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VI


6 El Dr Augusto Izquierdo siguió al mayordomo por un pasillo amplio flanqueado por cuadros, principalmente retratos. Estaba oscuro y, cada vez que miraba uno, le daba la sensación de que los retratados acababan de ponerse posición, rígidos de nuevo; como en un macabra partida de escondite inglés. -El señor le recibirá ahora mismo, por favor espere a que le anuncie. El mayordomo abrió una lujosa puerta de roble tallado y desapareció tras ella. El Dr Izquierdo se volvió de repente hacia el cuadro de la derecha. Había estado a punto de pillar al jinete de caza haciéndole un corte de manga. Ahora su expresión de concentración para buscar zorros era la estampa de la inocencia y el disimulo. La puerta se abrió de nuevo y el mayordomo la sujetó para que pasase. Dentro, con una copa de bourbon en la mano, el Dr Robert Clancy se ponía en pie para saludarle. -¡Dr Izquierdo, qué placer tenerle en mi casa -Lo mismo digo, Dr Clancy. -Por favor, llámeme Robert. -De acuerdo, Robert. Usted puede llamarme Doctor o Excelencia, como desee. Pero que no se le olvide la mayúscula. En fin, hace mucho que no nos vemos. ¿Qué es de su vida? -¡Ah, Doctor! ¡Usted sabe que no tengo vida! Cada minuto de mi tiempo lo dedico a investigar posibles MOCOs. Justo cuando descubro, decepcionado, que son falsos los rumores que sugerían que combinando la espada de Kusanagi, la máscara de Tutankhamon y el escudo del capitán América se obtendría un arma capaz sojuzgar a la humanidad, me trae usted nuevas esperanzas.

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-Quizás utilizando las espinilleras de Fernando Torres en vez de la máscara de Tutankhamon… -Es en vano, Doctor. Sin embargo tal vez pueda contarle algo útil. Es lo menos que puedo hacer después de todas las informaciones que me ha estado facilitando y que han traído de nuevo la luz de la esperanza a mi miserable existencia. –Robert Clancy tomó un sorbo de Bourbon en su miserable salón amueblado, esta semana, en estilo victoriano. Luego se revolvió en su sillón y cargó paquete hacia la derecha del pantalón 1, buscando la postura más cómoda. –Recientes investigaciones me han llevado a descubrir lo que la humanidad ha tenido delante de las narices durante dos milenios y no ha querido ver.- Señaló las fotografías encima de la mesa. –Fíjese en ‘La Ultima Cena’ de Da Vinci. En ‘La flagelación de Cristo’ de Caravaggio. En todos esos cuadros religiosos. -¡Es cierto! ¡En todos sale Jesús! -Si, pero ¿no ve nada raro? ¿algo que los autores nos están diciendo a gritos? ¿algo tan evidente que todos hemos estado pasando por alto? -Mmmm ¡Diablos! En todos hay figuras geométricas de un número impar de lados con una esquina apuntando hacia abajo, es decir, invertidas. E invertido era el hombre que le daban en esa época a… -Bueno, yo me refería a las posturas amaneradas. Pero si, su conclusión es correcta: Jesús era gay. -¿Y eso cómo se relaciona con el MOCO? -No hay relación alguna. Solo se lo he contado para ver si la Iglesia se ofende y nos hace publicidad gratuita. Atento, querido lector, podría ser una pista importante para identificar al malo más adelante. O no. O quizá si. El caso es que ahora tendrás que estar atento en hacia dónde cargan paquete los diferentes personajes. Paquete, paquete, ¡PAQUETE! No te lo puedes quitar de la cabeza, ¿a que no? 1

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Tota vertias 6