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CRIANZA Y SALUD 24-1

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Acompaña a tu familia Acompaña a tu familia

Discriminación: qué es y cómo afrontarla

Año 24 número 1
Bogotá, Colombia

Nutrición infantil que evoluciona con cada etapa

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Junta Directiva Nacional 2026-2028

Presidenta

Dra. Eliana Zemanate Zúñiga

Vicepresidenta

Dra. Iliana Francineth Curiel Arismendy

Secretaria

Dra. Ángela María Giraldo Mejía

Fiscal

Dra. Claudia Patricia Beltrán Arroyave Vocales

Dr. Iván Alejandro Villalobos Cano

Dra. Doris Amparo Toro Soto

Dra. Nury Isabel Mancilla Gómez

Dr. Iván José Ardila Gómez

Dra. Angie Milena Cárdenas Silva Dr. Daladier Cabrera Rodríguez

Dra. Dora Lucía Aldana Gutiérrez

Vocal Rpte. Capítulos

Dra. Manuela Olaya Hernández

Presidente anterior

Dr. Mauricio Javier Guerrero Román

Directora Ejecutiva Gloria Zuccardi

Subdirector de Publicaciones y Programas de Educación Virtual Óscar Ruiz

Subdirector de Comunicaciones

Cristhian Herrera

www.crianzaysalud.com.co

Año 24 – número 1 · (Año 2026) ISSN 1692-150X

Director

Juan Fernando Gómez Ramírez

Coordinadora Editorial

Lina María Martínez Fonseca

Fotos: ©2026 Shutterstock.com

Archivo fotos SCP, www.freepik.com

Ilustraciones: www.freepik.com

MIQUELOFF

Foto portada: www.freepik.com

Dirección arte/Diseño Gráfico

Jesús Alberto Galindo Prada Almadigital SAS almadigital2010@gmail.com

Impresión: Multi-Impresos SAS

Crianza y Salud es una publicación trimestral de carácter informativo y educativo, editada por la Sociedad Colombiana de Pediatría, especializada en la crianza y la salud de los niños, desde el nacimiento hasta los 18 años, dirigida a la familia y al público general, de circulación gratuita a pediatras y ginecólogos de todo el país, y por suscripción a particulares.

Envíe sus cartas, colaboraciones, preguntas o materiales informativos a nuestra dirección, fax o correo electrónico.

Sociedad Colombiana de Pediatría Calle 83 No. 16A-44, oficina 701, edificio Cima Bogotá D.C. Tels.: 6495352-7464706/07

Correo electrónico: publicaciones@scp.com.co

Recién nacidos

Mi hijo tiene micoplasma

La infección por micoplasma, ocasionada por la bacteria

Mycoplasma pneumoniae, es muy frecuente en los niños.

Primera infancia

El niño y las pataletas

Lejos de ser un capricho, las pataletas son una etapa del desarrollo socioemocional y una expresión de inmadurez neurológica.

Desde la niñez

Maternidad y paternidad en tiempos de cambio: retos y aprendizajes

La maternidad y paternidad han evolucionado a lo largo del tiempo debido a factores sociales, culturales e históricos.

Escolares

Obesidad infantil: la pandemia silenciosa que empieza desde casa

El crecimiento sostenido de la obesidad infantil ha llevado a organismos internacionales a describirla como una “pandemia silenciosa”.

Adolescentes

Cuando las emociones te ganan y el miedo se apodera de ti

Comportamientos inestables, cambios de humor y problemas de identidad pueden ser síntomas de un trastorno límite de la personalidad.

Crianza educación socialización profesionalizada. Más allá del manual, hacia el vínculo humanizante

La crianza educación socialización se reconoce como un factor determinante para el éxito escolar y el bienestar social.

Discriminación: qué es y cómo afrontarla

La discriminación puede ser perjudicial incluso si no has sido objeto de actos de discriminación evidentes.

Familias donde no hay pareja

y la custodia y crianza no son compartidas

Los niños criados por uno solo de los padres pueden ser tan felices como aquellos que han sido criados por ambos.

A propósito de ‘Guía práctica del buen trato al niño’, sabía usted que:

Es un texto multidisciplinar que propone la instauración del buen trato en todos los ámbitos de la vida infantil.

La inconveniente sobreprotección

Guía de anunciantes

‘Cada relación entre padres e hijos es única’

Caricatura

TDAH

Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad

Los síntomas son diferentes a medida que los niños crecen, pero con el apoyo adecuado, pueden aprender habilidades que los ayuden a controlar los síntomas y reducir los efectos a medida que crecen.

La inconveniente sobreprotección

Los humanos nacemos en un estado de inmadurez manifiesto que, asociado a un pobre comportamiento instintivo, amerita una serie de cuidados en el contexto de un acompañamiento inteligente y afectuoso durante el proceso de la crianza, por parte de los padres y demás cuidadores.

Es así como surge la necesidad de un fino equilibrio en varias acciones de la crianza, como exigir sin sobreexigir y proteger sin sobreproteger, todo ello en el marco del camino hacia la autonomía personal, como resultado final y feliz del proceso de crianza.

En los tiempos que corren, los padres están obsesionados con el propósito de ser buenos padres. Todo nuevo padre quiere ser mejor que su progenitor y los ideales que desean alcanzar tensionan la dinámica de la crianza, en el sentido de que necesitan tener todo bajo control en

lo referente a sus hijos, una actitud que algunos expertos han definido como “padres helicóptero”.

Este tipo de comportamiento se caracteriza por una connotación sobreprotectora e intervencionista, con intromisión en la vida académica de sus hijos (por ejemplo, con los famosos grupos de WhatsApp del colegio), y otras son expresiones de

una tendencia intrusiva del comportamiento parental.

Está claro que la sobreprotección en el contexto de la crianza dificulta el desarrollo de una buena autoestima y muchos aprestamientos necesarios del desarrollo infantil, lo cual, como lo señala la periodista y escritora española Eva Millet, “con frecuencia promueve en los hijos sentimientos de inseguridad, una pobre gestión de la frustración y un comportamiento con escasos límites”, que ella, a su vez, caracteriza con la reflexión de que: “Los hiperpadres con frecuencia generan hiponiños”. La invitación que formulamos en el contexto de lo que se ha denominado “padres jardineros”, se refiere a que nuestra presencia, necesaria y posible, sea capaz de generar también el albedrío necesario que los hijos necesitan para crecer y desarrollarse en las mejores condiciones posibles, que les permita al final de la crianza, abrazar y afrontar la vida con disfrute, carácter e idoneidad.

Señores

Crianza y Salud

Sociedad Colombiana de Pediatría

Ciudad

Cordial saludo. Estoy muy contenta de haber descubierto hace algunos meses esta maravillosa publicación, en donde, además de la información tan relevante que nos brinda para la crianza, tenemos la oportunidad de hacer preguntas sobre temas que nos inquietan, sobre todo a aquellos que estamos inmiscuidos precisamente en los procesos de crianza.

Por eso, quiero aprovechar para hacerles la siguiente consulta: tengo dos hijos —de 9 y 11 años— que casi no hacen deporte y se la pasan frente al computador y tabletas durante un buen tiempo. ¿Cómo puedo cambiar esto?

Gracias por la atención y orientación que puedan brindarme.

Cordial saludo, Darly Sossa

*Fuente: Leal Q, Francisco Javier. Preguntas de madres y padres. 6.a ed. Editorial Médica Panamericana.

Rta./ Señora Darly, nos da mucho gusto que la publicación le sea de utilidad. En respuesta a su inquietud, le contamos lo siguiente:

Debido a las múltiples ofertas de entretenimiento tecnológico (computadores, consolas de juegos, tabletas, etc.), cada vez es más frecuente que los niños sean sedentarios y realicen poco ejercicio físico. En estas edades, se requiere la actividad física para su adecuado desarrollo. Por lo tanto, se sugiere que, como familia, incluyan la actividad física entre sus quehaceres cotidianos, como, por ejemplo: salir al parque, a la ciclovía, realizar caminatas y paseos ecológicos, presenciar y participar en competencias deportivas.

La poca actividad física es una de las causas de la “epidemia” de obesidad que se está presentando a nivel mundial. Pero no se logra que tenganactividadfísica“pordecreto”,sinoque se requiere que la familia participe con el ejemplo, es decir, programándola.

02. Baby Evolution 04. Sociedad Colombiana de Pediatría 10. Laboratorio San Jorge 15. Sociedad Colombiana de Pediatría 21. Alpina 25. Sociedad Colombiana de Pediatría 32. Sociedad Colombiana de Pediatría 39. Johnson & Johnson 40. Sociedad Colombiana de Pediatría

mundo Así es su

Desde

Escolares

Víctor

Mi hijo tiene micoplasma

Por: Claudia Beltrán Arroyave Pediatra especialista en Infectología Docente del Departamento de Pediatría – Universidad de Antioquia

La infección por micoplasma, una enfermedad respiratoria ocasionada por la bacteria

Mycoplasma pneumoniae, es muy frecuente en los niños. Puede parecerse a una gripa o presentarse también como una neumonía. En la mayoría de las ocasiones es una enfermedad que se autolimita, por lo tanto, solo se requiere esperar que los síntomas se resuelvan sin necesidad de antibióticos.

¿Qué tan frecuente es el micoplasma?

Esta infección ocurre en niños de todas las edades, incluyendo bebés; sin embargo, es más frecuente en niños menores de seis años. La mayoría de ellos presentan una infección leve, y se considera que en el mundo solo 1 de cada 10.000 niños con micoplasma necesitan hospitalización. Llamativamente, la necesidad de hospitalización por neumonía, que es cuando la infección afecta los pulmones, es más alta en los niños mayores de cinco años.

¿Cómo se transmite?

A partir de gotas que salen de la boca durante el contacto estrecho. Usualmente, después de un contacto con una persona que está infectada pueden pasar de 15 a 20 días para que se manifiesten los síntomas. Esto es conocido como el período de incubación.

¿Cómo sé si mi hijo tiene la infección?

Las manifestaciones clínicas de la infección por esta bacteria son muy variadas. Muchos niños no tienen síntomas, incluso es común que una persona sea portadora de la bacteria, es decir, que permanezca en el tracto respiratorio superior sin que cause ni infección ni enfermedad. Cuando se presentan síntomas, los más comunes son fiebre, tos y malestar general. Adicionalmente, están: dolor de cabeza y garganta, rinorrea (mocos nasales) e incluso las amígdalas y los oídos pueden inflamarse causando dolor.

Si bien la enfermedad grave es menos frecuente, puede aparecer una neumonía que requiera hospitalización; cuando esto ocurre, el niño muestra dificultad para respirar o respiración rápida, debilidad marcada, dolor de cabeza intenso, o intolerancia para recibir los alimentos. Adicionalmente, puede tener sibilancias (silbido en el pecho) sin que el niño sea asmático. Si su hijo presenta estos síntomas debe consultar de forma inmediata a un profesional de la salud. Existen algunos cuadros clínicos muy raros que no comprometen el sistema respiratorio, que usualmente hacen parte de un diagnóstico médico especializado, como inflamación del sistema nervioso central, anemia y brotes en la piel.

¿Es importante hacerle exámenes que confirmen la infección?

En la mayoría de los casos no es necesario hacer exámenes de laboratorio que confirmen la infección. Las manifestaciones clínicas pueden hacer sospechar al médico tratante de la presencia de esta. Los exámenes de laboratorio disponibles deben ser interpretados con precaución, pues el hecho de solo tenerlos positivos no permite diferenciar si se trata de un niño “portador” que al tiempo tiene otra infección viral, o un niño con infección en el momento de la realización del laboratorio o infección reciente, ya que los anticuerpos que se miden para diagnosticar la enfermedad pueden permanecer positivos durante varios meses.

Por ello, se recomienda solo confirmar en casos de enfermedad grave en los cuales sí se indica el tratamiento antibiótico. En estos casos se prefiere una prueba más especializada directamente del tracto respiratorio superior, que se llama “reacción en cadena de la polimerasa” y que no se realiza de forma rutinaria. Si esta no está disponible sí se puede ordenar una prueba de serología (IgG e IgM), pero se debe interpretar con cautela por el médico tratante.

¿Es necesario recibir tratamiento antibiótico?

Si el cuadro clínico es una infección del tracto respiratorio superior (gripa, sinusitis, faringitis) no se recomienda el tratamiento antibiótico. Si el niño presenta una neumonía por hallazgos a la auscultación de los pulmones, se puede indicar el uso de antibióticos de la mano del médico tratante. En los casos de enfermedad grave (neumonía que requiera hospitalización u otras formas graves de enfermedad) se sugiere un tratamiento usualmente con antibióticos que se denominan macrólidos.

¿El micoplasma puede dejar secuelas en mi hijo?

En general, es una infección benigna que se autolimita y no deja secuelas en la mayoría de los niños. Cabe resaltar, que un paciente puede presentar nuevamente la infección a lo largo de su vida.

Rutina de cuidado diario de la piel de bebés y niños.

El niño y las

pataletas

Asesor: Alexander Barrios Sanjuanelo Médico pediatra, Mag. en Epidemiología Consultor internacional de lactancia (IBCLC, por su sigla en inglés)

Las pataletas son crisis emocionales intensas, frecuentes entre los 15 meses y los 4 años de edad, que se manifiestan con comportamientos como llanto, gritos, agresiones o conductas de oposición. Lejos de ser un simple capricho, representan una etapa del desarrollo socioemocional y una expresión de inmadurez neurológica. Según la Academia Americana de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés), estas son manifestaciones comunes que surgen cuando el niño se siente frustrado o desbordado emocionalmente.

¿Qué pasa en el cerebro de un niño cuando llora, grita o se tira al suelo sin razón aparente?

Estas son preguntas que muchos padres se hacen a diario, especialmente, durante los primeros años de vida de sus hijos. Y es que criar a un niño pequeño puede ser tan desafiante como fascinante. En este viaje, comprender lo que está ocurriendo

dentro del cerebro infantil desde una mirada basada en la neurociencia del desarrollo puede ser una herramienta invaluable.

Durante los primeros cinco años de vida, el cerebro humano crece a un ritmo impresionante. Según el Centro sobre el Desarrollo Infantil (CDC, por su sigla en inglés) de la Universidad de Harvard, se forman más de un millón de conexiones neuronales por segundo en esta etapa. Este desarrollo no ocurre de forma pareja: las regiones más primitivas del cerebro, encargadas de la supervivencia y las respuestas emocionales intensas, como la amígdala, están activas desde el nacimiento; sin embargo, áreas como la corteza prefrontal, responsable del juicio, el autocontrol y la regulación emocional, maduran lentamente y no alcanzan su desarrollo completo, sino hasta la adultez joven.

Este desbalance explica por qué los niños pequeños pueden pasar del llanto a la risa en cuestión de segundos, o por qué una negativa simple (“no hay más galletas”) puede desencadenar una crisis emocional. Daniel J. Siegel, neuropsiquiatra infantil y coautor del libro El cerebro del niño: 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo, lo explica con claridad: “El cerebro de un niño pequeño es como una construcción en proceso: algunas áreas están operativas, otras aún están en andamios”. No se trata de un niño malcriado, sino de un cerebro en formación.

Desde esta perspectiva, las pataletas o berrinches son manifestaciones normales del desarrollo emocional. Representan intentos del niño por expresar lo que siente ante una situación que le resulta frustrante, abrumadora o simplemente incomprensible. A falta de un lenguaje emocional desarrollado y de habilidades de autorregulación, gritar, llorar, golpear o tirarse al suelo puede ser la única manera que tiene de comunicar su malestar.

Cuando un niño se frustra o se siente abrumado, su sistema nervioso reacciona como si estuviera ante un peligro real. La amígdala cerebral, una estructura del sistema límbico que detecta amenazas, se activa rápi damente y desencadena una respues ta de lucha o huída. En ese momento, el acceso a la corteza prefrontal, que es la parte del cerebro encargada de pensar, planear y controlar impulsos, queda bloqueado. Por eso, decirle a un niño “¡contrólate!” o “¡piensa antes de actuar!” no suele funcionar, pues simplemente no puede. Por eso, más que palabras, nuestro tono de voz, postura corporal y capacidad de man

Cuando un niño se frustra o se siente abrumado, su sistema nervioso reacciona como si estuviera ante un peligro real.

La importancia de validar las emociones del niño

Un estudio con resonancia magnética funcional (Lieberman et al., 2007) mostró que poner en palabras lo que el niño siente reduce la actividad de la amígdala, lo que facilita la autorregulación. En otras palabras, nombrar la emoción calma el cerebro. Este hallazgo apoya la idea de que no basta con decirle al niño lo que debe hacer: primero necesita sentirse seguro, comprendido y acompañado. Solo entonces su cerebro estará listo para aprender. Aquí es donde la puericultura, entendida como el arte de cuidar y educar en la infancia, debe actualizarse con los avances de la neurociencia. Acompañar el desarrollo no implica suprimir las emociones, sino enseñar a transitarlas. Implica ver a un niño que tiene una pataleta no como un problema, sino como una oportunidad de aprendizaje.

En palabras de Becky Kennedy, psicóloga clínica y autora del bestseller Good inside: “Los niños no son buenos o malos, están regulados o desregulados. Y la regulación se aprende en la relación con el adulto”. Por eso, en lugar de etiquetar al niño como rebelde, testarudo o manipulador, es útil hacer un cambio de paradigma: ¿Y si ese niño solo está mostrando lo que siente, sin saber aún cómo gestionarlo? ¿Y si necesita a su adulto como guía y no como juez?

Una de las estrategias más valiosas en este proceso es el acompañamiento empático. Validar las emociones del niño —aunque no se apruebe su conducta— es el primer paso para construir una relación segura. Decir frases como: “Sé que estás muy enojado porque se acabó el tiempo de jugar” o “entiendo que te dé rabia no poder tener lo que quieres ahora”, ayuda a que este se sienta comprendido. Esta validación no supone ceder en los límites, sino mostrar que las emociones son bienvenidas, incluso cuando las decisiones del adulto se mantienen firmes.

Además, estas intervenciones tienen un impacto directo en el cerebro. La repetición de experiencias de regulación acompañada por un adulto va moldeando la arquitectura cerebral del niño, fortaleciendo circuitos que, con el tiempo, le permitirán autorregularse por sí mismo. Es un proceso lento, pero profundamente transformador.

Entonces, ¿qué necesitan los niños durante una pataleta? No necesitan castigos, gritos ni amenazas. Necesitan presencia, límites claros, y sobre todo, una figura adulta que no se asuste frente a su desborde. Requieren adultos que comprendan que están aprendiendo a vivir en un mundo complejo, y que ese aprendizaje incluye equivocarse, frustrarse y llorar.

La crianza respetuosa no busca evitar el malestar, sino enseñar a gestionarlo de forma segura. Como pediatras, puericultores, educadores o padres, tenemos la responsabilidad de ser esos adultos disponibles que

enseñan sin humillar, que corrigen sin romper el vínculo y que entienden que el comportamiento del niño siempre tiene una razón. Cuando dejamos de preguntarnos: “¿Cómo hago para que me obedezca?”, y empezamos a plantearnos: “¿Qué necesita este niño para sentirse seguro y comprendido?”, todo cambia. En resumen, las pataletas no son un problema a eliminar, sino una oportunidad para enseñar con amor lo que todavía no pueden expresar con palabras. Cuando un niño se desborda, no necesita control, sino conexión. Acompañar con respeto no es ceder, es amar sin condiciones mientras fijamos límites con ternura. Es comprender, como recuerda la psicoterapeuta de niños y adolescentes Tina Payne Bryson, que “los comportamientos difíciles son una forma de comunicación, no de desafío”.

Lecturas recomendadas

1. Salazar Blanco, OF (2001). Las pataletas y berrinches. Boletín N° 43 de La crianza humanizada. Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia.

1. Posada Díaz, Á. (2008). Cómo disciplinar. Boletín N° 98 de La crianza humanizada. Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia. 1 2

Así es su mundo Primera infancia

retos y aprendizajes Maternidad y paternidad en tiempos de cambio:

Residente de Pediatría - Universidad de Antioquia

Asesora: Claudia Patricia Ortiz Ramírez

Psicóloga clínica especialista en familia

La maternidad y paternidad son procesos sociales, biológicos y culturales, que guardan relación con dimensiones legales y psicológicas, que trascienden la concepción biológica, esto es, no se asocian solamente al acto de concebir y traer al mundo a un ser humano, sino que también van ligados al compromiso de asumir con responsabilidad, de forma adecuada y permanente, la formación, protección y acompañamiento de los niños, niñas y adolescentes (NNA) en sus distintas etapas de crecimiento y desarrollo; es decir, que no solo depende de la presencia física o del rol de autoridad, sino de la calidad del vínculo, de un apego seguro y la capacidad de respuesta ante las necesidades que surjan durante el camino.

Es difícil englobar, con precisión, el significado de maternidad y paternidad, ya que estos conceptos, lejos de ser categorizados como estáticos, han evolucionado dependiendo de factores sociales, culturales y el contexto histórico, por lo que representan construcciones dinámicas que se han transformado a lo largo del tiempo.

A menudo se asocian de manera reduccionista: paternar con proveer o imponer límites, y maternar con cuidar o educar. No obstante, esta visión dicotómica resulta limitante y no refleja la diversidad de funciones que pueden asumir los cuidadores principales, los cuales no se encuentran determinados por el género ni por el rol tradicional de “madre” o “padre”.

Conceptos a través de

la historia

A lo largo de la historia, la maternidad y la paternidad han sido construcciones sociales sujetas a los valores y estructuras de poder de cada época. En las sociedades antiguas, la maternidad era concebida como una fuerza vital vinculada exclusivamente a la reproducción y a la preservación de la especie, subordinando el rol femenino a su función biológica. Durante el período romano, el derecho institucionalizó la figura del padre como autoridad absoluta dentro del núcleo familiar, estableciendo un modelo patriarcal donde la paternidad era determinada por la voluntad y reconocimiento del varón. Con la expansión del cristianismo,

Suicidio:

lo que debe saber para prevenirlo

El suicidio es un problema de salud pública que afecta a personas de todas las edades y que, por lo tanto, requiere la atención de toda la sociedad.

Fases del proceso suicida

Ideación:

Pensamientos sobre el suicidio sin un plan concreto.

Planificación:

Consideración de métodos, momentos y lugares para llevarlo a cabo.

Intento:

Acción dirigida a terminar con la propia vida, independientemente del resultado.

Factores de riesgo en niños y adolescentes

Enfermedad mental:

Alrededor del 70% de los NNA* que intentaron o consumaron el suicidio tenían algún trastorno mental.

Factores socioeconómicos y culturales:

Falta de acceso a servicios de salud, limitaciones alimentarias y exposición a casos cercanos de suicidio.

Factores genéticos:

Presencia de antecedentes familiares de suicidio.

Factores interpersonales:

Débil red de apoyo familiar, baja socialización, rupturas afectivas y baja autoestima.

700.000

Cada año, cerca de Fuente: Organización Mundial de la Salud. personas mueren por suicidio en el mundo

Señales de alerta

Cambios drásticos en el comportamiento o la personalidad.

Aislamiento social o familiar. Expresiones de desesperanza o falta de propósito.

Hablar sobre querer morir o sentirse una carga para los demás.

Recomendaciones para la prevención

Fomentar la comunicación abierta:

Escuchar sin juzgar y brindar apoyo emocional.

Fortalecer las redes de apoyo: Involucrar a familiares, amigos, docentes y la comunidad en general.

Buscar ayuda profesional: Consultar a especialistas en salud mental ante cualquier señal de alerta.

Promover entornos seguros: Reducir el acceso a medios letales y crear ambientes de apoyo en escuelas y hogares.

*NNA: niños, niñas y adolescentes. La prevención del suicidio es una responsabilidad compartida que requiere la colaboración de todos. Estar atentos y actuar a tiempo puede salvar vidas.

Contenido y diseño: Sociedad Colombiana de Pediatría (2025).

la maternidad adquirió una connotación espiritual, centrada en la figura de la Virgen María como ideal materno, reforzando la moral religiosa sobre el rol femenino.

Hacia la Revolución Francesa, aunque persistía la subordinación de la mujer en el marco familiar, comenzaron a evidenciarse cambios en las relaciones de género, promoviendo modelos de convivencia más afectivos y cooperativos. Tras el debilitamiento del poder eclesiástico, la maternidad se resignificó como un valor social, centrado en el cuidado prenatal y el respeto por el cuerpo femenino. Esta transformación, junto con la evolución de la medicina y la participación de la mujer en el ámbito laboral, permitió disociar la maternidad de la

feminidad, posicionándola como una elección más que una obligación. Actualmente, la parentalidad se redefine a partir de transformaciones sociales, económicas y de género, transitando de un modelo patriarcal y adultocéntrico hacia uno basado en vínculos afectivos, apego seguro, corresponsabilidad y equidad. La incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral ha disociado maternidad y feminidad, mientras que cada vez más hombres buscan participar activamente en la crianza, adoptando funciones tradicionalmente atribuidas a lo femenino o materno.

La parentalidad a partir de dimensiones fundamentales

Si bien la parentalidad implica una serie de prácticas, responsabilidades y vínculos que varían según el contexto histórico y cultural, puede analizarse a partir de dimensiones fundamentales que permiten comprender su complejidad:

• Biológica: se expresa en procesos como la gestación, el parto y la lactancia, donde se establece el inicio del vínculo afectivo, en el que incluso participa la figura paterna.

• Psicológica: resalta el papel del apego y el vínculo emocional. Un apego seguro facilita e impulsa al niño a alcanzar los hitos del desarrollo: crecer sano, feliz, autónomo, solidario, creativo, con autoestima y resiliencia. Además de aprender la regulación emocional y la capacidad de socializar.

• Social: la crianza no se da en aislamiento, se requiere de una red de apoyo, activa, permanente y presente. Desde esta dimensión analizamos la importancia del principio de la corresponsabilidad.

• Legal: la Convención de los Derechos del Niño y la legislación nacional obligan a garantizar protección, cuidado y educación. No es posible enfocar estas dimensiones desde lo individual, pues todas se entrelazan para garantizar que los niños niñas y adolescentes crezcan en entornos protectores, saludables y afectivos.

Función materna y paterna en la crianza

La función materna se asocia tradicionalmente con el sostén afectivo y la provisión de seguridad emocional, siendo fuente de amor, los cuales son fundamentales para el desarrollo del apego seguro. Es considerada la primera educadora, puesto que transmite valores, normas, afectos, desarrollo del lenguaje y formas de relación con el mundo. Aunque puede parecer que es una función preestablecida, se fundamenta y cambia según las experiencias de cada persona que la ejerce, posiblemente parte de una preocupación por querer hacer lo mejor posible con las herramientas que tiene.

Por su parte, la función paterna cumple un rol estructurante al introducir al niño en el ámbito de la ley, las normas y la apertura hacia lo social, favoreciendo así la diferenciación y la autonomía. Está determinada por la motivación, la habilidad, la autoconfianza y el apoyo materno. Los investigadores y académicos colombianos Eduardo Aguirre y Ernesto Durán afirman que el nuevo padre es menos autoritario y más participativo, es orientador con mayor cantidad y calidad de tiempo en el acompañamiento de la crianza, y con igual nivel de autoridad que la madre.

El resultado de una función implementada inadecuadamente o, en su defecto, ausente, en caso de la materna, son las carencias afectivas; y en el caso de ser con la función paterna,

es la ausencia o baja claridad de límites y la dificultad para establecer una figura de autoridad y una buena relación.

La parentalidad correcta es aquella donde se participa sin papeles predefinidos en la crianza, con base en las necesidades de los hijos. Dicho de otra manera, como lo propone el Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia, esta función es el acompañamiento continuo, preventivo, inteligente y afectuoso a los hijos en el proceso de crecimiento y desarrollo, que debe ser de forma permanente.

Ser pareja vs. ser padres en la crianza

El ejercicio de la maternidad y la paternidad se sustenta en una relación de pareja estable, afectiva y basada en una comunicación adecuada, con acuerdos definidos. Es fundamental reconocer que la calidad del vínculo de pareja es tan relevante como el rol parental, y que ambas funciones deben integrarse armónicamente, sin que una se vea sacrificada por la otra.

Diversas investigaciones han demostrado que los niños que crecen en entornos donde los cuidadores mantienen una relación gratificante, estable y segura, tienen mayores posibilidades de alcanzar hitos del desarrollo, particularmente en áreas como la regulación emocional, la creatividad y la seguridad afectiva. En contraste, cuando la relación de pareja es conflictiva o insatisfactoria, es común que se produzca una transferencia de tensiones hacia los hijos, manifestada en bajos niveles de tolerancia, abandono emocional e incluso físico.

Esta disfunción vincular puede llevar a que los niños asuman roles parentales o responsabilidades afectivas que no les corresponden, generando una carga emocional que puede afectar sus relaciones interpersonales en la vida adulta.

La sobreprotección, la violencia sutil y el castigo físico son prácticas que dificultan y deshumanizan la crianza, lo que va ligado a la forma en como los cuidadores fueron educados, creyendo que es la forma correcta y la única manera en el proceso de crianza; por eso es tan importante el acompañamiento asertivo desde nuestra posición médica, ayudando a identificar y modificar patrones y mostrando que existen otros caminos.

Retos y aprendizajes

La parentalidad, como se ha mencionado, está sujeta a cambios permanentemente, por lo que es innegable que existan retos para ejercerla como corresponde, de los cuales, cambiar los patrones de crianza heredados de las antiguas generaciones, es la base de la transformación, puesto que, como lo menciona el escritor argentino Jorge Luis Borges, “el hombre es la larga sombra que el niño proyectará en el tiempo”. Esto nos recuerda que la infancia no desaparece, sino que permanece proyectándose en la vida adulta.

La crianza es un proceso dinámico y continuo, lleno de aprendizajes y transformaciones. Este camino comienza con desaprender prácticas tradicionales que ya no responden a las necesidades de la niñez actual, colocando como eje central el interés superior del niño y reconociendo que los NNA son sujetos de derecho, dueños de sí mismos.

Lecturas recomendadas

La crianza es un proceso dinámico y continuo, lleno de aprendizajes y transformaciones. Este camino comienza con desaprender prácticas tradicionales.

Los NNA no deben ser considerados como proyecciones de lo que los adultos fueron o quisieron ser. Nuestra labor consiste en acompañarlos de manera constante, consciente y preventiva, con el objetivo de inculcar en los padres o cuidadores la importancia de formar personas más sanas, resilientes y conscientes de su entorno.

En el contexto contemporáneo, la maternidad y la paternidad demandan una comprensión profunda de las transformaciones sociales, culturales y emocionales que atraviesan las familias. Asumir estos roles implica adoptar prácticas de crianza basadas en el respeto, la equidad y el acompañamiento consciente, reconociendo a los NNA como sujetos de derechos y partícipes activos en su desarrollo.

• Puerta de Klinkert, M. P., & Villegas Peña, M. E. (2002). Relación de pareja y crianza. De la crianza humanizada: Boletín del Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia, (57).

• Posada Díaz, Á. (1999). Función del padre y la crianza. De la crianza humanizada: Boletín del Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia, 23(29).

Obesidad infantil: Obesidad infantil:

la pandemia silenciosa que empieza desde casa

Por: Gisella Ochoa Vargas

Residente de Pediatría - Corporación Universitaria Remington y Edwin González González

Pediatra puericultor - Profesor Corporación Universitaria Remington

La obesidad infantil se ha convertido en una de las problemáticas más relevantes para la salud pública mundial. Su crecimiento sostenido y, muchas veces, silencioso ha llevado a organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), a describirla como una “pandemia silenciosa”. Esta situación afecta a casi 390 millones de niños y adolescentes en el mundo, con el agravante de que se ha triplicado en las últimas décadas. Según un informe del 2025, realizado por la entidad, se estima que uno de cada diez niños en el planeta vive con obesidad, lo cual se convierte en la forma más frecuente de malnutrición.

Colombia enfrenta varios desafíos a nivel alimentario que van vinculados no solo con la desnutrición y la inseguridad alimentaria, sino también con el aumento de los índices de obesidad; sin embargo, desafortunadamente, el país no cuenta con datos precisos ni actualizados sobre el estado nutricional de la población, entre ellas la infantil, pues la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional (ENSIN) fue publicada en el 2018, con datos del 2015.

Ese informe reveló que uno de cada cinco escolares presentaba exceso de peso. Si ese era el panorama en ese entonces, ¿cómo estará ahora después de 11 años? Este escenario exige urgentemente la actualización de la ENSIN con el fin de poder contar con datos precisos que ayuden a la toma de decisiones y medidas políticas efectivas para contrarrestar los problemas alimentarios.

Su actualización igualmente es importante para medir la inseguridad alimentaria en los hogares, contribuyendo a la reflexión sobre el papel de estos en la formación de buenos hábitos alimenticios y sobre la necesidad de un acompañamiento profesional para prevenir y manejar los problemas alrededor de este tema. El concepto “la obesidad infantil empieza desde casa” no busca culpar a los padres o cuidadores, sino reconocer que es en el hogar donde se establecen las bases de la alimentación, la realización de actividades físicas, la práctica de un sueño saludable y la regulación emocional. Estas rutinas moldean el comportamiento infantil y pueden influir en el desarrollo o no de la obesidad, cuyo afrontamiento requiere de la acción conjunta de familias, sectores comunitarios, equipos de salud y políticas públicas.

Un problema multifactorial

La obesidad infantil surge de la interacción de factores individuales, familiares y sociales. La genética, la microbiota intestinal, el sueño insuficiente y el estrés influyen en la regulación del apetito y el metabolismo; no obstante, el ambiente familiar modula de manera constante estos procesos biológicos.

Los estilos de crianza, la disponibilidad de alimentos, la frecuencia de comidas en familia y el uso de pantallas durante la alimentación influyen directamente en la conducta alimentaria infantil. De igual forma, lo hace la práctica de ofrecer comida como premio o consuelo.

El entorno comunitario contribuye al riesgo cuando existen pocas zonas seguras para el juego o cuando las instituciones educativas están rodeadas de productos ultraprocesados. Además, los determinantes comerciales —como la publicidad dirigida a niños y la amplia oferta de bebidas azucaradas— crean un ambiente obesogénico difícil de contrarrestar para las familias, surgiendo como una expresión biológica de un contexto social adverso, donde incluso los padres bien informados encuentran dificultades para sostener prácticas saludables en el largo plazo.

Más allá del peso corporal

La obesidad infantil afecta de manera simultánea la salud física, emocional y social. En lo físico, incrementa el riesgo de resistencia a la insulina, hígado graso, dislipidemia, hipertensión y apnea del sueño. También genera problemas musculoesqueléticos y una menor tolerancia al ejercicio repercutiendo, a su vez, en el rendimiento físico y escolar.

Los niños con exceso de peso suelen enfrentar estigmas, burlas y una baja autoestima, lo cual aumenta el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria.

En lo emocional, los niños con exceso de peso suelen enfrentar estigmas, burlas y una baja autoestima. Estas experiencias aumentan el riesgo de trastornos de la conducta alimentaria desde edades tempranas. Además, entre el 60 y 80% de los niños con obesidad mantienen esta condición en la adultez sin intervención temprana.

La función de la consulta pediátrica: acompañar sin culpas

La consulta pediátrica es fundamental para detectar alteraciones en el crecimiento y orientar a las familias. Las guías de la Academia Americana de Pediatría y la Sociedad de Endocrinología recomiendan evaluar el índice de masa corporal, graficarlo en curvas e indagar sobre hábitos de alimentación, sueño, pantallas y actividad física. Sin embargo, el abordaje debe centrarse en la salud integral y no en el peso como cifra aislada.

Los primeros mil días como una ventana de oportunidad

La prevención comienza incluso antes del nacimiento. Una adecuada ganancia de peso materno y una alimentación equilibrada durante el embarazo son medidas protectoras. Luego, la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses se asocia con un menor riesgo de obesidad infantil al favorecer la autorregulación del apetito y evitar la exposición temprana a azúcares añadidos.

La introducción de la alimentación complementaria basada en alimentos frescos fortalece los hábitos saludables. Así mismo, los primeros años son claves para establecer rutinas de sueño, horarios de comidas y oportunidades de juego activo. Limitar el uso de las pantallas antes de los dos años y regular el tiempo de exposición posteriormente contribuye a prevenir el sedentarismo.

Lecturas recomendadas

La comunicación empática favorece entonces la adherencia familiar sumado al trabajo conjunto con nutrición, psicología y endocrinología pediátrica; fortaleciendo, a su vez, la intervención, especialmente cuando existen comorbilidades.

Pequeños cambios, grandes resultados

El manejo familiar es la base del tratamiento de la obesidad infantil. Comer en familia sin pantallas, ofrecer agua como bebida principal y priorizar alimentos frescos son medidas efectivas. Adicionalmente, es esencial mantener rutinas de sueño adecuadas y promover el movimiento mediante juegos activos que favorecen el bienestar integral.

En lo emocional, evitar el uso de la comida como premio o castigo ayuda a construir una relación saludable con la alimentación. La crianza saludable requiere de constancia más que

• Giraldo-Sánchez PA. Educación liberadora en alimentación: desafiando las estructuras en la lucha contra la obesidad infantil. Perspect Nutr Hum. 2015;26(1).

• Ministerio de Salud y Protección Social (Colombia). Obesidad infantil: una amenaza silenciosa. Bogotá: MinSalud; 2019.

• UNICEF. Sobrepeso en la niñez: una visión global. UNICEF; 2021.

• World Health Organization. Obesidad y sobrepeso (Fact sheet). Ginebra: WHO; 2025, May 7.

de perfección. Los pequeños cambios generan un impacto profundo en la salud infantil.

Por último, la obesidad infantil no es una responsabilidad individual, sino un desafío colectivo que implica un acompañamiento, información y decisiones coherentes. Desde la consulta pediátrica y la familia podemos transformar esta pandemia silenciosa en una oportunidad de cambio hacia un futuro más saludable.

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Consulta con tu pediatra o nutricionista.

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miedo se apodera de ti Cuando las emociones te ganan y el

Por: Lina María Martínez Fonseca

Coordinadora editorial de la revista Crianza y Salud

Sociedad Colombiana de Pediatría

Con la asesoría de:

Carmen Elena Urrea Benites

Psicóloga con magíster en Educación

Psicoterapeuta y consejera en salud mental (EE. UU.)

Para nadie es un secreto que la adolescencia es una etapa de profundos cambios en el ser humano, no solo biológicos, sino también cognitivos y sociales, y que, por lo tanto, conlleva muchos desafíos a nivel emocional y psicológico. Es una etapa, por demás, determinante por cuanto se consolidan aspectos como la identidad, la regulación emocional y las formas de vincularse con los demás.

Acompañar a un hijo(a) en la adolescencia puede ser desafiante, pues esos cambios de ánimo (impulsividad o mal temperamento) y su forma de relacionarse (inestabilidad afectiva o conflictos interpersonales), así como su necesidad de independencia, pueden impactar de

buena o mala manera en la relación padres-hijos.

Muchas conductas intensas pueden formar parte del normal desarrollo de un adolescente en esta fase, pero hay situaciones en las que las dificultades emocionales y los conflictos se vuelven frecuentes, impetuosos o comienzan a afectar la sana convivencia, el rendimiento escolar o las amistades, al punto de que la familia siente que “ya no sabe qué hacer”. Es, en ese momento, cuando conviene pedir una orientación profesional en lugar de esperar a que “se le pase”. Es así como comportamientos inestables, cambios de humor y problemas de identidad en la adolescencia temprana pueden ser síntomas de lo conocido como trastorno límite de la personalidad (TLP).

Enfrentarse a desafíos emocionales más complejos

También llamado limítrofe o fronterizo, el TLP es una enfermedad mental grave que afecta la forma en la que una persona se siente sobre sí misma y los demás, lo que dificulta su funcionamiento en la vida cotidiana.

En la adolescencia, un período de por sí lleno de retos por la serie de descubrimientos y transformaciones físicas y emocionales a las que se enfrentan los jóvenes, unas con mayores repercusiones en su personalidad que otras, el TLP se manifiesta con un patrón de dificultades persistentes para regular las emociones, mantener una imagen estable de sí mismo(a) y sostener relaciones

sin altibajos extremos. Esto puede traducirse en reacciones emocionales muy rápidas e intensas, un miedo constante al rechazo o al abandono, discusiones que escalan con facilidad, y decisiones impulsivas.

¿Por qué ‘límite’?

De acuerdo con los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por su sigla en inglés), “el término ‘límite’ fue propuesto por el psicoanalista estadounidense Adolph Stern en 1938, quien describió a un grupo de pacientes que ‘francamente no encajaban ni en el grupo psicótico ni en el psiconeurótico’ e introdujo dicho término para describir lo que observaba, ya que, como la palabra lo indica, ‘limitaba’ con otros trastornos”. De ahí el nombre de trastorno límite de la personalidad. Es decir, se veía como si estuviera en un borde, de hecho, en inglés se le conoce como borderline, pero hoy se sabe que es un trastorno propio, con sus criterios diagnósticos independientes, y no simplemente una condición “intermedia”.

Su origen histórico tenía que ver con esa ubicación liminal (estado intermedio), entre otras categorías del trastorno, pero ahora, gracias a los criterios más precisos desarrollados por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por su sigla en inglés), sabemos que su causa es multifactorial, que no es un simple paso intermedio, sino una entidad diagnóstica con autonomía. El DSM es publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por su sigla en inglés) y es el sistema estándar utilizado para clasificar y diagnosticar trastornos mentales. Su versión corregida y actualizada es el DSM-5-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición, revisión de texto).

De acuerdo con la psicóloga con magíster en Educación, Carmen Elena Urrea Benites, “el DSM-5-TR, en términos generales, define este trastorno como la prevalencia, durante un año, de un conjunto de síntomas que indican un desarrollo inmaduro de

la personalidad, identificados en, al menos, cinco de las siguientes áreas: relaciones interpersonales intensas, inestables y conflictivas; trastornos de identidad y autoimagen, comportamientos impulsivos, suicidas y autolesivos; sentimientos crónicos de vacío y soledad, una ira intensa cuando se experimenta frustración o rechazo, y paranoia”.

La importancia de un diagnóstico diferencial cuidadoso

El TLP es un diagnóstico que, históricamente, ha sido difícil de entender y aún más difícil de tratar con éxito. Según el artículo ¿Qué es el trastorno límite de la personalidad y por qué ahora está siendo diagnosticado y tratado en adolescentes?, escrito por Caroline Miller, directora editorial del Child Mind Institute, “un cambio importante en la materia lo constituye que ahora el TLP se diagnostica y trata en la adolescencia. Hasta hace poco, los profesionales de la salud mental eran reacios a dar el diagnós tico a cualquier persona menor de 18 años, a pesar del hecho de que los síntomas se vuelven prominentes en la adolescencia o, incluso, an tes. Los expertos enfatizan que tratar el TLP lo antes posible conduce a mejores resultados a largo plazo, así como a reducir el riesgo de comportamientos peligrosos o suicidas”.

Al respecto, Urrea Benites co menta que: “Hay estudios que in dican que estos síntomas se pueden identificar desde los 11 años; otros plantean que desde los 14-16 años, pero si hablamos de un diagnóstico formal, este, en mi concepto, no debe hacerse antes de los 18 años. Es in dispensable una evaluación rigurosa de los síntomas que, efectivamente, permita identificar patrones de com portamiento persistentes durante más de un año y que no se confundan con los típicos de la adolescencia”.

Hasta hace poco, los profesionales de la salud mental eran reacios a dar el diagnóstico a cualquier persona menor de 18 años, a pesar del hecho de que los síntomas se vuelven prominentes en la adolescencia.

El origen es multicausal

Existen ciertos factores biológicos, sociales y ambientales asociados a esta afección:

• Factores biológicos:

Entre los factores biológicos, según la psicoterapeuta, “se puede reconocer un sistema nervioso más sensible y reactivo, que permanece en ‘modo alerta’, lo que implica que la persona que padece un TLP experimenta las

emociones con mucha más intensidad, reacciona de una manera mucho más impulsiva y le cuesta recuperar la calma. Y, por supuesto, están los antecedentes hereditarios (historial familiar de diagnóstico de salud mental).

• Factores sociales y ambientales: Por su parte, entre los factores sociales y ambientales, esto es, el entorno, “están las experiencias en la infancia,

en las cuales el niño no contó con adultos que le enseñaran o ayudaran a regular y contener sus emociones; así como el crecer influenciado por adultos inestables emocional y mentalmente, ser víctima de cualquier tipo de traumas, abuso, negligencia o abandono; y desarrollarse dentro de un ambiente lleno de conflictos familiares”.

Criterios claros para diagnosticar el TLP

Según el DSM-5, a una persona se le puede diagnosticar TLP si presenta, al menos, cinco de los nueve síntomas enumerados a continuación:

• Muestra intentos desesperados por evitar un abandono real o imaginario.

• Tiene relaciones inestables que alterna entre la idealización y la devaluación de la otra persona.

• Genera un sentido distorsionado del yo.

• Participa en actividades impulsivas, como, por ejemplo, gastando dinero que no puede permitirse o abusando del alcohol.

• Amenaza con hacerse daño o suicidarse.

• Presenta cambios de humor rápidos que duran varias horas o días.

• Manifiesta sentirse vacío por dentro.

• Lucha por controlar la ira.

• Muestra disociación o paranoia desencadenadas por el estrés.

Tratamientos

Uno de los tratamientos para el TLP del que más se habla es la terapia dialéctico-conductual (TDC). Según el artículo de Caroline Miller, “la razón por la que se le llama ‘dialéctico’ es porque involucra dos cosas que pueden parecer estar en oposición, pero que son importantes: la necesidad de aceptación y la necesidad de cambio”.

Urrea Benites, por su lado, así lo explica: “Existen diversas aproximaciones psicoterapéuticas y, por supuesto, tienen que ver con el tipo de formación clínica especializada; no obstante, hay una tendencia clara a usar técnicas respaldadas en el modelo de TDC, la cual incluye, entre otras, un entrenamiento en mindfulness, el desarrollo de habilidades para expresar y regular de manera adecuada las emociones, el fomento de una mayor

tolerancia a la frustración, y la construcción de habilidades de comunicación asertiva”.

Compromiso de los padres

La psicoterapeuta Urrea hace un llamado importante a los padres, y es el de que es fundamental que estos conozcan y reconozcan los antecedentes de salud mental de ambos, puesto que estas son cadenas generacionales que deben comprenderse, hablarse con honestidad y, en la crianza, comprometerse a hacer todo lo posible por cambiar las condiciones de esos ambientes familiares que han contribuido a la aparición de enfermedades mentales en la familia.

El diagnóstico y tratamiento oportunos del TLP requieren de un compromiso de la familia en general. Por eso, manifiesta, “poder tener la sensibilidad, el interés y la atención necesarios

para observar el comportamiento de un hijo adolescente, le puede permitir a un padre darse cuenta de los estados emocionales que cambian de manera abrupta y desproporcionada, de las características de las relaciones que establece, en su intensidad y nivel de conflicto; de la presencia de conductas autolesivas, y de comportamientos impulsivos con el dinero, la sexualidad o el consumo de sustancias psicoactivas, entre otros”.

Y concluye, “en mi experiencia, los adolescentes tienen el enorme poder de mostrarnos, a los padres, nuestras mayores vulnerabilidades. Para mí, la clave es no ser sordos ni ciegos ante aquello que, desde sus inicios y a través de sus comportamientos, nos preocupa, disgusta, agobia o nos causa sufrimiento”; en pocas palabras, es NO ser indiferentes ante la expresión de las emociones y sentimientos de nuestros hijos.

Más
Crianza educación socialización profesionalizada.

allá del manual, hacia el vínculo humanizante

Asesor: Álvaro Posada Díaz

El interés de las familias por formarse en prácticas de crianza educación socialización surgió como una posibilidad de respuesta a las dificultades nacidas de problemas sociales y científicos que marcaron el tránsito entre el siglo XIX y el XX.

En América Latina este recorrido adoptó matices propios: se crearon escuelas de padres, las cuales se integraron tempranamente en el entorno escolar y comunitario, buscando no solo capacitar a las familias en habilidades de crianza educación socialización, sino también fortalecer la relación entre el hogar y la escuela. En países como Colombia, la iniciativa incluso se institucionalizó progresivamente hasta hacer parte de políticas educativas y de corresponsabilidad

familiar, reconociendo la crianza educación socialización como un factor determinante para el éxito escolar y el bienestar social.

La crianza educación socialización contemporánea, la de hoy, se desenvuelve en un escenario de paradojas. Por un lado, los padres y otros cuidadores adultos tienen un acceso sin precedentes a la información; por otro, esta abundancia de datos en ocasiones alimenta una notoria ansiedad por “hacerlo bien”, una vehemencia en la búsqueda de la perfección que puede generar tensión y agotamiento. Esta búsqueda exhaustiva ha dado lugar a un fenómeno paradójico: la “profesionalización” de la crianza educación socialización, un concepto que nace con una carga de controversia.

La visión popular de este concepto, aquella que la psicóloga y filósofa estadounidense Alison Gopnik critica, es entendida como la aplicación rígida de técnicas para “fabricar” un tipo específico de adulto. Sin embargo, este escrito propone una tesis radicalmente distinta: la verdadera profesionalización de la crianza

educación socialización no reside en la protocolización del afecto, sino en una práctica consciente, informada y profundamente humana que integra el rigor del saber científico con la sabiduría ancestral de la experiencia.

Las críticas a un modelo de crianza educación socialización excesivamente tecnificado son válidas y necesarias. Una “crianza educación socialización profesionalizada”, mal entendida, corre el riesgo de caer en la “protocolización, reglamentación, del afecto”: un paradigma en el que el gesto espontáneo de cuidado es reemplazado por una técnica evaluable, reglamentada, y en donde el vínculo se traduce en indicadores de desarrollo.

Esta lógica puede desplazar el valioso saber transmitido por generaciones en el seno de la familia y la comunidad, sustituyéndolo por un modelo

Ambos modelos, aunque distintos en sus métodos, comparten una raíz común: la falta de reconocimiento del NNA como sujeto de derechos. Una intuición que no se somete a una reflexión crítica y que no se nutre de un conocimiento ético puede, en última instancia, perpetuar prácticas dañinas, como el maltrato físico y emocional. Superar esta falsa dicotomía entre la técnica deshumanizada y la intuición ciega exige, por tanto, la construcción de un nuevo paradigma. Ante los riesgos del adultocentrismo y de la protocolización (reglamentación) del afecto emerge la necesidad de

de control institucional que, si bien busca proteger los derechos, puede reducir la crianza educación socialización a un conjunto de métricas, perdiendo de vista la singularidad de cada niño, niña y adolescente (NNA) y la ética del cuidado.

Así como la tecnificación tiene sus riesgos, la idealización de una crianza educación socialización “tradicional” o puramente intuitiva es igualmente peligrosa. Este modelo se basa en el paradigma adultocéntrico, una relación asimétrica de poder que subordina sistemáticamente las necesidades y los derechos de niños, niñas y adolescentes a los del adulto. Este paradigma, como señalan los estudios de género, es una manifestación directa de una estructura social patriarcal más amplia, que se manifiesta históricamente por dos modelos principales:

Una “crianza educación socialización profesionalizada”, mal entendida, corre el riesgo de caer en la “protocolización, reglamentación, del afecto”.

• Un modelo represivo, caracterizado por el control absoluto, el autoritarismo y el uso del castigo como herramienta para obtener la sumisión y la obediencia ciega. En este modelo, el NNA es visto como propiedad del adulto, quien moldea su comportamiento por medio de la imposición.

• Un modelo permisivo, en apariencia opuesto, pero igualmente adultocéntrico, el cual se define por la ausencia de límites y una renuncia al ejercicio del rol adulto. Esta permisividad, fruto de la comodidad, la incompetencia, la negligencia o la incoherencia, conduce a la inseguridad en el niño, niña o adolescente, así como a la dificultad para gestionar la frustración y la incapacidad para aceptar la autoridad.

la “profesionalización”. Este término no debe ser sinónimo de una práctica fría, distante o meramente técnica. Por el contrario, es aquella que dota a los padres y a otros cuidadores adultos de las herramientas conceptuales y prácticas para ejercer una crianza educación socialización más consciente, empática y efectiva. Lejos de deshumanizar, este enfoque se convierte en la respuesta ética a los peligros descritos, una poderosa fuerza humanizadora que fortalece el vínculo y promueve el bienestar integral tanto de los niños, niñas y adolescentes como de los adultos que los acompañan.

Modelo humanizante

El modelo que recoge lo anterior es el denominado “Crianza, educación, socialización humanizada y humanizante”, propuesto por el Grupo de Puericultura Humberto Ramírez Gómez, de la Universidad de Antioquia, el cual encarna una visión de profesionalidad auténtica y efectiva. No se trata de un método con pasos rígidos ni de un fundamentalismo, sino de un “estilo de vida” que redefine el propósito mismo del acompañamiento a los NNA.

El eje central de este paradigma es el vinculocentrismo. Citando a la

psicóloga y educadora argentina Natalia Liguori, este concepto implica que el centro de la relación no es el adulto ni tampoco el niño, sino el vínculo afectivo seguro y estable entre ambos. Es una perspectiva que contempla las necesidades y deseos de ambas partes, reconociendo que cada uno carga con su propia historia y humanidad.

Este modelo humanizante se sostiene sobre tres pilares fundamentales que refutan directamente la lógica adultocéntrica:

El objetivo de este modelo no es producir un resultado predefinido. Es, en cambio, acompañar la construcción y reconstrucción permanente de seis metas del desarrollo humano integral y diverso: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad y salud. Estas metas no son meros ideales filosóficos; se correlacionan directamente con los hallazgos de las neurociencias sobre el desarrollo cerebral infantil, que demuestran cómo un apego seguro y un entorno bientratador esculpen la arquitectura neuronal de la resiliencia. Este enfoque humanista exige, a su vez, una relación con el conocimiento que no sea dogmática, sino generosa y dialogante.

1. Ante el modelo en el que la gestión del desarrollo la hacen los cuidadores adultos, el paradigma humanizante postula que los niños, niñas y adolescentes son los gestores de su propio desarrollo.

2. Ante la negación de los NNA como titulares activos de derechos, el modelo humanizante se fundamenta en el principio irrenunciable del “interés superior del niño”. Se les reconoce como titulares activos de derechos y ciudadanos en formación, con voz, dignidad y capacidad de participar en las decisiones que les afectan.

3. Ante prácticas autoritarias y maltratadoras, este modelo se basa en el buentrato, la autoridad democrática y el amor sin condiciones. Rechaza explícitamente cualquier forma de maltrato, sea físico, emocional o negligente, y lo reemplaza por una cultura de respeto activo, diálogo y empatía.

Por una profesionalización positiva

La búsqueda histórica de un mejor modo de criar educar socializar ha llevado a una encrucijada crítica. Hoy se debe rechazar con igual firmeza tanto el autoritarismo ciego del adultocentrismo tradicional como la frialdad protocolaria, reglamentada, de una profesionalización que deshumaniza el vínculo. El camino a seguir es el de una profesionalización positiva, que empodere a los cuidadores adultos con herramientas para una crianza educación socialización consciente, respetuosa y vinculocéntrica. En este nuevo paradigma la función del profesional del desarrollo infantil cambia radicalmente. Ya no es un director que imparte órdenes desde una posición de superioridad, sino un facilitador del diálogo de saberes e ignorancias. Su función primordial es aportar el conocimiento científico a una conversación horizontal, en la cual la experiencia de las familias es escuchada, respetada y valorada como una fuente de saber igualmente legítima. El profesional se convierte en un aliado que acompaña, no en un juez que evalúa.

Por lo anterior, es necesario hacer un llamado a todos los profesionales, pediatras, psicólogos, maestros y agentes sociales a asumir esta nueva función. Solo construyendo una sociedad que fortalezca a las familias por medio de este intercambio generoso de saberes e ignorancias se podrá acometer con éxito la tarea colectiva de la crianza educación socialización, permitiendo, de esta forma, pasar de la primacía del “yo” a la del “nosotros”.

Lecturas recomendadas

• Posada-Díaz Á, Gómez-Ramírez JF. Crianza, educación, socialización humanizada y humanizante. Pediatría Social – Innovación curricular y educación humanizada. Red Latinoamericana de Educación Permanente. Núcleo 1. 82–93.

• Posada Díaz Á. El patriarcado: su relación con las prácticas de crianza educación socialización. Red Latinoamericana de Educación Permanente. Núcleo 1. 82–93. 2024;(núm. 1):166–171.

• Gómez Ramírez JF. Dilemas de la crianza contemporánea. Crianza Humanizada. 2024;(197):1–6. Grupo de Puericultura Humberto Ramírez Gómez, Universidad de Antioquia.

qué es y cómo afrontarla DiscriminaciOn: `

Por: Asociación Americana de Psicología (APA, por su sigla en inglés)

Para muchas personas, la discriminación es una realidad cotidiana. La discriminación es el trato injusto o perjudicial hacia personas y grupos por motivos como la raza, el género, la edad o la orientación sexual.

¿Qué es la discriminación?

Es el trato injusto o perjudicial hacia personas y grupos por motivos como la raza, el género, la edad o la orientación sexual. Esa es la respuesta simple. Pero explicar por qué ocurre es algo más complejo.

El cerebro humano clasifica las cosas de forma natural para comprender el mundo. Por ejemplo, los niños pequeños aprenden rápidamente la diferencia entre niños y niñas. Pero los valores que

asignamos a las diferentes categorías se aprenden de nuestros padres, nuestros compañeros y las observaciones que hacemos sobre cómo funciona el mundo.

A menudo, la discriminación surge del miedo y la incomprensión.

Estrés

y salud

La discriminación es un problema de salud pública. Las investigaciones han demostrado que la experiencia de discriminación, cuando se percibe como tal, puede provocar una serie de cambios emocionales, físicos y conductuales relacionados con el estrés. El estrés evoca respuestas emocionales negativas, como angustia, tristeza e ira, y, a menudo, puede provocar el aumento de comportamientos perjudiciales para la salud, como

el consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias, y una disminución de actividades saludables, como el sueño y la actividad física.

La discriminación puede ser perjudicial incluso si no has sido objeto de actos de discriminación evidentes. Independientemente de tus experiencias personales, puede ser estresante el simple hecho de pertenecer a un grupo que suele ser discriminado, como las minorías raciales o las personas que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales o transgénero.

La anticipación de la discriminación genera su propio estrés crónico. Las personas pueden incluso evitar situaciones en las que anticipan un trato inapropiado, con la posible pérdida de oportunidades educativas y laborales.

Discriminación, grande y pequeña

Existen leyes para proteger a las personas de la discriminación en la vivienda y el empleo.

• La Ley de Vivienda Justa (FHA, por su sigla en inglés) de EE. U.U. prohíbe la discriminación en la venta, alquiler y financiación de viviendas por motivos de raza, color, origen nacional, religión, sexo, estado familiar y discapacidad.

• La Ley de Derechos Civiles de 1964 (CRA, por su sigla en inglés), la Ley de Discriminación por Edad en el Empleo (ADEA, por su sigla en inglés) y la Ley de Estadounidenses con Discapacidades (ADA, por su sigla en inglés) prohíben la discriminación en el empleo por motivos de raza, color, sexo, origen étnico, edad y discapacidades.

Lamentablemente, todavía existe discriminación.

Sin embargo, los expertos afirman que los ejemplos más pequeños y menos obvios de discriminación cotidiana (recibir un servicio deficiente en tiendas o restaurantes, ser tratado con menos cortesía y respeto, o como menos inteligente o confiable) pueden ser más comunes que la discriminación grave. Esta discriminación cotidiana con frecuencia se presenta en forma de microagresiones, como desaires, menosprecios y comentarios desafortunados que sugieren que una persona no encaja o invalidan sus experiencias.

Aunque las microagresiones suelen ser sutiles, pueden ser tan perjudiciales para la salud y el bienestar como los episodios más evidentes de prejuicios graves. Quienes sufren discriminación cotidiana suelen sentirse en constante vigilancia, a la espera de ser víctimas de discriminación. Esa mayor vigilancia es la clave del estrés crónico.

Cómo afrontar la discriminación

Encontrar formas saludables de lidiar con la discriminación es importante para su salud física y bienestar mental. Por ello:

Concéntrate en tus fortalezas. Centrarse en sus valores fundamentales, creencias y fortalezas percibidas puede motivar a las personas a tener éxito e incluso mitigar los efectos negativos de los prejuicios. Superar las dificultades también puede hacer que las personas sean más resilientes y estén mejor preparadas para afrontar los desafíos futuros.

Busca apoyo. Un problema con la discriminación es que las personas pueden internalizar las creencias negativas de los demás, incluso cuando son falsas. Puedes empezar a creer que no eres lo suficientemente bueno, pero tu familia y amigos pueden recordarte lo que vales y ayudarte a replantear esas creencias erróneas. De igual forma, la familia y los amigos pueden ayudar a contrarrestar el impacto de las microagresiones y otros ejemplos de discriminación cotidiana. En un mundo que invalida constantemente tus experiencias y sentimientos, tus familiares pueden

asegurarte que no te estás imaginando esas experiencias de discriminación. Aun así, a veces es doloroso hablar sobre este tema. Puede ser útil preguntarles a tus amigos y familiares cómo gestionan estas situaciones. Ellos igualmente pueden ayudarte si sientes que has sido víctima de discriminación en áreas como la vivienda, el empleo o la educación. A menudo, las personas no denuncian estas experiencias a las agencias ni a los supervisores. Una razón para ello es que a menudo dudan de sí mismas: “¿De verdad sufrí discriminación o estoy siendo demasiado sensible?”, “¿me juzgarán negativamente si insisto en el tema?”. Tu red de apoyo puede ayudarte a ver la realidad y a encontrar un punto de apoyo para decidir si tus denuncias son válidas y vale la pena investigarlas.

Involúcrate. El soporte no tiene por qué provenir solamente de tu familia o círculo de amigos. Puedes participar en grupos y organizaciones afines, ya sea localmente o en línea. Te ayudará saber que hay otras personas que han tenido experiencias similares a las tuyas. Y conectar con ellas podría ayudarte a descubrir cómo abordar situaciones y responder a experiencias de discriminación de maneras que no habías considerado. Ayúdate a pensar con claridad. Ser objeto de discriminación puede despertar muchas emociones fuertes, como ira, tristeza y vergüenza. Estas experiencias, de igual forma, suelen desencadenar una respuesta fisiológica; pueden aumentar la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal. Intenta conectar con tu cuerpo antes de reaccionar. Respira más despacio o usa otros ejercicios de relajación para calmar la respuesta de tu cuerpo al estrés. Así podrás pensar con más claridad en cómo quieres responder.

La discriminación es difícil de afrontar y suele estar asociada a la depresión. Un psicólogo puede ayudarte.

No te obsesiones. Cuando has sufrido discriminación, puede ser muy difícil superarla. Las personas suelen quedarse estancadas en episodios de discriminación, en parte, porque no saben cómo afrontarlos. Quizás quieras hablar o quejarte, pero no sabes cómo hacerlo o temes las consecuencias. Así que, en cambio, terminas dándole vueltas a lo que deberías haber hecho.

En un momento de mayor calma, podría ser útil hablar sobre cómo afrontar experiencias similares en el futuro. Intenta idear un plan para responder o qué podrías hacer diferente la próxima vez. Una vez que hayas decidido cómo responder, intenta dejar atrás el incidente mientras continúas con tu día.

Busca ayuda profesional. La discriminación es difícil de afrontar y suele estar asociada a síntomas de depresión. Los psicólogos son expertos en ayudar a las personas a controlar los síntomas del estrés y la depresión, y pueden ayudarte a encontrar maneras saludables de afrontarlos.

Decálogo de Emergencias Climáticas

Las emergencias climáticas no afectan a todos por igual: la niñez es la más vulnerable.

Las inundaciones aumentan el riesgo de diarrea, infecciones respiratorias, desnutrición y afectaciones emocionales en niñas y niños.

El acceso a agua potable segura es la primera barrera para proteger la salud infantil en emergencias.

La higiene y la alimentación segura previenen enfermedades y salvan vidas.

La lactancia materna es alimento, protección y seguridad en medio de la crisis.

Mantener la vacunación al día es clave para evitar brotes en situaciones de emergencia.

Reconocer signos de alarma y consultar a tiempo puede salvar la vida de un niño o una niña.

La salud mental también importa: escuchar y acompañar a la niñez es esencial.

Desde la Sociedad Colombiana de Pediatría defendemos el derecho de la niñez a la salud, principalmente en contextos de crisis.

El cambio climático también es una emergencia pediátrica.

Proteger a la niñez es proteger el futuro del país.

Familias donde no hay pareja y la custodia y crianza no son compartidas

Las familias en las que solo está presente la madre o el padre son cada vez más comunes en la sociedad actual. Aunque no es fácil criar hijos sin una pareja, los niños que viven en estas familias pueden ser tan felices como los que son criados por ambos padres. Siga leyendo para saber cómo sobrellevar los retos que implica criar un niño(s) por su propia cuenta.

Cómo sobrellevar la situación

El criar niños sin el apoyo de una pareja puede traer más presión y estrés a la tarea de la crianza. Sin tener a nadie con quién compartir las responsabilidades diarias o la toma de decisiones, estos padres deben brindar un mayor soporte a sus hijos a la vez que ellos mismos se pueden sentir solos. Las siguientes sugerencias podrían ayudarle a reducir el estrés en su familia.

Maneje bien las finanzas. Aprenda a llevar un presupuesto. Sepa el momento en que su salario u otros ingresos llegarán y lleve un registro de las cuentas de la casa. Haga lo necesario por mejorar la situación financiera. Si necesita un empleo, comuníquese con agencias de empleo o de trabajo temporal. Si requiere educarse más, contemple la idea de obtener un diploma de secundaria, un grado universitario u otro tipo de entrenamiento especial.

Hable a tiempo y con frecuencia. Comuníqueles a sus hijos los cambios que vive la familia. Siéntese con ellos y permítales expresar sus sentimientos.

Busque apoyo y úselo. No trate de mejorar todo por su cuenta. Necesitará el respaldo que sus familiares y amigos puedan brindarle. Trate de conocer otros padres en su misma situación a través de grupos de apoyo. Su pediatra también puede ser una buena fuente de ayuda e información.

Pase tiempo con su familia. El criar a sus hijos sin una pareja puede ser agobiante. Reserve un tiempo cada día para gozar de la compañía de ellos, por ejemplo, jugando, leyendo, haciendo trabajos manuales o simplemente oyendo música juntos. Dedicar su propio tiempo es una de las cosas más valiosas que puede brindarle a sus hijos.

Tome tiempo para usted mismo. Pasar ciertos momentos lejos de sus hijos es importante para usted y para ellos. El ser la única persona a cargo de la familia no significa que no pueda tener una vida de adulto. Consiga una niñera y disfrute de un tiempo a solas o con amigos. Haga cosas que le gusten, como ir a cine o realizar un pasatiempo.

Mantenga una rutina diaria. Programe las comidas, los quehaceres y las horas de acostarse en horarios regulares de tal modo que sus hijos sepan qué esperar cada día. Una rutina les dará una mayor sensación de seguridad.

Mantenga una disciplina consistente. Los padres divorciados o separados deben trabajar juntos para disciplinar a sus hijos del mismo modo. Busque en la biblioteca de su localidad libros de orientación para padres. Los hospitales locales y los grupos de iglesias a menudo patrocinan clases dirigidas a los padres. El aprender mejores formas de manejar el comportamiento de sus hijos ayudará a reducir el estrés de toda la familia.

Trate a los niños como niños. Aunque a ratos se sienta solo, procure no tratar a sus hijos como sustitutos de su pareja. Procure no buscar en ellos un consuelo o comprensión. Mantenga una actitud positiva. Tenga en cuenta que a sus hijos les afectará su estado de ánimo y su actitud. Ellos necesitarán su elogio y su amor durante los momentos difíciles. Es correcto que les exprese sus sentimientos de tristeza y pérdida, pero hágales saber que ya vendrán mejores momentos para todos. Cuídese. Este también es un momento difícil para usted. Haga ejercicio, aliméntese bien y descanse lo suficiente para poder enfrentar mejor el estrés. Vaya al médico con regularidad.

Busque un cuidado infantil de calidad, esencial para el bienestar de sus hijos y para su propia tranquilidad. Encontrar quién cuide bien a sus hijos será una de las tareas más difíciles que tendrá que enfrentar. Tenga presente lo siguiente:

• Nunca deje a sus hijos solos en la casa. Busque alguien de confianza para que los cuide mientras usted trabaja.

• No deje la tarea de cuidar a los niños más pequeños en manos de los hermanos o hermanas mayores.

• Sea prudente al pedirle a nuevos amigos o compañeros que cuiden de sus hijos, aun cuando sea por un tiempo corto. Es posible que no tengan la paciencia necesaria, especialmente, si el comportamiento del niño se torna difícil.

• Los niños deben ser cuidados por un adulto con historial de experiencia en el cuidado infantil. El mejor modo de garantizar si la persona que se hará cargo de él es la adecuada es visitando el centro de cuidado infantil y observar el trabajo de la niñera mientras está con este.

El pediatra podrá aconsejarle cómo buscar el mejor cuidado para sus hijos. Las oficinas gubernamentales de su ciudad igualmente podrían tener una lista de centros u hogares de cuidado infantil con licencia.

Divorcio y separación

La mayoría de las familias donde un solo padre está presente son el resultado de un divorcio o una separación. Para algunos niños, el divorcio puede ser tan difícil como la muerte misma de uno de sus padres. Algunos niños tardan mucho tiempo en recuperarse. Tal vez crean que son la razón del divorcio y sueñan con que sus padres se reconcilien.

La edad de los niños igualmente puede hacer que la actitud sea diferente. Los niños en edad preescolar pueden presentar una regresión en el aprendizaje para ir al baño o tener pesadillas. Por su parte, los que están en edad escolar pueden sentirse enojados, culpables o tristes. Y, por otro lado, los adolescentes podrían preocuparse de tener que mudarse y perder a sus amigos o de no tener dinero para ir a la universidad. Si usted está contemplando la idea de separarse o divorciarse, sería útil que hablara con el pediatra. Una visita a un consejero también podría permitirles a usted y a sus hijos desahogarse y hacer planes para los cambios que se avecinan.

Nuevas parejas

Sea selectivo al momento de presentarle a sus hijos a la persona con la que está saliendo. Trate de establecer una relación sólida antes de llevar a su novio(a) a su casa. Los niños podrían confundirse al ver que usted invita a alguien a pasar la noche en su hogar. Si ya estableció una relación especial, hable con su novio(a) acerca de sus hijos antes de que se conozcan. Cuando sienta que el momento es oportuno, presénteselo a sus hijos. No pretenda que se lleven bien desde el primer momento. Deles tiempo para que se hagan amigos. Si su pareja no ha tenido experiencia en la crianza de niños, es posible que se sienta incómodo(a) con su familia. Observe cómo se lleva con sus hijos. Es importante que sea paciente y comprensivo(a). Antes de dejar a sus

hijos con una nueva pareja, asegúrese de que puede confiar en él o ella.

Hable con sus hijos

Es muy importante que hable con sus hijos y que se apoyen mutuamente durante los momentos difíciles. El compartir temores, preocupaciones y sentimientos puede hacer que estos se sientan seguros y especiales. Cuanto más hable con ellos, más cómodos se sentirán todos. Aunque es posible que sus hijos tengan muchas preguntas, no sienta que debe tener todas las respuestas. A veces es más útil limitarse a escuchar que dar consejos. De ser necesario, no dude en buscar ayuda de su pediatra o de un consejero familiar. Las siguientes sugerencias podrían ser útiles al momento de hablar con sus hijos acerca de los cambios que vive la familia: Sea honesto. Si su cónyuge ha muerto, es posible que sus hijos no entiendan lo que ha pasado. Los niños pequeños suelen ver la muerte como una situación temporal. Es muy importante que no les diga que papá o mamá “se marchó” o “se fue a dormir”. Los pequeños podrían creer que el padre o la madre volverá o se

despertará, o que ellos mismos morirán mientras duermen. Si usted está pasando por un divorcio, hable sobre este tema con los niños en términos simples. Trate de no culpar a su excónyuge ni mostrar ira. Explique que los padres a veces deciden vivir por separado. Deles a sus hijos todo el consuelo que necesiten para sentirse seguros y amados.

Cerciórese de que sus hijos no se sientan culpables. Luego de una separación, divorcio o muerte de un padre, los niños podrían culparse a sí mismos. Tal vez se sientan solos, que los desprecian o que no los quieren. Hágales saber que los cambios no son por culpa de ellos y que usted los amará y no los abandonará.

Hable con sus hijos sobre sus temores. La confusión que se produce cuando uno de los padres abandona el hogar o muere, puede causar mucho temor en los niños. En su mente, si uno de los padres se fue, es posible que el otro también lo haga. Tal vez piensen que si se portan bien, el padre que se fue regresará. Es importante hablar acerca de estos temores y tranquilizarlos en lo que sea posible.

No deberá usarse la información contenida en esta publicación a manera de sustitución del cuidado médico y consejo de su pediatra. Podría haber variaciones en el tratamiento, las cuales su pediatra podría recomendar con base en los hechos y circunstancias individuales.

E‘Guía práctica del

buen trato

A propósito de sabía usted que:
al niño’,
‘Guía práctica del buen trato al niño’, ‘Guía práctica del buen trato al niño’,

s un texto multidisciplinar que cuenta con la participación de seis instituciones pediátricas españolas, coordinadas por la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP). En su contenido se propone la instauración del buen trato en todos los ámbitos donde la vida infantil discurre, tanto de tipo familiar como institucional. A continuación, compartiremos con nuestros lectores algunas ideas relevantes de esta trascendente publicación:

• El buen trato se define como una manera de ser y actuar basada en el profundo respeto hacia la dignidad de los otros, que se expresa en el contacto, diálogo, cercanía y cariño que promueven un sentimiento mutuo de respeto y valoración. Implica reconocer al otro como un ser legítimo, un semejante.

• Ser bien tratados es un derecho de los niños y las niñas por el simple hecho de existir y debe ser respetado tanto por padres y cuidadores, como por el conjunto de la comunidad.

• La instauración del buen trato no es un resultado espontáneo, sino que requiere de una acción colectiva e intencionada para incorporarlo. Como afirma la filósofa española Victoria Camps, “se debe enseñar a convivir, porque la convivencia no la tenemos programada a través de nuestros genes,

sino que la tenemos que aprender y construir en la interacción diaria con otras personas”.

• Entre las actuaciones de los padres que promueven el buen trato hacia sus hijos están: proporcionar afecto y apoyo y dedicar tiempo para interactuar con los hijos, promoviendo su participación en la toma de decisiones y en las dinámicas familiares.

• Los padres deben establecer límites y normas para orientar el adecuado comportamiento de sus hijos, reaccionando ante sus comportamientos inadecuados mediante explicaciones coherentes y la aplicación de consecuencias que eviten castigos violentos y desproporcionados.

• Se considera fundamental también, en la dinámica de las relaciones bientratantes, comprender las características evolutivas y de comportamiento de los hijos a una determinada edad, para así practicar un acompañamiento más asertivo y justo durante el fascinante, y a veces desafiante, proceso de la crianza.

*Fuente: García Pérez, J., y Martínez Suárez, V. (Coords.). (2012). Guía práctica del buen trato al niño International Marketing & Communication (IMC).

‘Cada relación entre padres e hijos es única’

Ningún hijo crece jamás en el mismo ambiente que sus hermanos, aunque compartan el mismo techo, los mismos padres y, muchas veces, los mismos hábitos familiares. Cada nacimiento ocurre en un contexto único.

Los padres nunca son exactamente los mismos con cada hijo. Cambian con el tiempo: maduran, se cansan, se recuperan, atraviesan distintas etapas de la vida –emocional, laboral, económica, etc.–.

El primogénito suele criarse con padres más jóvenes, inexpertos, ansiosos y atentos a cada detalle..., pero también más idealistas. El segundo

o tercer hijo, en cambio, llega cuando los adultos están más seguros de sí mismos, quizás más relajados..., pero también más cansados o con otras prioridades: un trabajo exigente, una mudanza, una pérdida, una hipoteca, una enfermedad.

Incluso el entorno cambia: los vecinos, la escuela, los amigos, los momentos históricos. Todo impacta. Por eso, los hermanos crecen en mundos psicológicos y sociales parecidos, pero jamás idénticos. Cada relación entre padres e hijos es única y eso moldea la identidad de cada niño desde un equilibrio siempre nuevo entre expectativas, atenciones y realidades vividas. Cada hijo es un universo.

Gabor Maté

Médico y escritor canadiense

Reflexiones:

“Quien diría que un día extrañaríamos la infancia, si nuestro mayor deseo era crecer”.

Pablo Neruda

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.

Ludwig Wittgenstein

“Tenemos que devolverles la infancia a los niños”.

Gregorio Luri

Ilustraciones: Miqueloff

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