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Corrientes aguas puras, cristalinas, GARCILASO. EGLOGA I árboles que os estáis mirando en ellas, verde prado de fresca sombra lleno, aves que aquí sembráis vuestras querellas, hiedra que por los árboles caminas, torciendo el paso por su verde seno: Hermosas ninfas, que en el rio metidas, contentas habitáis en las moradas de relucientes piedras fabricadas
GARCILASO. SONETO XI
agora estéis labrando embebecidas o tejiendo las telas delicadas, agora unas con otras apartadas contándoos los amores y las vidas: dejad un rato la labor, alzando vuestras rubias cabezas a mirarme, y no os detendréis mucho según ando, que o no podréis de lástima escucharme, o convertido en agua aquí llorando, podréis allá despacio consolarme. ¡Oh hado ejecutivo en mis dolores,
GARCILASO. SONETO XI
cómo sentí tus leyes rigurosas! Cortaste el árbol con manos dañosas, y esparciste por tierra fruta y flores. En poco espacio yacen los amores, y toda la esperanza de mis cosas tornados en cenizas desdeñosas, y sordas a mis quejas y clamores. 1
Las lágrimas que en esta sepultura se vierten hoy en día y se vertieron, recibe, aunque sin fruto allá te sean, hasta que aquella eterna noche oscura me cierre aquestos ojos que te vieron, dejándome con otros que te vean.
2
TERESA DE JESÚS. NADA TE TURBE Tres morillas me enamoran en Jaén
Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda, La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene Nada le falta: Sólo Dios basta.
Ya toda me entregué y di, y de tal suerte he trocado, que mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado. Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo, Decidme: ¿en qué me detengo? O Vos, ¿en qué os detenéis? Cuando el dulce Cazador me tiró y dejó herida, en los brazos del amor mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida, de tal manera he trocado, que mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado. Hirióme con una flecha enherbolada de amor, y mi alma quedó hecha una con su Criador; Ya yo no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado, y mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado. Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda, La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene Nada le falta: Sólo Dios basta.
TERESA DE JESÚS. ALMA, BUSCARTE Ay, triste que vengo
Alma, buscarte has en Mí, y a Mí buscarme has en ti. De tal suerte pudo amor, alma, en mí te retratar, que ningún sabio pintor supiera con tal primor tal imagen estampar. Fuiste por amor criada hermosa, bella, y así en mis entrañas pintada, si te perdieres, mi amada, Alma, buscarte has en Mí. Y A Mí buscarme has en ti
Oh ñudo que así juntáis dos cosas tan desiguales, no sé por qué os desatáis, Pues atado fuerza dais a tener por bien los males. Juntáis quien no tiene ser con el Ser que no se acaba; sin acabar acabáis, sin tener que amar amáis, engrandecéis nuestra nada.
¡Oh hermosura que excedéis a todas las hermosuras! Sin herir dolor hacéis, y sin dolor deshacéis, el amor de las criaturas. 3
Alma, buscarte has en Mí. Y A Mí buscarme has en ti Que yo sé que te hallarás en mi pecho retratada, y tan al vivo sacada, que si te ves te holgarás,
Porque tú eres mi aposento, eres mi casa y morada, y así llamo en cualquier tiempo, si hallo en tu pensamiento estar la puerta cerrada. Fuera de ti no hay buscarme, porque para hallarme a Mí, bastará sólo llamarme, que a ti iré sin tardarme y a Mí buscarme has en ti.
viéndote tan bien pintada. Y si acaso no supieres dónde me hallarás a Mí, No andes de aquí para allí, sino, si hallarme quisieres, a Mí buscarme has en ti.
4
JUAN DE LA CRUZ. ENTREME DONDE NO SUPE Entreme donde no supe y quedeme no sabiendo toda ciencia trascendiendo.
Yo no supe dónde entraba pero cuando allí me vi sin saber dónde me estaba grandes cosas entendí no diré lo que sentí que me quedé no sabiendo toda ciencia trascendiendo. De paz y de piedad era la ciencia perfecta, en profunda soledad entendida vía recta era cosa tan secreta que me quedé balbuciendo toda ciencia trascendiendo. Estaba tan embebido tan absorto y ajenado que se quedó mi sentido
de todo sentir privado y el espíritu dotado de un entender no entendiendo toda ciencia trascendiendo. El que allí llega de vero de sí mismo desfallece cuanto sabía primero mucho bajo le parece y su ciencia tanto crece que se queda no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. Cuanto más alto se sube tanto menos se entendía que es la tenebrosa nube que a la noche esclarecía por eso quien la sabía queda siempre no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. 7
Este saber no sabiendo es de tan alto poder que los sabios arguyendo jamás le pueden vencer que no llega su saber a no entender entendiendo toda ciencia trascendiendo. Y es de tan alta excelencia aqueste sumo saber que no hay facultad ni ciencia que le puedan emprender quien se supiere vencer con un no saber sabiendo, toda ciencia trascendiendo. Y si lo queréis oír consiste esta suma ciencia en un subido sentir de la divinal esencia es obra de su clemencia hacer quedar no entendiendo toda ciencia trascendiendo. Que me quedé no sabiendo. Que me quedé balbuciendo de un entender no entendiendo que se queda no sabiendo queda siempre no sabiendo un no entender entendiendo con un saber no sabiendo hacer quedar no entendiendo toda ciencia trascendiendo
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GARCILASO. EGLOGA
( TRANSICIÓN A ÉGLOGAS) yo me vi tan ajeno del grave mal que siento que de puro contento con vuestra soledad me recreaba, y en este mismo valle, donde agora me entristezco y me canso en el reposo, estuve ya contento y descansado. ¡ Oh bien caduco, vano y presuroso! COMIENZA
¡Oh más dura que mármol a mis quejas, y al encendido fuego en que me quemo más helada que nieve, Galatea!, ¡CLIN! estoy muriendo, y aún la vida temo; témola con razón, pues tú me dejas, que no hay, sin ti, el vivir para qué sea. Por ti el silencio de la selva umbrosa, por ti la esquividad y apartamiento del solitario monte m’agradaba; por ti la verde hierba, el fresco viento, el blanco lirio y colorada rosa y dulce primavera deseaba. ¡Ay, cuánto m’engañaba! ¡Ay, cuán diferente era
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y cuán d´otra manera lo que en tu falso pecho se escondía! Vergüenza he que me vea ninguno en tal estado, de ti desamparado, y de mí mismo yo me corro agora. ¿De un alma te desdeñas ser señora, donde siempre moraste, no pudiendo de ella salir un hora? Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¿Y tú, de esta mi vida ya olvidada, sin mostrar un pequeño sentimiento de que por ti Salicio triste muera, dejas llevar (¡desconocida!) al viento el amor y la fe que ser guardada eternamente sólo a mí debiera? ¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera, no recibe del cielo algún castigo? Si en pago del amor yo estoy muriendo, ¿qué hará el enemigo? Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. TANGO
Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena? Tus claros ojos ¿a quién los volviste? ¿Por quién tan sin respeto me trocaste? Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste? ¿Cuál es el cuello que, como en cadena, de tus hermosos brazos anudaste? No hay corazón que baste, aunque fuese de piedra, viendo mi amada hiedra, 10
de mí arrancada, en otro muro asida, y mi parra en otro olmo entretejida, que no se esté con llanto deshaciendo hasta acabar la vida. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¿Qué no se esperará de aquí adelante, por difícil que sea y por incierto? O ¿qué discordia no será juntada?, Cuando tú enajenada de mi cuidado fuiste, notable causa diste, y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo, que el más seguro tema con recelo perder lo que estuviere poseyendo. Salid fuera sin duelo, salid sin duelo, lágrimas, corriendo. FIN TANGO RITMO PRINCIPIO
Con mi llorar las piedras enternecen su natural dureza y la quebrantan; los árboles parece que se inclinan: las aves que me escuchan, cuando cantan, con diferente voz se condolecen, y mi morir cantando me adivinan. Las fieras, que reclinan su cuerpo fatigado, dejan el sosegado sueño por escuchar mi llanto triste. Tú sola contra mí te endureciste, los ojos aún siquiera no volviendo a lo que tú hiciste. Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
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PARONES-PINCELADAS
Tengo una parte aquí de tus cabellos, envueltos en un blanco paño, que nunca de mi seno se m’apartan; descójolos, y de un dolor tamaño enternecer me siento que sobre ellos nunca mis ojos de llorar se hartan. Sin que d’allí se partan, con sospiros callientes, más que la llama ardientes, los enjugo del llanto, y de consuno casi los paso y cuento uno a uno; juntándolos, con un cordón los ato. Tras esto el importuno dolor me deja descansar un rato.
POCO A POCO – RITMO
Mas ya que a socorrerme aquí no vienes, no dejes el lugar que tanto amaste, que bien podrás venir de mí segura; yo dejaré el lugar do me dejaste; ven, si por sólo esto te detienes; Marcar ves aquí un prado lleno de verdura, Marcar ves aquí una espesura, Marcar ves aquí una agua clara, en otro tiempo cara, a quien de ti con lágrimas me quejo. Quizá aquí hallarás (pues yo me alejo) al que todo mi bien quitarme puede; que pues el bien le dejo, no es mucho que el lugar también le quede. 12
COPLA PARANDO HASTA EL FINAL
Yo dejaré desde aquí de ofenderos más hablando, porque mi morir callando os ha de hablar por mí. Gran ofensa os tengo hecha hasta aquí en haber hablado, pues en cosa os he enojado que tan poco me aprovecha. Derramaré desde aquí mis lágrimas no hablando, porque quien muere callando tiene quien hable por sí.
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TERESA DE JESÚS. A LA PROFESIÓN DE ISABEL
Sea mi gozo en el llanto, sobresalto mi reposo, mi sosiego doloroso, y mi bonanza el quebranto. Entre borrascas mi amor, y mi regalo en la herida, esté en la muerte mi vida, y en desprecios mi favor. Mis tesoros en pobreza, y mi triunfo en pelear, mi descanso en trabajar, y mi contento en tristeza. DESFIGURAR En la oscuridad mi luz, mi grandeza en puesto bajo. De mi camino el atajo y mi gloria sea la cruz. Mi honra el abatimiento, y mi palma padecer, en las menguas mi crecer, y en menoscabo mi aumento. En el hambre mi hartura, mi esperanza en el temor, mis regalos en pavor, mis gustos en amargura. En olvido mi memoria,
mi alteza en humillación, en bajeza mi opinión, en afrenta mi vitoria.
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En una noche oscura con ansias, en amores inflamada, salí sin ser notada, por la secreta escala estando ya mi casa sosegada. sin otra luz, sin otro guía, que solo mi corazón ardía.
¡Oh noche que guiaste, amable más que la alborada! ¡oh noche que juntaste Amado con Amada, Amado en Amada transformada! A oscuras, y segura, por la secreta escala disfrazada, a oscuras, y en celada, antes de la alborada, estando ya mi casa sosegada. La noche era dichosa,
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que nadie me veía, que solo mi corazón ardía.. ¡Oh noche que guiaste! amble más que la alborada, oh noche que juntaste Amado con Amada. Amada en el Amado transformada! DESARROLLO En mi pecho florido, que solo para él guardaba, allí quedó dormido, y yo le regalaba, y el ventalle de cedros aire daba. El aire de la almena, cuando yo sus cabellos esparcía, con su mano serena en mi cuello hería, y todos mis sentidos suspendía. ¡Oh noche que guiaste! amble más que la alborada, oh noche que juntaste Amado con Amada. Amada en el Amado transformada!
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TERESA DE JESÚS. (FINAL)
Mi lauro esté en el desprecio, en las penas mi afición, mi dignidad sea el rincón, y la soledad mi aprecio. En Cristo mi confianza, y de El solo mi asimiento, en sus cansancios mi aliento, y en su imitación mi holganza. Aquí estriba mi firmeza, aquí mi seguridad, la prueba de mi verdad, la muestra de mi firmeza.
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CÁNTICO parte 1 ¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste habiéndome herido; salí tras ti clamando y eras ido. Pastores, los que fueres allá por las majadas al otero, si por ventura vieres aquel que yo más quiero, decidle que adolezco, peno y muero.
¡Oh bosques y espesuras plantadas por la mano del Amado!, ¡oh prado de verduras de flores esmaltado!, decid si por vosotros ha pasado. Mil gracias derramando pasó por estos sotos con presura; y, yéndolos mirando,
con sola su figura vestidos los dejó de su hermosura. Y todos cuantos vagan de ti me van mil gracias refiriendo, y todos más me llagan, y déjanme muriendo un no sé qué que quedan balbuciendo. Apaga mis enojos, pues que ninguno basta a deshacedlos, y véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y sólo para ti quiero tenerlos. Descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura; mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura. ¡Oh cristalina fuente, si en esos tus semblantes plateados formases de repente los ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados!
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PARTE 2
Mi Amado las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos, la noche sosegada en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora. Detente, cierzo muerto; ven, astro, que recuerdas los amores, aspira por mi huerto, y corran tus olores, y pacerá el Amado entre las flores. A las aves ligeras, leones, ciervos, gamos saltadores, montes, valles, riberas, aguas, aires, ardores, y miedos de las noches veladores:
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Por las amenas liras y canto de sirenas os conjuro que cesen vuestras iras y no toquéis al muro, porque la esposa duerma más seguro. DESFIGURAR Entrado se ha la esposa en el ameno huerto deseado, y a su sabor reposa, el cuello reclinado sobre los dulces brazos del Amado.
En la interior bodega de mi Amado bebí, y, cuando salía por toda aquesta vega, ya cosa no sabía, y el ganado perdí que antes seguía. Allí me dio su pecho, allí me enseñó ciencia muy sabrosa, y yo le di de hecho a mí, sin dejar cosa; allí le prometí de ser su esposa. VUELVE TEMA Mi alma se ha empleado, y todo mi caudal, en su servicio; ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio, que ya sólo en amar es mi ejercicio. Pues ya si en el ejido de hoy más no fuere vista ni hallada, diréis que me he perdido, que, andando enamorada, me hice perdediza y fui ganada. 20
PARTE 3
GUÁRDAME LAS VACAS
Gocémonos, Amado, y vámonos a ver en tu hermosura al monte y al collado, do mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura. Y luego a las subidas cavernas de la piedra nos iremos que están bien escondidas, y allí nos entraremos, y el mosto de granadas gustaremos. Allí me mostrarías aquello que mi alma pretendía, y luego me darías allí tú, vida mía, aquello que me diste el otro día.
El aspirar el aire, el canto de la dulce filomena, el soto y su donaire en la noche serena, con llama que consume y no da pena. Que nadie lo miraba, Aminadab tampoco aparecía y el cerco sosegaba, y la caballería a vista de las aguas descendía.
¿Adónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste habiéndome herido; salí tras ti clamando y eras ido
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VIVO SIN VIVIR EN MÍ
Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero.
esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero. ¡Ay, qué vida tan amarga do no se goza el Señor! Porque si es dulce el amor,
Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí: cuando el corazón le di no lo es la esperanza larga: puso en él este letrero, que muero porque no muero. quíteme Dios esta carga, Esta divina prisión, más pesada que el acero, del amor en que yo vivo, que muero porque no muero. ha hecho a Dios mi cautivo, Sólo con la confianza y libre mi corazón; vivo de que he de morir, y causa en mí tal pasión porque muriendo el vivir ver a Dios mi prisionero, me asegura mi esperanza; que muero porque no muero. muerte do el vivir se alcanza, ¡Ay, qué larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, no te tardes, que te espero, que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte; vida, no me seas molesta, 22
mira que sólo me resta, para ganarte perderte. Venga ya la dulce muerte, el morir venga ligero que muero porque no muero. Aquella vida de arriba, que es la vida verdadera, hasta que esta vida muera, no se goza estando viva: muerte, no me seas esquiva; viva muriendo primero, que muero porque no muero. Vida, ¿qué puedo yo darle a mi Dios que vive en mí, si no es el perderte a ti, para merecer ganarle? Quiero muriendo alcanzarle, pues tanto a mi Amado quiero, que muero porque no muero
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