Encuentro 19
¡Aún no ha llegado mi hora! Referencia: https://issuu.com/ppceditorial.mexico/docs/191065_alianza_g2_issuu
Público objetivo: Adultos: Padres de familia, Padrinos, Abuelos, Catequistas y otros responsables de la formación espiritual de los niños.
Objetivo de la Cápsula: Confiar en la intercesión de María ante Jesús en nuestras necesidades.
¿EN DÓNDE ESTAMOS? z En nuestra familia, ¿a quién recurrimos en los momentos de crisis, dificultad o
necesidad? z ¿Estamos dispuestos a pedir ayuda y confiar en lo que otros pueden hacer por z ¿Sabemos elegir a nuestros mediadores o intercesores? ¿En qué nos basamos?
PARA REFLEXIONAR Escuchamos Juan 2,1-10 Se les acabó el vino, y entonces la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”.
Compartimos z María sabía que Jesús podía solucionar el problema del vino y no duda en dirigirse
a él. Ella sigue confiada en las promesas de Dios, sabe que Dios obra en la vida de quienes son fieles. Su confianza no se basa solo en la condición de su hijo sino en su experiencia de Dios. z María nos muestra que el fruto de hacer la voluntad del Hijo es conseguir un bien
mayor para nuestra vida. María no le pide a Jesús convertir el agua en vino, sino que les indica a los siervos que hagan lo que Jesús les diga. z Jesús obra dos milagros: convierte el agua en vino y restaura la dignidad de la familia
al ofrecer “el mejor vino”. Cuando el Señor viene a nuestras vidas, tiene interés en
Jesús, mi hermano
nosotros?
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cada aspecto de nuestro ser. Y en aquella ocasión, proveer vino para un banquete de boda, sirvió para evitar mucha tristeza y humillación a aquellos novios y a su familia. z Es Jesús quien obra el milagro, pero María es quien intercede por las necesidades. La
intercesión de María es la de una madre amorosa, que desea que todos sus hijos se vean libres de necesidades, materiales y espirituales.
TIEMPO EN FAMILIA z Durante esta semana, oremos juntos el rosario por nuestra familia. z En familia, consagremos nuestra a vida a María.
ORAMOS Señor Jesús, hoy decido poner mis problemas en tus manos, concédeme poder resolverlos, como concediste a tu madre el milagro de Caná. Amén.