistémicos que eran disponibles en aquel entonces y que ambos utilizaban efectivamente.
Por ejemplo, Glissant estudió filosofía en la Sorbona, donde recibió la asesoría de Jean Wahl, un filósofo existencialista y uno de los primeros filósofos que introdujeron a Hegel en Francia durante la Hegel-Renaissance50; mientras se formaba en etnología en Musée de l’homme, donde adquirió los conocimientos fundamentales —renovados en profundidad en la posguerra por Claude Lévi-Strauss— de las ciencias sociales y
47 Hablamos de inauguración porque esta apertura permite dar principio a un Caribe otro y un mundo otro y a una identidad otra que llamamos (post)identidad, esto es, inaugura el campo de lo posible.
48 Es la razón principal por la que hablamos no de otra identidad, sino de una identidad otra, entiéndase completamente otra: por fuera de y más allá del concepto tradicional y la épistémè dominante en torno a la identidad.
49 Los datos biográficos se pueden consultar en el tercer capítulo de este trabajo, además de los archivos consultados por nosotros en París principalmente en las bibliotecas de la Sorbona, École du Louvre y Présence Africaine, tales como archivos audiovisuales, manuales de los cursos de los profesores de ambos, curriculum de las carreras de los dos jóvenes autores, actas de reunión, fotos, trabajos de grado, entre otros documentos. Véase el tercer capítulo y la bibliografía.
50 Véase Li Vigni (2005).
50_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe humanas, en particular, la etnología, sobre el estudio de la cultura y, en particular, de las sociedades colonizadas y no europeas (véase Fonkoua, 2002 y Colin, 2008).
Por otro lado, Sarduy estudió historia de arte en la escuela del Musée du Louvre y asistió a los cursos de semiótica que dictaba Roland Barthes en École des Hautes Études en Sciences Sociales (ehess ), mientras que leía todo lo desarrollado por el psicoanalista Jacques Lacan y lo que se escribía en la literatura latinoamericana de la época y que él contribuyó a traducir del español al francés (véase Rojas, 2013; Macé, 1992; Nouhaud, 2009).
Además, ambos jóvenes participaron activamente en espacios literarios, culturales e intelectuales donde se debatía a propósito del lenguaje, la escritura y la literatura, así como de la identidad latinoamericana y la condición negra51
Sarduy asistía a las reuniones del grupo Tel Quel, centro de la Nouvelle Critique y de lo que se llamará más tarde el posestructuralismo francés y a los debates entre los escritores latinoamericanos, que se conocerán después como el boom latinoamericano (véase Forest, 1995; Rojas, 2013); además, él contribuyó en Éditions du Seuil como “director de la colección hispanoamericana” (Guerrero, 2002, p. 186) a la traducción al francés de gran parte de las obras literarias latinoamericanas, en particular, la novela Paradiso de su maestro cubano, Lezama Lima.
Glissant frecuentaba el órgano principal de promoción y difusión cultural e intelectual de los negros en París, Présence Africaine, que creó la Société Africaine de Culture y organizó dos Congresos internacionales “Congrès des Écrivains et Artistes noirs” —el primero tuvo lugar en París en 1956 y el segundo en Roma en 1959— en que participaron los intelectuales y artistas negros más destacados de Europa, América y África52 de entonces (véase Présence Africaine, 1958, 1959).
Con este trabajo de archivo que hicimos sobre estos específicos mundos históricos, en los que los dos jóvenes autores participaron y que influyeron epistemológicamente en ellos, logramos reconstruir el proceso de formación en ambos:
• De la mencionada sólida cultura intelectual —al menos para su joven edad— en filosofía, literatura, arte y ciencias sociales, por medio de la adquisición de las herramientas epistemológicas necesarias para que cada uno pensara por sí mismo pensándose su propia identidad, el Caribe y el mundo;
• De una conciencia clara, crítica y profunda de la cuestión de la identidad en términos filosóficos —de allí el problema del Ser y del lenguaje que am-
51 Véase el tercer capítulo.
52 Véase el tercer capítulo.
Introducción: una compleja bisagra _51 bos plantean de manera tan incisiva— y también históricos y etnológicos, relacionados en particular con la cuestión colonial e ideológica propia de la posguerra, en la que el mundo era dividido entre Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (urss ) y conocía una ola de descolonizaciones.
¿Por qué y para qué volver a estas cuatro novelas?
Una vez subrayados los tres aportes sustanciales de las cuatro novelas en términos de la triple construcción de i) un Caribe otro y un mundo otro, ii) una identidad otra y iii) una manera epistemológica otra de hacer literatura, filosofía y, en general, de crear conocimiento, podemos ahora comprender mejor por qué y para qué es necesario volver hoy a estos cuatro textos de la vasta bibliografía de ambos autores.
El porqué se relaciona con la justificación, cada vez más evidente, de que estas cuatro novelas merecen ser reconocidas no sólo como textos literarios —lo que sí se hizo53—, sino como un conjunto de replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad que, de manera específica, han contribuido a i) repensar la identidad en el Caribe; ii) actualizar la filosofía occidental, por ejemplo, la filosofía kantiana, hegeliana, nietzscheana y, en general, de la Ilustración (Aufklärung), desde el esfuerzo de ambos jóvenes autores por pensar por sí mismos la propia identidad, su lugar caribeño y el mundo, no a imagen y semejanza del modelo universal y único del Ser fijo, estable y permanente, sino como un devenir constante y procesual que no sigue ningún modelo.
El para qué tiene que ver con la necesidad de recuperar varios aportes intelectuales pertinentes para hoy que visibilizan estas cuatro novelas, por ejemplo, los de los mismos antecesores de sus respectivos autores: la triple contribución, literaria de Aimé Césaire, etnológica de Suzanne Césaire y etnopsiquiátrica de Frantz Fanon en el caso de Glissant; la triple contribución, literaria de José Martí, neobarroca en Lezama Lima y antropológica de Fernando Ortiz, en el caso de Sarduy. Se puede
53 Por ejemplo, Sarduy recibió en 1972 el célebre premio “Prix Médicis Étranger” por su novela Cobra y toda su producción literaria que incluía las dos novelas objeto de estudio; mientras que Glissant obtuvo en 1958 el prestigioso premio francés “Prix Renaudot” por su novela La Lézarde (1958/2001) y en 1965 otro reconocido premio europeo “Prix Charles Veillon” por su novela Le quatrième siècle. Para más información, véase en la bibliografía los siguientes documentos de archivo de Institut National de l’Audiovisuel (ina ), publicados por Institut du Tout-Monde: https://www.youtube.com/watch?v=x-T9zXNm6IQ y https://www.youtube.com/watch?v=eAYq19RhmeE, así como Le Monde, Le Médicis étranger attribué à Severo Sarduy. París, 28 de noviembre de 1972: https://www. lemonde.fr/archives/article/1972/11/28/le-medicis-etranger-a-severo-sarduy_2397889_1819218.html
52_ (Post)identidad: replanteamientos epistemológicos en torno a la identidad desde el Caribe recuperar también en estas cuatro novelas los aportes epistemológicos releídos y revisitados de filósofos de Occidente, desde Parménides y Heráclito hasta Kant, Hegel y Heidegger en torno a la cuestión del Ser y del Devenir (las dos bases filosóficasontológicas del problema de la identidad).
Todos estos aportes que se pueden palpar en el tejido literario de las cuatro novelas siguen presentes y disponibles en estas y, de hecho, podemos hoy regresar a los mencionados aportes, jugar con ellos y recrearlos. Esto terminó haciendo de dichos aportes una fuente epistemológica dinámica y no impositiva que permite repensar los problemas de nuestro mundo actual, en particular, el problema de la identidad que permanece hasta hoy y que incluso se recrudece cada vez más fuertemente bajo la forma de ataques y repliegues identitarios en Estados Unidos y Europa, entre otros lugares del mundo.
Nuestra publicación se entiende entonces como una performance de esta performance lúdica del mismo lenguaje que hacen las cuatro novelas a través del neobarroco repetitivo sarduyano y la poética del universo acumulativa glissantiana. Para ello, estilizamos una propuesta metodológica para estudiar los textos: método, al que damos el mismo nombre ficciones filosóficas (post)identitarias que las mencionadas cuatro novelas objeto de estudio y que busca identificar y analizar las estrategias escriturales propuestas (aplicaremos a título de ejemplo el método a las dos novelas de Sarduy en el tercer capítulo) por estas obras y así definir su doble contribución epistemológica, a saber, deconstruir el esencialismo e inaugurar la nueva visión de una identidad otra. Nuestra principal contribución consiste entonces en crear y aplicar nuevas herramientas conceptuales y metodológicas para evidenciar y analizar cómo estos cuatro textos articulan su modo de escribir y lo que escriben: la mencionada deconstrucción epistemológica del concepto esencialista de la identidad y la inauguración de la (post)identidad. Así lograremos resolver nuestra pregunta central: ¿Cómo deconstruyen estas cuatro novelas, epistemológicamente y desde su misma escritura, la manera esencialista de construir las identidades en el Caribe y cómo inauguran una nueva visión de la identidad caribeña abierta al mundo?
Se responderá con propiedad esta pregunta de esta forma: definiendo tanto los términos específicos de los debates sobre la identidad en el Caribe como el por qué hay que replantear epistemológicamente el concepto tradicional-esencialista de identidad (capítulo i ); mostrando en qué consiste la deconstrucción de los modelos identitarios, resultado de la manera esencialista de construir las identidades en el Caribe (capítulo ii ), cómo se hace tal deconstrucción desde las estrategias escriturales (capítulo iii ) y desde dónde, esto es, situando de manera sociobiográfica, en particular, en el París de la posguerra, la emergencia epistemológica de la nueva visión o concepto
Introducción: una compleja bisagra _53 de identidad, a saber, la (post)identidad (capítulo iv ); conceptualizando la (post) identidad como un devenir a partir de una interpretación desde Deleuze y Guattari (capítulo v ); y abriendo los debates sobre la pertinencia de la (post)identidad en los debates globales actuales sobre temas cruciales como el mundo, las migraciones, la identidad y el otro (capítulo vi : conclusiones).
Este libro, que se presenta como una compleja y exhaustiva indagación sobre la cuestión de la identidad, busca responder en cada uno de sus seis capítulos a las seis preguntas por qué, qué, cómo, desde dónde, hacia dónde y para qué, en las que está envuelta la cuestión de la identidad, atrapada entre un concepto esencialista, herencia impuesta por Occidente y objeto de replanteamientos epistemológicos desde el Caribe, y un concepto otro en proceso de construcción o inauguración.