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Celda VI Cesare Pavese El confinamiento, forma de presi贸n utilizada por los fascistas


Cesare Pavese (1908-1950), nace en Santo Stefano Belbo, en el piamonte, hijo de una familia acomodada que le costeó la educación con los jesuitas de Turin, de donde pasó al Liceo estatal y a la facultad de letras. A Pavese siempre se le ha antologado en la estirpe de los poetas suicidas, pero no se ha mirado el aspecto de su vida carcelaria, aparte de su importante vida biográfica que por demás se descubre en su libro póstumo El oficio de vivir, tambien quiero hacer notar un pequeño panorama histórico que coincide con la juventud de nuestro escritor quien terminó con su vida en edad temprana.

La desastrosa labor de los gobiernos que se sucedieron en la posguerra fomentó el desarrollo del fascismo, a cuyo frente se hallaba Benito Mussolini, quien en 1922 dio un golpe de estado (marcha sobre Roma). En el interior del nuevo régimen, pronto se negó la democracia y se implantó un sistema de partido único que concentró el poder en manos de Mussolini. En 1925 algunos intelectuales fascistas redactan un manifiesto, en el que se inclinan en favor de una literatura nacionalista y provinciana. Esa


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visión se mantiene hasta 1939, cuando otros pensadores van tomando distancia ante el estado opresor, creando medios de circulación tanto clandestinos como oficiales con las debidas restricciones al cuestionar el poder. Es así cuando comienzan a proliferar revistas literarias que se distancian de las loas al régimen, agrupando una serie de escritores jóvenes que después de la Segunda Guerra Mundial serán grandes nombres. Este periodo de la historia reciente de Italia, lo reflexiona así Ítalo Calvino, uno de los protagonistas :

La explosión literaria de aquellos años fue, antes que un hecho de arte, un hecho fisiológico, existencial, colectivo. Habíamos vivido la guerra y los más jóvenes -que habíamos tenido tiempo de participar en la resistencia- no nos sentíamos aplastados, vencidos, quemados por ella, sino vencedores, impulsados por la carga propulsora de la batalla apenas concluida, depositarios exclusivos de un patrimonio hereditario37.

A partir de ese momento es casi una constante entre los escritores el compromiso político con su país, excepto quizá Luigi Pirandello y Marinnetti; este último creador del fallido futurismo. Los demás no guardan silencio y se pronuncian, bien sea desde los medios de circulación clandestinos, o desde la tribuna, como lo hace Antonio Gramsci, uno de los fundadores del P.C.I, detenido desde 1927 hasta su muerte en 1937; si bien su obra se discutió muy poco en América Latina, sobre todo en la época del apogeo Marxista, no se ha llegado a una valoración justa del aporte Gramsciano al pensamiento contemporáneo. Calvino, Italo. El sendero de los nidos de araña. Círculo de Lectores. Bogotá, 1991. 230 páginas.

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Habría que nombrar aquí un ensayo sobre Gramsci, en nuestro medio, del profesor Jorge Gantiva Silva, en el se analiza el sentido de la filosofía, de la política y la tarea de pensar de Gramsci. La balcanízación en que vivía Italia por esa época también se reflejó en la manera como algunos importantes creadores fueron víctimas del confinamiento político.

Pavese es arrestado, en el mes de mayo, por posecion de correspondencia que prueba su relación con grupos antifascistas. Después de algunos meses de cárcel, se le condena a tres años de destierro en Brancaleone, Calabria. Esta misma forma de confinamiento se la aplicaron los fascitas a Curzio Malaparte, autor de una novela conocida en español y muy difundida “La piel”, enviado por Mussolini a las islas Lipari, y Carlo Levi, autor de la novela autobiográfica “Cristo se detuvo en Eboli”, llevada al cine, enviado a Lucania. En Turín, una de las ciudades italianas más activas en la resistencia antifacista, la organización estaba en manos de unos amigos de Pavese, y a quienes él, en las reuniones de la confraternidad y cuando empiezan las discusiones políticas, escucha fingiendo distraerse, a veces leyendo un libro, dice su biógrafo (Davide Lajolo). Pavese no deja de asistir a las reuniones que hacian sus amigos de la resistencia, pero lo hacia lleno de temores en el compromiso directo con las causa antifacista. Sin embargo, durante todo el periodo anterior a la guerra oscila entre el deseo de comprometerse y el temor de ser un militante activo, muchas veces le decía a sus amigos que era apolítico, como lo confiesa en su diario:


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…Es preciso, pues, no excluir mi condición de creador para bajar al sótano a buscar la piedra angular, sino considerar simplemente que, amen de creador, soy tambien un hombre y un desocupado y un apolítico y un muchacho y otras cosas que se me escapan38.

Y se llama apolítico con el mismo tono con que en otras ocasiones se injuria. En esos años deja de ser un desocupado. Entra a formar parte de la editorial Einaudi, lástimna que del prestigio y la rigidez intelectual que la carcterizaba en sus asiduos colaboradores como Italo Calvino y otros grandes escritores de Posguerra que pareciera imposible los que nos dice el novelista y columnista de El Tiempo Oscar Collazos: Por un compresible desplazamiento del antiguo capital familiar al capital monopólico, Berlusconi se volvió propietario de la Editorial Einaundi. Y por una razón que se comprende gracias al displicente narcisismo de algunos empresarios, el propietario de la editorial acaba de ordenar a sus empleados que no se publique un libro de José Saramago en el que el portugués dice cosas incómodas y muy duras sobre Berlusconi.

Pero ¿Qué representó la Editorial Einanaudi? Fue, con la casa Feltrinelli, una de las dos editoriales históricas de Italia y Europa. Giulio Einaudi (1912-1999), el fundador de la primera, fue un gran intelectual antifacista y un demócrata convencido en la posguerra”. Pavese creó la sucursal en Turín, llegó a ser uno de los principales animadores. y soñaba para esa editorial lo que fue antes 38

Pavese, Cesare. El oficio de vivir o el oficio de poeta. Bruguera. Barcelona, 1983. 506 páginas.


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de la aparación del capital de Berlusconi. Cada vez se ve más comprometido. A los colaboradores de la editorial, se les comienza a vigilar estrechamente. Es entonces cuando empieza a recibir la correspondencia que a su amiga –la mujer de la voz ronca– le envía un prisionero político desde Roma. Las cartas las encuentran en su casa son la causa de su prisón, y de su confinamiento poesterior en Brancaleone Calabria. Esta experiencia tampoco se traduce en una nueva madurez política, sino que adquiere el carácter de una vivencia interior que origina sólo recriminaciones. Por primera vez la soledad y el alejamiento de los demás le son impuestos, y llega al “límite de toda caridad, la congelación de la simpatía humana”.

Las angustias de la soledad, unidas a la incomodidad práctica de la celda, los encuetra también en el destierro, y las quejas y rezongos de su personaje Notte di festa (Noche de fiesta) en la cárcel, son los que él mismo enviaba continuamente desde el pueblo en su extrañamiento a su familia y a sus amigos. La idea de prisión y de exilio, que Pavese identificara con la vida misma, dan alimento en su obra a craciones magníficas de estilo depurado; sin embargo, el tiempo del destierro, con la separación forzada de sus amigos, de su familia y sobre todo de la mujer querida, por una causa a la que adhería pero nunca había hecho propia, dejó en su vida una huella profunda de desagrado y dolor. Sus cartas de ese período, cuando no son simples demandas de libros y dinero, son solo una serie de quejas agresivas contra el pueblo, la lejanía, el asma, el frío, la poca comida, la humedad, que expresa con una ironía negra, tendiente a hacerlas más importantes. Los


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tres años de destierro son reducidos a uno, y en marzo de 1936 vuelve a Turín. En la decisión de pedir la abreviación del destierro tuvo gran parte su necesidad de encontrar nuevamente a la “mujer de la voz ronca”. Fue entonces cuando en la estación de Turín, supo que se había casado. Y escribe en su diario: “Ir al exilio no es nada. Volver de allá es atroz”. La experiencia del destierro se comunica, con todas sus implicaciones humanas y políticas, en “Il carcere” (La cárcel). Stefano, el protagonista, vive en el destierro un tiempo indeterminado, que al final de la novela parece larguísimo y, sobre todo, irreparable. La novela, nos da en los pequeños y grandes acontecimientos que están expresados en monólogos y diálogos breves y aparentemente insignificantes, todo el sentido de lo provisional, de la soledad voluntariamente acentudada, del encierro sofocante que proviene de causas externas y encuentra un eco interior que impide al protagonista considerar al pueblo, las gentes, el paisaje, como otra cosa que los muros de una cárcel. Sólo se escapa de esa sensación que lo invade todo, Concia, la muchacha apenas entrevista con la que sólo una vez logra entablar un diálogo inconexo. Paradójicamente, a pesar de ese aislamiento, encontramos que los poetas contemporáneos hablan con el mundo entero reunido en una comarca determinada (su propio país), aunque su tono sea contenido y familiar. Son, a menudo hombres del sur, de Lucania, de los Abruzzos, de la Apulia, de las islas, pero también del Piamonte, que dueños de una herencia localista y feudal, inician sus diálogos directos y limpios sobre su propia suerte. No tienen infancia ni recuerdos de ella, sino cadenas todavía


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por romper y realidades concretas para incorporar a la vida cultural de la nación. En ellos viene su mitología campesina, lo mismo que los estudios dialectales que hicieron posible un léxico particular y el anuncio de un nuevo lenguaje para los poetas de hoy. El 8 de septiembre de 1943 Italia firma el armisticio. La guerra ha terminado para una parte del territorio que se extiende desde el sur de la Toscana hasta Calabria, Cerdeña y Sicilia. El resto del país no se liberará sino en 1945. El sur está ocupado por los aliados, el centro y el norte por los alemanes. La capitulación alemana pone fin a este caos. Italia emprende su reorganización política y su reconstrucción económica entre 1945 y 1950. Algunos intelectuales antifascistas ya no están para disfrutar esta nueva libertad o pagan largas condenas, como Antonio Gramsci.

El 2 de junio de 1946 los italianos rechazan la monarquia y se pronuncian en favor de la república. Después de haberse reagrupado la resistencia, los partidos políticos vuelven a ocupar sus lugares. En la izquierda están el PCI y el PSI, fuertemente arraigados en los medios populares y los círculos intelectuales que se organizaron en la resistencia. Por razones cronológicas y personales a Pavese le tocó vivir en una atmósfera mucho más irrespirable. Entre 1935, fecha de su confinamiento, y 1950 año de su suicidio, hay en su vida una larga cortina de rechazo y dolor. Sin embargo, nos engañaríamos si pensáramos que, en consecuencia, como respuesta a tal existencia, su obra nace como oposición o polémica al mundo lírico y


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tal vez hermético de Ungaretti, Montale o Quasimodo, la de Pavese es ante todo una búsqueda intelectual de autovaloraciones y autointerrogaciones que nos sugiere su diario y se afirma con vigor a través de su obra en prosa. Pavese es un novelista y poeta generalmente inspirado en la geografía del Piamonte. En 1936 publica Lavorare stanca (Trabajar cansa), poemas de tono existencial. Poemas juveniles, nacieron tras un trabajo minucioso y lento para evitar el lirismo gratuito y el desahogo vicioso. Así lo reflexiona en su diario: La aventura del adolescente que, orgulloso del campo imagina que la ciudad es semejante, pero encuentra en ella la soledad, y trata de remediar esto con el sexo y la pasión que sirven solamente para desenraizarlo y arrojarlo lejos de campo y ciudad, a una soledad más trágica que es el fin de la adolescencia.

En 1939, aparece su primera novela, Paesi tuoi ( De tu tierra), novela con cierto ambiente de denuncia social y documental, la cual es poco comentada. Feria d’agosto (Fiesta de agosto, 1944), es una reflexión sobre los mitos y los símbolos de la infancia y la adolescencia. Il compagno (El compañero, 1946), vuelve y aparece ese tono existencial que se percibe en Pablo, el joven protagonista quien se ve envuelto por su vagabundeo con su guitarra por Turín y Roma, con gentes que formaban la resistencia, entre ellos un anarquista español. Dialoghi con Leuco (Diálogos con leucó 1945). Vuelve la mirada hacia los mitos grecorromanos, entendiendo que a través de los mitos se encarnan nuestros deseos más recónditos, nuestra historia


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y nuestro destino. Su confinamiento le sirve de inspiración para un testimonio, Il carcere, que publica en 1938 como parte del libro titulado Antes que el gallo cante. En el mismo año aparece El bello verano. En 1950 encontramos La luna e i faló ( La luna y las fogatas,1949) donde asoman de nuevo sus paisajes del Piamonte, la vida campesina, el verano.

Pavese ya es un escritor reconocido, se encuentra muy encerrado, pero no por ello desvanece su angustia, que el autor expresa en su libro de poemas con un titulo muy tentador Verrá la morte e avrá i tuoi occhi (Vendrá la muerte y tendrá tus ojos). Libro póstumo aparecido en 1951. Más adelante miraremos algunos poemas donde se refleja ese estado de ánimo. Su diario, El oficio de vivir o el oficio de poeta, también editado postumamente, libro del que se valen sus críticos y comentaristas, unas veces para interpreter mejor sus demás libros, otras para censurarlo o proponer estudios psicoanalíticos o de casos clínicos. Su diario describe íntimamente todos los tópicos que inquietan a un escritor de una época de rupturas en todos los órdenes de la vida italiana.

Uno de sus temáticas es la guerra, la considera una barbarie, lamenta que con ella se pierda el sentido del hombre, compara la declaración de guerra a una declaración de amor, observa la esquematizadón de la vida en torno a dos bandos que hacen imposible la cautela, transformando a los hombres en pacifistas absolutos o en guerreros despiadados. Ante la muerte de los amigos le asalta la vergüenza y el sentido de culpabilidad: La realidad de la guerra sugiere este simple pensamiento: no es doloroso morir cuando mueren tantos amigos tuyos. De la guerra nace el sentido de grupo. Bienvenido.


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La obra de Pavese, es sumamente variada (poemas, cuentos, novelas, ensayos y traducciones) es representativa de la intensa actividad intelectual de su tiempo; pero también anuncia otro ánimo a través de esa soledad y esa angustia que no ha encontrado remedio en su constante trabajo ni en una fraternidad desesperadamente buscada y nunca alcanzada del todo. Su obra ha contribuido a la lucha contra el nacionalismo y provincianismo que dejó el fascismo, contribuyó, sobre todo por el inmenso afecto a escritores norteamericanos como Lee Masters, Sinclair Lewis, Scherwood Anderson, Dos Passos, Dreisser, Witman, Gertrude Stein, Faulkener, Hemingway o ingleses como Dickens, Defoe, Stevenson o Conrad, algunos los tradujo o hizo densos ensayos de sus obras. Reflexiones que contribuyeron a despejar el horizonte de la literatura fosilizada por la insularidad dejada por la dictadura, escritores muy importantes para esta generación de la posguerra, en ellos se reconocieron. Además de su visión universal de la literatura, estaba su fascinación por el campo, por esa especie de rusticidad aldeana, totalmente opuesta a su sensibilidad inquieta y agitada. “El sombrío fondo fatalista –dice Calvino de Pavese– es ideológico sólo como punto de llegada”.

La zona ondulada del bajo Piamonte donde había nacido, es famosa no sólo por sus vinos y sus trufas, sino también por la crisis de desesperación que aquejan endémicamente a las familias paisanas. Puede decirse que no hay semana en que los diarios de Turín no den la noticia de un agricultor que se ha ahorcado o se ha arrojado al pozo o bien (como en el episodio que es el centro de la novela La luna y las


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fogatas ha prendido fuego a la casa estando él mismo, los animales y la familia dentro”. Un escritor problemático y contradictorio por sus gustos, su formación y su talento.

Pavese y el neorrealismo italiano No es nuestra intención hablar del neorrealismo, como escuela, o mejor digámoslo con palabras de Calvino. El “neorrealismo” no fue una escuela, (procuremos decir las cosas con exactitud). Fue un conjunto de voces, en gran parte periféricas, un descubrimiento múltiple de las diversas italias, también -o especialmente- de las italias hasta entonces más inéditas para la literatura. Sin la variedad de las italias desconocidas la una de la otra -o que se suponían desconocidas-, sin la variedad de dialectos y jergas capaces de hacer fermentar la masa de la lengua literaria, no habría habido neorrealismo”. Vale la pena, sin embargo, referencíar a Michelangelo Antonioni, quien con el título de Las amigas, llevó al celuloide la novela de Pavese Tra donne sole (Entre mujeres solas, 1949), quizá la única obra de nuestro autor en la que los personajes son seres maduros que se mueven en roles aburridos.

Novela en primera persona, narrada por una mujer (Clelia) que llega de Roma a vivir a un hotel de turín. En esta novela ocurre el suicidio de Rosseta, uno de los personajes, en una pieza de alquiler. A Pavese se le encontró muerto en un hotel de Turín, así lo describe su biógrafo y gran amigo Davide Lajolo. En las primeras horas de la tarde, Cesare deja la casa de la calle Lamarmora con una simple señal de saludo, como siempre. Baja


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la escala, valija en mano, y va a tomar el tranvía que se dirige a Porta Nuova. Pero en lugar de encaminarse hacia la estación, se dirige a la parte opuesta al Hotel Roma. Pide habitación con teléfono. Le asignan una en el tercer piso.Sube y se retira a su cuarto. Después pide continuamente a la telefonista diversos números. Llama a tres cuatro mujeres. Quiere compañía, las invita a comer, insiste especialmente con Fernanda Pivano. Pero ella que iría con mucho gusto porque después de tantos años ha podido, finalmente, hacer las paces con él pero tiene al marido enfermo y no puede salir. El último llamado lo hace Pavese a la muchacha de la sala Gai. La respuesta es dura. La recordará la telefonista central de servicio en el hotel: “No voy porque eres un cara larga y me aburres.39

Pavese cuelga el teléfono. No ha bajado a comer, tampoco bajará a cenar. No bajará vivo de esa habitación. Solamente en la tarde del domingo 27 de agosto, a las veinte y treinta, un camarero, preocupado por ese cliente que no se ha dejado ver en todo el día, golpea dos, tres veces. Luego da golpes cada vez más fuertes. Como no recibe respuesta, se decide a forzar la puerta. Cuando la puerta cede un gato se escabulle en el cuarto. Cesare Pavese está muerto. Yace vestido, tendido en la cama compuesto. Se ha quitado solamente los zapatos. En la mesa junto a su cama están todavía los seis sobres abiertos de los somníferos que ha tomado para quitarse la vida. Junto a ellos, los Dialoghi con Leucó abiertos en la primera página, donde ha dejado escritas estas palabras: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismorren demasiado” . Lajolo, Davide. II vizio assurdo. Storia di Cesare Pavese.

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El neorrealismo fue un gran movimiento que se insertó de manera variada en las nuevas preocupaciones de la sociedad italiana, que se transformó profundamente a raíz de la guerra y la liberación. Los escritores neorrealistas son muy diferentes entre sí, pero en general tienen en común esa voluntad de describir las condiciones de vida de grandes capas de la población, y al mismo tiempo, el sentimiento profundo que el artista y el hombre de cultura deben contribuir al cumplimiento de su destino histórico. Pero estas actitudes de compromiso directo generan dos vertientes; el compromiso y el repliegue. Las oscilaciones de las corrientes de pensamiento culturales y políticas influyen notablemente en la poesía. La tendencia al hermetismo, propia de Móntale, Ungaretti y Quasimodo, es acusada con frecuencia de inspirar una poesía decadente que se sustrae a los deberes civiles del intelectual y el artista moderno; lo cual no significa que esta orientación no siga siendo productiva pese a todo. A la vez que sigue evolucionando en el ámbito estrecho pero fecundo de la experiencia íntima y privada. La mayoría de estos poetas rechazan las formas mecánicas del compromiso político y se adentran en e! problema de las relaciones reales, no convencionales, que pueden existir entre ideología y poesía. Después de !a victoria política de la Democracia Cristiana (1948) y del esfuerzo de reconstrucción de la posguerra inmediata (1945-1950), Italia entra en una época más próspera y en un espectacular auge industrial conocido como “El milagro italiano (1950- 1960). Grandes contingentes de mano de obra del sur se desplazan hacia importantes ciudades del norte (Turín, Genova, Milán)


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y en el país se generaliza la impresión de que están mejorando las condiciones de vida. Esta situación pone obstáculos al neorrealismo, que ya daba señales de ahogo por las nuevas circunstancias económicas y sociales de la población.

Se ha dicho que el neorrealismo no es una escuela sino un estado del espíritu, inspiración en gran medida realista, con frecuencia interesada en las condiciones de la vida del pueblo. De ahí que los cincuentas sean una década marcada por la perplejidad y la duda. Al igual que el neorrealismo, este periodo da testimonio de los profundos lazos que existen entre la literatura italiana y la sociedad en que surge, y está también marcado por una producción viva y problemática, como lo testifica la obra de los escritores Ítalo Calvino y Alberto Moravia. En Calvino su obra representa el desdoblamiento y la absorción del neorrealismo por la fantasía. Al comienzo bajo la experiencia de la Segunda Guerra y de la resistencia acusa el doble influjo de Pavese y Elio Vitorinni, pero con una pluma muy personal, fluida, de muy despierta imaginación, inclinada a la parábola y la alegoría. Moravia con su humor cáustico y vivaz, a veces corrosivo, apoyado en un estilo y un léxico de gran consistencia.

Su poesía La primera disyuntiva que se nos presenta ante Cesare Pavese escritor,es si debemos considerarlo primordialmente como poeta o narrador. Se inicio en la literatura como poeta y el total de su obra poética lo constituye un solo volumen que contiene su primer libro Laborare stanca y las


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dos colecciones postumas: La tierra y la muerte y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Las siguientes lecturas son versiones de los poetas españoles José Agustín Goytisolo y Antonio Colinas. Pertenecen a los libros de poesía escritos por Pavese: Trabajar cansa y Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, es un libro de poemas de metro largo, Pavese mantuvo una lucha interior en cómo trabajar su poesía. Durante varios años guardó distancia con la imagen, prefería la poesía al relato, naturalmente que con el tiempo desistiría y en El Oficio de Vivir40 el ejercicio sería visiblemente narrativo: Y aquí me resulta difícil explicarme, por la razón de que yo mismo no he agotado aún las posibilidades implícitas en la técnica de paisaje. Había descubierto, pues, el valor de la imagen, y esta imagen (y ahí está el premio a la testarudez con que había insistido sobre la objetividad del relato) no la entendía ya retóricamente como tropo, como decoración.

Los temas que predominan en Vendrá la muerte y tendrá tus ojos son la vida en el campo, en contraste con la vida de los puertos, el paisaje piamontés, las viñas, las colinas, el amor y el sexo. La importancia de esta obra y su influencia en ea poesía italiana no fueron reconocidas sino después de varios años de su primera publicación. Gran parte de los nuevos poetas, desde Pier Paolo Pasolini hasta Carzio de la Corte y los “novísimos” no serían explicables hoy sin la anterior presencia purificadora de la poesía de Pavese. Su realismo crítico y civil, y el regreso a una poesía de 40

Pavese, Cesare. El oficio de vivir o el oficio de poeta. Op. Cit.


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sabor popular fue un estallido en los años que, durante el fascismo, se glorificaba como una poesía válida el escapismo y la patriotería. Este segundo poemario que contiene dos partes: La Tierra y La muerte, fue escrito en Roma en el año 45 pero publicado en el 47. La pasión amorosa de Pavese por “la mujer de la voz ronca”, se hace patente en ellos. La compara con las viñas y las colinas de su país natal, la busca, la llama desesperadamente. El tiempo de la guerra, la lucha en las montañas, son también tema de sus poemas. El recuerdo de esta lucha, en las que murieron tantos amigos suyos como el profesor Leone Ginzburg, líder de la resistencia, torturado hasta la muerte, en el año 1940, por los fascistas, angustiaba a Pavese, quien no participó activamente, sino como emboscado, le persigue y atormenta. Intenta una justificación de lo que cree fue una cobardía.

No conoces los montes41 No conoces los montes donde corrió la sangre, todos huimos, todos dejamos allí el arma y el nombre. Una mujer nos mira escapar. Sólo uno de los nuestros se paró, cerró el puño, Versión de Goytisolo.

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miró al cielo vacío, inclinó la cabeza y murió bajo el muro, en silencio. Ahora es sólo una mancha de sangre; y su nombre. Una mujer nos espera en los montes.

En este libro se mezclan, junto al sentimiento amoroso, momentos de esperanza y desesperación, que culminan en el poema que le da el título. Son los últimos versos escritos por Pavese, cuatro meses antes de su muerte. La obsesión de esta muerte cercana es patente en todo el libro, incluso en los poemas que parecen más esperanzadores. Estos textos se encontraron en sus papeles, después de su muerte.

Su marginación existencial Para Pavese, en la creación de su obra en prosa, el encuentro de los sexos es una imposibilidad. Lanza al protagonista al enclaustramiento forzado, en el cual el decorado por importante que se presente es sólo eso... la vida de seres simples en medio de la naturaleza, de las costumbres del campo, y de pronto el hombre de ciudad que llega a una vida y unas costumbres que no le pertenecen. Parece que Pavese buscó la libertad en el campo, pero no hizo más que ahondar en su soledad que ya venía acompañada de una práctica religiosa dura en la que intuía que estamos rodeados de un coro mudo. Todas sus historias giran en torno a un tema oculto, a algo no dicho y que sólo se puede decir callándolo. Alrededor se forma un tejido de signos visibles, de palabras pronunciadas: cada uno de esos signos


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tiene a su vez una faz secreta, un significado polivalente o incomunicable, que cuenta más que la faz evidente, pero su verdadero significado está en la relación que los vincula con lo no dicho. Pavese le huía al mundo coral por razones que conviene recordar aquí: en primer lugar, es heredero del romanticismo de Leopardi y del realismo de Verga. Este último había repudiado la marcada influencia del naturalismo en Italia. Pavese, como escritor de posguerra testimonia su tiempo, escribe sobre una clase media agigantada y también crecida su angustia, sus miedos y el snob que, junto con Moravia, indagan la ausencia de afectos, la tristeza de estos seres que viven sin espectativas. Pavese y Moravia en su quehacer literario se dedicaron en la mayoría de su producción a indagar esa clase oscilante, viéndola con ópticas distintas. En la publicación postuma de El oficio de vivir, Moravia apunta: [Se trata de] un libro penoso y esa pena si bien se mira, viene de la combinación singular de un dolor constante, profundo y acerbo con los caracteres mezquinos, solitarios y casi delirantes de un literato de oficio. De un lado ese dolor que en Pavese tenía motivos concretos y desgraciadamente, irremediables; del otro una vanidad infantil, desmedida, megalómana; una envidia a su vez infantil, una falta enojosa de generosidad y de caridad hacia sus amigos y conocidos; una creencia ingenua, inexplicable en la literatura como sociedad, como hecho social, con todo y querer despreciarla, hasta el punto de morir.

Habría que decir aquí también que el maestro y ensayista colombiano Hernando Valencia Goelkel, quien junto con Jorge Gaitan Duran fundara la Revista Mito y tiempo después dirigiera la Revista Eco en las que tradujeron,


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publicaron y comentaron autores como Sade, Antonin Artaud, Jean Genet, George Bataille. De Pavese, Valencia Goelkel tradujo algunos apartes de Diálogos con Leucó, en el año 1962, al igual que Marta Traba algunas de sus cartas; en un texto publicado en julio de 1968, en la revista eco, titulado “La falsa Simetría”. Valencia habla de las primeras novelas de Pavese y de las esperanzas que podrían encontrar en ellas los jóvenes de la época, en nuestro medio, como tónico de fe, especialmente los militantes de las ideas socialistas en una época dominada por el pensamiento marxista y por ser Pavese un militante del PCI, pero lo que importa de este ensayo es que sus ideas coinciden con las de Moravia:

El acento es más de moralista que de narrador; el talante más de cronista que de inventor. (...) es difícil hacer novelas cuando no nos agradan los seres humanos (...) Esa total marginación es intolerable; es, a la larga, esterilizante; el esfuerzo del desdoblamiento permanente, que ya había cancelado la simpatía y el afecto, habría también por fuerza de sofocar el margen de jubilo creador ante un repertorio tan desérticamente ajeno, ante un mundo salido angustiosamente del mundo mayor que lo envolvía (...) Su error y su extravío consisten precisamente en esa creencia candorosa en la magia intrínseca y objetiva de la palabra, el no haberse dado cuenta que la parábola tenía que emanar de la realidad, de que las palabras no curan ni exorcizan ni transforman mientras el individuo no haya logrado una reconciliación o una tregua en el cotejo con sus zozobras o sus demonios. (...) De no ser así cuanto queda es, como en la obra pavesiana, una construcción de impostura, que en sí misma contiene su propia refutación, la quiebra de su tensión efímera e inútil42.

Pavese, Cesare. Diálogos con Leucó. Tusquets, 2001. 216 páginas.

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En cambio la escritora y crítica norteamericana Susan Sontag en su ensayo El artista como sufridor ejemplar43, fechado en el año de 1962, la misma época en que Valencia comenzaba a difundirlo en Colombia; ve la escritura de Pavese, delicada, de economía y control. Su estilo es llano, seco, falto de emoción y habla de su obra como una “escritura dolida, más no rencorosa ni retórica”. Tanto Pavese como Tomasso Landolfi pertenecen por entero a esa tradición antirretórica porque para ellos el acto de relatar es un acto de inteligencia: El escritor es el sufridor ejemplar, no solo porque haya alcanzado el nivel de sufrimiento más profundo, sino porque ha encontrado una manera profesional de sublimar (en el sentido literal de sublimar, no en el freudiano) su sufrimiento. Como hombre sufre; como escritor, transforma su sufrimiento en arte. El escritor es el hombre que descubre el uso del sufrimiento, concebido no como fin del sufrimiento, sino como última manera de actuar sobre el sufrimiento”, sufrimiento heredado del cristianismo durante estos dos mil años que nos ha enseñado a padecer dolor y no amor.

Susan agrega un tanto más adelante que “la contribución moderna a esta sensibilidad cristiana ha consistido en descubrir que la elaboración de obras de arte y la aventura del amor sexual eran las dos fuentes de sufrimiento más exquisitas”,. Por lo mismo entiende lo que constituye el testimonio de un escritor como Pavese, diario de “una abundancia inquietante”. Sontag, Susan. “El artista como sufridor ejemplar”. Contra la interpretación, Barcelona: Seix Barral, 1984.

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El criterio de Moravia y Valencia Goelkel de verlo como un poeta decadente, no lo compartimos, por cuanto creemos que muchos escritores es sobre sus carencias que escriben, carencias que hacen ver en las otras posturas que no corresponden a su verdad. Siguiendo su ruta como poeta y escritor, respiramos todo ese submundo que fue su abrevadero, porque no supo acoplarse a danzar al unísono con las voces oficiales. En vez de anhelar la gloria prefirió el suicidio.

La mujer, su gran frustración Los miedos, las dudas sobre su trabajo eran una constante en nuestro poeta. Como anotábamos antes, vivió una guerra civil, padeció persecuciones fascistas que lo obligaron a vivir en la clandestinidad. Tuvo problemas en el trato con las mujeres, acarreándole una descarada misoginia. Cabe recordar aquí la definición que da Kundera44: Cada uno de nosotros se enfrenta desde los primeros días a una madre o a un padre, a una femeneidad o a una virilidad; así pues, marcado por una relación armoniosa o desarmoniosa con uno de estos arquetipos. Los ginófobos (misóginos) no se encuentran solo entre tos hombres, sino también entre las mujeres, y hay tantos ginófobos como andrófobos (aquellos o aquellas que viven en desarmonía con el arquetipo del hombre). Estas actitudes son distintas posibilidades, totalmente legítimas, de la condición humana. El maniqueísmo feminista jamás se ha planteado la cuestión Kundera, Milan. El arte de la novela. Tusquets, Barcelona 1994, 184 páginas.

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de la androfobia y ha transformado la misoginia en un simple insulto. Así es como ha esquivado el contenido sicológico de esta noción, el único que merece un análisis.

Pavese la hace confesa en su obra, especialmente en su diario. Son pocos los cuentos y apartes de novela donde deja ver un asomo de alegría, de posibilidad de comunicación plena. A los hombres y mujeres de sus novelas algo les falta, la comunicaciónno llega, bien sea por el acercamiento de roles antagónicos, como en De tu tierra, la incomunicación de un hombre de ciudad y un retrechero campesino que va a la cárcel, o la imposición moral ante seres vulgarizados, cuando lo que se busca son los estados puros, como lo vemos en Berto y Gisela, protagonistas de la novela antes nombrada. Es a partir de acciones femeninas que gira gran parte de su obra. Como en El bello verano; historia de dos mujeres que abandonan la adolescencia. En toda esta novela se respira una atmósfera de sensualidadsexuatidad en el que se interpone un tercero que no está involucrado en el deseo, pero detrás de todo está Amelia, quien a pesar de padecer una enfermedad contagiosa no oculta apetencia por su amiga. En su diario deja insultos contra la mujer; pero en este caso es mejor pensar junto con Javier García Sánchez en su ensayo “Cesare Pavese o el oficio de morir”: ...sin duda lo hace pero llevado por una fanática dependencia emocional hacia ellas. Su soledad, sus consecutivos y múltiples fracasos amorosos, van volviendo reacio su carácter, el tiempo que provoca la súbita desconfianza de Cesare en el trato con el sexo femenino. Su obra se halla impregnada totalmente de


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alusiones al tema, en todos los sentidos. De un lado insulta y de otro parece percibirse como si esporádicamente Pavese se complaciera en imaginarse a sí mismo mujer. Incluso habla como si fuera tal en ciertos poemas, lo cual nos conduce a la idea de que no era tal el desprecio del escritor hacia las mujeres sino más bien una enloquecida y mortal obsesión por su lejana existencia. Lo que resulta claro es que Pavese jamás abandonará una cierta –y consentida– posición infantil ante la vida, causa que le motivará la difícil relación sostenida con sus múltiples y temporales compañeras. Él mismo confiesa que llora cuando piensa en mujeres. Llanto y misoginia, en este caso poco tendrán que ver.

En el libro Trabajar cansa, hay un poema que reúne las ideas planteadas por García Sánchez:

Encuentro Estas colinas duras que ha formado mi cuerpo y lo sacuden con tantos recuerdos, me ha abierto el prodigio

de aquella que no sabe que la vivo y no llego a entendería.

Me la encontré una noche: una mancha más clara bajo las inciertas estrellas, en la oscuridad del verano.

Percibíase en torno la fragancia de estas colinas más profunda que la sombra, y de repente sonó.


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Como si saliera de estas colinas, una voz más limpia

y áspera, a la vez, una voz de tiempos perdidos. Alguna vez la veo, y se pone ante mí

definida, inmutable, como un recuerdo. Nunca he podido asiría: su realidad

cada vez se me escapa y me lleva más lejos. Si es bella no lo sé. Es joven entre las

otras: me sorprende, al imaginaria, un lejano

recuerdo de mí infancia vivida entre estas colinas, tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra en los ojos todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas,

y tiene en los ojos un firme propósito: la luz más limpia

que jamás tuvo el alba sobre estas colinas.

La he creado del fondo de todas las cosas que me son más queridas, y no llego a entenderla45.

Es en la visión Proustiana donde Pavese identifica el hecho estético. En Pavese los personajes son seres inteligentes, o mejor decir, guiados por la razón. El narrador nos lleva 45

Versión de Goytisolo.


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a que los veamos en sus limitaciones, y en esas mismas limitaciones nos quedamos con sus personajes. Ya Pavese en una de sus historias míticas dice de Proust46:

...y no es un azar el que Proust se haya servido para alcanzar su pasado más remoto de la pura sensación, que en su desnudez parece hecha adrede para aproximarnos al mundo larval de los orígenes instintivos. Pero el tormento de distinguir en el recuerdo entre vislumbres originarias y visiones reflejas comienza tarde; comienza con una juventud espiritual que se hace esperar muy por encima de la física y que a veces no llegará nunca. Es necesario para esta finalidad adueñarse de sí mismouna conquista paciente hasta el punto de saber ignorar los recuerdos gloriosos y confiarse a excavar. Son estas las comarcas de simple vida infantil, instintivas, vírgenes –en la medida de lo posible– de encuentros culturales incluido el lenguaje.

Pero hay que señalar la pobre opinión que Pavese tenía de sí mismo, incluso en la cima de su carrera, cuando ganó el premio Strega y sólo aceptó la compañía de Doris Dowlig, en una carta le dice: ...lo malo de estas cosas es que llegan cuando a uno ya no le importan, porque está persiguiendo otros dioses extraños y distintos”, o esto otro que le escribía a un amigo “me produzco la impresión de un mendigo... voy describiendo la miseria como los mendigos ponen a la vista la sordidez de sus llagas47.

Pavese, Cesare. Diálogos con Leucó. Op. Cit.

46 47

Pavese, Cesare. Cartas 1926-1950. Vol. 2. Alianza Tres, España, 1973. 267 páginas.


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