Skip to main content

RECREO V12

Page 1

AGO 10 2021

¿POR QUÉ IR A MARTE? Por: Josiel Garcia Guzman

DESVELANDO EL COSMOS Infórmate de las curiosidades que nos desvela la ciencia.

CAFÉ CON LETRAS Historias y poemas para alimentar el alma de la mano de increíbles autores colaboradores.

La NASA abrió un nuevo proceso de selección para reclutar astronautas. Algunos de los elegidos podrían formar parte de la primera misión tripulada que vaya a Marte en los años 30. Para cualquier astronauta, viajar al espacio es, además de su trabajo, un sueño. Pero una cosa es ir a la Estación Espacial Internacional (ISS), adonde se llega en unas horas; a la Luna, que supone un viaje de dos o tres días, y otra bien distinta es ser uno de los elegidos para una futura misión tripulada a Marte, cuya duración total rondaría los dos años y medio. Y es que para cada trayecto harían falta entre seis y ocho meses, a los que habría sumar una estancia en Marte de unos 500 días para que el viaje de regreso coincidiera con la alineación de planetas más favorable con el objetivo de acortarlo al máximo y consumir el mínimo combustible posible.

Pág 5

@periodicorecreo

Mail: periodicorecreoeph@gmail.com

SIGUENOS EN IG PARA CONTINUAR LA CONVERSACIÓN


AGO

CAFÉ CON LETRAS

AGO

CAFÉ CON LETRAS

10 2021

10 2021

CRUZ

Nos estábamos cagando. Aún así, decidimos ir a la esquina a la que nadie quería ir y contar hasta 30 mientras los demás se escondían alrededor de la cuadra.

Por: Ana Isabel Villamán Genao

–Coño, loco, yo no sé en qué lo que tú piensa. Podía entender su disgusto. Cruz nos miraba como quien hace una advertencia mientras nos acercábamos. El aire se podía cortar con un cuchillo y todo alrededor se acallaba insoportablemente. Era como si el silencio se hubiese metido en múltiples silencios más y no existiera nada que no fuera la esquina y nuestros pasos.

El barrio Rincón Largo siempre me pareció un lugar como ningún otro. Sus calles serpenteaban llenas de huecos que el ayuntamiento había olvidado tapar hace mucho, albergando colonias de hormigas, ciempiés y cigarrillos gastados. Las esquinas se quebraban en formas desiguales, pero no dejaban de ser perfectas para que las travesuras en los juegos de las escondidas cobraran vida y se quedaran allí plantadas como un secreto. ¿Cómo iba a saber el frutero que se instalaba cada mañana a buscar su alimento, que la noche anterior, Patricia y El Búho habían compartido algo más que sonrisas justo en su puesto? Las esquinas no decían nada. Más que finales de una cuadra, eran aristas que marcaban el término ­–o el comienzo– de una aventura. Eran puertas hacia los jugosos minutos, infinitamente largos, de la adrenalina que provocaba ser encontrados por Sancha o por el hijo de Romero, o por cualquier otro transeúnte lo suficientemente resentido como para molestarse por un juego. A pesar de eso, no todos guardaban el mismo afecto por estos impredecibles cruces. Yo también pensé que lo perdería en una ocasión.

–Mira, contamos hasta 30 y nos vamos. No puede ser tan difícil –le respondí, intentando convencerme a mí mismo de lo que decía. Cuando llegamos, no sé si eran asuntos de la mente cuando juega con uno o que de verdad había “una vaina rara” en la esquina de la calle cinco, pero ahí no se escuchaba ni un alma. Era capaz de oír mi propio corazón retumbándome en los oídos y los pies calientes por el deseo de salir corriendo. John, que ya casi había perdido todo su porte de altanero y se mordisqueaba una que otra uña, no paraba de mirar a los alrededores. Las hojas de la mata de mango eran lo único que se movía en la penumbra, además de nosotros, que habíamos descubierto al menos tres tics nerviosos en el poco tiempo que teníamos ahí.

Hay una esquina en particular de la que me gusta y no me gusta acordarme. Está ubicada en la intersección de la calle principal y la número cinco, a la que comúnmente llamábamos “Cruz”, porque la acera de la casa tiene este símbolo mal dibujado con pintura negra. Era el mejor escondite de todos por dos razones: había una mata de mango que sobresalía desde el borde superior de la pared y un reguero de enredaderas que hacían lo suyo para ocultar a cualquier criatura del tamaño de un niño. La otra razón era que el poste de luz más cercano estaba a unos cincuenta metros, lo que quiere decir que se mantenía oscuro en las noches, momento en el cual preferíamos reunirnos a jugar. Esta negrura también le otorgaba cierto blindaje al sitio, pues ni siquiera los adultos se sentían cómodos caminando cerca. No es que existieran pruebas de que pasara algo verdaderamente extraño, pero algunos habían dicho ver el “celaje de una vaina rara”, otros que se sentían observados al pasar y hubo unos que hasta afirmaron haber descubierto a un galipote convirtiéndose en hombre. Pero esas eran solo suposiciones, a las que les habían otorgado tanto peso que ya esconderse en Cruz era “una cosa de guapos”. Esto, naturalmente, resultaba también una ventaja, no para esconderse, sino para demostrarle a las muchachas que uno no le tenía miedo a esas tonterías.

–Ponte a contar, entonces –me sugirió, o, mejor dicho, me suplicó. ¿Quién coño iba a querer voltearse y taparse los ojos durante 30 segundos en ese lugar? Los muchachos aún estaban esperando por nosotros cerca del poste de luz, seguro preguntándose si tardábamos tanto por ser tremendos cobardes o si algún bacá ya había bajado a comernos. –Los dos al mismo tiempo –dije con la voz más firme que pude. –O… ok –respondió John, tartamudeando levemente. De pronto, y justo antes de apoyar el antebrazo contra la pared, pude divisar la mueca asustada de Juan. La careta de gringo presumido y orgulloso se había quedado unos metros atrás, insostenible ante la presión de Cruz. “¡Uno!”, gritamos al unísono, e inmediatamente escuchamos decenas de pasos moviéndose con prisa a nuestro alrededor. “¡Dos!”, los pasos seguían, algunos se alejaban. “¡Tres!”, escuchamos un golpe seco y la voz de El Búho maldecir con los dientes apretados. “¡Cuatro!”, los pasos se volvían más y más escasos. “¡Cinco!”, “¡Seis!”, ya casi no había pasos. “¡Siete!”, solo notaba las pisadas torpes de alguien, puede que fuera Maritza, pero ella era muy lista como para no haberse escondido ya. “¡Ocho!”, el silencio se acrecentaba. “¡Nueve!”, ¿ya se habrán escondido todos? “¡Diez!”, el único sonido perceptible era una respiración agitada a mi lado. “¡Once!”, me entraron unas terribles ganas de orinar. “¡Doce!”, “¡Trece!”, “¡Catorce!”, ¿habrá alguien allá afuera? Juro que no percibía sonido alguno. “¡Quince!”, faltaban quince más. “¡Dieciséis!”, y de repente me di cuenta de que estaba contando solo.

La última vez que fui a Cruz durante un juego, estábamos todos los del barrio, más un dominican york que había llegado hace unas semanas. Se trataba de un flaco que de gringo solo tenía la ciudadanía y que nos miraba a todos con arrogancia. Su nombre era Juan, pero ahora quería que le dijeran dizque John. Me llevaba un año y se había marchado del barrio dieciséis meses atrás. Los demás lo veían con admiración cuando mostraba un “teléfono” al que no había necesidad de ponerle teclas, pues solo con tocar la pantalla hacía de todo, según él. Incluso Maritza, una blanquita preciosa e inteligentísima con ojos miel y pelo negro, lo escuchaba embobada. Hablaba y hablaba sin parar de lo que sus padres habían conseguido y de cómo todo era mejor allá que aquí, hasta que me aburrí de oírlo introducir esas palabritas con inglés machucado en su discurso y les propuse jugar a Las Escondidas, a ver si el americanito seguía siendo tan bueno.

Me detuve por un instante para darle oportunidad a Juan de que siguiera, pero nadie respondió. ¿Le había vencido el miedo y ya no podía continuar? O, quizá, me estaba jugando sucio y quería que el miedo me venciera a mí. Después de haberlo desafiado frente a todos, no podía darme el lujo de acobardarme ahora. “¡Diecisiete!”, proseguí. Que se joda el maldito John. Si no pudo aguantar, entonces no sé de qué tanto presumía. “¡Dieciocho!”, “¡Diecinueve!”, continué, pero un olor asqueroso me hizo parar antes de pronunciar el siguiente número. Pensé que iba a vomitar por lo intenso que era. “Veinte”, dije con la mayor fuerza que pude y aguantando las náuseas que me había provocado el hedor.

–Claro, broder. Hasta juego mejor ahora –respondió John ante mi propuesta, con una sonrisa socarrona y guiñándole un ojo a Maritza, el muy cabrón. –Vamos a ver entonces –le dije con chulería­– Yo propongo que busquemos los dos a la vez y el que agarre más gente en menos tiempo, gana. –Alrait. Vamos a darle. –Contamos en Cruz –lo desafié, sosteniéndole la mirada. Todos se callaron, incluido John. La verdad es que me daba algo de miedo el sitio, pero cuando uno tiene que defender su hombría, no lo piensa tanto.

Si ya me había puesto de gallito a desafiar al gringo, no podía permitirme echar para atrás ahora. “¡Veintiuno!”, retomé con mayor firmeza y sentí unos pasos alejarse. ¿Se habrá arrepentido Juan? “¡Veintidós!”, “¡Veintitrés!”, “¡Veinticuatro!”, escuché un sollozo en la distancia. Puede que no haya sido eso, pero juraría que así fue. No se oía nada más, al fin y al cabo. “¡Veinticinco!”, percibí unas pisadas acercarse con rapidez. El aire se sentía más frío y yo estaba sudando como un caballo. “¡Veintiséis!”, “¡Veintisiete!”, el maldito olor había vuelto, causándome una arcada cuando el vómito se me subió a la garganta. “¡Veintiocho!”, “Veintinueve…”, alguien respiraba fuertemente detrás de mí. Ya me dolía el antebrazo de empujarlo tanto contra la pared. Maldije para mis adentros cuando un líquido caliente empezó a rodarme por las piernas.

Creí que se iba a acobardar y que yo también me libraría de esperar tanto rato ahí, hasta que me sorprendió con un inesperado asentimiento de cabeza. Cualquiera hubiera dicho que éramos los dos unos muchachos valientes, pero quizá solo nosotros podíamos notar el temor escondido en nuestras pupilas temblorosas, la casi imperceptible palidez que había adquirido el rostro de John y la incontrolable tensión en mi mandíbula.

Pág 2

Pág 3


AGO

CAFÉ CON LETRAS

DESVELANDO EL COSMOS

10 2021

AGO 10 2021

ACABAR CON NUESTRA SOLEDAD Por: Josiel Garcia Guzman Uno de los argumentos que más se escuchan estos días es el de la vida extraterrestre. El rover Perseverance tiene, entre sus principales misiones, encontrar indicios de vida en Marte, ya sea a través de moléculas orgánicas o de diminutos fósiles de antiguos microorganismos. En cierto modo se trata de buscar una aguja en un pajar, aunque a decir verdad este es el pajar con, probablemente, más agujas de todos los que conocemos.

Sabía que no estaba solo y que el cobarde de Juan se había virado hace rato, pues ni siquiera contaba. No quería decir el último número y mirar detrás de mí. ¿Qué pasaría si fuesen ciertas esas historias de celajes y galipotes? Tal vez habrán pensado que, por ponerme de chulo, tendrían que darme una lección. “¡Treinta!”, pero no lo grité, lo chillé. Debía voltearme. Era un hombre, carajo, y los hombres no se amilanan ni aunque les salga el mismo demonio. Aún así, me quedé tieso, mirando la cruz negra bajo mis pies. “¿Por qué es que uno relaja así, diab…?”, me interrumpí. No quería ni mencionarlo, por si acaso. Una mano húmeda se posó sobre mi hombro y ya no lo pude aguantar más. “No me hagas nada, por favor”, supliqué llorando. El hedor era insoportable y ya no veía bien por la oscuridad y la mirada empañada de lágrimas. La mano hizo más presión, buscando que me volteara. “Santa María, madre de Dios…”, empecé a decir, cuando giré sobre mí mismo por completo y divisé el rostro desencajado de Juan, con los ojos rojos como un tomate y la mano cubierta de una sustancia viscosa y marrón.

Más allá de responder a la eterna pregunta acerca de si estamos solos en el universo, encontrar microorganismos marcianos nos ayudaría a entender nuestro propio origen e incluso a aclarar si la vida pudo venir de Marte. No obstante, hay a quien esta razón le parece poco robusta, pero por suerte todavía quedan otras cuatro.v

Lo primero que hubiese hecho cualquiera en esa situación sería burlarse de que el muchacho altanero de antes se cagara del miedo, literalmente. Pero yo estaba asustado también, había llorado y me había meado encima.

ENCONTRAR UN NUEVO HOGAR

–Si le dices a alguien, te mato –me advirtió con voz baja y aún trémula, sorbiendo por la nariz. –Lo mismo para ti –le respondí.

La búsqueda de otras formas de vida puede parecer irresponsable cuando tantas que ya conocemos están pasando por un aprieto. Lo cierto es que abordar una cuestión no invalida la otra, pero dejando a un lado la falsa dicotomía, cabe decir que Marte podría ser una alternativa a nuestros problemas planetarios.

Juan levantó la mano derecha, esa que me había puesto en el hombro con la suciedad de sus heces, para que le ofreciera la mía y cerráramos el trato. Me lo pensé un poco, buscando en sus ojos algún atisbo de traición. No lo había: ambos teníamos lo mismo que perder. Se la di. Al fin y al cabo, ante Dios y ante el Diablo, todos somos la misma mierda.

Hay quienes piensan que Perseverance es un primer intento de hacer habitable (terraformar) Marte usando su dispositivo de producción de oxígeno. En realidad, la terraformación está todavía muy lejos de nuestro alcance, pero, aún así, la exploración Marciana es necesaria para que en unas décadas podamos establecer las primeras colonias en el planeta rojo. Nuestro futuro como especie puede depender de estas misiones, pero hay más, porque nuestro futuro como planeta también puede salir beneficiado.

UNA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA Suele decirse que la exploración espacial es una inversión altamente rentable, ya que, a pesar de su coste, ha empujado el desarrollo de tecnologías revolucionarias que han cambiado el mundo tal y como lo conocemos. Ha sido esa transferencia tecnológica la que nos ha traído los paneles solares, los escáneres TAC, trajes para bomberos, nuevas prótesis, el GPS, la telefonía por satélite, sistemas de potabilización de agua e incluso la telemedicina que permite llevar asistencia sanitaria de urgencia a poblaciones del geográficamente aisladas. Sin duda, todo esto podría haberse conseguido con una inversión dirigida y por lo tanto más barata, pero el argumento es otro. Los 2.700 millones dan muchos más frutos que el simple viaje a Marte, y eso hay que tenerlo en cuenta al valorar el coste: la fertilidad del proyecto en cuanto a las posibilidades de transferencia tecnológica. Hecho al que se suma que, muchas veces, no sabemos qué investigar hasta que se presenta un problema, y en eso último la exploración espacial es experta

UNIRNOS BAJO

CONOCER NUESTRO FUTURO

LA MARAVILLA CIENTÍFICA

Ahora mismo conocemos un planeta, el nuestro. Creemos saber cómo fue su pasado y poder predecir su futuro y en cierto modo es así, pero la ciencia necesita ejemplos, tantos como sea posible, y nosotros solo hemos podido estudiar a fondo uno; a la Tierra. Hubo un tiempo en que Marte era un vergel, el agua líquida recorría su superficie y su atmósfera era densa y profunda, perfecta para que la vida prosperara.

Sobrevivir como especie, salvar el planeta y desarrollar tecnologías que mejoren la sociedad son buenas razones para invertir en la exploración espacial, pero hay una última que merece la misma atención: el conocimiento en sí mismo. Gastamos miles de millones de euros anuales en blockbusters que tampoco combaten directamente el cambio climático ni el hambre en el mundo. Los equipos de fútbol mueven billones en todo el mundo y todos entendemos que su valor está en el ocio mismo.

Ahora es una roca aparentemente inerte, superficialmente seca y con una atmósfera delgada y 100 veces más densa que la terrestre. Venus parece haber seguido un camino parecido pasando de paraíso a infierno planetario. Lo que les sucedió a ellos podría ocurrirnos a nosotros, pero para entenderlo necesitamos seguir explorando allí mismo, sobre el terreno y para eso necesitamos nuevas tecnologías.

Pág 4

Imagen de Marte tomada desde el Perseverance (NASA) NASA/JPL-CALTECHVIA REUTERS

En la antigua Grecia la ciencia se enorgullecía de ser valiosa en sí misma, al margen de la aplicación, y tal vez debamos volver a esos tiempos en que primero entendíamos y luego, en todo caso, intentábamos aplicar lo que sabíamos.

“

“Se tardarán entre dos y seis meses en obtener las primeras imágenes con toda su calidad, pero en cuanto estén disponibles ‘nos volará la cabeza’.” ~ Günther Hasinger (ESA ) Pág 5


Sección Actualidades

Enmanuel Mendoza y Ana Villamán

Sección De Literatura

Vianibel Valerio, Erick Nuñez y Karleni Cornielle

Sección De Ciencia

Alexander Rodríguez Cepeda y Ramón Antonio Cabrera

Sección De Opinión Ana Villamán

Diseño

Antony Leonardo, María Taveras y Carlos Luzón

Coordinadores

David Gregory , Xavier Calmettes, Luisa Acosta, Rosanna Cabrera.

AGOSTO DEL 2021 DERECHOS RESERVADOS.


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
RECREO V12 by Periódico Recreo - Issuu