Wall City
Edición Español Otoño del 2019 Volume 1 Publicación 1
UNA POLÍTICA QUE HA ROTO SUEÑOS
2 WALL CITY EDICIÓN ESPAÑOL 2019
LUGAR Capilla Católica de San Quentin. CONSTRUIDA EN 1850 Como un lugar donde la comunidad católica se une a compartir la palabra de Cristo Jesus y la celebración de los sacramentos. 2019 EDICIÓN ESPAÑOL WALL CITY 3
Í C U L O S
Imágenes de SQ
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Editorial
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Arte en Prisión
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Al Otro Lado del Muro
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Apóyenos
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Wa ll Cit y Edición Español
Una política que ha roto sueños Luis Ojeda enfrentará la deportación después de su salida de prisión
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Editor-en Jefe Marcus Henderson Escritores Tare Beltranchuc Juan Haines Traducciones Juan Espinosa Director de Arte Vincent Turner Jr Vocero de SQ Lt. Sam Robinson Oficina del director Raphaele Casale de SQ. Vocero de CDCR Joe Orlando Asesora y editora Lourdes Cárdenas Asesores William Drummond Sarah Horowitz Doug Levy Alissa Greenberg Producida por:
James Fox y su Prison Yoga Project
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James Fox lleva la práctica de yoga a personas encarceladas.
WALL CITY Nuestra mision
La revista de Wall City se enfoca en informar a la gente fuera de prisión acerca de la vida de los hombres y mujeres encarcelados. Además los lectores encarcelados reciben historias que pueden usar para mejorar sus vidas y convertirse en mejores ciudadanos.
Wall City se sostiene con aportaciones de
¿Quién cruza las fronteras? Watani Stiner y su experiencia personal al cruzar la frontera.
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foto de portada: Gilberto Lopez, FIRSTWATCH; Foto en imagenes de SQ y foto superior: Eddie Herena. foto intermedia cortesía de Jmaes Fox; foto inferior cortesía de Monica Campbell
A R T
E D I
Entre el cielo y la tierra
T O R I A L
“Nadie puede decir en qué momento comienza el despertar del hombre” (Eduardo Subirats, Utopía y Subversión, 1975, p. 148) Por Lucía de la Fuente, Editora de español
Foto de Eddie Herena y Ilustracion de Javier Jimenez
E
n lo que más me fijé la primera vez que te conocí, fue en tus manos. Grandes, con las uñas bien recortadas y con un tatuaje imperfecto. Tus manos siempre cargaban algo: una pluma, papel, tarjetas con números telefónicos, periódicos, libretas y bolsas de plástico trasparente con comida. Puños llenos de sueños… Tus manos eran por si solas un taller de trabajo, una oficina, una librería, una lucha hispana. Esas manos tuyas reflejaban de una manera muy pulcra tu trabajo: cuidadas, útiles, en eterno movimiento y fuertes. Entre el cielo y la tierra (ese sitio donde nosotros, los ridículos y dramáticos humanos, intentamos vivir y sobrevivir) estaba tu laboratorio. En el hacías experimentos para revolucionar la existencia de los que no sabemos cómo saborear la vida de una forma sana. En el construiste comunidades y derribaste muros. En el luchaste por todos nosotros; de hecho, este espacio en el que hoy estoy escribiendo en español, nos lo conseguiste tú. ¿De quién eran esas manos mágicas que trabajaban entre el cielo y la tierra? Eran de un hombre que soñaba despierto y despertaba a sus sueños: correr programas de rehabilitación en español; “les voy a enseñar (a las correccionales) cómo se debe de hacer la
rehabilitación adecuadamente”, me decía. Eran de un hombre que no recibía un “no” por respuesta; “eh, Lucía, va a estar bueno. Vamos a agarrar lo mejor para la raza. Tú confía”, me repitió. Eran de un hombre que tocaba puertas, que luchaba por los “compas”, que explicaba cuando nadie quería oír, que compartía con los demás hasta lo que no tenía, que respiraba profundo “cuando la cosa se pone fea”, que miraba siempre para adelante y dejaba atrás rencores y remordimientos, que creía ciegamente en la unión y el trabajo en equipo, que disfrutaba el estar vivo. Eran las manos de un hombre de palabra que, invariablemente, caminaba con la cabeza bien erguida porque estaba orgulloso de su cultura; orgulloso de nosotros. Compañeros, ustedes que hoy están leyéndo estas palabras, déjenme decirles que le debemos mucho al dueño de esas manos: ahora es nuestro turno de trabajar entre el cielo y la tierra, para derribar muros y construir comunidades. A él no le importaba si eras “blanco”, “moreno”, “latino”, o cualquier otro color; “no le hace. Aquí con nosotros todos son bienvenidos”, decía con una gran sonrisa. Mis compas, compitas, centroamericanos, y de cualquier otro país hispano, de Norte a Sur y de Sur a Norte, de
este a oeste, todos somos uno y uno somos todos. Juntos, vamos a mantener vivo el trabajo que él comenzó entre el cielo y la tierra; porque ese trabajo era y es para y por nosotros. Porque entre el cielo y la tierra sólo podemos caminar. ¡Ya basta de correr! Vamos a andar, un pie delante del otro. Vamos a despertar y a dejar ese racismo que nos pudre por dentro. Vamos a recorrer, cogidos de las manos, las carreteras que no entienden de fronteras; las carreteras que sólo saben de unión. “No se descubre al sueño por haberlo des-cubierto, no son las luces del día, de la conciencia y la razón, las que lo desvelan. Más bien revelan una nueva luz. Una nueva claridad que penetra en la vida vigil con las sombras de recuerdos de deseos olvidados […] Al amanecer no se despierta del sueño; es el sueño el que despierta la vigilia” (pp. 147-148). Despertemos de ese sueño que nos tiene adormecidos. Ese sueño que nos hace sentir cansados y desganados, esclavos del hartazgo. Despertemos al sueño de ser el mejor ejemplo de nuestras raíces. ¿De qué sirve una vida llena de sueños, si dormimos durante el día? Arnulfo T. García: esta lucha no se acaba aquí.
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Jennie, Luis y Ojeda y su mamá Lourdes Ortiz
Una política que ha roto sueños
L
uis Ojeda de 23 años, se encuentra en la Prisión de San Quentin cumpliendo una condena de seis años por asalto agravado. Después de cumplir su sentencia, Ojeda será deportado a la Ciudad de México. Su hermana Jennie, de 21 años, reside, estudia y trabaja en San José. Ella no ha tenido problemas con la ley, pero teme ser deportada. “Quería ser abogado para ayudar a mis padres, pero la regué y perdí la oportunidad que DACA me ofreció. Me siento avergonzado por haber cometido un crimen”, dice Luis. “Desperdicie la oportunidad que se me otorgó en este país. También me siento mal de que nos estén usando (DACA presos) como excusa para no renovar el DACA. Pienso que no es justo”. En el año 2012, el ex-presidente Barack Obama creó el programa DACA (Accion Diferida para los Llegados en la Infancia) para proteger de la deportación a los 6 WALL CITY EDICIÓN ESPAÑOL 2019
niños que entraron a los Estados Unidos antes de cumplir los 16 años de edad. Los hermanos Ojeda están entre los 800.000 inmigrantes indocumentados que fueron traídos por sus padres a los Estados Unidos a muy temprana edad, y que solicitaron la protección de DACA. Este grupo de inmigrantes son ahora son conocidos como soñadores. A principios de su administración el Presidente Donald Trump anunció su intención de terminar con DACA . Desde entonces, los soñadores enfrentan un futuro incierto. Sí las amenazas de terminar con el programa se materializan, Jennie
“Tengo esperanza que el Congreso haga algo respecto al DACA”
enfrentará una eminente deportación. “Me siento preocupada”, dice Jennie. “Si no hacen nada al respecto, no solo mi familia será afectada, sino también mucha gente. Destruirán nuestros sueños, no podremos seguir asistiendo a la escuela y tampoco podremos seguir trabajando legalmente”. Por haber cometido un delito y recibir una condena, Luis ya no tendrá beneficios migratorios al terminar su condena. De acuerdo al artículo de Will Racke The Number Behaind The Dreamers, publicado por el Daily Caller “desde la implementación de DACA en el 2012, un total de 2,139 (cerca del 0.3%) soñadores han perdido su estatus migratorio por un comportamiento criminal”. Luis se convirtió en soñador a los 18 años, pero perdió el estatus cuando cometió su delito. A pesar de estar en prisión, Luis expresa que se benefició del DACA. Su
Foto cortesía de Luis Ojeda
Por Tare Beltranchuc y Marco Villa
“Antes de la creación de DACA, cuando tenía la edad de 11 años, me estresaba pensando que la migra (ICE) me iba agarrar y separarme de mi familia”
Fotos cortesía de Jennie y Luis Ojeda
Jennie Ojeda
futuro, dice, se basaba en el sueño americano. “Antes de la creación de DACA, cuando tenía la edad de 11 años, me estresaba pensando que la migra (ICE) me iba agarrar y separarme de mi familia. A los 18 años obtuve DACA y esto me ayudo a obtener mi licencia de manejar y un permiso de trabajo, con el cual obtuve un trabajo como cocinero en un restaurante y continué con mi educación”, dice Luis. Luis admite sus errores y acepta el castigo impuesto por sus malas decisiones. Sin embargo, las amenazas de Trump afectan emocionalmente a soñadores como Jennie. Jennie recuerda como DACA cambió su vida. El programa le permitió trabajar legalmente en los Estados Unidos. Actualmente trabaja como secretaria en una compañía de plomería durante el día y por la noche asiste al Colegio De Anza. Una de sus metas es llegar a ser
Jennie, Luis and Hugo Ojeda
arqueóloga y antropóloga. “Me gusta aprender acerca de las personas que vivieron aquí hace mucho tiempo, del significado de las religiones, sus diferentes puntos de vista y las civilizaciones antiguas”, dice. “Si llegara a ser una antropóloga podría explorar el mundo”. Un reporte de American Action Forum encontró que los soñadores contribuyen a la economía estadounidense de diferentes maneras. “Estimamos que el trabajador promedio con estatus de DACA contribuye con unos $109 mil dólares anuales a la economía. Si todos los beneficiarios de DACA fueran removidos del país, el Producto Interno Bruto del país decrecería por alrededor de $42 mil millones de dólares”, indica el reporte de AFF. En un estudio llamado National UnDACAmented Research Project, Roberto G. Gonzales, investigador de
Harvard, encuestó a 2,000 portadores de DACA. Gonzales descubrió que el 22% de soñadores tienen una licenciatura, comparado con un 32% de la población total de los Estados Unidos que cuentan con licenciatura. Si DACA es cancelado definitivamente la mayoría de los soñadores tendrán que hacer cambios drásticos en su vida. Algunos no tendrán otra alternativa que regresar a vivir en las sombras – en constante temor a la deportación. Para otros, significaría regresar a sus países de origen de los cuales huyeron y conocen muy poco. “Estoy muy asustada y me da tristeza cuando miro las noticias – parece que están jugando con nuestras emociones, no nos toman en serio. ¿Cómo podremos tener un futuro? Me da mucha tristeza, me preocupo y me causa estrés”, dice Jennie. “(Sin embargo) tengo esperanza que el Congreso haga algo respecto al DACA”. 2019 EDICIÓN ESPAÑOL WALL CITY 7
Por Juan Haines y Juan Espinosa
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ames Fox ha enseñado yoga por medio del Prison Yoga Project (PYP) a personas encarceladas en la prisión estatal de San Quentin, en California desde el 2012. Sin embargo, desde hace dos años, internos en prisiones mexicanas también se han beneficiado de su enseñanza. El programa de yoga de PYP se expandió a México en 2017 con la apertura del Yoga Espacio Center de la Ciudad de México. Un equipo formado por 15 instructores comenzaron a impartir clases de yoga y meditación. Datos del PYP indican que hasta el 2017, había en México 188,262 personas (95% hombres y 5% mujeres) en 322 cárceles y prisiones alrededor del país. El mayor objetivo del encarcelamiento en México está enfocado en la reintegración social, y el yoga puede ayudar con este objetivo, es por eso que PYP se integró a esta causa. “Una vez que los participantes son más conscientes de las sensaciones de su cuerpo son capaces de estar más al tanto de los efectos que la violencia ha tenido en sus vidas y del daño que han causado sus acciones a otros”, dijo Fox. En la Ciudad de México, PYP ofrece clases semanales para 10 o 12 personas previamente encarceladas. También hay un programa semanal para 15 8 WALL CITY EDICIÓN ESPAÑOL 2019
jóvenes de alrededor de 16 años de edad en una corporación de rehabilitación privada. Además desde el pasado junio, PYP México expandió su programa y comenzó a impartir clases de yoga en la Ciudad de México para 10 víctimas de tráfico sexual. PYP opera en ocho prisiones en cuatro estados de México: Veracruz, Morelos, Estado de México y Ciudad de México. En el sureste del país mexicano, PYP opera en la prisión estatal de Coatzacoalcos, Veracruz impartiendo clases de yoga dos veces por semana para 15 hombres y mujeres. Reos mexicanos Las clases de yoga también son practicando ofrecidas en la municipalidad de yoga Acayucan, Veracruz, dando clases de meditación y yoga para diez internos dos veces a la semana. En marzo del 2018, PYP México lanzó un programa en la prisión federal de máxima seguridad CEFERESO No. 1 en el Altiplano. Aparte de todos los programas ofrecidos en diferentes instituciones carcelarias, PYP México enseña clases semanales para 60 internos así también para un grupo separado de 15 trabajadores miembros de la salud. En ese mismo año PYP comenzó clases de yoga en Ciudad
Fotos cortesía de James Fox
James Fox enseña yoga
Nezahualcóyotl, en el Estado de México para 10 mujeres encarceladas en un programa pre-natal. Además, PYP también propuso un programa de yoga para los internos con HIV en la penitenciaría de Santa Marta Acatitla en la Ciudad de México . Aparte de enseñar yoga en México, PYP también proporciona círculos de justicia restaurativa en la cárcel. Los beneficios del yoga cada vez atraen a más personas a practicarla ya que esta no tiene lenguaje u otro tipo de instrucciones complicadas. Hugo Eduardo López de 25 años, ha estado practicando yoga en la prisión en San Quentin, por cerca de seis meses. López dice que nunca había practicado yoga antes pero ahora que la práctica le ha ayudado a tener más flexibilidad y lo motiva a hacer ejercicio. “Antes no podía hacer mucho ejercicio porque no tenía mucha flexibilidad, aparte de que me sentía cansado. Con el yoga ahora me siento más flexible, relajado, y con más ganas de ejercitarme”, dijo López. En San Quentin los practicantes de yoga son de diferentes grupos étnicos y la instrucción es en inglés. “Yo no hablo inglés y no pienso que necesite entenderlo porque solo necesito seguir el lenguaje corporal del instructor para que pueda entender los movimientos y posiciones necesarias”, agrego López.
Arriesgando todo por el bienestar del los hijos Por Watani Stiner
Foto cortesía de Monica Campbell
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atani Stainer, escapo de la de experiencia personal. En 1974, me prisión de San Quentin en escape de la prisión de San Quentin, y 1974 y se refugió primero en huí del país a Guyana en Suramérica. Guyana en Suramérica y posteriormente Casi inmediatamente a mi llegada a en Suriname. Pasó algunos días Georgetown, la capital de Guyana, felices antes de que el pequeño país me uní a la creciente comunidad de sudamericano se hundiera en un refugiados. En 1976, Guyana empezó a profunda crisis económica y social. La extrema pobreza, la corrupción y la experimentar un severo declive falta de oportunidades para sus hijos lo económico. La corrupción, falta de llevaron a entregarse a Estados Unidos empleo, y falta de enseres básicos llevaron al país a un desorden político. para volver a ser encarcelado. Los trabajadores azucareros, quienes Basado en su experiencia personal, Stainer comparte su opinión y eran mayormente segmentos de este perspectiva sobre la crisis migratoria Indico de la sociedad guyanesa, se que esta viviendo Estados Unidos y de las razones Inmigrantes centroamericanos en Tijuana, México. detrás del éxodo de miles de familias que arriesgan su seguridad y la vida de sus hijos con la única meta de darles una mejor vida. Watani fue puesto en libertad en abril del 2011. En estos tiempos, un profundo miedo, junto a la ignorancia y la incertidumbre están alimentando el debate nacional sobre la migración –legal o indocumentada– de miles de personas a Estados Unidos. Día a día, cientos de familias inmigrantes, con niños de proclamaron en huelga por más de cuatro varias edades, cruzan la frontera con la meses; los productos de consumo diario esperanza de ser aceptados e iniciar una desaparecieron de los estantes de tiendas. Guyana se volvió el país más pobre de nueva vida en Estados Unidos. Cualquiera que sea el motivo por el hemisferio del oeste después de Haití. cual los inmigrantes están dejando sus Viví ahí por otros cuatro años antes de países en Centroamérica o América del que la situación política y económica del Sur, es cierto que hay una batalla entre país se deteriorara, forzándome a cruzar la aplicación de la ley y la compasión. la frontera de Suriname del país vecino. Después de mi llegada a Suriname conPrimero vamos a preguntarnos a nosotros mismos: ¿Cuál es la razón posible por la ocí a una mujer y nos establecimos para cual alguien deja su amada tierra por una criar siete hijos. Mientras la economía de Suriname continuaba empeorando, distante y extraña? Permíta a un ex-prisionero, balancear la epidemias de cólera y tuberculosis este problema de inmigración de punto arrasaron el país. El sistema escolar, sin
dinero para libros o profesores, sucumbió. Traté varias maneras de proveer para mi familia mientras que la violencia en el país escalaba y la economía se deterioraba aún más. En 1993, mi familia estaba viviendo en una casa de ramas pequeña sin electricidad o agua potable, cosechando verduras para la venta y vendiendo yerbas medicinales y café. Comencé a preocuparme por la salud y el futuro de mis hijos. Reflexionaba en maneras de cómo traer a mis hijos a los Estados Unidos. Pero como un fugitivo, no podía simplemente mover a mi familia fuera del país y tampoco quería dejarlos allí. ¿Mi libertad valía el bienestar de mis hijos? La situación en Suriname se estaba volviendo más desesperante cada día. Después de convencer a mi esposa de que entregandome a la justicia aseguraría una mejor vida para nuestros hijos, me entregué a la embajada de los Estados Unidos en Paramaribo. Desesperado y temeroso, tenía que sacar a mis hijos fuera del país. Eventualmente a ellos se les permitió entrar a los Estados Unidos. Mientras que algunos de mis hijos sacaron provecho, otros batallaron. Uno nunca sabe cuál será el futuro de las decisiones que uno tome, pero para mí la esperanza de un mejor futuro fue mucho mejor que no tener ninguna. Estoy de regreso en la prisión, y solamente porque amo a mis hijos más que lo que odio mi encarcelamiento. Los padres de esos jóvenes están haciendo viajes muy peligrosos en busca de asilo en los Estados Unidos tiene una cosa en mente, una cosa que nos mueve a todos los padres- la sobrevivencia y seguridad de nuestro hijos. Ningún pensamiento o emoción es más poderosa que eso. 2019 EDICIÓN ESPAÑOL WALL CITY 9
A R T E
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P R I S I Ó N
Mural en la unidad H de San Quentin "Calvary" de Octavio Ocampo Recreada por: C. O'Neal en el 2010
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A L O T R O L A D O D E L M U R O
Marco Villa se prepara para la libertad Por Tare Beltranchuc, Escritor Contribuyente años mis padres se divorciaron y todo cambio”. La madre de Villa y su hermana menor se vinieron a vivir a los Estados Unidos y él permaneció con su padre en México. los 12 A años, su padre lo envió a vivir primeramente con su tía y luego con su madre en los Estados Unidos. Posteriormente, su madre lo mando de regreso con su padre a DERECHA, MARCO VILLA CON JAMES FOX México. “Me DESPUÉS DE SALIR DE PRISIÓN sentí abandonado espués de pasar más de una y pensé que no me querían”, dijo Villa. década en prisión, Marco Villa “Estaba confundido y no entendía se reunirá nuevamente con su porque mis padres no querían que madre y sus hijas, pero en esta ocasión viviera con ellos. Así que me empecé a portarme mal en la escuela y me metí como un hombre libre. El 7 de diciembre de 2017 Villa en problemas”. En 1990, Villa regresó a escuchó las palabras que cualquier los Estados Unidos para continuar con preso, sirviendo una sentencia de cadena su educación hasta que conoció a su ex perpetua, añora escuchar: “este panel esposa en el bachillerato. “Mi novia te encuentra elegible para obtener tu quedo embarazada y tuve que dejar la escuela y empezar a trabajar”, dijo. libertad condicional”. A los 22 años, Villa bebió su “No lo podía creer, así que les pregunte ¿Soy elegible?”, recuerda Villa todavía primera cerveza por curiosidad, pero el efecto del alcohol ocasionó que con emoción. El 18 de febrero de 2008, Villa fue continuara bebiendo. “Me volví adicto sentenciado a siete años a cadena al alcohol debido a que cuando bebía, perpetua, más cinco años adicionales, al mis inseguridades, sentimientos de abandono, frustración, y resentimiento ser encontrado culpable de tortura. Villa nació y creció en Matamoros, desaparecían”. A los 32 años, Villa ya Tamaulipas, México con sus padres y era un alcohólico quien descuidaba a su cuatro hermanos. “Tuve una niñez muy familia y como resultado su esposa le feliz”, dijo Villa, “pero, cuando tenía 9 pidió el divorcio. “Cuando mi esposa me
foto cortesía de James Fox
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dejo, experimente el abandono que sentí cuando mis padres se divorciaron”, dijo Villa. “Esa emoción era tan fuerte que el alcohol no era suficiente para adormecer este sentimiento, así que recurrí a la cocaína”. Con el tiempo, se hizo adicto a la cocaína, algo que contribuyó a que se involucrara en actividades ilícitas como el secuestro. Al preguntarle sobre su primer día en la prisión, Villa comentó, “entre a un mundo desconocido y eso me aterraba, tenía miedo”. Al llegar al Centro de Recepción de Delano, experimentó su primera humillación en la prisión. “Me pidieron junto a otros 19 presos, que nos despojáramos de nuestras ropas, nos inclináramos y empezáramos a toser mientras un oficial estaba detrás de nosotros observándonos desnudos. Sentí que mi hombría había sido violada”. En la siguiente mañana, Villa despertó deseando que todo fuera una pesadilla, “estaba en negación y me rehusaba a aceptar la dura realidad”. Los primeros años en la prisión fueron los más difíciles. “Estaba enojado, tenía mucho resentimiento, y culpaba a otras personas por mis malas decisiones. No quería aceptar responsabilidad por mis acciones”, recordó. Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar cuando asistió a un simposio de Justicia Restaurativa en el 2014. “Al escuchar las historias de los sobrevivientes y ser testigo del dolor causado por los agresores como yo, sentí por primera vez vergüenza por mis acciones y empatía por otras personas”. Dijo Villa. “En ese preciso momento, decidí cambiar mi vida y empecé a aprovechar los programas de auto-ayuda que la Prisión de San Quentin ofrece”. Cuando se le preguntó sobre el mensaje de su historia, Villa contestó, “espero que a través de mi historia pueda crear conciencia que una mala decisión puede arruinar muchas vidas”, dijo. “Pero también quiero dar esperanza a las personas que se encuentran en las prisiones que el cambio es posible. Nunca es demasiado tarde para cambiar”. Ahora, en vísperas de obtener su libertad, dice “estoy listo para empezar a escribir el siguiente capítulo de mi vida”. 2019 EDICIÓN ESPAÑOL WALL CITY 11
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