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DIOS C
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ENT
N RE
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El mundo en el que vivimos
Referencia:
https://issuu.com/ppceditorial.mexico/docs/175332_guia_4_camino_con_la_ iglesia_issuu
Público objetivo:
Adultos: Padres de familia, Padrinos, Abuelos, Catequistas y otros responsables de la formación espiritual de los niños.
Objetivo de la Cápsula:
¿EN DÓNDE ESTAMOS? zz ¿Cómo manifiestas concretamente el amor por la naturaleza? zz ¿Qué ideologías, leyes o propuestas gubernamentales crees que atentan
claramente contra la naturaleza y el respeto de las criaturas de Dios?
zz ¿Sabes lo que dice la Iglesia respecto al cuidado concreto de la naturaleza en
nuestros días?
PARA REFLEXIONAR Escuchamos Deuteronomio 22,4-6 Estos versículos son contundentes en la exigencia de Dios sobre tres puntos importantísimos: el cuidado y respeto concreto de la naturaleza, la aceptación de cada creación de Dios, como Dios la creó (no pretender cambiarla al capricho la moda o antojo), y el respeto de los más desvalidos y los más pequeños.
Compartimos zz Muchas acciones que realiza el ser humano han ocasionado el deterioro de
nuestros recursos naturales.
zz La humanidad está llamada a hacer cambios y ajustes en el modo y estilos de
vida, en relación a la producción y al consumo.
CAMINO CON LA IGLESIA
Recordar y promover una conciencia profunda de pertenencia, respeto, protección y cuidado de nuestra “casa común”.
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zz Solo con el cambio de conciencia y con la participación de todos se logrará
frenar el deterioro del planeta.
zz Dios nos dio la Tierra y nuestra responsabilidad es respetar las leyes de la
naturaleza y su orden.
zz Hechos a imagen y semejanza de Dios, creados por amor, estamos dotados
de inteligencia para reconducir a todas las criaturas a su creador, no a su destrucción.
TIEMPO EN FAMILIA zz Esta semana podrás reunir a tu familia para hacer la propuesta de tener un
pequeño huerto en casa. Es una acción que requiere mucho trabajo, pero pudieras empezar con un par de macetas con el fin de que en su cuidado redescubran la belleza de la creación de Dios.
ORAMOS ¡Oh, Dios! que ya en el principio del mundo ordenaste en tu providencia que la tierra germinara hierba verde y produjera toda clase de frutos, y proporcionas semilla para sembrar y pan para comer, te pedimos que esta tierra, fecundada por tu bondad y cultivada por el trabajo del hombre rebose de frutos abundantes, y tu pueblo, colmado de tus dones, te alabe sin cesar ahora y siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.