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Plesiosaurio n.° 1

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PLESIOSAURIO Primera revista de ficciรณn breve peruana


PLESIOSAURIO Primera revista de ficción breve peruana

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Lima-Perú


PLESIOSAURIO Primera revista de ficción breve peruana Año I, Nº 1. Lima, noviembre de 2008. Directores : Comité editor :

Carátula : Diagramación : Viñetas interiores : Corrección de textos :

Christian Elguera Olórtegui Rony Vásquez Guevara Armanda Aguirre Portocarrero Dany Doria Rodas Christian Elguera Olórtegui Rony Vásquez Guevara Karin Lecca Dany Doria Rodas Noraya Ccoyure Tito Catherine Lozano Muñoz Catherine Lozano Muñoz

© Plesiosaurio © Abismœditores, 2008. Jr. Pablo Risso 351, San Luis-Lima. Telf: 998985990 E-mail: abismo_grupo@yahoo.es ISSN 2071-4114 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2008 - 13407 Impreso en el Perú - Printed in Peru Agradecimiento especial: Jhonatan Gonzales Wong El contenido de cada texto es de responsabilidad exclusiva de cada autor o autores y no compromete a la revista.


Sumario Editorial Apuestas por la brevedad

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La muela del Plesiosaurio José Donayre Tractatus sobre la brevedad

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Rony Vásquez Panorama esencial de minificción en Hispanoamérica

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Benjamín Sandoval Un análisis narratológico de «El Visitante», de Luis Loayza

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Christian A. Elguera El verbo alquímico de José Donayre

33

El bolo alimenticio José Donayre En busca de Qi La nueva chaqueta de seda según el hermano mayor Tanya Tinjälä Los post-humanos La mosca

43 44

47 48 7


Manuel Velásquez Única oprtunidad para el amor El último sacrificio

51 52

Ricardo Sumalavia Las mujeres son Mímesis

55 56

Lucho Zúñiga Árbol Agua

59 60

Daniel Salvo Bitácora alternativa Relatos hipercortos

63 64

Rony Vásquez Vocabulario El paraíso nuevo

67 68

Christian A. Elguera Nudo Reencarnación

71 72

Américo Mendoza Blanca Nieves... Distancia Zero

75 76

Fernando Carrasco La caída Cantar de Helena

79 80

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Apuestas por la brevedad

Este quizá sea el primer paso en la literatura peruana de lo que en Latinoamérica ya se conoce como minificción, cuento breve, microrrelato o ficción breve, el primer paso en el sentido de la difusión y la consideración de la ficción breve como un género literario autónomo. Somos conscientes de la dificultad de la empresa ante los solentes prejuicios, provengan bien de ámbitos académicos o de la lectoría misma. En tal medida, y en caso semejante a lo fantástico, la ficción breve habrá de vérselas con catalogaciones peyorativas, con el ninguneo, la restricción o, aún peor, la incomprensión. Nuestros investigadores han obviado u olvidado observar a estos textos peculiares —que contienen alrededor de 500 ó 1000 palabras—; esos textos de concisión, entendiendo el término a partir de lo contrario a toda amplificación, consistente, como aprecia Aristóteles, «en no decir sino lo que es preciso y suficiente». En esta medida, Plesiosaurio busca cubrir un vacío en el campo investigativo, busca valorar y divulgar una escritura que incluye autores clásicos de nuestra literatura como César Vallejo (Contra el secreto profesional), Julio Ramón Ribeyro (Dichos de Luder y Prosas apátridas), Luis Loayza (El avaro y otros cuentos), Carlos E.


Zavaleta (Cuentos brevísimos) o Antonio Gálvez Ronceros (Monólogos desde las tinieblas), pero también autores que desde hace algunos años vienen cultivando esta modalidad, dígase Ricardo Sumalavia, Fernando Iwasaki, José Donayre, entre otros. Denominar a este género como «ficción breve» parte de considerar este término como el más adecuado dada su esencia híbrida, donde negocian una diversidad de estilos que van desde lo fantástico en sus diversas variantes: ciencia ficción como es el caso de Juan Rivera Saavedra (Cuentos sociales de ciencia ficción) y Daniel Salvo, fantasía y misterio, donde destacamos a Luis León Herrera y a José Durand; asimismo tenemos también el aforismo o ensayo breve como nos muestra Ribeyro en los libros mencionados y José Donayre en Horno de reverbero, así como reflexiones filosóficas, tal es el caso de Mónica Belevan o Enrique Prochazka. Dejamos de esta manera sentada la convicción que nos motiva: iniciar y difundir en nuestra literatura peruana un espacio dedicado exclusivamente a crítica y teoría y, sobretodo, de creación de la ficción breve. Buscamos, pues, demostrar la vitalidad de este género, darle un rango más allá de un «ingenio» o «un ejercido literario». Sea así. Christian Elguera Olórtegui Rony Vásquez Guevara

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La muela del Plesiosaurio


Tractatus sobre la brevedad Por: José Donayre

1. La ficción breve es una forma de escritura creativa que exalta la concentración de sentido. 2. La concentración de sentido, el punctum literario, es el ejercicio estético de la concisión. 3. El detonante del ejercicio estético de la concisión es la iluminación. 4. La iluminación es el concepto con exactitud. 5. El concepto es un eje de «inspiración» de la idea discursiva. (La idea discursiva es un eje de «inspiración» que recrea el orden físico.) 6. La trascendencia artística de un eje de «inspiración» es una fórmula que depende de la intuición, pero que puede ser: pocas frases en, si es posible, un solo parágrafo, cuyo título se condensa en refulgente sospecha que no debe tardar más tiempo que el cuadrado del tiempo que demanda comprender estas cincuenta y seis palabras. 7. De lo que no se puede escribir con economía de medios en el modo de expresar, o sea, de un solo tirón, mejor es decirlo en muchas, muchísimas palabras, como Murasaki Shikibu o Miguel de Cervantes.

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Panorama esencial de minificción1 en Hispanoamérica Por: Rony Vásquez 0. Introducción. En las siguientes líneas pretendemos mostrar el origen, la evolución y la producción actual del microrrelato2 en Hispanoamérica. Observaremos la literatura que rodea a la peruana para mencionar algunos nombres indispensables en el nuevo derrotero de la narración breve, ya formado en Latinoamérica y en formación en el Perú. Por ello, se presentan dos cronologías: la primera para Latinoamérica y la segunda para el Perú Con las palabras que continúan, esperamos que el ámbito crítico de la literatura peruana empiece a revisar con mayor atención esta nueva e importantísima modalidad textual que ya emerge paulatinamente de la oscuridad y está cerca de ver la luz.

1. Intentos del microrrelato: definición y características. Algunos investigadores señalan que es necesario encontrar una denominación precisa a esta nueva modalidad 1 Esta denominación es la que los investigadores mayormente emplean en sus textos. 2 Existen diversas denominaciones a esta nueva modalidad textual: microrrelato, minicuento, minificción, cuento hiperbreve, cuento minúsculos, entre otras más. Para el presente texto usamos cualquiera de esta denominación sin distinción.

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textual, otros continúan sus investigaciones indiferentes a su problemática nominal. Dolores Koch nos propone una diferenciación entre microrrelato y minicuento: En el minicuento los hechos narrados, más o menos realistas, configuran una situación que se desarrolla a través de un hecho o una acción concreta, por lo paradójico que ésta pueda resultar. En el microrrelato el desenlace verdadero se basa en una idea o pensamiento (pp. 3-4).

Por otro lado, Irene Andrés-Suárez en su artículo «El micro-relato. Intento de caracterización teórica y deslinde con otras formas literarias afines» nos comenta que: […] podemos decir que se trata de una composición en prosa, a menudo grávida de lirismo; como en la lírica la tensión se organiza en torno a un eje unívoco y las imágenes convocan gran intensidad afectiva (p. 88).

El manifiesto que presenta la revista Zona de Barranquilla (Colombia), denomina minicuento a este género breve y lo trata a su vez como: un híbrido, un cruce entre el relato y el poema (…) No posee fórmulas o reglas y por eso permanece silvestre o indomable. No se deja dominar ni encasillar y por eso tiende su puente hacia la poesía cuando le intentan aplicar normas académicas (Valadés: p. 28).

Por su parte, Lauro Zavala, en su artículo «El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon literario», nos presenta según sus propias palabras- «algo más que una escala» al declarar cuántos tipos de textos breves existen: Primero, advierte que el límite se encuentra por debajo de las 2000 palabras; de ahí que, se denominará cuentos cortos a aquellos se encuentren entre las 1000 y las 2000 palabras; cuentos muy cortos que van de las 200 a las 1000 palabras, y que, según Irene Zahava, «son las historias que alguien puede relatar en lo que sorbe apresuradamente una taza de café»; y, por último, «cuentos ultracortos» a aquellos que contenga entre 1 a 200 palabras (p. vii). 15


La investigadora Violeta Rojo (Venezuela) señala que ha de llamarse minicuentos a aquellos textos que posean brevedad extrema, o como otros críticos señalan brevedad vertiginosa, es decir, aquellos que contenga menos de 200 palabras (Rojo: pp. 166-167). En su texto «Hacia una teoría del microrrelato hispanoamericano», David Lagmanovich (1996) nos señala que existen tres formas de brevedad textual: el haiku («pariente» lejano del microrrelato), el microtexto y el microrrelato. El término microtexto, desde la perspectiva de este crítico vendría a ser el término que acoja en su interior a todos los tipos de escritura, tales como los greguerismos, aforismos, epigramas, haikus, fábulas, apólogos, microrrelatos, entre otros más. En tanto que el término microrrelato responderá a determinadas características, tales como su vinculación obligatoria con la naturaleza, su enfoque eventual o incidente individual, su concisión y su brevedad. El investigador, escritor de microrrelatos y antologador argentino Raúl Brasca nos señala que: se mantiene como características general de la microficción un lenguaje depurado que tiende a la brevedad, es decir, a la economía de palabras. Esto obliga a la precisión (buscar la palabra adecuada, certera) lo que es también condición del poema y del ensayo-, y también a la concisión (decir del modo más breve y a la vez más expresivo) (Brasca, 2004).

Adhiere, además, la ambigüedad y el pacto de lectura existente entre el texto y el lector, pues es este último quien termina de escribir estos textos. El escritor peruano Carlos Eduardo Zavaleta los denomina cuentos breves al estilo de Borges, pues «En estos textos todo se reduce a lo mínimo, menos el tema, los personajes pueden ser sustituidos por conceptos, ideas, pero el tema tiene que quedar» (Minardi: p. 30).

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De todo lo anteriormente señalado, podemos mencionar que el microrrelato es una construcción narrativa de formato breve que posee o no hibridación genérica en su discurso, que se expresa por medio de una diégesis de omisiones que debe ser completada por el lector (activo y participante de la historia) y cuya característica más importante es la concisión (ésta le otorga una gran capacidad hermenéutica).

2. Recuento histórico de la minificción en Hispanoamérica y Perú. Parece ser que 1917 es un año muy importante en el margen de los estudios de la minificción. Edmundo Valadés señala a Julio Torri con su libro Ensayos y poemas (1917)3 como el antecedente más remoto de esta no tan nueva actualmente- modalidad textual. Sin embargo, Graciela Tomassini y Stella Maris Colombo, en su artículo denominado «Aproximación al minicuento hispanoamericano: Juan José Arreola y E. Anderson Imbert», señalan como otro explorador del microrrelato a Ramón Gómez de la Serna, escritor español, quien contemporáneamente a Torri, cultiva esta modalidad textual en su libro Muestrario (1917). Entonces, si partimos del año señalado por aquellos investigadores se observa que los orígenes del microrrelato se anticipan al inicio del movimiento vanguardista. A pesar de ello, en este movimiento se experimentará con mayor ahínco y asiduidad esta nueva forma textual para ese entonces. Por ello es posible mencionar a Vicente Huidobro con sus Cuentos en miniatura (1927) y César Vallejo en Contra el secreto profesional (1973)4. A lado de ambos, aparecen también los libros de Macedonio Fernández en Papeles de recienvenido (1929) y Luis Vidales con Suenan timbres (1926). 3 Específicamente su microrrelato «A Circe» como el primero escrito de esta tipología textual. 4 El año que situamos corresponde a la edición de la poesía completa de Cesar Vallejo editada por EDUBANCO a cargo de Ricardo González Vigil.

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Una década sustancialmente importante para el futuro de la minificción, tanto en el campo crítico-académico como en la producción artística, viene a ser el '50. De ahí que José Luis Fernández Pérez mencione la ya conocida antología Cuentos brevísimos y extraordinarios (1953) de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, y Confabulario Total (1941-1961) (1962) de Juan José Arreola. La antología de Borges y Bioy Casares, según Fernández Pérez,«puede ser considerada como la primera compilación de microcuentos (al menos en el ámbito hispanohablante), dada la brevísima extensión de los textos que la componen». En tanto, Juan José Arreola experimenta con profundidad las posibilidades del formato breve y la hibridación genérica de los textos breves iniciado por Torri décadas atrás- en la serie «Prosodia». Es notable, por ello, indicar que los antologadores antes mencionados no han escapado de estos procedimientos textuales: Jorge Luis Borges con El hacedor (1960) y Adolfo Bioy Casares con Guirnalda de amores (1958). El crítico Fernández Pérez, en su artículo «El microcuento en Hispanoamérica: dos hitos para una historiografía / nuevas prácticas de escritura y de lectura», tomando como base a David Lagmanovich, propone la siguiente cronología de la evolución del microrrelato en Hispanoamérica: Etapa de los precursores / 1917 1949 (lo fragmentario como experimentación y/o recolección residual): Torri, Lugones, Fernández, Anderson Imbert. Etapa de los arquitectos del microcuento / 1950 1960 (de la intuición minimalista al programa de escritura): Arreola, Monterroso, Borges. Etapa de la consolidación de una tradición / 1960 1970 (de las nuevas búsquedas expresivas y la intertextualidad programática): Cortázar, Denevi, Monterroso. Etapa de expansiones y rupturas / 1970 1985 (de los discursos en crisis y el microrrelato en complicidad con el testimonio): Alcalde, Peri Rossi, Barros, Valenzuela, Galeano, Muñoz Valenzuela, Jiménez Emán. Etapa de las nuevas voces / 1985 2006 (las hibridaciones genéricas y el desmarque de los padres): Shua, Britto García, Guedea (Fernández, 2007).

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Se observa que ningún escritor peruano ha sido señalado. Aparecen mexicanos (Juan José Arreola, Augusto Monterroso, René Áviles Fábila), venezolanos (Luis Britto García, Gabriel Jiménez Emán, Ednodio Quinteros) y argentinos (Julio Cortázar, Marco Denevi, Ana María Shua). Quizás en Latinoamérica ya se encuentre una tradición del microrrelato que aún no ha legado con notable fuerza a nuestro territorio. Por el contrario, ya hemos intentado (en un texto inédito) realizar un panorama, todavía escueto: Tradiciones en salsa verde de Ricardo Palma, Contra el secreto profesional de César Vallejo, El avaro (1955) de Luis Loayza, Un cuarto de conversación (1966) de Manuel Mejía Valera, Isla de otoño (1966) de Manuel Velásquez Rojas, Prosas apátridas (1975) de Julio Ramón Ribeyro, Monólogo desde las tinieblas (1986) de Antonio Gálvez Ronceros, algunas narraciones de Cuentos del relojero abominable (1974) del recordado José Adolph, Cuentos sociales de ciencia-ficción (1976) de Juan Rivera Saavedra, Los pasos. Cuentos. Siete. de Julio Garrido Malaver, Alforja de ciego (1979) de Jorge Díaz Herrera, Lección de fe y otras ficciones de Isaac Goldemberg, Cuentos de cortometraje (2002) de Armando Arteaga, Ajuar funerario (2004) y Helarte de Amor (2006) de Fernando Iwasaki, Fábulas y antifábulas (2004) de César Silva Santisteban, Enciclopedia mínima (2004) de Ricardo Sumalavia, El horno del reverbero (2007) y Ars Brevis (2008) de José Donayre, Cuentos de bolsillo (2007) de Harry Belevan y Cuentos Brevísimos (2007) de Carlos Eduardo Zavaleta (Vásquez, 2008).

De este breve panorama, se puede observar que la mayor producción editorial de los minicuentos ha surgido a partir del año 2000; sin contar con los innumerables blogs existentes en el internet. Además, Giovanna Minardi ha publicado Breves. Brevísimos. Antología de la minifición peruana, y Ricardo Sumalavia nos entregó a fines del 2007 Colección minúscula. Cinco espacios para la ficción breve en el cual aparecen escritores, como Mónica Belevan y Enrique Prochazka, no seleccionados por Minardi. Cierto es que en la actualidad el terreno de la literatura peruana respecto al microrrelato se presenta con interesante esperanza pues 19


escritores como Arturo Corcuera, Mario Guevara Paredes, Carlos Herrera, Carlos Rengifo, Jack Flores, Manuel Velásquez, Lucía Fox, Elsa Vértiz, Lucho Zúñiga, Marco Rivera, entre otros más, ya han iniciado esta producción literaria tan peculiar tanto en el interior de libros, como en antologías y revistas de literatura.

3. La difusión y producción de ficciones breves en Hispanoamérica Toda producción literaria necesita, a como dé lugar (desde nuestra perspectiva), una difusión que permita el incremento de los lectores hacia determinada modalidad textual. Decimos el incremento del número de lectores pues asumimos que el autor y quienes le rodean serían los primeros consumidores de esta forma de narración. Por ello, consideramos necesario hacer mención de la revista mexicana El cuento, dirigida por Edmundo Valadés, ya que esta publicación fue históricamente la primera revista hispanoamericana promotora y propulsora de las formas de ficción breve. Laura Pollastri nos dice que «[en esta revista) se ejerce una política cultural militante que entrega al público masivo el microrrelato como modulación literaria viable» (Natalini, 200?). Así también, merece mención la revista argentina Puro Cuento, fundada en 1986 y dirigida por Tempo Giardinelli hasta 1992. Esta revista, desde su primera publicación, convocó a un Concurso de Cuento Breve; y en sus bases nos indica la necesidad de delimitar la extensión de lo breve: no exceder las 25 líneas de 60 espacios, es decir alrededor de una carilla. Mención aparte reciben las revistas colombianas Ekuóreo y Zona de Barranquilla (Colombia), esta última, dirigida por Laurián Puerta, planteó un manifiesto de escritura brevísima. 20


Resulta indiscutible mencionar y agradecer la labor que realiza el Dr. Lauro Zavala al dirigir la revista electrónica El cuento en red (especializada en esta modalidad textual)5, y a su vez a Raúl Brasca, entre otros más críticos que señalaremos en el siguiente apartado. En el Perú, todavía no existen revistas académicas ni artísticas que propicien la producción de minificción; sin embargo, algunas revistas sanmarquinas de literatura, como Bocanada6, Tinta Expresa7, El grito de Maldoror8, Discursiva9 y Bosque de Latidos10, ya han publicado como apéndices algunos textos de formatos breves. A esto es necesario sumar los múltiples concursos de minificción existentes: «Concurso de cuento brevísimo» propiciada por Edmundo Valadés de la mano de su revista El cuento a partir de 1969; Concurso Anual de Minicuentos de la dirección de Cultura del Estado de Araguá (Venezuela); el Concurso de Minificción de la revista argentina Maniático Textual; el Concurso de Minicuentos y Minipoesía de la revista Casa Grande (Comunidad de Colombia en México) y el Concurso de la revista colombiana Zona. 5

www.cuentoenred.com Sifuentes Atabales, Cindy. «Último» y «Silencio». Bocanada. Revista Literaria. Año II, Nº 2. Lima. 2005. 7 García Landaveri, Giancarlo. «Miradas efímeras»; y, Vírhuez Villafane, Ricardo. «Cinco cuentos de guerra». Tinta Expresa. Revista de Literatura. Año II, Nº 2. Lima. 2006. 8 Elguera, Christian. «Orfeo en la oficina», «El mito de Ofelia»; Enalm. «Bienvenido»; Guerra, Jhonn. «Aureliano se quedará sólo»; y, Vásquez, Rony. «La pulga», «Detenido Político», «Iluminación», «Pregunta vital», «Memorias de La Muerte». El Grito de Maldoror. Bestiario de la Fantasía Creadora. Año II, Nº 2. Lima. 2007. 9 Alfonso, Óscar. «El matrimonio feliz»; y, Vásquez, Rony. «Newton primitivo». Discursiva. Revista de Literatura y Humanidades. Año II, Nº 2. Lima. 2008. 10 Doria, Dany. «Encuentro»; Hualpa, Paul. «Las cosas que pasan»; Mendoza, Rafael. «Buenos amigos»; y, Vásquez, Rony. «P.N.P.» y «El mundo de los hombres sin cabeza». Bosque de Latidos. Revista Literaria. Año II, Nº 3. Lima. 2008. 6

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En el Perú, podríamos considerar el Concurso «Las mil palabras» de la revista Caretas como el único concurso que propicia este tipo de escritura breve, si tomamos en cuenta los límites que el Dr. Lauro Zavala ha delineado para la minificción. Por otra parte, es necesario mencionar que la minificción ya tiene en su haber una serie de textos académicos y críticos: El micro-relato en México: Julio Torri, Juan José Arreola y Augusto Monterroso (Tesis para obtener el grado de Doctor, 1986) de Dolores Koch; The cuento breve in Modern Latin American Literature (Tesis para obtener el grado de Doctor, 1991) de Andrea Bell; Sudden fiction (1986) de Robert Shapard y James Thomas; Brevísima relación. Antología del microcuento latinoamericano (1990), «Sobre el mini-cuento en Hispanoamérica» (Obsidiana, Nº 3, santiago de Chile, 1984), «Brevísima relación sobre el mini-cuento en Hispanoamérica» (Puro cuento, Nº 10, Buenos Aires, 1988) de Juan Armando Epple; La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (1990) de Antonio Fernández Ferrer; Ronda por el cuento brevísimo (Puro cuento, Nº 21, 1990) de Edmundo Valadés; entre otros más. Por último, debemos mencionar que hasta la actualidad han acaecido cinco congresos internacionales de minificción desde el año 1998. Esto demuestra que a nivel mundial la crítica literaria ya está girando su mirada a los formatos breves de narración. Tal es el caso del I Congreso Internacional de Minificción organizado por Lauro Zavala y celebrado en México en 1998. David Lagmanovich11 nos ha informado que cada uno de los congresos ha publicado actas, que a continuación enumeramos: Escritos disconformes. Nuevos modelos de lectura. Actas del II Congreso Internacional de Minificción. Edición a cargo de Francisca Noguerol. Salamanca, Universidad de Salamanca, 2004; Asedios a una nueva categoría textual: el microrrelato. Actas del III Congreso Internacional de Minificción. Edición a cargo 11 Esta información se ha obtenido por correspondencia sostenida con David Lagmanovich el 8 de abril del presente año.

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de Andrés Cáceres Milne. Valparaíso, Universidad de Playa Ancha, 2004; las actas del IV Congreso Internacional de Minificción (Neuchatel, Suiza, 2006) están siendo coordinadas por Irene Andrés Suárez. Por ello, con mucha satisfacción, luego de mencionar las diversas publicaciones existentes hasta el momento, señalamos el primer libro de crítica e historia del microrrelato: El microrrelato. Teoría e historia. Palencia, Menoscuarto, 2006., cuyo autor es David Lagmanovich. De todo lo anterior, podemos inferir que el futuro del microrrelato se presenta prometedor en referencia a su producción bibliográfica; sin embargo, estas antologías, libros de teoría, de crítica, entre otros más aún no se observan en nuestras bibliotecas; por ello, la hemerografía básica se la encuentre en las diversas páginas webs de distintas revistas virtuales.

Bibliografía ANDRÉS-SUÁREZ, Irene. «El microrrelato. Intento de caracterización teórica y deslinde con otras formas literarias afines». En: FROLICHER, Meter y Georges GÜNTERT (edits.) Teoría e interpretación del cuento. Constanza: Meter Lang, 1995. pp. 86-99. MINARDI, Giovanna. Breves, Brevísimos. Lima: Editorial Santo Oficio, 2006. ___________________ Cuentos pigmeos. Lima: Editorial Santo Oficio, 2005. NOGUEROL, Francisca (ed). Escritos disconformes. Nuevos modelos de lectura. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2004. SUMALAVIA, Ricardo. Colección minúscula. Lima: Ediciones PETROPERÚ, 2007. ZAHAVA, Irene (ed). «Preface», en Word of Mouth. 150 Short23


short Stories by 90 Women Writers. California: The Crossing Press, 1990. ZAVALA, Lauro. «El cuento ultracorto: hacia un nuevo canon literario». En: El cuento mexicano. Homenaje a Luis Leal. México, UNAM, 1996. pp. 165-181.

Hemerografía Bocanada. Revista Literaria. Año II, Nº 2. Lima. 2005. Bosque de Latidos. Revista Literaria. Año II, Nº 3. Lima. 2008. BRASCA, Raúl. «Microficción y pacto de lectura». Brújula. Revista cultural de la Universidad de San Buenaventura Cali. Año I, Nº1. Colombia. 2004. Discursiva. Revista de Literatura y Humanidades. Año II, Nº 2. Lima. 2008. Ekuóreo .Colombia. 1980-1993. El cuento. México, 1939; 1964-1994. El cuento en red. Revista electrónica de teoría de la ficción breve. Disponible en internet en: <http://cuentoenred.xoc. aum.mx> El Grito de Maldoror. Bestiario de la Fantasía Creadora. Año II, Nº 2. Lima. 2007. FERNÁNDEZ, José Luis. «Hacia la conformación de una matriz genérica para el microcuento hispanoamericano». Literatura y Lingüística. Nº 16. Santiago, Ediciones de la Universidad Católica Silva Henríquez, 2005. pp. 107-134. KOCH, Dolores. «Diez recursos para lograr la brevedad en el micro-relato». El cuento en red. Revista electrónica de teoría de la ficción breve, Nº 2: Otoño, 2000. pp. 3-10. ROJO, Violeta. «El minicuento: caracterización discursiva y desarrollo en Venezuela». Revista Iberoamericana. Nº 166167, 1994. Tinta Expresa. Revista de Literatura. Año II,Nº 2. Lima.2006. 24


TOMASSINI, Graciela y Stella MARIS COLOMBO. «La minificción como clase textual transgenérica». Revista Interamericana de Bibliografía. Nº 46, 1996. pp. 49-66. VALADÉS, Edmundo. «Ronda por el cuento». Revista Puro Cuento. Nº 21. Buenos Aires, 1990. ZAVALA, Lauro. «Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: Brevedad, Diversidad, Complicidad, Fractalidad, Fugacidad, Virtualidad». El cuento en red. Revista electrónica de teoría de la ficción breve, Nº 1: Primavera, 2000. pp. 55-62.

Páginas web FERNÁNDEZ, José Luis. «El microrrelato en Hispanoamérica: dos hitos para una historiografía / nuevas prácticas de escritura y de lectura» Ponencia leída en el Encuentro Chileno de Minificción «Sea breve, por favor»; 1-4 de Agosto de 2007. Santiago de Chile. Disponible desde internet en: <htttp://www.letrasdechile.cl>, página revisada el 22 de enero del 2007, 5:00 p.m. LAGMANOVICH, David. (1996) Hacia una teoría del microrrelato hispanoamericano. Disponible desde internet en: <http: //www.cidi.es.org/epple96.htm>, página revisada el 22 de enero de 2007. NATALINI, Aixa Valentina. «La escritura de lo breve en Puro Cuento (1986-1992). Un lugar de reflexión acerca del microrrelato». Ponencia leída en la celebración del I Congreso Regional del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. Disponible desde internet en: <http://www.geocities.com/aularama/ponencias/lmn/natal ini.htm> POLLASTRI, Laura. «Desbordes de la minificción hispanoamericana». Ponencia leída en el I Congreso Regional del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana. Disponible desde internet en: <http://www.geocities.com/ aularama/ponencias/opq/pollastri.htm> 25


VÁSQUEZ GUEVARA, Rony. «Brevedad y concisión: acerca de Cuentos brevísimos de Carlos Eduardo Zavaleta». Ponencia leída en marzo de 2008 por motivo del Congreso Nacional de Literatura «El gozo de las letras» en Homenaje a Carlos Eduardo Zavaleta. (Inédito)

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Un análisis narratológico de «El Visitante», de Luis Loayza Por: Benjamín Sandoval*

o. Introducción. La narratología propone un análisis textual a partir de tres categorías: tiempo, modo y voz. Lo que se busca es insertar dentro del cuento «El Visitante» de Luis Loayza estas tres formas de entrar en el texto y a partir de esto obtener una interpretación que nos ayude a relacionar este texto con las temáticas básicas de la generación del 50: «el cambio social y la modernización». Hay que precisar que el texto llega a estar inmerso dentro de una simbología mítica que se relaciona con los personajes y los sucesos que se narran, por ello es que se tomará en cuenta a estos personajes a la hora de plantear una interpretación que nos ayude a entender el texto. Lo que haremos es trabajar en base a la categoría narratológica del tiempo y a la vez engarzar esto con los personajes del relato.

1. Tiempo. Para la narratología en el texto se puede presentar dos formas de distorsiones cronológicas, prolepsis y analepsis, esto debido a que el mismo texto presenta un orden de eventos. Ahora, dentro del cuento «El Visitante» hallamos un tiempo lineal, es decir, una presentación del orden lógico sin alteraciones cronológicas desde la llegada del visitante hasta la muerte del solitario.

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DESPUES DE mucho tiempo… (p. 9). El segundo día… (p. 9). […] Cambiaron las estaciones… (p. 10). Una mañana el solitario… (p. 10).

Cada una de estas líneas nos dan una idea de cómo se desarrolla la secuencia de acciones. Definir el tiempo del relato se hace difícil por el simple hecho de no tener datos específicos en el texto. Ha pasado un tiempo y a partir de la llegada del visitante se inicia el relato, de ahí nos sucede un segundo día con la presencia ya del visitante pero entramos luego a la no especificación del tiempo en el relato, «Así paso el tiempo. (…)» (pág.9), igualmente en el tercer párrafo se continúa sin esta especificación clara del tiempo «… Cambiaron las estaciones (…)» (pág.10), para luego llegar al punto de cierre en el relato que sucede una mañana como se menciona en el último párrafo. Con respecto a la duración no podríamos hablar de desaceleraciones pues no hay una gran muestra descriptiva dentro del texto, o lo que llamaríamos pausa descriptiva. Lo que notamos es que podemos hablar de aceleraciones en tanto que el texto encierra en pequeños segmentos periodos largos de la historia. […] Así pasó el tiempo. El visitante parecía no advertir su presencia. (…) (p. 9). […] Cambiaron las estaciones y el solitario siguió en su espera. (…) (p.10).

Lo que notamos con estas citas es que el tiempo transcurre sin determinación total, porque no sabemos cuánto tiempo pasa; pero a la vez ese transcurrir se encierra en pequeños segmentos que son periodos considerables de la historia.

2. Modo. Dentro de esta categoría el texto nos ofrece un relato en tercera persona, por ende podemos hablar desde la perspectiva como un relato no focalizado ya que el narrador informa más que el personaje en la historia.

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[…] El solitario pensó lleno de felicidad que su prueba había llegado y reunió su humildad y su paciencia para soportarla (p. 9). Una mañana el solitario no pudo levantarse. La fiebre lo poseyó y después la temblorosa agonía. Miró al visitante, ceñudo en un rincón. Ahora, pensó, la prueba culmina. Pero ya no pudo ver y sintió la muerte. Entonces dudó (p. 10).

Está claro entonces que nos hallamos ante un relato en tercera persona. Además, con lo que respecta al relato de palabras estamos ante un texto de estilo indirecto, ya que esta presencia del narrador no permite una total emancipación del personaje, nótese esto partir de las citas anteriores. Pero, también podemos mencionar que hay presencia de un estilo directo en la quinta y sexta línea del párrafo, pues el narrador le cede la palabra al personaje: «(…) El solitario se dijo: ‛esta es la prueba' […]» (p. 9). Con lo que respecta a la focalización y de acuerdo al tipo de narrador que tenemos decimos que estamos ante un relato no focalizado pues tenemos presente en el texto que este es un narrador omnisciente.

3. Voz. El tiempo de narración dentro del texto está determinada por el uso de los verbos, en este caso, el texto posee verbos marcados en el pasado: vio, sintió, dejó, pensó y otros verbos, marcan esta idea de pretérito en el texto; por ello podemos decir que estamos ante una narración subsecuente donde se supone que los hechos narrados son anteriores a su enunciación. … el solitario vio acercarse un visitante a su morada […] (p. 9). […] El solitario pensó lleno de felicidad que su prueba había llegado […] (p. 9).

Dentro del texto hallamos solo un relato, no hay un relato segundo, debido a esto en los niveles del relato hablaríamos 29


de un narrador extradiegético. A la vez dentro del ámbito de persona el narrador estaría enmarcado dentro de lo heterodiegético, ya que no participa en la historia, su función es únicamente contar, a partir de esto podemos decir que la función de este narrador esta en lo narrativo.

4. Interpretación. «El Visitante» es uno de los relatos que forma parte del libro El Avaro; la historia del relato gira en torno a un solitario, así lo llama Loayza, quien ha esperado por mucho tiempo por una prueba y cuando un día ve venir hacia él a un tipo despreciable cree que ese sujeto ha llegado con la consigna de la prueba esperada. Este solitario posee una seguridad tan grande que a pesar de los maltratos que sufre de parte del visitante no deja de entregarle sus recursos, al final el solitario va a morir viendo olvidada su seguridad y dudando de su prueba. El relato gira en torno a esta seguridad que posee el solitario de haber encontrado la prueba que tanto esperaba, el texto no da gran información en lo que respecta a la prueba, es mas ni siquiera sabemos en qué consiste, ni cual es esta. Es por medio de la configuración del relato en un pasado que podríamos alinear el texto de Loayza dentro de una estructura mítica donde hay un tiempo del cual no tenemos detalles completos, pero aún falta ese volver al presente que presenta el mito en sí, como diría Mircea Eliade ese eterno retorno del tiempo mítico sagrado que lo hace reversible por su propia naturaleza. En el texto notamos un largo transcurso del tiempo, la determinación de cuál es el tiempo que transcurre desde la llegada del visitante hasta la muerte del solitario no es específica. El relato solo menciona que pasan las estaciones, pasa el tiempo; pero este transcurrir hace la significancia de una espera por parte del solitario y una posesión por parte del visitante de lo que le pertenece al solitario, incluso hasta su vida. Lo que sucede luego será la caída de una seguridad que le permitía vivir al solitario. Espera y posesión son los semas que llegan a caracterizar a 30


ambos personajes, esto configurado a partir de la idea de prueba, y a la vez caracterizando al relato como una caída de seguridad; una duda que está presente y que va a contraponerse semánticamente a seguridad. Hay que tener en cuenta que Loayza se enmarca dentro de la generación del 50 y dentro del espacio limeño. En este contexto en Lima se produce una crisis social. Este hecho significó la caída de una clase que imperó en el país durante mucho tiempo, la aristocracia gamonalista, por esta época, este grupo se ve afectado con el cambio que se produjo en Lima por los años ya mencionados, estos sujetos vieron perdidas sus tierras por el abandono que sufrían por parte de los campesinos, quienes veían a la capital como la ciudad en la cual iban a salir del olvido que sufrían, llegaban en búsqueda de una mejora económica aglomerándose alrededor de la ciudad, en las llamadas barriadas. Aparte, esta aristocracia, en gran mayoría, no estaba preparada para el ingreso del orden capitalista, se vieron inexpertos frente a este nuevo orden económico; así, esta economía los fue consumiendo hasta dejarlos derrotados. En el relato vemos conveniente una relación entre la crisis social y los hechos que le ocurrían al solitario. Este puede ser la representación de esta clase social que se creía libre de cualquier circunstancia negativa, sus convicciones eran tales que no prepararon sus fuerzas para combatir contra nuevos personajes, además fueron sorprendidos, no esperaban este cambio repentino, así este solitario no esperaba al visitante, sabía que vendría una prueba, pero no la conocía, poseía la fe pero no el conocer; así como el solitario se ve consumido por este visitante, así los limeños del 50, etapa del cambio social, se vieron consumidos por nuevas fuerzas, y así como el solitario siente un miedo recién cuando ve venir su muerte, duda de que la llegada del visitante signifique la prueba, así también esta clase social se ve temerosa recién cuando se ve inexperta frente a lo nuevo, el miedo es parte de estos dos entes, una clase social que se ve perdida, ya derrotada y un solitario que duda luego de haber poseído la seguridad de haber encontrado su prueba. 31


Bibliografía LOAYZA, Luis. El Avaro. Lima: Cuadernos de composición, 1955. ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Barcelona: Editorial Labor, 1967.

* Benjamín Sandoval (Lima, 1987). Estudiante de Literatura en la UNMSM. Integrante, desde 2005, del grupo Ónice y, desde 2007, de Discursiva. Revista de Literatura y Humanidades. Coeditor, desde 2006, de Ónice. Revista de Creación. Ha participado en diversos recitales y colaborado en la organización de otros. 32


El verbo alquímico de José Donayre Por: Christian A. Elguera En la reciente producción de microrrelato en el Perú hemos de destacar la obra de José Donayre, tanto en originalidad y forma, como una de las más logradas, por los siguientes motivos: a) un dominio y precisión de alquimista en el trabajo del lenguaje, b) gusto por el hermetismo y la concepción de la literatura como un juego. La incursión de Donayre asimismo se configura como una sólida propuesta, como una convicción que se ha expresado con maestría y diversidad en textos casi aforísticos, casi ensayos como los de Horno de Reverbero, de mayor desarrollo narrativo como en Ars Brevis1 o de un templado y límpido verbo como el de su novela cortísima haruiko & ginebra. En esta oportunidad, sólo haremos algunas disertaciones sobre Horno de Reverbero, considerando que partir del mismo puede determinarse una poética de la obra de Donayre, aunque ya presentan sus principales esbozo en la opera prima del autor, La fabulosa maquina del sueño2, novela laberíntica y surrealista, que a la par de La casa de cartón, participa de la experimentación y juegos textuales, de la palabra contundente y labradamente poética.

1 Al respecto, el autor ha comentado en una reciente presentación del libro mencionado lo siguiente: «Mi Ars brevis es la contracara de Horno de reverbero, libro que rinde culto al eterno retorno, la teoría de las correspondencias y la alquimia. En Ars brevis apunto a lo lineal, la ruptura de lo circular. Se trata de un libro sin elementos de la alquimia. Es, en todo caso, más científico en su estructura». 2 De hecho, actualmente venimos urdiendo un trabajo sobre la novela mencionada, que debido a las solentes taras de nuestra «epónima» crítica literaria, aún no ha merecido la atención debida.

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En la carrera del autor Horno de reverbero significa más que un libro: era el nombre del sello editorial del libro de cuentos mencionados, y el blog3 donde diariamente desde el 2004- se colgarían las ficciones breves que hoy integran el texto, y con lo cual se consolida la visión del juego, la ficción como subversión y el esteticismo de Donayre. El conjunto de textos que integran Horno de reverbero (HR en adelante) responden a una lógica que permite un corpus organizado: la lógica de la ficción en transmutación con la realidad, ficción que creando mundos posibles la percibe ampliamente, la denuncia y subvierte. La ficción se convierte en una apertura hacia la diversidad, pero una diversidad que planea ser el espejo de nuestra oscuridad, a la manera de un Lautréamont, un Adamov. Uno de los primeros aspectos que llama la atención de HR son los títulos. Ellos, tan extranjeros a nuestros oídos, serán para muchos un idioma inventado (¿giglico?), silogismos o un caprichoso error gramatical, que otorgaría cierto halo rebelde, «novedoso» (Veneficio, Ombría); pero pocos comprenderán la capacidad autoral para jugar con la diversidad del lenguaje. Su comprensión es más que necesaria: ellos nos brindan una información indispensable al incluir elementos propios de la narración que no aparecen en el relato. Esto lo apreciamos por ejemplo en «[1] Estilita» cuyo significado: «Anacoreta que por mayor austeridad vivía sobre una columna», permitirá establecer la importancia de la última línea: «Como telón de fondo la columna se desmoronaba» (p.12). De esta manera consideramos que Donayre mantiene un lazo genérico con Eguren, Vallejo y Belli a partir del reconocimiento de la necesidad de la renovación del lenguaje, de la búsqueda de arcaísmo o neologismo que profundicen el efecto estético, que determinen la calidad de alquimista del escritor, aquel que trabaja, domina y lucha por encontrar la palabra precisa, por separar la escoria del oro.

3 Véase: http://hornoderreverbero.blogspot.com/. Esta circunstancia se repite también con Ars vebris, ya que un conjunto de los texto que integra este libro ya habían sido colgados en el blog del autor: «comienzos para bulldozers».

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Otra característica del texto es su apetito por la dobletud. Un discordante carácter mueve los mecanismos de la colección, por ejemplo en «[23] Dimanación» nos dirá: «Entre ella adivine otro cuerpo, su doble y contrario, pero superpuesto, que parecía mas grave y hermoso (…) Ella, en su quietud y calmada respiración, se dibujaba como la frágil frontera entre la corrupción y la belleza» (p. 39). Esta circunstancia llega a convertirse en una contradicción interna, que revela nuestra huella esencial tal como ocurre en «[40] Impromptu»: «En el ajedrez, no lucha el día contra la noche ni el bien contra el mal entre otros pares de opuestos complementarios pergeñados por la tradición maniquea, sino un mismo y único individuo, escindido entre la verdad, el saber y el instinto» (p. 60). La dobletud se complementa, en su empresa subversiva, con el reconocimiento de nuestra fragmentación, así en «[9] Fragmentum» el narrador confesara: «…soy, pues, la fracción de un todo diverso y complejo. Parte de alguna cosa quebrada, porción pequeña de una existencia escindida» (p. 21); de nuestro caos como en «[24] Catástasis»: «Yo mismo deberé ser el hilo, y Ariadna y Teseo. Porque yo soy… ¿por qué no pensé en eso antes?...yo soy el laberinto» (p. 41), o nuestra desgracia «[25] Destez»: «(…) Este es el peor mundo posible que nos pudo tocar» (p. 42).Otra constante es la idea de la otredad, de la incertidumbre de la identidad, afirmada en «[17] Pesquis: «Heraclito, en efecto, no se equivoco: nunca se trata del mismo río porque uno, instante tras instante, siempre es otro» (p. 31) La barrera endeble que separa ficción y realidad queda testimoniada en la manera repentina y/o silenciosa en que acaece el cambio de un nivel a otro, así en «[13] Anosognosia» el desconcierto del cambio se expresara como sigue: «Después, al parecer, quede dormido. Desperté boca abajo, sobre un somier desvencijado, cubierto por un corte de tafetán. Sentí los ojos de la mujer sobre mi nuca» (p. 26); en «[15] Agnición» el paso, de carácter aún más abrupto, sorprende por su silencio, lo que otorga una atmósfera siniestra al relato: «Despertó bajo un sol nuevo y con las manos ensangrentadas. Reanudo rápidamente su viaje y trato de recordar qué había ocurrido la noche anterior (28, Mi 35


subrayado)»; o en «[26] Sicalipsis»: «Mientras me hallaba raptado por aquella forma de energía, alguien debió golpear mi cabeza y caí desmayado (43, Mi subrayado)». Esta situación puede apreciarse también en las relaciones del autor y el personaje como en «[49] Contubernio» donde «el escritor esconde el espíritu del personaje» o «este aliena a aquel en el instante de duda entre una y otra palabra», lo cierto es que se trata de una «alianza vituperable», «perniciosa convivencia», que «se resume en la ligera idea de transgredir los ámbitos de la ficción y la realidad» (p. 72). Asumir esta ósmosis significa relativizar los juicios, lo cual permite al autor socavar en las lecturas oficiales, proponer nuevas sendas que con la dinámica del mundo al revés atentan contra las solemnes y solentes perspectivas, tal es el caso de «[34] Vesania», donde la verdadera locura no es la ficción sino la realidad en el momento que «Hamlet no dialoga con el fantasma de su padre, sino con el de carne y hueso, mas disfrazado de espectro». Esta lógica subversiva tendrá entre sus focos principales al tiempo, al que habiendo despojado de sus categorías euclidianas, estáticas, se convertirá en un filtro, óptimo para desplegarse hacia diversas épocas, generando con ello un clima ambiguo como el de «[56] Ouroboros», donde la voz narrativa puede pertenecer bien a un período coetáneo (conocedor de las teorías de Nietszche y Eliade), o a un pasado primitivo («Hace 70 mil años»), o a un futuro que no es sino un retorno al pasado, para lo cual se emplea un tono familiar en las referencias: «Hace 70 mil años, o sea, apenas ayer […] Mañana, después del desayuno, regresare otra vez a la pared de esa caverna» (p. 82). A las preocupaciones del tiempo hemos de sumar la del lenguaje. Donayre es un escéptico de su precisión a la manera de Nietszche y Borges, llegando así a compararla en «[30] Ablación» con una «[…] plastilina mutilada, en las manos de un niño (p.48)», o determinar en «[60] Tritón» su esencia doble, imposible de fijar y entender, pero siempre aceptando su poder creador (Vid. «[5] Continuum»). HR presenta cuatro características plausibles: a) la prosa esteticista, b) la reflexión existencial que coloca al autor en las 36


líneas del Loayza de El avaro, el Borges de los ensayos breves, el Niezstche y el Kafka de los aforismos, c)una densidad textual a partir de los usos de la brevedad y d) un desideratum alquímico del texto, englobador de las anteriores y que llevara al autor a dilucidar sobre la concepción de la obra literaria, sea como en «[51] Ataraxia», un muro en blanco, epifanía del reencuentro del hombre consigo mismo donde «para el ser sereno es irrefrenable gritar textualmente con pinturas extravagantes sus delirios ultramundanos» (p. 75); como un relato «[…] lineal, directo, descarnado» (p. 68) en «[46] Anafrodisia»; un titubeo como en «[66] Anagoge», «[…]en el limite de lo permanente y lo efímero» (p. 95); o a modo de alegoría como en «[69] Ascesis»,que enseña al hombre: «[…] como descubrirse a sí mismo, como hacerse de un código moral y de una norma dentro de sus capacidades y aspiraciones al proporcionarle un ejemplo incomparable de sufrimiento y sacrificio y la promesa de una esperanza» (p.100). Ahora, este último criterio elimina cualquier juicio acerca de HR como una obra pesimista, pues lo que justamente busca es aperturar nuevas perspectivas que permitan pensar lucidamente la realidad, en su unificación con la ficción, en la correspondencia de lo divino con lo humano, en su carácter plural, esto es, conocerla despojada de burdas apariencias y dicotomías, a fin de trascenderla, es decir, a través de un proceso alquímico del lenguaje. Las características mencionadas convierten a Donayre Hoefken, indudablemente, en una pieza clave de la literatura peruana contemporánea; lamentablemente aun incomprendida, su prosa escrita con precisión y belleza poéticas, bajo un ritmo excepcional y desacostumbrado en nuestras letras nos transmite con su imaginación el contagio de todo buen libro: la ventofilia hacia la vida, la energía para sacudir, para atacar a la conciencia publica, al mundo endurecido, helado, esquematizado.

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Bibliografía Fuentes primarias DONAYRE, José. Ars Brevis. Lima: Mesa Redonda, 2008. ____________________ haruiko & ginebra. Lima: Edición del autor, 2008. ____________________ Horno de reverbero. Lima: Mundo ajeno, 2007. Fuentes secundarias SOTOMAYOR, Carlos M. «Iluminación verbal. Entrevista a José Donayre». En: Libros peruanos. Disponible desde Internet en: <http://www.librosperuanos.com/archivo/josedonayre1.html> [con acceso 04-07-08] VADILLO VILA, José. «Cocinilla de palabras». En: Libros peruanos. Disponible desde Internet en: <http://www.librosperuanos.com/archivo/josedonayre1.html> [con acceso 05-07-08]

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El bolo alimenticio


JosĂŠ Donayre Hoefken

[ Qi ]


José Donayre (Lima, 1966). Estudió Literatura y Lingüística en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha publicado las novelas La fabulosa máquina del sueño (Mercado Consultora y Publicaciones, Lima, 1999) y La trama de las Moiras (Fondo Editorial de la PUCPC, Lima, 2003), el libro de cuentos Entre dos eclipses (edición del autor, Lima, 2001, 2007), la colección de ficciones breves Horno de reverbero (Mundo ajeno, Lima, 2007) y de microrrelatos Ars Brevis (Mesa Redonda, Lima, 2008) y la novela brevísima haruiko & ginebra (edición del autor, Lima, 2008). Ha participado en las antologías de narrativa Ciencia ficción peruana (Eridano, suplemento Nº 10 de Alfa Eridiani, 2005), Nacimos para perder (Casatomada, Lima, 2007), La estirpe del ensueño. Narrativa peruana de orientación fantástica (edición no venal, selección de Gonzalo Portals, 2007) y 16 cuentos fantásticos peruanos (Casatomada, Lima, 2008), entre otras. 42


En busca de Qi Cuando en lo alto del Jardín de las Peonías se conjugaron los siete elementos que suelen atraer la buena suerte, el maestro recibió cerca de su lugar de trabajo al joven Xianzhi, quien había aparecido inesperadamente. El poeta, pincel en mano, al advertir que su discípulo estaba a punto de derribar el tintero sobre un fino pliego, dirigió hábilmente al pintor y al calígrafo que se hallaban distraídos entre sí, pues aquel era también uno y otro. Así, el poeta, el pintor y el calígrafo, en armoniosa unidad, consiguieron resumir y ensalzar aquel encantador incidente. La energía en los ojos de Xianzhi fue la interpretación de una mirada: perfecta sutileza de cuatro trazos que realzaron el vacío del papel, improvisada mancha que sugirió los elementos de otro y más favorable azar.

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La nueva chaqueta de seda, según el hermano mayor El barquero extendió la mano y recibió tres monedas que apenas vio antes de guardarlas. Qing abordó el sampán rehuyendo el rostro del individuo y ocultando la prenda que no solo revelaría su identidad sino también la culpa que constreñía su corazón. Antes de que la pasajera pudiera hablar, el barquero se apresuró en cumplir la indicación que la mujer había memorizado: el consejo de su última víctima. Ella creyó respirar tranquila. Pero al barquero difícilmente se le podía engañar. Él era un experto en desentrañar misterios y en distinguir las almas condenadas. Cuando la mujer decidió extraer la rama de oro de su improvisada funda, el barquero la contuvo con su mirada. Qing reconoció en aquellos ojos el tiempo detenido, el agua estancada en un río que no dejaría escapar la oportunidad de que ella huyera impunemente del mundo de los vivos.

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Tanya Tinjälä


Tanya Tynjälä. Ha seguido estudios de pedagogía en el Instituto Superior Pedagógico de Lima y en la Universidad de Grenoble Francia. Actualmente realiza su doctorado en filología francesa en la Universidad de Helsinki. Ha publicado la novela de ciencia - ficción La Ciudad de los Nictálopes y el libro de cuentos de hadas Cuentos de la princesa Malva con la editorial NORMA. Poemas suyos han sido incluidos en la antología Canto a un prisionero de la Editorial Poetas Antiimperialistas de América 2005, Ottawa, Canadá. En 2003 fue nominada escritora del año para la colección Torre de Papel Amarilla por la misma editorial Norma. En 2007 ganó el primer premio en la categoría de monólogo teatral hiperbreve del Concurso Internacional de Microficción «Garzón Céspedes». 46


Los post-humanos Los post-humanos viven una existencia ficticia, irreal, ven pasar el mundo ante sus ojos como una película colorida, pero impalpable. Y es que no tienen alma, murió cansada de tanto luchar. Sin embargo (¡Irónica paradoja!) Sus cuerpos siguen funcionando, obligándolos a vagar por el mundo, llenos de nada, sin poder mirar lo que ven, escuchar lo que oyen, anhelando desesperadamente reposar en paz. ¡Es tan agotador continuar cargando con un cuerpo que no se necesita! Todas las noches se acuestan cruzando las manos sobre el pecho, esperanzados en que al día siguiente ya no serán más y sufren mucho cuando comprueban que aún pueden abrir los ojos. Son fácilmente reconocidos por la mirada hueca, el caminar ausente, la sonrisa triste y porque desconocen el significado de la palabra YO. Pocos se suicidan —la mayoría ya ni tiene el valor para hacerlo. Sólo les queda esperar que alguien (¡Por caridad!) los mate o que un ser humano los haga resucitar; pues, por suerte, si bien solo Dios resucita un cuerpo muerto, cualquiera puede resucitar un alma muerta.

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La mosca ¿Sabe usted por qué molesta la mosca? La mosca molesta pues se sabe insignificante. Entonces molesta ¡Molesta! Vuela por todos lados, zumba en los oídos, se para en los rostros aburridos y en las sonrisas dibujadas, ingresa en las más íntimas habitaciones, posa sus pequeñas patas justo en el bocado más apetitoso del plato, ensucia descaradamente con su presencia los manteles de lino blanco, le place despertar a la gente bien en medio de la noche lamiéndoles los pies, entra en las bocas descuidadamente abiertas provocando ridículos e inoportunos atoros y nadie se da cuenta que en realidad está pidiendo (¡Por favor!) sólo un poco de atención… Pero no hay tiempo para la mosca y levantando un periódico viejo la aplastan sin piedad.

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Manuel Velรกzquez


Manuel Velázquez Rojas. Dr. en Literatura, profesor universitario, poeta de la Generación del 50. Ejerce la docencia universitaria en el Post Grado de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guamán y Valle y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es autor de estudios sobre César Vallejo, J. M. Arguedas, entre otros, así como de varios libros de poemas y antologías. 50


Única oportunidad para el amor* Todo era silencio; la calle estaba desierta. El papel y la madera se creyeron los dueños del mundo. Y vivieron su vida —sueño y realidad— como siempre lo habían esperado. Él se irguió y el viento lo elevó hasta hacerle perder el equilibrio. Ella comenzó a arrastrase haciendo sonar en forma extraña el pavimento. ¡Qué felicidad solos! Era su única oportunidad de amor. Se miraron: el papel estaba sucio y la madera tenía huecos. Nada importaba. Se abrazaron. Él la envolvía ahogándola de placer, ella se dejaba hacer y le daba frío de las cosas sólidas. Se amaron hasta que sonó el pito de un policía que, al ver el suceso, quiso llevarlos a la Comisaría. No les quedó más que volver a ser lo que eran antes del amor: nada.

* Texto extraido de Isla de otoño. Lima, Ediciones perú joven, 1966.

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El último sacrificio* Todos los caballos blancos se reunieron en el claro del bosque para hacer su sacrificio anual. Se miraron apresuradamente, buscando con inquietud al de la estrella negra en la frente. Nadie tenía la señal maldita. Ese año todos habían permanecido puros y nadie había pecado. Se retiraron en tropel, atravesando —para siempre— el hilo finísimo, sutil, único, que separa la negra noche de la inocente aurora.

* Texto extraido de Isla de otoño. Lima, Ediciones perú joven, 1966.

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Ricardo Sumalavia


Ricardo Sumalavia (Lima, 1968). Estudió Lingüística y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y siguió la Maestría de Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los libros de prosas Habitaciones (1993, 2003, 2005), Retratos familiares (2001) y Enciclopedia mínima (2004). Tradujo con Yong Sun Lee Historia de la literatura coreana (2000) y Comprensión de la literatura coreana (20029, y se encargo de la antología Las fabulosas mentirosas y el entendimiento. El cuento de la Universidad Católica (2002) y Colección Minúscula. Cincos espacios de la ficción breve. (2007) Fue finalista del Premio Herralde 2006 con la novela Que la tierra te sea leve. Radica actualmente en Burdeos (Francia) y codirige la revista Nudos. 54


Las mujeres son Eran cuatro las macetas que la mujer tenía sobre su balcón. Cada una la adquirió durante los embarazos de sus respectivas cuatro hijas. Ya habían transcurrido diecisiete años desde la última maceta. Las cuidaba como correspondía: agua, vitaminas, no excederse con la luz solar y esos detalles que fue aprendiendo y perfeccionando mientras les hablaba y les agradecía por tener una vida fresca y duradera. No como las otras.

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Mímesis Los encontré practicando boxeo en el estacionamiento. Pocos metros antes de poder verlos, todavía caminando por la acera, podía oír los golpes y los resoplidos. Cuando llegué frente a ellos, no se detuvieron. Debí suponer que se encontraban concentrados en su deporte; su transpiración delataba que lo venían haciendo desde hacía buen rato. Sin embargo me incomodó que no se detuvieran o al menos me dijeran algo, un mínimo gesto de saludo. Nada. Por el contrario, me pareció notar en sus rostros un aire de molestia. No una molestia por sentirse observados, sino una que provenía de ser precisamente yo quien su único público. Traté de descubrir en sus miradas la complicidad para dejarme ajeno a su juego, o a su combate —lo mismo daba—. Pero no. Ellos no demostraban ninguna complicidad; más aún querían hacerse daño. La intensidad de los golpes fue en aumento; el esfuerzo, mayor. Llegué a pensar, incluso, que veían mi rostro en el adversario; mis facciones repetidas en ambos y las cuales debían destruir. Esto sólo me lo imaginaba, claro. Yo no me atrevía a creer, debiera decir aceptar, que cada golpe sobre el mentón, en el plexo, o sobre cualquier otro punto donde aterrizara el puño, me causaba un vivo dolor. Otros golpes fueron como si me despertaran de un sueño, pero duraba muy poco, pues inmediatamente el dolor sobrevenía. Sentí, además, el sabor de la sangre en una boca que ya dejaba de ser mía y que intentaba finalmente decir basta. Pero el último ruido fue el último golpe.

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Lucho Zúñiga


Lucho Zúñiga (Lima, 1978). Ha publicado el poemario La escalera (Santo Oficio, 2007) y la novela El Círculo Blum (Borrador Editores, 2008). Cuentos suyos aparecen en las antologías: Ginebra Magnolia - Nueva Narrativa Peruana (2005) y 17 fantásticos cuentos peruanos (Editorial Casatomada, 2008). 58


Árbol Trepando por las ramas, cada vez más alto, los hombres se convierten en parte de la naturaleza, junto con las moscas y los cocodrilos. Sigo subiendo y me acerco al cielo. Como una serpiente, voy cambiando de piel. Cuando llegue más alto, seré una leyenda.

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Agua Lleno de sed pedí agua al cielo. Pero no llovió. Caminando perdido, encontré la imagen de un ídolo. Le recé para que traiga lluvia, pero no llovió. Le recé para que me quitara la sed, pero no se me quitó. Finalmente, pedí que viniera alguien a ayudarme, pero nadie vino. Me quedé contemplando el rostro del ídolo. Me di cuenta que también pedía por algo. Pedía ser encontrado por alguien, que volviera a iniciar el culto a su imagen. Entonces perdí la sed, me olvidé de mí mismo, bailé en trance.

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Daniel Salvo


Daniel Salvo (Lima, 1967). Desde el año 2002, inicia la publicación de la revista virtual Ciencia Ficción Perú, y desde el 2003, colabora en «Velero 25», ambas páginas web dedicadas a la ciencia ficción. Ha publicado el artículo «Panorama de la ciencia ficción en el Perú» en la revista virtual El Hablador. 60


Bitácora alternativa Hace miles de años, éramos los dueños de estas tierras, hasta que llegaron los invasores y nos las quitaron. Tuvimos que adaptarnos, esperando el momento de la venganza. Algunos olvidaron nuestro verdadero origen. Otros mantuvimos el recuerdo. Hasta que por fin, en este Año del Señor de 1492, retornamos a las tierras que un día fueron nuestras, para recobrarlas y vengarnos…

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Relatos hipercortos Accidentalmente, perdĂ­ una pierna, un brazo y un ojo. El doctor Frankenstein se va a enojar.

Hoy fui al mercado y tuve que comprar carne, pollo y pescado. La escasez de humanos continĂşa.

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Rony Vรกsquez Guevara


Erick Rony Vásquez Guevara. Cursó estudios de Literatura en la UNMSM y actualmente es estudiante de segundo año de Derecho en la UNFV. Colaborador esporádico del semanario Amor y Llaga (Caajamarca) desde el 2004. Organizador del concurso de poesía «Prima Fermata Literaria» (2005, 2007) y de «Narradores en San Marcos. Un espacio para la prosa» (2007). Ha participado en el I y II «Encuentro de poetas y editores sanmarquinos» (2006, 2007), Ponente en el «II Congreso Internacional de Narrativa Peruana: Tradición y Rescate» (2007), en el congreso «El gozo de las letras» en homenaje a Carlos Eduardo Zavaleta (2008) y en el ciclo «Nuevas Generaciones» organizado por Borrador Editores. Integrante del Grupo Maldoror y de la Asociación Académica Núcleo Universitario del Futuro (NUF), jefe de Relaciones Públicas de la revista de literatura Dédhalo, director de la revista de literatura Plesiosaurio. Ha publicado microrrelatos en las revistas de literatura El Grito de Maldoror, Discursiva, Bosque de Latidos, Tinta Expresa, entre otras más. 66


Vocabulario Vidente

Dícese de aquellas personas que tienen dos dientes. Aplícase (úsese) a los niños recien nacidos que tienen dientes de conejo.

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El paraíso nuevo Mientras astronautas, analistas y demás científicos se ocupaban de su trabajo, el agricultor de manzanas, A y su esposa E, abordaron una nave que les salvó de la explosión terrestre. Cuando despertaron, un paisaje desértico los rodeaba: estaban en la luna. A, previendo el hambre en el futuro, metió la mano en el bolsillo y sembró una semilla. Esta vez, intentarán burlar a la serpiente.

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Christian A. Elguera


Christian A. Elguera Olórtegui. Estudiante de literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido ponente en el «II Congreso internacional: Tradición y rescate», en el «I Congreso de estudiantes de literatura» (CONELIT), en el congreso «El gozo de las Letras» en homenaje al escritor Carlos Eduardo Zavaleta, en el congreso Internacional «Perú XIX: Universos discursivos en la prensa peruana decimonónica», en el «Primer coloquio internacional de narrativa fantástica. Manifestaciones de lo fantástico peruano». Ha publicado en la revista virtual de literatura El Hablador, en el suplemento virtual Variedades de El Peruano y en el suplemento El Dominical de El Comercio. Actualmente forma parte del Grupo Maldoror y es director de la revista del mismo grupo: Dhedalo. 70


Nudo Soy el último peldaño de un cruel y milenario proceso, un lento tiempo lento, decisión de uña divina para óptimos resultados: Sustituto de cuervos, comienzo cerniéndome sobre tu cuello, viendo como emanan de tu cuerpo equilibrado, movimientos enajenados; partos de gélido sudor, aniquilando cualquier vestigio de heroísmo. En ocasiones, desesperado, muerdes rabiosamente el labio hasta sentir sangrienta calidez, último recurso para calmar esa sed afiebrada que va surgiendo. Luego —como si comprendieras la inutilidad del universo— quedas quieto, sin voluntad; la niebla mueve entonces tu estamento deteriorado. En rostro, trasladado a un rojo degradante, se cultivan síntomas de asfixia. Vacío arcadas teluria de hinojos en el desierto. Lívido y abandonado como polichinela de paja, solo debo hundir más, cada vez más, mis dientes. Al final, el abismo, pero cuando crees que definitivamente todo acabará te cazo en el descenso. Esta es mi parte para antología: ver cómo tus huesos se contorsionan, cómo tu ilusión de paz es derruida y vas deseando la muerte a gritos que apenas y salen, sintiendo como envidias las lágrimas saliva ojos cuesta abajo, pero sobretodo, la llegada de esa falaz liberación, en que crees despertar, romper las cadenas y llevar una vida sin mayores preocupaciones que tomarte un café, en que todo se borra de tu mente; mas luego, pisas la oculta trampa y todo retorna. Mi presión entonces se hace más fuerte, tal vez, porque tu rostro de sorpresa excita mis fibras, ese gesto de incertidumbre, de no saber si siempre estuviste en esta situación, si soñaste o volviste a caer, si eres un hombre o una herida, Prometeo.

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Reencarnación Recordaré un nombre en el alba. Girará en el vacío. Gruñirá en la uña profana de la tarde. En la niebla diluida recordaré un nombre en el pálpito de la vértebra, en un mordisco, en un grito que se espesa en mi testa. Recordaré, acíbar sabor de cruda amelga, plenitud de mis alas, ganzúas y goznes de puertas inquebrantables, cuando este río cese, cuando esta mano, que me sumerge, decida por fin acabar mi faena.

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AmĂŠrico Mendoza


AmĂŠrico Mendoza-Mori. Estudiante de Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Miembro del comitĂŠ editor de la revista de literatura Ajos & Zafiros. Organizador del I Congreso Nacional de Estudiantes de Literatura (CONELIT) (2007). Realiza investigaciones sobre migrantes y estudios latinoamericanos y peruanos en Estados Unidos. 74


Blanca Nieves… Blanca Nieves me invitó a salir un día porque hacía tiempo que no creía en ella. No sé cómo pasó, pero yo salía de una reunión (una de esas tantas en donde la gente habla y hay proyectos y todos se miran las caras), y ella estaba esperándome. En realidad me había mandado un mail para saber de mí y para preguntarme si la recordaba. Claro que la recordaba, sólo que últimamente la magia no anda tan presente en aquellas reuniones, esas de gente que sonríe y saluda. Blanca Nieves estaba tan linda como siempre y se volvía más linda conforme volvía a creer en ella nuevamente. Mientras tanto, desaparecía esa gente, otra gente de sonrisas y saludos falsos.

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Distancia Zero Lorena y Francisco se ven en sueños, no saben dónde están pero parecieran conocerse, desearse. Eso se entiende... Sólo hay un océano de diferencia.

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Fernando Carrasco


Fernando Carrasco Núñez (Lima, 1976). Egresado de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle. Siguió una maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la UNMSM. Ha sido distinguido en diferentes certámenes literarios. Su libro Cantar de Helena y otras muertes resultó finalista en el segundo concurso de cuento y poesía «Dedo Crítico», 2004. 78


La caída* Un mismo sueño lo había perseguido durante toda su vida. En realidad eran distintos sueños, pero compartían el mismo final absurdo: siempre terminaba subiendo, desquiciadamente, las escaleras de un viejo edificio hasta ganar la enorme azotea. Llegaba hasta el borde y desde allí contemplaba la ciudad. Sentía el viento acariciando su rostro. Luego fijaba sus ojos hacia abajo y veía, empequeñecidos, a los automóviles y transeúntes que se desplazaban incesantes. El vértigo que le propiciaba imaginarse cayendo lentamente como una hoja de papel lo envolvía de una extraña e infinita embriaguez. En su niñez se soñaba jugando en el patio de un edificio. En su adolescencia se soñaba leyendo en el balcón de un vetusto hotel. Otras veces, en su juventud, se soñaba retozando con una mujer en un alicaído hostal. Y en lo mejor de los sueños, súbitamente, emprendía la enloquecida carrera hacia la azotea. Ahora se encontraba soñando nuevamente. Había llegado una vez más a la azotea de siempre. Ya estaba en el borde otra vez. Volvió a contemplar la ciudad completa. Volvió a sentir el viento nocturno acariciando su rostro. Fue testigo otra vez del movimiento incesante de los automóviles y los transeúntes. Y volvió a sentir el goce extremo propiciado por el vértigo de sentirse caer irremediablemente. Fue entonces que se entregó al vacío. En una fracción de segundo gozó de un sueño feliz dentro de su propio sueño. Sintió una intensa sensación desconocida por siempre. Luego vino el impacto previsible. Y las luces de la ciudad soñada se apagaron para siempre. Despertó. La noche siguiente el hombre intentó soñar de manera infructuosa. Deseaba sentir la misma sensación experimentada en el sueño. Anhelaba repetir esa caída una y otra vez. Nunca más volvió a soñar. Pero volvió a sentir la embriaguez conocida en el sueño el día de su muerte. Fue una noche fría. El hombre se dejó caer desde un edifico de su ciudad que, aquella vez, no era soñada por nadie. * Texto extraído de <http://letrasueltacultural.blogspot.com/2008/07/ fernando-carrasco-nez.html>

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Cantar de Helena* Así se corona la vida de la más doliente de las mujeres. Mis ojos ya no han de percibir la luz del amanecer. ¡Oh, Zeus, por qué me has abandonado! Ya la soga rodea mi cuello. Ya mis verdugos aguardan la orden final. Aquí morirá mi cuerpo, pero mi nombre seguirá rodando por el mundo, de boca en boca, masticado siempre con rencor hasta que el hombre termine de destruir su propio hogar —porque todo edicto ha de cumplirse—. Y entonces, al fin habré alcanzado la paz eterna. Y este tiempo que no sacude nada ha de empolvar más mi nombre. Y llegarán nuevas generaciones cargadas de soberbia y ambición. Y originarán nuevas guerras. Y siempre maldecirán mi nombre. Sin embargo, en cada época, habrá también diminutas bocas que buscarán justicia. Me prestarán su voz y yo hablaré entonces. Y todos me han de escuchar gritando mi verdad entre la gente.

* Texto extraído de Cantar de Helena y otras muertes (2006).

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PRร XIMAMENTE Dedhalo Revista de creaciรณn literaria

Grupo Maldoror


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Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana se terminó de imprimir el 6 de noviembre de 2008 en los talleres gráficos de Abismœditores. Jr. Pablo Risso 351, Lima 30, Perú. Tiraje: 100 ejemplares.


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