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En al-Ándalus las mujeres de las clases son las señoras de las familias principales, recluidas en sus alcázares, y que sólo se Liberan del velo y enclaustramiento cuando son hijas únicas o sin hermanos varones, y permanecen soleras, como las poetisas Wallâda la Omeya y Hafsa ar-RaKùniyya , hijas únicas y soleras, que así se libran de desaparecer literalmente tras un velo, al contraer matrimonio. Una vez casada, la mujer no podía enseñar su rostro descubierto salvo al marido y a parientes cercanos El ejemplo más concreto de la libertad de la mujer en la España musulmana nos la procura Wallàda, Hija de un califa al-MustaKfí, aprovechó la muerte de su padre para llevar una vida libre por completo; había abierto un salón que atraía a los más altos personajes y a los más reputados hombres de letras. Su aspecto desenfadado, su desdén por el velo, lo atrevido de su conversación y en ocasiones la excentricidad de sus actitudes, mostraban bien a las claras que se había liberado de muchos prejuicios. Que se la culminó, pera el que se le tolerara una vida de ese género implicada que el Islam, tan rígido en lo que conciernen alas mujeres, había relajado singularmente sus rigores en Andalucía, y hemos de suponer que por influencia de la cultura cristiana se fueron suavizando algunas normas sociales musulmanas. Así la mujer gozaba en al-Ándalus de mayor libertad que en el resto del mundo islámico, al menos entre las clases media y alta. Las mujeres en al-Ándalus recibían al menos una educación elemental semejante a la de los varones; aprendían a leer, a escribir, el Cran y algo de poesía, aunque no acudían a las escuelas como los chicos sino que recibían la enseñanza en casa; igualmente podían acceder a la enseñanza superior pero ésta casi indefectiblemente la re recibían de sus familiares más allegados, y si acudían a las mezquitas era en compañía de algún pariente masculino Dentro de las esclavas de al-Ándalus, las más relacionadas con el ambiente literario eran las cantoras, las qiyâs, que recibían una esmerada educación, ya que su función era realmente la de ser cultivadas ha tareas, capaces de satisfacer al hombre física y estéticamente a modo de la geishas japonesas. Otro tipo de esclavas son las esclavas de placer: la Y ariya. Las esclavas cumplían por tanto su función se satisfacer sexualmente al hombre, pero eran educadas en diversas artes y habilidades para alcanzar más alto precio y dar mayor placer al hombre, arte que abarcaban muy diversas facetas: había cantoras, músicas, poetisas y hasta filósofas .

Mujer e Historia  

Recorrido por la historia de andalucia y el estatus que la mujer desempeñaba.

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