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GANAR LA GUERRA

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En torno a Ganar la guerra

Magdalena Broquetas

Texto leído en la presentación del libro en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación

Cultura, sociedad y política en el Uruguay autoritario 1967-1973

Nos reunimos para celebrar y compartir este nuevo libro de Magdalena Broquetas, que es la culminación de una década de investigación y elaboración para conocer, interpretar y arrojar luz sobre temas y coyunturas que no se habían puesto en valor con la claridad que lo hace ahora “Ganar la guerra”.

Pocas veces es tan claro, sostenido y coherente, y no hago una simple acumulación de adjetivos, el proceso de construcción de una obra historiográfica como en el caso de Magdalena. Pionera en abrir en la historiografía uruguaya el estudio de las derechas, también en la revisión de las periodizaciones clásicas, en la incorporación de fuentes no tradicionales (la imagen, la fotografía) y en problematizar asuntos -por ejemplo el origen de la violencia social y política que precedió a la dictaduraque están en el orden del día académico, político y periodístico. Pero además Magdalena no ha hecho su trabajo en solitario pues también promueve, alienta y acompaña el trabajo de historiadores e historiadoras como los que integran el Grupo de Estudios Históricos sobre las Derechas en Uruguay.

El libro tiene un título neto, directo, se diría osado, pero que encuentro acertado y pertinente. Ganar la guerra. En efecto, la obra muestra como en el período 67-73 hace carne, es preocupación, leit movit y hasta obsesión la idea de que un enemigo está enquistado en el sistema político, en la administración, la enseñanza, los sindicatos, la cultura y la familia y que ese enemigo pone en riesgo la existencia misma de la Nación. Estamos en guerra y es una guerra de sobrevivencia. El enemigo está esencialmente asociado al comunismo.

Ganar la guerra propone una cartografía política, social y cultural de los territorios en los que se desarrolla la guerra: el frente educativo, la juventud, el mundo empresarial y del trabajo, la cultura y la moral de la sociedad y también analiza las organizaciones de choque de las derechas.

La obra hace una caracterización muy precisa de la guerra que vive el país: en primer lugar, obedece a directivas extranjeras. Es el marxismo internacional, es la URSS.

Es integral: se da en todos los terrenos, en la vida política, social, educativa y cultural.

Es una guerra contra una enfermedad que, como el cáncer, corroe a la sociedad. Un tumor que es necesario extirpar con “espíritu quirúrgico oncológico”, tal como reza la inquietante metáfora a la que apela un artículo de El País en mayo de 1973.

Es ideológica y moral. Hay que sacudir la modorra del pueblo.

Es una guerra en la que el “interior”, reserva moral del país, salvará al Uruguay.

El trabajo examina la guerra desde la cosmovisión de las derechas.

Los aportes de la investigación de Magdalena son numerosos, tanto como la originalidad del enfoque. A cuenta de un análisis más profundo, vayan estos apuntes:

1. El trabajo aborda la dimensión institucional del autoritarismo, pero trasciende el marco político institucional para internarse en el itinerario, los proyectos, las prácticas y las convergencias de organizaciones de derecha en lo político, social, religioso y el mundo empresarial. La obra cumple bien con la bajada del título: Cultura, sociedad y política en el Uruguay autoritario.

2. La mirada que propone no analaiza a las derechas desde una visión exclusivamente reactiva (a la izquierda) sino que enfoca lo que aquellas tuvieron de productivo: su cosmovisión, sus organizaciones sociales, su liderazgo; también su estética, su vocabulario, las metáforas y las figuras retóricas y simbólicas que emplearon para construir su visión del mundo y combatir al comunismo.

3. En relación con lo anterior, el libro releva el elenco de militantes y activistas de las derechas. Aquellos que actuaron en el campo sindical, en los medios de comunicación, en las organizaciones juveniles, de padres, etc. Rescata nombres, trayectorias, establece vínculos. Destaca la presencia e influencia de mujeres en las organizaciones de las derechas: Celia Reyes de Viana, docente y figura consular en la denuncia de la infiltración “totalitaria” en los liceos, autora de un perfil del “profesor socio comunista”, Olga Clérici de Nardone, Delia Orgaz de Correa Luna. Junto a las figuras destacadas está también las que ocupan una activísima y necesaria segunda fila: sindicalistas, periodistas y propagandistas, curas párrocos, etc.

4. La investigación hace foco en 1967, un año hasta ahora menos estelar que el siguiente y célebre 1968 parteaguas y punto de arranque de tantas cronologías. En aquel año se consolida una nueva derecha.

5. Magdalena Incorpora documentación no conocida que proviene de los NARA, la Administración Nacional de Archivos y Registros, de Washington, pero también de los archivos de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia y del SID.

6. Se detiene en el estudio de la juventud: como fenómeno mediático y publicitario, como sujeto de influencia y de conquista. Como escenario donde se libra la batalla por la conciencia. Examina dos organizaciones emblemáticas de las derechas, la Organización de Padres Demócratas (ORPADE) y la Juventud Uruguaya de Pie (JUP) Del poder de convocatoria y organización de la ORPADE, habla su carácter nacional, sus diez mil adherentes y su presencia en los medios de prensa, en particular en La Mañana. Su ideología tampoco provoca

equívocos: promueve la destitución de docentes, la ilegalización del Partido Comunista, la defensa de la nacionalidad. De la metodología de la ORPADE habla claro la campaña de denuncia y linchamiento social que lanza contra profesores tildados de comunistas. Quiero detenerme en un ejemplo destacado, pero no excepcional, que ofrece la obra: la persecución al director del liceo del pueblo de Nico Pérez Batlle y Ordóñez. El caso tiene todos los elementos didácticos de la parábola punitiva: un pueblo pequeño, noble y tranquilo, que se veía alterado por la acción perniciosa del director del liceo -Lidio

Ribeiro- cuya prédica extranjerizante haciendo apología del comunismo entre los liceales era resistida por padres valientes. Estos se habían unido -el diario La Mañana apela al ejemplo de Fuenteovejuna- como un solo cuerpo para repeler su accionar ente un Consejo de Secundaria blando y pasivo que dejaba hacer. Más que Fuenteovejuna, la lectura del caso de Nico Pérez evoca Las brujas de Salem de Arthur Miller. A través de este y otros casos, bien documentados y bien narrados, la obra nos ayuda a evocar y comprender el clima de la época.

Necesario complemento del estudio de la ORPADE, está el que la obra hace de aquellos jóvenes que no se sintieron convocados por las consignas de la llamada sensibilidad sesentista. Potente, radical, con inserción en el norte del país y también en la capital, este movimiento juvenil anticomunista encontró en la JUP su expresión organizativa más característica, pero no la única. Intimidación, violencia física y patoterismo fueron los rasgos de esta organización que, al decir del embajador estadounidense Charles Adair, constituyó la “primera resistencia efectiva a la dominación de la izquierda en el sistema educativo”. Para la izquierda fue una banda fascista. Una organización que tuvo hitos de movilización

como la Gran Marcha de la Orientalidad, dirigentes hasta ahora poco estudiados como Gabriel Melogno e incluso sus mártires como Zapicán Arhancet.

Si en las derechas hubo, hay, una particular la preocupación por las jóvenes, más lo fue por las muchachas, y en particular por las militantes en quienes La Mañana no vio más que sujetos de un “irracional culto al esnobismo”, con sus “lentes voluminosos y sus ajustados pantaloncitos estampados”.

Industrialización, feminismo y comunismo: los grandes enemigos del orden familiar. En las transformaciones que convertían a las mujeres femeninas en mujeres “hombrunas” y antinaturales la cultura tuvo gran responsabilidad. La obra estudia las manifestaciones

culturales como la canción de protesta o el teatro, que eran moralmente reprobables y políticamente peligrosas.

Frente a esa degradación extranjerizante las derechas postularon un nacionalismo cultural que encontró en la orientalidad, una expresión llena de sentido y resonancias. Campo, campaña, interior, las banderas albicelestes flameando, hombres y mujeres sencillos y esforzados.

Todas esas fueron imágenes de la cultura supuestamente “auténtica” que opuso a las manifestaciones culturales “foráneas” de la izquierda.

Ganar la guerra se interna en un territorio clave: el mundo del trabajo. Donde además de las clásicas acusaciones de infiltración comunista, de la falta de representatividad y abuso del derecho de huelga la obra trabaja sobre el credo y las propuestas para este campo: las iniciativas para formar líderes sindicales democráticos, es decir aquellos que no fomentaran la lucha de clases ni tuvieran opinión política. Aborda proyectos inteligentes y

originales como la creación de cooperativas de consumo y los programas de construcción de viviendas para organizaciones sindicales como forma de ensanchar la base social y conquistar la voluntad de los trabajadores democráticos. También tiene sus figuras, como la Ariel del Gaudio.

No menos relevante es el enfrentamiento en el terreno religioso donde estudia el freno al movimiento de renovación en la Iglesia católica encarnado en la opción por los pobres y la teología de la liberación. En este campo también se interpretaba las transformaciones propuestas por el ala renovadora de la Iglesia como un plan de infiltración premeditado y engañoso hábilmente implementado por el marxismo internacional. La influencia de la TFP.

Es un capítulo muy importante de Ganar la guerra Magdalena se interna en las prácticas de comando o grupos de asalto de las derechas, que actuaron de manera clandestina y violenta a través de atentados y que contribuyeron en grande a la radicalización del clima social. La constelación de organizaciones de ultra derecha donde militan juntos viejos conocidos de principios de los sesenta, civiles y militares, en conexión con funcionarios públicos, ministros. La Legión Artiguista, comando táctico José Artigas, la Cruzada Patriótica Revolucionaria. Esta última antimarxista, antisemita, católica e hispanista. Fernando Bosch, asociado a Tacuara, colaborador del Servicio de Información de Defensa (SID), que luego en dictadura en particular la acción del Escuadrón de la Muerte.

Como todo buen libro sobre el pasado este nos ayuda a comprender el presente. Permite identificar genealogías y parentescos entre aquellas derechas nacionalistas y conservadoras previas a la dictadura y las actuales; nos posibilita la vinculación entre la tan recurrida necesidad de dar la “batalla cultural” contra las ideas de izquierda con aquella otra apelación a dar la lucha “lucha ideológica” y aún la “guerra psicopolítica” contra el comunismo.

Ganar la guerra, además y sobre todo, una trabajo que combina el rigor analítico y la profusión documental con una narración clara precisa, que no solo explica e interpreta -y esto lo hace muy bien- sino que evoca y da sentido a las emociones, el clima, las tensiones y las subjetividades de aquellos años clave.

www.bandaoriental.com.uy

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