EL POLVORÍN Perla Ramos
¿Dónde vives? En El polvorín, por donde está la Coca. Bueno…más adelante, pasando la escuela primaria. ¿Hasta las guacamayas? No antes, por los tacos de Doña Vicky…más fácil, justo donde está el OXXO. ¿El nuevo? Sí, ese. En la siguiente das vuelta a la izquierda.
Polvo, arena; piedra, madera y cemento; agua, óxido. Lo molido, lo triturado, el fragmento son signos de explotación. ¿Cómo se hace un hueco en la tierra? Se utiliza pólvora, se hace estallar. Desde el borde superior hacia abajo: cascajo, óxido, madera podrida, grasa, partes de autos, perros cubiertos con cal. Cada color derramado sobre otros, niveles de erosión fusionados; cada textura geológica arrastrándose por el declive. Cristales, plásticos, clavos, colchones, resortes deslizándose en cámara lenta al centro del agujero. Profundo, muy profundo. Sedimentos de la belleza, del derrocamiento histórico, sedimentos del capital. Sedimentos de arena, polvo. Capas sólidas de hundimiento. Constructoras, casas, ciudades. arena.
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El polvorín era sólo una zona de paso. En la década de 1950 fue parte de un recorrido, de un plan urbanístico: progreso. Promesa. Palmeras, mangos, guayabos, changos, guacamayas, gatos monteses, un edén. Verde, colinas, montes, valles. El terreno era vasto, muy grande, junto a una desembocadura del río Apatlaco. Las fosas sólo eran ligeras depresiones de tierra, arenosas; con el establecimiento de la minería comenzó en serio. Se donaron terrenos en la cumbre y ese poblado se convirtió en el punto de conexión entre pueblos: de llegada y salida de Cuernavaca a México, Cuernavaca a Guerrero y a los municipios del sur de Morelos. Sin embargo, duró poco como zona comprometida al progreso. El terreno arenoso prometía otros usos. De la profundidad, lo oscuro. Visionarios pidieron abrir otro camino más corto. Mejor dicho, para evitar pasar por una zona popular. Lo que quedó de lo que contemplaba el plan urbanístico fue un techo de cascarón. Arco de Félix Candela: estructura que enmarca los autos chocados de las grúas el polvorín. De lo verde queda un letrero vistoso de Jarritos que contrasta con el rojo de Coca Cola. La nueva calle, que si era digna de ser vista, marcaba profundidades por las colinas, por el río, por la vegetación. No había profundidades creadas por acciones duras, pero sí elevaciones, poder político. De Humboldt a Guacamayas, pasando por Palmira, Lázaro Cárdenas la fundó. En alguna de esas casas, las de Palmira, se firmó el decreto de la expropiación petrolera. Materiales, líquidos, viscosos, densos, polvosos, escurridizos y más. Techos de cascarón. Desde lo más alto, en la colina, las alas, una iglesia, nuevamente de Félix Candela; al bajar, la Fuente de los abanicos, adornada con luces de colores y un reno cada diciembre. En el recorrido: más techos de cascarón (Félix Candela), la Glorieta de la Luna con un mural y un cohete. Después las
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bolas, así lo conocemos, así dice la gente o si queremos el título institucional. El gran camellón escultórico del Paseo de la Reforma al estilo Gaudí. Capulina lo podría constatar. De lo que queda, si queda algo: todo con imperfecciones, nada brilloso, opaco. De guacamayas una esfinge de piedra con forma de guacamaya. Ni gatos monteses ni changos, ni árboles frutales. Las películas con escenas en algunos sitios de ese plan urbanístico, Tizoc, Pedro Infante y María Félix. Tongolele y Tarzán. Del río, la espuma de los días. Basura, espuma desbordante cada época de lluvias. La calle de siempre. Topografía en Declive. Y cada vez profundo, más profundo, como una muela. Camiones en desfile al desfiladero. Uno tras otro desde las siete de la mañana. Rellenos, basura, de escombro, de arena, de piedra. La tierra rayada, marcada. Alienaciones de papel, llantas, plástico negro, engranajes, óxido, el hedor de lo muerto. Autos encimados, herrumbre, azulejos, varillas, sólo pedazos, capas muy arraigadas de polvo encima de más polvo. Casas Geo, sube, baja, amontonamientos, deshuesaderos, piedras, madera, pedazos de polines, material amontonado. Tierra, Cicatrices de la eficacia aumentada. El olor, el polvo se combina con otras partículas. Empleos de jornadas de ocho horas. De lunes a viernes. Los sábados: otra cosa que pueda dar algo más. Ruido. Taladros para romper piedra, para hacer hoyos. Ruidos repetitivos de máquinas. Horas, horas. Máquinas que derrumban, que jalan, que amontonan, que cortan, que cargan. Profundo, muy profundo. Cinco minas. Topografía en declive. Ahora sólo una mina en activo. Pero el problema no se acaba cuando se cierra una mina. Los suelos ceden, porosos. Y los huecos desde lo profundo siguen siendo huecos aunque a la vista estén cubiertos.
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De repente vuelan pedazos de basura, bolsas, papeles en el aire. Cada tanto hay choques de temperatura. Se generan polvaredas que duran de diez a quince minutos. Tortillas en motocicleta, el extra, el gas, cloro, suavizante, amoniaco. Compra fierro viejo que venda, elotes, nieves, tacos, mecánicos, pozole, quesadillas. Cubetas en las calles. De la basura. La recolección, antes de ser recogidos en montones y eliminados inmediatamente. De la vista nada más. En los bordes, varios trabajadores, recolectores abren bolsas, cajas; separan papel, botellas de plástico, de aluminio. Buscan basura para vender, si hay madera u otros materiales más rígidos como plásticos, servirán para prender leña o tapar algún hueco de los espacios improvisados para dormir. Martes, jueves y sábado antes de que suena la campana del camión de la basura. Sedimentos con horarios. Esto fue y continúa. La tierra que ya no da más, se vuelve a vender. Antes es rellenada. Más basura, los huecos no productivos se rellenan. Algunos sólo la superficie. Otros se intentan nivelar al horizonte próximo. Profundo muy profundo. Las minas que ya no son minas ahora son colonias: se revenden como terreno para construir casas sumergidas en la profundidad. Suelos porosos, quince metros, veinte metros abajo. 80 escalones para bajar y 80 escalones para subir. 30 metros, 40 metros abajo. Zonas de emergencia. Calles de arenas movedizas. Y los huecos, la profundidad no se alcanza a ver. Esta oculto tras bardas, rejas o casas. Derrumbes: cinco enormes piedras, personas heridas, lesiones. Protección civil no baja en la oscuridad por lo peligroso. Los trabajos de auxilio en los derrumbes se reanudan al amanecer. Cadáveres, narco-mensajes, cobijas. Una persona ciega que ha cedido a la topografía. Profundo muy profundo. Zona de alto riesgo. Derrumbes constantes, terreno accidentado. Grietas con cemento y
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partes de polvo impregnadas con manchas de varios colores. Rojo. Aún se opta por el camino de Palmira, la calle es más amplia. Hay OXXOS, Seven Eleven, condominios reformados, casas grandes en venta, promesas de terrenos, fraccionamientos con seguridad, una fuente abandonada, portones grandes, árboles, farmacias Guadalajara, Del ahorro, carnes de corte grueso, asados, un puente que tuvo que ser ubicado en las Águilas y el de las Águilas en Palmira gracias a la construcción del paso exprés; más OXXOS, Hellen Keller, Santa Clara, zona de alcoholímetro, casetas de vigilancia, escuelas de paga. Polvo, arena; piedra, madera y cemento; agua, óxido. Aquí se avecina algo. El derrumbe, los declives, la topografía, el suelo poroso cede. Lo hundido. Profundo más profundo. Casas sin permisos de construcción, ubicadas a las orillas de las minas, erosiones naturales. El peligro ya se les notificó, pero, ¿hay otro lugar para vivir? Inundaciones, escurrimiento, el suelo arenoso ayuda. Cada semana se repite la misma situación. Bardas dañadas. Ya está por acabarse. En el pasado hubo minas. Los niños abundan, los perros también. En la calle y en las azoteas. La colonia, topografía en declive, ha aprendido sobre su propia naturaleza, desde los recursos ocultados de la tierra. Profundo más profundo, descender a lo oscuro, al abismo, cavado. El agujero, los agujeros, del horizonte hacia abajo. Un puñado de polvo1.
1 Basado en el texto de Bárbara Mor, Aquí: una pequeña historia de una ciudad minera en el sudoeste americano: Warren Bisbee Az (1985).
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