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El Camino Inca estĂĄ disponible para todas aquellas personas que quieran disfrutar de la aventura de recorrer los caminos ancestrales de los incas; sin embargo, es necesario tener conocimiento sobre alguna informaciĂłn Ăştil de la ruta.
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ay muchos caminos que conducen a Machu Picchu pero ninguno como el Camino Inca. El más popular entre los viajeros y la vía peatonal más famosa del continente americano. Desde Cuzco, 43 kilómetros de senda entre bosques y densas nieblas, escalones de piedra milenarios y vistas majestuosas. Al final está la recompensa: la famosa Puerta del Sol y sus impresionantes vistas de las ruinas de Machu Picchu.
Hacer el Camino Inca es un rito iniciático para el viajero y una aventura única pero es necesario planificar bien antes de ponerse en camino. El Camino del Inca (también llamado “Camino Inca” o “Camino Inka”) es una de las rutas de caminata más importantes de Sudamérica. En esto inciden su original arquitectura incaica, los restos arqueológicos a lo largo del trayecto y la mezcla natural de selva y bosque nuboso del recorrido. Es además la manera más espectacular de llegar al Santuario Inca de Machupicchu.
Historia El Camino del Inca, Inca Trail o Capaq Nan, es uno de los treks más clásicos del mundo. Fue construído por el emperador Inca Pachacuti para conectar Cusco -capital del imperio Inca o Tawantinsuyo- con la ciudadela sagrada de Machu Picchu. Hiram Bingham, arqueólogo y profesor de Yale quién descubrió Machu Picchu en 1911, fue además quién descubrió el Camino del Inca, así como todos los sitios arqueológicos a lo largo de su extensión. Esta ruta abierta para el trekking en 1970, por el arqueólogo peruano Victor Ángeles. Todos los años, miles de visitantes de todo el mundo arriban a Perú para recorrer este famoso camino.
Época ideal para el viaje Climograma del Cusco
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La mejor época para hacer rutas en esta parte del Perú es de mayo a diciembre, la estación seca. En especial, entre junio y agosto, tal como se aprecia en la imagen de la derecha. El periodo que va de enero a marzo debe ser evitado a toda costa, pues es bastante
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lluvioso: no solo es desagradable caminar encima de un sendero que se vuelve un resbaladizo lodazal, también aumenta el peligro de deslizamientos o caída de piedras. Durante el día suele ser soleado con una temperatura promedio que bordea los 23°C y en la noche se llegan a registrar valores cercanos a los 0°C. Durante la caminata, es seco en los dos primeros días y húmedo en el tercero y cuarto. Y durante la noche los dos primeros campamentos suelen ser fríos, pero el tercer campamento es templado.
El Camino del Inca es muy popular durante todo el año, sin embargo, desde mayo hasta septiembre es considerado la temporada “alta”. Esto significa que los permisos pueden ser vendidos con meses de anticipación, por lo que es imprescindible planificar por adelantado la reserva. El costo de Camino del Inca ‘temporada alta’ es ligeramente más alto que el resto del año, sin embargo, si la reserva se realiza antes de febrero, se puede ahorrar dinero aprovechando las reservas anticipadas.
Contratar guías En la actualidad, no es posible realizar el Camino del Inca sin una agencia con permiso oficial. Ya no se permite realizar este trekking en forma independiente. Además, existe un límite de personas diarias (sólo 500 espacios habilitados por día, incluidos los guías), por lo que para realizar esta ruta en los meses de junio a agosto se debe reservar en alguna de estas
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agencias con bastante antelación. Los precios por los 4 días / 3 noches van desde US$ 410 a los US$ 480 (valor más común).
2. Ponerse en forma
Para los estudiantes puede ser útil sacar la tarjeta Isic ($10.000 CLP), ya que varias agencias y hospedajes hacen descuentos al presentarla.
Si se piensa viajar entre mayo y noviembre, es indispensable reservar con mucha anticipación, la mayoría de las agencias solicitan reservar al menos seis meses antes de viajar. Para ello, se puede revisar la disponibilidad de ingreso en machupicchu.gob.pe (pinchar “Consultas”, y luego Centro Arqueológico “Camino Inka”).
7 Tips antes de hacerlo 1. Escoger el mejor momento
Se habla mucho entre viajeros sobre la preparación física necesaria para hacer esta ruta, aunque en realidad no requiere más preparación que otras similares en extensión y dificultad técnica. Como es natural, conviene estar en buena forma, y prepararse las semanas antes al viaje con otras excursiones y largos paseos. Por supuesto, las botas han de estar ya usadas y comprobado que no hacen ampollas. A un paso razonable y con una mochila pequeña, se evitan muchos problemas. 3. Hacer reserva previa con antelación
Es importante escoger la mejor época. Se organizan grupos todo el año (excepto en febrero, cuando llueve a cántaros y el Camino Inca se cierra para mantenimiento), pero los mejores meses (más fríos y secos) son junio, julio y agosto. El problema: son también los más demandados. Para evitar aglomeraciones lo mejor es ir antes o después de la estación de lluvias (de marzo a mayo) o de septiembre a noviembre.
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Como en otras muchas rutas de senderismo con alta demanda en todo el planeta, hay que hacer la reserva previa del Camino con mucha previsión: con seis meses de antelación si queremos recorrerlo en
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fechas fuera de temporada alta, y de seis meses a un año si queremos hacerlo de mayo a principios de septiembre. La ruta de dos días también suele estar igual o más llena y la reserva con meses de antelación es más que obligada. Solo los operadores autorizados obtienen permisos, aunque se puede comprobar la disponibilidad general de plazas en www.caminoinca.com.
Lo mejor es acordar un viaje de cinco días, que nos permitirá caminar más relajadamente y disfrutar del paisaje, además de encontrar lugares de acampada menos concurridos. Es importante también contratar un seguro de viaje que cubra las actividades al aire libre. 4. Estudiar el reglamento y los precios Esta excursión no se puede hacer por libre: es obligatorio reservarla a través de un operador autorizado ya que solo se permite el acceso diario al trayecto a 500 personas (incluidos guías y porteadores) y son los operadores autorizados los que reciben los permisos por orden de solicitud. Es necesario dar el número del pasaporte y enseñarlo en los controles a lo largo del camino. Los permisos no pueden transferirse: no se permiten cambios de nombre. Los precios oscilan entre 480 y 600 dólares. 5. Elegir el operador más conveniente Hay muchas agencias que ofrecen el Camino Inca pero conviene estudiar bien las diferentes opciones, no solo el precio sino también lo que incluyen, la calidad del equipo y de los guías y porteadores. Pagar más tampoco es siempre garantía de mayor calidad y lo mejor es contactar con varias agencias para comprobar la calidad de sus servicios. Es bueno pedirles una relación de lo que está incluído en el precio, informarnos sobre el tamaño del grupo y sobre el tipo de transporte que incluye. Hay que asegurarse de que el circuito incluye al menos tienda, comida, cocinero, entrada de un día a las ruinas y viaje de regreso en tren. Los porteadores del equipo están siempre incluidos aunque cada uno transporta su equipaje personal, incluido el saco de dormir, a menos que se pague
un porteador aparte (unos 35 euros por cada 10 kilos). También hay servicios más exclusivos para excursiones privadas. Las autoridades de Cuzco y el ministerio peruano de Trabajo son muy estrictos en las condiciones de trabajo de los porteadores y muchos operadores han sido sancionados por no cumplir con los requisitos sociales mínimos. Entre los operadores con garantía: www.amazonas-explorer.com, www.acacari.com, www.aventours.com, www.culturasperu.com, www.explorandes.com, www.ecotrekperu.com, www.peruvianodyssey.com, www.tambotreks.net.
6. Hacer la mochila Es recomendable llevar bastones para caminar, que pueden ahorrar muchos problemas, un pequeño botiquín, filtro solar, sandalias o crocs para el campamento, chaquetón de plumas, impermeable, gorro y guantes, sombrero para el sol, toalla de viaje, botas de montaña domadas, calcetines gruesos, ropa interior térmica, forro polar, cantimplora o mochila de hidratación, repelente de mosquitos, pantalones largos y gafas de sol. 7. Seleccionar la ruta El Camino del Inca no es la única ruta a Machu Picchu. Hay más versiones tanto del Camino Inca como de otros caminos. Estas son las más populares: Camino Inca de dos días
Una ruta guíada con parada en los puntos destacados del camino. Consta de una empinada ascensión de tres a cuatro horas desde el kilómetro 104 hasta Wiñay Wayna y después otras dos horas por terreno más o menos llano hasta Machu Picchu. Se pernocta en Aguas Calientes y se visita Machu Picchu al día siguiente. El precio medio está en torno a los 400535 dólares. Excusión al valle de Lares
Una opción más cultural, que se hace mejor con guía.
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No se trata en realidad de un camino en sí, sino de una excursión por alguna de las diferentes rutas que llevan a Ollantaytambo por el espectacular valle de Lares. La ruta comienza en unas fuentes termales y pasa por pueblos agrícolas andinos, yacimientos arqueológicos incas poco conocidos, exuberantes lagunas y gargantas de río. Finaliza en un viaje en tren de Ollantaytambo a Aguas Calientes. Aunque el componente cultural es lo principal de esta excursión, el paisaje montañoso es impresionante. El precio medio es de 460 dólares (340 euros) Excursión a Salkantay
Es una ruta más larga y pintoresca, aunque agotadora, que accede a Machu Picchu por un camino un poco más difícil que el Camino Inca. Puede hacerse en cinco días y nos llevará desde la jungla a terrenos alpinos. Se puede ir por libre o con guía. El punto más alto es un paso a más de 4.700 metros de altitud cerca del magnífico pico cubierto por glaciares de Salkantay (6.271 metros). Desde allí se desciende hasta los vertiginosos valles subtropicales. El precio medio de la excursión son unos 400 dólares (300 euros). Camino Inca por la jungla
Es una ruta ideada por proveedores y guías que lleva desde Cuzco a Machu Picchu pasando por Santa Teresa y que ofrece opciones de dos a cinco días para hacer el camino en bicicleta, andando o en balsa. Comienza con un largo viaje en automóvil de cuatro a cinco horas de Cuzco a Abra Málaga –el paso más alto (4.350 metros) entre Ollantaytambo y la cuenca del Amazonas. En un punto en el lado del Amazonas se coge la bicicleta de montaña para hacer el largo viaje a Santa María. Se empieza en una carretera asfaltada que se convierte en pista a los 20 kilómetros y es un increíble y paisajístico descenso de la zona glacial a la tropical, de 71 kilómetros en total.
Con algunos operadores se recorren a pie los 23 kilómetros de Santa María a Santa Teresa y con otros, que argumentan que no es una excursión interesante, se va en coche, aunque se hace un corto tramo del “camino de hierro” anterior a la conquista, la versión inca de una autopista. De cualquier forma, se llega a las aguas termales de Cocalmayo en Santa Teresa. Algunas empresas incluyen rafting cerca de Santa Teresa.
Desde Santa Teresa se pueden caminar los 20
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kilómetros a Machu Picchu, 12 de ellos por vías férreas. El paisaje del río es bonito, aunque no especialmente atractivo: suele haber polvo y se pasa calor. También existe la opción de ir en un autobús y un tren. Se puede desandar esta ruta para volver a Cuzco, pero es mucho más rápido tomar el tren que pasa por el Valle Sagrado.
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hasta que, paso a paso, empezamos a ver la manera de alcanzar el equilibrio y la satisfacción. Por tanto, parece que es natural que nos alejemos en varias ocasiones de los propios orígenes para después poder reencontrarnos con ellos. Todo este trayecto es un proceso de aprendizaje valioso. Y aunque los cambios generen miedo, también se abren nuevas puertas para hallar más armonía y paz interior.
Cuando la situación actual nos aleja de la propia identidad
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n ocasiones sentimos la necesidad de liberarnos de ciertas ataduras y preocupaciones. Ansiamos pensar con claridad, tomar distancia y recuperarnos a nosotros mismos. En este orden de ideas, parece que a menudo perderse es justo la mejor manera de encontrarse. Pero esto no tiene por qué ser sinónimo de alejarse del propio rumbo vital. Es más, se trata precisamente de reencontrarnos con él, ya que lo habíamos descuidado, lo teníamos algo abandonado. Así, permitirse un pequeño descanso de vez en cuando es una forma de darle unas ‘vacaciones’ al cerebro.
Para lograrlo la premisa básica consiste en ponerse un paso más allá de todo lo que nos rodea.
De este modo se abre la oportunidad de explorar nuevas perspectivas, de acceder a otros escenarios estimulantes en los que descubrir más de uno mismo y retomar aquello que había quedado olvidado. ¿Te atreves? Lejos de ser una línea recta perfecta, es común que el ciclo vital dé unos cuantos rodeos antes de llegar a un objetivo concreto y provechoso. Esto es, las personas solemos tomar senderos, cruces de caminos, desvíos e hasta rutas menos adecuadas. A veces, incluso, transitamos un auténtico laberinto
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Es probable que hayamos detectado con qué valores, límites, necesidades o propósitos nos identificamos. No obstante, puede suceder que, según avanzan los días, ciertas circunstancias externas vayan mermando o distorsionando tales principios. Es como si se fueran erosionando poco a poco. Al igual que esas rocas de una playa moldeadas por las embestidas del océano y cuya forma original acaban siendo imposible de reconocer. Pues bien, con la autoestima y las metas personales a veces ocurre lo mismo: • Los entornos laborales, familiares y afectivos en lo que nos movemos llegan a ejercer una influencia directa e indirecta sobre nuestra identidad.
• Darnos cuenta de esa disonancia interna, entre lo que éramos antes y lo que somos ahora es, sin duda, un modo de abrir los ojos y un impulso para actuar ante estas situaciones.
Con todo, la clave reside en mantener la vista puesta en aquello que nos motiva e ilusiona sin dejar de lado los compromisos cotidianos.
Es decir, por una parte resulta inviable hacer todo lo que deseamos en cada momento. Sin embargo, tampoco por ello es necesario olvidarse de las propias aspiraciones o de esos otros estímulos que también nos definen.
Perderse para ‘desconectar’ y reflexionar
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Quienes experimentan estrés de modo continuado en el tiempo a menudo sienten que han perdido ‘las riendas’ de su vida. Se trata de casos en los que la persona tiene la sensación de haber caído en manos de las presiones externas, sin saber cómo abordarlas de modo eficiente. No obstante, las secuelas de estos períodos prolongados no se hacen esperar. De hecho, una de las consecuencias frecuentes son las alteraciones o ‘lagunas’ en la memoria, las cuales se relacionan con los elevados niveles de cortisol (hormona producida por la glándula suprarrenal) que acompañan al malestar emocional. Por ejemplo, un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Wisconsin (Estados Unidos) encuentra evidencias en dicha dirección, lo que advierte de los efectos que el estrés puede ocasionar sobre ciertas estructuras cerebrales.
Ahora bien, antes de llegar a ese punto, quizás sea más sano que intentemos actuar con antelación nosotros mismos. Así, en la medida en que percibamos que el bienestar se nos escapa, será más fácil que iniciemos algunas estrategias para mejorar la situación. Una de ellas es justo la de ‘desconectar’, pero con un método adecuado.
¿Cómo desconectar de forma saludable? No se trata de comprar un billete de avión e irnos al primer destino que aparezca en el horizonte. Tampoco consiste en cerrar la puerta y cortar toda comunicación con los demás.
Perderse para encontrarse requiere una preparación. En este sentido, habrá que planificar la vuelta y tomar más de una decisión.
Más que en huir se basa en alejarnos para sanar. Es darse prioridad y la
oportunidad de disponer de un tiempo puntual para estar con ese ‘yo’ que habíamos descuidado, aparcado a un lado e, incluso, olvidado.
Es preferible dejarle claro a las personas de nuestro entorno por qué lo hacemos y por qué lo necesitamos: “Quiero pasar un fin de semana en soledad para relajarme, pensar y tomar decisiones”.
Nos perdemos para volver más fuertes, para tomar las riendas de la vida que queremos llevar con más aplomo y seguridad.
Más allá de los miedos que sintamos por distanciarnos, es posible pensar en lo que ganaremos al parar un instante con pautas como esta. Si nos atrevemos a hacerlo, el premio de ‘reencontrarnos’ y asumir nuevas perspectivas puede estar a la vuelta del camino.
Sin duda, a veces perderse es la mejor manera de encontrarse.
La persona que pretenda realizar su recorrido de forma intachable, acabará sin duda frustrándose, pues la vida no es una tranquila línea recta que una el nacimiento con la muerte. La experiencia y el descubrimiento que nos convierten en seres vivos requie r e n que nos comprometamos con una multitud de caminos que no siempre nos llevarán allá donde imaginamos en un principio. ¿Qué interés tendría cruzar una vida de forma lineal, sin obstáculos y sin pruebas?
El aprendizaje no puede hacerse sino a través de la exploración personal del mundo en el que evolucionamos, de acuerdo con nuestras fortalezas y debilidades. Así es como escribimos, cada segundo, nuestro propio manual de uso. La vida es caótica por definición, y a menudo hay que aceptar perderse para poder encontrarse. No se trata de errores de recorrido, sino de experiencias que resultan ser muy enriquecedoras cuando hemos sabido encontrar en ellas un sentido. Toda experiencia de vida es una oportunidad de crecimiento. El tiempo perdido no es más que la ilusión que se desprende del espíritu competitivo que obsesiona a la humanidad: Caminar cada vez más rápido y más lejos. Como si el éxito de una vida se midiera por la distancia recorrida o por un record batido. Desde nuestro nacimiento, morimos progresivamente, ¿por
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qué, entonces, ese empeño en apresurarse, en lugar de autorizarnos a vivir saboreando tanto los momentos de reencuentro como los de extravío? Descubrir quién no soy es una forma también de aprender a conocerme.
Cada encuentro, cada relación vivida, cada acto depositado nos enriquece si sabemos ver en ello lo positivo, si podemos extraer la enseñanza personal que aquello/a vehicula. Cuando aceptamos la posibilidad de perdernos, asumiendo la plena responsabilidad de nuestra decisión, la experiencia, entonces, puede ser asimilada. Pero cuando nos victimizamos a nosotros mismos y nos lamentamos de lo que consideramos un fracaso, no hacemos sino rumiar y cultivar un terreno favorable a la repetición en cadena de un mismo esquema, hasta que algún día lo integremos, como seres responsables.
Aceptar perderse es soltar lo que no controlamos. Perderse no tiene nada de negativo, es autorizarnos a nosotros mismos a superar creencias que obstaculizan muy a menudo nuestro recorrido, es confiar en la vida sin gastar toda nuestra energía en nadar contracorriente. A menudo hay que perder las referencias para encontrar un nuevo equilibrio, una mayor estabilidad. Así pues, el ser humano debe cruzar la oscuridad de la noche para encontrar la luz.
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TITULO Ad maioresed exerro bearchitat a nobisquas asperum vero es sapereprat ant parum vollict ecepero quis vid explit, quae vit odis eos ad quatis aut officiet rerumquia doloraecto volor as ides excepta eperae ma dolorro rectur, omnihicatem qui iunt faci sunt veliquo quae. Rat rercius anditius. Aquibus nonse litis ma volores equasped mollace prescimus etur?
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Ad maioresed exerro bearchitat a nobisquas asperum vero es sapereprat ant parum vollict ecepero quis vid explit, quae vit odis eos ad quatis aut officiet rerumquia doloraecto volor as ides excepta eperae ma dolorro rectur, omnihicatem qui iunt faci sunt veliquo quae. Rat rercius anditius. Aquibus nonse litis ma volores equasped mollace prescimus etur?
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